Archivos de la categoría ‘DENUNCIA / ANUNCIO’

protestaCRISTIANOS Y ANTICAPITALISTAS, ¿CÓMO NO?
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana, igcalleja@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 24/05/13.- Leyendo a cristianos y cristianas que admiro, me acerco con gusto a sus palabras más interpelantes, y a fe que proponen una denuncia de la realidad social muy viva y clara. Por su fondo espiritual y evangélico, y por su forma directa y comprometida, están resonando voces de calidad en el catolicismo social español. Vienen de la tercera o cuarta fila, incluso de las filas del fondo, – casi nunca de la primera -, pero llegan nítidas y cada vez más directas. Ante ellas me encuentro conmovido e interpelado, y casi siempre socialmente superado. Lo digo como es, porque tengo ojos para mirar y ver. No me preocupa no ser el primero en la frontera social, sino no estar a tiempo y con alguna eficacia donde las víctimas nos reclaman.

Con ánimo de sumar e impulsar este diálogo moral y social en la Iglesia, me pregunto muchas veces, – y lo reproduzco aquí -, por qué defiendo un cierto liberalismo social o un cierto socialismo liberal, – según se mire la idea-, como propuesta todavía digna para una vida pública justa; por qué mantengo esta idea si hay otras por lo menos igual de legítimas en el cristianismo, y desde luego más contundentes contra la injusticia capitalista y con las víctimas.

Y, sin embargo, la veo como una propuesta social necesaria; ciertamente, de paso hacia otras más radicales, pero un escalón necesario en la historia real de nuestros pueblos. Y mi razón, la muestro desde el principio. Doy mucha importancia a ir de la mano en lo social con los más posibles y, por tanto, facilitando tejer redes de caridad social y alianzas de justicia social con ellos. Pienso en los cristinos, pero vale igualmente para la sociedad civil. En el fondo, se trata de no romper demasiado pronto con casi todos, – de convertirlos por casi nada en nuestros enemigos sociales, por causa de la mínima diferencia cristiana o laica -, y así hacer imposible una mayoría social por los derechos de los más pobres del mundo. Hablo de una ortodoxia flexible y sabia en la vida civil, y también en la lucha social de los cristianos: en su caridad y en su compromiso por la justicia. Avanzar siempre con los más posibles, ya que no con todos, ¡ojo!, porque no pocos son irrecuperables en su riqueza y poder. Para ellos, convertirse es transformar su existencia material y política a la justicia.

Una y otra vez repienso con inquietud esta opción social tan prudente, – lo repito -, al ver que en la vida cotidiana se multiplican las razones que exigirían prima facie alternativas políticas y sociales más rotundas e inmediatas en su identidad transformadora. Por tales razones, pienso en la crisis general del capitalismo neoliberal, anclado a una lógica economicista e instrumental en todas las direcciones y fines; y pienso en todas las víctimas que esta economía neoliberal provoca con su gestión economicida y sin remedio en los diversos pueblos de la tierra; y pienso en las víctimas de tantos lugares cuya situación sólo entendemos cuando somos nosotros quienes la padecemos; y recuerdo a los adalides del pensamiento social cristiano, – al modo de Ricardo Alberdi -, que mostraron muy bien, – y lo comparto -, por qué el capitalismo es incompatible con el cristianismo; como moral y como religión, el cristianismo es incompatible con el capitalismo real e histórico, – decía Alberdi -, porque obedece a una lógica tan clara como inevitable: la que persigue el máximo beneficio monetario posible y su privatización extrema por pocos frente a casi todos; y, además, ¡a cualquier precio!; lo que dictan los mercados de dinero, frente a las personas, las culturas, la tierra y la familia humana, – decimos hoy -. Es la cosificación de la vida social y de las personas, y de ese modo, – cabe concluir -, es imposible hacer comunidad, proponerse la justicia, y creer en Dios. El Dinero es Dios de sí mismo, y no admite a ningún otro a su lado, – sugería también Ricardo Alberdi -. Merece la pena volver sobre sus textos y ver cómo trataba la cuestión del capitalismo de un modo que parecía extraño a la ciencia económica, “razones cristianas para el rechazo del capitalismo”; releyéndolos, uno comprende qué hay al fondo del único capitalismo realmente existente.

Todos sabemos que la doctrina social de la Iglesia a menudo ha desarrollado la idea de diferenciar capitalismos y capitalismos, para decir que alguno sí es compatible con el cristianismo. Cuando la más reciente enseñanza social de la Iglesia ha querido decir cuál sí y cuál no, – al describirlos -, ¿qué ha ocurrido? Que ese capitalismo que puede ser compatible, – si por capitalismo entendemos… pero si por capitalismo entendemos -, no existe, ni ha existido, y para existir en el futuro, exige un control social de la Propiedad, del Mercado, del Estado y de la Información, que ya es otra cosa que el capitalismo. No sé cual, – yo lo llamo, liberalismo social o socialismo liberal -, pero es otra cosa. David Schweickart lo ha mostrado. Una sociedad con mercado es posible, pero una sociedad de mercado y propiedad privada absolutos, no. Una ruina social.

Me impresiona en este problema, por fin, el testimonio que el evangelio repite una y otra vez acerca de la predicación de Jesús sobre “el Dinero” y “la Riqueza”; apabullan sus dichos y parábolas innombrables para un oído moderno sobre el corazón de Dios ante los pobres y los ricos, y sus relaciones de injusticia. Eran otros tiempos económicos los de Jesús, – todos lo sabemos -, pero la clave de fondo en el uso común de lo de todos y del servicio a todos en la gestión de lo propio, esto no tiene muchas vueltas exegéticas. Evidentemente, en esos dichos hacen pie los mejores manifiestos cristianos por otro modelo social alternativo al capitalismo neoliberal de nuestros días, – José Antonio Pagola, por ejemplo -, y las prácticas políticas cristianas más exigentes en lo social, – las de la red de comunidades cristianas populares, por ejemplo -; en fin, las de todos aquellos cristianos que se suman al movimiento civil de indignados y, en la más variadas formas, luchan por una sociedad más justa y democrática, – movimientos apostólicos obreros y tantos otros -; las de todo el voluntariado cristiano de caridad que acoge y cura inmediatamente, sin perder el sentido de la justicia social. Sabido es que reclamo de mil maneras esta cautela en nuestra caridad.

En este marco de reflexión, y reconocido que el Evangelio de Jesús y su mejores lecturas y práctica samaritanas nos inducen a una posición social antisistema, contra el capitalismo neoliberal, financiarizado, economicida y totalitario, – el que ha dejado sin márgenes morales no sólo a la gente sencilla, sino a sus grandes instituciones sociales, – Mercado, Propiedad, Estado y Cultura -, ¿por qué seguir hablando de las oportunidades humanas, – y por tanto, cristianas -, habidas en un liberalismo social o en un socialismo liberal, y esto como una opción social, – intermedia o de paso, pero real -, no menos ética y evangélica que otras más radicales en lo social? Voy a dar dos razones. Una de índole política y otra antropológica; y en las dos, con un fin muy preciso: sumar el mayor número posible de cristianos a un sujeto social y político alternativo, que se implica por una sociedad más justa para todos, en los más pobres, y, por ende, más próxima al reino de Dios; y que piensa en un mundo interdependiente, más allá del propio país o unión de pueblos. Pienso en Europa.

En cuanto a la primera razón, desde luego no puedo mostrar en unas pocas líneas que es posible y moralmente muy cuerdo pretender un camino político que defienda ya una reforma en profundidad del modelo social capitalista, y que esta reforma, se sitúe en la dirección correcta para facilitar una alternativa democrática y económica mucho más justa, y no capitalista. En este caso, yo la pienso en clave de decrecimiento y de soberanía democrática en todas las direcciones y ámbitos. Pero esto es el final feliz de una película que requiere de pasos intermedios para ganar a la gente, a mucha gente, como sujeto revolucionario. No veo a las clases medias dispuestas a aventuras políticas revolucionarias, y no veo que sin ellas se pueda ganar a la sociedad civil para un movimiento democrático de masas. No veo a la mayoría de los cristianos sumándose ética y políticamente a una alternativa social radical y ya. En consecuencia, la necesidad de un cambio social verdadero, – en las estructuras sociales y en la conciencia moral de las personas -, requiere pasos intermedios, prácticas compartidas, organizaciones abiertas, ritmos soportables por las mayorías,… hasta componer un movimiento civil muy extendido por la justicia social y la dignidad humana, y la mayoría del cristianismo en él. Creo en los que abren camino y movilizan a los demás tras objetivos sociales claros y exigentes, pero con la modestia de un solo paso por delante del movimiento civil o cristiano. Las vanguardias omniscientes para dirigir a todos y ya hacia “el bien social”, no van conmigo. Creo mucho más en la concienciación compartida y en la posibilidad de moverse por pasos intermedios contra un modelo social imposible, por lo injusto e insostenible, a otro que tiene que acogernos a todos, ganado entre los más posibles, e impuesto sólo a quienes lo impedían con su poder no controlado ni democrático, su propiedad acumulada sin límite, su verdad poseída e inapelable. Hacer juntos el mismo camino, aceptando algunas diferencias no menores y hasta trechos cortos que suman a los más posibles, de esto hablo en la iglesia y en la sociedad. No es un cambalache moral y político con todos, sino un movimiento civil y eclesial que acoge, crece, reconoce y exige a los más (el pueblo) un práctica autónoma frente a los menos (las élites), sin cuya deposición está claro que no hay justicia.

Por supuesto, – enésimo reconocimiento -, veo las insuficiencias de mi propuesta básica, pues cuando algo multiplica sus injusticias e ineficiencias sociales hasta límites insufribles, – el sistema social capitalista neoliberal -, es difícil pensar en algo que solo parece, – ¡parece! – su mejora desde la perspectiva de las víctimas o de la ecología integral. ¿Para qué darle aire y vida al desastre? O cuando algo se ha ido retocando de mil modos, y cada intervención multiplica los males sociales anteriores y somete a dictados más opacos y concentrados sus instituciones centrales, -Mercado, Propiedad, Estado, Información -, es difícil verle una salida que no sea deconstruir y reedificar. Y cuando en clave de conciencia cristiana, repugna ver los intereses y falacias que concurren en torno a la práctica real sobre los derechos humanos, la persona y la vida digna, el trabajo decente, la función social de la propiedad, la soberanía democrática de los pueblos, la irrenunciable satisfacción de las necesidades básicas de la población, la relación fundamental de medio a fin entre los factores de producción y las personas, el derecho natural primigenio al uso común de todos los bienes creados, la atención preferente a los más pobres y vulnerables de la vida, la familia humana que todos los pueblos conforman, la responsabilidad solidaria que todos tenemos con todos, hecha derechos y deberes, … el uso sobrio de lo escaso, la austeridad de vida y la solidaridad compartida, el aprecio de lo espiritual no mercantilizado, de la gratuidad, del perdón, … en fin, y sin resbalar hacia la quimera social, de las oportunidades dignas de vida para todos y para las generaciones venideras… cuando alguien sabe esto, – decía -, ¿cómo no pensar en una posición política de rompe y rasga como la única ética y cristianamente digna frente al único capitalismo realmente existente? Pero, ¿quién ha dicho, – devuelvo la pregunta -, que el camino de las gentes y los grupos tejiendo una inmensa red de iniciativas sociales de hondo significado humano y social alternativo, – casi siempre a nivel local y con las posibilidades limitadas de nuestra realidad civil o eclesial -, sea menos revolucionario o liberador que el proyecto radical y completo de una vanguardia, – o de una profecía -, que lo sabe casi todo para todos desde el principio?

Y en cuanto a la segunda razón que doy, ésta: Tengo para mí que una posición social de rompe y rasga también debe contrastarse con claves antropológicas muy crudas, y en ellas, pensar si las toma en cuenta en sus opciones sociales concretas, para evitarnos decepciones muchas veces, y hasta fundamentalismos en otras. Cuando eliges el mejor proyecto de sociedad posible, hay un gran riesgo de que el fracaso social genere “decepción” en los voluntarios, – ¡qué lejos quedamos de lo soñado -, o fundamentalismos, – si era esto, mejor no movernos -. Por tanto y adelanto mi tesis final, las opciones sociales alternativas ante una crisis como la presente, – en moral política laica y en conciencia cristiana -, pueden tener un sesgo más reformista o más revolucionario, – o como yo defiendo, ser pasos sucesivos de un mismo proceso histórico, – según maduran en él las fuerzas sociales y cristianas que lo van respaldando en su evolución -; pero, en todo caso, no debemos renunciar a una concepción del ser humano muy realista, para saber de la frágil condición humana y contar con ella en todo momento. El ser humano que somos, – y cuánto condiciona la sociedad que tendremos -, sí que lo tenemos que acoger desde el cristianismo más alternativo en nuestra práctica social por la justicia. (Ya sé que esto se presta a dar aíre a nuestros adversarios en la sociedad y en la iglesia, pero aún así, lo digo). Saltamos rápidamente de nuestra condición social de humanos con otros, a nuestra condición connaturalmente solidaria. La primera es un hecho observable en cómo nacemos y crecemos, la segunda, es un hecho en discusión sobre si obedece a nuestra condición natural humana o a nuestra educación moral sobre lo preferible y mejor. Advertir de esto, significa dotar a la acción pública por la justicia de un toque de realismo imprescindible.

De hecho, la impresión es que a menudo, no pocos de nosotros somos dados con facilidad al egoísmo social y al cambio de opciones políticas en cuanto se resuelve lo nuestro. También con esto hay que contar al constituir movimiento moral y político alternativo. En este sentido, me alegra mucho escucharle a Adela Cortina que la idea de que el apoyo mutuo nos constituye no es una idea abstracta, surgida sólo de la tradición filosófica, sino que tiene también bases científicas. Realmente, es muy importante esta aportación al fundamento moral de la sociabilidad compasiva (Neurofilosofía práctica, se titula su obra). Vieja como la vida misma es mi advertencia: la antropología de base en nuestras opciones de lucha social tiene que integrar este factor de distorsión de la vida buena en común que es el pecado personal, – el egoísmo y la incoherencia de que salvado la mío, todo va bien -, para evitarnos decepciones sobre nosotros mismos y sobre los otros, y para tener siempre los pies en la tierra. Todo lo haremos a la medida de los humanos; las alternativas sociales, también. Lo que importa es que nuestras incoherencias morales o sociales, no sean definitivas, porque, en la fe, el pecado nunca es la última palabra sobre nadie, y en la confianza humana, tampoco. Nadie es definitivamente malo y con necesidad ontológica.

De esto último, la teología y la Iglesia más conservadora saben mucho, pues es su especialidad, ¡y hasta su disculpa moral, al callar sobre los males sociales y las estructuras en que se inscriben! De hecho, prologan la influencia de la codicia personal hasta oscurecer el peso de las estructuras de pecado y los grupos sociales que las sostienen. Esa insistencia tan sesgada en los rincones egoístas del alma humana, viene de donde viene, – dicho queda -, pero no hay que despacharla por la vía de ignorarla al enfrentarnos a los males de nuestro tiempo, y a los cambios que requiere una convivencia social en justicia, una civilización del amor que gustamos decir. Por eso hacemos bien al insistir en el cambio de actitudes y valores en las personas que requiere la vida social buena, a la par que afirmamos la justicia de las condiciones sociales en que aquéllas germinan y crecen. Nadie es definitivamente malo y con necesidad ontológica, he dicho, y ahora añado, nadie deja de serlo si se mantiene pasivo en estructuras de pecado, las que cristalizan desde el afán de ganancia y la sed de poder, y éstas a cualquier precio. O sea, el sistema social neoliberal.

Era “algo” sobre diversas cuestiones cristianas y laicas que aparecen alrededor de una alternativa social más justa, y los caminos que nos han de acercar a los más posibles en trechos y complicidades varias. Algo frente a cómo situarnos los cristianos (y otros) ante la injusticia del capitalismo neoliberal, el único realmente existente. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

mujerSOLTERONAS O HERMANAS
HUGO CÁCERES, Congregación de los Hermanos Cristianos, hcaceresguinet@gmail.com
ROMA (ITALIA).

ECLESALIA, 14/05/13.- El mensaje dirigido por el papa Francisco a la Unión de Superioras Mayores en su reunión en Roma ha suscitado un notable interés en los medios de comunicación debido a una afirmación que se convirtió rápidamente en el título de muchas noticias: “¡Sean madres, no solteronas!”. Desafortunadamente los periodistas no han captado que la invocación del papa tiene su contexto en un discurso muy cariñoso y de aprecio a la vida religiosa femenina. El adjetivo solterona (definido escuetamente por la Real Academia: Entrada en años y que no se ha casado) alcanza en la mente del hablante español una serie de significados que van desde la mujer amargada que nunca disfrutó del lecho matrimonial ni la maternidad hasta la tía buena que teje bufandas y cría canarios. A nivel parroquial muchas solteronas tienen su lugar en los primeros reclinatorios del templo, arreglan las flores en los altares y visten santos (al menos en el Perú quedarse solterona tuvo un sinónimo en la expresión “se quedó para vestir santos”). Muchas de ellas son las incondicionales de la autoridad sacerdotal y celebran cumpleaños y aniversarios de ordenación como si fueran memorias obligadas. No estoy hablando aquí de aquellas mujeres solteras que son una verdadera fuerza apostólica en la vida parroquial por su contribución en los consejos pastorales, la toma de decisiones y sus habilidades sociales, a ellas no llamaríamos solteronas de sacristía sino más bien mujeres de Iglesia que no se casaron u optaron por no llevar una vida conyugal.

Ya que estoy involucrado en la predicación de retiros en los que la mayoría de las participantes son religiosas y varias veces ha pasado por mi mente hacer hincapié en que la vida consagrada fácilmente puede convertirse en una alianza de personas solteras aparentemente muy atareadas, me siento invitado a señalar diez diferencias entre lo que entiendo por solterona y mi percepción de la vida religiosa contemporánea auténtica; vale la aclaración de que todo lo que viene a continuación es perfectamente aplicable a los religiosos varones a quienes también se les puede exhortar “sean espiritualmente fecundos, no solterones”:

1. La solterona está enojada con la vida; determinada por la sociedad a encontrar realización solamente en la vida matrimonial, va por la vida censurando y condenando. La mujer consagrada acepta la realidad de la vida como es, es crítica de los valores pero disfruta de la vida y trabaja para el Reino.

2. La solterona no acepta los cambios porque prefiere un mundo pequeño conocido y seguro. La religiosa promueve los cambios necesarios, experimenta con las novedades que traen tiempos nuevos y está lista para pagar el precio de salir de las certezas de ayer.

3. La solterona nace de una frustración; la vocación religiosa nace de un encuentro con la persona de Jesús que arrasa cualquier otro proyecto.

4. El círculo de relaciones de la solterona es muy estrecho (la parroquia, sus mascotas, sus viejas amistades); las religiosas se desenvuelven en redes amplias de potencial espiritual, proyectos de transformación, grupos heterogéneos sin límites fijos.

5. Las solteronas son fuente de información de asuntos del pasado (recetas de la abuela, puntos de tejido, cómo era la Iglesia cuando todos llenábamos los templos); la religiosa contemporánea mira hacia el futuro, tiene visión para soñar con los ajustes que exige la historia, son fuente de información sobre los sueños del Reino.

6. Las solteronas cuidan al gato, tiestos de plantas o en el mejor de los casos de un sobrino; las religiosas están llamadas a cuidar de la creación, a tomar en serio la defensa de la vida y se ubican estratégicamente donde la vida padece disminución.

7. Las solteronas pueden convertirse en brujas, seres negativos que traman dañar al mundo que las irrita cada vez más; las consagradas pueden convertirse en místicas, profetisas y lideresas, acogen al mundo con un corazón amplio y generoso.

8. La religiosidad de las solteronas se apoya en sus imágenes controlables con oraciones escritas por otro y rituales establecidos; la espiritualidad de las religiosas debe ser individual con apertura a lo cósmico, un Dios siempre por descubrir.

9. Las solteronas son esclavas domesticadas de la vida parroquial, escuderas de los caballeros eclesiásticos dispuestas a sacrificarse en los flancos posteriores de su guerra contra el mundo; las religiosas son llamadas a un protagonismo propio, a imagen de santas como Teresa, Catalina o Edith, no necesitan varones que las inspiren o fortalezcan, conocen el límite de sus fuerzas pero no se someten al servilismo eclesial.

10. Las solteronas llevan las huellas de una vida sexual frustrada (la histeria, las manías, la autosatisfacción); las religiosas han hecho la paz con sus pulsiones sexuales y viven vidas gratificantes y satisfechas en una vida espiritual rica y un apostolado fecundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

-oOo-

papa bendecido por el puebloSOÑANDO UN PAPA NUEVO
Pocos días antes de que eligieran a Francisco
ESKOLUNBE MESPERUZA ROTGER, eskomespe@hotmail.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 06/05/13.- Y, puestos a soñar… sueño un papa que sueñe mundos nuevos, que al mirar sus zapatos bermellones se diga: “¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?”.

Un papa sonriente, sin la mirada adusta que todo recrimina; papa afable, capaz de comprender, y de ofrecer mensajes de esperanza sin imponer doctrina ni preceptos.

Un papa… a pie de calle, de los que se conocen de sobra lo que vale un kilo de patatas o un “pintxo-pote”, que es lo mismo, pues para el ser humano lo vital de la vida es el vivirla: sea en torno a un cocido o a un buen vino.

Un papa misionero: no por ir por el Mundo en plan proselitista, sino por ser capaz de vivir evangelio y proclamarlo a cada leve, sutil paso.

Un papa… bondadoso, no de tonto por bueno, sino bueno de veras, al estilo de Dios: bondad… ¡a manos llenas!

Un papa que no mire por encima del hombro a quien no es mandatario, dignatario, arzobispo, prelado o correligionario. Un papa… que estreche la mano de los laicos, sin importarle nada su adhesión política, su credo o raza, su condición sexual, su billetero, o si se ha divorciado porque perdió el amor por el camino.

Un papa… ¡sí! ¿por qué no decirlo? que mire a las mujeres a los ojos, frente a frente, sin miedo ni sospechas, como iguales que somos y, como tales, nos reciba y nos trate; que rompa, ¡al fin! con siglos de injusticia hacia nosotras, que diga: “¡hermanas!” y no: “subordinadas”.

Y, puestos a soñar… sueño un papa a tu estilo, Jesús de Nazaret: un papa amigo, papa que rompa moldes e incluso platos alguna que otra vez -como Tú junto al templo-; papa que aliente, que dé vida, ¡nunca que la constriña!

Un papa como Tú, Jesús, Maestro, que entienda que Señor no hay más que uno y, como tal, lo viva. Un papa, a fin de cuentas, que expanda la sonrisa del Buen Dios por todita la Tierra, que lleve en sus pupilas tu mirada que, cuando le miremos, podamos balbucir, bastante ilusionados y un mucho de extrañados: “este cónclave sí, ¡valió la pena!”. Y Allá Arriba, es decir, aquí, a mi lado, Dios pueda respirar más tranquilo y radiante porque uno de los suyos, de los que pisa tierra mas, mirando a lo Alto, se ha colado en pleno Vaticano, esta vez con la ayuda del Espíritu Santo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

1mayoCONSTRUIR UN FUTURO NUEVO
Comunicado de la HOAC y JOC ante el 1º de Mayo
HERMANDAD OBRERA DE ACCIÓN CATÓLICA y JOVENTUD OBRERA CRISTIANA, difusion@hoac.es
MADRID.

ECLESALIA, 30/04/13.- El 1º de mayo ha sido históricamente un símbolo de la lucha del movimiento obrero por afirmar la dignidad de la persona en el trabajo. Las reivindicaciones del 1º de mayo se plantean en España, en un escenario con datos tan sangrantes como una cifra que supera los 6 millones de personas desempleadas, y una tasa de paro que entre los jóvenes se sitúa en torno al 55%. Más de 1,8 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, la edad de jubilación se ha prolongado más allá de los 65 años, se está produciendo una media de 115 desahucios al día, personas jubiladas estafadas por las preferentes…

Este 1º de mayo está muy marcado por la última Reforma laboral aprobada en febrero de 2012. La mercantilización del trabajo y las políticas que se vienen practicando, están quebrando el Estado de Bienestar, devaluando el Sector Público y recortando en servicios y prestaciones Están profundizando la desigualdad estructural que sufre el mundo obrero y del trabajo, continúan debilitando las relaciones laborales sin garantizar la seguridad de una vida digna para las personas, y están aumentando la vulnerabilidad que sufren las mujeres y los hombres del trabajo, especialmente sus sectores más débiles.

Estas duras realidades están ocasionando terribles costes humanos: Miles de familias que viven con ansiedad e incertidumbre, afectadas en sus relaciones por situaciones de tensión, angustia, estrés, depresión.

Una juventud que se siente sin futuro, y que está emigrando fuera del país afectada por el desempleo de larga duración y por la incapacidad de lograr independencia económica debido a la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Familias a las que les son arrebatadas sus viviendas porque ya no pueden pagar las hipotecas. Trabajadores de otros lugares que deben volver a sus países de origen por falta de salidas laborales y perspectiva de futuro…

Así lo constatamos desde las situaciones vitales de precariedad de nuestros militantes y las personas con las que entramos en contacto a través de nuestro trabajo y compromisos.

Cada día es más evidente que todo esto que nos está sucediendo es algo mucho más profundo que una crisis económica. Es todo el entramado institucional el que ha perdido toda credibilidad. Todo ha quedado como barrido por un tsunami de inmoralidad, por una profunda quiebra moral y ética, a la que no se ha prestado mucha atención hasta que mayorita-riamente nos ha tocado el bolsillo, lo que es significativo para evaluar el problema que tenemos.

Nos enfrentamos a una crisis de humanidad, que afecta a la persona y a las relaciones sociales e institucionales, y que se materializa en las respuestas mercantilistas y no humanas que estamos dando a los grandes problemas que tenemos.

La sola recuperación de la economía no será suficiente para hacer efectivo el derecho al trabajo; más bien, lo que se está produciendo es una recuperación económica contra el trabajo, un empobrecimiento de la sociedad, el desarrollo de procesos de bajo costo en las relaciones de producción y consumo. El trabajo como derecho, en los términos y formas en que lo hemos conocido, no volverá, aun en el caso de que se produzca una recuperación económica.

Ya Juan Pablo II nos advertía en “Laborem Exercens” de la necesidad de la defensa de la dignidad del trabajo y su centralidad. Hoy este mensaje tiene una vigencia plena: “El trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social”. “Los pobres (…) aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo –es decir por la plaga del desempleo–, bien porque se desprecia el trabajo y los derechos que fluyen del mismo».

Se ha construido la economía de espaldas al trabajo y a las necesidades de las personas. Con los actuales niveles de desempleo, las personas nos vemos presionadas a trabajar bajo condiciones precarias, inseguras y con salarios indecentes. Y de la precariedad a la exclusión hay un margen muy pequeño.

Como movimientos cristianos en el mundo obrero y del trabajo, consideramos que a pesar de la situación caótica en la que nos encontramos, también se desarrolla el Plan de Dios. El Reino de Dios ya está en nosotros y entre nosotros: tenemos que vivir el Reino. O dicho de otro modo: para salir de la crisis en que nos encontramos, el camino consiste en vivir como ciudadanos del Reino de Dios.

Esto conlleva establecer relaciones de Comunión guiadas por la vivencia del Mandamiento Nuevo: un amor al prójimo que se fundamenta en el Amor de Dios (podemos amar porque Él nos amó primero). Vivir la comunión es la expresión del Reino de Dios en nuestras actividades cotidianas: Empresas, familias, Bancos, políticos y políticas, sindicatos, iniciativas de todo tipo…, que busquen comunión y que la construyan.

La comunión nos exige una transformación radical de nuestros modos de sentir, pensar y actuar. Esto es lo que necesi-tamos personalmente, como movimientos, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

Y para construir una sociedad humana es ineludible luchar por el derecho al trabajo y un trabajo decente, tal y como lo ha definido Benedicto XVI en Caritas in veritate.

La crisis nos llama no a salir de ella para volver a lo que teníamos, sino a construir un futuro nuevo, un mundo más justo y fraterno, un mundo que nos permita vivir como ciudadanos y ciudadanas del Reino de Dios.

-oOo-

MontesinosCON EL ESPÍRITU DEL GRAN INDIGNADO
LUIS SANDALIO, luisandalio@yahoo.es
CANTABRIA.

ECLESALIA.- ¿Qué es este mundo? Una partida de tahúres con las cartas marcadas y pistolas al cinto repartiéndose las riquezas que son para todos; mientras la gente en la cola del paro espera desanimada, que vengan a contratarla por un sueldo de miseria?

¿Qué es este mundo? ¿Un conciliábulo de monstruos poderosos parapetados y escondidos detrás de sus lobos mientras se organizan para quedarse con todo ciegos al dolor inmenso que ocasionan y a la loca destrucción que provocan en un mundo desahuciado?

La indignación, como una marea en crecida, como un tsunami inmenso, está abriéndose camino entre la gente sencilla. ¿Será ciega venganza destructiva? ¿Será ira fermentada, odio canceroso, voz inútil clamando por las plazas, desesperada impotencia desparramada?

¿O se dejará guiar por el Espíritu del Gran Indignado que ya no soporta tamaña injusticia, semejante destrozo y está inspirando, eligiendo, buscando como estrellas en la noche profetas que se encarguen de tejer con lucha perseverante y con conciencia la esperanza?

Se necesitan palabras poderosas que construyan, pies de mensajeros, descalzos de prebendas, que levanten manos solidarias, corazones indignados que restauren y siembren dignidad en sus andanzas…  Siempre en favor de los más débiles, siempre al servicio de los pobres, siempre comenzando desde abajo.

Con el estilo de siempre del Gran Indignado que llueve generosamente para alimentar las calladas raíces escondidas y hace florecer los campos agostados y llena de gozo el aire con los maravillosos cantos de los pájaros y hace renacer en paz y sencillez el divino corazón del ser humano. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

-oOo-

NO TENEMOS MIEDO es una serie de vídeos dedicados a analizar esta estafa que llaman crisis y a proponer soluciones alternativas a las que está dando el gobierno. ”Cuando la legalidad produce …. monstruos” es el primer capítulo. En él se explica la diferencia entre Justicia y Legalidad.

-o-o-o-

Segundo vídeo de la serie “No Tenemos Miedo”. Con el título “No es una crisis … es una estafa“, se habla del protagonismo de la banca y las instituciones financieras en la generación de la crisis y su influencia sobre el resto de las instituciones del Estado, que ha resultado letal para la Democracia.

-o-0-o-

Tercer capítulo de la serie “No Tenemos Miedo”. Trata de como la corrupción convierte a los partidos y los políticos con opciones de gobierno, en colaboradores necesarios de las mafias financieras para perpetrar esta estafa que algunos llaman crisis. Su título “No hay pan… para tanto chorizo“.

-o-o-o-

Cuarto capítulo de la serie “No Tenemos Miedo”. En él se habla de las instituciones internacionales públicas y privadas que, sintiéndose dueñas del mundo, imponen a España políticas que empobrecen a la mayor parte del país para beneficiar a unos pocos, al tiempo que nos privan de nuestros derechos básicos: salud, vivienda, educación, etc: “Las armas… del terrorismo financiero“.

-o-o-o-

 .

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Mitra chupete Siro LópezPERMÍTANOS TRES REFLEXIONES, MONSEÑOR

AMELIA SÁNCHEZ, tonomeli@hotmail.com

VITORIA-GASTEIZ.

 

ECLESALIA, 25/04/13.- En el preciso momento en que el pasado lunes 15 de abril, el Presidente del Gobierno, obsequiaba al Obispo de Roma con la entrega de la camiseta de la “Roja”, por cierto, será por lo de la “Marca España”; en Madrid, Monseñor Rouco Varela abría la asamblea plenaria de los obispos españoles, mostrando su descontento con el Gobierno, por su supuesta indolencia para resolver las cuestiones del aborto. “No es fácil entender que todavía no se cuente ni siquiera con un anteproyecto de Ley que permita una protección eficaz del derecho a la vida de aquellos seres humanos inocentes… sangrante problema social que está teniendo efectos palpables en la demografía. España envejece y se debilita”.

Del matrimonio entre parejas del mismo sexo, que atañe, dijo: “a la estructuración básica de la vida social. Se trata de proteger adecuadamente un derecho tan básico de los niños como es el de tener una clara relación de filiación con un padre y una madre, o el de ser educados con seguridad jurídica como futuros esposos o esposas. “

De la formación ética y religiosa,” demasiado permeable al relativismo y la ideología de género “.

Permítanos solo tres reflexiones a sus palabras, Monseñor.

En primer lugar, que consideramos que está en su perfecto derecho de hacer tales manifestaciones, a título personal, o en representación de la Conferencia Episcopal si es el caso, y no solo eso, sino que también lo está en pedir al Gobierno, con todos los medios que le otorga el estado de derecho, la plasmación de lo que pide en el papel del B.O.E. ¡Faltaría más! Puede hacerlo al igual que cualquier ciudadano o cualquier otro grupo, puede pedir lo contrario.

Ahora bien, Monseñor, lo que no debe olvidar, es que la modulación de la estructura jurídica del estado de derecho, corresponde en exclusiva al poder civil, mediante las leyes que elabora o convalida el parlamento como expresión de la voluntad general de la ciudadanía, nunca al poder religioso, expresión de una parte de esa ciudadanía. Ya sabe, aquello de “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.

Por último Monseñor, nos gustaría oírle a Vd., y en general a la jerarquía de la Iglesia Católica (alguna excepción sí que hay), un discurso claro y alto y una denuncia profética ante determinadas actuaciones del poder civil, que entendemos dañan brutalmente, a esos niños, a esas familias y en general a los más desprotegidos de la sociedad.

Pongamos unos ejemplos:

¿Por qué no dijo nada, cuando se les retiró el pasado año “la tarjeta sanitaria”, a los 150.000 sin papeles, o inmigrantes “irregulares”, que quedaron fuera del sistema sanitario común, salvo en determinadas situaciones o urgencia?

¿Por qué no se oye su rotunda voz, ni en general la de la jerarquía, cuando según la última E.P.A., el número de los desempleados bordea los seis millones de personas, de las que más de 2.600.000 no perciben ninguna prestación, y mas de 1.800.000, perciben un subsidio de 426 € mensuales o los 400 € del Plan Prepara?

¿Por qué no hemos oído una sola palabra cuando la reforma laboral de febrero de 2.012, posibilita el despido de trabajadores a través de un E.R.E., sin necesidad de autorización administrativa, conlleva el riesgo de desaparición del convenio colectivo, establece contratos indefinidos con un período de prueba de un año, y su resultado es que ha generado una subida en el número de parados, de 380.000 en un solo año?

¿Dónde está la defensa de los jóvenes, cuando el desempleo entre dicho colectivo supera el 55% de su población y muchos de ellos ya han tenido que emprender el camino de la emigración, a Inglaterra, Alemania, Países Nórdicos, Arabia Saudita, Emiratos árabes…?

¿Y cuando ya, esos hogares, que tienen a todos sus miembros activos en desempleo, son más de 1.750.000? ¿Por qué este sangrante silencio?

¿Y cuando tenemos el 27% de los ciudadanos del estado viviendo por debajo del umbral de la pobreza (menos de 7.300 € año) y también hay silencio…?

Qué poco se dice, por parte de de esa jerarquía eclesiástica, de todos los que han perdido su única vivienda como consecuencia de los desahucios.

Cuando a causa de la crisis el 25% de los niños españoles menores de de 16 años sufre malnutrición y sin embargo se quitan las becas comedor sabiendo que la dieta diaria en la escuela es la única garantía para muchas familias de alimentar de forma equilibrada a sus hijos ¿Tampoco esto merece una palabra de denuncia?

Cuando sabemos que el 30% de de los hijos de familias que subsisten con menos de 640€ al mes no consigue el graduado escolar. ¿Acaso no es tampoco momento adecuado para defender a los niños?

¿Acaso, todas las situaciones relatadas no son un atentado a la familia? ¿O el atentado a la familia, sigue pensando, Monseñor, que está en el matrimonio de personas del mismo sexo?

Ante estas situaciones y tantas otras que se están dando, también, queremos Monseñor, que alce su grave voz y diga de una vez por todas que un sistema económico que pone el beneficio de unos pocos por encima de la dignidad de las personas es inmoral, intrínsicamente malo, e incompatible con la moral cristiana, y que otra economía es posible y hay que emprender ya su búsqueda. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

iglesia.....

SI TODAS LAS IGLESIAS DEL MUNDO…
SUSANA MERINO, suemerino@yahoo.com.ar
ARGENTINA.

ECLESALIA, 09/04/13.- Hace unos días regresó a mi memoria el recuerdo de una película, que a mediados de los cincuenta, filmara el cineasta francés Christian Jaque y que en su momento tuviera gran repercusión, “Si todos los hombre del mundo…”. Narraba en ella la odisea de un pequeño barco pesquero cuya tripulación se ve atacada de botulismo en alta mar y cuyas posibilidades de supervivencia son absolutamente nulas pero que se salva gracias a la solidaridad de una red de radioaficionados que capta el desesperado pedido de auxilio del capitán del barco, primero en Togo y luego a través de varias ciudades europeas y consigue hacerles llegar el imprescindible antídoto. Ese recuerdo me llevó a pensar en la situación de nuestra nave planetaria. Estamos a la deriva y atacados no por una sino por varias enfermedades que pueden llevarnos al más insondable de los abismos, el consumismo, la drogadicción, la destrucción de la naturaleza, el hambre, la miseria, la violencia… de modo que estamos en una situación tanto o más grave que la de la tripulación de aquel barco. Sin embargo contamos ahora con una tecnología mucho más desarrollada, dinámica y efectiva que la de aquella época y organizaciones que puestas al servicio del bien común pueden cambiar el rumbo de la historia.

A principios del siglo pasado, más exactamente en 1910, en Edimburgo (Escocia), en el seno de un Congreso Misionero surge la idea de restaurar la unidad de las religiones cristianas, lo que luego se dio en llamar el Movimiento Ecuménico (Del griego” oikoumenē», que significa «lugar o tierra poblada como un todo»). Fueron primero tres protestantes los que le dieron el impulso inicial: el obispo luterano Natan Sôderblom, el episcopaliano canadiense Carlos Brent y el metodista Juan Mott a los que más tarde, bajo el pontificado de Juan XXIII, se sumó la iglesia católica. Anteriormente en 1919, ante una invitación de los obispos protestantes, el entonces papa Benedicto XV había contestado que “la única unidad posible se encontraba en el retorno a la Iglesia católica”. Uno de los productos más relevantes de este movimiento fue la creación y permanencia de la Comunidad de Taizé en Francia, el signo más visible de la reconciliación y de la unidad de los cristianos, a partir de los principios evangélicos y sobre la base de una realidad concreta.

Esta realidad es la que hoy pareciera convocar a un cambio profundo en la participación (o mejor dicho en la no participación) de las iglesias en la vida contemporánea, Veinte siglos de predica no han dado los frutos esperados, los cristianos salvo unos pocos muy pocos no dan en la vida cotidiana testimonio de su fe, de sus principios, de lo que debieran ser sus convicciones, ni manifiestan mayor arraigo a las enseñanzas de Jesús de Nazareth. Es cierto que hemos tenido algunos ejemplos heroicos, tales como los de los obispos Romero y Angelelli y entre los hermanos separados los de Luther King y Desmond Tutu incansable luchador de la época del apartheid, por citar solo a los más conocidos, pero lo que hoy urge es un cambio de rol de la institución eclesial.

La iglesia si quiere encarnar al buen pastor no puede mantenerse alejada de su rebaño, cuando el rebaño sufre y se rebela contra la opresión y el abandono de sus propios gobernantes, sino que debe ponerse resueltamente a la cabeza de ese rebaño, acompañándolo no solo exhortando a los creyentes a “cumplir con fidelidad sus deberes temporales” sino compartiendo la genuina rebeldía que provocan las injusticias, incentivando y prestando su activa colaboración en las demandas por las que actualmente claman los movimientos sociales, verdaderos sujetos de ese rebaño que las iglesias han pretendido desde siempre condicionar con la promesa del Reino. El Reino es aquí y ahora como lo proclaman muchos teólogos contemporáneos pero debemos construirlo entre todos y para eso es necesario convocar a todas las fuerzas de que disponemos: las iglesias tienen estructura, tienen territorialidad tienen grandes reservorios morales y seguramente creatividades subyacentes capaces de despertar y de convertirlas en las verdaderas líderes del cambio. Las iglesias no solo deben conducir con la palabra sino también con las obras y no me refiero a las tradicionales obras de caridad las que, aún sin negarles su profundo valor, son apenas paliativos, remiendos bienintencionados que por el contrario siguen contribuyendo involuntariamente a que nada cambie. Dijo alguna vez Juan Pablo II “Los Pastores tienen el derecho y el deber de proponer los principios morales también en el orden social” lo que a mi juicio implica también condenar abierta y resueltamente todo aquello que como un cáncer progresivo va destruyendo el tejido social no solo en el orden moral sino también en el material, el ambiental, en suma en el de la vida misma.

El ecumenismo constituye sin duda un considerable avance en la puesta en común de los problemas de nuestro tiempo a la luz de los evangelios y debe incorporarse orgánicamente a la vida y a la acción de nuestra iglesia de manera que se transforme y cito nuevamente a Juan Pablo II en “el fruto de un árbol que, sano y lozano, crece hasta alcanzar su pleno desarrollo” Un movimiento actualmente compuesto por 334 iglesias de diferentes tradiciones eclesiales, de casi todos los países del mundo, que conforman el Consejo Ecuménico de las Iglesias y que mantiene además relaciones fraternales con otras iglesias que no forman parte aún de su organización, puede llegar a conformar uno de los poderes más extraordinarios de nuestro tiempo y convertirse en un verdadero factor de cambio en la medida en que como instituciones comiencen a cooperar activamente con los movimientos sociales pero también a incentivarlos y a orientarlos en la búsqueda de nuevas formas de convivencia, de producción, de administración planetaria, de transformación en paz de las actuales estructuras de sometimiento, de explotación, de aniquilación de los más débiles, de agotamiento e injusta distribución de los bienes naturales indispensables para la vida, ya que como dice el teólogo José María Castillo desde el punto de vista cristiano la solución del problema contemporáneo es muy clara: lo “primero en la vida es defender la vida, asegurar la vida, dignificar la vida, proteger la vida” y agrega que aunque “los obispos dicen que ellos tienen por misión anunciar a Jesucristo, la verdad es que dan la impresión que a muchos de ellos les preocupan más determinados asuntos , relacionados con el poder político y económico que con el Evangelio que anunció Jesús” Y en tal sentido no estaría tal vez del todo mal que toda nuestra iglesia hiciera un examen colectivo de conciencia y evaluando los resultados de su prédica en la historia humana decidiera preocuparse menos por la liturgia y más por los desamparados, siempre presentes, nunca olvidados por el Maestro a quién dicen anunciar.

Pero para lograr un cambio tan profundo hacen falta conversión, convicción y nuevas ideas, aunque estas últimas serán sin duda el fruto de las dos primeras. Es innegable que la creatividad humana no tiene límites ¿por qué no poner en funcionamiento los cerebros de nuestras jerarquías para instrumentar nuevas formas de lucha pacífica en el seno de nuestras sociedades? ¿por qué no pedirles que asuman la cristiana responsabilidad de poner la imaginación, la voluntad, el esfuerzo individual y colectivo al servicio de esa transformación por la que, con intensidad creciente, reclama nuestro mundo? Y ¿cuáles podrían ser esas nuevas tareas, esas nuevas responsabilidades?

Creo tener algunas pistas, aunque habrá muchas otras sin embargo tal vez más efectivas o más eficientes. A nadie, por ejemplo, le pasa desapercibido que algunos programas de televisión (e increíblemente hasta radiales) se han transformado en un venero de inmoralidad, de estupidización y de deformación cultural de gran parte de la población, el exhibicionismo sin límites de que hacen gala merecerían sanciones que nadie les impone y contribuyen en no poca medida a la banalización del sexo, a la iniciación temprana en las relaciones sexuales y sus muchas veces dolorosas consecuencias. No nos rasguemos después las vestiduras clamando por la no despenalización del aborto. Busquemos atacar los males en sus raíces y en sus causas profundas. Estoy convencida de que está en manos de la sociedad poner coto a tales excesos, una de ellas organizar campañas para comprometer por lo menos a aquellos que se dicen cristianos a no comprar productos de las empresas que patrocinan esos programas y a cumplirlo y a comunicárselo a dichas empresas de la forma más masiva posible Es probable que en la medida en que estas campañas fueran estimuladas y respaldadas por las mismas iglesias, sus prelados, sus organizaciones, sus colegios, sus universidades… podrían alcanzarse algunos resultados, aunque desde luego partiendo siempre de la convicción de que será necesario mantenerlas con perseverancia y en el tiempo.

Otro tema que ha despertado mi preocupación es el excesivo consumo de papel, en muchos casos de primera calidad en propagandas de tamaños insólitamente exagerados. En una oportunidad contabilicé cuantas páginas de una revista de esas que los españoles llaman “del corazón” estaban dedicadas en toda su extensión a un determinado producto y descubrí, que el 40% de la revista solo contenía enormes fotos publicitarias de una página y exactamente un solo producto editadas en papel satinado de alto costo…pero fundamentalmente también de alto derroche de celulosa. Y aún más en los diarios de mayor tirada editorial es frecuente encontrar publicidades de página entera y hasta de doble página como la recientemente publicada en el diario La Nación con la propaganda de solo un automóvil de la fábrica Volkswagen. Esto significa que cada vez más bosques implantados reemplazan a las especies autóctonas, cada vez se necesitan más tierras para plantarlas con pinos y eucaliptus que por otra parte absorben mucha agua del subsuelo, desplazando otros cultivos de carácter generalmente alimentario o en grado mucho más inhumano a comunidades indígenas que desde tiempos inmemoriales han tenido en esos bosques naturales sus medios de subsistencia.

De modo que no nos podemos quedar en las voces de alerta ni en el terreno de los lamentos es necesario pasar a la acción: organizar boicots, apoyar a los indignados y orientarlos, colaborar pacíficamente con sus protestas, fortalecer la esperanza, acrecentar su fe. Urge no solo concientizar a la gente sobre las consecuencias de estos nefastos derroches sino también y principalmente asumir liderazgos que condenen estas y otras prácticas similares que amenazan no solo al bienestar moral sino también al bienestar material de nuestras sociedades presentes y eventualmente futuras. Solo así podremos seguir soñando con un mundo más humano, más digno, más cristiano… Si todas las iglesias del mundo… se lo propusieran podrían tal vez salvar a la humanidad de su actualmente previsible aunque evitable final. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Juan Pablo I Albino Luciani_PAPA FRANCISCO: ¿RECOGERÁ EL MANTO DE JUAN PABLO I?
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ, brauhm@gmail.com
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 26/03/13.- El día de la elección papal del cardenal argentino Bergoglio, muchos radioyentes escuchábamos en las ondas que, un mes antes, la novia de un joven había puesto un twitter contando que su novio había soñado con un nuevo Papa de nombre Francisco I. Ni qué decir que ese twitter dio la vuelta al mundo tras la elección del nuevo Papa que decidió llamarse Francisco. Pero hay otro dato, para mi aún más sorprendente, que se puede consultar en la Web de la Comunidad de Ayala: “Un Papa Francisco. Que el Señor te bendiga y te guarde” Resumiendo: escribe el sacerdote Jesús López Sáez que el pasado 5 de febrero, aniversario del cardenal argentino Pironio (la misteriosa “persona de Roma” a quien Juan Pablo I confió sus intenciones), recibió un correo de un italiano, Efrem Ori, residente en España, en Castellón, para felicitarle por su libro: “Juan Pablo I. Caso abierto” donde, entre otras cosas, le comunicaba que él, sin tener presente a Juan Pablo I, había escrito años atrás un libro titulado “Papa Francesco”, pero con la lectura de “Juan Pablo I. Caso abierto” cayó en la cuenta de que “el papa Francisco, mi papa soñado, había venido, pero no me había dado cuenta”.

Papa Francesco  Edición privada 2004

Papa Francesco Edición privada 2004

Llama la atención que una de las primeras frases que pronunció el papa Francisco tras salir elegido fuera la misma que pronunció Juan Pablo I: “Que Dios os perdone por lo que habéis hecho”. Francisco nos ha traído a la memoria a Juan Pablo I. Se han prodigado los artículos en este sentido. A día de hoy, por los detalles vistos, se aprecia una línea de comunión entre ambos Papas. Empezando por el tema de la pobreza evangélica y el modo tan simple -aparcando el rígido protocolo y el boato- con que ambos Papas hicieron sus primeras apariciones públicas, revelando ambos pequeños detalles (secretos) del cónclave. El Papa Francisco es argentino, hijo de emigrantes italianos. Juan Pablo I es italiano, hijo de un obrero emigrante. “El tesoro de la Iglesia son los pobres”, proclamaba Juan Pablo I. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, proclamó Francisco en su primer encuentro con los periodistas a los que cautivó. De Juan Pablo I (dijo en una ocasión que ‘de no haber sido obispo, me hubiera gustado ser periodista’), se llegó a contar que “hubiera sido aún más popular que Juan XXIII”. Del primer encuentro del Papa Francisco con los periodistas, de forma unánime éstos dijeron cosas como “este Papa es increíble”, “es demasiado bueno para ser verdad”… Esperemos que sus gestos no sean producto del fino marketing vaticano. Que sea capaz de cumplir la misión de la patata caliente de la purificación de templo (por la que se dice que ha renunciado Benedicto XVI), como quiso afrontar Juan Pablo I.

Papa Francesco  Portada edición pública marzo 2013

Papa Francesco Portada edición pública marzo 2013

La ‘izquierda eclesial’, borrada del mapa durante 35 años, se muestra esperanzada con Francisco, mientras que los de la ‘iglesia imperial’ de cristiandad guardan silencio y están muy cautos. Este ‘domingo de ramos’, antesala de la pascua (purificación del templo) el profeta Isaías nos recuerdó que el siervo es siervo sufriente, no siervo triunfante. El siervo triunfante es incompatible con el evangelio. ‘El vino nuevo del evangelio revienta los odres de un estado llamado Vaticano’ (“Mal Estado Vaticano”) que es una concesión del dictador Mussolini. Cuando el arzobispo Bergoglio adoptó de nombre Francisco, las primeras conjeturas apuntaban a San Francisco Javier, jesuita como él. Después, el propio Francisco despejó las dudas revelando (a los periodistas) que eligió Francisco en referencia a San Francisco de Asís y que un cardenal amigo brasileño (Claudio Hummes) le ayudó a tomar esa decisión: “No te olvides de los pobres”. También, el cardenal Albino Luciani tenía un cardenal amigo brasileño (el cardenal Aloisio Lorscheider, también llamado “el obispo de los pobres”) a quien Juan Pablo I, según confesó, dio su voto en el cónclave en el que él salió elegido. “Espero que cuando seas cura no te olvides de los obreros” le escribió su padre, Giovanni Luciani, obrero emigrante, y socialista, al pequeño Albino cuando éste le escribió una carta a su padre pidiéndole permiso para ir al seminario. “El papa de la simplicidad”, se ha dicho de Francisco, y se dijo de Juan Pablo I. “Orad por este pobre Cristo” llegó a decir en una audiencia Juan Pablo I (causando el escándalo en algunos curiales). El papa Francisco pidió primero la bendición del pueblo antes de dársela él al pueblo. Demasiadas ‘coincidencias’.

En “El día de la cuenta”, su autor nos recuerda que “la vocación de San Francisco de Asís nació de una visión crítica de la Iglesia de su tiempo”. Francisco de Asís (que era un joven laico) tuvo una experiencia cuando al entrar en una Iglesia, San Damián -una iglesia en ruinas a la que él entró buscando luz- escuchó estas palabras: Anda y repara mi Casa que amenaza ruina. “Pronto entendió San Francisco que eran otras ruinas las que había que reparar”. (Cap.18, Renovación imperial, pág. 274). Es lo que movió al anciano Juan XXIII a convocar, de sopetón, un Concilio, el Vaticano II: para volver a las fuentes. Porque la Iglesia tiene como constitución el evangelio, y no la tradición, por mucho que el cardenal A.M. Rouco (en activo, con 77 años) dijera en Salamanca el 23 de abril de 2012 que “el Concilio hunde sus raíces en la intensa vida cristiana de las décadas precedentes”, criticando con dureza la interpretación más aperturista del mismo. ¿Quería decir monseñor Rouco que el Concilio Vaticano II hundía sus raíces en el apogeo del nacional catolicismo, olvidando que durante el desarrollo del Concilio los obispos españoles se opusieron con extrema dureza al decreto conciliar sobre la libertad de conciencia?… Conviene recordar que en la Iglesia del pre-concilio, en agosto de 1950, Pío XII con su encíclica “Humani generis” paralizó el movimiento de renovación teológica y sus principales impulsores -Chenu, Congar, De Lubac- cayeron bajo censura canónica (“Un templo nuevo. Viento de renovación” , de J. L. S.).

No me llames Santidad. De aquí en adelante solo Francisco”, así le respondió el Papa Francisco al sastre colombiano Luis Abel, cuando aquel le llamó solicitando sus servicios. Eso sí, matiza el sastre, los encargos de Francisco son “todos sencillos, sin hilos dorados o de oro… Las vestimentas del anterior Papa eran muy elegantes, cargadas de lujo”. Y añade el sastre del Papa Benedicto XVI (y ahora también de Francisco), que en una ocasión el Papa Benedicto XVI le presentó en Roma en una reunión de cardenales, y les recomendó sus servicios, y que el sastre le dijo a uno de ellos (al argentino Bergoglio): “le veo vestido de blanco”. (El Mundo, 22 marzo 2003). De paso, conviene refrescar que Jesús era un profeta laico, de vestir normal, sin carnet de cura. Y que, como nos recuerda la Escritura, en la Carta a los Hebreos, 8,4: “si Jesús estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote (Un sacerdocio nuevo. Hacer tu voluntad, de J. L. S.). De Francisco se dice que, como Juan Pablo II, vuelve a abarrotar la Plaza de San Pedro. Juan Pablo II (el Papa más mediático que vivió sus últimos días sin poder articular palabra) no tenía reparos en afirmar que ‘de sus viajes, lo más importante era su encuentro con los poderosos de la tierra porque así se acrecentaba el prestigio la Iglesia’ (Juan Arias, periodista). Pero no era esta la visión de Francisco de Asís. En el estado vaticano han tenido mucho más peso los ingenieros en derecho canónico y en oscuras finanzas criminales que las quejas de los incómodos y ninguneados profetas. Esperemos que con Francisco no sea así. Que recoja el manto de Juan Pablo I.

Del papa Francisco ha escrito un periodista: “Esperemos que le dejen trabajar, y que no acabe como el pobre Juan Pablo I” (Jesús Bastante, La “silenciosa oposición” al Papa Bergoglio). En el citado libro Papa Francisco, de Efrem Ori (escrito en 2004, en edición privada, para los amigos; y reeditado, en edición pública, este mes de marzo de 2013), el Papa Francisco muere en la Plaza de San Pedro, en medio de la eucaristía. El pasado 24 de marzo fue el aniversario del mártir San Romero de América (un arzobispo profeta que salió llorando de Vaticano tras una audiencia con Juan Pablo II; y que murió asesinado en el altar en mitad de la eucaristía, por ponerse del lado de los oprimidos de la tierra); conviene recordar aquellas palabras que le dedicó otro obispo incómodo, Pedro Casaldáliga: “las curias no podían entenderte, ninguna sinagoga bien montada, puede entender a Cristo”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

San Óscar RomeroEn el XXXIII Aniversario del martirio de Monseñor Romero
‘EN TI EL HUÉRFANO ENCUENTRA COMPASIÓN’
Homilía del padre Jon Sobrino el 22 de marzo en la Capilla de la UCA
JON SOBRINO, S.J., director del Centro Monseñor Romero de la UCA, jsobrino@cmr.uca.edu.sv
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 25/03/13.- “En ti el huérfano encuentra compasión”. Estas palabras del profeta Óseas dicen, mejor que ningún credo ni dogma, quién era Yahvé, Dios, para los pobres de Israel. Es la confesión verdadera de Dios. En esta eucaristía las aplicamos a nuestro querido hermano Oscar Romero.

Nuestro país es un país de pobres. Hombres y mujeres que no tienen mucho que dar de comer a sus hijos, que no tienen donde vivir cuando la lluvia de los temporales les destruye la casa, que van de puerta en puerta sin encontrar trabajo, y tiene que arriesgar paz, familia y vida en otros países. Estos hombres y mujeres en Monseñor encuentran compasión, consuelo y esperanza.

Nuestro país es un país de jóvenes, desaparecidos, secuestrados, asesinados día a día, y que no encuentran trabajo. Ha sido un país de mujeres que tenían que salir en guinda con sus tiernos en los brazos, y que sufrían cuando sus hijos se iban de la casa, a la organización o al monte. En Monseñor encontraban fuerza para vivir.

Y muchos otros miles en El Salvador, en Guatemala, en Haití, en Colombia han encontrado en Monseñor luz para caminar, generosidad para arriesgar, llanto para llorar, risa para reír.

Fue voz de los sin voz, defensor ex officio de los oprimidos, consuelo de los que lloran. Todavía hoy le llamamos “pastor, profeta y mártir nuestro”. Y con cariño hablamos de él como sólo hablamos de Dios .Y le decimos: “Monseñor, en ti el huérfano encuentra compasión”. En Monseñor muchos salvadoreños han encontrado al misterioso Dios que da fuerza para vivir.

Y en los salvadoreños Monseñor encontró a su pueblo. Lo vamos a decir en palabras suyas:

II

Mirando el sufrimiento de su pueblo en Egipto dijo Yahvé: “Siempre estaré con ustedes”. Viendo el sufrimiento de los salvadoreños dijo Monseñor: “No abandonaré a mi pueblo”. Y no fueron palabras vanas. Solía decir: “Con ustedes correré todos los riesgos”. Y al presidente del país que le ofrecía protección le contestó solemnemente: “Quiero decirle que, antes que mi seguridad personal yo quisiera seguridad y tranquilidad para 108 familias y desaparecidos. Un bienestar personal, una seguridad de mi vida no me interesa mientras mire en mi pueblo un sistema económico que tiende cada vez más a abrir esas diferencias sociales”.

De su dolor habló Monseñor en las homilías. “Hermanos, ya me duele mucho el alma de saber cómo se tortura a nuestra gente”. Y las homilías las preparaba así. “Le pido al señor durante toda la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignonimia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento”.

Creaba, estrujaba el lenguaje, para que aflorase su dolor. “Esta semana se me horrorizó el corazón cuando vi a la esposa con sus nueve niñitos pequeños que venía a informarme. Según ella lo encontraron con señales de tortura y muerto. Ahí está esa esposa y esos niños desamparados”.

Arremetió contra los criminales, y más allá de la justicia legal y restaurativa conminó a hacerse cargo de la vida de esos nueve niños: “Yo creo que el que comete un crimen de esa categoría está obligado a la restitución. Es necesario que tantos hogares que han quedado desamparados como este reciban ayuda. El criminal que desampara un hogar tiene obligación en conciencia de ayudar a sostener ese hogar”.

Y la buena noticia de ese pueblo. En ese pueblo sufrido Monseñor Romero encontró luz, cariño y amor. “Siento que el pueblo es mi profeta”. “El obispo siempre tiene mucho que aprender de su pueblo”. “Entre ustedes y yo hacemos esta homilía”. “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. Me glorío de estar en medio de este pueblo”.

Razón tenía el padre Ellacuría cuando dijo: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

III

Digámoslo ahora brevemente en el lenguaje que en 1979 usaron los obispos en Puebla. Puebla es conocida por la opción por los pobres. Pero habló sobre todo del Dios de los pobres y de los pobres de Dios.

Dios es el primero que ha hecho la opción por los pobres. La Iglesia no ha inventado nada nuevo -y Dios cumple mejor que la iglesia con esa opción. Y en esa opción de Dios hay dos cosas fundamentales que ojalá las tengamos siempre presentes, y ojalá las reproduzcamos nosotros aunque sea en pequeño.

La primera es la gratuidad. “Por el mero hecho de ser pobres, independientemente de su condición personal y moral, Dios los defiende y los ama” (1143). El amor de Dios a los pobres es absoluto, sin condiciones. Como decíamos antes “en Dios el huérfano encuentra compasión”. Dios no reacciona a la bondad de los pobres ni a sus méritos. Dios reacciona a su pobreza. Eso es lo que mueve el corazón.

La segunda es salir en defensa del pobre, y quiero insistir en este punto. Dios no solo ama y ayuda al pobre, sino que antes lo defiende -lo cual no suele ser tenido en cuenta. Y es importante ver la lógica profunda en esa actuación de Dios. Lo que hace que el pobre sea pobre –muy fundamentalmente en nuestro mundo- es que tiene enemigos, adversarios. Optar por el pobre es entonces enfrentarse con quienes les hacen pobres, y es, por ello, entrar en conflicto con sus opresores. Optar por el pobre es, no solo pero sí muy principalmente, luchar contra los victimarios para que dejen de producir víctimas.

No hay opción por los pobres sin decisión a defenderlos. Y por lo tanto, sin una decisión a introducirse en el conflicto histórico. Esto no suele ser muy tenido en cuenta. Ni siquiera teóricamente. Tampoco en Aparecida. Pero, digámoslo una vez más: no hay opción por los pobres sin arriesgar.

IV

Este año el aniversario de Monseñor Romero coincide con la elección de un nuevo papa, Francisco. Para terminar quiero decir brevemente dos cosas:

La primera es mi deseo de que en él los pobres encuentren siempre compasión. Que el papa nos ayude a nosotros a ser compasivos con los pobres. Y que nosotros ayudemos al papa a ser compasivo con ellos.

La segunda es presentarle algunos deseos. Menciono cuatro que me parecen importantes, y que espero sean de su agrado:

1. Que proclame que la Iglesia es Iglesia de los pobres, y que escuche con alegría el aplauso de Juan XXIII, quien descansa en paz en una tumba cercana a su aposento papal.

2. Que de una vez por todas enaltezca a la mujer y resuelva valientemente el problema de la mujer en la iglesia. Y que con las mujeres dentro la Iglesia sea mejor partera de humanidad.

3. Que no abandone la modesta cruz que lleva al pecho. Y que comience a dar pasos para dejar de ser jefe de Estado. Y así, que haga de la iglesia un pueblo que camina, con tanteos, hacia Dios.

4. Que canonice sin necesidad de repetir fórmulas y sin quedar aprisionado en normas, a todos los mártires y a todas las mártires de la justicia en el seguimiento de Jesús. Y si busca un nombre para que todos ellos y ellas tengan nombre, desde aquí le ofrecemos muy humildemente el nombre de Monseñor Romero y el nombre de los mártires de El Mozote. Y que él añada muchos otros nombres de hombres y mujeres -y de pueblos crucificados- que han dado su vida por amor como Jesús crucificado y como el siervo sufriente de Yahvé. Con todos ellos y con todas ellas Dios ha pasado por este mundo.

Que Monseñor Romero le ayude al papa Francisco. Y que nos ayude a todos nosotros a parecernos a Jesús de Nazaret. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Pueda ser él

Publicado: 21 marzo, 2013 en DENUNCIA / ANUNCIO
Etiquetas: , , , , ,

Papa Francisco RomaPUEDA SER ÉL
KOLDO ALDAI, coordinacion@foroespiritual.org
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 21/03/13.- ¿Quién dijo que estaba todo perdido? Seguramente nos equivocamos al pensar que dentro de la vetusta institución no había nada que hacer, que bajo las sotanas de la Jerarquía no podía medrar ninguna esperanza, que entre tanto anciano purpurado elegido a dedo, no había posibilidad de renovación alguna… Y sin embargo estos días hemos podido comprobar que sí se abría rendija para el aire fresco, que había mármol para esos humildes zapatos negros, margen para un Papa argentino y además jesuita. Al día de hoy, el mayor cambio posible, sereno y tranquilo, en el seno de la Iglesia católica está en marcha y no podemos por menos que saludarlo. Un antiguo escepticismo se va rindiendo felizmente día a día ante el monitor de la televisión. Cierta e inocente generosidad llama a nuestra percepción desconcertada. Hemos visto, los estamos viendo en cada una de las comparecencias públicas de Francisco y estamos comenzando a creer…

Cuando salió a la luz la biografía del nuevo Papa, en tantos aspectos marcando una positiva diferencia, algo me transportó a la orilla del mar. Se abalanzó sobre mi mente el recuerdo de tantos amigos cristianos de Donosti, ligados a la familia y al Foro espiritual de Estella. Me acordé de toda esa buena gente que merece en Roma alguien con toda la fuerza del amor que ellos/as llevan dentro. Esos cristianos que han devorado durante años el Jesús de Pagola casi a escondidas, que añoran las libertades que siempre gozaron con Uriarte y Setién, todos esos cristianos cuyo desbordado anhelo no termina de entrar en los sermones oficiales, entre los párrafos siempre estrechos de los catecismos, esos cristianos genuinos que se han ajustado a lo impuesto, cuyo espíritu se ve encarcelado en el dogma establecido y que por lealtad no dieron un paso fuera del perímetro eclesiástico…, necesitaban un Papa, como todo apunta, puede ser Francisco. Su sencillez, cordialidad y voluntad de cambio abre cuanto menos una ventana a la esperanza.

Todos esos cristianos que cargaban con tanto “amén” a lo que les llegaba desde arriba, que ya no sabían dónde buscar brisa renovada, que esperaban de la jerarquía una apertura, una inclusividad, una flexibilidad que no terminaban de llegar, que querían ver en el Papa un reflejo auténtico del Nazareno…, pueden estar en vísperas de su hora.

Lo llevaban toda su vida buscando, por supuesto mereciendo. Lo habían llamado en tantas cerradas noches, en la hondura de tantas crisis, en tantas fervientes oraciones… y hay más que evidencias de que puede haber llegado. El Papa que rechazaba limusinas y viajaba en “colectivo”, que vivía en un sencillo apartamento y se hacía su propia comida, que frecuentaba a los pobres y lavaba los pies a los enfermos…, puede ser el Papa por el que ha suspirado toda esta buena gente de fe.

Ojalá final feliz en esta larga historia, en la recta final de demasiadas frustraciones… No hablamos de saltos al vacío, de rupturas incomprensibles con el pasado, nos referimos a gestos cargados de significado como los que ya ha protagonizado el nuevo Papa. Se trata de ese toque de sano humor, de alejarse del dogma y volver al corazón, se trata de bajar a la calle y caminar a pie y compartir fe, de guiños sinceros de encuentro para con los líderes de las otras religiones… Hoy leemos la buena nueva en los periódicos de que llegó a Roma viajando en clase económica, con los zapatos que le regaló la viuda de un sindicalista. ¿Será que las ganas tan grandes de cambios que abrigamos redactan ya su historia? ¿Será que no sabemos dónde volcar toda la esperanza acumulada, dónde saciar toda la sed de cambio que no cabe en nuestras gargantas…?

Nos han terminado de contagiar esos cristianos del mañana soportando durante tanto tiempo la asfixia de lo caduco, esos incondicionales del evangelio y su apuesta silente de a largo plazo, esos seguidores de un tal Jesús que piden liderazgo de incondicional amor, de celeste talla. A fuerza de ejemplaridad han hecho nuestras sus esperanzas. Pueda estar Francisco a la altura de tanta sincera aspiración despertada, a la par de tan irrefrenable expectativa. Pueda estar al nivel de lo que el mundo y la cristiandad necesitan. Quiera el Cielo que suponga el inicio de una profunda renovación, de una nueva era en la Iglesia. Por esa Iglesia abierta, hermana, solidaria, sencilla, con rostro también de mujer, fiel al legado eterno del Nazareno…, que esos entrañables católicos y tantos otros también deseamos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Del mismo autor en Eclesalia: “¿NUEVO PAPA?” (ECLESALIA, 05/03/13)