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1mayoCONSTRUIR UN FUTURO NUEVO
Comunicado de la HOAC y JOC ante el 1º de Mayo
HERMANDAD OBRERA DE ACCIÓN CATÓLICA y JOVENTUD OBRERA CRISTIANA, difusion@hoac.es
MADRID.

ECLESALIA, 30/04/13.- El 1º de mayo ha sido históricamente un símbolo de la lucha del movimiento obrero por afirmar la dignidad de la persona en el trabajo. Las reivindicaciones del 1º de mayo se plantean en España, en un escenario con datos tan sangrantes como una cifra que supera los 6 millones de personas desempleadas, y una tasa de paro que entre los jóvenes se sitúa en torno al 55%. Más de 1,8 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, la edad de jubilación se ha prolongado más allá de los 65 años, se está produciendo una media de 115 desahucios al día, personas jubiladas estafadas por las preferentes…

Este 1º de mayo está muy marcado por la última Reforma laboral aprobada en febrero de 2012. La mercantilización del trabajo y las políticas que se vienen practicando, están quebrando el Estado de Bienestar, devaluando el Sector Público y recortando en servicios y prestaciones Están profundizando la desigualdad estructural que sufre el mundo obrero y del trabajo, continúan debilitando las relaciones laborales sin garantizar la seguridad de una vida digna para las personas, y están aumentando la vulnerabilidad que sufren las mujeres y los hombres del trabajo, especialmente sus sectores más débiles.

Estas duras realidades están ocasionando terribles costes humanos: Miles de familias que viven con ansiedad e incertidumbre, afectadas en sus relaciones por situaciones de tensión, angustia, estrés, depresión.

Una juventud que se siente sin futuro, y que está emigrando fuera del país afectada por el desempleo de larga duración y por la incapacidad de lograr independencia económica debido a la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Familias a las que les son arrebatadas sus viviendas porque ya no pueden pagar las hipotecas. Trabajadores de otros lugares que deben volver a sus países de origen por falta de salidas laborales y perspectiva de futuro…

Así lo constatamos desde las situaciones vitales de precariedad de nuestros militantes y las personas con las que entramos en contacto a través de nuestro trabajo y compromisos.

Cada día es más evidente que todo esto que nos está sucediendo es algo mucho más profundo que una crisis económica. Es todo el entramado institucional el que ha perdido toda credibilidad. Todo ha quedado como barrido por un tsunami de inmoralidad, por una profunda quiebra moral y ética, a la que no se ha prestado mucha atención hasta que mayorita-riamente nos ha tocado el bolsillo, lo que es significativo para evaluar el problema que tenemos.

Nos enfrentamos a una crisis de humanidad, que afecta a la persona y a las relaciones sociales e institucionales, y que se materializa en las respuestas mercantilistas y no humanas que estamos dando a los grandes problemas que tenemos.

La sola recuperación de la economía no será suficiente para hacer efectivo el derecho al trabajo; más bien, lo que se está produciendo es una recuperación económica contra el trabajo, un empobrecimiento de la sociedad, el desarrollo de procesos de bajo costo en las relaciones de producción y consumo. El trabajo como derecho, en los términos y formas en que lo hemos conocido, no volverá, aun en el caso de que se produzca una recuperación económica.

Ya Juan Pablo II nos advertía en “Laborem Exercens” de la necesidad de la defensa de la dignidad del trabajo y su centralidad. Hoy este mensaje tiene una vigencia plena: “El trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social”. “Los pobres (…) aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo –es decir por la plaga del desempleo–, bien porque se desprecia el trabajo y los derechos que fluyen del mismo».

Se ha construido la economía de espaldas al trabajo y a las necesidades de las personas. Con los actuales niveles de desempleo, las personas nos vemos presionadas a trabajar bajo condiciones precarias, inseguras y con salarios indecentes. Y de la precariedad a la exclusión hay un margen muy pequeño.

Como movimientos cristianos en el mundo obrero y del trabajo, consideramos que a pesar de la situación caótica en la que nos encontramos, también se desarrolla el Plan de Dios. El Reino de Dios ya está en nosotros y entre nosotros: tenemos que vivir el Reino. O dicho de otro modo: para salir de la crisis en que nos encontramos, el camino consiste en vivir como ciudadanos del Reino de Dios.

Esto conlleva establecer relaciones de Comunión guiadas por la vivencia del Mandamiento Nuevo: un amor al prójimo que se fundamenta en el Amor de Dios (podemos amar porque Él nos amó primero). Vivir la comunión es la expresión del Reino de Dios en nuestras actividades cotidianas: Empresas, familias, Bancos, políticos y políticas, sindicatos, iniciativas de todo tipo…, que busquen comunión y que la construyan.

La comunión nos exige una transformación radical de nuestros modos de sentir, pensar y actuar. Esto es lo que necesi-tamos personalmente, como movimientos, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

Y para construir una sociedad humana es ineludible luchar por el derecho al trabajo y un trabajo decente, tal y como lo ha definido Benedicto XVI en Caritas in veritate.

La crisis nos llama no a salir de ella para volver a lo que teníamos, sino a construir un futuro nuevo, un mundo más justo y fraterno, un mundo que nos permita vivir como ciudadanos y ciudadanas del Reino de Dios.

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¡NO EXISTEN LOS TRES MOSQUETEROS, NI ALICIA, NI ULISES…!
FRANCISCO RAFAEL DE PASCUAL, monje cisterciense (Abadía de Viaceli), revcistercium@planalfa.es
CÓBRECES (CANTABRIA).

ECLESALIA, 26/11/12.- Un niño del colegio me chafó mi creencia en los Tres Mosqueteros; una niña de la catequesis me hundió en la increencia literaria porque me dijo que lo de Alicia era solo un cuento. Y un profesor atolondrado nos espetó en clase que Ulises era un “mito”

Llegado a mayor, y dispuesto a no dejarme engañar más, recuperé la memoria y, haciendo un examen (a mí mismo) me decidí por rememorar los tiempos excelentes de lectura de mi infancia, recoloqué y limpié mis libros de relatos, los tebeos y hasta los pósters. No podía perder ese patrimonio, porque en ello estaba mucha vida mía, muchas horas de goce y disfrute de vidas magníficas, de ideas brillantes y de valores imperecederos vividos y defendidos por sus protagonistas.

En ese tarea reorganizadora apareció una “Historia Sagrada” (de tapas azules con un dibujo en blando de Abraham). En ese libro, de capítulos cortos, conocí a los protagonistas de historias que hablaban del mal y el bien, la fidelidad y la inconstancia, de la amistad y del egoísmo, de la ternura y de la envidia, de la poesía y la oración, de la desesperación y la esperanza. Así que, también lo salvé.

De mayor he aprendido que muchos de esos personajes son “de ficción”, que solo sirven para soporte de una verdad experiencial que se quiere transmitir, a fin de ayudar a otros a ser mejores.

Tras pensar un poco he concluido que los mejores relatos de la historia de la literatura, que la mayor parte de los cuadros y pinturas que se ven en las enciclopedias de arte, que un montón de películas y otro montón de producciones extraordinarias de la humanidad, están inspirados y hablan de esos relatos y de sus personajes “de ficción”.

Con esos relatos, con esos personajes y con esos cuadros y películas millones de personas se han embobado, se han enternecido, se han decidido a llevar una vida mejor, han enseñado a otros de palabra y con un regalo (antes a los niños se les regalaba mayormente libros de relatos) que hay valores que merece la pena transmitir, si queremos que el mundo cambie, vaya a mejor.

Me he enterado por “los medios” de que el Papa ha puesto en duda lo del buey y la mula del portal… Tengo que reconocer que me ha dolido que medios tan tochos (religiosamente hablando) como El País hayan destacado solo esto del libro de Benedicto XVI, porque tendrían ya que haber dicho todo lo que he dicho yo antes: que no existen los Tres Mosqueteros, que no existe “Alicia” (la del país de las maravillas), y que Ulises es una “bobada” que se inventó Homero (y que además, en la Iliada y la Odisea no se documentó debidamente, y se inventó también todo lo que pudo).

Bien. Borremos todo lo que crearon los que inventaron tanta literatura, borremos a los pintores de escenas bíblicas, liémonos a pedradas con las vidrieras de la catedral de León, sopapeemos a Benedicto XVI por su imprudencia y escandalizar a los “fieles sencillos”, impidamos que los niños lean relatos, borremos los mitos y las leyendas, liémonos a porrazos con los “nacimientos”, y, de paso, quemamos las bibliotecas, pinchamos las ruedas el ·bibliobús” (no sé si ya existen… pero en mi infancia, en un pueblo de Castilla, un grupo de chavales lo esperábamos durante horas para tratar de conseguir un ejemplar de los que he citado antes: La Iliada, La Odisea, Alicia en el País de las Maravillas. El Conde de Montecristo, La Historia Sagrada…). ¡Qué tontos fuimos… ya que nada de eso existió!

Eso se debería enseñar en las escuelas de periodismo, y así saldrán periodistas “ilustrados” (aunque posiblemente se quedarían en “chafarderos Tribulete, que en todas partes se mete…). Periodistas como Dios manda (o manda no sé quien, por no referirme a un personaje de otro “relato”), que luego mezclen churras con merinas, que no saben hacer una crónica porque ni estudian ni leen (y solo creen en “la digital” y “en el deber de informar” (según quien les mande y pague). Periodistas que hablen de videojuegos, de macrofestivales (mortales) y de “celebritíes” (que por lo visto son como los sabios aquellos que eran siete y a ellos sigue la “muchachada nui” (la que no distingue ya entre realidad y ficción y a base de ficciones malvive en la incultura y el desempleo). Y así, con esos periodistas, tendremos una prensa que solo diga lo que es “real”, que no cuente mentiras y que “no nos haga comulgar con ruedas de molino” (lo decía mi abuela y todas las abuelas del mundo mundial).

Benedicto XVI, pues, tiene que darnos explicaciones, por ser el último que habla de “inventos”, sobre qué hay detrás de eso del buey y la mula. Que lo explique de una forma clara, que no se ande con “detallitos”. Que aparte el grano de la paja de una vez por todas, que no se líe, y que deje el “relato” de la Encarnación de Jesús en su sitio. Y es que creo que mientras ese relato no se explique mejor poco vamos a adelantar. “Cuando era niño pensaba como niño… ahora que soy hombre he dado la espalda a las cosas de niño”.

La verdad de todo está ahí, en ese relato clave. Y así lo entendió otro “inventor” (el del Apocalipsis). Y por eso empezó su Evangelio poniendo las cosas en su sitio. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Atravesar el símbolo

Publicado: 20 septiembre, 2012 en REFLEXIONES
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ATRAVESAR EL SÍMBOLO
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

Me regalaron una reproducción en cerámica de un rosetón gótico como recuerdo de la visita a un monasterio. Mientras hacía una foto del claustro, se me resbaló el paquete y, aunque iba bien envuelto con plástico de bolas y papel de regalo, oí un chasquido que me anunció el desastre.

Esperé a llegar a casa para ver el resultado del resbalón: el bello rosetón gótico se había convertido en un puzzle de tres piezas… ¡una lástima! Lo dejé a un lado pensando llevarlo más tarde a la basura; cosa que no hice. Al día siguiente cuando reparé de nuevo en su presencia mi percepción del objeto tuvo un cambió repentino.

Aquel pequeño rosetón gótico me “habló”. Se presentó como una palabra, una historia, como símbolo de una determinada vida, la monástica. Con su cuerpo dividido en tres trozos me estaba enviando un mensaje: “Hay que atravesar los símbolos para llegar a la esencia de lo que significan; hay que introducirse en el símbolo para llegar a alcanzar la comprensión de su esencia”. Gracias a Dios no fue al cubo de la basura y pude “escuchar” su sabio mensaje.

Sí, hay que “romper” los símbolos (en sentido figurado, no como me pasó a mí), y sumergirnos en la realidad de su significado, sin quedarnos atrapados en su forma física, sin ver más allá.

El dividido rosetón me previno sobre el peligro de quedarnos superficialmente colgados del símbolo, venerándolo y adorándolo, sin percibir que es icono de una realidad más grande, más profunda y más extensa que no hay que perderse.

Tomé una tabla de madera de unos veinte centímetros, la pinté de rojo inglés, pegué las tres piezas separadas entre sí medio centímetro, más o menos, y me quedé observando el efecto. Luego pinté en oro la “herida” que separaba las tres piezas y lo colgué en una pared de mi casa. La pintura roja quiere expresar vida humana; la dorada, el atisbo de la trascendental.

Y ahí sigue en la pared, exhibiendo su cuerpo partido, aparentemente silencioso pero activo. Se ha convertido en catequesis viva cada vez que alguien pregunta por qué he colgado una cosa rota y yo, con toda naturalidad, les cuento lo que para mí significa.

Vivimos en una sociedad en donde por todas parte hay símbolos, logos explicativos que invitan a comprar, que señalan peligro, que prohíben, etc. Pero después de la reflexión sobre el rosetón partido me detengo en los símbolos religiosos.

Todas las religiones tiene expresiones simbólicas de lo que su propia espiritualidad quiere mostrar, pero hay un fenómeno muy común (y muy humano, por cierto): quedar anclados en el símbolo, plantando tienda (como quería Pedro en el Tabor, Mc 9, 5) y sin avanzar por el camino que lleva a la verdadera experiencia de lo que significa el símbolo.

Para los cristianos la cruz es el gran símbolo. Nos adentra en el misterio profundo de la salvación: Dios hecho hombre y sacrificado por los propios hombres, con las armas de la injusticia y el pecado de todos los tiempos. Nos muestra que encontraremos el dolor y la muerte en el camino, pero que no son el final del Camino.

Contemplando la cruz y avanzando con ella se percibe ya el preludio de la Resurrección.

Miremos el símbolo y adentrémonos dinámicamente en él sin dejarnos convencer de que el símbolo es ya lo significado.

Plegaria electoral

Publicado: 7 noviembre, 2011 en REFLEXIONES
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PLEGARIA ELECTORAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

Alentado por la recomendación de San Pablo a su discípulo Timoteo (1ª 2,1-2), me animo a invitar a los cristianos que me lo acepten, a orar unidos todos en espíritu, constantemente y en todo lugar, por el resultado más venturoso de las próximas elecciones:

“Padre nuestro de los cielos: Confiados en la inmensidad de tu amor, te rogamos avives en todos nosotros el sentido de responsabilidad ante las inminentes elecciones, de suerte que participemos activamente en ellas con nuestro voto. A fin de que la designación de los que han de velar por nuestro bien común temporal, procurarlo y mejorarlo, no sea sólo acto de una parte de nuestra comunidad, que quede lejos de una mayoría sustantiva. Que el tratamiento de lo común no dependa de minorías y no haya luego lugar a tensiones y desavenencias perniciosas y desestabilizadoras.

“Te rogamos también, que azuces nuestro propio deseo de paz y concordia entre todos, y el de bienestar y prosperidad para todos. Hasta despojarnos de fanatismos y partidismos políticos, criadero de individualismos, sectarismos y revanchismos. Ayúdanos, Tú, a descubrir a los más capacitados y sinceramente preocupados de la elevación de nuestras condiciones de vida en este mundo. Para beneficio tanto colectivo como individual, tanto interno como en proyección exterior hacia poblaciones y gentes menos favorecidas que nosotros. Aliéntanos a ser consecuentes con ello y a otorgarles a ésos nuestro voto, sean del signo que fueren.

“Concédenos a todos descubrir a tiempo, y dejar de lado, a los que sólo buscan una posición preeminente para aprovecharse de ella en beneficio propio, en vez del común. Y a los que hipócritamente se preocupan de éste, sólo en la medida en que lo aprecian peaje ineludible de sus intereses personales. Y a los mesiánicos, que cifran el bien común en sus propias convicciones, sean éstas políticas, éticas o religiosas, y tratan de inculturizarnos en ellas a los demás, valiéndose encima del aparato del Estado, en vez de limitarse al simple proselitismo legítimo.

“Concédenos también, Padre, tino para no elegir a mercaderes de votos; ni a obsesos por la reglamentación hasta de cuestiones ajenas al bien común. Otórganos la sensatez de no ponernos nosotros mismos en riesgo de ver limitada nuestra dignidad humana y nuestra autonomía de decisión personal; las que Tú nos concediste por encima de todos los demás vivientes de la tierra, sin más limitación ética que la de no perjudicar a otros.

“Y líbranos de pucherazos ocultos, incluido el sutil de un recuento de votos electrónicamente viciado. A fin de que podamos aceptar en paz y sosiego la auténtica voluntad de la mayoría real y «podamos vivir una vida tranquila y apacible en plenitud de tolerancia y dignidad».

“Todo te lo pedimos, Padre, no en virtud de unos méritos de los que, como siervos inútiles y sin provecho que somos, carecemos por completo ante Ti. Te lo pedimos en profesión de fe en tu Unigénito Jesús. El nos prometió que obtendríamos de Ti, sin necesidad siquiera de que Él mismo intercediera por nosotros, sino simplemente porque Tú mismo nos amas, cualquier cosa que te pidiéramos en adhesión a Él. A Ti y a Él, autores únicos de salvación eficaz, la alabanza, el honor, la gloria y la acción de gracias, por los siglos de los siglos. Amén”.