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Pobreza desaparecidaGANAR LA ESPERANZA PARA ESTE TIEMPO
FELIPE MANUEL NIETO FERNÁNDEZ, Párroco de Cristo Salvador, flipelolo@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 21/12/12.- La gente esta acostumbrada a animar a los desesperados con el consabido “la esperanza es lo último que se pierde”, sin embargo yo suelo responder, que “La esperanza no es lo último que se pierde sino lo primero que se gana porque sino estás perdido”.

Ahora bien, ¿cómo es que escribo sobre ganar la esperanza?, ¿es qué acaso la hemos perdido?; porque, tal como nos van las cosas en general, todo indica que, a pesar de la crisis económica y de valores, nuestras vidas, dentro de la red social que hemos tejido, no se sienten tan amenazadas; que, aunque nos ajustemos un poco el cinturón, nuestro estilo de vida, nuestro ritmo de consumo, apenas se aprecian cambios. Cabalgamos por los días, las semanas y los meses hacia un fin de año más, eso sí, mecidos por la bonanza de cierta certeza de que nada va a cambiar y si cambia tendrá remedio.

Los Mass Media, por ejemplo, nos bombardean con que cada día cuesta más dinero “llenar el cesto de la compra”, pero ellos mismo nos dan la solución envuelta en el papel de regalo de las encuestas: “Un estudio elaborado por el Observatorio de Consumo de Esade refleja una Navidad de dos velocidades: el 55% de los españoles se podrá permitir alguna alegría y confiesa que gastará entre 600 y 700 euros por familia, mientras que otro 25% ajustará sus gastos totales a unos 300 euros” ¡Y aquí no ha pasado nada!

Pero sí pasa algo, pasa que no nos informan de los hogares que ni siguiera pueden llenar el cesto con los alimentos básicos, no nos cuentan cómo lo pasarán el 20% de los que no tienen sitio en las encuestas, ni de que la pobreza en España, lejos de la esperanza de que esté bajando, aumenta escandalosamente. No sólo los medios de masas, también los Self Media (la información y diversión que podemos tener a nuestra medida y gusto gracias a la posibilidad de la comunicación interactiva) están dotando de una nueva característica a la pobreza: la invisibilidad. Y claro, ojos que no ven corazón que no siente. Sin embargo, las cifras no mienten y desenmascaran la falsa esperanza, no la ganada y que reivindico en estas líneas abiertamente, sino la que nos ayuda a vivir a fuerza de no ver ni sentir.

El Instituto Nacional de Estadística ha realizado un estudio sobre la pobreza en España (Encuesta de Condiciones de Vida) del que destacan 12 datos para la alarma:

  1. El 21,1 % de la población española vive por debajo del umbral de pobreza en 2012. Es una cifra parecida aunque ligeramente menor (0,7 puntos) que la de 2011. Este leve descenso de siete décimas se explica por la estabilidad de los ingresos de los mayores de 65 años: el resto de la población empeora.
  2. La situación de los hogares más desfavorecidos se agrava: el porcentaje de hogares españoles que llega a fin de mes con “mucha dificultad” alcanza el 12,7 %, frente al 9,8% de 2011.
  3. Los ingresos medios anuales de los hogares españoles alcanzaron los 24.609 euros en 2011, con una disminución del 1,9% respecto al año anterior. Si lo dividimos por persona, el ingreso medio de una persona que vive en España es de 9.321 euros, aún un 1,31% más bajo que en 2011.
  4. La tasa de pobreza disminuye entre los mayores de 65 años: ha pasado del 21,7% en 2010 al 16,9% en 2012. Influye su inmunidad a los vaivenes inmobiliarios, ya que la mayoría ya tiene vivienda en propiedad y pagada, según el INE.
  5. La tasa de pobreza aumenta entre las personas en edad de trabajar, entre 16 y 64 años, pasando del 19,4% en 2010 al 21,0% en 2012.
  6. Uno de cada cuatro menores de 16 años se sitúa por debajo del umbral de pobreza.
  7. La pobreza está relacionada con el nivel de formación: el 28,9% de la población que ha alcanzado un nivel educativo equivalente a la educación primaria o inferior, está en riesgo de pobreza. Cuando el grado alcanzado es la educación superior, dicha tasa se sitúa en el 10,0%.
  8. La tasa de pobreza entre los inmigrantes no comunitarios en España es del 43,5%. No es un número tan significativo como para forzar demasiado el dato general: si solo midiéramos a los españoles, la tasa sería del 19%, solo dos puntos menos que la común.
  9. El 44,5% de los hogares no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje es 5,6 puntos mayor que el registrado en 2011.
  10. El 40,0% de los hogares no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 35,9% del año 2011.
  11. El 7,4% de los hogares tiene retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,…). Este porcentaje es 1,2 puntos mayor que el del año anterior.
  12. EL 29,9% de los hogares españoles tiene pendiente el pago de una hipoteca. En el 9,3% de los casos se vive de alquiler.

Más aún, a la pobreza invisible hay que añadir otras dos características: La “persistencia” y la “transmisión generacional”. El despegue económico no ha producido distribución, sino, un aumento de la precariedad laboral. Los “pobres invisibles” son obreros sin trabajo, jóvenes que no acceden a su primer trabajo o con empleos temporales, mujeres con hijos a su cargo, inmigrantes, ancianos y niños.

La realidad nos está pidiendo una transformación que comienza por cambiar nuestro estilo de vida, pero aquí nos encontramos con el problema, que a la vez es causa de la invisibilidad de la pobreza: No estamos dispuestos a cambiar.

Existe un elemento o factor de conducta que influye poderosamente en nuestro estilo de vida. Los economistas lo llaman descuento hiperbólico, los sociólogos búsqueda de la satisfacción inmediata y, la gente sabía, es decir, nuestros mayores, “más vale pájaro en mano que ciento volando”. “Si a una persona le dan a escoger entre 50 euros hoy o 100 euros mañana, lo normal es que prefiera esperar a los 100. Pero si el plazo de tiempo es de un año, casi todo el mundo prefiere quedarse con los 50 euros en mano. Las consecuencias futuras -buenas o malas- no suelen contar mucho en nuestras decisiones actuales” (Anthony Giddens).

En otras palabras, que estaríamos dispuestos a cambiar si viéramos los beneficios del esfuerzo recompensados en un corto plazo de tiempo. Si cayera sobre nosotros la amenaza de que en muy poco tiempo podríamos engrosar las filas de los invisibles, comenzaríamos a pensarnos si disminuimos el tren de vida que llevamos.

Si sólo la catástrofe inmediata nos hace cambiar, ¿qué cabida tiene la esperanza, como virtud, en el día a día? En lugar de vivir en esperanza, tiramos hacia delante, ciegos e insensibles, agarrándonos a la espera de los desesperados cuando todo sale mal. Por eso, el Adviento, nos recuerda cada año que tenemos que cambiar, recuperar los horizontes utópicos, alimentar el alma y llenar nuestras entrañas de comprensión hacia los demás, hermanas y hermanos nuestros, para construir un nuevo mundo a fuerza de ganar la esperanza desde el signo de un Dios que se hace hombre, niño y frágil, para salvarnos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Pautas de Adviento

Publicado: 17 diciembre, 2012 en REFLEXIONES
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María de advientoPAUTAS DE ADVIENTO
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012
COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 17/12/12.- Esto so sólo eso, pautas, algunas claves para vivir el adviento con mayor profundidad. Claves hay miles, los textos litúrgicos de estos días son muy intensos, están colocados ahí por algún motivo, nos hablan de esperar-esperanza-esperarte-espera, de alegría, de ilusión, de libertad,… de Dios, claro. Nos hablan y te hablan, sólo tienes que hacer silencio, dejar que se posen en ti. Estos creyentes de hace varios miles de años quisieron dejar su experiencia por escrito porque no les cabía en el corazón y necesitaban liberarla, darle alas, soltarla en el tiempo. Son textos que viajan en una fragilísima botella de cristal y que hoy se abren para ti. Aquellos hombres y mujeres, enamorados de Dios te envían un mensaje… “encuéntrale en el silencio”.

Primera pauta: vivir hacia el interior

Puede que no sea casualidad, sino “Diosidad” que dicen algunos, el hecho de que el adviento coincida con el final del otoño y el principio del invierno. En este tiempo la naturaleza se sumerge en sí misma, vive hacia el interior, dándose calor, reconociendo su propio ser. Decimos que la naturaleza duerme, inicia su tiempo de descanso, pero… pero…, quizás no, quizás está enfrascada en crear algo nuevo, en desnudar su propia verdad, en dar calor a lo que esconde, a lo que desea ofrecer y a lo que se le pide… Algo así puede ser el adviento para ti, un tiempo para vivir “curvada sobre ti misma”, viviendo en silencio, en soledad, desnudándote de adornos (hojas, frutos, flores…), absorbiendo desde lo profundo, buscando más allá de la superficie… ¿me explico?  Lo que te vaya sucediendo, sobre todo lo más nimio, es lo que más significado tiene en este tiempo, porque es lo que va haciendo grande tu vida, es la sencilla savia que va alimentándote hasta que brote algo grande. Es el tiempo de esconder en lo oscuro de tu tierra la semilla de Dios. Es el tiempo de descubrirnos embarazadas de vida, de proyectos, también de dolores y miedos…

Dios te ha dado una semilla que puedes hacer que dé fruto en primavera… y “que tu fruto dure”.

Segunda pauta: aceptación…

…de lo que Dios siembra en silencio. Como te digo Dios es el sembrador que pone en ti una semilla de futuro… ¿de qué futuro? Bueno, no tiene por qué ser nada extraordinario lo sembrado, o sí…: quizás sea más alegría, quizás siembra en ti una decisión de vida, o valor para afrontar algún cambio… Dios es el sembrador de esperanzas: “alza la cabeza, se acerca la liberación”. ¿De qué te libera el adviento?, ¿de tus miedos?, ¿de tu rutina?, ¿de ambiciones?, ¿de una vida que no te llena del todo?… tú sabrás. El adviento es el tiempo de aceptar lo que viene  de Dios, lo que viene de la vida, lo agradable y lo menos gustoso… Acoge, acepta y ¡arriésgate!

Salió el sembrador a sembrar y vio en ti tierra fértil y… sembró.

Tercera pauta: dar calor

El adviento no es tiempo de evaluaciones, de limpiezas ni acondicionamientos, eso, que es buenísimo, lo dejamos para cuaresma. Yo prefiero enfocar el adviento como tiempo de acoger lo bueno que Dios coloca en cada una, en cada uno, agradeciéndolo, creando un espacio aceptado, amable (esto significa “que se puede amar”) para que así se produzca el milagro del nacimiento. Fíjate en los regalos cotidianos, desde los más pequeños (esos obsequios humildes de Dios que se nos despistan por pequeños unos y efímeros otros) hasta los que te llenan la boca. Dedica uno de tus días de oración a ser consciente de los regalos de Dios-Vida, descubrirás docenas y docenas de ellos, y si no te salen docenas… deberemos trabajar el tema del agradecimiento y tu capacidad de ver belleza a tu alrededor. Cuenta las docenas y… dale gracias a Dios.

Vivir hacia el interior, aceptando lo que llega y dándolo calor para que la semilla fructifique. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Qué podemos hacer?

Publicado: 12 diciembre, 2012 en BIBLIA
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pregunta3 Adviento (C) Lucas 3, 10-18
¿QUÉ PODEMOS HACER?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/12/12.- La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

QUE PODEMOS FAZER?

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A predicação do Baptista sacudiu a consciência de muitos. Aquele profeta do deserto dizia-lhes em voz alta o que eles sentiam no seu coração: era necessário mudar, voltar a Deus, preparar-se para acolher o Messias. Alguns aproximavam-se Dele com esta pregunta: Que podemos fazer?

O Baptista tem as ideias muito claras. Não lhes propõe acrescentar à sua vida novas práticas religiosas. Não lhes pede que fiquem no deserto fazendo penitência. Não lhes fala de novos preceitos. Ao Messias há que acolhe-Lo olhando os necessitados.

Não se perde em teorias sublimes nem em motivações profundas. De forma direta, no mais puro estilo profético, resume tudo numa fórmula genial: “O que tenha duas túnicas, que as reparta com o que não tem; e o que tenha comida, que faça o mesmo”. E nós que podemos fazer, para acolher Cristo no meio desta sociedade em crise?

Antes de mais nada, esforçar-nos muito mais em conhecer o que está a passar: a falta de informação é a primeira causa da nossa passividade. Por outro lado, não tolerar a mentira ou o encobrimento da verdade. Temos de conhecer, em toda a sua crueza, o sofrimento que se está a gerar de forma injusta entre nós.

Não basta viver a golpes de generosidade. Podemos dar passos para uma vida mais sóbria. Atrever-nos a fazer a experiência de nos “empobrecermos” pouco a pouco, recortando o nosso atual nível de bem-estar, para partilhar com os mais necessitados tantas cosas que temos e não necessitamos para viver.

Podemos estar especialmente atentos a quem caiu em situações graves de exclusão social: despedidos, privados da devida atenção sanitária, sem rendimentos nem recurso algum… Temos de sair instintivamente em defesa dos que se estão a fundir na impotência e a falta de motivação para enfrentar o seu futuro.

A partir das comunidades cristãs podemos desenvolver iniciativas diversas para estar próximo dos casos mais gritantes de desamparo social: conhecimento concreto de situações, mobilização de pessoas para não deixar sozinho a ninguém, aportação de recursos materiais, gestão de possíveis ajudas…

A crise vai a ser longa. Nos próximos anos vai nos ser oferecida a oportunidade de humanizar o nosso louco consumismo, tornar-nos mais sensíveis ao sofrimento das vítimas, crescer em solidariedade prática, contribuir para denunciar a falta de compaixão na gestão da crise… Será a forma de acolher Cristo com mais verdade nas nossas vidas.

 

Cosa possiamo fare?

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La predicazione del Battista scosse la coscienza di molti. Quel profeta del deserto stava loro dicendo a voce alta quello che sentivano nel loro cuore: era necessario cambiare, tornare a Dio, prepararsi per accogliere il Messia. Alcuni si avvicinarono a lui con questa domanda: Cosa possiamo fare?

Il Battista ha le idee molto chiare. Non propone loro di aggiungere alla loro vita nuove pratiche religiose. Non chiede loro che rimangano nel deserto facendo penitenza. Non parla loro di nuovi precetti. Il Messia bisogna accoglierlo guardando attentamente ai bisognosi.

Non si perde in teorie sublimi, né in motivazioni profonde. In maniera diretta, nel più puro stile profetico, riassume tutto in una formula geniale: Chi ha due tuniche, ne dia a chi non ne ha, e chi ha da mangiare, faccia altrettanto. E noi, che possiamo fare per accogliere Cristo nella nostra società in crisi?

Prima di tutto, sforzandoci molto di più di conoscere quello che sta accadendo: la mancanza d’informazione è la prima causa della nostra passività. E poi, non tollerando la menzogna e l’occultamento della verità. Dobbiamo conoscere, in tutta la sua crudezza, la sofferenza che si sta generando in maniera ingiusta tra di noi.

Non basta vivere a colpi di generosità. Possiamo fare passi verso una vita più sobria. Osare fare l’esperienza di “impoverirci” poco a poco, diminuendo il nostro attuale livello di benessere, per condividere con i più bisognosi tante cose che abbiamo e di cui non abbiamo bisogno per vivere.

Possiamo essere specialmente attenti a coloro che sono caduti in situazioni gravi di esclusione sociale: sfrattati, privati della dovuta cura sanitaria, senza introiti né risorse sociali alcune… Dobbiamo uscire istintivamente in difesa di quelli che stanno affondando nell’impotenza e nella mancanza di motivazioni per affrontare il loro futuro.

Dalle comunità cristiane possiamo sviluppare iniziative diverseper essere vicini ai casi più laceranti di abbandono sociale: conoscenza concreta di situazioni, mobilitazione di persone per non lasciare solo nessuno, apporto di risorse materiali, gestione di possibili aiuti…

La crisi sarà lunga. Nei prossimi anni ci si offrirà l’opportunità di umanizzare il nostro consumismo pazzo, di farsi più sensibili alla sofferenza delle vittime, di crescere nella solidarietà pratica, di contribuire a denunciare la mancanza di compassione nella gestione della crisi… Sarà la nostra maniera di accogliere con più verità Cristo nelle nostre vite.

 

QUE POUVONS-NOUS FAIRE?

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La prédication de Jean-Baptiste bouleversa la conscience de beaucoup de personnes. Ce prophète du désert disait à haute voix ce que beaucoup ressentaient dans leur cœur : il fallait changer, revenir vers Dieu, se préparer à accueillir le Messie. Certains l’approchèrent en lui posant cette question : Que pouvons-nous faire ?

Jean Baptiste a des idées très claires. Il ne leur propose pas d’ajouter à leur vie de nouvelles pratiques religieuses. Il ne leur demande pas de rester au désert à faire pénitence. Il ne leur parle pas de nouveaux commandements. On doit accueillir le Messie en regardant attentivement les nécessiteux.

Il ne s’évade pas dans de sublimes théories ni dans des motivations profondes. Dans le plus pur style prophétique et de façon directe, il résume tout avec une formule géniale : « Celui qui a deux tuniques qui les partage avec celui qui n’en a pas ; celui qui a de quoi manger, qu’il en fasse de même ». Et nous-mêmes, que pouvons-nous faire pour accueillir le Christ au milieu d’une société en crise ?

Avant tout, redoubler d’effort pour reconnaître ce qui se passe : le manque d’information est la première cause de notre passivité. D’autre part, ne pas tolérer le mensonge ou l’occultation de la vérité. Il nous faut connaître, quelle que soit sa crudité, la souffrance qui est en train de surgir parmi nous.

Il ne suffit pas de vivre à coup de générosité. Nous pouvons avancer vers une vie plus sobre. Oser faire l’expérience de « l’appauvrissement » progressif, en limitant notre niveau actuel de bien-être, afin de partager avec les démunis tant de choses que nous possédons et dont nous n’avons pas besoin pour vivre.

Nous pouvons porter une attention particulière à ceux qui sont tombés dans de graves situations d’exclusion sociale: les expulsés des maisons, les exclus d’une juste attention sanitaire, ceux qui manquent de revenus et de ressources sociales. Il nous faut défendre instinctivement ceux qui s’enfoncent dans l’impuissance et dans le manque de motivation pour affronter leur avenir.

A partir de nos communautés chrétiennes, nous pouvons développer des initiatives diverses en vue d’être proches des cas les plus saignants d’abandon social : connaissance concrète des situations, mobiliser les gens pour que personne ne se sente isolé, apport de ressources matérielles, gestion des aides éventuelles…

La crise sera longue. Dans les années à venir, nous aurons l’occasion d’humaniser notre consumérisme effréné, de devenir plus sensibles à la souffrance des victimes, de croire à la solidarité pratique, de contribuer à dénoncer le manque de compassion dans la gestion de la crise…Ce sera notre manière à nous d’accueillir le Christ dans nos vies, avec plus de vérité.

WHAT SHOULD WE DO?

José Antonio Pagola. Translator: Valentín de Souza, S.J.

The preaching of John the Baptist shook the consciences of many. The prophet in the desert was telling them aloud what they were thinking in their hearts: they needed to change, return to God, prepare to receive the Messiah. Some of them approached him with this question: “What should we do then?”

John has thought out his message very clearly. He does not want to add new religious practices to their lives. He does not ask them to stay on in the desert doing penance. He does not speak of new precepts. They have to receive the Messiah by caring for the needy.

He is not lost in sublime theories or in profound motivation. In a direct way, in the most pure prophetic style, he summarizes everything in a brilliant formula: “The man with two tunics should share with him who has none, and the one who has food should do the same.” And we, what must we do to welcome Christ into this society in crisis?

First of all, try harder to find out what’s happening: the lack of information is the first reason for our doing nothing. On the other hand, do not tolerate lies or cover-up of the truth. We must know in all its brutal reality the suffering being caused among us unjustly.

It wont do to be satisfied with little acts of generosity. We must take steps towards a more sober way of life; to dare to experience “impoverishing ourselves” little by little, cutting down on our present level of prosperity to share with the most needy so many things we have and don’t need.

We can take special care of those who have got into serious situations of social exclusion: those evicted, deprived of health care, without any income, or other social resources… We must instinctively go out in defense of those sinking helplessly, or have lost all motivation to face their future.

In Christian communities we must develop various initiatives to be close to cases of social abandonment that hurt the most: specific information of situations, mobilization of people so as not to leave anyone out; provision of material resources, management of possible aid…

It’s going to be a long crisis. In the coming years we are going to be given the chance to humanize our crazy consumerism, make ourselves more sensitive to the suffering of victims, grow in practical solidarity, contribute to denouncing the lack of compassion in the management of the crisis… It will be our way of welcoming Christ more truly, realistically, in our lives.

ZER EGIN DEZAKEGU?

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jende askoren kontzientzia astindu zuen Joan Bataiatzailearen predikuak. Basamortuko profeta hura ozenki ari zitzaien esaten berek beren bihotzean sentitzen zutena: aldatu beharra zuten, Jainkoagana itzuli beharra, Mesiasi harrera egiteko prestatu beharra. Batzuek harengana jo zuten, galdezka: Zer egin dezakegu?

Ideiak oso garbi ditu Bataiatzaileak. Ez die proposatzen beren bizitzari jarduera erlijioso gehiago ezartzeko. Ez die eskatzen basamortuan gelditzeko ere, penitentzia eginez. Ez die hitz egiten beste agindu batzuez ere. Mesiasi harrera egiteko, premian direnei arretaz begiratu behar zaie.

Ez zaio mihia trabatu Bataiatzaileari, ez teoria handiosetan, ez motibazio sakonetan. Zuzenean, hizkera profetiko garbienean, formula aparta batean laburbildu die guztia: «Bi tunika dituenak bana ditzala ez duenarekin, eta janaririk duenak egin dezala gauza bera». Eta guk, zer egin dezakegu krisia bizi duen gizarte honetan, Kristori harrera egiteko?

Beste ezer baino lehen, zer gertatzen ari den ezagutzen saiatu: informaziorik eza da gu pasibo egotearen arrazoia. Bestetik, ez jasan gezurra esan diezaguten edo egia ezkuta diezaguten. Bere gordintasun osoan ezagutu behar dugu gure artean, modu zuzengabean, sortzen ari den sufrimendua.

Ez da aski aldizka eskuzabal agertzea. Egin dezakegu urratsik, bizitza modu neurritsuagoan bizitzeko. Pixkana geure burua «pobreago bihurtzearen» esperientzia egiten ausartzeko, gaur egungo geure ongizatearen maila murriztuz, esku artean ditugun eta bizitzeko premiazko ez ditugun hainbat eta hainbat gauza partekatuz.

Arreta berezia eskaintzen ahal diegu, gizarteak baztertzearen ondorioz, egoera larrian bizi direnei: etxe gabetzea, beharrezko osasun-arretarik eza, inolako gizarte-sarrerarik eta baliabiderik eza… bizi dutenei, alegia. Senak eraginda bezala jo beharko genuke geroari aurre egin ezinik eta motibazio-faltaz zuloan murgiltzen ari direnen defentsan.

Kristau-elkarteetatik askotariko ekimenak eragin eta garatu ditzakegu babes-gabezia sozial izugarrienean direnen alde: egoera zehazki ezagutu, jendearen mobilizatu inor ere bakarrik ez uzteko, baliabide materialak bildu, posible den laguntza kudeatu…

Krisiak luze joko du. Datozen urteetan aukera izango dugu: geure kontsumismo zoroa gizatar egiteko, biktimen sufrimenduaz sentiberago bihurtzeko, solidaritate praktikoan haziz joateko, krisiaren kudeaketan ageri den erruki-falta salatzeko… Hori izan daiteke Kristori geure bizitzan harrera egiazkoagoa egiteko modua.

 

QUÈ HEM DE FER?

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

La predicació del Baptista va sacsejar la consciència de molts. Aquell profeta del desert els estava dient en veu alta el que ells sentien en el seu cor: calia canviar, tornar a Déu, preparar-se per acollir el Messies. Alguns se li van acostar amb aquesta pregunta: Què hem de fer?

El Baptista té les idees molt clares. No els proposa afegir a la seva vida noves pràctiques religioses. No els demana que es quedin al desert fent penitència. No els parla de nous preceptes. El Messies cal acollir-lo mirant atentament els necessitats.

No es perd en teories sublims ni en motivacions profundes. De manera directa, en el més pur estil profètic, ho resumeix tot en una fórmula genial: “Qui tingui dos vestits, que en doni un al qui no en té, i qui tingui menjar, que també el comparteixi”. I nosaltres, què hem de fer per acollir Crist enmig d’aquesta societat en crisi?

Primer de tot, esforçar-nos molt més a conèixer el que està passant: la manca d’informació és la primera causa de la nostra passivitat. D’altra banda, no tolerar la mentida o l’encobriment de la veritat. Hem de conèixer, en tota la seva cruesa, el sofriment que s’està generant de manera injusta entre nosaltres.

No n’hi ha prou de viure a cops de generositat. Podem fer passos cap a una vida més sòbria. Atrevir-nos a fer l’experiència “d’empobrir” a poc a poc, retallant el nostre actual nivell de benestar, per compartir amb els més necessitats tantes coses que tenim i no necessitem per viure.

Podem estar especialment atents als que han caigut en situacions greus d’exclusió social: desnonats, privats de la deguda atenció sanitària, sense ingressos ni cap recurs social… Hem de sortir instintivament en defensa dels que s’estan enfonsant en la impotència i la manca de motivació per enfrontar el seu futur.

Des de les comunitats cristianes podem desenvolupar iniciatives diverses per estar a prop dels casos més sagnants de desemparament social: coneixement concret de situacions, mobilització de persones per no deixar ningú sol, aportació de recursos materials, gestió de possibles ajudes…

La crisi serà llarga. En els propers anys se’ns oferirà l’oportunitat d’humanitzar el nostre consumisme esbojarrat, fer-nos més sensibles al patiment de les víctimes, créixer en solidaritat pràctica, contribuir a denunciar la manca de compassió en la gestió de la crisi… Serà la nostra manera d’acollir Crist amb més veritat en les nostres vides.

QUE PODEMOS FACER?

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

A predicación do Bautista sacudiu a conciencia de moitos. Aquel profeta do deserto estáballes dicindo en voz alta o que eles sentían no seu corazón: era necesario cambiar, volveren a Deus, prepararse para acolleren ao Mesías. Algúns achegáronse a el con esta pregunta: Que podemos facer?

O Bautista ten as ideas moi claras. Non lles propón engadiren á súa vida novas prácticas relixiosas. Non lles pide que fiquen no deserto facendo penitencia. Non lles fala de novos preceptos. Ao Mesías hai que acollelo mirando atentamente aos necesitados.

Non se perde en teorías sublimes nin en motivacións profundas. De xeito directo, no máis puro estilo profético, resúmeo todo nunha fórmula xenial: “O que teña dúas túnicas, que as reparta co que non ten; e o que teña comida, que faga o mesmo”. E nós, que podemos facer para acollermos a Cristo no medio desta sociedade en crise?

Primeiro de nada, esforzármonos moito máis en coñecermos o que está pasando: a falta de información é a primeira causa da nosa pasividade. Por outra banda, non tolerarmos a mentira ou o encubrimento da verdade. Temos de coñecer, en toda a súa crueza, o sufrimento que se está xerando de xeito inxusto entre nós.

Non chega vivirmos a golpes de xenerosidade. Podemos dar pasos cara a unha vida máis sobria. Atrevérmonos a facer a experiencia de “empobrecérmonos” aos poucos, recortando o noso actual nivel de benestar, para compartirmos cos máis necesitados tantas cousas que temos e non necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quen caeron en situacións graves de exclusión social: desafiuzados, privados da debida atención sanitaria, sen ingresos nin recurso social algún… Temos de saírmos instintivamente en defensa dos que se están afundindo na impotencia e na falta de motivación para enfrontárense ao seu futuro.

Desde as comunidades cristiás podemos desenvolver iniciativas diversas para estarmos preto dos casos máis sanguentos de desamparo social: coñecemento concreto de situacións, mobilización de persoas para non deixarmos só a ninguén, achega de recursos materiais, xestión de posíbeis axudas…
A crise vai ser longa. Nos próximos anos vánsenos ofrecer oportunidades de humanizarmos o noso consumismo aloucado, facérmonos máis sensíbeis ao sufrimento das vítimas, crecermos en solidariedade práctica, contribuír a denunciarmos a falta de compaixón na xestión da crise… Será o noso xeito de acollermos con máis verdade a Cristo nas nosas vidas.

Belén buey y mulaDESALOJOS EN EL PORTAL DE BELÉN
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 07/12/12.- ¡Vaya… la mula y el buey tienen que desalojar el portal de Belén!, pensé mirando la puerta de mi frigorífico en donde tenemos todo el año puesto un pequeño Belén de imanes con Jesús, María, José, la mula, el buey y los tres reyes magos, todos bajo la estrella. Creo que los cuatro últimos también han sido revisados… no sé si habrán de desalojar.

No he tenido todavía tiempo de leer el libro del Papa, publicado recientemente, pero me parece que no se imaginaría el revuelo mediático que iba a causar el “desalojo” de la mula y el buey del pesebre que, por cierto, era su casa antes de que llegaran María y José buscando alojamiento a toda prisa porque ella estaba de parto y nadie les había acogido.

¿Desde cuando viene la tradición del Portal de Belén? Tengo entendido que San Francisco de Asís (siglo XIII) tuvo algo que ver. Como todo lo que hacía Francisco, debió de tratarse de algo muy sencillo y cercano a las gentes con las que vivía: los pobres de solemnidad. Luego la costumbre se fue extendiendo y llegó al corazón de las familias.

El Misterio del Nacimiento de Jesús es tan intenso, extenso y profundo que, por muy buena intención que pongan los teólogos, nunca acabaremos de entenderlo ni podremos conocer los datos históricos, sencillamente porque vino a nuestra vida de una forma tan sencilla y silenciosa que no dejó el rastro en los datos sino en los corazones y se fue transmitiendo como se transmite de boca en boca, de corazón a corazón.

En el Portal de Belén caben “criaturas del Señor, ángeles del cielo, aguas del espacio, sol y luna, astros del cielo, lluvia y rocío, fuego y calor, rocíos y nevadas, témpanos y hielos, escarchas y nieves, noche y día, luz y tinieblas, rayos y nubes, montes y cumbres, cuando germina en la tierra, manantiales, mares y ríos, cetáceos y peces, aves del cielo, fieras y ganados (aquí entran la mula y el buey), hijos de los hombres (y de las mujeres), sacerdotes del Señor, almas y espíritus justos, santos y humildes de corazón”.

Estos fragmentos están tomados del Cántico de Daniel (Dt 3, 57-88), que es lo que mejor encuentro para expresar que en el Portal de Belén cabe la creación entera con todos sus participantes. Después sólo queda la alabanza de la creación entera, lo que me hace entender que los pastores se pusieran a cantar.

Imagino que desde la teología hay que actuar en permanente tensión para ir investigando y aclarando los hechos históricos; pero no dejemos de lado la tradición popular que, como en este caso, ha integrado a la mula y el buey dando algo de calor al pequeño recién nacido.

No obstante, este “desalojo” no es tan preocupante como los que están sucediendo cada día en nuestro país y como el que ocurrió dentro de la catedral de La Almudena el pasado mes de junio. Recordemos que un grupo de personas de la Plataforma Anti-desahucios fue desalojado por la policía cuando intentaban pacíficamente denunciar, con su presencia y con una pancarta delante del altar, la situación que viven muchas personas que no pueden atender el pago de sus hipotecas.

Ahora que se acerca la Navidad estemos atentos a lo que celebramos y más allá de los animalitos que pongamos en el Portal de Belén; no nos dejemos abatir por la desesperanza y pongámonos a vivir en solidaridad, fraternidad, sencillez y mucha creatividad para que “los malotes” del Belén (como los de aquel tiempo de Jesús) no nos quiten la paz y el ánimo para luchar por un mundo más justo: el que Él nos enseñó.

Si sabemos cual es el Camino… ¡qué importa el decorado! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Abrir caminos nuevos

Publicado: 5 diciembre, 2012 en BIBLIA
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jesús2 Adviento (C) Lucas 3, 1-6
ABRIR CAMINOS NUEVOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 05/12/12.- Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: “Preparad el camino del Señor”. ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del “desierto espiritual” de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una fe nueva, no por vía de “adoctrinamiento” o de “aprendizaje teórico”, sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de la “nueva evangelización” consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

ABRIR CAMINOS NOVOS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Os primeiros cristãos viram na atuação do Baptista, o profeta que preparou decisivamente o caminho a Jesus. Por isso, ao longo dos séculos, o Baptista converteu-se numa chamada que nos continua a urgir para preparar caminhos que nos permitam acolher a Jesus entre nós.

Lucas resumiu a Sua mensagem com este grito tomado do profeta Isaías: “Preparai o caminho do Senhor”. Como escutar esse grito na Igreja de hoje? Como abrir caminhos para que os homens e mulheres do nosso tempo possam encontrar-se com Ele? Como acolhe-Lo nas nossas comunidades?

O primeiro é tomar consciência de que necessitamos de um contato muito mais vivo com a Sua pessoa. Não é possível alimentar-se só de doutrina religiosa. Não é possível seguir a um Jesus convertido numa sublime abstração. Necessitamos sintonizar vitalmente con Ele, deixar-nos atrair pelo Seu estilo de vida, contagiar-nos pela Sua paixão por Deus e pelo ser humano.

No meio do “deserto espiritual” da sociedade moderna, temos de entender e configurar a comunidade cristã como um lugar onde se acolhe o Evangelho de Jesus. Viver a experiência de nos reunirmos crentes, menos crentes, pouco crentes e, inclusive, não crentes, em torno do relato evangélico de Jesus. Dar a Ele a oportunidade de que penetre com a Sua força humanizadora nos nossos problemas, crises, medos e esperanças.

Não temos de esquecer. Nos evangelhos não aprendemos doutrina académica sobre Jesus, destinada inevitavelmente a envelhecer ao longo dos séculos. Aprendemos um estilo de viver realizável em todos os tempos e em todas as culturas: o estilo de viver de Jesus. A doutrina não toca o coração, não converte nem apaixona. Jesus sim.

A experiência direta e imediata com o relato evangélico não nos faz nascer a uma fé nova, não por via de “doutrinamento” ou de “aprendizagem teórico”, mas pelo contato vital com Jesus. Ele ensina a viver a fé, não por obrigação mas por atração. Faz-nos viver a vida cristã, não como dever mas como contágio. Em contato com o evangelho recuperamos a nossa verdadeira identidade de seguidores de Jesus.

Recorrendo aos evangelhos experimentamos que a presença invisível e silenciosa do Ressuscitado adquire rasgos humanos e ganha voz concreta. Rapidamente tudo muda: podemos viver acompanhados por Alguém que dá sentido, verdade e esperança na nossa existência. O segredo da “nova evangelização” consiste em colocar-se em contacto direto e imediato com Jesus. Sem Ele não é possível gerar uma fé nova.

 

APRIRE CAMMINI NUOVI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

I primi cristiani videro nell’agire del Battista il profeta che preparò decisamente il cammino a Gesù. Per questo, lungo i secoli, il Battista è diventato un richiamo che continua a spingerci a preparare cammini che ci permettano di accogliere Gesù fra di noi.

Luca ha riassunto il suo messaggio in questo grido preso dal profeta Isaia: Preparate la via del Signore. Come ascoltare questo grido nella Chiesa di oggi? Come aprire cammini perché noi donne e uomini del nostro tempo possiamo incontrarci con lui? Come accoglierlo nelle nostre comunità?

La prima cosa è prendere coscienza che abbiamo bisogno di un contatto molto più vivo con la sua persona. Non è possibile nutrirci solo di dottrina religiosa. Non è possibile seguire un Gesù convertito in una sublime astrazione. Abbiamo bisogno di sintonizzarci vitalmente con lui, lasciarci attrarre dal suo stile di vita, contagiarci della sua passione per Dio e per l’essere umano.

In mezzo al “deserto spirituale” della società moderna, dobbiamo intendere e configurare la comunità cristiana come un luogo in cui si accoglie il Vangelo di Gesù. Vivere l’esperienza di riunirci, credenti, meno credenti, poco credenti e, anche, non credenti, intorno al racconto evangelico di Gesù. Dare a lui l’opportunità di penetrare con la sua forza umanizzatrice nei nostri problemi, crisi, paure e speranze.

Non dobbiamo dimenticarlo. Nei vangeli non impariamo dottrina accademica su Gesù, destinata inevitabilmente a invecchiare lungo i secoli. Impariamo uno stile di vita realizzabile in tutti i tempi e in tutte le culture: lo stile di vita di Gesù. La dottrina non tocca il cuore, non converte, né innamora. Gesù, sì.

L’esperienza diretta e immediata con il racconto evangelico ci fa nascere a una fede nuova, non per via di “indottrinamento”, o di “apprendimento teorico”, ma attraverso il contatto vitale con Gesù. Egli ci insegna a vivere la fede, non per obbligo, ma per attrazione. Ci fa vivere la vita cristiana, non come dovere, ma come contagio. In contatto con il vangelo recuperiamo la nostra vera identità di seguaci di Gesù.

Percorrendo i vangeli, sperimentiamo che la presenza invisibile e silenziosa del Risorto acquista tratti umani e ricupera voce concreta. Improvvisamente tutto cambia: possiamo vivere accompagnati da Qualcuno che dà senso, verità e speranza alla nostra esistenza. Il segreto della “nuova evangelizzazione” consiste nel porci in contatto diretto e immediato con Gesù. Senza di lui non è possibile generare una fede nuova.

 

OUVRIR DE NOUVEAUX CHEMINS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Les premiers chrétiens ont vu Jean-Baptiste comme le prophète qui a définitivement préparé le chemin à Jésus. C’est pourquoi, tout au long des siècles, Jean-Baptiste est devenu un appel qui continue de nous presser à préparer des chemins qui nous permettront d’accueillir Jésus parmi nous.

Luc a résumé son message par ce cri pris au prophète Isaïe : « Préparez le chemin du Seigneur ». Comment entendre ce cri aujourd’hui dans notre Eglise ? Comment ouvrir des chemins pour que nous, hommes et femmes de ce temps, nous puissions le rencontrer ? Comment l’accueillir dans nos communautés ?

Il faut tout d’abord prendre conscience du fait que nous avons besoin d’un contact beaucoup plus vivant avec sa personne. Il ne suffit pas seulement de se nourrir de doctrine religieuse. Il n’est pas possible de suivre un Jésus devenu une sublime abstraction. Il nous faut « syntoniser » vitalement avec lui, nous laisser attirer par son style de vie, nous laisser contaminer par sa passion pour Dieu et pour l’être humain.

Au cœur du “désert spirituel” de notre société moderne, nous devons comprendre et configurer la communauté chrétienne comme un lieu où l’Evangile de Jésus est accueilli. Il nous faut vivre l’expérience de rencontres croyantes, moins croyantes, peu croyantes et même non croyantes, autour du récit évangélique de Jésus. Il faut lui donner l’opportunité d’imprégner de sa force humanisatrice nos problèmes, nos crises, nos peurs et nos espérances.

Il ne faut pas l’oublier. Ce n’est pas de la doctrine académique sur Jésus, vouée à vieillir tout le long des siècles, que l’on apprend dans les évangiles. Nous apprenons une manière de vivre valable pour tous les temps et pour toutes les cultures : la manière de vivre de Jésus. La doctrine ne touche pas le cœur, ne convertit pas, ne séduit pas ; Mais Jésus, oui.

Le contact direct et immédiat avec le récit évangélique nous fait renaître à une foi neuve, non pas par la voie de l’ « endoctrinement » ou de « l’apprentissage théorique » mais par le contact vital avec Jésus. Il nous apprend à vivre la foi, non pas par obligation mais par attraction. Il nous fait vivre la vie chrétienne, non pas comme un devoir mais comme une osmose. Au contact de l’évangile nous récupérons notre véritable identité de disciples de Jésus.

En parcourant les évangiles, nous expérimentons que la présence invisible et silencieuse du Ressuscité acquiert des traits humains et une voix concrète. Soudain, tout change : nous pouvons vivre accompagnés par Quelqu’un qui donne sens, vérité et espérance à notre existence. Le secret de la « nouvelle évangélisation » consiste à nous mettre en contact direct et immédiat avec Jésus. Sans lui, impossible d’engendrer une foi nouvelle.

 

BIDE BERRIAK URRATU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusi bidea funtsezko moduan urratu zion profetatzat hartu zuten Joan Bataiatzailea lehen kristauek. Horregatik, mendetan barna, dei bizi bihurtu da Bataiatzailea: Jesusi harrera ona egin ahal izateko, bidea prestatzera eragiten digun dei bizia.

Isaias profetagandik jaso duen oihu honetan laburtu du Lukasek Bataiatzailearen mezua: «Prestatu bidea Jaunari». Nola entzun, ordea, oihu hau gaur egungo Elizan? Nola urratu bidea, gaur egungo gizon-emakumeek Jesusekin topo egiteko moduan? Nola egin harrera ona Jesusi geure elkarteetan?

Lehenik eta behin, jabetu beharra dugu ezen harreman biziagoa behar dugula Jesusekin berarekin. Ez da aski erlijio-doktrinaz bakarrik elikatzea. Ezin jarraitu ahal diogu Jesusi, hura abstrakzio bikain huts bihurturik. Harekin bizi-lotura behar dugu, haren bizierak erakar gaitzan utzi beharra, hark Jainkoaz eta gizakiaz duen grinak kutsa gaitzan utzi beharra.

Gizarte moderno honetako «basamortu espiritualean», honela behar dugu hartu eta eratu kristau-elkartea: Jesusen Ebanjelioari harrera ona egiten zaion gune edo leku bezala. Bizi beharra dugu fededunek, fede txikiagokoek, fede eskasekoek eta, are, fedegabeek Jesusen ebanjelio-kontakizunaren inguruan elkartzearen esperientzia. Jesusi aukera eman beharra dugu bere indar gizatarraz gure problemak, krisialdiak, beldurra eta esperantza blai egin ditzan.

Ez genuke ahaztu behar. Ebanjelioetan ez dugu ikasten doktrina akademiko bat Jesusez, mendetan barna ezinbestean zaharkituz joango litzatekeena. Bizitzeko era bat ikasten dugu, aldi guztietan eta kultura guztietan bideragarri izango litzatekeena: Jesusen beraren biziera edo bizitzeko era. Doktrinak ez du bihotza ukitzen, ez du bihotz-berritzen, ez maitemintzen ere; Jesusek bai.

Ebanjelio-kontakizunarekin zuzeneko eta ondoz ondoko esperientziak fede berri batera jaioarazten gaitu, ez «doktrinatze» edo «ikasketa teoriko» baten bidez, baizik Jesusekin bizi-ukipena izanez. Jesusek fedea bizitzen irakasten digu, ez derrigortuz, baizik erakarriz. Kristau-bizitza biziarazten digu, ez eginbeharreko gauza bezala, baizik kutsadura bezala. Ebanjelioaren ukipenean biziz, Jesusen jarraitzaile izatearen geure egiazko nortasuna berreskuratzen dugu.

Ebanjelioetan barna ibiliz, esperimentatzen dugu Berpiztuaren presentzia ikusezin eta isilak gizatasun-ezaugarriak eta ahots jakin bat hartzen dituela. Bat-batean dena da aldatzen: gure bizitzari zentzua, egia eta esperantza ematen dizkion Norbait lagun dugula bizi gintezke. «Ebanjelizazio berriaren» sekretua Jesusekin zuzeneko eta ondoz ondoko ukipenean bizitzean datza. Hura gabe ezinezkoa da fede berri bat sortzea.

 

OBRIR CAMINS NOUS

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Els primers cristians van veure en l’actuació del Baptista el profeta que va preparar decisivament el camí a Jesús. Per això, al llarg dels segles, el Baptista s’ha convertit en una crida que ens segueix urgint a preparar camins que ens permetin acollir Jesús entre nosaltres.

Lluc ha resumit el seu missatge amb aquest crit pres del profeta Isaïes: “Prepareu el camí del Senyor”. Com escoltar aquest crit en l’Església d’avui? Com obrir camins perquè els homes i les dones del nostre temps puguem trobar-nos amb ell? Com acollir-lo a les nostres comunitats?

El primer és prendre consciència que necessitem un contacte molt més viu amb la seva persona. No és possible alimentar només de doctrina religiosa. No és possible seguir un Jesús convertit en una sublim abstracció. Necessitem sintonitzar vitalment amb ell, deixar-nos atreure pel seu estil de vida, contagiar-nos de la seva passió per Déu i per l’ésser humà.

Enmig del “desert espiritual” de la societat moderna, hem d’entendre i configurar la comunitat cristiana com un lloc on s’acull l’Evangeli de Jesús. Viure l’experiència de reunir creients, menys creients, poc creients i, fins i tot, no creients, entorn del relat evangèlic de Jesús. Donar-li a ell l’oportunitat que penetri amb la seva força humanitzadora en els nostres problemes, crisis, pors i esperances.

No ho hem d’oblidar. En els evangelis no aprenem doctrina acadèmica sobre Jesús, destinada inevitablement a envellir al llarg dels segles. Aprenem un estil de viure realitzable en tots els temps i en totes les cultures: l’estil de viure de Jesús. La doctrina no toca el cor, no converteix ni enamora. Jesús sí.

L’experiència directa i immediata amb el relat evangèlic ens fa néixer a una fe nova, no per via “d’adoctrinament” o “d’aprenentatge teòric”, sinó pel contacte vital amb Jesús. Ell ens ensenya a viure la fe, no per obligació sinó per atracció. Ens fa viure la vida cristiana, no com deure sinó com contagi. En contacte amb l’evangeli recuperem la nostra veritable identitat de seguidors de Jesús.

Recorrent els evangelis experimentem que la presència invisible i silenciosa del Ressuscitat adquireix trets humans i recupera veu concreta. De sobte tot canvia: podem viure acompanyats per Algú que posa sentit, veritat i esperança en la nostra existència. El secret de la “nova evangelització” consisteix en posar-nos en contacte directe i immediat amb Jesús. Sense ell no és possible d’engendrar una fe nova.

 

ABRIRMOS CAMIÑOS NOVOS

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Os primeiros cristiáns viron na actuación do Bautista ao profeta que preparou decisivamente o camiño a Xesús.Por iso, ao longo dos séculos, o Bautista converteuse nunha chamada que séguenos a urxir o prepararmos camiños que nos permitan acollermos a Xesús entre nós.

Lucas resumiu a súa mensaxe con este berro tomado do profeta Isaías: “Preparade o camiño do Señor”. Como escoitarmos ese berro na Igrexa de hoxe?

Como abrirmos camiños para que os homes e mulleres do noso tempo podamos atopármonos con el? Como acollelo nas nosas comunidades?

O primeiro é tomarmos conciencia de que necesitamos un contacto moito máis vivo coa súa persoa. Non é posíbel alimentármonos só de doutrina relixiosa. Non é posíbel seguirmos a un Xesús convertido nunha sublime abstracción. Necesitamos sintonizarmos vitalmente con el, deixármonos atraer polo seu estilo de vida, contaxiármonos da súa paixón por Deus e polo ser humano.

No medio do “deserto espiritual” da sociedade moderna, temos de entender e configurar a comunidade cristiá como un lugar onde se acolle o Evanxeo de Xesús. Vivirmos a experiencia de reunirnos crentes, menos crentes, pouco crentes e, ata, non crentes, en torno ao relato evanxélico de Xesús. Darlle a el a oportunidade de que penetre coa súa forza humanizadora nos nosos problemas, crises, medos e esperanzas.

Non o temos de esquecer. Nos evanxeos non aprendemos doutrina académica sobre Xesús, destinada inevitabelmente a avelloármonos ao longo dos séculos. Aprendemos un estilo de vivir realizábel en todos os tempos e en todas as culturas: o estilo de vivir de Xesús. A doutrina non toca o corazón, non converte nin namora. Xesús si.

A experiencia directa e inmediata co relato evanxélico fainos nacermos a unha fe nova, non por vía de “adoutrinamento” ou de “aprendizaxe teórica”, senón polo contacto vital con Xesús. El ensínanos a vivirmos a fe, non por obriga senón por atracción. Fainos vivirmos a vida cristiá, non como deber senón como contaxio. En contacto co evanxeo recuperamos a nosa verdadeira identidade de seguidores de Xesús.

Percorrendo os evanxeos experimentamos que a presenza invisíbel e silenciosa do Resucitado adquire trazos humanos e recobra voz concreta. De súpeto todo cambia: podemos vivirmos acompañados por Alguén que pon sentido, verdade e esperanza na nosa existencia. O segredo da “nova evanxelización” consiste en pórmonos en contacto directo e inmediato con Xesús. Sen el non é posíbel procrearmos unha fe nova.

 

luz y sombraSI NO FUERA POR UN CORAZÓN ABIERTO, LA CRISIS LO INVADIRÍA TODO
ROMÁN DÍAZ AYALA, romandiazayala@gmail.com
HUMANES (MADRID).

ECLESALIA, 04/12/12.- Jesús Villarroel, un gran maestro de la Renovación Carismática Española escribió hace algunos años en su obra “Hágase en mí”: “Tenemos que caminar por caminos de santidad y verdad, de lo contrario, no tenemos nada que trasmitir a este mundo y, si no tenemos nada que trasmitir, nos vamos a ir agotando.”

El mundo actual envuelto en una crisis generalizada de fin de muchas cosas se mueve en una disyuntiva racional. Las ciencias se construyen con la pretensión de su valor como única fuente de la verdad. Toda verdad objetiva está en el conocimiento científico. La filosofía se ha cansado de ser el soporte necesario al pensamiento moderno que ha llevado a la humanidad a su crisis más profunda hasta perder su propia identidad, recoge retazos de pensamientos y se estructura en torno a la “hermenéutica”, la interpretación más fiable de las cosas, como un acercamiento a la realidad . Pero la filosofía es la destilación del pensamiento humano en cada época, abocada a buscar soluciones a los problemas de la existencia, está obligada a dar pistas sobre las dos realidades del ser: Cuál es su naturaleza y cómo se estructura.

Ser cristiano hoy no es un elemento cultural, porque si así lo fuese la crisis quedaría resuelta, la eclesial incluso, abrazando todas las formas de humanismos de las diferentes culturas y tradiciones religiosas que se desarrollaron madurando las civilizaciones históricas desde hace diez mil años en varias regiones del mundo. Estaríamos salvados.

Ser cristiano hoy tampoco puede ser buscando refugio en el pensamiento tradicional fundamentado en una metafísica, de que existen leyes y principios naturales, universales por cuanto son de obligada aceptación para creyentes y no creyentes, los “preambula fidei”, que son una demostración metafísica de la verdad del cristianismo. La Iglesia que se pronuncia de este modo está en la presunción de que habla en nombre de la humanidad. La diferencia con los anteriores cristianos del párrafo superior radica en que la propuesta institucional sigue siendo otra forma distinta de humanismo.

Los humanismos todos son válidos dentro de su horizontalidad como resultado del esfuerzo humano, que nos hacen más auténticos, nos realizan como hombres y mujeres en busca de unos valores éticos superiores. También para el humanismo hay superación de la crisis. Con muchísima razón alguien escribió hace unos días en Eclesalia que estamos sufriendo las consecuencias de una “Contra-cultura” (Mari Paz López Santos, “Valores a la baja, Derechos al hoyo”, ECLESALIA, 15/11/12) un retroceso a situaciones que creíamos ya superadas en el devenir histórico.

Ser cristiano hoy es un hecho experiencial, algo que ha acontecido en todos nosotros, de tal modo que Dios ha entrado “en relación personal” con cada uno de nosotros y mantiene esa relación de amistad. Rompió en un momento dado nuestros esquemas de pensamiento para anidar en nuestro corazón. Algo tan real que no necesita demostración y que en lugar de convertirse en “doctrina”, se trasluce en afectos y en una visión nueva de las personas y las cosas. Para que no parezca mera retórica pongamos un ejemplo claro. No necesitamos para madurar nuestra fe la historicidad de unos documentos que acrediten si Jesús resucitó después de su muerte de Cruz. Sabemos que Jesús está vivo y resucitado y nos alegramos cuando leemos que otros hermanos nuestros fueron testigos, ellos históricos, de la misma experiencia que nosotros dejando constancia por escrito para testimonio nuestro. Vivimos el milagro de la fe en cada una de nuestras manifestaciones.

Consideramos que existen personas relevantes en nuestros círculos eclesiales quienes no están dando las respuestas adecuadas a la crisis. Sostienen que la “caridad” cristiana es un acto de beneficencia según el sentir popular, cuando es el “agape”, cuya naturaleza está en Dios y habita en el cristiano como un reflejo de Su Presencia. Repartir, no es compartir, administrar recursos ajenos, no es dar lo propio, buscar las causas y raíces de la crisis en los desórdenes del corazón humano, como un mal moral es hacernos a todos culpables y responsables con un gran desprecio por la víctimas inocentes. Jesús se colocó en el bando de los pecadores y algunos de nuestra Iglesia se sitúan, en su silencio, con los acusadores.

Nuestra redención está cerca, lo dice el Adviento. “Como lluvia se derrame mi doctrina, caiga como rocío mi palabra, como suave lluvia sobre la hierba verde, como aguacero sobre el césped” (Deuteronomio).

Si no abrimos el corazón, no daremos acogida a Dios, estaremos despreciando al pobre, andaremos por caminos desiertos que no conducen a ninguna parte, hasta agotarnos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

‘ADVIENTO CONSCIENTE, ADVIENTO CONSECUENTE’
Campaña para reflexionar, rezar, dialogar y cambiar
CRISTIANISMO Y ECOLOGÍA, cristianismoyecologia@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 30/11/12.- Estamos a punto de comenzar el Adviento, tiempo de espera y esperanza, tiempo de ilusión y de oración. Adviento quiere decir “Venida” “Llegada” y eso es lo que nos preparamos a celebrar, la primera venida del Señor. Adviento, es una invitación a conectar con lo mejor que hay en cada uno de nosotros, por eso te hacemos llegar esta información.

Somos un grupo de personas que, tras un proceso de reflexión en común, buscamos cultivar en nuestra vida la pasión por la Justicia y el cuidado del Medio Ambiente como horizonte común, buscando al mismo tiempo cómo podemos transmitir esta experiencia para incidir en nuestros estilos de vida.

Una de las primeras acciones que estamos realizando es la campaña “Adviento consciente, Adviento consecuente” en donde algunas comunidades cristianas han participado compartiendo algunas reflexiones que nos pueden ayudar en estos días de preparación para la Navidad. Son días en los que buscamos evitar los excesos a los que nos incita la propaganda y en los que creemos que nuestro propio Adviento no será sincero ni consecuente si no partimos de la solidaridad, la pasión por la justicia y la preocupación por la vida. Por ello, buscamos que estas reflexiones diarias que hemos preparado nos ayuden a caminar en esta preparación, invitándonos a pensar sobre algunas consecuencias de nuestros actos. A la vez, buscamos que algunas de estas reflexiones nos acerquen a conocer algunas realidades cercanas y sencillas que nos convocan a la esperanza.

Por ello, deseamos que esta iniciativa sea de tu agrado y te ayude a vivir un “Adviento” más esperanzador, algo más necesario si cabe, en el difícil momento que estamos viviendo. Puedes acercarte cada día a nuestra página cristianismoyecologia.wordpress.com , a facebook.com/cristianismo.ecologia o bien recibir las reflexiones diarias apuntándote en cristianismoyecologia@gmail.com

Podéis hacerlo llegar a todas las personas que creáis que les pueda hacer bien (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

Denuncia y sentencia

Publicado: 21 diciembre, 2011 en DENUNCIA / ANUNCIO
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21 de diciembre de 1511
DENUNCIA Y SENTENCIA
En memoria del sermón de adviento de Antonio de Montesinos
FERNANDO LIMÓN AGUIRRE, Sociólogo de El Colegio de la Frontera Sur, flimon@ecosur.mx
CHIAPAS (MÉXICO).

ECLESALIA.- Hubo, hay y habrá voces que claman en el desierto. En un cuarto domingo de adviento de hace 500 años unos curitas no acomodados fueron casa por casa de la gente del pueblo de Santo Domingo invitándoles a asistir a la misa. Aún no se cumplían 20 años de que Cristóbal Colón en su primer viaje de 1492 desembarcara en aquella isla de Haití, a la que se le cambió el nombre por el de La Española y que era un territorio habitado por pueblos como el ciguayo, los macoríes, los guanajatabeyes y, los que en ese momento predominaban, que eran los taínos. Ese año de 1511 la isla era gobernada por el propio hijo del almirante, Diego Colón, la población nativa había disminuido en casi un 90% y los esclavos africanos eran llevados en grandes grupos desde 10 años atrás.

Antonio de Montesinos había sido designado por su comunidad de sacerdotes dominicos para expresar la reflexión comunitaria que había sido meditada en oración y pensada colectivamente. Subido al púlpito y recordando la imagen de Juan el Bautista, se definía como la voz que clamaba en el desierto de esa isla; de inmediato solicitó toda la atención de quienes llegaron a la iglesia, no cualquier atención sino aquella que va acompañada de todo el corazón y todos los sentidos. ¿Sería esto posible entre quienes vivían de la explotación de los habitantes originarios de esas tierras que ellos dominaban? ¡A saber!, pero las voces que son de denuncia y que reclaman rectitud, justicia y equilibrio saben que hablan en el “desierto” y que este mismo hará posible que su voz no se pierda, de tal manera que en algún momento su mensaje sea retomado por quien tenga la claridad de leer la historia desde el lugar de quienes sufren. El sacerdote solicitaba la atención de los presentes para que escucharan la voz más áspera, dura, espantosa y peligrosa que jamás hubieran oído. Digan: ¿con qué derecho y con qué justicia tienen en tan cruel y horrible situación a la gente que de por sí habitaba en este lugar?

Quienes escuchaban tenía de sobra argumentos del derecho en que se basaban para tal explotación, mas no así en lo que respecta a justicia alguna. ¿Y se pensaría que la propia gente nativa, que sufría y padecía el maltrato, no había ya denunciado la crueldad y tiranía de parte de quienes se les habían montado? Ya lo habían hecho, pero ¿quién tendría la disposición de escucharles? ¿Acaso alguien que oyera lo haría con la atención del corazón?

Pues resulta que sí hubo quienes les escucharon y es lo que recordamos ahora, que es verdaderamente digno de conmemorarse. Este hecho significó el inicio en nuestra América de una posición solidaria, profética y de denuncia que lamentablemente no ha dejado de ser necesaria, pues desde esas fechas hasta ahora nuestra historia ha estado marcada por una dinámica colonizadora, con una organización social nada fraterna basada en la injusticia y la explotación y con una serie de negocios que han dado riqueza a muy pocos –comúnmente de corazón extranjero– y muerte a muchísimos.

Así es que aquella comunidad de frailes dominicos encabezados por Pedro de Córdoba, teniendo los ojos, los oídos y el corazón bien abiertos, con una buena reflexión pudo hacer eco del grito de dolor de quienes morían y padecían todo tipo de maltratos, asumiendo el reto de tomar como propia la denuncia y la demanda de un cambio que, como es normal, habría resultado para el bien común. Más tarde y de igual manera, el encomendero Bartolomé de Las Casas cuando pudo ver las cosas del revés, aceptó lo que primero rechazó junto con todo el resto de personas de su clase y grupo. Él escuchó de viva voz el sermón que pronunció Montesinos, con la denuncia y el señalamiento a los presentes de estar en pecado mortal y de vivir y morir en él, así como la serie de cuestionamientos expuestos: ¿Por qué los tienen tan oprimidos y con tratos tales por los cuales mueren o, mejor dicho, los matan?

La fuerza de la denuncia que tanta cólera causó a “los invitados” no estaba en la manera de expresarla del “curita”; cierto que resultaba una novedad del todo sorprendente e incómoda, pero su fuerza provenía de la realidad que expresaba. El sermón era un intento por traducir algo que a pesar de su cercanía, sus dimensiones y su contundencia no era descifrado humana, amorosa ni cristianamente: ¡¿Es que no entienden?! ¡¿No sienten?! ¡¿Cómo es que están en tal sueño, tan profundo, que se quedan sin hacer nada?! La intención resultaba al menos doble: que cesaran los sufrimientos infringidos a los nativos y que la feligresía dejara tal manera de proceder que los llevaría a su condenación.

Imagínese la escena y el sentimiento que podía acompañar a quien planteaba semejantes interrogantes y sentencias y el de aquellos que las escuchaban. En el primero seguramente había la impotencia y el dolor que se acercaban al desfallecimiento y al sufrimiento de quienes padecían toda suerte de muertes. El de los segundos corresponde a la misma reacción que seguimos observando en nuestros días y de sobra conocemos, que conduce a quienes reciben el reclamo a hacer alarde de detentar poder para acallar tal estruendo tan incómodo. En aquella ocasión, amenazantes y con el miedo de perder sus privilegios exigieron a Montesinos retractarse en la siguiente misa.

Con esta exigencia, una semana más tarde, de nuevo el mismo Antonio subía al púlpito. Con mayor avidez de escuchar ahora la caricia al alma y el tranquilizante espiritual que renovara la bendición a sus atrocidades, la gente había llenado la iglesia. El mismo fraile abriendo sus labios les repitió las mismas palabras que les habían amargado su Navidad, demostrando en esta ocasión con razones su veracidad, comprobando con fundamentos que hablaba y denunciaba una relación injusta y tiránica que mantenía a la gente oprimida y fatigada.

Esto ocurrió en aquel diciembre de 1511. Cuando Bartolomé de Las Casas, moviéndose de su comodidad logró leer la historia del modo como lo había hecho quince siglos atrás el fundador de la religión que profesaba: desde el lugar de los despojados, rechazados y discriminados, no sólo pudo hacer memoria de aquella voz que clamó en el desierto de esa isla y de la América toda hasta nuestros días, sino también pudo retomar como propia esa denuncia y esa consigna histórica y evangélica. Entonces fue que registró en su libro: Historia de las Indias, este sermón, considerado como un momento fundacional, pues a partir de allí y hasta la fecha, desde múltiples palestras y múltiples horizontes, hay quienes asumiendo el reto de tomar posición han hecho y siguen haciendo eco de los gritos de dolor por la injusticia, se dejan interpelar y se hacen prójimos y solidarios. En cada caso, como en aquella ocasión, la fuerza de esta posición proviene del dolor, del padecimiento inobjetable de los oprimidos, excluidos y marginalizados, a la que se añade la potencia de la verdad, de la congruencia y de la esperanza.

Para este diciembre de 2011 muchos otros, a semejanza de Montesinos, se han pronunciado ya, pero entre todas la más fuerte sigue siendo la voz misma de los pueblos. La justeza de su palabra es indiscutible y estremecedora: «para todos todo, nada para nosotros». ¡Qué enorme lección de humanismo! Pero, ¿por qué una y otra y otra vez, inequívocamente, los pueblos indígenas denuncian? ¿Por qué? ¿Por qué cada vez que se pronuncian lo hacen pidiendo, demandando, requiriendo y exigiendo justicia? ¿Por qué? ¿Por qué si se revisan los acuerdos que se hacen públicos de sus asambleas siempre expresan una determinación inquebrantable a dar la vida, a no resignarse, a hacer valer su dignidad y a defender su derecho? ¿Por qué? ¿Por qué con certeza se asocia la voz indígena a una voz de amor-dolor, de anuncio y denuncia, de memoria y esperanza? ¿Por qué?

Doloroso es el sufrimiento que se expresa en esta voz de reclamo, como vergonzante y penoso resulta la perpetuación de las causas de ese dolor provocado por personas específicas y grupos concretos. ¿Por qué siguen siendo vigentes las sentencias de Montesinos? ¿Por qué es lamentablemente obligado renovar las condenas dirigidas a quienes están en posición de privilegio deseando que nada cambie y manteniendo la muerte anticipada y anunciada de muchos? Su comodidad y confort están basados en el sufrimiento y muerte de otras personas y en el maltrato de la naturaleza; su inamovilidad y su indolencia es insoportable porque perpetúa el desequilibrio y la injusticia. Las condiciones reales que provocan el grito y el reclamo, secundadas por súplicas y sentencias como las expresadas por Montesinos, son condena y maldición para quienes tras ser advertidos no cambian su vida y su corazón. Tal juicio, hoy como ayer, pesa como lápida sobre la memoria, el nombre y la conciencia de quienes acomodadamente reproducen la opresión o la muerte para los otros, o no hacen nada para que las situaciones cambien ni para que se haga lo que en justicia debe hacerse.

21 de diciembre de 1511. Dura sentencia que es vigente

A pesar de que no la asumieron los destinatarios, la sentencia expresada en aquel sermón del21 de diciembre de 1521 y reiterada ocho días más tarde estaba sustentada y puesta: “tengan por cierto que así como están no se pueden salvar”. El sermón pronunciado por el sacerdote dominico remitía a algo que sin duda alcanzó a inquietar, al menos momentáneamente, a esa gente: su condena. ¿Por qué no la atendieron, qué falló, acaso perdieron el miedo a ser condenados? No lo creo. Algo operó tergiversando el mensaje evangélico y su contundencia; sin dejar de considerar que ciertamente un mensaje de ese tipo, que pide toda la atención del corazón y de los sentidos, requiere un despojamiento de los atavíos que dificultan su comprensión y aceptación, para después actuar con consecuencia.

¿Qué fue eso que operó? El poder promueve una asociación perversa a su favor con todo tipo de estructuras e instancias, concretamente con la gente que ocupa cargos de autoridad en esos otros organismos; y las iglesias no son la excepción, por lo contrario son las aliadas más útiles y convenientes. Pero el poder es un monstruo de mil rostros que al igual que promueve una moral a modo y desarrolla una serie de discursos de éticas consecuentes con sus intereses y sus complicidades eclesiásticas (moldeando pensamientos y disposiciones sociales) para que el sistema se reproduzca, así también impulsa un secularismo capaz de debilitar todo lazo y todo principio de relación de carácter trascendente, provocando la ruptura de todo fundamento verdaderamente religioso.

Desde ese tiempo y mucho antes, como hasta ahora, la asociación de las estructuras del poder con las estructuras eclesiásticas desvirtúa la densidad y la fuerza del menaje de amor y justicia que está en la base de toda concepción religiosa de la vida. Además, la riqueza y suntuosidad con que se presentan los jerarcas y sus celebraciones de la mano de la cantidad de reglas y exigencias terminan anteponiéndose a la reflexión, a la circulación de la palabra y a la asimilación comunitaria del mensaje, estableciéndose como una especie de pasillo que debe recorrerse para poder acceder a él. De tal manera que si alguna persona se siente transitar por allí, aunque nunca llegue a contactar el mensaje, ¡de por sí claro, accesible y radical! y desde luego tampoco logre moldear su existir con base en él, fácilmente se dará por satisfecha, pues se le habrá hecho creer que está encaminada a alcanzarlo y que con eso es suficiente.

Entonces, el bien meditado mensaje de los frailes de Santo Domingo, expresado hace cinco siglos ante los conquistadores y colonizadores de los pueblos originarios, no prosperó en su inmediatez y ante su auditorio, entre otras cosas, debido a tal asociación del poder y la iglesia. Con complicidad y subordinación no tardó en llegar a “La Española”, desde las altas y autorizadas esferas eclesiásticas, el mensaje de consolación que no había llegado la semana posterior al21 de diciembre de 1511; mensaje piadoso y benévolo con los tiranos y, por tanto, cómplice. Esta intervención europea, fruto de acuerdos y cabildeos y nada religiosa desvaneció la exigencia de una reflexión católica a la que estaba orillando la persistencia de la comunidad de dominicos de la isla, disolviendo el posible temor escatológico (de fe y creencia en un más allá de la muerte acorde a la vida llevada) y la eventual y esperada transformación. De esta manera, lógicamente, tratándose de una condena la de Montesinos, ya no quedaban solos los encomenderos, conquistadores y colonizadores que mataron a sus hermanos, sino también quienes por su posición desdibujaron la fuerza evangélica de la denuncia y la sentencia que pretendía corregir dicha situación.

Ahora bien, intentando profundizar un poquito más en una lectura desde nuestros tiempos, Montesinos cuestionó: “Éstos, ¿no son hombres? ¿No tienen almas racionales? ¿No están ustedes obligados a amarlos como a ustedes mismos?” Discurso y términos propios de su tiempo, de su entendimiento y su lugar; no obstante: ¿No somos todos seres vivos? ¿No tenemos nuestro propio sentido y lugar en la existencia? ¿No cada pueblo tiene su propia racionalidad y el derecho a existir según su propio modo cultural? ¿No se nos enseñó que los que llegan a un lugar deben aprender de quienes habitan en él desde antes? ¿No estamos compelidos unos y otros a amarnos y respetarnos, a atendernos y entendernos unos con otros? ¿No nos ha quedado claro que estamos vinculados, que nuestra existencia es común y que dependemos unos de otros?

Cada cual, ubicado en una u otra posición dentro de la historia y nadie al margen de ella, está invitado a poner toda su atención, con todo corazón, con todos los sentidos, como comenzó demandando Montesinos. Los gobiernos y toda clase de poderes ¡cierto que tienen enorme responsabilidad y culpa de las situaciones de muerte!, ¡pero no sólo estos grupos son responsables de cambiar la historia, sino todo mundo!

El cambio de situación no depende ni dependerá de determinaciones de gobierno, si no de la actitud y las determinaciones, pequeñas y grandes, cotidianas y extraordinarias y, sobre todo, perseverantes de todas y todos, de cada cual. La transformación resulta de la fuerza de encarar y denunciar activamente la injusticia, así como de la no complicidad consciente; igualmente de la renuncia libre, renovada, amorosa y llena de paz, asumida y por convicción a los privilegios, las atracciones, corruptelas, ataduras y prisiones.

El otro mundo posible es consecuencia de una opción, renovada en el día a día y en cada momento, por lo fraternal, por las enseñanzas del amor, la justicia, la verdad, el respeto, el equilibrio y la reconciliación entre todas y todos, con la madre tierra y con todo lo creado y formado, provengan estas enseñanzas de donde provengan: la religión, la casa, la escuela, la espiritualidad, el conocimiento cultural. Pero entiéndase además que el amor y el bien no sólo tienen fundamentos escatológicos, también tienen razones meramente materiales, inmediatas, ecológicas, humanas e históricas, pues son sencillamente buenos para todos y todas, son cómplices de la paz, sustento de la justicia y generadores de ternura, dan más alegría a unos y a otros y ofrecen salud y bienestar personal y social.

Concluyendo: que los propios pueblos tengan y tengamos nuestra propia voz y que sea escuchada es algo aprendido, logrado y conquistado. La sordera, la soberbia y la indolencia antes como hoy son inaceptables. El llamado de los pueblos, así como los posicionamientos bien determinados y francos como los de Montesinos y su comunidad hace cinco siglos, tienen dimensiones y resonancias de campanadas libertarias que bien pueden hacernos despertar del adormecimiento que nos impide reconocer el dolor del existir en la injusticia, invitándonos a conmovernos y actuar transformándonos y transformando el mundo y la vida.

Montesinos, Las Casas y jtatik Samuel Ruiz son voces que resultan imprescindibles, ásperas y ardientes, mechas vivas y encendidas de amor, congruencia y veracidad. Como las suyas, hay y habrá voces que sigan clamando en el desierto. Acteal, a 14 años de la masacre, nos lo sigue demandando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

RECUPERAR EL “YO”, TAREA URGENTE
Despedir a Jacinto y el Centro La Luz
JOSÉ MORENO LOSADA, sacerdote capellán de la UEx y consiliario de Acción Católica,jmorenol@unex.es 
BADAJOZ.

ECLESALIA, 08/12/11.- Hace unas décadas prestigiosos psiquiatras, como Castilla del Pino, muy horizontalistas y planos, nos invitaban a un “adelgazamiento del yo” en la sociedad. Parecía que esa propiedad de identidad, que es el “yo” tenía mucho de privilegio y de sala “vips” que nos habíamos propinado nosotros a nosotros mismos, los humanos queriendo salir del zoológico común y natural en el que no situaba la biología sabia y sensata; había que volver a la biología y renunciar a estos espacios privilegiados antropocéntricos.

Sin embargo yo hoy quiero reclamar y lo he hecho esta tarde en una charla con los trabajadores del Centro “la Luz” la necesidad de contemplar y volver a valorar y poner en el centro de lo humano, y también de lo divino, ahora que nos acercamos a la navidad, la dignidad del “yo” del ser humano.

Lo he vuelto a sentir y a desear esta mañana. He asistido, con muchos hermanos curas, casi un ciento, al entierro de Jacinto el padre de nuestro compañero Vicente; había mucha gente que quería acompañar a los tres hijos de este hombre, que tras setenta años de existencia se había marchado al Padre con un corazón roto por dos infartos rápidos y mortales. En la despedida y agradecimiento, Vicente en nombre de sus dos hermanos, ha hablado con el corazón en la mano y con la mirada puesta en Dios Padre desde la humanidad de Jesús de Nazaret hecha cercanía y compasión, y sobre todo fuente de esperanza para la vida eterna. En su palabras a mí me ha arrancado una lágrimas emocionadas, y a muchos más según observé. El habló en la forma literaria de una carta dirigida a su Padre como despedida, reconociendo la grandeza de lo sencillo en la forma sencilla de hacer familia, de trabajar, de querer, sacrificarse y entregarse. Pero sobre todo ha querido resaltar los últimos años de su existencia en los que ha estado dedicado de una forma fiel y radical al cuidado de su mujer, enferma de un alzheimer rápido que la arrancó con prisas de la realidad de su entorno y que ahí la mantiene.

Nos contaba Vicente emocionado, como en los momentos de intimidad con su padre en la enfermedad, éste le había relatados momentos de intensidad vividos por él con su madre, y en concreto un diálogo repetido casi a diario, cuando caída la tarde sentados los dos en soledad en la mesa camilla, con el calor del brasero, se miraban en silencio y él rompía con unas palabras cariñosas y curiosas:

-¿Tú me quieres a mí?

- No lo sé, respondía ella.

- Pues yo te quiero a tí muchísimo, un montón.

- Pues yo también te quiero a ti.

Su yo estaba difuminado, y le impedía reconocer hasta el tú de su marido que la cuidaba y la mimaba; pero el amor de su esposo permanecía fiel y fecundo rodeando de dignidad, de ternura y evitando que el ”yo” de ella se perdiera, protegiéndola con un amor auténtico y duradero. El amor que se hacer fuerte en la debilidad, y que saca su radicalidad para sanar heridas, para fortalecer al débil, para consolar al triste, y para darle propiedad e identidad, a quien parece que la ha perdido de un modo absolutamente gratuito.

Hoy he hablado a los trabajadores de este colegio especializado en discapacitados, hemos hablado del Adviento, de la Esperanza, de tener un motivo para vivir la vida con sentido. Hemos entrado en cómo ellos están cada día trabajando con una personas, que viven su yo en una fragilidad constante y sin embargo que en esa fragilidad puede estar la grandeza y la dignidad del trabajo, saber tener razones para amar esa fragilidad personal para entrar en ella, desde la generosidad y la gratuidad, sin esperar nada a cambio, puede ser la clave de poder irse cada día a casa no sólo cansado de la briega del quehacer, sino llenos de vida y de sentido por el “yo” amado y dignificado en los otros. No se trata de obtener resultados sino de crear una relación privilegiada y profunda donde el otro se sienta querido, y nosotros reafirmados en ese sentimiento, de que no hay nada más noble ni oficio más digno, que establecer relaciones que construyan el “yo” de los demás desde un “tú” que se entrega y se dona, porque nada merece más la vida que amar a cuerpo entero, y hacer del trabajo un lugar de amor puede ser definitivo para vivir siempre y para vencer la muerte.

No tengo ninguna duda de que Jacinto hoy habrá sido coronado a su llegada al cielo y su “yo” se habrá grabado en el corazón de Dios para siempre con el nombre de su vida y sus historia, de su pueblo y sus paisanos, pero sobre todo con el de su familia, con los nombres de sus hijos, y especialmente con el de su esposa, madre de Vicente y de sus hermanos, cuya identidad y propiedad ahora pasa a mano de sus hijos. Y es que aun en la debilidad más fuerte, el amor es más fuerte que la muerte y el ”yo” se reconstruye para la vida eterna, por eso seguiremos teniendo razones para la esperanza, mientras alguien por puro amor se resista a la muerte del “yo amado”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). 

 

Adviento: camino de espera y esperanza

Publicado: 25 noviembre, 2011 en REFLEXIONES
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ADVIENTO: CAMINO DE ESPERA Y ESPERANZA
JOSÉ GALLARDO ALBERNI, josegallardoalberni@gmail.com
EL PUERTO DE SANTA MARÍA (CÁDIZ).

ECLESALIA, 25/11/11.- Se aproxima el adviento. Se le puede poner muchos adjetivos. Primero es “camino”, es decir, movimiento, dinamismo, no estancamiento, no rutina, no inercia. Son palabras que todos los años nos proponemos, pero nos cuesta cumplir. Ese camino que hacemos andando tenemos que hacerlo juntos: acompañados por el hermano, pero con la meta en él, es decir, en Dios.

Flaco favor le hacemos a los demás y a nosotros mismos si nuestro adviento se reduce a la celebración litúrgica. Se quedaría en algo externo, superficial, en el sacrificio, evocando las palabras del profeta Oseas: misericordia quiero, no sacrificio (Os 6, 6)

Si recordamos las palabras de Jesús en el último domingo del tiempo ordinario (cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis), el amor al prójimo es exactamente igual al amor de Dios. Por tanto, lo que no hagamos por los necesitados, por los que sufren, por los perseguidos, por los oprimidos, no lo hacemos por Dios. Esas palabras tan radicales nos urgen a que el camino del adviento lo recorramos, lo vivamos de forma activa. Con el hermano en el centro (luego con Dios en el centro). Esas palabras de Mateo son nuestro mapa para el camino; nuestro bastón será el amor de Dios, que damos a los demás.

¿Qué esperamos en este adviento? ¿Qué debemos esperar? Esperamos al Dios hecho hombre, al Dios como nosotros, al Dios sufriente, al Dios cercano, al Dios que es amor.

Para ese acontecimiento tan trascendental en nuestra vida no solo debemos prepararnos en este adviento sino que toda nuestra vida debe ser un viaje de preparación. Pero con la suficiente madurez como para no poner como excusa ese viaje. Para no escudarnos en una eterna preparación. Un viaje es un medio, no un fin. El fin es la llegada, la meta, donde nos esperan paisajes maravillosos, experiencias maravillosas, personas maravillosas. ¿Cómo nos preparamos? No solo litúrgicamente sino estando al lado del que sufre. Estando al lado del necesitado estaremos al lado de Dios, preparados para lo que nos pida, para lo que necesite de nosotros.

Igual que el camino del adviento es un camino activo, la espera también tiene que serlo. Es decir, una espera con esperanza. Si nuestro mapa es el evangelio y nuestro bastón el amor de Dios, nuestra ropa para ese camino es la esperanza. Una ropa maravillosa que Mateo compara con los lirios del campo. ¿A qué si no se refiere el evangelista? ¿Qué es ese mandato de no preocuparse de nada sino tener esperanza?

Esperanza no solo en un paraíso futuro en el que no haya lágrimas ni llantos. La esperanza evangélica es en el prójimo, en el hombre. Esperanza en que este mundo (formado por hombres) es posible que sea mejor. Esperanza en que nuestra participación en este mundo va a ser fructífera, duradera y merecedora de nuestro esfuerzo.

La esperanza teórica no sirve para nada. La esperanza tiene que adaptarse a nuestro cuerpo, ser cómoda, tenemos que estar cómodos con ella, tiene que ser duradera, de calidad.

Con estas vestiduras, dignas del mismísimo Apocalipsis, con estos ingredientes, estaremos preparados para el viaje de nuestra vida. Una vida a ser vivida en común, compartiendo bienes, amores, generosidades, alegrías, sufrimientos,… Una vida compartida y vivida con el otro, con el otro como centro, con Dios en el centro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).