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Pobreza desaparecidaGANAR LA ESPERANZA PARA ESTE TIEMPO
FELIPE MANUEL NIETO FERNÁNDEZ, Párroco de Cristo Salvador, flipelolo@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 21/12/12.- La gente esta acostumbrada a animar a los desesperados con el consabido “la esperanza es lo último que se pierde”, sin embargo yo suelo responder, que “La esperanza no es lo último que se pierde sino lo primero que se gana porque sino estás perdido”.

Ahora bien, ¿cómo es que escribo sobre ganar la esperanza?, ¿es qué acaso la hemos perdido?; porque, tal como nos van las cosas en general, todo indica que, a pesar de la crisis económica y de valores, nuestras vidas, dentro de la red social que hemos tejido, no se sienten tan amenazadas; que, aunque nos ajustemos un poco el cinturón, nuestro estilo de vida, nuestro ritmo de consumo, apenas se aprecian cambios. Cabalgamos por los días, las semanas y los meses hacia un fin de año más, eso sí, mecidos por la bonanza de cierta certeza de que nada va a cambiar y si cambia tendrá remedio.

Los Mass Media, por ejemplo, nos bombardean con que cada día cuesta más dinero “llenar el cesto de la compra”, pero ellos mismo nos dan la solución envuelta en el papel de regalo de las encuestas: “Un estudio elaborado por el Observatorio de Consumo de Esade refleja una Navidad de dos velocidades: el 55% de los españoles se podrá permitir alguna alegría y confiesa que gastará entre 600 y 700 euros por familia, mientras que otro 25% ajustará sus gastos totales a unos 300 euros” ¡Y aquí no ha pasado nada!

Pero sí pasa algo, pasa que no nos informan de los hogares que ni siguiera pueden llenar el cesto con los alimentos básicos, no nos cuentan cómo lo pasarán el 20% de los que no tienen sitio en las encuestas, ni de que la pobreza en España, lejos de la esperanza de que esté bajando, aumenta escandalosamente. No sólo los medios de masas, también los Self Media (la información y diversión que podemos tener a nuestra medida y gusto gracias a la posibilidad de la comunicación interactiva) están dotando de una nueva característica a la pobreza: la invisibilidad. Y claro, ojos que no ven corazón que no siente. Sin embargo, las cifras no mienten y desenmascaran la falsa esperanza, no la ganada y que reivindico en estas líneas abiertamente, sino la que nos ayuda a vivir a fuerza de no ver ni sentir.

El Instituto Nacional de Estadística ha realizado un estudio sobre la pobreza en España (Encuesta de Condiciones de Vida) del que destacan 12 datos para la alarma:

  1. El 21,1 % de la población española vive por debajo del umbral de pobreza en 2012. Es una cifra parecida aunque ligeramente menor (0,7 puntos) que la de 2011. Este leve descenso de siete décimas se explica por la estabilidad de los ingresos de los mayores de 65 años: el resto de la población empeora.
  2. La situación de los hogares más desfavorecidos se agrava: el porcentaje de hogares españoles que llega a fin de mes con “mucha dificultad” alcanza el 12,7 %, frente al 9,8% de 2011.
  3. Los ingresos medios anuales de los hogares españoles alcanzaron los 24.609 euros en 2011, con una disminución del 1,9% respecto al año anterior. Si lo dividimos por persona, el ingreso medio de una persona que vive en España es de 9.321 euros, aún un 1,31% más bajo que en 2011.
  4. La tasa de pobreza disminuye entre los mayores de 65 años: ha pasado del 21,7% en 2010 al 16,9% en 2012. Influye su inmunidad a los vaivenes inmobiliarios, ya que la mayoría ya tiene vivienda en propiedad y pagada, según el INE.
  5. La tasa de pobreza aumenta entre las personas en edad de trabajar, entre 16 y 64 años, pasando del 19,4% en 2010 al 21,0% en 2012.
  6. Uno de cada cuatro menores de 16 años se sitúa por debajo del umbral de pobreza.
  7. La pobreza está relacionada con el nivel de formación: el 28,9% de la población que ha alcanzado un nivel educativo equivalente a la educación primaria o inferior, está en riesgo de pobreza. Cuando el grado alcanzado es la educación superior, dicha tasa se sitúa en el 10,0%.
  8. La tasa de pobreza entre los inmigrantes no comunitarios en España es del 43,5%. No es un número tan significativo como para forzar demasiado el dato general: si solo midiéramos a los españoles, la tasa sería del 19%, solo dos puntos menos que la común.
  9. El 44,5% de los hogares no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje es 5,6 puntos mayor que el registrado en 2011.
  10. El 40,0% de los hogares no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 35,9% del año 2011.
  11. El 7,4% de los hogares tiene retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,…). Este porcentaje es 1,2 puntos mayor que el del año anterior.
  12. EL 29,9% de los hogares españoles tiene pendiente el pago de una hipoteca. En el 9,3% de los casos se vive de alquiler.

Más aún, a la pobreza invisible hay que añadir otras dos características: La “persistencia” y la “transmisión generacional”. El despegue económico no ha producido distribución, sino, un aumento de la precariedad laboral. Los “pobres invisibles” son obreros sin trabajo, jóvenes que no acceden a su primer trabajo o con empleos temporales, mujeres con hijos a su cargo, inmigrantes, ancianos y niños.

La realidad nos está pidiendo una transformación que comienza por cambiar nuestro estilo de vida, pero aquí nos encontramos con el problema, que a la vez es causa de la invisibilidad de la pobreza: No estamos dispuestos a cambiar.

Existe un elemento o factor de conducta que influye poderosamente en nuestro estilo de vida. Los economistas lo llaman descuento hiperbólico, los sociólogos búsqueda de la satisfacción inmediata y, la gente sabía, es decir, nuestros mayores, “más vale pájaro en mano que ciento volando”. “Si a una persona le dan a escoger entre 50 euros hoy o 100 euros mañana, lo normal es que prefiera esperar a los 100. Pero si el plazo de tiempo es de un año, casi todo el mundo prefiere quedarse con los 50 euros en mano. Las consecuencias futuras -buenas o malas- no suelen contar mucho en nuestras decisiones actuales” (Anthony Giddens).

En otras palabras, que estaríamos dispuestos a cambiar si viéramos los beneficios del esfuerzo recompensados en un corto plazo de tiempo. Si cayera sobre nosotros la amenaza de que en muy poco tiempo podríamos engrosar las filas de los invisibles, comenzaríamos a pensarnos si disminuimos el tren de vida que llevamos.

Si sólo la catástrofe inmediata nos hace cambiar, ¿qué cabida tiene la esperanza, como virtud, en el día a día? En lugar de vivir en esperanza, tiramos hacia delante, ciegos e insensibles, agarrándonos a la espera de los desesperados cuando todo sale mal. Por eso, el Adviento, nos recuerda cada año que tenemos que cambiar, recuperar los horizontes utópicos, alimentar el alma y llenar nuestras entrañas de comprensión hacia los demás, hermanas y hermanos nuestros, para construir un nuevo mundo a fuerza de ganar la esperanza desde el signo de un Dios que se hace hombre, niño y frágil, para salvarnos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Con Jesús en medio de la crisis

Publicado: 10 octubre, 2012 en BIBLIA
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28 Tiempo ordinario (B) Marcos 10, 17-30
CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 10/10/12.- Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto.

Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: “Todo eso lo he cumplido desde pequeño”.

Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme”. El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.

El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.

La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.

Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos?

¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?

Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

CON GESÙ IN MEZZO ALLA CRISI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Prima che si metta in cammino, uno sconosciuto si avvicina correndo a Gesù. Sembra che abbia fretta di risolvere il suo problema: Che cosa devo fare per avere la vita eterna? Non lo preoccupano i problemi di questa vita. È ricco. Non deve preoccuparsi di nulla.

Gesù lo pone davanti alla Legge di Mosè. Curiosamente, non gli ricorda i dieci comandamenti, ma solo quelli che proibiscono di agire contro il prossimo. Il giovane è un uomo buono, fedele osservante della religione ebraica: Tutte queste cose le ho osservate fin dalla mia giovinezza.

Gesù lo guarda con tenerezza. È ammirabile la vita di una persona che non ha fatto male a nessuno. Gesù lo vuole attrarre ora perché collabori con lui nel suo progetto di fare un mondo più umano, e gli fa una proposta sorprendente: Una cosa sola ti manca; va, vendi tutto quello che hai e dallo ai poveri… poi vieni e seguimi.

Il ricco possiede molte cose, ma gli manca l’unica che permette di seguire Gesù in verità. È buono, ma vive attaccato al suo denaro. Gesù gli chiede che rinunci alla ricchezza e la metta a servizio dei poveri. Solo condividendo quello che ha con i bisognosi, potrà seguire Gesù e collaborare al suo progetto.

Il giovane si sente incapace. Ha bisogno del benessere. Non ha forze per vivere senza la sua ricchezza. Il suo denaro sta al di sopra di tutto. Rinuncia a seguire Gesù. Era venuto correndo, entusiasmato, verso di lui. Ora se ne va triste. Non conoscerà mai la gioia di collaborare con Gesù.

La crisi economica sta invitando noi, seguaci di Gesù, a fare passi verso una vita più sobria, per condividere con i bisognosi quello che abbiamo o di cui semplicemente non abbiamo bisogno per vivere con dignità. Dobbiamo farci domande molto concrete se vogliamo seguire Gesù in questi momenti.

La prima cosa è rivedere il nostro rapporto con il denaro. Che fare con il nostro denaro? Perché risparmiare? In che investire? Con chi condividere quello di cui non abbiamo bisogno? Poi rivedere il nostro consumo per farlo più responsabile e meno compulsivo e superfluo: Che cosa compriamo? Dove compriamo? Perché compriamo? Chi possiamo aiutare a comprare quello di cui ha bisogno?

Sono domande che ci dobbiamo fare nel profondo della nostra coscienza e anche nelle nostre famiglie, comunità cristiane e istituzioni di Chiesa. Non faremo gesti eroici, ma possiamo fare piccoli passi in questa direzione e conosceremo la gioia di seguire Gesù contribuendo a rendere la crisi di alcuni un poco più umana e sopportabile. Se non è così, ci sentiremo buoni cristiani, ma alla nostra religione mancherà gioia.

 

AVEC JESUS AU COEUR DE LA CRISE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Avant que Jésus ne se mette en route, un inconnu s’approche de lui en courant. Il semble être pressé de résoudre son problème : « Que dois-je faire pour avoir en héritage la vie éternelle ? ». Ce ne sont pas les problèmes de cette vie qui l’inquiètent. Il est riche. Tout est résolu pour lui.

Jésus le met face à la Loi de Moïse. Curieusement, il ne lui rappelle pas les dix commandements mais seulement ceux qui défendent d’agir à l’encontre du prochain. Le jeune est un homme bon et un observant fidèle de la religion juive : « J’ai accompli tout cela depuis mon enfance »

Jésus le fixe d’un regard affectueux. Elle est admirable la vie d’une personne qui n’a causé de tort à personne. Jésus veut maintenant l’attirer pour qu’il devienne son collaborateur dans son projet de construire un monde plus humain. Il lui fait alors une proposition surprenante : « Une seule chose te manque : va, vend ce que tu as et donne l’argent aux pauvres… et puis, viens et suis-moi ».

Le riche possède beaucoup de choses mais il lui manque la seule qui lui permettra de suivre vraiment Jésus. Il est bon mais il vit accroché à son argent. Jésus lui demande de renoncer à sa richesse et de la mettre au service des pauvres. C’est seulement en partageant avec les nécessiteux ce qui lui appartient qu’il pourra suivre Jésus et collaborer (dans) à son projet.

Le jeune se sent incapable de le faire. Il a besoin de bien-être. Il n’a pas la force de se défaire de sa richesse. Son argent passe avant tout. Il renonce donc à suivre Jésus. Il était venu vers lui, enthousiaste et en courant. Maintenant, il s’en éloigne tout triste. Il ne connaîtra jamais la joie de collaborer avec Jésus.

La crise économique actuelle nous invite, nous, les disciples de Jésus, à faire des pas vers une vie plus sobre, afin de partager avec les démunis ce que nous possédons et dont nous n’avons pas besoin pour vivre dignement. Nous devons nous poser des questions très concrètes si nous voulons suivre Jésus en ces temps-ci.

La première des choses c’est de revoir notre rapport à l’argent: Que faut-il faire avec notre argent? Si nous épargnons, c’est dans quel but ? Avec qui partager ce dont nous n’avons pas besoin ? Ensuite, réviser notre consommation pour la rendre plus responsable, moins compulsive et moins superflue : Qu’achetons-nous ? Où achetons-nous ? Pour quoi faire ? Qui pouvons-nous aider à acheter ce dont il a besoin?

Ce sont des questions que nous devons poser à notre conscience et aussi à nos familles, à nos communautés chrétiennes ou à nos Institutions ecclésiales. Certes, nous n’allons pas poser de gestes héroïques mais si nous faisons de petits pas dans cette direction, nous connaîtrons la joie de suivre Jésus et nous contribuerons à rendre plus humaine et plus légère, la crise que traversent quelques uns. Si nous n’agissons pas ainsi, nous nous sentirons peut-être de bons chrétiens mais notre religion manquera de joie.

 

JESUS – A GOOD INVESTMENT

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus is about to set out on a journey and a man runs up to him. He has a personal financial problem: “What must I do to inherit eternal life?” Great planning ahead! He has no financial problems, being quite rich, and he is now aiming at the life beyond.

Jesus reminds him about the Law of Moses, in particular those that refer to the respect of neighbour. The man, apparently, is a law-abiding person according to the Jewish practices: “Master, I have kept all these commandments from my earliest days.”

Jesus looks steadily at him with affection. It is not very frequent that we can find persons who have not caused any harm to anyone. Jesus is going to invite him to join Him in his project for a better world; and so he asks him this surprising question and proposal: “There is one thing you lack. Go and sell everything you own and give the money to the poor, and you will have treasure in heaven; then come follow me.”

The rich man owns many things, but he lacks the only thing that blocks him from following Jesus fully. He is a good person, but money means a lot to him. Jesus is suggesting that he gives up all his money for a good cause – to help the poor. That will be the only way to join Him and start helping the poor in his new project.

The good young man cannot say ‘Yes’. He is used to live in comfort. He is so used to have everything because of his money. He cannot follow Jesus after all his initial enthusiasm. Now his face fell hearing Jesus’ words and went away sad. He will never be able to join Jesus in his plans.

Many of us today, followers of Christ, amidst such economic crises, may feel the invitation to change our life style and share what we have with others that are more in need than us, so that we all can live in dignity. There are so many other such questions to answer if we really mean to follow Christ here and now.

First of all, what does really money mean to us? Why saving and investing so much? Can we share with others what we really do not need? Are we victims of consumerism and simply fall victims of others’ whims and fads? What do we buy and where do we go shopping? Can we help others to find better what they need?

These are some of the questions that we must raise deep inside our conscience, and in our families, Christian communities and within the Church. We may not be able to offer great solutions, but we will take small steps in the right direction: we shall help others in need to face the crisis and make their lives more bearable. If we cannot even do that, we may consider ourselves good Christians, but there will never be true joy in our religion.

 

JESUSEKIN KRISIALDIAN

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Bideari ekin aurretik, ezezagun bat hurbildu zaio Jesusi, korrika. Itxuraz, presa du bere arazoa konpontzeko: «Zer behar dut egin betiko bizia heredatzeko?» Ez zaizkio axola bizitza honetako kontuak. Dena erabakia du.

Moisesen Legea proposatu dio Jesusek. Gauza bitxia bada ere, ez dizkio oroitarazi hamar aginduak, baizik lagun hurkoaren kontra aritzea eragozten dutenak. Gazte hori gizon ona da, judu-erlijioaren betetzaile fina: «Hori guztia txikitandik bete dut».

Jesus begira-begira gelditu zaio, maitasunez. Miresgarria da inori kalterik egin ez dion pertsona baten bizitza. Jesusek orain beregana erakarri nahi du gazte hori, gizatasun handiagoko mundu bat egiteko bere egitasmoan parte har dezan, eta proposamen harrigarri hau egin dio: «Gauza bat duzu falta: zoaz, saldu duzun guztia, eman dirua pobreei…eta, segidan, jarraitu niri».

Gauza askoren jabe da aberatsa, baina gauza bakarra falta zaio: Jesusi benetan jarraitu ahal izatea. Ona da gazte hori, baina diruari lotua. Bere aberastasunei uko egiteko eskatu dio Jesusek, eta pobreen zerbitzura jartzeko. Berea pobreekin partekatuz bakarrik jarraitu ahal izango dio Jesusi, honen egitasmoan parte hartuz.

Gaztea, ordea, ez da sentitu horretarako gai. Ongizatea du amesten. Ez du kemenik bere aberastasunik gabe bizitzeko. Ororen gain du jarria bere dirua. Eta uko egin dio Jesusi jarraitzeari. Korrika etorria zen Jesusez gogoberoturik. Triste urrundu da orain. Ez du sentituko sekula Jesusen lankide izatearen poza.

Gaur egungo ekonomi krisialdi hau gonbita da Jesusen jarraitzaileontzak, bizitza neurritsuagoa egitera, eskura dugun eta duintasunez bizi ahal izateko beharrezkoa ez dugun hura premian direnekin partekatzera. Galdera zehatzak egin beharrean gara, une hauetan Jesusi jarraitu nahi badiogu.

Lehenengo gauza, diruarekin ditugun harremanak berrikustea da: zer egin geure diruarekin?, zertarako aurreztu?, zertan inbertitu?, zeinekin partekatu premiazkoa ez duguna? Ondoren, geure kontsumoa berrikustea da: erantzukizun handiagoz jokatzeko, eta bihozkadaka eta alferrik xahutzen ibili gabe: zer dut erosten?, non dut erosten?, zertako dut erosten?, zeini laguntzen ahal diogu behar duena erosten?

Geure bihotzondoan egin beharreko galderak ditugu; baita geure familietan, geure kristau-elkarteetan eta eliz erakundeetan ere. Ez dugu zertan egin keinu heroikorik, baina, ildo horretan pauso txiki batzuk ematen baditugu, ezagutuko dugu Jesusi jarraitzearen poza, pertsona batzuen krisia gizatarrago eta jasangarriago eginez. Horrela ez bada, kristau ontzat izango dugu geure burua, baina gure erlijioari poza faltako zaio.

 

AMB JESÚS ENMIG DE LA CRISI

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Abans que es posi en camí, un desconegut s’acosta a Jesús corrent. Pel que sembla, té pressa per resoldre el seu problema: “Què haig de fer per a posseir la vida eterna?”. No li preocupen els problemes d’aquesta vida. És ric. Tot ho té resolt.

Jesús el posa davant la Llei de Moisès. Curiosament, no li recorda els deu manaments, sinó només els que prohibeixen actuar per ganes. El jove és un home bo, observant fidel de la religió jueva: “Tot això ho he complert des de jove”.

Jesús se’l queda mirant amb afecte. És admirable la vida d’una persona que no ha fet mal a ningú. Jesús el vol atreure ara perquè col•labori amb ell en el seu projecte de fer un món més humà, i li fa una proposta sorprenent: “Només et falta una cosa: vés, ven tot el que tens i dóna-ho als pobres… Després vine i segueix-me”. El ric posseeix moltes coses, però li falta l’única cosa que permet seguir Jesús de debò. És bo, però viu aferrat als seus diners. Jesús li demana que renunciï a la seva riquesa i la posi al servei dels pobres. Només compartint el seu amb els necessitats, podrà seguir Jesús col•laborant en el seu projecte.

El jove se sent incapaç. Necessita benestar. No té forces per viure sense la seva riquesa. Els seus diners estan per sobre de tot. Renuncia a seguir Jesús. Havia vingut corrent entusiasmat cap a ell. Ara s’allunya trist. No coneixerà mai l’alegria de col•laborar amb Jesús.

La crisi econòmica ens està convidant als seguidors de Jesús a donar passos cap a una vida més sòbria, per compartir amb els necessitats el que tenim i senzillament no necessitem per viure amb dignitat. Hem de fer-nos preguntes molt concretes si volem seguir Jesús en aquests moments.

El primer és revisar la nostra relació amb els diners: Què fer amb els nostres diners? Per a què estalviar? En què invertir? Amb qui compartir el que no necessitem? Després revisar el nostre consum per fer-lo més responsable i menys compulsiu i superflu: Què comprem? On comprem? Per a què comprem? A qui podem ajudar a comprar el que necessiten?

Són preguntes que ens hem de fer en el fons de la nostra consciència i també en les nostres famílies, comunitats cristianes i institucions d’Església. No farem gestos heroics, però si donem petits passos en aquesta direcció, coneixerem l’alegria de seguir Jesús contribuint a fer la crisi d’alguns una mica més humana i suportable. Si no és així, ens sentirem bons cristians, però a la nostra religió li faltarà alegria.

 

CON XESÚS NO MEDIO DA CRISE

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Antes de que se poña a camiño, un descoñecido achégase a Xesús correndo. Ao parecer, ten présa por resolver o seu problema: “Que farei para herdar a vida eterna?” Non lle preocupan os problemas desta vida. É rico. Ten todo resolto.

Xesús pono ante a Lei de Moisés. Curiosamente, non lle recorda os dez mandamentos. Só os que prohiben actuar contra o próximo. O mozo é un home bo, observante fiel da relixión xudía: “Todo iso xa o cumpriu desde neno”.

Xesús quédaselle mirando con agarimo. É admirábel a vida dunha persoa que non fixo dano a ninguén. Xesús quéreo atraer agora para que colabore con el no seu proxecto de facer un mundo máis humano e faille unha proposta sorprendente: ” Fáltache unha cousa: Vai, vende o que tes, dálle o diñeiro aos pobres… e logo ségueme”. O rico posúe moitas cousas, mas fáltalle o único que lle permite seguir a Xesús de verdade. É bo, porén vive apegado ao seu diñeiro. Xesús pídelle que renuncie á súa riqueza e a poña ao servizo dos pobres. Só compartindo o seu cos necesitados, poderá seguir a Xesús colaborando no seu proxecto.

O mozo séntese incapaz. Necesita benestar. Non ten forzas para vivir sen a súa riqueza. O seu diñeiro está por cima de todo. Renuncia a seguir a Xesús. Viñera correndo entusiasmado cara a el. Agora afástase triste. Endexamais coñecerá a alegría de colaborar con Xesús.

A crise económica estanos invitando aos seguidores de Xesús a dar pasos cara a unha vida máis sobria, a compartir cos necesitados o que temos e realmente non necesitamos para vivir con dignidade. Temos de facernos preguntas moi concretas se queremos seguir a Xesús nestes momentos.

O primeiro é revisar a nosa relación co diñeiro: Que facer co noso diñeiro? Para que aforrar? En que investir? Con quen compartir o que non necesitamos?

Logo, revisar o noso consumo para facelo máis responsábel e menos compulsivo e superfluo: Que compramos? Onde compramos? Para que compramos? A quen lle podemos axudar a mercar o que necesitan?

Son preguntas que nos temos de facer no fondo da nosa conciencia e tamén nas nosas familias, comunidades cristiás e institucións de Igrexa. Non faremos xestos heroicos. Non obstante, se damos pequenos pasos nesta dirección, coñeceremos a alegría de seguir a Xesús contribuíndo a facer a crise dalgúns un pouco máis humana e levadía. Se non é así, sentirémonos bos cristiáns, pero á nosa relixión faltaralle alegría.

El gesto de un joven

Publicado: 25 julio, 2012 en BIBLIA
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17 Tiempo ordinario (B) Juan 6,1-15
EL GESTO DE UN JOVEN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

De todos los gestos realizados por Jesús durante su actividad profética, el más recordado por las primeras comunidades cristianas fue seguramente una comida multitudinaria organizada por él en medio del campo, en las cercanías del lago de Galilea. Es el único episodio recogido en todos los evangelios.

El contenido del relato es de una gran riqueza. Siguiendo su costumbre, el evangelio de Juan no lo llama “milagro” sino “signo”. Con ello nos invita a no quedarnos en los hechos que se narran, sino a descubrir desde la fe un sentido más profundo.

Jesús ocupa el lugar central. Nadie le pide que intervenga. Es él mismo quien intuye el hambre de aquella gente y plantea la necesidad de alimentarla. Es conmovedor saber que Jesús no solo alimentaba a la gente con la Buena Noticia de Dios, sino que le preocupaba también el hambre de sus hijos e hijas.

¿Cómo alimentar en medio del campo a una muchedumbre numerosa? Los discípulos no encuentran ninguna solución. Felipe dice que no se puede pensar en comprar pan, pues no tienen dinero. Andrés piensa que se podría compartir lo que haya, pero solo un muchacho tiene cinco panes y un par de peces. ¿Qué es eso para tantos?

Para Jesús es suficiente. Ese joven, sin nombre ni rostro, va hacer posible lo que parece imposible. Su disponibilidad para compartir todo lo que tiene es el camino para alimentar a aquellas gentes. Jesús hará lo demás. Toma en sus manos los panes del joven, da gracias a Dios y comienza a “repartirlos” entre todos.

La escena es fascinante. Una muchedumbre, sentada sobre la hierba verde del campo, compartiendo una comida gratuita, un día de primavera. No es un banquete de ricos. No hay vino ni carne. Es la comida sencilla de la gente que vive junto al lago: pan de cebada y pescado ahumado. Una comida fraterna servida por Jesús a todos gracias al gesto generoso de un joven.

Esta comida compartida era para los primeros cristianos un símbolo atractivo de la comunidad nacida de Jesús para construir una humanidad nueva y fraterna. Les evocaba, al mismo tiempo, la eucaristía que celebraban el día del Señor para alimentarse del espíritu y la fuerza de Jesús, el Pan vivo venido de Dios.

Pero nunca olvidaron el gesto del joven. Si hay hambre en el mundo, no es por escasez de alimentos sino por falta de solidaridad. Hay pan para todos, falta generosidad para compartir. Hemos dejado la marcha del mundo en manos del poder financiero, nos da miedo compartir lo que tenemos, y la gente se muere de hambre por nuestro egoísmo irracional.

¿Ayunar es un privilegio?

Publicado: 14 marzo, 2011 en REFLEXIONES
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¿AYUNAR ES UN PRIVILEGIO?
SEBASTIÁN GARCÍA scj, sebastiangarciascj@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 14/03/11.- La Cuaresma parece ser un tiempo para incrementar nuestra oración personal, favorable para examinar, confesar nuestros pecados y tener una linda reconciliación con el Padre. La Iglesia nos enseña que una de las mejores maneras de vivir este tiempo de cuaresma en su dimensión más profunda es hacer ayuno.

Pero creo que en este mundo ayunar es un privilegio. No un privilegio para algunas personas que tienen un alma muy fuerte como para no tomar una de las grandes comidas. Ese no es el asunto.

La cuestión es esta: solamente quien no pasa hambre, puede hacer ayuno. Las demás personas en el mundo que tienen hambre no pueden ayunar. Sólo ayunan todos aquellos que tienen en sus mesas el pan cotidiano.

He visto en India los diferentes rostros del hambre. Los vi en Argentina también. Son similares a los de Brasil, Paraguay, México o Costa de Marfil. Lo que sucede es que el hambre tiene un rostro similar en todo el mundo. Nosotros podemos darnos cuenta muy rápidamente. Porque nosotros, -yo escribiendo y ustedes leyendo-, no tenemos hambre. Mucha gente en este bendito mundo pasa hambre. Mucha más de la que podemos imaginar. Y ellos, en su hambre habitual, no pueden ayunar. Porque no lo pueden elegir. Para ellos, el hambre es el pan cotidiano; todos los días están haciendo ayuno.

Pero nosotros podemos ayunar. Porque no tenemos hambre. Y este puede ser el significado secreto de nuestras privaciones de cuaresma: no tomar algunos alimentos en las comidas, ofreciendo este pequeño sacrificio por esta pobre gente. Nosotros podemos ayunar. Ellos no. Entonces podemos hacer ayuno por ellos.

¿Pero como es esto posible? ¿Cómo pueden algunas personas hacer ayuno en este mundo con hambre? ¿Este ayuno no podría ser hasta un insulto para el hambre de estas personas? Ciertamente, Dios, el Dios Vivo y Verdadero no necesita de nuestros sacrificios. Nuestro ayuno no va a incrementar su gloria eterna. Y más ayuno en nuestras vidas no nos va a poner más cerca de Dios. Hacer ayuno es para nosotros como un aprendizaje. ¿Ayunar nos ayuda a disciplinar nuestros cuerpos? Alguno puede pensar que sí. A mí me suena a desfasado.

La secreta razón de este tipo de privación no es el esfuerzo personal de conquistar nuestra voluntad salvaje, sino acercarnos a toda esa gente que en este momento están sintiendo el hambre en sus entrañas. No porque tenemos una voluntad de hierro y una sed de volvernos perfectos a nosotros mismos, podemos hacer nuestro ayuno. No porque nuestro Dios, el Padre de nuestro hermano mayor Jesús, necesite de nuestro sacrificio y privaciones. Podemos ayunar, ofreciendo nuestro ayuno por la gente hambrienta a lo largo de todo el mundo, que no puede ayunar. Este es el primer paso, El segundo podría ser invitarlos a nuestra mesa. Dice Dios por el profeta: “el ayuno que yo quiero es compartir el pan con el hambriento” (Is. 58, 7). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).