Posts etiquetados ‘Eucaristía’

REFLEXIONES DE UN CRISTIANO DE A PIE SOBRE LA LITURGIA
JOAQUÍN SOLÁ, abogadossola@hotmail.com
ZARAGOZA.

La Liturgia es, sin duda, un elemento importante en toda religión. No es un mero reglamento de normas a seguir sino que, como expresión de la Fe y vínculo de la relación entre creyentes,  adquiere un significado profundo.

Siendo una expresión de la Fe y lenguaje de creyentes, dirigido a creyentes, debe ser un lenguaje inteligible.

Me ceñiré al acto litúrgico por excelencia: La celebración eucarística.

A) Tres ejemplos personales:

En los años sesenta yo viví como turiferario (encargado del incensario) extraordinarias Misas solemnes en un monasterio. Bien, aquellas misas solemnes, celebradas en una iglesia del románico tardío, construida como un inmenso salón del trono de Dios y, por tanto, de dimensiones muy superiores a las necesidades prácticas (nunca se llenó), con el espíritu ignaciano de la meditación de “las dos banderas”, a mí me siguen emocionando: Yo era el caballero que rendía pleitesía a mi Señor: le adoraba, le rendía armas, me ponía a su plena disposición … ¡Maravillosa liturgia en lengua latina!

En 1.982 asistimos mi mujer y yo a la celebración de la Pascua en Interlaken. Tras la bendición del fuego en el exterior de la iglesia, en un bosque encantador, al entrar nos iban dando un libreto con la partitura y letra de las cantatas (parte) de J.S. Bach que íbamos a cantar: No tengo ni idea de alemán, pero soy un apasionado de Bach. Y dirigirme al Señor con aquella música, compuesta por el mejor músico de la historia, dirigida al Señor a quien él amaba tan profundamente me emocionó. Y eso que el idioma de la misa era el alemán. Pero me sentí en comunión con la comunidad a través de los signos y de los coros en que participé.

Aquí tengo dos ejemplos de celebraciones litúrgicas que, en mi caso y para mí, cumplieron lo que creo es la finalidad  de la liturgia: aproximarme al misterio de Dios.

Por último: a finales de los años 70, mimujer y yo fuimos casi a la fuerza a un retiro de fin de semana con tres matrimonios más a una casa de ejercicios espirituales. Allí nos reunimos con el cura en un pequeño comedor convencional, comenzando por los saludos y presentaciones. De pronto, sobre las 21 horas, el cura dijo que si nos parecía podíamos celebrar la eucaristía y, con sorpresa mía, una monjita trajo un mantel blanco, una estola, una copa de vino y una patena con hostias a la misma mesa del comedor. El cura inmediatamente advirtió nuestra confusión y nos dijo: “Si cualquiera tiene cualquier reparo lo dejamos, ¿eh?”. Yo, respetuoso y sobre todo curioso, dije que no tenía ningún problema y comenzó la eucaristía, en aquel ambiente. El cura iba explicando los gestos y palabras y al llegar al acto de dar la paz, me emocioné. Y al recibir la eucaristía sentí algo especial, entrañable, algo del misterio de Cristo y de la Comunión de los Santos, se me reveló. En aquella mesa de comedor Cristo se hizo presente, sacrificialmente, verdaderamente, memorialmente, cabeza de la pequeña comunidad y ésta a su vez representaba a toda la comunidad universal.

Éste es otro ejemplo de liturgia que cumplió su fin.

B) ¿A qué viene esto? Pues, a que, en mi personal y poco fundada opinión, la liturgia de nuestras iglesias se aferra a fórmulas caducas, meramente repetitivas, que aburren al personal y que, por supuesto, no ayudan a transmitir la fe.

1. Las vestimentas y perifollos: Hace seis años mi hijo fue ordenado presbítero (“cura”, dice él). Allí estábamos emocionados los padres, hermana, cuñado, sobrinos, amigos, miembros de la comunidad, etc. Y en determinado momento de la ceremonia, un nieto de cinco años dijo: ¡Jo, qué mandón es el del gorro!”, Naturalmente, el del gorro era el obispo que, como manda la liturgia, se pasó media ceremonia poniéndose y quitándose la mitra, previa petición de ayuda en cada caso, y pidiendo y entregando el báculo. ¿De verdad estos signos lo son hoy día y ayudan a nuestros pequeños (y mayores)? ¿ Fue suficiente el gesto de Juan XXIII de prescindir de la silla gestatoria? ¿Todos estos signos externos tienen algo que ver con el sentimiento de humillación ante el Rey de los Cielos? Sí, ya sé: es que lo representan. Pensemos: ¿Alguien ve a Cristo en el obispo recargado de símbolos de poder?

2. Me he visto sorprendido al comprobar la cantidad de páginas que hay en Internet denostando de la comunión en la mano, práctica a la que se llega a tildar de sacrílega. Vamos a ver: por supuesto, yo creo en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, ese Jesucristo que es Dios y hombre. Pero ese Jesucristo es el mismo que se proclama hermano mío, que se compromete a llevarme al Padre, que me invita, que se me ofrece, que me abraza …  ¿Existe una forma concreta para demostrar mi adoración y mi pequeñísimo amor? ¿Es la mano más impura que los labios, la lengua, la laringe, sus mucosidades, su saliva, los restos de comida entre los dientes, etc.? ¿No es signo de reverencia y, sobre todo de aceptación a su persona, el recibir la forma y llevarla yo mismo a la boca, como signo de aceptación explícita?.

3. Se habla de la “misa tradicional” y se compara una de ellas “bien dicha” con otras actuales, folclóricas y en el mejor de los casos irrespetuosas. ¿Acaso no recuerdan los “tradicionalistas” mayores de 60 años aquellas misas de los años cincuenta, en que el cura recitaba rutinariamente, y a veces a paso de carga, todas las fórmulas, oraciones, consagración incluida, sin unción alguna? ¿No nos acordamos de la forma en que algunos sacerdotes “repartían” la comunión a los comulgantes, de rodillas en el reclinatorio?  ¿Nadie recuerda aquellas asistencias masivas, obligatorias en muchos casos por imposición de la autoridad laica, en los cuarteles, cárceles, colegios, etc.? ¿Me engaña la memoria cuando recuerdo aquellas misas dominicales en que todos los hombres salían en el sermón a fumarse un pitillo?

¡Claro que había misas excelentes! Y ¡claro que había misas quasisacrílegas! Como ahora. Pero no es el que se diga en latín o en idioma vernácula lo que las hace “buenas” o ”malas”. Ni el que se cante con guitarras o gregoriano (por cierto, ¡qué horror de gregoriano el que se cantaba y el que se canta en algunas iglesias tradicionales! ¡Qué salves reginas!, destrozando el latín y el tetragrama). Ni el que se diga con el presbítero “con Cristo, con Él y en Él …” o se responda con el “amén”. Es la fe del presbítero, la fe de cada uno de los presentes, lo que importa y que los actos exteriores (proclamación de la palabra, ofertorio, prefacio, consagración, memento, padrenuestro, comunión, etc.) ayuden a vivir el Misterio, que es recuerdo, sacrificio real, presencia de Cristo en la comunidad, adoración de esta comunidad, compromiso, aceptación de su Palabra.

Yo creo que, en realidad el problema es otro, es el problema teológico de fondo, manifestado en esa absurda guerra de teólogos tradicionales” contra “teólogos progresistas” lo que subyace en estas cuestiones litúrgicas. Pero ésa es otra reflexión, que me haré.

Eucaristía y crisis

Publicado: 6 junio, 2012 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

El Cuerpo y la Sangre de Cristo (B) Marcos 14, 12-16
EUCARISTÍA Y CRISIS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,06/06/12.- Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un “refugio religioso” que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa, sin escuchar las llamadas del Evangelio.

El riesgo siempre es el mismo: Comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón, sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

En los próximos años se van a ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se nos dictan de manera inapelable e implacable irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van empobreciendo hasta quedar a merced de un futuro incierto e imprevisible.

Conoceremos de cerca inmigrantes privados de asistencia sanitaria, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro nada claro… No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús, sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre “el pan nuestro de cada día” sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

EUCARISTIA E CRISE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Todos os cristãos o sabem. A eucaristia dominical pode-se converter facilmente num “refúgio religioso” que nos protege da vida conflituosa em que nos movemos ao longo da semana. É tentador ir à missa para partilhar uma experiência religiosa que nos permite descansar dos problemas, tensões e más notícias que nos pressionam por todos os lados.

Por vezes somos sensíveis ao que afeta a dignidade da celebração, mas preocupa-nos menos esquecer-nos das exigências do que significa celebrar a ceia do Senhor. Incomoda-nos que um sacerdote não siga estritamente a normativa ritual, mas podemos continuar a celebrar rotineiramente a missa, sem escutar as chamadas do Evangelho.

O risco é sempre o mesmo: Comungar com Cristo no íntimo do coração, sem preocupar-nos de comungar com os irmãos que sofrem. Partilhar o pão da eucaristia e ignorar a fome de milhões de irmãos privados de pão, de justiça e de futuro.

Nos próximos anos vão-se agravar os efeitos da crise muito mais do que nós temíamos. A cascata de medidas que nos ditam de forma inapelável e implacável irão fazer crescer entre nós uma desigualdade injusta. Iremos ver como pessoas próximas de nós vão empobrecendo até ficar à merce de um futuro incerto e imprevisível.

Conheceremos de perto imigrantes privados de assistência sanitária, doentes sem saber como resolver os seus problemas de saúde ou de medicamentos, famílias obrigadas a viver da caridade, pessoas ameaçadas pelo despejo, gente sem assistência, jovens sem um futuro nada claro… Não o poderemos evitar. Ou endurecemos os nossos hábitos egoístas de sempre ou nos fazemos mais solidários.

A celebração da eucaristia no meio desta sociedade em crise pode ser um lugar de consciencialização. Necessitamos de libertar-nos de uma cultura individualista que nos habituou a viver pensando só nos nossos próprios interesses, para aprender simplesmente a ser mais humanos. Toda a eucaristia está orientada a criar fraternidade.

Não é normal escutar todos os domingos ao longo do ano o Evangelho de Jesus, sem reagir ante as Suas chamadas. Não podemos pedir ao Pai “o pão nosso de cada dia” sem pensar naqueles que têm dificuldades para obtê-lo. Não podemos comungar com Jesus sem nos fazermos mais generosos e solidários. Não podemos dar-nos a paz uns aos outros sem estar dispostos a estender uma mão a quem está mais só e indefenso ante a crise.

 

EUCARISTIA E CRISI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Noi cristiani lo sappiamo. L’Eucaristia domenicale può diventare facilmente un “rifugio religioso” che ci protegge dalla vita piena di contrasti nella quale ci muoviamo lungo la settimana. Siamo tentati di andare alla messa per condividere un’esperienza religiosa che ci permette di riposare dai problemi, tensioni e cattive notizie che ci premono da ogni parte.

A volte siamo sensibili a quello che riguarda la dignità della celebrazione, ma ci preoccupa meno che ci dimentichiamo delle esigenze che comporta il celebrare la cena del Signore. Ci disturba che un sacerdote non si attenga strettamente alla normativa rituale, ma possiamo continuare a celebrare come una rutine la messa, senza ascoltare gli appelli dell’Evangelo.

Il rischio è sempre lo stesso: Comunicare con Cristo nell’intimo del cuore, senza preoccuparci di comunicare con i fratelli che soffrono. Condividere il pane dell’Eucaristia e ignorare la fame di milioni di fratelli privati di pane, di giustizia e di futuro.

Nei prossimi anni si andranno aggravando gli effetti della crisi molto più di quel che temiamo. La cascata di provvedimenti che ci vengono imposti in maniera inappellabile e implacabile faranno crescere tra noi una diseguaglianza ingiusta. Via via vedremo come persone del nostro ambiente più o meno vicino si vanno impoverendo fino a rimanere alla mercé di un futuro incerto e imprevedibile.

Conosceremo da vicino immigrati privi di assistenza sanitaria, malati che non sanno come risolvere i loro problemi di salute e di medicine, famiglie obbligate a vivere di carità, persone minacciate di sfratto, gente senza assistenza, giovani senza un futuro per nulla chiaro… Non potremo evitarlo. O induriremo le nostre abitudine egoiste di sempre o ci faremo più solidali.

La celebrazione dell’Eucaristia in mezzo a questa società in crisi può essere un luogo di coscientizzazione. Dobbiamo liberarci da una cultura individualista che ci ha abituato a vivere pensando solo ai nostri propri interessi per imparare semplicemente a essere più umani. Tutta l’Eucaristia è orientata a creare fraternità.

Non è normale ascoltare tutte le domeniche dell’anno l’Evangelo di Gesù, senza reagire davanti ai suoi appelli. Non possiamo chiedere al Padre “il nostro pane quotidiano” senza pensare a quelli che hanno difficoltà ad averlo. Non possiamo comunicare con Gesù senza diventare più generosi e solidali. Non possiamo darci a vicenda la pace senza esser disposti a tendere una mano a quelli che sono più soli e indifesi di fronte alla crisi.

 

EUCHARISTIE ET CRISE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Nous tous, chrétiens, nous le savons bien : l’eucharistie dominicale peut devenir facilement un « refuge religieux » nous protégeant de la vie conflictuelle que nous menons tout au long de la semaine. C’est tentateur que d’aller à la messe pour partager une expérience religieuse qui nous permet de nous reposer des problèmes, des tensions et de mauvaises nouvelles qui nous pressent de partout.

Nous sommes parfois sensibles à ce qui concerne la dignité de la célébration, mais cela nous inquiète moins d’oublier les exigences qu’entraîne le fait de célébrer la Cène du Seigneur. Cela nous dérange qu’un prêtre ne respecte pas de façon stricte les normes rituelles, mais nous continuons de célébrer la messe de façon routinière, sans faire cas des appels de l’Evangile.

C’est toujours le même risque: communier avec le Christ au plus profond de notre cœur, sans nous soucier de communier avec nos frères qui souffrent. Nous partageons le pain de l’eucharistie, tout en ignorant la faim de millions de frères qui manquent de pain, de justice et d’avenir.

Au cours des prochaines années, les effets de la crise vont aller en s’aggravant beaucoup plus que nous ne le craignions. La cascade de mesures qui nous sont imposées de manière implacable et sans appel vont accroître entre nous une inégalité injuste. Nous verrons comment des personnes de notre entourage plus ou moins proche, vont progressivement s’appauvrir pour être à la merci d’un avenir incertain et imprévisible.

Nous connaîtrons de près des immigrants privés d’assistance sanitaire, des malades qui ne sauront pas comment résoudre leurs problèmes de santé ou de médicaments, des familles obligées à vivre de la charité publique, des personnes menacées par l’expulsion, des gens sans protection, des jeunes confrontés à un avenir incertain…On ne pourra pas l’éviter. Soit nous endurcissons nos habitudes égoïstes de toujours, soit nous devenons plus solidaires.

La célébration de l’eucharistie dans cette société en crise peut devenir une occasion de prise de conscience. Nous avons besoin de nous libérer d’une culture individualiste qui nous a habitués à nous concentrer uniquement sur nos propres intérêts, pour apprendre simplement à devenir un peu plus humains. Toute l’eucharistie est orientée vers la création de fraternité.

Il n’est pas normal d’entendre l’Evangile de Jésus chaque dimanche de l’année et de ne pas réagir face à ses appels. Nous ne pouvons pas demander au Père « notre pain de chaque jour » sans penser à ceux qui ont des difficultés pour en avoir. Nous ne pouvons pas communier avec Jésus sans devenir plus généreux et plus solidaires. Nous ne pouvons pas nous donner la paix les uns aux autres sans être prêts à tendre la main à ceux qui face à la crise se trouvent seuls et désemparés.

THE EUCHARIST AND OUR CURRENT CRISIS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

All Christians know it very well. The Sunday Mass can easily become a “religious safe place” to hide from all our conflicts during the week. The Mass has almost become a meeting place to relax from the stress, problems and bad news that we have been subjected to during the week.

At times, we become sensitive to anything regarding the dignity of the celebration, but we easily forget about the significance and implications of the Lord’s Supper. We don’t like when the priest does not adhere strictly to the ritual celebration, but, at the same time, we follow the routine without ever responding to the summons of the Gospel readings.

The risk is always the same: we receive communion with our hearts without ever thinking about our suffering brethren, as if we had nothing in common. We share the Eucharistic bread while we keep ignoring the millions of brethren who don’t have bread, justice or any kind of future.

In the next few years, the current crisis will get worse than anything we had feared. The endless list of measures and sacrifices that will be imposed on all of us will only serve to widen the existing inequality among most of us. People with whom we shared living standards will get poorer and their future will become more and more uncertain.

We shall soon see immigrants deprived of their medical assistance, sick people unable to resolve their health problems or buy medications; many families will be forced to beg for help from charitable organizations, their homes will be taken away, while young people will have no future. It is almost unavoidable. We shall have just a choice: either we become more and more selfish or choose to embrace Christian solidarity.

The celebration of the Blessed Eucharist in the midst of this crisis might be a chance for us to become conscientious about our brothers and sisters. We need to get free from our selfish culture in which we have grown accustomed to think only of our own interests and learn to become more humane and generous. The whole Eucharistic mystery is orientated towards building up a human family.

It does not make any sense listening every Sunday of the year to the Gospel of Jesus, without answering to his repeated calls. We cannot go on praying to our Father to give us “our daily bread” without ever thinking of the millions of children and other people who cannot get it. We can’t go on receiving Holy Communion without becoming more generous by showing true solidarity with the victims of our crisis. Finally, we cannot exchange the Christian sign of peace without giving also a hand to those who are suffering most the effects of our crisis.

 

EUKARISTIA ETA KRISIALDIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Kristau guztiek dugu ezagutzen. Igandeko eukaristia aisa bihur daiteke «babes erlijioso», aste osoan bizi ohi dugun bizitza gatazkatsutik babesteko. Tentagarria da mezara joatea, esperientzia erlijioso bat partekatzeko, alde guztietatik estutzen gaituzten problemak, tirandurak eta albiste txarrak ahazteko.

Batzuetan sentibera izan ohi gara ospakizunaren duintasunari dagokionez; baina gutxiago kezkatzen gaitu Jaunaren afaria ospatzeak berekin dituen eskakizunez ahazteak. Ez dugu atsegin izaten apaizen batek erritu-araudia zorrotz ez betetzea; baina axola gutxi izan ohi diogu meza ohikeriaz ospatzeari, Ebanjelioaren deiei kasu egin gabe.

Bat bera da beti arriskua: Kristorekin bihotzaren hondoan elkartasuna egitea, sufritzen ari diren anai-arrebekin elkartzeaz arduratu gabe. Eukaristiako ogia partekatu, eta ogirik, justiziarik, etorkizunik ez duten milioika anai-arreben goseari ezikusia egitea.

Datozen urteetan krisiaren ondorioak larriagotzen joango dira, uste genuen baino gehiago. Iragartzen ari diren erabaki atzeraezin eta errukigabeen zerrendak handiagotu egingo du zuzenaren kontrako desberdintasuna, gure artean. Ikusiko dugu nola doan gero eta pobreago bihurtzen geure ingurune hurbilagoko edo urrunagoko jendea, etorkizun ziur gabe eta ezin aurreikusiko batean koloka.

Hurbiletik ezagutuko dugu: etorkin-jenderik osasun-babesik gabe, gaixo-jenderik bere osasun- edo botika-arazoei nola aurre egin ez dakiela, familiarik erruki-egintzatik bizitzera behartua, pertsonarik etxea uztera mehatxatua, jenderik laguntzarik gabe, gazterik etorkizun argirik gabe… Ez dugu beste erremediorik. Edota betiko geure ohitura egoistak indartu edota solidarioago bihurtu.

Krisialdian bizi den gizarte honetan eukaristia ospatzeak kontzientzia hartzera eragin diezaguke. Soilik, nori bere onura kontuan hartzera eragin izan digun bakoizkeriaren kultura alde batera utzi beharra dugu, xinpleki gizatasun handiagoko izateko. Eukaristia oro dago bideratua anai-arreba artekotasuna eragitera.

Ez da zuzena igandero, urte osoan, Jesusen Ebanjelioa entzutea, haren deiaren aurrean erreakzionatu gabe. Ezin eskatu diogu Aitari «geure eguneroko ogia», lortzeko zailtasunak dituztenak kontuan hartu gabe. Ezin bizi dugu elkartasunik Jesusekin, lagun hurkoarekin eskuzabalago eta solidarioago bihurtu gabe. Ezin eman diogu bakea elkarri, krisiaren aurrean bakartiago eta babesik gabeago direnei eskua luzatu gabe.

 

EUCARISTIA I CRISI

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Tots els cristians ho sabem. L’eucaristia dominical es pot convertir fàcilment en un “refugi religiós” que ens protegeix de la vida conflictiva en la qual ens movem al llarg de la setmana. És temptador anar a missa per compartir una experiència religiosa que ens permet descansar dels problemes, tensions i males notícies que ens pressionen per tot arreu.

De vegades som sensibles al que afecta la dignitat de la celebració, però ens preocupa menys oblidar-nos de les exigències que comporta celebrar la seva taula. Ens molesta que un sacerdot no s’atingui estrictament a la normativa ritual, però podem continuar celebrant rutinàriament la missa, sense escoltar les crides de l’Evangeli.

El risc sempre és el mateix: Combregar amb Crist en l’íntim del cor, sense preocupar-nos de combregar amb els germans que pateixen. Compartir el pa de l’eucaristia i ignorar la fam de milions de germans privats de pa, de justícia i de futur.

En els propers anys s’aniran agreujant els efectes de la crisi molt més del que ens temíem. La cascada de mesures que se’ns dicten de manera inapel•lable i implacable aniran fent créixer entre nosaltres una desigualtat injusta. Anirem veient com persones del nostre entorn més o menys proper es van empobrint fins a quedar a mercè d’un futur incert i imprevisible.

Coneixerem de prop immigrants privats d’assistència sanitària, malalts sense saber com resoldre els seus problemes de salut o medicació, famílies obligades a viure de la caritat, persones amenaçades pel desnonament, gent desatesa, joves sense un futur gens clar… No ho podrem evitar. O endurim els nostres hàbits egoistes de sempre o ens fem més solidaris.

La celebració de l’eucaristia enmig d’aquesta societat en crisi pot ser un lloc de conscienciació. Necessitem alliberar-nos d’una cultura individualista que ens ha acostumat a viure pensant només en els nostres propis interessos, per aprendre senzillament a ser més humans. Tota l’eucaristia està orientada a crear fraternitat.

No és normal escoltar cada diumenge al llarg de l’any l’Evangeli de Jesús, sense reaccionar davant les seves crides. No podem demanar al Pare “el nostre pa de cada dia” sense pensar en aquells que tenen dificultats per a obtenir-lo. No podem combregar amb Jesús sense fer-nos més generosos i més solidaris. No podem donar-nos la pau els uns als altres, sense estar disposats a allargar la mà als que estan més sols i indefensos davant la crisi.

EUCARISTÍA E CRISE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Sabémolo todos os cristiáns. A eucaristía dominical pódese converter facilmente nun “refuxio relixioso” que nos protexe da vida conflitiva na que nos movemos ao longo da semana. É tentador ir a misa para compartir unha experiencia relixiosa que nos permite descansar dos problemas, tensións e malas noticias que nos aprisionan por todas partes.

Ás veces somos sensíbeis ao que afecta á dignidade da celebración, pero preocúpanos menos esquecernos das esixencias que entraña celebrar a cea do Señor. Moléstanos que un sacerdote non se ateña estritamente á normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutineiramente a misa, sen escoitar as chamadas do Evanxeo.

O risco sempre é o mesmo: Comulgar con Cristo no íntimo do corazón, sen preocuparnos de comulgar cos irmáns que sofren. Compartir o pan da eucaristía e ignorar a fame de millóns de irmáns privados de pan, de xustiza e de futuro.
Nos vindeiros anos hanse ir agravando os efectos da crise moito máis do que nos temiamos. O chorro de medidas que se nos ditan de xeito inapelábel e implacábel irán facendo crecer entre nós unha desigualdade inxusta. Iremos vendo como persoas da nosa contorna máis ou menos próxima vanse ir empobrecendo ata ficar a mercé dun futuro incerto e imprevisíbel.

Coñeceremos de pertiño inmigrantes privados de asistencia sanitaria, enfermos sen saber como resolver os seus problemas de saúde ou medicación, familias obrigadas a vivir da caridade, persoas ameazadas polo desafiuzamento, xente desasistida, mozas sen un futuro nada claro… Non o poderemos evitar.

Ou endurecemos os nosos hábitos egoístas de sempre ou nos facemos máis solidarios. A celebración da eucaristía no medio desta sociedade en crise pode ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos dunha cultura individualista que nos afixo a vivir pensando só nos nosos propios intereses, para aprender sinxelamente a ser máis humanos. Toda a eucaristía está orientada a crear fraternidade.

Non é normal escoitar todos os domingos ao longo do ano o Evanxeo de Xesús, sen reaccionar ante as súas chamadas. Non podemos pedir ao Pai “o noso pan de cada día” sen pensar naqueles que teñen dificultades para obtelo. Non podemos comulgar con Xesús sen facernos máis xenerosos e solidarios. Non podemos darnos a paz uns a outros sen estar dispostos a tender unha man aos que están máis sos e indefensos ante a crise.

¿POR QUÉ NO ASISTO A LAS CELEBRACIONES DEL JUEVES SANTO?
HUGO CÁCERES GUINET, hcaceresguinet@gmail.com
LIMA (PERÚ).

ECLESALIA, 02/04/12.- Hace años que dejé de asistir a la liturgia del Jueves Santo; ya que soy un católico practicante quiero dar mi explicación por qué me dispenso una vez al año:

- No hay otro día del calendario litúrgico en que se acumulen mayor cantidad de errores teológicos en la predicación: “Hoy celebramos el día del sacerdocio”; “un día como hoy conmemoramos la instauración de la Eucaristía”. Jesús nunca estableció un modelo de ministerio eclesial sino que nos invitó a todos los cristianos a ser discípulos, condición que asumimos con nuestro bautismo y nos esforzamos por vivir cada uno desde su propio estado de vida. Todos los ministerios fueron creados por la tradición y las necesidades pastorales -tengo excelentes amigos ministros de la iglesia y aprecio mucho su labor- pero no creo en una clase selecta que remonta su existencia a la propia voluntad de Jesús. Los sacramentos corren igual suerte, excepto el bautismo -que fue una práctica tomada del judaísmo- y que Jesús y los apóstoles practicaron. Lo que se recuerda en el Jueves Santo es que Jesús festejó la pascua con sus discípulos y que los primeros discípulos, por ser judíos, continuaron celebrándo con un enfoque nuevo: la muerte de Jesús es el inicio de nuestra liberación.

- Los símbolos son incorrectamente interpretados. Un sacerdote u obispo lavando los pies a doce varones, en algunos casos también sacerdotes, no representan ni la unidad ni la diversidad de la Iglesia ni la enseñanza sobre el servicio fraterno o sororal. Es un símbolo que únicamente enfatiza la imagen de una iglesia excluyente y selectiva. Hacer memoria del Salvador por medio de este texto “Sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena…se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla…” (Jn 13,1-4) y continuarlo con una demostración de control y poder, es en el mejor caso, un sinsentido y en el peor, incapacidad de leer e interpretar símbolos. Se ha convertido la mejor enseñanza del Maestro respecto de renuncia al poder, (el lavado de pies, una tarea de mujeres y esclavos) en expresión de autoridad de un selecto club masculino. Somos invitados a celebrar el final del patriarcado: “Les aseguro que el esclavo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Si lo saben y lo cumplen, serán dichosos” (Jn 13,16-17).

- Unir la celebración del Jueves Santo: lavado de pies y la cena del Señor más un acto de devoción eucarística es un exceso y una desproporción litúrgicos en que no quedan claramente establecidos la jerarquía de significados. Como decimos en el Perú, es mezclar papas con camotes y es embotar la mente y el corazón de los creyentes.

El próximo jueves seguiré celebrando la muerte del patriarcado que nos enseñó Jesús, por medio del lavado de pies y de la cena entre hermanos, quedándome en casa leyendo el evangelio de Juan y escuchando la sublime Pasión según san Juan de Bach, mientras en los templos se seguirán repitiendo actos que solamente fortalecen el modelo de poder y control eclesial. A la espera de descubrir una parroquia en que nos lavemos mutuamente los pies hombres, mujeres y niños y se celebre la kenosis de Jesús bebiendo de la copa del discipulado, permaneceré en casa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Reavivar la memoria de Jesús

Publicado: 22 junio, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

El Cuerpo y la Sangre del Señor Juan 6,51-58
REAVIVAR LA MEMORIA DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). 

ECLESALIA, 22/06/11.- La crisis de la misa es, probablemente, el símbolo más expresivo de la crisis que se está viviendo en el cristianismo actual. Cada vez aparece con más evidencia que el cumplimiento fiel del ritual de la eucaristía, tal como ha quedado configurado a lo largo de los siglos, es insuficiente para alimentar el contacto vital con Cristo que necesita hoy la Iglesia.

El alejamiento silencioso de tantos cristianos que abandonan la misa dominical, la ausencia generalizada de los jóvenes, incapaces de entender y gustar la celebración, las quejas y demandas de quienes siguen asistiendo con fidelidad ejemplar, nos están gritando a todos que la Iglesia necesita en el centro mismo de sus comunidades una experiencia sacramental mucho más viva y sentida.

Sin embargo, nadie parece sentirse responsable de lo que está ocurriendo. Somos víctimas de la inercia, la cobardía ola pereza. Undía, quizás no tan lejano, una Iglesia más frágil y pobre, pero con más capacidad de renovación, emprenderá la transformación del ritual de la eucaristía, y la jerarquía asumirá su responsabilidad apostólica para tomar decisiones que hoy no nos atrevemos ni a plantear.

Mientras tanto no podemos permanecer pasivos. Para que un día se produzca una renovación litúrgica de la Cena del Señor es necesario crear un nuevo clima en las comunidades cristianas. Hemos de sentir de manera mucho más viva la necesidad de recordar a Jesús y hacer de su memoria el principio de una transformación profunda de nuestra experiencia religiosa.

La última Cenaes el gesto privilegiado en el que Jesús, ante la proximidad de su muerte, recapitula lo que ha sido su vida y lo que va a ser su crucifixión. En esa Cena se concentra y revela de manera excepcional el contenido salvador de toda su existencia: su amor al Padre y su compasión hacia los humanos, llevado hasta el extremo.

Por eso es tan importante una celebración viva dela eucaristía. Enella actualizamos la presencia de Jesús en medio de nosotros. Reproducir lo que él vivió al término de su vida, plena e intensamente fiel al proyecto de su Padre, es la experiencia privilegiada que necesitamos para alimentar nuestro seguimiento a Jesús y nuestro trabajo para abrir caminos al Reino.

Hemos de escuchar con mas hondura el mandato de Jesús: “Haced esto en memoria mía”. En medio de dificultades, obstáculos y resistencias, hemos de luchar contra el olvido. Necesitamos hacer memoria de Jesús con más verdad y autenticidad.

Necesitamos reavivar y renovar la celebración de la eucaristía.

 

REAVIVAR A MEMÓRIA EM JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A crise da missa é, provavelmente, o símbolo mais expressivo da crise que se está a viver no cristianismo actual. Cada vez aparece com mais evidência que o cumprimento fiel do ritual da eucaristia, tal como ficou configurado ao longo dos séculos, é insuficiente para alimentar o contacto vital com Cristo que necessita hoje a Igreja.

O afastamento silencioso de tantos cristãos que abandonam a missa dominical, a ausência generalizada dos jovens, incapazes de entender e gostar da celebração, as queixas e pedidos de quem continua a assistir com fidelidade exemplar, gritam-nos a todos que a Igreja necessita no centro mesmo das suas comunidades uma experiência sacramental muito mais viva e sentida.

No entanto, ninguém parece sentir-se responsável pelo que está a ocorrer. Somos vítimas da inércia, da cobardia ou da preguiça. Um dia, quem sabe não afastado, uma Igreja mais frágil e pobre, mas com mais capacidade de renovação, empreenderá a transformação do ritual da eucaristia, e a hierarquia assumirá a sua responsabilidade apostólica para tomar decisões que hoje não nos atrevemos nem a expor.

Entretanto não podemos permanecer passivos. Para que um dia se produza uma renovação litúrgica da Ceia do Senhor é necessário criar um novo clima nas comunidades cristãs. Temos de sentir de forma muito mais viva a necessidade de recordar Jesus e fazer da Sua memória o princípio de uma transformação profunda da nossa experiência religiosa.

A última Ceia é o gesto privilegiado em que Jesus, ante a proximidade da Sua morte, recapitula o que foi a Sua vida e o que vai a ser a Sua crucificação. Nessa Ceia concentra-se e revela-se de forma excepcional o conteúdo salvador de toda a Sua existência: o Seu amor ao Pai e a Sua compaixão para com os humanos, levado até ao extremo.

Por isso é tão importante uma celebração viva da eucaristia. Nela actualizamos a presença de Jesus no meio de nós. Reproduzir o que Ele viveu no término da Sua vida, plena e intensamente fiel ao projeto do Seu Pai é a experiência privilegiada que necessitamos para alimentar o nosso seguir a Jesus e o nosso trabalho para abrir caminhos ao Reino.

Temos de escutar com mais profundidade o mandato de Jesus: “Fazei isto em memória de Mim”. No meio de dificuldades, obstáculos y resistências, temos de lutar contra o esquecimento. Necessitamos fazer memória de Jesus com mais verdade e autenticidade.

Necessitamos reavivar e renovar a celebração da eucaristia.

 

RAVVIVARE LA MEMORIA DI GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La crisi della messa è, probabilmente, il simbolo più espressivo della crisi che sta vivendo il cristianesimo oggi. Appare con sempre maggiore evidenza che eseguire fedelmente il rituale dell’Eucaristia, così come è rimasto configurato lungo i secoli, è insufficiente per alimentare il contatto vitale con Cristo di cui oggi ha bisogno la Chiesa.

L’allontanamento silenzioso di tanti cristiani che abbandonano la messa domenicale, l’assenza generalizzata dei giovani, incapaci di intendere e gustare la celebrazione, le lamentele e le domande di quelli che continuano ad assistervi con fedeltà esemplare, stanno gridando a tutti che la Chiesa ha bisogno nel centro stesso delle sue comunità di un’esperienza sacramentale molto più viva e sentita.

Nessuno, tuttavia, sembra sentirsi responsabile di quello che sta accadendo. Siamo vittime dell’inerzia, della mancanza di coraggio o della pigrizia. Un giorno, forse non tanto lontano, una Chiesa più fragile e povera, ma con maggiore capacità di rinnovamento, intraprenderà il rinnovamento del modo di celebrare l’Eucaristia, e la gerarchia assumerà la sua responsabilità apostolica per prendere decisioni che oggi non abbiamo il coraggio nemmeno d’immaginare.

Nel frattempo non possiamo rimanere passivi. Perché un giorno si produca un rinnovamento liturgico della Cena del Signore è necessario creare un nuovo clima nelle comunità cristiane. Dobbiamo sentire in maniera molto più viva la necessità di ricordare Gesù e fare della sua memoria il principio di una trasformazione profonda della nostra esperienza religiosa.

L’ultima Cena è il gesto privilegiato in cui Gesù, di fronte all’avvicinarsi della sua morte, ricapitola quello che è stata la sua vita e quello che sta per essere la sua crocifissione. In questa Cena si concentra e rivela in maniera eccezionale il contenuto salvifico di tutta la sua esistenza: il suo amore al Padre e la sua compassione per gli uomini, portati fino all’estremo.

Per questo è tanto importante una celebrazione viva dell’Eucaristia. In essa attualizziamo la presenza di Gesù in mezzo a noi. Riprodurre quello che egli visse al termine della sua vita, pienamente e intensamente fedele al progetto del Padre, è l’esperienza privilegiata di cui abbiamo bisogno per alimentare la nostra sequela di Gesù e il nostro lavoro per aprire strade al Regno.

Dobbiamo ascoltare con più profondità il mandato di Gesù: Fate questo in memoria di me. In mezzo a difficoltà, ostacoli e resistenze, dobbiamo lottare contro la dimenticanza. Abbiamo bisogno di far memoria di Gesù con più verità e autenticità.

Abbiamo bisogno di ravvivare e rinnovare la celebrazione dell’Eucaristia.

 

RAVIVER LA MEMOIRE DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La crise de la messe est probablement le symbole le plus expressif de la crise que vit le christianisme actuel. Il apparaît de plus en plus évident que l’accomplissement fidèle du rituel de l’eucharistie, tel que configuré tout au long des siècles, est insuffisant pour nourrir le contact vital avec le Christ dont l’Eglise d’aujourd’hui a besoin.

L’éloignement silencieux de tant des chrétiens qui abandonnent la messe dominicale, l’absence généralisée des jeunes, incapables de comprendre et de prendre goût à la célébration, les plaintes et les demandes de ceux qui continuent d’assister avec une fidélité exemplaire, crient aux oreilles de tous que l’Eglise a besoin, au cœur même de ses communautés, d’une expérience sacramentelle beaucoup plus vivante et plus sentie.

Personne, cependant, ne semble se sentir responsable de ce qui arrive. Nous sommes victimes de l’inertie, de la lâcheté et de la paresse. Un jour, peut-être pas si lointain, une Eglise plus fragile et plus pauvre, mais plus capable de renouvellement, entreprendra la transformation du rituel de l’eucharistie, et la hiérarchie assumera sa responsabilité apostolique pour prendre des décisions qu’aujourd’hui, nous n’osons même pas poser.

En attendant, nous ne pouvons pas rester passifs. Pour qu’un renouvellement liturgique de la Cène du Seigneur soit possible un jour, il nous faut créer dans nos communautés chrétiennes un nouveau climat. Il nous faut éprouver d’une façon beaucoup plus vivante le besoin de nous souvenir de Jésus et de faire de son mémorial le fondement d’une transformation profonde de notre expérience religieuse.  

La dernière Cène est le geste privilégié où Jésus, à l’approche de sa mort, a récapitulé ce qu’a été sa vie et ce que va être sa crucifixion. C’est dans cette Cène qu’est concentré et révélé d’une manière exceptionnelle, le salut offert à travers toute son existence : son amour du Père et sa compassion à l’égard des hommes, portés jusqu’à l’extrême.

De là, la grande importance d’une célébration vivante de l’eucharistie. La présence de Jésus au milieu de nous y est actualisée. Reproduire ce qu’il a vécu à la fin de sa vie, dans une fidélité pleine et intense au projet de son Père, constitue l’expérience privilégiée dont nous avons besoin pour nourrir notre vie à la suite de Jésus et notre effort pour ouvrir des voies au Royaume.

Il nous faut écouter avec plus d’attention le l’ordre de Jésus: “Faites cela en mémoire de moi”. Au milieu des difficultés, des obstacles et des résistances, il nous faut lutter contre l’oubli. Nous avons besoin de faire mémoire de Jésus d’une façon plus vraie et plus authentique. Nous avons besoin de raviver et de renouveler notre célébration eucharistique.

 

IN REMEMBRANCE OF JESUS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Attendance at Holy Mass is, perhaps, the most recognized symbol of the crisis that Christianity is experiencing at present. It is becoming more and more evident that the ritual of the Holy Eucharist, as observed all along the past centuries, has become insufficient as a vital contact with Christ the way the Church needs.

The silent withdrawal of so many Christians from the Sunday Mass and the general absence of most young people, who are unable to understand and much less enjoy the celebrations, as well as the complaints and the petitions of those still attending faithfully the services, are a loud cry that proclaims the need within the Church for a more living and acceptable sacramental experience.

Apparently, nobody seems to feel responsible for what is happening. We are all victims of inertia, cowardice or laziness. Some day, perhaps not too far off, a more fragile and poor Church, but with a greater capacity for renewal, might launch the transformation of the Eucharistic ritual. The hierarchy, then, might assume apostolic responsibility and take resolutions that today they don’t dare even to suggest.

In the meantime, however, we cannot remain passive. In order to see

a day of liturgical renewal of the Lord’s Supper there must also be a new climate in the Christian communities. We must experience, in a more living manner, the remembrance of Jesus and make of such memory the beginning of a profound transformation in our religious experience.

The Last Supper is a very distinct gesture in which Jesus, knowing that his departure was near, summarizes his life and forecasts his crucifixion. It is this Last Supper that proclaims and reveals in a most exceptional way the saving content of his whole existence: his Father’s love and his compassion for all humans until the Cross.

This explains the great importance of having a living celebration of the Eucharist, in which we represent Jesus’ presence among us. Reliving all that Jesus went through at the very end of his life, in complete fulfilment of his Father’s will, is a unique experience that we need to live as true followers of Jesus as well as the best way to come to the Father.

We must listen to Jesus’ last will more seriously. “Do this in memory of me.” In the midst of so many difficulties, obstacles and opposition, we must resist all kinds of forgetfulness. We must remember Jesus in all its truth and authenticity. We must renew and revive the celebration of the Eucharist.

 

JESUSEN OROITZAPENA BIZIBERRITU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mezaren krisia da, segur aski, gaur egungo kristautasunean bizitzen ari garen krisiaren ikurrik adierazgarriena. Gero eta begi-bistagokoa da: eukaristiaren errituala leial betetzea, mendetan barna eratua izan den bezala, ez da aski Kristorekiko bizi-harremana elikatzeko, gaur egungo Elizak behar duen moduan.

Hainbat kristauk igandeko meza alde batera uztea, gazteen absentzia orokortua, ospakizuna ulertzeko eta dastatzeko gai ez direlako, leialtasun eredugarriz mezara joaten jarraitzen dituztenen kexuak eta eskakizunak: hori guztia ari zaigu oihu egiten, esanez Elizak bere elkarteen erdian sakramentu-esperientzia biziagoa eta sentituagoa behar duela.

Halere, ematen du inor ez dela sentitzen gertatzen ari denaren erantzule. Inertziaren, koldarkeriaren edo alferkeriaren biktima gara. Halako batean, agian ez hain berandu, Eliza ahulago eta pobreago baina eraberritzeko gaiago izango den batek ekingo dio eukaristiaren errituala eraldatzeari, eta hierarkiak baitaratuko du bere apostolutar erantzukizuna erabakiak hartzeko, gaur egun planteatzera ere ausartzen ez garen erabakiak bestalde.

Bitartean ezin geldi gintezke besoak tolesturik. Egunen batean Jaunaren Afariaren berrikuntza liturgikoa gertatu bada, kristau-elkarteetan beste giro bat sortu beharrean gara. Askoz ere era biziagoan sentitu beharko genuke Jesusen oroitzapena egiteko premia; baita oroitzapen hori geure esperientzia erlijiosoa sakon eraldatzeko oinarri bihurtzea ere.

Azken Afaria Jesusen keinu pribilegiatua da. Hartan, heriotza hurbil sumaturik, bere bizitza osoa zer izan den eta gurutzean hiltzea zer izango den laburbildu nahi izan du. Afari hartan bildu eta jarri zuen agerian bere existentzia guztiaren eduki salbatzailea: Aitari dion maitasuna eta gizakiari dion errukia, azkeneraino eramana.

Horregatik da hain garrantzizkoa eukaristia bizi-bizi ospatzea. Hartan Jesus gure artean izatea gertaberritzen dugu. Jesusek, Aitaren egitasmoari bete-betean eta leialtasun biziz atxikirik, bere bizitzaren azkenean bizi izan zuena berregitea dugu esperientziarik pribilegiatuena; horren premia dugu Jesusi jarraitzea eta Erreinuari bideak irekitzeko gure lana elikatzeko.

Barruagotik hartu behar dugu Jesusen agindu hau: «Egizue hau nire oroigarri». Zailtasun, oztopo eta egoskortasunen artean, gogor jokatu beharra dugu ahaztearen aurka. Egiatasun eta zinezkotasun handiagoz egin behar dugu Jesusen oroitzapena. Eukaristia ospatzea biziberritu eta eraberritu beharra dugu.

 

REVIFAR LA MEMÒRIA DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

La crisi de la missa és, probablement, el símbol més expressiu de la crisi que s’està vivint en el cristianisme actual. Cada vegada apareix amb més evidència que el compliment fidel del ritual de l’eucaristia, tal com ha quedat configurat al llarg dels segles, és insuficient per alimentar el contacte vital amb Crist que necessita avui l’Església.

L’allunyament silenciós de tants cristians que abandonen la missa dominical, l’absència generalitzada dels joves, incapaços d’entendre i de fruir amb la celebració, les queixes i demandes dels que continuen assistint-hi amb fidelitat exemplar, ens estan demanant a tots que l’Església necessita en el centre mateix de les seves comunitats una experiència sacramental molt més viva i més sentida.

No obstant això, ningú sembla sentir-se responsable del que està passant. Som víctimes de la inèrcia, la covardia o la mandra. Un dia, potser no tan llunyà, una Església més fràgil i més pobre, però amb més capacitat de renovació, emprendrà la transformació del ritual de l’eucaristia, i la jerarquia assumirà la seva responsabilitat apostòlica per a prendre decisions que avui no ens atrevim ni a plantejar.

Mentrestant no podem romandre passius. Perquè un dia es produeixi una renovació litúrgica de la Cena del Senyor cal crear un nou clima a les comunitats cristianes. Hem de sentir de manera molt més viva la necessitat de recordar Jesús i fer de la seva memòria el principi d’una transformació profunda de la nostra experiència religiosa.

L’últim Sopar és el gest privilegiat en què Jesús, davant la proximitat de la seva mort, recapitula el que ha estat la seva vida i el que serà la seva crucifixió. En aquest Sopar es concentra i revela de manera excepcional el contingut salvador de tota la seva existència: el seu amor al Pare i la seva compassió cap als humans, portat fins a l’extrem.

Per això és tan important una celebració viva de l’eucaristia. Hi actualitzem la presència de Jesús enmig nostre. Reproduir el que ell va viure al final de la seva vida, plena i intensament fidel al projecte del seu Pare, és l’experiència privilegiada que necessitem per alimentar el nostre seguiment de Jesús i el nostre treball per obrir camins al Regne.

Hem d’escoltar amb més profunditat el manament de Jesús: “Feu això en memòria meva”. Enmig de dificultats, obstacles i resistències, hem de lluitar contra l’oblit. Necessitem fer memòria de Jesús amb més veritat i autenticitat. Necessitem revifar i renovar la celebració de l’eucaristia.

 

REAVIVAR A MEMORIA DE XESÚS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

A crise da misa é, probablemente, o símbolo máis expresivo da crise que se está a vivir no cristianismo actual. Cada vez aparece con máis evidencia que o cumprimento fiel do ritual da eucaristía, tal como ficou configurado ao longo dos séculos, é insuficiente para alimentar o contacto vital con Cristo que necesita hoxe a Igrexa.

O afastamento silencioso de tantos cristiáns que abandonan a misa dominical, a ausencia xeneralizada dos mozos, incapaces de entender e gustar a celebración, as queixas e demandas dos que seguen asistindo con fidelidade exemplar, estannos a berrar a todos que a Igrexa necesita no centro mesmo das súas comunidades unha experiencia sacramental moito máis viva e sentida.

Non obstante, ninguén parece sentirse responsábel do que está a acontecer. Somos vítimas da inercia, a covardía ou a preguiza. Un día, quizais non tan afastado, unha Igrexa máis fráxil e pobre, pero con máis capacidade de renovación, emprenderá a transformación do ritual da eucaristía, e a xerarquía asumirá a súa responsabilidade apostólica para tomar decisións que hoxe non nos atrevemos nin a formular.

Mentres tanto non podemos permanecer pasivos. Para que un día se produza unha renovación litúrxica da Cea do Señor é necesario crear un novo clima nas comunidades cristiás. Temos de sentir de xeito moito máis vivo a necesidade de recordar a Xesús e facer da súa memoria o principio dunha transformación profunda da nosa experiencia relixiosa.

A última Cea é o xesto privilexiado no que Xesús, ante a proximidade da súa morte, recapitula o que foi a súa vida e o que vai ser a súa crucifixión. Nesa Cea concéntrase e revélase de xeito excepcional o contido salvador de toda a súa existencia: o seu amor ao Pai e a súa compaixón cara aos humanos, levado ata o extremo.

Por iso é tan importante unha celebración viva da eucaristía. Nela actualizamos a presenza de Xesús no medio de nós. Reproducir o que el viviu ao termo da súa vida, plena e intensamente fiel ao proxecto do seu Pai, é a experiencia privilexiada que necesitamos para alimentar o noso seguimento a Xesús e o noso traballo para abrir camiños ao Reino.

Temos de escoitar con mais fondura o mandato de Xesús: “Facede isto en memoria miña”. No medio de dificultades, obstáculos e resistencias, temos de loitar contra o esquecemento. Necesitamos facer memoria de Xesús con máis verdade e autenticidade.

Necesitamos reavivar e renovar a celebración da eucaristía.

 

 

Recordar más a Jesús

Publicado: 4 mayo, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , , ,

3 Pascua (A) Lucas 24, 13-35
RECORDAR MÁS A JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 04/04/11.- El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MAIS LEMBRE-SE JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Redacción de Eclesalia

A história dos discípulos de Emaús, descrevemos a experiência de dois seguidores de Jesus como andam de Jerusalém para a pequena aldeia de Emaús, a oito quilômetros de distância da capital. O narrador faz isso com tal habilidade que nos ajuda hoje também reavivar a nossa fé em Cristo ressuscitado.

Dois discípulos de Jesus estão longe de Jerusalém, deixando o grupo de fãs cresceu em torno dele. Jesus morreu, o grupo se desenrola. Sem ele, nenhum sentido continuar reunião. O sonho se desvaneceu. Quando Jesus morreu, morreu também na esperança de que ele havia despertado em seus corações. Não é este algo está acontecendo em nossas comunidades? Não somos autorizados a morrer a fé em Jesus?

No entanto, estes discípulos estão falando sobre Jesus. Eles não podem esquecer.Comente sobre o que aconteceu. Tente encontrar algum sentido do que viveram com ele. “Enquanto falava, veio Jesus e começa a caminhar com eles.” É o primeiro sinal da Ressurreição. Os discípulos são incapazes de admitir isso, mas Jesus já está presente andando com eles, não andam Jesus hoje velado com tantos crentes que deixam a Igreja, mas eu ainda me lembro?

A intenção do narrador é clara: Jesus vem, quando os discípulos se lembrar e falar sobre isso. Este é o lugar onde ele comenta sobre o seu evangelho, onde há interesse em sua mensagem, onde ele fala sobre seu estilo de vida e de seu prometo. Jesus não é tão longe de nós, porque falam pouco dele?

Jesus está interessado em falar com eles “, que conversa é que vocês trazem como caminhar?” Não é imposta por revelar a sua identidade. Pediu para continuar a contar a sua experiência. Falar com ele vai descobrir a sua cegueira. Eles abrem seus olhos quando, guiado por sua palavra, fazer um tour por dentro. So. Se a Igreja de Jesus falam mais e falar mais com ele, nossa fé vai reviver.

Os discípulos falam de suas expectativas e decepções, e Jesus ajuda a aprofundar a identidade do Messias crucificado. O coração dos discípulos começou a queimar, eles sentem necessidade de que o “desconhecido” para ficar com eles. Ao celebrarmos a refeição eucarística, eles abrem os olhos e reconhecê-lo: Jesus está com eles!

Nós, cristãos, lembramos de Jesus, citando suas palavras, discutir o seu estilo de vida, mergulhar em seu projeto. Devemos abrir os olhos da nossa fé e encontrar cheio de vida nas nossas Eucaristias. Ninguém tem que estar mais presente. Jesus caminha conosco.

ALTRO RICORDATI CHE GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La storia dei discepoli di Emmaus si descrive l’esperienza di due seguaci di Gesù che cammina da Gerusalemme verso il piccolo villaggio di Emmaus, a otto chilometri dalla capitale. Il narratore lo fa con tale abilità che ci aiuta anche oggi ravvivare la nostra fede nel Cristo risorto.

Due seguaci di Gesù sono lontano da Gerusalemme di lasciare il gruppo di tifosi si è sviluppata intorno ad esso. Gesù è morto, il gruppo svolge. Senza di essa, non ha senso continuare riunione. Il sogno è svanito. Quando Gesù morì, morì anche la speranza di aver risvegliato nei loro cuori. Non è questo qualcosa sta accadendo nelle nostre comunità? Non siamo autorizzati a morire la fede in Gesù?

Tuttavia, questi discepoli di Gesù sta parlando. Non possono dimenticare. Scrivi i tuoi commenti su quanto è accaduto. Cerca di trovare un qualche senso di ciò che hanno vissuto con lui. “Durante la conversazione, Gesù è venuto e viene a camminare con loro”. E ‘il primo segno della risurrezione. I discepoli non riescono ad ammetterlo, ma Gesù è già presente camminare con loro, non camminare Gesù oggi velato con tanti credenti che lasciano la Chiesa, ma ricordo ancora?

L’intenzione del narratore è chiaro: Gesù è in arrivo quando i discepoli ricordare e parlare. Questo è dove si commenta sul suo vangelo, dove c’è interesse nel tuo messaggio, dove si parla di stile di vita e il vostro progetto. Gesù non è così lontano da noi, perché si parla poco di esso?

Gesù è interessato a parlare con loro: “Che discorso è che si mettono voi durante il cammino?” Non è imposto dal rivelare la vostra identità. Chiesto di continuare a raccontare la loro esperienza. Parlando con lui scoprirete la sua cecità. Hanno aperto i loro occhi quando, guidato dalla sua parola, fare un giro all’interno. Così. Se la Chiesa di Gesù parlare di più e parlare di più con lui, la nostra fede farà rivivere.

I discepoli parlano delle loro aspettative e delusioni, e Gesù li aiuta ad approfondire l’identità del Messia crocifisso. Il cuore dei discepoli cominciarono a bruciare, si sente bisogno di quella “sconosciuta” a restare con loro. Nel celebrare il convito eucaristico, aprono gli occhi e riconosce: Gesù è con loro!

Noi cristiani ricordiamo Gesù, citando le sue parole, il tuo stile di vita discutere, approfondire il progetto. Dobbiamo aprire gli occhi della nostra fede e scoprire piena di vita nella nostra Eucaristia. Nessuno deve essere più presente. Gesù cammina con noi.

SE SOUVENIR DAVANTAGE DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le récit des disciples d’Emaüs nous décrit l’expérience vécue par les disciples de Jésus pendant qu’ils marchaient de Jérusalem vers le petit village d’Emmaüs, à huit kilomètres de la capitale. Le narrateur montre une telle maîtrise qu’il nous aide à revivre aujourd’hui aussi notre foi en Jésus Christ ressuscité.

Quittant le groupe des disciples qui s’était formé autour de Jésus, deux d’entre eux s’éloignent de Jérusalem. A la mort de Jésus, le groupe commence à se disperser. Sans lui, cela n’a pas de sens decontinuer à se réunir. Le rêve s’est évanoui. Jésus meurt, et l’espérance qu’il avait éveillée dans leurs coeurs meurt aussi. Ne se passe-t-ilpas quelque chose de ce genre dans nos communautés? Ne sommes-nous pas en train de laisser mourir notre foi en Jésus?

Cependant, ces disciples continuent de parler de Jésus. Ils ne peuvent pas l’oublier. Ils commentent ce qui est arrivé. Ils essaient de chercher un sens à ce qu’ils ont vécu auprès de lui. “Pendant qu’ils conversaient, Jésus s’approche et se met à marcher avec eux”. C’est le premier geste du Ressuscité. Les disciples sont incapables de le reconnaître mais Jésus est déjà présent et fait chemin avec eux. Ne chemine-t-il pas aussi discrétement auprès de tant de croyants qui quittent l’Eglise mais continuent de se souvenir de lui?

L’intention du narrateur est claire: Jésus devient proche lorsque les disciples s’en souviennent et parlent de lui. Il se rend présent là où son évangile est commenté, là où l’on s’intéresse à son message, là où l’on parle de son style de vie, de son projet. N’est-ce pas parce que nous parlons très peu de lui que Jésus est tellement absent de notre milieu?

Jésus est intéressé par l’échange avec eux: “De quoi parliez-vous en marchant?” Il ne s’impose pas en leur révélant son identité. Il leur demande de continuer de raconter leur expérience. En parlant avec lui, ils découvriront leur cécité. Leurs yeux s’ouvriront lorsque, guidés par sa parole, ils auront fait un parcours intérieur. Il en est ainsi. Si dans l’Eglise nous parlons advantage de Jésus et nous échangeons davantage avec lui, notre foi revivra.

Les disciples lui parlent de leurs espoirs et de leurs déceptions; Jésus les aide à approfondir l’identité du Messie crucifié. Le coeur des disciples commence à brûler; ils sentent le besoin que cet “inconnu” reste avec eux. Pendant qu’ils cèlébrent le repas eucharistique, leurs yeux s’ouvrent et ils le reconnaissent: Jésus est avec eux!

Nous chrétiens, nous devons nous souvenir davantage de Jésus: citer ses paroles, commenter son style de vie, approfondir son projet. Nous devons ouvrir davantage les yeux de notre foi et le découvrir plein de vie dans nos eucharisties. Personne d’autre doit être plus présent que Jésus. Il chemine auprès de nous.

REMEMBERING EVERYTHING ABOUT JESUS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The narrative about the two disciples on the road to Emmaus tells us the experience lived by them as they walked from Jerusalem to this village, some eight kilometres away from the capital. The evangelist does it so well that the reading helps us to relive our faith in the Risen Lord.

Those two disciples of Jesus left Jerusalem and parted company with the rest of the disciples who had always been with Jesus. After Jesus’ death, the group began to break down. Without Jesus, there was no sense in staying together. Their dream simply vanished. With Jesus’ death, the hope that had been awakened in their hearts died, too. Aren’t some of our Christian communities experiencing the same thing? Aren’t we allowing our faith in Jesus to die a similar death?

These two disciples, however, keep talking about Jesus. They really can’t forget him. They just talk about everything that has been going on. They keep trying to many some sense out of everything that has taken place while they were with Him. “As they talked things over, Jesus himself came up and walked by their side.” That was the first gesture of the Risen One. The disciples could not recognize him, but Jesus kept walking along with them. Isn’t Jesus today walking along so many of us believers who might have left the Church, but still remember Him, and don’t recognize his presence?

The intention of the evangelist is evident: Jesus comes back to them when they start remembering and talking about him. He becomes present wherever his gospel is talked about and there is interest in his message, as well as when people are interested in his preaching and project. Perhaps, Jesus is so often absent from us today because we hardly ever remember or talk about him.

Jesus, in the narrative, is very keen on talking with them: “What matters are you discussing as you walk along?” He is not keen on identifying himself to get their attention. He just wants to know what interests and worries them. As they keep talking to him, their concerns will be cleared. Their eyes will be opened as he guides them to reconsider their own stories. It is the same with us today. If, within the Church, we start talking more about Jesus and address ourselves to him personally, our faith will be revived.

The two disciples talk to Jesus about their hopes and disappointments; Jesus helps them to deepen their knowledge of the Crucified Messiah. The disciples’

heart begin to burn; they feel the need for this stranger to spend the night with them. As they celebrate the Eucharistic meal, their eyes are opened and they recognize him: Jesus was in front of them!

Christians ought to remember Jesus more often: we must quote his words, speak about his life style and his project. We must open the eyes of faith and make it alive in our Eucharistic celebrations. Nobody else should take away such presence. Jesus keeps walking along with us.

 

HARTU GOGOAN JESUS

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Emausko ikasleen pasadizo honek Jesusen bi ikaslek bizi izandako esperientzia kontatzen digu; Jerusalemdik Emaus herrixkara doazela gertatu da; hiriburutik Emausera 8 km dira. Halako maisutasunez kontatzen du kontalariak guztia, non Kristo piztuarekiko geure fedea gaur berean ere biziberritzera eragiten baitigu.

Jesusen bi ikasle horiek Jerusalemdik kanpora doaz, haren inguruan bilduz joan den taldea utziz. Jesus hila delarik, taldea desegiten hasi da. Hura gabe, zertan jarraitu taldean bildurik? Ametsa desegin da. Jesus hiltzean, ikasleen bihotzean esnatua zen esperantza ere hil egin da. Ez ote ari horrelako zerbait gertatzen gure elkarteetan? Ez ote gara ari Jesusekiko fedea hiltzen uzten?

Halaz guztiz, Jesusez hitz egiten jarraitzen dute aipatu bi ikasleek. Ezin ahaztu dute Jesus. Gertatuaz mintzo dira. Haren ondoan bizi izan dutenak esanahiren bat baduela uste du. «Hizketan doazela, Jesus hurbildu zaie eta haiekin batera doa». Berpiztuaren lehenengo keinua da hori. Ikasleak ez dira gai nor den antzemateko, baina Jesus presente dute beren ondoan. Ez ote dabil Jesus gaur ere, Eliza utzi duten baina Jesus gogoan darabilten hainbat eta hainbat fededunen ondoan, era ezkutuan?

Kontatzailearen asmoa argi dago: ikasleek bera gogoan darabiltenean eta beraz mintzo direnean hurbiltzen zaie Jesus. Haren ebanjelioa komentatzen den puntuan egiten da presente Jesus, haren bizieraz eta haren egitasmoaz hitz egiten den puntuan. Ez ote dago Jesus gugandik hain absente, hain zuzen hartaz gutxi hitz egiten dugulako?

Burruntzalia sartzeko gogoa du Jesusek, haiekin hitz egiteko gogoa: «Zertaz mintzo zarete bidean?» Ez die ezer derrigorrez ezarri nahi, nor den esanez. Beren esperientzia kontatzen jarraitzeko eskatu die soilik. Jesusekin hitz egiten jarraituz, beren itsutasunaz konturatuko dira. Begiak irekiko zaizkie, Jesusen hitzak gidatuko ditu, barne ibilaldi bat egingo dutenean. Halaxe da. Elizan Jesusez gehiago hitz egingo bagenu eta harekin solas gehiago, gure fedea biziberrituko litzateke.

Izan duten uste handiaz eta jasan duten porrotaz mintzo zaizkio ikasleak. Jesusek, berriz, gurutzean josi duten Mesias hori nor den sakontzen lagundu die. Sutan jartzen hasi zaie ikasleei bihotza; «ezezagun» hura berekin geldi dadin nahi dute. Eukaristi afaria ospatzean, begiak ireki zaizkie eta antzemango diote: Jesus, berekin dute Jesus!

Kristauok gehiago izan beharko Jesus gogoan: haren hitzak aipatu, haren biziera komentatu, haren egitasmoan sakondu. Geure fedearen begiak gehiago ireki beharra dugu eta geure Eukaristian Jesus bizi-bizi sumatu beharra. Beste inor ez, hura baino presenteago. Bidelagun dugu Jesus.

 

RECORDAR-NOS MÉS DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El relat dels deixebles d’Emaús ens descriu l’experiència viscuda per dos seguidors de Jesús mentre caminen des de Jerusalem cap a la petita vila d’Emaús, a vuit quilòmetres de distància de la capital. El narrador ho fa amb una destresa tal que ens ajuda a revifar també avui la nostra fe en Crist ressuscitat.

Dos deixebles de Jesús s’allunyen de Jerusalem abandonant el grup de seguidors que s’ha anat formant al voltant d’ell. Mort Jesús, el grup es va desfent. Sense ell, no té sentit seguir reunits. El somni s’ha esvaït. En morir Jesús, mor també l’esperança que havia despertat en els seus cors. ¿No està succeint alguna cosa d’això en les nostres comunitats? ¿No estem deixant morir la fe en Jesús?

No obstant això, aquests deixebles segueixen parlant de Jesús. No el poden oblidar. Comenten els fets. Tracten de trobar algun sentit al que han viscut al seu costat. «Mentre conversaven i discutien, Jesús mateix se’ls va acostar i es posà a caminar amb ells». És el primer gest del Ressuscitat. Els deixebles no són capaços de reconèixer-lo, però Jesús ja és present caminant al costat d’ells. ¿No camina avui Jesús veladament al costat de tants creients que abandonen l’Església però el segueixen recordant?

La intenció del narrador és clara: Jesús s’apropa quan els deixebles el recorden i parlen d’ell. Es fa present allà on es comenta el seu evangeli, on hi ha interès pel seu missatge, on es conversa sobre el seu estil de vida i el seu projecte. ¿No és Jesús tan absent d’entre nosaltres perquè parlem poc d’ell?

Jesús està interessat a conversar amb ells: «De què parleu entre vosaltres tot caminant?» No s’imposa revelant la seva identitat. Els demana que segueixin explicant la seva experiència. Conversant amb ell, aniran descobrint la seva ceguesa. Se’ls obriran els ulls quan, guiats per la seva paraula, facin un recorregut interior. És així. Si a l’Església parlem més de Jesús i conversem més amb ell, la nostra fe reviurà.

Els deixebles li parlen de les seves expectatives i decepcions; Jesús els ajuda a aprofundir la identitat del Messies crucificat. El cor dels deixebles comença a cremar; senten necessitat que aquell “desconegut” es quedi amb ells. En celebrar el sopar eucarístic, se’ls obren els ulls i el reconeixen: Jesús és amb ells!

Els cristians hem de recordar-nos més de Jesús: citar les seves paraules, comentar el seu estil de vida, aprofundir el seu projecte. Hem d’obrir més els ulls de la nostra fe i descobrir-lo ple de vida a les nostres eucaristies. Ningú ha d’ésser més present. Jesús camina amb nosaltres.

RECORDAR MÁIS A XESÚS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O relato dos discípulos de Emaús descríbenos a experiencia vivida por dous seguidores de Xesús mentres camiñan dende Xerusalén cara á pequena aldea de Emaús, a oito quilómetros de distancia da capital. O narrador faino con tal mestría que nos axuda a reavivar tamén hoxe a nosa fe en Cristo resucitado.

Dous discípulos de Xesús afástanse de Xerusalén abandonando o grupo de seguidores que se foi formando en torno a el. Morto Xesús, o grupo vaise desfacendo. Sen el, non ten sentido seguir reunido. O soño esvaeceuse. Ao morrer Xesús, morre tamén a esperanza que espertara nos seus corazóns. Non está a suceder algo disto nas nosas comunidades? Non estamos deixando morrer a fe en Xesús?

Non obstante, estes discípulos seguen falando de Xesús. Non o poden esquecer. Comentan o sucedido. Tratan de buscarlle algún sentido ao que viviron xunto del. «Mentres conversan, Xesús achégase e ponse a camiñar con eles». É o primeiro xesto do Resucitado. Os discípulos non son capaces de recoñecelo, pero Xesús xa está presente camiñando cabo deles, Non camiña hoxe Xesús veladamente xunto a tantos crentes que abandonan a Igrexa pero o seguen recordando?

A intención do narrador é clara: Xesús achégase cando os discípulos o recordan e falan del. Faise presente alí onde se comenta o seu evanxeo, onde hai interese pola súa mensaxe, onde se conversa sobre o seu estilo de vida e o seu proxecto. Non está Xesús tan ausente entre nós porque falamos pouco del?

Xesús está interesado en conversar con eles: «Que conversación é esa que traedes mentres ides de camiño?» Non se impón revelándolles a súa identidade. Pídelles que sigan contando a súa experiencia. Conversando con el, irán descubrindo a súa cegueira. Abriránselles os ollos cando, guiados pola súa palabra, fagan un percorrido interior. É así. Se na Igrexa falamos máis de Xesús e conversamos máis con el, a nosa fe revivirá.

Os discípulos fálanlle das súas expectativas e decepcións; Xesús axúdalles a afondar na identidade do Mesías crucificado. O corazón dos discípulos comeza a arder; senten necesidade de que aquel “descoñecido” fique con eles. Ao celebrar a cea eucarística, ábrenselles os ollos e recoñéceno: Xesús está con eles!

Os cristiáns temos de recordar máis a Xesús: citar as súas palabras, comentar o seu estilo de vida, afondar no seu proxecto. Temos de abrir máis os ollos da nosa fe e descubrilo cheo de vida nas nosas eucaristías. Ninguén ten de estar máis presente. Xesús camiña a carón de nós.

 

Hacer memoria de Jesús

Publicado: 2 junio, 2010 en BIBLIA
Etiquetas: ,

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (C) 1 Corintios 11, 23-26
HACER MEMORIA DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 02/06/10.- Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles.

Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.

La escucha del Evangelio. Hacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos.

Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.

La memoria de la Cena. Hacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: “Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Éste es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo”.

En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús”. Nos sentimos salvados por Cristo nuestro Señor.

La oración de Jesús. Antes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.

La comunión con Jesús. Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: “Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

FAZER MEMÓRIA DE JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ao narrar a última Ceia de Jesus com os Seus discípulos, as primeiras gerações cristãs recordavam o desejo expresso de forma solene pelo Seu Mestre: «Fazei isto em memória minha». Assim o recolhe o evangelista Lucas e Paulo, o evangelizador dos gentios.

Desde a sua origem, a Ceia do Senhor tem sido celebrada pelos cristãos para fazer memória de Jesus, actualizar a Sua presença viva no meio de nós e alimentar a nossa fé Nele, na Sua mensagem e na Sua vida entregue por nós até à morte. Recordemos quatro momentos significativos na estrutura actual da missa. Temos de os viver desde dentro e em comunidade.

O escutar do Evangelho. Fazemos memória de Jesus quando escutamos nos evangelhos o relato da Sua vida e da Sua mensagem. Os evangelhos foram escritos, precisamente, para guardar a recordação de Jesus alimentando assim a fé e o seguir dos Seus discípulos.

Do relato evangélico não aprendemos doutrina mas, sobretudo, a forma de ser e de actuar de Jesus, que há-de inspirar e modelar a nossa vida. Por isso, o devemos escutar em atitude de discípulos que querem aprender a pensar, sentir, amar e viver como Ele.

A memória da Ceia. Fazemos memória da acção salvadora de Jesus escutando com fé as Suas palavras: “Este é o Meu corpo. Vejam-Me neste pão entregando-Me por vós até à morte… Este é o cálice do Meu sangue. Derramei-O para o perdão dos vossos pecados. Assim me recordareis sempre. Amei-vos até ao extremo”.

Neste momento confessamos a nossa fé em Jesus Cristo fazendo uma síntese do mistério da nossa salvação: “Anunciamos a Tua morte, proclamamos a Tua ressurreição. Vem, Senhor Jesus”. Sentimo-nos salvos por Cristo nosso Senhor.

A oração de Jesus. Antes de comungar, pronunciamos a oração que nos ensinou Jesus. Primeiro, identificamo-nos com os três grandes desejos que levava no Seu coração: o respeito absoluto a Deus, a vinda do Seu reino de justiça e o cumprimento da Sua vontade de Pai. Logo, com as Suas quatro petições ao Pai: pão para todos, perdão e misericórdia, superação da tentação e libertação de todo mal.

A comunhão com Jesus. Aproximamo-nos como pobres, com a mão estendida; tomamos o Pão da vida; comungamos fazendo um acto de fé; acolhemos em silêncio Jesus no nosso coração e na nossa vida: “Senhor, quero comungar contigo, seguir os Teus passos, viver animado com o Teu espírito e colaborar nos Teus projecto de fazer um mundo mais humano”.

Fare memoria di Gesù

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Nel narrare l’Ultima Cena di Gesù con i suoi discepoli, le prime generazioni cristiane ricordavano il desiderio espresso in modo solenne dal loro Maestro: “Fate questo in memoria di me”. Così riportano l’evangelista Luca e Paolo, l’evangelizzatore dei gentili.

Fin dall’origine, la Cena del Signore è stata celebrata dai cristiani per fare memoria di Gesù, attualizzare la sua presenza viva in mezzo a noi e alimentare la nostra fede in lui, nel suo messaggio e nella sua vita consegnata per noi fino alla morte. Ricordiamo quattro momenti significativi della celebrazione eucaristica. Dobbiamo viverli interiormente e in comunità.

L’ascolto dell’Evangelo. Facciamo memoria di Gesù quando ascoltiamo nei vangeli il racconto della sua vita e il suo messaggio. I vangeli sono stati scritti proprio per custodire il ricordo di Gesù, alimentando così la fede e il cammino dei discepoli.

Dal racconto evangelico non impariamo una dottrina ma, soprattutto, il modo di essere e di agire di Gesù, che deve ispirare e modellare la nostra vita. Per questo, lo dobbiamo ascoltare con atteggiamento di discepoli che vogliono imparare a pensare, sentire, amare e vivere come lui.

Il memoriale della Cena. Facciamo memoria dell’opera di salvezza di Gesù ascoltando con fede le sue parole: – Questo è il mio corpo. Riconoscetemi in questi pezzi di pane mentre mi consegno per voi fino alla morte… Questo è il calice del mio sangue. L’ho effuso per il perdono dei vostri peccati. Così mi ricorderete sempre. Vi ho amato fino alla fine -.

In questo momento confessiamo la nostra fede in Gesù Cristo facendo una sintesi del mistero della nostra salvezza: “Annunciamo la tua morte, proclamiamo la tua risurrezione. Vieni, Signore Gesù”. Ci sentiamo salvati da Cristo Signore nostro.

La preghiera di Gesù. Prima di fare la comunione, diciamo la preghiera che ci ha insegnato Gesù. In primo luogo, c’identifichiamo con i tre grandi desideri che custodiva nel suo cuore: il rispetto assoluto di Dio, la venuta del suo regno di giustizia e il compimento della sua volontà di Padre. Poi, con le sue quattro domande al Padre: pane per tutti, perdono e misericordia, superamento della tentazione e liberazione da ogni male.

La comunione con Gesù. Ci avviciniamo come poveri, la mano tesa; prendiamo il Pane della vita; comunichiamo facendo un atto di fede; accogliamo in silenzio Gesù nel nostro cuore e nella nostra vita: “Signore, voglio comunicare con te, seguire i tuoi passi, vivere animato dal tuo Spirito e collaborare al tuo progetto di fare un mondo più umano.

FAIRE MEMOIRE DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Lorsque les premières générations chrétiennes faisaient le récit de la dernière Cène de Jésus avec ses disciples, elles rappelaient le souhait exprimé solennellement par leur Maître : « Faites cela en mémoire de moi ». C’est ce qui est transmis par l’évangéliste Luc et par Paul, l’évangélisateur des gentils.

Depuis son origine, la Cène du Seigneur a été célébrée par les chrétiens pour faire mémoire de Jésus, actualiser sa présence vivante au milieu de nous et pour nourrir notre foi en lui, en son message et en sa vie, livrée pour nous jusqu’à la mort. Rappelons quatre moments significatifs dans la structure actuelle de la messe. Nous avons à les vivre de l’intérieur et en communauté.

L’écoute de l’Evangile. Nous faisons mémoire de Jésus lorsque nous écoutons dans les évangiles le récit de sa vie et son message. Les évangiles ont été justement écrits pour garder le souvenir de Jésus, en nourrissant ainsi la foi et la réponse de ses disciples à sa suite.

Ce n’est pas une doctrine que nous apprenons de ce récit évangélique, mais surtout, la façon d’être et d’agir de Jésus, qui doivent inspirer et modeler notre vie. C’est pourquoi, il nous faut l’écouter en attitude de disciples voulant apprendre à penser, à sentir, à aimer et à vivre comme lui.

La mémoire de la Cène. Nous faisons mémoire de l’action salvatrice de Jésus en écoutant avec foi ses paroles : « Ceci est mon corps. Dans ces morceaux de pain, voyez-moi en train de me livrer pour vous jusqu’à la mort… Ceci est la coupe de mon sang… Je l’ai versé pour le pardon de vos péchés. C’est ainsi que vous vous souviendrez toujours de moi. Je vous ai aimés jusqu’au bout ».

C’est à ce moment-là, que nous confessons notre foi en Jésus Christ, tout en faisant une synthèse du mystère de notre salut: “Nous proclamons ta mort, Seigneur Jésus, nous célébrons ta résurrection. Viens Seigneur Jésus ». Nous nous sentons sauvés par le Christ, notre Seigneur.

La prière de Jésus. Avant de communier, nous disons la prière que Jésus nous a enseignée. Tout d’abord nous nous identifions aux trois grands désirs qu’il portait dans son coeur: le respect absolu de Dieu, le venue de son règne de justice et l’accomplissement de la volonté du Père. Après, nous faisons nôtres ses quatre demandes adressées au Père : pain pour tous, pardon et miséricorde, victoire sur la tentation et libération de tout mal.

La communion avec Jésus. Nous nous approchons comme des pauvres, la main tendue; nous prenons le Pain de la vie; nous communions en faisant un acte de foi; nous accueillons en silence, Jésus dans notre cœur et dans notre vie : « Seigneur, je veux être en communion avec toi; suivre tes pas; être, dans ma vie, animé par ton esprit ; et collaborer à ton projet de bâtir un monde plus humain ».

AS A MEMORIAL OF ME.

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Every time the early Christians spoke of the Last Supper of Jesus with his disciples, they always mentioned Jesus’ special request: “Do this as a memorial of me.” That is the case with Luke the evangelist and Paul, the apostle to the Gentiles.

From the very beginning of the Christian era, the Last Supper was celebrated by Christians as a Memorial of Jesus that brought his presence

to our midst and nourished our faith in Him, in his message and in his life offered for us until his end. Let us single out four special and meaningful parts of our Mass. We must bring them to life from within the community.

Listening to the Gospel, we bring back to life Jesus himself whenever we listen to the Gospel narratives and messages. The Gospels, in fact, were written with the sole purpose of preserving Jesus’ memory, and strengthening the faith of his followers.

From the gospel narratives we do not learn any doctrine, but we witness Jesus’ life style and behaviour that serve to inspire us and imitate him in our own lives. Hence, we must read and listen to him with an attitude of the disciples that want to learn how to think, feel, love and live as He did.

Remembering the Last Supper, we recall the saving power of Jesus as we listen to his words: “This is my body. See me in these pieces of bread, as I deliver myself for you until death. This cup is the new covenant in my blood. This blood is shed for the forgiveness of your sins. Every time you drink this cup you are proclaiming my death. I have loved you till the end.”

At that precise moment, we confess our faith in Jesus Christ, summarizing the mystery of our salvation: “We announce your death, we proclaim your resurrection. Come, Lord Jesus.” We acknowledge that Jesus has been our Saviour.

The prayer of Jesus that we recite before Communion is the one that Jesus himself taught us. First, we identify ourselves with the three great desires that Jesus always kept in his heart: absolute respect for God, the coming of his kingdom of justice and the fulfilment of his Father’s will. Then, we conclude with the four petitions to the Father: bread for everyone, pardon and forgiveness, freedom from temptations and deliverance from evil.

The communion with Jesus we receive, poor as we are, with open hands: we receive the Bread of life, as we make an act of faith, and we welcome in silence Jesus in our hearts as well as in our lives: “Lord, I want to be in communion with you, follow in your steps, live by your Spirit and work in your project to make this world more just and fair.”

JESUSEN OROITZAPENA EGIN

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusek ikasleekin egindako Azken Afaria kontatzean, Maisuak berariaz aipatutako gogoa gogoratu ohi zuten lehen kristau-belaunaldiek: «Egizue hau nire oroigarri». Horrela dakarte Lukas ebanjelariak eta jentilen ebanjelizatzaile Paulok.

Bere jatorriaz gero, Jesusen oroitzapena burutzeko ospatu izan dugu kristauek Jaunaren Afaria, gure artean haren presentzia bizia gertaberritu eta harekiko, haren mezuarekiko eta azkeneraino gugatik eman duen biziarekiko geure fedea elikatzeko. Har ditzagun gogoan mezak, gaur eguneko egituran, dituen lau une esanguratsu hauek, barnetik eta elkartean bizitzeko.

Ebanjelioa entzutea. Jesusen oroitzapena burutzen dugu ebanjelioetan haren bizitzako kontakizuna eta mezua entzutean. Ebanjelioak, hain juxtu, Jesusen oroitzapena gordetzeko idatzi dira, ikasleen fedea eta jarraipena janaritzearekin batera.

Ebanjelio-kontakizunean ez dugu doktrinarik ikasiko, baizik, batez ere, Jesusen izateko eta jarduteko era, gure bizitza inspiratu eta moldatu behar duena. Horregatik, ikasle-jarreraz behar dugu entzun, Jesusek bezala pentsatzen, sentitzen, maitatzen eta bizitzen ikasi nahi duten ikaslek bezala.

Afariaren oroitzapena. Jesusen egintza salbatzailearen oroitzapena burutzen dugu haren hitz hauek fedez entzunez: «Hau nire gorputza da. Ikus nazazu ogi-puska hauetan, zuengatik heriotzaraino neure burua ematen… Hau nire odolaren kaliza da. Zuen bekatuak barkatzeko isuri dut. Horrela behar nauzue gogoratu beti. Azkeneraino maite izan zaituztet».

Momentu honetan Jesu Kristoganako geure fedea aitortuko dugu, geure salbamenaren misterioaren sintesia eginez: «Zure heriotza hots egiten dugu, zure piztuera aldarrikatzen. Zatoz, Jesus Jauna». Geure burua Kristo geure Jaunak salbatua dakusagu.

Jesusen otoitza. Jaunartu aurretik, Jesusek irakatsi zigun otoitza egingo dugu. Lehenik eta behin, bere bihotzean zeramatzan hiru desio handiekin bat egingo dugu: Jainkoarekiko errespetu osoa, haren zuzentasun-erreinua etortzea eta haren aitatasun-gogoa betetzea. Ondoren, Aitari eginiko lau eskariekin: ogia guztientzat, barkazioa eta errukia, tentaldia garaitzea eta gaitz orotatik aske izatea.

Jesusekiko komunioa. Behartsu bezala hurbilduko gara, eskua luzatuz: bizi-ogia hartuko dugu; fede-egintza burutuz jaunartuko dugu; isilik, abegi ona egingo diogu Jesusi geure bihotzean eta bizitzan: «Jauna, zurekin bat egin nahi dut, zure urratsei jarraitu, zure espirituak arnasturik bizi eta mundua gizatarrago bihurtzeko zure egitasmoan lankide izan».

FER MEMÒRIA DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

En narrar l’últim Sopar de Jesús amb els seus deixebles, les primeres generacions cristianes recordaven el desig expressat de manera solemne pel seu Mestre: «Feu això en memòria meva». Així ho recullen l’evangelista Lluc i Pau, l’evangelitzador dels gentils.

Des del seu origen, el Sopar del Senyor ha estat celebrat pels cristians per fer memòria de Jesús, actualitzar la seva presència viva enmig nostre i alimentar la nostra fe en ell, en el seu missatge i en la seva vida lliurada per nosaltres fins a la mort. Recordem quatre moments significatius en l’estructura actual de la missa. Els hem de viure des de dins i en comunitat.

L’escolta de l’Evangeli. Fem memòria de Jesús quan escoltem en els evangelis el relat de la seva vida i el seu missatge. Els evangelis han estat escrits, precisament, per guardar el record de Jesús alimentant així la fe i el seguiment dels seus deixebles.

Del relat evangèlic no aprenem doctrina sinó, sobretot, la manera de ser i d’actuar de Jesús, que ha d’inspirar i modelar la nostra vida. Per això, l’hem d’escoltar en actitud de deixebles que volen aprendre a pensar, a sentir, a estimar i a viure com ell.

La memòria del Sopar. Fem memòria de l’acció salvadora de Jesús escoltant amb fe les seves paraules: “Això és el meu cos. Veieu-me en aquests trossos de pa lliurant-me per vosaltres fins a la mort … Aquest és el calze de la meva sang. L’he vessada en remissió dels vostres pecats. Així em recordareu sempre. Us he estimat fins a l’extrem”.

En aquest moment confessem la nostra fe en Jesucrist fent una síntesi del misteri de la nostra salvació: “Anunciem la vostra mort, confessem la vostra resurrecció, esperem el vostre retorn, Senyor Jesús”. Ens sentim salvats per Crist nostre Senyor.

La pregària de Jesús. Abans de combregar, pronunciem l’oració que ens va ensenyar Jesús. Primer, ens identifiquem amb els tres grans desitjos que portava en el seu cor: el respecte absolut a Déu, la vinguda del seu regne de justícia i el compliment de la seva voluntat de Pare. Després, amb les seves quatre peticions al Pare: pa per a tots, perdó i misericòrdia, superació de la temptació i alliberament de tot mal.

La comunió amb Jesús. Ens acostem com pobres, amb la mà estesa, prenem el Pa de la vida; combreguem fent un acte de fe; acollim Jesús en silenci en el nostre cor i en la nostra vida: “Senyor, vull combregar amb tu, seguir els teus passos, viure animat amb el teu esperit i col•laborar en el teu projecte de fer un món més humà”.