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Dios viene al mundo por la mujer

Publicado: 7 enero, 2013 en REFLEXIONES
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Navidad...DIOS VIENE AL MUNDO POR LA MUJER
MAGDALENA BENNASAR, espiritualidadcym@gmail.com
BILBAO.

ECLESALIA, 07/01/13.- Ha estado siempre ahí esta verdad, grande, impactante, y sin embargo no nos la contaron ni la cuentan así. A pesar de que Lucas no es el más feminista de los varones, no puede dejar de decir la verdad desbordante de evangelio y de creación: que cuando nos quieren contar como vino Dios al mundo nos tienen que contar que como todos, fue a través de una mujer. Hasta ahí sí sabemos de siempre, lo que posiblemente es una interpretación más tardía y más de acuerdo con nuestra realidad cultural: es que Dios viene al mundo por lo femenino de la humanidad, de ambos géneros.

Recuperar lo femenino para poder creer que el anuncio es también para mí. Recuperar lo femenino para enmudecer el Zacarías de la lógica y de las garantías, y activar la Isabel que cree, a pesar de su esterilidad y vejez, en un proyecto que supera lo natural, y no pone pegas. Recuperar lo femenino para devolverle al mundo lo que tantos años de patriarcado impuesto le ha robado: la perspectiva del Amor por encima de la razón, no sin ella, pero más fuerte que ella. Recuperar lo femenino para devolverles a la humanidad y al cosmos el equilibrio que han perdido por el dominio de uno sobre otro.

Y eso ¿se puede hacer con evangelio? Veamos los relatos.

Nos dicen los textos que el Judaísmo como religión ya no tiene espíritu: cuando Zacarías le pide garantías al ángel de que su promesa se realizará, enmudece de falta de fe. El sacerdote está mudo, no tiene nada que decir mientras su mujer vieja y estéril y no considerada, cree, y su ser se llena de vida. Es el inicio del nuevo testamento. Isabel hace de bisagra entre la institución y la profecía que anuncia la venida del Mesías. María de Nazaret, también pregunta al ángel el cómo de aquella promesa, pero su pregunta es abierta, está llena de esperanza, porque en el fondo desea ser la madre del Mesías que toda muchacha judía esperaba. Tal vez al pasar de lo físico a lo espiritual perdemos la fascinante escuela de oración que María de Nazaret inicia para nosotras, Dios y la humanidad en diálogo directo, sin sacerdotes del templo que recen en su nombre, sin mediadores que tantas veces interfieren, se ponen en el centro, desvían el objetivo.

Las religiones fallan cuando desenfocan su objetivo: ser caminos hacia Dios. Y cuando vemos casi todo menos eso… algo falla, y los síntomas son siempre los mismos: y entre ellos sobresale uno: las ansias de poder y de protagonismo. Es el Herodes que también convive con nosotros, y busca desde siempre, inspirado en Caín, matar la inocencia. Este Herodes es la personificación del ego, en definitiva el anti-reino. Esa parte de nosotros anda suelta en nuestras relaciones con los demás. Es tan fácil querer que las cosas se hagan como yo quiero, y tan difícil que se hagan como es mejor para todos. Es tan fácil argumentar mi punto de vista y tan difícil escuchar con respeto y acogida la perspectiva de la otra persona. Y eso se cuela en la familia, en la alcoba, en los lugares de trabajo, en las comunidades y parroquias, va conmigo, es mi sombra. Será la pequeñez humana, la fragilidad absoluta de un recién nacido, quien dará luz para que pueda ver con su inocencia lo que no es inocente en mí y dejarle que lo rescate. En esa cueva oscura de mis límites y falta de amor y de aceptación de los demás sólo me atrevo a entrar si tengo la seguridad de que ellos, el niño y su familia, están.

El olor al bebé que no huele a nenuco sino a autenticidad, la joven que le tiene en brazos que transparenta realismo y acogida, el muchacho que sabe estar, acompañar y que es un saco de bondad. ¡Qué familia ! Y luego, claro, de vecinos, los impuros, los que ya ni se molestaban en purificarse para ir al templo porque su trabajo humilde y duro no les permitía participar en liturgias de ricos y puros, ellos como no tenían Internet estaban conectados a las estrellas y por eso, porque están despiertos de noche y con los ojos abiertos, están dispuestos a escuchar el anuncio. Es que para escuchar el anuncio de que él ha nacido hay que estar conectados a las estrellas.

Con esa alegría no tienen miedo de ir a la cueva porque antes de ponerse en camino han escuchado el anuncio. Yo creo que no quiero entrar en mi cueva porque voy sin haber escuchado el anuncio y algunas veces me quedo sin el niño. Ojala que este año no sea así.

Por ello te invito a escuchar tu corazón, tu intuición, tu entraña porque por ahí te llegará el anuncio que te dará fuerza para retirar el ego y que nazca el amor. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Cada díaSOLO EL AMOR SOLIDARIO NOS CAMBIARÁ
Mensaje de Navidad
MONJAS BENEDICTINAS, mbenaver@planalfa.es
PALACIOS DE BENAVER (BURGOS).

ECLESALIA, 18/12/12.- Sobre el mundo se ha acumulado tanta injusticia y sufrimiento que una, sin ser directamente culpable, se siente, a veces avergonzada simplemente de vivir, de poder comer, de tener un techo donde cobijarse, es decir, de llevar  una existencia mínimamente normal a la que deberíamos tener acceso todos.

Pero, ¿quién piensa hoy de verdad en los demás? Es inmoral instalarnos en el propio bienestar sin acordarnos de los pobres, de los que sufren cualquier tipo de exclusión, de los más desfavorecidos, de los que han sido castigados por la adversidad. Por desgracia esta actitud es hoy muy general.

La lucha por la vida y el ambiente materialista y consumista, el individualismo imperante nos han endurecido el corazón, nos han hecho insensibles al sufrimiento ajeno. Si nuestra época se distingue de las anteriores es, sobre todo, por la pérdida del sentido de fraternidad  y de solidaridad aunque se hable mucho de ella. Siempre encontramos motivos para justificar nuestros egoísmos y  nuestra insensibilidad.

Nadie, por supuesto, es personalmente responsable de todo lo que acontece en este mundo pero, de alguna manera, todos somos más o menos cómplices. Creo que el primer acto de egolatría está en considerarnos inocentes y creer que tenemos derecho a gozar de nuestro bienestar sin preocuparnos de los que padecen hambre, de los que han sido arrojados a la cuneta.

Están ya próximas las fiestas de Navidad y, mientras muchos de nosotros, inmerecidamente y gratuitamente, nos disponemos a celebrar la venida de Jesús al mundo en la abundancia, en el despilfarro, en el bullicio de la fiesta, entretenidos con las compras, los regalos, los preparativos de las cenas…, junto a nosotros habrá  hermanos y hermanas que pasan hambre, que no tendrán en  su mesa ni siquiera lo más imprescindible para satisfacer sus necesidades. Otros muchos sufrirán los azotes de la guerra, de la emigración, de la marginación, de los desahucios, de la enfermedad….

Ante tal situación ¿tiene todavía sentido el mensaje de la Navidad? Si Dios ha venido al mundo ¿por qué todo sigue exactamente igual? ¿A qué viene celebrar el nacimiento de Jesús intercambiando deseos de paz, de alegría y fraternidad si el mundo seguirá tan mal como siempre?

En realidad son preguntas que tocan la raíz de nuestro ser de creyentes. ¿Creemos de verdad que Dios es realmente el Salvador que viene a liberarnos de la opresión, a devolvernos la libertad, a romper las cadenas del pecado?, ¿estamos convencidos de que el Señor camina a nuestro lado pues es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros que ha entrado en nuestra historia para compartir a fondo nuestras luchas y esfuerzos, para sostenernos en nuestro caminar?

Los que creemos en Jesús de Nazaret sabemos que este mundo puede cambiar, que Él puede hacer que las espadas se conviertan en arados y las lanzas en podaderas, que es posible que los hombres y mujeres vivamos en paz, que los bienes de la tierra sean compartidos entre todos. Sin embargo, no cambiará sólo con protestas, lamentos y críticas estériles. Cambiará si todos nos comprometemos en una lucha solidaria; si somos capaces de apagar nuestros egoísmos, nuestras ambiciones, nuestra pasividad ante los abusos e injusticias; si llegamos a hacer  del amor el centro de nuestra vida y  el motor de nuestros impulsos; si nos atrevemos a creer que todo hombre y toda mujer es nuestro hermano/a.

Sólo el amor puede hacer que cambien muchas cosas, y el mundo entero está necesitado de amor, sediento de amor. El amor  es el único remedio para cambiar los males que nos aquejan y de los que todos somos, de alguna manera, culpables. Sólo el amor nos puede llevar a la solidaridad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Lo importante

Publicado: 31 octubre, 2012 en BIBLIA
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31 Tiempo ordinario (B) Marcos 12, 28-34
LO IMPORTANTE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 31/10/12.- Un escriba se acerca a Jesús. No viene a tenderle una trampa. Tampoco a discutir con él. Su vida está fundamentada en leyes y normas que le indican cómo comportarse en cada momento. Sin embargo, en su corazón se ha despertado una pregunta: “¿Qué mandamiento es el primero de todos?” ¿Qué es lo más importante para acertar en la vida?

Jesús entiende muy bien lo que siente aquel hombre. Cuando en la religión se van acumulando normas y preceptos, costumbres y ritos, es fácil vivir dispersos, sin saber exactamente qué es lo fundamental para orientar la vida de manera sana. Algo de esto ocurría en ciertos sectores del judaísmo.

Jesús no le cita los mandamientos de Moisés. Sencillamente, le recuerda la oración que esa misma mañana han pronunciado los dos al salir el sol, siguiendo la costumbre judía: “Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón”.

El escriba está pensando en un Dios que tiene poder de mandar. Jesús le coloca ante un Dios cuya voz hemos de escuchar. Lo importante no es conocer preceptos y cumplirlos. Lo decisivo es detenernos a escuchar a ese Dios que nos habla sin pronunciar palabras humanas.

Cuando escuchamos al verdadero Dios, se despierta en nosotros una atracción hacia el amor. No es propiamente una orden. Es lo que brota en nosotros al abrirnos al Misterio último de la vida: “Amarás”. En esta experiencia, no hay intermediarios religiosos, no hay teólogos ni moralistas. No necesitamos que nadie nos lo diga desde fuera. Sabemos que lo importante es amar.

Este amor a Dios no es un sentimiento ni una emoción. Amar al que es la fuente y el origen de la vida es vivir amando la vida, la creación, las cosas y, sobre todo, a las personas. Jesús habla de amar “con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser”. Sin mediocridad ni cálculos interesados. De manera generosa y confiada.

Jesús añade, todavía, algo que el escriba no ha preguntado. Este amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Sólo se puede amar a Dios amando al hermano. De lo contrario, el amor a Dios es mentira. ¿Cómo vamos a amar al Padre sin amar a sus hijos e hijas?

No siempre cuidamos los cristianos esta síntesis de Jesús. Con frecuencia, tendemos a confundir el amor a Dios con las prácticas religiosas y el fervor, ignorando el amor práctico y solidario a quienes viven excluidos por la sociedad y olvidados por la religión. Pero, ¿qué hay de verdad en nuestro amor a Dios si vivimos de espaldas a los que sufren? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

O IMPORTANTE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Um escriba aproxima-se de Jesus. Não vem colocar-Lhe uma armadilha. Tampouco a discutir com Ele. A sua vida está fundamentada em leis e normas que lhe indicam como comportar-se em cada momento. No entanto, no seu coração surgiu uma pergunta: “Que mandamento é o primeiro de todos?” O que é o mais importante para se fazer na vida?

Jesus entende muito bem o que sente aquele homem. Quando na religião se vai acumulando normas e preceitos, costumes e ritos, é fácil viver disperso, sem saber exatamente o que é o fundamental para orientar a vida de forma sã. Algo disso ocorria em certos setores do judaísmo.

Jesus não lhe cita os mandamentos de Moisés. Simplesmente, lhe recorda a oração que essa mesma manhã pronunciaram os dois ao sair o sol, seguindo o costume judeu: “Escuta, Israel, o Senhor nosso Deus é o único Senhor: amarás ao Senhor teu Deus com todo o teu coração”.

O escriba pensa num Deus que tem o poder de mandar. Jesus coloca-o ante um Deus cuja voz temos de escutar. O importante não é conhecer preceitos e cumpri-los. O decisivo é parar a escutar esse Deus que nos fala sem pronunciar palavras humanas.

Quando escutamos o verdadeiro Deus, desperta em nós uma atração para o amor. Não é propriamente uma ordem. É o que brota em nós ao nos abrirmos ao Mistério último da vida: “Amarás”. Nesta experiência, não há intermediários religiosos, não há teólogos nem moralistas. Não necessitamos que ninguém nos diga desde fora. Sabemos que o importante é amar.

Este amor a Deus não é um sentimento nem uma emoção. Amar ao que é a fonte e a origem da vida é viver amando a vida, a criação, as coisas e, sobretudo, as pessoas. Jesus fala de amar “com tudo o coração, com toda a alma, com todo o ser”. Sem mediocridade nem cálculos interesseiros. De forma generosa e confiada.

Jesus acrescenta, todavia, algo que o escriba não preguntou. Este amor a Deus é inseparável do amor ao próximo. Só se pode amar a Deus amando o irmão. De contrário, o amor a Deus é mentira. Como vamos amar o Pai sem amar os Seus filhos e filhas?

Nem sempre cuidamos, nós os cristãos, desta síntese de Jesus. Com frequência, tendemos a confundir o amor a Deus com as práticas religiosas e o fervor, ignorando o amor prático e solidário aos quem vivem excluídos pela sociedade e esquecidos pela religião. Mas, que há de verdade no nosso amor a Deus se vivemos de costas aos que sofrem?

 

QUEL CHE È IMPORTANTE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Uno scriba si avvicina a Gesù. Non viene a tendergli un tranello. Nemmeno a discutere con lui. La sua vita è fondata su leggi e norme che gli indicano come comportarsi in ogni momento. Nel suo cuore, però, si è svegliata una domanda: “Qual è il primo di tutti i comandamenti? Quale cosa è la più importante per riuscire nella vita?

Gesù comprende molto bene quel che sente quell’uomo. Quando nella religione si vanno accumulando norme e precetti, abitudini e riti, è facile vivere dispersi, senza sapere esattamente che cosa è fondamentale per orientare la vita in maniera sana. Qualcosa del genere capitava in certi settori del giudaismo.

Gesù non gli cita i comandamenti di Mosè. Gli ricorda semplicemente la preghiera che quella stessa mattina hanno recitato al sorgere del sole, seguendo l’uso giudaico: Ascolta, Israele, il Signore Dio nostro è l’unico Signore; amerai, dunque, il Signore, Dio tuo, con tutto il tuo cuore.

Lo scriba sta pensando a un Dio che ha il potere di comandare. Gesù lo pone davanti a un Dio la cui voce dobbiamo ascoltare. L’importante non è conoscere precetti e compierli. La cosa decisiva è fermarci ad ascoltare questo Dio che ci parla senza pronunziare parole umane.

Quando ascoltiamo il vero Dio, si risveglia in noi un’attrazione verso l’amore. Non è propriamente un ordine. È quel che sgorga in noi nell’aprirci al Mistero ultimo della vita: Amerai. In questa esperienza, non ci sono intermediari religiosi, non ci sono teologi né moralisti. Non abbiamo bisogno che qualcuno ce lo dica dal di fuori. Sappiamo che la cosa importante è amare.

Quest’amore a Dio non è un sentimento né un’emozione. Amare colui che è la fonte e l’origine della vita è vivere amando la vita, la creazione, le cose e, soprattutto, le persone. Gesù parla di amare con tutto il tuo cuore, con tutta la tua mente e con tutta la tua forza. Senza mediocrità né calcoli interessati. Con generosità e fiducia.

Gesù aggiunge ancora qualcosa che lo scriba non ha chiesto. Quest’amore a Dio è inseparabile dall’amore al prossimo. Si può amare Dio solo amando il fratello. Se non è così, l’amore a Dio è menzogna. Come ameremo il Padre senza amare le sue figlie e i suoi figli?

Non sempre noi cristiani teniamo presente questa sintesi di Gesù. Frequentemente tendiamo a confondere l’amore a Dio con le pratiche religiose e il fervore, ignorando l’amore concreto e solidale per coloro che vivono esclusi dalla società e dimenticati dalla religione. Ma che c’è di vero nel nostro amore a Dio se viviamo di spalle a quelli che soffrono?

 

LE PLUS IMPORTANT

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Un Scribe s’approche de Jésus. Il ne vient pas lui tendre un piège ni discuter avec lui. Sa vie est fondée sur des lois et sur des normes qui lui indiquent comment se comporter à chaque instant. Une question s’est éveillée cependant dans son cœur: Quel est le premier des commandements? Qu’est-ce que le plus important pour réussir sa vie?

Jésus comprend très bien ce que cet homme ressent. Lorsque dans la religion, on accumule des normes et des préceptes, des coutumes et des rites, on se disperse facilement sans savoir exactement ce qui est fondamental pour orienter sa vie d’une manière saine. C’est quelque chose de ce genre qui arrivait dans certains secteurs du judaïsme.

Jésus ne reprend pas les commandements de Moïse. Il lui rappelle simplement la prière que tous les deux ont récitée ce même matin au lever du soleil, en suivant la coutume juive: “Ecoute, Israël, le Seigneur notre Dieu est l’unique Seigneur; tu aimeras le Seigneur ton Dieu de tout ton cœur”.

Le Scribe pense à un Dieu qui a le pouvoir de commander. Jésus le place face à un Dieu dont il faut écouter la voix. Le plus important n’est pas de connaître des préceptes et de les accomplir. Ce qui est décisif c’est de s’arrêter pour écouter ce Dieu qui nous parle sans prononcer des paroles humaines.

Lorsque nous écoutons le Dieu véritable, un attrait vers l’amour s’éveille en nous. Ce n’est pas, à proprement parler, un ordre. C’est ce qui jaillit en nous lorsque nous nous ouvrons au Mystère ultime de la vie: “Tu aimeras”. Dans cette expérience il n’y a pas d’intermédiaires religieux, pas de théologiens ni de moralistes. On n’a besoin de personne du dehors pour venir nous le dire. Nous savons que le plus important c’est d’aimer.

Cet amour envers Dieu n’est pas un sentiment ni une émotion. Aimer celui qui est la source et l’origine de la vie c’est vivre en aimant la vie, la création, les choses et, par dessus tout, les personnes. Jésus parle d’aimer “de tout son cœur, de toute son âme, de tout son être”. Sans médiocrité ni calculs intéressés mais d’un cœur confiant et généreux.

Jésus ajoute quelque chose dont le scribe n’a pas parlé. Cet amour envers Dieu est inséparable de l’amour du prochain. On ne peut aimer Dieu qu’en aimant son frère. Autrement, l’amour envers Dieu est un mensonge. Comment pourrions-nous aimer le Père sans aimer ses fils et ses filles?

Nous ne faisons pas toujours attention à cette synthèse de Jésus. Nous avons fréquemment tendance à confondre l’amour de Dieu avec les pratiques religieuses et avec la ferveur, tout en ignorant l’amour pratique et solidaire envers ceux qui sont exclus par la société et oubliés par la religion. Mais, quelle vérité y-a-t-il dans notre amour envers Dieu si nous tournons le dos à ceux qui souffrent?

 

WHAT REALLY MATTERS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

A scribe came up to Jesus. He did not intend to test him as others had done so often; not even to start a debate. He was an honest man who had always tried to obey public and religious laws as taught by his elders. Still, deep in his heart, he seemed to have an unanswered question: “Which is the first of all the commandments?” What should we do to really succeed in this life?

Jesus immediately understood what that man really wanted. When it comes to practicing religion, we have so many norms and precepts, customs and rituals, that it is almost natural to be distracted or ignorant about what is really fundamental in order to achieve complete satisfaction in our life. Such was the question that most religious people of Jesus’ time must have had.

Jesus does not respond by citing Moses’ Ten Commandments. He simply reminds him about the prayer that most Jews recited at sunrise: “Listen, Israel:

I am the God of Abraham, the God of Israel. You must love the Lord your God with all your heart, with all your soul and mind, etc.”

The scribe was always thinking about a God who alone has the power to command. Jesus, on the other hand, takes him to a God whose voice we can hear. What really matters are not the precepts and laws that have to be fulfilled. What is really important is listening to God’s words and inspirations.

When we listen to the true God, we immediately feel the attraction to all kinds of love. It is not really a commandment. It is simply a natural inclination that is felt by any living being: “Thou shall love.” In this living experience, there are no theologians or moralists. We don’t need any third party to explain things to us. We just know that what really matters is to share our love and life with others.

The love of God is not a sentiment or an emotion. Showing our love to the One who is the source and origin of our life is done by respecting life itself, creation and everything that is in it, beginning with other people. Jesus speaks of loving “with all your heart, all your soul and all your being.” No mediocrities or vested interests. It must be totally disinterested and generous.

Jesus, in facts, adds something that the scribe did not even ask. This love of God is not different from the love of neighbour. The only way to love God is through the love of neighbours. Any other form of love is not real love. How can we love the Father if we do not love his sons and daughters?

Christians, at times, forget about this real image and nature of Jesus. We often think that loving God consists in attending religious functions and reciting prayers publicly or in private, while forgetting to practice social solidarity and compassion towards those who are excluded by society and religious institutions as well. Can we really speak of love of God while ignoring so many people who have never heard of God or felt the company of a good neighbour?

 

INPORTA DUENA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lege-maisu bat hurbildu zaio Jesusi. Ez doa segada edo tranpa bat jartzera. Une bakoitzean nola jokatu adierazten dioten lege eta arauetan oinarritua du bere bizitza. Alabaina, galdera bat atera zaio bihotzean: «Zein agindu da lehena?» Zer da inportanteena bizitzan asmatu ahal izateko?

Oso ondo ulertu du Jesusek gizon honek sentitzen duena. Erlijioan arauak eta aginduak, ohiturak eta errituak pilatuz doazenean, gauza erraza izaten da barreiaturik bizitzea, jakin gabe zer den, zehazki, oinarrizko gauza, bizitza era sanoan bideratu ahal izateko. Honelako zerbait gertatu ohi zen judaismoaren sektore batzuetan.

Jesusek ez dizkio aipatu Moisesen aginduak. Soilik, egunsenti horretan, eguzkia irtetean eta juduen ohiturari jarraituz, jaulki duen otoitza gogorarazi dio: «Entzun, Israel; Jainko gure Jauna da Jaun bakarra: bihotz guztiaz maiteko duzu zeure Jainko Jauna».

Aginduak emateko boterea duen Jainkoa du buruan lege-maisuak. Jesusek, ordea, entzun behar diogun Jainkori begira jarri du gure gizona. Inporta duena ez da aginduak ezagutu eta betetzea. Funtsezko gauza, giza hitzik jaulki gabe hitz egiten digun Jainko horri adi egotea da.

Egiazko Jainkoari entzuten diogunean, maitasunarekiko erakarmena esnatzen da gu baitan. Ez da, berez, agindu bat. Geure bihotza biziaren azken Misterioari irekitzen diogunean sortzen den gonbit hau da: «Maita ezazu». Esperientzia honetan, ez da bitarteko erlijiosorik, ez da teologorik, ez moralistarik. Ez dugu izaten kanpotik inork esan beharrik. Geurez jakin ohi dugu maitatzea dela inporta duena.

Jainkoarekiko maitasun hau ez da sentimendu bat, ez da emozio bat. Biziaren iturburu eta jatorri den hura maitatuz bizitzea da, dela bizia, dela kreazioa, direla gauzak eta dela, nagusiki, jendea maitatuz. Maitatzeaz mintzo da Jesus «bihotz guztiaz, arima guztiaz, izate guztiaz». Ez eskas, ez kalkulu interesatuz. Baizik bihotz handiz eta konfiantzaz.

Lege-maisuak aipatu ez duen beste gauza bat ere gehitu dio Jesusek. Jainkoarekiko maitasun hau ezin bereizi da lagun hurkoarekiko maitasunetik. Lagun hurkoa maitatuz bakarrik maita daiteke Jainkoa. Bestela, gezur hutsa izango da Jainkoarekiko maitasuna. Izan ere, nolatan maita genezake Jainkoa haren seme-alabak maitatu gabe?

Kristauek ez diogu eusten beti Jesusen batura hori. Sarritan jotzen dugu nahastera Jainkoarekiko maitasuna eta jarduera erlijioa nahiz otoitz beroa, gizarteak ahazturik eta erlijioak bazter utzirik dituen haiekiko maitasun praktikoa eta solidarioa alde batera utziz. Baina, zer izan daiteke egiazkorik Jainkoarekiko gure maitasunean, sufritzen ari direnei ezikusia egiten badiegu?

 

L’IMPORTANT

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Un escriba s’acosta a Jesús. No ve a posar-li un parany. Tampoc a discutir amb ell. La seva vida està fonamentada en lleis i normes que li indiquen com comportar-se en cada moment. No obstant això, en el seu cor s’ha despertat una pregunta: “Quin és el primer de tots els manaments?” ¿Què és el més important per a encertar en la vida?

Jesús entén molt bé el que sent aquell home. Quan en la religió es van acumulant normes i preceptes, costums i ritus, és fàcil viure dispersos, sense saber exactament què és el fonamental per orientar la vida de manera sana. Una mica d’això passava en certs sectors del judaisme.

Jesús no li cita els manaments de Moisès. Senzillament, li recorda l’oració que aquell mateix matí han pronunciat els dos en sortir el sol, seguint el costum jueu: “Escolta, Israel, el Senyor és el nostre Déu, el Senyor és l’únic. Estima el Senyor, el teu Déu, amb tot el cor”.

L’escriba està pensant en un Déu que té poder de manar. Jesús el col•loca davant un Déu la veu del qual hem d’escoltar. L’important no és conèixer preceptes i complir-los. El decisiu és aturar-nos a escoltar aquest Déu que ens parla sense pronunciar paraules humanes.

Quan escoltem el veritable Déu, es desperta en nosaltres una atracció cap a l’amor. No és pròpiament una ordre. És el que brolla en nosaltres en obrir-nos al Misteri últim de la vida: “Estima”. En aquesta experiència, no hi ha intermediaris religiosos, no hi ha teòlegs ni moralistes. No necessitem que ningú ens ho digui des de fora. Sabem que l’important és estimar.

Aquest amor a Déu no és un sentiment ni una emoció. Estimar el que és la font i l’origen de la vida és viure estimant la vida, la creació, les coses i, sobretot, les persones. Jesús parla d’estimar “amb tot el cor, amb tota l’ànima, amb tot l’ésser”. Sense mediocritat ni càlculs interessats. De manera generosa i confiada.

Jesús afegeix, encara, una cosa que l’escriba no ha preguntat. Aquest amor a Déu és inseparable de l’amor al proïsme. Només es pot estimar Déu estimant el germà. En cas contrari, l’amor a Déu és mentida. Com estimarem el Pare sense estimar els seus fills i filles?

Els cristians no sempre tenim cura d’aquesta síntesi de Jesús. Sovint, tendim a confondre l’amor a Déu amb les pràctiques religioses i el fervor, ignorant l’amor pràctic i solidari als que viuen exclosos per la societat i oblidats per la religió. Però, què hi ha de veritat en el nostre amor a Déu si vivim d’esquena als que pateixen?

 

O IMPORTANTE

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Un escriba achégase a Xesús. Non vén tenderlle unha trampa. Tampouco discutir con el. A súa vida está fundamentada en leis e normas que lle indican como comportarse en cada momento. Con todo, no seu corazón espertouse unha pregunta: “Que mandamento é o primeiro de todos?” Que é o máis importante para acertar na vida?

Xesús entende moi ben o que sente aquel home. Cando na relixión se van acumulando normas e preceptos, costumes e ritos, é fácil vivir dispersos, sen saber exactamente o que é o fundamental para orientar a vida de xeito san. Algo disto ocorría en certos sectores do xudaísmo.

Xesús non lle cita os mandamentos de Moisés. Sinxelamente, recórdalle a oración que esa mesma mañá pronunciaron os dous ao saír o sol, seguindo o costume xudeu: “Escoita, Israel, o Señor o noso Deus é o único Señor: amarás ao Señor o teu Deus con todo o teu corazón”.

O escriba está pensando nun Deus que ten poder de mandar. Xesús colócao ante un Deus cuxa voz temos de escoitar. O importante non é coñecer preceptos e cumprilos. O decisivo é deternos a escoitar a ese Deus que nos fala sen pronunciar palabras humanas.

Cando escoitamos ao verdadeiro Deus, espértase en nós unha atracción cara ao amor. Non é propiamente unha orde. É o que brota en nós ao abrirnos ao Misterio último da vida: “Amarás”. Nesta experiencia, non hai intermediarios relixiosos, non hai teólogos nin moralistas. Non necesitamos que ninguén nolo diga desde fóra. Sabemos que o importante é amar.

Este amor a Deus non é un sentimento nin unha emoción. Amar ao que é a fonte e a orixe da vida é vivir amando a vida, a creación, as cousas e, sobre todo, ás persoas. Xesús fala de amar “con todo o corazón, con toda a alma, con todo o ser”. Sen mediocridade nin cálculos interesados. De xeito xeneroso e confiado.

Xesús engade, aínda, algo que o escriba non preguntou. Este amor a Deus é inseparábel do amor ao próximo. Só se pode amar a Deus amando ao irmán. Pola contra, o amor a Deus é mentira. Como imos amar ao Pai sen amar aos seus fillos e fillas?

Non sempre coidamos os cristiáns esta síntese de Xesús. Con frecuencia, tendemos a confundir o amor a Deus coas prácticas relixiosas e o fervor, ignorando o amor práctico e solidario a quen viven excluídos pola sociedade e esquecidos pola relixión. Pero, que hai de verdade no noso amor a Deus se vivimos de costas aos que sofren?

 

“Cuando se te llene la boca proclamando la paz procura tener aún más lleno el corazón”. San Francisco de Asís
SENCILLAMENTE, LA VERDADERA ALEGRÍA
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 04/10/12.- Se podría decir que era buena persona, un hombre campechano de ésos que al poco de conocerle parece que fuese amigo de toda la vida. Era amable, como suele decirse, por dentro y por fuera. Desde luego había algo en su apariencia que no pasaba desapercibido: no sé si el pelo castaño, ligeramente ensortijado; acaso esos ojos avispados y despiertos, con un brillo inteligente en su fondo, como el de un niño entusiasmado con sus juegos. Pero sin duda lo más hermoso era su sonrisa, ¡qué sonrisa! La tenía siempre en los labios, entregada y abierta, lista para contagiar otros rostros con su serena alegría.

No es frecuente encontrar personas como él hoy en día, la verdad, con esa sencilla transparencia. Porque no era simpleza ni ingenuidad, no. Era otra cosa: una sencillez manifiesta, un puro sosiego en la manera de ser y de actuar. En las cosas de cada día, entiéndame. No me refiero a grandes acontecimientos ni sucesos sobrenaturales (aunque déjeme decirle que más de una vez sorprendió a todos con sus planteamientos, empezando por su propia familia). Pero esa interioridad suya encontraba un cauce certero en los detalles cotidianos, en la experiencia de cada día. ¿Cómo decirle? Transmitía una apacible calma en todo cuanto hacía, un saber detenerse a contemplar y acoger con los cinco sentidos puestos en cada instante concreto, con el corazón entero ofrendado, como si no existiese nada ni nadie más en el mundo.

Le gustaba pararse con las personas, la mirada fija en los ojos que le hablaban como si quisiese leer en lo profundo de su alma. Esa capacidad de acogida la trasladaba a todo cuanto hacía, no crea; se deleitaba contemplando la naturaleza en sus más pequeños matices: la hoja a punto de caer del árbol, el zumbido de una abeja en las tardes de verano, la manera pausada de posar su mano sobre la cabeza del perro… Poseía este hombre una sensibilidad infinita, tierna y delicada, sutil: uno lo veía y daba la impresión de que no era más que lo que mostraba, tal era su transparencia en actos y palabras. Sin embargo, cuando le escuchabas hablar (en un discurso donde el silencio hacía de tonada para unas pocas palabras leves) – digo – cuando le escuchabas hablar te dabas cuenta de que lo visible era apenas una gota frente al mar de emociones que llevaba dentro: mar calmo la mayor parte del tiempo, pero me consta que otras debió sentirlo como un mar bravío y desatado en olas, tormenta que hubiese hecho zozobrar su débil barca… de no haber sido por su fe y su inquebrantable esperanza.

De algún modo, todo cuanto él hacía quedaba convertido en un canto de espíritu, en un diálogo con el misterio. Es la impresión que daba, él y aquella otra chica con la que salía a pasear por los cerros, a esa hora en que el sol y la luna cruzan sus órbitas en el cielo. Atardecer de un día, despertar de estrellas. Se amaban. Eso dicen algunos, que se conocían y se amaban. Quizá era al revés; quizá se amaban tan profundamente que era como si se conociesen desde siempre. Quién sabe. El caso es que uno y otro coincidían en ese lugar del alma donde sobran las palabras, pues compartían una misma música de espíritu, una sed, un mismo fuego, un íntimo anhelo de paz, un sagrado enamoramiento. Se amaban, estaban habitados por un mismo Amor más allá de todo espacio y todo tiempo: un amor expansivo que, lejos de cerrarse en sí mismo, les movía también a buscarlo en cada criatura. Amor desbordado del corazón a los labios, tan bello que era capaz de inspirarle Cánticos y poemas, tendidos como lazos de unión con el universo. Por eso hay quienes dicen que ellos dos nunca se separaron: porque se alentaron para seguir viviendo la misma búsqueda en trascedente sintonía, con la misma serena alegría…

Muchos le tomaban por loco. Imagínese, hoy en día, ¿quién estaría dispuesto a dedicar su vida para llevar a otros el puro amor? ¿quién encuentra tiempo para detenerse a contemplar las nubes y las estrellas, para seguir el recorrido de un insecto sobre la tierra y observar el crecimiento de las flores? ¿Quién se permite soñar que otro mundo es posible? ¿quién camina sin más rumbo ni meta que conmover el corazón de los hombres? Juglar de Dios le llamaban, el pobrecillo de Asís, mendigo… Y le diré que ciertamente lo era, pues nada tenía sino amor. Y ni eso, porque ya sabe usted que el amor no se posee ni se aferra… brota sin más, se desborda en el corazón desde no se sabe dónde, y llega un momento en que sencillamente no puede contenerse por más tiempo. Así le ocurría a él: era tanto el amor que le habitaba, que se dedicaba a darlo a manos llenas. Por eso era un mendigo de amor, y a la vez el hombre más rico de la tierra: nos mostró que quien nada posee vive todo como riqueza; nos mostró que quien nada tiene para dar, tan sólo puede darse él mismo como ofrenda. He aquí su tesoro, y el más hermoso de todos los regalos que puede hacer un hombre. Es lo que él hizo: se entregó sin reservarse nada, de la túnica al corazón, de la piel al alma. A imitación de su Señor, Jesucristo. Pura entrega, sin detenerse en teorías: de palabra compartía versos y oraciones y algunos escritos que redactó para su orden, pero fue su manera de vivir la que resultaba sugestiva. Su manera de ser, ¡ya ve! Hubo algunos que no le entendieron, a pesar de sus gestos tan sencillos. No todos le reconocieron, a pesar de ser un hijo de vecino. Pero yo le aseguro que aquí nadie le ha olvidado.

A mí me ocurre que algunas tardes me asomo a la ventana y contemplo el cielo. Y le recuerdo, así sin más. O me siento a la puerta de mi casa y miro esos cerros por los que paseaba con su amiga Clara. Y ¿sabe? Es como si algo se me esponjase aquí dentro, como si se ensanchase el alma. ¿No ve? hasta la piel se me pone de gallina. Porque le diré un secreto: él era más que “él”. No sé si me explico, pero algo en ese muchacho hablaba de cosas más grandes que él mismo. En su mirada había un fuego sereno, un resplandor de vida, una invitación casi provocadora a ofrendar el alma en el día a día… Llámele Amor, llámele Dios lo que le movía, ¿importa acaso? Era un hombre de Dios porque de Él hablaban sus gestos, pero era también un enamorado de las personas, ¿entiende? Una persona como usted o como yo, pero con ese resplandor en los ojos que sólo tienen aquellos que están profundamente enamorados. Por eso pasó su vida buscando nuevas formas para transmitir a otros el Amor: ése que él intuía en cuanto le rodeaba y también, secretamente, en lo profundo de sí mismo. Porque el amor es creativo y busca siempre nuevas maneras de expresión. Incluso las más impensables. ¿O cómo se explica, si no, que le diese por acoger y cuidar a los leprosos? Como lo oye: se volcó absolutamente con estas personas, en realidad con todo aquél que manifestase algún tipo de necesidad. Sencillamente era alguien demasiado sensible para no hacerlo: se acercaba a ellos con el mismo cuidado que ponía en oler una flor; les hablaba con la misma emoción que se advertía en sus palabras cuando recordaba a su querida Clara.

Por éstos y otros gestos podría decirse que, a su manera, fue un revolucionario. Eso explicaría su iniciativa de reparar las iglesias que estaban en ruinas; el repentino afán por reformarlas que manifestó un día tras orar en la capilla de San Damián. Paradojas de la vida: fíjese que empezó por reconstruir iglesias deterioradas y terminó por renovarnos el sentir a nosotros mismos. Y eso que no siempre tendría claro lo que tenía que hacer ni cómo, no crea. Algunos hombres del pueblo le vieron caminar a solas por el monte durante muchos días. Iba demacrado, con el cuerpo bien cubierto por el hábito sin dejar ver apenas un centímetro de piel. La mirada perdida, como si fuese ciego, a tientas, buscando en su interior una luz perdida, como queriendo reavivar un entendimiento que sólo el corazón comprende…

Pese a todas las dificultades que pudo haber pasado, puedo decirle que en su vida no hizo sino transmitir a los demás una infinita alegría, una perfecta alegría que fue derramando a su paso como una lluvia de flores: la alegría de llevar a todos la verdadera paz de espíritu, ésa que el corazón ha descubierto antes en lo profundo de sí mismo. Sí, fue un hombre de paz, un hombre de bien; fue un buen hombre. ¿Cómo? ¿no se lo he dicho aún? Francisco, señor. Francisco era su nombre. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Mi país está “desencantao”

Publicado: 28 septiembre, 2012 en REFLEXIONES
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MI PAÍS ESTÁ “DESENCANTAO”
BENE LUIS GALÁN, benegalan@hotmail.com
TALAYUELA (CÁCERES).

ECLESALIA, 28/09/12.- Llevo un mes en España, estoy aterrizando de mi experiencia de VOLPA, el programa de voluntariado Internacional de la Fundación Entreculturas ONGD la que me ha regalado la oportunidad de estar como voluntaria en las Comunidades Eclesiales de Base en Nicaragua durante dos años, y ahora, en estos momentos me atrevo a compartir mis primeras impresiones.

Dejé España como ese país al que todos querían llegar y donde todos queríamos estar, porque aquí se cumplían nuestros verdaderos sueños… y a mi vuelta lo encuentro no solamente con que nos están robando la oportunidad de soñar, sino que además esta “desencantao”, y lo que es peor éste desencanto nos esta paralizando…

 “Todo el mundo habla de la crisis aunque no la sufra… todo el mundo oye hablar de la crisis y siente pánico… todo el mundo vive la crisis atrincherado en si mismo pensando que puede ser la próxima víctima y está “acobardao”…

A alguien le interesa mantenernos así… Y lo que es peor aun, se lo estamos poniendo en bandeja… se lo estamos consintiendo…

Yo pensaba desde Nicaragua, que a lo mejor toda esta crisis nos devolvía la ilusión por empezar a vivir de nuevo con otros valores que creíamos tener perdidos… valores como la solidaridad y que ahora tenemos oportunidad de poner en práctica, valores como la justicia social donde hay mucha cancha para poder apelar y apoyar, o ese otro valor como es la igualdad y que tendría que ser una asignatura constante en nuestras vidas… y obligarnos a lanzar también nuestra mirada un poco mas allá … hacia el Sur … y apoyar y denunciar para que juntos puedan salir de esa eterna crisis que padecen…

Y esto no es imposible, sino todo lo contrario muy factible… pero un país desencantado es un país muerto…. y nadie merece vivir muriendo… Yo no quiero entrar en esta dinámica de desencanto, tristeza y decepción… sobretodo después de experimentar durante dos años que con ilusión, alegría y sin perder la esperanza… todo se puede conseguir y en momentos y circunstancias mucho mas difíciles por las que ahora aquí podemos estar pasando…

¿Como contagiar la alegría ante este desencanto?, Necesitamos el arrojo y la valentía que da el estar enamorado… todos tenemos algo o alguien a nuestro alrededor por el que sentimos cariño, cercanía, afecto… El vivir “enamorado” te acciona, te revoluciona, y te rebela… solo necesitamos un motivo para seguir luchando y le tenemos al lado, el otro. Un sueño en común… queremos otro mundo… ¿No es buen motivo para ponernos en marcha? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Dios, el César y el rey Midas

Publicado: 11 junio, 2012 en DENUNCIA / ANUNCIO
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DIOS, EL CÉSAR Y EL REY MIDAS
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 11/06/12.- Hace tiempo que la figura del rey Midas vuelve recurrentemente a mi pensamiento: telediarios, periódicos y, sobre todo, los comentarios de tantas personas preocupadas y sufriendo la situación económica actual.

He leído a Mc 12, 13-17 y visto, una vez más, la sabiduría y la chispa de Jesús no dejándose embaucar pon las artimañas hipócritas de los fariseos y partidarios de Herodes, que querían ponerle en un aprieto con el poder político de su tiempo; que salió airoso de la situación, como siempre, y nos dejó un claro mensaje sobre qué es una cosa y qué la otra: “Dad al César lo que es del César, y lo que es de Dios a Dios”.

Pero, he aquí, que hay un poderoso más sutil que el César; que esgrime otras armas para alcanzar fines más ambiciosos que los del propio César. No exhibe legiones pero ejerce un silencioso y sibilino arte para hacerse dueño de todo lo que toca, convirtiéndolo en amarillo y vil metal.

Ya escribí sobre este personaje, el rey Midas (ECLESALIA, 15/09/08) al inicio del debacle económico, después del “big-bang” de Lehman Brothers en el corazón de la economía de los Estados Unidos. Tras cuatro años de crisis, y aunque el personaje no salga en los periódicos, ha estado presente antes, durante… y aquí sigue.

Si el mitológico rey Midas convertía en oro todo lo que tocaba, se ha superado así mismo en nuestro tiempo, convirtiendo hasta la basura en oro. No hace falta recordar las conocidas “hipotecas-basura”, los créditos sub-prime, las tramas de corrupción, las fugas de capitales a paraísos fiscales (que se decían iban a ser eliminados), los pequeños pagando la deuda de los que generaron la deuda, etc.

“Dar al César lo que es del César”, está claro: lo que correspondía al César ya es de Midas. Pero como la ambición no tiene ni fronteras ni límites psicológicos para este personaje, tengo la impresión de que quiere apropiarse también de “lo que es de Dios”: la vida de los seres humanos, del planeta Tierra, la educación, la sanidad, los derechos humanos, el trabajo digno, el ocio, la belleza, la espiritualidad, la solidaridad, la fraternidad, la amistad, la risa y la sonrisa… Da miedo ¿no?

Quiere apropiarse de lo que nos hace libres porque es el sello de Dios en nosotros: el AMOR, convirtiéndolo en moneda de oro donde sólo figure su cara y esta inscripción: “Sólo yo, todo mío”.

¡Alto, rey Midas, una cosa es que se te de bien convertir hasta la basura en oro y otra muy diferente que puedas amagar la fuerza más potente del universo: el AMOR! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

El mejor amigo

Publicado: 30 mayo, 2012 en BIBLIA
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Santísima Trinidad (B) Mateo 28, 16-20
EL MEJOR AMIGO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,30/05/12.- En el núcleo de la fe cristiana en un Dios trinitario hay una afirmación esencial. Dios no es un ser tenebroso e impenetrable, encerrado egoístamente en sí mismo. Dios es Amor y solo Amor. Los cristianos creemos que en el misterio último de la realidad, dando sentido y consistencia a todo, no hay sino Amor.

Jesús no ha escrito ningún tratado acerca de Dios. En ningún momento lo encontramos exponiendo a los campesinos de Galilea doctrina sobre él. Para Jesús, Dios no es un concepto, una bella teoría, una definición sublime. Dios es el mejor Amigo del ser humano.

Los investigadores no dudan de un dato que recogen los evangelios. La gente que escuchaba a Jesús hablar de Dios y le veía actuar en su nombre, experimentaba a Dios como una Buena Noticia. Lo que Jesús dice de Dios les resulta algo nuevo y bueno. La experiencia que comunica y contagia les parece la mejor noticia que pueden escuchar de Dios. ¿Por qué?

Tal vez lo primero que captan es que Dios es de todos, no solo de los que se sienten dignos para presentarse ante él en el templo. Dios no está atado a un lugar sagrado. No pertenece a una religión. No es propiedad de los piadosos que peregrinan a Jerusalén. Según Jesús, “hace salir su sol sobre buenos y malos”. Dios no excluye ni discrimina a nadie. Jesús invita a todos a confiar en él: “Cuando oréis decid: ¡Padre!”.

Con Jesús van descubriendo que Dios no es solo de los que se acercan a él cargados de méritos. Antes que a ellos, escucha a quienes le piden compasión porque se sienten pecadores sin remedio. Según Jesús, Dios anda siempre buscando a los que viven perdidos. Por eso se siente tan amigo de pecadores. Por eso les dice que él “ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

También se dan cuenta de que Dios no es solo de los sabios y entendidos. Jesús le da gracias al Padre porque le gusta revelar a los pequeños cosas que les quedan ocultas a los ilustrados. Dios tiene menos problemas para entenderse con el pueblo sencillo que con los doctos que creen saberlo todo.

Pero fue, sin duda, la vida de Jesús, dedicado en nombre de Dios a aliviar el sufrimiento de los enfermos, liberar a poseídos por espíritus malignos, rescatar a leprosos de la marginación, ofrecer el perdón a pecadores y prostitutas…, lo que les convenció que Jesús experimentaba a Dios como el mejor Amigo del ser humano, que solo busca nuestro bien y solo se opone a lo que nos hace daño. Los seguidores de Jesús nunca pusieron en duda que el Dios encarnado y revelado en Jesús es Amor y solo Amor hacia todos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

O MELHOR AMIGO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

No núcleo da fé cristã num Deus trinitário há uma afirmação essencial. Deus não é um ser tenebroso e impenetrável, encerrado egoistamente em si mesmo. Deus é Amor e só Amor. Os cristãos, acreditamos que no mistério último da realidade, dando sentido e consistência a tudo, não há senão Amor.

Jesus não escreveu nenhum tratado acerca de Deus. Em nenhum momento o encontramos expondo aos camponeses da Galileia doutrina sobre Ele. Para Jesus, Deus não é um conceito, uma bela teoria, uma definição sublime. Deus é o melhor Amigo do ser humano.

Os investigadores não duvidam de um dado que recolhem dos evangelhos. As pessoas que escutavam Jesus a falar de Deus e o Viam atuar em seu nome, experimentavam Deus como uma Boa Nova. O que Jesus diz de Deus soa-lhes a algo de novo e bom. A experiência que comunica e contagia parece-lhes a melhor notícia que podem escutar de Deus. Por qué?

Tal vez o primeiro que captam é que Deus é de todos, não só dos que se sentem dignos para apresentar-se ante Ele no templo. Deus não está preso a um lugar sagrado. Não pertence a uma religião. Não é uma propriedade dos piedosos que peregrinam a Jerusalém. Segundo Jesus, “faz sair o Seu sol sobre bons e maus”. Deus não exclui nem discrimina ninguém. Jesus convida todos a confiar Nele: “Quando oreis dizei: Pai!”.

Com Jesus vão descobrindo que Deus não é só dos que se aproximam Dele carregados de méritos. Antes deles, escuta a quem lhe pede compaixão porque se sentem pecadores sem remédio. Segundo Jesus, Deus anda sempre procurando aos que vivem perdidos. Por isso se sente tão amigo de pecadores. Por isso lhes diz que Ele “veio procurar e salvar o que estava perdido”.

Também se dão conta de que Deus não é só dos sábios e entendidos. Jesus agradece ao Pai porque gosta de revelar aos pequenos coisas que estão ocultas aos ilustrados. Deus tem menos problemas para entender-se com o povo simples do que com os doutos que acreditam saber todo.

Mas foi, sem dúvida, a vida de Jesus, dedicada em nome de Deus a aliviar o sofrimento dos doentes, libertar os possuídos por espíritos malignos, resgatar leprosos da marginação, oferecer o perdão a pecadores e prostitutas…, o que os convenceu que Jesus experimentava Deus como o melhor Amigo do ser humano, que só procura o nosso bem r apenas se opõem ao que nos faz mal. Os seguidores de Jesus nunca puseram em dúvida que o Deus encarnado e revelado em Jesus é Amor e só Amor para todos.

 

IL MIGLIORE AMICO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Nel nucleo della fede cristiana in un Dio trinitario c’è un’affermazione essenziale. Dio non è un essere tenebroso e impenetrabile, chiuso egoisticamente in se stesso. Dio è Amore e solo Amore. Noi cristiani crediamo che nel mistero ultimo della realtà, a dare senso e consistenza a tutto, non c’è che Amore.

Gesù non ha scritto nessun trattato su Dio. Non lo troviamo mai che espone ai contadini di Galilea una dottrina su di lui. Per Gesù, Dio non è un concetto, una bella teoria, una definizione sublime. Dio è il migliore Amico dell’essere umano.

I ricercatori non dubitano di un dato che gli evangeli raccolgono. La gente che ascoltava Gesù parlare di Dio e lo vedeva agire nel suo nome, sperimentava Dio come una Buona Notizia. Ciò che Gesù dice di Dio risulta loro come qualcosa di nuovo e di buono. L’esperienza che comunica e contagia sembra loro la migliore notizia che possano ascoltare di Dio. Perché?

Forse la prima cosa che colgono è che Dio è di tutti, non solo di quelli che si sentono degni di presentarsi davanti a lui nel tempio. Dio non è legato a un luogo sacro. Non appartiene a una religione. Non è proprietà dei devoti che fanno il pellegrinaggio a Gerusalemme. Secondo Gesù, fa sorgere il suo sole sui buoni e sui cattivi. Dio non esclude né discrimina nessuno. Gesù invita tutti a confidare in lui: Quando pregate dite: Padre!

Con Gesù vanno scoprendo che Dio non è solo di quelli che si avvicinano a lui pieni di meriti. Prima di questi, ascolta quelli che gli chiedono compassione, perché si sentono irrimediabilmente peccatori. Secondo Gesù, Dio va sempre cercando quelli che vivono smarriti. Per questo si sente tanto amico di peccatori. Per questo dice loro che è venuto a cercare e salvare quel che era perduto.

Si rendono anche conto che Dio non è solo dei sapienti e dei dotti. Gesù rende grazie al Padre perché gli piace rivelare ai piccoli cose che restano nascoste ai sapienti. Dio ha meno problemi a intendersi con la gente semplice che con i dotti che credono di sapere tutto.

Ma fu, indubbiamente, la vita di Gesù, dedito in nome di Dio ad alleviare la sofferenza degli infermi, a liberare i posseduti dagli spiriti maligni, a riscattare i lebbrosi dall’emarginazione, a offrire il perdono a peccatori e prostitute… quello che li convinse che Gesù sperimentava Dio come il miglior Amico dell’essere umano, che cerca solo il nostro bene e si oppone soltanto a quello che ci fa male. I seguaci di Gesù non misero mai in dubbio che il Dio incarnato e rivelato in Gesù è Amore e solo Amore per tutti.

 

LE MEILLEUR AMI

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Au cœur de la foi chrétienne en un Dieu trinitaire il y a une affirmation essentielle. Dieu n’est pas un être obscur et impénétrable, renfermé de façon égoïste sur lui-même. Dieu est Amour et rien qu’Amour. Nous, chrétiens, nous croyons que dans le mystère ultime de la réalité, il n’y a que l’Amour qui donne sens et consistance à tout.

Jésus n’a écrit aucun traité sur Dieu. On ne le trouve jamais en train de faire aux paysans de Galilée un exposé sur lui. Pour Jésus, Dieu n’est pas un concept, une belle théorie, une définition sublime. Dieu est le meilleur Ami de l’être humain.

Les chercheurs n’ont aucun doute à propos d’une donnée recueillie dans les évangiles. Les gens qui entendaient Jésus parler de Dieu et qui le voyaient agir en son nom, expérimentaient Dieu comme une Bonne Nouvelle. Ils ressentent ce que Jésus dit à propos de Dieu comme quelque chose de neuf et de bon. L’expérience qu’il communique et qu’il répand leur paraît la meilleure nouvelle qu’ils peuvent entendre sur Dieu. Pourquoi ?

La première chose qu’ils comprennent peut-être, c’est que Dieu est à tout le monde et non pas seulement à ceux qui se sentent dignes de se présenter devant lui dans le temple. Dieu n’est pas attaché à un lieu sacré. Il n’appartient à aucune religion. Il n’est pas la propriété des personnes pieuses qui font le pèlerinage à Jérusalem. D’après Jésus, « il fait lever le soleil sur les bons et sur les méchants ». Dieu n’exclut et ne discrimine personne. Jésus invite tout le monde à lui faire confiance : « Lorsque vous priez, dites : Père ! ».

Avec Jésus, ils découvrent progressivement que Dieu n’appartient pas seulement à ceux qui se rapprochent de lui chargés de mérites. Plutôt que de les écouter, il écoute ceux qui, se sentant des pécheurs impénitents, implorent sa miséricorde. D’après Jésus, Dieu est toujours en train de chercher ceux qui se sentent perdus. C’est pour cela qu’il se sent l’ami des pécheurs et qu’il leur dit «être venu chercher et sauver ce qui était perdu ».

Ils se rendent compte aussi que ce n’est pas le Dieu des sages et des savants. Jésus rend grâce au Père car il lui plaît de révéler aux petits ce qui est caché aux yeux des savants. C’est plus facile pour Dieu de s’entendre avec les gens simples du peuple qu’avec les sages qui croient tout connaître.

Mais ce qui les a sans doute le plus convaincu que Jésus expérimentait Dieu comme le meilleur Ami de l’être humain, ne cherchant que notre bien et s’opposant seulement à ce qui peut nous nuire, c’est la vie de Jésus, consacré au nom de Dieu à soulager la souffrance des malades, à libérer les possédés des esprits mauvais, à racheter les lépreux de leur marginalisation, à offrir le pardon aux pécheurs et aux prostituées… Les disciples de Jésus n’ont jamais mis en question que le Dieu incarné et révélé en Jésus est Amour et rien qu’Amour à l’égard de tous.

The Best Friend

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

At the centre of our Christian faith in a Triune God there is an essential affirmation. God is not a fearsome or impenetrable being, selfishly locked upon himself. Christians believe that the ultimate reality that gives substance and meaning to everything is Love.

Jesus never wrote a treatise on God himself. We never found him teaching the simple farming people ofGalileea doctrine about God. For Jesus, God was not a concept, a beautiful idea or a sublime theory. God was, simply, humanity’s best friend.

Scripture experts have never questioned something that appears clearly in the gospels. The people who listened to Jesus speak about God and those who saw Him acting in his name always felt God’s presence as Good News. Whatever Jesus said about God was always good and new. Whatever He told them and made them feel and experience became the best news they had ever heard about God. Why?

First of all, they learned that God belongs to all, not only to those that were, at the time, allowed to enter the Temple. God’s presence was not found in sacred places and did not belong only to some religions. God was not the property of those few who could afford and made a pilgrimage to Jerusalem. According to Jesus, “God makes the sun rise upon the good and the bad.” God does not discriminate or exclude anyone. God welcomes everyone to trust in Him: “Whenever you pray, say, “Father!”

As they listened to Jesus, people realized that God belonged not only to those who had merited special favours. Before anyone else, Jesus listened to those who asked forgiveness for their sins. As Jesus always preached, God is looking out for the lost ones. He is a true friend of the sinners and those in need of compassion. He kept saying, “I have come to seek and save those who are lost.”

People also realized that God does not belong only to the wise and the learned. Jesus thanked his Father because he had revealed those things to the little ones, while they remained hidden to the wise. God has little problem making himself understood by the simple folk, unlike the wise who claim to know everything.

Ultimately, however, it was the living Jesus, in God’s name, who came to heal the sick, to free those possessed by evil spirits, cure the lepers, and offer forgiveness to sinners and prostitutes, that finally convinced people that God was the best friend of humanity: He only wants the best for us and he is against anything that can harm us. Jesus’ disciples and followers never questioned that the Incarnate God, revealed in Jesus, is Love and only Love for all of us.

 

ADISKIDERIK HOBENA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jainko hirukoitzari dagokion kristau-fedearen muinean bada funtsezko den baieztapen bat. Jainkoa ez da izaki ilun eta barneraezina, bere baitan era egoistan hesitua. Maitasuna da Jainkoa, eta Maitasuna soilik. Kristauek sinesten dugu ezen errealitatearen azken misterioan, den guztiari zentzua eta izatasuna emanez, ez dagoela Maitasuna baizik.

Jesusek ez du idatzi inolako trataturik Jainkoaz. Behin ere ez da ageri Galileako jendeari Jainkoaz dotrina irakasten. Jesusentzat, Jainkoa ez da kontzeptu bat, ez da teoria eder bat, ez da definizio ikusgarri bat. Gizakiaren Adiskiderik hobena da Jainkoa.

Ikertzaileek ez dute dudarik ebanjelioetan ageri den datu batez. Jesusi Jainkoaz hitz egiten entzuten zionak eta haren izenean jarduten ikusten zuenak, Jainkoa Berri Ona dela sentitzen zuen. Jesusek Jainkoaz esaten diona zerbait berri eta zerbait on iruditzen zaio. Jainkoaz entzun dezakeen albisterik onena iruditzen zaio Jesusek komunikatzen eta kutsatzen duen esperientzia. Zergatik?

Agian, hau da jendeak sumatzen duen lehenengo gauza: gizon-emakume guztien Jainkoa dela, eta ez tenpluan haren aurrean agertzeko duin direla pentsatzen dutenena bakarrik. Jainkoa ez dago leku sakratu bati lotua. Ez da erlijio bakar batena ere. Ez da Jerusalemera erromes joan ohi den jende jainkozalearena ere. Jesusen arabera, «onen eta gaiztoen gainera aterarazten du eguzkia». Jainkoak ez du inor, ez baztertzen ez bereizten. Jesusek denak gonbidatzen ditu Jainkoagan konfiantza izatera: «Otoitz egitean esazue: Aita!»

Jesusekin aurkituz doaz ezen Jainkoa ez dela harengana merezimenduz beterik hurbiltzen direnena soilik. Halakoei baino lehen, erremediorik gabeko bekatari direla pentsatuz, erruki eske doazkionei entzuten die. Jesusen arabera, galdurik bizi direnen bila ibili ohi da Jainkoa beti. Horregatik sentitzen da Jesus hain adiskide bekatarien aurrean. Horregatik esaten die bera «galdua zenaren bila etorri dela eta hura salbatzera».

Konturatu da ere jendea Jainkoa ez dela jakintsuena eta adituena soilik. Jesusek eskerrak eman dizkio Aitari, gustuko duelako adituentzat ezkutuko diren gauzak xumeei agertzea. Jainkoak arazo gutxiago izan ohi du herri xumearekin konpontzeko, dena dakitela uste duten jakintsuekin baino.

Baina Jesusen bizierak, Jainkoaren izenean gaixoen sufrimena arintzera emanak, espiritu gaiztoak harturik zituenak askatzera, lepradunak marjinaziotik libratzera, bekatariei eta prostituituei barkazioa eskaintzera emana zen Jesusen bizierak… sentiarazi zion jendeari konbentzimendu hau: alegia, gizakiaren Adiskiderik hobena bezala ikusten zuela Jainkoa Jesusek, soilik gure ongia bilatzen duena bezala, soilik kalte egiten digunaren kontra jartzen dena bezala. Jesusen jarraitzaileek ez zuten sekula dudarik izan honetaz: Jainko gizon egina eta Jesusengan agertua Maitasuna dela eta soilik Maitasuna gizon-emakume guztientzat.

 

EL MILLOR AMIC

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Al nucli de la fe cristiana en un Déu trinitari hi ha una afirmació essencial. Déu no és un ésser tenebrós i impenetrable, tancat egoistament en si mateix. Déu és Amor i només Amor. Els cristians creiem que en el misteri últim de la realitat, donant sentit i consistència a tot, no hi ha res més que Amor.

Jesús no ha escrit cap tractat sobre Déu. En cap moment el trobem exposant als camperols de Galilea doctrina sobre ell. Per a Jesús, Déu no és un concepte, una bella teoria, una definició sublim. Déu és el millor amic de l’ésser humà.

Els investigadors no dubten d’una dada que recullen els evangelis. La gent que escoltava Jesús parlar de Déu i el veia actuar en nom seu, experimentava Déu com una Bona Notícia. El que Jesús diu de Déu els resulta una cosa nova i bona. L’experiència que comunica i encomana els sembla la millor notícia que poden escoltar de Déu. Per què?

Potser el primer que capten és que Déu és de tots, no només dels que se senten dignes per presentar-se davant seu en el temple. Déu no està lligat a un lloc sagrat. No pertany a una religió. No és propietat dels pietosos que peregrinen a Jerusalem. Segons Jesús, “fa sortir el sol sobre bons i dolents”. Déu no exclou ni discrimina ningú. Jesús convida tothom a confiar en ell: “Quan pregueu digueu: Pare!”.

Amb Jesús van descobrint que Déu no és només dels que s’acosten a ell carregats de mèrits. Abans que a ells, escolta els que li demanen compassió perquè se senten pecadors sense remei. Segons Jesús, Déu va sempre buscant els que viuen perduts. Per això se sent tan amic de pecadors. Per això els diu que ell “ha vingut a buscar i salvar allò que s’havia perdut”.

També s’adonen que Déu no és només dels savis i dels entesos. Jesús dóna gràcies al Pare perquè li agrada revelar als petits coses que els queden ocultes als il•lustrats. Déu té menys problemes per entendre’s amb el poble senzill que amb els doctes que creuen saber-ho tot.

Però va ser, sens dubte, la vida de Jesús, dedicat en nom de Déu a alleujar el sofriment dels malalts, alliberar posseïts per esperits malignes, rescatar leprosos de la marginació, oferir el perdó a pecadors i prostitutes …, la qual cosa els va convèncer que Jesús experimentava Déu com el millor Amic de l’ésser humà, que només cerca el nostre bé i només s’oposa al que ens fa mal. Els seguidors de Jesús mai van posar en dubte que el Déu encarnat i revelat en Jesús és Amor i només Amor per a tothom.

O MELLOR AMIGO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

No núcleo da fe cristiá nun Deus trinitario hai unha afirmación esencial: Deus non é un ser tenebroso e impenetrábel, fechado egoistamente en si mesmo. Deus é Amor e só Amor. Os cristiáns cremos que no misterio último da realidade, dando sentido e consistencia a todo, non hai senón Amor.

Xesús non escribiu ningún tratado acerca de Deus. En ningún momento o atopemos expondo aos campesiños de Galilea doutrina sobre el. Para Xesús, Deus non é un concepto, unha bela teoría, unha definición sublime. Deus é o mellor Amigo do ser humano.

Os investigadores non dubidan dun dato que recollen os evanxeos. A xente que escoitaba a Xesús falar de Deus e o vía actuar no seu nome, experimentaba a Deus como unha Boa Noticia. O que Xesús di de Deus resúltalles algo novo e bo. A experiencia que comunica e contaxia parécelles a mellor noticia que poden escoitar de Deus. Por que?

Talvez o primeiro que captan é que Deus é de todos, non só dos que se senten dignos para presentarse ante el no templo. Deus non está atado a un lugar sacro. Non pertence a unha relixión. Non é propiedade dos piadosos que peregrinan a Xerusalén. Segundo Xesús, “fai saír o seu sol sobre bos e malos”. Deus non exclúe nin discrimina a ninguén. Xesús invita a todos a confiar nel: “Cando oredes dicide: ¡Pai!”.
Con Xesús van descubrindo que Deus non é só dos que se achegan a el cargados de méritos. Antes ca eles, escoita a quen lle piden compaixón porque se senten pecadores sen remedio. Segundo Xesús, Deus anda sempre buscando aos que viven perdidos. Por iso se sente tan amigo de pecadores. Por iso lles di que el “veu buscar e salvar o que estaba perdido”.

Tamén se decatan de que Deus non é só dos sabios e entendidos. Xesús dálle grazas ao Pai porque lle gusta revelar aos pequenos cousas que fican ocultas aos ilustrados. Deus ten menos problemas para entenderse co pobo sinxelo ca cos doutos que cren sabelo todo.

Pero foi, sen dúbida, a vida de Xesús, dedicado en nome de Deus a aliviar o sufrimento dos enfermos, liberar a posuídos por espíritos malignos, rescatar a leprosos da marxinación, ofrecer o perdón a pecadores e prostitutas,… , o que os convenceu que Xesús experimentaba a Deus como o mellor Amigo do ser humano, que só busca o noso ben e só se opón ao que nos fai dano. Os seguidores de Xesús nunca puxeron en dúbida que o Deus encarnado e revelado en Xesús é Amor e só Amor cara a todos.

Al estilo de Jesús

Publicado: 9 mayo, 2012 en BIBLIA
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6 Pascua (B) Juan 15,9-17
AL ESTILO DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,09/05/12.- Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ha querido apasionadamente. Los ha amado con el mismo amor con que lo ha amado el Padre. Ahora los tiene que dejar. Conoce su egoísmo. No saben quererse. Los ve discutiendo entre sí por obtener los primeros puestos. ¿Qué será de ellos?

Las palabras de Jesús adquieren un tono solemne. Han de quedar bien grabadas en todos: “Éste es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado”. Jesús no quiere que su estilo de amar se pierda entre los suyos. Si un día lo olvidan, nadie los podrá reconocer como discípulos suyos.

De Jesús quedó un recuerdo imborrable. Las primeras generaciones resumían así su vida: “Pasó por todas partes haciendo el bien”. Era bueno encontrarse con él. Buscaba siempre el bien de las personas. Ayudaba a vivir. Su vida fue una Buena Noticia. Se podía descubrir en él la cercanía buena de Dios.

Jesús tiene un estilo de amar inconfundible. Es muy sensible al sufrimiento de la gente. No puede pasar de largo ante quien está sufriendo. Al entrar un día en la pequeña aldea de Naín, se encuentra con un entierro: una viuda se dirige a dar tierra a su hijo único. A Jesús le sale desde dentro su amor hacia aquella desconocida: “Mujer, no llores”. Quien ama como Jesús, vive aliviando el sufrimiento y secando lágrimas.

Los evangelios recuerdan en diversas ocasiones cómo Jesús captaba con su mirada el sufrimiento de la gente. Los miraba y se conmovía: los veía sufriendo, o abatidos o como ovejas sin pastor. Rápidamente, se ponía a curar a los más enfermos o a alimentarlos con sus palabras. Quien ama como Jesús, aprende a mirar los rostros de las personas con compasión.

Es admirable la disponibilidad de Jesús para hacer el bien. No piensa en sí mismo. Está atento a cualquier llamada, dispuesto siempre a hacer lo que pueda. A un mendigo ciego que le pide compasión mientras va de camino, lo acoge con estas palabras: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Con esta actitud anda por la vida quien ama como Jesús.

Jesús sabe estar junto a los más desvalidos. No hace falta que se lo pidan. Hace lo que puede por curar sus dolencias, liberar sus conciencias o contagiar confianza en Dios. Pero no puede resolver todos los problemas de aquellas gentes.

Entonces se dedica a hacer gestos de bondad: abraza a los niños de la calle: no quiere que nadie se sienta huérfano; bendice a los enfermos: no quiere que se sientan olvidados por Dios; acaricia la piel de los leprosos: no quiere que se vean excluidos. Así son los gestos de quien ama como Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

AO ESTILO DE JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Jesus despede-se dos Seus discípulos. Los ha querido apasionadamente. Amou-os com o mesmo amor com que o amou o Pai. Agora tem de os deixar. Conhece o Seu egoísmo. Não sabem querer-se. Vê-os discutindo entre si para obter os primeiros lugares. Que será deles?

As palavras de Jesus adquirem um tom solene. Hão-de ficar bem gravados em todos: “Este é o Meu mandato: que vos ameis uns aos outros como Eu vos amei”. Jesus não quer que o Seu estilo de amar se perda entre os Seus. Se um dia o esquecem, ninguém os poderá reconhecer como discípulos Seus.

De Jesus ficou uma recordação inesquecível. As primeiras gerações resumiam assim a Sua vida: “Passou por toda a parte fazendo o bem”. Era bom encontrar-se com Ele. Procurava sempre o bem das pessoas. Ajudava a viver. A Sua vida foi uma Boa Nova. Podia-se descobrir Nele a proximidade boa de Deus.

Jesus tem um estilo de amar inconfundível. É muito sensível ao sofrimento das pessoas. Não pode passar ao lado de quem está a sofrer. Ao entrar um dia na pequena aldeia de Naín, encontra-se com um enterro: uma viúva vai a enterrar o seu filho único. A Jesus sai de dentro o Seu amor para com aquela desconhecida: “Mulher, não chores”. Quem ama como Jesus, vive aliviando o sofrimento e secando lágrimas.

Os evangelhos recordam em diversas ocasiões como Jesus captava com o Seu olhar o sofrimento das pessoas. Olhava-as e comovia-se: via-os sofrendo, ou abatidos ou como ovelhas sem pastor. Rapidamente, punha-se a curar aos mais doentes ou a alimentá-los com as Suas palavras. Quem ama como Jesus, aprende a olhar os rostos das pessoas com compaixão.

É admirável a disponibilidade de Jesus para fazer o bem. Não pensa em si mesmo. Está atento a qualquer chamada, disposto sempre a fazer o que possa. A um mendigo cego que lhe pede compaixão quando passa, acolhe-o com estas palavras: “Que queres que faça por ti?”. Com esta atitude anda pela vida quem ama como Jesus.

Jesus sabe estar junto aos mais desvalidos. Não faz falta que lho peçam. Faz o que pode por curar as suas doenças, libertar as suas consciências ou contagiar confiança em Deus. Mas não pode resolver todos os problemas daquelas pessoas.

Então dedica-se a fazer gestos de bondade: abraça as crianças da rua: não quer que ninguém se sinta órfão; abençoa os doentes: não quer que se sintam esquecidos por Deus; acaricia a pele dos leprosos: não quer que se vejam excluídos. Assim são os gestos de quem ama como Jesus.

 

AL MODO DI GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù sta prendendo congedo dai suoi discepoli. Li ha amati appassionatamente. Li ha amati con lo stesso amore col quale lo ha amato il Padre. Ora li deve lasciare. Conosce il loro egoismo. Non sanno amarsi. Li vede che discutono tra loro per avere i primi posti. Cosa sarà di loro?

Le parole di Gesù acquistano un tono solenne. Devono rimanere ben impresse in tutti: Questo è il mio comandamento: che vi amiate gli uni gli altri come io ho amato voi. Gesù non vuole che il suo modo di amare si perda tra i suoi. Se un giorno lo dimenticano, nessuno li potrà riconoscere come suoi discepoli.

Di Gesù rimase un ricordo incancellabile. Le prime generazioni riassumevano così la sua vita: “Passò ovunque facendo il bene”. Era cosa buona incontrarsi con lui. Cercava sempre il bene delle persone. Aiutava a vivere. La sua vita fu una Buona Notizia. Si poteva riconoscere in lui la vicinanza buona di Dio.

Gesù ha un modo di amare inconfondibile. È molto sensibile alla sofferenza della gente. Non può non fermarsi davanti a chi sta soffrendo. Nell’entrare un giorno nel piccolo villaggio di Nain, incontra un funerale: una vedova va a seppellire il suo figlio unico. A Gesù esce dal cuore il suo amore per quella sconosciuta: Donna, non piangere. Chi ama come Gesù, vive alleviando la sofferenza e asciugando lacrime.

Gli evangeli ricordano in diverse occasioni come Gesù coglieva col suo sguardo la sofferenza della gente. Li guardava e si commuoveva: li vedeva sofferenti, o abbattuti o come pecore senza pastore. Subito si metteva a guarire i più malati o a sostenerli con le sue parole. Chi ama come Gesù, impara a guardare i volti delle persone con compassione.

È ammirabile la disponibilità di Gesù a fare il bene. Non pensa a se stesso. È attento a qualsiasi chiamata, disposto sempre a fare quel che può. Un mendicante cieco che gli chiede compassione mentre va per la via, lo accoglie con queste parole: Che vuoi che faccia per te? Con questo atteggiamento cammina nella vita chi ama come Gesù.

Gesù sa stare accanto ai più derelitti. Non c’è bisogno che glielo chiedano. Fa quel che può per guarire le loro malattie, liberare le loro coscienze o contagiare fiducia in Dio. Ma non può risolvere tutti i problemi di quella gente.

Allora si dedica a fare gesti di bontà: abbraccia i bambini della strada: non vuole che alcuno si senta orfano; benedice gli infermi: non vuole che si sentano dimenticati da Dio; accarezza la pelle dei lebbrosi: non vuole che si vedano esclusi. Così sono i gesti di chi ama come Gesù.

 

A LA MANIERE DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus prend congé de ses disciples. Il les a aimés jusqu’au bout. Il les a aimés du même amour qu’il a aimé le Père. Maintenant, il doit les quitter. Il connaît leur égoïsme. Ils ne savent pas s’aimer. Il les voit en train de discuter pour obtenir les premières places. Que deviendront-ils?

Les paroles de Jésus acquièrent un ton solennel. Elles devront rester bien gravées dans leurs cœurs : « Voici mon commandement : aimez-vous les uns les autres comme je vous ai aimés ». Jésus ne veut pas que sa façon d’aimer vienne à se perdre parmi les siens. Si un jour ils l’oublient, personne ne pourra les reconnaître comme ses disciples.

Il est resté de Jésus un souvenir inoubliable. Voici comment les premières générations résumaient sa vie : « Il est passé partout en faisant le bien ». Il était bon de le rencontrer. Il cherchait toujours le bien des personnes. Il aidait à vivre. Sa vie était une Bonne Nouvelle. On pouvait découvrir en lui la proximité bienfaisante de Dieu.

Jésus a une manière d’aimer qui ne trompe pas. Il est très sensible à la souffrance des gens. Il ne peut pas se dérober devant celui qui souffre. En entrant un jour dans le petit village de Naïm, il se trouve face à un enterrement : une veuve qui va enterrer son fils unique. L’amour de Jésus à l’égard de cette femme inconnue jaillit de ses entrailles : « Femme, ne pleure pas ». Celui qui aime comme Jésus soulage la souffrance des autres et essuie leurs larmes.

Les évangiles rappellent à maintes reprises comment Jésus captait de son regard la souffrance des gens. Il les regardait et il en était touché : il les voyait abattus, en train de souffrir ou comme des brebis sans pasteur. Il se mettait tout de suite à soigner les plus malades ou à les nourrir de sa parole. Celui qui aime comme Jésus, apprend à regarder avec compassion les visages des personnes.

Elle est admirable la disponibilité de Jésus à faire le bien. Il ne pense pas à lui-même. Il est attentif à tout appel, toujours prêt à faire ce qu’il peut. Il accueille un mendiant aveugle qui, sur son chemin, sollicite sa pitié et il l’accueille avec ces mots : « Que veux-tu que je fasse pour toi ? » C’est l’attitude de celui qui vit en aimant comme Jésus.

Jésus sait être avec les plus démunis. On n’a pas besoin de le lui demander. Il fait tout son possible pour soulager leurs souffrances, libérer leurs consciences et communiquer la confiance en Dieu. Mais il ne peut résoudre tous les problèmes de ces gens-là.

Il se consacre alors à poser des gestes de bonté: il embrasse les enfants de la rue : il ne veut que personne se sente orphelin; il bénit les malades : il ne veut pas qu’ils se sentent oubliés par Dieu; il caresse la peau des lépreux: il ne veut pas qu’ils se voient exclus. Voilà les gestes de ceux qui aiment comme Jésus.

EAST – JESUS’ STYLE –

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus is bidding farewell to his disciples. He has loved them passionately, just as His Father has loved him. Now he is about to leave them behind. They have not learned to love each other: they continue to discuss among themselves and fight for the first places at table. What will happen to them?

Jesus’ words become serious and solemn. He wants everyone to pay special attention to this: “This is my commandment: love one another as I have loved you.” Jesus does not want that his style of loving his own be lost, because, if one day they forget it, then nobody will recognize them as His disciples.

Jesus would always be remembered for this: “He always went about doing good.” Everyone who had seen Him considered himself lucky. He always tried to do good to others. He helped everyone to have a better life. His own life became Good News. Everyone saw in Him God’s own presence.

Jesus had a unique style of loving. He was sensitive to people’s suffering. He couldn’t go by anyone who seemed to be suffering. Once, when he entered the villageof Nain, He ran into a funeral procession: a widowed mother was taking her only son to be buried. Jesus, at once, spoke to her with compassion: “Woman, please, do not cry!” Anyone who can love like Jesus would live wiping everyone’s tears and alleviating their suffering.

The Gospels remind us on several occasions how Jesus was able to read in people faces their suffering. He looked at them and was moved to compassion: He noticed their suffering like sheep without a shepherd. At once, he would start taking care of the sick or feeding them with words of encouragement. Anyone who learns to love like Jesus did will be able to look at the suffering people with compassion.

It is amazing the way Jesus seemed always willing and ready to do good to others. He was never thinking about himself. He seemed waiting for people’s call and set to do anything He could. To a blind beggar who begged for help along the way, Jesus responded with these words: “What can I do for you?” That should be the attitude of anyone trying to live Jesus’ doctrine.

Jesus knows how to find those who need Him most. They do not have to beg Him for help. He does everything he can to heal their wounds, relieve their sufferings and build their faith in God. Of course, He is not going to solve all their problems.

But He will continue to show gestures of goodness to all: He will embrace children in the street. He does not want anyone to feel loveless; He will bless the sick; nobody should feel that God does not care for him; He will touch and comfort the lepers so that they don’t feel excluded. These should be the gestures of anyone who loves us as Jesus does.

 

JESUSEN MAITATZEKO ERA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ikasleei agur esaten ari da Jesus. Biziki maite izan ditu. Aitak bera maite izan duen maitasun beraz maite izan ditu. Haiek utzi beharra etorri zaio orain. Ez dakite elkar maitatzen. Beren artean ezbaian ikusi ditu lehen jarlekuen bila. Zer izango ote haietaz?

Jesusen hitzek tonuera jasoa dute. Guztien bihotzean ondo ezarriak gelditu behar dute: «Hona nire agindua: maita dezazuela elkar nik maite izan zaituztedan bezala». Jesusek ez du nahi bere maitatzeko era ikasleek gal dezaten. Egunen batean ahazten badute, ezin hartuko ditu inork Jesusen ikasletzat.

Ezabaezineko oroitzapena gorde zuten. Honela laburtu zuten haren bizitza lehen belaunaldiek: «Alde guztietan on eginez igaro zen». Gauza ona zen harekin topo egitea. Jendearen ongia bilatu zuen beti. Nola bizi irakasten zuen. Berri On izan zen haren bizitza. Jainkoaren hurbiltasuna suma zitekeen haren baitan.

Nahastezineko era du Jesusek maitatzean. Oso sentibera da jendearen sufrimenduaren aurrean. Ezin jiratu da beste aldera norbait sufritzen ikustean. Behin batean Naingo herrixkan sartzean, lur emate batekin egin du topo: emakume alargun bat bere seme bakarrari lur ematera doa. Barru-barrutik jaio zaio Jesusi ezezagun harenganako maitasuna: «Emakume, ez negar egin». Jesusek bezala maite duena, sufrimena nola arinduko bizi ohi da eta malkoak nola lehortuko.

Ebanjelioek une askotan gogoratzen dute nola atzematen zuen Jesusek bere begiez jendearen sufrimena. Halakoei begira jarri eta hunkitu egiten zen: sufritzen sumatzen zituen, edo lur jota, edo artzainik gabeko ardi bezala. Berehala, gaixoenak sendatzeari ekiten zion edota bere hitzaz elikatzera. Jesusek bezala maite duenak, jendeari aurpegira errukiz begiratzen ikasten du.

Miresgarria da Jesusen prestasuna jendeari on egiteko. Ez dago bere buruari begira. Edozein deiri egiten dio kasu, beti ahal duena egiteko prest. Bidean doala eskale itsu batek errukitzeko eskatu dionean, hitz hauekin egin dio harrera: «Zer nahi duzu nik zuri egitea? Jarrera horixe izan ohi du bizitzan, Jesusek bezala maite duenak.

Badaki Jesusek ezindu handienen ondoan egoten. Ez du beharrik ezer eska diezaioten. Ahal duena egiten du haien oinazea sendatzeko, haien kontzientzia askatzeko edota Jainkoarekiko konfiantza kutsatzeko. Baina ezin konpondu ditu jende haren arazo guztiak.

Hargatik, ontasun-keinuak egiten ditu: kaleko haurrak besarkatu: ez du inor ikusi nahi umezurtz; gaixoak bedeinkatu: ez du nahi Jainkoak utzi dituenik senti dezaten; lepradunen azala ferekatu: ez du nahi bazter utziak direnik pentsa dezaten. Horrelakoak dira Jesusek bezala maite duenaren keinuak.

 

L’ESTIL DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús s’està acomiadant dels seus deixebles. Els ha estimat apassionadament. Amb el mateix amor que l’ha estimat el Pare. Ara els ha de deixar. Coneix el seu egoisme. No saben estimar-se. Els veu discutint entre si per obtenir els primers llocs. Què en serà d’ells?

Les paraules de Jesús adquireixen un to solemne. Han de quedar ben gravades en tots: “Aquest és el meu manament: que us estimeu els uns als altres tal com jo us he estimat”. Jesús no vol que el seu estil d’estimar es perdi entre els seus. Si un dia l’obliden, ningú els podrà reconèixer com a deixebles seus.

De Jesús va quedar-ne un record inesborrable. Les primeres generacions resumien així la seva vida: “Va passar per tot arreu fent el bé”. Era bo trobar-se amb ell. Buscava sempre el bé de les persones. Ajudava a viure. La seva vida va ser una Bona Notícia. S’hi podia descobrir la proximitat bona de Déu.

Jesús té un estil d’estimar inconfusible. És molt sensible al patiment de la gent. No pot passar de llarg davant de qui està patint. En entrar un dia a la petita vila de Naïm, es troba amb un enterrament: una vídua duia a enterrar el seu fill únic. A Jesús li surt des de dins el seu amor cap aquella desconeguda: “No ploris”. Qui estima com Jesús, viu alleujant el patiment i eixugant llàgrimes.

Els evangelis recorden en diverses ocasions com Jesús captava amb la seva mirada el patiment de la gent. Els mirava i es commovia: els veia patint, o abatuts o com ovelles sense pastor. Ràpidament, es posava a guarir els més malalts o alimentar-los amb les seves paraules. Qui estima com Jesús, aprèn a mirar les cares de les persones amb compassió.

És admirable la disponibilitat de Jesús per fer el bé. No pensa en si mateix. Està atent a qualsevol crida, disposat sempre a fer el que pugui. A un captaire cec que li demana compassió mentre va de camí, l’acull amb aquestes paraules: “Què vols que faci per tu?”. Amb aquesta actitud va per la vida qui estima com Jesús.

Jesús sap estar al costat dels més desvalguts. No cal que l’hi demanin. Fa el que pot per guarir les seves malalties, alliberar les seves consciències o contagiar confiança en Déu. Però no pot resoldre tots els problemes d’aquella gent.

Llavors es dedica a fer gestos de bondat: abraça els nens del carrer: no vol que ningú se senti orfe; beneeix els malalts: no vol que se sentin oblidats per Déu; acarona la pell dels leprosos: no vol que es vegin exclosos. Així són els gestos de qui estima com Jesús.

AO ESTILO DE XESUS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús estase a despedir dos seus discípulos. Quíxoos. Amounos co mesmo amor con que o amou o Pai. Agora ten que deixalos. Coñece o seu egoísmo. Non saben quererse. Veos discutindo entre si por obter os primeiros postos. O que vai ser deles?

As palabras de Xesús adquiren un ton solemne. Han ficar ben gravadas en todos: “Este é o meu mandato: que vos amedes uns a outros como eu vos amei”. Xesús non quere que o seu estilo de amar se perda entre os seus. Se un dia o esquecen, ninguén os poderá recoñecer como discípulos seus.

De Xesús ficou unha lembranza imborrábel. As primeiras xerazóns resumían así a súa vida: “Pasou por todas partes facendo o ben”. Era bon atoparse con el. Buscaba sempre o ben das persoas. Axudaba a vivir. A súa vida foi unha Boa Noticia. Podíase descubrir nel a boa proximidade de Deus.

Xesús ten un estilo de amar inconfundíbel. É moi sensíbel ao sufrimento da xente. Non pode pasar de longo ante quen está a sufrir. Ao entrar un dia na pequena aldea de Naín, atópase cun enterro: unha viúva diríxese a dar terra ao seu fillo único. A Xesús sáelle desde dentro o seu amor cara aquela descoñecida: “Muller, non chores”. Quen ama como Xesús, vive aliviando o sufrimento e secando bágoas.

Os evanxeos lembran en diversas ocasións como Xesús captaba coa súa ollada o sufrimento da xente. Ollábaos e conmovíase: víaos sufrindo, ou abatidos ou como ovellas sen pastor. Axiña, púñase a curar aos máis enfermos ou a alimentalos coas súas palabras. Quen ama como Xesús, aprende a ollar os rostros das persoas con compaixón.

É admirábel a dispoñibilidade de Xesús para facer o ben. Non pensa en si mesmo. Está atento a calquera chamada, disposto sempre a facer o que poida. A un esmoleiro cego que lle pide compaixón mentres vai de camiño, acólleo con estas palabras: “Que queres que faga eu por ti?”. Con esta actitude anda pola vida quen ama como Xesús.

Xesús sabe estar xunto aos mais desvalidos. Non fai falta que llo pidan. Fai o que pode por curar as súas doenzas, liberar as súas conciencias ou contaxiar confianza en Deus. Pero non pode resolver todos os problemas daquelas xentes.

Entón dedícase a facer signos de bondade: abraza aos nenos da rúa: non quere que ninguén se sinta orfo; bendí aos enfermos: non quere que se sintan esquecidos por Deus; acariña a pele dos leprosos: non quere que se vexan excluídos. Así son os signos de quen ama como Xesús.

¿Adónde te escondiste, amado…?

Publicado: 7 mayo, 2012 en REFLEXIONES
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¿ADÓNDE TE ESCONDISTE, AMADO…?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, Doctoranda en Ciencias de las Religiones (UCM), teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 07/05/12.-  ¡He pasado tantos años de mi vida buscando a Dios! Me he dedicado al estudio, a leer libros y textos con el afán de aprender su manera de hablar y actuar en el mundo. He querido conocer su manera de revelarse a los hombres para saber qué esperar de él, para verle llegar en la lejanía y prepararme a acogerle como al hijo que regresa a casa. He querido anticiparme para que me encontrase como yo consideraba que debía encontrarme; adivinar sus intenciones para asumir la actitud que convenía a lo que yo imaginaba que iba a esperar de mí. Lo que yo creía que él querría. Lo que a mí me hubiese gustado ser para él (acaso ante mí misma): revestida de esplendentes valores y virtudes, ocultando con pudor mi verdad desnuda, afanada en ser diferente de quien sencillamente era.

¡Pasé tantos años buscando a Dios! Leí y leí sin llegar a comprender quién era él (acaso porque tampoco hubiera sabido decir quién era yo misma); sin descubrir en qué momento exacto aparecería impetuoso como la tormenta, atronador como el rayo, a revelarme “su” voluntad definitiva sobre mi vida. Y yo, temerosa de emplear mal los talentos que me había dado, de malgastarlos en algo que no fuese “la gran misión para la que me llamaba”, decidí esconderlos bajo la piel y la tierra. Y sucedió que ese Dios que yo esperaba nunca vino. Jamás descendió sobre mí una lengua de fuego, ni escuché un sonido de trompetas rasgando el cielo; jamás un milagro que perturbase la rutina de amaneceres radiantes, el sosegado brillo del cielo estrellado, el cromatismo infinito de la tierra. Jamás el milagro de una zarza ardiendo, de un fuego invasivo… tan sólo el soplo delicado de los años, pasando como una brisa en mitad del desierto.

Decidí entonces emprender la marcha para preguntar a los hombres dónde se hallaba ese Dios escondido. Quise hallarle en el camino, pero sólo encontré personas: personas que salieron a mi encuentro sin que yo lo hubiese previsto; personas a las que amé, y que en ocasiones además también me amaron; personas que me amaron sin yo corresponderles o enterarme siquiera; personas que me descubrieron la fuente de amor oculto en mi pecho; que acariciaron mi corazón con ternura infinita hasta hacerlo de carne; que lo desnudaron de máscaras y pudores para contemplarlo de frente. Vulnerable y expuesta, quedé en ocasiones doliente y temblando en mitad del camino. Algunos pasaron a mi lado con presteza sin alterar el ritmo de su marcha; otros vinieron de improviso y se detuvieron a curarme las heridas con el bálsamo de su presencia; unos pocos cargaron con mi corazón y lo llevaron consigo hasta verlo repuesto; y me dieron un nombre nuevo al pronunciar mi nombre como nunca nadie antes había hecho.

Una y otra vez seguí buscando al Dios de mi vida, y me propuse querer a todas esas personas para demostrarle a Dios cuánto le amaba. Sucedió más bien que me fui enamorando de esas personas, y que fue su amor el que me hizo experimentar la presencia de un Amor más grande, siempre desbordado. Cada uno me fue seduciendo con un lenguaje propio, y vi que aquello era bueno porque podría aprender la mejor manera de amar al Esposo cuando viniese. Y abandoné el miedo a acoger lo inesperado y ofrendarme sin saber muy bien para qué ni cómo: abrí mi corazón a cuanto viniese sin reprimir ni rechazar nada, ya que acaso todo podía derivar en sorpresa y enseñanza. Y empecé a mirar a las personas tal y como eran: comencé por sus sonrisas y sus miradas, por sus pies y sus manos, por su pecho desnudo y su espalda cansada. Su piel tan fina me habló de su tristeza y sus miedos, de sus anhelos y del frío, de llanto y soledad, de lucha y aliento. Y como Dios no aparecía seguí compartiendo el día a día con ellos: mi pan y mi cuerpo, mi amor redescubierto, el suyo siempre sorpresivo, la senda y el tiempo.

Nunca vi al Dios que esperaba y me dije a mí misma que era por falta de fe. La vida mientras, con fe o sin ella, me fue colmando el vacío de amaneceres y de ocasos, de amistad y soledad sonora, de montañas colosales y finos granos de arena, de ascensos y desalientos, de solidaridad, dolor y sueños; de niños aprendiendo a dar sus primeros pasos, y ancianos saboreando la fruta madura del tiempo. Nunca llegó ese Dios para agarrarme de la muñeca y sacarme de mis infiernos, pero aparecieron personas que apretaron mi mano y me infundieron de nuevo el aliento de vida. Nunca pude mostrarme ante Dios como había querido hacerlo, pero ¡cuántas veces me sorprendió el Amor, encontrándome desprevenida! Me sedujo cada vez como la primera, sin llegar yo nunca a reconocerlo. Me fue enseñando tantas cosas, el Amor, con acentos y caricias siempre nuevos. Lo negué tantas veces, al Amor, por miedo a quemarme y derrochar las fuerzas que reservaba a un querer más sublime. Y permaneció conmigo, el Amor, tantas noches sin luna mientras yo sólo atendía la llegada del alba. Y vino tantas veces a mi encuentro, el Amor, mientras yo proseguía en la espera…

Y al atardecer de la vida, nublada la vista por el velo de los años, sin poder contemplar el horizonte donde tanto había ansiado vislumbrar esa presencia divina, volví mis ojos a los recuerdos que guardaba como un tesoro. Y acariciando la huella que cada rostro había impreso en mi corazón como en un paño, pude al fin reconocerle: “¿acaso no ardía mi corazón en cada etapa del camino?”. Entonces supe, y gusté y saboreé que todo cuanto había pasado era Dios mismo; que todo ese amor partido y compartido, tantas veces muerto y resucitado, era eso que otros llamaban Dios y yo entendía como vida, armonía y energía. Entonces supe del Dios al que no había podido mirar de frente en una imagen unívoca, porque se expresaba en todos los ojos, todas las manos, todas las personas que habían llegado hasta mí como olas de un mismo mar cadencioso. Y en ese vaivén de olas me pareció escuchar al fin un susurro quedo, acompasado a la música que desde siempre había resonado en mi interior con cada latido: “¿me amas?”. Y yo, desnuda de fe, expectativas y proyectos; yo, que nada esperaba ya de la vida, esbocé al fin una sonrisa serena – la más espontánea, acaso la más sincera – y respondí en mi interior: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“Al final del camino me dirán:
-¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres”. (Pedro Casaldáliga)

Hinéni: ¡Voy a la huelga!

Publicado: 27 marzo, 2012 en ACTUALIDAD
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HINÉNI: ¡VOY A LA HUELGA!
MAITE PARDO SOL, foroespiritual@foroespiritual.org
ESTELLA (NAVARRA).

“Excepto el Amor intenso,

excepto el Amor,

no tengo otro trabajo;

salvo el Amor tierno

no siembro otra semilla”.

(Ibn ‘Arabi)

ECLESALIA, 27/03/12, .- Como trabajo al servicio del Amor, o por lo menos estoy en ese intento, (aunque no siempre lo consigo)… me pregunto que puedo aportar a la huelga si el hecho de que yo haga o no haga no va a ser demasiado visible para la estructura social actual. Me pregunto también qué podría dejar de hacer para que el canto de la justicia, de la solidaridad, de la construcción común se elevase por encima de los gritos de rebeldía, los insultos, las descalificaciones… Buscando, buscando he ido haciendo una lista de lo que estoy dispuesta a dejar de hacer hoy, en clara señal de protesta ante el verdadero tirano, el interior, el que mantiene mi alma prisionera y no deja que despliegue sus alas…

- Pongo en huelga mi auto-importancia, la idea de “no estar a la altura”, de no merecer… la necesidad imperiosa de que me amen a cualquier precio (al precio de renunciar a mi Esencia).

- Pongo en huelga mi sentimiento de soledad que a veces todavía intenta engañarme diciéndome que no soy parte de Todos y del Todo…

- Dejo caer el daño que me hicieron y su recuerdo, y el miedo que esto provocó en mi, las barreras que levantó, las fronteras que marcó, las corazas con las que me revistió…

- Pongo en huelga el daño que hice y la culpa y el enfado conmigo misma, la condena y la vergüenza…

- Hoy hago huelga de tristeza y desesperanza y de la añoranza por el sueño aquel que no llegó a nacer…

- Hoy hago huelga de apegos, dejo marchar lo que se fue hace tiempo y también lo que está muriendo hoy…

- Pongo en huelga mis máscaras y disfraces que se encargan de esconder lo que pienso, de disimular lo que siento.

Hoy salgo a la calle:

- Elevando bien alto la bandera de la conexión y el encuentro, del abrazo que te incluye, me incluye y Lo incluye, y que me reconfirma una y otra vez que jamás estaré sola porque en mi corazón habita el Amado y habitas tú…

- Cantando el susurro del Amor acompañada por un soplo de viento, la alegría y el gozo, el éxtasis, la Presencia en el eterno ahora, la entrega…

- Con la pancarta de la compasión para contigo y para conmigo y también para con “ellos”, los culpables de todo…

- Proponiéndome como parte de la solución, dispuesta a remangarme y coger pico y pala o danza de paz y ordenador, lo que haga falta, para que reconstruyamos entre todos y todas este Hogar Común…

Defiendo ante quien sea las condiciones laborales que impone este trabajo de Amor, este Oficio Divino que se confunde con la felicidad y la belleza, con el compromiso y la libertad de Ser… Me declaro trabajadora agradecida y maravillada de este Oficio Sagrado que siempre es digno y sorprendente, que se remunera al mil por cien porque quien paga es Dios y la vida siempre trae multiplicado lo que pones en Ella…

Y además, a partir de ahora declaro al Espíritu director indiscutible de esta empresa que soy yo misma, le pongo no un despacho si no un Altar en mi Templo-Corazón… Y renuevo indefinidamente y sin condiciones mi contrato con El/ELLa, como dijo Abraham: Hinéni, heme aquí… te seguiré a donde quiera que vayas… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).