Posts etiquetados ‘Resurrección’

VIVIMOS EN TIERRA EXTRAÑA, PERO SEGUIMOS CANTANDO
Pregón pascual en El Salvador 2011
JON SOBRINO, jsobrino@uca.edu.sv
SANTA TECLA (EL SALVADOR). 

I

ECLESALIA, 05/05/11.- Es bueno, Señor, cantar con alegría ante este cirio. Nos hace presente a Jesús, tu Hijo y nuestro hermano. Pasó haciendo el bien porque tú estabas con él.

Con todos fue honrado y a todos dijo la verdad. Con los pequeños actuó con compasión, y con los poderosos entró en conflicto. Por defender a pobres y víctimas lo arriesgó todo, su tranquilidad, su buen nombre, su vida. Estorbó a los poderosos y por eso lo mataron. No hubo ningún macabro designio. Bien lo entendemos los salvadoreños. Así sucedió con Rutilio y con Monseñor, con Rufina la superviviente de El Mozote, asesinada en sus hijos pequeños, y con nuestras hermanas norteamericanas.

Jesús no murió consumados largos años como el padre Abraham, sino joven. Ni murió pacíficamente como la tradición narra la muerte de su madre María, sino con crueldad. La cruz de los campanarios, la cruz bordada en estolas y mitras, la cruz de coronas imperiales y de joyas costosas, nada tienen que ver con los dos palos y los tres clavos de la cruz en que murió Jesús. Los ciudadanos y nobles romanos morían ejecutados a espada, muerte con dignidad. Los sediciosos y esclavos insumisos morían crucificados, muerte cruel y con oprobio.

Nada de esto hay que olvidar, Señor, aunque abruma el recordarlo. Esta noche, sin embargo, desde dentro nos sale cantar, y cantamos. No es fácil encontrrar palabras para formular lo que ocurrió, pero desde el principio y a lo largo de los siglos permanece la convicción: la cruz no tuvo la última palabra. Pedro lo proclamó muy pronto: “Ustedes lo mataron, pero a este Jesús Dios lo resucitó”. Leonardo Boff escribe bellamente: “La grama no creció sobre su tumba”. Y nosotros decimos: “El verdugo no triunfó sobre la víctima”. Te  alegras, Señor, con la vida de Jesús y le das la razón. Jesús es el ser humano cabal. Es tu Hijo amado.

Por ello, sin trivializar la cruz en modo alguno, podemos cantar: Jesús resucitado nos trae una luz que vence la oscuridad de nuestra mente y nos contagia un calor que triunfa sobre el frío y la tristeza que a menudo invade nuestro corazón.

Esto es lo que significa este cirio en este templo de El Carmen. El templo es sencillo, pero aporta luz y calor a la celebración. Está aseado con cariño y diligentemente por gente sencilla y pobre. Y está decorado con modestia. Sin pompa ni solemnidad, hay mucho amor en él. Y por ello este templo de lámina acoge al resucitado mejor que palacios suntuosos.

Para cantar con alegría, y también con honradez, digamos unas palabras, en primer lugar sobre lo que no se suele tener muy en cuenta, y después sobre lo fundamental.

II

Una dificultad. “¿Cómo cantar a Jahvé en tierra extraña?”, se preguntaban, desconsolados, los israelitas en el exilio de Babilonia. También nosotros vivimos hoy en tierra extraña y cruel, en una tierra enemiga de los pobres y que produce víctimas sin cuento.

Hace unos días, en Siria, país fronterizo con la tierra de Jesús, fueron asesinadas 72 personas, y siguen los asesinatos. Aquí, en la tierra de Monseñor Romero, la prensa, que llena portadas con veleidades, muchas veces insultantes, no puede esconder totalmente la verdad. En lo que va de año más de 1300 personas han sido asesinadas, y han ido en aumento los asesinatos de mujeres. Los asesinatos se cometen muchas veces con gran crueldad, y aparecen cadáveres troceados, tirados en bolsas. Ayer, víspera de sábado santo, apareció el cadáver de un niño de seis años, degollado junto con su mamá de 35 años.

Señor, ¿es posible cantar? Monseñor creyó en la resurrección de Jesús y en la suya propia. Cantó al resucitado, aunque no le era fácil, pues no cantaba irresponsablemente. “Yo vivo en un hospital [para enfermos de cáncer incurable] y siento de veras de cerca el dolor, los quejidos del sufrimento en la noche, la tristeza del que llega teniendo que dejar su familia”.  Y vivió en medio de la cruda represión. “Esta semana se me horrorizó el corazón cuando vi a la esposa con sus nueve niñitos pequeños que venía a informarme. Al marido lo encontraron con señales de tortura y muerto”. Monseñor cantaba en tierra extraña y cruel.

Sólo cuando no es fácil cantar porque no cerramos los ojos ante la infamia y la barbarie, como no lo hizo Monseñor, tenemos el derecho de cantar al resucitado. Y sólo entonces podemos cantar en verdad.

Yendo hasta el fondo, no se puede cantar al resucitado sin defender a los crucificados. “Sólo puede cantar gregoriano, decía un gran cristiano en tiempos del nazismo, quien defiende a los judíos”, y murió ejecutado. Monseñor sí podía cantar gregoriano.

Una tentación. “No se queden mirando al cielo”. En la ascensión Jesús nos lo prohibe. Y en las apariciones nos intima: “vayan al mundo”. El resucitado no aprueba ningún tipo de evasión, salirnos de esta historia difícil y costosa para elevarnos a otra maravillosa, aunque en ella ocurran milagros y apariciones.

Jesús no resucitó para eso. Resucitó para darnos vida a nosotros, y para que nosotros, insertos en nuestra sociedad, demos vida a otros -como él lo hizo inserto en la suya. El resucitado nos aparta de sí, nos envía y nos dice a qué y para qué: “Vayan a anunciar la buena noticia a los pobres. Sean libres y liberen a los oprimidos. Llévense unos a otros, perdónense y reconcíliense. No tengan miedo y quiten el miedo a los demás. Tengan paz y trabajen por la paz. Sean justos y trabajen por la justicia. Den de comer a las masas hambrientas. Y bajen de la cruz a los crucificados”.  

Tampoco se aparece Jesús para que nos quedemos extasiados viéndole subir entre nubes. El resucitado no es egocéntrico, no vive para sí. No nos pide ojos abiertos para mejor verle a él, sino ojos bien abiertos, y no cerrados, para ver a los que siguen crucificados -y así verle mejor a él. No le interesan homenajes a su persona -no está obsesionado consigo mismo como lo solemos estar nosotros-, sino que quiere vida, liberacion y dignidad para los crucificados de hoy. En ellos está, aunque eso no aparezca en muchas estampas y cantos piadosos.

Una exigencia. “Mete tu mano en mi costado”. Jesús se apareció, y se nos aparece. Tomás le dice “Señor mío y Dios mío”. Pero bien visto, Jesús no ofrece un espectáculo que deja boquiabiertos, ni ofrece una medicina milagrosa. Se dejó ver y oír, pero pidió que le tocásemos. Y al tocarle, vemos con asombro que sigue siendo un crucificado, en lo que insiste el evangelio de Juan. Tocarle ofrece algo de sosiego a las dudas -lo que busca la apologética. Pero exige sobre todo honradez para manenter el escándalo: Jesús muestra a sus discípulos manos y costado con las heridas de los clavos y de la lanza.

Este, y no otro, es el resucitado que se apareció a las mujeres y a los dicípulos. Y aceptado como es, el escándalo se torna en bienaventuranza. Entonces Jesús se deja ver, oír y tocar como la fuerza de la vida, con palabras de paz que superan el miedo, con el encargo de perdonar, lo que  supera el abatimiento, como dice el mismo Juan.

El resucitado es el crucificado. “Sea la suya, nos dice Jesús, una espiritualidad del sábado santo. Siempre con un pie en la pasión del viernes y siempre con el otro pie en la resurrección del domingo”. Desde la resurrección, recuerda lo que prometió en vida. “El que pierde su vida por el Evangelio, la gana”.

III

La verdad. “Dios ha resucitado a Jesús”. La resurrección manifiesta la verdad de Jesús. Fue el ser humano cabal y por ello víctíma de quienes son seres inhumanos. Dios no podía dejarle morir, y lo devolvió a la vida. No lo des-humanizó “haciéndolo poderoso”, sino que lo humanizó en plenitud, “poniendo en sus manos Espíritu”, energía y fuerza de vida, de compasión, de justicia, de verdad. Así Jesús se mostró afín al Padre. Es el Hijo amado.

 Y la resurrección confirma cuanto Jesús había dicho de Dios y de nosotros, sensata y escandalosamente. Lo acaba de recordar otro gran cristiano, de nombre José Antonio Pagola.

Jesús confío en el Padre, y tras su resurrección sabemos que Dios es un Padre fiel y digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Y en quien siempre podemos confiar.

Jesús tuvo pasión por una vida más sana, justa y dichosa de los pobres. Tras su resurrección sabemos que Dios es amigo de la vida, y que nosotros debemos ser amigos de los pobres.

Jesús defendió de sus victimarios a las víctimas inocentes, a los débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y a los olvidados y despreciados por la religión. En la resurrección Dios le dio la razón, y sabemos que es un Dios de la justicia. A  nosotros nos toca luchar contra la muerte en favor de la vida, contra la mentira en favor de la verdad, contra la arrogancia en favor de la sencillez, contra el odio en favor del amor.

El resucitado proclama la gran verdad y buena noticia: Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos.

La alegría. “Le reconocieron al partir el pan”. Cuando caminaba por Galilea, Jesús se preocupó del pan: “denles de comer”. Y muchas veces celebró  lo humano y lo divino alrededor de una mesa. También el resucitado se apareció alrededor de mesas y alimentos. Y nos dejó su testamento: “Coman juntos y acuérdense de mí”.

Comer es hoy el anhelo de millones de hambrientos. Comer juntos, todos y todas, es la esperanza de que ya no seremos lobos unos para otros, de que no habrá hombres y mujeres, ancianos y niños sin hogar, que no habrá caínes ni muertes prematuras.

En el pan de la solidaridad, en el vino de la alegría, en las manos juntas, el resucitado se nos hace presente y trae alegría. Recordamos a Jesús. Y celebramos al resucitado.

La esperanza. “Resucitó como el primogénito de muchos hermanos”. Jesús fue el primero, pero no el único en resucitar. Es el hermano “mayor”. Pero no quiere vivir en soledad, como único héroe elegido y separado de la humanidad.

En vida fue el hermano mayor en la fe, viviéndola en plenitud, poniendo su confianza en el Padre Abba, y manteniéndose siempre disponible ante el misterioso Dios. Y en la resurrección sigue siendo el hermano mayor. A la suya seguirá la nuestra, la de todos y la de todas. La familia humana, toda ella, desde el inicio de los tiempos, llegará a ser una realidad. Sin forzarla mecánicamente, la resurrección de Jesús posibilita esa esperanza.

Pero la esperanza tiene otras raíces, además de la resrrección de Jesús. “No toda vida es ocasión de esperanza, pero sí la de quien, por amor, carga con la cruz”, dice un teólogo alemán que vino a rezar al jardín de rosas dela UCAdonde mataron a los jesuitas. 

Ojalá tengamos ambas esperanzas. De las dos, una con fundamento en el futuro de la utopía, otra con fundamento en el amor hasta el extremo, tenemos que vivir y esperar. “Al final Dios será todo en todos”.

IV

¿Creemos en la resurrección de Jesús?, nos preguntamos para terminar. No es cosa de cantar y rezar. En definitiva todo se decide -aun con muchas cosas en contra- en la propia vida, en la experencia de una presencia que no muere, que nos atrae y nos impele hacia adelante. Nunca la poseemos, pero puede suceder que nos sintamos poseídos por ella. Así lo hemos formulado.

“En la historia se puede vivir con resignacion o desesperacion, pero se puede vivir también atraidos por una presencia que es promesa de justicia y reconciliación. Quien es poseido por la esperanza de que las víctimas tengan vida, a quien no le convence la resignación, ni le sosiega el carpe diem, ni el pragmatismo de que las víctimas ya sirvieron para algo, ése podrá tener una esperanza como la de quienes creyeron en el resucitado. Quien tiene amor y libertad para dar su propia vida, quien celebra lo que hay ya de plenitud, quizás no verá la historia como absurda o banal, ni como repetición de lo mismo. Podrá ver el futuro como promesa de un “más” que nos atañe y atrae sin poderlo remediar”. Y eso ocurre.

Qué nombre poner a ese “más”, si y cómo personalizarlo, es cosa personal e indelegable. Lo podemos llamar “el Dios de la esperanza”, lo que remite a la trascendencia. Esta noche cantamos a “Jesús resucitado” que, en parte, sigue remitiendo a la historia. Pero mientras la esperanza no ponga límites al caminar, quizás se pueda aceptar que tampoco hay límites en el motor de esa esperanza. El ”más” es siempre “más”. Es el misterio de Dios que se ha desbordado en su Hijo.

Hay cristianos que, en cuanto uno puede juzgar, se dejan llevar por ese “misterio”. Y ellos mismos son presencia del misterio. Monseñor Romero juró en palabras muy históricas estar siempre con su pueblo. “Quiero asegurarles a ustedes, y les pido oraciones para ser fiel a esta promesa, que no abandonaré a mi pueblo, sino que correré con él todos los riesgos que mi ministerio exige”. Así vivió. Y se cumplió lo que predijo en términos de resurrección: “Resucitaré en mi pueblo”. Su presencia histórica y actual se ha convertido en reserva inagotable de esperanza.

Con la esperanza que muchos han generado, con Monseñor, a la cabeza, seguimos esperando. Y esta noche, con una esperanza especial, la que genera Jesús crucificado y resucitado. Con esa esperanza terminamos este pregón pascual. Y cantamos:

“Alégrese, comunidad de El Carmen. Alégrense todos, hombres y mujeres de buena voluntad en todas partes del mundo, de todas las religiones, mayas, budistas, del Islam, de todas las Iglesias cristianas, de todas las comunidades evangélicas. Alégrense todos los que aman la verdad y buscan humanidad… Y alégrense ustedes, los pobres, a quienes la vida les es ingrata. Dios y su Hijo resucitado están con ustedes”.

Señor, en El Salvador hemos visto muchas semillas del “misterio” de la resurrección de Jesús. Por eso, aunque seguimos viviendo en tierra extraña, cantamos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Recordar más a Jesús

Publicado: 4 mayo, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , , ,

3 Pascua (A) Lucas 24, 13-35
RECORDAR MÁS A JESÚS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 04/04/11.- El relato de los discípulos de Emaús nos describe la experiencia vivida por dos seguidores de Jesús mientras caminan desde Jerusalén hacia la pequeña aldea de Emaús, a ocho kilómetros de distancia de la capital. El narrador lo hace con tal maestría que nos ayuda a reavivar también hoy nuestra fe en Cristo resucitado.

Dos discípulos de Jesús se alejan de Jerusalén abandonando el grupo de seguidores que se ha ido formando en torno a él. Muerto Jesús, el grupo se va deshaciendo. Sin él, no tiene sentido seguir reunidos. El sueño se ha desvanecido. Al morir Jesús, muere también la esperanza que había despertado en sus corazones. ¿No está sucediendo algo de esto en nuestras comunidades? ¿No estamos dejando morir la fe en Jesús?

Sin embargo, estos discípulos siguen hablando de Jesús. No lo pueden olvidar. Comentan lo sucedido. Tratan de buscarle algún sentido a lo que han vivido junto a él. «Mientras conversan, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos». Es el primer gesto del Resucitado. Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando junto a ellos, ¿No camina hoy Jesús veladamente junto a tantos creyentes que abandonan la Iglesia pero lo siguen recordando?

La intención del narrador es clara: Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. ¿No está Jesús tan ausente entre nosotros porque hablamos poco de él?

Jesús está interesado en conversar con ellos: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» No se impone revelándoles su identidad. Les pide que sigan contando su experiencia. Conversando con él, irán descubriendo su ceguera. Se les abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagan un recorrido interior. Es así. Si en la Iglesia hablamos más de Jesús y conversamos más con él, nuestra fe revivirá.

Los discípulos le hablan de sus expectativas y decepciones; Jesús les ayuda a ahondar en la identidad del Mesías crucificado. El corazón de los discípulos comienza a arder; sienten necesidad de que aquel “desconocido” se quede con ellos. Al celebrar la cena eucarística, se les abren los ojos y lo reconocen: ¡Jesús está con ellos!

Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MAIS LEMBRE-SE JESUS

José Antonio Pagola. Tradução: Redacción de Eclesalia

A história dos discípulos de Emaús, descrevemos a experiência de dois seguidores de Jesus como andam de Jerusalém para a pequena aldeia de Emaús, a oito quilômetros de distância da capital. O narrador faz isso com tal habilidade que nos ajuda hoje também reavivar a nossa fé em Cristo ressuscitado.

Dois discípulos de Jesus estão longe de Jerusalém, deixando o grupo de fãs cresceu em torno dele. Jesus morreu, o grupo se desenrola. Sem ele, nenhum sentido continuar reunião. O sonho se desvaneceu. Quando Jesus morreu, morreu também na esperança de que ele havia despertado em seus corações. Não é este algo está acontecendo em nossas comunidades? Não somos autorizados a morrer a fé em Jesus?

No entanto, estes discípulos estão falando sobre Jesus. Eles não podem esquecer.Comente sobre o que aconteceu. Tente encontrar algum sentido do que viveram com ele. “Enquanto falava, veio Jesus e começa a caminhar com eles.” É o primeiro sinal da Ressurreição. Os discípulos são incapazes de admitir isso, mas Jesus já está presente andando com eles, não andam Jesus hoje velado com tantos crentes que deixam a Igreja, mas eu ainda me lembro?

A intenção do narrador é clara: Jesus vem, quando os discípulos se lembrar e falar sobre isso. Este é o lugar onde ele comenta sobre o seu evangelho, onde há interesse em sua mensagem, onde ele fala sobre seu estilo de vida e de seu prometo. Jesus não é tão longe de nós, porque falam pouco dele?

Jesus está interessado em falar com eles “, que conversa é que vocês trazem como caminhar?” Não é imposta por revelar a sua identidade. Pediu para continuar a contar a sua experiência. Falar com ele vai descobrir a sua cegueira. Eles abrem seus olhos quando, guiado por sua palavra, fazer um tour por dentro. So. Se a Igreja de Jesus falam mais e falar mais com ele, nossa fé vai reviver.

Os discípulos falam de suas expectativas e decepções, e Jesus ajuda a aprofundar a identidade do Messias crucificado. O coração dos discípulos começou a queimar, eles sentem necessidade de que o “desconhecido” para ficar com eles. Ao celebrarmos a refeição eucarística, eles abrem os olhos e reconhecê-lo: Jesus está com eles!

Nós, cristãos, lembramos de Jesus, citando suas palavras, discutir o seu estilo de vida, mergulhar em seu projeto. Devemos abrir os olhos da nossa fé e encontrar cheio de vida nas nossas Eucaristias. Ninguém tem que estar mais presente. Jesus caminha conosco.

ALTRO RICORDATI CHE GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

La storia dei discepoli di Emmaus si descrive l’esperienza di due seguaci di Gesù che cammina da Gerusalemme verso il piccolo villaggio di Emmaus, a otto chilometri dalla capitale. Il narratore lo fa con tale abilità che ci aiuta anche oggi ravvivare la nostra fede nel Cristo risorto.

Due seguaci di Gesù sono lontano da Gerusalemme di lasciare il gruppo di tifosi si è sviluppata intorno ad esso. Gesù è morto, il gruppo svolge. Senza di essa, non ha senso continuare riunione. Il sogno è svanito. Quando Gesù morì, morì anche la speranza di aver risvegliato nei loro cuori. Non è questo qualcosa sta accadendo nelle nostre comunità? Non siamo autorizzati a morire la fede in Gesù?

Tuttavia, questi discepoli di Gesù sta parlando. Non possono dimenticare. Scrivi i tuoi commenti su quanto è accaduto. Cerca di trovare un qualche senso di ciò che hanno vissuto con lui. “Durante la conversazione, Gesù è venuto e viene a camminare con loro”. E ‘il primo segno della risurrezione. I discepoli non riescono ad ammetterlo, ma Gesù è già presente camminare con loro, non camminare Gesù oggi velato con tanti credenti che lasciano la Chiesa, ma ricordo ancora?

L’intenzione del narratore è chiaro: Gesù è in arrivo quando i discepoli ricordare e parlare. Questo è dove si commenta sul suo vangelo, dove c’è interesse nel tuo messaggio, dove si parla di stile di vita e il vostro progetto. Gesù non è così lontano da noi, perché si parla poco di esso?

Gesù è interessato a parlare con loro: “Che discorso è che si mettono voi durante il cammino?” Non è imposto dal rivelare la vostra identità. Chiesto di continuare a raccontare la loro esperienza. Parlando con lui scoprirete la sua cecità. Hanno aperto i loro occhi quando, guidato dalla sua parola, fare un giro all’interno. Così. Se la Chiesa di Gesù parlare di più e parlare di più con lui, la nostra fede farà rivivere.

I discepoli parlano delle loro aspettative e delusioni, e Gesù li aiuta ad approfondire l’identità del Messia crocifisso. Il cuore dei discepoli cominciarono a bruciare, si sente bisogno di quella “sconosciuta” a restare con loro. Nel celebrare il convito eucaristico, aprono gli occhi e riconosce: Gesù è con loro!

Noi cristiani ricordiamo Gesù, citando le sue parole, il tuo stile di vita discutere, approfondire il progetto. Dobbiamo aprire gli occhi della nostra fede e scoprire piena di vita nella nostra Eucaristia. Nessuno deve essere più presente. Gesù cammina con noi.

SE SOUVENIR DAVANTAGE DE JESUS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le récit des disciples d’Emaüs nous décrit l’expérience vécue par les disciples de Jésus pendant qu’ils marchaient de Jérusalem vers le petit village d’Emmaüs, à huit kilomètres de la capitale. Le narrateur montre une telle maîtrise qu’il nous aide à revivre aujourd’hui aussi notre foi en Jésus Christ ressuscité.

Quittant le groupe des disciples qui s’était formé autour de Jésus, deux d’entre eux s’éloignent de Jérusalem. A la mort de Jésus, le groupe commence à se disperser. Sans lui, cela n’a pas de sens decontinuer à se réunir. Le rêve s’est évanoui. Jésus meurt, et l’espérance qu’il avait éveillée dans leurs coeurs meurt aussi. Ne se passe-t-ilpas quelque chose de ce genre dans nos communautés? Ne sommes-nous pas en train de laisser mourir notre foi en Jésus?

Cependant, ces disciples continuent de parler de Jésus. Ils ne peuvent pas l’oublier. Ils commentent ce qui est arrivé. Ils essaient de chercher un sens à ce qu’ils ont vécu auprès de lui. “Pendant qu’ils conversaient, Jésus s’approche et se met à marcher avec eux”. C’est le premier geste du Ressuscité. Les disciples sont incapables de le reconnaître mais Jésus est déjà présent et fait chemin avec eux. Ne chemine-t-il pas aussi discrétement auprès de tant de croyants qui quittent l’Eglise mais continuent de se souvenir de lui?

L’intention du narrateur est claire: Jésus devient proche lorsque les disciples s’en souviennent et parlent de lui. Il se rend présent là où son évangile est commenté, là où l’on s’intéresse à son message, là où l’on parle de son style de vie, de son projet. N’est-ce pas parce que nous parlons très peu de lui que Jésus est tellement absent de notre milieu?

Jésus est intéressé par l’échange avec eux: “De quoi parliez-vous en marchant?” Il ne s’impose pas en leur révélant son identité. Il leur demande de continuer de raconter leur expérience. En parlant avec lui, ils découvriront leur cécité. Leurs yeux s’ouvriront lorsque, guidés par sa parole, ils auront fait un parcours intérieur. Il en est ainsi. Si dans l’Eglise nous parlons advantage de Jésus et nous échangeons davantage avec lui, notre foi revivra.

Les disciples lui parlent de leurs espoirs et de leurs déceptions; Jésus les aide à approfondir l’identité du Messie crucifié. Le coeur des disciples commence à brûler; ils sentent le besoin que cet “inconnu” reste avec eux. Pendant qu’ils cèlébrent le repas eucharistique, leurs yeux s’ouvrent et ils le reconnaissent: Jésus est avec eux!

Nous chrétiens, nous devons nous souvenir davantage de Jésus: citer ses paroles, commenter son style de vie, approfondir son projet. Nous devons ouvrir davantage les yeux de notre foi et le découvrir plein de vie dans nos eucharisties. Personne d’autre doit être plus présent que Jésus. Il chemine auprès de nous.

REMEMBERING EVERYTHING ABOUT JESUS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The narrative about the two disciples on the road to Emmaus tells us the experience lived by them as they walked from Jerusalem to this village, some eight kilometres away from the capital. The evangelist does it so well that the reading helps us to relive our faith in the Risen Lord.

Those two disciples of Jesus left Jerusalem and parted company with the rest of the disciples who had always been with Jesus. After Jesus’ death, the group began to break down. Without Jesus, there was no sense in staying together. Their dream simply vanished. With Jesus’ death, the hope that had been awakened in their hearts died, too. Aren’t some of our Christian communities experiencing the same thing? Aren’t we allowing our faith in Jesus to die a similar death?

These two disciples, however, keep talking about Jesus. They really can’t forget him. They just talk about everything that has been going on. They keep trying to many some sense out of everything that has taken place while they were with Him. “As they talked things over, Jesus himself came up and walked by their side.” That was the first gesture of the Risen One. The disciples could not recognize him, but Jesus kept walking along with them. Isn’t Jesus today walking along so many of us believers who might have left the Church, but still remember Him, and don’t recognize his presence?

The intention of the evangelist is evident: Jesus comes back to them when they start remembering and talking about him. He becomes present wherever his gospel is talked about and there is interest in his message, as well as when people are interested in his preaching and project. Perhaps, Jesus is so often absent from us today because we hardly ever remember or talk about him.

Jesus, in the narrative, is very keen on talking with them: “What matters are you discussing as you walk along?” He is not keen on identifying himself to get their attention. He just wants to know what interests and worries them. As they keep talking to him, their concerns will be cleared. Their eyes will be opened as he guides them to reconsider their own stories. It is the same with us today. If, within the Church, we start talking more about Jesus and address ourselves to him personally, our faith will be revived.

The two disciples talk to Jesus about their hopes and disappointments; Jesus helps them to deepen their knowledge of the Crucified Messiah. The disciples’

heart begin to burn; they feel the need for this stranger to spend the night with them. As they celebrate the Eucharistic meal, their eyes are opened and they recognize him: Jesus was in front of them!

Christians ought to remember Jesus more often: we must quote his words, speak about his life style and his project. We must open the eyes of faith and make it alive in our Eucharistic celebrations. Nobody else should take away such presence. Jesus keeps walking along with us.

 

HARTU GOGOAN JESUS

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Emausko ikasleen pasadizo honek Jesusen bi ikaslek bizi izandako esperientzia kontatzen digu; Jerusalemdik Emaus herrixkara doazela gertatu da; hiriburutik Emausera 8 km dira. Halako maisutasunez kontatzen du kontalariak guztia, non Kristo piztuarekiko geure fedea gaur berean ere biziberritzera eragiten baitigu.

Jesusen bi ikasle horiek Jerusalemdik kanpora doaz, haren inguruan bilduz joan den taldea utziz. Jesus hila delarik, taldea desegiten hasi da. Hura gabe, zertan jarraitu taldean bildurik? Ametsa desegin da. Jesus hiltzean, ikasleen bihotzean esnatua zen esperantza ere hil egin da. Ez ote ari horrelako zerbait gertatzen gure elkarteetan? Ez ote gara ari Jesusekiko fedea hiltzen uzten?

Halaz guztiz, Jesusez hitz egiten jarraitzen dute aipatu bi ikasleek. Ezin ahaztu dute Jesus. Gertatuaz mintzo dira. Haren ondoan bizi izan dutenak esanahiren bat baduela uste du. «Hizketan doazela, Jesus hurbildu zaie eta haiekin batera doa». Berpiztuaren lehenengo keinua da hori. Ikasleak ez dira gai nor den antzemateko, baina Jesus presente dute beren ondoan. Ez ote dabil Jesus gaur ere, Eliza utzi duten baina Jesus gogoan darabilten hainbat eta hainbat fededunen ondoan, era ezkutuan?

Kontatzailearen asmoa argi dago: ikasleek bera gogoan darabiltenean eta beraz mintzo direnean hurbiltzen zaie Jesus. Haren ebanjelioa komentatzen den puntuan egiten da presente Jesus, haren bizieraz eta haren egitasmoaz hitz egiten den puntuan. Ez ote dago Jesus gugandik hain absente, hain zuzen hartaz gutxi hitz egiten dugulako?

Burruntzalia sartzeko gogoa du Jesusek, haiekin hitz egiteko gogoa: «Zertaz mintzo zarete bidean?» Ez die ezer derrigorrez ezarri nahi, nor den esanez. Beren esperientzia kontatzen jarraitzeko eskatu die soilik. Jesusekin hitz egiten jarraituz, beren itsutasunaz konturatuko dira. Begiak irekiko zaizkie, Jesusen hitzak gidatuko ditu, barne ibilaldi bat egingo dutenean. Halaxe da. Elizan Jesusez gehiago hitz egingo bagenu eta harekin solas gehiago, gure fedea biziberrituko litzateke.

Izan duten uste handiaz eta jasan duten porrotaz mintzo zaizkio ikasleak. Jesusek, berriz, gurutzean josi duten Mesias hori nor den sakontzen lagundu die. Sutan jartzen hasi zaie ikasleei bihotza; «ezezagun» hura berekin geldi dadin nahi dute. Eukaristi afaria ospatzean, begiak ireki zaizkie eta antzemango diote: Jesus, berekin dute Jesus!

Kristauok gehiago izan beharko Jesus gogoan: haren hitzak aipatu, haren biziera komentatu, haren egitasmoan sakondu. Geure fedearen begiak gehiago ireki beharra dugu eta geure Eukaristian Jesus bizi-bizi sumatu beharra. Beste inor ez, hura baino presenteago. Bidelagun dugu Jesus.

 

RECORDAR-NOS MÉS DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El relat dels deixebles d’Emaús ens descriu l’experiència viscuda per dos seguidors de Jesús mentre caminen des de Jerusalem cap a la petita vila d’Emaús, a vuit quilòmetres de distància de la capital. El narrador ho fa amb una destresa tal que ens ajuda a revifar també avui la nostra fe en Crist ressuscitat.

Dos deixebles de Jesús s’allunyen de Jerusalem abandonant el grup de seguidors que s’ha anat formant al voltant d’ell. Mort Jesús, el grup es va desfent. Sense ell, no té sentit seguir reunits. El somni s’ha esvaït. En morir Jesús, mor també l’esperança que havia despertat en els seus cors. ¿No està succeint alguna cosa d’això en les nostres comunitats? ¿No estem deixant morir la fe en Jesús?

No obstant això, aquests deixebles segueixen parlant de Jesús. No el poden oblidar. Comenten els fets. Tracten de trobar algun sentit al que han viscut al seu costat. «Mentre conversaven i discutien, Jesús mateix se’ls va acostar i es posà a caminar amb ells». És el primer gest del Ressuscitat. Els deixebles no són capaços de reconèixer-lo, però Jesús ja és present caminant al costat d’ells. ¿No camina avui Jesús veladament al costat de tants creients que abandonen l’Església però el segueixen recordant?

La intenció del narrador és clara: Jesús s’apropa quan els deixebles el recorden i parlen d’ell. Es fa present allà on es comenta el seu evangeli, on hi ha interès pel seu missatge, on es conversa sobre el seu estil de vida i el seu projecte. ¿No és Jesús tan absent d’entre nosaltres perquè parlem poc d’ell?

Jesús està interessat a conversar amb ells: «De què parleu entre vosaltres tot caminant?» No s’imposa revelant la seva identitat. Els demana que segueixin explicant la seva experiència. Conversant amb ell, aniran descobrint la seva ceguesa. Se’ls obriran els ulls quan, guiats per la seva paraula, facin un recorregut interior. És així. Si a l’Església parlem més de Jesús i conversem més amb ell, la nostra fe reviurà.

Els deixebles li parlen de les seves expectatives i decepcions; Jesús els ajuda a aprofundir la identitat del Messies crucificat. El cor dels deixebles comença a cremar; senten necessitat que aquell “desconegut” es quedi amb ells. En celebrar el sopar eucarístic, se’ls obren els ulls i el reconeixen: Jesús és amb ells!

Els cristians hem de recordar-nos més de Jesús: citar les seves paraules, comentar el seu estil de vida, aprofundir el seu projecte. Hem d’obrir més els ulls de la nostra fe i descobrir-lo ple de vida a les nostres eucaristies. Ningú ha d’ésser més present. Jesús camina amb nosaltres.

RECORDAR MÁIS A XESÚS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O relato dos discípulos de Emaús descríbenos a experiencia vivida por dous seguidores de Xesús mentres camiñan dende Xerusalén cara á pequena aldea de Emaús, a oito quilómetros de distancia da capital. O narrador faino con tal mestría que nos axuda a reavivar tamén hoxe a nosa fe en Cristo resucitado.

Dous discípulos de Xesús afástanse de Xerusalén abandonando o grupo de seguidores que se foi formando en torno a el. Morto Xesús, o grupo vaise desfacendo. Sen el, non ten sentido seguir reunido. O soño esvaeceuse. Ao morrer Xesús, morre tamén a esperanza que espertara nos seus corazóns. Non está a suceder algo disto nas nosas comunidades? Non estamos deixando morrer a fe en Xesús?

Non obstante, estes discípulos seguen falando de Xesús. Non o poden esquecer. Comentan o sucedido. Tratan de buscarlle algún sentido ao que viviron xunto del. «Mentres conversan, Xesús achégase e ponse a camiñar con eles». É o primeiro xesto do Resucitado. Os discípulos non son capaces de recoñecelo, pero Xesús xa está presente camiñando cabo deles, Non camiña hoxe Xesús veladamente xunto a tantos crentes que abandonan a Igrexa pero o seguen recordando?

A intención do narrador é clara: Xesús achégase cando os discípulos o recordan e falan del. Faise presente alí onde se comenta o seu evanxeo, onde hai interese pola súa mensaxe, onde se conversa sobre o seu estilo de vida e o seu proxecto. Non está Xesús tan ausente entre nós porque falamos pouco del?

Xesús está interesado en conversar con eles: «Que conversación é esa que traedes mentres ides de camiño?» Non se impón revelándolles a súa identidade. Pídelles que sigan contando a súa experiencia. Conversando con el, irán descubrindo a súa cegueira. Abriránselles os ollos cando, guiados pola súa palabra, fagan un percorrido interior. É así. Se na Igrexa falamos máis de Xesús e conversamos máis con el, a nosa fe revivirá.

Os discípulos fálanlle das súas expectativas e decepcións; Xesús axúdalles a afondar na identidade do Mesías crucificado. O corazón dos discípulos comeza a arder; senten necesidade de que aquel “descoñecido” fique con eles. Ao celebrar a cea eucarística, ábrenselles os ollos e recoñéceno: Xesús está con eles!

Os cristiáns temos de recordar máis a Xesús: citar as súas palabras, comentar o seu estilo de vida, afondar no seu proxecto. Temos de abrir máis os ollos da nosa fe e descubrilo cheo de vida nas nosas eucaristías. Ninguén ten de estar máis presente. Xesús camiña a carón de nós.

 

Nuevo inicio

Publicado: 27 abril, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , , ,

2 Pascua (A) Juan 20, 19-31
NUEVO INICIO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,04/06/08.- Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero ya no está Jesús con ellos. En la comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. No pueden escuchar sus palabras llenas de fuego. No pueden verlo bendiciendo con ternura a los desgraciados. ¿A quién seguirán ahora?

Está anocheciendo en Jerusalén y también en su corazón. Nadie los puede consolar de su tristeza. Poco a poco, el miedo se va apoderando de todos, pero no le tienen a Jesús para que fortalezca su ánimo. Lo único que les da cierta seguridad es «cerrar las puertas». Ya nadie piensa en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Sin Jesús, ¿cómo van a contagiar su Buena Noticia?

El evangelista Juan describe de manera insuperable la transformación que se produce en los discípulos cuando Jesús, lleno de vida, se hace presente en medio de ellos. El Resucitado está de nuevo en el centro de su comunidad de seguidores. Así ha de ser para siempre. Con él todo es posible: liberarse del miedo, abrir las puertas y poner en marcha la evangelización.

Según el relato, lo primero que infunde Jesús a su comunidad es su paz. Ningún reproche por haberlo abandonado, ninguna queja ni reprobación. Sólo paz y alegría. Los discípulos sienten su aliento creador. Todo comienza de nuevo. Impulsados por su Espíritu, seguirán colaborando a lo largo de los siglos en el mismo proyecto salvador que el Padre encomendó a Jesús.

Lo que necesita hoy la Iglesia no es sólo reformas religiosas y llamadas a la comunión. Necesitamos experimentar en nuestras comunidades un “nuevo inicio” a partir de la presencia viva de Jesús en medio de nosotros. Sólo él ha de ocupar el centro de la Iglesia. Sólo él puede impulsar la comunión. Sólo él puede renovar nuestros corazones.

No bastan nuestros esfuerzos y trabajos. Es Jesús quien puede desencadenar el cambio de horizonte, la liberación del miedo y los recelos, el clima nuevo de paz y serenidad que tanto necesitamos para abrir las puertas y ser capaces de compartir el Evangelio con los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Pero hemos de aprender a acoger con fe su presencia en medio de nosotros. Cuando Jesús vuelve a presentarse a los ocho días, el narrador nos dice que todavía las puertas siguen cerradas. No es sólo Tomás quien ha de aprender a creer con confianza en el Resucitado. También los demás discípulos han de ir superando poco a poco las dudas y miedos que todavía les hacen vivir con las puertas cerradas a la evangelización.

 

NOVO INICIO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Aterrados pela execução de Jesus, os discípulos refugiam-se numa casa conhecida. De novo estão reunidos, mas Jesus já não está com eles. Na comunidade há um vazio que ninguém pode preencher. Falta-lhes Jesus. Não podem escutar as Suas palavras cheias de fogo. Não O podem ver abençoando com ternura os desgraçados. A quem seguirão agora?

Está a anoitecer em Jerusalém e também nos seus corações. Ninguém os pode consolar da sua tristeza. Pouco a pouco, o medo vai-se apoderando de todos, mas não têm Jesus para que fortaleça o seu ânimo. O único que lhes dá certa segurança é «fechar as portas». Já ninguém pensa em sair pelos caminhos para anunciar o reino de Deus e curar a vida. Sem Jesus, como vão contagiar a Sua Boa Nova?

O evangelista João descreve de forma insuperável a transformação que se produz nos discípulos quando Jesus, cheio de vida, se faz presente no meio deles. O Ressuscitado está de novo no centro da Sua comunidade de seguidores. Assim há-de ser para sempre. Com Ele tudo é possível: libertar-se do medo, abrir as portas e colocar em marcha a evangelização.

Segundo o relato, o primeiro que Jesus infunde à Sua comunidade é a Sua paz. Nenhuma crítica por o Terem abandonado, nenhuma queixa ou reprovação. Só paz e alegria. Os discípulos sentem o Seu alento criador. Tudo começa de novo. Impulsionados pelo Seu Espírito, seguirão colaborando ao longo dos séculos no mesmo projecto salvador que o Pai pediu a Jesus.

O que necessita hoje a Igreja não é só de reformas religiosas e chamadas à comunhão. Necessitamos de experimentar nas nossas comunidades um “novo inicio” a partir da presença viva de Jesus no meio de nós. Só Ele há-de ocupar o centro da Igreja. Só Ele pode impulsionar a comunhão. Só Ele pode renovar os nossos corações.

Não bastam os nossos esforços e trabalhos. É Jesus quem pode desencadear a mudança de horizonte, a libertação do medo e dos receios, o clima novo de paz e serenidade que tanto necessitamos para abrir as portas e ser capazes de partilhar o Evangelho com os homens e mulheres do nosso tempo.

Mas temos de aprender a acolher com fé a Sua presença no meio de nós. Quando Jesus volta a apresentar-se aos oito dias, o narrador diz-nos que todavia as portas continuam fechadas. Não é só Tomás quem há-de aprender a acreditar com confiança no Ressuscitado. Também os demais discípulos hão-de ir superando pouco a pouco as dúvidas e medos que todavia os fazem viver com as portas fechadas à evangelização.

 

NUOVO INIZIO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Spaventati dall’esecuzione di Gesù, i discepoli si rifugiano in una casa nota. Di nuovo sono riuniti, ma Gesù non è più con loro. Nella comunità c’è un vuoto che nessuno puà colmare. Manca loro Gesù. Non possono ascoltare le sue parole piene di fuoco. Non possono vederlo benedire con tenerezza i disgraziati. Chi seguiranno ora?

Sta scendendo la notte su Gerusalemme e anche nel loro cuore. Nessuno può consolarli della loro tristezza. A poco a poco la paura si va impadronendo di tutti, perché non hanno Gesù a fortificare il loro animo. L’unica cosa che dà loro una certa sicurezza è “chiudere le porte”. Nessuno pensa più a uscire per le strade ad annunciare il regno di Dio e curare la vita. Senza Gesù come potranno contagiare la sua Buona Notizia?

L’evangelista Giovanni descrive in maniera insuperabile la trasformazione che si produce nei discepoli quando Gesù, pieno di vita, si fa presente in mezzo a loro. Il Risorto è di nuovo al centro della comunità dei suoi seguaci. Così deve essere sempre. Con lui tutto è possibile: liberarsi dalla paura, aprire le porte e mettere in marcia l’evangelizzazione.

Secondo il racconto, la prima cosa che Gesù infonde alla comunità è la sua pace. Nessun rimprovero per averlo abbandonato, nessun lamento né riprovazione. Solo pace e gioia. I discepoli sentono il suo soffio creatore. Tutto comincia di nuovo. Spinti dal suo Spirito, continueranno a collaborare lungo i secoli allo stesso disegno di salvezza che il Padre aveva affidato a Gesù.

Quello di cui la Chiesa oggi ha bisogno non è soltanto riforme religiose e richiami alla comunione. Abbiamo bisogno di sperimentare nelle nostre comunità un “nuovo inizio” a partire dalla presenza viva di Gesù in mezzo a noi. Solo lui deve occupare il centro della Chiesa. Solo lui può spingere alla comunione. Solo lui può rinnovare i  nostri cuori.

Non bastano i nostri sforzi e il nostro lavoro. È Gesù che può provocare il cambiamento di orizzonte, la liberazione dalla paura e dai timori, il nuovo clima di pace e serenità di cui abbiamo tanto bisogno per aprire le porte ed essere capaci di condividere l’Evangelo con le donne e con gli uomini del nostro tempo

Ma dobbiamo imparare ad accogliere con fede la sua presenza in mezzo a noi. Quando Gesù torna a presentarsi otto giorni dopo, il narratore ci dice che le porte erano ancora chiuse. Non è solo Tommaso che deve imparare a credere con fiducia nel Risorto. Anche gli altri discepoli devono superare a poco a poco i dubbi e le paure che li fanno ancora vivere con le  porte chiuse all’evangelizzazione.

 

NOUVEAU DEPART

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Terrifiés par l’exécution de Jesús, les disciples  se réfugient dans une maison connue. Ils sont de nouveau réunis mais Jésus n’est plus avec eux.. Il y a dans la communauté un vide que personne ne peut combler. Il leur manque Jésus. Ils ne peuvent plus entendre ses paroles pleines de feu. Ils ne peuvent plus le voir bénir avec tendresse les malheureux. Qui vont-ils suivre maintenant ?

La nuit tombe sur Jérusalem et  dans  leur coeur aussi. Personne ne peut les consoler dans leur tristesse. La peur gagne peu à peu tout le monde et Jésus n’est plus là pour fortifier leur esprit. La seule chose qui les rassure un peu c’est de « fermer les portes ». Personne ne pense plus à sortir pour annoncer à travers les chemins le royaume de Dieu et guérir ceux qui souffrent. Sans Jésus, comment pourront-ils communiquer la Bonne Nouvelle ?

L’évangeliste Jean décrit de façon  extraordinaire la transformation qui se produit chez les disciples  lorsque Jésus, plein de vie, se rend présent au milieu d’eux. Le Resuscité se trouve de nouveau au coeur de sa communauté de disciples : Il en sera toujours ainsi. Tout est possible avec lui : se libérer de la peur, ouvrir les portes et mettre en marche l’évangélisation.

D’après le récit,  le premier bienfait que Jésus répand sur sa communauté est la paix. Pas de reproche pour l’avoir abandonné, aucune plainte, aucune réprobation. Seulement, paix et joie. Les disciples ressentent  son élan créateur. Tout recommence. Poussés par son Esprit, ils continueront de collaborer, tout au long des siècles, au  même projet de salut que le Père avait confié à Jésus.

Ce dont l’Eglise a besoin aujourd’hui, ce ne sont pas seulement des réformes religieuses ou des appels à la communion. Nous avons besoin besoin de faire, dans nos communautés, l’expérience d’un « nouveau départ » à partir de la présence vivante de Jésus au milieu de nous. C’est lui seul qui doit occuper le centre de l’Eglise. Lui seul qui peut nous conduire à la communion et renouveler nos coeurs.

Nos efforts et nos travaux ne suffisent pas. C’est Jésus qui peut déclencher le changement d’horizon, la libération de la peur et des craintes, le nouveau climat de paix et de sérénité dont nous avons tant besoin pour ouvrir nos portes et pour être capables de partager l’Evangile avec les hommes et les femmes de notre temps.

Mais il nous faut apprendre à accueillir avec foi sa présence au milieu de nous. Lorsque Jésus revient huit jours après, le narrateur nous dit que les portes étaient encore fermées. Ce n’est pas seulement Thomas qui doit apprendre à croire avec confiance au Ressuscité. Les autres disciples aussi devront surmonter peu à peu les doutes et les peurs qui les obligent encore à vivre les portes fermées à l’évangélisation.

A NEW BEGINNING

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Frightened by Jesus’ execution, the disciples went into hiding in a safe house. They stayed together, but this time Jesus was not with them. Their community, for the first time, felt Jesus’ absence. It was such a sense of emptiness. They could no longer listen to Jesus’ fiery words or witness the way he blessed the crowds that followed him everywhere. Where would they now go?

In Jerusalemmust have been getting dark– as well as in their hearts. Nobody could be of any comfort to them. Little by little, all of them were overcome by fear and Jesus was not there to encourage them. The only thing they could do, “for fear of the Jews”, was to lock the doors of the room. They could not even think of going out to preach thekingdom ofGod and bring solace to those in need. Without Jesus, how could they preach the Good News?

John the Evangelist describes masterfully the transformation that took place in the disciples the moment Jesus, in his new life, makes himself present in their midst. The Risen one becomes again the centre of his community of followers. That should be the case for all of us forever. With Jesus everything is possible: freedom from fear, doors open and going out to preach the Gospel.

According to the narrative, the first thing that Jesus brought to that community was his peace. They were not scolded for having abandoned Him, no complaint or reprimand. “Peace be with you,” He said, and they were overjoyed at seeing him. The disciples felt his creative encouragement. Everything started again. Inspired by his Spirit, they would take up the same project that Jesus had received from his Father and continue the work for centuries to come.

What the Church needs today is not religious reforms and a call to communion in faith and practice. We really need to experience a “new beginning” in our communities, starting with the living presence of Jesus in our midst. Jesus alone should be at the centre of our Church. Jesus alone can promote such communion. Jesus alone can renew our hearts.

New plans and new institutions are not enough. Only Jesus can start changes in our horizon, remove our fears and doubts, create a new climate of peace and serenity that all of us need in order to open the doors and share the Good News with the rest of men and women of our times.

But we have to learn how to welcome his presence in our midst. When Jesus returned, after eight days, the evangelist says that the doors were shut. It was not Thomas alone that had to learn to believe in the Risen one. The other disciples, too, had to learn to dispel their doubts and fears that had kept them locked behind doors – instead of going out to preach the Good News.

 

HASIERA BERRIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen atarramenduaz izuturik, etxe ezagun batean babestu dira ikasleak. Elkarturik dira berriro, baina Jesus ez dute jada berekin. Elkartean hutsune bat da, inork bete ezina. Jesus falta da. Ezin entzun dute jada, suak harturiko haren hitza.  Ezin ikusi dute hura zoritxarreko jendea txeraz bedeinkatzen. Nori jarraitu orain?

Ilunabarra da Jerusalemen, baita ikasleen bihotzean ere. Ezin kontsolatu ditu inork beren triste aldian. Pixkana, beldurra ari da jabetzen guztiez, baina jada ez dute Jesus beren artean, bihotza indartzeko. Nola-halako segurtasuna ematen dien gauza bakarra «ateak ixtea da». Jada inork ez du pentsatzen bideetara irtetean, Jainkoaren erreinua hots egiteko eta bizitza sendatzeko. Jesus gabe, nolaz kutsatu haren Berri Ona?

Joan ebanjelariak modu garaiezinean deskribatu du ikasleen baitan gertatu den eraldatzea, Jesus, bizi betean, haien artean agertu denean. Berpiztua han dago berriro bere jarraitzaileen elkartearen erdian. Horrela izan behar du beti. Harekin, dena da posible: beldurretik libre izatea, ateak irekitzea eta ebanjelizazioa abian jartzea.

Kontakizunaren arabera, Jesusek elkarteari eman dion lehenengo gauza bakea izan da. Errietarik ez, bera bakarrik utzi dutelako; kexurik ez, gaitzespenik ez. Soilik, bakea eta poza. Haren arnasa kreatzailea sentitu dute ikasleek. Berriro hasi da guztia. Haren Espirituak eraginda, mendetan barna jarraituko dute lankide izaten Aitak Jesusi gomendatu zion egitasmo salbatzailean.

Gaur egun Elizak behar duena ez dira soilik erreforma erlijiosoak eta komuniorako deiak. Hau da geure elkarteetan bizi behar duguna: «hasiera berri bat», Jesus geure artean dugulako ustetik abiatuz. Hark bakarrik bete behar du Elizaren erdigunea. Hark bakarrik eragin dezake benetako komunioa. Hark bakarrik berritu ditzake gure bihotzak.

Ez dira aski gure ahaleginak eta lanak. Jesusek bakarrik eragin dezake horizonte-aldaketa, beldurra eta errezeloa kanporatzea, bakearen eta baretasunaren giro berria; ateak irekitzeko behar dugun giroa, geure garai honetako gizon-emakumeekin Ebanjelioa partekatzeko behar dugun giroa.

Baina ikasi beharra dugu hura gure artean dela fedeaz onartzen. Handik zortzi egunera Jesus berriro agertu zitzaien eta kontalariak dio ateak itxirik zirela artean. Ez du Tomasek bakarrik ikasi beharra Berpiztuagan konfiantzaz sinesten. Beste ikasleek ere ikasi beharra dute duda-mudak eta beldurra pixkana gainditzen; izan ere, artean ebanjelizazioari ateak itxirik bizitzera behartzen baitituzte horiek.

 

NOU COMENÇAMENT

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Aterrits per l’execució de Jesús, els deixebles es refugien en una casa coneguda. De nou estan reunits, però Jesús ja no és amb ells. En la comunitat hi ha un buit que ningú no pot omplir. Els falta Jesús. No poden escoltar les seves paraules plenes de foc. No poden veure’l beneint amb tendresa als desgraciats. A qui seguiran ara?

S’està fent fosc a Jerusalem i també en el seu cor. Ningú els pot consolar de la seva tristesa. A poc a poc, la por va apoderant-se de tots, però no tenen Jesús perquè enforteixi el seu ànim. L’únic que els dóna una certa seguretat és «tancar les portes». Ningú ja no pensa sortir pels camins a anunciar el regne de Déu i guarir la vida. Sense Jesús, com encomanaran la seva Bona Notícia?

L’evangelista Joan descriu de manera insuperable la transformació que es produeix en els deixebles quan Jesús, ple de vida, es fa present enmig d’ells. El Ressuscitat és de nou al centre de la seva comunitat de seguidors. Així ha de ser per sempre. Amb ell tot és possible: alliberar de la por, obrir les portes i posar en marxa l’evangelització.

Segons el relat, el primer que infon Jesús a la seva comunitat és la seva pau. Cap retret per haver-lo abandonat, cap queixa ni reprovació. Només pau i alegria. Els deixebles senten el seu alè creador. Tot comença de nou. Impulsats pel seu Esperit, seguiran col•laborant al llarg dels segles en el mateix projecte salvador que el Pare va encomanar a Jesús.

El que necessita avui l’Església no és només reformes religioses i crides a la comunió. Necessitem experimentar en les nostres comunitats un “nou començament” a partir de la presència viva de Jesús enmig nostre. Només ell ha d’ocupar el centre de l’Església. Només ell pot impulsar la comunió. Només ell pot renovar els nostres cors.

No n’hi ha prou amb els nostres esforços i treballs. És Jesús qui pot desencadenar el canvi d’horitzó, l’alliberament de la por i els recels, el clima nou de pau i serenitat que tant necessitem per obrir les portes i ser capaços de compartir l’Evangeli amb els homes i dones del nostre temps.

Però hem d’aprendre a acollir amb fe la seva presència enmig nostre. Quan Jesús torna a presentar-se als vuit dies, el narrador ens diu que les portes encara continuen tancades. No és només Tomàs qui ha d’aprendre a creure amb confiança en el Ressuscitat. També els altres deixebles han d’anar superant poc a poc els dubtes i pors que encara els fan viure amb les portes tancades a l’evangelització.

NOVO INICIO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Aterrados pola execución de Xesús, os discípulos refúxianse nunha casa coñecida. De novo están reunidos, pero xa non está Xesús con eles. Na comunidade hai un baleiro que ninguén pode encher. Fáltalles Xesús. Non poden escoitar as súas palabras cheas de lume. Non poden velo bendicindo con tenrura os desgraciados. ¿A quen seguirán agora?

Está a anoitecer en Xerusalén e tamén no seu corazón. Ninguén os pode consolar da súa tristura. Pouco a pouco, o medo vaise apoderando de todos, pero non o teñen a Xesús para que fortaleza o seu ánimo. O único que lles dá certa seguridade é «pechar as portas». Xa ninguén pensa en saír polos camiños a anunciar o reino de Deus e curar a vida. Sen Xesús, ¿como van contaxiar a súa Boa Noticia?

O evanxelista Xoán describe de xeito insuperable a transformación que se produce nos discípulos cando Xesús, cheo de vida, se fai presente en medio deles. O Resucitado está de novo no centro da súa comunidade de seguidores. Así ha de ser para sempre. Con el todo é posible: liberarse do medo, abrir as portas e poñer en marcha a evanxelización.

Segundo o relato, o primeiro que infunde Xesús á súa comunidade é a súa paz. Ningún reproche por abandonalo, ningunha queixa nin reprobación. Só paz e alegría. Os discípulos senten o seu alento creador. Todo comeza de novo. Impulsados polo seu Espírito, seguirán colaborando ao longo dos séculos no mesmo proxecto salvador que o Padre encomendou a Xesús.

O que necesita hoxe ala Igrexa non é só reformas relixiosas e chamadas á comuñón. Necesitamos experimentar nas nosas comunidades un “novo inicio” a partir da presenza viva de Xesús no medio de nós. Só el ha de ocupar o centro de lola Igrexa. Só el pode impulsar a comuñón. Só el pode renovar os nosos corazóns.

Non abondan os nosos esforzos e traballos. Son Xesús quen pode desencadear o cambio de horizonte, a liberación do medo e os recelos, o clima novo de paz e serenidade que tanto necesitamos para abrir as portas e ser capaces de compartir o Evanxeo cos homes e mulleres do noso tempo.

Pero habemos de aprender a acoller con fe a súa presenza no medio de nós. Cando Xesús se volve presentar aos oito días, o narrador dinos que aínda as portas seguen pechadas. Non é só Tomé quen ha de aprender a crer con confianza no Resucitado. Tamén os demais discípulos han de ir superando pouco a pouco as dúbidas e medos que aínda os fan vivir coas portas pechadas á evanxelización.

¿Qué es la verdad?

Publicado: 25 abril, 2011 en REFLEXIONES
Etiquetas: , , ,

¿QUÉ ES LA VERDAD?
JOSEP CORNELLÀ I CANALS, cornella@comg.cat
GIRONA.

ECLESALIA, 25/04/11.- Aquella mañana del viernes, a Pilatos le habían arrancado de la cama demasiado pronto. Aquellos judíos le importunaban de nuevo con sus picapleitos. Deseaba, ardientemente, que el divino Tiberio lo relevara de aquella prefectura que tan poco gratificante le era. Ese viernes le pedían que juzgara y condenara a morir un campesino galileo debido a disquisiciones de su absurda religión. Un hombre que no conocía de nada, del que nunca había oído el menor comentario.

Pero lo que parecía un juicio de trámite, tomaba unas dimensiones insospechadas. Al día siguiente era la Pascua y los judíos estaban más enardecidos que nunca. Se iban congregando en la explanada y exigían la crucifixión. Y, de hecho, aquel hombre le producía una extraña inquietud. El interrogatorio no era fácil. Aquel hombre, con un semblante sereno e imperturbable, admitía tener una dignidad real en un reino utópico; afirmaba que había nacido para dar testimonio de la verdad, y proclamaba que todos los que son de la verdad escuchan su voz. Y Pilatos, con unos conocimientos filosóficos más bien escasos, se levantó de un salto, dando la impresión que acababa la escasa paciencia que le quedaba, y gritando: “¿Y qué es la verdad?”

La pregunta quedó, flotando, sin respuesta en el silencio del pretorio.

No fue hasta el siglo pasado cuando Van der Meersch osó responder a la pregunta del prefecto. “La verdad, Pilatos, es estar al lado de los pobres, los humildes y los que sufren”. Una respuesta válida para todos los tiempos; la verdad es estar al lado de aquellos que sufren y definen, desde su silencio y su sufrimiento, desde sus vidas prohibidas y negadas, cuáles son las verdades y las mentiras de la nuestra sociedad.

Y Pilatos, paradigma de tantos y tantos dictadores más o menos encubiertos de la historia, hizo oído sordo a la llamada de su conciencia para buscar la verdad.

La verdad es solidarizarse con los despreciados por la sociedad y con los que no reciben honores de nadie; con aquellos hombres y mujeres que, sencillamente, son un estorbo social. La verdad es mostrar interés por las injusticias, los sufrimientos, por las personas marginadas y condenadas a muerte. La verdad no tiene nada que ver con la hipocresía, aunque esté legitimada desde los poderes políticos y religiosos. Aquel galileo había mostrado, con su vida, una sensibilidad hacia las realidades humanas de su momento. Aquel galileo, de manera opuesta a Pilatos, buscaba, con la verdad, la promoción de la justicia y de la vida, la recuperación de los marginados y la liberación de los alienados. Aquel galileo, ante Pilatos, anunciaba un reino en que, lejos de los espectáculos mediáticos, los seres humanos pudieran vivir con libertad y fraternidad. Por eso, su frase más repetida había sido: “No tengáis miedo”.

Pilatos hizo torturar aquel hombre, y lo crucificaron. La verdad no le interesaba.

Hoy hay hombres y mujeres, pueblos enteros, que siguen crucificados y señalan, con toda la crudeza del mundo, aquella verdad que los nuevos Pilatos de nuestro siglo se niegan a conocer. Hombres y mujeres crucificados por la injusticia de este mundo que esperan que haya quien los baje de la cruz. Y es que el drama del Calvario es intemporal.

Vemos Pilatos hoy disfrazado de esta riqueza que toma niveles absolutos en unas minorías, mientras los pobres se hunden más en la pobreza. Es bueno recordar, hoy, aquellos que, por decir la verdad, siguieron el mismo camino que el campesino de Galilea.

Como fue Juan XXIII, quien al convocar el Concilio, abogaba por una Iglesia de los pobres para que fuera una Iglesia de todos.

Y como fue el caso de Monseñor Romero. Había denunciado los discursos oficiales vacíos que aún hoy abundan. Había dicho que, en nuestro entorno, falta la verdad y sobran los que tienen la pluma bien pagada y la palabra vendida. “Estamos en un mundo de mentiras donde nadie cree ya en nada” había dicho. Sus homilías recogían las vivencias y el dolor de su gente. La ignominia de tanta violencia la empujaba para encontrar la palabra oportuna para consolar, denunciar y hacer un llamamiento al arrepentimiento. Anunciando la verdad encontró la muerte.

Pero tras la muerte, la muerte ignominiosa como la sufrida por el galileo, sigue la luz de la Resurrección.

Vivir la semana santa no me sugiere ya otra cosa… Me cuesta asistir a Viacrucis o procesiones, sermones de las siete palabras y horas santas.

La semana santa no puede ser reliquia del pasado; debe ser un planteamiento de vida y de vida en abundancia.

Por ello, desde la búsqueda de la verdad, quiero apostar por una semana santa centrada en quienes ocupan hoy el lugar del tribunal del pretorio de Pilatos, una reflexión sobre la verdad en su sentido más profundo, y una esperanza activa y comprometida hacia la luz Pascual. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

A todos y todas os deseo una feliz y plena Pascua de Resurrección.

Josep

Jesús tenía razón

Publicado: 20 abril, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , ,

Domingo de Resurrección (A) Juan 20, 1-9
JESÚS TENÍA RAZÓN
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 20/04/11.- ¿Qué sentimos los seguidores de Jesús cuando nos atrevemos a creer de verdad que Dios ha resucitado a Jesús? ¿Qué vivimos mientras seguimos caminando tras sus pasos? ¿Cómo nos comunicamos con él cuando lo experimentamos lleno de vida?

Jesús resucitado, tenías razón. Es verdad cuanto nos has dicho de Dios. Ahora sabemos que es un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Dios que nos ama más allá de la muerte. Le seguiremos llamando “Padre” con más fe que nunca, como tú nos enseñaste. Sabemos que no nos defraudará.

Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios es amigo de la vida. Ahora empezamos a entender mejor tu pasión por una vida más sana, justa y dichosa para todos. Ahora comprendemos por qué anteponías la salud de los enfermos a cualquier norma o tradición religiosa. Siguiendo tus pasos, viviremos curando la vida y aliviando el sufrimiento. Pondremos siempre la religión al servicio de las personas.

Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios hace justicia a las víctimas inocentes: hace triunfar la vida sobre la muerte, el bien sobre el mal, la verdad sobre la mentira, el amor sobre el odio. Seguiremos luchando contra el mal, la mentira y el odio. Buscaremos siempre el reino de ese Dios y su justicia. Sabemos que es lo primero que el Padre quiere de nosotros.

Jesús resucitado, tenías razón. Ahora sabemos que Dios se identifica con los crucificados, nunca con los verdugos. Empezamos a entender por qué estabas siempre con los dolientes y por qué defendías tanto a los pobres, los hambrientos y despreciados. Defenderemos a los más débiles y vulnerables, a los maltratados por la sociedad y olvidados por la religión. En adelante, escucharemos mejor tu llamada a ser compasivos como el Padre del cielo.

Jesús resucitado, tenías razón. Ahora empezamos a entender un poco tus palabras más duras y extrañas. Comenzamos a intuir que el que pierda su vida por ti y por tu Evangelio, la va a salvar. Ahora comprendemos por qué nos invitas a seguirte hasta el final cargando cada día con la cruz. Seguiremos sufriendo un poco por ti y por tu Evangelio, pero muy pronto compartiremos contigo el abrazo del Padre.

Jesús resucitado, tenías razón. Ahora estás vivo para siempre y te haces presente en medio de nosotros cuando nos reunimos dos o tres en tu nombre. Ahora sabemos que no estamos solos, que tú nos acompañas mientras caminamos hacia el Padre. Escucharemos tu voz cuando leamos tu evangelio. Nos alimentaremos de ti cuando celebremos tu Cena. Estarás con nosotros hasta el final de los tiempos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

JESUS TINHA RAZÃO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Que sentimos os seguidores de Jesus quando nos atrevemos a acreditar de verdade que Deus ressuscitou Jesus? Que vivemos enquanto continuamos a caminhar atrás dos Seus passos? Como nos comunicamos com Ele quando O experimentamos cheio de vida?

Jesus ressuscitado, tinhas razão. É verdade o que nos disseste Deus. Agora sabemos que é um Pai fiel, digno de toda a confiança. Um Deus que nos ama para além da morte. Continuaremos a chamar “Pai” com mais fé que nunca, como Tu nos ensinaste. Sabemos que não nos defraudará.

Jesus ressuscitado, tinhas razão. Agora sabemos que Deus é amigo da vida. Agora começamos a entender melhor a Tua paixão por uma vida mais sã, justa e ditosa para todos. Agora compreendemos porque colocavas à frente a saúde dos doentes a qualquer norma ou tradição religiosa. Seguindo os Teus passos, viveremos curando a vida e aliviando o sofrimento. Colocaremos sempre a religião ao serviço das pessoas.

Jesus ressuscitado, tinhas razão. Agora sabemos que Deus faz justiça às vítimas inocentes: faz triunfar a vida sobre a morte, o bem sobre o mal, a verdade sobre a mentira, o amor sobre o ódio. Continuaremos a lutar contra o mal, a mentira e o ódio. Procuraremos sempre o reino desse Deus e a Sua justiça. Sabemos que é o primeiro que o Pai quer de nós.

Jesus ressuscitado, tinhas razão. Agora sabemos que Deus se identifica com os crucificados, nunca com os verdugos. Começamos a entender porque estavas sempre com os doridos e porque defendias tanto os pobres, os famintos e desprezados. Defenderemos os mais débeis e vulneráveis, aos maltratados pela sociedade e esquecidos pela religião. Agora em diante, escutaremos melhor a Tua chamada para sermos compassivos como o Pai do céu.

Jesus ressuscitado, tinhas razão. Agora começamos a entender um pouco as Tuas palavras mais duras y estranhas. Começamos a intuir que o que perde a sua vida por Ti e pelo Teu Evangelho, a salvará. Agora compreendemos porque nos convidas a seguir-Te até ao fim carregando cada dia com a cruz. Seguiremos sofrendo um pouco por Ti e pelo Teu Evangelho, mas brevemente partilharemos contigo o abraço do Pai.

Jesus ressuscitado, tinhas razão. Agora estás vivo para sempre e estás presente no meio de nós quando nos reunimos dois ou três em Teu nome. Agora sabemos que não estamos sós, que Tu nos acompanhas enquanto caminhamos até ao Pai. Escutaremos a Tua voz quando lermos o Teu evangelho. Alimentaremos de Ti quando celebremos a Tua Ceia. Estarás com nós até ao final dos tempos.

 

GESÙ AVEVA RAGIONE

José Antonio Pagola. Traduzione: Redacción de Eclesalia

Che i seguaci di Gesù sentito quando abbiamo il coraggio di credere veramente che Dio ha risuscitato Gesù? Che cosa si vive come si cammina le orme? Come facciamo a comunicare con lui quando abbiamo esperienza piena di vita?

Gesù risorto, avevi ragione. E ‘vero quello che ci ha detto di Dio. Ora sappiamo che è un Padre fedele, degno di fiducia. Un Dio che ci ama oltre la morte. Noi continuiamo a chiamare “Padre” con più fiducia che mai, come ci hai insegnato.Sappiamo che non ci deluderà.

Gesù risorto, avevi ragione. Ora sappiamo che Dio è amico della vita. Ora cominciamo a capire meglio la tua passione per una vita più sana, giusta e felice per tutti. Ora capiamo che ha valutato la salute dei pazienti da qualsiasi regola o tradizione religiosa. Seguendo i tuoi passi, vivremo la vita guarigione e alleviare le sofferenze. La religione sarà sempre al servizio della gente.

Gesù risorto, avevi ragione. Ora sappiamo che Dio fa giustizia alle vittime innocenti nel trionfo della vita sulla morte, del bene sul male, della verità sulla menzogna, l’amore sull’odio. Continueremo la lotta contro il male, la menzogna e odio. Sempre cercare il regno di Dio e la Sua giustizia. Sappiamo che è la prima cosa che il Padre vuole da noi.

Gesù risorto, avevi ragione. Ora sappiamo che Dio si identifica con il crocifisso, mai i colpevoli. Cominciamo a capire perché tu eri sempre con i dolenti e difendere sia i poveri, gli affamati e disprezzato. Difendere i deboli e vulnerabili, i maltrattati e trascurati dalla società e dalla religione. D’ora in poi, sentiremo meglio il vostro invito ad essere compassionevoli come il Padre vostro celeste.

Gesù risorto, avevi ragione. Ora cominciamo a capire le tue parole un po ‘più difficile e strano. Cominciamo a percepire che chi perde la vita per voi e il vostro Vangelo, li salverà. Ora comprendiamo perché ci invitano a seguire fino alla fine portando la croce ogni giorno. Noi continueremo a soffrire un po ‘per te e il tuo Vangelo, ma presto avremo parti del Padre.

Gesù risorto, avevi ragione. Sono in vita per tutto il tempo che farlo in mezzo a noi quando ci siamo incontrati due o tre a vostro nome. Ora sappiamo che non siamo soli, che ci accompagnano mentre camminiamo verso il Padre. Sentire la tua voce quando leggi il tuo vangelo. Vi feed quando si celebra la vostra cena. Ti verrà con noi fino alla fine dei tempi.

JESUS AVAIT RAISON

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Nous, les disciples de Jésus, qu’éprouvons-nous, lorsque nous osons croire vraiment que Dieu a ressuscité Jésus? Que vivons-nous quand nous continuons de marcher sur ses traces? Comment communiquons-nous avec lui quand nous le ressentons comme quelqu’un plein de vie?

Jesús ressuscité, tu avais raison. Tout ce que tu nous as dit sur Dieu est vrai. Maintenant, nous savons que c’est un Père fidèle, digne de toute confiance. Un Dieu qui nous aime au-delà de la mort. Nous continuerons de l’appeler «Père», ainsi que tu nous l’as appris, avec une foi plus forte que jamais. Et nous savons qu’il ne nous décevra pas.

Jesús ressuscité, tu avais raison. Maintenant, nous savons que Dieu est un ami de la vie. Maintenant, nous commençons à mieux comprendre ta passion pour une vie plus saine, plus juste et plus heureuse pour tous. Maintenant, nous comprenons pourquoi tu faisais passer d’abord la santé des malades avant toute norme ou tradition religieuse. En suivant tes pas, nous vivrons en guérissant la vie blessée et en soulageant la souffrance. Nous mettrons toujours la religion au service des personnes.

Jesús ressuscité, tu avais raison. Nous savons maintenant que Dieu fait justice aux victimes innocentes : il fait triompher la vie sur la mort, le bien sur le mal, la vérité sur le mensonge, l’amour sur la haine. Nous continuerons de lutter contre le mal, contre le mensonge et contre la haine. Nous chercherons toujours le royaume de ce Dieu et sa justice. Nous savons que c’est cela que le Père veut de nous en premier.

Jesús ressuscité, tu avais raison. Nous savons maintenant que Dieu s’identifie aux crucifiés et jamais aux bourreaux. Nous commençons à comprendre pourquoi tu étais toujours avec les souffrants et pourquoi tu défendais tant les pauvres, les affamés et les laissés-pour-compte. Nous défendrons les plus faibles et les plus vulnérables, les maltraités par la société et les oubliés de la religion. Désormais, nous entendrons mieux ton appel à être miséricorieux comme le Père du ciel.

Jesús ressuscité, tu avais raison. Maintenant, nous commençons à mieux comprendre tes paroles les plus dures et les plus étranges. Nous commençons à saisir que celui qui perd sa vie pour toi et pour ton Evangile, la sauvera. Nous comprenons maintenant pourquoi tu nous invites à te suivre jusqu’au bout, en prenant chaque jour notre croix. Nous continuerons de souffrir un peu à cause de toi et de ton Evangile, mais nous partagerons bientôt le baiser du Père.

Jesús ressuscité, tu avais raison. Maintenant tu es vivant à jamis et tu te rends présent au milieu de nous lorsque deux ou trois se réunissent en ton nom. Maintenant, nous savons que nous ne sommes pas seuls, que tu nous accompagnes tout au long de notre marche vers le Père. Nous écouterons ta voix lorsque nous lirons ton évangile. Nous nous nourrirons de toi lorsque nous célébrerons ta Cène. Tu seras avec nous jusqu’à la fin des temps.

JESUS WAS RIGHT

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

What do Jesus followers feel when we really believe that God truly raised Jesus from the dead? How do we actually live as we follow in his footsteps? How do we communicate with Him as we feel his real presence?

The risen Christ was right. Everything He has told us about God is true. We know that his Father can be trusted totally. God loves us well beyond our death. We shall continue to call him “Father” with ever greater faith as Jesus taught us. We will never be disappointed.

The Risen Christ was right. Now we know that God is a friend of life.

Now we understand better Jesus’ passion for a life that is healthier, more just and happier for everyone. Now we understand why Jesus cared more about the health of sick people than religious laws and traditions. If we follow in his steps, we will respect life and heal the sick. Religion will always be at the service of people.

The Risen Christ was right. Now we know why Christ was always on the side of innocent victims; He always defended life over death, good over evil, lies and hatred. We shall always continue fighting evil, lies and hatred. We shall seek the kingdom of such God and his kingdom, because we know that this is his will and expectation from us.

The Risen Christ was right. Now we finally know that He identified himself with the crucified people, never with the executioners. Now we begin to understand why Jesus was always on the side of the suffering and why he defended always the poor, the hungry and the outcast. We shall always defend the weakest and most vulnerable, those ill-treated by society and forgotten by the Church. From now on, we shall listen more attentively to Jesus’ appeal to be compassionate as his Father in heaven is compassionate.

The Risen Christ was right. We shall now understand better Jesus’ harsh and strange words. We will begin to comprehend somewhat why anyone who loses his life for Him and his gospel will save one’s life. Now we will understand why he invites us to follow Him and to carry his cross every day. We shall continue suffering a little for Him and his Gospel, and soon we shall share with Him his Father’s embrace.

The Risen Christ was right. He is alive forever, and he is among us whenever two or three of us gather together in his name. Now, we know that we are not alone, that he is walking by our side towards his Father. We will listen to his word whenever we read the Gospel. We will feed on Him every time we celebrate the Last Supper. And He will be with us until the end of time.

 

ARRAZOIA ZUEN JESUSEK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Zer sentitzen dugu Jesusen jarraitzaileok egiaz sinestera ausartzen garenean Jainkoak Jesus piztu duela? Zer bizi ohi dugu haren ondoren ibiltzen jarraitzean? Nola komunikatzen gara harekin, hura biziaz blai esperimentatzen dugunean?

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Egia da, bai, Jainkoaz esan diguzun guztia. Orain badakigu leiala dela Aita, konfiantza osoa zor diogula. Heriotza baino harago maite gaituen Aita da. Hari «Aita» deitzen jarraituko dugu, inoiz baino fede handiagoz, zuk irakatsi zenigunez. Seguru gara ez digula huts egingo.

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Seguru gara orain biziaren adiskide dela Jainkoa. Hasiak gara hobeto ulertzen guztiek bizitza sanoagoa, zuzenagoa eta zoriontsuagoa izan dezaten zuk jasandako nekaldia. Orain ulertzen dugu zergatik jartzen zenuen edozein arau edo tradizioren aurretik gaixoen osasuna. Zure urratsei jarraiki, bizitza sendatuz eta sufrimena arinduz biziko gara. Erlijioa beti jendearen zerbitzura jarriko dugu.

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Orain badakigu Jainkoak justizia egiten diela biktima errugabeei: garaipena ematen diola biziari heriotzaren gain, ongiari gaizkiaren gain, egiari gezurraren gain, maitasunari gorrotoaren gain. Borrokan jarraituko dugu gaizkiaren, gezurraren eta gorrotoaren aurka. Jainko horren eta berorren justiziaren bila ibiliko gara beti. Badakigu ezen horixe dela Jainkoak gugandik nahi duen lehenengo gauza.

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Orain badakigu Jainkoak bat egiten duela gurutzean jositakoekin, inoiz ez borreroekin. Ulertzen hasiak gara zergatik zaren zu beti sufritzen ari direnekin eta zergatik defenditzen dituzun horrenbeste pobreak, goseak eta mespretxatuak. Makalenak eta zaurigarrienak defendituko ditugu, gizarteak gaizki erabiltzen eta erlijioak ahazten dituenak. Aurrerantzean, hobeto entzungo dugu zure deia errukitsu izatera, zeruko Aitak bezala.

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Orain ulertzen hasiak gara apur bat zure hitzik gogorrenak eta arraroenak. Sumatzen hasiak gara ezen zugatik eta zure Ebanjelioagatik bere bizia galtzen duenak gorde egingo duela. Orain ulertzen dugu zergatik gonbidatu gaituzun zuri jarraitzera azkeneraino, egunero gurutzea lepoan hartuz. Zugatik eta zure Ebanjelioagatik apur bat sufritzen jarraituko dugu, baina laster partekatuko dugu zurekin Aitaren altzoa.

Jesus berpiztu hori, arrazoia zenuen. Orain bizirik zara betiko eta gure arten zaitugu zure izenean bizpahiru lagun elkartzean. Orain badakigu ez gaudela bakarrik, lagun zaitugula Aitaganako bidean. Zure ahotsa entzungo dugu zure Ebanjelioa irakurtzean. Zutaz elikatuko gara zure Afaria ospatzean. Gurekin izango zaitugu aldien azkeneraino.

 

JESÚS TENIA RAÓ

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Què sentim els seguidors de Jesús quan ens atrevim a creure de veritat que Déu ha ressuscitat Jesús? Què vivim mentre seguim caminant darrera els seus passos? Com ens comuniquem amb ell quan l’experimentem ple de vida?

Jesús ressuscitat, tenies raó. És veritat tot el que ens has dit de Déu. Ara sabem que és un Pare fidel, digne de tota confiança. Un Déu que ens estima més enllà de la mort. Continuarem dient-li “Pare” amb més fe que mai, com tu ens has ensenyat. Sabem que no ens decebrà.

Jesús ressuscitat, tenies raó. Ara sabem que Déu és amic de la vida. Ara comencem a entendre millor la teva passió per una vida més sana, més justa i més feliç per a tothom. Ara comprenem per què anteposaves la salut dels malalts a qualsevol norma o tradició religiosa. Seguint els teus passos, viurem guarint la vida i alleujant el patiment. Posarem sempre la religió al servei de les persones.

Jesús ressuscitat, tenies raó. Ara sabem que Déu fa justícia a les víctimes innocents: fa triomfar la vida sobre la mort, el bé sobre el mal, la veritat sobre la mentida, l’amor sobre l’odi. Seguirem lluitant contra el mal, la mentida i l’odi. Cercarem sempre el regne d’aquest Déu i la seva justícia. Sabem que és el primer que el Pare vol de nosaltres.

Jesús ressuscitat, tenies raó. Ara sabem que Déu s’identifica amb els crucificats, mai amb els botxins. Comencem a entendre per què estaves sempre amb els dolguts i per què defensaves tant els pobres, els famolencs i els menyspreats. Defensarem els més febles i vulnerables, als maltractats per la societat i oblidats per la religió. D’ara endavant, escoltarem millor la teva crida a ser compassius com el Pare del cel.

Jesús ressuscitat, tenies raó. Ara comencem a entendre una mica les teves paraules més dures i estranyes. Comencem a intuir que el qui perdi la seva vida per tu i pel teu Evangeli, la salvarà. Ara comprenem per què ens convides a seguir-te fins al final carregant cada dia la creu. Seguirem patint una mica per tu i pel teu Evangeli, però molt aviat compartirem amb tu l’abraçada del Pare.

Jesús ressuscitat, tenies raó. Ara ets viu per sempre i et fas present enmig nostre quan ens reunim dos o tres en el teu nom. Ara sabem que no estem sols, que tu ens acompanyes mentre caminem cap al Pare. Escoltarem la teva veu quan llegim el teu evangeli. Ens alimentarem de tu quan celebrem el teu Sopar. Seràs amb nosaltres fins a la fi dels temps.

GALLEGO

XESÚS TIÑA RAZÓN

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Que sentimos os seguidores de Xesús cando nos atrevemos a crer de verdade que Deus resucitou a Xesús? Que vivimos mentres seguimos camiñando tras os seus pasos? Como nos comunicamos con el cando o experimentamos cheo de vida?

Xesús resucitado, ti tiñas razón. É verdade canto nos dixeches de Deus. Agora sabemos que é un Padre fiel, digno de toda confianza. Un Deus que nos ama máis alá da morte. Seguirémolo chamando “Pai” con máis fe ca nunca, como ti nos ensinaches. Sabemos que non nos defraudará.

Xesús resucitado, tiñas razón. Agora sabemos que Deus é amigo da vida. Agora empezamos a entender mellor a túa paixón por unha vida máis sa, xusta e ditosa para todos. Agora comprendemos por que antepuñas a saúde dos enfermos a calquera norma ou tradición relixiosa. Seguindo os teus pasos, viviremos curando a vida e aliviando o sufrimento. Poremos sempre a relixión ao servizo das persoas.

Xesús resucitado, tiñas razón. Agora sabemos que Deus fai xustiza ás vítimas inocentes: fai triunfar a vida sobre da morte, o ben sobre do mal, a verdade sobre da mentira, o amor sobre do odio. Seguiremos loitando contra do mal, da mentira e do odio. Buscaremos sempre o reino dese Deus e a súa xustiza. Sabemos que é o primeiro que o Pai quere de nós.

Xesús resucitado, tiñas razón. Agora sabemos que Deus se identifica cos crucificados, nunca cos verdugos. Empezamos a entender por que estabas sempre cos doentes e por que defendías tanto os pobres, os famentos e desprezados. Defenderemos os máis débiles e vulnerábeis, os maltratados pola sociedade e esquecidos pola relixión. En diante, escoitaremos mellor a túa chamada a ser compasivos como o Pai do ceo é compasivo.

Xesús resucitado, tiñas razón. Agora empezamos a entender un pouco as túas palabras máis duras e estrañas. Comezamos a intuír que quen perda a súa vida por ti e polo teu Evanxeo, vaina salvar. Agora comprendemos por que nos invitas a seguir cargando cada día coa cruz ata o final. Seguiremos sufrindo un pouco por ti e polo teu Evanxeo, pero moi pronto compartiremos contigo o abrazo do Pai.

Xesús resucitado, tiñas razón. Agora estás vivo para sempre e faste presente no medio de nós cando nos reunimos dous ou tres no teu nome. Agora sabemos que non estamos sós, que ti nos acompañas mentres camiñamos cara ao Pai. Escoitaremos a túa voz cando leamos o teu evanxeo. Alimentarémonos de ti cando celebremos a túa Cea. Estarás connosco ata o final dos tempos.

Nuestra esperanza

Publicado: 6 abril, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

5 Cuaresma (A) Juan 11, 1-45
NUESTRA ESPERANZA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 06/04/11.- El relato de la resurrección de Lázaro es sorprendente. Por una parte, nunca se nos presenta a Jesús tan humano, frágil y entrañable como en este momento en que se le muere uno de sus mejores amigos. Por otra parte, nunca se nos invita tan directamente a creer en su poder salvador: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá… ¿Crees esto?»

Jesús no oculta su cariño hacia estos tres hermanos de Betania que, seguramente, lo acogen en su casa siempre que viene a Jerusalén. Un día Lázaro cae enfermo y sus hermanas mandan un recado a Jesús: nuestro hermano «a quien tanto quieres» está enfermo. Cuando llega Jesús a la aldea, Lázaro lleva cuatro días enterrado. Ya nadie le podrá devolver la vida.

La familia está rota. Cuando se presenta Jesús, María rompe a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver los sollozos de su amiga, Jesús no puede contenerse y también él se echa a llorar. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. ¿Quién nos podrá consolar?

Hay en nosotros un deseo insaciable de vida. Nos pasamos los días y los años luchando por vivir. Nos agarramos a la ciencia y, sobre todo, a la medicina para prolongar esta vida biológica, pero siempre llega una última enfermedad de la que nadie nos puede curar.

Tampoco nos serviría vivir esta vida para siempre. Sería horrible un mundo envejecido, lleno de viejos y viejas, cada vez con menos espacio para los jóvenes, un mundo en el que no se renovara la vida. Lo que anhelamos es una vida diferente, sin dolor ni vejez, sin hambres ni guerras, una vida plenamente dichosa para todos.

Hoy vivimos en una sociedad que ha sido descrita como “una sociedad de incertidumbre” (Z. Bauman). Nunca había tenido el ser humano tanto poder para avanzar hacia una vida más feliz. Y, sin embargo, nunca tal vez se ha sentido tan impotente ante un futuro incierto y amenazador. ¿En qué podemos esperar?

Como los humanos de todos los tiempos, también nosotros vivimos rodeados de tinieblas. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cómo hay que vivir? ¿Cómo hay que morir? Antes de resucitar a Lázaro, Jesús dice a Marta esas palabras que son para todos sus seguidores un reto decisivo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que crea en mí, aunque haya muerto vivirá… ¿Crees esto?»

A pesar de dudas y oscuridades, los cristianos creemos en Jesús, Señor de la vida y de la muerte. Sólo en él buscamos luz y fuerza para luchar por la vida y para enfrentarnos a la muerte. Sólo en él encontramos una esperanza de vida más allá de la vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NOSSA ESPERANÇA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O relato da ressurreição de Lázaro é surpreendente. Por um lado, nunca nos é apresentado Jesus tão humano, frágil e profundo como neste momento em que morre um dos seus melhores amigos. Por outro lado, nunca nos convidam tão directamente a acreditar no Seu poder salvador: «Eu sou a ressurreição e a vida: o que crer em mim, mesmo que morra, viverá… Creis nisto?»

Jesus não oculta o Seu carinho para com estes três irmãos da Betânia que, seguramente, o acolhem em sua casa sempre que vem a Jerusalém. Um dia Lázaro fica doente e as suas irmãs enviam uma mensagem a Jesus: o nosso irmão «a quem tanto queres» está doente. Quando chega Jesus à aldeia, Lázaro leva quatro dias enterrado. Já ninguém lhe poderá devolver a vida.

A família está destroçada. Quando se apresenta Jesus, Maria desata a chorar. Ninguém a pode consolar. Ao ver os soluços da Sua amiga, Jesus não pode conter-se e também Ele se põem a chorar. Parte-Lhe a alma ao sentir a impotência de todos ante a morte. Quem nos poderá consolar?

Há em nós um desejo insaciável de vida. Passamos os dias e os anos a lutar por viver. Agarramo-nos à ciência e, sobretudo, à medicina para prolongar esta vida biológica, mas sempre chega uma última doença de que ninguém nos pode curar.

Tampouco nos serviria viver esta vida para sempre. Seria horrível um mundo envelhecido, cheio de velhos e velhas, cada vez com menos espaço para os jovens, um mundo em que não se renovasse a vida. O que desejamos é uma vida diferente, sem dor nem envelhecimento, sem fome nem guerras, uma vida plenamente ditosa para todos.

Hoje vivemos numa sociedade que foi descrita como “uma sociedade de incerteza” (Z. Bauman). Nunca tinha tido o ser humano tanto poder para avançar para uma vida mais feliz. E, no entanto, nunca tal vez se tenha sentido tão impotente ante um futuro incerto e ameaçador. Em que podemos esperar?

Como os humanos de todos os tempos, também nós vivemos rodeados de trevas. Que é a vida? Que é a morte? Como há que viver? Como há que morrer? Antes de ressuscitar Lázaro, Jesus diz a Marta essas palavras que são para todos os Seus seguidores um repto decisivo: «Eu sou a ressurreição e a vida: aquele que acredita em mim, mesmo que morra viverá… Creis nisto?»

Apesar de dúvidas e obscuridades, os cristãos acreditam em Jesus, Senhor da vida e da morte. Só Nele procuramos luz e força para lutar pela vida e para enfrentarmos a morte. Só Nele encontramos uma esperança da vida para além da vida.

LA NOSTRA SPERANZA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Il racconto della risurrezione di Lazzaro è sorprendente. Da una parte, mai Gesù ci si presenta tanto umano, fragile e tenero come in questo momento in cui muore uno dei suoi migliori amici. Dall’altra, mai siamo invitati tanto direttamente a credere nel suo potere salvifico: Io sono la risurrezione e la vita; chi crede in me anche se muore vivrà… Credi questo?

Gesù non nasconde il suo affetto verso i tre fratelli di Betania che, sicuramente, lo accolgono nella loro casa ogni volta che viene a Gerusalemme. Un giorno Lazzaro cade ammalato e le sue sorelle mandano un messaggio a Gesù: nostro fratello colui che tu ami è malato. Quando Gesù arriva al villaggio, Lazzaro è già sepolto da quattro giorni. Ormai nessuno gli potrà ridonare la vita.

La famiglia è distrutta. Quando si presenta Gesù, Maria scoppia in lacrime. Nessuno la può consolare. Vedendo i singhiozzi della sua amica, Gesù non può contenersi e anche lui scoppia in pianto. Gli si spezza l’anima nel sentire l’impotenza di tutti di fronte alla morte. Chi ci potrà consolare?

C’è in noi un desiderio insaziabile di vita. Passiamo i giorni e gli anni lottando per vivere. Ci aggrappiamo alla scienza e soprattutto, alla medicina, per prolungare la vita biologica, ma arriva sempre un’ultima infermità dalla quale nessuno ci può guarire.

Non ci servirebbe nemmeno vivere questa vita per sempre. Sarebbe orribile un mondo invecchiato, pieno di vecchie e di vecchi, sempre con meno spazio per i giovani, un mondo nel quale non si rinnovasse la vita. Quello a cui aneliamo è una vita diversa, senza dolore né vecchiaia, senza fame né guerre, una vita pienamente felice per tutti.

Oggi viviamo in una società che è stata definita come “una società d‘incertezza” (Z. Bauman). L’essere umano non ha mai avuto tanto potere per progredire verso una vita più felice. E tuttavia mai forse si è sentito tanto impotente di fronte a un futuro incerto e minaccioso. In che cosa possiamo sperare?

Come gli uomini di tutti i tempi, anche noi viviamo avvolti di tenebre. Che cosa è la vita? Che cosa è la morte? Come si deve vivere? Come si deve moriré? Prima di risuscitare Lazzaro, Gesù dice a Marta queste parole, che sono per tutti i suoi seguaci una sfida decisiva: Io sono la risurrezione e la vita; chi crede in me anche se muore vivrà… Credi questo?

Nonostante i dubbi e le oscurità, noi cristiani crediamo in Gesù, Signore della vita e della morte. Solo in lui cerchiamo luce e forza per lottare per la vita e per affrontare la morte. Solo in lui troviamo una speranza di vita al di là della vita.

NOTRE ESPERANCE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le récit de la résurrection de Lazare est surprenant. D’un côté, Jésus ne nous est jamais présenté aussi humain, fragile et affectueux qu’à ce moment où il vient de perdre l’un de ses meilleurs amis. D’autre part, on n’est jamais invité si directement à croire en son pouvoir salvateur : « Je suis la résurrection et la vie : celui qui croit en moi, même s’il meurt, vivra …Crois-tu cela ?».

Jésus ne cache pas son affection pour ces trois frères de Béthanie qui l’accueillent certainement chez eux chaque fois qu’il vient à Jérusalem. Un jour, Lazare tombe malade et ses sœurs envoient des gens dire à Jésus : notre frère « que tu aimes tant », est malade. Lorsque Jésus arrive au village, cela fait déjà quatre jours que Lazare est enterré. Personne ne pourra plus lui rendre la vie.

La famille est brisée. Lorsque Jésus arrive, Marie éclate en larmes. Personne ne peut la consoler. En voyant les pleurs de son amie , Jésus ne peut se retenir et il se met, lui aussi, à pleurer. Son cœur est déchiré en sentant l’impuissance de tous devant la mort. Qui pourra nous consoler ?

Il existe en nous un désir insatiable de vie. Nous passons nos jours et nos années à lutter pour vivre. Nous nous accrochons à la science et, surtout, à la médecine pour prolonger cette vie biologique, mais il arrive toujours une dernière maladie dont personne peut nous guérir.

Il ne nous serait pas non plus utile de vivre cette vie pour toujours. Un monde vieilli serait horrible, plein de vieux et de vielles, avec de moins en moins d’espace pour les jeunes, un monde où la vie ne serait pas renouvelée. Ce que nous désirons c’est une vie différente, sans douleur, sans vieillissement, sans famines ni guerres, une vie pleinement heureuse pour tous.

Nous vivons aujourd’hui dans une société qui a été décrite comme « une société d’incertitude » (Z.Bauman). Jamais l’être humain n’avait eu autant de pouvoir pour avancer vers une vie plus heureuse. Et, cependant, il ne s’est jamais senti aussi impuissant face à un avenir incertain et menaçant. En quoi pouvons-nous mettre notre espoir ?

Comme les humains de tous les temps, nous aussi nous vivons entourés de ténèbres. Qu’est-ce que la vie? Qu’est-ce que la mort? Comment faut-il vivre? Comment faut-il mourir? Avant de ressusciter Lazare, Jésus dit à Marthe ces paroles qui constituent pour tous ses disciples un défi décisif: “Je suis la résurrection et la vie : celui qui croit en moi, même s’il meurt, vivra… Crois-tu cela ? »

Malgré les doutes et les obscurités, nous chrétiens, nous croyons en Jésus, Seigneur de la vie et de la mort. C’est seulement en lui que nous cherchons lumière et force afin de lutter pour la vie et pour affronter la mort. Chez lui seul, nous trouvons une espérance de vie au-delà de la vie.

OUR HOPE

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The narrative of Lazarus’ resurrection is unique in many ways. On the one hand, Jesus has never been presented so human, fragile and intimate. On the other hand, we have never been invited so directly to believe in his saving power: “I am the resurrection and the life: if anyone believes in me, even though he dies, he will live…Do you believe this?”

Jesus does not hide his affection towards these three siblings of Bethany who, most probably, had welcomed him in their home every time he came to Jerusalem. Lazarus fell sick and his sisters sent this message to Jesus: “Lord, the man you love is sick.” When Jesus arrived at the village, Lazarus had already been buried four days. No one could bring him back to life.

The whole family was broken down. When Jesus arrived, Mary broke down in tears. No one could be of any comfort to her. When Jesus saw her weeping, he could not control himself and began to weep. Jesus felt everyone’s impotence against death. Who can console us when death arrives?

There is, in every one of us, an insatiable desire to go on living. We spend days and years trying to prolong our lives. We resort to science and, more specially, to medicine trying to prolong our biological lives, but there is always a last sickness that nobody can cure.

Actually, it would not be of any help if we were to live forever. This would be a most horrible world, full of old men and women, leaving ever less room for the young: a world without a renewed life. What we really crave for is a new life without illness or aging, with no famine or wars, a life that fully satisfies every one.

Today, we live in a society that has been described as “a society of uncertainties” ( Z. Bauman ). There has never been a time when humans had so much power and means to advance making our lives happier. Yet, we have never felt so impotent in the face of an uncertain and threatening future. Is there any hope for us?

Like all humans in any time in history, we, too, live surrounded by all kinds of darkness. What is life? What is death? How should we live? How should we prepare for death? Before raising Lazarus back to life, Jesus spoke to Martha those words that are a challenge for all his followers: “I am the resurrection and the life: if anyone believes in me, even though he dies, he will live…Do you believe this?”

In spite of so many doubts and darkness, Christians believe in Jesus, Lord of life and darkness. It is in him alone that we look for light and strength in life and in death. In Him alone we can find hope for a life beyond this life.

GURE ESPERANTZA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da Lazaroren piztueraren kontakizuna. Batetik, inoiz ez bezalako ageri da Jesus une honetan: gizatar, hauskor eta bihotzeko; izan ere, bere adiskiderik onetakoa hil zaio. Bestetik, inoiz ez bezalako gonbita egin digu: bere ahalmen salbatzailean sinestera: «Neu naiz piztuera eta bizia: nigan sinesten duena, hilik ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?»

Jesusek ez du ezkutatu Betaniako hiru neba-arreba horiekiko maitasuna; segur aski, etxean hartzen baitzuten Jerusalemera zetorren bakoitzean. Behin batean Lazaro gaixotu da eta haren arrebek mandatua bidali diote Jesusi: gure neba, «hainbeste maite duzuna» gaixo da. Jesus herrixkara iristean, Lazarok lau egun daramatza hobiraturik. Jada ezin du inork ere hura bizitzara ekarri.

Familia jota dago. Jesus aurkeztean, negarrari eman dio Mariak. Ezin kontsolatu du inork. Bere adiskidearen negar-zotinak entzutean, Jesusek ere ezin eutsi dio eta negarrari eman dio. Bihotza lehertu zaio heriotzaren aurrean guztien ezina sumatzean. Nork kontsolatzen ahal gaitu?

Bada gu baitan bizi-nahi aseezin bat. Egunak eta urteak ematen ditugu bizitzeko borrokan. Zientziara jotzen dugu eta, nagusiki, medizinara, bizitza biologiko hau luzatzeko; baina beti da azken gaixotasun bat, inork ere sendatu ezina.

Ez liguke balio izango bizitza hau betiko bizitzeak ere. Izugarria izango litzateke mundu zaharkitu bat, jende zaharrez betea, gazteentzat geroz eta toki gutxiago lukeena, mundua zeinetan ez bailitzateke bizitza berritzen joango. Desio duguna beste bizitza bat da, oinazerik eta zahartzerik gabea, goserik eta gerlarik gabea, bizitza guztiz zoriontsua guztientzat.

«Ziurtasunik gabeko gizarte» (Z. Bauman) bezala deskribatu izan den gizarte batean bizi gara gaur. Inoiz ez zuen izan gizakiak gaur adinako ahalmenik bizitza zoriontsuago baterantz egiteko. Eta, halaz guztiz, agian inoiz ez da sentitu hain ahalgabe etorkizun ziurtasunik gabeko eta mehatxagarri baten aurrean. Zer espero dezakegu?

Aldi guztietako gizakiak bezala, gu ere ilunak inguraturik bizi gara. Zer da bizitza? Zer da heriotza? Nola bizi behar da? Nola hil behar da? Lazaro piztu aurretik, bere jarraitzaileentzat erronka erabakitzaile diren hitz hauek esan dizkio Jesusek Martari: «Neu naiz piztuera eta bizia: nigan sinetsiko duena, hilik ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?»

Zalantza, ilunaldiak eta guzti, kristauok Jesusengan sinesten dugu, biziaren eta heriotzaren Jaun horrengan. Jesusengan bakarrik bilatzen dugu argia eta indarra biziaren alde borroka egiteko eta heriotzari aurre egiteko. Jesusengan bakarrik aurkitzen dugu bizi esperantza bizitza hau baino harago.

LA NOSTRA ESPERANÇA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El relat de la resurrecció de Llàtzer és sorprenent. D’una banda, mai se’ns presenta Jesús tan humà, fràgil i entranyable com en aquest moment en què se li mor un dels seus millors amics. D’altra banda, mai no se’ns convida tan directament a creure en el seu poder salvador: «Jo sóc la resurrecció i la vida. Qui creu en mi, encara que mori, viurà… ¿Ho creus, això?»

Jesús no amaga el seu afecte per aquests tres germans de Betània que, segurament, l’acullen a casa sempre que ve a Jerusalem. Un dia Llàtzer cau malalt i les seves germanes fan avisar Jesús: el nostre germà «aquell que estimes» està malalt. Quan arriba Jesús al llogaret, Llàtzer fa quatre dies que està enterrat. Ja ningú li podrà retornar la vida.

La família està trencada. Quan es presenta Jesús, Maria arrenca a plorar. Ningú la pot consolar. En veure els plors de la seva amiga, Jesús no pot contenir-se i també ell es posa a plorar. Se li trenca l’ànima en sentir la impotència de tots davant la mort. Qui ens pot consolar?

Hi ha en nosaltres un desig insaciable de vida. Passem els dies i els anys lluitant per viure. Ens agafem a la ciència i, sobretot, a la medicina per perllongar aquesta vida biològica, però sempre arriba una última malaltia de la que ningú ens pot curar.

Tampoc ens serviria viure aquesta vida per sempre. Seria horrible un món envellit, ple de vells i de velles, cada vegada amb menys espai per als joves, un món en el qual no es renovés la vida. El que anhelem és una vida diferent, sense dolor ni vellesa, sense fam ni guerres, una vida plenament feliç per a tots.

Avui vivim en una societat que ha estat descrita com “una societat d’incertesa” (Z. Bauman). Mai havia tingut l’ésser humà tant poder per avançar cap a una vida més feliç. I, tanmateix, mai potser s’ha sentit tan impotent davant d’un futur incert i amenaçador. En què podem esperar?

Com els humans de tots els temps, també nosaltres vivim envoltats de tenebres. Què és la vida? Què és la mort? Com s’ha de viure? Com s’ha de morir? Abans de ressuscitar Llàtzer, Jesús diu a Marta aquestes paraules que són per a tots els seus seguidors un repte decisiu: «Jo sóc la resurrecció i la vida. Qui creu en mi, encara que mori viurà… Ho creus, això?»

Tot i amb dubtes i foscor, els cristians creiem en Jesús, Senyor de la vida i de la mort. Només en ell cerquem llum i força per lluitar per la vida i per enfrontar-nos a la mort. Només en ell trobem una esperança de vida més enllà de la vida.

A NOSA ESPERANZA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O relato da resurrección de Lázaro é sorprendente. Por unha parte, nunca se nos presenta a Xesús tan humano, fráxil e entrañábel como neste momento en que lle morre un dos seus mellores amigos. Por outra banda, nunca se nos invita tan directamente a crer no seu poder salvador: «Eu son a resurrección e a vida: quen cree en min, aínda que morra, vivirá… Cres isto

Xesús non oculta o seu cariño para a estes tres irmáns de Betania que, seguramente, o acollen na súa casa sempre que vén a Xerusalén. Un día Lázaro cae enfermo e as súas irmás mándanlle un recado a Xesús: o noso irmán «a quen tanto queres» está enfermo. Cando chega Xesús á aldea, Lázaro leva catro días enterrado. Xa ninguén lle poderá devolver a vida.

A familia está rota. Cando se presenta Xesús, María rompe a chorar. Ninguén a pode consolar. Ao ver os saloucos da súa amiga, Xesús non pode conterse e tamén el bota a chorar. Pártelle a alma sentir a impotencia de todos ante a morte. Quen nos poderá consolar?

Hai en nós un desexo insaciábel de vida. Pasamos os días e os anos loitando por vivir. Agarrámonos á ciencia e, sobre todo, á medicina para prolongar esta vida biolóxica, e sempre chega unha última enfermidade da que ninguén nos pode curar.

Tampouco nos valería vivir esta vida para sempre. Sería horríbel un mundo avelloado, inzado de vellos e vellas, cada vez con menos espazo para os mozos, un mundo no que non se renovase a vida. O que anhelamos é unha vida diferente, sen dor nin vellez, sen fames nin guerras, unha vida plenamente ditosa para todos.

Hoxe vivimos nunha sociedade que foi descrita como “unha sociedade de incerteza” (Z. Bauman). Nunca tivo o ser humano tanto poder para avanzar cara a unha vida máis feliz. E, non obstante, nunca talvez se sentiu tan impotente ante un futuro incerto e ameazador. En qué podemos esperar?

Como os humanos de todos os tempos, tamén nós vivimos rodeados de tebras. Qué é a vida? Qué é a morte? Cómo hai que vivir? Cómo hai que morrer? Antes de resucitar a Lázaro, Xesús di a Marta esas palabras que son para todos os seus seguidores un reto decisivo: «Eu son a resurrección e a vida: e quen crea en min, aínda que morrera vivirá… Cres isto?»

A pesar de dúbidas e escuridades, os cristiáns cremos en Xesús, Señor da vida e da morte. Só nel buscamos luz e forza para loitar pola vida e para enfrontarnos á morte. Só nel atopamos unha esperanza de vida máis alá da vida.

¡Hace un día precioso!

Publicado: 10 enero, 2011 en REFLEXIONES
Etiquetas: ,
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
DOMINGO PÉREZ, domingo@latapia.es
MURCIA.

ECLESALIA, 10/01/11.- …Sí, ya sé que el refrán no termina ahí,
pero yo quiero terminarlo y empezarlo así.

¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
Y está en nuestras manos el que siga haciéndolo
a pesar de los que quieran joderlo (perdón por la expresión).

¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
Ya sé que la vida cotidiana es frágil,
que nuestra historia es frágil,
que nuestro futuro y el de nuestro planeta son frágiles.

Pero, a pesar de todo, a mí me da la gana de decir que
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!

Os veo, sonrío, me reconozco en vuestras vidas,
siento caliente vuestra terca esperanza,
a pesar de haberlo intentado tantas veces,
siento viva vuestra tierna esperanza,
a pesar de haber terminado con heridas en tantas batallas,
que no se me ocurre otra frase mejor que decir que
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!

Enfermedades, paro, pérdidas irreparables,
augurios desastrosos, pequeñas y grandes infidelidades,
odios y cinismos corrosivos…
nos enfrentan cada día que amanece
al reto de levantarnos decididos a encontrar el abrazo
con el que digamos, saliéndonos del corazón:
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!

Hoy, precisamente hoy,
es el momento oportuno para confirmarlo.
¿Para qué esperar mejores días?
No hay mejor día que éste, ni mejor compañía,
porque las personas que creemos en la VIDA RESUCITADA,
Restaurada, Revivida, Rehabilitada, Refundada, Revitalizada,
no tenemos mejor oración para recitar,
cada vez que abrimos los ojos a un nuevo día que…
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!

Si estás triste, di con tristeza…
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
Si estás alegre, canta sonriendo
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
Si el enfado te acogota, dí con rabia
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
Si estás en paz contigo, llora de alegría y di
¡HACE UN DÍA PRECIOSO!
No dejes de decirlo, estés como estés,
sientas dolor o plenitud, con dudas o con certezas…
Quien empeña su vida como vosotras, queridas hermanicas,
como vosotros, queridos hermanicos,
no tiene una frase mejor para cualquier momento del día que
¡¡¡HACE UN DÍA PRECIOSO!!!

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda
la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

A Dios no se le mueren sus hijos

Publicado: 3 noviembre, 2010 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

32 Tiempo ordinario (C) Lucas 20,27-38
A DIOS NO SE LE MUEREN SUS HIJOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 03/11/10.- Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas.

Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.

Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente “nueva”. Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.

Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la “vida eterna”. Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que “el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman”.

Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una “novedad” que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida “preparada” por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.

Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.

Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.

Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: “Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado” (salmo 25,1-2). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

DEUS NÃO É A SUA CRIANÇA MORRE

José Antonio Pagola. Tradução: Redacción de Eclesalia

Jesus sempre foi muito comedida em falar sobre a nova vida depois da ressurreição. No entanto, quando um grupo de ridículo saduceus aristocráticos a fé na ressurreição dos mortos, Jesus responde ao levantar a questão ao seu verdadeiro nível e fazer duas reivindicações básicas.

Primeiro de tudo, Jesus rejeita a idéia pueril dos saduceus que imaginam a vida do ressuscitado como uma extensão da vida que conhecemos hoje. É um erro para representar a vida de ressurreição de Deus de nossas experiências atuais.

Há uma diferença radical entre a nossa vida na terra e que a vida plena, apoiada directamente pelo amor de Deus após a morte. Que a vida é muito “novo”. Portanto, podemos esperar, mas não descrever ou explicar.

As primeiras gerações de cristãos que permaneceram atitude humilde e honesta para o mistério da vida eterna. “ Paulo diz aos crentes de Corinto que isso é algo que “os olhos nunca viram, nem ouvidos ouviram, nem qualquer homem imaginado, algo que Deus tem preparado para aqueles que o amam.”

Estas palavras estão advertindo-nos de orientação saudável e alegre. Por um lado, o céu é uma “novidade” que está além de qualquer experiência terrena, mas por outro lado, a vida é “preparado” por Deus para a plena conformidade com as nossas aspirações mais profundas. A característica da fé não é ingênua satisfazer a curiosidade, mas alimentam o desejo, expectativa e esperança confiante em Deus.

Este é precisamente o que Jesus parece atraente simplesmente um fato aceito pelos saduceus, Deus está na tradição bíblica chama de “Deus de Abraão, Isaac e Jacó”. Embora esses patriarcas estão mortos, Deus ainda é o seu Deus, seu protetor, seu amigo. A morte não pode destruir o amor ea fidelidade de Deus para com eles.

Jesus chama a sua própria conclusão fazendo uma afirmação decisiva da nossa fé: “Deus não é Deus de mortos, mas de vivos, porque para ele todos estão vivos.”Deus é a fonte inesgotável de vida. A morte não é Deus sem deixar seus filhos amados. Quando choramos porque perdemos nesta terra, Deus olha com a vida, porque ele tem recebido no seu amor paternal.

De acordo com Jesus, a união de Deus com os seus filhos não pode ser destruído pela morte. Seu amor é mais forte que a nossa extinção biológica. Portanto, na fé humilde que se atrevem a chamá-lo: “Meu Deus, eu confio em Vós Não fique me enganou.” (Sl 25,1-2).

A DIO NON MUOIONO I FIGLI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù è stato sempre molto sobrio nel parlare della vita nuova dopo la risurrezione. Tuttavia, quando un gruppo di aristocratici sadducei cerca di ridicolizzare la fede nella risurrezione dei morti, Gesù reagisce portando la questione al suo vero livello e facendo due affermazioni essenziali.

Innanzitutto, Gesù respinge l’idea puerile dei sadducei che immaginano la vita dei risorti come un prolungamento della vita che ora conosciamo. È un errore rappresentarci la vita risuscitata da Dio a partire dalle nostre attuali esperienze.

C’è una differenza radicale tra la nostra vita terrena e quella vita piena, sostenuta direttamente dall’amore di Dio dopo la morte. Questa Vita è assolutamente “nuova”. Perciò la possiamo attendere, mai però descrivere o spiegare.

Le prime generazioni cristiane hanno conservato un atteggiamento umile e onesto di fronte al mistero della “vita eterna”. Paolo dice ai credenti di Corinto che si tratta di cose che “occhio non vide né orecchio udì né mai entrarono in cuore di uomo; Dio le ha preparate per coloro che lo amano”.

Queste parole ci servono di sano avvertimento e di orientamento gioioso. Da una parte, il cielo è una “novità” al di là  di qualsiasi esperienza terrena, ma, dall’altra, è una vita “preparata” da Dio per realizzare  in pienezza le nostre più profonde aspirazioni. La caratteristica propria della fede non è soddisfare ingenuamente la curiosità, ma alimentare il desiderio, l‘aspettativa  e la speranza fiduciosa in Dio.

È proprio questo che Gesù cerca appellandosi con tutta semplicità a un fatto accettato dai sadducei: nella tradizione biblica, Dio lo si chiama «Dio di Abramo, di Isacco e di Giacobbe». Nonostante questi patriarchi siano morti, Dio continua a essere il loro Dio, il loro protettore, il loro amico. La morte non ha potuto distruggere l’amore e la fedeltà di Dio nei loro confronti.

Gesù ricava la sua conclusione facendo un’affermazione decisiva per la nostra fede: Dio non è dei morti, ma dei viventi; perché tutti vivono per lui. Dio è sorgente inesauribile di vita. La morte non lascia Dio senza le sue figlie e i suoi figli amati. Quando noi li piangiamo, perché li abbiamo perduti in questa terra, Dio li contempla pieni di vita perché li ha accolti nel suo amore di Padre.

Secondo Gesù, l’unione di Dio con i suoi figli non può essere distrutta dalla morte. Il suo amore è più forte della nostra estinzione biologica. Per questo, con umile fede osiamo invocarlo: “Dio mio, in Te confido; che io non sia confuso ” (salmo 25,1-2).

DIEU NE PERD PAS SES ENFANTS POUR TOUJOURS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Quand Jésus parle de la vie nouvelle après la résurrection, il  reste toujours très sobre. Cependant, lorsqu’un groupe d’aristocrates saducéens essaie de ridiculiser la foi en la résurrection des morts, Jésus réagit en élevant la question à son véritable niveau et en faisant deux affirmations fondamentales.

Jésus rejette avant tout, l’idée puérile des saducéens  qui imaginent la vie des ressuscités  comme une prolongation de cette vie que nous connaissons maintenant.  C’est une erreur que de se représenter la vie ressuscitée par Dieu à partir de nos expériences actuelles.

Il y a  une différence radicale entre notre vie terrestre et cette vie pleine, soutenue directement par l’amour de Dieu après la mort.  Cette Vie est absolument “nouvelle”. C’est pourquoi nous pouvons l’espérer mais jamais la décrire ou l’expliquer.

Les premières générations chrétiennes ont gardé cette attitude humble et honnête face au mystère de la “vie éternelle”. Paul dit aux croyants de Corinthe qu’il s’agit de quelque chose  que “l’oeil n’a jamais vu, que pas une oreille n’a  entendu, qui n’est venu à l’esprit de personne: c’est cela que Dieu a préparé pour ceux qui l’aiment”(1Cor 2,9)

Ces paroles nous avertissent sainement et nous orientent joyeusement. D’un côté, le ciel  est une “nouveauté” qui est au-delà de toute expérience terrestre, mais d’un autre côté, c’est une vie  “préparée” par Dieu en vue du plein accomplissement de nos aspirations les plus profondes.  Ce qui est propre à la foi  ce n’est pas de satisfaire naïvement la curiosité, mais de nourrir le désir, l’attente de Dieu et l’espérance confiante en Lui.

C’est justement cela que Jésus cherche lorsque de façon simple, il fait appel à un fait  accepté par les saducéens: Dieu est appelé dans la tradition biblique “Dieu d’Abraham, d’Isaac et de Jacob”. Même si ces trois patriarches sont morts, Dieu continue d’être leur Dieu, leur protecteur, leur ami. La mort n’a pas pu détruire l’amour et la fidélité de Dieu à leur égard.

Jésus tire sa propre conclusion en faisant une affirmation décisive pour notre foi: “Dieu n’est pas un Dieu de morts mais de vivants; car pour lui, ils  sont tous vivants” Dieu est source inépuisable de vie. La mort ne fait pas perdre à Dieu ses fils et ses filles bien-aimés. Quand nous les pleurons,  les ayant perdus  sur cette terre, Dieu les contemple pleins de vie car il les a accueillis dans  son amour de Père.

Selon Jésus, l’union de Dieu avec ses enfants ne peut être détruite par la mort. Son amour est plus fort que notre extinction biologique. C’est pourquoi, avec une humble foi nous osons l’invoquer: “Mon Dieu, en Toi je me confie. Que je ne sois pas déçu”. (Psaume 25,1-2)

GOD WILL NEVER LOSE HIS CHILDREN

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus never spoke too much about life after the resurrection. That could have been the reason why some rich Sadducees started making fun about the faith in the resurrection of the dead. Jesus responded more seriously and addressed the real issue.

First of all, he said, life after the resurrection will not be a continuation of this life, as we know it now. It is wrong to imagine life after death in terms of our own present experiences.

There will be a total change between this life on earth and the future life, after death, which will depend on God’s bountiful love. The latter will be an absolutely new life. We can only hope for, but never explain or describe it.

The new Christian generations always kept a humble and honest attitude towards this mystery of “eternal life”. Paul tells the Christians of Corinth that it is something that “eye has never seen, or ear heard and no man has ever imagined.” It is something that “God has prepared for those who love Him.”

These words become an encouraging warning and a joyous expectation. First of all, heaven is something “totally new” that no experience on earth can compare; and, on the other hand, such “new life” has been prepared by God for the total fulfilment of our highest aspirations. Faith is not simply the satisfaction of our human desires, but the foundation of our hopes and expectations based on God.

That is, precisely, what Jesus meant when he referred to something all the Sadducees accepted: that God in the Biblical tradition was “The God of Abraham, Isaac and Jacob.” All the Patriarchs had died, yet God continued to be their God, their protector and friend. Death could not destroy God’s love and fidelity towards them.

Jesus draws his own definitive conclusion with regard to our faith: “God is not a God of the dead, but of the living; for Him everyone is alive.” God is an inexhaustible fountain of life. Death does not take away his beloved sons and daughters. When we, here on earth, weep their loss, God sees them full of new life as they are welcomed by their loving Father.

According to Jesus, the relationship between God and his children cannot be destroyed by death. His love is much stronger than our biological extinction. That is why, in humility and simplicity, we dare to say, “To you, o my God, I lift up my soul. Do not let me be shamed.” ( Psalm 25, 1-2 )

HERIOAK EZIN KENDU JAINKOARI BERE SEME-ALABAK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus beti guztiz neurritsua izan da piztuera ondoko biziaz hitz egitean. Halaz guztiz, saduzear aristokraten  talde bat hildakoen piztuera barregarritzat ematen saiatu zenean, aurre egin zion puntu hori bere egiazko mailara jasoz eta oinarrizko bi baieztapen eginez.

Beste ezer baino lehen, uko egin dio saduzearren haur.ikuspegiari, orain ezagutzen dugun bizitza honen luzapentzat ematen baitute berpiztuen bizia. Oker dabiltza Jainkoak berpizturiko bizitza gure egungo esperientziatik imajinatzen dutenean.

Errotiko aldea da lurreko gure bizitzaren eta heriotzaren ondoren zuzeneko sostengutzat Jainkoaren maitasuna izango duen bizi betearen artean. Geroko bizi hori guztiz «berria» da. Horregatik, espero dezakegu, bai, hura, baina deskribatu edo argitu ez, sekula.

Lehen kristau-belaunaldiek jarrera apal eta prestu horri eutsi zioten «betiko biziaren» misterioaren aurrean. Paulok diotse Korintoko fededunei hau dela esperantzaren gaia: «ez begik ikusi, ez belarrik entzun, ez inongo gizakik imajinatu ez duena, bera maite dutenentzat Jainkoak prestatua».

Hitz hauek oharpen sano ditugu eta orientabide gozo. Alde batetik, zerua «berritasun bat» da, lurreko zernahi esperientzia baino harago dena; baina, bestetik, Jainkoak prestatu duen bizia da, gure ametsik hondokoenekoak guztiz asetzeko. Fedearen funtsa ez datza gure ikusmina xaloki betetzean, baizik Jainkoarekiko gure desioa, igurikitzea era esperantza elikatzean.

Horixe da, preseski, Jesusek gogo duena saduzearrek onartzen zuten gertakari batera xume-xume jo duenean: Jainkoari Bibliaren tradizioan «Abrahamen, Isaaken eta Jakoben Jainko» deitzen zaio. Patriarka hauek hilak diren arren, Jainkoak haien Jainko izaten jarraitzen du, haien babesle, haien adiskide. Herioak ezin suntsitu ahal izan du Jainkoaren haiekiko maitasuna eta fideltasuna.

Orduan, bere ondorioa atera du Jesusek gure fedearentzat erabakitzailea den baieztapen hau eginez: «Jainkoa ez da hildakoen Jainko, baizik bizi direnena; zaren harentzat denak baitira bizi». Bizi-iturri agortezina da Jainkoa. Herioak ezin kendu dizkio Jainkoari bere seme-alaba maiteak. Lur honetan galdu ditugulako, guk haietaz negar dagigunean, Jainkoak bizi-bizi dakuski, bere aitatasun-maitasunean bildu dituelako.

Jesusen arabera, Jainkoak bere seme-alabekin duen batasuna ezin suntsitu du herioak. Gure ezkutatze biologikoa baino indartsuagoa da haren maitasuna. Horregatik, fede apalez ausartzen gara dei hau egitera: «Ene Jainko, zugan dut konfiantza. ez diezadala horrek huts egin» (Salmo 25,1-2).

A DÉU NO SE LI MOREN ELS SEUS FILLS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús ha estat sempre molt sobri en parlar de la vida nova després de la resurrecció. No obstant això, quan un grup d’aristòcrates saduceus tracta de ridiculitzar la fe en la resurrecció dels morts, Jesús reacciona elevant la qüestió al seu veritable nivell i fent dues afirmacions bàsiques.

Primer de tot, Jesús rebutja la idea pueril dels saduceus que imaginen la vida dels ressuscitats com a prolongació d’aquesta vida que ara coneixem. És un error representar la vida ressuscitada per Déu a partir de les nostres experiències actuals.

Hi ha una diferència radical entre la nostra vida terrestre i aquesta vida plena, sustentada directament per l’amor de Déu després de la mort. Aquesta Vida és absolutament “nova”. Per això, la podem esperar però mai descriure-la o explicar-la.

Les primeres generacions cristianes van mantenir aquesta actitud humil i honesta davant el misteri de la “vida eterna”. Pau diu als creients de Corint que es tracta d’una cosa que “Cap ull no ha vist mai, ni cap orella ha sentit, ni el cor de l’home somia allò que Déu té preparat per als qui l’estimen”.

Aquestes paraules ens serveixen d’advertència sana i d’orientació joiosa. D’una banda, el cel és una “novetat” que està més enllà de qualsevol experiència terrestre, però, de l’altra, és una vida “preparada” per Déu per al compliment ple de les nostres aspiracions més profundes. No és propi de la fe satisfer ingènuament la curiositat, sinó alimentar el desig, l’expectació i l’esperança confiada en Déu.

Això és, precisament, el que cerca Jesús apel•lant amb tota senzillesa a un fet acceptat pels saduceus: a Déu se l’anomena en la tradició bíblica «Déu d’Abraham, Déu d’Isaac i Déu de Jacob». Tot i que aquests patriarques han mort, Déu continua sent el seu Déu, el seu protector, el seu amic. La mort no ha pogut destruir l’amor i la fidelitat de Déu envers ells.

Jesús treu la seva pròpia conclusió fent una afirmació decisiva per a la nostra fe: «Ell no és Déu de morts, sinó de vius, perquè gràcies a ell tots viuen». Déu és font inesgotable de vida. La mort no va deixant Déu sense els seus fills i filles estimats. Quan nosaltres els plorem perquè els hem perdut en aquesta terra, Déu els contempla plens de vida perquè els ha acollit en el seu amor de Pare.

Segons Jesús, la unió de Déu amb els seus fills no pot ser destruïda per la mort. El seu amor és més fort que la nostra extinció biològica.Per això, amb fe humil ens atrevim a invocar-lo: “En tu confio, Déu meu: que no en tingui un desengany” (Salm 25,2).

A DEUS NON LLE MORREN OS SEUS FILLOS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús foi sempre moi sobrio ao falar da vida nova despois da resurrección. Non obstante, cando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar a fe na resurrección dos mortos, Xesús reacciona elevando a cuestión ao seu verdadeiro nível e facendo dúas afirmacións básicas.

Antes nada, Xesús rexeita a idea pueril dos saduceos que imaxinan a vida dos resucitados como prolongación desta vida que agora coñecemos. É un erro representarmos a vida resucitada por Deus a partir das nosas experiencias actuais.

Hai unha diferenza radical entre a nosa vida terrestre e esa vida plena, sustentada directamente polo amor de Deus despois da morte. Esa Vida é absolutamente “nova”. Por iso, podémola esperar pero nunca describir ou explicar.

As primeiras xeracións cristiás mantiveron esa actitude humilde e honesta ante o misterio da “vida eterna”. Paulo dilles aos crentes de Corinto que se trata de algo que ” nunca o ollo viu nin o oído oíu nin home ningún imaxinou, algo que Deus preparou para os que o aman”.

Estas palabras sérvennos de advertencia sa e de orientación gozosa. Por unha parte, o ceo é unha “novidade” que está máis alá de calquera experiencia terrestre, mas, por outra, é unha vida “preparada” por Deus para o cumprimento pleno das nosas aspiracións máis fondas. O propio da fe non é satisfacer inxenuamente a curiosidade, senón alimentar o desexo, a expectación e a esperanza confiada en Deus.

Isto é, precisamente, o que busca Xesús apelando con toda sinxeleza a un feito aceptado polos saduceos: A Deus chámaselle na tradición bíblica «Deus de Abrahán, de Isaac e de Xacobe». A pesar de que estes patriarcas morreron, Deus segue sendo o seu Deus, o seu protector, o seu amigo. A morte non puido destruír o amor e a fidelidade de Deus cara a eles.

Xesús saca a súa propia conclusión facendo unha afirmación decisiva para a nosa fe: «Deus non é un Deus de mortos, senón de vivos; porque para el todos están vivos». Deus é fonte inesgotábel de vida. A morte non vai deixando a Deus sen os seus fillos e fillas queridos. Cando nós os choramos, porque os perdemos nesta terra, Deus contémplaos cheos de vida, porque os acolleu no seu amor de Pai.

Segundo Xesús, a unión de Deus cos seus fillos non pode ser destruída pola morte. O seu amor é máis forte do que a nosa extinción biolóxica. Por iso, con fe humilde atrevémonos a invocalo: ” Meu Deus, en Ti confío. Non quede eu defraudado” (salmo 25,1-2).