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change.orgPARA FRANCISCO, PAPA
Petición en change.org para que renueve la Iglesia
REVISTA ALANDAR, alandar@alandar.org
MADRID.

ECLESALIA, 15/03/13.- El nombramiento de un nuevo papa y el inicio de un nuevo pontificado es una oportunidad para la renovación en la Iglesia Católica que no se puede dejar escapar. Por eso, desde Alandar, hemos puesto en marcha una petición en la plataforma change.org para pedirle que ponga en marcha esta renovación tan urgente como imprescindible.

Puedes firmar la petición aquí: http://www.change.org/renuevalaiglesia

“Querido hermano Francisco:

Ante la oportunidad que supone tu nombramiento como papa y el inicio de un nuevo pontificado queremos, como cristianos y cristianas, proponerte que esta nueva etapa suponga un tiempo de renovación en la Iglesia Católica.

Estamos ante una ocasión para actualizar nuestra institución y hacerla verdaderamente útil para las personas. Es una oportunidad para que la Iglesia contribuya realmente a construir un mundo mejor, un mundo en el que los derechos humanos sean respetados, donde la erradicación de la pobreza pueda ser realidad.

Para ello te pedimos, hermano Francisco, que como nuevo papa:

• Que hagas realidad en la Iglesia una opción por las personas empobrecidas. Que se ponga al lado de quienes sufren y que se enfrente a quienes causan ese sufrimiento, aunque eso suponga oponerse al poder político y económico vigente. Y te pedimos que lo hagas con coherencia, renunciando a riquezas y privilegios que poco tienen que ver con el Evangelio.

• Que abras la Iglesia de forma madura a los nuevos tiempos, integrando en igualdad a las mujeres en todos los estamentos y liberando a la institución del machismo anacrónico del que adolece.

• Que luches por lo verdaderamente importante, que es la felicidad de las personas, en lugar de enredarnos en rígidas normas morales y en batallas éticas alejadas de la realidad.

• Que erradiques las intrigas, las conspiraciones y los intereses creados en el seno del Vaticano, que no son sino fruto de la sed de poder y de riqueza. Que la Iglesia no sea un Estado, sino una casa común.

• Que impulses un avance en la colegialidad y la democratización de los órganos y cargos eclesiales, para no tener una Iglesia en la que la cabeza camina por un lado y el cuerpo por otro, para tener en cambio una Iglesia en la que todos y todas nos sintamos representados, escuchados y unidos.

• Que trabajes con sinceridad por la unión de todas las iglesias cristianas.

• Que veles porque la Iglesia pida perdón con humildad y repare a las víctimas cuando sea necesario, por todo el dolor y el sufrimiento que ha causado en estos siglos mediante la represión, los abusos sexuales, el control social y la discriminación.

En suma, te pedimos una Iglesia que se guíe por el Evangelio y que ponga el foco en lo único importante: el amor y la justicia.

Atentamente, [Tu nombre]” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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papa bendecido por el puebloPADRE SOLO HAY UNO, PAPA TAMBIÉN
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 14/03/13.- “No llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos” (Mt 23,9)… pero Papa, sí.

No pudimos participar en la elección, pero esperar, sí. Fumata blanca: habemus Papam. Y la oración sube como incienso en tu Presencia del corazón de millones de creyentes: habemus Papam.

No pudimos elegir, pero recibir, sí: tenemos Padre, que está en los cielos, y, de nuevo tenemos Papa, acá en la tierra. Se asomó a la ventana, imitando el abrazo de la columnata de Bernini, y presentó su rostro y su figura al mundo. Hubo sonrisas, aplausos, oraciones. Después, su primera despedida; la ventana se cerró y el Papa se adentró en la casa vaticana para iniciar su nueva vida al servicio del don que ha recibido.

¡No cierres la ventana! Deja que permanezca abierta. Di a los de la casa –los hermanos de la curia vaticana- que esa ventana se deja abierta. Al menos esa quede abierta para que el viento del Espíritu entre y ventile las estancias. Que sea tu primera acción y para ellos su primera obediencia. Más tarde, poco a poco, otras habrán de abrirse.

Asómate a esa ventana, siete veces al día, como el orante se asoma al corazón de Dios en el Oficio Divino, y mira al mundo con pasión y compasión. ¡Tantas veces tendrás que salir corriendo por la puerta de San Pedro y atravesar veloz la bella plaza, para salir al encuentro del hijo y de la hija que el mundo dejó sin dignidad; de la familia que ya no encuentra su sitio; del niño y de la niña que arrebataron su infancia, y lo harás profundamente conmovido, echándote al cuello, besando y abrazando (Lc 15,11-32)!

Algunos no estarán de acuerdo, en tu propia casa. Si alguien pretende cerrar la ventana… ¡ponle deberes!… que se asome también y ayude en la acogida, ocupándose de traer traje, anillo, sandalias, un buen plato en la mesa del banquete y música para el baile (Lc 1, 11-32).

Pero para correr hacia quien viene malherido y desprovisto de dignidad hay que soltar lastre. Los Jefes de los Estados no salen corriendo a la puerta de sus palacios o sedes institucionales, utilizan demasiada parafernalia protocolaria al recibir a quien llega.

¿Por dónde empezar en el Vaticano? Sin prisa pero con paso firme quizás fuera conveniente aplicar una buena terapia de sencillez en las formas exteriores y de simplificación en las normas. Pero ya sabemos que lo exterior siempre es fruto de lo interior y no se puede dar lo que no se vive por dentro.

Habrá que recorrer un serio camino de discernimiento eclesial para dejar de ser Estado, con todo lo que ello conlleva, y pasar a ser una Familia-Comunidad de hermanos a nivel universal. Y cuando digo “hermanos”, no lo digo en plan poético e idealista, lo digo reconociendo los dos prototipos de los hermanos de la parábola del Hijo Pródigo (Lc 15,11-32) que, ni uno ni otro eran un dechado de virtudes, más bien eran dos desastres, dos personas que no se reconocían a sí mismos, no sabían quienes eran. Cada uno a su desdichada manera, no se sabía hijo amado. Pero el Padre sí sabía quien era y se expresó con la libertad de quien ama, haciéndose ajeno a la conducta del mundo como decía S. Benito (RB IV, 20), “transgrediendo” las leyes mundanas con una de mayor calado: el Amor.

Al nuevo Papa se le pedirá mejorar la vida de la Iglesia. Seguramente en la mesa del que será su despacho, esperan ser abiertas muchas carpetas con diferentes rótulos, indicando temas pendientes, temas olvidados, temas traspapelados, temas que no se quieren tocar por unos y evitar por otros, temas que asustan, temas que disgustan, temas que preocupan, temas… infinidad de temas.

¿Por dónde empezar?: Encuentro con los POBRES

Ahí están esperando: los pobres, los que no tienen voz o son amenazados si se pronuncian (que le pregunten al obispo Pedro Casaldáliga, que a su edad y enfermo, sigue defendiendo lo que muchos quieren que no se defienda). Los que son invisibles para las sociedades ricas y los “nuevos pobres” de los países del “ex-estado del bienestar” que están sufriendo las consecuencias de un sistema económico deshumanizado, que olvida a la persona por el beneficio desmedido y repartido entre unos pocos.

Ponga la política vaticana en primera línea de actuación lo que ya dejó dicho el Concilio Vaticano II: “Demuestren (los obispos) en su enseñanza la preocupación maternal de la Iglesia para con todos los hombres, sean fieles o infieles, con especial amor a los pobres y débiles, a quienes les envió el Señor a evangelizar (“Christus Dominus”, 13).

Evangelizar con amor maternal significa que una madre y un padre (en este caso, la Iglesia) además de dar de comer, han de defender de la injusticia a sus hijos, por puro instinto natural y evangélico. La opción por los pobres permanece en estado de letargo desde arriba, pero desde abajo está viva en el recuerdo de quienes se comprometieron con ellos: Monseñor Romero, Ellacuría y sus compañeros, Elder Cámara, Samuel Ruiz y tantos otros.

Acercarse al pobre es muy bueno porque, a no ser que haya una huida para no ver esa realidad, te pone delante de todo lo que te sobra. Y aunque no sea de golpe, se puede ir avanzando hacia un despojamiento de carga innecesaria. Por eso, desde arriba de la Iglesia, sería muy beneficioso, casi un poco egoísta, pues tantos detalles de opulencia empezarían a caer a nivel ropajes, infraestructura, servicio, etc. y sería un primer signo sencillo y silencioso de que algo está cambiando.

¿Por dónde seguir?: Encuentro con los LAICOS

Llega la hora y, realmente, hace mucho que ha llegado, de que los laicos –hombres y mujeres- sean considerados “mayores de edad” en la vida de la Iglesia. No sólo por el trabajo que desempeñan y las tareas que sacan adelante, sino también en la toma de decisiones y responsabilidades.

Es un tema de concepto: ser considerados como iguales, ni más ni menos que un religioso o religiosa, un sacerdote, un obispo, un arzobispo, un cardenal, un monje o una monja… iguales. Eso significa hijos del mismo Dios con tareas diferentes por el Reino, dentro de la misma Iglesia.

¿Por dónde avanzar?: Encuentro con las MUJERES

No estoy abriendo la carpeta con el rótulo “Sacerdocio femenino”, no, todavía no. Eso vendrá después.

Millones de mujeres en el mundo desearían un cambio de mirada en la jerarquía de la Iglesia hacia ellas. Que desapareciera el miedo compulsivo a lo femenino. Jesús no infravaloró ni humilló a las mujeres. Jesús se encontró con ellas, no las obvió como si fueran seres de diferente categoría. Jesús las escuchó, empezando por su madre que fue la primera mujer en su vida y, como toda madre, le impulsó a dar el primer paso: de pequeño y en Caná; hasta la última, María Magdalena, primera en recibir el mensaje de su resurrección y enviada a comunicarlo. Jesús se interesó, ayudó, consoló y dio dignidad a las mujeres de su tiempo, y quedó escrito en las páginas del Evangelio. ¿Por qué todavía seguimos así?

El Padre de la parábola se hubiera conmovido igual si fuera una hija la que volvía a él, y animaría con la misma insistencia a la mayor, indignada por la presencia de su hermana.

Si el nuevo Papa empieza por los pobres va a encontrar por el camino a muchas mujeres, millones, pues en la precariedad, la pobreza, el abandono, la violencia y la injusticia, las mujeres se encuentran en primera línea, y además casi nunca van solas, llevan a su lado, entre las piernas, en el pecho, en los trabajos de campo a la espalda, a sus hijos, de todas las edades. Suelen estar solas o acompañándose unas y otras. Esto sucede en todas la latitudes.

Después, por supuesto, también habrá que hablar del sacerdocio femenino y de las diferencias en la vida religiosa, por ejemplo, de la clausura papal a las monjas, y de tantos temas relacionados con lo femenino.

Para terminar, contaré lo que me animó a escribir sobre la llegada al Vaticano de un nuevo Papa. Es una sencilla historia que me contó una amiga.

Recogió a su nieta de nueve años del colegio y en el coche le preguntó qué tal le había ido en el colegio. La niña le dijo que le habían puesto buenas notas. Luego permaneció en silencio. Al poco le dice a su abuela:

-                      Abuela, te voy a poner un 10.

-                      ¿A mí por qué me vas a poner un 10?

-                      Por lo bien que me sabes escuchar y por las tortillas tan buenas que me haces.

ESCUCHA desde el corazón y los signos de los tiempos y ALIMENTO desde el Amor, estas son dos cosas que me atrevo a pedir al Papa Francisco. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Jorge Mario, papa Francisco I, en plena predicación, el 25 de septiembre del año pasado en Constitución, provincia de Santa Fe, Argentina.

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Todos necesitamos perdón

Publicado: 13 marzo, 2013 en BIBLIA
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jesús5 Cuaresma (C) Juan 8, 1-11
TODOS NECESITAMOS PERDÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 13/03/13.- Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a “proclamar la liberación de los cautivos… y dar libertad a los oprimidos”. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.

De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a “una mujer sorprendida en adulterio”. No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: “La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?

La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?

Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.

Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.

Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?

Los acusadores “se van retirando uno tras otro”. Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: “Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo”.

El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice “Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más”.

Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que “Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

TODOS NECESSITAMOS DE PERDÃO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Segundo o Seu costume, Jesus passou a noite a sós com o Seu Pai querido no Monte das Oliveiras. Começa o novo dia, cheio do Espírito de Deus que o envia a “proclamar a libertação dos cativos…e dar liberdade aos oprimidos. Depressa se verá rodeado por gente que acode à explanada do templo para escutá-Lo.

De pronto, um grupo de escribas e fariseus irrompe trazendo “uma mulher surpreendida em adultério”. Não lhes preocupa o destino terrível da mulher. Ninguém a interroga de nada. Está já condenada. Os acusadores deixam-no muito claro: “A Lei de Moisés manda-nos apedrejar as adúlteras. Tu, que dizes?

A situação é dramática: os fariseus estão tensos, a mulher angustiada, as pessoas expectantes. Jesus guarda um silêncio surpreendente. Tem ante si aquela mulher humilhada, condenada por todos. Pronto será executada. É esta a última palavra de Deus sobre esta filha Sua?

Jesus, que está sentado, inclina-se para o chão e começa a escrever alguns traços na terra. Seguramente procura luz. Os acusadores pedem-lhe uma resposta em nome da Lei. Ele responderá desde a Sua experiência da misericórdia de Deus: aquela mulher e os seus acusadores, todos eles, estão a necessitar do perdão de Deus.

Os acusadores só estão a pensar no pecado da mulher na condenação da Lei. Jesus mudará a perspectiva. Colocará os acusadores ante o seu próprio pecado. Ante Deus, todos hão-de reconhecer-se pecadores. Todos necessitam o Seu perdão.

Como continuam a insistir cada vez mais, Jesus ergue-se e diz-lhes: “O que esteja sem pecado, que lhe atire a primeira pedra”. Quem sois vós para condenar à morte essa mulher, esquecendo os vossos próprios pecados e a vossa necessidade de perdão e da misericórdia de Deus?

Os acusadores “vão-se retirando um após outro”. Jesus aponta para uma convivência onde a pena de morte não pode ser a última palavra sobre um ser humano. Mais adiante, Jesus dirá solenemente: “Eu não vim para julgar o mundo mas para salvá-lo”.

O diálogo de Jesus com a mulher lança nova luz sobre a sua atuação. Os acusadores retiraram-se, mas a mulher não se moveu. Parece que necessita escutar uma última palavra de Jesus. Não se sente todavia libertada. Jesus diz-lhe “Tampouco eu te condeno. Vai e, não peques mais”.

Oferece-lhe o Seu perdão e, ao mesmo tempo, convida-a a não pecar mais. O perdão de Deus não anula a responsabilidade, mas que exige conversão. Jesus sabe que “Deus não quer a morte do pecador mas que se converta e viva”.

TUTTI ABBIAMO BISOGNO DI PERDONO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Secondo la sua abitudine, Gesù ha passato la notte da solo con il Padre amato, sul Monte degli Olivi. Comincia il nuovo giorno, pieno dello Spirito di Dio che lo manda a “proclamare la liberazione dei prigionieri… e a dare la libertà agli oppressi”. Presto si vedrà circondato da una folla che accorre alla spianata del tempio per ascoltarlo.

Subito, un gruppo di scribi e farisei irrompe trascinando una donna sorpresa in adulterio. Non sono preoccupati del terribile destino della donna. Nessuno le chiede nulla. È già condannata. Gli accusatori lo dicono chiaramente: Mosè, nella Legge, ci ha comandato di lapidare donne come questa. Tu cosa dici?

La situazione è drammatica: i farisei sono tesi, la donna angosciata, la gente in attesa. Gesù mantiene un silenzio sorprendente. Ha davanti a sé quella donna umiliata, condannata da tutti. Presto sarà lapidata. È questa l’ultima parola di Dio su questa sua figlia?

Gesù, che è seduto, si china verso terra e comincia a scrivere alcuni tratti nella polvere. Sicuramente cerca luce. Gli accusatori gli chiedono una risposta in nome della Legge. Egli risponderà loro a partire dalla sua esperienza della misericordia di Dio: quella donna e i suoi accusatori, tutti, hanno bisogno del perdono di Dio.

Gli accusatori stanno solo pensando al peccato della donna e alla condanna della Legge. Gesù cambierà la prospettiva. Porrà gli accusatori di fronte al loro peccato. Davanti a Dio tutti devono riconoscersi peccatori. Tutti hanno bisogno del suo perdono.

Poiché continuano a insistere sempre di più, Gesù si alza e dice loro: Chi di voi è senza peccato, getti per primo la pietra contro di lei. Chi siete voi per condannare a morte questa donna, dimenticando il vostro peccato e il vostro bisogno del perdono e della misericordia di Dio?

Gli accusatori se ne andarono uno dietro l’altro. Gesù orienta verso una convivenza in cui la pena di morte non può essere l’ultima parola su un essere umano. Più avanti Gesù dirà solennemente: “Non sono venuto per giudicare il mondo, ma per salvarlo”.

Il dialogo di Gesù con la donna porta nuova luce sul suo agire. Gli accusatori se ne sono andati, ma la donna non si è mossa. Sembra avere bisogno di ascoltare un’ultima parola di Gesù. Non si sente ancora liberata. Gesù le dice: Neanch’io ti condanno; va’ e d’ora in poi non peccare più.

Le offre il suo perdono e, nello stesso tempo, la invita a non peccare più. Il perdono di Dio non annulla la responsabilità, ma esige conversione. Gesù sa che “Dio non vuole la morte del peccatore ma che si converta e viva”.

NOUS AVONS TOUS BESOIN DE PARDON

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Comme il en avait l’habitude, Jésus a passé la nuit tout seul avec son Père bien-aimé dans le Mont des Oliviers. Il commence une nouvelle journée, rempli de l’Esprit de Dieu, qui l’envoie « proclamer la délivrance des captifs…et la libération des opprimés ». Il se verra bientôt, entouré d’une foule venue l’écouter sur l’esplanade du temple.

Soudain, un groupe de scribes et de pharisiens fait irruption amenant “une femme prise en flagrant délit d’adultère ». Ce n’est pas le destin terrible qui attend cette femme qui les inquiète. Personne ne lui pose de question. Elle est déjà condamnée. Pour les accusateurs c’est très clair : « La loi de Moïse nous demande de lapider les femmes adultères ». Et toi, qu’en dis-tu ?

La situation devient dramatique: les pharisiens sont tendus, la femme est angoissée et les gens attendent. Jésus garde un silence surprenant. Il a devant lui cette femme humiliée, condamnée par tous. Elle sera bientôt mise à mort. Est-ce aussi le dernier mot de Dieu sur cette femme, sa fille ?

Jésus, qui est assis, se penche vers le sol et commence à écrire quelques traits par terre. Il cherche sûrement de la lumière. Les accusateurs lui demandent une réponse au nom de la Loi. Mais lui va leur répondre à partir de son expérience de la miséricorde de Dieu : eux tous, cette femme et ses accusateurs, ont besoin du pardon de Dieu.

Les accusateurs ne pensent qu’au péché de la femme et à la condamnation de la Loi. Jésus change de perspective. Il met les accusateurs devant leur propre péché. Tous doivent se reconnaître pécheurs devant Dieu. Tous ont besoin de pardon.

Comme ils insistent de plus en plus, Jésus se lève et leur dit: “Que celui qui est sans péché lui jette la première pierre”. Qui êtes-vous pour condamner à mort cette femme, tout en oubliant vos propres péchés et votre besoin du pardon et de la miséricorde de Dieu ?

Les accusateurs “commencent à se retirer l’un après l’autre”. Jésus vise une vie en société où la peine de mort ne peut être le dernier mot sur un être humain. Quelque temps après, Jésus dira solennellement : « Je ne suis pas venu pour juger le monde mais pour qu’il soit sauvé »

Le dialogue de Jésus avec la femme donne un éclairage nouveau à son agissement. Les accusateurs se sont retirés mais la femme n’a pas bougé. Elle semble avoir besoin d’entendre le dernier mot de Jésus. Elle ne se sent pas encore libérée. Jésus lui dit : « Moi non plus, je ne te condamne pas. Va et désormais ne pèche plus ».

Il lui offre son pardon tout en l’invitant à ne plus pécher. Le pardon de Dieu n’annule pas la responsabilité mais il exige la conversion. Jésus sait que « Dieu ne veut pas la mort du pécheur mais qu’il se convertisse et qu’il vive ».

WE ALL NEED FORGIVENESS

José Antonio Pagola.

As is his custom, Jesus has spent the night alone with his dear Father on the Mount of Olives. He’s beginning a new day, full of God’s Spirit who sends him to “proclaim freedom to the captives…and bring liberty to the oppressed.” Right away we see him surrounded by a crowd that fills the plaza of the temple to listen to him.

Suddenly a group of scribes and Pharisees break in, bringing along “a woman who had been caught committing adultery”. They aren’t worried about the terrible destiny awaiting this woman. No one questions anything. She’s already condemned. Her accusers put it very clearly: “The Law of Moses commands us to stone adulterers. What do you have to say?”

It’s a dramatic situation: the Pharisees are tense, the woman terrified, the people waiting expectantly. Jesus keeps a surprising silence. He has before him that humiliated woman, condemned by everyone. She will soon be executed. Is that God’s last word about this daughter of God’s?

Jesus, who is seated, bends down to the ground and begins to write something in the dust. Certainly he’s seeking enlightenment. The accusers demand his response in the name of the Law. He will give them a response from his experience of God’s mercy: that woman and her accusers, all of them, are in need of God’s forgiveness.

The accusers are only thinking of the woman’s sin and the Law’s condemnation. Jesus will change the perspective. He will place the accusers in front of their own sinfulness. Before God, all have to recognize themselves as sinners. All need God’s forgiveness.

Since they keep on insisting , Jesus stands up and says to them: “Let the one among you who is guiltless be the first to throw a stone at her.” Who are you to condemn this woman to death, forgetting your own sins and your own need for God’s forgiveness and mercy?

The accusers “went away one by one”. Jesus points to a way of living together where the death penalty can’t be the last word about a human being. Later on, Jesus will solemnly say: “I haven’t come to judge the world, but to save it.”

Jesus’ dialogue with the woman throws new light on what he’s doing. The accusers are gone, but the woman is still there. It appears that she needs to hear the last word from Jesus. She doesn’t feel freed yet. Jesus tells her “Neither do I condemn you. Go away, and from this moment sin no more.”

He offers her forgiveness, and at the same time, he invites her to sin no more. God’s forgiveness doesn’t do away with responsibility, but does demand conversion. Jesus knows that “God doesn’t desire the death of the sinner, but that the sinner be converted and live.”

GUZTIOK DUGU BARKAZIO BEHARRA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Ohitura duenez, Oliamendin eman du Jesusek gaua, bakarrik, bere Aita kutunarekin. Jainkoaren Espirituaz beterik hasi nahi du egun berria; hark bidali du «gatibuei liberazioa hots egitera… eta zapalduak askatzera». Laster inguratuko zaio jendetza handi bat, tenpluaren zelaigunera hari entzutera etorria.

Bat-batean, idazkari- eta fariseu-talde bat etorri da, «adulterioan harrapatu duten emakume bat» dakartela. Ez zaie axola emakumearen zori izugarria. Emakumeari inork ez dio galderarik egin. Jada heriotzara galdua da. Salatzaileek argi utzi dute: «Moisesen legeak emakume adulteriogileak harrika hiltzeko agindua eman digu. Zuk, zer diozu?»

Dramatikoa da egoera: fariseuak urduri daude, emakumea estu, jendea zer gertatuko. Jesus isilik harrigarriro. Bere aurrean du emakume umiliatu hura, guztiek gaitzetsia. Laster hilko dute. Hau ote da Jainkoaren azken hitza bere alaba honetaz?

Jesus eseria dago, eta lurrerantz makurtu da, eta lurrean zirriborroak idazten hasi. Segur aski, argi bila dabil. Akusatzaileek erantzun bat eskatzen diote Legearen izenean. Jainkoaren errukiaz duen esperientziatik erantzungo die: emakumea eta akusatzaileak, guztiak dira Jainkoaren barkazioaren beharrean.

Alabaina, akusatzaileak, soilik, emakumearen bekatua dute buruan eta Legearen kondena. Jesusek aldatu egingo du ikusmira. Beren bekatua jarriko die begi aurrean akusatzaileei. Jainkoaren aurrean, guztiek aitortu behar dute bekatari direla. Guztiak dira haren barkazio-beharrean.

Gero eta gehiago eskatzen diotelako, zutik jarri eta esaten die Jesusek: «Zuetan bekaturik ez duenak, bola diezaiola lehen harria». Zein zarete zuek emakume hau heriotzara galtzeko, zeuen bekatuaz eta Jainkoaren barkazio- eta erruki-beharraz ahaztuz?

Akusatzaileek, orduan, «alde egin dute batak bestearen ondoren». Jesusek elkar bizitza iradokitzen du; hartan, pertsona bati dagokionez, azken hitza ez du izango heriotza-zigorrak. Geroago, goraki esango du: «Ni ez naiz etorri mundua juzgatzera, salbatzera baizik».

Jesusek emakumearekin izan duen solasak beste argi bat eskaini digu haren jardueraz. Akusatzaileak joan dira, baina emakumea ez da mugitu. Ematen du, Jesusen azken hitza entzun beharra duela. Artean ez da sentitu guztiz liberatua. Jesusek diotso: «Nik ere ez zaitut gaitzesten. Zoaz eta, aurrerantzean, ez gehiago bekaturik egin».

Bere barkazioa eskaini dio; aldi berean, gehiago bekaturik ez egitera gonbidatu du. Jainkoaren barkazioak ez du desegiten erantzukizuna, bihotz-berritzea eskatzen du. Jesusek badaki «Jainkoak ez duela nahi bekataria hiltzea, baizik eta bihotz-berritu eta bizi dadin nahi du».

TOTS NECESSITEM PERDÓ

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Segons el seu costum, Jesús ha passat la nit tot sol amb el seu Pare estimat a la Muntanya de les Oliveres. Comença el nou dia, ple de l’Esperit de Déu que l’envia a “proclamar l’alliberament dels captius… i donar llibertat als oprimits. Aviat es veurà envoltat per una gentada que va a l’esplanada del temple per escoltar-lo.

Tot d’una, un grup de mestres de la llei i fariseus irromp portant “una dona que havia estat sorpresa cometent adulteri”. No els preocupa la destinació terrible de la dona. Ningú l’interroga de res. Està ja condemnada. Els acusadors ho deixen molt clar: “Moisès en la Llei ens ordenà d’apedregar aquestes dones. I tu, què hi dius?

La situació és dramàtica: els fariseus estan tensos, la dona angoixada, la gent expectant. Jesús guarda un silenci sorprenent. Té davant seu aquella dona humiliada, condemnada per tots. Aviat serà executada. És aquesta l’última paraula de Déu sobre aquesta filla seva?

Jesús, que seu, s’inclina cap a terra i comença a escriure alguns traços a terra. Segurament busca llum. Els acusadors li demanen una resposta en nom de la Llei. Ell els contestarà des de la seva experiència de la misericòrdia de Déu: la dona i els seus acusadors, tots ells, estan necessitats del perdó de Déu.

Els acusadors només estan pensant en el pecat de la dona i en la condemna de la Llei. Jesús canviarà la perspectiva. Posarà als acusadors davant del seu propi pecat. Davant Déu, tothom ha de reconèixer-se pecador. Tots necessiten el seu perdó.

Com que continuen insistint en la pregunta, Jesús s’incorpora i els diu: “Aquell de vosaltres que no tingui pecat, que tiri la primera pedra”. Qui sou vosaltres per condemnar a mort aquesta dona, oblidant els vostres propis pecats i la vostra necessitat del perdó i de la misericòrdia de Déu?

Els acusadors “s’anaren retirant l’un darrere l’altre”. Jesús apunta cap a una convivència on la pena de mort no pot ser l’última paraula sobre un ésser humà. Més endavant, Jesús dirà solemnement: “Jo no he vingut per jutjar el món sinó per salvar-lo”.

El diàleg de Jesús amb la dona ofereix una nova llum sobre la seva actuació. Els acusadors s’han retirat, però la dona no s’ha mogut. Sembla que necessita escoltar una última paraula de Jesús. No se sent encara alliberada. Jesús li diu “Jo tampoc no et condemno. Vés-te’n i, d’ara endavant no pequis més”.

Li ofereix el seu perdó, i, a la vegada, la convida a no pecar més. El perdó de Déu no anul•la la responsabilitat, sinó que exigeix conversió. Jesús sap que “Déu no vol la mort del pecador sinó que es converteixi i visqui”.

TODOS NECESITAMOS PERDÓN

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Segundo o seu costume, Xesús pasou a noite a soas co seu Pai benquerido no Monte das Oliveiras. Comeza o novo día, cheo do Espírito de Deus que o envía para “proclamar a liberación dos cativos…e dar liberdade aos oprimidos.

Ben axiña se verá rodeado dun grande xentío que acode para escoitalo á explanada do templo

De súpeto, un grupo de escribas e fariseos irrompe traendo “unha muller sorprendida en adulterio”. Non lles preocupa o destino terribel da muller. Ninguén a interroga de nada. Xa está condenada. Os acusadores déixano moi claro: “A Lei de Moisés mándanos apedrar ás adúlteras. Ti, que dis?

A situación é dramática: os fariseos están tensos, a muller angustiada, a xente expectante. Xesús garda un silencio sorprendente. Ten diante si aquela muller humillada, condenada por todos. E será executada. Porén, será esta a última palabra de Deus sobre esta filla súa?

Xesús, sentado, inclínase para ao chan e comeza a escribir uns trazos na terra. De seguro que busca luz. Os acusadores, no nome da Lei, pídenlle unha resposta.

El responderalles desde a súa experiencia da misericordia de Deus: Aquela muller e os seus acusadores, todos eles, están necesitados do perdón de Deus.

Os acusadores só están a pensar no pecado da muller e na condena da Lei.

Xesús cambiará a perspectiva. Poñerá aos acusadores diante do seu propio pecado. Ante Deus, todos teñen de recoñecérense pecadores. Todos necesitan o seu perdón.

Como seguen a insistírenlle cada vez máis, Xesús incorpórase e dilles: “O que estea sen pecado, que lle tire a primeira pedra”. Quen sodes vós para condenardes á morte a esa muller, esquecendo os vosos propio pecados e a vosa necesidade do perdón e da misericordia de Deus? Os acusadores “vanse retirando un tras outro”.

Xesús apunta cara a unha convivencia onde a pena de morte non pode ter a última palabra sobre dun ser humano.

Máis adiante, Xesús dirá solemnemente: “Eu non vin xulgar o mundo senón a salvalo”.

O diálogo posterior de Xesús coa muller proxecta nova luz sobre a súa actuación. Os acusadores retiráronse, pero a muller non se moveu. Parece que necesita de escoitar unha última palabra de Xesús. Non se sente aínda liberada.

Xesús dille “Tampouco eu te condeno. Vaite e, en diante, non peques máis”.
Ofrécelle o seu perdón, e, ao mesmo tempo, invítaa a non pecar máis.

O perdón de Deus non anula a responsabilidade, senón que esixe conversión. Xesús sabe que “Deus non quere a morte do pecador senón que se converta e viva”.

我们都需要宽恕

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

像往常一样,在橄榄山上耶稣与他所爱的父单独交谈了一夜。新的一天开始了,他充满了天主的神,被派遣去“向俘虏宣告释放……使被压迫者获得自由”。很快地,他被从圣殿赶来聆听他的人群所包围。

突然,一群经师和法利塞人打断了他,带来了“一个正在犯奸淫时被抓住的妇人”。没有人在乎这个女人最后的命运,没有询问也没有审问,她已经被判罪了。指控者们已经说得很明白:“梅瑟的法律命令我们用石头砸死这样的妇人。你怎么说?”

场面是非常戏剧性的:法利塞人紧张而兴奋,妇人忧虑而绝望,人群急于知道下文。耶稣却出乎意料地沉默了。在他面前的这个卑贱的女人已经被众人定了罪,很快就要被处死了。难道这就是天主对他女儿的最后决定吗?

耶稣,原本是坐着,现在弯下腰去开始在地上写字。显然他正在寻找光照。指控者以法律之名向他要求以一个答复。他从父的慈悲的经验中给予一个回答:那个女人和她的指控者,所有的人,都需要天主的宽恕。

这些指控者只看到那个女人的罪和法律规定的惩罚。耶稣却改变了看问题的角度,他把指控者的罪摆在他们面前。在天主面前,我们所有的人都应该承认我们是罪人,我们都需要他的宽恕。

由于他们不停地追问,耶稣就站起身来,对他们说:“你们中间谁没有罪,先向她投石吧”。你们是谁,竟忘了自己的罪与对天主仁慈宽恕的需要而判定这个女人死刑?

指控者们“一个一个地溜走了”。耶稣确信并指出死刑不是人类的最终命运。之后,他将庄严地宣布:“我来不是为审判世界,而是为拯救世界”。

耶稣与罪妇的对话给这个事件注入了新的光照。指控者们已经离开了,可罪妇没有动,似乎她需要听听耶稣的话,她还没有感觉到释放。耶稣对她说:“我也不定你的罪。去吧,以后不要再犯罪了”。

耶稣给予她宽恕,同时,邀请她不再继续犯罪。天主的宽恕并不废除人的责任,而是要求悔改。耶稣知道“天主不愿意罪人死亡,而愿意他悔改而生活”。

gama..Y VOSOTROS, ¿QUIÉNES DECÍS QUE SOIS?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 12/03/13.- «Iglesia» [del griego κκλησία; del latín ecclesia] significa “convocación”. Dios convoca a su Pueblo desde todos los confines de la tierra.

Místicos, ascetas y ermitaños, sacerdotes con sotana, religiosas de vida activa, curas obreros de barriadas que luchan por la solidaridad y la justicia. Misioneros de los cinco continentes, monjas y monjes que en su clausura escuchan el clamor del mundo y sin cesar oran por ello. Pobres y ricos que en todos los países hallan el mismo consuelo al escuchar las Bienaventuranzas; trabajadores del Reino ya sea en su casa y su barrio o en lugares que jamás pensaron visitar un día. Voluntarios en Haití, el Congo y la India, médicos que en África ofrecen unos brazos donde se acurrucan para morir tantos niños y niñas desnutridos, hijos del hambre y la miseria.

Están los que en el primer mundo conciencian para erradicar la pobreza. Los que hacen brotar sonrisas en basureros, guetos y favelas; los defensores de derechos humanos que anhelan abrir caminos para la paz ya sea en campos de refugiados o en mitad del desierto, en las grandes ciudades, los más altos cerros o en lo profundo de la selva. Quienes abogan en favor de la causa indígena, los que condenan la esclavitud y la explotación tercermundista; creyentes también los presos hacinados en cárceles de condiciones insalubres (ésos que esperan la libertad, ésos que no han de alcanzarla, ésos que aguardan su final en el corredor de la muerte). Hay gente que participa en cursillos prematrimoniales y gente que atiende a mujeres víctimas de violación y maltrato. Los que se dedican a la enseñanza y dan clase en universidades, escuelitas, centros privados.

Quienes trabajan con emigrantes y esperan a pie de playa la llegada de pateras (unas alcanzan su destino, otras jamás llegan a la costa y dejan tras de sí un rastro de sueños ahogados, una familia que aguarda noticias, papeles mojados). Los que trabajan con menores (niños soldado en Sierra Leona, niños de la calle que esnifan cola, obligados a trabajar y explotados, víctimas de vejaciones, alcohol, drogas); los que asisten a refugiados políticos, presos de guerra, enfermos de sida, moribundos, mujeres prostituidas. Están los que se involucran en ONG’s y hacen proyectos para construir escuelas, pozos y hospitales; recogen ropa, alimentos y medicinas, juguetes y libros, gestionan becas de estudio y operaciones médicas. Están los que adoptan, los que apadrinan, los que no tienen dinero pero dan amor a manos llenas, los que acogen el dolor de viudas y madres que pierden a maridos e hijos en absurdas guerras.

Hay creyentes de procesión e incienso, los que leen vidas de santos y los que el mes de mayo llevan flores a María. Unos escriben encíclicas, otros no saben qué es eso; están los supersticiosos que piden a San Antonio un novio o encontrar algún objeto; y los que en las bodas siempre leen 1Corintios13. Estudiosos de la ley, teólogos de la liberación y teólogas que reivindican la igualdad de la mujer dentro y fuera de la Iglesia. Laicos y laicas, comprometidos y alejados cuyas obras –sin pretenderlo– son rito y testimonio de un Dios que ama y acoge, perdona y sana. Gente de misa diaria, gente de fin de semana, de “comunión-boda-y-bautizo”. Los de “en la orilla he dejado mi barca”, del “J.C.” de Mecano, de música sacra, misa góspel, canto gregoriano.

Gente de ermita y de romería, nazarenos y costaleros, hermanos de cofradías. Los fervorosos, los del “quiero y no puedo” creer, los Manuel Bueno Mártir que pierden la fe y viven con el alma en eterna noche oscura. De rosario y letanías, Liturgia de las horas y oración establecida; los que toman “de acá y allá” y rezan según el espíritu inspira. Los habituales de Ejercicios y quienes no han hecho en su vida. Los que dan consuelo en hospitales y tanatorios. Quienes velan por los ancianos y les dan amor en sus últimos días; los de comedores sociales, quienes enfrentan la violencia y asesinatos de lugares como Ciudad Juárez. Los que ofrecen su trabajo para que la sociedad progrese. Familias numerosas, pequeñas familias; solteros y casados; creyentes “free-lance” y miembros de comunidades: los se reúnen abiertamente, quienes lo hacen a escondidas porque son perseguidos a causa de su fe (en países que no la aceptan) o por su orientación sexual, su identidad y su opción de vida incluso dentro de la Iglesia: divorciados, travestis, homosexuales que no dejan que ciertas críticas les separen de un Dios que –saben– les ama infinitamente.

Madres y padres que dan catequesis y enseñan a rezar a sus hijos. Gente que cree pese a la oposición de su familia. Abuelas que llevan en su parroquia toda la vida. Amanuenses, copistas, dibujantes de miniaturas, escritores y artistas portavoces de la causa de Jesús. Gente de Cáritas y personas que han perdido cuanto tenían. “Sin techo” que en el bolsillo llevan una estampita, y espontáneos que van a su encuentro y lo hacen “no por Dios sino porque me sale de dentro”. Los que participan en macro-reuniones con el Papa y quienes no pueden ni verlo… pero encuentran en Jesús un modelo de vida coherente. Acompañantes espirituales. Curas que hacen soñar y curas que dan sueño.

Santos en altares, gente de pueblo que no piensa en santidad pero le da un vuelco el corazón si ven a alguien que sufre. Los que twittean mensajes de Dios-2.0. y quienes dan buenas noticias sin notar que también eso es Evangelio. Los que están tristes y aguardan, los que están enfermos y confían, los que tienen más amor que esperanza y más esperanza que fe, los del “algo debe haber” y los que creen a pies juntillas. Quienes se visten “de domingo” y van a imponentes iglesias, y los que celebran a campo abierto bajo un techo de caña o un cielo estrellado. Están los que al rezar el Credo callan algunas partes porque no lo ven claro, y los que viven convencidos de que ese trozo de pan es Jesús-Eucaristía. Hay censores y hay censurados que al plantear su lectura de la Biblia dejan a un lado lo divino… y se centran en lo humano.

Están los que viven relajadamente su fe y los que se agobian con los “mandatos” de un Dios-Juez; quienes se sienten “hijos”, “peregrinos”, “legionarios”. Los que se mortifican, los que (se) abandonan, los anawim, bufones de Dios, gusanitos de Jacob. Viejitas que se reúnen para rezar juntas el breviario y jóvenes que les da sueño sólo de pensarlo. Hay monjas con velo y religiosas en vaqueros; niños que son niños y niños-marineros. Hay cristianos del pesebre y cristianos del madero, los “más papistas que el Papa” y los devotos de la Guadalupana. Hay creyentes pasotas, “sui generis”, de ayuno y voto de silencio, y otros que están tan hartos ya de algunos planteamientos que no dejan de alzar la voz para renovar la Iglesia desde dentro.

TODOS son Iglesia: los de infinitas dudas, los que lo tienen claro, los que han encontrado su sitio, los que siguen buscando, quienes aprenden de la vida y quienes van a seminarios, los que creen a su manera y los sin fe… que siguen esperando. Gente muy normalita con sus circunstancias, su idioma, su cultura, su vida… Iglesia que todo comprende (o debería), en la que todos tienen cabida. Piensen lo que piensen algunos, digan lo que digan, TODOS somos Iglesia: la de errores garrafales, la que nos duele y anima con un mismo Espíritu. Pueblo de Dios y pan de cada día, esta Iglesia nuestra: reunión de hermanos y familia tan extensa que… ¡ah sí!… también al Vaticano da cabida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

colores..DELIRIOS POR UN PARLAMENTO DEL PUEBLO DE DIOS
VICENTE GÓMEZ ARBIOL, vicegar@hotmail.com
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 11/03/13.- El lunes 11 de febrero por la mañana no me encontraba nada bien, incluso volví a casa antes de hora. Al llegar, mientras me preparaba algo caliente para tomar, escuché la noticia de la renuncia al papado de Benedicto XVI, luego me acosté en la cama. Esa misma tarde, la gripe, se manifestó con toda su virulencia, provocándome fiebre alta y mucho malestar general.

Desconozco si fue por causa de la fiebre o por ser la última noticia que se quedo bailando en mi cabeza, el caso es que entre delirios, me venia el tema de la iglesia como institución y la pregunta: ¿qué se podría hacer para actualizarla e incluso democratizarla?

Realmente no era la primera vez que pensaba en este tema, pero si que me resultaba, en estos momentos, mucho más insistente la idea.

Bueno, paso a continuación a escribir lo que seguramente son delirios provocados por la fiebre, o… ¿quizás no?:

Creo que lo primero que habría que hacer, de base, sería un censo, un censo real de todos los que de algún modo se sienten “iglesia”. Realmente es increíble la de grupos, movimientos, colectivos e individuos diferentes que se sienten “iglesia”, pues en este censo, tendrían que tener cabida todos ellos. Por suscribirlos a un distrito o territorio, se podría tomar como núcleo la parroquia o concejo. Con esto no quiero limitar el censo a los miembros establecidos y participes de las parroquias y punto, como decía antes hay mucha gente vinculada o no, a un colectivo determinado y que no está directamente relacionado con las parroquias, tales como a un colegio, a una orden religiosa, a cofradías, caritas, monasterios, grupos alternativos, sindicatos, voluntarios, asociaciones, movimientos sociales…

Bueno, pues toda esta gente libremente podría censarse, si se sintieran de algún modo “iglesia”.

Una vez que cada parroquia o concejo tuviera su censo, se trataría de hacer asambleas parroquiales (como hemos dicho “parroquia” en el más amplio sentido de la palabra), donde de forma totalmente libre se pudiera hablar y exponer las ideas de “iglesia” que cada uno tuviera, este sería quizás el proceso más interesante. Una vez escuchados y reflexionados los diferentes puntos de vista, se apreciarían las diferentes visiones y quizás saldrían propuestas concretas. Estas propuestas pasarían a ser candidatas para ser votadas por la asamblea.

Todos los censados tendrían voto, y para evitar los eternos dualismos, y que hubiera más capacidad representativa del sentir general, la forma de voto podría ser de la siguiente manera:

Cada votante dispondría por ejemplo de una serie de puntos: 10 para la propuesta que te convenza al 100%, 8 puntos si te gusta mucho pero hay lagunas, 6 puntos, 4 puntos y 2 puntos, para las propuestas con algún punto de interés. El votante de esta manera podría valorar distintas propuestas y no solo quedarse con una, o tampoco tendría por que utilizar todas las puntuaciones.

Una vez realizada la votación se elegirían las tres propuestas con más puntuación (con este sistema de voto, puede que gane una propuesta con varios votos de 10 puntos, pero también es posible que gane alguna que no tenga tantos 10 puntos plenos, pero tenga otros muchos puntos de los de menor valor, esto significaría que cuenta con el agrado por parte de mucha más gente, aunque no sea aceptado el planteamiento al 100%, en este caso tras la elección cabría matizarla por la asamblea)

Para evitar caer otra vez en una jerarquización, lo mejor sería que no pudieran ser elegidos los sacerdotes responsables de la parroquia, vicaría, obispo etc. Lo lógico es que en principio, la mayoría, fueran laicos comprometidos, o religiosos y religiosas de a pié, y desde luego, donde la mujer tuviera una presencia clave.

Las tres propuestas (con sus representantes) elegidas de cada parroquia pasarían a formar la asamblea del arciprestazgo (si por ejemplo un arciprestazgo tiene una media de 10 parroquias, la asamblea la formarían 30 personas) de nuevo cada propuesta aportada por los representantes elegidos de cada parroquia sería expuesta y reflexionada, y a su vez se produciría una votación con el mismo sistema ya explicado. Donde se elegirían las tres propuestas con más puntuación. Estas pasarían a ser la asamblea de la vicaría. (Si suponemos que cada vicaría tiene de media de 8 a 10 arciprestazgos, seguiríamos teniendo una asamblea de 25/30 personas) aquí se volvería a repetir el proceso de escucha y votación de donde saldrían las tres propuestas con más puntos como representación de cada vicaría, formando una asamblea diocesana.

Siguiendo de esta forma, cada 8 o 10 diócesis reunidas otra nueva asamblea y votación.

Seguiríamos de la misma manera, creando esta cadena, hasta llegar a una asamblea o Parlamento Mundial del Pueblo de Dios. Donde estaría reflejado el sentir de los miembros creyentes de una iglesia viva, participativa y de iguales.

Este parlamento surgido de la base del pueblo creyente, sería en igualdad de oportunidades, sin los privilegios tradicionales de Europa en detrimento del resto de Continentes. (Habría que estudiar la manera de hacer un porcentaje equitativo)

Además cada representante, independientemente del nivel en el que esté, (asamblea parroquial, arciprestal… diocesana, mundial) tendría como apoyo la asamblea de donde habría salido, y a su vez la responsabilidad de trasmitirles lo que se decida o hable en la que les representa, formándose una cadena viva e intercomunicada, de abajo arriba y de arriba a bajo. De esta forma, y de una manera rápida, habría un flujo de información, y de un sentir real, en ambas direcciones, que dinamizaría la vida de la iglesia de forma inaudita.

Por otra parte podría estar la estructura actual y jerárquica de la iglesia, y ellos verían donde colocan la participación efectiva de este parlamento. (Pero creo que una vez iniciada, esta sería imparable…y, ¿no sería esta también una forma de escuchar la voz del Espíritu que habla a través de su pueblo?). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

pregunta¿NUEVO PAPA?
KOLDO ALDAI, coordinacion@foroespiritual.org
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 05/03/13.- Todas las crónicas que se van filtrando vienen a indicarnos que el anciano Papa no tenía ya fuerza suficiente para asir la escoba que ha de barrer el polvo y detritus acumulados por los rincones de las estancias vaticanas. A un buen alemán seguramente no le hubiera complacido una limpieza a medias. Ante tan duro desafío es humano que le tentara la paz de una cercana celda de clausura. No es objeto de estas líneas hacer leña del árbol que ya se inclina, ni siquiera el de analizar la naturaleza de los elementos y aspectos en franca descomposición en el seno de la Iglesia. Los pormenores de los escándalos e intrigas van saliendo a la luz solos día a día.

Ante ese desalentador panorama, deseamos más bien enfocar la mirada hacia adelante. El derrumbe de lo “más santo”, quizás sea inequívoca señal para intentar reinventarse de nuevo, reinventarse a partir de la esencia que no caduca, del Verbo que nunca muere; rehacerse a partir de Jesús y su mensaje eterno de fraterno amor. El escándalo rayaría tan alto que, ahora más que nunca, primaría empezar de cero.

No habría corrido la historia en balde. No se habría agitado para nada el estandarte de la cristiandad. La Iglesia no fue ni mejor, ni peor que el conjunto de la tropa humana, sólo que, en medio de estos veloces tiempos, los cristianos de dentro y de fuera ensayamos de alguna forma refundarnos y la institución eclesiástica no manifiesta, en ese sentido, apenas signos. No es que ella cante en latín y se esconda en un bunker, no es que se una con las fuerzas más reaccionarias e impida a la mujer elevar la forma sagrada en el altar, no es que permanezca huida en el pasado…, es que la degradación, según relatan los periódicos, ha alcanzado ya a órganos vitales.

Cuando hace dos milenios el Maestro nos provocó con aquello de que Le siguiéramos, nos pidió también, muy a conciencia, abandonarlo todo. La llamada al vital desnudo nunca caducaría. Hoy como ayer nos hallaríamos ante el reto imprescindible de dejación del oro, la púrpura y la pompa, pero sobre todo del alarde más peligroso del dogma, la doctrina y los convencionalismos. En los albores del tercer milenio de Su era, podríamos intentarlo. ¿O es que algún seguidor de Jesús puede creer que Éste caminaría hoy satisfecho por los pasillos vaticanos de fuera, o a la vera de la prosa petrificada de sus catecismos de dentro?

Sirva el escándalo cuanto menos para que los/as seguidores/as de Jesús nos pongamos un poco más a la par, para que nadie exhiba curriculum o herencia. Sirva un Vaticano en profunda crisis moral, para que pueda surgir un diálogo más de igual a igual entre los cristianos de dentro y de fuera de la Iglesia institución. No es sólo un borrón y cuenta nueva, es un cogerse de la mano, es un aunar de corazones y voluntades para que el principio de incondicional amor que testimonió Jesús, más pronto que tarde, alcance la tierra entera. Nadie exhiba carnet de autenticidad, después de todo lo que nos hemos enterado en todos estos días. Ahora como hace 2.000 años, no hay más pedigrí, que el de quien se vuelca en entera donación al prójimo y sus necesidades.

Vista Sus humildes sandalias de cuero, pero sobre todo Su corazón inmenso, quien pretenda en exclusiva en la tierra representarLe. Tremendo baño de humildad y a partir de ahí carrera sólo para ser más consecuentes con Su testimonio y palabra que nunca mueren. A partir de ahí intentar descubrir cuál es la versión 2.0, el mensaje actualizado a nuestros días del Nazareno sin institución legataria, sin lugar, ni tiempo.

No desearíamos un nuevo y pomposo Papa, desearíamos una refundación integral de una institución tan anclada en la Edad Media. Todo agente de genuino progreso humano en cualquier ámbito de la actividad se desenvuelve en clave de compartir y cooperar, procura trabajar en redes más y más horizontales. Sin embargo la Iglesia mira a un solo balcón, repara en un báculo, atiende un único dictado. ¿Cuánto desmedido poder no quieren aún seguir acumulando cuantos visten negra sotana? La humanidad, en vías de emancipación de tutelas de todo orden, no puede aceptar más sumisión que a los principios y valores universales que pregonó Jesús; no puede asumir más devoción que aquella debida al resto de la humanidad, sobre todo a aquella más sufriente…

Lo proclamamos por supuesto con todos los respetos: no desearíamos nuevo Pontífice, preferiríamos un hermano en Roma, falible, de carne y hueso, camisa y pantalón. Si alguien nos preguntara, quisiéramos un conocedor del humano y sus desafíos, no de la letra y las formas que caducan; un abridor de nuevos caminos, un abrazador de otros sentires, un ingeniero puenteador con otros credos. Desearíamos un hombre, una mujer en el Vaticano que día a día se preguntara, no cómo defender el imperio de la fe, sino cómo extender el principio de solidaridad universal, de fraterno amor; que en cada momento se interrogara cómo caminaría el Nazareno por las inciertas, convulsas, pero al mismo tiempo esperanzadoras, avenidas de nuestros días. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

SilencioEL SILENCIO DE LA CEE
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 04/03/13.- Cuántas veces las palabras nos confunden, nos hacen pensar en otro significado. Y si las palabras pueden llevarnos a confusión, qué decir de las siglas. La cosa se complica si a eso le sumamos que al leerlas no estés en tu mejor momento, como me ocurrió hace unos días, medio adormilada por un fuerte catarro.

Leí distraídamente el siguiente titular: “La CEE ha donado casi 20 millones de euros en cinco años” y, recostada en el sofá, la sigla me trajo el recuerdo de Cee, un pueblo de Galicia cerca de Finisterre, bella tierra cerca de la Costa da Morte.

El siguiente intento de leer la noticia entera fue también fallido: la somnolencia producida por el catarro y el sofá me dejaron en estado de duermevela y la sigla esta vez me recordó la antigua denominación de la actual Unión Europea: “Comunidad Económica Europea”, quizás hubiera sido más real haberlo dejado como estaba, al fin sólo se habla de dinero. De nuevo caí en letargo.

Al rato me enderecé con decisión, resuelta a dejar de divagar y centrarme en la lectura detallada del artículo que seguía al titular. Lo conseguí: “La Conferencia Episcopal Española entrega a Cáritas 6 millones de euros” (…) “en cinco años, casi 20 millones en aportaciones extraordinarias de la CEE con motivo de la crisis.

Es una buenísima noticia, sin duda. Cada vez se acercan a Cáritas más personas para  recibir todo tipo de ayuda. Las noticias dicen que están desbordados y sigue subiendo el número de necesidades provocadas por los recortes, el paro, los desahucios y, todo ello, aderezado con el continuo goteo de nuevos a casos de corrupción que están minando la credibilidad de partidos, instituciones y organismos del Estado.

Cáritas es la Iglesia con sus miles de voluntarios. También son Iglesia quienes marcan una X en la Declaración de la Renta; y la Conferencia Episcopal Española (CEE) también es la Iglesia con sus 2 cardenales, 14 arzobispos, 52 obispos titulares y 9 obispos auxiliares; más los llamados “Eméritos”: 4 cardenales, 5 arzobispos, 23 obispos titulares y 3 obispos auxiliares (Fuente: conferenciaepiscopal.es).

El tercer grupo citado, la CEE (compuesto por 112 personas) representan a todo el Pueblo de Dios de nacionalidad española. Creo no equivocarme entendiendo que son los padres y pastores, como decimos en las preces, que guían y pastorean al rebaño. Es natural que Cáritas reciba y siga recibiendo dinero de la CEE, pero eso no le exime de profundizar más en el cuidado y protección de la gente. Con el término “gente” (de nuevo las palabras hay que explicarlas) me estoy refiriendo a seres humanos, hijos de Dios, sin distinciones.

Habrán de ahondar en el meollo de la injusticia que se está llevando a cabo contra los más débiles o debilitados por la situación económica que sufre este país, a causa de la ambición y la corrupción de unos cuantos (bastantes, por cierto).

¿Qué se está echando de menos de la CEE? Que, de una vez, deje el silencio de cinco años (los mismos que llevan aportando dinero para ayudar a los que lo necesitan) y como un coro de 112 voces al unísono denuncie lo que está pasando. Que convoquen a la gente en la plaza de Colón, como en tantas otras ocasiones (Visitas de Papas, Familias, Derecho a la Vida, etc.), y en otras plazas de ciudades y pueblos, para que sientan que están a su lado y que denuncian con la Buena Nueva una situación de injusticia que está causando mucho dolor.

Veinte millones de euros, y muchos más que hubieran aportado, no hacen olvidar el sentimiento de orfandad que genera el silencio de la CEE.

Encabezar y acompañar en la denuncia para desenmascarar la injusticia y la corrupción es Caridad, que significa AMOR a Dios y a los hermanos.

Y aquí quedo tarareando con la media voz que me dejó mi catarro de hace pocos días: “Ubi Caritas et amor, ubi Caritas… Deus ibi est”  hasta que pueda cantarlo con otros el próximo Jueves Santo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

‘Jesús en Roma’

Publicado: 1 marzo, 2013 en PUBLICACIONES
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Jesús en Roma‘JESÚS EN ROMA’
Una novela de Juan Mª Laboa en Ediciones Khaf
ANTONIO FERNÁNDEZ, info@edicioneskhaf.es
MADRID.

ECLESALIA, 01/03/13.- Si imagináramos tener a Jesús frente a frente… ¿qué le diríamos? ¿Y qué nos diría él?

Esta situación, seguramente imaginada por muchas personas a lo largo de la historia, es la que recrea el profesor Juan María Laboa en su novela Jesús en Roma (Ediciones Khaf). El autor, especialista en Historia de la Iglesia, profesor universitario emérito y escritor prolífico en su materia, presenta una novela que configura “una parábola alegre, desenfadada y llena de cariño; un sueño al estilo de Hume y Martini; una idea de Iglesia vivida y sentida desde dentro”.

Jesús llega a Roma acompañado de un grupo de seguidores tales como Pedro, María Magdalena, Ignacio de Loyola, Melania, Inés… Recorren la ciudad y se encuentran “con creyentes y no creyentes, jóvenes, estudiantes, religiosas y religiosos consagrados, grupos parroquiales, familias…”. Se produce un encuentro personal que no deja a nadie indiferente… Ni siquiera a la jerarquía eclesial, que va a experimentar un gran cambio tras el encuentro.

Es tal la impresión que causa el cara a cara con Jesús que parece que la novela se torna realidad ante la decisión que toma el papa en la obra y que mucho recuerda a la de Benedicto XVI. Pero hay que leer el libro completo porque la parábola es envolvente, solo tiene sentido si se lee entera, ya que la narración constituye un todo que se va completando y entrecruzando a medida que los diversos episodios van explicándose y enriqueciéndose mutuamente.

Gesù a RomaJuan Mª Laboa publica a la vez en castellano e italiano. Presentará su libro el próximo jueves 14 de marzo en Madrid, en el Colegio Mayor Universitario Chaminade a las 19:30 horas. Será una magnífica ocasión para preguntar al autor si algo de lo que ha pasado lo intuía al escribir este libro… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://www.edicioneskhaf.es

Antes que sea tarde

Publicado: 27 febrero, 2013 en BIBLIA
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higuera.3 Cuaresma (C) Lucas 13, 1-9
ANTES QUE SEA TARDE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 27/02/13.- Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.

Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: “Convertíos y creed en esta Buena Noticia”. Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.

Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al “Reino de Dios”. Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.

En cierta ocasión cuenta una pequeña parábola. Un propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.

Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.

El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, “el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el “aggiornamento” o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un “corazón nuevo”, una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.

Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.

Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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ANTES QUE SEJA TARDE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Tinha passado já bastante tempo desde que Jesus se havia apresentado na Sua terra de Nazaré como Profeta, enviado pelo Espírito de Deus para anunciar aos pobres a Boa Nova. Continua a repetir incansável a Sua mensagem: Deus está já próximo, abrindo-se caminho para fazer um mundo mais humano para todos.

Mas é realista. Jesus sabe bem que Deus não pode mudar o mundo sem que nós mudemos. Por isso se esforça em despertar nas pessoas a conversão: “Convertei-vos e acreditai nesta Boa Nova”. Esse empenho de Deus em fazer um mundo mais humano será possível se respondemos acolhendo o Seu projeto.

Vai passando o tempo e Jesus vê que as pessoas não reagem à chamada como seria o Seu desejo. São muitos os que Vêm escutá-Lo, mas não chegam a abrir-se ao “Reino de Deus”. Jesus vai insistir. É urgente mudar antes que seja tarde.

Em certa ocasião conta uma pequena parábola. Um proprietário de um terreno tem plantado uma figueira no meio da sua vinha. Ano após ano, vem à procura de fruto nela e não o encontra. A sua decisão parece a mais sensata: a figueira não dá fruto e está a ocupar inutilmente um terreno, o mais razoável é corta-la.

Mas o encarregado da vinha reage de forma inesperada. Porque não deixa-la todavia? Ele conhece aquela figueira, viu-a crescer, cuidou-a, não a quer ver morrer. Ele mesmo lhe dedicará mais tempo e mais cuidados, a ver se dá fruto.

O relato interrompe-se bruscamente. A parábola fica aberta. O dono da vinha e o seu encarregado desaparecem de cena. É a figueira é quem decidirá a sua sorte final. Entretanto, receberá mais cuidados que nunca desse vinhador que nos faz pensar em Jesus, “O que veio procurar e salvar o que estava perdido”.

O que necessitamos hoje na Igreja não é só introduzir pequenas reformas, promover o “aggiornamento” ou cuidar a adaptação aos nossos tempos. Necessitamos de uma conversão a nível mais profundo, um “coração novo”, uma resposta responsável e decidida à chamada de Jesus a entrar na dinâmica do Reino de Deus.

Temos de reagir antes que seja tarde. Jesus está vivo no meio de nós. Como o encarregado da vinha, Ele cuida das nossas comunidades cristãs, cada vez mais frágeis e vulneráveis. Ele alimenta-nos com o Seu Evangelho, sustenta-nos com o Seu Espírito.

Temos de olhar o futuro com esperança, ao mesmo tempo que vamos criando esse clima novo de conversão e renovação que necessitamos tanto e que os decretos do Concilio Vaticano não puderam até agora consolidar na Igreja.

PRIMA CHE SIA TARDI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Era passato già abbastanza tempo da quando Gesù si era presentato nel suo villaggio di Nazareth come Profeta, inviato dallo Spirito di Dio per annunciare ai poveri la Buona Notizia. Continua a ripetere, instancabile, il suo messaggio: Dio è vicino, e si apre il cammino per fare un mondo più umano per tutti.

Ma è realista. Gesù sa bene che Dio non può cambiare il mondo senza che cambiamo noi. Per questo si sforza di risvegliare nella gente la conversione: “Convertitevi e credete in questa Buona Notizia”. Questo impegno di Dio nel fare un mondo più umano sarà possibile se rispondiamo accogliendo il suo progetto.

Va passando il tempo e Gesù vede che la gente non reagisce alla sua chiamata come egli vorrebbe. Sono molti quelli che vengono ad ascoltarlo, ma non arrivano ad aprirsi al “Regno di Dio”. Gesù insisterà. È urgente cambiare prima che sia tardi.

Una volta racconta una piccola parabola. Il proprietario di un terreno ha piantato un fico in mezzo alla sua vigna. Anno dopo anno viene a cercarvi frutto e non lo trova. La sua decisione sembra la più sensata: il fico non dà frutto e sta occupando inutilmente il terreno. La cosa più logica sarebbe tagliarlo.

Ma il vignaiolo reagisce in maniera inattesa. Perché non lasciarlo ancora? Egli conosce quel fico, l’ha visto crescere, si è preso cura di lui, non vuole vederlo morire. Lui stesso gli dedicherà più tempo e più attenzione per vedere se dà frutto.

Il racconto s’interrompe bruscamente. La parabola resta aperta. Il padrone della vigna e il suo vignaiolo scompaiono dalla scena. È il fico che deciderà la sua sorte finale. Nel frattempo riceverà più cure che mai da quel vignaiolo che ci fa pensare a Gesù, “colui che è venuto a cercare e salvare quel che era perduto”.

Quello di cui oggi nella Chiesa abbiamo bisogno non è soltanto introdurre piccole riforme, promuovere l’aggiornamento o adattarsi ai nostri tempi. Abbiamo bisogno di una conversione a livello più profondo, un cuore nuovo, una risposta responsabile e decisa alla chiamata di Gesù a entrare nella dinamica del Regno di Dio.

Dobbiamo reagire prima che sia tardi. Gesù è vivo in mezzo a noi. Come il vignaiolo, egli si prende cura delle nostre comunità cristiane, sempre più fragili e vulnerabili. Egli ci alimenta con il suo Evangelo, ci sostiene con il suo Spirito.

Dobbiamo guardare al futuro con speranza, mentre andiamo creando questo clima nuovo di conversione e rinnovamento di cui abbiamo tanto bisogno e che i decreti del Concilio Vaticano II non hanno potuto fino ad ora consolidare nella Chiesa.

AVANT QU’IL NE SOIT TROP TARD

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Un long moment s’était écoulé depuis que Jésus était revenu dans son village de Nazareth en tant que Prophète envoyé par l’Esprit de Dieu pour annoncer aux pauvres la Bonne Nouvelle. Sans se lasser, il continue de relancer son message : Dieu est déjà proche, en train de se frayer un chemin afin de construire un monde plus humain pour tous.

Mais il est réaliste. Jésus sait très bien que Dieu ne changera pas le monde si nous n’acceptons pas de changer. C’est pourquoi il s’efforce d’appeler les gens à la conversion : « Convertissez-vous et croyez à la Bonne Nouvelle ». Cet engagement de Dieu à rendre notre monde plus humain ne sera possible que si nous y répondons en accueillant son projet.

Le temps passe et Jésus constate que les gens ne réagissent pas à son appel comme il le souhaiterait. Ils sont nombreux à venir l’écouter mais ils ne sont pas prêts à s’ouvrir au « Royaume de Dieu ». Jésus insiste. Il est urgent de changer avant qu’il ne soit trop tard.

A un moment donné, il raconte une petite parabole. Un propriétaire terrien avait planté un figuier au milieu de sa vigne. Chaque année, il vient y chercher du fruit mais il n’en trouve pas. Sa décision semble la plus sensée : le figuier ne donnant aucun fruit et occupant inutilement une place, le plus raisonnable c’est de le couper.

Mais le responsable de la vigne réagit d’une façon inattendue. Pourquoi ne pas le laisser encore un temps ? Il connait ce figuier, il l’a vu grandir, il en a pris soin et il ne veut pas le voir mourir. Il lui consacrera plus de temps et plus de soins, espérant qu’il donnera du fruit.

Le récit est brusquement interrompu. La parabole reste ouverte. Le maître de la vigne et son responsable disparaissent de la scène. C’est le figuier lui-même qui décidera de son sort final. En attendant, il recevra plus de soins que jamais de la part de ce vigneron qui nous fait penser à Jésus, « lui qui est venu chercher et sauver ce qui était perdu ».

Ce dont nous avons besoin aujourd’hui dans notre Eglise, ce n’est pas seulement d’introduire de petites réformes, de promouvoir “l’aggiornamento” ou les adaptations à notre temps. Nous avons besoin d’une conversion à un niveau plus profond, nous avons besoin d’ « un cœur nouveau », d’une réponse responsable et décidée à Jésus qui nous appelle à entrer dans la dynamique du Royaume de Dieu.

Il nous faut réagir avant qu’il ne soit trop tard. Jésus est vivant au milieu de nous. Comme le responsable de la vigne, il prend soin de nos communautés chrétiennes, de plus en plus fragiles et vulnérables. Il nous nourrit de son Evangile et nous soutient par son Esprit.

Il nous faut regarder l’avenir avec espérance, tout en créant ce nouveau climat de conversion et de renouvellement dont nous avons tant besoin et que les décrets du Concile Vatican II n’ont pas réussi à consolider jusqu’à maintenant dans l’Eglise.

BEFORE IT’S TOO LATE

It’s been some time since Jesus had presented himself as a prophet at his hometown of Nazareth: the one sent by God’s Spirit to announce Good News to the poor. He tirelessly keeps repeating his message: God is near, opening up the path to make our world more human for everyone.

But he’s realistic. Jesus well knows that God can’t change the world without us changing ourselves. That’s why he goes out of his way to awaken in people their need for conversion: “Change your hearts and believe in the Good News”. This effort on God’s part to make our world more human will only be possible if we respond by welcoming God’s project.

Time has passed and Jesus sees that the people don’t respond to his call as he would want. There are many who come to listen to him, but don’t end up opening themselves to “God’s Reign”. Jesus keeps insisting. It’s urgent to change before it’s too late.

On one occasion he told a short parable. A property owner has a fig tree planted in the middle of his vineyard. Year after year he comes looking for fruit on it and doesn’t find any. His decision seems to be very sensible: the fig tree doesn’t bear fruit and is needlessly taking up space, so the only thing to do is cut it down.

But his manager responds in an unexpected way. Why not leave it be for awhile? He’s familiar with that fig tree, has seen in grow, has taken care of it, and doesn’t want to see it die. He himself will put in more time on it and take care of it, to see if it bears fruit.

This story ends abruptly. The parable doesn’t have an ending. The owner of the vineyard and his manager disappear from the scene. It’s up to the fig tree to decide its fate. Meanwhile, it will be receiving more attention than ever before from this vineyard worker who reminds us of Jesus, “the one who has come to seek out and save what had been lost”.

What we need today in the Church isn’t just to introduce little reforms, promote ‘aggiornamento’ or take care to adapt to our times. We need a conversion at a much more profound level, a ‘new heart’, a responsible and committed answer to Jesus’ call to enter into the dynamic of God’s Reign.

We need to act before it’s too late. Jesus is alive and well in our midst. Just like the manager of the vineyard, Jesus takes care of our Christian communities, everyday more fragile and vulnerable. He feeds us with his Gospel, he sustains us with his Spirit.

We need to look at the future with hope, and at the same time create a new atmosphere of conversion and renewal so desperately needed, an atmosphere that the decrees of Vatican II up till now wasn’t able to bring about in the Church.

BERANDUEGI IZAN AURRETIK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Aski denbora joana zen Jesus Nazaret bere herrian agertu zenetik profeta bezala, pobreei Berri Ona hots egiteko Jainkoaren Espirituak bidalitakoa bezala. Aspertu gabe jarraitzen du bere mezua errepikatzen: Jainkoa hurbil da jada, bidea urratuz, mundua gizon-emakume guztientzat gizatasun handiagoko bihurtu nahiz.

Baina errealista da. Jesusek badaki Jainkoak ezin duela mundua aldatu guk nahi izan gabe. Horregatik ari da jendeagan bihotz-berritu nahia esnatzen: «Bihotz-berri zaitezte eta sinetsi Berri On hau». Mundua gizatasun handiagoko bihurtzeko, Jainkoak ari duen ahalegin hori posible izango da, haren egitasmoa onartuz erantzuten badugu.

Denbora aurrera doa, eta Jesus ikusten ari da jendeak ez diola erantzuten bere deiari berak nahi izango lukeen bezala. Asko datoz berari entzutera, baina ez diote irekitzen bihotza «Jainkoaren Erreinuari». Dei eta dei jarraituko du Jesusek. Premia gorrikoa da aldatzea, beranduegi izan aurretik.

Halako batean, parabola labur bat kontatu die. Lur-jabe batek pikondo bat du bere mahastiaren erdian. Urtea joan urtea etorri, fruitu bila joaten da jabea, baina ez du aurkitzen. Arrazoizkoena ematen du haren erabakiak: pikondoak ez dakar fruiturik eta alferrik ari da lurra betetzen; hura botatzea da arrazoizkoena.

Baina mahastiko arduradunak espero ez zen moduan erreakzionatu du. Zergatik ez utzi oraino? Ezagutzen du berak pikondoa, hazten ikusi du, zaindu ere zaindu du, ez du ikusi nahi orain hiltzen. Berak eskainiko dio denbora eta ardura gehixeago, ea fruiturik ematen duen.

Bat-batean eten da kontakizuna. Parabolak irekirik jarraitzen du. Mahasti-jabea eta arduraduna ezkutatu egin dira eszenatik. Pikondoak erabakiko du bere azkena. Bitartean, inoiz baino arreta handiagoa eskainiko dio mahastiko arduradunak, gogora Jesus bera dakarkigun horrek: «galdua zegoenaren bila etorri baita eta salbatzera».

Gaur egun Elizan behar duguna, ez da erreforma koxkor batzuk txertatzea, «aggiornamentua» eragitea edota gure aldi honetara egokitzea. Behar duguna, bihotz-berritzea da maila sakonago batean, «bihotz berria», ihardeste erantzulea eta deliberatua Jainkoaren Erreinuaren dinamikan sartzeko Jesusek egiten digun deiari.

Beranduegi izan aurretik behar dugu erreakzionatu. Jesus bizirik da gure artean. Mahastiko arduraduna bezala, gero eta hauskorrago eta zaurigarriago diren gure kristau-elkarteez axolatzen da. Bere Ebanjelioaz janaritzen gaitu, bere Espirituaz sostengatzen.

Esperantzaz begiratu behar diogu geroari, aldi berean, hartaraino behar ditugun eta Vatikano II.a kontzilioaren dekretuek Elizan ezin sendotu izan dituzten bihotz-berritzearen eta berrikuntzaren giro berria sortzen goazelarik.

ABANS QUE SIGUI TARD

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Havia passat ja força temps des que Jesús s’havia presentat al seu poble de Natzaret com Profeta, enviat per l’Esperit de Déu per anunciar als pobres la Bona Notícia. Segueix repetint incansable el missatge: Déu és a prop, obrint-se camí per fer un món més humà per a tothom.

Però és realista. Jesús sap bé que Déu no pot canviar el món sense que nosaltres canviem. Per això s’esforça a despertar la gent a la conversió: “Convertiu-vos i creieu en aquesta Bona Notícia”. Aquest afany de Déu en fer un món més humà serà possible si responem acollint el seu projecte.

Va passant el temps i Jesús veu que la gent no reacciona a la seva crida com seria el seu desig. Són molts els que vénen a escoltar, però no acaben d’obrir-se al “Regne de Déu”. Jesús hi insistirà. És urgent canviar abans que sigui tard.

Una vegada explica una petita paràbola. Un propietari d’un terreny té plantada una figuera enmig de la seva vinya. Any rere any, va a buscar-hi fruit i no en troba. La seva decisió sembla la més assenyada: la figuera no dóna fruit i està ocupant inútilment un terreny, el més raonable és tallar-la.

Però l’encarregat de la vinya reacciona de manera inesperada. Per què no deixar-la encara? Ell coneix aquella figuera, l’ha vist créixer, n’ha tingut cura, no la vol veure morir. Ell mateix li dedicarà més temps i i en tindrà més cura, a veure si fa fruit.

El relat s’interromp bruscament. La paràbola queda oberta. L’amo de la vinya i el seu encarregat desapareixen d’escena. És la figuera la que decidirà la seva sort final. Mentrestant, rebrà més atencions que mai d’aquest vinyater que ens fa pensar en Jesús, “el que ha vingut a buscar i salvar allò que s’havia perdut”.

El que necessitem avui a l’Església no és només introduir petites reformes, promoure el “aggiornamento” o tenir cura de l’adaptació als nostres temps. Necessitem una conversió a nivell més profund, un “cor nou”, una resposta responsable i decidida a la crida de Jesús a entrar en la dinàmica del Regne de Déu.

Hem de reaccionar abans que sigui tard. Jesús és viu enmig nostre. Com l’encarregat de la vinya, ell té cura de les nostres comunitats cristianes, cada vegada més fràgils i vulnerables. Ell ens alimenta amb el seu Evangeli, ens sosté amb el seu Esperit.

Hem de mirar el futur amb esperança, al mateix temps que anem creant aquest clima nou de conversió i de renovació que necessitem tant i que els decrets del Concili Vaticà no han pogut fins ara consolidar en l’Església.

DENANTES QUE SEXA TARDE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xa pasara bastante tempo desde que Xesús se presentou no seu pobo de Nazaret como Profeta, enviado polo Espírito de Deus para anunciar aos pobres a Boa Noticia.

Segue repetindo incansábel a súa mensaxe: Deus está xa preto, abríndose camiño para facer un mundo máis humano para todos.

Pero é realista. Xesús sabe ben que Deus non pode cambiar o mundo sen que nós cambiemos. Por iso se esforza en espertar na xente a conversión: “Convertédevos e crede nesta Boa Noticia”. Ese empeño de Deus en facer un mundo máis humano será posíbel se respondermos acollendo o seu proxecto.

Vai pasando o tempo e Xesús ve que a xente non reacciona á súa chamada como sería o seu desexo. Son moitos os que veñen escoitalo, pero non acaban de abrírense ao “Reino de Deus”. Xesús vai insistir. É urxente cambiar antes que sexa tarde.

En certa ocasión conta unha pequena parábola. Un propietario dun terreo ten plantada unha figueira no medio da súa viña. Ano tras ano, vén buscar froito nela e non o atopa. A súa decisión parece a máis sensata: a figueira non dá froito e está ocupando inutilmente un terreo. O máis razoábel é cortala.

Porén o encargado da viña reacciona de xeito inesperado. Por que non deixala aínda? El coñece aquela figueira, viuna crecer, coidouna e non a quere ver morrer. El mesmo dedicaralle máis tempo e máis coidados, a ver si dá froito.

O relato interrómpese bruscamente. A parábola fica aberta. O dono da viña e o seu encargado desaparecen de escena. Ten de ser a figueira a que decida a súa sorte final.

Mentres tanto, recibirá máis coidados do que nunca dese viñador que nos fai pensar en Xesús, “o que veu buscar e salvar o que estaba perdido”.

O que necesitamos hoxe na Igrexa non é só introducirmos pequenas reformas, promovermos o “aggiornamento” ou coidarmos a adaptación aos nosos tempos.

Necesitamos unha conversión no nível máis profundo, un “corazón novo”, unha resposta responsábel e decidida á chamada de Xesús a entrarmos na dinámica do Reino de Deus.

Temos de reaccionarmos antes que sexa tarde. Xesús está vivo no medio de nós. Como o encargado da viña, el coida das nosas comunidades cristiás, cada vez máis fráxiles e vulnerábeis. El aliméntanos co seu Evanxeo, sostennos co seu Espírito.

Temos de mirarmos o futuro con esperanza, ao mesmo tempo que imos creando ese clima novo de conversión e renovación que necesitamos tanto e que os decretos do Concilio Vaticano II non puideron ata hora teren consolidado na Igrexa.

在还来得及的时候

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

自从耶稣在他的家乡纳匝肋以受天主的圣神派遣来向穷人宣讲好消息的先知身份出现之后,已经过了很久了。他永不疲倦地重复着他的信息:天主已经临近了,他不断地打开着道路,为所有的人建设一个更加人性化的世界。

但是耶稣非常地实际,他很清楚地知道如果我们不改变,天主不能改变世界。因此他竭尽全力地呼吁人家悔改:“你们悔改信从福音吧”。如果我们答复他的呼唤,投入这份爱的工程,天主的就有可能实现。

时间已经过了很久了,耶稣看到人们像他希望的那样回应他的召唤。许多人来聆听他,但没有真正向“天主的国”开放。耶稣坚持他的观点。必须在来不及之前赶快悔改。

某一次他讲了一个小小的比喻。一个园主在他的葡萄园中种了一棵无花果树。几年后,他来找果子,但没有找到。他做了一个相当明智的决定:既然无花果树不结果,只是在白白地浪费土地,最合理的做法就是砍掉它。

然而,园丁的反应出人意料。何不再等等呢?他认识这棵树,他曾看着它长大,曾照顾过它,他不忍心看着它就这样死去。他愿意在它身上花更多的时间,给予它更多的照料,再看它是否结果。

这个故事就此嘎然而止。比喻有一个开放式的结局。葡萄园的主人与园丁就此消失,无花果树将决定它最后的命运。与此同时,它将从这位园丁接受从未有过的细心照顾。这让我们想到耶稣,“他来寻找并拯救那已迷失的”。

今天的教会需要的不只是一些小小的改革,或将传统的教理用现代的语言来表达,我们需要一个更深层次的转变,一颗“崭新的心”,面对耶稣的召唤做出一个负责任的、决定性的答复。

我们必须尽快做出反应,否则就太晚了。耶稣活在我们中间,就像那个园丁,他照顾着我们越来越虚弱而脆弱的基督徒团体。他以他的福音滋养我们,以他的神支撑着我们。

我们应以希望的眼光面向未来,同时不断地创造着悔改和更新的新氛围,我们是如此地需要悔改,梵二文献不断地要求我们如此去做。

LlavesLA RENUNCIA DE BENEDICTO XVI Y EL PAPADO
JOSÉ AROCENA, jarocena@ucu.edu.uy
URUGUAY.

ECLESALIA, 26/02/13.- La renuncia de Benedicto XVI fue sin duda un hecho importante. No parece sin embargo que lo más destacable de este suceso sea la danza de nombres con que la prensa se ha entretenido durante los días siguientes al anuncio. Un artículo de José María Castillo publicado en su blog “Teología sin censuras” el pasado 12 de febrero lleva por título “El problema no es el Papa… el problema es el papado”. De alguna manera, lo que José María Castillo quiere destacar es que si bien el nombre del futuro Papa puede tener importancia, lo que la Iglesia debe examinar es ese conjunto de tradiciones y formalismos que hacen del Papa una figura extraña y lejana del hombre y la mujer contemporáneos. Su carácter de obispo de Roma “primus inter pares” (el primero entre iguales) queda desfigurado tras esa imagen de “sumo pontífice” a lo que se agrega ese apelativo de “santo padre”. Dice Castillo: “Lo mejor de esta renuncia, a mi entender, es que nos desvela -quita el velo- a una mal entendida tradición en la Iglesia, centrada en costumbres y atavismos formales que han llegado a tener una importancia absolutamente desproporcionada e incluso contraria al espíritu y a las prácticas auspiciadas por el Maestro”.

En estas pocas palabras, se expresa con acierto lo que el papado es actualmente, señalando incluso que ese conjunto de “tradiciones” son contrarias al espíritu y a las prácticas que caracterizaron la vida de Jesús y que los evangelios nos han trasmitido.

Entiendo por ese conjunto de costumbres y atavismos formales, tanto lo relacionado al boato del Vaticano completamente fuera de época, como a las formas de administrar la Iglesia marcadas por un férreo centralismo basado en una interpretación al menos abusiva, de la pretendida infalibilidad papal.

El centralismo romano no resiste hoy al cambio de época. Como dijo el Cardenal Martini pocos días antes de morir: la Iglesia está al menos dos siglos atrasada. No puede relacionarse con el mundo una Iglesia que se está encerrando en sí misma, que está repitiendo fórmulas y proponiendo prácticas que poco tienen que ver con el gigantesco cambio de época al que estamos asistiendo.

Las voces de la Iglesia en los distintos continentes temen expresarse ante los desbordes autoritarios del centralismo romano. ¡Esa es la cuestión del papado! Sin ir más lejos, el reciente Congreso de Teología llevado a cabo en la sede de la Universidad jesuita de Unisinos (Porto Alegre) que reunió a más de 700 cristianos laicos, sacerdotes, religiosos y obispos, tuvo que vencer oposiciones originadas en el Vaticano. Esa tentativa de impedir la expresión de sectores relevantes de la Iglesia latinoamericana, es una forma más del característico “disciplinamiento” que pretende la cúpula vaticana, sobre el conjunto de la Iglesia.

¿Qué esperanzas se pueden alimentar entonces ante el nuevo Cónclave? El Superior General de los jesuitas, P. Adolfo Nicolás sj, analizando el último Sínodo, señaló la ausencia de la voz del Pueblo de Dios:“La voz del Pueblo de Dios no tiene ocasión de expresarse. Es un Sínodo de Obispos y, por eso, no se cuenta con la participación activa del Laicado aun cuando un número de expertos y “observadores” (auditores) asisten como invitados… Por eso era difícil evitar el sentimiento de que se trataba de una reunión de “Hombres de Iglesia afirmando la Iglesia”, lo cual es ciertamente bueno pero no precisamente lo que necesitamos cuando estamos a la búsqueda de una Nueva Evangelización. Podemos caer en el peligro de buscar “más de lo mismo” (Servicio digital de información SJ, vol. XVI, nº17, 29 de octubre de 2012).

Sin duda, este es uno de los puntos principales para que una renovación de la Iglesia haga posible su acercamiento a un mundo en profunda transformación. Cuando en la sociedad contemporánea se afirma el valor de la diversidad, el centralismo romano pretende una comunidad cristiana uniforme, confundiendo así unidad con uniformidad. Es cierto que a ratos se disfraza de pluralismo étnico porque existen comunidades en distintos continentes y distintas culturas. Pero curiosamente la pretensión es reducir toda esa diversidad a las categorías culturales que expresan los ritos y los dogmas, es decir a la cultura occidental celosamente mantenida hasta el extremo en los palacios vaticanos.

Si se quiere un ejemplo, basta con recordar lo que se hizo con la comunidad cristiana de San Miguel de Sucumbios en Ecuador. Un largo proceso de construcción de comunidad pretendió ser eliminado mediante el envío de un Instituto tradicionalista, vertical y cuasi militar como los Heraldos del Evangelio. Esta decisión es fruto de una gran ineptitud para entender la diversidad o peor aún, la consecuencia de una manera equivocada de concebir la unidad. La comunidad demostró su madurez organizando una resistencia pacífica y finalmente ese Instituto debió retirarse de esos territorios. Se trata de un excelente ejemplo del fracaso de la uniformidad impuesta por el centralismo romano. Si por alguna razón se quiso corregir alguna orientación existente en la comunidad, el instrumento elegido no fue el diálogo entre hermanos, sino la imposición autoritaria.

El papado deberá dejar de ser algo muy parecido a una monarquía, cuya cabeza es electa por un grupo de “príncipes”. Es inaceptable que la Iglesia esté gobernada por una suerte de rey sostenido por eso que se llama “príncipes de la Iglesia”, es decir por los cardenales. La Iglesia no debe tener un jefe, mucho menos un rey. El único referente de los cristianos es Jesús, que no pretendió ejercer ninguna magistratura en este mundo.

Alguien dirá que se necesita alguna forma de organización para poder convivir. Es cierto, pero a la luz del Evangelio parece muy claro que esa forma de convivencia no es la actual. Si el papado toma la iniciativa de revisar las estructuras caducas de la Iglesia, sin duda habrá miles de personas, miles de comunidades que apoyarán la iniciativa y que de una u otra forma, colaborarán en la búsqueda de una organización más acorde con nuestro tiempo. Se necesitaría una organización mucho más representativa de la totalidad de las iglesias esparcidas por el planeta. Si las autoridades centrales de la Iglesia no se abren a un debate de esta naturaleza, de todas maneras, las iglesias particulares en todo el mundo están ya en camino de llevar adelante una profunda reflexión sobre estos temas.

No hay que dudar de la fidelidad al Evangelio de miles y millones de cristianos dispuestos a abrir las ventanas y dejar que entre el aire fresco. Una gran apertura al Pueblo de Dios es lo que se necesita para salir de la esclerosis e interpretar los signos de los tiempos. A veces se han mencionado los miedos a un tipo de funcionamiento más democrático, imaginando que se crearían organizaciones parecidas a los partidos políticos. Estos temores reflejan una mentalidad que se guía solamente por el acceso al poder. Cuando hablamos de nuevas formas de convivencia, no estamos refiriéndonos a disputas políticas por el poder, sino a ser capaces de escucharnos unos a otros y de resolver los problemas aplicando la inagotable sabiduría de la palabra de Jesús expresada en los Evangelios. Como en toda organización humana habrá mecanismos de poder, pero sería deseable que fueran bastante más positivos y más representativos, que las sórdidas intrigas palaciegas que hoy recorren el Vaticano y que terminan por influir decisivamente en la elección del Papa.

Nos preguntamos si hay que esperar algo del futuro Cónclave. Si algo puede fundamentar nuestra esperanza, será que esta señal que fue la renuncia de Benedicto XVI, sirva para abrir los ojos y los oídos de quienes se encargan hoy del gobierno de la Iglesia. Más allá de muchas de las orientaciones temerosas y conservadoras impartidas por el Papa renunciante, es necesario reconocer que este acto de dimisión tiene el valor de destapar las lógicas debilidades humanas de cualquier gobernante o de cualquier sistema humano de gobierno. Dejemos de hablar de una especie de magia del Espíritu Santo que sirve para cubrir ambiciones y negociaciones muy humanas. Las formas humanas son siempre defectuosas, lo único que podemos hacer es intentar mejorarlas y hacerlas más adecuadas a la misión para la que fueron concebidas.

Es en este sentido que el Pueblo de Dios debe tener una palabra en cada uno de los rincones de la Tierra. Confiar en la presencia del Espíritu significa entre otras cosas, no tener miedo a las múltiples formas de expresión del pueblo cristiano. No es posible encerrar el Espíritu entre las paredes de la Capilla Sixtina. Es exactamente al revés: “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20). Esos dos o tres se reúnen en nombre de Jesús en las grandes ciudades, en los campos, en los desiertos, en las montañas o junto al mar. No hay paredes que guarden extraños secretos y opacas decisiones, que protejan maniobras o que permitan creerse dueños de las conciencias.

Es cierto que está muy trabada la posibilidad de un cambio en la Iglesia. Es cierto que hay muchos intereses que tratarán de impedir que las transformaciones se produzcan. Las estructuras burocráticas como las de la Iglesia tienden a protegerse contra toda amenaza que ponga en peligro los mecanismos de poder establecidos o que cuestione la legitimidad de los cargos. Si en el nuevo Papa hubiera una voluntad auténtica de cambiar, tendrá que proceder generando nuevos apoyos que no podrán ser los de la Curia Romana. Será seguramente en la pluralidad de las iglesias particulares donde encontrará muchos grupos de cristianos dispuestos a contribuir con una tarea que es sin duda de enormes dimensiones. Ojalá sea posible comenzar a transitar por ese camino. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).