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¿CONTEMPLATIVOS EN MISIÓN?
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 24/03/11.- Aquel amanecer me encontró en un buen sitio para empezar el día: la oración de Laudes en un monasterio. La luz del sol se fue colando por las ventanas mientras entonábamos los salmos del día. Uno de los monjes leyó pausadamente el evangelio de Lucas 10,1-9: “¡Poneos en camino!”… Jesús estaba empeñado en que sus discípulos se pusieran en marcha y fueran a repartir lo que habían recibido; sabiendo que el trabajo era mucho y pocas las manos. Realmente está jaleándoles para que se espabilen y asuman un serio compromiso en la misión de anunciar el Reino que era y es presente absoluto.

Recordé en ese momento el debate que se suscitó después de ver la película “De dioses y hombres”, entre las personas de diferentes edades que fuimos juntos al cine. Aquellos monjes que optaron por permanecer junto a sus vecinos musulmanes en el pequeño pueblo de Tibhirine (Argelia) y que se vieron envueltos en una espiral de violencia que les llevó a una muerte cruenta, son piedra de choque para nuestro racionalismo. Comprendí esto después de las intervenciones de unos y otros comentando la película y sobre todo el hecho real.

Alguien dijo: “¿Por qué no se fueron? No eran misioneros ¿qué hacían allí?” “Los monjes tienen que estar en sus monasterios rezando y ya está”. Yo comenté que tenían que permanecer junto a los que sufrían, junto a sus vecinos musulmanes, y ese permanecer forma parte de la misión de los contemplativos. Hubo disparidad de opiniones y en el ambiente quedó flotando una pregunta: ¿tienen los contemplativos una misión evangelizadora?

La luz del amanecer en el monasterio, la oración comunitaria y las palabras de Jesús en el evangelio trajeron a mi somnolienta cabeza la pregunta sin contestar. La respuesta fue personal y silenciosa pero contundente: “Sí, los contemplativos tienen misión evangelizadora”.

El carisma, sea cual sea, se recibe, se descubre, se agradece al Espíritu y se entrega para la construcción del Reino. Al menos eso es lo que nos dice el evangelio.

Si en vez de un escrito, esto fuera una conversación, en este preciso momento empezaría de nuevo el debate sobre acción y oración, vida activa y vida contemplativa, ser del mundo o retirarse del mundo, etc.

Mi comprensión del asunto es que cualquiera que sea el carisma es para entregarse y, sabiendo que el Espíritu Santo es el que los reparte, habremos de confiar en que nos iluminará para la comprensión de que cada carisma tiene implícita una misión para la acción por el Reino.

Estamos educados en el entendimiento de la misión vinculada a la acción, comprendiendo que la misión es ponerse en marcha hacia los cuatro puntos cardinales para expandir el evangelio; efectivamente, ese es el carisma concreto de lo que llamamos vida religiosa activa. Pero, entiendo, que hay muchos más carismas y todos llevan implícita la misión activa de transmitir la vida y el mensaje de Jesús.

Quizás resulte extraña mi comprensión, pero creo que misión activa también es saber permanecer. Misión es dar testimonio de estabilidad, de sencillez y de acogida en una vida dedicada a la oración contemplativa, bajo una Regla, en un determinado lugar y con unos hermanos concretos.

¿Qué les diría hoy Jesús a los contemplativos? Me imagino que lo mismo que les dijo a sus discípulos y nos dice a todos, sea cual sea nuestra vocación y nuestra forma de vida: “Poneos en camino”. No hay contradicción entre ponerse en camino y permanecer. Por que permanecer no es aislarse. Permanecer no es poner más puertas, más rejas o más cerrojos.

Sí, “poneos en el camino…”, les diría, abiertos a expandir los tesoros de la vida monástica, desde vuestra casa, desde vuestra capilla, desde el círculo de la comunidad que ora, medita, trabaja y acoge.

“Poneos en camino…” atentos a la Palabra y a los signos de este tiempo compartiendo con los hombres y mujeres del mundo la vida del Espíritu que es para ser entregada. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Sin palabras

Publicado: 15 junio, 2010 en REFLEXIONES
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SIN PALABRAS
CARMEN NOTARIO, Espiritualidad Integradora Cristiana, cym@espiritualidadintegradoracristiana.com
BILBAO.

ECLESALIA, 15/06/10.- El 27 de Febrero, se celebró en Bilbao una Asamblea de Jóvenes convocada por el Secretariado de Juventud de la Diócesis bajo el lema: “Sin Palabras”.

Este lema, basado en Mc 7, 31-37, la curación de un sordomudo, sugiere la necesidad de encontrar nuevos lenguajes para anunciar la Buena Nueva del evangelio. Los jóvenes eligieron entre varios talleres: música, pintura, imagen, percusión, “focusing”, danza y masaje. Estos talleres tenían como motivo el que pudieran experimentar diferentes maneras de expresarse y picarles la curiosidad para que siguieran profundizando.

Yo estaba a cargo del taller de masaje. Cuando me preparé para ser masajista mi motivación fue precisamente esta: buscar otros lenguajes, además de la palabra, para expresar el amor, la preocupación y el deseo de liberación de la persona en su totalidad.

Desde Antiguo se considera la “imposición de manos” como una forma de curación; no tanto por la invocación de poderes mágicos, sino por el efecto del contacto cuando se realiza con amor. La imposición de manos puede ayudar a la curación física, fisiológica, psicológica y hasta espiritual.

En el evangelio se menciona repetidas veces que Jesús curaba por medio de la imposición de manos. También aparece en este pasaje de la curación del sordomudo: “Le llevaron un hombre que era sordo y que apenas podía hablar y le suplicaban que le impusiera la mano” v.32. Jesús le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva al sordo y pronunciando la palabra Effatha, “que Dios os abra”, se le abrieron los oídos y se le soltó la traba de la lengua. vv 33 y 34. Jesús curaba de una manera “radical”, siempre tocando la raíz del problema. Al no poder oír tampoco podía hablar. Abriendo los oídos con sus propias manos posibilitó que se soltara la lengua y que inmediatamente pudiera hablar correctamente.

Estamos bloqueados muchas veces y nuestros sentidos no nos permiten captar el mundo de fuera y tampoco estamos en contacto con nuestro interior. Necesitamos que se nos “abra por dentro” y entonces sí, sabiendo quien soy me nutro yo y también puedo nutrir a los demás. Los canales de comunicación son muy sutiles. Cuando estemos bloqueados y saturados de palabra, recordemos que también nuestra piel es canal de comunicación. Necesito que me toquen y tocar con respeto.

Hicimos una práctica de masaje muy sencillo poniendo el énfasis en la persona con la que estábamos, el respeto que nos inspiraba, el deseo de comunicarle paz, y de ayudarle a “soltar” la tensión en su cuerpo para provocar el “soltarse” a niveles más profundos.

Al finalizar el taller invité a que los participantes compartieran algunas de las palabras con las que expresarían la experiencia (tanto del momento en el que habían dado el masaje como cuando lo habían recibido): confianza, respeto, amor, ternura, otro nivel de conocimiento más profundo, agradecimiento… son algunas de las palabras que pronunciaron. Se notaba que no eran palabras bonitas sino resumen de una experiencia diferente, para muchos novedosa.

No tenemos por qué vender nuestro cuerpo como mercancía a ningún precio; tampoco tenemos por qué vernos privados del placer del contacto humano, al contrario, lo necesitamos para nuestra salud integral. Lo que sí necesitamos es una experiencia de plenitud que nos haga humildes para pedir cuando necesitamos y generosos para dar sin medida: sin utilizar ni manipular a nadie. No hay mayor placer que experimentar la liberación interior y ayudar a que otros la vayan encontrando también. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: www.espiritualidadintegradoracristiana.com