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Nueve estaciones I

Publicado: 18 mayo, 2010 en PUBLICACIONES
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En ‘Ediciones Khaf’
NUEVE ESTACIONES I
Presentación de “El Camino de la Paz” de Xabier Pikaza
XABIER PIKAZA, pikazena@telefonica.net 
SALAMANCA.

ECLESALIA, 18/05/10.- Este libro consta de dos partes: (a) Una introducción teórica sobre el origen de la violencia y la búsqueda de paz, desde una perspectiva filosófica, social y religiosa. (b) Un itinerario concreto, con doce estaciones que marcan los momentos básicos del Camino de la Paz, desde una perspectiva cristiana. Se trata de un libro pedagógico, para el estudio y la reflexión, pero también el compromiso creyente, en diálogo con aquellos hombres y mujeres que, de formas distintas, aspiran a la paz. A modo de resumen, presentamos el contenido básico de las nueve últimas estaciones de ese Tren de la Paz que he querido poner en marcha con este libro.

1. Paz y justicia económica. Una huelga universal de pobres

En la base de toda guerra hay casi siempre un conflicto económico. Lógicamente, la marcha en el tren de la paz exige un cambio esencial: que los hombres y mujeres aprendan a integrar el “mío y tuyo” en un “nuestro”, es decir, en una comunión de bienes y personas, es decir, que los pobres acojan a los ricos, ofreciéndolos lo mejor que ellos tienen, y que los ricos compartan lo que tienen con los pobres, pues de lo contrario el tren de la paz estallará en plena marcha.

1 Una huelga universal. Hasta ahora, en los últimos milenios y de un modo especial en los dos siglos finales, la economía dominante ha estado marcada por el dominio del capital y el mercado, que han impuesto su dictado desde arriba sobre el conjunto de los hombres y la tierra, al servicio del sistema. Del único mundo (one world), que nos precedía y engendraba, con sus signos divinos, como madre providente, hemos pasado al único mercado (one market), que nosotros mismos instauramos, como dioses pequeños, dispuestos a comprarlo y a venderlo todo (como decía Kant). Nada se hereda y comparte gratuitamente, todo se compra y se vende. Pues bien, en ese contexto, el evangelio de Jesús implica una ruptura radical de gracia y debe expresarse a través de una fuerte decisión económica.

En este mundo “viejo” se ha podido decir que los bienes básicos de una población (o de la humanidad) no son los naturales (recibidos de forma gratuita), sino los producidos de manera técnica y comprados a través del único mercado, que regula desde arriba (por imposición) los recursos y bienes de la humanidad. De esa forma hemos pasado de la naturaleza madre a la empresa madrastra, dirigida por el capital y dominada mercado. La madre naturaleza regalaba a todos sol y lluvia (cf. Mt 5, 46 par), pero la industria y el mercado ofrecen casi todo muy pocos y casi nada a muchos. Con su sabiduría natural, la tierra había mantenido hasta el momento su oferta y así hemos nacido y crecido en ella, a pesar de nuestras violencias. Pero el mercado que nosotros hemos producido puede necesitar la muerte de miles de millones de personas, a no ser que cambiemos su estructura actual. En ese contexto se inscribe la “decisión” de Jesús, la tarea del Reino.

Las revoluciones marxistas de principios y mediados del siglo XX han fracasado (por errores propios y por presiones ajenas) dejando en la actualidad un vacío, con la sensación de que nada se puede cambiar, pues el nuevo capitalismo lo ha dominado todo. Pues bien, ese nuevo capitalismo está en crisis (año 2010), de manera que son muchos los que piensan que no puede haber una revolución económica, sino que estamos condenados a un tipo de guerra económica sin fin. Para evitar el colapso de la economía (con el riesgo que implica para miles de millones de personas), debemos realizar una profunda inversión (cambio de rumbo), de manera que el capital se ponga al servicio de los hombres, no en línea de compra/venta, sino de comunicación personal. Para ello debemos iniciar una “salida” y protesta, es decir, tomando la decisión de declarar una huelga general (universal), contra las leyes y normas del capital y del mercado, dejando de colaborar con el sistema y abandonando la “ciudad de opresión” (como pedía Mc 13, 14 y Ap 18, 4).

No se trata de tomar el poder económico/político para cambiarlo (como quiso Lenin en Rusia, el año 1917), sino de superar el poder económico, a través de un rechazo (una salida), al modo de Jesús, no para dejar de trabajar o para pedir simplemente salarios más altos (cosa que ha sido a menudo conveniente), sino para abrir nuestra mente y corazón a otros valores, para trabajar de una forma distinta y producir de otra manera, al servicio de los hombres (los pobres) y no del mercado capitalista o de la seguridad militar.

No será una huelga para no trabajar, sino para trabajar de otra manera, de un moco humano, con finalidades humanas. No será una huelga contra nadie, sino a favor de todos, desde los más pobres, en la línea de los itinerantes de Jesús, campesinos sin campo ni trabajo, que se unían para compartir, iniciando una nueva solidaridad y comunicación, para curar a los ricos. No será huelga para romper máquinas e incendiar casas o cosechas, sino para poner máquinas/casas/cosechas al servicio de todos, una huelga sanadora que pueda transformar incluso a los antiguos propietarios (¡capitalistas!). Sólo así podrá lograr una nueva economía mundial, que no esté al servicio del Imperio (capital, mercado), sino de todos los hombres y pueblos, empezando por los pobres, en una línea de paz.

 Ciertamente, la solución de los problemas de la humanidad no es sólo económica, pero sin una nueva economía, al servicio de todos los hombres, a partir de los más pobres, seguiremos en riesgo de guerra. Para que ese riesgo cese debe cambiar el modelo actual de economía del sistema y eso sólo se puede conseguir haciendo que ella “suba de nivel” a través de una mutación humana como la de Jesús. Eso significa que tenemos que abandonar el trabajo al servicio del sistema (como lo abandonaron los primeros seguidores de Jesús), pero no por rechazo destructor (quemando las mieses, derribando las fábricas, matando a los propietarios…), como a veces se ha hecho, sino creando formas de economía alternativa. Ciertamente, Jesús no vino a cambiar el tipo exterior de economía en cuanto tal, pero su propuesta (su gran “huelga” evangélica), vinculada a los campesinos sin campo y desplegada a modo de movimiento mesiánico, puede y debe ser principio de transformación económica.

2. Paz religiosa, una Palabra transparente

El objetivo anterior (paz económica) sólo puede alcanzarse a través de la palabra, es decir, de una conversión, meta-noia, o cambio de mente, como supone y proclama el evangelio (cf. Mc 1, 14-15); por eso, el tren de la paz ha de parar en la estación del pensamiento/palabra, en la que he querido situar también la religión, que aquí concibo como experiencia radical de palabra compartida.

Hombres y mujeres han nacido y se han desarrollado como seres libres, dotados de conciencia, a través de la reflexión y la comunicación verbal y afectiva, que les hace personas, capaces de crear una comunión igualitaria (o de matarse sin fin). En ese contexto, debemos recordar que primera violencia, que la Biblia ha condensado de un modo simbólico en la historia de Abel y Caín (cf. Gen 4), nació de una palabra fracasada, de una carencia de comunicación, que desembocó en la muerte de uno de ellos. Pues bien, esa carencia o rechazo de la comunicación sigue pesando como fondo y principio de todas las violencias, dentro de un mundo duro, donde corremos el riesgo de que se imponga sobre todos los hombres y mujeres la red de un pensamiento único (dominador), que sacralice la mentira y no nos deje compartir la vida en paz.

En ese contexto se sitúa un pasaje importante de la Carta de Santiago, un documento esencial del Nuevo Testamento, que define la religión (thrêskeia) como experiencia de amor que se abre a los huérfanos y viudas, es decir, a los necesitados. «La religión pura e incontaminada delante del Dios y Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su aflicción, y no contaminarse con la impureza del mundo (Sant 1 27).    

La religión es, según eso, comunicación de amor, que se abre de un modo trasparente a los rechazados de una sociedad que les expulsa, volviéndose impura. Según eso, la impureza no pertenece a los marginados (huérfanos, viudas…), sino más bien a quienes les marginan, con obras y palabras. Pues bien, este contexto, Santiago 3, 5-8 sigue diciendo la religión se identifica con la sabiduría que proviene de la lengua, es decir, de la palabra que no ofende, sino que dice y escucha con justicia y misericordia, haciendo la paz.

En el principio de la contaminación está según eso “la lengua mala”, que ofende, separa y divide, siendo así el origen de todos los pecados (como dice también Pablo en Rom 1, 18-32). Pero Santiago sabe que, en contra de esa mala lengua, hay también una lengua buena, relacionada con la Sabiduría, propia de aquellos que hacen la paz (poiousin eirênên: Sant 3, 18), viniendo a presentarse de esa forma como pacificadores (eirênopoioi: cf. Mt 5, 7). Según eso, la verdadera religión es aquella que se expresa en la Palabra de comunión, creadora de paz.

3. Comunicación univerasal, alianza de religiones

La religión de Jesús no es un pacto poderes (en la línea de Hobbes), ni un tratado de intereses comerciales (en la línea de Kant), sino una Alianza gratuita de personas que acogen, regalan y gozan la vida. Los cristianos no se contentan con eso que algunos han llamado una Alianza de Civilizaciones (en el sentido político), sino que son (han de ser) en sí mismos Alianza de Vida.

El sistema dominante de la actualidad es la economía unificada del capitalismo, donde no se puede hablar de “alianza” entre personas, sino de pactos de interés y de imposición del capital sobre pueblos y personas. En contra de eso, la religión es ante todo alianza:

1. Una alianza, varias religiones. Los griegos sabían que, para triunfar, “no es bueno que manden muchos, sino que debe haber un jefe…” (Ilíada II, 204). Pero el cristianismo no busca el mando, sino la acogida del misterio y la fraternidad (cf. Mt 23, 1-9). Desde ese fondo, siguiendo un modelo de “arco iris” (cada color es bello estando al lado de otros), la verdad de una religión no se opone a la verdad de otra, sino que las dos son verdaderas precisamente por ser distintas. Según eso, lass religiones se definen y distinguen como experiencias de diálogo en gratuidad, de manera que en el momento en se imponen se vuelven mentira. Más que el triunfo propio, como religión aislada, la iglesia católica ha de buscar el bien de los creyentes de otras religiones, para que todos juntos puedan expresar mejor la alianza plural de la Vida y la riqueza del amor de Dios.

2. Nos une la mística, Dios es misterio. Las religiones vinculan a los creyentes y se vinculan entre sí a través de lo que tienen de más hondo, en línea de mística, superando así el nivel de una racionalidad impositiva. En ese sentido, en el camino de la alianza, los cristianos pueden y deben colaborar en la búsqueda de una “paz mística”, fundada en la experiencia de Dios (o del misterio de vida), vinculándose así con los creyentes de otras religiones, que buscan y exploran también la experiencia del misterio (como los hindúes, budistas, musulmanes…). Esa alianza no es producto de una razón triunfante que se impone sobre los demás, sino experiencia de gracia, es decir, de iluminación superior y de comunicación personal, como saben los contemplativos y/o amantes.

3. Alianza desde los pobres. En el punto de partida del judaísmo, cristianismo e Islam hay una experiencia de liberación de los pobres (hebreos oprimidos en Egipto, enfermos y pobres del entorno de Jesús, oprimidos de la Meca). Este recuerdo ha de estar en el principio de la alianza de estas religiones y de todas, de manera que los creyentes no nos unimos sólo desde el misterio, sino que debemos hacerlo también en el servicio a los pobres. De esa manera, creyentes de las diversas religiones tenemos que dejar en un segundo plano otros prejuicios y “dogmas” particularistas, para volver al origen de nuestras experiencias, buscando la paz que es alianza desde los pobres del mundo, no desde los poderes del sistema. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información:
http://www.edicioneskhaf.es

En Madrid el 27 de marzo de 2010
LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN UNA SOCIEDAD PLURALISTA
VII Encuentro de Religiones
ASOCIACIÓN PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO DE LA COMUNIDAD DE MADRID (ADIM), info@adimadrid.com
MADRID.

ECLESALIA, 22/03/10.- Las religiones son uno de los caudales culturales más preciados de la humanidad y una fuente inagotable de sabiduría. Contienen principios éticos fundamentales a favor de la paz, justicia, igualdad y defensa de la naturaleza. Proponen vías de salvación tanto inmanente como trascendente, que han iluminado el camino de la humanidad.

Pero las religiones también han operado como fuente de fanatismo e intolerancia y como factor de violencia dando lugar a guerras además de imponer sistemas de creencias por medio de la coacción.

Para fomentar el sentido crítico frente al conformismo, ofrecemos una jornada de reflexión sobre la manera en que queremos enseñar y transmitir todo el caudal liberador que nos ofrecen las diferentes tradiciones religiosas. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MAÑANA: 10,30 h. a 13,30 h.

SALUDOS: Margarita Pintos de Cea-Naharro, Presidenta de ADIM
PRESENTACIÓN DE LA JORNADA: José Manuel López Rodrigo, Director de la Fundación Pluralismo y Convivencia
PROPUESTAS SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN EN LA ESCUELA
- Mª Rosa de la Cierva, Miembro del Consejo Escolar del Estado
- Juan Antonio Ojeda, Secretario General de FERE-CECA y Educación y Gestión
- Fernando Martín Martinez, Vicepresidente de CEAPA
- Victorino Mayoral, Fundación Cives
- Moderador: Juan José Tamayo-Acosta, Director Cátedra de Religiones Univ. Carlos III
COLOQUIO

TARDE: 16,00 h. a 18,30 h.

MESA SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN EN LAS TRADICIONES RELIGIOSAS
- BAHA’I: Rosa Rabbani, Doctora en Psicología
- BRAHMA KUMARIS: Marta Matarin, Profesora de meditación
- BUDISMO: Amparo Ruiz, Directora del Centro Budista Tibetano “Dhargye Ling” y de la ONG Karuna Dana (educación niños en Tibet)
- CATOLICISMO: Luis Guridi, Vicepresidente de la Federación Española de profesores de enseñanza religiosa
- HARE KRISNA: Jaga Mohan, Presidente del Centro Cultural Bhaktivedhanta Madrid (Conciencia de Krishna)
- IGLESIA EVANGÉLICA: Dámaris Ruiz, Directora del Colegio Evangélico “Juan de Valdés”
- ISLAM: M. Laure Rodríguez, Directora de la Unión de Mujeres Musulmanas de España
- JUDAÍSMO: Mario Stofenmacher, Director de Educación y Culto Congregación Bet-El
- Moderador: Jesús Lizcano Álvarez, Catedrático de la Univ. Autónoma de Madrid
CONCIERTO Y ACTO DE CLAUSURA

- – -> Para más información:
http://www.adimadrid.com

22/03/2010 09:25. Autor: ecleSALia.net ;?>

¿Puede el hombre vivir sin Dios?

Publicado: 22 febrero, 2010 en REFLEXIONES
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¿PUEDE EL HOMBRE VIVIR SIN DIOS?
FORO DE PROFESIONALES CRISTIANOS DE MADRID, pxmadrid@telefonica.net

ECLESALIA, 22/02/10.- Era la pregunta planteada en el Foro convocado el pasado 8 de Febrero en la Parroquia de S. Estanislao de Kotska de Madrid por “Profesionales Cristianos”. El encargado de responderla, el teólogo e historiador de las religiones Juan Martín Velasco. Imposible recoger en unas líneas la riqueza de su exposición y posterior debate. Lo que siguen son sólo algunos puntos espigados de su conferencia que, por su interés, ofrecemos como reflexión para este tiempo de Cuaresma.

Para el creyente que yo intento ser, tengo que decir que si Dios existe y es lo que yo creo que es, ni el hombre puede vivir sin Dios ni puede existir sin Dios nada de lo que existe. Para mí, Dios es la realidad que sustenta en el ser todo lo que existe. La respuesta de mi ser, razonada, es que todo existe gracias al amor originario de Dios, que por ser amor sin límites, ha puesto en el ser todo lo que es para realizar un proyecto lleno de sabiduría y lleno de amor que culmina en la llamada a la existencia a todos los seres humanos para hacer de ellos sus hijos. En ese sentido, el hombre no puede vivir sin Dios.

La razón creyente me lleva a ver en todo lo que existe señales, símbolos de la presencia de Dios. De esto no hay un razonamiento científico, pero no tenemos más que mirar hacia nosotros mismos para encontrar esas huellas del Dios que con su presencia cada día nos invita a “ser” más plenamente en nuestra vida. Pero, si a lo largo de la historia siempre ha habido huellas de la actividad religiosa, tan universal como el hecho de la fe es el hecho de la increencia.

¿Cómo puede ser que, siendo Dios el principio de todo lo que existe, haya tantas personas que no creen en Él? Los creyentes tenemos una explicación: los no creyentes, se ha dicho, lo son “por la gracia de Dios”. Y no es una broma, sino afirmar que Dios ha querido crearnos de tal forma que podamos ser no creyentes. Él, sujeto de la creación, no nos ha hecho objetos de esa creación, sino también sujetos de ella, lo que significa que tenemos que responderle con la misma libertad con la que Él nos ha dotado.

Desde esta interpretación, ¿qué sucede con los que no creen? Como los creyentes encontramos la base de nuestra conducta moral en nuestra fe en Dios, muchos creen que los ateos no pueden tener una moral digna del hombre. ¿Se puede llevar una vida moral sin creer en Dios?… Aunque es cierto que todas las religiones han desarrollado una moral de influencia decisiva, también lo es que desde antiguo ha habido morales independientes de lo religioso. Hoy, se puede ejercer la moral con referencia a la religión y sin referencia a ella y las dos maneras pueden dar lugar a formas de moral suficientemente elevadas.

¿Que aportaría la fe religiosa a una moral laica? Cosas importantes desde luego. En muchos casos, una cierta elevación de la exigencia; éticamente, todos nos vemos movidos a decir “amarás a los demás”, pero ¿nos vemos llamados a decir “amarás a tu enemigo”? Probablemente no. La religión aporta también un reforzamiento del sujeto para seguir la voz de la conciencia porque la apertura a Dios implica la apertura al otro.

Con todo, creo que cabe una moral no fundamentada en la religión y que por tanto no podemos afirmar que solo la fe en Dios permite vivir moralmente.

Pero preguntémonos qué aporta al ser humano el hecho de creer en Dios.

Si hablamos de la fe en serio. Porque si por tener fe entendemos sólo creer en lo que no vemos, eso aporta muy poco a las personas, eso no es más que una creencia, una afirmación relativa a una verdad, que apenas compromete la vida del sujeto. Por tanto, tomémonos la fe en serio: creer es adoptar para con el Dios en el que creemos una actitud de completa confianza, de total entrega… Y ¿quién es este Dios? No es solo un absoluto, no es solo la causa primera. Es otro tipo de relación la que se establece con Dios: es una relación de tipo personal, una relación basada en una presencia; una relación de mutuo influjo, en la que el sujeto interpela y el sujeto interpelado responde, una relación en la que los dos términos de la misma se comprometen. El hombre religioso se caracteriza por creer en esa realidad trascendente que es “presencia” para nosotros y en nosotros en el sentido más fuerte de la palabra “presencia”.

El Dios del hombre religioso es siempre el Dios de alguien. Si hubiera que elegir el nombre propio de Dios en todas las religiones ese nombre sería “Dios mío”. Lo que caracteriza al Dios de la religión es que se le pueda invocar, es que sea un Tú para el hombre. Así como hay un nivel del ser humano que sólo puede explicar una realidad trascendente -siendo nosotros lo que somos no tendríamos sentido si no existiera un ser absoluto, un ser infinito- así, siendo nosotros lo que somos -no solo seres finitos y contingentes, sino personas, sujetos capaces de libertad- no tendríamos razón de ser si lo que es nuestro origen no fuera también una realidad personal. De ahí el carácter central de lo personal en la vida religiosa.

Esto tiene unas repercusiones enormes sobre la vida humana; a mi modo de ver, pocas afirmaciones tan verdaderas como ésta: no es bueno que el hombre esté solo. Los hombres tenemos siempre a los otros hombres como compañeros y podemos decir que no estamos nunca solos. Pero ¿qué sería de la humanidad si no hubiera Alguien que respondiera de ella? Entonces sí que podríamos decir que la humanidad estaría sola. Porque probablemente la humanidad esté sola si la realidad que la precede, la origina y la fundamenta no es una realidad que, por su llamada personal, suscita a los seres personales que somos nosotros. Tal vez es esto lo que quería decir una filósofo americano al decir que “las religiones son lo que el hombre hace con su soledad”, es la gestión de la soledad; ese es nuestro problema fundamental, el descubrirnos solos frente al mundo, y necesitados de dar una razón de ese ser solos frente al mundo. Por eso me encanta el verso de Unamuno que dice preciosamente lo que yo intentaba balbucir:

Pero Señor, “Yo soy”, dinos tan sólo,

Dinos “Yo soy” para que en paz muramos,

que no en soledad terrible sino en tus manos.

Podría cambiarse el verso para decir también, sin cambiar el sentido:

Dinos, “Yo soy”, para que en paz vivamos,

no en soledad terrible sino en tus manos.

Me parece que esta necesidad de compañía que experimentamos, ninguna otra realidad la colma como ese Dios presente, que, en nuestro origen, nos esta haciendo ser a lo largo de toda nuestra vida, que es nuestra compañía permanente, que va a estar presente cuando todos lo demás se queden de este lado, que va a estar presente como los brazos que nos acojan cuando ya no nos pueda acompañar nadie. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

22/02/2010 09:34. Autor: ecleSALia.net ;?>

Vitoria-Gasteiz, 12, 13 y 14 de marzo de 2010
DAR PASO A LOS NUEVOS PARADIGMAS
XVIII Foro Religioso Popular
ASOCIACIÓN CULTURAL FORO RELIGIOSO POPULAR, fororeligi@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

Viernes 12 de marzo

18’00: Últimas inscripciones y recogida de material.
19’15: Presentación del XVIII Foro Religioso Popular.
19’30: 1ª Ponencia, “Otra mirada sobre el cuerpo humano es posible: Cuerpo espiritual”. Ponente’ Emma Martínez.

Sábado 13 de marzo

10’00: 2ª Ponencia, “Otra ciencia y otra sociedad: repensar la ética en un mundo nuevo”. Ponente’ Juan Masiá.
11’30: Descanso.
12’00: 3ª Ponencia, “Nuevos horizontes para África”. Ponente’ Begoña Iñarra.
13’30: Descanso.
16’00: 4ª Ponencia “Un nuevo modo de conocer para un nuevo modo de ser. Modelo no-dual de cognición y conciencia transpersonal”. Ponente’ Enrique Martínez Lozano.
18’00: Descanso.
18’30: “Atisbo sobre prácticas de espiritualidad no-dual”. Ponente’ Enrique Martínez Lozano.
19’30: Descanso.
20’00: Testimonios, “El tránsito desde mi mundo del ayer al de hoy. De los viejos a los nuevos paradigmas”. Javier Melloni – Begoña Iñarra – Emma Martínez – Juan Masiá.

Domingo 14 de marzo

10’00: 6ª Ponencia, “Las tradiciones religiosas ante el nuevo : paradigma”. Ponente’ Javier Melloni.
12.00: Descanso.
12’30: EUCARISTÍA
13’30: Mensaje del XVIII Foro Religioso Popular y clausura.

- – -> Para más información: 945252970 // 653737265

18/02/2010 12:00. Autor: ecleSALia.net ;?>

“QUEDAN LOS ÁRBOLES QUE SEMBRASTE” (II)
Las opciones fundamentales de monseñor Proaño
JUAN JOSÉ TAMAYO**, juanjotamayo@gmail.com
MADRID.

El recuerdo subversivo de las víctimas

ECLESALIA, 15/02/10.- El Centenario del nacimiento de monseñor Leonidas Proaño (1910-1988) no podía pasar inadvertido. Y no porque quisiéramos honrarle como héroe de la patria, o colocarle en una hornacina, o declararle siervo de Dios, beato o santo. Como tampoco hacerle homenajes o entonar panegíricos de su persona. Menos aún celebrar pompas fúnebres por su alma. Ninguna de esas cosas le gustaron en vida. ¡Cuánto menos tras su muerte!

¿Por qué, entonces, el empeño tan decidido, el esfuerzo tan ingente y la dedicación tan generosa de la Fundación de Pueblo Indio del Ecuador, de Nidia, de Nelly, de Emperatriz, de Leonardo Gabiecho, Patricio y Germán; de Consuelo, Olguita, Lucila, Victoria, Viviana, Cecilia, Miriam… ¿Por qué la invitación a comunidades indígenas de toda Abya-Yala, activistas sociales, líderes de los pueblos originarios, comunidades eclesiales de base, movimientos sociales, organizaciones cívicas y de derechos humanos, teólogos y teólogas, personas y organizaciones de muchos países del mundo?

La respuesta es muy sencilla: para hacer memoria del paso por la historia de un hombre que dejó huella, para recordar y hacer el largo itinerario que él hizo durante los fecundos setenta y ocho años de su vida cada uno en nuestro lugar pero abiertos al mundo, para aprender y practicar las lecciones que nos dio con su vida, para seguir su ejemplo creativamente.

Los seres humanos somos olvidadizos. Tenemos una memoria muy selectiva. Tendemos a recordar las hazañas de los héroes, muchos de ellos sólo en el imaginario social no en la realidad, y a olvidarnos de cuantos pueblos y personas se negaron a seguir la marcha triunfal del progreso. Enseguida borramos de nuestra memoria a quienes prefirieron acompañar a los que el progreso dejó atrás y a cuantos decidieron luchar por las causas perdidas a sabiendas de que no era fácil ganarlas. Resulta más gratificante recordar aquellos acontecimientos y aquellas personas que se ponen del lado de los vencedores –a quienes llamamos “héroes”-a costa de los vencidos –a quienes consideramos perdedores o fracasados- y a olvidarse de éstos. La memoria humana propende a recordar los progresos de la civilización occidental y a olvidar el “estado de excepción” en que viven los pueblos originarios precisamente por causa de dichos progresos.

La enfermedad más extendida en la civilización occidental es la amnesia, que es necesario combatir con una medicina: la razón anamnética, centrada en el recuerdo de las víctimas, en la narración de sus sufrimientos y en la rehabilitación de su dignidad. Pero no el recuerdo que vuelve la vista atrás con añoranza creyendo, con el poeta Jorge Manrique, que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Ni el recuerdo que considera el pasado como el tiempo ideal a repetir e imitar. Tampoco el recuerdo que se refugia perezosamente en lo “ya sido” o acontecido para repetirlo en el presente sin aportar un ápice de creatividad a lo que hicieron nuestros antepasados. No es el recuerdo del pasado como restauración, ni como contemplación pasiva de las ideas eternas al modo de la anamnesis platónica.

Es, más bien, el recuerdo subversivo contra el orden establecido de antaño, que se reproduce en el presente; el recuerdo que derriba los cánones de las evidencias dominantes, sabotea estructuras consideradas respetables y bien fundadas, evita la reconciliación precipitada con los hechos, libera de los mecanismos de la conciencia dominante y de su ideal abstracto de emancipación y posee un fuerte contenido de futuro. Es la memoria peligrosa, que mira al pasado en demanda de justicia para las víctimas y cuestiona los cánones de las evidencias dominantes. Es la mirada crítica al pasado para disentir y decir “no”. Es, en fin, el recuerdo que piensa el futuro no cansinamente como continuación del pasado, sino imaginativamente como aparición de lo nuevo, dentro de la mejor tradición bíblica: nuevo cielo y nueva tierra, nueva creación, mesianismo, esperanza, tierra prometida, etc. Ése fue el recuerdo que activamos en el Centenario de Taita Proaño del 27 al 31 de enero de 2010 en Quito e Imbabura.

El recuerdo así entendido se convirtió aquellos días en fuente de acción históricamente liberadora. La historia entendida como historia del sufrimiento hecho recuerdo conserva la forma de “tradición peligrosa”. La destrucción del recuerdo es una medida típica de la dominación totalitaria. Cuando a los seres humanos se les quitan los recuerdos y los sueños, comienza su estado de esclavitud.

Las opciones fundamentales de monseñor Proaño

En los actos conmemorativos del Centenario hicimos memoria de las opciones más importantes de monseñor Proaño a lo largo de su vida y que resumo en las siguientes

Opción por la pobreza y por los pobres

La opción fundamental de monseñor Proaño fue sin duda la pobreza. Pobre nació, pobres vivió. Pobre murió. La pobreza es la única herencia que nos dejó. La pobreza como don y como valor, la austeridad como estilo de vida, la indigencia como realidad inherente al ser humano, el compartir como forma de realización. El testimonio de Leónidas Proaño es luminoso al respecto: “¡La pobreza!… Es también un don. ‘Bienaventurados los pobres’. Es un don siempre que se llegue a tener conciencia de que somos pobres. Siempre que lleguemos los hombres a ser conscientes de nuestra congénita indigencia” ¿Por qué poner la pobreza como un valor? Porque gracias a ella podemos vivir en austeridad y en libertad frente al consumismo. “Supe, como todos los pobres, lo que es padecer de necesidad y de hambre. Pero aprendí también a soportar privaciones sin quejas ni envidias”[1].

Opción por los pueblos indígenas

El compromiso que con más radicalidad asumió monseñor Proaño, su experiencia fundante, la que dio sentido a su trabajo como obispo fue la defensa de los derechos de los indígenas. Compromiso que no le supuso ningún sacrificio, ningún esfuerzo. Fue algo espontáneo, natural porque lo había mamado. Él había aprendido de sus padres a tratar a los indígenas, marginados en su país, como personas, a acogerlos como iguales en dignidad, a reconocer respetar y defender sus derechos. Su testimonio arroja luz sobre el modo de relacionarse con ellos:

“Tanto mi padre como mi madre tenían un grande aprecio a los indígenas. Parecía que encontraran un gozo especial en conversar con ellos y en servirles. Eso mismo inculcaba en mi ánimo, en conversaciones y reflexiones. Por ejemplo, cuando habíamos constatado que los indígenas eran objeto del desprecio, de la burla, de la explotación de otras personas, me hacían ver lo malo de un comportamiento semejante, diciéndome que ellos eran también hijos de Dios y hermanos. Llegaron a enseñarme las formas de trato en gestos y palabras que tenía que utilizar cada vez que me ponía en contacto con ellos”[2].

Llega a afirmar que “ese amor y respeto a los pobres, particularmente a los indígenas, llegó a formar parte de mi propia experiencia”[3]. Esta expresión refleja con claridad meridiana la identificación de Taita Proaño con los pueblos indígenas hasta hacerse uno con ellos. Y así fue durante sus años de sacerdocio y de obispo dedicados a la causa de la liberación de los indígenas, hasta ser conocido mundialmente como “el obispo de los indios”. Siguiendo el método jocista ver-juzgar-actuar Proaño constata que dos terceras partes de la diócesis de Riobamba eran indígenas y descubre su deplorable situación económica, cultural, política, social educativa y religiosa. “”[4].Vivían en la más completa miseria; eran víctimas del desprecio de todo el mundo; apenas un 8% había pasado por la escuela hasta segundo o tercer grado; por ser analfabetos, no eran reconocidos por la ley como ciudadanos; se encontraban terriblemente marginados por la sociedad e inclusive por la Iglesia. Los derechos fundamentales de este pueblo estaban cruel y permanentemente pisoteados”.

La Iglesia de Riobamba era dueña de grandes extensiones de tierras como heredera de sistemas poscoloniales. La respuesta de Proaño a la situación de injusticia estructural en que vivía la mayoría de la población fue la lucha por dar tierras a los indígenas, la solidaridad con sus luchas reivindicativas y la entrega gratuita de cientos de hectáreas propiedad de la Iglesia a familias que se constituyeron en cooperativas promovidas por la propia Iglesia, hasta desprenderse de todas sus propiedades[5].

Su opción por los pobres se tradujo en compromiso por la liberación de los pueblos indígenas desde su llegada como obispo a Riobamba. En 1972 propició el nacimiento del Ecuarunari, Movimiento del Despertar del Indio Ecuatoriano. En 1987 el Congreso Nacional le designó Asesor Honorario de Asuntos Indígenas y contribuyó a la formulación del “Proyecto de Ley de Nacionalidades Indígenas”. Poco antes de morir, monseñor Proaño creó la Fundación Pueblo Indio de Ecuador, que ha organizado este evento conmemorativo del Centenario de su nacimiento. Respondiendo a un deseo expreso suyo fue enterrado en la comunidad indígena de Pucahuico, de San Antonio de Ibarra.

Hombre de palabra, de una sola palabra, de compromiso, de un solo compromiso, de convicciones profundas, de opciones firmes. Persona responsable de sus actos, pero también corresponsable de los cinco siglos de injusticia para con los indios, de la complicidad de la Iglesia en dicha injusticia. Así de auto-exigente era Taita Proaño. El teólogo José Comblin, que conoció muy bien a monseñor Proaño, convivió con él y le acompañó teológicamente durante veinte años, ha dejado constancia de su dedicación, tesón y pasión en la lucha por la defensa de los derechos de los pueblos indígenas como traducción histórica de la causa de la justicia:

“Lo que más me impresionaba en monseñor Proaño era su rectitud y su pureza de corazón. Era un hombre de una sola palabra, un solo compromiso. Desde su llegada a la diócesis de Riobamba se había apasionado por la causa de los indígenas. Para él la causa de los indígenas del Chimborazo y del Ecuador era la encarnación de la causa de la justicia. Se sentía responsable por los cinco siglos de injusticia de la que fueron víctimas los indígenas; sentía la complicidad de la religión y de la Iglesia en su opresión. Quería dedicar su labor de evangelización a la reparación de aquella injusticia histórica”.

Opción por la Pachamama

La experiencia de la compasión, de la misericordia y de la solidaridad fue la que marcó la vida de monseñor Proaño. “Sentir como algo propio el sufrimiento del hermano de aquí y de los de allá, hacer propia la angustia de los pobres… es solidaridad”, escribía en Asís (Italia) en diciembre de 1983 en un bello poema titulado “Solidaridad”. Su solidaridad nunca fue sectaria, no se encerraba sólo en las causas más cercanas, no conocía límites. Se dirigía a todos los seres humanos, pero especialmente a los grupos y personas más vulnerables. Al ser obispo, pareciera que su comportamiento ante las personas que sufren tuviera que ser la del levita y del sacerdote de la parábola. Pero no, fue el del Buen Samaritano, considerado hereje por los judíos.

Ahora bien, su compasión trascendía a las personas y se extendía a la naturaleza, a la tierra, a la Pachamama. Lo mismo que creyó en el ser humano y en la comunidad como fermento de transformación social, amó y respetó la naturaleza que estaba en él. Nelly y Nidia Arrobo Rodas describen con gran sensibilidad ecológica el amor y el respeto de Leonidas Proaño, más aún, su identificación, con la tierra, el agua, los animales, las plantas:

“Vivía al ritmo de la naturaleza en las horas de reposo, de comida y de trabajo… Se alimentó de los productos de la tierra, preparados de la manera más sencilla. Mantuvo su salud y trató sus enfermedades por medios naturales: el barro, el agua, las plantas, los animales, los masajes, eran su medicina. Al contacto con la naturaleza recuperaba las fuerzas. En el árbol de albaricoque del patio de la Casa Episcopal veía el proceso de su vida, a veces florecida en proyectos maravillosos, otras veces seca como las ramas que han perdido las hojas, pero cada año con frutos abundantes. En el poema dedicado a la Madre Tierra manifiesta su decisión de no ser más que ‘tierra, sin vanas pretensiones, sin quejas, sin envidias’. Sembró árboles, miles de árboles, y con el CEAS, planificó y ejecutó un plan de reforestación de la provincia”[6].

Por eso, su programa era “volver a las fuentes para redimir la vida”. No existe redención fuera de la Pachamama, de la Tierra, de la Naturaleza. Para lograr la liberación integral es necesario volver a la Naturaleza. Ahí está la fuente, el manantial, el origen de la vida. La Naturaleza puede vivir sin nosotros. Y de hecho vivió sin nosotros durante millones de años. Nosotros, empero, no podemos vivir sin ella. La actitud ecologista de Proaño está fuera de toda duda.

Opción por la liberación y lucha contra el cautiverio

Para monseñor Proaño la historia es cautiverio y liberación. Cautiverio, sí, sobre todo la historia de Ecuador, que contaba entonces con un alto porcentaje de habitantes analfabetos, especialmente la historia de la provincia del Chimborazo, con el mayor grado de analfabetismo del país, ya que la mayoría de la población indígena no había ido a la escuela. Cautiverio fue también su vida al identificarse con los sufrientes de la historia de su pueblo. Él mismo vivió en carne propia la experiencia de la prisión junto con otros obispos como António Fragoso, Cándido Padín, Sergio Méndez Arceo, teólogos como Joseph Comblin y asesores laicos como Pérez Esquivel.

Esto sucedía el mes de agosto de 1976, época de los regímenes militares en muchos países de América Latina -también en el Ecuador-. Un numeroso grupo de obispos, teólogos y asesores laicos se había reunido en la Casa de Santa Cruz de la diócesis de Riobamba para estudiar la ideología de la Seguridad Nacional y responder a la angustiosa pregunta que años atrás planteara monseñor Helder Cámara: “¿qué habéis hecho con Medellín?”. Soldados ecuatorianos de la dictadura militar irrumpieron en la reunión Casa de Santa Cruz y detuvieron a los obispos creyendo que eran guerrilleros y acusados de conspiración política. Fue un hecho insólito. Casi todos los obispos reunidos estaban fichados en sus respectivos países. Las fuertes presiones diplomáticas obligaron a liberarlos en apenas 24 horas. Los extranjeros participantes en la reunión fueron obligados a abandonar el país.

Pero los problemas de monseñor Proaño no terminaron con la represión militar. Poco después, fue objeto de un severo control eclesiástico por parte del Vaticano, quien envió a la diócesis de Riobamba un Visitador Apostólico que ejerció las funciones de detective del obispo de los indios.

Precisamente porque vivió con los indígenas la doble experiencia del cautiverio – la política y la eclesiástica-, monseñor Proaño optó por la liberación. Y lo hizo siguiendo la pedagogía de la concientización a través de un lento pero seguro proceso educativo popular con la creación de las Escuelas Radiofónicas Populares y del Centro de Estudios y Acción Social (CEAS) para toda la provincia del Chimborazo. Las Escuelas Radiofónicas contribuyeron sobremanera, como reconoce el propio Proaño, al despertar de los indígenas de un sueño de siglos. El objetivo era seguir un proceso de concientización que ayudara a salir de la conciencia ingenua e intransitiva, pasando por la conciencia activa y transitiva, hasta llegar a la conciencia crítica y transformadora, que desembocara en el compromiso político. Muchas fueron las comunidades indígenas del Chimborazo, del resto del Ecuador y de otros países de Abya-Yala que siguieron esa metodología y tomaron conciencia de su dignidad y se convirtieron todas ellas en sujetos de su historia y en líderes de su pueblo. El objetivo del CEAS era la investigación socio-económica del Chimborazo y la promoción de cooperativas[7].

Opción por la comunidad

La experiencia de la pobreza fue para Proaño el lugar privilegiado para vivir la comunidad, para practicar la solidaridad, para aprender la fraternidad, para sentir la amistad. Así lo reconoció, lo vivió y lo formuló: “Aprendí lo que es la sencilla fraternidad entre los pobres: poner en práctica una generosa y delicada mutua entre vecinos. Los pobres sienten casi espontáneamente la solidaridad con otros pobres, con todos los que sufren. También la amistad es un don y este don viene acompañado de un mensaje (Mt 25,34-40). Los ricos se vuelven egoístas. El inicio de las comunidades de base en el Brasil se debe a esta filosofía popular, la filosofía de los pobres… os pobres viven más fácilmente la vocación comunitaria”[8] .

El concilio Vaticano II (1962-1965), en el que participó siendo un joven obispo, le ayudó a descubrir la dimensión comunitaria de la Iglesia. A partir de los textos conciliares tomó conciencia de necesidad de transformar radicalmente la Iglesia renunciando a su carácter piramidal y asumiendo su dimensión comunitaria. Y con la toma de conciencia, la autocrítica: “Comprendí que los sacerdotes habíamos sido acaparadores de todos los carismas en la Iglesia, que nos habíamos convertido, en vez de servidores, en dominadores del pueblo y que los laicos estaban llamados a jugar un papel preponderante”[9]. Pero la relación Proaño-Concilio Vaticano II fue bidireccional y mutuamente fecundante. Como reconoce Houtart, el obispo de Riobamba, junto con otros obispos latinoamericanos, como el chileno Manuel Larraín y el brasileño Helder Cámara, aportó mucho a la renovación eclesial que puso en marcha el Vaticano II. Y lo hizo desde su experiencia pastoral encarnada en el mundo de los pobres. No pocos de los cambios que realizó en su diócesis se adelantaron al Vaticano II, fueron avalados por éste y se incorporaron a la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual (Gaudium et Spes). Así dejaban de ser simples experimentos locales para convertirse en experiencias asumidas por los obispos de la Iglesia universal.

Su participación en la Conferencia Episcopal de Medellín (Colombia) en 1968 contribuyó sobremanera a cambiar el rumbo de la Iglesia latinoamericana y a orientarla por el camino de la liberación. Inmediatamente después del Concilio Vaticano II, monseñor Proaño fue uno de los pioneros en la puesta en marcha de las comunidades eclesiales de base. Y la estructuración comunitaria de la diócesis de Riobamba influyó decisivamente en la centralidad que los documentos de Medellín reconocen a las comunidades eclesiales de base como forma de estructuración, principio de organización de la Iglesia, ámbito privilegiado de evangelización y cauce de promoción: “La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su ‘comunidad de base’: es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros… Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial y foco de evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo”[10].

El ideal expresado tan nítidamente en Medellín ya se había hecho realidad en la diócesis de Riobamba en el hogar de Santa Cruz, maravillosa experiencia de vida comunitaria forjada durante casi treinta años a partir de una amistad auténtica y profunda, indispensable para una vida y una pastoral comunitarias, no sin dificultades que hubo que vencer y de conflictos que hubo que encauzar.

Opción por una espiritualidad evangélica, en el seguimiento de Jesús

La espiritualidad del seguimiento de Jesús de Nazaret el Cristo Liberador fue el alimento cotidiano para el compromiso de monseñor Proaño con los pobres. Su compatriota y hermano en el episcopado Fray Luis Alberto Cuenca Tobar, arzobispo de Cuenca (Ecuador) lo definía como “un contemplativo no enclaustrado”. Y sigue: “Podría decirse que su timidez, su sencillez, su primitiva y rústica humanidad le enclaustraban. Es cierto. Pero su valentía, su acción apostólica, su pasión de enamorado de la verdad, lo emanaban de sí mismo y salía con lo que la contemplación le había dado… La forma de Proaño de apelar en todo al Evangelio era revelación de su permanente estado de reflexión evangélica. La actitud de Proaño –un Cristo, es decir, del apóstol- era de atención al Padre”[11].

Era la suya una espiritualidad evangélica, cristológica, comunitaria y eclesial: “Para que el hombre cambie –escribe en 1977-, es necesario vivir la Teología. En otras palabras, es necesario vivir el Evangelio. Es necesario experimentar a Cristo. Es necesario experimentar a Dios en Cristo. Es necesario experimentar a Dios a través de Cristo. Es necesario experimentar esta vivencia entre varios, entre los discípulos de Cristo, en el seno de lo que llamamos Iglesia en su sentido más concreto”[12].

Opción por la diversidad cultural y el pluralismo religioso

Monseñor Proaño fue especialmente sensible a la diversidad cultural y al pluralismo religioso. “No era un obispo. Era un indio entre los indios”: así lo define Ana María Guacho, colaboradora de Proaño desde 1982 en el Movimiento Indígena del Chimborazo. Su inmersión en las tradiciones religiosas culturales indígenas le ayudaron a relativizar la Iglesia romana inculturada en la tradición occidental y a valorar las dimensión liberadoras de la culturas y religiones indígenas como fuentes de sabiduría, caminos de salvación, lugares de liberación integral y espacios de rico simbolismo. Su pensamiento, su forma de vida, su quehacer pastoral y su concepción del mundo se caracterizaron por el reconocimiento del pluriverso religioso, étnico, lingüístico y cultural como hecho histórico innegable, como valor a potenciar y como riqueza de la naturaleza, de la humanidad y de las religiones a cultivar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
* “A los pueblos originarios de Aby-Yala de ayer, de hoy y de mañana, adoradores del Sol como fuente de vida y primeros ecologistas de la historia, en recuerdo de la experiencia cósmico-fraterno-sororal compartida del 27 al 31 de enero, siempre en mi memoria y en mi vida, con respeto y agradecimiento”.

** Juan José Tamayo es secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid. Su último libro relacionado con el tema es La teología de la liberación en el nuevo escenario político y religioso (Tirant Lo Blanc, Valencia, 2009: e-mail: tlb@tirant.com; http: http://www.tirant.com; librería virtual: http://www.tirant.es).
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[1] Leónidas E. Proaño Villalba, Creo en el pueblo y en la comunidad, Desclée de Brouwer, Bilbao, 1977, p. 14.
[2] Ibid., p. 17.
[3] Ibid.
[4] Leónidas E. Proaño Villalba, 500 años de marginación indígena. Discurso pronunciado en la Fundación Bruno Kreisky, de Austria, con motivo de la concesión del Premio que le fue otorgado por su defensa de los derechos humanos en 1988.
[5] Cf. El excelente relato de Nelly y Nidia Arrobo Rodas, “Monseñor Leónidas Proaño, síntesis biográfica”, en Nelly y Nidia Arrobo Robas (compiladoras), Quedan los árboles que sembraste. Testimonios sobre Monseñor Leónidas Proaño, Ediciones La Tierra, Quito, 2008, p. 27-28.
[6] Nelly y Nidia Arrobo Rodas (compiladoras), o. c., p. 55.
[7] Cf. Leónidas Proaño, Concientización, evangelización, política, Sígueme, Salamanca, 1974.
[8] Leónidas E. Proaño Villalba, Creo en el pueblo y en la comunidad, o. c., p. 14 y 18.
[9] Ibid., p. 83.
[10] “Pastoral de conjunto”, en Documentos de Medellín, n. 10.
[11] Nelly y Nidia Arrobo Rodas (compiladoras), o. c., p. 189.
[12] Leónidas E. Proaño Villalba, Creo en el pueblo y en la comunidad, o. c., p. 101.

15/02/2010 02:59. Autor: ecleSALia.net ;?>