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Nuestra muerte y la de Jesús

Publicado: 13 mayo, 2013 en REFLEXIONES
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olímpicoNUESTRA MUERTE Y LA DE JESÚS
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, jomaryrivas@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 13/05/13.- En el sentido propio de la palabra, «La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida».

Esta aseveración, que transcribo literalmente del Catecismo de la I.C. (nº 1007), explica el hecho de no escapar de la muerte ningún hombre, por más libre de pecado que se halle. De ello rueda, sin necesidad de empujarlo, que el morir no tiene de por sí ante Dios condición de castigo, y que no fluye de su propia entraña gozar de carácter punitivo, ni expiatorio, ni reparador del pecado. La muerte natural en sí misma, sólo es el final normal de toda vida terrenal.

Tanto es así que parece lo más razonable pensar que el mismo Jesús habría muerto, aunque su muerte violenta no hubiera tenido la finalidad sacrificial y expiatoria que afirman varios pasajes de la Escritura. Él, al encarnarse, se metió en la dinámica de cambio y temporalidad, propia de toda vida corporal y terrena. Dinámica de crecimiento, envejecimiento y muerte. Y su realidad de hombre se hizo patente en el compartir con nosotros todas nuestras debilidades o limitaciones (Heb 4,15), incluida la de la muerte, de la que no fue librado hasta después de pasar por ella (Heb 5,7-9).

El no tener la muerte natural carácter sancionador del pecado, es lo único que por lo demás encaja con la afirmada finalidad bíblica de la muerte cruenta de Jesús. La plenitud exhaustiva de tal sacrificio redentor, presentado en el Nuevo T. como el definitivo y el único de veras fecundo, excluye la necesidad de nuevas y adicionales expiaciones (Heb 7,26-27; 10,14). Éstas, por lo además, no pasarían en nuestro caso, dada nuestra bajeza esencial respecto de Dios (Lc 17,7-10), de ofrendas hueras e ineficaces en sí mismas. Tan hueras e ineficaces como la muerte expiatoria de animales (Heb 10,5-6). Aún las que no anduvieren encima embadurnadas de inmundicia.

La necesidad de la inútil hecatombe sacrificial de la humanidad entera ―a lo mejor trillones de trillones de hombres― no se puede aceptar en razón de haber quedado “cortita” la Redención que se afirma obrada precisamente por el Unigénito de Dios. Tampoco a causa de una necedad imposible en quien creemos Sensatez infinita. No es nuestro Dios como ídolo feroz, insaciable de sangre humana para expiación baladí y huera de las ofensas recibidas.

Esa es la idea, por demás cicatera, mezquina y sádica, que de Él dan sin advertirlo los que siguen la vía dolorosa de la autoinmolación reparadora y de la penitencia por los pecados propios o los ajenos. Esa misma idea es la que con toda buena fe inculcan cuantos proponen a los mismos como ejemplos a imitar.  Y es la única que puede justificar y dar sentido ―desde su erróneo punto de vista― a los preceptos penitenciales, mortificantes y sacrificiales. Ésos que se nos urgen eclesialmente, y que precisamente los más fervientes se destacan en acatar, pese a que ninguno de nosotros los debería aceptar (Col 2,20-23).

Aún más: desde la fe en Dios Amor (1Jn 4,16) ni siquiera se ve la lógica de la muerte cruenta de Jesús, como sacrificio único de expiación o de  redención. Nuestro Dios no tiene corazón de mercader, sino sólo de  Padre colosal y por antonomasia. ¿Qué necesidad de cobro de nuestras deudas podrá tener Él, cuando está dispuesto a condonárnoslas gratuitamente con sólo pedírselo, aunque se trate de “millonadas”, como la de los diez mil talentos (Mt 18,32)?

¿Y cómo encajar el “cobro” en quien sabemos que incluso está pendiente de nuestro regreso, para salir corriendo Él mismo a nuestro encuentro al vernos llegar a lo lejos? ¿O es que lo está para mandar a sus criados a que nos den, antes de conducirnos a su presencia, una buena tunda en penitencia y pago por nuestro mal proceder? ¡Sería lo propio del dios legalista, justiciero y sádico que nos hemos inventado! Tan propio de “ese dios”, como negación blasfema del verdadero, cuyas entrañas de amor le fuerzan a salir corriendo a nuestro encuentro, para echársenos al cuello, cubrirnos a besos y ordenar a sus criados: “Vestidle con el mejor  traje, ponedle sortija en su mano y calzarlo. Traed el novillo cebado y sacrificarlo. Comamos y hagamos fiesta, por este hijo mío que he recuperado” (Lc 15,20-24).

¿Que eso es así porque Jesús pagó nuestro rescate? ¿Rescate de quién? No podemos decir que de “las garras del diablo”, como si con él tuviéramos la deuda. Tampoco que el maligno pueda albergar en ningún caso derecho alguno frente a Dios. Menos aun, cuando toda su hazaña se queda en “robar, saquear y destruir” lo que sólo pertenece al Creador.

¿O será que nuestro Padre no nos amó hasta que Jesús y gracias a que Jesús sufrió por nosotros la pasión y la muerte? ¿Pero no fue el propio Padre quien por amor al mundo le entregó a su Unigénito (Jn 3,16)? ¿O lo entregó acaso para hacerlo “moneda” de nuestro perdón? ¡Inadmisible del todo!

Imposible que el Dios, que según nuestra fe se desborda eternamente en amor infinito sobre su propio Hijo Unigénito, se ensañe con Él ―¡como si pudiera hacerlo con alguien!― en vez de con nosotros. Imposible que le subordine a nuestra salvación. Nosotros sólo somos sus imágenes creadas. Jesús es la engendrada y consustancial a Él mismo. De tener que elegir, sólo un dios monstruoso nos preferiría a su propio unigénito.

En realidad, El Padre no le envió al mundo a pagar nada. Lo mandó a ser el buen pastor que, marchando en cabeza (Jn 10,4) nos guiara con su andar y su verdad (Jn 18,37). A fin de que nosotros no quedáramos en tinieblas (12,46); sino que tuviéramos vida y que ésta fuera abundante (10,10). Jesús buscó de veras nuestro bien y «discurrió por todas partes» haciéndolo (Hch 10,38). Hasta exponer consumadamente su propia vida (Jn. 10,11), por hacer frente a los lobos y por defendernos de los ladrones y salteadores, cuyo oficio es «robar y matar y destruir» (v. l0). Este amor suyo a nosotros es réplica, muestra y traslado del que nos tiene desde siempre el Padre que le envió (Jn 12,45).

Puede que hoy Jesús no hubiera expresado su misión con la figura rural del buen pastor; sino con la del líder. Un líder que lucha y convoca a luchar con él, en pro de la libertad de los hombres de toda esclavitud y sojuzgamiento; en pro de su esperanza más radicalmente alborozante. Que lo hace marcando  con su palabra y su conducta un camino y un estilo peculiar de oposición a lo opresor y para la ineludible confrontación con los opresores. Un líder que no se hace excepción entre los que de veras se implican en la liberación de los que viven oprimidos por los poderes constituidos o dominantes de facto. Sino que asume el final, más común, de muerte violenta de los que se involucran seriamente en la superación de opresiones y abusos, aunque sólo sean sectoriales. Recuérdense, por ejemplo en nuestros días, a Gandhi y Lúther King. No pagaron nada con su muerte. No vivieron para saldar los pecados de los indios, ni los de los hombres de raza negra. Pero su lucha les costó la vida. En su área de acción respectiva fueron como pastor que da su vida por el rebaño.

¡Lastima que “múltiples tradiciones seculares” hayan amortiguado y casi ensordecido en la mayoría la convocatoria de Jesús! ¡Lástima que para muchos haya quedado reducida su misión, simplemente a la de un fundador de religión!

Una religión montada sí, sobre dogmas verdaderos; pero que no todos son palabra escuchada desde el principio (1Jn 1,1-4). Una religión encauzada con leyes, ritos y prácticas, que más de una vez carecen de subsistencia permanente; sino que son cambiantes, perecederos y corruptibles como la flor del heno (1Pe 1,22-25).

Una religión que con tales urgencias termina cayendo fácilmente como las otras en fundamentalismo subyugante, hasta incurrir en excesos opuestos al espíritu de Jesús. Como los cometidos antaño por la Inquisición de las “piras”, y como los perpetrados en todos los tiempos por la inquisición incruenta de desgarradoras angustias de conciencia, y de trabas incluso a la subsistencia social y económica del hombre.

Jesús no vino a condenar a nadie en este mundo, sino a salvar ya aquí. El fuego que Santiago y Juan le propusieron hacer bajar del cielo, no fue el de la condenación eterna; sino el de un rayo que en ese instante y ese momento barriera del mapa ―literalmente “consumiera”― a los samaritanos que no le habían acogido (Lc 9,54-55). ¡Y este es el fuego ajeno al espíritu y al actuar de Jesús! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

1mayoCONSTRUIR UN FUTURO NUEVO
Comunicado de la HOAC y JOC ante el 1º de Mayo
HERMANDAD OBRERA DE ACCIÓN CATÓLICA y JOVENTUD OBRERA CRISTIANA, difusion@hoac.es
MADRID.

ECLESALIA, 30/04/13.- El 1º de mayo ha sido históricamente un símbolo de la lucha del movimiento obrero por afirmar la dignidad de la persona en el trabajo. Las reivindicaciones del 1º de mayo se plantean en España, en un escenario con datos tan sangrantes como una cifra que supera los 6 millones de personas desempleadas, y una tasa de paro que entre los jóvenes se sitúa en torno al 55%. Más de 1,8 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro, la edad de jubilación se ha prolongado más allá de los 65 años, se está produciendo una media de 115 desahucios al día, personas jubiladas estafadas por las preferentes…

Este 1º de mayo está muy marcado por la última Reforma laboral aprobada en febrero de 2012. La mercantilización del trabajo y las políticas que se vienen practicando, están quebrando el Estado de Bienestar, devaluando el Sector Público y recortando en servicios y prestaciones Están profundizando la desigualdad estructural que sufre el mundo obrero y del trabajo, continúan debilitando las relaciones laborales sin garantizar la seguridad de una vida digna para las personas, y están aumentando la vulnerabilidad que sufren las mujeres y los hombres del trabajo, especialmente sus sectores más débiles.

Estas duras realidades están ocasionando terribles costes humanos: Miles de familias que viven con ansiedad e incertidumbre, afectadas en sus relaciones por situaciones de tensión, angustia, estrés, depresión.

Una juventud que se siente sin futuro, y que está emigrando fuera del país afectada por el desempleo de larga duración y por la incapacidad de lograr independencia económica debido a la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Familias a las que les son arrebatadas sus viviendas porque ya no pueden pagar las hipotecas. Trabajadores de otros lugares que deben volver a sus países de origen por falta de salidas laborales y perspectiva de futuro…

Así lo constatamos desde las situaciones vitales de precariedad de nuestros militantes y las personas con las que entramos en contacto a través de nuestro trabajo y compromisos.

Cada día es más evidente que todo esto que nos está sucediendo es algo mucho más profundo que una crisis económica. Es todo el entramado institucional el que ha perdido toda credibilidad. Todo ha quedado como barrido por un tsunami de inmoralidad, por una profunda quiebra moral y ética, a la que no se ha prestado mucha atención hasta que mayorita-riamente nos ha tocado el bolsillo, lo que es significativo para evaluar el problema que tenemos.

Nos enfrentamos a una crisis de humanidad, que afecta a la persona y a las relaciones sociales e institucionales, y que se materializa en las respuestas mercantilistas y no humanas que estamos dando a los grandes problemas que tenemos.

La sola recuperación de la economía no será suficiente para hacer efectivo el derecho al trabajo; más bien, lo que se está produciendo es una recuperación económica contra el trabajo, un empobrecimiento de la sociedad, el desarrollo de procesos de bajo costo en las relaciones de producción y consumo. El trabajo como derecho, en los términos y formas en que lo hemos conocido, no volverá, aun en el caso de que se produzca una recuperación económica.

Ya Juan Pablo II nos advertía en “Laborem Exercens” de la necesidad de la defensa de la dignidad del trabajo y su centralidad. Hoy este mensaje tiene una vigencia plena: “El trabajo humano es una clave, quizá la clave esencial, de toda la cuestión social”. “Los pobres (…) aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano: bien sea porque se limitan las posibilidades del trabajo –es decir por la plaga del desempleo–, bien porque se desprecia el trabajo y los derechos que fluyen del mismo».

Se ha construido la economía de espaldas al trabajo y a las necesidades de las personas. Con los actuales niveles de desempleo, las personas nos vemos presionadas a trabajar bajo condiciones precarias, inseguras y con salarios indecentes. Y de la precariedad a la exclusión hay un margen muy pequeño.

Como movimientos cristianos en el mundo obrero y del trabajo, consideramos que a pesar de la situación caótica en la que nos encontramos, también se desarrolla el Plan de Dios. El Reino de Dios ya está en nosotros y entre nosotros: tenemos que vivir el Reino. O dicho de otro modo: para salir de la crisis en que nos encontramos, el camino consiste en vivir como ciudadanos del Reino de Dios.

Esto conlleva establecer relaciones de Comunión guiadas por la vivencia del Mandamiento Nuevo: un amor al prójimo que se fundamenta en el Amor de Dios (podemos amar porque Él nos amó primero). Vivir la comunión es la expresión del Reino de Dios en nuestras actividades cotidianas: Empresas, familias, Bancos, políticos y políticas, sindicatos, iniciativas de todo tipo…, que busquen comunión y que la construyan.

La comunión nos exige una transformación radical de nuestros modos de sentir, pensar y actuar. Esto es lo que necesi-tamos personalmente, como movimientos, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad.

Y para construir una sociedad humana es ineludible luchar por el derecho al trabajo y un trabajo decente, tal y como lo ha definido Benedicto XVI en Caritas in veritate.

La crisis nos llama no a salir de ella para volver a lo que teníamos, sino a construir un futuro nuevo, un mundo más justo y fraterno, un mundo que nos permita vivir como ciudadanos y ciudadanas del Reino de Dios.

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José Luis Sanpedro....COMPROMETIDO, INDIGNADO, SABIO Y ETERNAMENTE JOVEN
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 11/04/13.- El título de este escrito, aunque es largo, se queda escaso para hablar de José Luis Sampedro. Hasta para morirse eligió lo que quería hacer y no dejó que hubiera interferencias.

Ayer cuando supe la noticia por Internet no pude por menos que sonreír pensando que había puenteado al dios Comunicación, eligiendo morir en privado, con sosiego y sin espectáculos funerarios de celebridad.

Cada vez quedan menos. Sampedro vivió con una ética que es noticia porque cada vez resulta más extraña en el día a día; se comprometió en la denuncia de las barbaridades del sistema político y financiero a nivel mundial; mostró su indignación y supo contagiarla a otros, animando especialmente a los jóvenes, desde su propia e incombustible “juventud”, a no resignarse ante tanta injusticia y corrupción; y dejó el testimonio de su sabiduría en la gestión de la libertad con la que vivió 96 años, lúcidos y lucidos (¡atención al acento!) hasta el minuto final… y más: nos deja el testigo para que todos nos animemos a seguir por el camino de la rebeldía ética y la chispa de la denuncia activa con los dones que hemos recibido.

José Luis Sampedro utilizó la palabra, tanto hablada (profesor de Universidad, conferenciante, etc.) como escrita (ha dejado escritos muchos libros), pero también dejó ver otra herramienta: su propia vida, sus elecciones, opciones, renuncias… “En esto fundo la dignidad del hombre: en dar sentido humano a cuanto le sobreviene”, dijo.

Humanista y economista, Sampedro hace compatible lo aparentemente incompatible. Se entenderá leyendo su explicación: “Hay dos tipos de economistas: los que trabajan para hacer más ricos a los ricos y los que trabajamos para hacer menos pobres a los pobres”.

Otra perla más: “El tiempo no es oro; el oro no vale nada. El tiempo es vida”. Fue rico no por la cantidad de años que vivió sino por cómo los vivió: el destello del oro no le cegó y así podía ver más allá la realidad del mundo, denunciando activamente la injusticia y el deterioro de la sociedad. Insistía: “Poner el dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe”. Lo estamos viviendo.

Para terminar “escuchemos” a José Luis Sampedro en la parte final de su discurso titulado “De la frontera” al entrar en la Real Academia Española de la Lengua, el 2 de junio de 1991:

“No hay convivencia sin tolerancia mutua, y así vuelvo a mis palabras iniciales, para rogaros tolerancia hacia el hombre que soy, humilde y fronterizo; aunque acaso no sea tanta mi humildad, puesto que vengo envaneciéndome de ella. ¿O quizás en el fondo la humildad tiene también su orgullo? «Llaneza muchacho, y no te encumbres, que toda afectación es vana», recomienda el maestro de todos por boca de maese Pedro, el del retablo. En todo caso, me sosiega saber que mis venideros pasos hacia mi última frontera los daré en vuestra compañía y al amparo de vuestro saber. Me esforzaré por no desentonar en esta Casa y, por si en alguna ocasión no lo consigo, permitidme justificarme de antemano concluyendo con una leyenda japonesa:

“En un antiguo monasterio el monje jardinero llevaba varias semanas preocupado. Había anunciado su visita el abad de otro cenobio cuyo jardín era reputadísimo, e importaba no desmerecer ante sus ojos. Para eso el monje venía perfeccionando el pequeño microcosmos de su jardín, repasando las ondas de arena finísima que representaban el océano, tallando el boj delimitador, aclarando el musgo y los líquenes que envejecían la roca central, símbolo de la montaña sustentadora del cielo. La víspera de la anunciada visita su propio abad acudió a felicitarle, pero el monje se sentía inquieto ante su jardín: algo faltaba. De pronto tuvo una inspiración. Se acerco al cerezo que descollaba entre los arbustos y sacudiéndolo con cuidado logró desprender de una rama la primera hoja del otoño. La hoja osciló despacio en su caída y se convirtió en una mancha amarillenta sobre el verdor impoluto del césped. El monje sonrió: el jardín perfecto quedaba completado con la imperfección. Ahora si representaba el cosmos”.

Quisiera poder desempeñar aquí, al menos, la misma función que aquella hoja. Y quisiera creer, además, que mis palabras no han disonado demasiado en la serena armonía de esta solemnidad. Muchas gracias”.

No era hombre creyente, en el sentido que tenemos los creyentes del ser creyente, así que para los que no crean en los no-creyentes, recordar que la fe es un don, se tiene o no se tiene; pero el amor es un sello impreso en el corazón humano y José Luis Sampedro demostró que ese sello lo llevaba grabado a fuego; el que nunca se apaga. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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José Luis Sanpedro en POR (Piensa, Opina, Reacciona)

Lo típico del hombre

Publicado: 22 marzo, 2013 en REFLEXIONES
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alegoríaLO TÍPICO DEL HOMBRE
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 22/03/13.- De la concreta formulación en el Génesis del cliché literario del Creador alfarero, propio (ya lo dije en mi nota anterior-ECLESALIA, 08/02/13-) de culturas más lejanas que la de la Biblia, se deduce que el rasgo más peculiar del hombre, el que más típicamente le diferencia de los demás seres vivos de la tierra, está en su ser de “imagen viva de Dios”. Es deducción comúnmente aceptada, y la recoge el Catecismo de la I.C. con palabras equivalentes. Por ejemplo, en sus números 355-357. Aquí fijo mi atención preferente en uno solo de sus factores.

Dicho rasgo, que se considera fundamento de la superioridad y señorío del hombre sobre el resto de la creación, a los que él aparece destinado (Gn 1,26), es además raíz de su capacidad para relacionarse con el Creador como de persona a persona. De modo análogo, diría, a como en el Unigénito, el ser la imagen consustancial de Dios eternamente engendrada, no creada, no sólo le hace desde siempre Señor absoluto y primario de la creación entera (Col 1,15-17); sino que también le brinda la capacidad infinita de relación interpersonal con el Padre, en diálogo eterno de Amor insondable.

Tal capacidad en nosotros es, obviamente, participación limitada de esa suya. Pero en su limitación, a la vez que consecuencia de nuestra condición de imágenes vivas de Dios, es su prueba más convincente en el ámbito de lo racional. Porque entre seres de naturaleza “específicamente” desemejante es imposible la comunicación interpersonal. La que, trascendiendo los automatismos, reporta la experiencia vivencial de sentirse en contacto o en relación con otro. La semejanza es lo que hace posible esa comunicación. Tanto la que se desarrolla en la cercanía de la comunión gozosa y de confiada espontaneidad; como la que lo hace en la acritud y el desabrimiento del distanciamiento psicológico del temor y de la desconfianza en el otro.

El hombre, según su alegoría bíblica, es efectivamente el único ser de este mundo al que Dios se dirige y con el que conversa. Originariamente, según lo ya dicho, en clima de confianza distendida. Luego en la inquietud y temeroso retraimiento por parte del hombre, a partir de quebrantar éste la sumisión debida al Creador (Lc 17,10) y desconfiar de su lealtad. Esta desconfianza es trasfondo de la propuesta mentirosa del tentador: “¡Qué vais a morir! ¡Lo que pasa es que Dios no quiere que lleguéis a ser como Él!”.

Quisiera destacar que dicha capacidad la muestra la alegoría como de relación no necesitada de la interposición de mediadores, que fácilmente resultan obstáculo para lo interpersonal. No es que excluya que pueda “conectarse” con Dios a través de los tales. Sino que ella no alude a esa cuestión.

Lo único que puede considerarse afirmado por ella es la capacidad de relación directa de Dios con el hombre y de éste con Él. Ésta parece por ello que debe tenerse por la más básica del ser humano, además de ser la más sólida y auténtica. Y ésta es la que nos testimonian en Jesús los evangelios, dejando constancia de su dedicación asidua a ella, en prolongados momentos explícitos que no entorpecían su quehacer diario, y a lo largo de éste, salpicado de sus frecuentes afloramientos.

Con “sólida y auténtica” quiero significar que no entraña, ni puede quedar fácilmente afectada por riesgo alguno de estereotipación alienante de lo interpersonal. Como lo es el de su transformación en vacío ritualismo, o en vejación y desdoro de la grandeza propia del hombre, para ofensa a la vez de la cercanía amorosa del Creador a él.

Por dejarle, máxime en los encuentros comunitarios con Dios, supeditado a otros hombres, los tenidos por mediadores, haciéndole dependiente de ellos. O dependiente de un particular idioma humano. O de formularios y expresiones fosilizadas. O de ritos mecanicistas y plegarias repetitivas. O de lugares, horas, posturas y gestos. O de atavíos especiales, que a alguno he oído comparar hasta con los de “brujos de las tribus”… Dependiente, en suma, de una “religión” determinada, de su liturgia y de su parafernalia, como si el hombre no pudiera relacionarse con su Creador en virtud simplemente de su propio ser “imagen suya”.

Esta capacidad es del todo inamisible. Es imposible que el hombre deje de ser, ni transitoriamente, lo que es por creación. Tanto, como que haya algo o alguien capaz de vaciarle de lo que todos, incluso los no creyentes, entendemos por condición humana. Ni siquiera el pecado puede conseguirlo. En la alegoría lo desvela el diálogo del Creador con los simbólicos Adán y Eva, tras haberlo ellos cometido (Gn 3,9-18). En la vida real se palpa muy en particular, aunque no sólo, a la hora del reencuentro con Dios, de quienes previamente se han alejado de Él.

Puede con todo que ella resulte impedida o como asfixiada por la barahúnda del día a día. O como atrofiada por la profesión del ateísmo y del agnosticismo. Pero no de manera definitiva. Lo digo a partir del propio testimonio de quienes habiendo hecho alarde de ateo o agnóstico durante larga etapa de su vida, terminan a solas con Dios, dirigiéndose derechamente a Él en la seguridad de hablar a un ser vivo y personal, que le escucha y que le habla internamente. Aun sin ser católico, o ni siquiera cristiano.

Se acepte o no ese testimonio, lo patente es que la alegoría no da pie para conceder condicionamiento alguno en la capacidad de relacionarse directamente con el Creador. Salvo el de nuestra propia opción libre entre los dos modos indicados de vivirla, como consecuencia de nuestro decantarnos por la fidelidad a Dios, o por la insumisión a Él. La libertad de “Adán” y “Eva” para hacer esa opción a través de la de comer o no del “árbol de la ciencia del bien y del mal”, dibuja parabólicamente la del hombre real.

Idéntica capacidad de relación interpersonal con el Creador e igual libertad en el modo de vivirla, las habrían de tener, para ser considerados verdaderamente humanos, los “hombres” que pudieran existir en otros planetas. Igual que los que en el futuro pudieran aparecer sobre la tierra. Esto, obviamente en el caso hipotético de surgir una nueva raza humana de lo que ahora sólo es barro con vida corpórea. Bien por simple evolución natural; bien por manipulación genética realizada por el hombre.

Teniendo que ser Dios el autor y el sustentador único de cuanto existe creado, queda respaldado por Él y en Él todo lo que en la creación se dio, se da, o se dará. También por tanto la facultad del hombre para realizar esa manipulación, cuyo límite aún desconocemos. De llegar éste a ese extremo, la facultad en sí no podría ser juzgada perversa, como si pudiera serlo alguna realidad obrada por el Creador. Ni atribuida “al principio del mal”, como si profesáramos el dualismo. Ni pecaminoso el ejercicio de la misma, como si tal “talento” le hubiera sido concedido al hombre para tenerlo escondido e inerte, en vez de activo para el bien.

Si en virtud de tal facultad el hombre llegara a “producir” otros hombres, estaríamos sólo ante un modo de conseguirlo distinto al de la procreación. Pero no se negaría así, como no lo niega la procreación misma, la acción creadora, ni la conservadora de Dios, necesarias para la existencia y subsistencia de todo.

Ignoro si el señalado cliché literario afirmaba inicialmente el origen divino, de sólo el primer hombre. Pero sé que pervivió su simbolismo básico, y que éste fue luego fundamento o trasfondo de la explicación de lo que entonces se consideraba respuesta de Dios, a la conducta de los hombres y los pueblos (Jr 18,2-6). Sé también que la continuidad en el existir y en el hacerlo conforme al ser recibido, precisa (acabo de aludir a él) de un acto continuado y permanente de creación: el denominado “conservación”.

Pues bien, si el indicado cliché literario se conservara en nuestras culturas, todos nosotros podríamos representar y recordar el origen divino de nuestro existir diferenciado del de los demás vivientes (o sea: como “yo” relacionable personalmente con Dios) con un cuadro que recogiera el momento en que Él soplaba aliento de vida sobre nuestra figura respectiva, tras moldearla en barro. Digo “todos nosotros”, es decir, tanto los hombres reales, como también, si llegara el caso, los ahora sólo calificables de fantasías.

Sería una obra casi imposible de conseguir pictóricamente. Pero podría sustituirse con una copia del espléndido fresco de la creación de Adán, “el hombre”, en el techo de la Capilla Sixtina. Lo que se perdería en mimetismo detallista, seguro que se ganaría en belleza y en arte. Y puede que también en expresión de nuestra capacidad de relación personal con Dios.

Esta relación es el halo que parece emanar de la propia composición pictórica del fresco de Miguel Ángel. A mí no deja de sugerírmelo también el gesto de “las manos recíprocamente tendidas” entre el Creador y el hombre; la de éste desde abajo y la de Dios desde un “alto abajado”. Aunque según los expertos no es éste el simbolismo original y propio de la proximidad de las manos y, en particular, la de sus dedos índices, hasta casi tocarse.

Puede que contemplar a diario esa representación nos ayudara a recordar nuestro ser y subsistir por obra de Dios, y nuestro continuo depender de Él. Y a vivir todos en la acción de gracias, por sabernos obra permanente de su amor, destinada al diálogo y relación con Él en la amistad y confianza libre de todo temor. Por más que nosotros pervirtamos tal destino hasta el miedo, la desazón, la angustia…, a consecuencia de nuestro proceder independiente y engañosamente autosuficiente.

Puede también que dejáramos de considerarnos superiores a los demás en nada sustantivo, como si todos no estuviéramos y estemos siendo formados del mismo barro; y como si todos no fuéramos objeto de equivalente preferencia del Creador. ¡Cuántos fanatismos caerían por tierra, de vivir en la verdad de nuestra igualdad! ¡Cuántas intolerancias fundamentalistas hasta el desprecio, la persecución y la muerte de quienes no piensan igual! ¡Cuántos afanes por “inculturar” a la fuerza a los demás en las concepciones propias, como si uno fuera el “arriero” de la humanidad; y el resto, la reata de “mulos” que él debe acarrear!

Y puede que no toleráramos, en lo posible, ser sojuzgados por nadie. Ni que nos aviniéramos a rendir pleitesía a nadie que, al final de cuentas, no pasa de hombre igual a nosotros y que nosotros. Fuera lo que fuera y fuera quien fuese… ¡Incluso mismísimo Apóstol! (Hch 14,15).

Nuestra única esclavitud, si así se le puede llamar a la coherencia con nuestra condición de imágenes vivas de Dios, es la de hacer el bien a los demás. El que ellos nos quieran aceptar. Sólo éste, supuesto que estén conscientes y ya hayan llegado al uso de la razón. A ejemplo de Jesús, que no vino a imponer nada, ni a vengar ninguna oposición; sino a liberar evangelizando, pregonando, dando testimonio de “su” verdad, de suerte pudiera “escucharla quien fuera de ella y tuviera oídos para oír”.

Con el posesivo “su” no quiero afirmar pluralidad objetiva e intrínseca en la verdad; ni relativismo alguno. Sino significar o connotar, por un lado, la compatibilidad de su mensaje con la posibilidad subjetiva de rechazarlo, como de hecho hicieron muchos de sus oyentes. Y, por otro, el respeto del propio Jesús a la libertad de los mismos para hacerlo (Mt 8,33-9,1; Lc 9,54-56; Jn 6,68; etc.). ¡Sería fenomenal que siguiéramos de veras su ejemplo, cuantos afirmamos creer en Él…! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

gama..Y VOSOTROS, ¿QUIÉNES DECÍS QUE SOIS?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 12/03/13.- «Iglesia» [del griego κκλησία; del latín ecclesia] significa “convocación”. Dios convoca a su Pueblo desde todos los confines de la tierra.

Místicos, ascetas y ermitaños, sacerdotes con sotana, religiosas de vida activa, curas obreros de barriadas que luchan por la solidaridad y la justicia. Misioneros de los cinco continentes, monjas y monjes que en su clausura escuchan el clamor del mundo y sin cesar oran por ello. Pobres y ricos que en todos los países hallan el mismo consuelo al escuchar las Bienaventuranzas; trabajadores del Reino ya sea en su casa y su barrio o en lugares que jamás pensaron visitar un día. Voluntarios en Haití, el Congo y la India, médicos que en África ofrecen unos brazos donde se acurrucan para morir tantos niños y niñas desnutridos, hijos del hambre y la miseria.

Están los que en el primer mundo conciencian para erradicar la pobreza. Los que hacen brotar sonrisas en basureros, guetos y favelas; los defensores de derechos humanos que anhelan abrir caminos para la paz ya sea en campos de refugiados o en mitad del desierto, en las grandes ciudades, los más altos cerros o en lo profundo de la selva. Quienes abogan en favor de la causa indígena, los que condenan la esclavitud y la explotación tercermundista; creyentes también los presos hacinados en cárceles de condiciones insalubres (ésos que esperan la libertad, ésos que no han de alcanzarla, ésos que aguardan su final en el corredor de la muerte). Hay gente que participa en cursillos prematrimoniales y gente que atiende a mujeres víctimas de violación y maltrato. Los que se dedican a la enseñanza y dan clase en universidades, escuelitas, centros privados.

Quienes trabajan con emigrantes y esperan a pie de playa la llegada de pateras (unas alcanzan su destino, otras jamás llegan a la costa y dejan tras de sí un rastro de sueños ahogados, una familia que aguarda noticias, papeles mojados). Los que trabajan con menores (niños soldado en Sierra Leona, niños de la calle que esnifan cola, obligados a trabajar y explotados, víctimas de vejaciones, alcohol, drogas); los que asisten a refugiados políticos, presos de guerra, enfermos de sida, moribundos, mujeres prostituidas. Están los que se involucran en ONG’s y hacen proyectos para construir escuelas, pozos y hospitales; recogen ropa, alimentos y medicinas, juguetes y libros, gestionan becas de estudio y operaciones médicas. Están los que adoptan, los que apadrinan, los que no tienen dinero pero dan amor a manos llenas, los que acogen el dolor de viudas y madres que pierden a maridos e hijos en absurdas guerras.

Hay creyentes de procesión e incienso, los que leen vidas de santos y los que el mes de mayo llevan flores a María. Unos escriben encíclicas, otros no saben qué es eso; están los supersticiosos que piden a San Antonio un novio o encontrar algún objeto; y los que en las bodas siempre leen 1Corintios13. Estudiosos de la ley, teólogos de la liberación y teólogas que reivindican la igualdad de la mujer dentro y fuera de la Iglesia. Laicos y laicas, comprometidos y alejados cuyas obras –sin pretenderlo– son rito y testimonio de un Dios que ama y acoge, perdona y sana. Gente de misa diaria, gente de fin de semana, de “comunión-boda-y-bautizo”. Los de “en la orilla he dejado mi barca”, del “J.C.” de Mecano, de música sacra, misa góspel, canto gregoriano.

Gente de ermita y de romería, nazarenos y costaleros, hermanos de cofradías. Los fervorosos, los del “quiero y no puedo” creer, los Manuel Bueno Mártir que pierden la fe y viven con el alma en eterna noche oscura. De rosario y letanías, Liturgia de las horas y oración establecida; los que toman “de acá y allá” y rezan según el espíritu inspira. Los habituales de Ejercicios y quienes no han hecho en su vida. Los que dan consuelo en hospitales y tanatorios. Quienes velan por los ancianos y les dan amor en sus últimos días; los de comedores sociales, quienes enfrentan la violencia y asesinatos de lugares como Ciudad Juárez. Los que ofrecen su trabajo para que la sociedad progrese. Familias numerosas, pequeñas familias; solteros y casados; creyentes “free-lance” y miembros de comunidades: los se reúnen abiertamente, quienes lo hacen a escondidas porque son perseguidos a causa de su fe (en países que no la aceptan) o por su orientación sexual, su identidad y su opción de vida incluso dentro de la Iglesia: divorciados, travestis, homosexuales que no dejan que ciertas críticas les separen de un Dios que –saben– les ama infinitamente.

Madres y padres que dan catequesis y enseñan a rezar a sus hijos. Gente que cree pese a la oposición de su familia. Abuelas que llevan en su parroquia toda la vida. Amanuenses, copistas, dibujantes de miniaturas, escritores y artistas portavoces de la causa de Jesús. Gente de Cáritas y personas que han perdido cuanto tenían. “Sin techo” que en el bolsillo llevan una estampita, y espontáneos que van a su encuentro y lo hacen “no por Dios sino porque me sale de dentro”. Los que participan en macro-reuniones con el Papa y quienes no pueden ni verlo… pero encuentran en Jesús un modelo de vida coherente. Acompañantes espirituales. Curas que hacen soñar y curas que dan sueño.

Santos en altares, gente de pueblo que no piensa en santidad pero le da un vuelco el corazón si ven a alguien que sufre. Los que twittean mensajes de Dios-2.0. y quienes dan buenas noticias sin notar que también eso es Evangelio. Los que están tristes y aguardan, los que están enfermos y confían, los que tienen más amor que esperanza y más esperanza que fe, los del “algo debe haber” y los que creen a pies juntillas. Quienes se visten “de domingo” y van a imponentes iglesias, y los que celebran a campo abierto bajo un techo de caña o un cielo estrellado. Están los que al rezar el Credo callan algunas partes porque no lo ven claro, y los que viven convencidos de que ese trozo de pan es Jesús-Eucaristía. Hay censores y hay censurados que al plantear su lectura de la Biblia dejan a un lado lo divino… y se centran en lo humano.

Están los que viven relajadamente su fe y los que se agobian con los “mandatos” de un Dios-Juez; quienes se sienten “hijos”, “peregrinos”, “legionarios”. Los que se mortifican, los que (se) abandonan, los anawim, bufones de Dios, gusanitos de Jacob. Viejitas que se reúnen para rezar juntas el breviario y jóvenes que les da sueño sólo de pensarlo. Hay monjas con velo y religiosas en vaqueros; niños que son niños y niños-marineros. Hay cristianos del pesebre y cristianos del madero, los “más papistas que el Papa” y los devotos de la Guadalupana. Hay creyentes pasotas, “sui generis”, de ayuno y voto de silencio, y otros que están tan hartos ya de algunos planteamientos que no dejan de alzar la voz para renovar la Iglesia desde dentro.

TODOS son Iglesia: los de infinitas dudas, los que lo tienen claro, los que han encontrado su sitio, los que siguen buscando, quienes aprenden de la vida y quienes van a seminarios, los que creen a su manera y los sin fe… que siguen esperando. Gente muy normalita con sus circunstancias, su idioma, su cultura, su vida… Iglesia que todo comprende (o debería), en la que todos tienen cabida. Piensen lo que piensen algunos, digan lo que digan, TODOS somos Iglesia: la de errores garrafales, la que nos duele y anima con un mismo Espíritu. Pueblo de Dios y pan de cada día, esta Iglesia nuestra: reunión de hermanos y familia tan extensa que… ¡ah sí!… también al Vaticano da cabida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

maternida de DiosPALABRA DE DIOS EN NOSOTRAS
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 08/03/13.- “Espíritu de Dios en nosotras, derriba los muros antiguos, construye una nueva creación, levanta la ciudad de Dios”, (Ain Karem, ‘Ruah’, CD Alégrate, 2004).

“Escucha hijo mío: atiende a mis palabras y hazlas tuyas […] No las pierdas de vista y consérvalas en tu corazón, porque de él brota la vida” (Prov.4). Quiero hablarte desde este corazón donde siempre he guardado todas las cosas (Lc.2,19), pues sé por experiencia que en lo secreto, en la intimidad de esa habitación propia, es donde mejor se escucha la Palabra que seduce y enamora (“la voy a seducir, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón”, Os. 2,14).

Óyeme hijo; “oídme, descendientes de Jacob […] Yo he cargado con vosotros desde antes que nacierais. Os he llevado en brazos y seguiré siendo la misma cuando seáis viejos” (Is.46). Pero vosotros, hombres célibes y casados, hijos todos nacidos de mujer: habéis roto el pacto de la carne y la sangre, habéis olvidado la alianza de amor que os ofrecimos por pura gracia. Durante siglos nos habéis repudiado y expulsado de la vida espiritual; habéis demonizado la sabiduría y la riqueza de nuestro sexo, queriendo reducirnos al rol de vírgenes incorpóreas o de prostitutas y brujas mistéricas (místicas e histéricas), perseguidas y condenadas a la hoguera. Y eso a pesar de que “cuando Israel era niño yo lo amé […]. Fui yo quien le enseñó a caminar, quien lo tomaba de la mano. Pero él no quiso reconocer que era yo quien lo cuidaba” (Os.11,1-4).

Si hoy eres un hombre capaz de ternura, si sabes acoger a otros como un padre al hijo pródigo o un samaritano al herido, es porque antes yo te di ese mismo cariño: el de la madre al hijo de sus entrañas (Sal.139,13), el de las parteras que te aguardaban (Sifrá y Puá: Ex.1,15-22) y las mujeres que –antes de conocerte– te daban la bienvenida al mundo con infinito entusiasmo (“cuando Isabel oyó el saludo de María […] exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito tu hijo», Lc.1,41-42). Piensa que si sabemos amar es porque alguien nos amó primero (1Jn.4,19). Y no te hablo ya de un amor espiritual, sino de ese otro que se teje con caricias y gestos concretos.

Si te haces cargo de la fragilidad humana y sabes que nada puedes tú solo; si valoras la comunidad como espacio de acompañamiento y cuidado mutuo, es porque alguien te amó y cuidó de ti cuando eras un niño indefenso: una madre que supo arroparte entre sus brazos para darte cobijo; una mujer que te ofreció la seguridad de su amor verdadero (“como el niño que no sabe dormirse sin cogerse a la mano de su madre, así mi corazón viene a ponerse sobre tus manos al caer la tarde” Liturgia de las horas). Si hoy saboreas las mieles del amor es porque yo te amamanté con la leche dulce de mis pechos (por eso puedes soñar con “la tierra que mana leche y miel”, Ex.33,3). Si disfrutas el sabor del pan ácimo y el vino, la carne y las tortas de pasas, las manzanas y toda clase de frutas, es porque te alimenté desde que estabas en mi vientre. Y después he cocinado cada día para verte crecer fuerte y sano, hasta ser el hombre que hoy eres (ése que adora mis pucheros y es capaz de renunciar a todo por un plato de lentejas).

Has aprendido a hablar, pero has olvidado que fui yo quien te dio un nombre, quien escuchó tus primeros balbuceos, quien te susurraba palabras de ternura y te contaba cuentos, y cantaba en la noche hasta verte dormido. Has llegado a comprender que todos llevamos dentro una ruah, un soplo divino que nos renueva y purifica. Pero has olvidado que fui yo quien compartió contigo esa primera bocanada de aire fresco, pulmón a pulmón, latido a latido. Y seguí dándote mi aliento hasta comprobar que lo habías hecho tuyo y podrías seguir viviendo sin mí. Entonces yo misma corté el cordón que nos unía para darte libertad. Convencida –eso sí– de que algo mío permanecerá siempre en ti, y tú en mi corazón para toda la vida (“No temas, que yo te he liberado; yo te llamé por tu nombre […] te aprecio, eres de gran valor y te amo. No tengas miedo, pues yo estoy contigo”, Is.43).

Aprendiste a caminar y a danzar con la gracia de David ante el Arca. ¿Quieres hacerme creer que lo lograste solo, que el único modelo que te ofrecimos fue el de “la perversa Salomé”? Recuerda que desde antiguo las mujeres nos hemos encargado de preservar las tradiciones, los bailes, la cultura. Que tras pasar el Mar Rojo “María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tamboril y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando. Y María entonaba: Cantad al Señor, espléndida es su gloria” (Ex.15,20). Así se hace desde tiempos remotos en las celebraciones rituales, que las mujeres presidían por ser las chamanas, sabias, curanderas y mediadoras de lo sagrado en la tribu. Lógico considerando que en nuestra carne se gesta el milagro de una nueva vida. Lógico, pues las celebraciones suelen corresponder a los ciclos de la agricultura y el calendario lunar (su influjo en las mareas y la menstruación femenina). Lógico, pues “lo divino” se relacionaba con la fertilidad de la mujer y la tierra. Ya has oído hablar de las diosas blancas y las civilizaciones matriarcales. Haz memoria, hijo, desempolva ese saber que has escondido porque te desestabiliza y te da miedo.

El mismo miedo que durante siglos te ha hecho recurrir a la violencia. La sangre que tú has derramado procede del sacrificio de enemigos y animales, de matanzas y cruentas batallas provocadas por tu sed de poder y conquista. Acaso pensabas que así te encontrarías a ti mismo. La sangre que yo vierto –y que a tus ojos me hace impura– procede sólo de mí misma: a nadie duele, a nadie extermina. Al contrario, es la sangre que irriga tus venas y que vierto en cada regla como un torrente de agua viva y promesa de fertilidad. “¡Fuente de los jardines – dice el Cantar de los Cantares – pozo de aguas vivas que fluyen del Líbano!” (4,14). Te asusta lo que no entiendes, ¡incluso nuestra risa de mujeres libres! (Gn.18,12) sin darte cuenta que el humor es también amor, y que de ella nacen hombres fuertes y libres como Isaac, como tú mismo.

Pobre hijo mío… tan frágil que has endurecido el corazón para que no te duela. Pero no debes temer: la acción de Dios–en–nosotras es una hermosa Historia de Amor. Somos mujeres fuertes que hemos permanecido fieles en la adversidad: velando por la unidad del pueblo y su justicia (Judit y Ester); sirviendo a Dios con dedicación callada (Ana: Lc.2,36-38); atendiendo a otros con la generosidad y hospitalidad de un corazón entregado (Lidia: Hch.16; Marta: Lc.10, la viuda pobre: Lc.21, la mujer del perfume: Lc.7). Matriarcas como Tamar (Gn.38 y Mt.1,5), Rahab (Jos.2,1), Rut y Betsabé (Mt. 1,5-6); mujeres con iniciativa (la samaritana: Jn.4; la hemorroísa: Mc.5; las Marías que van al sepulcro: Mt.28), que se han puesto en pie (Mc.1,29 y Lc.13,10). Mujeres que han entregado su vida con un “hágase” decidido (María: Lc.1,38) y cuidan unas de otras, tendiendo lazos de sororidad cómplice y afectiva (la de Rut y Noemí, de Isabel y María, la de tantas mujeres anónimas que nunca sabremos quiénes eran ni qué hacían).

Toda la Historia –sagrada y cotidiana– pasa por cada una de ellas, por todas nosotras. Mujeres de manos curtidas capaces de ofrecer la caricia más suave; mujeres fuertes que han sacado adelante pueblos y familias; mujeres que han parido hijos y enterrado a sus maridos. En la sombra y silenciadas, han seguido su tarea por fidelidad al propio llamado: sin alzar la voz ni imponerse por la fuerza, sino a través de la escucha, el trabajo y la entrega. No han tenido reconocimientos ni han hecho alarde de poder con ostentosos ritos, pues el suyo es un lenguaje de amor callado y efectivo, de palabras luminosas y gestos serenos, de tesón y esfuerzo cuya recompensa ha sido ver la abundante Vida que han sembrado en el camino. Instrumentos de paz, profetas en lo cotidiano, mujeres sensibles al Espíritu que mora en ellas, encarnado.

Ojalá recibas luz para entender la acción de Dios–en–nosotras, hijo, y consigas vernos al fin de otra manera. Porque aunque te hiera el orgullo, debo recordarte que no soy yo quien viene de tu costilla sino que eres tú el que salió de mi útero. Y pues tanto te miras el ombligo, piensa por añadidura que al separarte de mí fue cuando perdiste la cordura. En nombre de todas las mujeres, tu Madre que te quiere. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Jesús..BENEDICTO XVI. DIOS, EL HAMBRE Y NOSOTROS
JON SOBRINO, S.J., director del Centro Monseñor Romero de la UCA, jsobrino@cmr.uca.edu.sv
SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 07/03/13.- La renuncia de Benedicto XVI es un hecho importante. Puede mover la vida de la Iglesia en una u otra dirección. Y por lo que tiene de “ruptura sin precedentes” -lo decimos sin saber si ocurrirá, pero con esperanza de que ocurra- puede generar un ambiente propicio para la ruptura de otras tradiciones eclesiales que parecen intocables. Unas, más categoriales, tienen que ver con el mínimo acceso de los laicos, sobre todo de la mujer, a la vida, misión y responsabilidad en la Iglesia. Otras, más de fondo, tienen que ver con la concepción misma de la Iglesia -también la dogmática- como Iglesia de los pobres.

1. La renuncia de Benedicto XVI. Honradez, esperanza, libertad y soledad ante Dios

El papa ha tomado una decisión importante, y lo ha hecho con sencillez en la forma y hondura en el fondo. Ha venido a decir: “no puedo más”, lo que parece evidente dadas sus mermadas fuerzas. Más a fondo ha dicho: “No está ya en mis manos limpiar la suciedad en la Iglesia”. Los vaticanistas discutirán en qué consiste. Graves escándalos en la gestión económica que hace años llevó al suicidio de Calvi. La sombra alargada de Maciel, que además trae a la mente el desconocimiento e inacción de Juan Pablo II. Las luchas de poder entre importantes cardenales de la curia. Los historiadores lo estudiarán, pero es indudable que Benedicto XVI ha vivido bajo fuertes presiones.

Aunque en lo profundo de los seres humanos solo podemos entrar con infinito cuidado y de puntillas, pensamos que Ratzinger ha tomado su decisión por honradez con su conciencia, y que lo ha hecho con esperanza, aunque sea contra esperanza: un sucesor, con más energía y nuevas luces, con más gracia o mejor fortuna, podrá facilitar el cambio necesario. La ha tomado con libertad, expresada en el duro lenguaje sobre los hechos: miseria, suciedad, y sobre las exigencias: conversión en el interior de la lglesia. Las palabras están dirigidas a todos, in membris et in capite, se decía antes. Y no suenan como rutinarias, sino salidas del corazón: la Iglesia, y símbolos suyos importantes, se han alejado de Jesús. A él tienen que volver.

Benedicto ha tomado la decisión en un momento importante de su vida, al final, cuando los seres humanos, normales y nobles, no suelen engañarse ni engañar. Y pienso que la ha tomado “solo ante Dios”. Habrá podido consultar a algunas personas, indudablemente, pero no a “un papa”, a alguien que es mayor que él en el organigrama de la Iglesia.

Qué significa “solo ante Dios” no es fácil de comprender. A mí me ha ayudado desde que llegó a mis manos -y que con el Padre Ellacuría lo publicamos en la Revista Latinoamericana de Teología- el final del diario espiritual de Monseñor Romero. Pocas semanas antes de ser asesinado hizo un retiro espiritual, y en privacidad total le comunicó a su Padre espiritual las tres cosas que más le preocupaban: sus escrúpulos (que en él no eran sino finura de espíritu) de haber descuidado su vida espiritual, la posibilidad de una muerte violenta y la dificultad extrema de trabajar con sus hermanos obispos. Monseñor Romero se puso ante Dios, y estuvo a solas con Dios. El diálogo con su confesor no le proporcionó un apoyo añadido a su propia experiencia, aunque si le ayudó a profundizar en ella, solo ante Dios. Es bueno tenerlo siempre presente como posible experiencia.

Pocos años antes el Padre Pedro Arrupe, superior general de los jesuitas, se planteó dejar el cargo, que entonces era de por vida. En su caso, sí había un papa a quien solicitar ese favor, pero Juan Pablo II no accedió a la petición. No le parecía oportuno, pues temía que la Compañía cayera en problemas y peligros todavía mayores. Y quizás pensase también que la dimisión del General de los jesuitas abriría la puerta a la expectativa de que también el papa pudiera dimitir. Arrupe no pudo dimitir. Y se mantuvo solo ante Dios.

2. Dios y el hambre

Cuando en 1966 comencé a estudiar teología en Sankt Georgen, Frankfurt, decíamos que el mejor profesor de la facultad era Ratzinger. No enseñaba allí, sino en Tübingen, pero leíamos con avidez sus textos de clase, que eran excelentes. Me alegré de haber encontrado al teólogo Ratzinger, y años más tarde ocurrió el cambio que menciona González Faus en un artículo suyo.

Ratzinger, ni como téologo ni como papa, ha dejado de rezumar la profundidad del Theos, de Dios, pero pareciera que algo no ha llegado a lo profundo de su teología: los pobres y oprimidos, inmensa mayoría de este mundo.

Benedico XVI siente como responsabilidad suya específica, quizás la mayor, hacer presente a Dios en el mundo, especialmente en el mundo en el que está más ausente: el mundo de abundancia. Busca hacer presente a Dios para “gloria” de Dios y simultáneamente para “humanización” del mundo. Sin Dios no es posible un mundo humano, insiste. Y de ahí que desde el principio de su pontificado haya insistido en la importancia de lo absoluto y en lo nocivo de la relativización.

Benedicto es, pues, muy sensible a la deshumanización que es producto del desaparecimiento de “Dios”. Pero no se ha mostrado tan sensible a lo absolutamente inhumano y deshumanizante que es el hambre: las mayorías de pobres, oprimidos, esclavos, marginados, excluidos, asesinados, masacrados, las inmensas mayorías de la humanidad.

En mi opinión un gran aporte de la teología de la liberación, la de Gustavo Gutiérrez, Ignacio Ellacuría, Pedro Casaldáliga, quizás el aporte mayor, es precisamente haber radicalizado lo absoluto, pero de una manera específica: lo absoluto de Dios y lo co-absoluto del hambre. Sin mantener lo primero (o su equivalente en el Dios no explicitado de los creyentes anónimos, en lenguaje de Rahner), y ciertamente sin mantener lo segundo (según Mateo 25) nos deshumanizamos. Pedro Casaldáliga lo dice en palabras lapidarias: “Todo es relativo menos Dios y el hambre”.

3. Nosotros. Humanización y desmitificación del Papa

Ojalá podamos humanizar y desmitificar al papa. La tarea no es nada fácil.

Con dificultad aceptamos que el Cristo fue Jesús de Nazaret, un ser humano, un hombre. Prácticamente no conocemos lo que dice la Carta a los Hebreos, que el Cristo es Jesús de Nazaret -con ese nombre lo menciona ocho veces en la Carta; que fue hecho menor que los ángeles; que tuvo que aprender obediencia, gemir y llorar ante Dios. Y que es mediador no por poseer añadidos sobrehumanos, sobrenaturales, sino por haber ejercitado en su vida la fidelidad ante Dios y la misericordia para con los hombres. Y aun cuando lo conocemos así, difícilmente lo hacemos central en nuestras vidas, y en nuestra Iglesia.

Con facilidad deshumanizamos y mitificamos a Jesús. Y también al Papa. Le llamamos vicario de Cristo, es decir, el que hace las veces de Cristo sobre la tierra. Dicho más provocativamente, el que hace las veces de Jesús sobre la tierra. Durante la edad media, vicarios de Cristo eran los pobres. Y si mal no recuerdo, un fraile, el primero que llamó al Papa “vicario de Cristo”, sufrió una sanción canónica.

Lo que está en juego no es minusvalorar que haya vicarios de Cristo sobre la tierra. Todo lo contrario. A hacerlo realmente presente estamos llamados todos los seres humanos, hombres y mujeres. Y todos lo somos en la medida en que somos su sacramento. Expresamos su realidad en la medida en que nos parecemos a él, vivimos, hablamos y trabajamos como él. Y los mártires, además, mueren como él. Son los vicarios de Jesús de Nazaret en la tierra. Esto no nos hace inhumanamente divinos, sino divinamente humanos.

Cuesta ver así al Papa. Pero bueno será comprometernos, dentro de nuestras posibilidades, a que salga elegido alguien que, además de amplias dotes de gobierno pastoral, se parezca a Jesús y nos anime a parecernos a Jesús. Y que, con la modestia del caso, le ayudemos a parecerse a Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

los cinco minutos de pedro casaldáligaOBISPO, PROFETA Y HOMBRE LLENO DE HUMANIDAD
“Los cinco minutos de Pedro Casaldáliga” de Publicaciones Claretianas
MIGUEL ÁNGEL MESA, arumami@hotmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 10/01/13.- En el año 2009 pude conocer por fin a Pedro Casaldáliga. Cumplíamos ese año mi mujer y yo los 25 años de casados y decidimos viajar a Brasil. Mi mejor regalo fue ir a conocer personalmente a Pedro. Hacía unos 20 años que nos escribíamos y me había invitado a visitarle en varias ocasiones.

Durante nuestra estancia en Sao Félix, más que al hombre perseguido por defender a los posseiros e indígenas, enfrentado al latifundio, amenazado de muerte en múltiples ocasiones, a quien intentó el gobierno de la dictadura militar expulsar varias veces de Brasil; más que a un obispo diferente, que alienta una Iglesia del pueblo y para el pueblo, participativa, pobre y sencilla, cuya causa es la Causa de Jesús, su Reino, con las Bienaventuranzas como norma de vida; o al gran poeta de la liberación que admiro… a quien conocimos, y quien nos acogió tan amablemente, con quien charlamos, compartimos y reímos, fue a un ser humano espléndido, rebosante de una plena humanidad, entrañable, cercano, atento. Como diría Antonio Machado, un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Ese encuentro ha quedado grabado, en el disco duro de mi memoria, como una de las mejores y más bellas experiencias de mi vida.

Este trabajo que presento es mi homenaje y agradecimiento particular a mi buen amigo Pedro. El libro está realizado con fragmentos de sus poesías, con sus proverbios y refranes, con trozos de sus numerosos escritos pastorales, de espiritualidad, de compromiso ético con la realidad. Uno para cada día del año.

Aconsejo una primera lectura rápida, para hacernos una idea de en dónde nos adentramos; un primer vistazo del conjunto, para deleitarnos con su forma de escribir y transmitir sus vivencias. Después es preciso ir saboreando pausadamente el texto propuesto para cada día. Para ir tomando su agua limpia y fresca, a pequeños sorbos. Para entrar día a día en su intimidad, en la profundidad de su pensamiento, en su ética personal y de compromiso cristiano y humano.

No conviene atragantarse, sino deslizarse lentamente por el alma de un hombre tan lleno de Dios y del ser humano que lo transpira por todos sus poros. En este caso por la epidermis de sus escritos más íntimos.

Solo me queda agradecer a Pedro Casaldáliga que me haya permitido utilizar sus textos, para que puedan seguir llegando al gran público, para que los degusten poco a poco, como una delicatessen, quienes ya los han saboreado; para abrir el apetito por conocerlos y alimentarse de ellos quienes aún no han podido gozarlos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Relato desconcertante

Publicado: 2 enero, 2013 en BIBLIA
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los magosEpifanía del Señor (C) Mateo 2, 1-12
RELATO DESCONCERTANTE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 02/01/13.- Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de “los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo”. Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede “crucificar” a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al “niño con María, su madre”. Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

RELATO DESCONCERTANTE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ante Jesus se pode-se adotar atitudes muito diferentes. O relato dos magos fala-nos da reação de três grupos de pessoas. Uns pagãos que o procuram, guiados pela pequena luz de uma estrela. Os representantes da religião do Templo, que permanecem indiferentes. O poderoso rei Herodes que só vê Nele um perigo.

Os magos não pertencem ao povo eleito. Não conhecem o Deus vivo de Israel. Nada sabemos da sua religião nem do seu povo de origem Só que vivem atentos ao mistério que se encerra no cosmos. O seu coração procura verdade.

Em algum momento acreditam ver uma pequena luz que aponta para um Salvador. Necessitam saber quem é e onde está. Rapidamente se põem a caminho. Não conhecem o itinerário exato que têm de seguir, mas no seu interior arde a esperança de encontrar uma Luz para o mundo.

A sua chegada â cidade santa de Jerusalém provoca o sobressalto geral. Convocado por Herodes, reúne-se o grande Conselho “dos sumos-sacerdotes e dos escribas do povo”. A sua atuação é dececionante. São os guardiães da verdadeira religião, mas não procuram a verdade. Representam o Deus do Templo, mas vivem surdos à sua chamada.

A sua segurança religiosa cega-os. Sabem onde há-se nascer o Messias, mas nenhum deles se aproximará de Belém. Dedicam-se a dar culto a Deus, mas não suspeitam que o Seu mistério é maior que todas as religiões, e tem os Seus caminhos para encontrar-se com todos os Seus filhos e filhas. Nunca reconhecerão Jesus.

O rei Herodes, poderoso e brutal, só vê em Jesus uma ameaça para o seu poder e a sua crueldade. Fará todo o possível para eliminá-lo. A partir do poder opressor só se pode “crucificar” a quem trás a libertação.

Entretanto, os magos prosseguem a sua busca. Não caem de joelhos ante Herodes: não encontram nele, nada digno de adoração. Não entram no Templo grandioso de Jerusalém: têm proibido o acesso: A pequena luz da estrela atrai-os para a pequena terra de Belém, longe de todo o centro de poder.

Ao chegar, o único que veem é o “menino com Maria, sua mãe”. Nada mais. Um menino sem esplendor nem poder algum. Uma vida frágil que necessita do cuidado de uma mãe. É suficiente para despertar nos magos a adoração.

O relato é desconcertante. A este Deus, escondido na fragilidade humana, não o encontram os que vivem instalados no poder ou encerrados na segurança religiosa. Revela-se a quem, guiados por pequenas luzes, procuram incansavelmente uma esperança para o ser humano na ternura e na pobreza da vida.

 

RACCONTO SCONCERTANTE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Di fronte a Gesù si possono adottare atteggiamenti molto diversi. Il racconto dei magi ci parla della reazione di tre gruppi di persone. Alcuni pagani che lo cercano, guidati dalla piccola luce di una stella. I rappresentanti della religione del Tempio, che rimangono indifferenti. Il potente re Erode che vede in lui solo un pericolo.

I magi non appartengono al popolo eletto. Non conoscono il Dio vivo di Israele. Non sappiamo nulla della loro religione né del loro popolo di origine. Soltanto che vivono attenti al mistero racchiuso nel cosmo. Il loro cuore cerca la verità.

A volte credono di vedere una piccola stella che indica un Salvatore. Hanno bisogno di sapere chi è e dove sta. Rapidamente si mettono in cammino. Non conoscono l’itinerario preciso che devono seguire, ma dentro di loro arde la speranza di trovare una Luce per il mondo.

Il loro arrivo alla città santa di Gerusalemme provoca un’eccitazione generale. Convocato da Erode si riunisce il gran Consiglio dei sommi sacerdoti e scribi del popolo. Il loro agire è deludente. Sono i guardiani della vera religione, ma non cercano la verità. Rappresentano il Dio del Tempio, ma vivono sordi alla sua chiamata.

La loro sicurezza religiosa li acceca. Sanno dove deve nascere il Messia, ma nessuno di loro si avvicinerà a Betlemme. Si dedicano a rendere culto a Dio, ma non sospettano che il suo mistero è più grande di tutte le religioni, e ha le sue vie per incontrarsi con tutti i suoi figli e le sue figlie. Non riconosceranno mai Gesù.

Il re Erode, potente e brutale, vede in Gesù solo una minaccia per il suo potere e la sua crudeltà. Farà tutto il possibile per eliminarlo. Dal potere oppressore si può “crocifiggere” chi porta liberazione.

Nel frattempo, i magi proseguono la loro ricerca. Non cadono in ginocchio davanti a Erode, non trovano in lui nulla degno di adorazione. Non entrano nel Tempio grandioso di Gerusalemme; hanno l’accesso proibito. La piccola luce della stella li attrae fino al piccolo paese di Betlemme, lontano da ogni centro di potere.

Arrivando, vedono solo il bambino con Maria sua madre. Nient’altro. Un bambino senza splendore né potere alcuno. Una vita fragile che ha bisogno della cura di una madre. È sufficiente per suscitare nei magi l’adorazione.

Il racconto è sconcertante. Questo Dio, nascosto nella fragilità umana, non lo trovano quelli che vivono istallati nel potere e chiusi nella sicurezza religiosa. Si rivela a quelli che, guidati da piccole luci, cercano instancabilmente una speranza per l’essere umano nella tenerezza e povertà della vita.

 

RECIT DECONCERTANT

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Devant Jésus on peut adopter des attitudes très diverses. Le récit des mages nous parle de la réaction de trois groupes de personnes. Tout d’abord, des païens qui le cherchent, guidés par la petite lumière d’une étoile. Ensuite, les représentants de la religion du Temple, qui restent indifférents. Finalement, le puissant roi Hérode qui ne voit en cet enfant qu’un danger.

Les mages ne font pas partie du peuple élu et ne connaissent pas le Dieu vivant d’Israël. Nous ignorons tout sur leur religion et sur leur origine. Nous savons seulement qu’ils sont attentifs au mystère caché dans les cosmos. Leur cœur cherche la vérité.

A un moment donné, ils croient percevoir une petite lumière qui indique un Sauveur. Ils ont besoin de savoir qui il est et où il se trouve. Tout de suite, ils se mettent en route. Ils ignorent l’itinéraire précis qu’ils auront à parcourir mais l’espoir de trouver une Lumière pour le monde, brûle leur cœur.

Leur arrivée à la ville sainte de Jérusalem provoque un sursaut général. Hérode convoque la réunion du Grand Conseil des « chefs des prêtres et des scribes du peuple ». Ils sont les gardiens de la véritable religion mais ne cherchent pas la vérité. Ils représentent le Dieu du Temple tout en restant sourds à son appel.

Ils sont aveuglés par leur assurance religieuse. Ils savent où doit naître le Messie mais aucun d’entre eux ne s’approchera de Bethléem. Ils se consacrent à rendre culte à Dieu mais ils ne soupçonnent pas que son mystère dépasse toutes les religions et possède ses chemins de rencontre avec tous ses fils et toutes ses filles. Ils ne reconnaîtront jamais Jésus.

Le roi Hérode, puissant et violent, ne voit en Jésus qu’une menace pour son pouvoir et pour sa cruauté. Il fera tout son possible pour l’éliminer. A partir d’un pouvoir oppresseur on ne peut que « crucifier » celui qui apporte la libération.

Entre temps, les mages poursuivent leur recherche. Ils ne tombent pas à genoux devant Hérode car ils ne trouvent chez lui rien d’adorable. Ils n’entrent pas dans le Temple grandiose de Jérusalem car on leur en a interdit l’accès. La petite lumière de l’étoile les attire vers le petit village de Bethléem, loin de tout centre de pouvoir.

En arrivant, ils ne voient que « l’enfant avec Marie, sa mère ». Rien d’autre. Un enfant sans éclat et sans aucun pouvoir. Une vie fragile dépendant des soins d’une mère. Cela suffit pour éveiller chez les mages l’adoration.

Le récit est déconcertant. Ce ne sont pas les personnes installées au pouvoir ou enfermées dans leur sécurité religieuse qui trouvent ce Dieu caché dans la fragilité humaine. Mais il se révèle à ceux qui, guidés par de petites lumières, cherchent sans relâche une espérance pour l’être humain dans la tendresse et dans la pauvreté de leur vie.

 

A DISTURBING STORY

José Antonio Pagola. Translator: Valentín de Souza, S.J.

Very different attitudes can be adopted in the presence of Jesus. The story of the Magi tells us about the reaction of three groups of people: some pagans who seek him out, guided by the faint light of a star; the representatives of the religion of the Temple who remain indifferent; the powerful king Herod, who only sees a threat in him.

The Magi do not belong to the chosen people. They do not know the living God of Israel. We know nothing of their religion nor of the people they come from, except that they are aware of the mystery behind the cosmos. Their hearts seek the truth.

At some time they began to believe they saw a little light that signified a Savior. They need to know who and where he is. At once they set out on their way. They aren’t sure of the precise route to be followed, but in their hearts, there burns the hope of finding a Light for the world.

Their arrival in the holy city of Jerusalem touched off a general scare. Summoned by Herod, a Council of the “chief priests and scribes of the people” meets. Their behavior is disappointing. They are the guardians of the true religion, but they do not seek the truth. They represent God, but they are deaf to his call.

The security they feel in their religion, blinds them. They know where the Messiah will be born, but none of them will go to Bethlehem. They devote themselves to the worship of God, but they do not suspect that the mystery of his being is greater than all religions put together, and he has his ways to be in contact with all his children. They will never recognize Jesus.

The autocratic and brutal King Herod sees only a threat to his power and cruelty in Jesus. He will do all he can to eliminate him. All a powerful oppressor can do is to “crucify” anyone who brings liberation.

Meanwhile the Magi continue their search. They do not bend the knee to Herod. They do not find anything to worship in him. They do not visit the grandiose Temple of Jerusalem: they are forbidden to enter it. The tiny light of the star draws them to the little village of Bethlehem, far from any center of power.

On their arrival, the only thing they see is “the child with Mary, his mother.” Nothing else. A child bereft of power and splendor. A delicate life that needs the care of a mother. It’s enough to awaken in the Magi a desire to worship.

The story is disturbing. Those established in power or hardened by religious security will not find this God hidden in human frailty. He is revealed to those who guided by little lights, incessantly seek hope for the human being in the tenderness and poverty of life.

 

KONTAKIZUN TXUNDIGARRIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen aurrean jarrera oso desberdinak har daitezke. Hiru lagun-taldek izan duten erreakzioaz mintzo zaigu magoen kontakizuna. Batetik, pagano batzuk Jesusen bila dabiltza, izar baten argi txiki batek gidaturik. Bestetik, Tenpluko erlijioaren ordezkariak ageri dira, haurraren arazoa bost axola zaiela. Hirugarren, Herodes errege boteretsua, soilik arriskua ikusten du Jesusengan.

Magoak ez dira Israel herri aukeratuko kide. Ez dute ezagutzen Israelgo Jainko bizia. Ez dakigu ezer, ez haien erlijioaz, ez haien jatorri-herriaz. Hau dakigu soilik: kosmosean den misterioaz erne bizi direla. Egiaren bila dabil haien bihotza.

Halako batean, argi txiki bat ikusi dutela uste dute, Salbatzaile bat iradokitzen duen argia. Zein den eta non dagoen jakin-mina sentitu dute, eta, berehala, bideari ekin diote. Ez dakite, juxtu, zein ibilbide egin behar duten, baina beren barnean sutan dute esperantza, munduarentzat Argi bat aurkituko duten esperantza.

Haiek Jerusalem hiri santura iritsi izanak izu-ikara eragin du hiri osoan. Herodesek deiturik, «hiriko apaiz nagusien eta lege-maisuen» Kontseilua bildu da. Txundigarria da Kontseilukoen jokabidea. Egiazko erlijioaren zaindari dira, baina ez dabiltza egiaren bila. Tenpluko Jainkoa ordezten dute, baina sorgor bizi dira haren deiarekiko.

Itsu bihurtu ditu beren segurtasun erlijiosoak. Badakite Mesias non den jaiotzekoa, baina haietako inor ez da hurbilduko Betleemera. Jainkoari kultua eskaintzeari emanik bizi dira, baina ez dute barruntatu Jainkoaren misterioa erlijio guztiak baino handiagoa dela, eta bere bideak dituela bere seme-alaba guztiekin topo egiteko. Ez dute Jesus sekula onartuko.

Herodes erregeak, boteretsu eta astakirten hark, mehatxua bakarrik ikusten du Jesusengan, bere boterearen eta ankerkeriaren kontra. Ahal duen guztia egingo du Jesus garbitzeko. Botere zapaltzaileak «gurutziltzatu» bakarrik egin dezake askapena dakarren hura.

Bitartean, bila jarraitu dute magoek. Ez dira belauniko jarri Herodesen aurrean: ez dute ikusi harengan bera adoratua izateko arrazoi txikienik. Ez dira sartu Jerusalemeko Tenplu handiosean: debekatua dute hara sartzea. Izarraren argi txikiak Betleemeko herri koxkorrera erakarri ditu, botere-gune orotatik urrun.

Hara iristean, hau izan da ikusi duten gauza guzti: «haurra Mariarekin, bere amarekin». Beste ezer ez. Haur bat, distirarik gabe, botererik gabe. Bizitza hauskorra, ama baten arduraren premia duena. Aski izan da hori magoei adoraziora eragiteko.

Txundigarria da kontakizuna. Jainko hau, giza ahuldadean ezkutatua, ezin aurkitu dute boterean kokaturik edo segurtasun erlijiosoan hesiturik bizi direnek. Beste hauei agertzen zaie: argi txiki batzuek gidaturik, gizakiarentzat, bizitzako goxotasunean eta pobretasunean, etengabe esperantza baten bila dabiltzanek.

 

RELAT DESCONCERTANT

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Davant Jesús es poden adoptar actituds molt diferents. El relat dels mags ens parla de la reacció de tres grups de persones. Uns pagans que el busquen, guiats per la petita llum d’una estrella. Els representants de la religió del Temple, que romanen indiferents. El poderós rei Herodes que només veu en ell un perill.

Els mags no pertanyen al poble elegit. No coneixen el Déu viu d’Israel. Res sabem de la seva religió ni del seu poble d’origen. Només que viuen atents al misteri que conté el cosmos. El seu cor busca veritat.

En algun moment creuen veure una petita llum que apunta cap a un Salvador. Necessiten saber qui és i on és. Ràpidament es posen en camí. No coneixen l’itinerari precís que han de seguir, però en el seu interior tenen encesa l’esperança de trobar una llum per al món.

La seva arribada a la ciutat santa de Jerusalem provoca el sobresalt general. Convocat per Herodes, es reuneix el gran Consell dels “grans sacerdots i els mestres de la Llei”. La seva actuació és decebedora. Són els guardians de la veritable religió, però no busquen la veritat. Representen el Déu del Temple, però viuen sords a la seva crida.

La seva seguretat religiosa dels cega. Coneixen on ha de néixer el Messies, però cap d’ells s’acostarà a Betlem. Es dediquen a donar culte a Déu, però no sospiten que el seu misteri és més gran que totes les religions, i que té els seus camins per trobar-se amb tots els seus fills i filles. Mai reconeixeran Jesús.

El rei Herodes, poderós i brutal, només veu en Jesús una amenaça per al seu poder i la seva crueltat. Farà tot el possible per eliminar-lo. Des del poder opressor només es pot “crucificar” a qui porta alliberament.

Mentrestant, els mags continuen la seva recerca. No cauen de genolls davant Herodes: no hi troben res digne d’adoració. No entren al Temple grandiós de Jerusalem: hi tenen prohibit l’accés: La petita llum de l’estrella els atreu cap al petit poble de Betlem, lluny de tot centre de poder.

En arribar, l’únic que veuen és el “nen amb Maria, la seva mare”. Res més. Un nen sense esplendor ni cap poder. Una vida fràgil que necessita la cura d’una mare. És suficient per despertar en els mags l’adoració.

El relat és desconcertant. Aquest Déu, amagat en la fragilitat humana, no el troben els que viuen instal•lats en el poder o tancats en la seguretat religiosa. Se’ls revela als que, guiats per petites llums, cerquen incansablement una esperança per a l’ésser humà en la tendresa i la pobresa de la vida.

 

RELATO DESCONCERTANTE

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Diante de Xesús pódense adoptar actitudes moi diferentes. O relato dos magos fálanos da reacción de tres grupos de persoas.

Uns pagáns que o buscan, guiados pola pequena luz dunha estrela. Os representantes da relixión do Templo, que permanecen indiferentes. O poderoso rei Herodes que só ve nel un perigo.

Os magos non pertencen ao pobo elixido. Non coñecen ao Deus vivo de Israel. Nada sabemos da súa relixión nin do seu pobo de orixe. Só que viven atentos ao misterio que se encerra no cosmos. O seu corazón busca verdade. Nalgún momento cren ver unha pequena luz que apunta cara a un Salvador. Necesitan saber quen é e onde está. Rapidamente se poñen a camiño. Non coñecen o itinerario preciso que teñen de seguir, pero no seu interior arde a esperanza de atoparen unha Luz para o mundo.

A chegada deles á cidade santa de Xerusalén provoca o sobresalto xeral. Convocado por Herodes, reúnese o gran Consello de “os sumos sacerdotes e escribas do pobo”. A súa actuación é decepcionante. Son os gardiáns da verdadeira relixión, pero non buscan a verdade. Representan ao Deus do Templo, pero viven xordos á súa chamada.

A súa seguridade relixiosa cégaos. Coñecen onde ha nacer o Mesías, pero ningún deles se achegará a Belén. Dedícanse a daren culto a Deus, pero non sospeitan que o seu misterio é máis grande que todas as relixións, e ten os seus camiños para atoparse con todos os seus fillos e fillas. Nunca recoñecerán a Xesús.

O rei Herodes, poderoso e brután, só ve en Xesús unha ameaza para o seu poder e a súa crueldade. Fará todo o posíbel para eliminalo. Desde o poder opresor só se pode “crucificar” a quen trae liberación.

Mentres tanto, os magos proseguen á procura. Non caen de xeonllos ante Herodes: non atopan nel nada digno de adoración. Non entran no Templo grandioso de Xerusalén: teñen prohibido o acceso:

A pequena luz da estrela atráeos cara ao pequeno pobo de Belén, lonxe de todo centro de poder.

Ao chegaren, o único que ven é ao “neno con María, a súa nai”. Nada máis. Un neno sen esplendor nin poder algún. Unha vida fráxil que necesita o coidado dunha nai. É suficiente para espertar nos magos a adoración.

O relato é desconcertante. A este Deus, escondido na fraxilidade humana, non o atopan os que viven instalados no poder ou encerrados na seguridade relixiosa.

Revélase a quen, guiados por pequenas luces, buscan incansabelmente unha esperanza para o ser humano na tenrura e a pobreza da vida.

Nadie sabe el día

Publicado: 14 noviembre, 2012 en BIBLIA
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33 Tiempo ordinario (B) Marcos 13, 24-32
NADIE SABE EL DÍA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/11/12.- El mejor conocimiento del lenguaje apocalíptico, construido de imágenes y recursos simbólicos para hablar del fin del mundo, nos permite hoy escuchar el mensaje esperanzador de Jesús, sin caer en la tentación de sembrar angustia y terror en las conciencias.

Un día la historia apasionante del ser humano sobre la tierra llegará a su final. Esta es la convicción firme de Jesús. Esta es también la previsión de la ciencia actual. El mundo no es eterno. Esta vida terminará. ¿Qué va a ser de nuestras luchas y trabajos, de nuestros esfuerzos y aspiraciones?

Jesús habla con sobriedad. No quiere alimentar ninguna curiosidad morbosa. Corta de raíz cualquier intento de especular con cálculos, fechas o plazos. “Nadie sabe el día o la hora…, sólo el Padre”. Nada de psicosis ante el final. El mundo está en buenas manos. No caminamos hacia el caos. Podemos confiar en Dios, nuestro Creador y Padre.

Desde esta confianza total, Jesús expone su esperanza: la creación actual terminará, pero será para dejar paso a una nueva creación, que tendrá por centro a Cristo resucitado. ¿Es posible creer algo tan grandioso? ¿Podemos hablar así antes de que nada haya ocurrido?

Jesús recurre a imágenes que todos pueden entender. Un día el sol y la luna que hoy iluminan la tierra y hacen posible la vida, se apagarán. El mundo quedará a oscuras. ¿Se apagará también la historia de la Humanidad? ¿Terminarán así nuestras esperanzas?

Según la versión de Marcos, en medio de esa noche se podrá ver al “Hijo del Hombre”, es decir, a Cristo resucitado que vendrá “con gran poder y gloria”. Su luz salvadora lo iluminará todo. Él será el centro de un mundo nuevo, el principio de una humanidad renovada para siempre.

Jesús sabe que no es fácil creer en sus palabras. ¿Cómo puede probar que las cosas sucederán así? Con una sencillez sorprendente, invita a vivir esta vida como una primavera. Todos conocen la experiencia: la vida que parecía muerta durante el invierno comienza a despertar; en las ramas de la higuera brotan de nuevo pequeñas hojas. Todos saben que el verano está cerca.

Esta vida que ahora conocemos es como la primavera. Todavía no es posible cosechar. No podemos obtener logros definitivos. Pero hay pequeños signos de que la vida está en gestación. Nuestros esfuerzos por un mundo mejor no se perderán. Nadie sabe el día, pero Jesús vendrá. Con su venida se desvelará el misterio último de la realidad que los creyentes llamamos Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NINGUÉM SABE O DIA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O melhor conhecimento da linguagem apocalíptica, construída de imagens e recursos simbólicos para falar do fim do mundo, permite-nos hoje escutar a mensagem de esperança de Jesus, sem cair na tentação de semear angustia e terror nas consciências.

Um dia a história apaixonante do ser humano sobre a terra chegará ao seu final. Esta é a convicção firme de Jesus. Esta é também a previsão da ciência atual. O mundo não é eterno. Esta vida terminará. Que vai a ser das nossas lutas e trabalhos, dos nossos esforços e aspirações?

Jesus fala com sobriedade. Não quer alimentar nenhuma curiosidade mórbida. Corta pela raiz qualquer intenção de especular com cálculos, datas ou prazos. “Ninguém sabe o dia ou a hora…,só o Pai”. Nada de psicose perante o fim. O mundo está em boas mãos. Não caminhamos para o caos. Podemos confiar em Deus, nosso Criador e Pai.

Desde esta confiança total, Jesus expõem a Sua esperança: a criação atual terminará, mas será para deixar passo a uma nova criação, que terá por centro Cristo ressuscitado. É possível criar algo tão grandioso? Podemos falar assim antes que algo tenha ocorrido?

Jesus recorre a imagens que todos podem entender. Um dia o sol e a lua que hoje iluminam a terra e tornam possível a vida, irão apagar-se. O mundo ficará às escuras. Também se apagará a história da Humanidade? Terminarão assim as nossas esperanças?

Segundo a versão de Marcos, no meio dessa noite poderá ver-se o “Filho do Homem”, ou seja, o Cristo ressuscitado que virá “com grande poder e gloria”. A Sua luz salvadora iluminará tudo. Ele será o centro de um mundo novo, o princípio de uma humanidade renovada para sempre.

Jesus sabe que não é fácil acreditar nas Suas palavras. Como pode provar que as coisas sucederão assim? Com uma simplicidade surpreendente, convida a viver esta vida como uma primavera. Todos conhecem a experiência: a vida que parecia morta durante o inverno começa a despertar; nos ramos da figueira brotam de novo pequenas folhas. Todos sabem que o verão está próximo.

Esta vida que agora conhecemos é como a primavera. Todavia não é possível colher. Não podemos obter resultados definitivos. Mas há pequenos sinais de que a vida está em gestação. Os nossos esforços por um mundo melhor não se perderão. Ninguém sabe o dia, mas Jesus virá. Com a Sua vinda se desvendará o mistério último da realidade que os crentes, chamamos Deus.

NESSUNO CONOSCE IL GIORNO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Una migliore conoscenza del linguaggio apocalittico, fatto di immagini e stilemi letterari simbolici per parlare della fine del mondo, ci permette oggi di ascoltare il messaggio pieno di speranza di Gesù, senza cadere nella tentazione di seminare angoscia e terrore nelle coscienze.

La storia appassionante dell’uomo sulla terra arriverà alla sua fine. Questa è la convinzione ferma di Gesù e anche la previsione della scienza attuale. Il mondo non è eterno. Questa vita finirà. Come finiranno le nostre lotte e i nostri impegni, i nostri sforzi e le nostre aspirazioni?

Gesù parla con sobrietà. Non vuole alimentare nessuna curiosità morbosa. Taglia alla radice qualunque tentativo di speculare su calcoli, date o scadenze. Quanto però a quel giorno o a quell’ora, nessuno lo sa… eccetto il Padre. Assolutamente nessuna psicosi davanti alla fine. Il mondo è in buone mani. Non camminiamo verso il caos. Possiamo confidare in Dio, il nostro Creatore e Padre.

A partire da questa totale fiducia, Gesù manifesta la sua speranza: l’attuale creazione finirà, ma per fare strada a una nuova creazione, il cui centro sarà Cristo risorto. Si può credere una cosa così grandiosa? Possiamo affermare questo prima che non sia accaduto?

Gesù ricorre a immagini che tutti possano comprendere. Un giorno il sole e la luna che oggi illuminano la terra e rendono possibile la vita, si oscureranno. Il mondo rimarrà nel buio. Si oscurerà anche la storia dell’Umanità? Finiranno così le nostre speranze?

Secondo la versione di Marco, in mezzo a questa notte si potrà vedere il Figlio dell’Uomo, cioè, Cristo risorto, che verrà con grande potenza e gloria. La sua luce salvatrice illuminerà tutto. Egli sarà il centro di un mondo nuovo, il principio di un’umanità rinnovata per sempre.

Gesù sa che non è facile credere alle sue parole. Come si potrebbe provare che le cose accadranno in questo modo? Con una sorprendente semplicità, invita a vivere questa vita come una primavera: la vita che sembrava morta durante l’inverno comincia a risvegliarsi; nei rami della pianta di fico spuntano le foglie. Tutti sanno che l’estate è ormai vicina.

La vita che noi conosciamo adesso è come la primavera. Ancora non è possibile raccogliere i frutti. Non possiamo ottenere risultati definitivi. Ci sono, però, piccoli segni che parlano di una vita in gestazione. I nostri sforzi per una vita migliore non si perderanno. Nessuno conosce quel giorno, ma Gesù verrà. Con la sua venuta si svelerà l’ultimo mistero della realtà che noi credenti chiamiamo Dio.

PERSONNE NE CONNAÎT LE JOUR

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Une meilleure connaissance du langage apocalyptique, construit à base d’images et de ressources symboliques pour parler de la fin du monde, nous permet d’entendre le message plein d’espoir de Jésus, tout en évitant la tentation de semer dans les consciences la terreur et l’angoisse.

Un jour, l’histoire passionnante de l’être humain sur la terre arrivera à son terme. C’est là, la ferme conviction de Jésus. C’est aussi la prévision de la science actuelle. Le monde n’est pas éternel. Cette vie doit finir. Que sera-t-il de nos luttes et de nos travaux, de nos efforts et de nos aspirations?

Jésus en parle sobrement. Il ne veut pas nourrir une quelconque curiosité maladive. Il coupe à la racine tout essai de spéculer à base de calculs, des dates ou des délais. « Personne ne connaît ni le jour ni l’heure, sauf le Père » Pas de psychose face à la fin. Le monde se trouve dans de bonnes mains. Nous ne cheminons pas vers le chaos. Nous pouvons faire confiance à Dieu, notre Père et notre Créateur.

A partir de cette confiance totale, Jésus expose son espérance: la création actuelle doit finir mais ce sera pour céder la place à une nouvelle création dont le centre sera le Christ ressuscité. Est-il possible de croire à quelque chose de si grandiose? Pouvons-nous parler de la sorte avant que rien de tout cela ne soit arrivé ?

Jésus a recours à des images que tout le monde peut comprendre. Un jour, le soleil et la lune qui éclairent la terre et rendent possible la vie, s’éteindront. Le monde restera dans l’obscurité. L’histoire de l’humanité, s’éteindra-t-elle aussi ? Est-ce ainsi que finiront nos espérances ?

D’après la version de Marc, au milieu de cette nuit on pourra voir le “Fils de l’Homme”, c’est-à-dire, le Christ ressuscité qui viendra « avec grand pouvoir et grande gloire”. Sa lumière salvatrice éclairera tout. Il sera le cœur d’un monde nouveau, le principe d’une humanité à jamais renouvelée.

Jésus sait qu’il n’est pas facile de croire à ses paroles. Comment peut-il prouver que les choses arriveront telles qu’il les annonce ? Avec une simplicité surprenante, il invite à vivre cette vie comme un printemps. Tout le monde en connaît l’expérience : la vie qui semblait morte pendant l’hiver, commence à s’éveiller ; sur les branches du figuier, poussent à nouveau de petites feuilles. Tout le monde sait que l’été approche.

Cette vie que nous connaissons maintenant est comme le printemps. Il n’est pas encore possible de faire la moisson. On ne peut pas obtenir des réussites définitives. Mais de petits signes montrent que la vie est déjà en gestation. Nos efforts pour un monde meilleur ne seront pas perdus. Personne ne connaît le jour, mais Jésus reviendra. Avec sa venue le mystère ultime de la réalité que nous, les croyants, appelons Dieu, sera dévoilé.

NO ONE KNOWS THE DAY

José Antonio Pagola. Translator: Valentín de Souza, S.J. 

Apocalyptic language, made up of images and symbolic resources, speaks of the end of the world. The best knowledge we have of it today, allows us to listen to the hopeful message of Jesus, without falling into the temptation of sowing anxiety and terror in consciences.

One day the exciting history of the human race will come to an end. This is the firm conviction of Jesus. This too is what current science foresees. The world is not eternal. This life will end. What will become of our struggles and work, of our efforts and aspirations?

Jesus speaks with restraint. He does not want to feed morbid curiosity. He cuts out at the root any attempt to speculate with calculations, dates or the hour. “No one knows the day or the hour, only the Father.” No collective frenzy before the end. The world is in good hands. The world is not heading towards chaos. We can trust in God, our creator and Father.

Based on this total trust, Jesus shows his hope: creation as we know it will end, but it will be to make way for a new creation, that will have as its center the Risen Christ. Is it possible to believe something so magnificent? Can we speak like this before anything has happened?

Jesus has recourse to images that everyone can understand. One day the sun and the moon which today give light to the earth and make life possible, will shine no more. The world will remain in darkness. Will the history of humanity also be blotted out? Will our hopes end in this way?

According to the version of Mark, in the middle of that night the “Son of man” will appear, that is, the Risen Christ, who will come “with great power and glory”. His saving light will illuminate everything. He will be the centre of a new world, the beginning of a humanity renewed forever.

Jesus knows it is not easy to believe in his words. How can he prove that things will happen as he says? With a surprising simplicity, he asks us to live life as a spring time. Everyone has experienced it: life that seemed dead during winter begins to awaken; in the branches of the fig tree small leaves begin to sprout. Everyone knows that summer is near.

The life we now know is like spring. It is not possible to take in the harvest. We cannot obtain final achievements. But there are small signs that life is in the making. Our efforts to bring about a better world will not be lost. No one knows the day, but Jesus will come. With his coming the ultimate mystery of reality we believers call God, will be revealed.

INORK EZ DU EGUN HAREN BERRI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Hizkuntza apokaliptikoa, munduaren azkenaz irudi eta baliabide sinbolikoez eraikia den hori, aspaldi urteetan baino hobeto ezagutzera iritsi izanak, Jesusen esperantzazko mezua entzuteko modua ematen digu gaur egun, jendearen bihotzean estutasuna eta izua ereiteko tentazioan erori gabe.

Gizakiak lurrean bizi duen historia zirraragarriak bere azkena joko du egun batean. Horixe da Jesusen konbentzimendu irmoa. Horixe da gaur egungo zientziaren aurreikuspena ere. Mundua ez da betiko. Bizitza hau bukatuko da. Zertan geldituko dira gure borrokak eta lanak, gure ahaleginak eta ametsak?

Neurritsu mintzatu da Jesus. Ez du elikatu nahi inolako jakin-min gaixotirik. Errotik moztu du kalkuluekin, datekin edo epeekin espekulatzeko edozein ahalegin. «Inor ez daki ez eguna ez ordua…, Aitak soilik». Inolako psikosirik ez azkenaren inguruan. Esku onetan dago mundua. Ez goaz kaosera. Fida gaitezke Jainkoaz, geure Kreatzaile eta Aitaz.

Erabateko konfiantza honetatik agertu du Jesusek bere esperantza: oraingo kreazio hau bukatuko da, baina kreazio berri bati lekua uzteko izango da, erdigunetzat Kristo berpiztua izango duen kreazio berri bati. Sinestekoa al da horrelako gauza handios bat? Hitz egin al genezake horrela ezer gertatu aurretik?

Guztiek uler ditzaketen irudietara jo du Jesusek. Gaur lurra argitzen eta bizitza posible egiten duten eguzkia eta ilargia itzaliko dira egun batean. Mundua ilun geldituko da. Gizadiaren historia ere itzaliko ote da? Horrela bukatuko ote dira gure esperantzak ere?

Markosen bertsioaren arabera, gau horren baitan ikusi ahal izango da «Gizonaren Semea», hau da, Kristo berpiztua, «aginte eta aintza handiz» etorriko baita. Dena argituko du haren argi salbatzaileak. Hura izango da mundu berriaren erdigune, betiko eraberritua izango den gizadiaren hasiera.

Badaki Jesusek ez dela gauza erraza bere hitzetan sinestea. Nola proba dezake gauzak horrela gertatuko direla? Xumetasun harrigarri batez, bizitza udaberri bailitzan bizitzera gonbidatu gaitu. Guztiek ezagutzen dute esperientzia: neguan hila zirudien bizitza esnatzen hasten da; pikondoaren adarretan hosto txiki berriak jaio dira. Guztiek dakite uda hurbil dela.

Orain ezagutzen dugun bizitza hau udaberria bezalako da. Artean ezin uztarik bildu. Ezin eskuratu dugu behin betiko lorpenik. Baina badira bizitza ernetzen ari delako seinale txiki batzuk. Mundu hobeago baten aldeko gure ahaleginak ez dira alferrik galduko. Inork ez du egun haren berri, baina etorriko da Jesus. Hura etortzearekin argituko da fededunek Jainkoa deitzen dugun errealitatearen azken misterioa.

NINGÚ NO SAP EL DIA

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

El millor coneixement del llenguatge apocalíptic, construït d’imatges i recursos simbòlics per parlar de la fi del món, ens permet avui escoltar el missatge esperançador de Jesús, sense caure en la temptació de sembrar angoixa i terror en les consciències.

Un dia la història apassionant de l’ésser humà sobre la terra arribarà al seu final. Aquesta és la convicció ferma de Jesús. Aquesta és també la previsió de la ciència actual. El món no és etern. Aquesta vida s’acabarà. Què serà de les nostres lluites i treballs, dels nostres esforços i aspiracions.

Jesús parla amb sobrietat. No vol alimentar cap curiositat morbosa. Talla d’arrel qualsevol intent d’especular amb càlculs, dates o terminis. “D’aquell dia i d’aquella hora, ningú no en sap res …, sinó tan sols el Pare”. Res de psicosi davant del final. El món està en bones mans. No caminem cap al caos. Podem confiar en Déu, el nostre Creador i Pare.

Des d’aquesta confiança total, Jesús exposa la seva esperança: la creació actual s’acabarà, però serà per deixar pas a una nova creació, que tindrà per centre Crist ressuscitat. És possible creure una cosa tan grandiosa? Podem parlar així abans que res hagi passat?

Jesús recorre a imatges que tothom pot entendre. Un dia el sol i la lluna que avui il•luminen la terra i fan possible la vida, s’apagaran. El món quedarà a les fosques. S’apagarà també la història de la Humanitat? Acabaran així les nostres esperances?

Segons la versió de Marc, enmig d’aquesta nit es podrà veure el “Fill de l’Home”, és a dir, el Crist ressuscitat que vindrà “amb gran poder i majestat”. La seva llum salvadora ho il•luminarà tot. Ell serà el centre d’un món nou, el principi d’una humanitat renovada per sempre.

Jesús sap que no és fàcil creure en les seves paraules. Com pot provar que les coses succeiran així? Amb una senzillesa sorprenent, convida a viure aquesta vida com una primavera. Tots coneixen l’experiència: la vida que semblava morta durant l’hivern comença a despertar, a les branques de la figuera brollen de nou petites fulles. Tots saben que l’estiu és a prop.

Aquesta vida que ara coneixem és com la primavera. Encara no és possible collir. No podem obtenir èxits definitius. Però hi ha petits signes que la vida està en gestació. Els nostres esforços per un món millor no es perdran. Ningú sap el dia, però Jesús vindrà. Amb la seva vinguda es desvetllarà el misteri últim de la realitat que els creients anomenem Déu.

NINGUÉN SABE O DÍA

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Ao coñecermos mellor a linguaxe apocalíptica, construída de imaxes e recursos simbólicos para falar do fin do mundo, permítesenos hoxe escoitarmos a mensaxe esperanzadora de Xesús, sen caermos na tentación de sementarmos angustia e terror nas conciencias.

Un día a historia apaixonante do ser humano sobre a terra chegará ao seu final. Esta é a convicción firme de Xesús. Esta é tamén a previsión da ciencia actual.

O mundo non é eterno. Esta vida terminará. Que vai ser das nosas loitas e traballos, dos nosos esforzos e aspiracións.

Xesús fala con sobriedade. Non quere alimentar ningunha curiosidade morbosa. Talla pola raíz calquera intento de especularmos con cálculos, datas ou prazos. “Ninguén sabe o día ou a hora…, só o Pai”. Nada de psicose ante o final. O mundo está en boas mans. Non camiñamos cara ao caos. Podemos confiar en Deus, o noso Creador e Pai.

Desde esta confianza total, Xesús expón a súa esperanza: a creación actual terminará, pero será para deixar paso a unha nova creación, que terá por centro a Cristo resucitado. É posíbel crermos algo tan grandioso? Podemos falar así antes de que nada ocorra?

Xesús recorre a imaxes que todos poden entender. Un día o sol e a lúa que hoxe iluminan a terra e fan posíbel a vida, apagaranse. O mundo ficará ás escuras. Apagarase tamén a historia da Humanidade? Terminarán así as nosas esperanzas?

Segundo a versión de Marcos, no medio desa noite, poderase ver ao “Fillo do Home”, é dicir, a Cristo resucitado que virá “con gran poder e gloria”. A súa luz salvadora iluminarao todo. El será o centro dun mundo novo, o principio dunha humanidade renovada para sempre.

Xesús sabe que non é doado crer nas súas palabras. Como pode probar que as cousas sucederán así? Cunha sinxeleza sorprendente, invita a vivir esta vida coma unha primavera. Todos coñecen a experiencia: a vida que parecía morta durante o inverno comeza a espertar; nas ramas da figueira xenan de novo pequenas follas. Todos saben que o verán está xa pertiño.

Esta vida que agora coñecemos é como a primavera. Aínda non é posíbel cultivar. Non podemos obter logros definitivos. Pero hai pequenos signos de que a vida está en xestación. Os nosos esforzos por un mundo mellor non se perderán. Ninguén sabe o día, pero Xesús virá. Coa súa vinda desvelarase o misterio último da realidade que os crentes chamamos Deus.