Posts etiquetados ‘Caridad’

luz y sombraSI NO FUERA POR UN CORAZÓN ABIERTO, LA CRISIS LO INVADIRÍA TODO
ROMÁN DÍAZ AYALA, romandiazayala@gmail.com
HUMANES (MADRID).

ECLESALIA, 04/12/12.- Jesús Villarroel, un gran maestro de la Renovación Carismática Española escribió hace algunos años en su obra “Hágase en mí”: “Tenemos que caminar por caminos de santidad y verdad, de lo contrario, no tenemos nada que trasmitir a este mundo y, si no tenemos nada que trasmitir, nos vamos a ir agotando.”

El mundo actual envuelto en una crisis generalizada de fin de muchas cosas se mueve en una disyuntiva racional. Las ciencias se construyen con la pretensión de su valor como única fuente de la verdad. Toda verdad objetiva está en el conocimiento científico. La filosofía se ha cansado de ser el soporte necesario al pensamiento moderno que ha llevado a la humanidad a su crisis más profunda hasta perder su propia identidad, recoge retazos de pensamientos y se estructura en torno a la “hermenéutica”, la interpretación más fiable de las cosas, como un acercamiento a la realidad . Pero la filosofía es la destilación del pensamiento humano en cada época, abocada a buscar soluciones a los problemas de la existencia, está obligada a dar pistas sobre las dos realidades del ser: Cuál es su naturaleza y cómo se estructura.

Ser cristiano hoy no es un elemento cultural, porque si así lo fuese la crisis quedaría resuelta, la eclesial incluso, abrazando todas las formas de humanismos de las diferentes culturas y tradiciones religiosas que se desarrollaron madurando las civilizaciones históricas desde hace diez mil años en varias regiones del mundo. Estaríamos salvados.

Ser cristiano hoy tampoco puede ser buscando refugio en el pensamiento tradicional fundamentado en una metafísica, de que existen leyes y principios naturales, universales por cuanto son de obligada aceptación para creyentes y no creyentes, los “preambula fidei”, que son una demostración metafísica de la verdad del cristianismo. La Iglesia que se pronuncia de este modo está en la presunción de que habla en nombre de la humanidad. La diferencia con los anteriores cristianos del párrafo superior radica en que la propuesta institucional sigue siendo otra forma distinta de humanismo.

Los humanismos todos son válidos dentro de su horizontalidad como resultado del esfuerzo humano, que nos hacen más auténticos, nos realizan como hombres y mujeres en busca de unos valores éticos superiores. También para el humanismo hay superación de la crisis. Con muchísima razón alguien escribió hace unos días en Eclesalia que estamos sufriendo las consecuencias de una “Contra-cultura” (Mari Paz López Santos, “Valores a la baja, Derechos al hoyo”, ECLESALIA, 15/11/12) un retroceso a situaciones que creíamos ya superadas en el devenir histórico.

Ser cristiano hoy es un hecho experiencial, algo que ha acontecido en todos nosotros, de tal modo que Dios ha entrado “en relación personal” con cada uno de nosotros y mantiene esa relación de amistad. Rompió en un momento dado nuestros esquemas de pensamiento para anidar en nuestro corazón. Algo tan real que no necesita demostración y que en lugar de convertirse en “doctrina”, se trasluce en afectos y en una visión nueva de las personas y las cosas. Para que no parezca mera retórica pongamos un ejemplo claro. No necesitamos para madurar nuestra fe la historicidad de unos documentos que acrediten si Jesús resucitó después de su muerte de Cruz. Sabemos que Jesús está vivo y resucitado y nos alegramos cuando leemos que otros hermanos nuestros fueron testigos, ellos históricos, de la misma experiencia que nosotros dejando constancia por escrito para testimonio nuestro. Vivimos el milagro de la fe en cada una de nuestras manifestaciones.

Consideramos que existen personas relevantes en nuestros círculos eclesiales quienes no están dando las respuestas adecuadas a la crisis. Sostienen que la “caridad” cristiana es un acto de beneficencia según el sentir popular, cuando es el “agape”, cuya naturaleza está en Dios y habita en el cristiano como un reflejo de Su Presencia. Repartir, no es compartir, administrar recursos ajenos, no es dar lo propio, buscar las causas y raíces de la crisis en los desórdenes del corazón humano, como un mal moral es hacernos a todos culpables y responsables con un gran desprecio por la víctimas inocentes. Jesús se colocó en el bando de los pecadores y algunos de nuestra Iglesia se sitúan, en su silencio, con los acusadores.

Nuestra redención está cerca, lo dice el Adviento. “Como lluvia se derrame mi doctrina, caiga como rocío mi palabra, como suave lluvia sobre la hierba verde, como aguacero sobre el césped” (Deuteronomio).

Si no abrimos el corazón, no daremos acogida a Dios, estaremos despreciando al pobre, andaremos por caminos desiertos que no conducen a ninguna parte, hasta agotarnos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Busco trabajo

Publicado: 27 junio, 2011 en ACTUALIDAD
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BUSCO TRABAJO
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, fundador y director de Eclesalia Informativo, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 27/06/11.- Érase una vez un buen profesor en un colegio británico situado en Madrid. Le contrataron para dar religión al estilo inglés desde los cinco a los quince años. Corría el año 1999, el mes de septiembre, comenzado ya el curso. No encontraban a nadie que fuera capaz de entrar en aulas tan dispares como las que van de tercero de infantil a cuarto de la ESO, con una asignatura multiconfesional y en español.

Así encontré el trabajó que perdí el pasado viernes.

Con el tiempo me encargué de la catequesis y comencé una grata relación con la parroquia y la diócesis. Más tarde entré en bachillerato para dar Filosofía. Durante este tiempo conseguí ser habilitado como profesor de Lengua y Literatura Castellana y de Ciencias Sociales, Geografía e Historia…

Pero mi dedicación principal ha sido la educación religiosa. Cada semana llegaba a dar clase a cerca de 400 alumnos y alumnas y así durante doce años, y siempre muy feliz con mi trabajo. El próximo curso la van a recibir en inglés y yo no cumplo con los nuevos requisitos. Por eso me han despedido.

El caso es que ahora busco trabajo. Algunos sabéis que somos una gran familia de seis con dos pequeñas recién nacidas. Esa es nuestra tarea principal. Nuestra Eclesalia la editamos en los ratos libres, porque luego está la jornada laboral de cada uno y el resto de obligaciones. El 11 de julio me toca ir a la oficina del paro con mi carta de despido pero espero volver a encontrar trabajo.

Érase una vez un buen profesor en busca de un buen colegio… Si alguno de los que nos recibís conocéis alguna oportunidad de empleo en algún colegio de Madrid, solo tenéis que escribir a nuestra dirección para poderos enviar mi curriculum: licenciado en Teología Práctica y en Ciencias Religiosas, profesor de Religión, Filosofía, Ética, Ciudadanía, Historia de las Religiones, Ciencias Sociales, Lengua y Literatura y un inglés mejorable.

En confianza, sabemos muy bien de Quién nos hemos fiado, en Quién tenemos puesta nuestra confianza, así que, con permiso de Pablo y Timoteo, solo nos queda esperar ya que la caridad la llevamos dentro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda -más, si cabe, en este caso- la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Paz y bien. eclesalia@eclesalia.net

No ignorar al que sufre

Publicado: 22 septiembre, 2010 en BIBLIA
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26 Tiempo ordinario (C) Lucas 16, 19-31
NO IGNORAR AL QUE SUFRE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/09/10.- El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Sólo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir sólo para banquetear.

Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Sólo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».

Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.

Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.

Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.

La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.

Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Hemos aprendido a reducir el hambre, la miseria o la enfermedad a datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, no esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.

Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

VOCÊ NÃO TEM DE IGNORE

José Antonio Pagola. Tradução: Redacción de Eclesalia

O contraste entre os dois protagonistas da parábola é trágico. Os ricos vestidos de púrpura e linho. Sua vida inteira é de luxo e ostentação. Basta pensar “festa esplêndida todos os dias.” Este rico não tem nome porque não tem identidade. Não há ninguém. Sua vida desprovida de compaixão é um fracasso. Você não pode viver só de festa.

Deitada na varanda de sua mansão encontra-se um mendigo com fome, coberto de chagas. Ninguém ajuda a ele. Só os cães se aproximam dele para lamber suas feridas. Não nada de próprio, mas tem um nome que o portador de esperança. É chamado de “Lazarus” ou “Eliezer”, que significa “Meu Deus é ajudar.”

Sua sorte muda radicalmente no momento da morte. O homem rico é enterrado, com certeza, com toda a solenidade, mas levou a “Hades” ou “reino dos mortos.”Lázaro também morreu. Nada é dito de alguns ritos fúnebres, mas “os anjos o levaram para o seio de Abraão”. Com imagens populares de seu tempo, Jesus disse que Deus tem a última palavra sobre ricos e pobres.

Os ricos não serão julgados pelo operador. Ninguém está a ser dito maus longe da Aliança. Simplesmente, ele gozou sua fortuna, ignorando os pobres. Eu estava lá, mas não vi. Eu estava na varanda de sua mansão, mas não se aproximou dele. Ele excluiu de sua vida. Seu pecado é a indiferença.

Segundo os observadores, é crescente na nossa sociedade, a apatia ou a insensibilidade ao sofrimento dos outros. Mil maneiras de evitar o contato direto com as pessoas que sofrem. Aos poucos, nós nos tornamos cada vez mais incapaz de perceber sua angústia.

A presença de um mendigo criança em nossa jornada estamos virados. O encontro com um amigo, doente terminal, que turfa. Nós não sabemos o que fazer ou dizer. É melhor tirar. Prompt de retorno para nossas ocupações. Não nos deixe inalterados.

Se o sofrimento é produzido é muito mais fácil. Aprendemos a reduzir a fome, a pobreza ou a doença de dados, números e estatísticas que nos informam sobre a realidade dificilmente tocar nossos corações. Vemos também o sofrimento terrível na TV, mas em toda a tela, o sofrimento é sempre mais surreal e menos terrível.Quando o sofrimento atinge alguém próximo a nós, não se esforçando em mil formas de anestesiar o nosso coração.

Quem segue Jesus torna-se mais sensível ao sofrimento das pessoas em seu caminho. Ele vai para os necessitados e, se ela está em suas mãos, tentar aliviar seu sofrimento.

NON IGNORARE CHI SOFFRE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Il contrasto fra i due protagonisti della parabola è tragico. Il ricco si veste di porpora e di lino. Tutta la sua vita è lusso e ostentazione. Pensa solo a darsi ogni giorno a lauti banchetti. Questo ricco non ha nome, perché non ha identità. Non è nessuno. La sua vita, vuota di compassione, è un fallimento. Non si può vivere solo per banchettare.

Sdraiato nell’atrio della sua casa, un mendicante affamato giace coperto di piaghe. Nessuno lo aiuta. Soltanto qualche cane si avvicina per leccargli le ferite. Non possiede nulla, ma ha un nome portatore di speranza. Si chiama Lazzaro o Eliezer, che significa il mio Dio è aiuto.

La sua sorte cambia radicalmente al momento della morte. Il ricco è seppellito, certamente con grande solennità, ma è condotto all’Ade o regno dei morti. Muore anche Lazzaro. Non si dice nulla di un qualche rito funerario, ma fu portato dagli angeli accanto ad Abramo. Con immagini popolari del suo tempo, Gesù ricorda che Dio ha l’ultima parola sui ricchi e sui poveri.

Il ricco non viene giudicato come sfruttatore. Non si dice che è un empio lontano dall’Alleanza. Ha semplicemente goduto della sua ricchezza ignorando il povero. Lo aveva lì davanti, ma non lo ha visto. Stava nell’atrio della sua casa, ma non si è avvicinato a lui. Lo ha escluso dalla sua vita. Il suo peccato è l’indifferenza.

Secondo gli osservatori, sta crescendo nella nostra società l’apatia o mancanza di sensibilità di fronte alla sofferenza altrui. Evitiamo in mille modi il contatto diretto con le persone che soffrono. A poco a poco diventiamo sempre più incapaci di percepire la loro afflizione.

La presenza sulla nostra strada di un mendicante bambino ci molesta. L’incontro con un amico malato terminale ci turba. Non sappiamo cosa fare né cosa dire. È meglio prendere le distanze. Tornare quanto prima alle nostre occupazioni. Non lasciarci toccare.

Se la sofferenza si produce lontano, è più facile. Abbiamo imparato a ridurre la fame, la miseria o l’infermitàa dati, numeri e statistiche che ci informano della realtà senza sfiorare il nostro cuore. Sappiamo anche contemplare sofferenze orribili alla televisione, ma, attraverso lo schermo, la sofferenza è sempre più irreale e meno terribile. Quando la sofferenza tocca qualcuno più vicino a noi, ci sforziamo in mille modi di anestetizzare il nostro cuore.

Chi segue Gesù diventa più sensibile alla sofferenza di quelli che incontra sulla sua strada. Si avvicina al bisognoso e, se può, cerca di alleviare la sua situazione.

NE PAS IGNORER CELUI QUI SOUFFRE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le constraste entre les deux protagonistas de la parabole est tragique. Le riche est habillé (en) de lin et (en) de pourpre. Toute sa vie n’est que luxe et ostentation. Il ne pense qu’à « s’offrir chaque jour de splendides banquets ». C’est un riche qui manque de nom et donc d’identité. Ce n’est personne. Sa vie, vide de compassion, est un échec. On ne peut pas vivre que pour festoyer.

A l’entrée de son palais, un mendiant couché par terre, affamé et couvert de plaies. Personne ne l’aide. Seuls quelques chiens s’approchent pour lècher ses plaies. Il ne possède rien, mais il a un nom porteur d’espoir. Il s’appelle « Lazare » ou « Eliezer », ce qui veut dire « Dieu est mon aide ».

Leur sort change radicalement au moment de leur mort. Le riche est enterré sûrement très solennellement, mais il est conduit au « Hadès » ou « royaume des morts ». Lazare meurt aussi. Rien n’est dit d’un quelconque rite funéraire, mais « il est porté par les anges au sein d’Abraham ». Avec des images populaires de son temps, Jésus rappelle que c’est Dieu qui a le dernier mot et sur les riches et sur les pauvres.

Le riche n’est pas jugé pour avoir été un exploiteur. On ne dit pas non plus qu’il est un impie éloigné de l’Alliance. Il a simplement joui de sa richesse en ignorant le pauvre. Celui-ci était devant ses yeux mais il ne l’a pas vu. Il était au portail de sa demeure mais il ne s’est pas rapproché de lui. Il l’a exclu de sa vie. Son péché c’est l’indifférence.

D’après les observateurs, l’indifférence (et) ou le manque de sensibilité face à la souffrance d’autrui va en augmentant dans notre société. Nous évitons, de mille façons, le contact avec les personnes qui souffrent. Nous devenons petit à petit, incapables de percevoir leur affliction.

La présence sur notre chemin, d’un enfant mendiant, nous dérange.. La rencontre avec un ami malade en phase terminale, nous trouble. Nous ne savons pas quoi faire ni quoi dire. Il vaut mieux prendre de la distance. Revenir le plus tôt possible à nos occupations. Ne pas nous laisser toucher.

Si la souffrance se produit loin de nous, c’est plus facile. Nous avons appris à réduire la faim, la misère ou la maladie à des données, à des chiffres et statistiques qui nous renseignent sur la réalité sans à peine toucher notre coeur. Nous savons aussi contempler des souffrances horribles à travers la télévision. Mais, à travers l’écran, la souffrance est toujours plus irréelle et moins terrible. Lorsque celle-ci touche quelqu’un qui nous est proche, nous faisons mille efforts pour anesthésier notre coeur.

Celui qui suit Jesús devient de plus en plus sensible à la souffrance de ceux qu’il trouve sur son chemin. Il se rapproche du nécessiteux et, si c’est à sa portée, il essaie de soulager sa situation.

THE POOR AT OUR DOORSTEP

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The contrast between the two leading characters of our parable is tragic. The rich man is used to dress in purple and fine linen. All his life is marked by luxury and ostentatious feasting almost daily. The rich man is given no name or identity. He is nobody in particular. His life life, devoid of any compassion, is a total failure. One cannot live only for dining and wining.

Laid down at the gate of the rich man’s mansion, there is a poor man called Lazarus, covered with sores. No one helps him. Dogs even came and licked his sores. He has nothing, but his name, Lazarus, Eliezer, means “God is my help.”

Their fate, however, changed suddenly at the moment of their death.

The rich man was buried, probably with great pomp, and he was carried to his torment to Hades, the abode for the dead. Lazarus also died and is carried away by the angels to the bosom of Abraham. In this popular and colourful language of his time, Jesus reminded everyone that God has the last word for everyone, rich and poor.

The rich is judged as an exploiter of people. Nothing is said about whether he went to the temple or believed in scriptures. He lived in luxury and ignored the poor. The beggar was at his doorstep, but he never looked at them, ignoring his very existence. His sin was one of indifference.

Many social studies reveal that our society’s apathy and indifference towards the poorer and suffering people is growing day by day. We find all sorts of ways to avoid any contact with such segments of society. Little by little, we become used to or ignorant about their plight.

The sight of a beggar child on the streets irks and annoys us. Hearing about a friend who is terminally ill disturbs us. We don’t know what to do or what to say. Our reaction is to stay away from them. We keep a distance from them, and we return to our work or leisure. We try not to be affected by those news.

When suffering or illness happen away from us, that hardly affects us. We have become used to hearing numbers and statistics about poverty, famine and tragic deaths in other parts of the world. Those deaths and tragedies rarely touch our hearts. The news and pictures on television about wars and numberless deaths become less real and hardly affect us personally.

And when the suffering or deaths are closer to our own family or neighbours we find ways to anesthetize our own hearts.

The true followers of Jesus are sensible to the suffering of all those we find along the way. Jesus’ disciples get close to anyone who is in need or suffering and, if at all possible, they will always try to alleviate their situation.

EZ EGIN EZKUSIARENA SUFRITZEN ARI DENARI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Parabolako protagonista bien arteko kontrastea tragikoa da. Aberatsa purpuraz eta lihoz jantzia da. Haren bizitza guztia da luxu eta nabarmenkeria. «Egunero oparo jan-edatea» du bere amets guztia. Aberats honek ez du izenik, ez nortasun-agiririk. Ez da inor. Errukiz huts den haren bizitza porrota da. Ezin bizi daiteke bat jan-edateko soilik.

Haren etxe-atarian, han datza eskale bat goseak, zauriz beterik. Inork ez dio laguntzen. Soilik, txakur batzuk hurbiltzen zaizkio bere zauriak miazkatzera. Ez du ezer bererik, baina badu izen bat, esperantza-eroalea. «Lazaro» edo «Eliezer» du izena, «Ene Jainkoa laguntza da» esan nahi du.

Haien zoria errotik kanbiatu da heriotza-orduan. Aberatsari lur eman diote, segur aski handikiro, baina «Hadesera» edo «hildakoen erreinura» eramango dute. Lazaro ere hil da. Ez da aipatzen ere hileta-konturik, baina «aingeruek Abrahamen altzora eramango dute». Bere garaiko irudi herrikoiz, Jesusek gogoratzen digu ezen Jainkoak duela azken hitza aberatsen eta behartsuen gain.

Aberatsa ez dute juzgatzen esplotatzaile bezala. Ez da esaten Elkargotik urrun bizi izan den fedegabea dela. Soilki, pobreari ezikusia eginez, aberastasunez gozatu duena da. Han berean zegoen behartsua, baina aberatsak ez du ikusi nahi izan. Haren etxe-atarian zegoen, baina ez zaio hurbildu. Bere bizitzatik at utzi du behartsua. Axolagabe izatea: horra haren bekatua.

Behatzaileen arabera, handituz doa gure gizartean apatia, hau da, besteen sufrimenarekiko sentiberatasun-falta. Mila moldez saihesten dugu sufritzen ari den jendearekin zuzeneko harremanak izatea. Apurka, gero eta ezgaiago bihurtzen ari gara besteen nahigabea ikusteko.

Haur eskale bat geure aurrean ikustea gogaikarri izan ohi dugu. Adiskide batekin, gaixotasun terminalak joa den batekin, topo egiteak larritu egiten gaitu. Ez dugu asmatzen zer egin, ez zer esan. Hobe izaten dugu tarte bat luzatzea. Geure zereginetara ahalik lasterren itzultzea. Ez uztea erasan diezagun.

Hobe sufrimena urrunean gertatzen bada. Gizakia, miseria edo gaixotasuna datu, zenbaki eta estatistika bihurtzen ikasi dugu: errealitateaz informatzen gaitu, bai, baina gure bihotza doi-doi ukitzen duela. Badakigu, orobat, sufrimen izugarriak telebistan ikusten; baina pantaila hutseko sufrimena ez da hain erreala, ezta hain izugarria ere. Sufrimenak gure hurbilagoko bat jotzen duenean, mila eraz baliatzen gara geure bihotza anestesiatzeko.

Jesusi jarraitzen diona, aldiz, gero eta sentiberago bihurtzen da bidean sufritzen aurkitzen duenaren aurrean. Hurbildu egiten zaio premian dagoenari eta, bere esku badu, haren egoera arintzen ahalegintzen da.

NO IGNORAR A QUÈ PATEIX

José Antonio Pagola. Traductor: Redacción de Eclesalia

El contrast entre els dos protagonistes de la paràbola és tràgic. El ric es vesteix de porpra i de lli. Tota la seva vida és luxe i ostentació. Només pensa en «banquets esplèndidament cada dia». Aquest ric no té nom perquè no té identitat. No és ningú.La seva vida buida de compassió és un fracàs. No es pot viure només per a banquets.

Tirat al portal de la seva mansió jeu un captaire famolenc, cobert de nafres. Ningú l’ajuda. Només uns gossos se li acosten a llepar les seves ferides. No té res, però té un nom portador d’esperança. Es diu «Llàtzer” o “Eliezer», que significa «El meu Déu és ajuda».

La seva sort canvia radicalment en el moment de la mort. El ric és enterrat, segurament amb tota solemnitat, però és portat al «Hades” o “regne dels morts».També mor Lázaro. No es diu de ritu funerari algun, però «els àngels el porten al si d’Abraham». Amb imatges populars del seu temps, Jesús recorda que Déu té l’última paraula sobre rics i pobres.

Al ric no se’l jutja per explotador. No es diu que és un impiu allunyat de l’Aliança.Simplement, ha gaudit de la seva riquesa ignorant el pobre. El tenia allà mateix, però no ho ha vist. Estava al portal de la seva mansió, però no s’ha acostat a ell.El seu pecat és la indiferència.

Segons els observadors, està creixent en la nostra societat l’apatia o falta de sensibilitat davant el sofriment aliè. Evitem de mil maneres el contacte directe amb les persones que pateixen. A poc a poc, ens anem fent cada vegada més incapaços per percebre el seu aflicció.

La presència d’un nen captaire en el nostre camí ens molesta. La trobada amb un amic, malalt terminal, ens torba. No sabem què fer ni què dir. És millor prendre distància. Tornar com més aviat a les nostres ocupacions. No deixar-nos afectar.

Si el sofriment es produeix lluny és més fàcil. Hem après a reduir la fam, la misèria o la malaltia a dades, números i estadístiques que ens informen de la realitat gairebé sense tocar el nostre cor. També sabem contemplar sofriments horribles a la televisió, però, través de la pantalla, el sofriment sempre és més irreal i menys terrible. Quan el patiment afecta algú més proper a nosaltres, no esforcem de mil maneres per anestesiar el nostre cor.

S’acosta al necessitat i, si està a les mans, tracta d’alleujar la seva situació.

NON IGNORAR A QUEN SOFRE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O contraste entre os dous protagonistas da parábola é tráxico. O rico vístese de púrpura e de liño. Toda a súa vida é luxo e ostentación. Só pensa en «banquetear esplendidamente cada día». Este rico non ten nome pois non ten identidade. É ninguén. A súa vida está baleira de compaixón e é un fracaso. Non se pode vivir só para banquetear.

Botado no portal da súa mansión xace un mendigo famento, cuberto de chagas. Ninguén o axuda. Só uns cans se lle achegan a lamber as súas feridas. Non posúe nada, pero ten un nome portador de esperanza. Chámase «Lázaro» ou «Eliezer», «que significa o Meu Deus é a axuda».

A súa sorte cambia radicalmente no momento da morte. O rico é enterrado, seguramente con toda solemnidade, pero é levado ao «Hades» ou «reino dos mortos». Tamén morre Lázaro. Nada se di de rito funerario ningún, pero «os anxos lévano ao seo de Abrahán». Con imaxes populares do seu tempo, Xesús recorda que Deus ten a última palabra sobre ricos e pobres.

Ao rico non se lle xulga por explotador. Non se di que é un impío afastada da Alianza. Simplemente, gozou da súa riqueza ignorando ao pobre. Tíñao alí mesmo, pero non o viu. Estaba no portal da súa mansión, pero non se achegou a el. Excluíuno da súa vida. O seu pecado é a indiferenza.

Segundo os observadores, está a medrar na nosa sociedade a apatía ou falta de sensibilidade ante o sufrimento alleo. Evitamos de mil formas o contacto directo coas persoas que sofren. Pouco a pouco, ímonos facendo cada vez máis incapaces para percibir a súa aflición.

A presenza dun neno mendigo no noso camiño moléstanos. O encontro cun amigo, enfermo terminal, túrbanos. Non sabemos que facer nin que dicir. É mellor tomar distancia. Volver canto antes ás nosas ocupacións. Non nos deixar afectar.

Se o sufrimento se produce lonxe é máis doado. Aprendemos a reducir a fame, a miseria ou a enfermidade a datos, números e estatísticas que nos informan da realidade sen apenas tocar o noso corazón. Tamén sabemos contemplar sufrimentos horríbeis no televisor, pero, a través da pantalla, o sufrimento sempre é máis irreal e menos terríbel. Cando o sufrimento afecta a alguén máis próximo a nós, esforzámonos de mil maneiras por anestesiar o noso corazón.

Quen segue a Xesús vaise facendo máis sensíbel ao sufrimento dos que atopa no seu camiño. Achégase ao necesitado e, se está nas súas mans, trata de aliviar a súa situación.

Cien años de ternura

Publicado: 3 septiembre, 2010 en REFLEXIONES
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CIEN AÑOS DE TERNURA
KOLDO ALDAI, koldo@portaldorado.com 
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA03/09/10.- Había que conocer Calcuta, atravesar su infierno en la tierra. Nadie es el mismo tras paseo por esa realidad tan cruda. Tarde o temprano, toca integrar la noción de un dolor tan desparramado por el mundo. A cada quien nos aguarda nuestra Calcuta, más o menos sórdida, su tremendo interrogante al echar la última mirada hacia atrás y decirle adiós, noqueados, despistados. En el itinerario personal es recomendable incluir esos claxones que rasgan los tímpanos, esas jóvenes madres que mendigan en cada esquina, esos tullidos sin piernas que avanzan veloces tras el turista, esa ciudad que concita tanta luz y tanta sombra y que ya no olvidaremos jamás…

A veces el viaje es una forma de descubrir vivos ejemplos que, en medio de esas extremas y lacerantes Calcutas, lo dan todo y en esa darse por entero entreven genuina felicidad. En esta ocasión viajar fue también sólo una excusa para encontrar a esos seres de desbordante entrega, para rendirse junto a ellas, para hincar las rodillas a su vera en la otra punta del mundo.

Despertaba el día en la enorme casa gris, en el baluarte de la entrega desde el que la Madre de los pobres iniciara su apostolado de amor en Kolkata (Calcuta en bengalí). Era la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad en Bose Road, era la misa de las 6 de la mañana en un día corriente en los comienzos de este año. Sobrecogidos, agradecíamos la oportunidad de estar en tan sagrado lugar, en el corazón de tan virtuosa casa, de tan heroico movimiento, que tanto amor ha irradiado por todo el planeta. Agradecíamos la ocasión de compartir oración con esos ángeles de humilde “shari” blanco que pusieron morada en medio de los infiernos.

Renuncia total al mundo y consagración plena a los últimos de la tierra es lo que se respira entre las paredes desnudas de ese lugar santo. En la gran sala oratorio, se sitúan a un lado las hermanas, al otro los voluntarios. No hay más mobiliario que unas esteras en el suelo. Sobre ellas nos arrodillamos dichosos. Todas las ventanas permanecen abiertas, pues esa suerte de tan digna y voluntaria pobreza no sabe de aires acondicionados. El ruido de la calle a veces apaga incluso la voz del oficiante, pero el estruendo del tráfico, por enorme que sea ya desde primera hora, no puede devorar el santuario de paz, devoción y entrega allí creado.

En medio de ese recogimiento matutino, de ese lugar santo entre los santos, vamos recuperando la fe que ha ido mermando cada paso entre tantas calles que acumulan tanta miseria. Cuando tanto horror puede hacerte llegar a pensar que todo está perdido; cuando la mirada a poco se torna neutra, insensible; cuando la esperanza estaba a punto de apagarse, alcanzamos tan austero como inolvidable altar. Cuando rebelde empezaba a aporrear las puertas del Cielo, llegaron a estos oídos esos sublimes cantos. En el lado de las hermanas todo es el blanco de las postulantas y el blanco con las conocidas franjas azules de las ya consagradas y con votos. La mayoría de ellas orientales, pero sorprende ver también muchas occidentales. En el lado de los voluntarios todo es colorido, razas, culturas y lenguas diferentes. Sólo estas mujeres y su elevado testimonio son capaces de hacer caminar hasta la sagrada forma de la comunión a “rastas” y demás tribus variopintas de todo el mundo.

Los cantos de esas mujeres piadosas llenan toda la atmósfera. Sus gargantas celestiales, sus melodías divinas, su corazón puro, son su infinita fortaleza. Nada, ni nadie puede atacarlas. Después de la misa vendría un sencillo desayuno de “chaid” bien dulce y pan para todos los voluntarios y voluntarias. Tras el refrigerio en otra sala contigua a la calle, tiene lugar la repartición de las tareas del día. Se abre la persiana de metal y salen hermanas y voluntarios a prodigar amor por esas calles de inframundos. Se sumergen en la ciudad gris las mujeres de bendito blanco. En realidad uno hubiera querido que esa persiana no se abriera nunca, que el mundo y todos sus sufrimientos aguardaran allí fuera. Uno hubiera querido esconderse y permanecer entre esos muros impregnándose de todo lo que le falta. El egoísmo busca refugio y distancia con respecto a esa ciudad inmensamente pobre. Semeja sólo una persiana, pero en realidad es un abismo…

Retrasamos todo lo que podemos el abismo. Nos recogemos unos momentos en la tumba de Madre Teresa. Junto a ese mármol liso, sencillo, austero, pedimos por esas mujeres, para que Dios las llene de fuerza, y si aún les cabe, de más amor, para proseguir su valiente y extraordinaria misión. ¡Que quienes todo lo dan, sigan siendo inundadas de fe y de coraje, que pueden seguir siendo exponente de compasión infinita!

Merecía la pena todo el precio de sinsabores y ruidos para llegar hasta poner la frente en ese mármol frío. Un excepcional amor, que después revestiría humilde shari blanco, tomó cuerpo hace cien años. ¡Qué podamos aprender la lección de caminar nosotros y nosotras también sobre la tierra sufriente, con los pies descalzos, con sus plantas negras, si es preciso!

Vino hace 100 años al mundo quien inspiró tanto y tan comprometido silencio, quien hizo arremangarse a tantas mujeres (también hombres) de todo el mundo para tan suprema labor, quien inició esos cantos en medio del más atronador ruido, quien creó la orden y mojó las primeras frentes, quien cargó sobre sus hombros los primeros desvalidos…

Hay ejemplos excelsos que es preciso aventar. No he visto galones comparables a las tres rayas azules sobre el blanco, al crucifijo en el hombro que ellas llevan, con ejemplarizante humildad. Poco nos importa el itinerario de la Madre Teresa a los altares de brillante oro, tiene ya encendidas todas las velas en altares de más adentro. Poco nos interesan las polémicas sobre su ideología “conservadora” en ciertos aspectos, la caricia no tiene color, ni ideología y ellas las prodigan a cada enfermo, necesitado y desvalido.

Las hermanas sugieren no escribir sobre ellas, no dar propaganda a su labor abnegada, pero es que ahora hace cien años que tanto amor tomó carne. ¿Para qué la palabra, sino para dar a conocer heroísmos diarios, sino para revelar esta apasionante historia que dio comienzo hace ahora cien agostos? ¿Cuándo, si no es ahora? En el ocaso del verano será preciso interrogarse por la esencia de esa primavera que nunca marchita, de ese servicio que nunca se rinde, de esa fe que jamás desfallece. No podía ser de otra manera. A los cien años de su primer aliento en Skopje (Macedonia), siquiera una fugaz mención de la santa de Calcuta que nunca muere, cien años de ternura y una breve loa a tan colosal ejemplo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Globalizar el amor

Publicado: 28 diciembre, 2009 en REFLEXIONES
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GLOBALIZAR EL AMOR

FELIPE MANUEL NIETO FERNÁNDEZ, párroco de Cristo Salvador, flipelolo@hotmail.com

MADRID.

ECLESALIA, 28/12/09.- Hace unos años cayó en mis manos un libro de Zigmunt Bauman titulado “Amor líquido”; la obra viene con un subtítulo de los que descorazonan, reza así: “Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”. Bauman defiende que la moneda de cambio más poderosa del fenómeno de la globalización es la frenética dinámica de consumo y que la sociedad de mercado se ha encargado de transportarlo al mundo de nuestros vínculos personales, hasta el punto de degenerarlos al tratar al otro, ya sea amante o prójimo, como una mercancía más de la que te puedes desprender, desechar o desconectar con cierta facilidad.

Este análisis que se ofrece sobre el amor me deja inquieto e insatisfecho, sobre todo en estos días de Navidad donde tanto nos empeñamos en transmitir mensajes de paz y felicidad, no solamente a nuestros seres queridos, sino a todos nuestros semejantes. Convencido estoy de que celebrar el nacimiento de Jesús no es un mero recordar, sino que vienen en nuestro auxilio los efectos salvíficos de su primera venida: nuestro corazón se esponja, nos abandonamos a la esperanza y con María queremos que su Hijo entre en cada uno de nosotros para saberlo entregar a quién más lo necesite.

¿Cómo mantenerse firme en esta convicción? ¿Se puede seguir pensando que el amor “sólido” tiene alguna posibilidad? Creo sinceramente que sí, pero para ello hay que apostar por la globalización del amor afrontando desde la fe un triple desafío, para fortalecer el sentimiento común de que la humanidad es una familia que tiende a ser verdaderamente una.

No creemos solamente con el corazón, que siente, y la cabeza, que razona. También creemos con la imaginación y la fantasía. Sin ella no somos casi nada, con ella fortalecemos la esperanza y toma colorido la realidad. Es con ella y por ella como conseguimos acercarnos a lo que el mismo Jesús nos dice a través de su palabra. Él usó la imaginación para hablarnos del Reino cuando lo compara con una semilla (Mc 4, 26), con un tesoro escondido (Mt 13, 44), con un banquete (Mt 22, 2), con un amo que llega de sorpresa a su propiedad (Mt 24, 50)… Tenemos que aprender a usar la imaginación en toda la vida, para creer, para orar, para amar, para abrir el espíritu y no conformarnos con las pocas luces que, a veces, nos da el pensamiento a la hora de entender, para más tarde actuar en la realidad.

Por eso necesitamos ser creativos, pero no como una manera de ser “originales” en las “formas” que usamos para hacer visible a los hombres y mujeres de hoy que somos signos de lo que ha de venir, sino como un valor que puede hacer operativa la facultad de hacer esto mismo desde la imaginación, es decir, alcanzar desde ella un seguimiento creativo de Jesús que nos conduzca a transformar el mundo. La creatividad es un potencial extraordinario; nos permite ver que para acercar a la gente a Jesús quizá tengamos que abrir un boquete en el techo para que cure a un enfermo (Lc 5, 19), o derramar un frasco carísimo de perfume para que nos perdone (Lc 7, 37), o chillar aunque todos nos manden callar (Lc 18, 38), o incluso abrirnos, a empujones, paso para que todos puedan tocar a Jesús (Lc 8, 44).

Por último, audacia, o de otra forma más fuerte, atrevimiento, que es la capacidad para perderle el respeto a ciertos miedos que paralizan nuestra acción. Tenemos que alcanzar una presencia que nos haga desafiar la realidad como la insistente cananea con sus pretensiones (Mt 15, 27) o como el inoportuno vecino pidiendo pan a altas horas de la noche (Lc 11, 5). Osadía como la de Jesús que le condujo a la cruz por puro amor para con los más pobres, marginados y pecadores. Nuestra presencia en el mundo como bautizados, si quiere ser algo, tiene que convertirnos en audaces porque, si nos deja como estamos, e incluso, en mejor lugar a los ojos de los hombres, nuestro compromiso con el amor no va a pasar de “liquido”.

Una tarea, un tripe reto se nos presenta en estos días y siempre, ¿cómo conseguir ser signos visibles del reino para globalizar el amor? Por mi parte, sé que las Comunidades Cristianas no van a cejar en conseguirlo y en cierta medida lo adelantan con su compromiso en todas las áreas de formación, celebración y acción. ¡Feliz Navidad y “Sólido” Año Nuevo! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).