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Un día de gracia

Publicado: 30 diciembre, 2011 en REFLEXIONES
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UN DÍA DE GRACIA
Saponificando las grasas
JOSÉ MORENO LOSADA, sacerdote capellan de la UEx y consiliario de Acción Católica, jmorenol@unex.es
BADAJOZ.

ECLESALIA, 30/12/11.- Hoy ha sido un día de gracia, sí de esos de “propina” que dice mi madre, y no tanto por las horas de la jornada que han estado cifradas y marcadas como todos los días, sino por la gracia de su contenido; un día de sol espléndido hacía que al salir de casa y encaminarme por la carretera fuera a una velocidad tan tranquila que en alguna línea continua, cuando me he dado cuenta, he pensado que estaba molestando a los que me seguían, aunque creo que estaban tan seducidos como yo al mirar las encinas taladas, con su leña en el suelo, la viñas ya podadas, los árboles frutales queriendo alumbrar la vida que se gesta en el interior salvándose del frío, los sembrados estallando en su verde primigenio y todo brillante y claro por un sol de primavera que se enseñoreaba en el invierno imponiéndose y no permitiendo la niebla de ningún modo. Todo un lujo de placer y de gracia. El camino era hacia un pueblecito, “San Rafael de Olivenza, donde viven Jesús y Angelines, hace unos días nos llegó la invitación a esta jornada, la excusa era la “saponificación de las grasas”, a hacer jabón en lenguaje de toda la vida, pero el ingeniero químico le da altura de ciencia al quehacer de lo diario. Lo habían dicho a bastantes y al final nos hemos podido juntar quince personas, unos ya conocidos y otros nos hemos conocido hoy. Todos tienen que ver con esta pareja y de algún modo todos tenemos que ver con todos, y a partir de ahora más, porque nos lavaremos con el mismo jabón y tendremos hasta el mismo olor. Cada uno aportábamos poca cosa: un litro de aceite usado, del inservible, y dos cajas de tetrabrik vacías para el laboratorio improvisado en el patio de la casa, que como la de todos los pueblos es amplio y acogedor, con pequeño huerto y todo.

Allí el lebrillo, sobre una mesa de laboratorio improvisada, con los aderezos propios para el quehacer transformador de las grasas insanas en jabón base, así como de uso cosmético : sosa caústica, aceite de coco y almendra dulce, cacao caducado. Los aceites habían ya pasado un proceso de transformación siendo purificados con carbono sacado de la chimenea que calienta la casa. A partir de ahí según llegábamos todos nos acercábamos a la pizarra explicativa de todas las teorías y de los pasos de los que íbamos a ser testigos y partícipes de algún modo, sobre todo con bromas y risas fruto de la ignorancia, y comenzamos a ver el proceso transformador: el color, el olor, y los cambios que iban produciendo hasta que se llegaba a ese producto que a base de materiales totalmente naturales mostraba ya belleza y atractivo, y con el que nos comenzaba a unir cierta familiaridad, y no sólo por ser testigos activos de su proceso y haber aportado el aceite usado de nuestras cocinas del cada día, sino porque el propio ambiente que se ha creado, totalmente gratuito , nos llenaba de paz y serenidad, así como descanso en medio de las tareas estresantes que en la vida diaria nos agotan y a veces nos agobian. El simple hecho de estar allí en esta actividad y en este encuentro sin otro interés que el encuentro, la paz, el descanso, la comunidad, la vida compartida y relajada, estaba transformando nuestra tensión en algo de disfrute y de sanación tranquila y amable entre amigos.

Tras el laboratorio, la comida compartida, la ensaladilla de Angelines, así como las carnes que hechas a la brasa, nos dan otro sabor y otro saber, es comer desde y para el encuentro, aquellos que los romanos llamaban “convivium”, vivir juntos, todo excusa para sólo eso, para la vida sin más aditamentos artificiales, todo natural.

Era como una preparación para el sentido de la Nochevieja y del Año nuevo:

o        De lo viejo y lo inútil puede salir la vida. “Nada debe ser despreciado porque todo puede ser transformado y ser medicina aquello que enfermaba”.

o        La purificación y la poda llevan a mejor vida. “La transformación para lo mejor y lo más bello, tiene un coste de entrega y de disciplina que duele pero acaba legrando el alma”.

o        El crisol es difícil y lento pero acaba dando mejor color y mejor vida. “El crisol de la existencia se da en la propia vida, se trata de vivir todos los momentos en claves de la búsqueda sabiéndole sacar lo mejor a lo peor, y lo positivo a lo negativo”.

o        La más importante es la base, eso es lo que limpia , purifica y sana. “Nada hay más importante que una relación constructiva, sana, auténtica, transparente, propositiva; sobre ella todo es posible, sin ella, todo acaba en nada”.

o        La cosmética en la vida: adorna, anima, ilusiona, agrada, potencia… y cuesta tan poco: “Recobrar la ternura y la misericordia en la vida será el mejor lenitivo para una humanidad dolorida y desilusionada, unos en medio de la pobreza y otros en medio de la opulencia, porque no hay mejor camino para la riqueza que la generosidad y la gratuidad”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡FELÍZ AÑO NUEVO¡

Hoy

Publicado: 28 diciembre, 2011 en BIBLIA
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Santa María Madre de Dios Lucas 2, 16-21
HOY
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/12/11.- Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que «María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón». No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.

No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.

Por eso, Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo “HOY”, ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Veamos algunos ejemplos.

Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: “Os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador”. Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Con él podemos nacer a una existencia nueva.

En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: “Tus pecados quedan perdonados”. La gente reacciona alabando a Dios: “Hoy hemos visto cosas admirables”. También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.

En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.

Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Jesús reacciona inmediatamente: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre.

Hoy comenzamos un año nuevo. Pero, ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo mejor que se despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

HOJE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Lucas conclui o seu relato do nascimento de Jesus indicando aos leitores que «Maria guardava todas estas coisas meditando-as no seu coração». Não conserva os acontecimentos como uma recordação do passado, mas como uma experiência que atualizará e reviverá ao longo da sua vida.

Não é uma observação inútil. Maria é modelo de fé. Segundo este evangelista, acreditar em Jesus Salvador não é recordar acontecimentos de outros tempos, mas experimentar hoje a Sua força salvadora, capaz de fazer mais humana a nossa vida.

Por isso, Lucas utiliza um recurso literário muito original. Jesus não pertence ao passado. Intencionadamente vai repetindo que a salvação de Jesus ressuscitado nos é oferecida “HOJE”, agora mesmo, sempre que nos encontramos com Ele. Vejamos alguns exemplos.

Assim nos anunciam o nascimento de Jesus: “Nasceu-vos hoje na cidade de David, um Salvador”. Hoje pode nascer Jesus para nós. Hoje pode entrar na nossa vida e transforma-la para sempre. Com Ele podemos nascer para uma existência nova.

Numa aldeia da Galileia trazem perante Jesus um paralítico. Jesus comove-se ao vê-lo bloqueado pelo seu pecado e cura-o oferecendo-lhe o perdão: “Os teus pecados ficam perdoados”. As pessoas reagem exaltando a Deus: “Hoje vimos coisas admiráveis”. Também nós podemos experimentar hoje o perdão, a paz de Deus e a alegria interior se nos deixamos curar por Jesus.

Na cidade de Jericó, Jesus aloja-se em casa de Zaqueu, rico e poderoso cobrador de impostos. O encontro com Jesus transforma-o: devolverá o que roubou a tanta gente e partilhará os seus bens com os pobres. Jesus diz-lhe: “Hoje chegou a salvação a esta casa”. Se deixamos entrar Jesus na nossa vida, hoje mesmo podemos começar uma vida mais digna, fraterna e solidária.

Jesus está agonizando na cruz no meio dos malfeitores. Um deles confia-se a Jesus: “Jesus, lembra-te de mim quando estiveres no Teu reino”. Jesus reage imediatamente: “Hoje estarás comigo no paraíso”. Também no dia da nossa morte será um dia de salvação. Por fim escutaremos de Jesus essas palavras tão esperadas: descansa, confia em mim, hoje estarás comigo para sempre.

Hoje começamos um ano novo. Mas, que pode ser para nós algo realmente novo e bom? Quem fará nascer em nós uma alegria nova? Que psicólogo nos ensinará a ser mais humanos? De pouco servem os bons desejos. O decisivo é estar mais atentos ao melhor que se desperta em nós. A salvação é-nos oferecida cada dia. Não há que esperar a ninguém. Hoje mesmo pode ser para mim um dia de salvação.

 

OGGI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Luca conclude il suo racconto della nascita di Gesù indicando ai lettori che «Maria custodiva tutte queste cose meditandole nel suo cuore». Non conserva quello che è accaduto come un ricordo del passato, ma come un’esperienza che attualizzerà e ravviverà lungo la sua vita.

Non è un’osservazione gratuita. Maria è modello di fede. Secondo questo evangelista, credere in Gesù Salvatore non è ricordare avvenimenti di altri tempi, ma sperimentare oggi la sua forza salvatrice, capace di fare più umana la nostra vita.

Per questo Luca utilizza una forma letteraria molto originale. Gesù non appartiene al passato. Intenzionalmente va ripetendo che la salvezza di Gesù risorto ci viene offerta “OGGI”, proprio ora, ogni volta che ci incontriamo con lui. Vediamo alcuni esempi.

Così ci viene annunciata la nascita di Gesù: Oggi nella città di Davide è nato per voi un Salvatore. Oggi Gesù può nascere per noi. Oggi può entrare nella nostra vita e cambiarla per sempre. Con lui possiamo nascere a un’esistenza nuova.

In un villaggio della Galilea portano davanti a Gesù un paralitico. Gesù si commuove nel vederlo bloccato nel suo peccato e lo risana offrendogli il perdono: Ti sono perdonati i tuoi peccati. La gente reagisce lodando Dio: Oggi abbiamo visto cose meravigliose. Anche noi possiamo sperimentare oggi il perdono, la pace di Dio e la gioia interiore se ci lasciamo risanare da Gesù.

Nella città di Gerico, Gesù entra nella casa di Zaccheo, ricco e potente esattore di imposte. L’incontro con Gesù lo trasforma: renderà quello che ha rubato a tanta gente e dividerà i suoi beni con i poveri. Gesù gli dice: Oggi in questa casa è venuta la salvezza. Se lasciamo entrare Gesù nella nostra vita, oggi stesso possiamo iniziare una vita più degna, fraterna e solidale.

Gesù sta agonizzando sulla croce in mezzo a due malfattori. Uno di loro si rivolge fiduciosamente a Gesù: Gesù, ricordati di me quando sarai nel tuo regno. Gesù risponde immediatamente: Oggi sarai con me nel paradiso. Anche il giorno della nostra morte sarà un giorno di salvezza. Alla fine ascolteremo da Gesù queste parole tanto attese: Riposa, confida in me, oggi sarai con me per sempre.

Oggi iniziamo un anno nuovo. Ma ci può essere per noi qualcosa di realmente nuovo e buono? Chi farà nascere in noi una gioia nuova? Quale psicologo ci insegnerà a essere più umani? A poco servono i buoni desideri. È decisivo essere più attenti al meglio che si risveglia in noi. La salvezza ci è offerta ogni giorno. Non c’è affatto da attendere. Oggi stesso può essere per me un giorno di salvezza.

 

AUJOURD’HUI

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Luc conclut son récit de la naissance de Jésus en indiquant aux lecteurs que “Marie gardait toutes ces choses en les méditant dans son cœur”. Elle ne conserve pas ce qui est arrivé comme un souvenir du passé mais comme une expérience qu’elle va actualiser et revivre tout au long de sa vie.

Ce n’est pas une remarque gratuite. Marie est modèle de foi. D’après cet évangéliste, croire en Jésus Sauveur ne consiste pas à rappeler des évènements d’autrefois, mais à expérimenter aujourd’hui leur force salvatrice, capable de rendre plus humaine notre vie.

C’est pourquoi Luc a recours à un procédé littéraire très original. Jésus n’appartient pas au passé. Il répète expressément que le salut de Jésus ressuscité nous est offert « AUJOURD’HUI », maintenant même, chaque fois que nous le rencontrons. Voyons-en quelques exemples.

Voici comment est annoncée la naissance de Jésus : « Aujourd’hui, dans la ville de David, un Sauveur vous est né ». Jésus peut naître aujourd’hui pour chacun de nous. Il peut entrer aujourd’hui dans notre vie et la changer pour toujours. Avec lui nous pouvons naître à une existence nouvelle.

Dans un village de Galilée, un paralysé est amené devant Jésus. Jésus est ému en le voyant bloqué par son péché, et il le guérit en lui offrant son pardon : « Tes péchés sont pardonnés ». Les gens réagissent en louant Dieu : « Aujourd’hui nous avons vu des choses merveilleuses ». Nous aussi, nous pouvons expérimenter aujourd’hui le pardon, la paix de Dieu et la joie intérieure si nous nous laissons guérir par Jésus.

Dans la ville de Jéricho, Jésus loge chez Zachée, un riche et puissant collecteur d’impôts. Il est transformé par la rencontre avec Jésus : il rendra tout ce qu’il a volé à tant de monde et partagera ses biens avec les pauvres. Jésus lui dit : « Aujourd’hui, le salut est entré dans cette maison ». Si nous laissons Jésus entrer dans nos vies, nous pouvons, aujourd’hui même, commencer une vie plus digne, plus solidaire et plus fraternelle.

Lorsque Jésus agonise sur la croix entre deux malfaiteurs, l’un d’entre eux lui dit : « Jésus, souviens-toi de moi quand tu seras dans ton royaume ». Jésus réagit immédiatement : « Aujourd’hui, tu seras avec moi en paradis ». Le jour de notre mort sera aussi un jour de salut. Nous entendrons enfin Jésus nous dire ces paroles tant attendues : repose-toi, fais-moi confiance, aujourd’hui tu seras avec moi pour toujours.

Nous commençons aujourd’hui une nouvelle année. Mais, qu’est-ce qui peut être pour nous quelque chose de neuf et de bon ? Qui fera naître en nous une joie nouvelle ? Quel psychologue nous apprendra à être plus humains ? Les bons souhaits ne suffisent pas. Ce qui est décisif, c’est d’être plus attentifs à ce qui s’éveille en nous de meilleur. Le salut nous est offert chaque jour. Il ne faut rien attendre. Aujourd’hui même peut être pour moi un jour de salut.

 

“TODAY

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Luke finishes his narrative of the birth of Jesus saying that “Mary treasured all these things and pondered them in her heart.” She does not keep them as memory of the past, but as something she will remember for the rest of her life.

That is not a casual remark. Mary is a model of faith. According to the evangelist, believing in Jesus our Saviour does not simply consist in remembering past events, but in reliving today His saving power that can revitalize our human lives.

Hence Luke makes use of a very original literary form. Jesus does not simply belong to the past. The evangelist very deliberately keeps saying that the salvation of the risen Christ is being offered to us TODAY, just now, as long as we go out to meet Him. Let us consider some of these examples.

This is how the birth of Jesus is announced: “Today in the town of David a Saviour has been born to you.” Today Jesus could be born to us. He could enter our lives and change them for good. With Him we could experience a totally new life.

In a villageof Judea, they brought a paralytic to Jesus. He felt pity because he saw he was blocked by the evil spirit and offered him pardon: “Your sins are forgiven.” The people around were astonished and said: “Today we have seen wonderful things.” We, too, can experience today the forgiveness, the peace and interior joy if we allow ourselves to be healed by Jesus.

In the city of Jericho, Jesus stayed at the home of Zacchaeus, a rich and influential tax collector. This encounter with Jesus transformed him: he decided to return all the money he had taken from many people and shared the rest with the poor. Jesus said: “Today, salvation has come to his house.” If we allow Jesus to enter into our lives, today we shall begin a new life of solidarity and compassion.

Jesus was dying on the cross between two thieves. One of them had started to believe in him and said: “Jesus, remember me when you come into your kingdom.” Jesus turned to him and said: “Today you will be with me in paradise.” Similarly, our own death may turn into a day of salvation for us. On that day, we shall hear the words of Jesus: come, trust in me, because today you will be with me forever.

Today, we begin a New Year. For us, however, what can really be good or new? Who can bring give us new life or joy? Is there any psychologist who can teach us to become more humane? Mere good wishes cannot change our lives. What really will change us must be found within our own selves. Salvation is offered to us each day. We cannot simply wait for it. Today could be for each one of us a day of salvation.

 

GAUR

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen jaiotzaren kontakizuna honela bukatzen du Lukasek: irakurleei adieraziz «Mariak gauza hauek guztiak bihotzean gordetzen dituela». Ez du gordetzen gertatua, iraganeko zenbait oroitzapen bezala, baizik bere bizitza guztian eguneratuko eta berbiziko duen esperientzia bezala.

Ez da funtsik gabeko oharpena. Fede-eredu dugu Maria. Ebanjelari honen iritziz, Jesus Salbatzaileagan sinestea ez da aspaldiko garai bateko gauzak gogoratzea, baizik haren indar salbatzailea gaur esperimentatzea, gure bizitza gizatarrago egiteko gai dela esperimentatzea.

Horregatik, baliabide literario berezi-bereziaz baliatzen da Lukas. Jesus ez da iraganeko norbait. Nahita errepikatzen du ezen Jesus berpiztuaren salbazioa «GAUR» berean ari zaigula eskaintzen, harekin topo egiten dugun bakoitzean. Hona adibide batzuk.

Honela iragartzen digu Jesusen jaiotza: «Daviden hirian Salbatzaile bat jaio zaizue gaur». Gaur ere jaio daiteke Jesus guretzat. Gaur sar daiteke gure bizitzan eta alda dezake betiko. Bizi berrira jaio gaitezke harekin.

Galileako herrixka batean ezindu bat ekarri diote Jesusi. Hau hunkitu egin da, hura bekatuak blokeaturik ikustean, eta sendatu egin du barkazioa eskainiz: «Barkatuak dituzu zeure bekatuak». Jainkoa goratuz erreakzionatu du jendeak: «Gauza harrigarriak ikusi ditugu gaur». Guk ere esperimenta dezakegu barkazioa, Jainkoaren bakea eta barneko poza, Jesusi senda gaitzan uzten badiogu.

Jeriko hirian, Jesusek Zakeoren etxean hartu du ostatu, zerga-biltzaile aberats eta boteretsu haren etxean. Jesusekin topo egiteak erabat eraldatu du Zakeo: hainbat jenderi lapurtua itzuliko du eta pobreekin partekatuko bere aberastasunak. Jesusek diotso: «Gaur salbazioa iritsi da etxe honetara». Jesusi geure bizitzan sartzen uzten badiogu, gaur berean hasi ahal izango dugu geuk ere biziera duin, haurride arteko eta solidario bat.

Jesus hilzorian da gurutzea, bi gaizkileren artean. Haietako batek konfiantza hartu du Jesusengan: «Jesus, gogora zaitez nitaz zeure erreinuan izango zarenean». Bat-batean erreakzionatu du Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Gure heriotzako ordua ere salbazio-eguna izango da. Hainbeste espero genituen hitz hauek entzungo ditugu azkenean: hartzazu atseden, izan konfiantza nigan, gaur nirekin izango zara, eta betiko.

Gaur urteberria hasi dugu. Baina, zer izan daiteke guretzat zerbait berri eta on? Zeinek jaioaraziko du gugan poz berri bat? Zein psikologok irakatsiko digu gizatasun handiagoko izaten? Ezer gutxirako dira desio onak. Gugan ernetzen den gauzarik hoberenerako esna bizitzea da garrantzia duena. Egunero eskaintzen digu Jainkoak salbazioa. Ez da zertan ezeren zain egon. «Gaur» hau bera izan daiteke niretzat salbazio-egun.

 

AVUI

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Lluc acaba el seu relat del naixement de Jesús indicant als lectors que «Maria guardava tot això en el seu cor». No conserva els fets com un record del passat, sinó com una experiència que actualitzarà i reviurà al llarg de la seva vida.

No és una observació gratuïta. Maria és model de fe. Segons aquest evangelista, creure en Jesús Salvador no és recordar esdeveniments d’altres temps, sinó experimentar avui la seva força salvadora, capaç de fer més humana la nostra vida.

Per això, Lluc utilitza un recurs literari molt original. Jesús no pertany al passat. Intencionadament va repetint que la salvació de Jesús ressuscitat se’ns està oferint “AVUI”, ara mateix, sempre que ens trobem amb ell. Vegem-ne alguns exemples.

Així se’ns anuncia el naixement de Jesús: “Avui, a la ciutat de David, us ha nascut el Salvador”. Avui pot néixer Jesús per a nosaltres. Avui pot entrar a la nostra vida i canviar-la per sempre. Amb ell podem néixer a una existència nova.

En un llogarret de Galilea porten davant Jesús un paralític. Jesús es commou en veure’l bloquejat pel seu pecat i el guareix oferint-li el perdó: “Els teus pecats són perdonats”. La gent reacciona lloant Déu: “Avui hem vist coses admirables”. També nosaltres podem experimentar avui el perdó, la pau de Déu i l’alegria interior si ens deixem curar per Jesús.

A la ciutat de Jericó, Jesús s’allotja a casa de Zaqueu, ric i poderós recaptador d’impostos. La trobada amb Jesús el transforma: tornarà el que ha robat a tanta gent i compartirà els seus béns amb els pobres. Jesús li diu: “Avui ha arribat la salvació a aquesta casa”. Si deixem entrar Jesús en la nostra vida, avui mateix podem començar una vida més digna, més fraterna i més solidària.

Jesús està agonitzant en la creu enmig de dos malfactors. Un d’ells es confia a Jesús: “Jesús, recorda’t de mi quan siguis al teu regne”. Jesús reacciona immediatament: “Avui seràs amb mi al paradís”. També el dia de la nostra mort serà un dia de salvació. Per fi escoltarem de Jesús aquestes paraules tan esperades: descansa, confia en mi, avui seràs amb mi per sempre.

Avui comencem un any nou. Però, què pot ser per a nosaltres quelcom realment nou i bo? Qui farà néixer en nosaltres una alegria nova? Quin psicòleg ens ensenyarà a ser més humans? De poc serveixen els bons desitjos. El que és decisiu és estar més atents a tot el bo i millor que es desperta en nosaltres. La salvació se’ns ofereix cada dia. No cal esperar res. Avui mateix pot ser per a mi un dia de salvació.

 

HOXE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Lucas conclúe o seu relato do nacemento de Xesús indicando aos lectores que «María gardaba todas estas cousas meditándoas no seu corazón». Non conserva o sucedido como un recordo do pasado, senón coma unha experiencia que actualizará e revivirá ao longo da súa vida.

Non é unha observación gratuíta. María é modelo de fe. Segundo este evanxelista, crer en Xesús Salvador non é recordar acontecementos doutros tempos, senón experimentar hoxe a súa forza salvadora, capaz de facer máis humana a nosa vida.

Por iso, Lucas utiliza un recurso literario moi orixinal. Xesús non pertence ao pasado. Intencionadamente vai repetindo que a salvación de Xesús resucitado se nos está ofrecendo “HOXE”, agora mesmo, sempre que nos atopamos con el. Vexamos algúns exemplos.

Así se nos anuncia o nacemento de Xesús: “Naceuvos hoxe na cidade de David un Salvador”. Hoxe pode nacer Xesús para nós. Hoxe pode entrar na nosa vida e cambiala para sempre. Con el podemos nacer a unha existencia nova.

Nunha aldea de Galilea traen ante Xesús a un paralítico. Xesús conmóvese ao velo bloqueado polo seu pecado e sándao ofrecéndolle o perdón: “Os Teus pecados quedan perdoados”. A xente reacciona gabando a Deus: “Hoxe vimos cousas admirábeis”. Tamén nós podemos experimentar hoxe o perdón, a paz de Deus e a alegría interior se nos deixamos sandar por Xesús.

Na cidade de Xericó, Xesús alóxase na casa de Zaqueu, rico e poderoso recadador de impostos. O encontro con Xesús transfórmao: devolverá o roubado a tanta xente e compartirá os seus bens cos pobres. Xesús dille: “Hoxe chegou a salvación a esta casa”. Se deixamos entrar a Xesús na nosa vida, hoxe mesmo podemos empezar unha vida máis digna, fraterna e solidaria.

Xesús está a agonizar na cruz no medio de dous delincuentes. Un deles confíase a Xesús: “Xesús, acórdate de min cando esteas no teu reino”. Xesús reacciona inmediatamente: “Hoxe estarás comigo no paraíso”. Tamén o día da nosa morte será un día de salvación. Por fin escoitaremos de Xesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en min, hoxe estarás comigo para sempre.

Hoxe comezamos un ano novo. Pero, que pode ser para nós algo realmente novo e bo? Quen fará nacer en nós unha alegría nova? Que psicólogo nos ensinará a ser máis humanos? De pouco serven os bos desexos. O decisivo é estar máis atentos ao mellor que esperta en nós. A salvación ofrécesenos cada día. Non hai que esperar a nada. Hoxe mesmo pode ser para min un día de salvación.

EL “ESPÍRITU DE ASÍS”, OASIS Y LLAMAMIENTO DE PAZ
FELIPE ORTIZ, felipe_ortizd@hotmail.com
RÍO DE JANEIRO (BRASIL).

“He elegido Asís como lugar para nuestra jornada de oración por el significado especial del hombre santo que aquí se venera —san Francisco—, conocido y venerado por tantos en el mundo, como símbolo de paz, reconciliación y fraternidad” (Juan Pablo II)

ECLESALIA, 24/10/11.- El “Espíritu de Asís”[1] es un llamado al encuentro y re-encuentro de paz entre los hombres, las naciones y las religiones, que fue inaugurado por el Papa Juan Pablo II, el 27 de octubre de 1986, en Asís, Italia. Así le llamo el Papa Wojtyla a este evento que representó el primer Encuentro Inter-religioso, celebrado en la ciudad del “Sol de Asís”;[2] cuando, respondiendo a la convocatoria del “sucesor de Pedro”, rezaron juntos por la paz, ciento cincuenta representantes de las doce principales religiones del mundo, en una celebración de carácter singular y sin precedentes en la historia de la Iglesia católica. Sin lugar a dudas, detrás de aquella convocación latía el interés por buscar las raíces más profundas de la paz dentro del seno de cada confesión religiosa. El encuentro de Asís reunió a católicos, protestantes, judíos, musulmanes, budistas, sintoístas, religiones tradicionales africanas, hinduistas. Todos unidos en oración para pedir la paz en el mundo en unos momentos en que las relaciones internacionales estaban marcadas por el fantasma de la violencia. Las oraciones hechas dentro de cada tradición religiosa fueron un verdadero “Pentecostés de paz” —como un canto a varias voces a manera de una polifonía de fe— y, a la vez, un kairós para buscar la armonía y la paz entre las religiones del mundo inspirados en el Hermano Francisco de Asís.[3]

A lo largo de sus más de 26 años de pontificado, Juan Pablo II, escogido en tres ocasiones la ciudad de san Francisco para orar por la paz, junto con los líderes religiosos del mundo. La primera vez fue el 27 de octubre de 1986,[4] la segunda el 10 y 11 de enero de 1993, con motivo del conflicto bélico en los Balcanes, y la tercera el 24 de enero de 2002, enmarcada por los atentados a las torres gemelas, el 11 de septiembre de 2001. En esta última “Jornada Mundial de Oración por la Paz”, estuvieron presentes más de 40 delegaciones. Se dieron cita once patriarcas ortodoxos, guiados por el patriarca ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, “primus inter pares” de las Iglesias ortodoxas, seis antiguas Iglesias de Oriente y dieciséis Iglesias y comunidades cristianas de Occidente, surgidas en su mayoría de la Reforma. Llegaron, además, delegaciones del judaísmo, budismo, Tenrikyo, sintoísmo, Islam, jainismo, sijismo, hinduismo, zoroastrismo, religiones tradicionales africanas y otras denominaciones cristianas. En estos encuentros y jornadas por la paz, la participación judía fue particularmente representativa. En el último encuentro, la delegación judía estaba compuesta por el rabino jefe emérito de Roma Elio Toaff, que estuvo en Asís con su sucesor Riccardo di Segni y otros seis representantes del judaísmo mundial, entre los que destacaron el Gran Rabino francés Samuel-René Sirat y David Rosen, presidente de la asociación «Hijos de la Alianza».

Por su parte, la respuesta islámica fue significativa también. Nunca antes habían respondido tantos musulmanes, como en esta ocasión, a una convocatoria del Papa: llegaron delegados de Arabia Saudita y Paquistán, Irán y Filipinas, Líbano, Egipto y Estados Unidos, Albania y Bulgaria, Jordania y Jerusalén, Libia, Kazajstán, Turquía e Italia. Acudió también el Gran Mufti de Bosnia Herzegovina, Mustafa Ceric. Y, por primera vez, respecto a los encuentros de 1986 y 1993, asistió una nutrida delegación islámica proveniente de Irán.

El encuentro, cuando no, más bien, el desencuentro de las religiones, es sin duda uno de los desafíos más grandes de nuestra época, aún más grande que el del ateísmo, por ello, el hecho de que tantos líderes religiosos se hayan reunido para orar en la cuidad del santo de Asís, fue en sí una invitación al mundo para que tomara consciencia de que ante los densos nubarrones de guerra que oscurecen el escenario político y ante la incapacidad política y diplomática de encontrar soluciones a los conflictos bélicos, existe otra dimensión de la paz y otro camino para promoverla, que no es el resultado de negociaciones, compromisos políticos o acuerdos económicos y diplomáticos sino, el resultado de la oración. En Asís, dijo aquella ocasión el Papa, transformada en un ágora de la paz entre los pueblos, se descubre la importancia de disipar las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión entre los diferentes credos religiosos. Pero las tinieblas no se disipan con las armas; se alejan encendiendo faros de luz (cf. Discurso en Asís, 24 de enero de 2002, n. 1: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 1 de febrero de 2002, p. 6). El encuentro de Asís, aquel 27 de octubre de 1986, marcó el inicio de un nuevo modo de encontrarse y de re-encontrarse entre creyentes de religiones diversas: no más en la lógica de teologías de exclusivismos o inclusivismos, ni de hegemonía hierocrática, ni en contraposición recíproca y mucho menos en el desprecio mutuo, la desacreditación y anatemas, sino, más bien, en la búsqueda mutua de un diálogo constructivo en el que, sin caer en el relativismo ni en el sincretismo, cada uno se abra a los demás con estima, siendo todos conscientes de que Dios es la fuente de la paz. Para usar una expresión de san Pablo apóstol: “Él es nuestra paz” (Ef 2, 14).

Al igual que otrora (1219) Francisco de Asís buscara el diálogo con el sultán Melek-el-Kamel como alternativa al acto belicoso de la cruzada, el “Espíritu de Asís” se constituye en una propuesta pedagógica para recorrer juntos caminos de encuentro, de diálogo y amistad, entre las diferentes denominaciones de credos religiosos. Por ello, hoy que se recuerda los veinticinco años de aquél primer Kairós inter-religioso, es necesario que las personas y las comunidades religiosas manifiesten juntos el más genuino y radical rechazo a cualquier tipo de violencia, de toda espiral de violencia, desde la que pretende disfrazarse de religiosa, recurriendo incluso al nombre de Dios para ofender al hombre (E incluso llegará la hora en que todo el que los mate piense que da culto a Dios. Jn. 16,2). La ofensa al hombre es, en definitiva, ofensa a Dios. No existe ninguna finalidad religiosa que pueda justificar la práctica de la violencia del hombre por el hombre. Por el contrario, la “lógica de Asís” nos invita a cultivar y madurar en la acogida recíproca, en el respeto mutuo, en la renuncia de toda intimidación ideológica, a la búsqueda de cooperación entre los pueblos y naciones pero, sobre todo, en la educación a la paz. Por ello creemos que lleva razón la frase de Gandhi-Hans Küng, cuando dice: “No habrá paz en el mundo hasta que no haya paz entre las religiones, no habrá paz entre las religiones si no hay diálogo entre ellas”.

Asís, ha hecho dar a la Iglesia un extraordinario salto adelante hacia las religiones no cristianas, que hasta entonces nos parecía que vivían en otro planeta. Asís, ha sido el símbolo, la realización de lo que debe ser la tarea de la Iglesia por vocación propia en un mundo en flagrante estado de pluralismo religioso: profesar la unidad del misterio de la salvación en Jesucristo. Cuando Juan Pablo II trató de referir a los Cardenales y miembros de la Curia lo que había sucedido en Asís, en el primer encuentro inter-religioso, pronunció un discurso que me parece el más luminoso para la teología de las religiones (22 de diciembre de 1986). Deteniéndonos en el misterio de unidad de la familia humana fundado al mismo tiempo en la creación y en la redención en Cristo Jesús, el Papa dijo: “Las diferencias son un elemento menos importante respecto a la unidad, la cual, al contrario, es radical, fundamental y determinante”. Asís ha permitido, de ese modo, a hombres y mujeres, dar testimonio de una experiencia auténtica de Dios en el corazón de sus religiones. “Cada oración auténtica ―añadía el Papa― está inspirada por el Espíritu Santo, misteriosamente presente en el corazón de cada hombre”. El “Espíritu de Asís” aletea pues, sobre las agitadas aguas de las religiones y crea puentes de diálogo fraterno en el pluralismo religioso actual.

En esta “lógica de Asís”, el Papa Benedicto XVI ha vuelto a convocar a los líderes de las principales religiones del mundo para un nuevo encuentro en Asís. Este tendrá lugar justamente el día 27 de octubre cuando se recuerda los primeros 25 años de aquél memorable primer encuentro y estará inspirado bajo el tema: “peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

…….

[1] “El espíritu de Asís“: La expresión es de Juan Pablo II. Desde el 27 de octubre de 1986, este “Espíritu” se ha difundido y emulado en diferentes latitudes como expresión inter-religiosa que busca promover la paz. La llamada, pues, a las religiones, es para que sean instrumento de paz en un mundo de violencias y de guerras. El ambiente de fraternidad universal que envuelve y se respira en la ciudad de san Francisco, han dado al papa la ocasión para formular “el Espíritu de Asís“.

[2] Título con que el itálico Dante Alighieri se refiere a Francisco de Asís en su obra: “La Divina Comedia”. Cf. Paraíso, cant. XI, 50.

[3] Revista CHRISTUS No. 756 (septiembre-octubre 2006), p. 53.

[4] El 26 de octubre de 1986, vigilia de la Oración Mundial por la Paz…, ante la Tumba de San Francisco se firmó un hermanamiento entre el templo budista Kozan-ji de Kyoto, Japón, y la Basílica del Santo. El motivo era porque el fundador del templo, el monje budista Myoe, contemporáneo de San Francisco, era como él, un hombre de oración profunda, practicaba una pobreza radical, amaba la creación y fue un reformador de una sociedad corrompida.

¿Estamos decepcionando a Dios?

Publicado: 28 septiembre, 2011 en BIBLIA
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27 Tiempo ordinario (A) Mateo 21,33-43
¿ESTAMOS DECEPCIONANDO A DIOS?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/09/11.- Jesús se encuentra en el recinto del Templo, rodeado de un grupo de altos dirigentes religiosos. Nunca los ha tenido tan cerca. Por eso, con audacia increíble, va a pronunciar una parábola dirigida directamente a ellos. Sin duda, la más dura que ha salido de sus labios.

Cuando Jesús comienza a hablarles de un señor que plantó una viña y la cuidó con solicitud y cariño especial, se crea un clima de expectación. La «viña» es el pueblo de Israel. Todos conocen el canto del profeta Isaías que habla del amor de Dios por su pueblo con esa bella imagen. Ellos son los responsables de esa “viña” tan querida por Dios.

Lo que nadie se espera es la grave acusación que les va a lanzar Jesús: Dios está decepcionado. Han ido pasando los siglos y no ha logrado recoger de ese pueblo querido los frutos de justicia, de solidaridad y de paz que esperaba.

Una y otra vez ha ido enviando a sus servidores, los profetas, pero los responsables de la viña los han maltratado sin piedad hasta darles muerte. ¿Qué más puede hacer Dios por su viña? Según el relato, el señor de la viña les manda a su propio hijo pensando: «A mi hijo le tendrán respeto». Pero los viñadores lo matan para quedarse con su herencia.

La parábola es transparente. Los dirigentes del Templo se ven obligados a reconocer que el señor ha de confiar su viña a otros viñadores más fieles. Jesús les aplica rápidamente la parábola: «Yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Desbordados por una crisis a la que ya no es posible responder con pequeñas reformas, distraídos por discusiones que nos impiden ver lo esencial, sin coraje para escuchar la llamada de Dios a una conversión radical al Evangelio, la parábola nos obliga a hacernos graves preguntas.

¿Somos ese pueblo nuevo que Jesús quiere, dedicado a producir los frutos del reino o estamos decepcionando a Dios? ¿Vivimos trabajando por un mundo más humano? ¿Cómo estamos respondiendo desde el proyecto de Dios a las víctimas de la crisis económica y a los que mueren de hambre y desnutrición en África?

¿Respetamos al Hijo que Dios nos ha enviado o lo echamos de muchas formas “fuera de la viña”? ¿Estamos acogiendo la tarea que Jesús nos ha confiado de humanizar la vida o vivimos distraídos por otros intereses religiosos más secundarios?

¿Qué hacemos con los hombres y mujeres que Dios nos envía también hoy para recordarnos su amor y su justicia? ¿Ya no hay entre nosotros profetas de Dios ni testigos de Jesús? ¿Ya no los reconocemos? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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ESTAMOS A DECEPCIONAR DEUS?

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Jesus encontra-se no recinto do Templo, rodeado de um grupo de altos dirigentes religiosos. Nunca os teve tão perto. Por isso, com audácia incrível, vai pronunciar uma parábola dirigida directamente a eles. Sem dúvida, a mais dura que saiu dos Seus lábios.

Quando Jesus começa a falar-lhes de um senhor que plantou uma vinha e a cuidou com atenção e carinho especial, cria-se um clima de expectativa. A «vinha» é o povo de Israel. Todos conhecem o canto do profeta Isaías que fala do amor de Deus pelo Seu povo com essa bela imagem. Eles são os responsáveis dessa “vinha” tão querida por Deus.

O que ninguém espera é a grave acusação que lhes vai lançar Jesus: Deus está decepcionado. Passaram os séculos e não conseguiram recolher desse povo querido os frutos de justiça, de solidariedade e de paz que esperavam.

Uma e outra vez foi enviando aos Seus servidores, os profetas, mas os responsáveis da vinha maltrataram-nos sem piedade até dar-lhes a morte. Que mais pode fazer Deus pelas Sua vinha? Segundo o relato, o senhor da vinha envia-lhes o Seu próprio Filho pensando: «Ao meu Filho terão respeito». Mas os vinhateiros matam-no para ficar com a Sua herança.

A parábola é transparente. Os dirigentes do Templo vêm-se obrigados a reconhecer que o Senhor tem de confiar a Sua vinha a outros vinhateiros mais fieis. Jesus aplica-lhes rapidamente a parábola: «Eu vos digo que ser-vos-á retirado o reino de Deus e será dado a um povo que produza os seus frutos».

Desbordados por uma crise à qual já não é possível responder com pequenas reformas, distraídos por discussões que nos impedem ver o essencial, sem coragem para escutar a chamada de Deus a uma conversão radical ao Evangelho, a parábola obriga-nos a fazer-nos graves preguntas.

Somos esse novo povo que Jesus quer, dedicado a produzir os frutos do reino ou estamos a decepcionar Deus? Vivemos trabalhando por um mundo mais humano? Como estamos respondendo a partir do projecto de Deus às vítimas da crise económica e aos que morrem de fome e desnutrição em África?

Respeitamos o Filho que Deus nos enviou ou o atiramos de muitas formas “fora da vinha”? Estamos acolhendo a tarefa que Jesus nos confiou de humanizar a vida ou vivemos distraídos por outros interesses religiosos mais secundários?

Que fazemos com os homens e mulheres que Deus nos envia também hoje para recordar-nos o Seu amor e a Sua justiça? Já não há entre nós profetas de Deus nem testemunhas de Jesus? Já não os reconhecemos?

 

STIAMO DELUDENDO DIO?

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù si trova nel recinto del Tempio, circondato da un gruppo di alti capi religiosi. Non li ha mai avuti così vicino. Per questo, con incredibile audacia, pronuncerà una parabola rivolta direttamente a loro. Senza dubbio, la più dura che sia uscita dalle sue labbra.

Quando Gesù inizia a parlare loro di un padrone che piantò una vigna e la curò con sollecitudine e affezione particolare, si crea un clima di attesa. La vigna è il popolo di Israele. Tutti conoscono il canto del profeta Isaia che parla dell’amore di Dio per il suo popolo con questa bella immagine. Essi sono i responsabili di questa vigna tanto amata da Dio.

Quello che nessuno si aspetta è la grave accusa che farà loro Gesù. Dio è deluso. Sono passati i secoli e non è arrivato a raccogliere da questo popolo amato i frutti di giustizia, di solidarietà e di pace che aspettava.

Spesso ha inviato i suoi servi, i profeti, ma i responsabili della vigna li hanno maltrattati senza pietà fino ad ucciderli. Che poteva fare di più Dio per la sua vigna? Secondo il racconto, il padrone della vigna manda loro il suo proprio figlio pensando: Avranno rispetto per mio figlio! Ma i vignaioli lo uccisero per prendersi la sua eredità.

La parabola è trasparente. I capi del Tempio si vedono obbligati a riconoscere che il padrone deve affidare la sua vigna ad altri vignaioli più fedeli. Gesù applica loro rapidamente la parabola: Perciò io vi dico: a voi sarà tolto il Regno di Dio e sarà dato a un popolo che ne produca i frutti.

Travolti da una crisi alla quale non è più possibile rispondere con piccole riforme, distratti in discussioni che ci impediscono di vedere l’essenziale, senza coraggio per ascoltare la chiamata di Dio a una conversione radicale all’Evangelo, la parabola ci obbliga a porci gravi domande.

Siamo questo popolo nuovo che Gesù vuole, impegnato a produrre i frutti del regnoo stiamo deludendo Dio? Viviamo lavorando per un mondo più umano? Come stiamo rispondendo a partire dal progetto di Dio alle vittime della crisi economica e a quelli che muoiono di fame e denutrizione in Africa?

Rispettiamo il Figlio che Dio ci ha inviato o lo cacciamo in molti modi “fuori dalla vigna”? Stiamo accogliendo il compito che Gesù ci ha affidato di umanizzare la vita o viviamo distratti da altri interessi religiosi più secondari?

Che facciamo con le donne e gli uomini che Dio anche oggi ci invia per ricordarci il suo amore e la sua giustizia? Non ci sono più fra di noi profeti di Dio né testimoni di Gesù? Non li riconosciamo più?

 

STONE REJECTED BY THE BUILDER

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus was in the temple precincts surrounded by some of the top religious leaders. He had never been so close to so many. With incredible courage, he decided to tell them a parable that was really addressed to them. It turned out to be the hardest criticism of their religious work ever pronounced by Jesus.

When Jesus began to speak about a landowner who planted a vineyard and took so much care and means to let it grow, they must have listened with curiosity. The vineyard represented the people ofIsrael and everyone knew the song of the prophet Isaiah that spoke of God’s love for his people, represented by the vineyard. The religious leaders were responsible for that vineyard that God so truly loved.

What nobody really expected was the accusation that Jesus was about to throw at them: God was truly disappointed. Centuries had gone by and nobody had been able to reap the harvest of justice, solidarity and peace that God had expected from the vineyard.

Time and time again, God had sent his servants to the tenants to collect the fruits, but the landowners had seized his servants, thrashed one, killed another and stoned a third. What else could God do for his vineyard? According to the Gospel narrative, the owner sent his own son thinking that they would respect his Son. The tenants, however, killed him to take over his inheritance.

The parable cannot be more transparent. The leaders of the temple must recognize that the landowner must find other tenants in whom he will find more trust. Jesus wastes no time in applying the parable to those religious leaders: “I tell you, then, that the kingdom of God will be taken from you and given to a people who will produce its fruit.”

Surrounded as we are by so many crises that cannot be solved by temporary reforms or distracted as we are by different opinions that hide the really essential issue, we fail to listen to God’s call to a radical return to the Gospel. Today’s parable offers serious questions that require real answers.

Are we really the new people that Jesus wants to produce the new fruits of his kingdom or are we again disappointing God? Are we truly working for a more just and humane world? How are we responding, as part of God’s project, to the victims of the present economic crisis and the millions who are dying of hunger and malnutrition inAfrica?

Are we responding to the call of God’s Son who has been sent to the vineyard or do we send Him out, in various ways, out of the vineyard? Are we busy with the message that Jesus entrusted to us or do we keep distracted with so many worldly and secondary interests?

What are we really doing with so many men and women that God had sent to the vineyard to be taught about love and justice? Where are God’s prophets and Jesus’ disciples and witnesses today? Don’t we find some of them in the world any more?

 

ESTAMOS A DECEPCIONAR A DEUS?

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús atópase no recinto do Templo, rodeado dun grupo de altos dirixentes relixiosos. Nunca os tivo tan preto. Por iso, con audacia incríbel, vai pronunciar unha parábola dirixida directamente a eles. Sen dúbida, a máis dura que saíu dos seus labios.

Cando Xesús lles comeza a falar dun señor que plantou unha viña e a coidou con solicitude e cariño especial, créase un clima de expectación. A «viña» é o pobo de Israel. Todos coñecen o canto do profeta Isaías que fala do amor de Deus polo seu pobo con esa bela imaxe. Eles son os responsábeis desa “viña” tan querida por Deus.

O que ninguén espera é a grave acusación que lles vai lanzar Xesús: Deus está decepcionado. Foron pasando os séculos e non logrou recoller dese pobo querido os froitos de xustiza, de solidariedade e de paz que esperaba.

Unha e outra vez foi enviando os seus servidores, os profetas, porén os responsábeis da viña maltratáronos sen piedade ata darlles morte. Que máis pode facer Deus pola súa viña? Segundo o relato, o señor da viña mándelles aínda ao seu propio fillo pensando: «Ao meu fillo teranlle respecto». Pero os viñadores mátano para ficar coa súa herdanza.

A parábola é transparente. Os dirixentes do Templo vense obrigados a recoñecer que o señor ha confiar a súa viña a outros viñadores máis fieis. Xesús aplícalles rapidamente a parábola: «Eu dígovos que vos quitará a vós o reino de Deus e darállelo a un pobo que produza os seus froitos».

Desbordados por unha crise á que xa non é posíbel responder con pequenas reformas, distraídos por discusións que nos impiden ver o esencial, sen coraxe para escoitar a chamada de Deus a unha conversión radical ao Evanxeo, a parábola obríganos a facernos graves preguntas.

Somos ese pobo novo que Xesús quere, dedicado a producir os froitos do reino ou estamos a decepcionar a Deus? Vivimos traballando por un mundo máis humano? Como estamos a responder dende o proxecto de Deus ás vítimas da crise económica e aos que morren de fame e desnutrición en África?

Respectamos o Fillo que Deus nos enviou ou botámolo de moitas formas “fóra da viña”? Estamos a acoller a tarefa que Xesús nos confiou de humanizar a vida ou vivimos distraídos por outros intereses relixiosos máis secundarios?

Que facemos cos homes e mulleres que Deus nos envía tamén hoxe para recordarnos o seu amor e a súa xustiza? Xa non hai entre nós profetas de Deus nin testemuñas de Xesús? Xa non os recoñecemos?

Iglesia más evangélica

Publicado: 26 enero, 2011 en BIBLIA
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4 Tiempo ordinario (A) Mateo 5, 1-12
IGLESIA MÁS EVANGÉLICA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 26/01/11.- Al formular las bienaventuranzas, Mateo, a diferencia de Lucas, se preocupa de trazar los rasgos que han de caracterizar a los seguidores de Jesús. De ahí la importancia que tienen para nosotros en estos tiempos en que la Iglesia ha de ir encontrando su estilo cristiano de estar en medio de una sociedad secularizada.

No es posible proponer la Buena Noticia de Jesús de cualquier forma. El Evangelio sólo se difunde desde actitudes evangélicas. Las bienaventuranzas nos indican el espíritu que ha de inspirar la actuación de la Iglesia mientras peregrina hacia el Padre. Las hemos de escuchar en actitud de conversión personal y comunitaria. Sólo así hemos de caminar hacia el futuro.

Dichosa la Iglesia “pobre de espíritu” y de corazón sencillo, que actúa sin prepotencia ni arrogancia, sin riquezas ni esplendor, sostenida por la autoridad humilde de Jesús. De ella es el reino de Dios.

Dichosa la Iglesia que “llora” con los que lloran y sufre al ser despojada de privilegios y poder, pues podrá compartir mejor la suerte de los perdedores y también el destino de Jesús. Un día será consolada por Dios.

Dichosa la Iglesia que renuncia a imponerse por la fuerza, la coacción o el sometimiento, practicando siempre la mansedumbre de su Maestro y Señor. Heredará un día la tierra prometida.

Dichosa la Iglesia que tiene “hambre y sed de justicia” dentro de sí misma y en el mundo entero, pues buscará su propia conversión y trabajará por una vida más justa y digna para todos, empezando por los últimos. Su anhelo será saciado por Dios.

Dichosa la Iglesia compasiva que renuncia al rigorismo y prefiere la misericordia antes que los sacrificios, pues acogerá a los pecadores y no les ocultará la Buena Noticia de Jesús. Ella alcanzará de Dios misericordia.

Dichosa la Iglesia de “corazón limpio” y conducta transparente, que no encubre sus pecados ni promueve el secretismo o la ambigüedad, pues caminará en la verdad de Jesús. Un día verá a Dios.

Dichosa la Iglesia que “trabaja por la paz” y lucha contra las guerras, que aúna los corazones y siembra concordia, pues contagiará la paz de Jesús que el mundo no puede dar. Ella será hija de Dios.

Dichosa la Iglesia que sufre hostilidad y persecución a causa de la justicia, sin rehuir el martirio, pues sabrá llorar con las víctimas y conocerá la cruz de Jesús. De ella es el reino de Dios.

La sociedad actual necesita conocer comunidades cristianas marcadas por este espíritu de las bienaventuranzas. Sólo una Iglesia evangélica tiene autoridad y credibilidad para mostrar el rostro de Jesús a los hombres y mujeres de hoy. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

IGREJA MAIS EVANGÉLICA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ao formular as bem-aventuranças, Mateus, diferentemente de Lucas, preocupa-se em traçar os traços que hão de caracterizar os seguidores de Jesus. Daí a importância que tem para nós nestes tempos em que a Igreja há-de ir encontrando o seu estilo cristão de estar no meio de uma sociedade secularizada.

Não é possível propor a Boa Nova de Jesus de qualquer forma. O Evangelho só se difunde a partir de atitudes evangélicas. As bem-aventuranças indicam-nos o espírito que há-de inspirar a actuação da Igreja enquanto peregrina até ao Pai. Temos de os escutar numa atitude de conversão pessoal e comunitária. Só assim havemos de caminhar em direcção ao futuro.

Ditosa a Igreja “pobre de espírito” e de coração simples, que actua sem prepotência nem arrogância, sem riquezas nem esplendor, sustentada pela autoridade humilde de Jesus. Deles é o reino de Deus.

Ditosa a Igreja que “chora” com os que choram e sofre ao ser despojada de privilégios e poder, pois poderá partilhar melhor a sorte dos perdedores e também o destino de Jesus. Um dia será consolada por Deus.

Ditosa a Igreja que renuncia a impor-se pela força, a coacção ou a submissão, praticando sempre a mansidão do seu Mestre e Senhor. Herdará um dia a terra prometida.

Ditosa a Igreja que tem “fome e sede de justiça” dentro de si mesma e no mundo inteiro, pois procurará a sua própria conversão e trabalhará por uma vida mais justa e digna para todos, começando pelos últimos. A sua aspiração será saciada por Deus.

Ditosa a Igreja compassiva que renúncia ao excesso de rigor e prefere a misericórdia antes dos sacrifícios, pois acolherá os pecadores e não lhes ocultará a Boa Nova de Jesus. Ela alcançará de Deus misericórdia.

Ditosa a Igreja de “coração limpo” e conduta transparente, que não encobre os seus pecados nem promove o secretismo ou a ambiguidade, pois caminhará na verdade de Jesus. Um dia verá a Deus.

Ditosa a Igreja que “trabalha pela paz” e luta contra as guerras, que une os corações e semeia a concórdia, pois contagiará a paz de Jesus que o mundo não pode dar. Ela será filha de Deus.

Ditosa a Igreja que sofre hostilidade e perseguição por causa da justiça, sem rehuir o martírio, pois saberá chorar com as vítimas e conhecerá a cruz de Jesus. Dela é o reino de Deus.

A sociedade actual necessita conhecer comunidades cristãs marcadas por este espírito das bem-aventuranças. Só uma Igreja evangélica tem autoridade e credibilidade para mostrar o rosto de Jesus aos homens e mulheres de hoje.

UNA CHIESA PIÙ EVANGELICA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Nel formulare le beatitudini, Matteo, a differenza di Luca, si preoccupa di darci i tratti che devono caratterizzare i seguaci di Gesù. Di qui l’importanza che ha per noi in questi tempi in cui la Chiesa deve cercare di trovare il modo cristiano di stare in mezzo a una società secolarizzata.

Non è possibile proporre la Buona Notizia di Gesù in qualsiasi maniera. L’Evangelo si diffonde soltanto a partire da atteggiamenti evangelici. Le beatitudini ci indicano lo spirito che deve ispirare l’opera della Chiesa mentre è pellegrina verso il Padre. Le dobbiamo ascoltare in atteggiamento di conversione personale e comunitaria. Solo così possiamo camminare verso il futuro.

Beata la Chiesa “povera in spirito” e di cuore semplice, che opera senza prepotenza né arroganza, senza ricchezze né splendore, sostenuta dall’autorità umile di Gesù. Di essa è il Regno di Dio.

Beata la Chiesa che “piange” con quelli che piangono e soffre per essere spogliata da privilegi e potere, perché potrà condividere meglio la sorte dei perdenti e anche il destino di Gesù. Un giorno sarà consolata da Dio.

Beata la Chiesa che rinuncia a imporsi con la forza, la costrizione, o la sottomissione, praticando sempre la mansuetudine del suo Maestro e Signore. Erediterà un giorno la terra promessa.

Beata la Chiesa che ha “fame e sete di giustizia” dentro le sue mura e nel mondo intero, perché cercherà la propria conversione e lavorerà per una vita più degna e giusta per tutti, incominciando dagli ultimi. Il suo anelito sarà saziato da Dio.

Beata la Chiesa compassionevole che rinuncia al rigorismo e preferisce la misericordia ai sacrifici, perché accoglierà i peccatori e non occulterà loro la Buona Notizia di Gesù. Essa otterrà misericordia da Dio.

Beata la Chiesa dal “cuore puro” e dalla condotta trasparente, che non copre i suoi peccati né promuove il silenzio sulle cose che dovrebbero essere dette o l’ambiguità, perché camminerà nella verità di Gesù. Un giorno vedrà Dio.

Beata la Chiesa che “lavora per la pace” e lotta contro le guerre, che unisce i cuori e semina concordia, perché contagerà la pace di Gesù che il mondo non può dare. Sarà figlia di Dio.

Beata la Chiesa che patisce ostilità e persecuzione a causa della giustizia, senza sfuggire il martirio, perché saprà piangere con le vittime e conoscerà la croce di Gesù. Di essa è il Regno di Dio.

La società attuale ha bisogno di conoscere comunità cristiane segnate dallo spirito delle beatitudini. Solo una Chiesa evangelica avrà autorità e credibilità per mostrare il volto di Gesù alle donne e agli uomini di oggi.

UNE EGLISE PLUS EVANGELIQUE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

En formulant les béatitudes, Matthieu, contrairement à Luc, prend soin de fixer les traits qui devront caractériser les disciples de Jésus. De là, l’importance qu’ils ont pour nous, en ces temps où l’Eglise doit trouver une manière chrétienne d’être au milieu d’une société sécularisée.

On ne peut pas proposer la Bonne Nouvelle de Jésus n’importe comment. C’est seulement à partir d’une attitude évangélique que l’on peut diffuser l’évangile. Les béatitudes nous montrent l’esprit qui doit inspirer l’action de l’Eglise lors de sa marche vers le Père. Nous devons les écouter avec une attitude de conversion personnelle et communautaire. C’est notre seule manière d’avancer vers l’avenir.

Heureuse l’Eglise “pauvre en esprit” et au cœur simple, agissant sans orgueil ni arrogance, sans richesses ni splendeur, soutenue par l’humble autorité de Jésus. Le Royaume des cieux est à elle.

Heureuse l’Eglise qui “pleure” avec ceux qui pleurent et qui souffre en se voyant dépouillée de ses privilèges et de son pouvoir, car elle pourra mieux partager le sort des perdants ainsi que la destinée de Jésus. Un jour elle sera consolée par Dieu.

Heureuse l’Eglise qui renonce à s’imposer par la force, par la contrainte ou par la soumission, et qui montre toujours la douceur de son Maître et Seigneur. Elle héritera un jour de la terre promise.

Heureuse l’Eglise qui a “faim et soif de justice” à l’intérieur d’elle-même et dans le monde entier, car elle cherchera sa propre conversion et travaillera pour une vie plus juste et digne pour tous, en commençant par les laissés-pour-compte. Son désir sera comblé par Dieu.

Heureuse l’Eglise compatissante qui renonce au rigorisme et qui préfère la miséricorde aux sacrifices, car elle saura accueillir les pécheurs et ne leur cachera pas la Bonne Nouvelle de Jésus. Elle obtiendra de Dieu, miséricorde.

Heureuse l’Eglise au “cœur pur” et à la conduite transparente, qui ne dissimule pas ses péchés et qui ne promeut pas la culture du secret ou l’ambiguïté, car elle marchera dans la vérité de Jésus. Un jour, elle verra Dieu.

Heureuse l’Eglise qui “travaille pour la paix” et qui lutte contre les guerres, qui unifie les cœurs et qui sème la concorde, car elle communiquera la paix de Jésus que le monde ne peut pas donner. Elle sera fille de Dieu.

Heureuse l’Eglise qui subit l’hostilité et la persécution à cause de la justice, sans fuir le martyre, car elle saura pleurer avec les victimes et connaîtra la croix de Jésus. Le Règne de Dieu est à elle.

La société actuelle a besoin de connaître des communautés chrétiennes marquées par cet esprit des béatitudes. Seule une Eglise évangélique a de l’autorité et de la crédibilité pour montrer le visage de Jésus aux hommes et aux femmes d’aujourd’hui.

TRULY EVANGELICAL CHURCH

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The Beatitudes that Matthew has handed down to us, unlike those of Luke, reveal the traits that should characterize any good follower of Jesus. Hence the importance they have for all of us today, when the Church really needs a truly Christian style against the rampant secularism of our society.

It is not possible to present the Good News of Jesus any other way.

The Gospel can be preached only as Good News. The Beatitudes echo the spirit that must be created by the Church on our pilgrimage towards the Father. We must hear them with an attitude of personal and community conversion. That is the only way to find a future in our Church.

Blessed is the Church that is “poor in spirit” and simple of heart and shows no power or arrogance; a Church without riches or brilliance, sustained only by the humble authority of Jesus. Theirs will be the kingdom of heaven.

Blessed is the Church that mourns with those who weep and suffers the loss of privileges and power, because only then it will share the fate of the losers and imitate Jesus’ life. God alone will be its comforter.

Blessed is the Church that renounces all sorts of power, coercion and threat, and practices only the meekness of its Lord and Master. It will inherit the Promised Land.

Blessed is the Church that hungers and thirsts for what is right within itself and in the world. In that way, the Church will work its own conversion while contributing towards a more just life for everyone, beginning with the least of them. God will satisfy its goals.

Blessed is the Church that is compassionate towards everyone, renouncing all sorts of rigour and prefers mercy instead of sacrifices. Sinners can be welcomed and the Good News proclaimed to them. They shall have mercy shown to them.

Blessed is the Church that is “clean of heart” and transparent in action, a Church that does not cover up its sins or practices ambiguity and walks in the truth of Jesus. They shall see God.

Blessed is the Church that suffers hostility and persecution for the sake of justice, at the risk of martyrdom; only then it will cry with all the victims and learn about the cross of Jesus. Theirs will be the kingdom of God.

Our present society needs to learn about those Christian communities that are marked by the spirit of the Beatitudes. Only an evangelical Church will have authority and credibility to show the real face of Christ to men and women of today.

EBANJELIO IZAERAGOKO ELIZA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Zoriontasunak formulatzean, Mateok, Lukasek ez bezala, kezka handia izan du Jesusen jarraitzaileak izan beharko lituzkeen ezaugarriak marrazteko. Horra zergatik diren garrantzizkoak guretzat, Elizak, gizarte sekulartu honen baitan egoteko, kristau-molde bat bilatzen jardun behar duen aldi honetan.

Ezin da proposatu Jesusen Berri Ona nolanahi. Ebanjelio-jarrera biziz bakarrik zabal daiteke Ebanjelioa. Elizaren jarduera arnastu beharko lukeen espiritua adierazten digute zoriontasunek, Aitaganantz erromes doan bitartean. Bakoitzaren eta elkartearen konbertsio-jarreraz entzun beharko genituzke. Horrela bakarrik egiten ahal dugu etorkizunerako bidea.

Zorionekoa Eliza, «espirituz pobre» eta bihotzez xume dena, handi-mandi eta harro izan gabe diharduena, aberastasunik eta eder-minik gabe, makulu bakarra Jesusen aginte apala duelarik. Harena da Jainkoaren erreinua.

Zorionekoa Eliza, negar dagitenekin «negar» egiten duena, eta pribilejioak eta boterea kendu dizkiotelako sufritzen duena; hobeto partekatu ahal izango baitu galtzaileen zoria, baita Jesusena ere. Egun batean Jainkoak kontsolatuko du.

Zorionekoa Eliza, bere mezua indarrez, bortxaz edo zapalketaz ezartzeari uko egiten diona, beti bere Maisu eta Jaunaren otzantasuna praktikatuz. Egun batean hitzemandako lurraldea heredatuko du.

Zorionekoa Eliza, «zuzentasunaren gose-egarri dena», bai bere baitan bai mundu osoan, zeren bere konbertsio bila ibiliko baita eta guztientzat bizitza zuzenagoa eta duinagoa nola egin bila, azkenak direnengandik hasita. Jainkoak aseko du haren desioa.

Zorionekoa Eliza errukibera, zorrozkeriari uko egin eta oparien aldean errukia gogokoago duena, zeren onartu egingo baititu bekatariak eta ez die ezkutatuko Jesusen Berri Ona. Errukia iritsiko du Jainkoagandik.

Zorionekoa Eliza, «bihotz-garbi dena eta jokabide gardenekoa, bere bekatua ezkutatzen ez duena, ezta sustatzen ere ezkutukeria eta anbiguotasuna, zeren Jesusen egian ibiliko baita. Egun batean Jainkoa ikusiko du.

Zorionekoa Eliza, «bakearen alde» eta gerlaren aurka borroka dagiena, bihotzak bateratzen dituena eta adostasuna ereiten, zeren munduak ezin eman duen Jesusen bakea kutsatuko baitu. Jainkoaren alaba izango da.

Zorionekoa Eliza, justizia dela-eta etsaitasuna eta pertsekuzioa jasaten duena, martiritzari berari uko egin gabe, zeren biktimekin negar egiteko gai izango baita eta Jesusen gurutzea ezagutuko baitu. Harena da Jainkoaren erreinua.

Gaur egungo gizarteak zoriontasunen espiritu honek markaturiko kristau-elkarteak ezagutu beharra du. Ebanjelio-izaerako Elizak bakarrik izan lezake agintea eta sinesgarritasuna, gaur egungo gizon-emakumeei Jesusen aurpegia erakutsi ahal izateko.

ESGLÉSIA MÉS EVANGÈLICA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

En formular les benaurances, Mateu, a diferència de Lluc, es preocupa de traçar els trets que han de caracteritzar als seguidors de Jesús. D’aquí la importància que tenen per a nosaltres en aquests temps en que l’Església ha d’anar trobant el seu estil cristià d’estar enmig d’una societat secularitzada.

No és possible proposar la Bona Notícia de Jesús de qualsevol forma. L’Evangeli només es difon des d’actituds evangèliques. Les benaurances ens indiquen l’esperit que ha d’inspirar l’actuació de l’Església mentre pelegrina cap al Pare. Les hem d’escoltar en actitud de conversió personal i comunitària. Només així hem de caminar cap al futur.

Feliç l’Església “pobre en l’esperit” i de cor senzill, que actua sense prepotència ni arrogància, sense riqueses ni esplendor, sostinguda per l’autoritat humil de Jesús. D’ella és el regne de Déu.

Feliç l’Església que “plora” amb els que ploren i sofreix en ser despullada de privilegis i poder, ja que podrà compartir millor la sort dels perdedors i també el destí de Jesús. Un dia serà consolada per Déu.

Feliç l’Església que renuncia a imposar-se per la força, la coacció o la submissió, practicant sempre la mansuetud del seu Mestre i Senyor. Heretarà un dia la terra promesa.

Feliç l’Església que té “fam i set de ser justa” dins de si mateixa i al món sencer, ja que buscarà la seva pròpia conversió i treballarà per una vida més justa i més digna per a tots, començant pels últims. El seu anhel serà saciat per Déu.

Feliç l’Església compassiva que renuncia al rigorisme i prefereix la misericòrdia abans que els sacrificis, ja que acollirà els pecadors i no els ocultarà la Bona Notícia de Jesús. Ella obtindrà de Déu misericòrdia.

Feliç l’Església de “cor net” i conducta transparent, que no encobreix els seus pecats ni promou el secretisme o l’ambigüitat, ja que caminarà en la veritat de Jesús. Un dia veurà Déu.

Feliç l’Església que “treballa per la pau” i lluita contra les guerres, que uneix els cors i sembra concòrdia, ja que encomanarà la pau de Jesús que el món no pot donar. Ella serà filla de Déu.

Feliç l’Església que pateix hostilitat i persecució pel fet de ser justa, sense defugir el martiri, ja sabrà plorar amb les víctimes i coneixerà la creu de Jesús. D’ella és el regne del cel.

La societat actual necessita conèixer comunitats cristianes marcades per aquest esperit de les benaurances. Només una Església evangèlica té autoritat i credibilitat per mostrar el rostre de Jesús als homes i les dones d’avui.

IGREXA MÁIS EVANXÉLICA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Ao formular as benaventuranzas, Mateu, á diferenza de Lucas, preocúpase de sinalar os trazos que han caracterizar aos seguidores de Xesús. De aí a importancia que teñen para nós nestes tempos, nos que a Igrexa ten de ir atopando o seu estilo cristián de estar no medio dunha sociedade secularizada.

Non é posíbel propoñer a Boa Noticia de Xesús de calquera forma. O Evanxeo só se difunde dende actitudes evanxélicas. As benaventuranzas indícannos o espírito que ten de inspirar a actuación da Igrexa mentres peregrina cara ao Pai. Habémolas de escoitar con actitude de conversión persoal e comunitaria. Só así camiñaremos cara ao futuro.

Ditosa a Igrexa “pobre de espírito” e de corazón sinxelo, que actúa sen prepotencia nin arrogancia, sen riquezas nin esplendor, sostida pola autoridade humilde de Xesús. Dela é o reino de Deus.

Ditosa a Igrexa que “chora” cos que choran e sofre ao ser despoxada de privilexios e poder, pois poderá compartir mellor a sorte dos perdedores e tamén o destino de Xesús. Un día será consolada por Deus.

Ditosa a Igrexa que renuncia a impoñerse pola forza, a coacción ou o sometemento, practicando sempre a mansedume do seu Mestre e Señor. Herdará un día a terra prometida.

Ditosa a Igrexa que ten “fame e sede de xustiza” dentro de si mesma e no mundo enteiro, pois buscará a súa propia conversión e traballará por unha vida máis xusta e digna para todos, empezando polos últimos. O seu anhelo será saciado por Deus.

Ditosa a Igrexa compasiva que renuncia ao rigorismo e prefire a misericordia antes que os sacrificios, pois acollerá aos pecadores e non lles ocultará a Noticia de Xesús. Ela alcanzará de Deus misericordia.

Ditosa a Igrexa de “corazón limpo” e conduta transparente, que non encobre os seus pecados nin promove o secretismo ou a ambigüidade, pois camiñará na verdade de Xesús. Un día verá a Deus.

Ditosa a Igrexa que “traballa pola paz” e loita contra as guerras, que xunta os corazóns e sementa concordia, pois contaxiará a paz de Xesús que o mundo non pode dar. Ela será filla de Deus.

Ditosa a Igrexa que sofre hostilidade e persecución a causa da xustiza, sen evitar o martirio, pois saberá chorar coas vítimas e coñecerá a cruz de Xesús. Dela é o reino de Deus.

A sociedade actual necesita coñecer comunidades cristiás marcadas por este espírito das benaventuranzas. Só unha Igrexa evanxélica ten autoridade e credibilidade para mostrar o rostro de Xesús aos homes e ás mulleres de hoxe.

El Dios en nosotros

Publicado: 30 diciembre, 2010 en REFLEXIONES
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EL DIOS EN NOSOTROS
MIGUEL ESQUIROL VIVES, esquirolrios@gmail.com
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 31/12/10.- Recientemente Andrés Pérez Baltodano, doctor en ciencias sociales y políticas escribió un artículo que titulaba: “Lo más urgente es cambiar la imagen de Dios”. Y yo me atrevo a decir del dios que está fuera al Dios que está dentro. Y como dice José Antonio Pagola en “Está con nosotros” (Eclesalia, 15/12/10), es el Dios que “habita en todo corazón humano”.

La imagen del dios que está afuera, el que defiende la religión tradicional para defender la trascendencia, apreciando menos o incluso descuidando la inmanencia, ha tenido consecuencias nefastas y además no es el Dios encarnado. Para buscar a ese dios de afuera, las gentes tienen que alejarse de su entorno o buscarlo en el templo, convirtiéndose el clero en los dueños y dispensadores de Dios. Además entonces nuestro entorno y nuestro cuerpo dejan de ser templos, el mundo es malo, peligroso, y el cuerpo es el animal que habrá que domesticar y castigar. La naturaleza habrá que someterla, dominarla, explotarla, quizás hasta destruirla. El prójimo es antes que un hermano un desconocido y posiblemente un enemigo. El ser humano desconfía de sí mismo y de los demás, impera la desconfianza y el miedo. Lo profano como opuesto y separado de lo sagrado, consecuencias desastrosas para la vida cristiana de los laicos separados, y marginados de los sagrados y consagrados.

Este dios nos sirve para explicar lo que no conocemos y para resolver problemas, que tenemos que resolver nosotros, hace milagros e impide el cambio y el avance de la Iglesia. Es un anestésico para no sentir el dolor del mundo. Además legitima el orden piramidal de la Iglesia y de la sociedad, la obediencia antes que la libertad, la ley sobre el amor, el poder sobre el servicio, la violencia sobre la paz. Es el dios que ve desde afuera las injusticias y el dolor de este mundo. Es el dios que ha creado a los ateos.

El Dios que llevamos dentro, que es desde luego trascendente y por ello es inmanente, es el Dios distinto, pero no distante, es el fundamento de nuestra ser y del universo, fuente de creatividad y de espiritualidad. Sólo hay que darle la vuelta a las consecuencias que hemos dicho antes. Para encontrar a ese Dios de adentro, las personas no tienen que alejarse de su entorno, sino en su medio, en lo cotidiano, en la vida, en sí mismos, en los otros, en los pobres, en la naturaleza. Y nuestro cuerpo es templo de Dios, y “el universo es el cuerpo de Dios”. El prójimo es mi hermano y allí está Dios, más que en ningún templo y más a flor de piel en el pobre y afligido.

El ser humano confía en sí mismo y en los demás, porque en el fondo del ser humano está su bondad, que es el mismo Dios y desaparece el miedo que paraliza. Lo profano está unido a lo sagrado. El sacerdote no es más que el laico. Es el Dios que hoy sigue encarnado. Con ese Dios se da la confianza, la libertad, la creatividad, el cambio, la responsabilidad y el amor. Si le dejáramos actuar convertiría el orden piramidal de la Iglesia y de la sociedad en comunidad, y pondría el amor sobre la ley y el servicio sobre el poder, la paz y la justicia sobre la violencia. Es el Dios que goza con el que goza y sufre con el que sufre. Para encontrarlo no hay ni siquiera saber que lo estamos buscando, con tal de servir al más sencillo, al más humilde. Con tal de amar. Es el Dios que nos hace humildes y serviciales, es el Dios que nace con cada niño y cada niña que nace. Este es el Dios en nosotros de la Navidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Raimon Panikkar: diálogo e interculturalidad

Publicado: 7 septiembre, 2010 en REFLEXIONES
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RAIMON PANIKKAR: DIÁLOGO E INTERCULTURALIDAD
JUAN JOSÉ TAMAYO, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, Universidad Carlos III de Madrid, juanjotamayo@gmail.com 
MADRID.

ECLESALIA, 07/09/10.- Cuando me llamó Salvador Panikkar la tarde del 26 de agosto me temí lo peor. Y mis temores se confirmaron. Era para comunicarme el fallecimiento de su hermano Raimon, que me dejó sumido en un estado de conmoción del que tardé en salir. Y no era para menos. Durante los últimos treinta años tuve la suerte de disfrutar de la amistad y del discipulado de Raimon Panikkar, de quien aprendí lecciones teóricas y prácticas de gratuidad, convivencia, diálogo y equilibrio mental y emocional. Con él coincidí en congresos, semanas y encuentros de estudio, intercambié un largo epistolario en forma de tarjetas de letra con caracteres casi indescifrables y mantuve frecuentes conversaciones telefónicas hasta que la enfermedad se lo impidió. En reiteradas ocasiones le invité a participar en los Congresos de Teología que la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII viene celebrando desde hace treinta años y en Cursos de Verano. Sólo en una ocasión declinó la invitación. Fue el año pasado cuando le llamé para que dar una conferencia en el curso sobre “Judaísmo, Cristianismo e Islam, tres religiones en diálogo” celebrado en el palacio de la Magdalena de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. El estado de postración en que se encontraba le impedía desplazarse de Tavertet a Santander. Le invité también a escribir en obras colectivas y diccionarios sobre la interculturalidad y el diálogo intra- e interreligioso, dos campos en los que era uno de principales especialistas mundiales, más aún, el pionero y referente desde hace cuarenta años a partir de sus profundos y dilatados conocimientos de las diferentes tradiciones religiosas y culturales.

¿Quién era, quién es –porque sigue vivo en la mente y los sentimientos de mucha gente- Raimon Panikkar-. Sirva como primera aproximación la definición que ofrece el teólogo colombiano José Luis Meza Rueda de la rica y compleja personalidad del intelectual catalán en su excelente obra La antropología de Raimon Panikkar, que acaba de aparecer: “filósofo y teólogo; místico y maestro; políglota y poeta; cristiano, hindú, buddhista y secular; ciudadano del mundo y estudioso de las culturas y las religiones… De ideas desconcertantes y fascinantes, de u pensamiento agudo, pero problematizador, de una pluma prolija e insistente, de grandes admiradores pero también de grandes detractores” (p. 23). Yo añadiría: hombre de diálogo y de interculturalidad.

“Sin diálogo, el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”. Fue en 1993 cuando escribió sentencia tan aforística en un artículo sobre “Diálogo inter- e intrarreligioso” recogido luego en Nuevo Diccionario de Teología (Trotta, Madrid, 2005, pp. 243-251). En él establece las bases del diálogo como alternativa a los fundamentalismos, dogmatismos, anatemas e intolerancias de las religiones y de las culturas hegemónicas, pero también como superación de los monolingüismos, colonialismos y guerras religiosas.

Pero el diálogo no lo defiende en abstracto y en el vacío, sino entre filosofía y teología, religión y ciencia, Occidente y Oriente, Atenas y Jerusalén, culturas y religiones. A partir de su conocimiento de las culturas, filosofías y las religiones de la India (La experiencia filosófica de la India, Trotta, Madrid 1997, o 2000), fue pionero en el diálogo con el hinduismo y se adelantó al concilio Vaticano II. En 1961 defendió su tesis doctoral en teología en la Universidad Lateranense de Roma sobre El Cristo desconocido del hinduismo (Marova, Madrid, 1970), el más conocido, emblemático y traducido de su extensa bibliografía. Posteriormente abrió una nueva ruta de diálogo con el buddhismo con El silencio de Dios (1970), que más tarde actualizó bajo el título El silencio del Buddha. Una introducción al ateísmo religioso (Siruela, Madrid, 1996).

Raimon Panikkar encarnaba en su persona ese diálogo y el peregrinaje por las diferentes tradiciones religiosas y culturas. Es proverbial su confesión de fe interreligiosa: “Marché (de Europa a la India) cristiano, me descubrí a mí mismo hindú y volví buddhista, sin haber dejado de ser cristiano”. Más tarde hablaría de la confluencia en su persona de cuatro grandes ríos: el cristiano, el hindú, el buddhista y el secular. ¡Todo un ejemplo de equilibrio entre creencias religiosas y secularidad.

“Debido a que filosofamos dialogando con el otro… la filosofía se convierte en intercultural, ya que al hablar con el otro transgredo el ámbito de mi cultura individual y entro realmente en el terreno intercultural que a veces ayudo a crear”. Raimon Panikkar es reconocido como el iniciador y uno de los principales impulsores de la filosofía intercultural, que entiende como algo más que una conversación entre vecinos o un diálogo de sobremesa en torno a lo divino y lo humano, y que no confunde con el multiculturalismo, que se limita defender la coexistencia de las culturas, y la transdisciplinariedad, ya que las culturas son algo más que disciplinas. En la interculturalidad no hay absorción de una cultura por otra, pero tampoco independencia, sino correlación.

El método de la interculturalidad es el diálogo. Pero ¿qué tipo de diálogo? Con la originalidad conceptual que le caracterizaba, lo definía como diálogo dialogal y duologal, que implica confianza mutua en una aventura común hacia lo desconocido y aspiración a la concordia discorde. Este tipo de diálogo lleva a descubrir al otro no como un extranjero, sino como un compañero, no como un ello anónimo y despersonalizado, sino como un tú en el yo.

Termino con un texto del Libre d’ Amic e Amat del filósofo y místico Ramón Llull (1232-1315), precursor de la interculturalidad: “El pájaro cantaba en el huerto del amado. El amante llega y dice al pájaro: si no podemos entendernos el uno al otro a través de lenguajes, entendámonos entonces uno a otro a través del amor, ya que en tu canción mi amado es evocado en mis ojos”. Raimon Panikkar se entendía con todo el mundo, con creyentes y no creyentes, amigos y adversarios, discípulos maestros, con los sistemas de creencias, culturas y cosmovisiones, por muy diferentes que fueran, incluso dentro de la discrepancia, a través del amor y de la mirada limpia. ¡Excelente método para avanzar en el camino hacia la convivencia entre los pueblos y la paz, tanto interior como exterior! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Paz a Isaac! ¡Paz a Ismael!

Publicado: 14 junio, 2010 en DENUNCIA / ANUNCIO
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¡PAZ A ISAAC! ¡PAZ A ISMAEL!
JUAN YZUEL SANZ, Ciberiglesia, juan@ciberiglesia.net
ZARAGOZA.

ECLESALIA, 14/06/10.- Creemos en el derecho del Pueblo Judío a tener una patria. Como ningún otro pueblo en la tierra, ha sufrido la persecución y el genocidio a lo largo de toda la Historia. A la vez, creemos en el derecho del Pueblo Palestino a la dignidad y la justicia que se le han negado desde la creación del Estado Judío.

Creemos, además, que ambos pueblos pueden coexistir y cooperar juntos para hacer de Tierra Santa un lugar de convivencia y tolerancia. Para ello apoyamos a todos los que buscan la paz de corazón, a sabiendas de que ésta sólo puede venir de la justicia y la verdad, de reconocerse que ambos son hermanos, hijos de Abraham en la fe.

Los últimos acontecimientos, la matanza de voluntarios que llevaban ayuda humanitaria al sufrido pueblo de Gaza en la flotilla de la paz, nos llenan de dolor y rabia. Llueve sobre mojado. Aún están sin cerrar las heridas del terrible ataque del año 2009 a la franja por parte del ejército israelí. Todo esto sigue añadiendo leña al fuego para justificar el radicalismo islámico que sufren muchos pueblos.

No a la impunidad de los responsables de todas estas matanzas. Apoyamos las campañas de diversos colectivos para que se investigue imparcialmente este nuevo atentado a los Derechos Humanos. Pero la cuestión no es buscar simplemente a un culpable de la última violencia. Todos hemos fallado, todos somos responsables últimos de la tragedia. Nadie, ni europeos ni estadounidenses, ni israelíes ni palestinos, ni árabes ni ningún otro pueblo, ni cristianos, ni judíos, ni musulmanes pueden alegar que han hecho todo lo posible para resolver este sangrante conflicto que recorre ya tres generaciones. Por eso hay que gritar: “¡Basta ya!”

No esperamos nada de los líderes políticos del mundo. El entramado de intereses económicos y geoestratégicos es tan complejo que no vemos a ninguno, en este momento, suficientemente libre y valiente para emprender verdaderas acciones que pongan orden en este caos. Menos aún cuando, los que de veras podrían hacer algo, están tan centrados en la economía. Pero tampoco nos podemos cruzar de brazos. Humildemente, con el convencimiento de que los católicos podemos y debemos hacer mucho más, pedimos a nuestra jerarquía que se implique en buscar una solución a esta herida purulenta de la gran familia humana. Y nos comprometemos nosotros mismos, como cristianos de a pie, a hacer todo lo posible por apoyar y animar cualquier pequeño gesto que traiga esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¡Paz a Isaac! ¡Paz a Ismael!

Nueve estaciones III

Publicado: 24 mayo, 2010 en PUBLICACIONES
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En ‘Ediciones Khaf’
NUEVE ESTACIONES III
Presentación de “El Camino de la Paz” de Xabier Pikaza
XABIER PIKAZA, pikazena@telefonica.net 
SALAMANCA.
 

7. Justicia de la iglesia, una marcha de objetores de conciencia

ECLESALIA, 24/05/10.- .Al tren de la paz de Jesús, que es la Iglesia, han de subir ante todos los pobres y los objetores de conciencia. En esa línea, la Iglesia debe renunciar no solo a las armas, sino a toda forma de defensa armada y de pacto con los poderes militares (no con los soldados en cuando personas).

Jesús propuso un mesianismo des-armado, que le llevó a Jerusalén, donde le mataron. Pues bien, en contra de su proyecto, las sociedades cristianas de la Edad Media y Moderna han vuelto a sacralizar de algún modo el ejército, diciendo que se encuentra al servicio de la fe (cruzadas) o de la seguridad nacional (estados absolutos de los siglos XVI al XX), como una “iglesia en pequeño” (con obispos castrenses).  

Pues bien, ha llegado el momento de que acabe ese pacto entre ejército e iglesia; ha llegado la hora de huelga militar completa, es decir, de la insumisión, para la Iglesia. Sin duda, la Iglesia no puede imponer su solución no-militar, pero puede y debe proclamarla y testimoniarla, no sólo con sus escritos, sino con el ejemplo de ministros y creyentes. En esa línea, ella debe empezar recomendando a los estados que renuncien no sólo a la agresión, sino a toda defensa militar, para vincularse de forma pacífica y dialogal (desmilitarizada), en estrategia de diálogo (y al servicio de la paz), conforme al evangelio. Para eso, la Iglesia que empezar creando una cultura de paz, donde el ejército no sea necesario, como seguiremos viendo.

Como partidarios de una no-violencia activa, en general, los cristianos deben declararse insumisos, desertores de las instituciones militares, no por miedo, ni para abandonar las tareas de la guerra en manos de soldados profesionales (¡que lucharían en su lugar!), sino porque quieren renunciar a la defensa armada (con sus tácticas y medios de violencia), recuperando el ideal de los grandes profetas de Israel que, desde el siglo VIII a. de C., exigieron la ruptura de los pactos militares con las grandes potencias y el abandono de la defensa armada de Jerusalén, poniéndose en manos de Dios, para elaborar así una creatividad más alta, en línea de paz.

No se trata de condenar a los soldados como personas, pues ellos son un signo y expresión del conjunto social y, en principio, no son más violentos que otros ciudadanos, sino de rechazar la política de conquista y defensa militar que hoy se practica en el mundo. No basta con hacer que el ejército se ponga servicio de la paz, como los Cascos Azules de la ONU (que realizan una buena tarea, en un momento, pero que, al final acaban siendo ineficaces), sino de abandonar la estrategia de las armas y de las instituciones militares, vinculadas al sacrificio, esclavitud y cautiverio de gran parte de la población actual.

Durante siglos y siglos, los cristianos hemos estado vinculados al ejército, dentro de una iglesia cuya política se ha inscrito en el contexto de unos pactos políticos y militares, de manera que ella misma (el Vaticano) ha tenido y sigue teniendo su ejército simbólico (la Guardia Suiza). Hemos aplicado el evangelio a “las almas”, es decir, a la vida interior, pero, en lo exterior, nos hemos adaptado a la sociedad establecida. Pues bien, en contra de eso, ahora debemos salir fuera el espacio militar de los estados y poderes políticos, no para luchar contra ellos (ni para condenarlos sin más), sino para ofrecer un testimonio y ejemplo más alto de humanidad, como ha dicho el Vaticano II que defiende, aunque con miedo, la objeción de conciencia (Gaudium et Spes 78-79).

8. Educar en la justicia. Un tren-escuela de la paz

En el momento actual (2010), la pedagogía para la paz se encuentra en fuerte crisis,, en una situación que para muchos resulta esquizofrénica: afirmamos que se debe educar en la paz a los que nacen, pero, al mismo tiempo, el conjunto de la sociedad les prepara más bien para la guerra, es decir, para un tipo de violencia. Pues bien, es hora de que recuperemos desde Jesús la mejor tradición israelita de la paz: “No se adiestrarán para la guerra” (Is 2, 2-4).

Son muchos los que hablan de paz, pero lo hacen desde el Tren de Primera de la ONU o de las multinacionales, mientras los trencitos de los pobres no logran llegar a su meta. Ciertamente, debemos desear la buena marcha de ese tren (o transatlántico de lujo) donde van los dignatarios de la tierra discutiendo sobre aquello que sería mejor para el sistema y redactando hermosos discursos sobre La Paz Posible. Pero la verdadera paz no se consigue desde arriba, sino en eso que podemos llamar “el tren de segunda de los voluntarios de la paz”.

Éste es el tren de la “gente” que quiere iniciar una alternativa de paz, desde fuera de las redes del sistema, volviendo así a las bases de la humanidad. Sin duda, entre esa “gente de paz” hay personas de muy diverso tipo, incluso algunos que se suman por pura conveniencia, siendo de hecho enemigos de la paz. Pero hay también muchísimos buscadores sinceros, en la línea de aquellos que escuchaban y seguían a Jesús, con los insumisos a los que se dirige el autor del Apocalipsis.

En esta línea, siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia no debe educar para la paz desde arriba, formando buenos dirigentes de sistema (que son necesarios en un plano), sino que ha de ofrecer el testimonio de paz de su gente, de un modo gratuito, desde abajo (desde los niños) invitando a todos a que vengan al tren/escuela de la paz, con su proyecto y camino de alianza universal

En un momento dado, muchos israelitas habían pedido a Dios que les ayudara a ganar la Guerra Santa y así luchaban, confiando en la victoria. Pero los grandes profetas descubrieron que sólo Dios (gratuidad amorosa) puede salvar a los hombres, de manera que las guerras acaban siendo inútiles, contraproducentes y dañinas (pues siguen dejando a los hombres en manos de su violencia). Por eso, en vez de crear buenas escuelas de guerra (academias militares, campos de entrenamiento de marines, legionarios o soldados de élite), Isaías 2, 4-5 afirma que Dios creará en Jerusalén una escuela universal de paz, para instruirnos según sus caminos, de manera que los hombres y mujeres no se adiestrarán para la guerra, sino que cambiarán las academias militares en escuela de abundancia y paz: de las espadas forjarán arados…). Eso fue precisamente lo que quiso hacer Jesús cuando subió a Jerusalén.

Aquí no podemos ser “realistas” en el sentido normal de la palabra, buscando un pacto con los poderes fácticos (capital, ejército, medios de comunicación…), como se ha venido haciendo, con resultados siempre negativos (en eso que hemos llamado el Tren Primero, de la ONU/Mercado), sino que debemos pasar de la política de pactos de interés a una alianza total, al servicio de la comunión universal.

La propuesta es muy sencilla, pues deriva del Sermón de la Montaña (Mt 5-7; Lc 6, 21-48), con las bienaventuranzas, donde se incluye la exigencia del perdón y el amor a los enemigos, pero exige una ruptura intensa respecto del orden existente. Esta insumisión que proponemos no se puede tomar como un “insulto” a los estados (que, por ahora, seguirán utilizando las armas), sino como el mayor de los favores que los cristianos pueden hacer incluso a los estados: pedirles que no sean absolutos, abriendo ante ellos, ante todos los hombres, una experiencia distinta de paz, como signo y principio de la mutación cristiana que propone Ef 2, 15, cuando anuncia y prepara la llegada de un hombre nuevo que hace la paz.

Sólo así, desde el tren de la paz, comprenderemos la pequeñez de otros problemas de la Iglesia, como pueden ser ciertas disputas clericales, que sólo se superan subiendo de nivel, dando un salto hacia la paz. Lo que importa no es teorizar discutiendo si la paz es posible, en largas jornadas de estudio, sino seguir la marcha y subirse al tren de la paz, como hizo Jesús, cuando para entrar desarmado a la Ciudad donde le esperaban entonces (como ahora) todas las disputas políticas y religiosas. Jesús subió a Jerusalén sin armas, y sin armas deben subir los cristianos, empezando por los más pequeños, anunciando y preparando la llegada del Reino de Dios, en gesto fuerte de “insumisión militar”, sin privilegios ni honores especiales.

Ésta es la raíz de la fe cristiana, ésta la ortodoxia: Creer que llega el Reino de Dios y comprometerse a recibirlo, aquí, en el centro del mundo, iniciando de manera fuerte y amorosa unos caminos de paz. No se trata de una actitud puramente testimonial y ciega, un gesto voluntarista sin ningún apoyo en la realidad. Al contrario, éste ha de ser ya, en la actualidad, un gesto muy realista al servicio de la vida, avanzando en el camino de la Paz, ante los ojos de todos.

 Según eso, la Iglesia entera debe convertirse de verdad (de un modo social) al Dios de la paz de Jesús y al Jesús del Reino, subiendo sin armas a Jerusalén, en una marcha de paz que sigue definiendo la historia de los hombres y mujeres que le aman, llamándose cristianos. A Jesús le mataron en aquel intento, pero la Iglesia está comprometida a seguirle, retomando su marcha de evangelio, presentando su Tren de Paz (un camino de alianza) ante los lugares donde se decide la guerra del mundo. Lógicamente, la Iglesia debe renunciar a la protección especial que le han concedido ciertos estados, en plano económico, social y militar, renunciando incluso (y sobre todo) al paraguas protector que pueden ofrecerle los ejércitos.

9. Última estación, una marcha de justicia 

Hemos llegado a la última estación y es buen momento para detenernos y mirar el recorrido de conjunto de la Iglesia. Ciertamente, ella puede y debe dirigir su palabra a los grandes del mundo como ha hecho últimamente los papas, hablando en la ONU o en los grandes foros del poder mundial. Pero su palabra propia se sitúa en la línea del testimonio de la vida, pues, como hemos dicho.

Jesús inició un movimiento mesiánico de pacificación (como alianza de paz), con un grupo de campesinos pobres, para preparar la venida del Reino de Dios. No se preocupó demasiado en precisar cómo vendría, pero anunció y anticipó apasionadamente su venida y por eso le mataron. Pues bien, para ratificar y seguir su movimiento algunos de sus seguidores fundaron la Iglesia, en la que (de un modo muy convencional, con una visión crítica) podemos distinguir cinco momentos.

Jesús no fundó la Iglesia, pero sus compañeros y amigos debieron hacerlo, para seguir anunciando y preparando la llegada del Reino, que ellos identificaron pronto con el mismo Jesús, a quien vieron como Hijo de Dios y Señor de la nueva humanidad. Nadie pensó en crear jerarquías estables, ni comunidades establecidas, como las que vinieron después, pues estaban convencidos de que el Reino iba a llegar muy pronto, pero crearon formas de comunión y comunicación, para que siguiera el mensaje y se mantuviera la esperanza, a fin de que Jesús volviera y culminara lo que había comenzado. La Iglesia quiso ser así alianza de paz mesiánica, expresada en la unión de judíos y gentiles y de todos los grupos enfrentados, en forma de comunión de amor, no de Estado, como puso de relieve el autor de Efesios (cf. Ef 2, 12-20).

Estamos en un buen momento para retomar el motivo de la autoridad de Jesús y para fijar su propuesta de paz en la Iglesia, en línea de alianza de Palabra y Vida (Eucaristía). En algunos contextos, la figura de Jesús se hallaba hipotecada por signos de poder, de manera que él mismo aparecía como gran Basileus, protector especial de los monarcas, avalando con su autoridad el poder (y violencia) de los reyes. Hoy, mientras superamos el constantinismo y platonismo antiguo, podemos y debemos volver a lo que fue su marcha de paz desde Galilea, tal como culminó “subiendo” a Jerusalén. En esa línea, para situar mejor esa etapa final del Tren de la Paz (de la Iglesia).

Lo que Jesús propuso y lo que así hemos definido como su “marcha de paz” no fue una sencilla adaptación, en el interior del sistema que había venido operando hasta ese momento, sino un mutación o cambio de nivel, de manera que, desde plano de la Vida, podrían y pueden (deben) cambiarse todas las instituciones del Sistema, de manera que al final viniera a manifestarse la verdad plena del hombre.

En contra de las estructuras de poder violento que han dominado sobre el mundo, Jesús y sus amigos establecerían (es decir: han de establecer hoy) unos grupos de amistad, esto es, de vida universal, que se extenderían (es decir, deben extenderse) desde Galilea, pasando por Jerusalén y Roma, al mundo entero (como resume en libro de los Hechos). Ellos, los discípulos mesiánicos de Jesús, desarrollarían (es decir, tenemos que desarrollar) unas formas de vida compartida que ya no se rigen por el talíón, ni por la ley de la venganza, sino por la amistad directa, en línea de comunión gratuita.

Frente al modelo actual, donde el sistema domina sobre el mundo de la vida y lo “coloniza” (esclavizando o cautivando a la mayoría de los hombres y mujeres, al servicio del mismo sistema), ha de elevarse un modelo distinto donde el mismo “amor” del mundo de la vida se expresa y expande a través de unas redes de comunicación social que están siempre al servicio de la vida. Eso significa que el verdadero cambio del sistema (de la ONU, del Mercado) no puede realizarse desde los principios del sistema (pues en ese caso siempre seguiría dominando el sistema y esclavizando a los hombres), sino que debemos hacerlo en clave de humanidad, desde el mundo de la vida, de manera que seamos nosotros, hombres y mujeres concretos, los que cambiemos en amor y pongamos al sistema a nuestro servicio, en una línea que hemos definido como insumisión creadora.

Así podemos invitar a todos diciendo: ¡Viajeros al tren! Esto se decía en otro tiempo, cuando los trenes eran aún lentos y los pasajeros se despedían sobre el andén, saludando por última vez a familiares y amigos, mientras sonaba la campana y el jefe de estación les invitaba: ¡Viajeros al tren!. Pues bien, ha llegado la hora en que todos subamos, sin que nadie quede en el andén, unidos a la marcha de paz de Jesús, tomando su tren, que es siempre el último, porque están llegando los tiempos finales, como estaban llegando cuando él subió a Jerusalén, hacia el año 30 de nuestra era. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: http://www.edicioneskhaf.es

Nueve estaciones II

Publicado: 20 mayo, 2010 en PUBLICACIONES
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En ‘Ediciones Khaf’
NUEVE ESTACIONES II
Presentación de “El Camino de la Paz” de Xabier Pikaza
XABIER PIKAZA, pikazena@telefonica.net 
SALAMANCA.

4. Paz y justicia ecológica. Hermano sol, hermana luna

ECLESALIA, 20/05/10.- Conforme al apartado anterior, la paz ha de entenderse como diálogo de vida entre hombres y pueblos. Pues bien, ampliando ese motivo, la Biblia habla de paz como gozo de ser en el mundo, como ha puesto de relieve, de forma simbólica, el relato del diluvio universal (Gen 6-8) y el canto de San Francisco (¡hermano sol, hermana luna).

Políticos y sabios (constructores de la Bomba) tienen en sus manos el destino de la humanidad; pero ellos no están solos (a no ser en casos de absoluta dictadura), sino que dependen del conjunto de la población. Por eso, los que creemos en la paz estamos llamados a crear una cultura de convivencia más honda, al servicio de la vida:

1. Resulta esencial el respeto por la naturaleza. Los conocimientos científicos, que podían servir para mejorar nuestra vida, han venido a convertirse a menudo en un arma terrible, que puede destruir a los mismos hombres. Hemos conocido mejor la naturaleza, de manera que podemos ayudarla y embellecerla, pero hemos empleado esos conocimientos para dominar la tierra de un modo egoísta, poniendo en riesgo su equilibrio y agotando sus recursos, al servicio de unos privilegiados. Sin respeto común y comunión ante la naturaleza podrá haber paz en el mundo.

2. Antes no existía el riesgo de un suicidio cósmico. Ahora existe. Hemos penetrado en algunos secretos del “pensamiento del cosmos”, pero no para decir “hágase” y aumentar su belleza, sino para imponer un criterio utilitario, instrumental, sobre el conjunto de la realidad. En otro tiempo había un mayor respeto por el mundo. Ahora lo hemos perdido y vivimos marcados por una gran lucha de poder, dirigida por los gestores de la política y del capital, empeñados en manipular el mundo al servicio de sus intereses.

3. En ese contexto se entiende la Guerra de la Bomba. Algunos grupos poderosos, que controlan políticamente los resultados de la ciencia, tienen la capacidad de apretar los botones nucleares, para poner una gran cantidad de energía a su servicio o para destruir en un instante la forma de vida actual de este planeta. Ésta sería la guerra final, pues desataría un tipo de violencia más destructora que todas las anteriores, aniquilando la forma de vida actual del mundo. No sabemos si habría un “día después”, si la vida en este planea podría empezar un nuevo ciclo, hasta llegar otra vez al pensamiento (es decir, a la conciencia). Pero nuestra historia concreta habría terminado.

5. Estación Salud. Los pobres curan a los ricos

Jesús se enfrentó con amor eficaz contra unas enfermedades que oprimían y enfrentaban a los hombres y mujeres, siendo así causantes de la guerra más profunda de la tierra. En ese contexto, Buda propuso un camino de liberación interior, expresado a través de la superación personal, individual, de los deseos. Sin oponerse a Buda, Jesús propuso y puso en marcha un camino de liberación integral, dedicando gran parte de su tarea mesiánica a enseñar a los enfermos a curar su enfermedad y a curarse unos a otros.

Jesús fue sólo un maestro interior, ni un pensador (como Platón), ni creador de una comunidad sagrada de sometidos a Dios (como Mahoma), sino un sanador que protestaba contra un orden social donde miles y miles de personas estaban esclavizadas, por su enfermedad personal o social. Esa protesta, a favor de la libertad y comunión de hombres y mujeres define su “anti-guerra”. Jesús no se habría opuesto, en principio, a la medicina científica moderna, pero buscaba algo más hondo: que los hombres y mujeres se aceptaran a sí mismos, en amor, superando la ruptura actual, la situación de lucha en que unos destruyen a los otros.

Jesús quiso que sus “seguidores pobres” curaran a los ricos de esta sociedad dividida y opresora: «Les dio autoridad sobre todos los demonios y les dijo: Curad los enfermos, expulsad demonios… y decid: se acerca el Reino…No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias… En la casa donde entréis, decid: Paz a esta casa… Quedad allí, comed y bebed lo que tengan…» (Lc 10, 1-8; cf. Mc 6, 7-11; Mt 10, 5-13).

Estos “pobres de Jesús” pueden curar a los ricos de la “enfermedad” de su riqueza y de otras enfermedades vinculadas con ella. No cobran por hacerlo, pero tampoco se esconden ni evaden, sino que se dejan invitar por los propietarios, compartiendo con ellos lo que tienen. No curan por mostrar su poder o dominio, sino porque el Reino es fuente de salud y principio de paz universal. Así continúan haciendo lo que hacía Jesús, que no se reservó el monopolio de las curaciones, sino que ofreció su experiencia terapéutica a quienes quisieran seguirle, haciéndoles mensajeros de paz.

Desde la perspectiva normal del sistema, suele suponerse que los grandes curan a los débiles y pobres. En contra de eso, el evangelio indica que son precisamente los más pobres los que curan a los ricos. Las riquezas no sanan (aunque pueden servir en un nivel de medicina externa). Sólo el amor sana de verdad al hombre entero, desde los más pobres.

Esta curación ha de ser integral y se realiza por la palabra y el contacto de la vida, partiendo de los pobres mesiánicos (ricos en humanidad), que actúan así como “médicos” de Reino, portadores de un proyecto de comunicación que ellos ofrece a los ricos que quieran acogerles (ser curados). Entendida así, la terapia de Jesús y de sus seguidores no es una señal externa, de la que podría prescindirse cuando llegue el Reino espiritual, sino que ella misma es la verdad del Reino. En esa línea, los “enemigos” contra los que lucha Jesús no son hombres o mujeres, sino las enfermedades que les oprimen.

No hay paz sin terapia personal y social. Los poderes del mundo utilizan otros medios (más policía y más dinero). Pero así no consiguen la paz, sino un tipo distinto de injusticia y guerra (a no ser que, al mismo tiempo, sobre todo, intenten curar en amor a las personas, en terapia de trasformación radical). Jesús, en cambio, ha propuesto y desarrollado una terapia de paz, a través de un intenso programa de sanación, curando a los hombres y mujeres, para que vivan y compartan la vida (se acojan unos a otros).

6. Hacer justicia, superando un tipo de justicia: Cárcel, una estación a suprimir

La violencia carcelaria forma parte de la última guerra de este mundo y de la abolición de las cárceles (zonas de infierno del mundo) es un momento clave de la pacificación cristiana, según dijo Jesús: “El Espíritu del Señor me ha ungido para liberar a los encarcelados…” (Lc 4, 18).

Vivimos en una sociedad que quiere extender sobre el mundo el ideal de la igualdad-libertad-fraternidad, pero seguimos sometidos a una guerra intensa entre el sistema social dominante y ciertos grupos que parecen peligrosos, a los que se expulsa y/o encarcela. Así logramos un tipo de paz social, pero a costa de “encerrar” (en general ya no matamos) a los que nos estorban.

El sistema ha puesto la propiedad, producción y consumo de bienes al servicio del capital, diciendo que quiere libertad para todos (liberalismo), pero imponiendo un fuerte cautiverio sobre muchos hombres y mujeres a quienes afirma servir. En esa línea, de un modo “consecuente”, para mantener su estructura y la forma de vida de los privilegiados, el Estado (representante del “buen” sistema) expulsa y encierra cada día a más personas en la cárcel, respondiendo con su “guerra” penitencial a la presunta guerra criminal de los encarcelados.

Estamos ante una guerra sin precedentes. Podríamos haber ordenado la cultura al servicio de la vida compartida, en línea de evangelio; pero la hemos puesto, en general, al servicio de un sistema que se defiende (defiende a sus privilegiados), valiéndose para ello de la cárcel. Ciertamente, muchos encarcelados pueden ser y son culpables en línea de sistema, pues son un peligro para el orden social. Pero, en general, ellos son hombres no-insertados, seres que están fuera del tejido social, a veces por su “culpa” (se han separado ellos), pero, casi siempre, a causa de la sociedad (que les expulsa o no logra integrarles).

Por eso, la guerra carcelaria no puede resolverse con una simple re-inserción (y re-educación) de los delincuentes (como pide la Constitución Española, num. 25, 2), sino que exige un cambio de la sociedad en su conjunto. El ideal de paz israelita (asumido por Jesús, según Lc 4, 18-19), la paz mesiánica exige la apertura y superación de este tipo de cárceles, con lo que ello implica de cambio social: no puede ser una vuelta a la situación anterior (a la injusticia del orden actual), sino una gran transformación, una nueva forma de diálogo y encuentro entre el conjunto social y los encarcelados (es decir, entre todos), de manera que puedan surgir vínculos y redes de amor/solidaridad que antes no existían. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).