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EL “ESPÍRITU DE ASÍS”, OASIS Y LLAMAMIENTO DE PAZ
FELIPE ORTIZ, felipe_ortizd@hotmail.com
RÍO DE JANEIRO (BRASIL).

“He elegido Asís como lugar para nuestra jornada de oración por el significado especial del hombre santo que aquí se venera —san Francisco—, conocido y venerado por tantos en el mundo, como símbolo de paz, reconciliación y fraternidad” (Juan Pablo II)

ECLESALIA, 24/10/11.- El “Espíritu de Asís”[1] es un llamado al encuentro y re-encuentro de paz entre los hombres, las naciones y las religiones, que fue inaugurado por el Papa Juan Pablo II, el 27 de octubre de 1986, en Asís, Italia. Así le llamo el Papa Wojtyla a este evento que representó el primer Encuentro Inter-religioso, celebrado en la ciudad del “Sol de Asís”;[2] cuando, respondiendo a la convocatoria del “sucesor de Pedro”, rezaron juntos por la paz, ciento cincuenta representantes de las doce principales religiones del mundo, en una celebración de carácter singular y sin precedentes en la historia de la Iglesia católica. Sin lugar a dudas, detrás de aquella convocación latía el interés por buscar las raíces más profundas de la paz dentro del seno de cada confesión religiosa. El encuentro de Asís reunió a católicos, protestantes, judíos, musulmanes, budistas, sintoístas, religiones tradicionales africanas, hinduistas. Todos unidos en oración para pedir la paz en el mundo en unos momentos en que las relaciones internacionales estaban marcadas por el fantasma de la violencia. Las oraciones hechas dentro de cada tradición religiosa fueron un verdadero “Pentecostés de paz” —como un canto a varias voces a manera de una polifonía de fe— y, a la vez, un kairós para buscar la armonía y la paz entre las religiones del mundo inspirados en el Hermano Francisco de Asís.[3]

A lo largo de sus más de 26 años de pontificado, Juan Pablo II, escogido en tres ocasiones la ciudad de san Francisco para orar por la paz, junto con los líderes religiosos del mundo. La primera vez fue el 27 de octubre de 1986,[4] la segunda el 10 y 11 de enero de 1993, con motivo del conflicto bélico en los Balcanes, y la tercera el 24 de enero de 2002, enmarcada por los atentados a las torres gemelas, el 11 de septiembre de 2001. En esta última “Jornada Mundial de Oración por la Paz”, estuvieron presentes más de 40 delegaciones. Se dieron cita once patriarcas ortodoxos, guiados por el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, “primus inter pares” de las Iglesias ortodoxas, seis antiguas Iglesias de Oriente y dieciséis Iglesias y comunidades cristianas de Occidente, surgidas en su mayoría de la Reforma. Llegaron, además, delegaciones del judaísmo, budismo, Tenrikyo, sintoísmo, Islam, jainismo, sijismo, hinduismo, zoroastrismo, religiones tradicionales africanas y otras denominaciones cristianas. En estos encuentros y jornadas por la paz, la participación judía fue particularmente representativa. En el último encuentro, la delegación judía estaba compuesta por el rabino jefe emérito de Roma Elio Toaff, que estuvo en Asís con su sucesor Riccardo di Segni y otros seis representantes del judaísmo mundial, entre los que destacaron el Gran Rabino francés Samuel-René Sirat y David Rosen, presidente de la asociación «Hijos de la Alianza».

Por su parte, la respuesta islámica fue significativa también. Nunca antes habían respondido tantos musulmanes, como en esta ocasión, a una convocatoria del Papa: llegaron delegados de Arabia Saudita y Paquistán, Irán y Filipinas, Líbano, Egipto y Estados Unidos, Albania y Bulgaria, Jordania y Jerusalén, Libia, Kazajstán, Turquía e Italia. Acudió también el Gran Mufti de Bosnia Herzegovina, Mustafa Ceric. Y, por primera vez, respecto a los encuentros de 1986 y 1993, asistió una nutrida delegación islámica proveniente de Irán.

El encuentro, cuando no, más bien, el desencuentro de las religiones, es sin duda uno de los desafíos más grandes de nuestra época, aún más grande que el del ateísmo, por ello, el hecho de que tantos líderes religiosos se hayan reunido para orar en la cuidad del santo de Asís, fue en sí una invitación al mundo para que tomara consciencia de que ante los densos nubarrones de guerra que oscurecen el escenario político y ante la incapacidad política y diplomática de encontrar soluciones a los conflictos bélicos, existe otra dimensión de la paz y otro camino para promoverla, que no es el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos y diplomáticos sino, el resultado de la oración. En Asís, dijo aquella ocasión el Papa, transformada en un ágora de la paz entre los pueblos, se descubre la importancia de disipar las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión entre los diferentes credos religiosos. Pero las tinieblas no se disipan con las armas; se alejan encendiendo faros de luz (cf. Discurso en Asís, 24 de enero de 2002, n. 1: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de febrero de 2002, p. 6). El encuentro de Asís, aquel 27 de octubre de 1986, marcó el inicio de un nuevo modo de encontrarse y de re-encontrarse entre creyentes de religiones diversas: no más en la lógica de teologías de exclusivismos o inclusivismos, ni de hegemonía hierocrática, ni en contraposición recíproca y mucho menos en el desprecio mutuo, la desacreditación y anatemas, sino, más bien, en la búsqueda mutua de un diálogo constructivo en el que, sin caer en el relativismo ni en el sincretismo, cada uno se abra a los demás con estima, siendo todos conscientes de que Dios es la fuente de la paz. Para usar una expresión de san Pablo apóstol: “Él es nuestra paz” (Ef 2, 14).

Al igual que otrora (1219) Francisco de Asís buscara el diálogo con el sultán Melek-el-Kamel como alternativa al acto belicoso de la cruzada, el “Espíritu de Asís” se constituye en una propuesta pedagógica para recorrer juntos caminos de encuentro, de diálogo y amistad, entre las diferentes denominaciones de credos religiosos. Por ello, hoy que se recuerda los veinticinco años de aquél primer Kairós inter-religioso, es necesario que las personas y las comunidades religiosas manifiesten juntos el más genuino y radical rechazo a cualquier tipo de violencia, de toda espiral de violencia, desde la que pretende disfrazarse de religiosa, recurriendo incluso al nombre de Dios para ofender al hombre (E incluso llegará la hora en que todo el que los mate piense que da culto a Dios. Jn. 16,2). La ofensa al hombre es, en definitiva, ofensa a Dios. No existe ninguna finalidad religiosa que pueda justificar la práctica de la violencia del hombre por el hombre. Por el contrario, la “lógica de Asís” nos invita a cultivar y madurar en la acogida recíproca, en el respeto mutuo, en la renuncia de toda intimidación ideológica, a la búsqueda de cooperación entre los pueblos y naciones pero, sobre todo, en la educación a la paz. Por ello creemos que lleva razón la frase de Gandhi-Hans Küng, cuando dice: “No habrá paz en el mundo hasta que no haya paz entre las religiones, no habrá paz entre las religiones si no hay diálogo entre ellas”.

Asís, ha hecho dar a la Iglesia un extraordinario salto adelante hacia las religiones no cristianas, que hasta entonces nos parecía que vivían en otro planeta. Asís, ha sido el símbolo, la realización de lo que debe ser la tarea de la Iglesia por vocación propia en un mundo en flagrante estado de pluralismo religioso: profesar la unidad del misterio de la salvación en Jesucristo. Cuando Juan Pablo II trató de referir a los Cardenales y miembros de la Curia lo que había sucedido en Asís, en el primer encuentro inter-religioso, pronunció un discurso que me parece el más luminoso para la teología de las religiones (22 de diciembre de 1986). Deteniéndonos en el misterio de unidad de la familia humana fundado al mismo tiempo en la creación y en la redención en Cristo Jesús, el Papa dijo: “Las diferencias son un elemento menos importante respecto a la unidad, la cual, al contrario, es radical, fundamental y determinante”. Asís ha permitido, de ese modo, a hombres y mujeres, dar testimonio de una experiencia auténtica de Dios en el corazón de sus religiones. “Cada oración auténtica ―añadía el Papa― está inspirada por el Espíritu Santo, misteriosamente presente en el corazón de cada hombre”. El “Espíritu de Asís” aletea pues, sobre las agitadas aguas de las religiones y crea puentes de diálogo fraterno en el pluralismo religioso actual.

En esta “lógica de Asís”, el Papa Benedicto XVI ha vuelto a convocar a los líderes de las principales religiones del mundo para un nuevo encuentro en Asís. Este tendrá lugar justamente el día 27 de octubre cuando se recuerda los primeros 25 años de aquél memorable primer encuentro y estará inspirado bajo el tema: “peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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[1] “El espíritu de Asís“: La expresión es de Juan Pablo II. Desde el 27 de octubre de 1986, este “Espíritu” se ha difundido y emulado en diferentes latitudes como expresión inter-religiosa que busca promover la paz. La llamada, pues, a las religiones, es para que sean instrumento de paz en un mundo de violencias y de guerras. El ambiente de fraternidad universal que envuelve y se respira en la ciudad de san Francisco, han dado al papa la ocasión para formular “el Espíritu de Asís“.

[2] Título con que el itálico Dante Alighieri se refiere a Francisco de Asís en su obra: “La Divina Comedia”. Cf. Paraíso, cant. XI, 50.

[3] Revista CHRISTUS No. 756 (septiembre-octubre 2006), p. 53.

[4] El 26 de octubre de 1986, vigilia de la Oración Mundial por la Paz…, ante la Tumba de San Francisco se firmó un hermanamiento entre el templo budista Kozan-ji de Kyoto, Japón, y la Basílica del Santo. El motivo era porque el fundador del templo, el monje budista Myoe, contemporáneo de San Francisco, era como él, un hombre de oración profunda, practicaba una pobreza radical, amaba la creación y fue un reformador de una sociedad corrompida.

No agobien al jefe

Publicado: 7 julio, 2011 en REFLEXIONES
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NO AGOBIEN AL JEFE
“Érase una vez”… una historia real como la vida misma
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 07/07/11.- Dos toques rápidos con los nudillos y abrió la puerta con decisión. La persona que estaba tras la mesa del despacho alzó la vista con ojos sorprendidos; la que entraba leyó instantáneamente un cártel que colgaba de la pared: “Se ruega no agobien al JEFE con sus problemas personales”. Sin mediar palabra salió y siguió rumiando la manera de poder pagar ese mes la guardería de su hijo. Llevaba dos meses sin cobrar su sueldo.

Atravesó los controles de seguridad y esperó leyendo las “ventajas” financieras y de inversión que proponía la entidad en la publicidad de un expositor. Cuando le tocó el turno solicitó revisión de su hipoteca (la que acabaría pagando su hijo, el de la guardería). El empleado bancario, con mirada cansada y triste, señaló escuetamente el cartel colgado en la pared de la derecha: “Se ruega no agobien a los BANQUEROS con sus problemas personales”. Dio media vuelta, atravesó la puerta de seguridad de la oficina y recogió sus “objetos metálicos depositados en el cajetín de la entrada”. Siguió rumiando la forma de poder atender el próximo pago de la hipoteca, sin olvidar que ya tenía los dos anteriores pendientes.

Se dirigió a un organismo oficial para pedir audiencia y exponer otra problemática que le quitaba el sueño. Pasó los controles habituales –tipo aeropuerto-, llegó al mostrador, le indicaron que subiera al último piso y preguntara a la secretaria, que con mirada cansada y ojos de tristeza, le señaló un cartel colgado en una elegante puerta de madera bien barnizada que indicaba: “Se ruega no agobien a los POLÍTICOS con sus problemas personales”. De nuevo media vuelta y a seguir rumiando como atender a su suegra, enferma y con problemas de movilidad, sin ayuda social. Dudando mucho de que, dicha ayuda, llegara a tiempo tras los farragosos trámites y la previsión de espera que le anunciaron cuando la solicitó.

Deambulando por la ciudad intentando despejar el agitado cocktail de problemas de su cabeza, pasó al lado de una gran iglesia. Optó por entrar e intentar serenar su ánimo en aquel recinto. Pero había mucha gente: unos miraban con cara de turistas; otros colocaban cordones de separación para algún acto oficial que previsiblemente se iba a celebrar en breve; algunos más colocaban carteles con tres iniciales que no sabía qué significaban, pero que había visto antes en un anuncio del supermercado. Sintió que no era su sitio y, dando media vuelta, salió a la calle. Quería llegar cuanto antes a casa.

En el trayecto en metro, el sueño se hizo presente por unos instantes. Recordó que había visto como vendedores y mercaderes eran expulsados de un edificio por un hombre con un látigo rudimentario en la mano, al tiempo que gritaba: “Quitad esto de aquí. No convirtáis la casa de mi Padre en un mercado” (Jn, 14-16). Recordó también que su ropa y sus manos tenían suciedad y algunas manchas como cuando se ha hecho un costoso trabajo físico. Volvió a oír su voz que decía: “Venid a mí todos los que estéis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt, 11,28).Una profunda paz inundó su corazón y serenó su cabeza.

Entró sonriente en casa. Los problemas eran los mismos, estaban por solucionar, pero había cambiado su actitud ante ellos. Se había enderezado. Había comprendido.

Jesús y la humanidad entera son el Templo, la Casa del Padre. La injusticia convierte al mundo en un gran mercado bursátil donde se comenten grandes delitos financieros que afectan a la vida de todos, especialmente la de los más débiles. Hay que ponerse en marcha y juntarse para ayudar a que tanto despropósito no se extienda y llegue a convertirse en crónico. Esto exigirá un cambio real de vida orientado hacia la sencillez, cosa que produce agobio a “jefes”, banqueros y políticos, y a los que se dejan camelar por unos y por otros.

Jesús es modelo de este cambio orientado hacia otra forma de vivir y con él una multitud de personas que lucharon y siguen luchando por un mundo mejor y más justo: El que Dios quiere para todos sus hijos.

Los peligros de la oración

Publicado: 5 julio, 2011 en REFLEXIONES
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LOS PELIGROS DE LA ORACIÓN
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 05/07/11.- Me llegó un correo electrónico invitándome a rezar por la paz, haciéndolo todos los días a la misma hora durante un minuto. Parece que durante la Segunda Guerra un consejero de Churchill hizo la misma invitación a los ingleses y pararon los bombardeos. Parece tan sencillo y cuesta tan poco dedicar un minuto por día a dicha convocatoria que creo que vale la pena intentarlo.

Pero, más allá de si creemos o no en los efectos milagrosos de la oración, me doy cuenta de que rezar es peligroso. Esto lo aprendí hace años, en la película “Tierra de Sombras” que relata la vida de C. S. Lewis. En un diálogo que éste mantiene con su obispo sobre si estaba rezando o no luego de la muerte de su esposa, Lewis responde: “no puedo evitar rezar, pero la oración no lo cambia a Dios, me cambia a mí”.

He meditado sobre esta frase muchas veces, dándome cuenta que cualquier oración tiene un enorme poder transformador. Por eso no dudo en el poder de la oración, sino dónde se ejerce dicho poder. Dejando de lado el tema de la energía, que me resulta nuevo y del cuál prácticamente no sé nada, diría que disponernos a orar es disponernos a ser transformados. Por eso considero que es muy peligroso.

En el caso concreto de la invitación a orar por la paz, el poder de la oración sobre mí sería el de hacerme consciente de todas mis acciones contrarias a la paz. Pero no a la paz como algo abstracto, sino a lo concreto de las pequeñas cosas cotidianas. Al estado de mi corazón con respecto al mandamiento de amar a los enemigos, aunque también debería mirarme con respecto a los amigos que muchas veces son las víctimas de mi corazón no pacificado. Arrancar de mi vida todas las cizañas que me impiden reconocer a Jesús en el otro, sobre todo en el diferente es el desafío de orar por la paz. Y cuando oramos por los más necesitados, por los hambrientos, por los excluidos estamos orando para ser capaces de acciones concretas que ayuden a personas concretas a salir de su pobreza o exclusión.

Rezar no es, según creo yo, acudir a un Dios todopoderoso que va a intervenir desde afuera para arreglar los desaguisados que nosotros mismos inventamos, sino que es abrirnos a la Presencia que mora en cada uno de nosotros y en toda la creación, con la disponibilidad para ser transformados. Menudo peligro el de abrir nuestras puertas, el de dejar que se desmoronen las paredes que nos construimos para protegernos de los demás. “El Espíritu sopla donde quiere”, dice el Evangelio, y alguien dijo: “sopla donde lo dejan”.

A dejarlo soplar entonces, aunque se lleve con su viento nuestras comodidades, nuestras certezas, nuestras ideologías. Aunque nos deje desnudos frente a la vida con las únicas armas de la confianza, la libertad y el amor. Aunque nos demos cuenta de que para que haya paz, o para que nadie pase hambre, ni frío, ni soledad tengo que “salir de mi tierra” y “hacerme prójimo” de los que parecen no tener ningún valor. De aquellos que considero una amenaza, ya sea por la inseguridad de la violencia que hoy estamos viviendo o porque con su sola presencia son como una espada que se clava en mi corazón y me pide a gritos que haga algo y me deja sintiéndome impotente. O me cierra aún más para no sufrir y sigo siendo la otra cara de la moneda de la violencia.

Dios actúa desde abajo y desde adentro, no desde arriba y desde afuera. Dios actúa a través mío y tuyo y hasta que no aceptemos esto no nos haremos responsables por las cosas que pasan en el mundo y que nosotros podríamos cambiar siendo de verdad discípulos de Jesús. Todos los que hoy tenemos “cinco panes y dos peces” tenemos la enorme responsabilidad de multiplicar y redistribuir los bienes para que nadie se quede sin sentarse a la mesa.

A rezar entonces, con entusiasmo y sin parar, pero dispuestos a conseguir aquello que pedimos con nuestras acciones concretas: “porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba desnudo, enfermo, preso… ¿Cuándo Señor? Les aseguro que cuando lo hicieron por el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mt 25, 35-40). Entonces sí la paz quedará asegurada. ¡Feliz Pentecostés para todos! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Oración en la noche

Publicado: 9 mayo, 2011 en REFLEXIONES
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ORACION EN LA NOCHE
‘Quédate con nosotros, Señor, que anochece’
TOMÁS MAZA RUIZ, tomasmaza@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 09/05/11.- Señor, hemos vivido contigo momentos de intensa alegría. Hemos asistido en nuestra juventud a un despertar de la Iglesia de su modorra de siglos, en la primavera del buen papa Juan y su Concilio. Hemos sido testigos de la formación de las comunidades eclesiales de base en América Latina, y también entre nosotros de una forma más modesta. Hemos visto florecer la Teología de la Liberación en Latinoamérica, en Africa, en Asia…; una teología que tanto ha aportado a la Iglesia, en reflexión teológica, y en sangre de innumerables mártires, unos conocidos: Romero, Ellacuría y sus compañeros, Gerardi… y miles desconocidos, pertenecientes al pueblo sencillo, que nos han dejado el testimonio imborrable de sus vidas entregadas por el seguimiento de Jesús.

Nosotros esperábamos que esta primavera del Espíritu sería seguida de un renacimiento general en toda tu Iglesia, que las ventanas se abrirían para que entrara el soplo de tu Espíritu que barriera todo el polvo acumulado durante tantos siglos en las instituciones eclesiales y en las conciencias de todos y cada uno de los cristianos. Pero a los cristianos de esta parte del mundo llamada desarrollada no nos ha bastado el testimonio de los mártires. Hemos hecho lo que siempre han hecho los cristianos a través de los siglos con los mártires y los santos: los hemos admirado, los hemos enaltecido e incluso quisiéramos que todos esos mártires fueran elevados a los altares, pero no hemos seguido su ejemplo. No hemos levantado nuestra voz con energía contra las leyes económicas injustas que condenan a la mayor parte de la Humanidad a la miseria, la impotencia y la muerte. No hemos exigido con fuerza en nuestros países el avance de una verdadera democracia económica que sea capaz de ofrecer una verdadera igualdad de oportunidades a todos los ciudadanos: que acabe con las lacras del paro, de los contratos basura y del trabajo en condiciones de inseguridad; que termine con el problema de la falta o la insalubridad de la vivienda; que haga que la educación y la salud estén, de verdad, al alcance de todos los ciudadanos, sea cual sea su poder económico; que la justicia sea igual para todos; que se acabe con la marginación social y con el maltrato a los inmigrantes que vienen a nuestros países en busca de un trabajo digno y que se encuentran con la persecución policial y trabajos marginales mal pagados y sin seguridad social, en la economía sumergida.

Nosotros, los cristianos de las naciones desarrolladas, esperábamos como el grupo de los discípulos de Jesús, entre los que se encontraban los de Emaús, que por obra de Dios, y sin costo alguno por nuestra parte, llegaría el triunfo definitivo, el Reino de Dios sobre la Tierra, y en este reino los que estábamos con Jesús tendríamos, si no los primeros puestos, si el prestigio y el reconocimiento de toda la sociedad. Pero, como tú les dijiste a los de Emaús, somos torpes y lentos de comprensión. Y lo somos aún más que ellos, porque nosotros sí que sabemos que tú tenías que pasar por tu pasión y tu muerte en la cruz para abrirnos las puertas del Reino y también que “el discípulo no puede ser más que su maestro”: si tú sufriste la incomprensión, la persecución y la muerte, no podemos nosotros esperar que el Reino se nos entregue “de rositas”

Tú tuviste conflicto con las autoridades legítimas de tu religión, los herederos de la autoridad conferida a Moisés por Dios mismo en el monte Sinaí. Lo lógico es que ante esa jerarquía emanada de Dios, tú hubieras obedecido dócilmente y dejaras que fueran los sacerdotes los que dictaminaran lo que era y lo que no era voluntad de Dios. Pero tú sabías muy bien que la voluntad de Dios es que el hombre viva, que tenga vida en abundancia, que sea libre y responsable, que su inteligencia y su vitalidad se extienda a todo lo creado, que viva en armonía con el resto de los seres humanos y con la Naturaleza toda, que está, sí, a su servicio, siempre que él la cuide y la respete como hace el labrador con sus cosechas y el jardinero con sus flores. Por defender que el hombre está por encima de la Ley, que la ley, aunque sea la de Dios, está hecha para el hombre y no el hombre para servir a la ley, los sacerdotes de la verdadera religión de Moisés te condenaron a muerte.

Nosotros también tenemos nuestro conflicto -pequeñito- con nuestras legítimas autoridades religiosas. Defendemos que, como laicos, tenemos que tener nuestra voz y nuestro puesto en tu Iglesia y no ser simples acólitos que dicen amén a una autoridad que se cree en posesión de toda la verdad y de todo el poder y considera a los cristianos no como hermanos sino como súbditos. Que discrimina a la mujer sólo por su sexo y no le permite ejercer puestos de responsabilidad en la Iglesia. Pero nuestras reivindicaciones, que creemos justas, las defendemos como derechos al interior de la Iglesia: tener mayor participación en decisiones eclesiales como elección de curas y obispos, acceso de mujeres y casados a los ministerios ordenados, y cosas por el estilo. No reclamamos todavía, o no lo hacemos con voz suficientemente alta, que la Iglesia -y nosotros los primeros dentro de ella- sea fermento de una Humanidad que busca a tientas la verdad y la vida, que seamos los cristianos los primeros en abrir caminos de solidaridad con todos los hombres, que estemos en todos los frentes de batalla -también en los frentes político y económico- donde se decide el progreso del Mundo, que no tengamos miedo a los que pueden matar el cuerpo pero que no tienen poder contra el Espíritu de vida que tú nos viniste a traer. Las discrepancias con nuestras autoridades religiosas no deben servirnos para conseguir un estatus más cómodo dentro del redil eclesial, sino para que tanto nosotros como nuestros pastores, salgamos al aire libre en busca de tantas ovejas perdidas a las que tenemos que salvar para una vida digna y responsable. Sólo de esta manera, por nuestra solidaridad y no por el adoctrinamiento, podrán los hombres conocerte algún día.

Ahora, Señor, está anocheciendo en nuestro mundo y en el interior de cada uno de nosotros. Las tinieblas del neoliberalismo, del consumismo, de la competitividad a cualquier precio para obtener el triunfo sobre los demás, llenan el horizonte del mundo de nuestros días y las sentimos avanzar dentro de nosotros mismos. Lo mismo que tus primeros seguidores ante el “fracaso” de la cruz, sentimos en nuestro interior crecer el desaliento y la desesperanza. Pero tú estás con nosotros en el camino, como estuviste con los de Emaús, aunque lo mismo que ellos, tampoco nosotros te reconocemos. No te reconocemos donde tú dijiste que estabas presente: en los pobres y en los desposeídos por el Sistema, en los marginados por su raza, sexo, religión, enfermedad (los nuevos leprosos de nuestros días, los enfermos de Sida), nacionalidad o, simplemente, por su nulo poder económico. Y, sin embargo, tú caminas en ellos y nos pides nuestra compañía, nuestra ayuda, nuestro calor humano.

Los de Emaús te ofrecieron su compañía y su amistad y te invitaron a quedarte con ellos. Sólo entonces pudiste partir el pan y revelarte a ellos como el Resucitado. Sólo acompañando al mundo en sus angustias y esperanzas podremos celebrar contigo de verdad, y no sólo de forma ritual, la Eucaristía de tu Cuerpo y tu Sangre entregados por el mundo. Sólo entonces te manifestarás a nosotros y podremos correr a compartir nuestra alegría con nuestros hermanos. Cuando los de Emaús corrieron a Jerusalén a anunciar al resto de tus discípulos tu resurrección ya no les importaba que fuera noche cerrada. Tu luz iluminaba todas las tinieblas. Haz con nosotros lo mismo, Señor. Acompáñanos en nuestra oscuridad, aunque nosotros no te reconozcamos, ayúdanos con tu palabra hecha vida a penetrar en el sentido íntimo de las Escrituras, sobre todo de tu Evangelio. Que no nos limitemos a leerlo y comentarlo, sino que tu palabra nos interpele y nos desgarre como espada de doble filo, para que la Palabra se encarne en nuestras vidas y las transforme. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Quédate con nosotros, Señor, y acompáñanos en nuestro caminar.

La postura justa

Publicado: 20 octubre, 2010 en BIBLIA
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30 Tiempo ordinario (C) Lucas 18,9-14
LA POSTURA JUSTA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPÚZCOA).

ECLESALIA, 20/10/10.- Según Lucas, Jesús dirige la parábola del fariseo y el publicano a algunos que presumen de ser justos ante Dios y desprecian a los demás. Los dos protagonistas que suben al templo a orar representan dos actitudes religiosas contrapuestas e irreconciliables. Pero, ¿cuál es la postura justa y acertada ante Dios? Ésta es la pregunta de fondo.El fariseo es un observante escrupuloso de la ley y un practicante fiel de su religión. Se siente seguro en el templo. Ora de pie y con la cabeza erguida. Su oración es la más hermosa: una plegaria de alabanza y acción de gracias a Dios. Pero no le da gracias por su grandeza, su bondad o misericordia, sino por lo bueno y grande que es él mismo.

En seguida se observa algo falso en esta oración. Más que orar, este hombre se contempla a sí mismo. Se cuenta su propia historia llena de méritos. Necesita sentirse en regla ante Dios y exhibirse como superior a los demás.

Este hombre no sabe lo que es orar. No reconoce la grandeza misteriosa de Dios ni confiesa su propia pequeñez. Buscar a Dios para enumerar ante él nuestras buenas obras y despreciar a los demás es de imbéciles. Tras su aparente piedad se esconde una oración “atea”. Este hombre no necesita a Dios. No le pide nada. Se basta a sí mismo.

La oración del publicano es muy diferente. Sabe que su presencia en el templo es mal vista por todos. Su oficio de recaudador es odiado y despreciado. No se excusa. Reconoce que es pecador. Sus golpes de pecho y las pocas palabras que susurra lo dicen todo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador».

Este hombre sabe que no puede vanagloriarse. No tiene nada que ofrecer a Dios, pero sí mucho que recibir de él: su perdón y su misericordia. En su oración hay autenticidad. Este hombre es pecador, pero está en el camino de la verdad.

El fariseo no se ha encontrado con Dios. Este recaudador, por el contrario, encuentra en seguida la postura correcta ante él: la actitud del que no tiene nada y lo necesita todo. No se detiene siquiera a confesar con detalle sus culpas. Se reconoce pecador. De esa conciencia brota su oración: «Ten compasión de este pecador».

Los dos suben al templo a orar, pero cada uno lleva en su corazón su imagen de Dios y su modo de relacionarse con él. El fariseo sigue enredado en una religión legalista: para él lo importante es estar en regla con Dios y ser más observante que nadie. El recaudador, por el contrario, se abre al Dios del Amor que predica Jesús: ha aprendido a vivir del perdón, sin vanagloriarse de nada y sin condenar a nadie. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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El Equipo Eucaristía y la Editorial Verbo Divino promueven “Quiero ver”: una presentación diferente para cada domingo y festividades del año.  Todos los videos se pueden ver en www.quierover.org

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A POSTURA CORRECTA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Segundo Lucas, Jesus dirige a parábola do fariseu e o publicano a alguns que presumem de ser justos ante Deus e desprezam os outros. Os dois protagonistas que sobem ao templo para orar representam duas atitudes religiosas opostas e irreconciliáveis. Mas, qual é a postura correcta e acertada perante Deus? Esta é a pergunta de fundo.

O fariseu é um observante escrupuloso da lei e um praticante fiel da sua religião. Sente-se seguro no templo. Ora de pé e com a cabeça erguida. A sua oração é a mais bonita: uma prece de louvor e acção de graças a Deus. Mas não Lhe dá graças pela Sua grandeza, a Sua bondade ou a Sua misericórdia, mas pelo bom e grande que é ele mesmo.

De seguida observa-se algo falso nesta oração. Mais que orar, este homem contempla-se a si mesmo. Conta a si mesmo a sua própria história cheia de méritos. Necessita sentir-se em consonância perante Deus e exibir-se como superior aos demais.

Este homem não sabe o que é orar. Não reconhece a grandeza misteriosa de Deus nem confessa a sua própria pequenez. Procurar Deus para enumerar ante Ele as nossas boas obras e desprezar os outros é de imbecil. Por detrás da sua aparente piedade esconde-se uma oração “ateia”. Este homem não necessita de Deus. Não Lhe pede nada. Basta-se a si mesmo.

A oração do publicano é muito diferente. Sabe que a sua presença no templo é mal vista por todos. O seu ofício de cobrador é odiada e desprezada. Não se desculpa. Reconhece que é pecador. Os seus golpes de peito e as poucas palavras que sussurra dizem tudo: «Oh Deus! tem compaixão deste pecador».

Este homem sabe que não se pode vangloriar. Não tem nada para oferecer a Deus, mas sim muito que receber Dele: o Seu perdão e a Sua misericórdia. Na Sua oração há autenticidade. Este homem é pecador, mas está no caminho da verdade.

O fariseu não se encontrou com Deus. Este cobrador, pelo contrário, encontra de seguida a postura correcta ante Ele: a atitude do que não tem nada e necessita de tudo. Não se detêm sequer a confessar com detalhe as suas culpas. Reconhece-se pecador. Dessa consciência brota a sua oração: «Tem compaixão deste pecador».

Os dois sobem ao templo para orar, mas cada um leva no seu coração a sua imagem de Deus e o seu modo de relacionar-se com Ele. O fariseu continua enredado numa religião legalista: para Ele o importante é estar em consonância com Deus e ser mais observante que ninguém. O cobrador, pelo contrário, abre-se ao Deus do Amor que predica Jesus: aprendeu a viver do perdão, sem vangloriar-se de nada e sem condenar ninguém.

 

La posizione giusta

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Secondo Luca, Gesù indirizza la parabola del fariseo e del pubblicano ad alcuni che presumono di essere giusti davanti a Dio e disprezzano gli altri. I due protagonisti che salgono al tempio per pregare, rappresentano due atteggiamenti religiosi contrapposti e inconciliabili. Ma qual è la posizione giusta e azzeccata davanti a Dio? Questa è la domanda di fondo.

Il fariseo è un osservante scrupoloso della legge e un praticante fedele della sua religione. Si sente sicuro nel tempio. Prega in piedi e con il capo eretto. La sua preghiera è la più bella: una preghiera di lode e azione di grazie a Dio. Non gli rende grazie, però, per la sua grandezza, per la sua bontà e misericordia, ma per la cosa buona e grande che è lui stesso.

Si nota subito qualcosa di falso in questa preghiera. Più che pregare, quest’uomo contempla se stesso. Si racconta la sua propria storia, piena di meriti. Ha bisogno di sentirsi in regola davanti a Dio ed esibirsi come superiore agli altri.

Quest’uomo non sa che cosa è pregare. Non riconosce la grandezza misteriosa di Dio, né confessa la propria piccolezza. Cercare Dio per enumerare davanti a lui le nostre buone opere e disprezzare gli altri è da imbecilli. Dietro la sua apparente pietà si nasconde una preghiera “atea”. Quest’uomo non ha bisogno di Dio. Non gli chiede nulla. Basta a se stesso.

La preghiera del pubblicano è molto diversa. Sa che la sua presenza nel tempio è malvista da tutti. Il suo ufficio di esattore delle imposte è odiato e disprezzato. Non si scusa. Riconosce di essere peccatore. Il suo battersi il petto e le poche parole che sussurra lo dicono chiaro: “Dio, abbi pietà di questo peccatore”.

Quest’uomo sa che non può vantarsi. Non ha nulla da offrire a Dio, ha piuttosto molto da ricevere da lui: il suo perdono e la sua misericordia. Nella sua preghiera c’è autenticità. Quest’uomo è peccatore, ma è sul commino della verità.

Il fariseo non si è incontrato con Dio. Questo esattore delle imposte, al contrario, trova subito la posizione corretta davanti a lui: l’atteggiamento di chi non ha nulla e ha bisogno di tutto. Non si ferma nemmeno a confessare, nei dettagli, le sue colpe. Si riconosce peccatore. Da questa coscienza nasce la sua preghiera: “Abbi pietà di questo peccatore”.

I due salgono al tempio a pregare, ma ciascuno ha nel cuore la propria immagine di Dio e il proprio modo di relazionarsi a lui. Il fariseo continua ad essere irretito nella sua religione legalista; per lui l’importante è essere in regola con Dio ed essere più osservante di tutti. L’esattore delle imposte, al contrario, si apre al Dio dell’Amore che Gesù annuncia; ha imparato a vivere del perdono, senza vantarsi di nulla e senza condannare nessuno.

LA JUSTE POSITION

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

D’après Luc, Jésus adresse la parabole du pharisien et du publicain à certaines personnes qui se vantent d’être justes devant Dieu tout en méprisant les autres. Les deux protagonistes qui montent au temple pour prier représentent deux attitudes religieuses opposées et irréconciliables. Mais quelle est la position juste et pertinente devant Dieu? Voilà la question de fond.

Le pharisien se caractérise par la stricte observance de la loi et par la pratique fidèle de sa religion. Dans le temple, il se sent rassuré. Il prie debout, la tête haute. Sa prière est la plus belle: un prière de louange et d’action de grâces à Dieu. Mais il ne le remercie pas pour sa grandeur, sa bonté ou sa miséricorde, mais parce que lui-même est grand et bon.

On remarque tout de suite quelque chose de faux dans cette prière. Plutôt que prier, cet homme se contemple lui-même. Il se raconte sa propre histoire pleine de mérites. Il a besoin de se sentir en règle devant Dieu et de se montrer supérieur aux autres.

Cet homme ignore ce que c’est que prier. Il ne reconnaît pas la grandeur mystérieuse de Dieu et ne confesse pas sa propre petitesse. Chercher Dieu pour égrainer devant lui nos bonnes œuvres, tout en méprisant les autres, c’est propre aux imbéciles. Derrière sa piété apparente, c’est une prière “athée” qui est cachée. Cet homme n’a pas besoin de Dieu. Il ne lui demande rien. Il se suffit à lui-même. .

La prière du publicain est très différente. Il sait que sa présence dans le temple est mal vue par tout le monde. Son métier de collecteur d’impôts est haï et méprisé. Il ne s’en excuse pas. Il reconnaît être pécheur. Ses coups frappés sur sa poitrine et les quelques mots qu’il murmure expriment tout: “O mon Dieu, prends pitié du pauvre pécheur que je suis”.

Cet homme sait qu’il ne peut pas se vanter. Il n’a rien à offrir à Dieu, mais il a beaucoup à recevoir de lui: son pardon et sa miséricorde. Il y a de l’authenticité dans sa prière. C’est un homme pécheur certes, mais il avance sur le chemin de la vérité.

Le pharisien n’a pas rencontré Dieu. Ce collecteur d’impôts, par contre, trouve tout de suite la juste position devant lui: l’attitude de celui qui n’a rien et qui a besoin de tout. Il ne s’attarde même pas à avouer ses fautes de façon détaillée. Il se reconnaît pécheur. C’est de cette conscience que jaillit sa prière: “prends pitié du pauvre pécheur que je suis”.

Les deux montent au temple pour prier mais chacun porte dans son cœur une image de Dieu et la façon d’entrer en relation avec lui. Le pharisien continue d’être pris dans le filet d’une religion légaliste: ce qui importe pour lui, c’est d’être en règle avec Dieu et d’observer la loi mieux que quiconque. Le collecteur d’impôts par contre, s’ouvre au Dieu Amour prêché par Jésus: il a appris à vivre du pardon, sans se vanter de rien et sans condamner personne.

HOW GREAT I AM!

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

According to Luke, Jesus addressed this parable about the Pharisee and the Publican to some people who prided themselves of being virtuous and despised everyone else. The two men who went to the temple to pray represent two religious attitudes that are irreconcilable: which is the right and proper attitude before God? That is what really matters to us.

The Pharisee is a scrupulous keeper of the Law and a meticulous follower of religious practices. He feels at home in the temple. He stands up and with his head upright. His prayer is nice and eloquent: he praises and thanks God profusely. But he is not thanking God for his greatness, goodness and mercy, but for his own personal merits and achievements. “How great I am!”

There is something fake about his prayer. More than praying, this man

is looking at himself. He is recounting his own life and achievements. He wants to make a great impression before God and appear much superior to others.

This man does not know how to pray. He does not recognize God’s bountiful greatness, or confess his own dependence. Standing before God just to proclaim one’s own glorious merits and despise everyone else is a proof of one’s foolishness. Behind his self-proclaimed piety, there is a Godless prayer. This man, evidently, does not

need God. He has no need of God. He is and has everything he needs.

The Publican’s prayer is quite different. To begin with, he knows that his presence in the temple is not welcome. Being a tax collector, he is hated and despised by everyone. He has no excuses. He knows he is a sinner. He beats his breast and all he can say is “God, be merciful to me, a sinner!”

The publican knows that he has nothing to feel proud about. He has nothing to show to God, but a lot that God can give him: mercy and forgiveness. His prayer is honest and sincere. This man is a sinner, but on his way to finding the truth.

The Pharisee has not found or addressed God. The Publican, on the other hand, has taken the right attitude before Him: a man who has nothing and needs everything. He does not need to recount all his sins. He simply recognises that he is a sinner. He openly confesses: “Be merciful to me, a sinner!”

The two went up to the temple to pray, but each one had in his heart his own idea of God and a way of relating to Him. The Pharisee was all part of a legalistic religion: what really mattered to him was observing God’s laws and doing it better than others. The Publican, on the other hands knew about a loving God that Jesus preached about: he had learned about forgiving everyone and never to condemn others.

 

JARRERA ZUZENA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jainkoaren aurrean zuzenak zirela uste zuten eta gainerakoak mespretxatzen zituzten batzuei zuzendu zien Jesusek fariseuaren eta zerga-biltzailearen parabola hau, Lukasen arabera. Tenplura otoitz egitera igo diren bi protagonistek bi jarrera erlijioso ordezkatzen dituzte, jarrera kontrajarriak eta bateraezinak. Baina zein da jarrera zuzena eta zinezkoa Jainkoaren aurrean? Hori da sakoneko galdera.

Legearen betetzaile zorrotza da fariseua, eta bere erlijioa fidelki betetzen du. Bere burua seguru sentitzen du tenpluan. Zutik egiten du otoitz eta burua tente. Otoitzik ederrena du egiten: gorespen-kanta eta esker otoitza Jainkoari. Baina ez dizkio eskerrak ematen Jainkoa handia, onbera edo errukiorra delako, baizik bera, fariseua, ona eta handia omen delako.

Berehala ikusten da zerbait faltsurik otoitz horretan. Otoitz egin baino gehiago, bere burua du kontenplatzen gizon honek. Bere historia du kontatzen, merezimenduz betea. Jainkoaren aurrean legearen arabera dagoela sentitu nahi du eta gainerakoak baino gailenago dela agertu.

Gizon honek ez daki otoitz egitea zer den. Ez du aitortzen Jainkoaren misteriozko gorentasuna, ezta bere xumetasuna ere. Jainkoaren bila ibiltzea, nork bere egintza onak zerrendatzeko eta gainerakoak mespretxatzeko, zoroarena egitea da. Gizon honen itxurazko jainkotasunaren pean otoitz «ateo» bat ageri da. Gizon honek ez du Jainkoaren premiarik. Ez dio ezer eskatzen. Aski du bere burua.

Oso bestelakoa da zerga-biltzailearen otoitza. Badaki gaizki ikusia dela bera tenpluan egotea. Honen lanbidea, zergak biltzekoa, gorrotagarria da eta mespretxatua. Baina ez da ari aitzakia bila. Aitortzen du bekatari dela. Hau bular joka ikusteak eta xuxurlatzen dituen hitz apurrek nabari dute: «Ene Jainkoa, erruki zakizkio bekatari honi!»

Gizon honek badaki ez duela zertan harrotu. Ez du ezer Jainkoari eskaintzeko; bai, ordea, hartzeko asko harengandik: barkazioa eta errukia. Jatortasuna ageri da honen otoitzean. Bekataria da gizon hau, baina egiaren bidean dabil.

Fariseuak ezin egin izan du topo Jainkoarekin. Zerga.biltzaile honek, ostera, berehala aurkitu du jarrera jatorra Jainkoaren aurrean: deusik ez duenaren eta guztiaren premia duenaren jarrera. Ez da luzatzen ere bere erruak xeheki aitortzen. Bekatari aitortzen du bere burua. Uste horretatik dario otoitza: «Erruki zakizkio bekatari honi».

Biak igo dira tenplura otoitz egitera; alabaina, Jainkoaz nork bere irudia du bihotzean eta harekin erlazionatzeko nork bere era. Fariseuak erlijio legalistan trabaturik jarraitzen du: honentzat gauzarik garrantzizkoena Jainkoaren aurrean legearen arabera egotea da eta beste guztiak baino betetzaileago izatea. Zerga.biltzaileak, ostera, Jesusek hots egiten duen Maitasunaren Jainkoari ireki dio bere bihotza: barkatua dela jakitetik bizi da, ezertaz harrotu gabe eta inor gaitzetsi gabe.

 

LA POSTURA JUSTA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Segons Lluc, Jesús adreça la paràbola del fariseu i el publicà a alguns que presumeixen de ser justos davant Déu i menyspreen els altres. Els dos protagonistes que pugen al temple a pregar representen dues actituds religioses contraposades i irreconciliables. Però, quina és la postura justa i encertada davant Déu? Aquesta és la pregunta de fons.

El fariseu és un observant escrupolós de la llei i un practicant fidel de la seva religió. Se sent segur en el temple. Prega dret i amb el cap ben alt. La seva pregària és la més bonica: una pregària de lloança i acció de gràcies a Déu. Però no li dóna gràcies per la seva grandesa, la seva bondat o misericòrdia, sinó pel bo i gran que és ell mateix.

De seguida s’observa alguna cosa falsa en aquesta oració. Més que pregar, aquest home es contempla a si mateix. S’explica la seva pròpia història plena de mèrits. Necessita sentir-se en regla davant Déu i exhibir-se com a superior als altres.

Aquest home no sap el que és pregar. No reconeix la grandesa misteriosa de Déu ni confessa la seva pròpia petitesa. Cercar Déu per enumerar davant seu les nostres bones obres i menysprear els altres és d’imbècils. Darrere la seva aparent pietat s’hi amaga una oració “atea”. Aquest home no necessita Déu. No li demana res. Es basta a si mateix.

La pregària del publicà és molt diferent. Sap que la seva presència en el temple és mal vista per tothom. El seu ofici de recaptador és odiat i menyspreat. No se n’excusa. Reconeix que és pecador. Els seus cops al pit i les poques paraules que xiuxiueja ho diuen tot: «Déu meu, sigues-me propici, que sóc un pecador».

Aquest home sap que no pot vanagloriar-se. No té res a oferir a Déu, però sí molt per rebre d’ell: el seu perdó i la seva misericòrdia. En la seva oració hi ha autenticitat. Aquest home és pecador, però està en el camí de la veritat.

El fariseu no s’ha trobat amb Déu. Aquest recaptador, en canvi, troba de seguida la postura correcta davant d’ell: l’actitud de qui no té res i ho necessita tot. No s’atura ni tan sols a confessar amb detall les seves culpes. Es reconeix pecador. D’aquesta consciència brolla la seva pregària: «Sigues-me propici, que sóc un pecador».

Tots dos pugen al temple a pregar, però cada un porta en el seu cor la seva imatge de Déu i la seva manera de relacionar-s’hi. El fariseu segueix embolicat en una religió legalista: per a ell l’important és estar en regla amb Déu i ser més observant que ningú. El recaptador, en canvi, s’obre al Déu de l’Amor que predica Jesús: ha après a viure del perdó, sense vanagloriar-se de res i sense condemnar ningú.

A POSTURA XUSTA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Segundo Lucas, Xesús dirixe a parábola do fariseo e o publicano a algúns que presumen de ser xustos ante Deus e desprezan aos demais. Os dous protagonistas que soben ao templo a orar representan dúas actitudes relixiosas contrapostas e irreconciliábeis. Mas, cal é a postura xusta e acertada diante de Deus? Esta é a pregunta de fondo.

O fariseo é un observante escrupuloso da lei e un practicante fiel da súa relixión. Séntese seguro no templo. Ora de pé e coa cabeza ergueita. A súa oración é a máis fermosa: Unha pregaria de loanza e acción de grazas a Deus. Pero non lle dá grazas a Deus pola súa grandeza, pola súa bondade ou pola súa misericordia, senón polo bo e grande que é el mesmo.

Axiña se observa algo falso nesta oración. Máis que orar, este home contémplase a si mesmo. Cóntase a si mesmo a súa propia historia chea de méritos. Necesita sentirse en regra ante Deus para exhibirse como superior aos demais.

Este home non sabe o que é orar. Non recoñece a grandeza misteriosa de Deus nin confesa a súa propia pequenez. Buscar a Deus para enumerar ante el as nosas boas obras e, ao tempo, desprezar aos demais, é de imbéciles. Tras da súa aparente piedade escóndese unha oración “atea”. Este home non necesita a Deus. Non lle pide nada. Abóndase a si mesmo.

A oración do publicano é moi diferente. Sabe que a súa presenza no templo é mal vista por todos. O seu oficio de recadador é odiado e desprezado. Non se escusa. Recoñece que é pecador. Os seus golpes de peito e as poucas palabras que murmura dino todo: «Ou Deus!, ten compaixón deste pecador».

Este home sabe que non pode vangloriarse. Non ten nada que ofrecer a Deus, pero si moito que recibir del: O seu perdón e a súa misericordia.

Na súa oración hai autenticidade. Este home é pecador, pero está no camiño da verdade.

O fariseo non se atopou con Deus. Este recadador, pola contra, atopa axiña a postura correcta ante el: A actitude do que non ten nada e de quen necesita todo. Non se detén sequera a confesar con detalle as súas culpas. Recoñécese pecador. Desa conciencia xermola a súa oración: «Ten compaixón deste pecador!».

Os dous soben ao templo a orar, pero cada un leva no seu corazón a súa imaxe de Deus e o seu modo de relacionarse con el. O fariseo segue enredado nunha relixión legalista: Para el o importante é estar en regra con Deus e ser máis observante do que ninguén. O recadador, pola contra, ábrese ao Deus do Amor que predica Xesús: Aprendeu a vivir do perdón, sen vangloriarse de nada e sen condenar a ninguén.



Gracias por la fe

Publicado: 14 octubre, 2010 en REFLEXIONES
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GRACIAS POR LA FE
CARMEN ILABACA HORMAZÁBAL, Carmen.Ilabaca@anasac.cl
 CHILE.

ECLESALIA, 14/10/10.- Señor bueno y misericordioso, ¡Gracias por la fe!

Jesús amigo de los necesitados, has estado en los corazones de 33 hombres pobres; todos trabajadores chilenos, que en estos momentos están siendo sacados desde las entrañas de la tierra.

Padre, la fe en Ti, los ha mantenido en pie, llenos de esperanzas. Acompáñalos a ellos y a sus familias, para que juntos sepan agradecerte el don de la vida y seguir tras tus huellas.

Ahora es necesario, que las autoridades busquen a los responsables, de este robo a la dignidad del trabajador. Los mineros imagen de la esclavitud de hoy.

En Chile, país al fin del mundo, te has mostrado, Señor. Y te damos gracias una vez, por hacerlo a través de los pobres: tus preferidos. ¡Gracias por dejarnos enseñar por ellos!

33 años tenías en tu Pascua, hoy hay 33 hombres que han vivido tu resurrección. ¡Gracias, Señor!

Cariñosamente y con el corazón emocionado por este buen Dios que se ha mostrado en Chile.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

PDF. Lista de los mineros rescatados

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Imágenes del rescate del primer minero chileno, Florencio Ávalos

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Invocación

Publicado: 19 mayo, 2010 en BIBLIA
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Pentecostés (C) Juan 14, 15-16.23b-26
INVOCACIÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/05/10.- Ven Espíritu Creador e infunde en nosotros la fuerza y el aliento de Jesús. Sin tu impulso y tu gracia, no acertaremos a creer en él; no nos atreveremos a seguir sus pasos; la Iglesia no se renovará; nuestra esperanza se apagará. ¡Ven y contágianos el aliento vital de Jesús!

Ven Espíritu Santo y recuérdanos las palabras buenas que decía Jesús. Sin tu luz y tu testimonio sobre él, iremos olvidando el rostro bueno de Dios; el Evangelio se convertirá en letra muerta; la Iglesia no podrá anunciar ninguna noticia buena. ¡Ven y enséñanos a escuchar sólo a Jesús!

Ven Espíritu de la Verdad y haznos caminar en la verdad de Jesús. Sin tu luz y tu guía, nunca nos liberaremos de nuestros errores y mentiras; nada nuevo y verdadero nacerá entre nosotros; seremos como ciegos que pretenden guiar a otros ciegos. ¡Ven y conviértenos en discípulos y testigos de Jesús!

Ven Espíritu del Padre y enséñanos a gritar a Dios “Abba” como lo hacía Jesús. Sin tu calor y tu alegría, viviremos como huérfanos que han perdido a su Padre; invocaremos a Dios con los labios, pero no con el corazón; nuestras plegarias serán palabras vacías. ¡Ven y enséñanos a orar con las palabras y el corazón de Jesús!

Ven Espíritu Bueno y conviértenos al proyecto del “reino de Dios” inaugurado por Jesús. Sin tu fuerza renovadora, nadie convertirá nuestro corazón cansado; no tendremos audacia para construir un mundo más humano, según los deseos de Dios; en tu Iglesia los últimos nunca serán los primeros; y nosotros seguiremos adormecidos en nuestra religión burguesa. ¡Ven y haznos colaboradores del proyecto de Jesús!

Ven Espíritu de Amor y enséñanos a amarnos unos a otros con el amor con que Jesús amaba. Sin tu presencia viva entre nosotros, la comunión de la Iglesia se resquebrajará; la jerarquía y el pueblo se irán distanciando siempre más; crecerán las divisiones, se apagará el diálogo y aumentará la intolerancia. ¡Ven y aviva en nuestro corazón y nuestras manos el amor fraterno que nos hace parecernos a Jesús!

Ven Espíritu Liberador y recuérdanos que para ser libres nos liberó Cristo y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Sin tu fuerza y tu verdad, nuestro seguimiento gozoso a Jesús se convertirá en moral de esclavos; no conoceremos el amor que da vida, sino nuestros egoísmos que la matan; se apagará en nosotros la libertad que hace crecer a los hijos e hijas de Dios y seremos, una y otra vez, víctimas de miedos, cobardías y fanatismos. ¡Ven Espíritu Santo y contágianos la libertad de Jesús! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

INVOCAÇÃO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Vem Espírito Criador e infunde em nós a força e o alento de Jesus. Sem o Teu impulso e a Tua graça, não conseguiremos acreditar Nele; não nos atreveremos a seguir os Seus passos; a Igreja não se renovará; a nossa esperança apagar-se-á. Vem e contagia-nos com o alento vital de Jesus!

Vem Espírito Santo e recorda-nos as palavras boas que dizia Jesus. Sem a Tua luz e o Teu testemunho sobre Ele, iremos esquecendo o rosto bom de Deus; o Evangelho irá converter-se em letra morta; a Igreja não poderá anunciar boas novas. Vem e ensina-nos a só escutar a Jesus!

Vem Espírito da Verdade e faz-nos caminhar na verdade de Jesus. Sem a Tua luz e a Tua guia, nunca nos libertaremos dos nossos erros e mentiras; nada novo e verdadeiro nascerá entre nós; seremos como cegos que pretendem guiar a outros cegos. Vem e converte-nos em discípulos e testemunhas de Jesus!

Vem Espírito do Pai e ensina-nos a gritar a Deus “Abba” como o fazia Jesus. Sem o Teu calor e a Tua alegria, viveremos como órfãos que perderam o seu Pai; invocaremos a Deus com os lábios, mas não com o coração; as nossas orações serão palavras vazias. Vem e ensina-nos a orar com as palavras e o coração de Jesus!

Vem Espírito Bom e converte-nos ao projecto do “reino de Deus” inaugurado por Jesus. Sem a Tua força renovadora, ninguém converterá o nosso coração cansado; não teremos audácia para construir um mundo mais humano, segundo os desejos de Deus; na Tua Igreja os últimos nunca serão os primeiros; e nós seguiremos adormecidos na nossa religião burguesa. Vem e faz-nos colaboradores do projecto de Jesus!

Vem Espírito de Amor e ensina-nos a amar-nos uns aos outros com o amor com que Jesus amava. Sem a Tua presença viva entre nós, a comunhão da Igreja se partirá; a hierarquia e o povo irão distanciar sempre mais; crescerão as divisões, e apagar-se-á o diálogo e aumentará a intolerância. Vem e aviva nos nossos corações e nas nossas mãos o amor fraterno que nos faz parecer-nos a Jesus!

Vem Espírito Libertador e recorda-nos que para ser livres fomos libertados por Cristo e não para deixar-nos oprimir de novo pela escravidão. Sem a Tua força e a Tua verdade, o nosso seguir a Jesus irá converter-se em moral de escravos; não conheceremos o amor que dá vida, mas apenas os nossos egoísmos que a matam; apagar-se-á em nós a liberdade que faz crescer os filhos e filhas de Deus e seremos, uma e outra vez, vítimas de medos, cobardias e fanatismos. Vem Espírito Santo e contagia-nos com a liberdade Jesus!

 

INVOCAZIONE

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Vieni, Spirito Creatore, e infondi in noi la forza e il soffio vitale di Gesù. Senza il tuo impulso e la tua grazia, non arriveremo a credere in lui, non avremo il coraggio di seguire i suoi passi; la Chiesa non si rinnoverà; la nostra speranza si spegnerà. Vieni, e trasmettici il soffio vitale di Gesù!

Vieni, Spirito Creatore, e ricordaci le parole buone che diceva Gesù. Senza la tua luce e la tua testimonianza su di lui, dimenticheremo il volto di bontà di Dio; l’Evangelo diventerà lettera morta; la Chiesa non potrà annunciare alcuna buona notizia. Vieni, e insegnaci ad ascoltare solo Gesù!

Vieni, Spirito di Verità, e aiutaci a camminare nella verità di Gesù. Senza la tua luce e la tua guida, non ci libereremo mai dai nostri errori e dalle nostre menzogne; nulla di nuovo e di vero nascerà tra di noi; saremo come ciechi che pretendono di guidare altri ciechi. Vieni, e convertici in discepoli e testimoni di Gesù!

Vieni, Spirito del Padre, e insegnaci a gridare a Dio “Abbà”, come faceva Gesù. Senza il tuo calore e la tua gioia, vivremo come orfani che hanno perso il Padre; invocheremo Dio con le labbra, ma non con il cuore; le nostre preghiere saranno parole vuote. Vieni, e insegnaci a pregare con le parole e il cuore di Gesù!

Vieni, Spirito Buono, e convertici al progetto del “regno di Dio” inaugurato da Gesù. Senza la tua forza rinnovatrice, nessuno convertirà il nostro cuore stanco; non avremo il coraggio per costruire un mondo più umano, secondo i desideri di Dio; nella tua Chiesa, gli ultimi non saranno mai i primi; e noi continueremo a vivere addormentati nella nostra religione borghese. Vieni, e rendici collaboratori del progetto di Gesù!

Vieni, Spirito di Amore, e insegnaci ad amarci gli uni gli altri con l’amore con il quale amava Gesù. Senza la tua presenza viva tra di noi, la comunione della Chiesa si sgretolerà; la gerarchia e il popolo si distanzieranno sempre di più; cresceranno le divisioni, si spegnerà il dialogo e aumenterà l’intolleranza. Vieni, e ravviva nel nostro cuore e nelle nostre mani l’amore fraterno che ci fa assomigliare a Gesù!

Vieni, Spirito Liberatore, e ricordaci che Gesù ci ha liberati perché fossimo liberi e non per lasciarci opprimere di nuovo dalla schiavitù. Senza la tua forza e la tua verità, la nostra sequela gioiosa di Gesù diventerà morale di schiavi; non conosceremo l’amore che dà vita, ma i nostri egoismi che la uccidono; si spegnerà in noi la libertà che fa crescere le figlie e i figli di Dio e saremo, prima o poi, vittime di paure, vigliaccherie e fanatismi. Vieni, Spirito Santo, e trasmettici la libertà di Gesù!

 

INVOCATION

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Viens Esprit Créateur, et répands en nous la force et l’élan de Jésus. Sans ton élan et sans ta grâce, nous ne réussirons pas à croire en lui ; nous n’oserons pas suivre ses traces ; l’Eglise ne se renouvellera pas; notre espérance s’éteindra. Viens et communique-nous l’élan vital de Jésus!

Viens Esprit Saint, et rappelle-nous les bonnes paroles que Jésus prononçait. Sans ta lumière et sans ton témoignage sur lui, nous risquons d’oublier le visage bon de Dieu ; l’Evangile deviendra lettre morte ; l’Eglise ne pourra annoncer aucune bonne nouvelle. Viens et apprends-nous à n’écouter que Jésus !

Viens Esprit de Vérité, et fais-nous marcher dans la vérité de Jésus. Sans ta lumière et sans ton accompagnement, nous ne nous libérerons jamais de nos erreurs et de nos mensonges ; rien de neuf ni de vrai ne naîtra parmi nous; nous serons comme des aveugles qui prétendent guider d’autres aveugles. Viens et fais de nous des disciples et des témoins de Jésus !

Viens Esprit du Père, et apprends-nous à crier vers Dieu “Abba” comme Jésus le faisait. Sans ta chaleur, sans ta joie, nous vivrons comme des orphelins ayant perdu leur père ; nous invoquerons Dieu des lèvres mais pas avec le cœur; nos prières seront de vaines paroles. Viens et apprends-nous à prier avec les mots et le cœur de Jésus!

Viens Esprit de bonté, et convertis-nous au projet du “royaume de Dieu” inauguré par Jésus. Sans ta force rénovatrice, personne ne pourra changer notre cœur fatigué; nous manquerons d’audace pour construire un monde plus humain, selon les désirs de Dieu; jamais dans ton Eglise, les derniers seront premiers ; et nous continuerons à somnoler dans notre religion bourgeoise. Viens et fais de nous des collaborateurs du projet de Jésus!

Viens Esprit d’Amour, et apprends-nous à nous aimer les uns les autres de l’amour dont Jésus nous a aimés. Sans ta présence vivante parmi nous, la communion de l’Eglise se brisera ; la hiérarchie et le peuple s’éloigneront de plus en plus l´un de l´autre; les divisions s’accroîtront, le dialogue s’éteindra et l’intolérance augmentera. Viens et ravive dans nos cœurs et dans nos mains, l’amour fraternel qui nous fait ressembler à Jésus!

Viens Esprit Libérateur, et rappelle-nous que c’est pour être libres que le Christ nous a libérés et non pas pour laisser l’esclavage nous opprimer à nouveau. Sans ta force, sans ta vérité, notre marche joyeuse à la suite de Jésus deviendra une morale d’esclaves ; nous ne connaîtrons pas l’amour qui donne vie, mais plutôt nos égoïsmes qui la tuent ; en nous, s’éteindra cette liberté qui fait grandir les fils et les filles de Dieu, et nous serons encore (les) victimes de(s) peurs, de(s) lâchetés et de(s) fanatismes. Viens Esprit Saint et envahis-nous de la liberté de Jésus!

C INVOCATION – COME, HOLY SPIRIT

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Come, Holy Spirit Creator, and pour into us the strength and the breath of Jesus. Without your inspiration and grace, we will never believe in Him; we will never learn to follow in His footsteps; the church will not be renewed and our hope will fade. Come and share with us the vital Spirit of Jesus.

Come, Holy Spirit, and remind us about all the good words that Jesus spoke. Without your light and witness about Him, we shall, little by little, forget the good face of God; the gospel will become like dead language, and the church will not be able to bring the Good News. Come and teach us to listen only to Jesus.

Come, Spirit of Truth, and help us walk in the truth of Jesus. Without your light and guidance, we shall never be freed from our own errors and lies; we shall not bring out anything new or true; we will be like blind people leading other blind. Come, and make of us true disciples and witnesses of Jesus.

Come, Spirit of the Father, and teach us to cry to God “Abba!” as Jesus did. Without your warmth and joy, we will live like orphans who have lost their father; we shall invoke his name with our lips, not with our hearts; our prayers will be empty words. Come and teach us to pray in the words and the heart of Jesus.

Come, Good Spirit, and bring us into Jesus’ project of the Kingdom of God. Without your renewing strength, no one will change our tired hearts; we will never muster enough strength to build a more humane world, as God wants; within your church, the last will never be first; we shall continue to be pleased with our bourgeois Church. Come, and make us partners in Jesus’ project.

Come, Spirit of Love, and teach us to love one another the way Jesus loved. Without his living presence among us, communion within our Church will cease; the hierarchy and the people will get further apart; there will be divisions, less dialogue and intolerance will grow. Come, Spirit, and bring life into our hearts so that our hands may show and spread the brotherly love

Jesus taught us.

Come, Liberating Spirit, and remind us about Jesus who came to liberate us and to continue helping others to be free. Without your strength and truth, our joyful following of Jesus will become a pack of slaves; we won’t know the joy of life, but only the selfishness that kills; there will be no in us freedom to help our children of God to grow and we shall, time and again, become victims of fear, cowardice and fanaticism. Come, Holy Spirit, and imbibe in us the freedom of Jesus!

 

ESPIRITU SANTUARI DEI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Zatoz, Espiritu kreatzailea, eta isuri gu baitan Jesusen indarra eta hatsa. Zure eraginik eta laguntzarik gabe, ezin dugu harengan sinetsi; ezin ausartu gara haren urratsei jarraitzera: Eliza ez da eraberrituko; gure esperantza itoko da. Zatoz eta kutsa gaitzazu Jesusen bizi-hatsez!

Zatoz, Espiritu Santua, eta ekarri guri gogora Jesusek esan ohi zituen hitz onak. Zure argirik eta harekiko zure testigutzarik gabe, ahaztuz joanen gara Jainkoaren aurpegi ona; letra hil bihurtuko da Ebanjelioa; Elizak ezin hots eginen du albiste onik. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusi bakarrik entzuten!

Zatoz, Egiaren Espiritua, eta egizu Jesusen egian ibil gaitezen. Zure argirik eta gidaritzarik gabe, ezin izanen gara sekula geure erroretik eta gezurretik libratu; ez da ezer berririk eta egiazkorik gu baitan erneko; itsuaurreko izan nahi duen itsuaren antzeko izanen gara. Zatoz eta bihur gaitzazu Jesusen ikasle eta testigu!

Zatoz, Aitaren Espiritua, eta irakats iezaguzu Jainkoari «Abba» esaten, Jesusek egin ohi zuen bezala. Zure berotasunik eta zure alaitasunik gabe, beren Aita galdu duten umezurtzak bezalako izanen gara; ezpainez dei eginen diogu Jainkoari, baina ez bihotzez; gure otoitza hitz huts izanen da. Zatoz eta irakats iezaguzu Jesusen hitzez eta bihotzaz otoitz egiten!

Zatoz, Ontasun Espiritu, eta bihur gaitzazu Jesusek estreinatu zuen «Jainkoaren erreinuaren» egitasmora. Zure indar eraberritzailerik gabe, inork ez du bihurtuko gure bihotz nekatua; ez dugu ausardiarik izanen mundu gizatarragoa eraikitzeko, Jainkoak nahi bezala; zure Elizan azkenak ez dira sekula lehenengo izanen; eta guk erdi lo jarraituko dugu geure erlijio burgesean. Zatoz eta egin gaitzazu lankide Jesusen egitasmoan!

Zatoz, Maitasun Espiritua, eta irakats iezaguzu elkar maitatzen, Jesusek maite ohi zuen maitasunez. Zu gure artean bizitasunez bizi gabe, Elizaren komunioa zartatu eginen da; hierarkia eta herria urrunduz joanen dira gero eta gehiago; zatiketa handitu eginen da, elkarrizketa itoko eta intolerantzia haziko. Zatoz eta biziaraz ezazu gure bihotzean eta gure eskuetan Jesusen antzeko eginen gaituen haurride-maitasuna!

Zatoz, Espiritu Askatzailea, eta gogorazi guri aske izateko askatu gintuela Kristok eta ez esklabotzak berriro zapaldu gaitzan uzteko. Zure indarrik eta zure egiarik gabe, Jesusekiko gure jarraitze gozoa esklaboen moral bilakatuko da; ez dugu ezagutuko bizia dakarren maitasuna, baizik bizia hiltzen duen geurekoikeria; ito eginen da gu baitan Jainkoaren seme-alabak hazarazten dituen askatasuna eta, beste behin, beldurraren, koldarkeriaren eta fanatismoaren biktima izanen gara. Zatoz, Espiritu Santua, eta kutsa gaitzazu Jesusen askatasunez!

 

INVOCACIÓ

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Vine Esperit Creador i infon en nosaltres la força i l’alè de Jesús. Sense el teu impuls i la teva gràcia, no encertarem a creure en ell, no ens atrevirem a seguir els seus passos, l’Església no es renovarà, la nostra esperança s’apagarà. Vine i encomana’ns l’alè vital de Jesús!

Vine Esperit Sant i recorda’ns les paraules bones que deia Jesús. Sense la teva llum i el teu testimoni sobre ell, anirem oblidant el rostre bo de Déu; l’Evangeli es convertirà en lletra morta, l’Església no podrà anunciar cap notícia bona. Vine i ensenya’ns a escoltar només Jesús!

Vine Esperit de la Veritat i fes-nos caminar en la veritat de Jesús. Sense la teva llum i el teu guiatge, mai ens alliberarem dels nostres errors i mentides, res de nou i veritable naixerà entre nosaltres; serem com cecs que pretenen guiar altres cecs. Vine i converteix-nos en deixebles i testimonis de Jesús!

Vine Esperit del Pare i ensenya-ns a dir a Déu “Abba” com ho feia Jesús. Sense la teva escalfor i la teva alegria, viurem com orfes que han perdut el seu Pare; invocarem Déu amb els llavis, però no amb el cor; les nostres pregàries seran paraules buides. Vine i ensenya’ns a pregar amb les paraules i el cor de Jesús!

Vine Esperit Bo i converteix-nos al projecte del “regne de Déu” inaugurat per Jesús. Sense la teva força renovadora, ningú convertirà el nostre cor cansat; no tindrem audàcia per construir un món més humà, segons els desitjos de Déu; a la teva Església els últims no seran mai els primers, i nosaltres seguirem endormiscats en la nostra religió burgesa. Vine i fes-nos col•laboradors del projecte de Jesús!

Vine Esperit d’Amor i ensenya’ns a estimar-nos els uns als altres amb l’amor amb que Jesús estimava. Sense la teva presència viva entre nosaltres, la comunió de l’Església s’esquerdarà, la jerarquia i el poble s’aniran distanciant sempre més; creixeran les divisions, s’apagarà el diàleg i augmentarà la intolerància. Vine i atia en el nostre cor i les nostres mans l’amor fratern que ens fa semblar a Jesús!

Vine Esperit Alliberador i recorda’ns que Crist ens va alliberar per a ser lliures i no per deixar-nos oprimir de nou per l’esclavitud. Sense la teva força i la teva veritat, el nostre seguiment joiós de Jesús es convertirà en moral d’esclaus; no coneixerem l’amor que dóna vida, sinó els nostres egoismes que la maten; s’apagarà en nosaltres la llibertat que fa créixer els fills i filles de Déu i serem, una i altra vegada, víctimes de pors, de covardies i de fanatismes. Vine Esperit Sant i encomana’ns la llibertat de Jesús!