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Avanzando

Publicado: 21 mayo, 2012 en ACTUALIDAD
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AVANZANDO
Desde la Asociación Dando C@lor
JOSÉ ANTONIO ROSA (coordinador de programas de la As. Dando C@lor) y Mª TERESA MUÑOZ (presidenta de la As. Dando C@lor), dandocolorycalor@hotmail.es
BADAJOZ.

ECLESALIA, 21/05/12.- Estimada familia de Eclesalia: Os escribimos desde la Asociación Dando C@lor. Ya hace tiempo que no os enviábamos información acerca de la Misión y la Vida que desde Badajoz (Extremadura, España) estamos realizando y disfrutando (ECLESALIA, 17/07/09 & ECLESALIA, 17/02/11). ¿Por qué hacerlo hoy domingo 20 de mayo? Es sencillo, porque en el Evangelio de este día San Marcos se proclama: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación […]”. Para nosotros es Buena Noticia, compartir que hemos aumentado los niños a los que atendemos desde nuestros programas de ocio y apoyo escolar, cuando están hospitalizados, porque además de los niños de oncología pediátrica (en coordinación con otras instituciones que están volcadas), atendemos a las plantas 5ª y 7ª del Hospital Materno Infantil de Badajoz; también colaboramos con el Centro de Ntra. Sra. de La Luz, centro dedicado a atender de manera integral a personas con algún tipo de discapacidad intelectual, perteneciente el Hogar de Nazaret; y por último, compartir también que, en este julio del 2012, por primera vez, vamos a trabajar de la mano de la ONG Rayito de Luz y Esperanza, ONG de padres y madres peruanas con niños oncológicos en potenciar el proyecto de voluntariado que tienen puesto en funcionamiento en el Hospital Enrique Ribaggliatti en Lima (Perú).

Como veis, seguimos intentando DAR COLOR Y CALOR allá donde podemos y existe necesidad, especialmente donde hay niños y jóvenes que lo necesitan y en red con otras instituciones. Es una aventura de servicio en la que es de agradecer y de admirar el compromiso de todos y cada uno de los voluntarios y las voluntarias, los cuales, intentan, desde su ser familia, apoyar la atención en estas realidades.

A ti, querido/a lector/a de Eclesalia, queremos seguir animándote a ser familia con nosotros, invitándote a marcar “Me gusta” en nuestra página de facebook para que puedas estar al tanto del trabajo que vamos prestando: http://www.facebook.com/pages/Dando-Clor/107996222648615

También facilitamos la dirección de nuestro blog: http://voluntariadodandoclor.blogspot.com Y junto a esto nos podrás encontrar y seguir en twitter: @dandocolorcalor. Nuestra dirección de correo electrónico: dandocolorycalor@hotmail.es

Nos despedimos, quedando a vuestra entera disposición y con el compromiso de intentar seguir siendo Buena Noticia para los demás… Seguimos DANDO COLOR Y CALOR. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Nueve estaciones II

Publicado: 20 mayo, 2010 en PUBLICACIONES
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En ‘Ediciones Khaf’
NUEVE ESTACIONES II
Presentación de “El Camino de la Paz” de Xabier Pikaza
XABIER PIKAZA, pikazena@telefonica.net 
SALAMANCA.

4. Paz y justicia ecológica. Hermano sol, hermana luna

ECLESALIA, 20/05/10.- Conforme al apartado anterior, la paz ha de entenderse como diálogo de vida entre hombres y pueblos. Pues bien, ampliando ese motivo, la Biblia habla de paz como gozo de ser en el mundo, como ha puesto de relieve, de forma simbólica, el relato del diluvio universal (Gen 6-8) y el canto de San Francisco (¡hermano sol, hermana luna).

Políticos y sabios (constructores de la Bomba) tienen en sus manos el destino de la humanidad; pero ellos no están solos (a no ser en casos de absoluta dictadura), sino que dependen del conjunto de la población. Por eso, los que creemos en la paz estamos llamados a crear una cultura de convivencia más honda, al servicio de la vida:

1. Resulta esencial el respeto por la naturaleza. Los conocimientos científicos, que podían servir para mejorar nuestra vida, han venido a convertirse a menudo en un arma terrible, que puede destruir a los mismos hombres. Hemos conocido mejor la naturaleza, de manera que podemos ayudarla y embellecerla, pero hemos empleado esos conocimientos para dominar la tierra de un modo egoísta, poniendo en riesgo su equilibrio y agotando sus recursos, al servicio de unos privilegiados. Sin respeto común y comunión ante la naturaleza podrá haber paz en el mundo.

2. Antes no existía el riesgo de un suicidio cósmico. Ahora existe. Hemos penetrado en algunos secretos del “pensamiento del cosmos”, pero no para decir “hágase” y aumentar su belleza, sino para imponer un criterio utilitario, instrumental, sobre el conjunto de la realidad. En otro tiempo había un mayor respeto por el mundo. Ahora lo hemos perdido y vivimos marcados por una gran lucha de poder, dirigida por los gestores de la política y del capital, empeñados en manipular el mundo al servicio de sus intereses.

3. En ese contexto se entiende la Guerra de la Bomba. Algunos grupos poderosos, que controlan políticamente los resultados de la ciencia, tienen la capacidad de apretar los botones nucleares, para poner una gran cantidad de energía a su servicio o para destruir en un instante la forma de vida actual de este planeta. Ésta sería la guerra final, pues desataría un tipo de violencia más destructora que todas las anteriores, aniquilando la forma de vida actual del mundo. No sabemos si habría un “día después”, si la vida en este planea podría empezar un nuevo ciclo, hasta llegar otra vez al pensamiento (es decir, a la conciencia). Pero nuestra historia concreta habría terminado.

5. Estación Salud. Los pobres curan a los ricos

Jesús se enfrentó con amor eficaz contra unas enfermedades que oprimían y enfrentaban a los hombres y mujeres, siendo así causantes de la guerra más profunda de la tierra. En ese contexto, Buda propuso un camino de liberación interior, expresado a través de la superación personal, individual, de los deseos. Sin oponerse a Buda, Jesús propuso y puso en marcha un camino de liberación integral, dedicando gran parte de su tarea mesiánica a enseñar a los enfermos a curar su enfermedad y a curarse unos a otros.

Jesús fue sólo un maestro interior, ni un pensador (como Platón), ni creador de una comunidad sagrada de sometidos a Dios (como Mahoma), sino un sanador que protestaba contra un orden social donde miles y miles de personas estaban esclavizadas, por su enfermedad personal o social. Esa protesta, a favor de la libertad y comunión de hombres y mujeres define su “anti-guerra”. Jesús no se habría opuesto, en principio, a la medicina científica moderna, pero buscaba algo más hondo: que los hombres y mujeres se aceptaran a sí mismos, en amor, superando la ruptura actual, la situación de lucha en que unos destruyen a los otros.

Jesús quiso que sus “seguidores pobres” curaran a los ricos de esta sociedad dividida y opresora: «Les dio autoridad sobre todos los demonios y les dijo: Curad los enfermos, expulsad demonios… y decid: se acerca el Reino…No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias… En la casa donde entréis, decid: Paz a esta casa… Quedad allí, comed y bebed lo que tengan…» (Lc 10, 1-8; cf. Mc 6, 7-11; Mt 10, 5-13).

Estos “pobres de Jesús” pueden curar a los ricos de la “enfermedad” de su riqueza y de otras enfermedades vinculadas con ella. No cobran por hacerlo, pero tampoco se esconden ni evaden, sino que se dejan invitar por los propietarios, compartiendo con ellos lo que tienen. No curan por mostrar su poder o dominio, sino porque el Reino es fuente de salud y principio de paz universal. Así continúan haciendo lo que hacía Jesús, que no se reservó el monopolio de las curaciones, sino que ofreció su experiencia terapéutica a quienes quisieran seguirle, haciéndoles mensajeros de paz.

Desde la perspectiva normal del sistema, suele suponerse que los grandes curan a los débiles y pobres. En contra de eso, el evangelio indica que son precisamente los más pobres los que curan a los ricos. Las riquezas no sanan (aunque pueden servir en un nivel de medicina externa). Sólo el amor sana de verdad al hombre entero, desde los más pobres.

Esta curación ha de ser integral y se realiza por la palabra y el contacto de la vida, partiendo de los pobres mesiánicos (ricos en humanidad), que actúan así como “médicos” de Reino, portadores de un proyecto de comunicación que ellos ofrece a los ricos que quieran acogerles (ser curados). Entendida así, la terapia de Jesús y de sus seguidores no es una señal externa, de la que podría prescindirse cuando llegue el Reino espiritual, sino que ella misma es la verdad del Reino. En esa línea, los “enemigos” contra los que lucha Jesús no son hombres o mujeres, sino las enfermedades que les oprimen.

No hay paz sin terapia personal y social. Los poderes del mundo utilizan otros medios (más policía y más dinero). Pero así no consiguen la paz, sino un tipo distinto de injusticia y guerra (a no ser que, al mismo tiempo, sobre todo, intenten curar en amor a las personas, en terapia de trasformación radical). Jesús, en cambio, ha propuesto y desarrollado una terapia de paz, a través de un intenso programa de sanación, curando a los hombres y mujeres, para que vivan y compartan la vida (se acojan unos a otros).

6. Hacer justicia, superando un tipo de justicia: Cárcel, una estación a suprimir

La violencia carcelaria forma parte de la última guerra de este mundo y de la abolición de las cárceles (zonas de infierno del mundo) es un momento clave de la pacificación cristiana, según dijo Jesús: “El Espíritu del Señor me ha ungido para liberar a los encarcelados…” (Lc 4, 18).

Vivimos en una sociedad que quiere extender sobre el mundo el ideal de la igualdad-libertad-fraternidad, pero seguimos sometidos a una guerra intensa entre el sistema social dominante y ciertos grupos que parecen peligrosos, a los que se expulsa y/o encarcela. Así logramos un tipo de paz social, pero a costa de “encerrar” (en general ya no matamos) a los que nos estorban.

El sistema ha puesto la propiedad, producción y consumo de bienes al servicio del capital, diciendo que quiere libertad para todos (liberalismo), pero imponiendo un fuerte cautiverio sobre muchos hombres y mujeres a quienes afirma servir. En esa línea, de un modo “consecuente”, para mantener su estructura y la forma de vida de los privilegiados, el Estado (representante del “buen” sistema) expulsa y encierra cada día a más personas en la cárcel, respondiendo con su “guerra” penitencial a la presunta guerra criminal de los encarcelados.

Estamos ante una guerra sin precedentes. Podríamos haber ordenado la cultura al servicio de la vida compartida, en línea de evangelio; pero la hemos puesto, en general, al servicio de un sistema que se defiende (defiende a sus privilegiados), valiéndose para ello de la cárcel. Ciertamente, muchos encarcelados pueden ser y son culpables en línea de sistema, pues son un peligro para el orden social. Pero, en general, ellos son hombres no-insertados, seres que están fuera del tejido social, a veces por su “culpa” (se han separado ellos), pero, casi siempre, a causa de la sociedad (que les expulsa o no logra integrarles).

Por eso, la guerra carcelaria no puede resolverse con una simple re-inserción (y re-educación) de los delincuentes (como pide la Constitución Española, num. 25, 2), sino que exige un cambio de la sociedad en su conjunto. El ideal de paz israelita (asumido por Jesús, según Lc 4, 18-19), la paz mesiánica exige la apertura y superación de este tipo de cárceles, con lo que ello implica de cambio social: no puede ser una vuelta a la situación anterior (a la injusticia del orden actual), sino una gran transformación, una nueva forma de diálogo y encuentro entre el conjunto social y los encarcelados (es decir, entre todos), de manera que puedan surgir vínculos y redes de amor/solidaridad que antes no existían. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Ocho y veinticinco

Publicado: 8 febrero, 2010 en REFLEXIONES
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OCHO Y VEINTICINCO
Reflexión sobre un hecho de vida
JOSÉ MORENO LOSADA, sacerdote capellán en la UEx y consiliario de Acción Católica. jmorenol@unex.es
BADAJOZ.

ECLESALIA, 08/02/10.- Las enfermeras de urgencia del Perpetuo Socorro, en Badajoz, le han preguntado a la coordinadora qué ponían en el cartel de la persona que acababa de morir -suelen escribir siempre el nombre y los apellidos del fallecido-, y ella tras silenciarse y pensar un poco, les ha dicho que deben poner «ocho y veinticinco». Es el único dato que aparece en la burocracia de entrada del paciente en el hospital esa mañana, sólo está tabulada la hora en que se inició el contacto con el enfermo. Lo habían recogido de la calle en la que estaba tendido y sólo; no hay nada que le identifique. Era un transeúnte que vivía en la calle, uno más de los que no sabemos absolutamente nada y que puede morir de frío. Un muerto anónimo en el desconocimiento de todos; sólo nos quedan sus huellas dactilares recogidas por la Policía para intentar localizar quién era. Probablemente no lleguemos a saber nada de él nunca. Murió cómo vivió, sin que nadie le echara cuenta; no estará en las noticias, y nadie se ocupará de su ausencia ni de su cadáver. Un caso que delata, una vez más en esta sociedad, la deshumanización.

Ha sido el hecho de vida que ha relatado Toni, una de las profesionales que participa en el grupo de revisión de vida en el que este año estamos tratando de adentrarnos en la reflexión acerca de la humanización de la sociedad desde las profesiones; estábamos tratando quienes son los que más sufren la deshumanización que se da en la sociedad y en los ámbitos profesionales. Claramente sufren más los más pobres y desprotegidos; cuando las estructuras se resienten y se deshumanizan, son los débiles los que se llevan la peor parte. Lo estamos viendo en esta situación de crisis que nos ha tocado vivir.

La riqueza de la reflexión ha estado en descubrir qué es y qué no es humanizar, y a quien enriquece este proceso cuando se da. Ha sido muy interesante darnos cuenta de que cuando vivimos con un espíritu humanizador en los ámbitos profesionales nos enriquecemos todos; el primer enriquecido es el mismo profesional, vivir desde las claves de la acogida, la escucha, la ternura, la confianza y la fe en el otro es curativo para el que lo ejerce y origina satisfacciones que de ningún otro modo se pueden lograr. Hemos recordado lo que dice Erich Fromm acerca de los que violentan y deshumanizan, que son personas frustradas en el amor: la violencia es el signo del amor frustrado. El horizonte que comenzamos a vislumbrar es la urgencia de la necesidad de recuperar la persona y ponerla en el centro del ser y el quehacer profesional; entender claramente que mi profesión se entiende desde la necesidad del otro y como el medio que tengo de relacionarme con él y enriquecerme en el ejercicio de un servicio que dignifica al que lo realiza y al que lo recibe. Es urgente volver a descubrir el bien interno de las profesiones, la razón de ser de las mismas.

En este punto nos hemos puesto a universalizar el hecho y no ha sido difícil descubrir las necesidades de humanización que se dan en nuestros entornos sociales y profesionales, quiénes son los que más sufren las consecuencias de la deshumanización cuando ésta se da en la Administración, o en los servicios públicos, o en los ámbitos profesionales concretos, así como en las empresas y otros trabajos especializados. Todo esto está siendo un primer paso de concienciación, deseamos entrar de lleno en el tema de humanizar nuestras profesiones, será apasionante seguir dándole vueltas y profundizando en la realidad para ver como sanarla y sanarnos a nosotros mismos.

Respecto al ‘ocho y veinticinco’ no dejo de darle vueltas al tema de los transeúntes que deambulan por las calles y viven a la intemperie. Durante las navidades, los medios de comunicación nos han hablado de tres instituciones que estaban preocupadas por este tema: Cáritas estaba haciendo un estudio de todos los que viven en las calles en Mérida y Badajoz para responder a sus necesidades atendiendo a sus características y demandas, conozco el proyecto y voluntarios que participan y los felicito por el tema y el modo de agenciarlo; Cruz Roja también hablaba de que salían por las noches con voluntarios para hablar con ellos y llevarles algo caliente; el Ayuntamiento de Badajoz también decía estar preocupado y llevando a cabo acciones. Sin embargo ‘ocho y veinticinco’ ha muerto sin nombre ni apellidos. Como mucha gente que colabora con una de estas instituciones, e incluso con las tres, yo lo hago con gusto, nos preguntamos: no sería mucho mejor que estas tres instituciones se sentaran juntas y se plantearan un proyecto común, que tuviera como centro a los pobres que están a la intemperie por encima de la identidad de cada una de ellas y que de verdad realizaran un planteamiento compartido que llevara a poner nombre y apellidos, desde la justicia y el compromiso, a todos los sin nombre. No estaría nada mal que el Ayuntamiento pacense liderara esta iniciativa de trabajo común y se lanzara de una vez por todas para propiciar el ejercicio de la ciudadanía a través de estas instituciones y su personal técnico y de voluntariado, dejando ese deseo de buscar glorias propias a costa de los que mueren sin nombre y apellidos.

Yo me quedo, como Toni, con el recuerdo de ‘ocho y veinticinco’ y más de un día haré a esa hora un minuto de silencio para escuchar atentamente la vida y acercarme a cualquier persona anónima que pase a mi lado para preguntarle su nombre y decirle el mío, como ha contado Agustín que hizo con la persona que se cruzaba todos los días al venir de llevar a sus hijos al colegio, después de tres años ya se llaman por sus nombres cuando se saludan y se desean los buenos días. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

08/02/2010 13:01. Autor: ecleSALia.net ;?>