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Iluminar la identidad

Publicado: 22 febrero, 2013 en BIBLIA
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IluminarILUMINAR LA IDENTIDAD
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA

ECLESALIA, 22/02/13.-La vida es una infinita búsqueda, un vértigo apasionante y placentero, una constante inestabilidad y un no cesar nunca de sorprendernos ante los pequeños detalles que imprimen ritmo y latido a cada día. No terminamos jamás de conocernos y cada experiencia que vivimos, cada nuevo rostro que aparece, cada conflicto que creemos insoslayable, cada amor que nos traspasa, desata en nosotros – ¡qué bueno! –un delirio de raíces y de alas, de quietud y de vuelo. Nos confronta con la imagen que creíamos habernos forjado. Nos obliga a contemplarnos en el espejo y constatar – no sin asombro – que todavía / siempre hay matices de nosotros que desconocemos.

La vida es un hermoso camino de luces y sombras, de extensos valles, laberintos y vericuetos por los que vamos saliendo al paso (y al encuentro) de quienes somos y de aquéllos que, como nosotros, buscan una luz para verse a sí mismos. Ya sea en los ojos de las personas que nos aman o en ese rincón del alma donde se escucha lo que no dice el silencio: todos andamos tras una palabra de Verdad, un destello cálido y amable que nos ayude a vislumbrar mejor el gran dilema en torno a quiénes somos, para qué vivimos y cuál es don luminoso que hemos venido a traer al mundo.

Nadie escapa de la fascinante tarea de buscar, que constituye la esencia misma de estar vivo. Ni parapetados tras los altos y gruesos muros de nuestro Castillo interior, estamos a salvo de esta inquietud natural que nos hace ir cambiando con el paso del tiempo. Descentrados y desposeídos de nosotros mismos, reemprendemos cada día la labor de acariciar nuestro barro, de irnos conociendo en función de las circunstancias – fraguados con lágrimas y fuego, con el más puro amor y el oscuro deseo –, mudando la piel y la casa, nómadas y libres por el desierto de nuestras emociones siempre expuestas al vaivén del viento.

Todos andamos a tientas buscando alguien que nos diga, que exprese nuestro nombre y aprese en él esa identidad fugitiva que no logramos aferrar por entero (“y les daré a comer del maná escondido, y les daré una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino sólo aquel que lo recibe”, Ap. 2,17b). Y Jesús no fue una excepción.

Tendemos siempre a pensar que Jesús conocía de antemano todos los detalles de su identidad y su misión, sus capacidades y la trayectoria de su vida. Proyectamos en él un alter ego o modelo ideal, seguro e infalible, y le quitamos el mérito de haber afrontado su propio proceso de autoconocimiento. Pero también él debió forjar esa identidad suya característica a base de conectar una y otra vez con su intuición profunda, de hacer silencio y escuchar su corazón, de confrontar su sensibilidad con las normas y leyes de aquel tiempo. El Jesús que recorrió caminos y pueblos, mares y montañas, el que se retiró a meditar y orar sobre su vida cuarenta días al desierto… ¿no es el mejor reflejo del buscador que quiere alcanzar la autenticidad, y permanece a la escucha de sí, de los demás y de su Dios a cada momento?

Desde esta clave, es posible plantear una relectura más cotidiana y sencilla (también más aplicable a nuestras vidas) del pasaje de la Transfiguración. Por liberarlo de imágenes prototípicas pues, como dice un proverbio turco, “cuando la casa está terminada llega la muerte”. Pensemos en un Jesús que – como cualquiera de nosotros – estaba atravesando un periodo de confrontación consigo mismo, planteándose quién es, cuáles son sus capacidades, qué le mueve y conmueve en la vida. Tiempo de desierto, de dudas y no saber, anhelo de ser fiel a los mandatos del Dios de sus padres y, a la vez, tentación de querer hacer cosas grandes que den sentido a su vida: en mayor o menor medida, lo que todos alguna vez nos planteamos.

No está seguro de sí y acude a sus amigos, pues quienes más nos conocen nos devuelven a veces una imagen más neutral / más amorosa / más clarificadora de nosotros mismos. Y con sencillez les pregunta: “Oye, si tuvieseis que decir algo sobre mí, ¿quién diríais que soy?”. Siempre leemos este interrogante como una pregunta retórica (en la que Jesús conoce de antemano la respuesta y pone a prueba la fe de sus discípulos). Pero dejemos a un lado la confesión dogmática de Pedro y la enseñanza teológica que quiere ilustrar el pasaje. Imaginemos que se trata de una verdadera pregunta, de un cuestionamiento que Jesús se hace y que decide compartir con sus amigos por si sus miradas le dan algo de luz sobre su identidad profunda.

Son los mismos compañeros que otras veces le han acompañado al monte, y que en esta ocasión suben con él al Tabor para contemplar juntos la caída de la tarde. No menos poético es el pasaje evangélico; no menos simbólico y representativo el recurso de encumbrar a Jesús poniéndolo en relación con dos figuras claves en la Historia del judaísmo: Moisés y Elías. Pero de nuevo no es la imagen poderosa, gloriosa, mística e inalcanzable de Jesús la que me interesa. A mi parecer, la verdadera riqueza de este texto no reside en ese despliegue efectista del mysterium tremendum (en palabras de Rudolf Otto). Diría más bien que la sutil belleza de este pasaje la pone un Jesús que sentado en lo alto del monte, mientras medita y saborea los matices que conforman su vida, experimenta la plenitud de sentirse Uno con el universo y feliz consigo mismo.

Contempla el cielo estrellado, se entrega a la suave caricia de la brisa nocturna y piensa en el amor de sus padres, en la compañía de esos amigos que ahora están a su lado haciendo esfuerzos para no dormirse, y mira su cuerpo joven aún, y siente la ilusión y el ánimo de seguir buscando y aprendiendo cosas nuevas cada día… y experimenta en su interior la estrecha unión con el cosmos, una presencia sagrada que anima todo cuanto existe, un inmenso agradecimiento de estar donde está y ser quien es, una alegría tan profunda… que los ojos comienzan a brillarle de la emoción, refulge en su rostro una inmensa sonrisa mientras reprime las ganas de danzar y reír a carcajadas… y sucede que todo él parece revestirse de esa serena y esplendente luz que irradian las personas que alcanzan un determinado estado del espíritu: la verdadera felicidad.

Y en el corazón de su corazón, en ese recóndito lugar donde sólo algunos buscadores logran asomarse de puntillas (los más osados y tenaces, también los más sencillos), escucha un susurro que apenas logra distinguir de sus propios latidos. Ese acento cálido, esa música interior, esa armonía que mueve el universo y le dice en lo secreto: “Tú eres mi hijo, muy amado. Tu vida es hermosa; tú eres bello. Tiene sentido que estés aquí y que seas quien eres”. Los que han experimentado alguna vez una sensación de plenitud y comunión parecida, saben que no hay en el mundo palabra capaz de comunicar algo así o hacerlo palpable: tan sólo cabe el estupor de lo sagrado, la mística elocuencia que nace del silencio (un no sé qué que quedan balbuciendo).

En el pasaje de la Transfiguración se dice que la voz calla y los apóstoles guardan silencio: no existe una respuesta única ni tampoco una experiencia, cada persona debe afrontar la búsqueda de su verdad. Y en ese camino nos guía una secreta intuición, una llama de amor cuya luz aclara a veces ciertos tramos del camino, una sed en el corazón que nos va llevando paso a paso, ya al Tabor ya de regreso hacia la fuente de todos los principios (y qué bien sé yo la fonte / que mana y corre / aunque es de noche). Y entonces sí, algún día llegaremos a contemplar cara a cara – como Jesús –nuestra verdad más profunda, a desvelar lo que somos, iluminar la oscuridad y ahuyentar nuestros miedos; dejarnos transfigurar al fin por el Amor y comprender la infinita belleza de ser hijas e hijos de un mismo Dios-Padre-Madre-y-Vida. Es nuestro origen y es nuestra meta, sentido de nuestros pasos: alfa y omega.

Pautas de Adviento

Publicado: 17 diciembre, 2012 en REFLEXIONES
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María de advientoPAUTAS DE ADVIENTO
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COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 17/12/12.- Esto so sólo eso, pautas, algunas claves para vivir el adviento con mayor profundidad. Claves hay miles, los textos litúrgicos de estos días son muy intensos, están colocados ahí por algún motivo, nos hablan de esperar-esperanza-esperarte-espera, de alegría, de ilusión, de libertad,… de Dios, claro. Nos hablan y te hablan, sólo tienes que hacer silencio, dejar que se posen en ti. Estos creyentes de hace varios miles de años quisieron dejar su experiencia por escrito porque no les cabía en el corazón y necesitaban liberarla, darle alas, soltarla en el tiempo. Son textos que viajan en una fragilísima botella de cristal y que hoy se abren para ti. Aquellos hombres y mujeres, enamorados de Dios te envían un mensaje… “encuéntrale en el silencio”.

Primera pauta: vivir hacia el interior

Puede que no sea casualidad, sino “Diosidad” que dicen algunos, el hecho de que el adviento coincida con el final del otoño y el principio del invierno. En este tiempo la naturaleza se sumerge en sí misma, vive hacia el interior, dándose calor, reconociendo su propio ser. Decimos que la naturaleza duerme, inicia su tiempo de descanso, pero… pero…, quizás no, quizás está enfrascada en crear algo nuevo, en desnudar su propia verdad, en dar calor a lo que esconde, a lo que desea ofrecer y a lo que se le pide… Algo así puede ser el adviento para ti, un tiempo para vivir “curvada sobre ti misma”, viviendo en silencio, en soledad, desnudándote de adornos (hojas, frutos, flores…), absorbiendo desde lo profundo, buscando más allá de la superficie… ¿me explico?  Lo que te vaya sucediendo, sobre todo lo más nimio, es lo que más significado tiene en este tiempo, porque es lo que va haciendo grande tu vida, es la sencilla savia que va alimentándote hasta que brote algo grande. Es el tiempo de esconder en lo oscuro de tu tierra la semilla de Dios. Es el tiempo de descubrirnos embarazadas de vida, de proyectos, también de dolores y miedos…

Dios te ha dado una semilla que puedes hacer que dé fruto en primavera… y “que tu fruto dure”.

Segunda pauta: aceptación…

…de lo que Dios siembra en silencio. Como te digo Dios es el sembrador que pone en ti una semilla de futuro… ¿de qué futuro? Bueno, no tiene por qué ser nada extraordinario lo sembrado, o sí…: quizás sea más alegría, quizás siembra en ti una decisión de vida, o valor para afrontar algún cambio… Dios es el sembrador de esperanzas: “alza la cabeza, se acerca la liberación”. ¿De qué te libera el adviento?, ¿de tus miedos?, ¿de tu rutina?, ¿de ambiciones?, ¿de una vida que no te llena del todo?… tú sabrás. El adviento es el tiempo de aceptar lo que viene  de Dios, lo que viene de la vida, lo agradable y lo menos gustoso… Acoge, acepta y ¡arriésgate!

Salió el sembrador a sembrar y vio en ti tierra fértil y… sembró.

Tercera pauta: dar calor

El adviento no es tiempo de evaluaciones, de limpiezas ni acondicionamientos, eso, que es buenísimo, lo dejamos para cuaresma. Yo prefiero enfocar el adviento como tiempo de acoger lo bueno que Dios coloca en cada una, en cada uno, agradeciéndolo, creando un espacio aceptado, amable (esto significa “que se puede amar”) para que así se produzca el milagro del nacimiento. Fíjate en los regalos cotidianos, desde los más pequeños (esos obsequios humildes de Dios que se nos despistan por pequeños unos y efímeros otros) hasta los que te llenan la boca. Dedica uno de tus días de oración a ser consciente de los regalos de Dios-Vida, descubrirás docenas y docenas de ellos, y si no te salen docenas… deberemos trabajar el tema del agradecimiento y tu capacidad de ver belleza a tu alrededor. Cuenta las docenas y… dale gracias a Dios.

Vivir hacia el interior, aceptando lo que llega y dándolo calor para que la semilla fructifique. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

La interioridad

Publicado: 31 julio, 2012 en REFLEXIONES
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LA INTERIORIDAD
JAUME PATUEL i PUIG, jpatuel@copc.es
MATARÓ (BARCELONA).

ECLESALIA, 31/07/12.- La interioridad más que definirla como un concepto, es una vivencia. Se experimenta y en tanto que se hace experiencia, se aprende a reconocer. Por contra si tan solo se intelectualiza o nos quedamos con su noción, entonces acaba reduciéndose a una cuestión puramente teórica. Es curioso notar que cuando queremos explicar qué es la interioridad, nuestra mano se va espontáneamente hacia el corazón, hacia los pulmones, hacia dentro del cuerpo. Lo que hay en nuestro interior corporal. En otras ocasiones también se ponen en juego las dos manos. La interioridad es algo que se quiere abarcar, que se quiere expresar o señalar dónde está, pero resulta que en el fondo la explicación funciona al revés; la interioridad nos tiene a nosotros. Nosotros estamos en ella. Nos engloba. Nos globaliza.

Por eso, la interioridad nos posee y por tanto no se encuentra en las coordenadas espacio y tiempo. Está más allá de ellas. La localización en el espacio y el tiempo tal como la entendemos es un constructo de nuestra mente. Lo precisamos para movernos aquí; es nuestro mapa. Pero no es nuestro territorio. Es decir, la interioridad no es espacio ni es tiempo. Sencillamente, Es. Es un vivir silenciosamente nuestra cualidad humana más profunda. Nuestro envoltorio que nos hace sentir Uno con Todo. Los ojos abiertos en plena Naturaleza en un día de sol resplandeciente, o ante la inmensidad de las aguas del mar. Es altura y hondura y para llegar a ella, hay muchos caminos. Ningún camino es exclusivo pues vivimos nuestra interioridad y somos conscientes de ella, mientras respiramos el aire que mantiene vivo nuestro cuerpo. Aire que cuanto más sano sea mejor, ya que más saludable será nuestra interioridad. Es más, la interioridad no termina con la muerte, al contrario, se expande. Cuando dejemos de respirar estaremos en ella siempre. Identificados. Una sola y única Consciencia de Totalidad.

Empiezo mi artículo reflexivo directamente así porque vamos a entrar en lo que para algunos son las vacaciones, tiempo de reposar, de descanso. Para otros, serán meses de duro trabajo. Y para otros, desgraciadamente, tiempo de regresar o retornar a su patria natal debido a esta crisis, que por la Ignorancia (en mayúscula) de algunos, se centra o manifiesta solamente en lo económico. No es una visión reductora, sino reduccionista. Es cierto, pero no lo es todo. La cuestión económica-financiera es tan sólo una parte. El checo Tomás Sedlacek, de treinta y cinco años, ha escrito un libroEconomics of Good and Evil: The Quest for Economic Meaning from Gilgamesh to Wall Street, que me lo ha recomendado un amigo mío. El pensamiento que expresa y defiende Sedlacek en su libro consiste en que la economía es como un iceberg del cual sólo vemos una pequeña parte. El resto oculto bajo el mar, está constituido nada menos que por criterios teológicos, filosóficos, sociológicos, politicológicos y otros. Lo muestra a través de muchas citas de la Biblia, de San Agustín, Santo Tomás y muchos otros. El autor es catedrático de economía, asesor de varios gobiernos y además, un conferenciante muy solicitado en Davos. Da mucho que pensar y confirma lo que tantas veces se viene diciendo, pero no se escucha, puesto que siempre resulta un predicar en el desierto cuando nos referimos a la crisis que no toca el bolsillo.

Sin embargo, hablamos de una crisis que en el fondo es el indicador de un cambio de Consciencia en el Planeta. Un indicador de que nuestro hábitat peligra. Se hace necesario un cambio en nuestro cuerpo, en nuestra casa que ha sido descuidada o mal alimentada. Una transformación en nuestra psique, intoxicada por escalas negativas de contravalores. Nuestro mundo interno se ha de transformar para poder ser conscientes de nuestro calado y altura de miras.

Ciertamente no todo el mundo lo ve así en el ámbito intelectual occidental. Una de las tendencias actuales para negar o dificultar la comprensión profunda de la realidad es el cerebrocentrismo. El cerebro tomado como mito e ideología, donde todo se genera y todo se explica. Parece que todo esté causado allí. Un reduccionismo además de brutal, de total Ignorancia (con mayúscula). Es como si existiese el pensamiento mágico de que al indagar en todos los entretejes de un Smartphone o de un televisor, todos sus engranajes, cuando más los analicemos, más sabremos quién habla y sobre todo de qué habla y qué piensa. Cuando en realidad, el aparato televisivo y el móvil con sus aplicaciones sofisticadas no son más que “sintonizadores”, que únicamente permiten conectar con diferentes longitudes de ondas, pero éstas no están en el aparato ni tampoco éste las genera. Es decir, son herramientas que permiten ampliar nuestra consciencia, pero no generan ni la consciencia ni el yo. Obviamente que precisamos de este medio, pero el medio no es la causa. Además el televisor no funciona sino tiene energía. El cerebro no funciona sino tiene vida bioquímicamotivante, con un buen andamiaje cultural, pero aunque con ello estemos hablando de un nivel imprescindible, básico y necesario, de nuevo, este nivel no lo es todo, sólo forma parte del Todo. Las teorías o los conceptos, productos de nuestro cerebro pensante, no pueden abarcar lo que no es éste último. Solo tienen una mirada reductora. No pueden dar más. Un cerebro no es el cerebro de la Humanidad. La mirada miope de un cerebro no permite vislumbrar lo alto y lo profundo de nuestro ser.

Esa interioridad que nos engloba y nos envuelve, estamos en ella y somos ella. Se vive en y por el silencio de lo exterior e interior. Pero un silencio que no es simplemente callar, sino auscultar qué emerge de esa interioridad. Como el televisor que debe funcionar si queremos saber algo, o el móvil que debe tener un tú si queremos hablar, son sólo canales, medios. No finalidades. Así también el silencio es tan solo un medio, el canal para conectar con nuestra interioridad.

Y esta realidad interior no es un concepto ni un mapa, es el territorio. En el mundo occidental parece que si no hay conceptos, no hay pensamiento y por tanto, tampoco hay vida. Pero en el mundo oriental primero es vivir con sabiduría y luego ya vendrá el pensamiento técnico. Ambas visiones hay que aprender a conjugarlas. Son los dos pulmones. No en vano nuestro gran pensador francés Blaise Pascal distinguió entre “esprit de finesse” y “esprit géometrique” en contra de su amigo Renée Descartes, pero por ser mal interpretado este último hemos llegado a donde estamos: un pensamiento escindido o una forma de pensar esquizofrénica. Un pensar divorciado de la realidad o que va en paralelo a ella, formando otra vida que existe solo en la imaginación. Y así esta actitud intelectual nos ha llevado a esta crisis de axiología donde el pensamiento tiene como soporte el egoísmo, la individualidad, intereses concretos. Una axiología primaria. Es decir un mundo autista donde los otros no caben.

Por último señalar que todos los seres que intentan vivir esta interioridad no están exentos de limitaciones, de defectos. No hay ninguna excepción, ni el mismo judío de Nazaret, Jesús. Pero cito a otro, y concluyo mi reflexión veraniega, pensador profundo, Mahatma Gandhi:

Factores que destruyen al ser humano:

. La Política sin principios.

. El Placer sin compromiso.

. La Riqueza sin trabajo.

. La Sabiduría sin carácter.

. Los Negocios sin moral.

. La Ciencia sin humanidad.

. La Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado

. Que la gente es amable, si yo soy amable.

. Que las personas están tristes, si yo estoy triste.

. Que todos me quieren, si yo les quiero.

. Que todos son malos, si yo los odio.

. Que hay caras sonrientes, si les sonrío.

. Que hay caras amargas, si estoy amargado.

. Que el mundo está feliz, si yo soy feliz.

. Que la gente es enojadiza, si yo soy enojadizo.

. Que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

. Que la actitud que tome ante la vida, será la misma que la vida tomará ante mí.

. Que si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.

. Que para ser amado, no tengo sino que amar.

Y no olvidemos que Jesús, el nazareno, que revolucionó el mundo con su movimiento social de valores llevado a cabo por sus seguidores, recordó siempre: No tengáis miedo. Reacción primaria muy humana a superar, pero no anular. Como también expresó: Quien quiere salvar su alma, la perderá. O si el grano no muere…

BUEN VERANO.

Hinéni: ¡Voy a la huelga!

Publicado: 27 marzo, 2012 en ACTUALIDAD
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HINÉNI: ¡VOY A LA HUELGA!
MAITE PARDO SOL, foroespiritual@foroespiritual.org
ESTELLA (NAVARRA).

“Excepto el Amor intenso,

excepto el Amor,

no tengo otro trabajo;

salvo el Amor tierno

no siembro otra semilla”.

(Ibn ‘Arabi)

ECLESALIA, 27/03/12, .- Como trabajo al servicio del Amor, o por lo menos estoy en ese intento, (aunque no siempre lo consigo)… me pregunto que puedo aportar a la huelga si el hecho de que yo haga o no haga no va a ser demasiado visible para la estructura social actual. Me pregunto también qué podría dejar de hacer para que el canto de la justicia, de la solidaridad, de la construcción común se elevase por encima de los gritos de rebeldía, los insultos, las descalificaciones… Buscando, buscando he ido haciendo una lista de lo que estoy dispuesta a dejar de hacer hoy, en clara señal de protesta ante el verdadero tirano, el interior, el que mantiene mi alma prisionera y no deja que despliegue sus alas…

- Pongo en huelga mi auto-importancia, la idea de “no estar a la altura”, de no merecer… la necesidad imperiosa de que me amen a cualquier precio (al precio de renunciar a mi Esencia).

- Pongo en huelga mi sentimiento de soledad que a veces todavía intenta engañarme diciéndome que no soy parte de Todos y del Todo…

- Dejo caer el daño que me hicieron y su recuerdo, y el miedo que esto provocó en mi, las barreras que levantó, las fronteras que marcó, las corazas con las que me revistió…

- Pongo en huelga el daño que hice y la culpa y el enfado conmigo misma, la condena y la vergüenza…

- Hoy hago huelga de tristeza y desesperanza y de la añoranza por el sueño aquel que no llegó a nacer…

- Hoy hago huelga de apegos, dejo marchar lo que se fue hace tiempo y también lo que está muriendo hoy…

- Pongo en huelga mis máscaras y disfraces que se encargan de esconder lo que pienso, de disimular lo que siento.

Hoy salgo a la calle:

- Elevando bien alto la bandera de la conexión y el encuentro, del abrazo que te incluye, me incluye y Lo incluye, y que me reconfirma una y otra vez que jamás estaré sola porque en mi corazón habita el Amado y habitas tú…

- Cantando el susurro del Amor acompañada por un soplo de viento, la alegría y el gozo, el éxtasis, la Presencia en el eterno ahora, la entrega…

- Con la pancarta de la compasión para contigo y para conmigo y también para con “ellos”, los culpables de todo…

- Proponiéndome como parte de la solución, dispuesta a remangarme y coger pico y pala o danza de paz y ordenador, lo que haga falta, para que reconstruyamos entre todos y todas este Hogar Común…

Defiendo ante quien sea las condiciones laborales que impone este trabajo de Amor, este Oficio Divino que se confunde con la felicidad y la belleza, con el compromiso y la libertad de Ser… Me declaro trabajadora agradecida y maravillada de este Oficio Sagrado que siempre es digno y sorprendente, que se remunera al mil por cien porque quien paga es Dios y la vida siempre trae multiplicado lo que pones en Ella…

Y además, a partir de ahora declaro al Espíritu director indiscutible de esta empresa que soy yo misma, le pongo no un despacho si no un Altar en mi Templo-Corazón… Y renuevo indefinidamente y sin condiciones mi contrato con El/ELLa, como dijo Abraham: Hinéni, heme aquí… te seguiré a donde quiera que vayas… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

HACIA UNA ESPIRITUALIDAD DE SÍNTESIS ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
Resumen de la intervención de Javier Melloni en el Foro de Profesionales Cristianos de Madrid
FORO DE PROFESIONALES CRISTIANOS, pxmadrid@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 22/03/12.- Oriente y Occidente se complementan y estos tiempos difíciles que vivimos como especie humana son también tiempos propicios para descubrir esa diferencia y complementariedad que él sintetizó en ocho polaridades:

Instinto de superación versus aceptación: En Occidente tratamos de “superar” los problemas, de combatir sus causas, de actuar. Dedicamos nuestra energía a transformar lo exterior. En Oriente tratan sobre todo de aceptar la adversidad, lo que no significa someterse ni resignarse sino asumir esa adversidad fluyendo con ella. Concentran su energía en transformarse interiormente.

Futuro-pasado versus presente: la tradición bíblica vive de la memoria de los testigos que han trazado el camino y de la esperanza en la venida de la plenitud de los tiempos. Pasado y futuro son esenciales en la experiencia cristiana de fe. Oriente, en cambio, busca la calidad del momento presente. La esperanza es necesaria ya que anticipa lo que espera; pero, al mismo tiempo, se ha de vivir ya en el presente lo que se espera como futuro. Como decía Gandhi, “no hay un camino para la paz, sino que la paz es el camino”.

Personalización versus oceanización: Occidente subraya el valor inalienable de la persona humana, con todo lo que eso ha aportado en el reconocimiento de los derechos humanos. Oriente, en cambio, considera que si el “yo” se magnifica, encapsula la vida en una referencia egocéntrica y se separa de la totalidad, aislándose de las fuentes de la vida. Por eso el camino espiritual hindú y el budista denuncian las trampas del yo y se abren a la compasión universal. Para Oriente, Dios no es un “Tú” hacia el que me dirijo desde mi “yo”, sino el mar que se descubre sabiéndose ola. Es necesario sostener ambas perspectivas: la singularidad de cada ola, en su radical especificidad, y a la vez, la conciencia de ser mar.

Razón analítica versus razón simbólica: Occidente, desde una aproximación analítica, descompone la realidad, busca la especialización de los conocimientos para profundizarlos. Ese impulso poderoso, esa “mirada flecha” sobre el mundo tiene el riesgo de la fragmentación. Oriente, en cambio, proyecta sobre el mundo una “mirada copa”, que reúne a los contrarios, que acoge sin discriminar ni juzgar. Necesitamos ambas miradas, la occidental basada en el principio de contradicción, base del espíritu crítico, que acentúa lo que nos separa, y la oriental que acentúa el compartir, el ser que nos es común.

Identidad versus fluidez: se trata de ver el árbol o de ver el bosque; Occidente ve el árbol y Oriente mira más al conjunto, al bosque. Lo importante del bosque es el flujo constante de vida que posibilita más allá de las existencias individuales. Por eso los budistas tibetanos hacen unos “mandalas”, bellísimas composiciones con arena de colores, representaciones simbólicas del mundo, que destruyen al final, porque lo importante ha sido el camino espiritual recorrido en su elaboración y no la conservación del resultado. Los occidentales, en cambio, cuando ven los mandalas, desean congelarlos en museos.

Acción versus no acción: como hemos ido viendo, Occidente trata de cambiar el mundo; a veces, antes de entender y escuchar lo que pasa. Oriente se expresa en ese artesano que antes de esculpir su obra de madera, tranquiliza su yo, lo silencia, elige su árbol, el que le habla, aquel en el que la naturaleza revelará su belleza mediante el trabajo de sus manos. Se trata de tener menos para “tenerse” más.

Palabra versus silencio. Lo propio de Occidente es la palabra, como enuncia el Prólogo de San Juan: “Al principio existíala Palabra”. De ahí se derivan los relatos, los razonamientos, los conceptos, etc., pero también el exceso de ruído. Para que la palabra cobre fuerza, ha de haber silencio en medio. El silencio no anula la palabra sino que es el fondo que le da sentido. Oriente está atraído por ese fondo, mientras que occidente por su expresión. Ambas cosas son necesarias.

Plenitud versus vacuidad: Occidente busca la plenitud, la realización personal; Oriente, la vacuidad, el vaciamiento de sí mismo. Para que la plenitud no empache necesita de la vacuidad. Y la vacuidad necesita llenarse de plenitud.

En estos momentos de globalización, la conciencia de los desafíos que plantea al ser humano nos lleva a cuidar de tres aspectos esenciales e inseparables: la veneración del Misterio, que abre la vía mística; la solidaridad activa, que abre la vía ética; y la contención de nuestros deseos para que nuestra necesidad de recursos naturales no devaste el planeta, lo cual atañe a la vía ecológica. Vivir esta tríada es tarea de la espiritualidad contemporánea y está presente en todas las tradiciones religiosas. Todas ellas nos dicen de un modo u otro que la pobreza -no la miseria- es una bendición, en la medida que permite un uso limitado y responsable que genera solidaridad y compasión. Es decir, interioridad, trabajo por la justicia y el uso sostenible y solidario del planeta son los tres pilares que constituyen la espiritualidad integral que capacitan al ser humano vivir con sabiduría y veneración sobrela Tierra. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(Para quien desee conocer más del autor, J. Melloni tiene dos libros muy recientes: “Hacia un tiempo de síntesis”, Ed. Fragmenta, 2011; y “El Cristo interior”. Ed. Herder, 2010)

Para más informaciónwww.profesionalescristianos.com

Bautismo del Señor Marcos 1, 7-11
EL ESPÍRITU DE JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,04/01/12.- Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban “cerrados”. Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: “Ojalá rasgaras el cielo y bajases”.

Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús con su Espíritu.

Sin ese Espíritu todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece. La fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta. El amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias diversas lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús:

No nos hemos de engañar. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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O ESPÍRITO DE JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Jesus apareceu na Galileia quando o povo judeu vivia uma profunda crise religiosa. Levavam muito tempo sentindo a distância de Deus. Os céus estavam “fechados”. Uma espécie de muro invisível parecia impedir a comunicação de Deus com o Seu povo. Ninguém era capaz de escutar a Sua voz. Já não havia profetas. Ninguém falava impulsionado pelo Seu Espírito.

O mais duro era essa sensação de que Deus os tinha esquecido. Já não os preocupava os problemas de Israel. Porque permanecia oculto? Porque estava tão longe? Seguramente muitos recordavam a ardente oração de um antigo profeta que rezava assim a Deus: “Oxalá rasgasses o céu e baixasses”.

Os primeiros que escutaram o evangelho de Marcos tiveram que ficar surpreendidos. Segundo o seu relato, ao sair das águas do Jordão, depois de ser batizado, Jesus «viu rasgar-se o céu» e experimentou que «o Espírito de Deus baixava sobre ele». Por fim era possível o encontro com Deus. Sobre a terra caminhava um homem cheio do Espírito de Deus. Chamava-se Jesus e vinha de Nazaré.

Esse Espírito que desce sobre Ele é o alento de Deus que cria a vida, a força que renova e cura os vivos, o amor que transforma tudo. Por isso Jesus dedica-se a libertar a vida, a cura-la e a faze-la mais humana. Os primeiros cristãos não quiseram ser confundidos com os discípulos de João Batista. Eles sentiam-se batizados por Jesus com o Seu Espírito.

Sem esse Espírito tudo se apaga no cristianismo. A confiança em Deus desaparece. A fé debilita-se. Jesus fica reduzida a um personagem do passado, o Evangelho converte-se em letra morta. O amor arrefece e a Igreja não passa de ser mais uma instituição religiosa.

Sem o Espírito de Jesus, a liberdade afoga-se, a alegria apaga-se, a celebração converte-se em rotina, a comunhão perde a força. Sem o Espírito a missão esquece-se, a esperança morre, os medos crescem, e o seguir Jesus termina em mediocridade religiosa.

O nosso maior problema é o esquecimento de Jesus e o descuido do Seu Espírito. É um erro pretender conseguir alcançar com organização, trabalho, devoções ou estratégias diversas o que só pode nascer do Espírito. Temos de voltar à raíz, recuperar o Evangelho em toda a sua frescura e verdade, batizar-nos com o Espírito de Jesus:

Não temos de nos enganar. Se não nos deixamos reavivar e recriar por esse Espírito, os cristãos, não temos nada importante que aportar à sociedade atual tão vazia de interioridade, tão incapacitada para o amor solidário e tão necessitada de esperança.

LO SPIRITO DI GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù apparve in Galilea quando il popolo ebreo viveva una profonda crisi religiosa. Sentivano da moto tempo la lontananza di Dio. I cieli erano “chiusi”. Una specie di muro invisibile sembrava impedire la comunicazione di Dio con il suo popolo. Nessuno era capace di ascoltare la sua voce. Non c’erano più profeti. Nessuno parlava spinto dal suo Spirito.

La cosa più dura era la sensazione che Dio li avesse dimenticati. Non lo preoccupavano più i problemi d’Israele. Perché rimaneva nascosto? Perché era così lontano? Sicuramente molti ricordavano l’orazione ardente di un antico profeta che pregava così Dio: Se tu squarciassi i cieli e scendessi!

I primi che ascoltarono l’Evangelo di Marco dovettero rimanere sorpresi. Secondo il suo racconto, nell’uscire dalle acque del Giordano, dopo essere stato battezzato, Gesù vide squarciarsi i cieli ed esperimentò che lo Spirito discendeva su di lui. Finalmente era possibile l’incontro con Dio. Sulla terra camminava un uomo pieno dello Spirito di Dio. Si chiamava Gesù e veniva da Nazareth.

Questo Spirito che discende su di lui è il soffio di Dio che crea la vita, la forza che rinnova e guarisce i viventi, l’amore che trasforma tutto. Per questo Gesù si dedica a liberare la vita, a guarirla e a farla più umana. I primi cristiani non vollero essere confusi con i discepoli del Battista. Si sentivano battezzati da Gesù con il suo Spirito.

Senza questo Spirito tutto si spegne nel cristianesimo. La fiducia in Dio scompare. La fede s’indebolisce. Gesù viene ridotto a un personaggio del passato. L’Evangelo diventa lettera morta. L’amore si raffredda e la Chiesa non è altro che un’istituzione religiosa in più.

Senza lo Spirito di Gesù, la libertà scompare, la gioia si spegne, la celebrazione diventa un’abitudine, la comunione si screpola. Senza lo Spirito la missione si dimentica, la speranza muore, le paure crescono, la sequela di Gesù finisce per essere mediocrità religiosa.

Il nostro più grande problema è dimenticare Gesù e trascurare il suo Spirito. È un errore pretendere di raggiungere con organizzazione, lavoro, devozioni o strategie diverse quello che può nascere solo dallo Spirito. Dobbiamo tornare alla radice, ricuperare l’Evangelo in tutta la sua freschezza e verità, battezzarci con lo Spirito di Gesù.

Non possiamo ingannarci. Se non ci lasciamo ravvivare e ricreare da questo Spirito, noi cristiani non abbiamo nulla d’importante da apportare alla società attuale così vuota d’interiorità, così incapace di amore solidale e così bisognosa di speranza.

L’ESPRIT DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Jésus apparut en Galilée au moment où le peuple juif traversait une profonde crise religieuse. Ils sentaient depuis longtemps l’éloignement de Dieu. Les cieux étaient « fermés ». Une espèce de mur invisible semblait empêcher la communication entre Dieu et son peuple. Personne n’était capable d’entendre sa voix. Il n’y avait plus de prophètes. Personne ne parlait poussé par l’Esprit.

Le plus pénible était cette sensation que Dieu les avait oubliés. Il ne s’intéressait plus aux problèmes d’Israël. Pourquoi restait-il caché ? Pourquoi demeurait-il si loin? Ils étaient sûrement nombreux à se rappeler cette ardente prière d’un ancien prophète qui priait Dieu ainsi : « Si tu pouvais déchirer le ciel et descendre ! »

Les premières personnes qui ont écouté l’évangile de Marc devaient être surprises. D’après son récit, en sortant des eaux du Jourdain, après son baptême, Jésus « vit le ciel se déchirer » et il sentit « l’Esprit de Dieu descendre sur lui ». La rencontre de Dieu était enfin possible. Un homme rempli de l’Esprit de Dieu cheminait sur notre terre. C’était Jésus et il venait de Nazareth.

Cet Esprit qui descend sur lui est le souffle de Dieu qui crée la vie, la force qui renouvelle et guérit les vivants, l’amour qui transforme tout. C’est pourquoi Jésus se consacre à libérer la vie, à la guérir et à la rendre plus humaine. Les premiers chrétiens ne voulaient pas être confondus avec les disciples de Jean Baptiste. Eux, ils se sentaient baptisés par Jésus avec son Esprit.

Tout s’éteint dans le christianisme sans cet Esprit. La confiance en Dieu disparaît. La foi s’affaiblit. Jésus est réduit à un personnage du passé et l’Evangile devient lettre morte. L’amour se refroidit et l’Eglise n’est qu’une institution religieuse de plus.

Sans l’Esprit de Jésus, la liberté est étouffée, la joie s’éteint, la célébration devient coutume, la communion se brise. Sans l’Esprit de Jésus, on oublie la mission, l’espérance meurt, les peurs augmentent, suivre Jésus devient médiocrité religieuse.

Notre problème le plus grand est l’oubli de Jésus et la négligence de son Esprit. C’est une erreur de prétendre avoir ce qui ne peut naître que de l’Esprit, à base d’organisation, de travail, de dévotions ou de stratégies diverses. Il nous faut revenir à la racine, retrouver l’évangile dans toute sa fraîcheur et sa vérité, nous laisser baptiser par l’Esprit de Jésus.

Ne nous trompons pas. Si nous ne permettons pas que cet Esprit nous ravive et nous recrée, nous chrétiens, nous n’aurons rien d’important à apporter à la société actuelle, qui est si vide d’intériorité, incapable d’un amour solidaire et tellement en manque d’espérance.

The SPIRIT OF JESUS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus appeared inGalileeat a time when the Jewish people were going through a great religious crisis. They had been away from God for a long time. Heaven was closed to them. There was like an invisible wall separating them from God and making communication very difficult. Nobody was able to hear His voice. There were no prophets and no one felt inspired by the Spirit of God.

Still worse, everyone felt that God had forgotten them. God did not seem to be interested in Israeland its problems. Why was He hiding away? Why did He seem to be so far? Surely, some people must have remembered a prayer that an old prophet had used: “I wish, God, that you would tear the heavens and come down!”

The first people who heard the gospel of Mark must have been really surprised. When he describes the baptism of Jesus in the Jordan, St. Mark writes, “No sooner had he come out of the water than he saw the heavens torn apart and the Spirit descending on Him.” Finally God had become visible and this man full of the Spirit of God walked upon the earth. His name was Jesus and He came from Nazaret.

This Spirit that descended upon Him was God’s Spirit that created everything – the strength that came to renew everything and give life to everyone; He was the Love that would transform everything. From then on, Jesus began to liberate every human person and to cure everyone, making them more human. The first Christians did not want to be identified as disciples of the Baptist. They claimed to have been baptized by the Spirit of Jesus.

Without this Spirit everything else in Christianity has no meaning. Trust in God disappears. Faith weakens and Jesus becomes a historical person, while the Gospel is not more than a dead document. Love gets cold and the Church is no more than just a religious institution.

Without the Spirit of Jesus, freedom is stifled, joy is killed, festival becomes custom and communion is broken up. Without the Spirit, the mission is forgotten, hope dies, fears multiply and the following of Jesus becomes a mere religious mediocrity.

Our greatest problem today is that we have totally forgotten Jesus and do not even think of the Spirit. We are making a great mistake when we try to organize something, start any work, or introduce some devotions or any other practice when all these things will only stay alive with the Spirit. We have to return to the roots and regain the Gospel in all its freshness and truth and be baptized in the Spirit of Jesus.

We must not deceive ourselves. If we do not let ourselves be recreated by this Spirit, Christians today will have little to contribute to modern society, which lacks any spiritual content and is totally incapable of bringing about human solidarity and real hope for the future.

 

JESUSEN ESPIRITUA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Judu-herriak krisialdi handia bizi zuen une batean agertu zen Jesus Galilean. Denbora asko zeraman Jainkoaren urruntasuna sentituz. Zerua «itxia» zegoen. Ematen zuen ezin ikusizko murru antzeko batek eragozten ziola Jainkoarekin komunikatzea. Inor ez zen gai haren ahotsa entzuteko. Ez zuten jada profetarik. Ezin zuen inork hitz egiten Espirituak eraginda.

Hauxe zuten gauzarik gogorrena: Jainkoa beraietaz ahaztu egin zela uste izatea. Israel herriaren arazo Jainkoari bost axola ote zitzaion. Zergatik zegoen ezkutuan? Zergatik hain urrun? Apika, jende askok zuen gogoan antzinako profeta baten otoitz hau: «Ai zerua urratu bazeneza eta jaitsiko bazina!»

Markosen ebanjelioa entzun zuten lehenengo kristauak harriturik geldituko ziren, noski. Markosek kontatzen duenez, Jordan ibaiko uretatik irtetean, bataioa hartu ondoren, Jesusek «zerua urratzen ikusi zuen» eta «bere gainera Jainkoaren Espiritua jaitsi zela» sentitu zuen. Azkenean, posible zen Jainkoarekin topo egitea. Bazen lurrean Jainkoaren Espirituak hartua zuen gizon bat. Jesusen zeritzan eta Nazaretetik zetorren.

Jesusen gainera jaitsi den Espiritu hori bizia kreatzen duen Jainkoaren hatsa da, bizidunak berritzen eta sendatzen dituena, guztia eraldatzen duen maitasuna. Lehen kristauek ez zuten nahi Bataiatzailearen ikasletzat har zitzaten. Jesusen Espirituak bataiatutzat zuten beren burua.

Espiritu hori gabe dena itzalia da kristautasuna. Galdu da Jainkoarekiko konfiantza. Fedea ahuldua. Iraganeko pertsona huts bilakatzen da Jesus, bizirik gabeko letra bihurtzen da Ebanjelioa. Maitasuna hoztu, eta Eliza erakunde erlijioso bat gehiago baizik ez.

Jesusen Espiriturik gabe, askatasuna itoa da, poza itzalia, ospakizuna ohitura huts bihurtua, elkartasuna hautsia. Espiriturik gabe, misioa ahaztu egiten da, esperantza hil, beldurra handitu, Jesusi jarraitzea erdipurdiko gauza erlijioso bihurtzen da.

Gure arazorik nagusiena Jesus ahaztu izana da, haren Espirituaz ez arduratzea. Oker handia da antolatzearekin, lanarekin, debozioarekin edo mila eratako estrategiarekin lortu nahi izatea Espirituagandik bakarrik jaio daitekeen hura. Sustraietara itzuli beharra dugu, Ebanjelioa bere freskotasun eta egiatasun osoan berreskuratu beharra, Jesusen Espirituan bataiatu beharra.

Ez dezagula engaina geure burua. Espiritu honi ez badiogu uzten biziberritu eta birsortu gaitzan, kristauek ez dugu izango garrantzizko inolako ekarpenik gaur egungo gizartearentzat, hain barnetasun gabea eta maitasun solidariorako hain gaitasun gabea eta hain esperantza-beharrean den honentzat.

 

L’ESPERIT DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús va aparèixer a Galilea quan el poble jueu vivia una profunda crisi religiosa. Portaven molt de temps sentint la llunyania de Déu. Els cels estaven “tancats”. Una mena de mur invisible semblava impedir la comunicació de Déu amb el seu poble. Ningú era capaç d’escoltar la seva veu. Ja no hi havia profetes. Ningú parlava impulsat pel seu Esperit.

El més dur era la sensació que Déu els havia oblidat. Ja no li preocupaven els problemes d’Israel. Per què romania ocult? Per què era tan lluny? Segurament molts recordaven l’ardent pregària d’un antic profeta que deia així a Déu: “Oh, si esquincessis el cel i baixessis”.

Els primers que van escoltar l’evangeli de Marc van haver de quedar sorpresos. Segons el seu relat, en sortir de les aigües del Jordà, després de ser batejat, Jesús «veié que el cel s’esquinçava» i va experimentar que «l’Esperit baixava cap a ell». Per fi era possible la trobada amb Déu. Sobre la terra caminava un home ple de l’Esperit de Déu. Es deia Jesús i venia de Natzaret.

Aquest Esperit que davalla sobre ell és l’alè de Déu que crea la vida, la força que renova i guareix els vivents, l’amor que ho transforma tot. Per això Jesús es dedica a alliberar la vida, a guarir i fer-la més humana. Els primers cristians no van voler ser confosos amb els deixebles del Baptista. Ells se sentien batejats per Jesús amb el seu Esperit.

Sense aquest Esperit tot s’apaga en el cristianisme. La confiança en Déu desapareix. La fe es debilita. Jesús queda reduït a un personatge del passat, l’Evangeli es converteix en lletra morta. L’amor es refreda i l’Església no passa de ser una institució religiosa més.

Sense l’Esperit de Jesús, la llibertat s’ofega, l’alegria s’apaga, la celebració es converteix en costum, la comunió s’esquerda. Sense l’Esperit la missió s’oblida, l’esperança mor, les pors creixen, el seguiment de Jesús acaba en mediocritat religiosa.

El nostre major problema és l’oblit de Jesús i negligir el seu Esperit. És un error pretendre aconseguir amb organització, treball, devocions o estratègies diverses el que només pot néixer de l’Esperit. Hem de tornar a l’arrel, recuperar l’Evangeli en tota la seva frescor i veritat, batejats amb l’Esperit de Jesús:

No ens hem d’enganyar. Si no ens deixem revifar i recrear per aquest Esperit, els cristians no tenim res important a aportar a la societat actual tan buida d’interioritat, tan incapacitada per a l’amor solidari i tan necessitada d’esperança.

O ESPÍRITO DE XESÚS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús apareceu en Galilea cando o pobo xudeu vivía unha profunda crise relixiosa. Levaban moito tempo sentindo a distancia de Deus. Os ceos estaban “pechados”. Unha especie de muro invisíbel parecía impedir a comunicación de Deus co seu pobo. Ninguén era capaz de escoitar a súa voz. Xa non había profetas. Ninguén falaba impulsado polo seu Espírito.

O máis duro era esa sensación de que Deus os esquecera. Xa non lle preocupaban os problemas de Israel. Por que permanecía oculto? Por que estaba tan lonxe? Seguramente moitos recordaban a ardente oración dun antigo profeta que rezaba así a Deus: “Ogallá rachases o ceo e baixases”.

Os primeiros que escoitaron o evanxeo de Marcos tiveron de ficar sorprendidos. Segundo o seu relato, ao saír das augas do Xordán, despois de ser bautizado, Xesús «viu racharse o ceo» e experimentou que «o Espírito de Deus baixaba sobre del». Por fin era posíbel o encontro con Deus. Sobre a terra camiñaba un home cheo do Espírito de Deus. Chamábase Xesús e viña de Nazaret.

Ese Espírito que descende sobre el é o alento de Deus que crea a vida, a forza que renova e cura aos viventes, o amor que o transforma todo. Por iso Xesús dedícase a liberar a vida, a curala e facela máis humana. Os primeiros cristiáns non quixeron ser confundidos cos discípulos do Bautista. Eles sentíanse bautizados por Xesús co seu Espírito.

Sen ese Espírito todo se apaga no cristianismo. A confianza en Deus desaparece. A fe debilítase. Xesús queda reducido a un personaxe do pasado, o Evanxeo convértese en letra morta. O amor arrefríase e a Igrexa non pasa de ser unha institución relixiosa máis.

Sen o Espírito de Xesús, a liberdade afógase, a alegría apágase, a celebración convértese en costume, a comuñón féndese. Sen o Espírito a misión esquece, a esperanza morre, os medos crecen, o seguimento a Xesús remata en mediocridade relixiosa.

O noso maior problema é o esquecemento de Xesús e o descoido do seu Espírito. É un erro pretender lograr con organización, traballo, devocións ou estratexias diversas o que solo pode nacer do Espírito. Temos de volver á raíz, recuperar o Evanxeo en toda a súa frescura e verdade, bautizarnos co Espírito de Xesús:

Non nos debemos de enganar. Se non nos deixamos reavivar e recrear por ese Espírito, os cristiáns non temos nada importante que achegar á sociedade actual tan baleira de interioridade, tan incapacitada para o amor solidario e tan necesitada de esperanza.

JESU GEIST

José Antoni Pagola. Übersetzer: Jürgen Kuhlmann

Jesus trat in Galiläa auf, als das jüdische Volk in einer tiefen Krise steckte. Seit langem fühlten sie Gottes Abwesenheit. Die Himmel waren “verschlossen“. Eine Art unsichtbarer Mauer schien Gottes Verbindung mit seinem Volk zu hindern. Es gab keine Propheten mehr. Niemand redete aus dem Antrieb SEINes Geistes.

Am härtesten war dies Gefühl, Gott habe sie vergessen. Israels Probleme kümmerten ihn nicht mehr. Warum blieb er verborgen? Warum war er so weit weg? Bestimmt erinnerten viele sich der glühenden Bitte eines alten Propheten, der so zu Gott betete: “Reiß doch den Himmel auf und komm herab!“

Die ersten Hörer des Markus-Evangeliums mussten überrascht sein. Als laut dessen Bericht Jesus nach seiner Taufe aus dem Jordanwasser stieg, “sah er den Himmel aufreißen“ und erlebte, dass “Gottes Geist auf ihn herab kam“. Endlich war Begegnung mit Gott möglich. Auf Erden ging ein Mensch voller Geist Gottes. Er hieß Jesus und kam aus Nazaret.

Dieser Geist, der auf ihn herabsteigt, ist Gottes Hauch, der das Leben schafft; die Kraft, welche die Lebewesen erneuert und heilt; die Liebe, die alles verwandelt. Deshalb nimmt Jesus sich vor, das Leben zu befreien, zu heilen und menschlich zu machen. Die ersten Christen wollten nicht mit den Jüngern des Täufers verwechselt werden. Sie fühlten sich von Jesus mit seinem Geist getauft.

Ohne diesen Geist erlöscht im Christentum alles. Das Vertrauen zu Gott verschwindet. Der Glaube verkümmert. Jesus wird zu einer Person der Vergangenheit abgetan, das Evangelium verkommt zum toten Buchstaben. Die Liebe erkaltet und die Kirche ist nichts weiter als noch eine religiöse Institution.

Ohne Jesu Geist erstickt die Liebe, erlischt die Freude, verkehrt die Feier sich zur Gewohnheit, zerbröckelt die Gemeinschaft. Ohne den Geist vergisst man dieMission, stirbt die Hoffnung, wuchern die Ängste, Jesu Nachfolge endet als religiöses Mittelmaß.

Unser größtes Problem ist das Vergessen Jesu und die Vernachlässigung seines Geistes. Es ist ein Irrtum, mit Organisation, Arbeit, verschiedenen Andachten oder Strategien schaffen zu wollen, was nur aus dem Geist entstehen kann. Wir müssen zur Wurzel zurück, das Evangelium in all seiner Frische und Wahrheit wiedergewinnen, uns mit Jesu Geist taufen.

Wir sollen uns nicht täuschen. Lassen wir uns nicht von diesem Geist wiederbeleben und neu schaffen, haben wir Christen nichts Wichtiges beizutragen für die aktuelle Gesellschaft, die so leer an Innerlichkeit ist, so unfähig zu solidarischer Liebe, so hoffnungsarm.