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SilencioEL SILENCIO DE LA CEE
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 04/03/13.- Cuántas veces las palabras nos confunden, nos hacen pensar en otro significado. Y si las palabras pueden llevarnos a confusión, qué decir de las siglas. La cosa se complica si a eso le sumamos que al leerlas no estés en tu mejor momento, como me ocurrió hace unos días, medio adormilada por un fuerte catarro.

Leí distraídamente el siguiente titular: “La CEE ha donado casi 20 millones de euros en cinco años” y, recostada en el sofá, la sigla me trajo el recuerdo de Cee, un pueblo de Galicia cerca de Finisterre, bella tierra cerca de la Costa da Morte.

El siguiente intento de leer la noticia entera fue también fallido: la somnolencia producida por el catarro y el sofá me dejaron en estado de duermevela y la sigla esta vez me recordó la antigua denominación de la actual Unión Europea: “Comunidad Económica Europea”, quizás hubiera sido más real haberlo dejado como estaba, al fin sólo se habla de dinero. De nuevo caí en letargo.

Al rato me enderecé con decisión, resuelta a dejar de divagar y centrarme en la lectura detallada del artículo que seguía al titular. Lo conseguí: “La Conferencia Episcopal Española entrega a Cáritas 6 millones de euros” (…) “en cinco años, casi 20 millones en aportaciones extraordinarias de la CEE con motivo de la crisis.

Es una buenísima noticia, sin duda. Cada vez se acercan a Cáritas más personas para  recibir todo tipo de ayuda. Las noticias dicen que están desbordados y sigue subiendo el número de necesidades provocadas por los recortes, el paro, los desahucios y, todo ello, aderezado con el continuo goteo de nuevos a casos de corrupción que están minando la credibilidad de partidos, instituciones y organismos del Estado.

Cáritas es la Iglesia con sus miles de voluntarios. También son Iglesia quienes marcan una X en la Declaración de la Renta; y la Conferencia Episcopal Española (CEE) también es la Iglesia con sus 2 cardenales, 14 arzobispos, 52 obispos titulares y 9 obispos auxiliares; más los llamados “Eméritos”: 4 cardenales, 5 arzobispos, 23 obispos titulares y 3 obispos auxiliares (Fuente: conferenciaepiscopal.es).

El tercer grupo citado, la CEE (compuesto por 112 personas) representan a todo el Pueblo de Dios de nacionalidad española. Creo no equivocarme entendiendo que son los padres y pastores, como decimos en las preces, que guían y pastorean al rebaño. Es natural que Cáritas reciba y siga recibiendo dinero de la CEE, pero eso no le exime de profundizar más en el cuidado y protección de la gente. Con el término “gente” (de nuevo las palabras hay que explicarlas) me estoy refiriendo a seres humanos, hijos de Dios, sin distinciones.

Habrán de ahondar en el meollo de la injusticia que se está llevando a cabo contra los más débiles o debilitados por la situación económica que sufre este país, a causa de la ambición y la corrupción de unos cuantos (bastantes, por cierto).

¿Qué se está echando de menos de la CEE? Que, de una vez, deje el silencio de cinco años (los mismos que llevan aportando dinero para ayudar a los que lo necesitan) y como un coro de 112 voces al unísono denuncie lo que está pasando. Que convoquen a la gente en la plaza de Colón, como en tantas otras ocasiones (Visitas de Papas, Familias, Derecho a la Vida, etc.), y en otras plazas de ciudades y pueblos, para que sientan que están a su lado y que denuncian con la Buena Nueva una situación de injusticia que está causando mucho dolor.

Veinte millones de euros, y muchos más que hubieran aportado, no hacen olvidar el sentimiento de orfandad que genera el silencio de la CEE.

Encabezar y acompañar en la denuncia para desenmascarar la injusticia y la corrupción es Caridad, que significa AMOR a Dios y a los hermanos.

Y aquí quedo tarareando con la media voz que me dejó mi catarro de hace pocos días: “Ubi Caritas et amor, ubi Caritas… Deus ibi est”  hasta que pueda cantarlo con otros el próximo Jueves Santo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

indignaosLA SANTA INDIGNACIÓN
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 25/02/13.- No hace demasiado tiempo, Stephen Hessel nos exhortaba a que nos indignemos por causas injustas pero que lo hagamos pacíficamente, de manera constructiva. En esa línea están otros dos nonagenarios tan prestigiosos como José Luis Sampedro y Edgar Morin. Parece increíble que tres personas con semejante edad provecta, hayan liderado en buena parte de Europa el movimiento “Indignaos” con tanto éxito como cosechó, no hace demasiado tiempo.

La realidad es que su espíritu sigue vigente, en este caso en forma de los movimientos anti desahucios ¿Qué extraordinaria labor están desempeñando! ¡Qué lección de ética, y los resultados que están logrando! Sin embargo, la santa indignación que se ha extendido entre amplias capas de nuestra sociedad en torno a la injusticia de haber secuestrado a la dación en pago que, recordémoslo, está vigente en el ordenamiento jurídico aunque al albur de las entidades de crédito que no sienten ni padecen ante tamañas tragedias que muchas veces se convierten en actuaciones injustas y desproporcionadas a la deuda y a las circunstancias de las personas que sufren esta amenaza.

Nuevamente apelo, en calidad de cristiano de base, a las autoridades eclesiásticas de este país a que se posicionen claramente y sin ambages a favor de estos desheredados de la tierra. Aunque mejor sería decir desheredados de la vivienda. No es de recibo que, en plena Cuaresma, la iglesia oficial tan dura en otras cuestiones, se comporte de manera tan tibia y escurririza ante una injusticia tan lacerante. ¿Con qué autoridad moral reivindican otras conductas cuando la dignidad humana queda embarrada en estas y otras prácticas mercantiles viciadas en origen? Porque les recuerdo a sus excelentísimas señorías de la Conferencia Episcopal que lo que está ocurriendo es que quien no pueda pagar una pequeña cantidad del préstamo, puede quedarse sin vivienda y aun deba pagar la totalidad de la deuda. Nada que ver con lo que se aprobó en la Ley Hipotecaria a la que se completó con una disposición que permite a las entidades de crédito decidir unilateralmente sobre la aplicación de la dación en pago.

¿Hasta dónde llegará esta injusticia globalizada sin corazón ni ojos? Mientras tanto remita, sigamos con la santa indignación recorriendo el camino abierto por Hessel para mitigar los abusos institucionales de un modelo económico que ha demostrado su inviabilidad sumiéndonos en la decadencia en la que estamos sumidos. Qué pena que algunos todavía nos quieran llevar como el flautista de Hamelin en su particular huída hacia adelante hasta no sabemos dónde en nombre del progreso. Pero más pena aun que los garantes de la Buena Noticia, se comporten con exquisitez diplomática ante tamaño desaguisado. Mientras tanto, muchas personas desvalidas, están experimentando las mejores mieles de la verdadera solidaridad desde otros nichos sociales. Que viva la santa indignación, y por muchos años. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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almudena efeCARTA AL EMMO. Y RVDMO. SEÑOR CARDENAL, ANTONIO Mª ROUCO Y VARELA
JUAN ZAPATERO, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
BARCELONA.

ECLESALIA, 21/02/13.- Eminentísimo y Reverendísimo Señor Antonio Mª Rouco y Varela, Cardenal-Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Mi nombre es Juan Zapatero Ballesteros, sacerdote de la diócesis Barcelona, que se esfuerza por vivir el proyecto de Jesús, la mayor parte de veces con muy poco acierto, intentado servir lo más evangélicamente posible a la Iglesia desde la misión que se me ha confiado.

Antes de nada, quisiera pedirle que tuviera a bien disculpar este atrevimiento por mi parte, pues no en vano estoy convencido que tiene usted menesteres muy importantes que atender; más aún en estos momentos en qué, como Cardenal de la Santa Madre Iglesia, tengo la certeza que estará dedicado de lleno a la oración, pidiendo al Espíritu Santo que les asista con su luz tanto a usted como al resto del Colegio Cardenalicio en la difícil misión de escoger de aquí a pocos días al nuevo Vicario de Cristo, después de la renuncia del actual Papa, Benedicto XVI.

El motivo de mi misiva es sobre un problema, quizás demasiado simple como para que, sin querer, no hayan caído en la cuenta ni usted ni el resto de obispos que forman la Conferencia Episcopal Española. Es normal, pues ¡tienen ustedes tantos problemas, realmente serios por cierto, a los cuales intentar dar respuesta! Me vienen a la mente, entre otros, hacer frente a las desviaciones litúrgicas que en numerosos centros de culto se están llevando a cabo cada día, o a la lucha por hacer frente a tantas depravaciones morales contrarias a la doctrina de la Santa Madre Iglesia, etc. Por ello, se dará cuenta enseguida que, si lo comparamos con lo anterior, el problema del cual le quiero hablar es ciertamente de segunda categoría.

No obstante, insisto, Señor Cardenal, que perdone esta mi osadía. Mi insistencia se debe al hecho que tengo miedo que, a pesar de lo baladí del problema, lleguen ustedes tarde a aportar su pequeño granito de arena en aras de su solución. ¡Perdone mi error!, Señor Cardenal, pues no lo hecho con mala intención. He dicho pequeño granito de arena, después de caer en la cuenta que ustedes siguen siendo muy importantes en nuestro País; por la cual cosa creo que eso de las pequeñeces no va con ustedes y, por tanto, respecto al problema que nos atañe, su aportación sería muy grande. ¡Vaya, para según quién, sería incluso un bombazo!

Me refiero, Señor Cardenal, al tan traído tema de los desahucios. Ya sé que los banqueros no querrían que pasasen estas cosas, ni mucho menos; seguro que también ellos sufren y lo pasan mal. Y lo mismo el Gobierno y los dirigentes políticos. Además, según he podido escuchar en algunas tertulias de una cadena de televisión que depende de ustedes, no se puede atacar a la Banca de manera tan directa (una Banca, por otra parte, que de tanto en tanto contribuye con donativos muy generosos al buen funcionamiento de la Iglesia) ni permitir que el sistema financiero quiebre, si realmente hacemos caso de lo que piden las personas desahuciadas y todas las que les apoyan.

Puede ocurrir que, si nos dedicamos a estas cosas humanas, corramos el riesgo de distraernos en el propósito de profundizar en las exigencias del tiempo que estamos viviendo, la Santa Cuaresma: el ayuno, la abstinencia, las disciplinas, las penitencias, etc.

Sin embargo, hace unos días, Señor Cardenal, quedé turbado por un momento, aunque después pensé que pudiera tratarse más bien de una tentación, al leer unas palabras del profeta Isaías (58,6-7) que decían cosas tan gordas como “El ayuno que me resulta grato, ¿no consiste más bien en romper las cadenas de la injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No está, pues, el verdadero ayuno en compartir tu pan con el hambriento y en dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes?”

Ya sé también que, según los medios que he citado hace un momento, la mayoría de quienes padecen estos desahucios son culpables por haber intentado vivir por encima de sus posibilidades. Quizás sea verdad. Pero no le parece, Señor Cardenal, que no estaría de más brindarles una segunda oportunidad, tal y como parece decir Jesús cuando recordaba a sus discípulos que “Se había de perdonar hasta setenta veces siete” (Mt 18,21-35).

Quiero acabar para no robarle más tiempo. Sé de sobras que lo realmente importante es la unión indestructible del matrimonio y la santidad de la familia, por cuyas intenciones usted y sus hermanos rezan sin cesar.

Señor Cardenal: si a usted y a los demás obispos les sobra un poco de tiempo de esa tan noble tarea, ¡por favor, diríjanse con voz bien alta a quienes tienen poder para parar tanto dolor y sufrimiento que no hace más que destrozar a muchas personas y también a muchas familias; por quienes, no me cabe la menor duda, hace tiempo ya vienen rezando! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Su afectísimo en Cristo:

Juan Zapatero Ballesteros

 

EMMO. Y RVDMO. SEÑOR CARDENAL, ANTONIO Mª ROUCO Y VARELA

Donde está tu corazón

Publicado: 11 febrero, 2013 en REFLEXIONES
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acordeónDONDE ESTÁ TU CORAZÓN
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 11/02/13.- Que las cosas más valiosas ni son “cosas” ni se compran con dinero es un tópico que todos conocemos. Que su valor depende del peso que les damos en nuestra vida es algo que conviene recordar de vez en cuando. El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante revela el zorro al Principito, y acaso sea bueno pararse a pensar cuál es el foco de atención que ahora nos ocupa. El de la sociedad es a todas luces evidente. En las noticias, la televisión y la radio, en las redes sociales, todo gira en torno a los mismos temas: la crisis económica, el rescate de los bancos, el paro, la corrupción política, la (más que lógica) indignación y el malestar generalizado.

Está claro que no podemos vivir al margen de estas cuestiones, que resulta imprescindible tomar conciencia y aún alzar la voz para revertir esta situación y empezar a construir un mundo más justo y solidario. Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que la crisis se haya convertido en el eje central de nuestras vidas, motor de nuestras acciones, causa de nuestros desvelos, responsable de muchas partidas, fin que justifica los medios y tema de todas las conversaciones. Lógico que así sea, pero me da por pensar que al cabo – seamos o no conscientes – el “dios” al que nos entregamos cada día no es más que aquello en que nos centramos “con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente”. Y me pregunto si verdaderamente “queremos” darle tanta importancia a este culto desmedido, a esta cultura de la economía.

Porque verán ustedes, sucede que miro a mi alrededor y veo a todo el mundo triste y desesperanzado; que desde hace un tiempo todo se ha vuelto gris, que hemos perdido el interés (nunca mejor dicho) por esos otros valores que no se compran con dinero, cuyo brillo es más hermoso y duradero que el de cualquier metal. Miro a mi alrededor y veo una sociedad en la que, por economizar, se ha recortado hasta en compartir las emociones: economía del lenguaje (¡pocas palabras bastan!), de las letras de un mensaje (140 caracteres) y hasta damos las noticias por whatsapp o mensaje para ahorrar tiempo. Contemplo una sociedad en la que ya no nos miramos a los ojos: los apartamos con pudor apenas se cruzan las miradas, fijas en una pantalla de móvil o en el lado opuesto de la acera si pasamos junto a un mendigo. Ojos esquivos para evitar que nos paren por la calle porque (¡seguro!) algo querrán pedirnos. Y la vida transcurre a nuestro lado plagada de encuentros que pudieron haber sido… y no. Suerte que la maravilla sigue fluyendo entre nosotros, a la espera de que queramos atenderla.

Dejen que les cuente una anécdota: hace unas semanas estaba sentada en una terraza con una amiga. Charlábamos animadamente cuando un señor con un acordeón vino y empezó a tocar junto a nosotras. Mi primera reacción fue de cierta molestia por la interrupción inoportuna. Sonriendo, el hombre nos dirigió algún piropo y tocó algunas piezas, todo con una amabilidad exquisita. Tendría unos sesenta años. Tras unos minutos en que nadie detuvo su conversación ni levantó la cabeza del plato, se acercó a pedir una moneda. Me llamó la atención su dignidad, su serena presencia, la sensación de ser alguien con mucho vivido. Por su acento deduje que era argentino. Extendí el brazo para darle algo mientras le daba la típica excusa de que no llevaba más dinero encima. Entonces él me tocó delicadamente la mano, me sonrió y mirándome con ojos profundos dijo: «Muchas gracias, princesa. ¡Soy afortunado! No importa si es mucho o poco lo que se da. Lo importante es QUERER DAR algo».

Comprendí que aquel hombre no sólo no pedía sino que me había hecho un precioso regalo: me ofreció la música, la caricia, la mirada, la sonrisa, la gratitud desbordada, una perla de sabiduría. ¡Qué pobre había sido yo, y cuánta su riqueza! Me hizo comprender que siempre tendré algo que ofrecer a los demás: detalles que no responden al pragmatismo de “me piden, doy y listo”, sino que implican un detenerse ante el otro, un mostrarse disponible con la atención puesta en el “qué” y el “cómo”, una mirada cálida, una sonrisa amiga. En Asia esta actitud se denomina “Namasté”, y corresponde al gesto de detenerse ante el otro, unir las manos a la altura del corazón y hacer una inclinación de cabeza. “Namasté” significa: “Yo honro el lugar dentro de ti donde el Universo entero reside. Yo honro el lugar dentro de ti habitado por el amor, la luz, la paz y la verdad. Yo honro el lugar dentro de ti donde, cuando tú estás en ese punto y yo en el mío, somos sólo Uno”.

Entiéndanme, sé que parece una postura muy mística que en nada nos ahorra los disgustos y preocupaciones que tenemos encima. No crean que me es ajena esta problemática: el inmenso dolor, la dignidad herida, los sueños frustrados de tantos jóvenes y adultos, de tantas familias… Yo soy uno de esos 4.980.778 parados de España que recogen las estadísticas. Pero aunque éste sea un problema que toca enfrentar, me niego a concederle el papel central en mi vida. Y comprendo ahora el alcance de la expresión: No podéis servir a Dios y al dinero (Mt. 6,24). No hay por qué restringirlo al modelo cristiano: piense cada uno cuál es el “dios” de su vida, la fuerza que le hace levantarse, aquello para lo que vive, que absorbe su tiempo y su energía. En mi caso, si “mi dios” es el amor, la sensibilidad y la ternura; si por encima de todo quiero hacer de mi vida un canto a la belleza, la humanidad y la justicia… no puedo entregarme a esos valores y a la vez hundirme porque va mal la economía. Pura cuestión de interés, pero no puedo vivir con el corazón divido. Así que seguiré en paro, buscando como todos una salida, pero mientras ELIJO la alegría de quien sabe en el fondo cuál es su verdadera riqueza: Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón (Mt. 6,21).

Creo que ésta es una época privilegiada para replantearnos en qué basamos (o tasamos) nuestra felicidad cotidiana; cuál es nuestro “Dios” y el corazón de nuestra vida (porque “de lo que rebosa el corazón, hablan los labios”). Momento de replantear no lo que tenemos sino lo que somos; no lo que damos sino la voluntad de dar; no el intercambio sino el compartir amoroso que brota de mirar el mundo con ojos recién nacidos, de tener el oído atento a la escucha humilde, abiertos los brazos, el corazón despierto y disponible. «Ubi Amor, ibi oculus» (donde hay amor, hay visión). Es importante ver los “signos de los tiempos” en esta época que toca vivir y afrontarlos con ánimo renacido. Y saber que no caminamos solos, que muchas personas están en búsqueda, convencidas de que otra sensibilidad es aún posible.

Quizá esta actitud no nos arregle los problemas financieros, pero ayuda a plantear desde otra clave nuestra vida. Es la firme opción por empezar cada mañana sonriendo, por tener una palabra amable, privilegiar las buenas noticias, por tener siempre listo un abrazo (venciendo ese pudor que nos hace esperar “el momento oportuno”. ¡No perdáis ocasión! ¡abrazad a los que amáis hoy, ahora, sin excusas, sin motivo!). Quizá no tengamos dinero pero sí una pasión capaz de sanar este mundo dolorido. Estamos llamados a tener un corazón imbatible. En los tiempos que corren, la mayor heroicidad consiste en sembrar gestos de esperanza que resuciten esta tierra yerma. No porque vivamos al margen de los problemas, sino por puro convencimiento de que el optimismo, la gratuidad y la bondad son hoy una apuesta necesaria y un revulsivo.

Por supuesto que la crisis nos afecta, pero héroes son aquellos – decía Thomas Carlyle – que aun siendo frágiles como todos, enfrentan sus miedos y siguen adelante. Hoy más que nunca necesitamos héroes de carne y hueso: vecinos, hermanos, amigos que emprendan ese otro rescate igualmente necesario: cultivar el placer de los detalles, el gusto por simplificar la vida, el deseo de conectar con lo esencial que da saber y sabor a cada día. Necesitamos mujeres y hombres, niños, abuelas que – despojados de títulos y méritos, cheques y chaquetas – nos saquen del mono-tema y nos recuerden lo que de verdad importa, qué «queremos dar» a la gente que nos rodea. No sé hacia dónde irá la crisis, pero acaso baste con saber dónde está nuestro corazón… y hacia dónde nos lleva. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

In a world that’s filled with sorrow
there are people searching for love in every way.
It’s a long hard fight, but I’ll always live for tomorrow
I’ll look back on myself and say: “I did it for love”.
QUEEN

 

Os esperamos

Publicado: 4 enero, 2013 en DENUNCIA / ANUNCIO
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vagonesOS ESPERAMOS
Cuarta carta a los Reyes Magos
FAUSTINO VILALABRILLE, sacerdote, faustino.vilabrille@gmail.com
GIJÓN (ASTURIAS).

ECLESALIA, 04/01/13.- Queridos Reyes Magos: Es la cuarta carta que os escribo. Seguro que recordáis las tres anteriores:

En la primera (ECLESALIA, 05/01/10): Os pedíamos una Iglesia que escuchase al pueblo, fuese democrática y dejase de hacer todo a dedo, buscase la verdad con todos, dialogase con la ciencia, fuese antropocéntrica (de hombres y mujeres) y no androcéntrica (solo de hombres), y así valorase por igual a hombres y mujeres en la sociedad y en si misma y por tanto admitiese por igual a hombres que a mujeres para ser curas, obispos, etc., que revisase a fondo la moral sexual, denunciase a las multinacionales y a los políticos corruptos, defendiese la creación, gastase mucho menos en boatos, caminase con los de abajo y no con los de arriba, etc..

En la segunda (Redes Cristianas 07/05/11): Os pedíamos que pasase la crisis para los pobres y los gobiernos gobernasen para los empobrecidos, y no para los ricos, los banqueros y las multinacionales, que no paguemos todas las culpas siempre los de abajo, sino los de arriba que son los verdaderos culpables de que haya empobrecidos.

Os pedíamos que se acabase la carrera de armamentos y los gastos militares (1.4 billones de dólares al año) y ese dinero se dedique a escuelas, hospitales, carreteras, investigación, etc., sobre todo para el Tercer Mundo; que España dejase de ser el séptimo país del mundo exportador de armas.

Que el fútbol y otros mitos mediáticos del mercado dejasen de ser el opio del pueblo, y el dinero dejase de ser el dios que todo lo puede y todo lo decide, pero siempre a favor de los de arriba en contra de los de abajo.

En la tercera (ECLESALIA, 03/01/12) os hablábamos de dos trenes: El de la muerte, con muchos vagones: Que llevase las injusticias, las desigualdades, la corrupción, la crisis, la contaminación, el consumismo, los desahucios, los productores de parados…, los paraísos fiscales, que son paraísos para los ricos y miseria para los pobres, las superjubilaciones de los banqueros (Santander, BBVA, etc.), de la CAM, de Caixa Galicia o del Penedés…; a todos los políticos y jueces corruptos y a quienes los corrompen, que gobiernan y sentencian a favor de los ricos y los banqueros…; a todos los dignatarios eclesiásticos, obispos y clérigos, o de otras religiones, escorados hacia la derecha, es decir, afines a los ricos, al poder, a los privilegios, al favoritismo, a las prebendas, al integrismo religioso y político…

Os pedíamos también que llevaseis a todos los pederastas y violadores, incluidos curas y obispos, y a sus encubridores; a todos los militares y policías que defienden a los ricos contra los pobres, aquí y más en el Tercer Mundo; a todos los dictadores, que oprimen, cercenan, encarcelan y matan a los ciudadanos; la discriminación de los inmigrantes por ser mujeres, pobres o negros, a quienes les desmoronamos la vida sumiéndolos en la angustia, el sufrimiento y la desesperación, no dándoles papeles, recluyéndolos y retornándolos a su origen.

Os pedíamos que llevaseis los laboratorios multinacionales farmacéuticos, que negocian con la salud y la vida de las personas y animales; los incendiarios, deforestadores del Amazonas, contaminadores de los ríos de Brasil, Guatemala, etc. a todos los misóginos de todas las religiones y filosofías, desde Aristóteles, la Meca o el Vaticano, incluida la teología machista y los lujos del Vaticano, de las catedrales, basílicas e iglesias que ofenden, indignan y sublevan a los pobres y por tanto a Dios y a su enviado Jesucristo.

Por el contrario, os hablábamos de otro gran tren, lleno de maravillosas flores, el tren de la vida: Cargado de miles de misioneras y misioneros, de cientos y cientos de miembros auténticos de ONGs, de múltiples grupos de Caritas, de muchos miles de pequeños colaboradores, de innumerables personas que acogen y defienden a inmigrantes, parados, desahuciados, reclusos, drogodependientes, alcohólicos…; de gentes que releen el Evangelio desde la óptica de los oprimidos con fuerza liberadora y comprometida; personas cuyo Dios es el Dios de los humildes, el defensor de los pequeños, el apoyo de los débiles, el refugio de los desvalidos, el salvador de los desesperados (ver Judit 9,11); creyentes en Jesús de Nazaret cuya religión es la misma que Él practicó: “que los ciegos vean (1), los cojos anden, los leprosos (2) queden limpios, los sordos (3) oigan, los muertos vuelvan a vivir (4), y a los pobres les llegue una Buena Noticia” (Ver Evangelio de Mateo 11,4 a 6); personas solidarias que siendo pobres se unen a los pobres para, con la fuerza de la unidad, hacer valer ante los poderosos los derechos de los oprimidos.

Todas estas maravillosas flores que llenan los vagones del tren de la vida son la esperanza de la humanidad, el futuro de la vida, la salvaguarda del mañana, la luz que brilla en medio de la noche, el fuego que ahuyenta el frío, el futuro para un mundo mejor, la estrella de Belén que nos señala el camino de la felicidad, y son el faro que nos guiará hasta llegar a ser dignos de desembarcar en el puerto de la Plenitud Final a todos los hombres y a toda la creación.

En esta cuarta carta (ECLESALIA 04/01/13) es para deciros que estamos un poco, bastante, decepcionados porque:

- A la primera carta no nos habéis contestado: no tenías nada que poner, porque la iglesia oficial sigue en sus trece, no solo no cambió nada, sino que cada vez se enroca más en sus posturas integristas, conservadoras, por no decir reaccionarias, obsoleta, dedicada más al asistencialismo que a la lucha por compromiso liberador de los empobrecidos del mundo, desconectada del pueblo, obsesionada con su autoconservación. Seguramente que pedisteis permiso a los suyos para entrar a entregarles la carta, pero como buenos diplomáticos solo entreabrieron la puerta, la cogieron, la leyeron, pero “dieron un rodeo y pasaron de largo”: ese no era su camino y por eso la tiraron a la papelera. Vosotros, tristes y decepcionados, disteis la vuelta y marchasteis por otro camino.

- La segunda carta, me parece que la perdisteis, porque no solo no hemos notado ningún cambio, sino que todo está peor, muchísimo peor para todos, pero sobre todo para los más pobres: muchos más desahucios, muchos más parados, recortes y más recortes en todo: para enseñanza, sanidad, investigación, empleo público, inmigración, jubilación, servicios sociales, cooperación, judicatura, etc. Tenemos miles de jóvenes marchando al extranjero en busca de trabajo y cientos de miles de personas a diario en lucha por calles y plazas, donde por cierto no estamos los eclesiásticos porque para nosotros no hubo recortes ¿¿??.

Por el contrario, aumentó en cientos de millones el dinero para los banqueros (rescate), el IVA para los consumidores, los impuestos para los pequeños ahorradores, la amnistía fiscal para los ricos de paraísos fiscales, el copago para los enfermos; aumentaron los alcaldes, parlamentarios, banqueros y empresarios corruptos… Ni siquiera leyeron la carta.

- La tercera carta: estoy seguro que el tren de la muerte iba tan cargado y pesaba tanto que los vagones rompieron, los raíles no aguantaron y el tren descarriló. No fue culpa vuestra, fue culpa de los ricos y poderosos de este mundo que lo cargaron tanto, tanto, de tanta basura de injusticia, de opresión, de explotación, de esclavitud, de abusos, que no pudo con todo. Ahora toda aquella basura está desparramada por todas partes, la vía está cortada. Esa basura fermenta y contamina, todo lo daña. Por ahí no se puede pasar. Esa vía del neoliberalismo capitalista no tiene futuro. En esto os pedimos perdón, porque vosotros no tuvisteis culpa ninguna.

- En esta cuarta carta os pedimos que vengáis con un tren inmensamente grande, porque el tren de la vida tiene que estar día a día creciendo, ser más grande, tener más vagones que estén cada vez más llenos, llenos de personas que aumentan su compromiso, que luchan, que abren los ojos, que se manifiestan, que son cada vez más solidarias, que se ponen del lado de los empobrecidos. Necesitamos muchos vagones:

  • Un vagón que venga bien lleno de políticos, empresarios, banqueros, sindicalistas y trabajadores honrados, leales, honestos, responsables, insobornables, fieles incondicionales a la verdad, comprometidos con el bien común de todos los ciudadanos y especialmente de los más pobres.
  • Un vagón enorme que traiga millones de llamadas a la fraternidad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, al amor, la paz, la esperanza, la vida.
  • Uno para las Caritas parroquiales y entidades afines, que les traiga mucha colaboraión, pues están más y más desbordadas de trabajo y peticiones.
  • Uno para las ONGs, de cerca y de lejos, que trabajan con honestidad, y con la disminución de la Ayuda Oficial al Desarrollo necesitan más personas solidarias que colaboren para echarles una mano y no tener que abandonar sus proyectos de desarrollo con los más pobres de los pobres en el Tercer Mundo.
  • Uno muy grande y fuerte para los misioneros, misioneras y cooperantes voluntarios que año tras año están al lado de los empobrecidos del tercer mundo, compartiendo en todo su vida, sus necesidades, sus aspiraciones, su luchas, sus riesgos, sus peligros, su explotación, sus amenazas, y con frecuencia su misma muerte.
  • Uno que traiga para la iglesia un compromiso inquebrantable con los Derechos Humanos hacia el interior de si misma y hacia toda la sociedad, y que denuncie la violación de los mismos donde quiera que se produzca, también y sobre todo dentro de si misma.
  • Uno que nos lleve a todos los creyentes en Jesús de Nazaret a ir derechos al encuentro con su mensaje en toda su integridad y fuerza liberadora del hombre y la naturaleza, sin componendas, sin casarnos con nadie, siempre fieles a la denuncia profética de de todos aquellos y de todo aquello que consideremos infiel a la dignidad del hombre y a la naturaleza.

Es un tren muy grande, pero vosotros tenéis fuerza de sobra para moverlo: a nosotros nos corresponde preparar una gran estación de fortaleza, de lucha, de compromiso, de entrega, para recibirlo y repartir su importantísimo cargamento salvador hasta los últimos confines de la tierra como tu, Jesús, se los pediste a tus discípulos: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio que es la Buena Noticia a toda la creación”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Amigos Reyes Magos: os esperamos.

Un abrazo muy cordial.

Faustino

¡feliz año nuevo!


2013¡PAZ A LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD!
JUAN YZUEL, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 01/01/13.- Vivimos tiempos muy recios, en los que se tambalean muchos de los valores en los que hemos fundamentado nuestras vidas como cristianos y como ciudadanos. Y llega la Navidad, con su eterno mensaje de paz y fraternidad: “¡Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad!”. Pero no nos engañemos: éste no es uno mensaje ñoño. Es una declaración de principios muy importante: el Mesías viene para transformar el mundo.

La “buena voluntad” a la que aluden los ángeles en Belén se da por hecha en la mayoría de las personas. Tanto que parece un término puramente ecuménico, incluyente, algo que podríamos caricaturizar con aquella divertida expresión andaluza: “¡T’or mundo es güeno!”. Pero algunos filósofos, como Kant, la consideran una facultad moral muy importante, que consiste en actuar siguiendo unos rectos principios éticos con los que se es consecuente. La triste realidad es que hoy, como siempre, no todo el mundo se deja llevar por la buena voluntad o, bien, los principios morales desde los que actúan son erróneos. He aquí algunos ejemplos recientes.

La actual crisis económica, y las crisis sociales que ésta ha desatado, tienen nombres y apellidos. Han sido generadas por personas concretas que han incluido en su proyecto de vida el enriquecerse a costa de los demás. Vamos conociendo más y más casos de bancos, empresas e instituciones cuyos dirigentes no pensaron al actuar ni en el bien de su empresa, ni en el bien común, ni en cumplir las promesas ante sus electores. Sólo buscaron su beneficio personal, sin importarles los costes ni el sufrimiento humano que podrían generar. No hubo buena voluntad ni parece que la haya ahora: los desahucios son la cara más amarga y triste de toda esta historia.

En España se está aprovechando demagógicamente la grave crisis económica para plantear proyectos independentistas que van al revés que la historia y que pueden balkanizar tanto a España entera como a la propia sociedad que pretender mejorar separándola de las demás. Los pasos que se están dando generan una creciente polarización y crispación y están basados en una ideología nacionalista de carácter mítico. Por encima de su dimensión social y política está, para mí, esta dimensión cuasi-religiosa: la ruptura irreconciliable de la fraternidad en nombre de unas supuestas diferencias lingüísticas y culturales convertidas en ídolos, en dioses falsos a quienes se les da el corazón.

¿Y qué decir de la recientemente fracasada Conferencia de Doha sobre cambio climático? Un verdadero desastre que ni siquiera los que más se benefician a corto plazo han sabido presentar de forma eufemística. No ha predominado la buena voluntad. No hay liderazgo mundial en este momento que sea capaz de canalizar las enormes energías que el Planeta necesita hacia decisiones concretas que nos lleven a un modelo nuevo de vida, con todo lo que esto supone de cambios a nivel personal y político. No necesitamos calendarios mayas que nos lo anticipen: vamos hacia el fin de un determinado mundo que nos hemos montado y no hay vuelta a atrás. Llegaremos a él de buena voluntad o a empujones, los que nuestra estresada biosfera nos va dando ya.

Finalmente, tras la muerte de más una treintena de personas en Newtown, Estados Unidos, incluidos más de veinte niños, no hay tampoco voluntad de cambiar las cosas. Muchos nos preguntamos: ¿cuántos inocentes deben morir a manos de psicópatas armados para que la sociedad estadounidense se dé a sí misma leyes que comtrolen la posesión de armas? ¿Cuándo se darán cuenta en EE.UU. lo que todo el mundo sabe, que la posesión individual de armas no genera más seguridad, sino que la empeora? Pero hay grupos de interés muy poderosos que seguirán metiendo arena en los engranajes políticos para que nada cambie.

Al llegar la Navidad, nos unimos al coro de los ángeles. Ojalá en este nuevo año nos dejemos llevar todos de una buena voluntad basada en principios sólidos de amor, fraternidad, paz, entendimiento, solidaridad… Ojala la Iglesia, como institución, y cada pequeña comunidad cristiana seamos capaces de dar una palabra y un ejemplo de buena voluntad a los demás. A todos los que así lo desean y lo quieren vivir: ¡Paz! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Cristianisme i Justícia da voz a los jóvenes
REFLEXIÓN DE FIN DE AÑO
“No somos una generación perdida”
MONTSE GIRBAU, mgirbau@jesuites.net
BARCELONA.

ECLESALIA, 31/12/12.- Este es el clamor de un grupo de jóvenes que forman parte de la llamada generación perdida: la mejor preparada de la historia de nuestro país y, al mismo tiempo, la que está sufriendo una precarización laboral más despiadada. Ellos firman la reflexión de fin de año del centro de estudios Cristianisme i Justícia.

Hacen un análisis lúcido de la situación que estamos viviendo, reconociendo los errores, denunciando la creciente desigualdad social y declarando su compromiso de trabajar para transformar esta realidad. “No queremos ser una generación perdida”, afirman, huyendo de la etiqueta que a menudo se utiliza para referirse a los jóvenes de esta franja de edad.

Se definen como “hijos de la bonanza”, de una sociedad mercantilizada donde la democracia se ha ido diluyendo en individualismo y reconocen que “en algún momento de este proceso dejamos de pensar qué modelo de sociedad queríamos porque no lo creímos necesario y el totalitarismo de la indiferencia empezó a hacer presencia en nuestras vidas”. Pero ahora aseguran que “nos han quitado la venda de los ojos” y ahora constatan el déficit democrático, el desprestigio de las instituciones políticas, la polarización ideológica que dificulta el diálogo, los riesgos del absolutismo de la técnica y una creciente superficialidad que invade todos los ámbitos de la vida.

Una llamada a la fraternidad y a trabajar por lo común

Frente a esto denuncian el desmantelamiento del Estado del Bienestar, que está provocando un aumento de las desigualdades sociales y advierten que la crisis “igual que ha producido una ola de solidaridad, está alentando la aparición de un nuevo fascismo social” que puede ser una amenaza a la convivencia y a la democracia.

Constatan como la mercantilización y la superficialidad “nos ha empobrecido como sociedad y como personas, nos ha hecho perder conciencia de nuestra influencia y responsabilidad en la sociedad”. En su reflexión, estos jóvenes consideran que es necesario recuperar la presencia de la ética en la economía y recuerdan que “existe un uso inofensivo y un uso prudente del dinero, pero no un uso inocuo”. También reivindican la figura del pensador, del humanista y reclaman “profundidad y rigor intelectual a todos los niveles de la sociedad”.

A pesar del desconcierto que provoca encontrarse en un cambio de época, enfrentándose a la “imposibilidad de lograr muchos de los proyectos personales y comunitarios con que nos habían enseñado a soñar”, este grupo de jóvenes se niega a formar parte de una generación perdida. “Sentimos la necesidad de encontrar vías de implicación en la recuperación de ciertos valores y una visión humanizadora del mundo”, dicen. Y ponen como ejemplo esperanzador, las “iniciativas locales de carácter colectivo y transformador que son anticipaciones de un futuro que está por venir”.

Su manifiesto quiere ser una llamada a la esperanza. En él se comprometen e invitan a recuperar la fraternidad y a trabajar para lo común, combatir el individualismo y la indiferencia, y cuidar la persona en su integridad.

Este documento lo firman un grupo formado por 13 jóvenes entre 25 y 35 años. Hacen su reflexión desde su condición de jóvenes cristianos, desde la convicción que “el cristianismo de hoy debería ser una utopía entusiasmadora”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más informaciónwww.cristianismeijusticia.net/es

Pobreza desaparecidaGANAR LA ESPERANZA PARA ESTE TIEMPO
FELIPE MANUEL NIETO FERNÁNDEZ, Párroco de Cristo Salvador, flipelolo@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 21/12/12.- La gente esta acostumbrada a animar a los desesperados con el consabido “la esperanza es lo último que se pierde”, sin embargo yo suelo responder, que “La esperanza no es lo último que se pierde sino lo primero que se gana porque sino estás perdido”.

Ahora bien, ¿cómo es que escribo sobre ganar la esperanza?, ¿es qué acaso la hemos perdido?; porque, tal como nos van las cosas en general, todo indica que, a pesar de la crisis económica y de valores, nuestras vidas, dentro de la red social que hemos tejido, no se sienten tan amenazadas; que, aunque nos ajustemos un poco el cinturón, nuestro estilo de vida, nuestro ritmo de consumo, apenas se aprecian cambios. Cabalgamos por los días, las semanas y los meses hacia un fin de año más, eso sí, mecidos por la bonanza de cierta certeza de que nada va a cambiar y si cambia tendrá remedio.

Los Mass Media, por ejemplo, nos bombardean con que cada día cuesta más dinero “llenar el cesto de la compra”, pero ellos mismo nos dan la solución envuelta en el papel de regalo de las encuestas: “Un estudio elaborado por el Observatorio de Consumo de Esade refleja una Navidad de dos velocidades: el 55% de los españoles se podrá permitir alguna alegría y confiesa que gastará entre 600 y 700 euros por familia, mientras que otro 25% ajustará sus gastos totales a unos 300 euros” ¡Y aquí no ha pasado nada!

Pero sí pasa algo, pasa que no nos informan de los hogares que ni siguiera pueden llenar el cesto con los alimentos básicos, no nos cuentan cómo lo pasarán el 20% de los que no tienen sitio en las encuestas, ni de que la pobreza en España, lejos de la esperanza de que esté bajando, aumenta escandalosamente. No sólo los medios de masas, también los Self Media (la información y diversión que podemos tener a nuestra medida y gusto gracias a la posibilidad de la comunicación interactiva) están dotando de una nueva característica a la pobreza: la invisibilidad. Y claro, ojos que no ven corazón que no siente. Sin embargo, las cifras no mienten y desenmascaran la falsa esperanza, no la ganada y que reivindico en estas líneas abiertamente, sino la que nos ayuda a vivir a fuerza de no ver ni sentir.

El Instituto Nacional de Estadística ha realizado un estudio sobre la pobreza en España (Encuesta de Condiciones de Vida) del que destacan 12 datos para la alarma:

  1. El 21,1 % de la población española vive por debajo del umbral de pobreza en 2012. Es una cifra parecida aunque ligeramente menor (0,7 puntos) que la de 2011. Este leve descenso de siete décimas se explica por la estabilidad de los ingresos de los mayores de 65 años: el resto de la población empeora.
  2. La situación de los hogares más desfavorecidos se agrava: el porcentaje de hogares españoles que llega a fin de mes con “mucha dificultad” alcanza el 12,7 %, frente al 9,8% de 2011.
  3. Los ingresos medios anuales de los hogares españoles alcanzaron los 24.609 euros en 2011, con una disminución del 1,9% respecto al año anterior. Si lo dividimos por persona, el ingreso medio de una persona que vive en España es de 9.321 euros, aún un 1,31% más bajo que en 2011.
  4. La tasa de pobreza disminuye entre los mayores de 65 años: ha pasado del 21,7% en 2010 al 16,9% en 2012. Influye su inmunidad a los vaivenes inmobiliarios, ya que la mayoría ya tiene vivienda en propiedad y pagada, según el INE.
  5. La tasa de pobreza aumenta entre las personas en edad de trabajar, entre 16 y 64 años, pasando del 19,4% en 2010 al 21,0% en 2012.
  6. Uno de cada cuatro menores de 16 años se sitúa por debajo del umbral de pobreza.
  7. La pobreza está relacionada con el nivel de formación: el 28,9% de la población que ha alcanzado un nivel educativo equivalente a la educación primaria o inferior, está en riesgo de pobreza. Cuando el grado alcanzado es la educación superior, dicha tasa se sitúa en el 10,0%.
  8. La tasa de pobreza entre los inmigrantes no comunitarios en España es del 43,5%. No es un número tan significativo como para forzar demasiado el dato general: si solo midiéramos a los españoles, la tasa sería del 19%, solo dos puntos menos que la común.
  9. El 44,5% de los hogares no se puede permitir ir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año. Este porcentaje es 5,6 puntos mayor que el registrado en 2011.
  10. El 40,0% de los hogares no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, frente al 35,9% del año 2011.
  11. El 7,4% de los hogares tiene retrasos en los pagos a la hora de abonar gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, electricidad, comunidad,…). Este porcentaje es 1,2 puntos mayor que el del año anterior.
  12. EL 29,9% de los hogares españoles tiene pendiente el pago de una hipoteca. En el 9,3% de los casos se vive de alquiler.

Más aún, a la pobreza invisible hay que añadir otras dos características: La “persistencia” y la “transmisión generacional”. El despegue económico no ha producido distribución, sino, un aumento de la precariedad laboral. Los “pobres invisibles” son obreros sin trabajo, jóvenes que no acceden a su primer trabajo o con empleos temporales, mujeres con hijos a su cargo, inmigrantes, ancianos y niños.

La realidad nos está pidiendo una transformación que comienza por cambiar nuestro estilo de vida, pero aquí nos encontramos con el problema, que a la vez es causa de la invisibilidad de la pobreza: No estamos dispuestos a cambiar.

Existe un elemento o factor de conducta que influye poderosamente en nuestro estilo de vida. Los economistas lo llaman descuento hiperbólico, los sociólogos búsqueda de la satisfacción inmediata y, la gente sabía, es decir, nuestros mayores, “más vale pájaro en mano que ciento volando”. “Si a una persona le dan a escoger entre 50 euros hoy o 100 euros mañana, lo normal es que prefiera esperar a los 100. Pero si el plazo de tiempo es de un año, casi todo el mundo prefiere quedarse con los 50 euros en mano. Las consecuencias futuras -buenas o malas- no suelen contar mucho en nuestras decisiones actuales” (Anthony Giddens).

En otras palabras, que estaríamos dispuestos a cambiar si viéramos los beneficios del esfuerzo recompensados en un corto plazo de tiempo. Si cayera sobre nosotros la amenaza de que en muy poco tiempo podríamos engrosar las filas de los invisibles, comenzaríamos a pensarnos si disminuimos el tren de vida que llevamos.

Si sólo la catástrofe inmediata nos hace cambiar, ¿qué cabida tiene la esperanza, como virtud, en el día a día? En lugar de vivir en esperanza, tiramos hacia delante, ciegos e insensibles, agarrándonos a la espera de los desesperados cuando todo sale mal. Por eso, el Adviento, nos recuerda cada año que tenemos que cambiar, recuperar los horizontes utópicos, alimentar el alma y llenar nuestras entrañas de comprensión hacia los demás, hermanas y hermanos nuestros, para construir un nuevo mundo a fuerza de ganar la esperanza desde el signo de un Dios que se hace hombre, niño y frágil, para salvarnos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Qué podemos hacer?

Publicado: 12 diciembre, 2012 en BIBLIA
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pregunta3 Adviento (C) Lucas 3, 10-18
¿QUÉ PODEMOS HACER?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/12/12.- La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo”. Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de “empobrecernos” poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

QUE PODEMOS FAZER?

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A predicação do Baptista sacudiu a consciência de muitos. Aquele profeta do deserto dizia-lhes em voz alta o que eles sentiam no seu coração: era necessário mudar, voltar a Deus, preparar-se para acolher o Messias. Alguns aproximavam-se Dele com esta pregunta: Que podemos fazer?

O Baptista tem as ideias muito claras. Não lhes propõe acrescentar à sua vida novas práticas religiosas. Não lhes pede que fiquem no deserto fazendo penitência. Não lhes fala de novos preceitos. Ao Messias há que acolhe-Lo olhando os necessitados.

Não se perde em teorias sublimes nem em motivações profundas. De forma direta, no mais puro estilo profético, resume tudo numa fórmula genial: “O que tenha duas túnicas, que as reparta com o que não tem; e o que tenha comida, que faça o mesmo”. E nós que podemos fazer, para acolher Cristo no meio desta sociedade em crise?

Antes de mais nada, esforçar-nos muito mais em conhecer o que está a passar: a falta de informação é a primeira causa da nossa passividade. Por outro lado, não tolerar a mentira ou o encobrimento da verdade. Temos de conhecer, em toda a sua crueza, o sofrimento que se está a gerar de forma injusta entre nós.

Não basta viver a golpes de generosidade. Podemos dar passos para uma vida mais sóbria. Atrever-nos a fazer a experiência de nos “empobrecermos” pouco a pouco, recortando o nosso atual nível de bem-estar, para partilhar com os mais necessitados tantas cosas que temos e não necessitamos para viver.

Podemos estar especialmente atentos a quem caiu em situações graves de exclusão social: despedidos, privados da devida atenção sanitária, sem rendimentos nem recurso algum… Temos de sair instintivamente em defesa dos que se estão a fundir na impotência e a falta de motivação para enfrentar o seu futuro.

A partir das comunidades cristãs podemos desenvolver iniciativas diversas para estar próximo dos casos mais gritantes de desamparo social: conhecimento concreto de situações, mobilização de pessoas para não deixar sozinho a ninguém, aportação de recursos materiais, gestão de possíveis ajudas…

A crise vai a ser longa. Nos próximos anos vai nos ser oferecida a oportunidade de humanizar o nosso louco consumismo, tornar-nos mais sensíveis ao sofrimento das vítimas, crescer em solidariedade prática, contribuir para denunciar a falta de compaixão na gestão da crise… Será a forma de acolher Cristo com mais verdade nas nossas vidas.

 

Cosa possiamo fare?

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La predicazione del Battista scosse la coscienza di molti. Quel profeta del deserto stava loro dicendo a voce alta quello che sentivano nel loro cuore: era necessario cambiare, tornare a Dio, prepararsi per accogliere il Messia. Alcuni si avvicinarono a lui con questa domanda: Cosa possiamo fare?

Il Battista ha le idee molto chiare. Non propone loro di aggiungere alla loro vita nuove pratiche religiose. Non chiede loro che rimangano nel deserto facendo penitenza. Non parla loro di nuovi precetti. Il Messia bisogna accoglierlo guardando attentamente ai bisognosi.

Non si perde in teorie sublimi, né in motivazioni profonde. In maniera diretta, nel più puro stile profetico, riassume tutto in una formula geniale: Chi ha due tuniche, ne dia a chi non ne ha, e chi ha da mangiare, faccia altrettanto. E noi, che possiamo fare per accogliere Cristo nella nostra società in crisi?

Prima di tutto, sforzandoci molto di più di conoscere quello che sta accadendo: la mancanza d’informazione è la prima causa della nostra passività. E poi, non tollerando la menzogna e l’occultamento della verità. Dobbiamo conoscere, in tutta la sua crudezza, la sofferenza che si sta generando in maniera ingiusta tra di noi.

Non basta vivere a colpi di generosità. Possiamo fare passi verso una vita più sobria. Osare fare l’esperienza di “impoverirci” poco a poco, diminuendo il nostro attuale livello di benessere, per condividere con i più bisognosi tante cose che abbiamo e di cui non abbiamo bisogno per vivere.

Possiamo essere specialmente attenti a coloro che sono caduti in situazioni gravi di esclusione sociale: sfrattati, privati della dovuta cura sanitaria, senza introiti né risorse sociali alcune… Dobbiamo uscire istintivamente in difesa di quelli che stanno affondando nell’impotenza e nella mancanza di motivazioni per affrontare il loro futuro.

Dalle comunità cristiane possiamo sviluppare iniziative diverseper essere vicini ai casi più laceranti di abbandono sociale: conoscenza concreta di situazioni, mobilitazione di persone per non lasciare solo nessuno, apporto di risorse materiali, gestione di possibili aiuti…

La crisi sarà lunga. Nei prossimi anni ci si offrirà l’opportunità di umanizzare il nostro consumismo pazzo, di farsi più sensibili alla sofferenza delle vittime, di crescere nella solidarietà pratica, di contribuire a denunciare la mancanza di compassione nella gestione della crisi… Sarà la nostra maniera di accogliere con più verità Cristo nelle nostre vite.

 

QUE POUVONS-NOUS FAIRE?

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La prédication de Jean-Baptiste bouleversa la conscience de beaucoup de personnes. Ce prophète du désert disait à haute voix ce que beaucoup ressentaient dans leur cœur : il fallait changer, revenir vers Dieu, se préparer à accueillir le Messie. Certains l’approchèrent en lui posant cette question : Que pouvons-nous faire ?

Jean Baptiste a des idées très claires. Il ne leur propose pas d’ajouter à leur vie de nouvelles pratiques religieuses. Il ne leur demande pas de rester au désert à faire pénitence. Il ne leur parle pas de nouveaux commandements. On doit accueillir le Messie en regardant attentivement les nécessiteux.

Il ne s’évade pas dans de sublimes théories ni dans des motivations profondes. Dans le plus pur style prophétique et de façon directe, il résume tout avec une formule géniale : « Celui qui a deux tuniques qui les partage avec celui qui n’en a pas ; celui qui a de quoi manger, qu’il en fasse de même ». Et nous-mêmes, que pouvons-nous faire pour accueillir le Christ au milieu d’une société en crise ?

Avant tout, redoubler d’effort pour reconnaître ce qui se passe : le manque d’information est la première cause de notre passivité. D’autre part, ne pas tolérer le mensonge ou l’occultation de la vérité. Il nous faut connaître, quelle que soit sa crudité, la souffrance qui est en train de surgir parmi nous.

Il ne suffit pas de vivre à coup de générosité. Nous pouvons avancer vers une vie plus sobre. Oser faire l’expérience de « l’appauvrissement » progressif, en limitant notre niveau actuel de bien-être, afin de partager avec les démunis tant de choses que nous possédons et dont nous n’avons pas besoin pour vivre.

Nous pouvons porter une attention particulière à ceux qui sont tombés dans de graves situations d’exclusion sociale: les expulsés des maisons, les exclus d’une juste attention sanitaire, ceux qui manquent de revenus et de ressources sociales. Il nous faut défendre instinctivement ceux qui s’enfoncent dans l’impuissance et dans le manque de motivation pour affronter leur avenir.

A partir de nos communautés chrétiennes, nous pouvons développer des initiatives diverses en vue d’être proches des cas les plus saignants d’abandon social : connaissance concrète des situations, mobiliser les gens pour que personne ne se sente isolé, apport de ressources matérielles, gestion des aides éventuelles…

La crise sera longue. Dans les années à venir, nous aurons l’occasion d’humaniser notre consumérisme effréné, de devenir plus sensibles à la souffrance des victimes, de croire à la solidarité pratique, de contribuer à dénoncer le manque de compassion dans la gestion de la crise…Ce sera notre manière à nous d’accueillir le Christ dans nos vies, avec plus de vérité.

WHAT SHOULD WE DO?

José Antonio Pagola. Translator: Valentín de Souza, S.J.

The preaching of John the Baptist shook the consciences of many. The prophet in the desert was telling them aloud what they were thinking in their hearts: they needed to change, return to God, prepare to receive the Messiah. Some of them approached him with this question: “What should we do then?”

John has thought out his message very clearly. He does not want to add new religious practices to their lives. He does not ask them to stay on in the desert doing penance. He does not speak of new precepts. They have to receive the Messiah by caring for the needy.

He is not lost in sublime theories or in profound motivation. In a direct way, in the most pure prophetic style, he summarizes everything in a brilliant formula: “The man with two tunics should share with him who has none, and the one who has food should do the same.” And we, what must we do to welcome Christ into this society in crisis?

First of all, try harder to find out what’s happening: the lack of information is the first reason for our doing nothing. On the other hand, do not tolerate lies or cover-up of the truth. We must know in all its brutal reality the suffering being caused among us unjustly.

It wont do to be satisfied with little acts of generosity. We must take steps towards a more sober way of life; to dare to experience “impoverishing ourselves” little by little, cutting down on our present level of prosperity to share with the most needy so many things we have and don’t need.

We can take special care of those who have got into serious situations of social exclusion: those evicted, deprived of health care, without any income, or other social resources… We must instinctively go out in defense of those sinking helplessly, or have lost all motivation to face their future.

In Christian communities we must develop various initiatives to be close to cases of social abandonment that hurt the most: specific information of situations, mobilization of people so as not to leave anyone out; provision of material resources, management of possible aid…

It’s going to be a long crisis. In the coming years we are going to be given the chance to humanize our crazy consumerism, make ourselves more sensitive to the suffering of victims, grow in practical solidarity, contribute to denouncing the lack of compassion in the management of the crisis… It will be our way of welcoming Christ more truly, realistically, in our lives.

ZER EGIN DEZAKEGU?

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jende askoren kontzientzia astindu zuen Joan Bataiatzailearen predikuak. Basamortuko profeta hura ozenki ari zitzaien esaten berek beren bihotzean sentitzen zutena: aldatu beharra zuten, Jainkoagana itzuli beharra, Mesiasi harrera egiteko prestatu beharra. Batzuek harengana jo zuten, galdezka: Zer egin dezakegu?

Ideiak oso garbi ditu Bataiatzaileak. Ez die proposatzen beren bizitzari jarduera erlijioso gehiago ezartzeko. Ez die eskatzen basamortuan gelditzeko ere, penitentzia eginez. Ez die hitz egiten beste agindu batzuez ere. Mesiasi harrera egiteko, premian direnei arretaz begiratu behar zaie.

Ez zaio mihia trabatu Bataiatzaileari, ez teoria handiosetan, ez motibazio sakonetan. Zuzenean, hizkera profetiko garbienean, formula aparta batean laburbildu die guztia: «Bi tunika dituenak bana ditzala ez duenarekin, eta janaririk duenak egin dezala gauza bera». Eta guk, zer egin dezakegu krisia bizi duen gizarte honetan, Kristori harrera egiteko?

Beste ezer baino lehen, zer gertatzen ari den ezagutzen saiatu: informaziorik eza da gu pasibo egotearen arrazoia. Bestetik, ez jasan gezurra esan diezaguten edo egia ezkuta diezaguten. Bere gordintasun osoan ezagutu behar dugu gure artean, modu zuzengabean, sortzen ari den sufrimendua.

Ez da aski aldizka eskuzabal agertzea. Egin dezakegu urratsik, bizitza modu neurritsuagoan bizitzeko. Pixkana geure burua «pobreago bihurtzearen» esperientzia egiten ausartzeko, gaur egungo geure ongizatearen maila murriztuz, esku artean ditugun eta bizitzeko premiazko ez ditugun hainbat eta hainbat gauza partekatuz.

Arreta berezia eskaintzen ahal diegu, gizarteak baztertzearen ondorioz, egoera larrian bizi direnei: etxe gabetzea, beharrezko osasun-arretarik eza, inolako gizarte-sarrerarik eta baliabiderik eza… bizi dutenei, alegia. Senak eraginda bezala jo beharko genuke geroari aurre egin ezinik eta motibazio-faltaz zuloan murgiltzen ari direnen defentsan.

Kristau-elkarteetatik askotariko ekimenak eragin eta garatu ditzakegu babes-gabezia sozial izugarrienean direnen alde: egoera zehazki ezagutu, jendearen mobilizatu inor ere bakarrik ez uzteko, baliabide materialak bildu, posible den laguntza kudeatu…

Krisiak luze joko du. Datozen urteetan aukera izango dugu: geure kontsumismo zoroa gizatar egiteko, biktimen sufrimenduaz sentiberago bihurtzeko, solidaritate praktikoan haziz joateko, krisiaren kudeaketan ageri den erruki-falta salatzeko… Hori izan daiteke Kristori geure bizitzan harrera egiazkoagoa egiteko modua.

 

QUÈ HEM DE FER?

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

La predicació del Baptista va sacsejar la consciència de molts. Aquell profeta del desert els estava dient en veu alta el que ells sentien en el seu cor: calia canviar, tornar a Déu, preparar-se per acollir el Messies. Alguns se li van acostar amb aquesta pregunta: Què hem de fer?

El Baptista té les idees molt clares. No els proposa afegir a la seva vida noves pràctiques religioses. No els demana que es quedin al desert fent penitència. No els parla de nous preceptes. El Messies cal acollir-lo mirant atentament els necessitats.

No es perd en teories sublims ni en motivacions profundes. De manera directa, en el més pur estil profètic, ho resumeix tot en una fórmula genial: “Qui tingui dos vestits, que en doni un al qui no en té, i qui tingui menjar, que també el comparteixi”. I nosaltres, què hem de fer per acollir Crist enmig d’aquesta societat en crisi?

Primer de tot, esforçar-nos molt més a conèixer el que està passant: la manca d’informació és la primera causa de la nostra passivitat. D’altra banda, no tolerar la mentida o l’encobriment de la veritat. Hem de conèixer, en tota la seva cruesa, el sofriment que s’està generant de manera injusta entre nosaltres.

No n’hi ha prou de viure a cops de generositat. Podem fer passos cap a una vida més sòbria. Atrevir-nos a fer l’experiència “d’empobrir” a poc a poc, retallant el nostre actual nivell de benestar, per compartir amb els més necessitats tantes coses que tenim i no necessitem per viure.

Podem estar especialment atents als que han caigut en situacions greus d’exclusió social: desnonats, privats de la deguda atenció sanitària, sense ingressos ni cap recurs social… Hem de sortir instintivament en defensa dels que s’estan enfonsant en la impotència i la manca de motivació per enfrontar el seu futur.

Des de les comunitats cristianes podem desenvolupar iniciatives diverses per estar a prop dels casos més sagnants de desemparament social: coneixement concret de situacions, mobilització de persones per no deixar ningú sol, aportació de recursos materials, gestió de possibles ajudes…

La crisi serà llarga. En els propers anys se’ns oferirà l’oportunitat d’humanitzar el nostre consumisme esbojarrat, fer-nos més sensibles al patiment de les víctimes, créixer en solidaritat pràctica, contribuir a denunciar la manca de compassió en la gestió de la crisi… Serà la nostra manera d’acollir Crist amb més veritat en les nostres vides.

QUE PODEMOS FACER?

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

A predicación do Bautista sacudiu a conciencia de moitos. Aquel profeta do deserto estáballes dicindo en voz alta o que eles sentían no seu corazón: era necesario cambiar, volveren a Deus, prepararse para acolleren ao Mesías. Algúns achegáronse a el con esta pregunta: Que podemos facer?

O Bautista ten as ideas moi claras. Non lles propón engadiren á súa vida novas prácticas relixiosas. Non lles pide que fiquen no deserto facendo penitencia. Non lles fala de novos preceptos. Ao Mesías hai que acollelo mirando atentamente aos necesitados.

Non se perde en teorías sublimes nin en motivacións profundas. De xeito directo, no máis puro estilo profético, resúmeo todo nunha fórmula xenial: “O que teña dúas túnicas, que as reparta co que non ten; e o que teña comida, que faga o mesmo”. E nós, que podemos facer para acollermos a Cristo no medio desta sociedade en crise?

Primeiro de nada, esforzármonos moito máis en coñecermos o que está pasando: a falta de información é a primeira causa da nosa pasividade. Por outra banda, non tolerarmos a mentira ou o encubrimento da verdade. Temos de coñecer, en toda a súa crueza, o sufrimento que se está xerando de xeito inxusto entre nós.

Non chega vivirmos a golpes de xenerosidade. Podemos dar pasos cara a unha vida máis sobria. Atrevérmonos a facer a experiencia de “empobrecérmonos” aos poucos, recortando o noso actual nivel de benestar, para compartirmos cos máis necesitados tantas cousas que temos e non necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quen caeron en situacións graves de exclusión social: desafiuzados, privados da debida atención sanitaria, sen ingresos nin recurso social algún… Temos de saírmos instintivamente en defensa dos que se están afundindo na impotencia e na falta de motivación para enfrontárense ao seu futuro.

Desde as comunidades cristiás podemos desenvolver iniciativas diversas para estarmos preto dos casos máis sanguentos de desamparo social: coñecemento concreto de situacións, mobilización de persoas para non deixarmos só a ninguén, achega de recursos materiais, xestión de posíbeis axudas…
A crise vai ser longa. Nos próximos anos vánsenos ofrecer oportunidades de humanizarmos o noso consumismo aloucado, facérmonos máis sensíbeis ao sufrimento das vítimas, crecermos en solidariedade práctica, contribuír a denunciarmos a falta de compaixón na xestión da crise… Será o noso xeito de acollermos con máis verdade a Cristo nas nosas vidas.

Belén buey y mulaDESALOJOS EN EL PORTAL DE BELÉN
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 07/12/12.- ¡Vaya… la mula y el buey tienen que desalojar el portal de Belén!, pensé mirando la puerta de mi frigorífico en donde tenemos todo el año puesto un pequeño Belén de imanes con Jesús, María, José, la mula, el buey y los tres reyes magos, todos bajo la estrella. Creo que los cuatro últimos también han sido revisados… no sé si habrán de desalojar.

No he tenido todavía tiempo de leer el libro del Papa, publicado recientemente, pero me parece que no se imaginaría el revuelo mediático que iba a causar el “desalojo” de la mula y el buey del pesebre que, por cierto, era su casa antes de que llegaran María y José buscando alojamiento a toda prisa porque ella estaba de parto y nadie les había acogido.

¿Desde cuando viene la tradición del Portal de Belén? Tengo entendido que San Francisco de Asís (siglo XIII) tuvo algo que ver. Como todo lo que hacía Francisco, debió de tratarse de algo muy sencillo y cercano a las gentes con las que vivía: los pobres de solemnidad. Luego la costumbre se fue extendiendo y llegó al corazón de las familias.

El Misterio del Nacimiento de Jesús es tan intenso, extenso y profundo que, por muy buena intención que pongan los teólogos, nunca acabaremos de entenderlo ni podremos conocer los datos históricos, sencillamente porque vino a nuestra vida de una forma tan sencilla y silenciosa que no dejó el rastro en los datos sino en los corazones y se fue transmitiendo como se transmite de boca en boca, de corazón a corazón.

En el Portal de Belén caben “criaturas del Señor, ángeles del cielo, aguas del espacio, sol y luna, astros del cielo, lluvia y rocío, fuego y calor, rocíos y nevadas, témpanos y hielos, escarchas y nieves, noche y día, luz y tinieblas, rayos y nubes, montes y cumbres, cuando germina en la tierra, manantiales, mares y ríos, cetáceos y peces, aves del cielo, fieras y ganados (aquí entran la mula y el buey), hijos de los hombres (y de las mujeres), sacerdotes del Señor, almas y espíritus justos, santos y humildes de corazón”.

Estos fragmentos están tomados del Cántico de Daniel (Dt 3, 57-88), que es lo que mejor encuentro para expresar que en el Portal de Belén cabe la creación entera con todos sus participantes. Después sólo queda la alabanza de la creación entera, lo que me hace entender que los pastores se pusieran a cantar.

Imagino que desde la teología hay que actuar en permanente tensión para ir investigando y aclarando los hechos históricos; pero no dejemos de lado la tradición popular que, como en este caso, ha integrado a la mula y el buey dando algo de calor al pequeño recién nacido.

No obstante, este “desalojo” no es tan preocupante como los que están sucediendo cada día en nuestro país y como el que ocurrió dentro de la catedral de La Almudena el pasado mes de junio. Recordemos que un grupo de personas de la Plataforma Anti-desahucios fue desalojado por la policía cuando intentaban pacíficamente denunciar, con su presencia y con una pancarta delante del altar, la situación que viven muchas personas que no pueden atender el pago de sus hipotecas.

Ahora que se acerca la Navidad estemos atentos a lo que celebramos y más allá de los animalitos que pongamos en el Portal de Belén; no nos dejemos abatir por la desesperanza y pongámonos a vivir en solidaridad, fraternidad, sencillez y mucha creatividad para que “los malotes” del Belén (como los de aquel tiempo de Jesús) no nos quiten la paz y el ánimo para luchar por un mundo más justo: el que Él nos enseñó.

Si sabemos cual es el Camino… ¡qué importa el decorado! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).