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Navidad cada día

Publicado: 5 enero, 2012 en REFLEXIONES
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NAVIDAD CADA DÍA
JUAN ALEMANY, toriloco@terra.es
MALLORCA.

ECLESALIA, 05/01/12.- No es apropiado tomar los evangelios como crónicas históricas, en el sentido moderno de la palabra; mucho menos, los relatos de la infancia. Particularmente estos últimos, son composiciones teológicas orientadas a vehicular una confesión de fe: lo que les importa realmente a sus autores es transmitir, del modo más comprensible e incluso “visual”, las grandes convicciones a las que han llegado –y que se comparten en sus comunidades-. Aquí radica su genio.

Lo que ocurrió después fue que, desconociendo el modo y la intencionalidad de estas narraciones, se leyeron y entendieron de una manera literal, hasta el punto de incorporarlas, con esa misma literalidad, al conjunto de las creencias cristianas, llevando necesariamente a callejones sin salida.

Los evangelios pues, no son unos informes documentales, sino testimonios de creyentes, escritos a la luz de la Pascua de Resurrección, con la finalidad de comunicarnos su fe.

De los cuatro evangelistas, Juan nos dice que en el principio, el Verbo estaba en Dios.

Marcos cuenta la vida de Jesús a partir de su bautismo.  Mateo y Lucas al igual que Marcos escriben el evangelio desde el bautismo de Jesús como comienzo de su vida pública, pero cuando se metieron en la infancia, no encontraron nada. Es decir de Jesús ,sabemos los tres últimos años de su vida..

Y ¿qué hicieron? Pues construir un belén para trasmitir su fe, y escribieron la mas bella historia jamás contada y que casi 2000 años después continúa despertando sentimientos de paz, amor y solidaridad.

Cuentan que María y José estaban en Nazaret y como consecuencia de la orden de empadronamiento del emperador Cesar Augusto, se desplazaron a Belén para proceder a su empadronamiento. Es decir, ponen a María y José en camino. Navidad es estar en camino. El cristianismo es caminar. Un cristiano sentado, jamás llegará a Belén a celebrar la Navidad.

Cuando llegan a Belén, no encuentran alojamiento y tienen que refugiarse en una cueva. Y allí sucede el nacimiento y María acuesta al Niño en un pesebre.

Algo nos quieren decir. Una cueva no tiene puertas. Dios nace donde no hay puertas. Solo en los corazones abiertos, nace Dios.

Además, el pesebre, el comedero. Allí es depositado el Niño que luego se ofrecerá como: Yo soy el pan de vida

Una vez nacido el Niño ¿qué sucede? pues que llegan los primeros invitados, los pastores.

Y ¿quiénes son los pastores? Pues gente humilde, nómadas que caminan, siempre en movimiento, siempre en guardia, abiertos los ojos en la noche, despiertos y atentos a todo lo que ocurre.

Vivir es despertar cada día y el cristiano en cada amanecer de su vida, debe tener la mente y el corazón despiertos y abiertos a la Navidad que viene.

Otros invitados son los Magos. Los Magos eran extranjeros, astrólogos de Persia, leían el porvenir, hacían horóscopos y no eran muy bien vistos.

Pero al igual que María, José y los pastores, eran gente caminante, siempre investigando, buscando y buscando encuentran al Niño

Nuevamente el evangelista nos lanza un mensaje: es mejor un pagano en actitud positiva de búsqueda de la Verdad, que un cristiano inactivo. Toda persona de buena fe que busca, acaba topándose con Dios.

Ya tenemos el belén montado. Y ¿no hay nadie más? pues no. Es curiosa esta manera de contar el nacimiento de Jesús, no solo por lo que dicen, sino por lo que no dicen, pero sí dicen.

No están invitados el rey, ni los sacerdotes ni los sabios, ni los escribas que interpretaban la ley, ni los fariseos, los cumplidores de la ley, ni el representante de emperador. Pues bien, treinta años más tarde, todos esos personajes, cuando ese Niño muera en la cruz, estarán presentes y serán los que le acusen, juzguen y crucifiquen.

Este es el sentido que los evangelistas nos quieren trasmitir: todos los que no están en su nacimiento, mas tarde lo matan. Los que no celebran la Navidad, pronto o tarde matan a su Dios.

La verdadera Navidad es el nacimiento del Niño Dios, cada día en nuestro corazón, si no, es que no hemos entendido la Navidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Buena Noticia

Publicado: 30 noviembre, 2011 en BIBLIA
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2 Adviento (B) Marcos 1, 1-8
BUENA NOTICIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 30/11/11.- A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que “el tiempo se ha cumplido”. Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la segunda sorpresa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

BOA NOVA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ao longo deste novo ano litúrgico, os cristãos, iremos ler aos domingos o evangelho de Marcos. O seu pequeno texto inicia-se com este título: «Começa a Boa Nova de Jesus Cristo, Filho de Deus». Estas palavras permitem-nos evocar algo do que encontraremos no seu relato.

Com Jesus «começa» algo novo. É o primeiro que quer deixar claro Marcos. Tudo o que é anterior pertence ao passado. Jesus é o começo de algo novo e inconfundível. No relato, Jesus dirá que “o tempo se cumpriu”. Con Ele chega a Boa Nova de Deus.

Isto é o que experimentam os primeiros cristãos. Quem se encontra vitalmente com Jesus e penetra um pouco no seu mistério, sabe que começa uma vida nova, algo que nunca havia experimentado anteriormente.

O que encontram em Jesus é uma «Boa Nova». Algo novo e bom. A palavra «Evangelho» que utiliza Marcos é muito frequente entre os primeiros seguidores de Jesus e expressa o que sentem ao encontrar-se com Ele. Uma sensação de libertação, alegria, segurança e desaparecimento de medos. Em Jesus encontram-se com “a salvação de Deus”.

Quando alguém descobre em Jesus o Deus amigo do ser humano, o Pai de todos os povos, o defensor dos últimos, a esperança dos perdidos, sabe que não encontrará uma notícia melhor. Quando conhece o projeto de Jesus de trabalhar por um mundo mais humano, digno e ditoso, sabe que não poderá dedicar-se a nada maior.

Esta Boa Nova é Jesus mesmo, o protagonista do relato que vai escrever Marcos. Por isso, a sua intenção primeira não é oferecer-nos doutrina sobre Jesus nem fornecer-nos informação biográfica sobre Ele, mas seduzir-nos para que nos abramos à Boa Nova que só poderemos encontrar Nele.

Marcos atribui a Jesus dois títulos: um tipicamente judeu, o outro mais universal. No entanto reserva aos leitores, algumas surpresas. Jesus é o «Messias» que os judeus esperavam como libertador do seu povo. Mas um Messias muito diferente do líder guerreiro que muitos desejavam para destruir os romanos. No seu relato, Jesus é descrito como enviado por Deus para humanizar a vida e conduzir a história para a sua salvação. É a primeira surpresa.

Jesus é «Filho de Deus», mas não dotado do poder e da glória que alguns poderiam imaginar. Um Filho de Deus profundamente humano, tão humano que só Deus pode ser assim. Só quando termina a Sua vida de serviço a todos, executado numa cruz, um centurião romano confessa: “Verdadeiramente este homem era Filho de Deus”. É a segunda surpresa.

 

BUONA NOTIZIA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Lungo questo nuovo anno liturgico, noi cristiani le domeniche leggeremo l’Evangelo di Marco. Il suo piccolo scritto comincia con questo titolo: Inizio della Buona Notizia di Gesù Cristo, Figlio di Dio. Queste parole ci permettono di evocare qualcosa di quello che troveremo nel suo racconto.

Con Gesù comincia una cosa nuova. Marco vuole dirlo chiaramente dall’inizio. Tutto quanto precede appartiene al passato. Gesù è l’inizio di qualcosa di nuovo e inconfondibile. Nel racconto Gesù dirà che il tempo è compiuto. Con lui arriva la Buona Notizia di Dio.

È questo che stanno sperimentando i primi cristiani. Chi s’incontra vitalmente con Gesù e penetra un poco nel suo mistero, sa che inizia una nuova vita, qualcosa che prima non aveva mai sperimentato.

Quello che trovano in Gesù è una Buona Notizia. Qualcosa di nuovo e di buono. La parola “Evangelo” che impiega Marco è molto frequente tra i primi seguaci di Gesù ed esprime quello che sentono nell’incontrarsi con lui. Una sensazione di liberazione, gioia, sicurezza e scomparsa di ogni paura. In Gesù incontrano la salvezza di Dio.

Quando qualcuno scopre in Gesù il Dio amico dell’essere umano, il Padre di tutte le genti, il difensore degli ultimi, la speranza degli smarriti, sa che non troverà una notizia migliore. Quando conosce il progetto di Gesù di lavorare per un mondo più umano, degno e felice, sa che non potrà dedicarsi a niente di più grande.

Questa Buona Notizia è Gesù stesso, il protagonista del racconto che sta per scrivere Marco. Perciò la sua prima intenzione non è di offrirci una dottrina su Gesù, né fornirci informazioni biografiche su di lui, ma sedurci perché ci apriamo alla Buona Notizia che potremo trovare solo in lui.

Marco attribuisce a Gesù due titoli: uno tipicamente giudeo, l’altro più universale. Tuttavia riserva ai lettori qualche sorpresa. Gesù è il Messia che i giudei attendevano come liberatore del suo popolo. Ma un Messia molto diverso dal leader guerriero che molti desideravano per distruggere i romani. Nel suo racconto Gesù viene descritto come inviato da Dio per umanizzare la vita e indirizzare la storia verso la sua salvezza. È la prima sorpresa.

Gesù è Figlio di Dio, ma non dotato del potere e della gloria che alcuni avrebbero immaginato. Un Figlio di Dio profondamente umano, tanto umano che solo Dio può essere così. Solo quando termina la sua vita di servizio a tutti, giustiziato su una croce, un centurione romano confessa: Veramente quest’uomo era Figlio di Dio. È la seconda sorpresa.

 

BONNE NOUVELLE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Tout au long de cette nouvelle année liturgique, nous les chrétiens, nous lirons chaque dimanche l’évangile de Marc. Son bref récit débute avec cette annonce : « Commencement de la Bonne Nouvelle de Jésus Christ, Fils de Dieu ». Ces paroles nous permettent d’évoquer quelque chose de ce que nous trouverons dans son récit.

Quelque chose de nouveau “commence” avec Jésus. C’est la première chose que Marc veut mettre au clair. Tout ce qui précède appartient au passé. Jésus est le commencement de quelque chose de nouveau et d’inédit. A un moment donné de ce récit, nous entendrons Jésus dire : « le temps est accompli ». C’est avec lui que la Bonne Nouvelle de Dieu arrive.

C’est là l’expérience des premiers chrétiens. Celui qui rencontre Jésus d’une manière vitale et qui pénètre un peu dans son mystère, sait qu’il commence une nouvelle vie, quelque chose qu’il n’avait jamais auparavant expérimenté.

Ce qu’ils trouvent chez Jésus constitue une “Bonne Nouvelle”. Quelque chose de neuf et de bon. Le mot « Evangile » employé par Marc, est très fréquent chez les premiers disciples de Jésus et exprime ce qu’ils ressentent en le rencontrant. C’est un sentiment de libération, de joie, de sécurité et de disparition de toute peur. Chez Jésus, ils rencontrent « le salut de Dieu ».

Lorsque quelqu’un découvre en Jésus le Dieu ami de l’être humain, le Père de tous les peuples, le défenseur des petits, l’espérance des perdus, il sait qu’il ne trouvera pas une meilleure nouvelle. Lorsqu’il connaît le projet de Jésus de travailler pour un monde plus humain, plus digne et plus heureux, il sait qu’il ne pourra se consacrer à quelque chose de plus grand.

Cette Bonne Nouvelle c’est Jésus lui-même, le protagoniste du récit que Marc va écrire. C’est pourquoi, son intention première n’est pas de nous offrir une doctrine sur Jésus ou de nous apporter des renseignements biographiques sur lui, mais celle de nous séduire afin que nous nous ouvrions à cette Bonne Nouvelle que nous ne pourrons trouver qu’en lui.

Marc attribue à Jésus deux titres: l’un typiquement juif et l’autre plus universel. Il réserve cependant aux lecteurs quelque surprise. Jésus est le « Messie » que les juifs attendaient en libérateur de son peuple. Mais un Messie très différent du leader guerrier que beaucoup souhaitaient pour écraser les romains. Dans son récit, Jésus est décrit comme l’envoyé de Dieu pour humaniser la vie et conduire l’histoire vers son salut. C’est là, la première surprise.

Jésus est “Fils de Dieu”, mais dépourvu du pouvoir et de la gloire que certains auraient imaginés. Un Fils de Dieu profondément humain, tellement humain, comme Dieu seul peut l’être. C’est seulement au moment où, cloué sur une croix, sa vie de service à tous prend fin, qu’un centurion romain proclamera : ¨Vraiment, cet homme était le Fils de Dieu ». C’est là, la deuxième surprise.

GOOD NEWS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

All along this new liturgical year ( B ) Christians will be reading every Sunday from the gospel of St. Mark. His short Gospel writing starts with this title “The beginning of the Good News of Jesus Christ, the Son of God.” These words invite us to reflect on something we will find all along his gospel narrative.

With the coming of Jesus, something really new begins. That’s something that Mark wants to remain clear. Everything that has already taken place belongs to the past. Jesus is the beginning of something totally new. Later in his Gospel, Jesus will say that “the times have been fulfilled.” With Him finally comes the Good News about God.

This was what the early Christians were experiencing with the arrival of Jesus. Anyone who came in touch with the living Jesus and experienced his mystery realized that he was beginning a new life, something he had never felt before.

What everyone found in Jesus was a new Good News – something new and good. The word “Gospel” that Mark uses appears quite often among the early followers of Jesus and really expresses what those followers felt when being with Jesus. They had a sensation of liberation, joy, security and freedom from all fears. In Jesus they find “God’s salvation”.

When someone finds in Jesus a God that is a friend of all human beings, the Father of all people, the Advocate of the little ones and the hope of the lost ones, then one realizes that nothing else could be a better news. When we see that Jesus’ project tries to make our world more humane, just and livable for all, then we know that there is no greater task for us to work for.

This Good News is Jesus himself, the star of this story that Mark decided to write. Hence, his primary goal is not telling us about teaching or doctrine from Jesus or transcribing all the biographical data about Him. Mark is really interested in making us familiar with that Good News That we are going to fing only in Jesus.

Mark attributes to Jesus just two titles: one is typically Jewish and the other is really universal. Still, Mark keeps a surprise for his readers. Jesus is the Messiah the Jews were expecting as the Liberator of their people. A Messiah, however, who was to be quite different from the war hero that many expected to annihilate the Romans. In Mark’s narrative, Jesus appears as one sent by God to make humanity more just and lead people of all races to salvation. That is the first surprise in Mark’s gospel.

Jesus, moreover, is the “Son of God,” but not having the kind of power and glory that some had imagined or expected. He was to be a Son of God, yet profoundly human; so human that God alone could be that way. And only when Jesus’ life of service to everyone came to an end by execution on the cross, it was the Roman Centurion who confessed: “Truly, this man was the Son of God.” That was the second surprise.

 

BERRI ONA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Urte liturgiko berri honen joan-etorrian, Markosen ebanjelioa irakurriko digu kristauek. Titulu honekin hasten da liburu hori: «Jesu Kristo Jainkoaren Semearen Berri Ona hasiera ». Hitz hauetatik atera dezakegu kontakizun horretan aurkituko dugu zerbait.

Jesusekin zerbait berri «hasi da». Horixe da Markosek argi jarri nahi duen lehenengo gauza. Aurreko guztia iraganeko gauza da. Zerbait berriren eta nahastezinen hasiera da Jesus. Kontakizunean, «aldia bete dela» esango digu Jesusek. Jainkoaren Berri Ona iritsi da harekin.

Horixe ari dira bizitzen lehen kristauak. Jesusekin biziro topo egin eta haren misterioan hein batean murgiltzen denak badaki bizi berria hasi duela, ordu arte sekula esperimentatu ez zuen zerbait.

«Berri Ona» da Jesusengan aurkitzen duena. Zerbait berri eta on. Markosek darabilen «Ebanjelio» hitza oso sarri erabiltzen zuten Jesusen lehen jarraitzaileek, eta harekin topo egitean sentitzen zutena adierazten du. Liberazio-sentipena, poza, segurtasuna eta beldurra galtzea. «Jainkoaren salbazioarekin» egiten dute topo Jesusen baitan.

Jesusengan gizakiaren adiskide en Jainkoa, herri guztien Aita, azkenak direnen defendatzailea, galduak direnen esperantza aurkitzen duenak ondo daki ez duela albiste hoberik aurkituko. Mundua gizatarrago, duinago eta zoriontsuago egiteko Jesusen lan-egitasmoa ezagutzen duenak badaki ez duela izango zeregin handiagorik.

Jesus bera da, Markosek idatzi duen kontakizunaren protagonista alegia, Berri On hori. Horregatik, bere lehenengo asmoa Markosek ez du Jesusez ikasbide bat ematea, ezta hartaz informazio biografikoa ematea ere, baizik gu liluratzea Jesusen baitan bakarrik aurkitu ahal izango dugun Berri Onari geure bihotza ireki diezaiogun.

Bi titulu ematen dizkio Markosek Jesusi: bat bereziki judua, bestea unibertsala. Halere, badu irakurlearentzat ezustekorik. Juduek beren herriaren askatzailetzat espero zuten «Mesias» da Jesus. Baina erromatarrak suntsitzeko espero zuten lider gerlaria ez bezalako Mesias da, guztiz. Bere kontakizunean, Jainkoak bidalitakotzat ematen du Jesus, gizadiaren bizia gizatartzeko eta haren historia salbaziora bideratzeko. Horra lehenengo ezustekoa.

«Jainkoaren Semea» da Jesus, baina ez batzuek imajinatu izan zuten botereaz eta aintzaz hornituriko hura. Jainkoaren Seme guztiz gizatarra da, hartaraino non Jainkoa bakarrik izan baitaiteke horrelakoa. Guztientzat izan duen zerbitzu bizitza bukatzean bakarrik, gurutzean josi dutenean alegia, aitortu ahal izango du erromatar ehuntariak: «Zinez, Jainkoaren Semea zen gizon hau». Horra bigarren ezustekoa da.

 

BONA NOTÍCIA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Al llarg d’aquest nou any litúrgic els cristians anirem llegint els diumenges l’evangeli de Marc. El seu petit escrit arrenca amb aquest títol: «Comença la Bona Notícia de Jesús, el Messies, Fill de Déu». Aquestes paraules ens permeten evocar una mica del que trobarem en el seu relat.

Amb Jesús «comença» alguna cosa nova. És el primer que vol deixar clar Marc. Tot el d’abans pertany al passat. Jesús és el començament d’alguna cosa nova i inconfusible. En el relat, Jesús dirà que “el temps s’ha complert”. Amb ell arriba la Bona Notícia de Déu.

Això és el que estan experimentant els primers cristians. Qui es troba vitalment amb Jesús i penetra una mica en el seu misteri, sap que comença una vida nova, una cosa que mai havia experimentat anteriorment.

El que troben en Jesús és una «Bona Notícia». Alguna cosa nova i bona. La paraula «Evangeli» que empra Marc és molt freqüent entre els primers seguidors de Jesús i expressa el que senten quan es troben amb ell. Una sensació d’alliberament, d’alegria, de seguretat i desaparició de pors. En Jesús es troben amb “la salvació de Déu”.

Quan algú descobreix en Jesús el Déu amic de l’ésser humà, el Pare de tots els pobles, el defensor dels últims, l’esperança dels perduts, sap que no trobarà una notícia millor. Quan coneix el projecte de Jesús de treballar per un món més humà, més digne i més feliç, sap que no podrà dedicar-se a res més gran.

Aquesta Bona Notícia és Jesús mateix, el protagonista del relat que va a escriure Marc. Per això, la seva intenció primera no és oferir-nos doctrina sobre Jesús ni aportar informació biogràfica sobre ell, sinó seduir perquè ens obrim a la Bona Notícia que només podrem trobar en ell.

Marc li atribueix a Jesús dos títols: un de típicament jueu, l’altre més universal. No obstant això reserva als lectors alguna sorpresa. Jesús és el «Messies» que els jueus esperaven com alliberador del seu poble. Però un Messies molt diferent del líder guerrer que molts anhelaven per destruir els romans. En el seu relat, Jesús és descrit com a enviat per Déu per humanitzar la vida i canalitzar la història cap a la seva salvació. És la primera sorpresa.

Jesús és «Fill de Déu», però no dotat del poder i la glòria que alguns haguessin imaginat. Un Fill de Déu profundament humà, tan humà que només Déu pot ser així. Només quan acaba la seva vida de servei a tothom, executat en una creu, un centurió romà confessa: “Veritablement aquest home era Fill de Déu”. És la segona sorpresa.

BOA NOVA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Ao longo deste novo ano litúrxico os cristiáns iremos lendo nos domingos o evanxeo de Marcos. O seu pequeno escrito arranca con este título: «Comeza a Boa Noticia de Xesús Cristo, Fillo de Deus». Estas palabras permítennos evocar algo do que atoparemos no seu relato.

Con Xesús «comeza» algo novo. É o primeiro que quere deixar claro Marcos. Todo o anterior pertence ao pasado. Xesús é o comezo de algo novo e inconfundíbel. No relato, Xesús dirá que “o tempo se”cumpriu”. Con el chega a Boa Nova de Deus.

Isto é o que están a experimentar os primeiros cristiáns. Quen se atopa vitalmente con Xesús e penetra un pouco no seu misterio sabe que empeza unha vida nova, algo que nunca experimentara anteriormente.

O que atopan en Xesús é unha «Boa Noticia. Algo novo e bo. A palabra «Evanxeo» que emprega Marcos é moi frecuente entre os primeiros seguidores de Xesús e expresa o que senten ao atopárense con el. Unha sensación de liberación, alegría, seguridade e desaparición de medos. En Xesús atópanse coa “salvación de Deus”.

Cando alguén descobre en Xesús ao Deus amigo do ser humano, o Pai de todos os pobos, o defensor dos últimos, a esperanza dos perdidos, sabe que non atopará unha noticia mellor. Cando coñece o proxecto de Xesús de traballar por un mundo máis humano, digno e ditoso, sabe que non poderá dedicarse a nada máis grande.

Esta Boa Noticia é Xesús mesmo, o protagonista do relato que vai escribir Marcos. Por iso, a súa intención primeira non é ofrecernos doutrina sobre Xesús nin achegarnos información biográfica sobre el, senón seducirnos para que nos abramos á Boa Noticia que só poderemos atopar nel.

Marcos atribúelle a Xesús dous títulos: un tipicamente xudeu, o outro máis universal. Non obstante reserva aos lectores algunha sorpresa. Xesús é o «Mesías» ao que os xudeus esperaban como liberador do seu pobo. Pero un Mesías moi diferente do líder guerreiro que moitos anhelaban para destruír aos romanos. No seu relato, Xesús é descrito como enviado por Deus para humanizar a vida e canalizar a historia cara á súa salvación. É a primeira sorpresa.

Xesús é «Fillo de Deus», pero non dotado do poder e a gloria que algúns imaxinasen. Un Fillo de Deus profundamente humano, tan humano que só Deus pode ser así. Só cando remata a súa vida de servizo a todos, executado nunha cruz, un centurión romano confesa: “Verdadeiramente este home era Fillo de Deus”. É a segunda sorpresa.

Encender una fe gastada

Publicado: 2 noviembre, 2011 en BIBLIA
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32 Tiempo ordinario (A) Mateo 25,1-13
ENCENDER UNA FE GASTADA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,02/11/11.- La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus antorchas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo donde se celebrará el banquete nupcial.

Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para impregnar sus antorchas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite con el riesgo de que se les apaguen las antorchas.

Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche.Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus antorchas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las antorchas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del «aceite». ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, y ¿qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con él?

¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ACENDER UMA FÉ GASTA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A primeira geração cristã viveu convencida de que Jesus, o Senhor ressuscitado, voltaria rapidamente cheio de vida. Não foi assim. Pouco a pouco, os seguidores de Jesus tiveram de se preparar para uma longa espera.

Não é difícil imaginar as perguntas que surgiram entre eles. Como mantener vivo o espírito inicial? Como viver despertos enquanto está para chegar o Senhor? Como alimentar a fé sem deixar que se apague? Um relato de Jesus sobre o que ocorreu num casamento ajudava-os a pensar na resposta.

Dez jovens, amigas da noiva, acendem as suas lâmpadas preparando-se para receber o esposo. Quando, ao cair o sol, o noivo chegar para se juntar à esposa, acompanharão a ambos no cortejo que os levará até à casa do esposo onde se celebrará o banquete nupcial.

Há um detalhe que o narrador quer destacar desde o inicio. Entre as jovens há cinco «sensatas» e previdentes que levam consigo azeite para impregnar as suas lâmpadas à medida que se vai consumindo a chama. As outras cinco são umas «néscias» e descuidadas que se esquecem de levar azeite, correndo o risco de que se lhes apague as lâmpadas.

Depressa descobrirão o seu error. O esposo atrasa-se e não chega antes da meia-noite.Quando se ouve a chamada para o receber, as sensatas alimentam com o seu azeite a chama das suas lâmpadas e acompanham o esposo até entrar com ele na festa. As néscias não sabem senão lamentar-se: «As lâmpadas apagam-se». Ocupadas em adquirir azeite, chegam ao banquete quando a porta está fechada. Demasiado tarde.

Muitos comentaristas procuram encontrar um significado secreto no símbolo do «azeite». Está Jesus a falar do fervor espiritual, do amor, da graça batismal…? Talvez seja mais simples recordar o Seu grande desejo: «Eu vim trazer o fogo à terra, e que hei-de querer senão que se acenda?». Haverá algo que possa acender mais a nossa fé do que o contacto vivo com Ele?

Não será uma insensatez pretender conservar uma fé gasta sem reaviva-la com o fogo de Jesus? Não será uma contradição, considerarmo-nos cristãos sem conhecer o Seu projecto nem nos sentirmos atraídos pelo Seu estilo de vida?

Necessitamos urgentemente de uma qualidade nova na nossa relação com ele Cuidar de tudo o que nos ajude a centrar a nossa vida na Sua pessoa. Não gastar energias no que nos distrai ou desvia do Seu Evangelho. Acender cada domingo a nossa fé alimentando das Suas palavras e comungando vitalmente com Ele. Ninguém pode transformar as nossas comunidades como Jesus. 

ACCENDERE UNA FEDE SMORTA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La prima generazione cristiana visse convinta che Gesù, il Signore risorto, sarebbe tornato molto presto pieno di vita. Non fu così. A poco a poco, i seguaci di Gesù dovettero prepararsi ad una lunga attesa.

Non è difficile immaginare le domande che si risvegliarono tra di loro. Come mantenere vivo lo spirito degli inizi? Come vivere svegli finché arriva il Signore? Come alimentare la fede senza lasciarla spegnere? Un racconto di Gesù su quanto accadde ad una festa di nozze li aiutava a trovare la risposta.

Dieci giovani, amiche della sposa, accendono le loro lampade e si preparano a ricevere lo sposo. Quando, al tramonto del sole, arriverà a prendere con sé la sposa, li accompagneranno nel corteo che li condurrà fino alla casa dello sposo, dove si celebrerà il banchetto nuziale.

C’è un dettaglio che il narratore vuole far risaltare fin dall’inizio. Tra le giovani ce ne sono cinque sagge e previdenti, che prendono con sé olio per alimentare le loro lampade a misura che la fiamma si vada consumando. Le altre cinque sono delle stolte e distratte che dimenticano di prendere l’olio con il rischio che le loro lampade si spengano.

Presto scopriranno il loro errore. Lo sposo ritarda e non arriva fino a mezzanotte. Quando si ode il grido che invita ad accoglierlo, le sagge alimentano con il loro olio la fiamma delle lampade e accompagnano lo sposo fino a entrare con lui alla festa. Le stolte sanno solo lamentarsi: Le nostre lampade si spengono. Occupate ad acquistare l’olio, arrivano al banchetto quando la porta è chiusa. Troppo tardi.

Molti commentatori cercano di trovare un significato segreto del simbolo dell’olio. Gesù sta parlando del fervore spirituale, dell’amore, della grazia battesimale…? Forse è più semplice ricordare il suo grande desiderio: Sono venuto a portare il fuoco sulla terra e cosa vorrei se non che si accendesse? C’è qualcosa che possa accendere di più la nostra fede che il contatto vivo con lui?

Non è un’insensatezza pretendere di conservare una fede smorta senza ravvivarla con il fuoco di Gesù? Non è una contradizione crederci cristiani senza conoscere il suo progetto, né sentirci attratti dal suo stile di vita?

Abbiamo urgente bisogno di una qualità nuova nella nostra relazione con lui. Curare tutto quello che ci aiuti a centrare la nostra vita sulla sua persona. Non sprecare energie in quello che ci distrae o ci svia dal suo Evangelo. Accendere ogni domenica la nostra fede ruminando le sue parole e comunicando vitalmente con lui. Nessuno può trasformare le nostre comunità come Gesù.

 

RAVIVER UNE FOI USEE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

La première génération chrétienne était convaincue que Jésus, le Seigneur ressuscité, reviendrait bientôt, plein de vie. Mais il n’en fut pas ainsi. Les disciples de Jésus durent alors se préparer progressivement à une longue attente.

Il n’est pas difficile d’imaginer les questions qui ont surgi chez eux. Comment maintenir vivant l’esprit du commencement ? Comment rester éveillés en attendant l’arrivée du Seigneur ? Comment nourrir la foi sans la laisser s’éteindre ? Un récit de Jésus sur ce qui est arrivé lors de noces va les aider à penser à la réponse.

Dix jeunes – filles, amies de la fiancée, allument leurs lampes et se disposent à recevoir l’époux. Lorsqu’il arrivera, au coucher du soleil, pour prendre avec lui son épouse, elles les accompagneront tous les deux dans un cortège les conduisant jusqu’à la maison de l’époux où aura lieu le banquet nuptial.

Il y a un détail que le narrateur veut mettre en relief dès le début. Parmi ces jeunes-filles, il y en a cinq « sages » et prévoyantes qui prennent de l’huile pour remplir leurs lampes au fur et à mesure que la flamme se consume. Les cinq autres sont « insensées » ; elles oublient de prendre de l’huile au risque de voir leurs lampes s’éteindre.

Elles découvriront bientôt leur erreur. L’époux prend du retard et n’arrive qu’à minuit.Lorsqu’on entend l’appel pour sortir à sa rencontre, les prévoyantes remplissent d’huile leurs lampes, accompagnent l’époux et entrent avec lui dans la fête. Les insensées ne font que se plaindre : « Nos lampes s’éteignent ». Occupées à se procurer de l’huile, elles arrivent à la noce lorsque la porte est déjà fermée : C’est trop tard.

Beaucoup de commentateurs essaient de trouver une signification secrète au symbole de « l’huile ». Jésus, est-il en train de parler de ferveur spirituelle, d’amour, de la grâce baptismale… ? Il est peut-être plus simple de rappeler son grand désir : « Je suis venu apporter un feu sur la terre, et comment je voudrais qu’il soit allumé ». Y a-t-il quelque chose qui puisse raviver notre foi plus que notre contact vivant avec lui ?

N’est-il pas insensé de prétendre conserver une foi usée sans la raviver au feu de Jésus ? N’est-ce pas une contradiction de nous croire chrétiens alors que nous ignorons son projet et nous ne nous sentons pas attirés par son style de vie ?

Nous avons un besoin urgent d’une nouvelle qualité dans notre relation avec lui. Il nous faut cultiver tout ce qui nous aide à centrer notre vie sur sa personne ; ne pas dépenser des énergies dans ce qui nous distrait et nous détourne de son Evangile ; allumer chaque dimanche notre foi en ruminant ses paroles et en communiant de manière vitale avec lui. Personne ne peut transformer nos communautés mieux que Jésus.

LIGHT UP YOUR FAITH

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The first Christian generation really believed that Jesus, the risen Lord, would return full of life very soon. That was not the case. Little by little, the followers of Jesus got used and prepared for a long wait.

We cannot easily figure out the questions they might have asked. How did they keep their faith alive at the beginning? What did they do to be ready for their Lord’s arrival? Jesus’ parable about the bridesmaids at the wedding must have helped those Christians to light up their faith.

Ten bridesmaids, friends of the bride, took their lamps and went to meet the bridegroom. At sunset, the bridegroom would arrive to pick up the bride and they would accompany the couple and guests to the bridegroom’s home where the wedding’s celebrations would commence.

There is a detail that the Gospel writer wants to clarify from the start. Among those ten bridesmaids, five were foolish and five were sensible. The foolish ones had not brought along any extra oil, while the sensible ones took flasks of extra oil along with their lamps. Didn’t the foolish maids know that oil lamps wouldn’t last forever?

But soon they realized their mistake. The bridegroom was late and did not arrive till midnight.When they heard the cry “The bridegroom is here! Go out and meet him, the sensible bridesmaids filled up their lamps with extra oil and went out to meet the groom. The foolish bridesmaids begged from the sensible ones, “Give us some of your oil; our lamps are going out.” But there was no time and the banquet doors were closed. They were left out.

Many gospel commentators try to see a hidden meaning in the symbol of the oil lamp. Was Jesus referring to a spiritual light, to love or baptismal grace? Perhaps it would be easier remembering what he said on another occasion: I have come to bring fire on earth and how I wish it would be enkindled? Can anything better happen to our faith than staying in touch with Him?

Is there anything more foolish than trying to keep our faith alive without the oil/fire of Jesus? Isn’t it a contradiction calling ourselves Christians and really not know Jesus’ project or not being attracted by his life style?

We urgently need a new relationship with Jesus if we call ourselves his followers. We must prepare and focus our lives on Jesus’ person and daily presence. Let us not waste our energy in things that keep us away or distracted from the Gospel. We must feed our lamps/faith every Sunday as we listen to his Word and share his Body. Nobody and nothing else will be able to transform our Christian communities.

 

FEDE HIGATUA PIZTU

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lehen kristau-belaunaldiak uste osoa zuen ezen Jesus, Jaun berpiztua, oso laster itzuliko zela bizi-bizi. Ez zen, ordea, gertatu horrelakorik. Pixkana, Jesusen ikasleek prestatu beharra izan zuten denbora luzean zain bizitzeko.

Ez da gauza zaila pentsatzea zein galdera etorriko zitzaien. Nola eutsi bizirik hasierako espirituari? Nola bizi esna Jauna iritsi bitartean? Nola elikatu fedea itzali gabe? Jesusen kontakizun batek, eztei batean gertatuaz, lagundu zien erantzuna bilatzen.

Hamar neska gazte, andregaiaren adiskideak, beren kriseiluak piztu eta senarrari ongietorri egiteko prestatu dira. Eguzkia sartzean, emaztea berekin hartuko duenean, biei lagunduko diete, senarraren etxera eramango dituen segizioan, han eztei-otordua egiteko.

Bada xehetasun bat kontalariak hasieratik nabarmendu nahi izan duena. Hamar neska gazteen artean bost zuhurrak dira eta arduratsuak; berekin hartu dute olioa, kriseilukoa gastatu ahala gehitzen joateko. Beste bostak «zentzugabeak» dira eta zabarrak; ez dute olio gehigarririk hartu eta kriseiluak itzaltzeko arriskuan gertatu dira.

Hain zuzen, laster konturatuko dira beren okerraz. Senarra atzeratu egin da eta ez da iritsi gauerdia arte. Ongietorria egiteko deia entzun dutenean, zuhurrek olioa gehitu dute bere kriseiluetan eta jai-aretora sartu arte lagundu diote senarrari. Zentzugabeek ezin dute egin lantuka hasi besterik: «Itzaltzen ari zaizkigu kriseiluak!» Olio bila joan beharrean gertatu direla, atea itxia zelarik iritsi dira eztei-otordura. Beranduegi.

Iruzkingile askok «olioaren» sinboloari ezkutuko esanahia bilatu nahi izan dio. Espiritu-berotasunaz, maitasunaz, bataioko graziaz… mintzo ote da Jesus? Agian, gauza xumeagoa da haren desira handi hura gogoratzea: «Sua ekartzera etorri naiz lurrera, eta zer nahiago hura piztea baino?» Ba ote da ezer gure fedea piztu dezakeenik, Jesusekin harreman bizia izatea baizik?

Ez ote da zentzugabekeria fede higatu bat gorde nahi izatea, Jesusen suaz biziarazi gabe? Ez ote da kontraesana kristau garela uste izatea, haren egitasmoa ezagutu gabe eta haren bizierak erakartzen gaituela sentitu gabe?

Premia bizikoa dugu kalitate berri bat harekiko geure harremanetan. Geure bizitzaren erdigunetzat hura bera hartzen lagunduko digun guztia zaintzea. Indarrik ez gastatzea ebanjeliotik zabartzen edo desbideratzen gaituen ezertan.Igandero geure fedea piztea, haren hitzak hausnartuz eta bizi-jarreraz jaunartuz. Inork ezin ditu eraldatu gure elkarteak Jesusek bezala.

 

ENCENDRE UNA FE GASTADA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

La primera generació cristiana va viure convençuda que Jesús, el Senyor ressuscitat, tornaria ben aviat ple de vida. No va ser així. A poc a poc, els seguidors de Jesús es van haver de preparar per a una llarga espera.

No és difícil d’imaginar les preguntes que es van despertar entre ells. Com mantenir viu l’esperit dels començaments? Com viure desperts mentre arriba el Senyor? Com alimentar la fe sense deixar que s’apagui? Un relat de Jesús sobre els fets en un casament els ajudava a pensar la resposta.

Deu joves, amigues de la núvia, encenen les seves torxes i es preparen per rebre l’espòs. Quan, en caure el sol, arribi a emportar-se l’esposa, els acompanyaran tots dos en el seguici que els portarà fins a la casa de l’espòs on se celebrarà el banquet nupcial.

Hi ha un detall que el narrador vol destacar des del començament. Entre les joves n’hi ha cinc que són «assenyades» i previsores que agafen oli per impregnar les seves torxes a mesura que es vagi consumint la flama. Les altres cinc «no tenen seny» i descurades s’obliden d’agafar oli amb el risc que se’ls s’apaguin les torxes.

Aviat descobriran el seu error. El marit es retarda i no arriba fins a mitjanit. Quan se sent la crida a rebre’l, les assenyades alimenten amb el seu oli la flama de les seves torxes i acompanyen el marit fins a entrar amb ell a la festa. Les desassenyades no fan res més que lamentar-se: «Que les nostres torxes s’apaguen». Ocupades a adquirir oli, arriben al banquet quan la porta està tancada. Massa tard.

Molts comentaristes tracten de buscar un significat secret al símbol de «l’oli». Està Jesús parlant del fervor espiritual, de l’amor, de la gràcia baptismal …? Potser és més senzill recordar el seu gran desig: «He vingut a calar foc a la terra, i com voldria que ja estigués encesa!». Hi ha res que pugui encendre més la nostra fe que el contacte viu amb ell?

No és forassenyat pretendre conservar una fe gastada sense revifar-la amb el foc de Jesús? No és una contradicció creure’ns cristians sense conèixer el seu projecte ni sentir-nos atrets pel seu estil de vida?

Necessitem urgentment una qualitat nova en la nostra relació amb ell. Tenir cura de tot allò que ens ajudi a centrar la nostra vida en la seva persona. No gastar energies en el que ens distreu o desvia del seu Evangeli. Encendre cada diumenge la nostra fe rumiant les seves paraules i combregant vitalment amb ell. Ningú no pot transformar les nostres comunitats com Jesús.

ACENDER UNHA FE GASTADA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

A primeira xeración cristiá viviu convencida de que Xesús, o Señor resucitado, volvería moi axiña cheo de vida. Non foi así. Pouco a pouco, os seguidores de Xesús tiveron de prepararse para unha longa espera.

Non é difícil imaxinar as preguntas que espertaron entre eles. Como manter vivo o espírito dos comezos? Como vivir espertos mentres chega o Señor? Como alimentar a fe sen deixar que se apague? Un relato de Xesús sobre o sucedido nunha voda axudábaos a pensar a resposta.

Dez mozas, amigas da noiva, acenden os seus fachos e prepáranse para recibir o esposo. Cando, polo solpor, el chegue a tomar consigo a esposa, acompañarán a ambos os dous no cortexo que os levará ata a casa do esposo onde se celebrará o banquete nupcial.

Hai un detalle que o narrador quere destacar dende o comezo. Entre as mozas hai cinco «sensatas» e previsoras que colleran consigo aceite para impregnar os seus fachos na medida que se vaia consumindo a lapa. As outras cinco son unhas «necias» e descoidadas que esquecen o aceite co risco de que se lles apaguen os fachos.

Ben axiña se decatarán do seu erro. O esposo atrásase e non chega ata media noite. Cando se oe a chamada para recibilo, as sensatas alimentan co seu aceite a lapa dos seus fachos e acompañan ao esposo ata entrar con el na festa. As necias non saben senón laiar: «Que se nos apagan os fachos». Ocupadas en adquirir aceite, chegan ao banquete cando a porta está pechada. Demasiado tarde.

Moitos comentaristas tratan de buscar un significado secreto ao símbolo do «aceite». Está Xesús a falar do fervor espiritual, do amor, da graza bautismal…? Talvez é máis sinxelo recordar o seu gran desexo: «Eu vin traer lume á terra, e que hei de querer senón que se acenda?». Hai algo que poida acender máis nosa fe que o contacto vivo con el?

Non é unha insensatez pretender conservar unha fe gastada sen reavivala co lume de Xesús? Non é unha contradición crernos cristiáns sen coñecer o seu proxecto nin sentirnos atraídos polo seu estilo de vida?

Necesitamos urxentemente unha calidade nova na nosa relación con el. Coidar todo aquilo que nos axude a centrar a nosa vida na súa persoa. Non gastar enerxías no que nos distrae ou desvía do seu Evanxeo. Acender cada domingo a nosa fe remoendo as súas palabras e comulgando vitalmente con el. Ninguén pode transformar as nosas comunidades como Xesús.

Sensación de vómito

Publicado: 18 octubre, 2011 en DENUNCIA / ANUNCIO
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SENSACIÓN DE VÓMITO
… y Mateo 22, 15-21
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 18/10/11.- A punto estaba de decir buenas noches a mi familia, cuando me quedé conscientemente atrapada en un reportaje de Documentos TV -“¿Planeta en venta?”- sobre la compra de tierras en Etiopia a cargo de un empresario hindú.

No es que me pillara de sorpresa y sé que no sólo es en África. Los países más empobrecidos están “en venta” desde hace mucho tiempo y a precio de saldo. Si no lo queremos saber es porque resulta difícil digerir que de sus recursos viene buena parte del denominado estado del bienestar de los países ricos.

Ahora se ha puedo de moda la adquisición de tierras en las zonas más pobres del planeta, como es el caso de Etiopia (comentaron que en ese país todo el mundo pasa hambre) con el fin de controlar en un futuro la producción de alimentos ante una posible crisis alimentaria. Es decir, tener la sartén por el mango para decir quien come y quien no come.

Dicen los medios de comunicación que países de economías emergentes y los habitualmente emergidos están adquiriendo masivamente tierras para explotarlas como producciones agrícolas industriales que desvían el producto a quien mejor pague. ¿Repercute esto en quienes viven o malviven en esas tierras y que además son la mano de obra?

Esa era la pregunta que se formuló en el documental de anoche y que a lo largo de la media hora que duró, me fue dejando una sensación de vómito que no consigo quitarme mientras escribo.

El resuelto empresario hindú había comprado un montón de hectáreas de tierra, se había anexionado un pequeño monte que tiene valor sagrado para los habitantes de la zona y había comenzado su negocio de cultivo de maíz. Salió, ufano, de un super-coche dando instrucciones por el móvil a algún político de la zona pues había que  resolver un tema acuciante: los famélicos trabajadores no querían ponerse a trabajar. Su “capataz-mano-derecha” comentó que quería ir estableciendo un estilo de trabajo en donde incentivaría, a base de premios, a los que más recolectaran. Un sistema de trabajo que conocemos bien, vivimos en él: pagas en B, bonus, viajes, pisos, etc.

Mientras, los habitantes de la zona dijeron ante las cámaras, que dependían de la Ayuda Internacional para comer, que repartían raciones para dos o tres personas aunque la familia fuera de ocho o diez. Después de recoger las mazorcas de maíz e irlas metiendo en camiones, uno dijo que “preferiría que algunas se quedaran allí en vez de tener que depender de la Ayuda Internacional”. Por cierto, el maíz es fácil que vuelva al lugar de donde salió convertido en alimento solidario, ya que la Ayuda Internacional es cliente del emprendedor empresario. Confieso que la cabeza me da vueltas y persiste la sensación de vómito.

Pero, he aquí, que vienen a mi mareada cabeza, las palabras de Jesús en el evangelio Mateo 22,15-21: “Pagadle al César lo que es del César…”. Con el denario (la moneda) en la mano podemos decir, sin temor a equivocarnos, que hoy las cosas están llegando a un extremo en que todo se traduce en dinero.

El César es el Dinero y tiene muchas caras. Se ha mercantilizado incluso la Vida de las personas y el César reclama lo que entiende como suyo. Menos mal que Jesús siguió diciendo: “… y a Dios lo que es de Dios”.

Sabemos lo que Dios nos da: la Vida para que la vivamos y no dejemos que nos la secuestren; para que la compartamos y no nos la “despisten” por el camino convirtiéndola en amarillo metal; nos la da para luchar de forma comprometida y solidaria por los más débiles.

Se la devolveremos a través de la oración que nos mantenga en permanente conexión con Él para no desbarrar por el camino, de la  acción contra la injusticia, del compromiso con los más débiles, de la generosidad en la acogida, del consuelo a los que más sufre, de la denuncia de los despojan a otros de medios para vivir dignamente, del cuidado de la naturaleza que es fuente de vida, de la ayuda mutua y comunitaria para fortalecernos contra el permanente ataque del César.

A ver si la sensación de vómito va remitiendo con el antídoto del evangelio y la puesta en marcha por la Vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Un reino de niños?

Publicado: 30 septiembre, 2011 en REFLEXIONES
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¿UN REINO DE NIÑOS?
EVARISTO VILLAR, evaristo_villar@yahoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 30/09/11.- ¿Un reino de niños? ¡Qué extraño! Ni entonces ni ahora, a pesar de la ternura que nos provocan los niños, tendría muchos adeptos. Se cae fácilmente a lo infantil, y lo infantil no suele gozar de buena prensa. ¡Cómo es posible que a Jesús, tan listo y avispado siempre, tan inteligente siempre se le ocurriera una imagen tan torpe! “Si no os hacéis como niños, dice, no entraréis en el reino de Dios”… O -podemos preguntarnos- ¿no estará señalando con esta imagen otra cosa?

Pues sí. Y en la literatura de los orígenes cristianos hay al menos cuatro lugares que apuntan en esa dirección. Algunas de estas fuentes debieron gozar de gran prestigio y aparecen, con pequeñas variantes -propias del lugar y de la sensibilidad del autor-, repetidas. Pues la repetición, según el consenso general de los especialistas, supone mayor difusión, lo que, a su vez, significa mayor acogida y la autoridad. Y eso, a pesar de su sorprendente radicalidad. Por ejemplo, se habla del reino de los chiquillos, de los bebés, y hasta de los célibes. Y todos, con imágenes distintas, apuntan hacia lo mismo, hacia un reino sorprendente que todo lo pone del revés; un reino en el que no se entra si no es naciendo otra vez. Y esto no solo parece enigmático, es además provocativo. Veamos cómo lo recibieron y cómo lo expresan sus más directos testigos.

1. Visita rápida a los testigos

La asociación del reino de Dios con los niños, que se presenta como viniendo de Jesús mismo, está apoyada en el NT, según John D. Crossan1 -cuyo análisis seguiré básicamente en este texto-, por cuatro testigos independientes. Dos pertenecen a los evangelios sinópticos; uno de los dos restantes aparece en el evangelio de Juan (3, 1-10) y el otro en el evangelio de Tomás (EvT), -extracanónico o apócrifo, pero que cada día está cobrando mayor interés entre los especialistas-.

Cabe señalar aún otro detalle de importancia. Me refiero a la imagen diferente que se da del niño en cada una de las dos líneas de testimonios. Ambas apuntan a un núcleo sólido en el que finalmente convergen, pues el sujeto en cuestión es un “don nadie”, un alguien que socialmente no cuenta para nada. Pero la diferencia es también notable: en los sinópticos el niño es más bien un esclavo, un ser socialmente excluido y sometido; sin embargo en el EvT, y en sentido alegórico en Juan, el niño es un ser frágil y dependiente. Pero el enigma permanece en los dos bandos. Nos acercamos, con la brevedad que nos presta este espacio, a unos textos que, por la simbología que encierran, merecen indudablemente un mayor desarrollo.

a. Los sinópticos

Comenzamos con los evangelios sinópticos. Y a juzgar por los análisis exegéticos, Mc 10,13-16 es una fuente firme e independiente (que influye luego en Mt 19,13-15 y en Lc 18, 15-17) en evidente paralelismo con Mc 9, 36-39 de donde recibe su significado. El texto, en cuestión, dice así: Le llevaban chiquillos para que los tocase, pero los discípulos se pusieron a regañarles. Al verlo Jesús, les dijo indignado: “Dejad que los chiquillos se me acerquen, no se lo impidáis, porque los que son como estos tienen a Dios por rey. Os lo aseguro: quien no acoja el reino de Dios como un chiquillo, no entrará en él”. Y, abrazándolos, los bendecía imponiéndoles las manos.

Destacar algunos elementos de este relato ayuda a una mejor comprensión. Por ejemplo, esa vinculación tan estrecha que establece Mc entre los “chiquillos” reales y los chiquillos simbólicos. La presencia de los primeros refleja, según Mateos/Schökel2, un escenario comunitario donde la presencia de seguidores no judíos es mayoritaria; los “chiquillos simbólicos”, mayormente no judíos, son los que aceptan plenamente el programa de Jesús.

Pero hay algo más. Los chiquillos simbólicos representan la contraposición a los discípulos, impregnados de la mentalidad judía que espera un Mesías y un reino poderoso, y que discuten entre sí sobre los primeros puestos en el reino. La respuesta de Jesús es sorprendente: “Si uno quiere ser primero, ha de ser el último de todos y servidor de todos”. Y cogiendo a un criadito, lo puso en medio de ellos y lo abrazó (Mc 9, 35-36).

Finalmente, también es muy expresivo el vocabulario que se utiliza. Los sinópticos –salvo Lc que utiliza también “bréphos”, lactante-, siguiendo a Mc, usan el diminutivo del sustantivo “paîs” (“paidíon” o paideia”) que “expresa la posición más baja en la escala social y la antigua función de esclavo, propia del niño, y por ello puede significar también siervo o esclavo”3. Mateos/Schökel traducen indistintamente por “Chiquillo” o “criadito”. Ese esclavillo que sirve a la mesa, en quien nadie se fija es el referente del reino de Dios.

Mt 18, 1-4 que para John D. Crossan representa una versión independiente, sin embargo tanto desde el contexto –los discípulos que siguiendo la mentalidad judía suponen que en la comunidad surgida del programa de Jesús hay diferentes rangos- como desde el mismo vocabulario apunta al mismo significado: el reino de los niños es el reino de los humildes, de los sirvientes. Esto por lo que se refiere a las fuentes sinópticas.

b. Evangelios de Tomás y de Juan

El Evangelio de Tomás (EvT), descubierto en Nag-Hammadi en 1945, es una de las mejores y más antiguas “antologías” que -paralela al Documento de los dichos Q, integrado en los evangelios sinópticos- recoge los dichos de Jesús4. Esta es su formulación a propósito del aforismo de Jesús sobre los niños y el reino: “Jesús vio mamar a unos niños y dijo a sus discípulos: ‘Estos niños que maman se parecen a los que entran en el reino”, EvT 22, 1. ¿Qué se quiere expresar con esta imagen, ¿dependencia, inocencia, confianza? [Crossan, desde la orientación general que, según él contextualiza todo el EvT -donde no se interpreta la salvación mirando al futuro, sino retornando al instante creacional cuya recreación causa el bautismo anulando toda dualidad entre alma-cuerpo, hombre-mujer, etcétera-, identifica el reino de los niños con el reino de los célibes, viendo en el bebé el símbolo de la pura inocencia creacional, un ser asexuado antes de la caída... Extraño y enigmático].

Por su parte, el Evangelio de Juan, aunque independiente, aparece en sintonía con el EvT: ambos apuntan al recién nacido, al bebé como símbolo del reino.

El relato de Nicodemo (Jn 3, 1-19) expresa in extenso una de las formas judías de adhesión a Jesús, sin duda la más cercana pero insuficiente. Juan relata tres modos diferentes y ascendentes de acercamiento de los judías a Jesús, pero todos imperfectos: las autoridades religiosas, para creer en él le exigían credenciales, milagros; los discípulos, que esperan la reforma o transformación de las instituciones judías, aun con violencia si fuera necesario; y los fariseos del grupo de Nicodemo que le reclaman el magisterio que nace del cumplimiento de la Ley.

Pero el evangelista Juan expresa con claridad que la adhesión al programa de Jesús no llega ni por el reconocimiento de las señales extraordinarias que hace, no por la reforma de las instituciones judías, ni siquiera por la observancia y sometimiento a la Ley. Nada de eso, aunque tampoco se excluya, es determinante. Lo que causa la verdadera adhesión al programa de Jesús no es nada externo sino algo interno que se define como nacimiento y creación del hombre nuevo. Y esto supone ruptura o superación del pasado y comienzo de otra calidad de vida expresada con el símbolo del nacimiento del agua y del Espíritu. Los bautizados en el agua y el Espíritu son como los niños recién nacidos. Y, en este sentido, el reino de los niños es el reino de los bautizados.

2. Estamos ante una de las propuestas más extrañas y, a su vez, más originales y radicales del programa de Jesús. Se trata, como señala acertadamente Juan, de un programa alternativo cuya adhesión requiere un nuevo nacimiento.

Desde los testimonios antes señalados se abre una doble vía a partir del niño, considerado como un símbolo, tanto si se parte del bebé (EvT, simbólicamente Juan y en ocasiones Lucas) como si se entiende como siervo o criadillo (los sinópticos). Las dos alternativas, una más poético-mística y otra más ético-profética, a mi modo de ver, se complementan. En ambos casos desconcierta una propuesta que todo lo pone del revés, que contradice, de una parte, toda pretensión de autosuficiencia, y, de otra, la enfermiza ambición de grandeza y poder. Las dos vías las recorrió el Jesús de la historia. De ahí su autoridad moral para proponerlas.

Por el lado más poético-místico, la figura del bebé, pegado al pecho de la madre y amparado en sus brazos poderosos, es la imagen más tierna de la necesidad y de la donación desbordada. Es la expresión palpable de la “confianza básica”, como la califica Albert Nolan5, que nace del instinto y que es preconceptual y hasta involuntaria. Desde los sinópticos se desprende que, como la del bebé, así fue la confianza de Jesús en el cuidado del Padre Abbá. Una confianza instintiva que se desplegaba espontáneamente ante las obras de Dios con la fascinación que siente el niño ante el corto vuelo de la paloma en la plaza o con el asombro ante la belleza de los lirios del campo (Mt 6, 28). Desde dentro le brotaba a Jesús la alabanza al Padre Abbá por “revelar” estas cosas a la gente confiada y sencilla como los niños (11, 25). Pues bien, siguiendo a Jesús, al reino se entra místicamente por la confianza básica en el cuidado de Dios Abbá.

A su vez, desde el lado ético-profético, la figura del niño, criadillo o esclavo sirviendo a la mesa de los comensales, refleja no solo la denuncia de rangos o clases sociales entre los seguidores de Jesús, sino que encierra también la afirmación taxativa de igual dignidad de todos los seres humanos. El criadillo, en el que nadie se fija, es la representación de los “nadies”, de los que nada cuentan en la sociedad sino es para el servicio de los que están a la mesa. Pues bien, al proponer provocativamente Jesús al criadillo como símbolo de quienes están decididos a aceptar su programa está haciendo dos cosas: de una parte, denunciando la pretensión de dominio o afán de situarse por encima de los demás que, aunque se haga con buena intención, “incapacita, según Castillo6, para entrar y realizar el reino en esta vida”; y, de otra, proclamando el servicio mutuo entre iguales como sello que visibiliza el reino en este mundo. Hacerse como un chiquillo o criadillo significa que estructuralmente toda articulación social o comunitaria se subvierte o vuelve del revés. “Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las dominan, y que sus grandes les imponen su autoridad. No ha de ser así entre vosotros; al contrario, entre vosotros, el que quiera hacerse grande ha de ser servidor vuestro, y el que quiera ser el primero, ha de ser siervo de todos”, Mc 10, 42-43. En definitiva, al reino se entra y se realiza ética y proféticamente por el respeto a la igualdad y el servicio desinteresado a los seres humanos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

1. John Dominic Crossan, Jesús: Vida de un campesino judío, Crítica 1994, pp. 313 y ss.

2. Luis Alonso Schökel, La Biblia del peregrino, Mensajero 2009; Juan Mateos y L.A. Schökel, Nuevo Testamento, Cristiandad 1987.

3. G. Braumann, Niño, en Diccionario Teológico del Nuevo testamento III, Sígueme 1983, p.163.

4. Gerd Theissen y A. Merz, El Jesús histórico, Sígueme 1999, pp. 56 y ss.

5. Albert Nolan, Jesús, hoy. Una espiritualidad de libertad radical, Sal Tarrae 2007, p.162.

6. José Mª Castillo, El reino de Dios. Por la vida y la dignidad de los seres humanos, DDB 19993, p. 132.

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Estamos de scout

Publicado: 22 julio, 2011 en REFLEXIONES
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ESTAMOS DE SCOUT
CÉSAR ROLLÁN SÁNCHEZ, eclesalia@eclesalia.net
GRIEBAL (HUESCA).

Después de pensarlo dos veces nos hemos venido de acampada. Estamos en Griébal, metidos en el Pirineo. Es un pueblo scout que les cedió el gobierno aragonés para su rehabilitación y alojamiento. Todos los grupos que se alojan por aquí dedican parte de su tiempo a construir el pueblo. Nosotros acompañamos al grupo de nuestro hijo mayor en labores de cocina y asistencia, así que estamos la familia al completo.

El pueblo y sus alrededores están lleno de grupos como el nuestro, de diferentes lugares y de diversos idiomas, pero todos ellos practican lo que llaman el scouting o escultismo, una fórmula en la que el movimiento scout narra lo que es y no es. Aquí tienen colgado su manifiesto a la entrada de la casa en la que residen los que vienen a trabajar en la construcción del pueblo.

El último de sus seis apartados, por cierto, el más extenso, afirma que el scouting es “una profunda experiencia espiritual”, lo que explica argumentando que “se tiene la vivencia concreta, experimental, experiencial, de los valores del Evangelio”. ¿En qué consiste esta vivencia? Conviene saber que muchos de los grupos scout desarrollan sus actividades en colegios religiosos y parroquias e incluso que una de sus ramas se denomina católica. Pues bien, esta forma de experimentar la buena noticia de Jesús es “el servicio a los demás como expresión del amor auténtico; el sentido de lo gratuito; el sentido del esfuerzo; encuentro y compañerismo; vida sencilla y austera; lo esencial antes que lo secundario; el asombro, la belleza, lo misterioso y lo trascendente. La corrección fraterna y el perdón. La plegaria y la celebración de encuentro con Dios, se realizan principalmente en el templo de la Naturaleza”.

El escultismo es una clara oportunidad de Dios en lo más grande que pudo hacer: la creación. Es una clara oportunidad de Jesús y su reino. Es una clara oportunidad de comunidad fraterna, asamblea de hermanas y hermanos.

En estos días estamos experimentando todo lo que se dice en el papel. Creo que es necesario dar fe de lo bueno que pasa en este mundo nuestro, donde los seres humanos buscamos estar de la mejor manera posible. Creo que es necesario dar a conocer maneras de estar, salpicadas de Dios. Aquí estamos jóvenes y no tan jóvenes, sin las comodidades cotidianas, sintiendo un mismo espíritu que nos lleva a cuidarnos, a ayudarnos y a caminar juntos.

Esto de construir el pueblo no deja de ser una parábola auténtica de la construcción del reino, y si no, solo hay que venir a Griébal con espíritu scout para darse cuenta de ello.

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PREPARADOS Y DISPUESTOS PARA SERVIR LA MESA DE LA COMUNIDAD
JULIO PÉREZ PINILLOS, jppinillo@yahoo.es
RIVAS VACÍAMADRID (MADRID).

ECLESALIA, 21/04/11.- El Jueves Santo es fecha indicada para conmemorar y celebrar en muchos círculos de opción cristiana el regalo de la Eucaristía, centro y culmen de la Comunidad… Me pregunto: ¿Por qué a muchas comunidades serias y buscadoras se les priva de ese Don-Regado necesario para “caminar sin desfallecer en el camino?

Varias son las argumentaciones histórico-pastorales y, sobre todo, canónicas que fuerzan a ese “desfallecimiento” a muchos cristianos buscadores de la Iglesia inspirada en el Evangelio de Jesús. Cada argumento tiene su estudio y su espacio propios. Yo quiero referirme en esta ocasión al celibato impuesto por ley medieval a los Servidores de la Mesa de la Comunidad. Resumo el fondo argumental que presento en el libro “Curas Casados. Historias de fe y ternura” (Albacete. Marzo 2011) donde reflejo mi aporte honesto –creo- madurado a lo largo de 35 años de búsqueda y de ejercicio de cura, célibe o casado, en distintos Grupos y Comunidades parroquiales y no parroquiales con este telón de fondo: Servir a la comunidad. Ello me permite resaltar:

1. Es este un momento oportuno para ratificar, junto a otras voces de mayor peso jerárquico, lo que el MOCEOP , “movimiento pro celibato opcional”, viene publicando e intentando practicar desde hace treinta y dos años:

- El Celibato Opcional de los curas, o sea la coexistencia de presbíteros, casados y célibes, es una riqueza tanto para la correcta interpretación del Nuevo Testamento que recoge claramente esta práctica ministerial, como para la vida cristiana de las comunidades eclesiales cada día más “corresponsables” al par que más carentes de curas que les acompañen desde dentro y, también, para los propios curas que, según el Evangelio y la Tradición, deben procurar vivir su espiritualidad-sicología y la vocación presbiteral conforme a los dones y carismas que el Espíritu tiene a bien comunicar.

- En este sentido es correcto concluir que “tanto” -ni más ni menos- es el cura casado como el célibe, ya se refiera esta comparación al concepto “santo-pecador” -regalo de Dios que solo se nos permite “ponderar” por el grado de amor, perdón y compromiso que practican, en este caso, los presbíteros- o se refiera al concepto “servidor de la comunidad”, ya que está demostrado que tan dispuestos y servidores de las comunidades –y tan débiles, visto desde la otra cara- son los curas célibes como los casados, dando por admitido que según el tipo de comunidad cristiana (más itinerante o más establecida, rural o urbana, mayoritariamente joven o anciana, con predominio de lo catequético y sacramental o de lo profético, “más vertical o más horizontal” etc.) le resultará más “adecuado” un presbítero célibe o casado. Por lo tanto: el mayor o menor grado de “servicialidad” del cura –casado o célibe- dependerá en parte del tipo de comunidad y de tareas mayoritarias para las que estamos “visualizando” al presbítero.

- Lo que la gente pide al cura, célibe o casado, es otra cosa más honda: que, por un lado, sepa a Evangelio y se le note la pasión por la Persona y aporte de Jesús… Por otro que esté metido en la cultura y problemática del pueblo con el que está comprometido. Y, en tercer lugar, que se entregue a la comunidad que le llama: tanto en las necesidades del barrio -los emigrantes, los derechos sociales olvidados, los marginados, etc- como al acompañamiento lúcido y esperanzador de las personas y grupos que son o acuden a la comunidad, procurando al mismo tiempo unas Celebraciones significativas de la Palabra y del Sacramento.

2. Ya existen experiencias significativas de curas casados ejerciendo el ministerio presbiteral en comunidades. No partimos de cero. Solo citar aquí, de pasada, las comunidades eclesiales –algunas parroquiales- que pude contactar en distintos países de Europa y de América gracias a mi responsabilidad de presidente de la Federación Internacional de Curas Casados: las de Brasil. Ecuador, Perú, Estados Unidos, Paraguay, Francia, Bélgica e Italia, para subrayar el hecho y el significado de algunas experiencias de Colectivos presbiterales de España: Las de

- Los curas obreros –reconocidos por el Concilio vaticano II- de los que un 15% son casados. ¿Qué resaltar de esta forma ministerial? Que se ejerce como servicio gratis para bien del erario público y de la economía de la comunidad, ya que el sustento del presbítero proviene de su profesión laica. Además se ejerce desde el corazón del mundo obrero, viviendo y trabajando “como uno de tantos” (vivienda, estilo de vida, salario etc…) y participando en sus organizaciones y reivindicaciones lo que acentúa el carácter profético de su ejercicio presbiteral.

- Los curas casados al servicio presbiteral de Comunidades de Base: Aquí conviene subrayar que la comunidad tiene un papel muy importante a la hora de llamar, acompañar y decidir sobre el aporte del cura, lo que refuerza el papel de la comunidad y, además, las celebraciones suenan más cercanas, más “entre iguales” que se ponen a la escucha del Señor en torno a la vida y a la Mesa.

- Los curas casados llamados y aceptados en comunidades parroquiales: Esto significa que te llama la comunidad parroquial, la tarea es gratis y reflexionas-propones-decides con el conjunto del Consejo Parroquial… con todo lo que esto conlleva de “corresponsabilidad”. Varias preguntas clave: ¿En base a qué tipo de experiencias puede llamarte una parroquia? ¿Cuál considera que puede ser tu servicio y aportación? ¿Por qué te llaman aún a sabiendas de que eres casado?: En el fondo de esta llamada hay muchos años de presencia silenciosa y esperanzada compartiendo desde dentro la vida habitual y las reivindicaciones tanto de los compañeros de fábrica como de los vecinos del barrio-parroquia o de los sectores marginales. Es el “estar con”, “al servicio”, “como uno de tantos”, “en diálogo paciente y respetuoso tanto a la comunidad como a sus “pastores”. Subyace en ellas un lema evangélico clave: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no dará fruto”. Los procesos históricos suelen ir acompañados de paciencias históricas, aunque lúcidas y constantes. A nosotros nos ha tocado “acumular experiencia que muestre que un ministerio presbiteral no célibe es posible y rico para la comunidad”.

3. Muchos Cardenales y Obispos vienen dando apoyos a estos pasos renovadores desde hace años. Reflejaré solo los de aquellos a los que pude visitar con ocasión de mi responsabilidad internacional, en Brasil, Londres, Viena, y España:

- El cardenal Lorscheider, (Fortaleza. Brasil) nos hizo saber a los participantes en el Primer Congreso latinoamericano de curas casados de Brasil –Curitiva. Enero de 1989-: “Uds., “padres” casados, no solo no son fugitivos o desertores, sino pioneros de un movimiento que necesita la Iglesia”.

- Tres años más tarde el cardenal Dom. Luciano –entonces presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña- nos dijo con motivo de una visita “ad hoc” de una delegación de los curas casados de Brasil: “¿A qué este desperdicio?… Gastamos cantidad de dinero para formar a los sacerdotes y luego los abandonamos porque no nos sirven (¿Porqué?). Me recuerda a esos coches nuevos y perfectamente equipados, relucientes en el “parque de la Factoría” pero que no deben ponerse en funcionamiento ni siquiera ante una emergencia… ¿Por decisión de quién?”

- El entonces Cardenal de Londres -Basil Hume- a quien visitamos en el año 1994 los miembros del Comité Ejecutivo de la FISCC, después de dos horas de escucha, bolígrafo en mano, nos dijo aquella frase memorable: “Esto no debe seguir así…, hablaré con Roma”.

- El hoy Cardenal titular de Viena -Christof. Schörborn- a quien los miembros del Comité Ejecutivo de la Federación visitamos en 1995 –más fugazmente, es verdad, que a Basil Hume- nos dijo en tono prudente: “lo del celibato de los sacerdotes es un tema importante… que seguramente tendrá que cambiar… Ya veremos”.

- Con D. Pedro Casaldáliga compartimos mi esposa y yo durante cinco días casa, mesa y largas conversaciones sobre el ministerio presbiteral; fuimos a pedirle un mensaje para nuestro Cuarto Congreso Internacional –Brasilia/1996-. Al momento de despedirnos, en el abrazo de paz de la Eucaristía nos dijo: “Os ha tocado defender el celibato opcional, como a mí defender a los pobres de Brasil… Hacedlo con esperanza y perseverancia… acompañando a las comunidades y haciéndoos creíbles”.

- D. Alberto Iniesta era nuestro obispo en Vallecas y amigo con quien conversábamos con frecuencia. Emilia, -hoy mi esposa- y yo le planteamos nuestra intención de casarnos y procurar defender el ministerio presbiteral no célibe en medio de las comunidades que lo entendieran. Nos escuchó y nos dijo: “…Va a ser un camino muy difícil… pero el Evangelio no me autoriza a deciros que lo que intentáis no sea evangélico… Si os creéis llamados a intentarlo procurad no romperos como pareja porque va a ser largo… y caminad junto con las comunidades. Que en adelante nos veamos para hablar de cómo vivimos el Evangelio vosotros y yo…”.

4. Es necesario un cambio sobre este tema en diálogo respetuoso con las Comunidades eclesiales y con sus “pastores” o “guías”. Al margen de que es un clamor general y de que las estadísticas entre los cristianos muestran un apoyo a este cambio cifrado en el 75% en Estados Unidos, un 73% en Europa y un 70 en España, este cambio debe procurarse por bien de:

- La Biblia y de la teología: no parece creíble evangélicamente que se haya querido interpretar el mensaje original del Nuevo Testamento y de la Tradición sobre los presbíteros en la comunidad en el sentido restrictivo y exclusivista que nos quieren imponer algunas corrientes conservadoras. Es obvio que el respeto al pluralismo bíblico y teológico nos obliga –y con cierta urgencia- a otras interpretaciones y prácticas en un tema bíblico y teológico tan vital para la comunidad eclesial. Muchos obispos, teólogos y comunidades así lo están pidiendo.

- La sana espiritualidad y afectividad de los curas saldrían ganando al evitárseles imposiciones que nada tienen que ver con el espíritu del Evangelio, ni con lo que hoy nos muestran la sicología y la libertad profundas. Igualmente saldrían ganado las comunidades eclesiales que percibirían un enfoque plural y más tierno de la sexualidad y del rol de la mujer -¿también presbítero/a?-, tanto en lo referido a la sicología como a la ministerialidad presbiteral que dibuja el Nuevo Testamento.

- El servicio pastoral a la Iglesia y a las comunidades cristianas que no tienen por qué ser castigadas a caminar sin la fuerza de la Palabra-Eucaristía y sin el acompañamiento de aquellas personas a las que ellas llaman, razonablemente, como presbíteros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

CRISIS Y TRANSFORMACIÓN EVANGÉLICA DE LA IGLESIA
CONSEJO DE DIRECCIÓN DE IGLESIA VIVA, revista@aiglesiaviva.org

ECLESALIA, 05/04/11.- La existencia de una crisis grave y crucial en la Iglesia actual es un dato que no se puede negar. Cosa distinta es el análisis o diagnóstico de la misma, las causas a las que se atribuye y sobre todo los caminos para salir de la misma. La presente situación eclesial nos parece ser más angustiosa que en vísperas del Vaticano II, entre otras razones porque la conciencia del pueblo de Dios como sujeto es hoy radicalmente nueva y muy distinta de entonces. Pero por otra parte sucede que en los grupos y movimientos eclesiales más concienciados difícilmente se percibe una fuerza emergente transformadora. Muchos de los mejores militantes no saben qué hacer, se encuentran en total desamparo y en actitud de desbandada. Y puede preverse que las cosas no van a cambiar en años dentro de la Iglesia. Mientras tanto, buena parte de la sociedad no consiente ciertos modos de proceder y de actuar de la jerarquía y critica abierta y razonablemente sus criterios morales.

El Consejo de dirección de esta revista, que se considera a sí misma de pensamiento cristiano, dedicó la última de sus sesiones a reflexionar sobre la situación y, al tiempo que preparaba el contenido del presente número, a adoptar una postura común que reflejara nuestra visión de dicha crisis y de sus causas, así como las vías de salida de la misma. El deber que tenemos para con nuestros lectores nos lleva a proponerles aquí los términos de tal reflexión con el deseo de suscitar un diálogo amplio y un movimiento más amplio aún de reforma eclesial.

Tratamos de poner en sus manos un conjunto de reflexiones que les ayuden a descubrir las últimas razones de su malestar en la Iglesia, asumir los criterios teológicos con los que responder a la situación de crisis y plantearse propuestas de actuación pastoral en aplicación de dichos criterios. No tenemos la pretensión de decir la última palabra, ni de dar la fórmula mágica para resolver la grave crisis por la que atravesamos. De hecho, creemos que, para comenzar, es necesario rescatar mucho de lo pensado y escrito hace algunos años y hoy olvidado, silenciado u ocultado. Es necesario volver a aquellos importantes criterios y aplicarlos al presente.

Síntomas de la crisis

La crisis se manifiesta en una serie de hechos que afectan tanto a la institución jerárquica como al conjunto del pueblo de Dios. Dar importancia a los primeros en virtud de la representatividad pública que corresponde al ministerio ordenado, no significa desconocer o silenciar los segundos. No queremos que se nos atribuya una especie de fijación obsesiva en lo clerical que suele ser propia de ciertas críticas al uso respecto de la Iglesia. Ello no consigue otra cosa que reforzar el centralismo que dice combatir.

a. En el conjunto del pueblo de Dios

Como hemos dicho, la crisis de la Iglesia afecta al conjunto del pueblo de Dios. Nuestra debilidad tiene muchas razones y causas que no todas responden a la actuación de la jerarquía o a la hegemonía de ciertos sectores neoconservadores respaldados por ella. La crisis es ante todo una crisis del sujeto eclesial, esto es, de sus miembros individuales e institucionales, una crisis de seguimiento de Jesús y de fe vivida. Esta crisis de fe es la gran cuestión que nos afecta a todos. Hemos sustituido el seguimiento a Jesucristo por la adhesión doctrinal (sea al Catecismo Universal, sea a la teología de teólogos de nuestro gusto). Pero nosotros somos seguidores de Jesús, no seguidores de la Iglesia; nuestro verdadero centro es Jesús y hay que volver constantemente a Él, que es el único que puede salvarnos, que puede salvar a su Iglesia.

Dada la pluralidad de sujetos, pluralidad en todos los sentidos, la crisis tiene muchos rostros que queremos señalar, siquiera brevemente. Tres aspectos nos parecen especialmente significativos:

  • La primera faceta tiene que ver con las mutaciones que se están dando en lo religioso y su problemática relación con la Iglesia. Ciertamente, tal relación problemática siempre ha existido, ha sido de tensión, de mutuo solapamiento y también de enriquecimiento en ambas direcciones. Pero la nueva situación de la sociedad mundial resulta especialmente impactante en el conjunto del pueblo de Dios: la globalización neoliberal, el retorno de manifestaciones religiosas basadas en sospechosos prodigios o mitos, la crisis de un proyecto de humanidad capaz de existir unida en libertad, solidaridad y dignidad, etcétera. Hoy uno de los elementos de la crisis eclesial tiene que ver con la pérdida del control de lo religioso en buena parte del mundo. Bien porque surgen nuevas formas de religiosidad no cristianas, bien porque la religiosidad de los cristianos se ha hecho difusa y su vínculo con la institución eclesial se ha vuelto más débil e inefectivo. A lo cual hay que añadir la evidencia del pluralismo religioso y la presencia pública y notoria de las grandes religiones a las que la propia teología católica concede rango de verdaderas y de auténticos medios de salvación para sus miembros; es este un hecho irreversible que cambia por sí mismo las mentalidades. Hasta hace bien poco los cuadros de la Iglesia tenían la sensación equivocada de estar al frente de un gran pueblo. La situación ha cambiado radicalmente y ello se experimenta en gran medida como pérdida de poder o de influencia de los dirigentes, desde la curia romana a los párrocos y agentes de pastoral a pie de obra. Existe un gran desconcierto, muchos miedos y a veces respuestas reactivas que exigen cerrar filas, disciplina e identificación. Si la religión ha actuado como vínculo social y horizonte existencial de sentido y moralidad de amplias capas de la población allí donde la Iglesia estaba implantada, su debilitamiento y transformación, unidos a su creciente desvinculación institucional está originando una crisis sin precedentes.
  • El segundo aspecto a considerar de la crisis del sujeto colectivo eclesial es el referido al modo como se verifica la iniciación a la fe en Jesucristo y su mantenimiento en la vida comunitaria. Las viejas estructuras pastorales al servicio de la génesis y sostenimiento de la vida cristiana siguen inalteradas en lo esencial, desde las parroquias o los movimientos, pasando por las órdenes religiosas o los diferentes grupos. Tales estructuras o fórmulas de organización de la vida eclesial han perdido vitalidad, no alumbran en medida suficiente ni vida comunitaria ni pertenencia eclesial. ¿Cómo generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial? Esta cuestión se ha vuelto extremadamente problemática. El surgimiento de verdaderas comunidades cristianas tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en vidas concretas.
  • Por fin, el tercer aspecto de la crisis del sujeto tiene que ver con la relación entre la Iglesia y el mundo. No puede existir el cristianismo sin pretensión de universalidad; la Iglesia no es un fin en sí, sólo tiene sentido al servicio de la transformación profunda y evangélica del mundo. Ahora bien, la quiebra de la modernidad nos abrió los ojos y nos puso ante el absurdo en que incurríamos de querer impulsar el reinado de Dios desde y por medio de poder, porque la supuesta universalidad constreñida por ese camino encubría la hegemonía de los poderosos. Una parte de la Iglesia y la jerarquía desde luego reaccionó con el rechazo, defendiendo la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la emancipación del mundo y del orden político. Los burgueses revolucionarios, sin embargo, pronto perderían su ímpetu antirreligioso y antieclesiástico, pues al ver que su poder económico y social no estaba en peligro por ese lado, aceptaron de buen grado una alianza con el poder eclesiástico para mantener el orden sobre el que se sustentaba su hegemonía. La Iglesia jerárquica, pese a todas sus condenas de un orden político que prescindía de cualquier fuente de legitimación religiosa, concentró sus esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral natural universal, maestra y guía de la humanidad en su conjunto. Esta función justificaba su pretensión de universalidad tras la cancelación de su papel de legitimadora del orden político premoderno. Y en ello sigue.

Ese papel se ha visto cuestionado con el cambio epocal que ha introducido el pluralismo religioso al que ya nos hemos referido y el nihilismo teórico y práctico de las sociedades desarrolladas, consecuencia del vaciamiento que impone sobre todo la lógica del mercado y del consumo y no el laicismo o el secularismo. Como la posibilidad de hacer valer esa moral natural universal sólo con argumentos y sin coacciones externas se ha visto reducida a su mínimo nivel, se confía en los autodenominados nuevos movimientos eclesiales para influir en las opiniones públicas y en los ordenamientos jurídicos en favor del papel de representación de lo verdaderamente humano por parte de la jerarquía. Los costes de esta estrategia y, sobre todo, su escasa perspectiva de éxito saltan a la vista.

Las reflexiones anteriores nos hacen ver que el eje de la relación entre la Iglesia y el mundo es fundamental para el análisis de la crisis. Eje que resulta inseparable del problema de cómo construir hoy una universalidad humana inclusiva y desde los últimos, desde los más pobres, y de cómo recrear el papel del Iglesia en esa construcción.

Una fuente del debilitamiento evangélico en buena parte de la iglesia es que o esos pobres ya no se reconocen como sujetos eclesiales, o se identifican con movimientos eclesiales o sociales sin impulso emancipador y liberador, o carecen de espacio y posibilidad de articular su vida, sus luchas o sus resistencias dentro de la iglesia, que es fundamentalmente portadora de una religiosidad burguesa.

Más aun. En el siglo XXI la Iglesia sigue reproduciendo el conflicto de sus orígenes. Todavía se necesita ser occidental para ser católico. Las causas que originaron la penosa historia de De Nobili y Ricci siguen vivas en la Iglesia católica. En la práctica se otorga un carácter absoluto a la interpretación occidental romana del cristianismo que produce la impermeabilidad de las otras culturas al evangelio y paradójicamente cierra las puertas a Cristo, mientras se les ruega patéticamente que las abran. La presión que ejerce el poder central romano reprime la eclesiogénesis de las Iglesias locales. Si las Iglesias de la periferia de América Latina, de África, de Asia y de Oceanía, no son capaces de superar este control asfixiante, la inculturación de la fe se hará inviable.

b). En lo que se refiere a la institución eclesiástica

Los fenómenos que están en el ambiente son muy graves y han producido un impacto masivo de falta de credibilidad en la Iglesia por parte de amplios sectores de la población, católica o no. Por citar algunos más difundidos:

  • la reconducción del Concilio mediante interpretaciones inaceptables, intervenciones papales manifestativas de una voluntad de restablecer el integrismo católico, las cuales han suscitado inmediatas reacciones sociales,
  • el freno total a la democratización de la Iglesia, a la libertad de opinión y comunicación,
  • el centralismo y verticalismo crecientes,
  • la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su reforma,
  • la intolerancia respecto a los derechos de las mujeres en la comunidad cristiana,
  • el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena adhesión al Concilio ecuménico y el Motu Proprio sobre los anglicanos high church al tiempo que se da un frenazo al movimiento ecuménico,
  • la obsesión en ciertos temas de la teología propia del papa (como la lucha sin cuartel contra el relativismo),
  • la contrarreforma litúrgica,
  • los nombramientos episcopales y de curia,
  • el “prietas las filas” en una marcha continua e inexorable de la Iglesia hacia el gueto.

Especial repercusión han tenido los descubrimientos sobre abusos de menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme réplica por parte del papa y de un cierto número de miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a nuestro entender, se trata de amagos de salir de la crisis con la petición de perdón por los pecados personales de los representantes de la Iglesia e intensificación de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas iniciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras eclesiales perversas, que asumir con honradez la complicidad en los pecados estructurales de la Iglesia. La rápida canonización del papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsabilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos). Tenemos serias reservas a quedarnos solo en esas medidas porque creemos que no desvelan otras realidades que se esconden tras ellas. Algunos sugieren que tal respuesta equivocada puede deberse quizá a intereses más o menos ocultos; a nosotros nos parece que se debe a un diagnóstico falso de sus raíces que no se encuentran tanto en el ámbito de una sexualidad mal educada o reprimida, cuanto en el ejercicio del poder espiritual de forma autocrática y privatizada.

Evidentemente una respuesta errónea a la crisis global de la Iglesia contribuye a mantenerla o agravarla. Es preciso hacer una crítica no convencional de las derivas del sector eclesial que es hegemónico en este momento histórico. Muchos de los fenómenos que se perciben con evidencia pueden constituir una nube que nos impida ver el núcleo de la crisis. De ahí la importancia del análisis de la situación de la que partimos y que ofrecemos a nuestros lectores, el cual debe incluir una mirada amplia y profunda al contexto global social y cultural en que se encuentra la Iglesia al comienzo del siglo XXI.

Elementos para un diagnóstico global de esta crisis

Estamos persuadidos de que nos falta valentía para hacer un diagnóstico realista sobre la situación presente. Aunque somos conscientes de la gran dificultad de diagnosticar con acierto el camino a recorrer, considerada la complejidad de los síntomas relatados, creemos que la forma de resolver nuestra incertidumbre no pasa ni por mirar al pasado con nostalgia, ni por la huída hacia delante. Hay caminos errados que no hay que volver a recorrer y los hay que se han manifestado como razonables, por lo que no deben ser abandonados por mucho que el riesgo de la libertad nos invite a hacerlo. Y para ello nos parece importante ir a las causas de la situación.

Como fundamento de todo se encuentra el intento de reconstruir una Iglesia preconciliar, con ignorancia o rechazo de la cultura secular. Los frenos iniciales que casi desde el fin del Concilio se pusieron a su plena recepción, ya se han convertido en un giro de 180º respecto al Vaticano II.

La consiguiente autocomprensión eclesial premoderna del propio ser y de su relación con el mundo no es “razonable”, no es coherente con la razón humana histórica. Reflejo de esa realidad son las estructuras eclesiales, históricamente obsoletas y antievangélicas: son estructuras de dominación que impiden la libertad del creyente y la construcción de comunidades eclesiales adultas y suficientes.

El clericalismo o la falta de democracia interna causa la crisis de inadaptación de las estructuras existentes. Lo cual va unido al sentido propietarista respecto a la Iglesia por parte de la jerarquía. De ahí, el amordazamiento de la autonomía personal a causa de una antropología teológica que quiere seguir manteniendo al sujeto católico en la condición de oveja.

Ese clericalismo conlleva el sexismo, con la correspondiente marginación de las mujeres en la estructura eclesial. Y, hablando de sexualidad, no podemos perder de vista la rígida concepción acerca de la moral sexual y las nociones sobre el cuerpo y el placer, la sexualidad no reproductiva, etc.

Nuestro intento de realizar un diagnóstico correcto y acertado nos mueve a pensar también en las consecuencias que pueden sobrevenir si no tenemos el coraje evangélico, la parresía (en términos paulinos) para enfrentarnos a la situación, por grave que nos parezca. Los efectos inmediatos de la enfermedad serán muchos, pero nosotros señalamos ahora dos que nos parecen especialmente graves:

  • En primer lugar, la marginación de grandes sectores del pueblo de Dios empobrecerá extremadamente a la Iglesia. Un organismo potencialmente tan rico como ella quedará colapsado por una autoridad que se extralimita en sus funciones, mientras muchas congregaciones religiosas, diócesis y movimientos laicales seguirán sintiéndose atados de pies y manos. Se hará imposible el pluralismo de la comunión católica en un mundo globalizado.
  • En segundo lugar, la Iglesia no logrará ser fuerza de cohesión social en el contexto de las sociedades democráticas, dado que no comprende que el paradigma de su relación con la sociedad ha cambiado radicalmente y ya no es el de la unión del trono y del altar. El instinto de conservación de las presentes estructuras ha llevado a esta opción que reducirá la Iglesia a una gran secta, sociológicamente hablando. Su única razón de ser, la misión de anunciar el evangelio, no podrá verificarse por asfixia.

Para vivir la crisis y preparar su salida

Es insuficiente realizar un análisis de la situación actual y de las exigencias del presente; necesitamos posibilitar una valoración realista de los caminos que la Iglesia debe recorrer en el futuro si quiere permanecer fiel al espíritu del Concilio.

Somos de la opinión de que nos encontramos en una auténtica encrucijada histórica. La primavera traída por el Concilio Vaticano II se ha retirado y estamos viviendo, en conocida frase de Karl Rahner, la experiencia de un duro invierno en la Iglesia. Sin embargo las semillas echadas por el Concilio fueron potentes y fructíferas; muchas han dado ya fruto y aportado nuevas semillas; otras por el contrario han sido sofocadas y nunca han tenido una oportunidad de crecer o esperan todavía algún momento oportuno para germinar. Por otra parte no podemos caer en el peligro de una cierta momificación del Concilio. Aunque los documentos pueden leerse de corrida, interpretarse y dejarse atrás, sin embargo queda siempre el espíritu que movió a toda una generación. Y es precisamente ese espíritu el que no deberíamos perder. Alienta hoy de forma anónima en todos los grupos de excluidos de esta sociedad, en todos los proyectos de cooperación que surgen frente al modelo hegemónico de la globalización neoliberal, en todas las iniciativas que defienden la creación de una sociedad nueva.

Ello significa que la causa del evangelio de Jesús, su anuncio a los pobres y el anhelo del Reino nos ha de llevar a pensar en cómo salir de la crisis sostenidos por “la esperanza crucificada”.

Hablamos de pretensión de universalidad: la Iglesia solo tiene sentido al servicio de la transformación evangélica del mundo. Como hemos recordado arriba, la quiebra de la modernidad ha abierto la posibilidad de recuperar la visión evangélica de la universalidad, es decir, de construir la universalidad desde el pobre, desde los últimos, desde los excluidos. Pero los grupos y movimientos eclesiales que han luchado por esa recuperación no se encuentran en su mejor momento. Seguramente no sólo porque no han recibido el respaldo que necesitaban desde arriba, sino porque las posibilidades de transformación radical del mundo desde los intereses y las necesidades de los últimos tampoco pasan por su mejor momento. A todos se nos pide impulsar una espiritualidad de compromiso con el mundo y en el mundo desde la perspectiva señalada de la opción por los pobres.

Debe quedar claro que no se puede pretender superar la crisis sin reivindicar los mejores logros de la modernidad (democracia, derechos humanos, opinión pública, etcétera). Aunque somos conscientes de la carga de ambigüedad que estas realidades conllevan, no debemos olvidar su gran virtualidad trasformadora, también para la Iglesia. Desde la nueva cristología y pneumatología se han de ver las exigencias de abrirse a las nuevas maneras con que el mundo de hoy busca una espiritualidad y un proyecto de salvación realistas.

Sentimos como un deber de todos el generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial. La cuestión de la “eclesiogénesis” se ha vuelto extremadamente problemática y difícil pero es la clave del futuro. Tiene que ver con la potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en vidas concretas. Hay que animar las experiencias de parroquias, movimientos apostólicos, congregaciones religiosas que siguen defendiendo los criterios de organización colegial y otras reformas (liturgia, estilo de vida cristiana…) surgidas tras el Vaticano II, sin preocuparse demasiado de normas y órdenes de la curia.

La distancia creciente entre la institución y la base eclesial exige profundizar en el tema de la comunión eclesial desde esta perspectiva de la crisis. Pero no se puede utilizar el término venerable de comunión como lo hace tantas veces la jerarquía: como coartada para exigir una obediencia ciega a los mandatos de la autoridad. Es preciso establecer unos criterios públicos, generales y válidos para todos los católicos de respuesta interior a la propia conciencia y al posible disenso en cuestiones doctrinales, morales o disciplinares frente al autoritarismo indebido de lo que dicta la jerarquía. La llamada Nota explicativa praevia al capítulo III de la Lumen gentium (obs. 2ª, § 3) inició un camino de reflexión que no se ha seguido. En concreto debemos clarificar qué es exigible y qué no lo es para poder hablar en sentido pleno de eclesialidad, qué márgenes de libertad pueden existir sin romper la comunión.

Impulsar la comunión en medio de la crisis conlleva trabajar en la consecución de un pluralismo real en grandes zonas de la Iglesia real que quieren resistir a la actual contrarreforma y no permiten que se les descalifique como rebeldes o rupturistas. La cultura actual permite la utilización de las redes existentes y de medios de comunicación informáticos para lograr una Iglesia más comunión y por ello más sacramento de salvación para el mundo.

Todo lo dicho es inviable si no estamos dispuestos a aceptar que la Iglesia está necesitada de continua reforma para ser signo de Dios y no intento de monopolizarlo. Hemos de mantener vivo el principio de la eclesiología más tradicional de la ecclesia semper reformanda. No otra cosa quiso ser el proyecto del papa Juan XXIII. Ese proyecto está vivo y hemos de volver constantemente a sus ideas clave porque los textos del Concilio fueron un inicio y no una definición de límites. Sería por tanto la peor reacción ante el rumbo actual de la Iglesia caer en el pesimismo y la resignación. Esto solo sería ayudar a los adversarios de la renovación conciliar. Más bien hemos de convocarnos a la esperanza y a la energía.

El Vaticano II dejó claras señales teológico-pastorales como puntos de partida para una Iglesia que se considera por su naturaleza misionera y que se definió como pueblo de Dios y sacramento universal de salvación.

La renovación de las comunidades cristianas es urgente. La prioridad del pueblo de Dios, que debe ocupar el lugar teológico que merece, debe también llegar a prácticas significativas de participación. La Iglesia se debe construir a partir de un proceso “sinodal”, de “caminar juntos” en el cual se valore la diversidad. Reconstruir el concepto y la realidad de la sinodalidad solo se consigue practicándolo.

El poder en la Iglesia no debe ejercerse sin reparto, a fin de que la obediencia sea dada a Dios mismo y no se detenga en la persona de los jefes, y a fin igualmente de que la autoridad no impida la libre creatividad inspirada por el Espíritu a los miembros del cuerpo de Cristo para el crecimiento de ese cuerpo. Tampoco debe ejercerse sin el necesario control que el ejercicio de todo poder exige y que debe ser llevado a cabo por instancias eclesiales distintas a las que han tomado las decisiones.

Si la Iglesia quiere volver a entrar en comunicación con la sociedad presente ha de dar figura en sí misma a la libertad cuya fuente es el evangelio. La recuperación efectiva de su misión solo se realizará al precio de tal conversión.

Dicho todo esto, añadimos que la renovación interna de la Iglesia, la de sus estructuras e instituciones no significa centrarse en sí misma, sino cumplir su misión de servir a este mundo desde el evangelio. La primera contribución que la Iglesia puede dar al mundo para su renovación social, económica, cultural y política que deseamos es la de transformarse ella misma en comunidades más igualitarias, serviciales y fraternas. Es imprescindible que la Iglesia pueblo de Dios ejerza valientemente la función profética que le corresponde ante el mundo, aunque viva esta misión en medio de conflictos y aunque el ejercerla evangélicamente le suponga tener que renunciar a situaciones de privilegio social como las que ahora tiene. La apuesta profética solamente es compatible con el paradigma de las libertades y no con el paradigma concordatario de los poderes, que solamente algunos pocos grupos de presión pueden ejercer.

Y todo ello debe estar infundido de una auténtica mística del Espíritu. Tanta mayor posibilidad de configuración tendrán las indicaciones anteriores cuanto más enraizadas estén en una mística militante comprometida. Una mística de la fe que se profundiza en medio de los que viven en el descrédito, una mística de la esperanza vivida que se acrisola en la presente situación de desesperanza, una mística del amor a los pobres que cargan sobre sus espaldas el proyecto hegemónico presente. Una mística así abre el camino hacia el futuro. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: www.iglesiaviva.org

La fuerza del Evangelio

Publicado: 2 marzo, 2011 en BIBLIA
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9 Tiempo ordinario (A) Mateo 7, 21-27
LA FUERZA DEL EVANGELIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 02/03/11.- Mateo concluye el gran discurso de Jesús en una montaña de Galilea con dos breves parábolas, narradas con maestría y fáciles de recordar por todos. Su mensaje es de importancia decisiva: seguir a Jesús consiste en «escuchar sus palabras» y en «ponerlas en práctica». Si no lo hacemos así nuestro cristianismo es una insensatez. No tiene sentido alguno.

El hombre sensato construye su casa sobre roca firme. Por eso, cuando llegan las lluvias torrenciales del invierno y el agua desciende de los montes y soplan los fuertes vientos del Mediterráneo, la casa no se hunde: «está cimentada sobre roca». Así es la Iglesia formada por creyentes que se esfuerzan por escuchar el Evangelio y ponerlo en práctica.

El hombre necio, por el contrario, construye su casa sobre arena, en el fondo del valle. Por eso, al llegar las lluvias, los aluviones y el vendaval, la casa «se hunde totalmente». Así se desmorona el cristianismo cuando no está fundamentado en la roca del Evangelio escuchado y practicado en las comunidades.

En la conciencia moderna se ha producido un profundo cambio cultural que está poniendo en crisis el nacimiento y la vivencia de la fe cristiana. Cada vez se va haciendo más difícil despertar una fe viva en Dios y en Jesucristo por vía de “adoctrinamiento”. Señalemos dos causas fáciles de detectar.

Por una parte, está en crisis la autoridad, toda autoridad. Es difícil que la fe brote hoy de la obediencia a una autoridad religiosa que se presente como poseedora de la verdad. La palabra que pronuncia la Iglesia desde su posición de autoridad sagrada no resulta hoy por sí misma ni creíble ni atractiva.

Por otra parte, más que doctrina religiosa, las personas buscan una experiencia que les ayude a vivir con sentido y esperanza. Muchos hombres y mujeres se distancian casi instintivamente de cualquier iniciación a la fe entendida como “proceso de aprendizaje”.

Hemos de creer mucho más en la fuerza transformadora del Evangelio. Las palabras de Jesús tienen más poder que nuestras doctrinas. Su Buena Noticia es más atractiva que todos nuestros sermones. ¿No ha llegado el momento de formar grupos, crear espacios, posibilitar encuentros en los que la gente de hoy tenga la oportunidad de entrar en contacto directo con el Evangelio para escuchar a Jesús y descubrir juntos su Buena Noticia?

Muchos que se sienten perdidos y viven sin esperanza podrían descubrir con alegría que no están solos, que pueden confiar en un Dios Padre y que pueden vivir con la esperanza de Jesús. Es lo que más necesitan. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Haz tú lo mismo

Publicado: 7 julio, 2010 en BIBLIA
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15 Tiempo ordinario (C) Lucas 10, 25-37
HAZ TÚ LO MISMO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 07/07/10.- Para no salir malparado de una conversación con Jesús, un maestro de la ley termina preguntándole: «Y ¿quién es mi prójimo?». Es la pregunta de quien sólo se preocupa de cumplir la ley. Le interesa saber a quién debe amar y a quién puede excluir de su amor. No piensa en los sufrimientos de la gente.

Jesús, que vive aliviando el sufrimiento de quienes encuentra en su camino, rompiendo si hace falta la ley del sábado o las normas de pureza, le responde con un relato que denuncia de manera provocativa todo legalismo religioso que ignore el amor al necesitado.

En el camino que baja de Jerusalén a Jericó, un hombre ha sido asaltado por unos bandidos. Agredido y despojado de todo, queda en la cuneta medio muerto, abandonado a su suerte. No sabemos quién es. Sólo que es un «hombre». Podría ser cualquiera de nosotros. Cualquier ser humano abatido por la violencia, la enfermedad, la desgracia o la desesperanza.

«Por casualidad» aparece por el camino un sacerdote. El texto indica que es por azar, como si nada tuviera que ver allí un hombre dedicado al culto. Lo suyo no es bajar hasta los heridos que están en las cunetas. Su lugar es el templo. Su ocupación, las celebraciones sagradas. Cuando llega a la altura del herido, «lo ve, da un rodeo y pasa de largo».

Su falta de compasión no es sólo una reacción personal, pues también un levita del templo que pasa junto al herido «hace lo mismo». Es más bien una actitud y un peligro que acecha a quienes se dedican al mundo de lo sagrado: vivir lejos del mundo real donde la gente lucha, trabaja y sufre.

Cuando la religión no está centrada en un Dios, Amigo de la vida y Padre de los que sufren, el culto sagrado puede convertirse en una experiencia que distancia de la vida profana, preserva del contacto directo con el sufrimiento de las gentes y nos hace caminar sin reaccionar ante los heridos que vemos en las cunetas. Según Jesús, no son los hombres del culto los que mejor nos pueden indicar cómo hemos de tratar a los que sufren, sino las personas que tienen corazón.

Por el camino llega un samaritano. No viene del templo. No pertenece siquiera al pueblo elegido de Israel. Vive dedicado a algo tan poco sagrado como su pequeño negocio de comerciante. Pero, cuando ve al herido, no se pregunta si es prójimo o no. Se conmueve y hace por él todo lo que puede. Es a éste a quien hemos de imitar. Así dice Jesús al legista: «Vete y haz tú lo mismo». ¿A quién imitaremos al encontrarnos en nuestro camino con las víctimas más golpeadas por la crisis económica de nuestros días? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

FAZ TU O MESMO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Para não ficar mal numa conversa com Jesus, um mestre da lei termina preguntando-Lhe: «E quem é o meu próximo?». É a pergunta de quem só se preocupa em cumprir a lei. Interessa-Lhe saber a quem deve amar e a quem pode excluir do seu amor. Não pensa no sofrimento das pessoas.

Jesus, que vive aliviando o sofrimento de quem encontra no Seu caminho, quebrando se necessário a lei do sábado ou as normas de pureza, responde-lhe com um relato que denuncia de forma provocadora todo legalismo religioso que ignora o amor ao necessitado.

No caminho que desce de Jerusalém para Jericó, um homem foi assaltado por uns bandidos. Agredido e despojado de tudo, fica na estrada meio morto, abandonado à sua sorte. Não sabemos quem é. Só que é um «homem». Podia ser qualquer um de nós. Qualquer ser humano abatido pela violência, a doença, a desgraça ou o desespero.

«Por acaso» aparece pelo caminho um sacerdote. O texto indica que é por azar, como si nada tivesse que ver alí um homem dedicado ao culto. O seu não é descer até aos feridos que estão nas estrada. O seu lugar é no templo. A sua ocupação, as celebrações sagradas. Quando chega junto ao ferido, «vê-o, dá a volta e passa ao largo».

A sua falta de compaixão não é só uma reacção pessoal, pois também um levita do templo que passa junto ao ferido «faz o mesmo». É uma atitude e um perigo que afecta a quem se dedica ao mundo do sagrado: viver longe do mundo real onde as pessoas lutam, trabalham e sofrem.

Quando a religião não está centrada em Deus, Amigo da vida e Pai dos que sofrem, o culto sagrado pode converter-se numa experiência que distância da vida profana, preserva do contacto directo com o sofrimento das pessoas e nos faz caminhar sem reacção ante os feridos que vemos nas estradas. Segundo Jesus, não são os homens do culto os que melhor nos podem indicar como temos de tratar os que sofrem, mas as pessoas que têm coração.

Pelo caminho chega um samaritano. Não vem do templo. Não pertence sequer ao povo eleito de Israel. Vive dedicado a algo tão pouco sagrado como o seu pequeno negócio de comerciante. Mas, quando vê o ferido, não se pergunta se é o próximo ou não. Comove-se e faz por ele tudo o que pode. É a quem temos de imitar. Assim diz Jesus ao legalista: «Vai e faz o mesmo». A quem imitaremos ao encontrar-nos no nosso caminho com as vítimas mais golpeadas pela crise económica dos nossos dias?

ANCHE TU FA’ COSÌ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Per non uscire male da una conversazione con Gesù, un maestro della legge conclude chiedendogli: “E chi è il mio prossimo?” È la domanda di chi si preoccupa soltanto di compiere la legge. Gli interessa sapere chi deve amare e chi può escludere dal suo amore. Non pensa alle sofferenze della gente.

Gesù, che vive alleviando la sofferenza di chi incontra nel suo cammino, infrangendo, se è necessario, la legge del sabato o le norme di purità, gli risponde con un racconto che denuncia, in maniera provocatoria, ogni legalismo religioso che ignora l’amore di chi è nel bisogno.

Sulla strada che scende da Gerusalemme a Gerico, un uomo è stato assalito dai briganti. Aggredito e spogliato di tutto, rimane sul ciglio della strada mezzo morto, abbandonato alla sua sorte. Non sappiamo chi è. Solo che è un “uomo”. Potrebbe essere chiunque di noi. Qualsiasi essere umano colpito dalla violenza, dall’infermità, dalla disgrazia o dalla disperazione.

“Per caso” appare sulla strada un sacerdote. Il testo dice che è per caso, come se non avesse niente a che fare lì un uomo dedicato al culto. Il suo compito non è scendere fino ai feriti che sono sul ciglio delle strade. Il suo posto è il tempio. La sua occupazione le sacre celebrazioni. Quando arriva all’altezza del ferito, “lo vide e passò oltre”.

La sua mancanza di compassione non è solo una reazione personale, perché anche un levita del tempio, che passa accanto al ferito, “fa lo stesso”. È piuttosto un atteggiamento e un pericolo che minaccia quelli che si dedicano al mondo del sacro: vivere lontano dal mondo reale, dove la gente lotta, lavora e soffre.

Quando la religione non ha il suo centro in un Dio, Amico della vita e Padre di quelli che soffrono, il culto sacro può diventare un’esperienza che allontana dalla vita profana, preserva dal contatto diretto con la sofferenza della gente e ci fa proseguire senza scomporsi di fronte ai feriti che vediamo sui cigli della strada. Secondo Gesù non sono gli uomini del culto quelli che meglio ci possono indicare come dobbiamo trattare quelli che soffrono, ma le persone che hanno cuore.

Sulla via arriva un samaritano. Non viene dal tempio. Non appartiene nemmeno al popolo eletto di Israele. Vive dedicandosi a qualcosa di così poco sacro come il suo piccolo negozio di commerciante. Però, quando vede il ferito, non si chiede se è prossimo o no. Si commuove e fa per lui tutto quello che può. È costui che dobbiamo imitare. Così dice Gesù al dottore della legge: “Va’ e anche tu fa’ così”. Chi imiteremmo nell’incontrare sul nostro cammino le vittime più colpite dalla crisi economica dei nostri giorni?

TOI, FAIS DE MEME!

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Pour sauver la face, à la fin de sa conversation avec Jésus, un docteur de la loi lui demande: “Et qui est mon prochain?”. C’est la question de quelqu’un qui ne s’occupe que d’observer la loi. Il veut savoir qui il doit aimer et qui peut être exclu de son amour. Il ne pense pas aux souffrances des gens.

Jésus, qui passe sa vie à soulager la souffrance de ceux qu’il croise sur son chemin, en transgressant même, s’il le faut, la loi du sabbat et les normes de pureté, lui répond avec un récit qui dénonce de façon provocatrice tout légalisme religieux qui ignorerait l’amour des nécessiteux.

Sur le chemin qui descend de Jérusalem à Jéricho, un homme a été attaqué par des bandits. Agressé et dépouillé de tout, il gît dans le fossé à moitié mort, livré à son sort. Nous ignorons qui il est. Nous savons seulement qu’il s’agit d’un « homme ». Ce pourrait être n’importe qui parmi nous. Tout être humain abattu par la violence, par la maladie, le malheur ou le désespoir.

“Par hasard” surgit sur le chemin un prêtre. Le texte souligne que c’est «par hasard », comme si un homme consacré au culte n’avait rien à faire dans ce lieu-là. Ce qui lui est propre ce n’est pas de s’abaisser jusqu’aux blessés qui gisent dans les fossés. Son lieu à lui c’est le temple. Son occupation, les célébrations sacrées. Lorsqu’il arrive à la hauteur du blessé, « il le voit, fait un détour et suit son chemin ».

Son manque de compassion n’est pas seulement une réaction personnelle, puisqu’un lévite du temple qui passe près du blessé, « fait de même ». C’est plutôt une attitude et un danger qui guette ceux qui se dévouent au monde du sacré : vivre loin du monde réel, là où les gens luttent, travaillent et souffrent.

Lorsque la religion n’est pas centrée sur un Dieu, Ami de la vie et Père de ceux qui souffrent, le culte sacré peut devenir une expérience qui éloigne de la vie profane, qui empêche le contact direct avec la souffrance des gens et qui nous empêche de réagir devant les blessés que nous voyons dans les fossés. D’après Jésus, ce ne sont pas les hommes du culte qui peuvent le mieux nous indiquer comment nous devons traiter ceux qui souffrent, mais les personnes qui ont du cœur.

Arrive sur le chemin un samaritain. Il ne vient pas du temple. Il n’appartient même pas au peuple élu d’Israël. Il vit d’ une activité si peu sacrée que l’est sa petite affaire de commerçant. Mais lorsqu’il aperçoit le blessé, il ne se demande pas s’il est son prochain ou pas. Il s’émeut et fait pour lui tout ce qu’il peut. C’est celui-là qu’il nous faut imiter. Jésus le dit au légiste : « Va et toi, fais de même ». Qui allons-nous imiter lorsque nous rencontrerons sur notre chemin les victimes les plus frappées par la crise économique de nos jours ?

DO LIKEWISE

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

When the Scribe who had questioned Jesús about the law was reminded about what scriptures had to say with regard to love of God and neighbour, the Scribe further asked, “And who is my neighbour?” Such question can come from someone who is only worried about fulfilling the letter of the law.

He only wants to know who must be loved – and who can be forgotten. He is not interested in the needs or sufferings of people.

Jesus, who has been healing and doing good to everyone he found during his travels, even on a Sabbath or when the purification laws dictated otherwise, replies to the Scribe with a story that clearly denounced the religious legalism and practices that forgot altogether the love of neighbour and the downtrodden.

On the way from Jerusalem to Jericho, a man was assaulted by robbers. He was beaten and robbed of everything he had, and left half dead by the roadside, abandoned to his fate. His identity is unknown. He was a man. He could have been anyone of us: any human being, victim of violence, illness, ill luck or just despair.

By chance, a priest happened to pass that way. The gospel text says, he happened to come along that road as if to imply that priests normally would not be expected to take those roads: temple priests would normally not be expected to look after beggars and people in the streets. Their duty was to be in the temple, looking after all religious celebrations. When he came close to the wounded man, “he saw, went by and continued walking along.”

His evident lack of compassion was not his own personal reaction, because a temple Levite that went by the wounded man soon after, did the same thing. It seems to be a common attitude and a danger of people dedicated to look after the sacred duties: a certain detachment from the real world of the people who struggle, work and suffer.

When religion does not centre on God, the Friend of Life and the father of those who suffer, sacred worship can become an experience that stays far from the common living, and stays away from direct contact with the suffering people.

EGIZU ZUK ERE BESTE HORRENBESTE

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusekin izandako solasaldi batean lotsagarri ez gelditzeko, lege-maisu batek galdetzen dio: «Eta zein da nire lagun hurkoa?» Legea betetze hutsaz arduratzen den baten galdera da. Zein maitatu behar duen zaio axola eta zein baztertu. Bost axola zaio jendearen sufrimendua.

Jesus, berriz, bidean aurkitzen duen jendearen sufrimendua nola arinduko dabil, larunbatari buruzko legea eta garbitasun-arauak hautsi behar baditu ere. Eta premian denarekiko maitasunaz ahazten den legekeria erlijioso oro era probokatzailean salatzen duen kontakizun batez erantzuten dio.

Jerusalemdik behera Jerikora doan bidean, gizon bat lapurrek azpian hartu zuten. Erasorik eta zeraman guztiaz gabeturik, bide-bazterrean gelditu zen erdi hilik, bere zorian bakarrik. Ez dakigu zein den. Soilik, «gizon» bat dela. Gutako nornahi izan zitekean. Bortxakeriak, gaixotasunak, zoritxarrak edo etsipenak jotako edozein gizaki.

«Halabeharrez» apaiz bat agertu da bide berean. “Halabeharrez” izan dela dio testuak, kultuari emana den gizon batek auzi hartan zerikusirik ez balu bezala. Kultu-gizonari ez dagokio, nonbait, bide-bazterrean zauritua den pertsona baten ondora hurbiltzea. Tenplua du halakoak bere tokia, nonbait. Zaurituaren parera iristean, «hura ikusi, itzulinguru bat egin eta aurrera doa».

Haren erruki falta ez da soilik jarrera pertsonala, zeren zaurituaren ondotik igaro den tenpluko levitar batek ere «gauza bera egiten baitu». Jarrera pertsonala baino gehiago, sakratuaren munduari emanak direnek duten arriskua da: jendeak borroka egiten duen, sufritzen duen, lan egiten duen egiazko mundutik urrun bizitzeko arriskua.

Erlijioak erdigune Jainkoa, biziaren Adiskide hori, sufritzen dutenen Aita den hori ez duenean, erlijio hartako kultu sakratua bizitza profanotik apartarazten duen esperientzia bihur daiteke, jendearen sufrimenduarekin zuzeneko harremanak izatetik apartarazten duen esperientzia, bide-bazterrean ikusten dugun zaurituari kasurik egin gabe aurrera joarazten digun esperientzia. Jesusen arabera, ez dira kultu-gizonak hobekien adierazten ahal digutenak nolako tratatua eman sufritzen ari direnei, baizik bihotz ona duten pertsonak.

Bide berean hor dator samariar bat ere. Ez dator tenplutik. Ez da Israel herri hautatuko kidea ere. Hain sakratutasun-kutsu koxkorra duen bere merkatari-negozio txikiari emana da. Halere, zauritua ikusi duelarik, ez da hasi lagun hurkoa den ala ez galdezka. Errukitu eta ahal duen laguntasun guztia eskaini dio. Hau da imitatu beharrekoa. Hala dio Jesusek lege-gizonari: «Zoaz eta egizu zuk ere beste horrenbeste». Zein imitatuko dugu geure bidean gure egun hauetako ekonomi krisiak jotako biktimekin topo eginen dugunean?

TU FES IGUAL

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Per no sortir malparat d’una conversa amb Jesús, un mestre de la llei acaba preguntant-li: «I qui són els altres que haig d’estimar?». És la pregunta de qui només es preocupa de complir la llei. Li interessa saber qui ha d’estimar i qui pot excloure del seu amor. No pensa en els sofriments de la gent.

Jesús, que viu alleujant el patiment dels qui troba en el seu camí, trencant si cal la llei del dissabte o les normes de puresa, li respon amb un relat que denuncia de manera provocativa tot legalisme religiós que ignori l’amor al necessitat.

En el camí que baixa de Jerusalem a Jericó, un home ha estat assaltat per uns bandits. Agredit i despullat de tot, queda a la cuneta mig mort, abandonat a la seva sort. No sabem qui és. Només que és un «home».Podria ser qualsevol de nosaltres. Qualsevol ésser humà abatut per la violència, la malaltia, la desgràcia o la desesperança.

«Casualment» apareix pel camí un sacerdot. El text indica que és per atzar, com si res tingués a veure allà un home dedicat al culte. El seu no és baixar fins als ferits que són a les cunetes. El seu lloc és el temple. La seva ocupació, les celebracions sagrades. Quan arriba a l’alçada del ferit, «el veié, passà de llarg per l’altra banda».

La seva falta de compassió no és només una reacció personal, ja que també un levita del temple que passa pel costat del ferit «fa igualment». És més aviat una actitud i un perill que amenaça els qui es dediquen al món del sagrat: viure lluny del món real on la gent lluita, treballa i pateix.

Quan la religió no està centrada en un Déu, Amic de la vida i Pare dels que pateixen, el culte sagrat pot convertir-se en una experiència que distancia de la vida profana, preserva del contacte directe amb el patiment de la gent i ens fa caminar sense reaccionar davant els ferits que veiem a les cunetes. Segons Jesús, no són els homes del culte els qui millor ens poden indicar com hem de tractar els que pateixen, sinó les persones que tenen cor.

Pel camí arriba un samarità. No ve del temple. Ni tampoc pertany al poble elegit d’Israel. Viu dedicat a una cosa tan poc sagrada com el seu petit negoci de comerciant. Però, quan veu el ferit, no es pregunta si és proïsme o no. Es commou i fa per ell tot el que pot. És a aquest a qui hem d’imitar.Això diu Jesús al mestre de la llei: «Vés, i tu fes igual». A qui imitarem en trobar-nos en el nostre camí amb les víctimes més colpejades per la crisi econòmica dels nostres dies?

FAI TI O MESMO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Para non saír malparado dunha conversación con Xesús, un mestre da lei remata preguntándolle: «E quen é o meu próximo?«. Unha pregunta moi propia de quen só se preocupa de cumprir a lei. Interésalle saber a quen debe amar e a quen pode excluír do seu amor. Non pensa nos sufrimentos da xente.

Xesús, que vive aliviando o sufrimento dos que atopa no seu camiño, rompendo, se fai falta, a lei do sábado ou as normas de pureza, respóndelle cun relato que denuncia de xeito provocativo todo legalismo relixioso que ignore o amor ao necesitado.

No camiño de baixada de Xerusalén a Xericó, un home foi asaltado por uns bandidos. Agredido e despoxado de todo, fica no foxo medio morto, abandonado á súa sorte. Non sabemos quen é. Só, que é un «home». Podería ser calquera de nós. Calquera ser humano abatido pola violencia, a enfermidade, a desgraza ou a desesperanza.

«Por casualidade» aparece polo camiño un sacerdote. O texto indica que é por azar, coma se un home dedicado ao culto nada tivese que ver co dalí. O seu non é baixar ata os feridos que están nas cunetas. O seu lugar é o templo. A súa ocupación, as celebración sagradas. Cando chega á altura do ferido, «veo, dá un rodeo e pasa de longo».

A súa falta de compaixón non é só unha reacción persoal, pois un levita do templo que tamén pasa xunto ao ferido «fai o mesmo». É máis ben unha actitude e un perigo que axexa aos que se dedican ao mundo do sagrado: Viviren lonxe do mundo real onde a xente loita, traballa e sofre.

Cando a relixión non está centrada nun Deus, Amigo da vida e Pai dos que sofren, o culto sagrado pode converterse nunha experiencia que distancia da vida profana, preserva do contacto directo co sufrimento das xentes e fainos camiñar sen reaccionar ante os feridos que vemos nos foxos. Segundo Xesús, non son os homes do culto os que mellor nos poden indicar como temos de tratar aos que sofren, senón as persoas que teñen corazón.

Polo camiño chega un samaritano. Non vén do templo. Non pertence sequera ao pobo elixido de Israel. Vive dedicado a algo tan pouco sagrado como é o seu pequeno negocio de comerciante. Pero, cando ve ao ferido, non se pregunta se é o seu próximo ou non. Conmóvese e fai por el todo o que pode. É a este a quen temos de imitar. Así llo di Xesús ao lexista: «Vai e fai ti o mesmo». A quen imitaremos nós ao atoparnos no noso camiño coas vítimas máis golpeadas pola crise económica dos nosos días?