Posts etiquetados ‘Ética’

indignaosLA SANTA INDIGNACIÓN
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 25/02/13.- No hace demasiado tiempo, Stephen Hessel nos exhortaba a que nos indignemos por causas injustas pero que lo hagamos pacíficamente, de manera constructiva. En esa línea están otros dos nonagenarios tan prestigiosos como José Luis Sampedro y Edgar Morin. Parece increíble que tres personas con semejante edad provecta, hayan liderado en buena parte de Europa el movimiento “Indignaos” con tanto éxito como cosechó, no hace demasiado tiempo.

La realidad es que su espíritu sigue vigente, en este caso en forma de los movimientos anti desahucios ¿Qué extraordinaria labor están desempeñando! ¡Qué lección de ética, y los resultados que están logrando! Sin embargo, la santa indignación que se ha extendido entre amplias capas de nuestra sociedad en torno a la injusticia de haber secuestrado a la dación en pago que, recordémoslo, está vigente en el ordenamiento jurídico aunque al albur de las entidades de crédito que no sienten ni padecen ante tamañas tragedias que muchas veces se convierten en actuaciones injustas y desproporcionadas a la deuda y a las circunstancias de las personas que sufren esta amenaza.

Nuevamente apelo, en calidad de cristiano de base, a las autoridades eclesiásticas de este país a que se posicionen claramente y sin ambages a favor de estos desheredados de la tierra. Aunque mejor sería decir desheredados de la vivienda. No es de recibo que, en plena Cuaresma, la iglesia oficial tan dura en otras cuestiones, se comporte de manera tan tibia y escurririza ante una injusticia tan lacerante. ¿Con qué autoridad moral reivindican otras conductas cuando la dignidad humana queda embarrada en estas y otras prácticas mercantiles viciadas en origen? Porque les recuerdo a sus excelentísimas señorías de la Conferencia Episcopal que lo que está ocurriendo es que quien no pueda pagar una pequeña cantidad del préstamo, puede quedarse sin vivienda y aun deba pagar la totalidad de la deuda. Nada que ver con lo que se aprobó en la Ley Hipotecaria a la que se completó con una disposición que permite a las entidades de crédito decidir unilateralmente sobre la aplicación de la dación en pago.

¿Hasta dónde llegará esta injusticia globalizada sin corazón ni ojos? Mientras tanto remita, sigamos con la santa indignación recorriendo el camino abierto por Hessel para mitigar los abusos institucionales de un modelo económico que ha demostrado su inviabilidad sumiéndonos en la decadencia en la que estamos sumidos. Qué pena que algunos todavía nos quieran llevar como el flautista de Hamelin en su particular huída hacia adelante hasta no sabemos dónde en nombre del progreso. Pero más pena aun que los garantes de la Buena Noticia, se comporten con exquisitez diplomática ante tamaño desaguisado. Mientras tanto, muchas personas desvalidas, están experimentando las mejores mieles de la verdadera solidaridad desde otros nichos sociales. Que viva la santa indignación, y por muchos años. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Algo más que una ficción

Publicado: 14 enero, 2013 en PUBLICACIONES
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los miserablesALGO MÁS QUE UNA FICCIÓN
A propósito de “Los Miserables”
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 14/01/13.- Tan propio de la naturaleza humana es querer escabullirse cuando uno no ha obrado bien y echar la culpa al otro, como anteponer el bien de los demás al de uno mismo. Ahora que Los Miserables de Víctor Hugo vuelve a estar de moda en versión adaptada al cine, tenemos en el protagonista Jean Valjean un ejemplo eterno de lo que procuran el amor y el perdón, del valiente capaz de auto inculparse por evitar la cárcel a un inocente. O el ejemplo del humilde obispo Bienvenu Myriel, que acoge a Valjean dándole cobijo y comida ante al rechazo de todo el pueblo cuando vuelve estigmatizado como ex-presidiario; y todo por robar unas hogazas de pan para dárselas a unos niños hambrientos, que le costaron cinco años de presidio.

Pero en mitad de la noche, Valjean le roba unos cubiertos de plata, lo único de valor que poseía el obispo, puesto que todo lo que recibía lo destinaba para ayudar a los pobres. Al huir del pueblo lo detiene la policía con los cubiertos y lo llevan ante el obispo, quien de nuevo lo salva, diciendo que él le había regalado aquellos objetos para que empezara una nueva vida. Además le dice que se había olvidado llevarse los candelabros (también de plata) que igualmente le había regalado. La humildad y bondad del obispo operan en Jean Valjean como un revulsivo que cura sus heridas y lo convierte en un hombre bueno y sensible, capaz de realizar gestos heroicos con los necesitados.

Estas y otras conductas inventadas por Víctor Hugo también son patrimonio de la realidad humana universal. Basta fijarse en las biografías, sobre todo cuando narran tiempos de penuria y extrema necesidad, para reconocer a “Valjeanes” y “Myrieles” bien cerca nuestro. Es las épocas bonancibles cuando menos dispuestos estamos a salvar al vecino, y tampoco a asumir la propia culpa aunque se deriven consecuencias dolorosas para otras personas.

Las obras imperecederas como Los miserables tienen la ventaja de que no suelen ser pasto de la acostumbrada censura social imperante sobre cualquier mensaje moral y ético que se oponga frontalmente a los valores posmodernos de liquidez ética e individualismo que cosifican al ser humano y lo reducen a simples relaciones consumistas y de utilidad. Como afirma Vargas Losa en su recomendable ensayo La tentación de lo imposible (Alfaguara) en torno a esta novela: “No hay la menor duda de que Los miserables es una de esas obras que en la historia de la literatura han hecho desear a más hombres y más mujeres de todas las lenguas y culturas un mundo más justo, más racional y más bello que aquél en el que vivían”.

Afortunadamente, el Espíritu sopla donde quiere, y no solo donde le dice que lo haga la conservadora jerarquía católica. Por eso resulta reconfortante y esperanzador que muchas personas que no hallan nada de interés para sus vidas en el escaparate religioso oficial, puedan encontrar los mejores valores evangélicos viendo una película basada en una novela decimonónica impregnada de valores aletargados -como les ocurre a los Thénardier- que sin embargo todos llevamos dentro y por los que la humanidad ansía caminar, a pesar de que el consumismo haya logrado difuminarlos hasta el extremo.

La pena es que el principal personaje de la novela, el desmesurado narrador, no aparece como tal en la película. Aun así, el mensaje de sus interpolaciones éticas y orientaciones refuerzan el papel de los personajes de esta obra con pretensiones extraordinarias capaces de desbordar la propia historia novelesca, ambientada en la Revolución de 1830, que no es más un pretexto para lograr sus verdaderos objetivos que hoy nos siguen cuestionando. Por ejemplo: no debemos protestar contra la religión sino contra las actitudes que la falsifican.

Feliz sentada cinematográfica, aunque se logrará mayor vitalidad torrencial si la decisión pasa también por hincarle el diente a la novela. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“LO SENTIMOS MUCHO. NOS HEMOS EQUIVOCADO Y NO VOLVERÁ A OCURRIR”
PEPE LAGUNA, pepe.laguna@yahoo.es
PARLA (MADRID).

ECLESALIA, 23/04/12.- Lo que ha indignado a media España no es que un señor que gana 292.752 euros anuales decidiera disfrutar de sus aficiones cinegéticas. Unos se divierten cazando jabalís en Iruecha en los campos de Soria y otros –con más posibles- lo hacen matando elefantes en Botswana en la selva africana.

Lo que indignó a los españoles es que en un país con más de cinco millones de parados y con el 22% de las familias por debajo del umbral de la pobreza, su hermano mayor, el Rey, se fuese de fiesta mientras el resto de la familia lloraba en un funeral. No fue una “indignación contable” sino ética.

Lo que la indignación ética ha puesto sobre la mesa es el hilo de Ariadna que anuda la pobreza de muchos con la riqueza de unos pocos. Una relación perversa que los Padres de la Iglesia ya denunciaban hace veinte siglos: “El rico Epulón no cometió una injusticia con Lázaro, puesto que no le quitó sus bienes. Su pecado fue no darle parte de lo “propio” […] Los bienes y las riquezas pertenecen al Señor, sea cual sea la fuente de donde los hemos recogido… Y si el Señor te ha concedido tener más que otros, no ha sido para que lo gastes en amantes y borracheras, en banquetes y vestidos lujosos o en cualquier otro despilfarro. Ha sido para que lo distribuyas entre   lo necesitan” (San Juan Crisóstomo). Un pecado estructural que los teólogos de la liberación han evidenciado una y mil veces: “Aunque por hipótesis la coexistencia de ricos y pobres no se debiese a la injusticia, el hecho de esa coexistencia en sí misma expresa una monumental debacle y un fundamental fracaso de la familia humana” (Jon Sobrino). El mismo grito de indignación que los catorce millones de personas que sufren hambruna en el Cuerno de África llevan lanzándonos al norte opulento desde hace décadas.

En estos días inciertos en los que los problemas contables generados por la avaricia de cuatro Epulones derivan en la amnistía fiscal para los ladrones y en el recorte del 50% del presupuesto de Cooperación al Desarrollo, deberíamos mirar a la cara de los niños somalíes y reconocer –rojos de vergüenza- que “lo sentimos mucho; que nos hemos equivocado y que no volverá a ocurrir”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Darse

Publicado: 12 abril, 2012 en PUBLICACIONES
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DARSE
“La lógica del don” de Francesc Torralba
ANTONIO FERNÁNDEZ, editor de Ediciones Khaf, afernandez@edicioneskhaf.es
MADRID.

ECLESALIA, 12/04/12.- Acabamos de vivir y celebrar el misterio central de nuestra fe: la total donación del Hijo de Dios por cada uno de nosotros y su Resurrección. Y uno solo puede quedar admirado ante esa entrega total a Dios y al ser humano.

Jesús vivió dándose. Cada una de sus palabras, de sus gestos, de sus opciones suponen una donación absoluta que tiene su origen en el hecho mismo de la Encarnación. Y por ello, el don y la gratuidad ocupan un lugar central en su experiencia de fe.

Francesc Torralba acaba de publicar en Ediciones Khaf un ensayo titulado La lógica del don. En él, desde una perspectiva filosófica y religiosa, nos ofrece pistas para entender qué es el don y cómo está profundamente enraizado en lo profundo del ser humano; casi todo en la vida humana es dado: la existencia, el otro, la libertad (don y conquista), la situación límite… En definitiva, el autor propone la donación como una condición necesaria para hacer posible la felicidad.

«Existir es un don, pero también, como dice S. Kierdegaard, una obra de arte, pues cada uno está llamado a dar forma a ese don recibido, a proyectarle una dirección y un sentido y ello exige, necesariamente, esfuerzo. Por ello, dice el filósofo danés: «la existencia misma, el existir, es un esfuerzo, y tiene tanto de patético como de cómico». La conciencia del don de existir es la primera condición para hacer de la propia vida, de esta vida recibida, una obra de arte. Esta conciencia de existir, de estar en el mundo, pudiendo no estar, causa verdadero estupor cuando irrumpe».

En la segunda parte de su libro el autor ofrece líneas para desarrollar una ética a partir del concepto de don. En ellas nos ayuda a concretar cómo educar para el don, la relación de este con el perdón y el cuidado, cómo entender la vida cotidiana desde la donación.

En el proceso de dar radica la clave de la felicidad. Para alcanzar tal fin, uno tiene que liberarse del resentimiento, de esa pasión hostil generada por el agravio comparativo. Cada cual está llamado a dar lo que es y nadie puede dar lo que no es. Es imposible dar lo que uno no es, porque la acción, la obra, la creación siempre son una expresión del ser de la persona.

Nada corroe más a un ser en sus adentros que desear dar lo que ser da, pues al intentar plagiar su modo de ser, abandona su propia singularidad y un universo único en la historia, un horizonte de sentido se pierde para siempre. Pierde, de este modo, una energía muy valiosa para expresar y dar a conocer su singularidad, única e irrepetible.

Sin duda, esta lectura puede ser una buena compañía para este tiempo pascual. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más informaciónhttp://www.edicioneskhaf.es