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Desorbitación paulina

Publicado: 15 abril, 2013 en REFLEXIONES
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velaDESORBITACIÓN PAULINA

JOSÉ Mª RIVAS CONDE, ECLESALIA, 15/04/13.- Desvelada la condición alegórica de Adán y Eva, no se ve cómo pueda mantenerse el paralelismo entre Adán y Jesús, formulado en Rom 5,12-21. Aun entendiendo al primero como síntesis simbólica de todos los hombres, no se salvaría la inserción en la realidad de lo que son piezas de una alegoría. Ninguna pierde su condición de “invención” literaria por tener ésta finalidad catequética.

La cuestión aquí entonces es cómo entender estos versículos de la Escritura.

Pienso que lo único asumible en este pasaje como contenido de la Revelación, es el carácter salvador de la figura y obra de Jesús. Pero no el paralelismo “entre la desobediencia de uno solo y la obediencia de otro solo” (vv. 18-19), con el que Pablo trata al parecer de explicarlas y enaltecerlas. Los mimbres con que lo tejió son simple herencia de su judaísmo natal y de su educación farisaica.

Aun más: sin apelar de entrada a la falsedad de tales mimbres, sino dándolos inicialmente por ciertos, el paralelismo no presenta en sí mismo más valor que el de una reflexión desafortunada e ilógica de creyente enfervorizado.

Porque desde ellos mismos lo propio sería decir que la riada de muerte dejada por el supuesto pecado de Adán, no tiene ni punto de comparación con la estela de salvación lograda por la Redención. Tanto, que puestos a valorar ambas en lo relativo a su eficacia más perceptible, hasta se podría contestar a Pablo, aunque le chirriara a alguno: “¡Valiente pamema de salvación que anuncias!”.

Según el propio pasaje en efecto, la humanidad entera quedó arrasada por ese pecado de forma férrea e inexorable. Sin dejar escape a nadie. Tanto, que de la muerte, afirmada consecuencia de ese pecado, no se libra absolutamente nadie. Ni siquiera los hombres anteriores a la Ley mosaica, que Pablo considera libres de delito. Es decir, de pecado personal imputable.

La falta de delito la basa el Apóstol en el hecho de no haber estado aún promulgada la Ley judía en el tiempo de esos hombres, y en el de no haber pecado ninguno de ellos «a imitación de la trasgresión de Adán» (vv. 12-14). Esto es: violando el supuesto precepto inicial de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Parece que a tenor de la formación recibida, era el único que juzgaba promulgado antes de la Ley mosaica.

Dado lo inaceptable de la identificación paulina entre delito y pecado, muy propia de las sociedades teocráticas, y lo descabellado de su traslado al ámbito de lo divino, parecería más acertado que hubiera dejado de lado la realidad de esas muertes, como fundamento de la firmeza y universalidad del «por el delito de uno solo, todo remata en condenación para todos» (v. 18). Parece que hubiera sido preferible asentarlo sobre la realidad de no librarse de la muerte, ni los que con toda seguridad carecen de delito y pecado imputable. Como son los niños que mueren antes de tener capacidad para cometer pecado personal.

Con cualquiera de esas dos bases, lo que se infiere del planteamiento paulino es que el “presunto” pecado original es más eficaz y universalmente dañino que beneficiosa la Redención. Porque ésta no da su fruto de justificación con esa universalidad, ni con semejante inexorabilidad en ningún caso. Jamás adviene ella sin adhesión personal a Jesús (Heb 4,2). Al menos la de una fe implícita.

La adhesión personal por la fe es requerimiento del que nunca se puede prescindir, y ésta, tampoco se la confiere la Redención universal ni inexorablemente a todos. Sino que queda siempre sujeta al albur de nuestro libre albedrío. En cualquier momento se puede aceptar o rechazar; se puede dejar o no que “el pecado reine en nosotros haciéndonos instrumento de iniquidad a su servicio”.  Y esto es así, sean muchos, pocos o ninguno los que rechacen la fe incluso en el último momento. Cuestión ésta distinta, en la que aquí no entro para nada.

Desde la perspectiva de la necesidad de la libre adhesión personal por la fe, no se puede entender tal como suena, que “todos los hombres están implicados en el pecado de Adán, como todos están implicados en la justicia de Cristo” (Catecismo de la I.C. nº 404). Ni incluso ―insisto― en la hipótesis de que el pecado original fuera real, y no alegórico. Obviamente mientras se afirme que es tan ineludible la primera de esas dos implicaciones, que nadie puede escapar a ella; mientras que no así la segunda. Así no cabe hablar de paralelismo. Por la imposibilidad de que él exista entre la fuerza de lo que se dice suceder inexorablemente y la eficacia que se afirma amarrada a la contingencia de la aceptación libre del hombre.

¿Que el fruto de la Redención se consumará cuando «esto corruptible se revistiere de incorruptibilidad y esto mortal se revistiere de inmortalidad» (1Cor 15,54)? ¡Por supuesto! Pero igual sucederá, si se diere el caso, con la consumación definitiva de la ruina del pecado. Así la salvación de la Redención no aventaja a la inexorable avalancha de ruina del pecado. Con toda seguridad en este mundo. Ni tampoco, al menos en teoría, en la eternidad.

Mientras llega la consumación, aquí, en donde precisamente se supone haberse cometido el pecado original y en donde ciertamente se obró la Redención,  el primero se afirma arrasar a todos. Hasta dejar a la naturaleza humana «herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al imperio de la muerte e inclinada al pecado» (Catecismo I.C., nº 405). Por el contrario la Redención, aunque afirmada con potencia para borrar todos los pecados, incluido el “original” supuesto,  y para devolver al hombre a la confiada y serena relación “amistosa” con su Creador, no puede nada contra lo demás. A pesar de ella «las consecuencias de ese pecado para la naturaleza, debilitada e inclinada al mal, persisten en el hombre» (Catecismo I.C., nº cit.).

Esto es lo enseñado. Pero, ¿se dan de veras esas consecuencias para la naturaleza humana? Desde luego que, de darse, no podría suceder a consecuencia de un pecado alegórico e inexistente en la realidad. La afirmación del debilitamiento del hombre ¿no responderá a desconocimiento y falta de aceptación de nuestra limitación natural? La de su inclinación al mal ¿no provendrá de un repudio inadvertido de las en absoluto posibles reminiscencias en nosotros de nuestro origen animal? ¿O no será más bien intento inconsciente de excluirnos cómoda y vanamente del escándalo que damos a “los niños que creen en Jesús”, al enseñarles, incluso de buena fe, e inculcarles con nuestros comportamientos, un sistema de valores “animales”, del todo ajenos al Evangelio?

La muerte, propiamente tal, tampoco puede ser consecuencia del pecado alegórico de Adán. Ella, si se desea conservar la palabra como expresión de condenación, no puede ya entenderse en sentido propio. Sino como simple metáfora de los males derivados del apartarse uno mismo de Dios con actos propios.

El uso metafórico del término “muerte” es frecuente en todos los idiomas. Como encarecimiento de grandes males y fuertes contrariedades y aflicciones. Parece que en origen, y más en los siglos siguientes hasta el mismo XX, la palabra se entendió en sentido propio. Sin embargo, ahora ya es imposible entenderla así, ni en éste ni en otros muchos pasajes de la Biblia, incluso no alegóricos. Imposible al menos para quienes, a pesar de fundarnos en ella en la búsqueda de la verdad, rechazamos transgredir la obviedad de las cosas.

La inquietud, el temor, la vergüenza, el verse “desnudo” ante Dios, “el huir y esconderse entre los árboles” para no encontrarse así con Él;  o, en suma, la pérdida de la relación amistosa del hombre con su Creador, es fracaso rotundo de su ser y de su destino a vivir con gozo, en confianza y sosiego íntimos, su condición esencial de creatura relacionable con Dios. ¡Un muy grande mal para él ya en este mundo! Y en esto consiste la “muerte” que experimentan los que pertenecen al diablo. Muerte concretada en desazones e inquietudes más o menos aflictivas y agobiantes, perturbadoras a veces hasta el suicidio real.

Tal “muerte” sí cabe contraponerla a la “justificación” de la Redención, en cuanto que ésta sí “tiene capacidad” para anular la totalidad de ruinas personales, obra no de la repercusión sobre todos los hombres de un único pecado simbólico, sino de los personales de cada uno. Anularlas, “resucitándonos” a todos y restituyéndonos, ya y aquí, al estado inicial de seres relacionados con nuestro Creador en la confianza y en el sosiego libre de temor (Rom 8,15). Y tantas veces cuantas después de pecar volvamos con pesar a nuestro Padre (Lc 15,20-24), reconociendo con humildad nuestro pecado (Lc 18,13-14).

Esta vuelta a nuestro estado inicial es realidad que se puede captar tanto en la vida propia, como en la de otros, cuando se tiene la ocasión de acompañarles en su auténtico regreso al Padre. Su huella es emoción de desahogo, de liberación de temores y angustias religiosas, de seguridad interior, de gozo remansado… Es el aroma que exhala a raudales el “Tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Lc 7,50). Con sólo esto, ¡”ya” quedó la pecadora salvada de la “muerte”! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

maternida de DiosPALABRA DE DIOS EN NOSOTRAS
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 08/03/13.- “Espíritu de Dios en nosotras, derriba los muros antiguos, construye una nueva creación, levanta la ciudad de Dios”, (Ain Karem, ‘Ruah’, CD Alégrate, 2004).

“Escucha hijo mío: atiende a mis palabras y hazlas tuyas […] No las pierdas de vista y consérvalas en tu corazón, porque de él brota la vida” (Prov.4). Quiero hablarte desde este corazón donde siempre he guardado todas las cosas (Lc.2,19), pues sé por experiencia que en lo secreto, en la intimidad de esa habitación propia, es donde mejor se escucha la Palabra que seduce y enamora (“la voy a seducir, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón”, Os. 2,14).

Óyeme hijo; “oídme, descendientes de Jacob […] Yo he cargado con vosotros desde antes que nacierais. Os he llevado en brazos y seguiré siendo la misma cuando seáis viejos” (Is.46). Pero vosotros, hombres célibes y casados, hijos todos nacidos de mujer: habéis roto el pacto de la carne y la sangre, habéis olvidado la alianza de amor que os ofrecimos por pura gracia. Durante siglos nos habéis repudiado y expulsado de la vida espiritual; habéis demonizado la sabiduría y la riqueza de nuestro sexo, queriendo reducirnos al rol de vírgenes incorpóreas o de prostitutas y brujas mistéricas (místicas e histéricas), perseguidas y condenadas a la hoguera. Y eso a pesar de que “cuando Israel era niño yo lo amé […]. Fui yo quien le enseñó a caminar, quien lo tomaba de la mano. Pero él no quiso reconocer que era yo quien lo cuidaba” (Os.11,1-4).

Si hoy eres un hombre capaz de ternura, si sabes acoger a otros como un padre al hijo pródigo o un samaritano al herido, es porque antes yo te di ese mismo cariño: el de la madre al hijo de sus entrañas (Sal.139,13), el de las parteras que te aguardaban (Sifrá y Puá: Ex.1,15-22) y las mujeres que –antes de conocerte– te daban la bienvenida al mundo con infinito entusiasmo (“cuando Isabel oyó el saludo de María […] exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito tu hijo», Lc.1,41-42). Piensa que si sabemos amar es porque alguien nos amó primero (1Jn.4,19). Y no te hablo ya de un amor espiritual, sino de ese otro que se teje con caricias y gestos concretos.

Si te haces cargo de la fragilidad humana y sabes que nada puedes tú solo; si valoras la comunidad como espacio de acompañamiento y cuidado mutuo, es porque alguien te amó y cuidó de ti cuando eras un niño indefenso: una madre que supo arroparte entre sus brazos para darte cobijo; una mujer que te ofreció la seguridad de su amor verdadero (“como el niño que no sabe dormirse sin cogerse a la mano de su madre, así mi corazón viene a ponerse sobre tus manos al caer la tarde” Liturgia de las horas). Si hoy saboreas las mieles del amor es porque yo te amamanté con la leche dulce de mis pechos (por eso puedes soñar con “la tierra que mana leche y miel”, Ex.33,3). Si disfrutas el sabor del pan ácimo y el vino, la carne y las tortas de pasas, las manzanas y toda clase de frutas, es porque te alimenté desde que estabas en mi vientre. Y después he cocinado cada día para verte crecer fuerte y sano, hasta ser el hombre que hoy eres (ése que adora mis pucheros y es capaz de renunciar a todo por un plato de lentejas).

Has aprendido a hablar, pero has olvidado que fui yo quien te dio un nombre, quien escuchó tus primeros balbuceos, quien te susurraba palabras de ternura y te contaba cuentos, y cantaba en la noche hasta verte dormido. Has llegado a comprender que todos llevamos dentro una ruah, un soplo divino que nos renueva y purifica. Pero has olvidado que fui yo quien compartió contigo esa primera bocanada de aire fresco, pulmón a pulmón, latido a latido. Y seguí dándote mi aliento hasta comprobar que lo habías hecho tuyo y podrías seguir viviendo sin mí. Entonces yo misma corté el cordón que nos unía para darte libertad. Convencida –eso sí– de que algo mío permanecerá siempre en ti, y tú en mi corazón para toda la vida (“No temas, que yo te he liberado; yo te llamé por tu nombre […] te aprecio, eres de gran valor y te amo. No tengas miedo, pues yo estoy contigo”, Is.43).

Aprendiste a caminar y a danzar con la gracia de David ante el Arca. ¿Quieres hacerme creer que lo lograste solo, que el único modelo que te ofrecimos fue el de “la perversa Salomé”? Recuerda que desde antiguo las mujeres nos hemos encargado de preservar las tradiciones, los bailes, la cultura. Que tras pasar el Mar Rojo “María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tamboril y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando. Y María entonaba: Cantad al Señor, espléndida es su gloria” (Ex.15,20). Así se hace desde tiempos remotos en las celebraciones rituales, que las mujeres presidían por ser las chamanas, sabias, curanderas y mediadoras de lo sagrado en la tribu. Lógico considerando que en nuestra carne se gesta el milagro de una nueva vida. Lógico, pues las celebraciones suelen corresponder a los ciclos de la agricultura y el calendario lunar (su influjo en las mareas y la menstruación femenina). Lógico, pues “lo divino” se relacionaba con la fertilidad de la mujer y la tierra. Ya has oído hablar de las diosas blancas y las civilizaciones matriarcales. Haz memoria, hijo, desempolva ese saber que has escondido porque te desestabiliza y te da miedo.

El mismo miedo que durante siglos te ha hecho recurrir a la violencia. La sangre que tú has derramado procede del sacrificio de enemigos y animales, de matanzas y cruentas batallas provocadas por tu sed de poder y conquista. Acaso pensabas que así te encontrarías a ti mismo. La sangre que yo vierto –y que a tus ojos me hace impura– procede sólo de mí misma: a nadie duele, a nadie extermina. Al contrario, es la sangre que irriga tus venas y que vierto en cada regla como un torrente de agua viva y promesa de fertilidad. “¡Fuente de los jardines – dice el Cantar de los Cantares – pozo de aguas vivas que fluyen del Líbano!” (4,14). Te asusta lo que no entiendes, ¡incluso nuestra risa de mujeres libres! (Gn.18,12) sin darte cuenta que el humor es también amor, y que de ella nacen hombres fuertes y libres como Isaac, como tú mismo.

Pobre hijo mío… tan frágil que has endurecido el corazón para que no te duela. Pero no debes temer: la acción de Dios–en–nosotras es una hermosa Historia de Amor. Somos mujeres fuertes que hemos permanecido fieles en la adversidad: velando por la unidad del pueblo y su justicia (Judit y Ester); sirviendo a Dios con dedicación callada (Ana: Lc.2,36-38); atendiendo a otros con la generosidad y hospitalidad de un corazón entregado (Lidia: Hch.16; Marta: Lc.10, la viuda pobre: Lc.21, la mujer del perfume: Lc.7). Matriarcas como Tamar (Gn.38 y Mt.1,5), Rahab (Jos.2,1), Rut y Betsabé (Mt. 1,5-6); mujeres con iniciativa (la samaritana: Jn.4; la hemorroísa: Mc.5; las Marías que van al sepulcro: Mt.28), que se han puesto en pie (Mc.1,29 y Lc.13,10). Mujeres que han entregado su vida con un “hágase” decidido (María: Lc.1,38) y cuidan unas de otras, tendiendo lazos de sororidad cómplice y afectiva (la de Rut y Noemí, de Isabel y María, la de tantas mujeres anónimas que nunca sabremos quiénes eran ni qué hacían).

Toda la Historia –sagrada y cotidiana– pasa por cada una de ellas, por todas nosotras. Mujeres de manos curtidas capaces de ofrecer la caricia más suave; mujeres fuertes que han sacado adelante pueblos y familias; mujeres que han parido hijos y enterrado a sus maridos. En la sombra y silenciadas, han seguido su tarea por fidelidad al propio llamado: sin alzar la voz ni imponerse por la fuerza, sino a través de la escucha, el trabajo y la entrega. No han tenido reconocimientos ni han hecho alarde de poder con ostentosos ritos, pues el suyo es un lenguaje de amor callado y efectivo, de palabras luminosas y gestos serenos, de tesón y esfuerzo cuya recompensa ha sido ver la abundante Vida que han sembrado en el camino. Instrumentos de paz, profetas en lo cotidiano, mujeres sensibles al Espíritu que mora en ellas, encarnado.

Ojalá recibas luz para entender la acción de Dios–en–nosotras, hijo, y consigas vernos al fin de otra manera. Porque aunque te hiera el orgullo, debo recordarte que no soy yo quien viene de tu costilla sino que eres tú el que salió de mi útero. Y pues tanto te miras el ombligo, piensa por añadidura que al separarte de mí fue cuando perdiste la cordura. En nombre de todas las mujeres, tu Madre que te quiere. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Hoy

Publicado: 28 diciembre, 2011 en BIBLIA
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Santa María Madre de Dios Lucas 2, 16-21
HOY
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/12/11.- Lucas concluye su relato del nacimiento de Jesús indicando a los lectores que «María guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón». No conserva lo sucedido como un recuerdo del pasado, sino como una experiencia que actualizará y revivirá a lo largo de su vida.

No es una observación gratuita. María es modelo de fe. Según este evangelista, creer en Jesús Salvador no es recordar acontecimientos de otros tiempos, sino experimentar hoy su fuerza salvadora, capaz de hacer más humana nuestra vida.

Por eso, Lucas utiliza un recurso literario muy original. Jesús no pertenece al pasado. Intencionadamente va repitiendo que la salvación de Jesús resucitado se nos está ofreciendo “HOY”, ahora mismo, siempre que nos encontramos con él. Veamos algunos ejemplos.

Así se nos anuncia el nacimiento de Jesús: “Os ha nacido hoy en la ciudad de David un Salvador”. Hoy puede nacer Jesús para nosotros. Hoy puede entrar en nuestra vida y cambiarla para siempre. Con él podemos nacer a una existencia nueva.

En una aldea de Galilea traen ante Jesús a un paralítico. Jesús se conmueve al verlo bloqueado por su pecado y lo sana ofreciéndole el perdón: “Tus pecados quedan perdonados”. La gente reacciona alabando a Dios: “Hoy hemos visto cosas admirables”. También nosotros podemos experimentar hoy el perdón, la paz de Dios y la alegría interior si nos dejamos sanar por Jesús.

En la ciudad de Jericó, Jesús se aloja en casa de Zaqueo, rico y poderoso recaudador de impuestos. El encuentro con Jesús lo transforma: devolverá lo robado a tanta gente y compartirá sus bienes con los pobres. Jesús le dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Si dejamos entrar a Jesús en nuestra vida, hoy mismo podemos empezar una vida más digna, fraterna y solidaria.

Jesús está agonizando en la cruz en medio de dos malhechores. Uno de ellos se confía a Jesús: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Jesús reacciona inmediatamente: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. También el día de nuestra muerte será un día de salvación. Por fin escucharemos de Jesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en mí, hoy estarás conmigo para siempre.

Hoy comenzamos un año nuevo. Pero, ¿qué puede ser para nosotros algo realmente nuevo y bueno? ¿Quién hará nacer en nosotros una alegría nueva? ¿Qué psicólogo nos enseñará a ser más humanos? De poco sirven los buenos deseos. Lo decisivo es estar más atentos a lo mejor que se despierta en nosotros. La salvación se nos ofrece cada día. No hay que esperar a nada. Hoy mismo puede ser para mí un día de salvación. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

HOJE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Lucas conclui o seu relato do nascimento de Jesus indicando aos leitores que «Maria guardava todas estas coisas meditando-as no seu coração». Não conserva os acontecimentos como uma recordação do passado, mas como uma experiência que atualizará e reviverá ao longo da sua vida.

Não é uma observação inútil. Maria é modelo de fé. Segundo este evangelista, acreditar em Jesus Salvador não é recordar acontecimentos de outros tempos, mas experimentar hoje a Sua força salvadora, capaz de fazer mais humana a nossa vida.

Por isso, Lucas utiliza um recurso literário muito original. Jesus não pertence ao passado. Intencionadamente vai repetindo que a salvação de Jesus ressuscitado nos é oferecida “HOJE”, agora mesmo, sempre que nos encontramos com Ele. Vejamos alguns exemplos.

Assim nos anunciam o nascimento de Jesus: “Nasceu-vos hoje na cidade de David, um Salvador”. Hoje pode nascer Jesus para nós. Hoje pode entrar na nossa vida e transforma-la para sempre. Com Ele podemos nascer para uma existência nova.

Numa aldeia da Galileia trazem perante Jesus um paralítico. Jesus comove-se ao vê-lo bloqueado pelo seu pecado e cura-o oferecendo-lhe o perdão: “Os teus pecados ficam perdoados”. As pessoas reagem exaltando a Deus: “Hoje vimos coisas admiráveis”. Também nós podemos experimentar hoje o perdão, a paz de Deus e a alegria interior se nos deixamos curar por Jesus.

Na cidade de Jericó, Jesus aloja-se em casa de Zaqueu, rico e poderoso cobrador de impostos. O encontro com Jesus transforma-o: devolverá o que roubou a tanta gente e partilhará os seus bens com os pobres. Jesus diz-lhe: “Hoje chegou a salvação a esta casa”. Se deixamos entrar Jesus na nossa vida, hoje mesmo podemos começar uma vida mais digna, fraterna e solidária.

Jesus está agonizando na cruz no meio dos malfeitores. Um deles confia-se a Jesus: “Jesus, lembra-te de mim quando estiveres no Teu reino”. Jesus reage imediatamente: “Hoje estarás comigo no paraíso”. Também no dia da nossa morte será um dia de salvação. Por fim escutaremos de Jesus essas palavras tão esperadas: descansa, confia em mim, hoje estarás comigo para sempre.

Hoje começamos um ano novo. Mas, que pode ser para nós algo realmente novo e bom? Quem fará nascer em nós uma alegria nova? Que psicólogo nos ensinará a ser mais humanos? De pouco servem os bons desejos. O decisivo é estar mais atentos ao melhor que se desperta em nós. A salvação é-nos oferecida cada dia. Não há que esperar a ninguém. Hoje mesmo pode ser para mim um dia de salvação.

 

OGGI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Luca conclude il suo racconto della nascita di Gesù indicando ai lettori che «Maria custodiva tutte queste cose meditandole nel suo cuore». Non conserva quello che è accaduto come un ricordo del passato, ma come un’esperienza che attualizzerà e ravviverà lungo la sua vita.

Non è un’osservazione gratuita. Maria è modello di fede. Secondo questo evangelista, credere in Gesù Salvatore non è ricordare avvenimenti di altri tempi, ma sperimentare oggi la sua forza salvatrice, capace di fare più umana la nostra vita.

Per questo Luca utilizza una forma letteraria molto originale. Gesù non appartiene al passato. Intenzionalmente va ripetendo che la salvezza di Gesù risorto ci viene offerta “OGGI”, proprio ora, ogni volta che ci incontriamo con lui. Vediamo alcuni esempi.

Così ci viene annunciata la nascita di Gesù: Oggi nella città di Davide è nato per voi un Salvatore. Oggi Gesù può nascere per noi. Oggi può entrare nella nostra vita e cambiarla per sempre. Con lui possiamo nascere a un’esistenza nuova.

In un villaggio della Galilea portano davanti a Gesù un paralitico. Gesù si commuove nel vederlo bloccato nel suo peccato e lo risana offrendogli il perdono: Ti sono perdonati i tuoi peccati. La gente reagisce lodando Dio: Oggi abbiamo visto cose meravigliose. Anche noi possiamo sperimentare oggi il perdono, la pace di Dio e la gioia interiore se ci lasciamo risanare da Gesù.

Nella città di Gerico, Gesù entra nella casa di Zaccheo, ricco e potente esattore di imposte. L’incontro con Gesù lo trasforma: renderà quello che ha rubato a tanta gente e dividerà i suoi beni con i poveri. Gesù gli dice: Oggi in questa casa è venuta la salvezza. Se lasciamo entrare Gesù nella nostra vita, oggi stesso possiamo iniziare una vita più degna, fraterna e solidale.

Gesù sta agonizzando sulla croce in mezzo a due malfattori. Uno di loro si rivolge fiduciosamente a Gesù: Gesù, ricordati di me quando sarai nel tuo regno. Gesù risponde immediatamente: Oggi sarai con me nel paradiso. Anche il giorno della nostra morte sarà un giorno di salvezza. Alla fine ascolteremo da Gesù queste parole tanto attese: Riposa, confida in me, oggi sarai con me per sempre.

Oggi iniziamo un anno nuovo. Ma ci può essere per noi qualcosa di realmente nuovo e buono? Chi farà nascere in noi una gioia nuova? Quale psicologo ci insegnerà a essere più umani? A poco servono i buoni desideri. È decisivo essere più attenti al meglio che si risveglia in noi. La salvezza ci è offerta ogni giorno. Non c’è affatto da attendere. Oggi stesso può essere per me un giorno di salvezza.

 

AUJOURD’HUI

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Luc conclut son récit de la naissance de Jésus en indiquant aux lecteurs que “Marie gardait toutes ces choses en les méditant dans son cœur”. Elle ne conserve pas ce qui est arrivé comme un souvenir du passé mais comme une expérience qu’elle va actualiser et revivre tout au long de sa vie.

Ce n’est pas une remarque gratuite. Marie est modèle de foi. D’après cet évangéliste, croire en Jésus Sauveur ne consiste pas à rappeler des évènements d’autrefois, mais à expérimenter aujourd’hui leur force salvatrice, capable de rendre plus humaine notre vie.

C’est pourquoi Luc a recours à un procédé littéraire très original. Jésus n’appartient pas au passé. Il répète expressément que le salut de Jésus ressuscité nous est offert « AUJOURD’HUI », maintenant même, chaque fois que nous le rencontrons. Voyons-en quelques exemples.

Voici comment est annoncée la naissance de Jésus : « Aujourd’hui, dans la ville de David, un Sauveur vous est né ». Jésus peut naître aujourd’hui pour chacun de nous. Il peut entrer aujourd’hui dans notre vie et la changer pour toujours. Avec lui nous pouvons naître à une existence nouvelle.

Dans un village de Galilée, un paralysé est amené devant Jésus. Jésus est ému en le voyant bloqué par son péché, et il le guérit en lui offrant son pardon : « Tes péchés sont pardonnés ». Les gens réagissent en louant Dieu : « Aujourd’hui nous avons vu des choses merveilleuses ». Nous aussi, nous pouvons expérimenter aujourd’hui le pardon, la paix de Dieu et la joie intérieure si nous nous laissons guérir par Jésus.

Dans la ville de Jéricho, Jésus loge chez Zachée, un riche et puissant collecteur d’impôts. Il est transformé par la rencontre avec Jésus : il rendra tout ce qu’il a volé à tant de monde et partagera ses biens avec les pauvres. Jésus lui dit : « Aujourd’hui, le salut est entré dans cette maison ». Si nous laissons Jésus entrer dans nos vies, nous pouvons, aujourd’hui même, commencer une vie plus digne, plus solidaire et plus fraternelle.

Lorsque Jésus agonise sur la croix entre deux malfaiteurs, l’un d’entre eux lui dit : « Jésus, souviens-toi de moi quand tu seras dans ton royaume ». Jésus réagit immédiatement : « Aujourd’hui, tu seras avec moi en paradis ». Le jour de notre mort sera aussi un jour de salut. Nous entendrons enfin Jésus nous dire ces paroles tant attendues : repose-toi, fais-moi confiance, aujourd’hui tu seras avec moi pour toujours.

Nous commençons aujourd’hui une nouvelle année. Mais, qu’est-ce qui peut être pour nous quelque chose de neuf et de bon ? Qui fera naître en nous une joie nouvelle ? Quel psychologue nous apprendra à être plus humains ? Les bons souhaits ne suffisent pas. Ce qui est décisif, c’est d’être plus attentifs à ce qui s’éveille en nous de meilleur. Le salut nous est offert chaque jour. Il ne faut rien attendre. Aujourd’hui même peut être pour moi un jour de salut.

 

“TODAY

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Luke finishes his narrative of the birth of Jesus saying that “Mary treasured all these things and pondered them in her heart.” She does not keep them as memory of the past, but as something she will remember for the rest of her life.

That is not a casual remark. Mary is a model of faith. According to the evangelist, believing in Jesus our Saviour does not simply consist in remembering past events, but in reliving today His saving power that can revitalize our human lives.

Hence Luke makes use of a very original literary form. Jesus does not simply belong to the past. The evangelist very deliberately keeps saying that the salvation of the risen Christ is being offered to us TODAY, just now, as long as we go out to meet Him. Let us consider some of these examples.

This is how the birth of Jesus is announced: “Today in the town of David a Saviour has been born to you.” Today Jesus could be born to us. He could enter our lives and change them for good. With Him we could experience a totally new life.

In a villageof Judea, they brought a paralytic to Jesus. He felt pity because he saw he was blocked by the evil spirit and offered him pardon: “Your sins are forgiven.” The people around were astonished and said: “Today we have seen wonderful things.” We, too, can experience today the forgiveness, the peace and interior joy if we allow ourselves to be healed by Jesus.

In the city of Jericho, Jesus stayed at the home of Zacchaeus, a rich and influential tax collector. This encounter with Jesus transformed him: he decided to return all the money he had taken from many people and shared the rest with the poor. Jesus said: “Today, salvation has come to his house.” If we allow Jesus to enter into our lives, today we shall begin a new life of solidarity and compassion.

Jesus was dying on the cross between two thieves. One of them had started to believe in him and said: “Jesus, remember me when you come into your kingdom.” Jesus turned to him and said: “Today you will be with me in paradise.” Similarly, our own death may turn into a day of salvation for us. On that day, we shall hear the words of Jesus: come, trust in me, because today you will be with me forever.

Today, we begin a New Year. For us, however, what can really be good or new? Who can bring give us new life or joy? Is there any psychologist who can teach us to become more humane? Mere good wishes cannot change our lives. What really will change us must be found within our own selves. Salvation is offered to us each day. We cannot simply wait for it. Today could be for each one of us a day of salvation.

 

GAUR

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesusen jaiotzaren kontakizuna honela bukatzen du Lukasek: irakurleei adieraziz «Mariak gauza hauek guztiak bihotzean gordetzen dituela». Ez du gordetzen gertatua, iraganeko zenbait oroitzapen bezala, baizik bere bizitza guztian eguneratuko eta berbiziko duen esperientzia bezala.

Ez da funtsik gabeko oharpena. Fede-eredu dugu Maria. Ebanjelari honen iritziz, Jesus Salbatzaileagan sinestea ez da aspaldiko garai bateko gauzak gogoratzea, baizik haren indar salbatzailea gaur esperimentatzea, gure bizitza gizatarrago egiteko gai dela esperimentatzea.

Horregatik, baliabide literario berezi-bereziaz baliatzen da Lukas. Jesus ez da iraganeko norbait. Nahita errepikatzen du ezen Jesus berpiztuaren salbazioa «GAUR» berean ari zaigula eskaintzen, harekin topo egiten dugun bakoitzean. Hona adibide batzuk.

Honela iragartzen digu Jesusen jaiotza: «Daviden hirian Salbatzaile bat jaio zaizue gaur». Gaur ere jaio daiteke Jesus guretzat. Gaur sar daiteke gure bizitzan eta alda dezake betiko. Bizi berrira jaio gaitezke harekin.

Galileako herrixka batean ezindu bat ekarri diote Jesusi. Hau hunkitu egin da, hura bekatuak blokeaturik ikustean, eta sendatu egin du barkazioa eskainiz: «Barkatuak dituzu zeure bekatuak». Jainkoa goratuz erreakzionatu du jendeak: «Gauza harrigarriak ikusi ditugu gaur». Guk ere esperimenta dezakegu barkazioa, Jainkoaren bakea eta barneko poza, Jesusi senda gaitzan uzten badiogu.

Jeriko hirian, Jesusek Zakeoren etxean hartu du ostatu, zerga-biltzaile aberats eta boteretsu haren etxean. Jesusekin topo egiteak erabat eraldatu du Zakeo: hainbat jenderi lapurtua itzuliko du eta pobreekin partekatuko bere aberastasunak. Jesusek diotso: «Gaur salbazioa iritsi da etxe honetara». Jesusi geure bizitzan sartzen uzten badiogu, gaur berean hasi ahal izango dugu geuk ere biziera duin, haurride arteko eta solidario bat.

Jesus hilzorian da gurutzea, bi gaizkileren artean. Haietako batek konfiantza hartu du Jesusengan: «Jesus, gogora zaitez nitaz zeure erreinuan izango zarenean». Bat-batean erreakzionatu du Jesusek: «Gaur nirekin izango zara paradisuan». Gure heriotzako ordua ere salbazio-eguna izango da. Hainbeste espero genituen hitz hauek entzungo ditugu azkenean: hartzazu atseden, izan konfiantza nigan, gaur nirekin izango zara, eta betiko.

Gaur urteberria hasi dugu. Baina, zer izan daiteke guretzat zerbait berri eta on? Zeinek jaioaraziko du gugan poz berri bat? Zein psikologok irakatsiko digu gizatasun handiagoko izaten? Ezer gutxirako dira desio onak. Gugan ernetzen den gauzarik hoberenerako esna bizitzea da garrantzia duena. Egunero eskaintzen digu Jainkoak salbazioa. Ez da zertan ezeren zain egon. «Gaur» hau bera izan daiteke niretzat salbazio-egun.

 

AVUI

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Lluc acaba el seu relat del naixement de Jesús indicant als lectors que «Maria guardava tot això en el seu cor». No conserva els fets com un record del passat, sinó com una experiència que actualitzarà i reviurà al llarg de la seva vida.

No és una observació gratuïta. Maria és model de fe. Segons aquest evangelista, creure en Jesús Salvador no és recordar esdeveniments d’altres temps, sinó experimentar avui la seva força salvadora, capaç de fer més humana la nostra vida.

Per això, Lluc utilitza un recurs literari molt original. Jesús no pertany al passat. Intencionadament va repetint que la salvació de Jesús ressuscitat se’ns està oferint “AVUI”, ara mateix, sempre que ens trobem amb ell. Vegem-ne alguns exemples.

Així se’ns anuncia el naixement de Jesús: “Avui, a la ciutat de David, us ha nascut el Salvador”. Avui pot néixer Jesús per a nosaltres. Avui pot entrar a la nostra vida i canviar-la per sempre. Amb ell podem néixer a una existència nova.

En un llogarret de Galilea porten davant Jesús un paralític. Jesús es commou en veure’l bloquejat pel seu pecat i el guareix oferint-li el perdó: “Els teus pecats són perdonats”. La gent reacciona lloant Déu: “Avui hem vist coses admirables”. També nosaltres podem experimentar avui el perdó, la pau de Déu i l’alegria interior si ens deixem curar per Jesús.

A la ciutat de Jericó, Jesús s’allotja a casa de Zaqueu, ric i poderós recaptador d’impostos. La trobada amb Jesús el transforma: tornarà el que ha robat a tanta gent i compartirà els seus béns amb els pobres. Jesús li diu: “Avui ha arribat la salvació a aquesta casa”. Si deixem entrar Jesús en la nostra vida, avui mateix podem començar una vida més digna, més fraterna i més solidària.

Jesús està agonitzant en la creu enmig de dos malfactors. Un d’ells es confia a Jesús: “Jesús, recorda’t de mi quan siguis al teu regne”. Jesús reacciona immediatament: “Avui seràs amb mi al paradís”. També el dia de la nostra mort serà un dia de salvació. Per fi escoltarem de Jesús aquestes paraules tan esperades: descansa, confia en mi, avui seràs amb mi per sempre.

Avui comencem un any nou. Però, què pot ser per a nosaltres quelcom realment nou i bo? Qui farà néixer en nosaltres una alegria nova? Quin psicòleg ens ensenyarà a ser més humans? De poc serveixen els bons desitjos. El que és decisiu és estar més atents a tot el bo i millor que es desperta en nosaltres. La salvació se’ns ofereix cada dia. No cal esperar res. Avui mateix pot ser per a mi un dia de salvació.

 

HOXE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Lucas conclúe o seu relato do nacemento de Xesús indicando aos lectores que «María gardaba todas estas cousas meditándoas no seu corazón». Non conserva o sucedido como un recordo do pasado, senón coma unha experiencia que actualizará e revivirá ao longo da súa vida.

Non é unha observación gratuíta. María é modelo de fe. Segundo este evanxelista, crer en Xesús Salvador non é recordar acontecementos doutros tempos, senón experimentar hoxe a súa forza salvadora, capaz de facer máis humana a nosa vida.

Por iso, Lucas utiliza un recurso literario moi orixinal. Xesús non pertence ao pasado. Intencionadamente vai repetindo que a salvación de Xesús resucitado se nos está ofrecendo “HOXE”, agora mesmo, sempre que nos atopamos con el. Vexamos algúns exemplos.

Así se nos anuncia o nacemento de Xesús: “Naceuvos hoxe na cidade de David un Salvador”. Hoxe pode nacer Xesús para nós. Hoxe pode entrar na nosa vida e cambiala para sempre. Con el podemos nacer a unha existencia nova.

Nunha aldea de Galilea traen ante Xesús a un paralítico. Xesús conmóvese ao velo bloqueado polo seu pecado e sándao ofrecéndolle o perdón: “Os Teus pecados quedan perdoados”. A xente reacciona gabando a Deus: “Hoxe vimos cousas admirábeis”. Tamén nós podemos experimentar hoxe o perdón, a paz de Deus e a alegría interior se nos deixamos sandar por Xesús.

Na cidade de Xericó, Xesús alóxase na casa de Zaqueu, rico e poderoso recadador de impostos. O encontro con Xesús transfórmao: devolverá o roubado a tanta xente e compartirá os seus bens cos pobres. Xesús dille: “Hoxe chegou a salvación a esta casa”. Se deixamos entrar a Xesús na nosa vida, hoxe mesmo podemos empezar unha vida máis digna, fraterna e solidaria.

Xesús está a agonizar na cruz no medio de dous delincuentes. Un deles confíase a Xesús: “Xesús, acórdate de min cando esteas no teu reino”. Xesús reacciona inmediatamente: “Hoxe estarás comigo no paraíso”. Tamén o día da nosa morte será un día de salvación. Por fin escoitaremos de Xesús esas palabras tan esperadas: descansa, confía en min, hoxe estarás comigo para sempre.

Hoxe comezamos un ano novo. Pero, que pode ser para nós algo realmente novo e bo? Quen fará nacer en nós unha alegría nova? Que psicólogo nos ensinará a ser máis humanos? De pouco serven os bos desexos. O decisivo é estar máis atentos ao mellor que esperta en nós. A salvación ofrécesenos cada día. Non hai que esperar a nada. Hoxe mesmo pode ser para min un día de salvación.

En un pesebre

Publicado: 21 diciembre, 2011 en BIBLIA
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Natividad del Señor Lucas 2, 1-14
EN UN PESEBRE
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 21/12/11.- Según el relato de Lucas, es el mensaje del Ángel a los pastores el que nos ofrece las claves para leer desde la fe el misterio que se encierra en un niño nacido en extrañas circunstancias en las afueras de Belén.

Es de noche. Una claridad desconocida ilumina las tinieblas que cubren Belén. La luz no desciende sobre el lugar donde se encuentra el niño, sino que envuelve a los pastores que escuchan el mensaje. El niño queda oculto en la oscuridad, en un lugar desconocido. Es necesario hacer un esfuerzo para descubrirlo.

Estas son las primeras palabras que hemos de escuchar: «No tengáis miedo. Os traigo la Buena Noticia: la alegría grande para todo el pueblo». Es algo muy grande lo que ha sucedido. Todos tenemos motivo para alegrarnos. Ese niño no es de María y José. Nos ha nacido a todos. No es solo de unos privilegiados. Es para toda la gente.

Los cristianos no hemos de acaparar estas fiestas. Jesús es de quienes lo siguen con fe y de quienes lo han olvidado, de quienes confían en Dios y de los que dudan de todo. Nadie está solo frente a sus miedos. Nadie está solo en su soledad. Hay Alguien que piensa en nosotros.

Así lo proclama el mensajero: «Hoy os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor». No es el hijo del emperador Augusto, dominador del mundo, celebrado como salvador y portador de la paz gracias al poder de sus legiones. El nacimiento de un poderoso no es buena noticia en un mundo donde los débiles son víctima de toda clase de abusos.

Este niño nace en un pueblo sometido al Imperio. No tiene ciudadanía romana. Nadie espera en Roma su nacimiento. Pero es el Salvador que necesitamos. No estará al servicio de ningún César. No trabajará para ningún imperio. Solo buscará el reino de Dios y su justicia. Vivirá para hacer la vida más humana. En él encontrará este mundo injusto la salvación de Dios.

¿Dónde está este niño? ¿Cómo lo podemos reconocer? Así dice el mensajero: «Aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». El niño ha nacido como un excluido. Sus padres no le han podido encontrar un lugar acogedor. Su madre lo ha dado a luz sin ayuda de nadie. Ella misma se ha valido, como ha podido, para envolverlo en pañales y acostarlo en un pesebre.

En este pesebre comienza Dios su aventura entre los hombres. No lo encontraremos en los poderosos sino en los débiles. No está en lo grande y espectacular sino en lo pobre y pequeño. Hemos de escuchar el mensaje: vayamos a Belén; volvamos a las raíces de nuestra fe. Busquemos a Dios donde se ha encarnado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NUM CASEBRE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Segundo o relato de Lucas, é a mensagem do Anjo aos pastores o que nos oferece a chaves para ler a partir da fé o mistério que se encerra num menino nascido em estranhas circunstâncias nos arredores de Belém.

É a noite. Uma claridade desconhecida ilumina as trevas que cobrem Belém. A luz não desce sobre o lugar onde se encontra o menino, mas que envolve os pastores que escutam a mensagem. O menino fica oculto na escuridão, num lugar desconhecido. É necessário fazer um esforço para o descobrir.

Estas são as primeiras palavras que temos de escutar: «Não tenhais medo. Trago-vos a Boa Nova: a alegria grande para todo o povo». É algo muito grande o que sucedeu. Todos temos motivo para nos alegrarmos. Esse menino não é de Maria e José. Nasceu para todos. Não é só de uns privilegiados. É para toda as pessoas.

Os cristãos, não temos de nos juntar a estas festas. Jesus é de quem o segue com fé e de quem o esqueceu, de quem confia em Deus e dos que duvidam de tudo. Ninguém está só frente aos seus medos. Ninguém está só na sua solidão. Há Alguém que pensa em nós.

Assim o proclama o mensageiro: «Hoje nasceu o Salvador: o Messias, o Senhor». Não é o filho do imperador Augusto, dominador do mundo, celebrado como salvador e portador da paz graças ao poder das suas legiões. O nascimento de um poderoso não é uma boa notícia num mundo onde os débeis são vítimas de todo o tipo de abusos.

Este menino nasce num povo submetido ao Império. Não tem cidadania romana. Ninguém espera em Roma o Seu nascimento. Mas é o Salvador que necessitamos. Não estará ao serviço de nenhum César. Não trabalhará para nenhum império. Só procurará o reino de Deus e a Sua justiça. Viverá para fazer a vida mais humana. Nele encontrará este mundo injusto, a salvação de Deus.

Onde está este menino? Como o podemos reconhecer? Assim diz o mensageiro: «Aqui tendes o sinal: encontrareis um menino envolto em panos e deitado num casebre». O menino nasceu como um excluído. Os seus pais não puderam encontrar um lugar acolhedor. A sua mãe deu à luz sem a ajuda de ninguém. Ela mesma se valeu, como pode, para envolve-lo em panos e deitá-lo num casebre.

Neste casebre começa Deus a Sua aventura entre os homens. Não o encontraremos nos poderosos mas sim nos fracos. Não está no grande e espetacular mas no pobre e pequeno. Temos de escutar a mensagem: vamos a Belém; voltemos às raízes da nossa fé. Procuremos Deus onde encarnou.

IN UNA MANGIATOIA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Secondo il racconto di Luca è il messaggio dell’Angelo ai pastori quello che offre la chiave per leggere nella fede il mistero racchiuso nel bimbo nato in strane circostanze nella periferia di Betlemme.

È notte. Un chiarore sconosciuto illumina le tenebre che coprono Betlemme. La luce non discende sul luogo dove si trova il bambino, ma avvolge i pastori che ascoltano il messaggio. Il bambino resta nascosto nell’oscurità, in un luogo sconosciuto. È necessario fare uno sforzo per scoprirlo.

Queste sono le prime parole che dobbiamo ascoltare: Non temete: ecco vi annuncio una grande gioia, che sarà di tutto il popolo. È qualcosa di molto grande quello che è accaduto. Tutti abbiamo motivo per rallegrarci. Questo bambino non è di Maria e di Giuseppe. Ci è nato a tutti. Non è solo di alcuni privilegiati. È per tutti.

Noi cristiani non dobbiamo accaparrarci queste feste. Gesù è di coloro che lo seguono con fede e di quelli che lo hanno dimenticato, di quelli che confidano in Dio e di quelli che dubitano di tutto. Nessuno è solo di fronte alle sue paure. Nessuno è solo nella sua solitudine. C’è Qualcuno che pensa a noi.

Così proclama il messaggero: Oggi è nato per voi un Salvatore, che è Cristo Signore. Non è il figlio dell’imperatore Augusto, dominatore del mondo, celebrato come salvatore e portatore della pace grazie al potere delle sue legioni. La nascita di un potente non è una buona notizia in un mondo in cui i deboli sono vittime di ogni sorta di abusi.

Questo bambino nasce in un paese sottomesso all’Impero. Non ha cittadinanza romana. Nessuno aspetta a Roma la sua nascita. Ma è il Salvatore di cui abbiamo bisogno. Non sarà a servizio di nessun Cesare. Non lavorerà per nessun impero. Cercherà solo il Regno di Dio e la sua giustizia. Vivrà per fare la vita più umana. In lui questo mondo ingiusto troverà la salvezza di Dio.

Dove sta questo bambino? Come lo possiamo riconoscere? Il messaggero dice così: Questo per voi il segno: troverete un bambino avvolto in fasce, adagiato in una mangiatoia. Il bambino è nato come un escluso. I suoi genitori non gli hanno potuto trovare un luogo accogliente. Sua madre lo ha dato alla luce senza l’aiuto di nessuno. Lei stessa si è data da fare, come ha potuto, per avvolgerlo in fasce e adagiarlo en una mangiatoia.

In questa mangiatoia Dio inizia la sua avventura fra gli uomini. Non lo troveremo tra i potenti, ma tra i deboli. Non è nelle cose grandi e spettacolari, ma nelle povere e piccole. Dobbiamo ascoltare il messaggio: andiamo a Betlemme; torniamo alle radici della nostra fede. Cerchiamo Dio dove si è incarnato.

 

DANS UNE MANGEOIRE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

D’après le récit de Luc, c’est le message de l’Ange aux bergers qui nous offre la clé pour une lecture, à partir de la foi, du mystère enfermé dans cet enfant né aux alentours de Bethléem dans d’étranges circonstances.

Il fait nuit. Une clarté inconnue éclaire les ténèbres qui couvrent Bethléem. La lumière ne descend pas sur l’endroit où se trouve l’enfant mais elle enveloppe des bergers qui écoutent le message. L’enfant reste caché dans l’obscurité, dans un lieu inconnu. Il faut faire un effort pour le découvrir.

Voici les premiers mots que nous aurons à entendre: “N’ayez pas peur. Je vous apporte une Bonne Nouvelle : une grande joie pour tout le peuple ». Quelque chose de grand vient d’arriver. C’est un motif de joie pour nous tous. Cet enfant n’est pas celui de Marie et de Joseph. Il est né pour nous tous. Il n’appartient pas à quelques privilégiés. Il appartient à tout le monde.

Nous, chrétiens, nous ne devons pas nous emparer de ces fêtes. Jésus appartient à ceux qui le suivent avec foi et à ceux qui l’ont oublié ; à ceux qui mettent leur confiance en Dieu et à ceux qui doutent de tout. Personne n’est seul devant ses peurs. Personne n’est seul dans sa solitude. Il y a quelqu’un qui pense à nous.

C’est ce qui est proclamé par le messager: “Aujourd’hui un Sauveur vous est né : C’est le Messie, le Seigneur ». Ce n’est pas le fils de l’empereur Auguste, maître du monde, célébré comme sauveur et comme porteur de la paix grâce au pouvoir de ses légions. La naissance d’un être puissant, n’est pas une bonne nouvelle dans un monde où les faibles sont les victimes de toute sorte d’abus.

Cet enfant naît dans un peuple soumis à l’Empire. Il n’a pas la citoyenneté romaine. Personne à Rome n’attend sa naissance. Mais c’est lui le Sauveur dont nous avons besoin. Il ne sera au service d’aucun César. Il ne travaillera pour aucun Empire. Il ne cherchera que le Royaume de Dieu et sa justice. Il vivra pour rendre la vie plus humaine. C’est en lui que ce monde injuste trouvera le salut de Dieu.

Où se trouve cet enfant? Comment pourrons –nous le reconnaître ? Voici ce que dit le messager : « Voici le signe que je vous donne : vous trouverez un enfant enveloppé de langes et couché dans une mangeoire ». L’enfant est né comme un exclu. Ses parents n’ont pu trouver un lieu accueillant. Sa mère l’a enfanté sans l’aide de personne. Elle-même s’est arrangée comme elle a pu, pour l’envelopper dans les langes et pour le coucher dans la mangeoire.

C’est dans cette mangeoire que Dieu commence son aventure avec les hommes. Ce n’est pas chez les puissants que nous le trouverons mais chez les faibles. Ce n’est pas dans les grandeurs et dans les choses spectaculaires qu’il se trouve mais dans ce qui est pauvre et petit. Nous devons écouter le message : allons à Bethléem ; retournons aux racines de notre foi. Cherchons Dieu là où il s’est incarné.

IN A MANGER

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

According to Luke’s story, it is the Angel’s message to the shepherds that offers us the keys to open somehow the mystery of the Child’s birth in such strange circumstances, outsideBethlehem.

It all happened at night. But the glory of the Lord shone all around them inBethlehem. This light did not shine upon the place where the child was born, but on the shepherds who were listening to the angel. The Child was hidden amidst darkness, in an unknown place. One had to search for Him and find Him in a manger.

These are the first words that we could hear: “Do not be afraid. Listen, I bring you news of great joy, a joy to be shared by the whole people.” Something very great has taken place. We all have reasons to be very happy. This Child is not the child of Mary and Joseph. This Child is born to all of us. He is not only the Child of just these happy parents. He is born for all of us.

Christians must not keep this feast just for us alone. Jesus belongs to all who have faith in Him as well as to those who have forgotten Him. He is God of those who trust in Him as well as of those who doubt about everything. Nobody is left alone with his fears. Nobody is abandoned in his solitude. There is always someone who remembers us.

That’s what the messenger proclaimed: “A Saviour has been born to you; he is the Christ, the Lord.” He is not the son of Emperor Augustus, owner of the whole world, proclaimed as the saviour and bearer of peace, thanks to the power of his legions. The birth of such powerful men was never good news to the poor people who suffered all kinds of oppression.

This Christ was born in a country subject to the Empire. They are not Roman citizens. Nobody inRomeawaited his birth. Still, he would be the Saviour they all needed. He will not be subject to any Caesar. He will not work for any empire. He will seek only theKingdomofGodand his justice. He will seek to make humanity more just for everyone. It will be in Him that this world of injustice will find God’s salvation.

Where can we find this Child? How can we recognize Him? Listen to the messenger: “Here is a sign for you: you will find a baby wrapped in swaddling clothes and lying in a manger.” This child has been born homeless. His parents couldn’t find a place to welcome him. His mother gave birth without anyone’s help. She alone tried to protect Him

with swaddling clothes and laid Him in a manger.

It was in this manger that God began his adventure among men. We will never find Him among the powerful, but among the poor and the needy. He is not found with the great and the famous, but among the small and the forgotten ones. Let us listen to the message: Let us go toBethlehem; let us return to the roots of our Faith. Let us search for our God where he became flesh and one of us.

 

GANBELA BATEAN

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Lukasen kontaeraren arabera, Aingeruak artzainei ekarritako mezuak eskaintzen digu giltza misterioa fedetik irakurri ahal izateko; alegia, Betleemetik kanpo inguruabar arraroetan jaio den haurraren misterioa irakurtzeko.

Gaua da. Argi ezezagun batek egiten du dirdira, Betleem estaltzen duen ilunean. Ez du dirdiratzen haurra dagoen lekuan, baizik eta haren mezua entzuten ari diren artzainak biltzen ditu. Haurra ezkutuan da ilunpean, leku ezjakin batean. Ahalegin bat egin beharra da hura aurkitzeko.

Hona entzun behar ditugun lehenengo hitzak: «Ez beldur izan. Berri ona dakarkizuet: poz handia herri guztiarentzat». Egundoko gauza bat gertatu da. Guztiok dugu alaitzeko arrazoia. Haur hori ez da Maria eta Joserena. Guztiontzat jaio da. Ez da jende pribilegiatu batena. Jende guztiarentzat da.

Kristauek ez genituzke hartu behar jai hauek geureak bailiran. Fedez jarraitu diotenena da Jesus eta hartaz ahaztu direnena, Jainkoagan konfiantza dutenena eta dena koloka jartzen dutenena. Inor ez dago bakarrik bere beldurren aurrean. Inor ez dago bakarrik bere bakardadean. Bada gu gogoan gaituen norbait.

Horixe aldarrikatu du mezulariak: «Salbatzailea jaio zaigu gaur; Mesias, Jauna». Ez da Augusto enperadorearen semea, mundua dominatzen duen horrena, ez da jendeak salbatzailetzat eta bere soldadu-legioen bidez bakearen ekarletzat duen horrena. Boteretsu baten jaiotza ez da berri on, jende ahula abusu-mota guztien biktima den munduan.

Inperioak mendean duen herri batean jaio da gure haur hau. Ez da erromatar hiritarra. Inor ez dago haur hau jaio zain Erroman. Baina behar dugun salbatzailea da. Ez da jarriko inongo Zesarren zerbitzura. Ez du lan egingo inongo inperiorentzat. Soilik, Jainkoaren erregetza bilatuko du eta haren zuzentasuna. Bizitza gizatarrago egiteko biziko da. Honengan aurkituko du gure mundu zuzengabe honek Jainkoaren salbazioa.

Non dago, ordea, haur hau? Nola antzeman ahal diogu? Hona zer dioen mezulariak: «Hona seinalea: haur bat aurkituko duzue, oihaletan bildua, ganbela batean etzana». Zokoratu bat bezala jaio da gure haur hau. Gurasoek ezin aurkitu izan diote leku erosorik. Inoren laguntzarik gabe munduratu du amak. Bera bakarrik baliatu da ama, ahal bezala, haurra oihaletan bildu eta ganbelan etzateko.

Ganbela honetan hasi du Jainkoak bere abentura, gizakion artean. Ez dugu aurkituko boteretsuen artean, baizik ahulen artean. Ez dago gauza handi-mandi eta ikusgarrietan, baizik gauza pobre eta xumeetan. Entzun dezagun mezua: goazen Betleemera; itzul gaitezen geure fedearen sustraietara. Bila dezagun Jainkoa haragi egin den leku hartan.

 

EN UNA MENJADORA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Segons el relat de Lluc, és el missatge de l’Àngel als pastors el que ens ofereix les claus per llegir des de la fe el misteri que s’amaga en un nen nascut en estranyes circumstàncies als afores de Betlem.

És de nit. Una claredat desconeguda il • lumina les tenebres que cobreixen Betlem. La llum no baixa sobre el lloc on es troba el nen, sinó que envolta els pastors que escolten el missatge. El nen queda ocult en la foscor, en un lloc desconegut. Cal fer un esforç per descobrir-lo.

Aquestes són les primeres paraules que hem d’escoltar: «No tingueu por: Us anuncio una Bona Notícia que portarà a tot el poble una gran alegria». És una cosa molt gran el que ha succeït. Tots tenim motius per alegrar-nos-en. Aquest nen no és de Maria i de Josep. Ens ha nascut a tots. No és només d’uns privilegiats. És per a tothom.

Els cristians no hem d’acaparar aquestes festes. Jesús és dels que el segueixen amb fe i dels que l’han oblidat, dels qui confien en Déu i dels que dubten de tot. Ningú no està sol davant les seves pors. Ningú no està sol en la seva solitud. Hi ha Algú que pensa en nosaltres.

Així ho proclama el missatger: «Avui us ha nascut el Salvador, que és el Messies, el Senyor». No és el fill de l’emperador August, dominador del món, celebrat com a salvador i portador de la pau gràcies al poder de les seves legions. El naixement d’un poderós no és bona notícia en un món on els febles són víctimes de tota classe d’abusos.

Aquest nen neix en un poble sotmès a l’Imperi. No té ciutadania romana. Ningú espera a Roma el seu naixement. Però és el Salvador que necessitem. No estarà al servei de cap César. No treballarà per cap imperi. Només buscarà el regne de Déu i la seva justícia. Viurà per fer la vida més humana. En ell hi trobarà aquest món injust la salvació de Déu.

On és aquest nen? Com el podem reconèixer? Això diu el missatger: «Això us servirà de senyal: trobareu un infant faixat amb bolquers i posat en una menjadora». El nen ha nascut com un exclòs. Els seus pares no li han pogut trobar un lloc acollidor. La seva mare l’ha infantat sense ajuda de ningú. Ella mateixa s’ha valgut, com ha pogut, per embolicar-lo amb bolquers i posar-lo en una menjadora.

En aquesta menjadora comença Déu la seva aventura entre els homes. No el trobarem en els poderosos sinó en els febles. No està en les coses grans i espectaculars sinó en el pobre i petit. Hem d’escoltar el missatge: anem a Betlem; tornem a les arrels de la nostra fe. Busquem Déu allà on s’ha encarnat.

NUN PRESEBE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Segundo o relato de Lucas, é a mensaxe do Anxo aos pastores a que nos ofrece as claves para ler dende a fe o misterio que se encerra nun neno nacido en estrañas circunstancias nos arredores de Belén.

É noite pecha. Unha claridade descoñecida ilumina as tebras que cobren Belén. A luz non descende sobre o lugar onde se atopa o neno, senón que envolve aos pastores que escoitan a mensaxe. O neno fica oculto na escuridade, nun lugar descoñecido. É necesario facer un esforzo para descubrilo.

Estas son as primeiras palabras que temos de escoitar: «Non teñades medo. Tráiovos a Boa Noticia: a alegría grande para todo o pobo». É algo moi grande o que sucedeu. Todos temos motivo para alegrarnos. Ese neno non é de María e Xosé. Naceunos a todos. Non é solo duns privilexiados. É para toda a xente.

Os cristiáns non temos de acaparar estas festas. Xesús é dos que o seguen con fe e dos que o esqueceron, de quen confía en Deus e dos que dubidan de todo. Ninguén está só fronte aos seus medos. Ninguén está só na súa soidade. Hai Alguén que pensa en nós.

Así o proclama o mensaxeiro: «Hoxe naceuvos un Salvador: o Mesías, o Señor». Non é o fillo do emperador Augusto, dominador do mundo, celebrado como salvador e portador da paz grazas ao poder das súas lexión. O nacemento dun poderoso non é boa noticia nun mundo onde os débiles son vítima de toda clase de abusos.

Este neno nace nun pobo sometido ao Imperio. Non ten cidadanía romana. Ninguén espera en Roma o seu nacemento. Pero é o Salvador que necesitamos. Non estará ao servizo de ningún César. Non traballará para ningún imperio. Solo buscará o reino de Deus e a súa xustiza. Vivirá para facer a vida máis humana. Nel atopará este mundo inxusto a salvación de Deus.

Onde está este neno? Como o podemos recoñecer? Así di o mensaxeiro: «Aquí tedes o sinal: atoparedes un neno envolvido en cueiros e deitado nun presebe». O neno naceu como un excluído. Os seus pais non lle puideron atopar un lugar acolledor. A súa nai deunos a luz sen axuda de ninguén. Ela mesma se valeu, como ben puido, para envolvelo en cueiros e deitalo nun presebe.

Neste presebe comeza Deus a súa aventura entre os homes. Non o atoparemos nos poderosos senón nos débiles. Non está no grande e espectacular senón no pobre e pequeno. Temos de escoitar a mensaxe: vaiamos a Belén; volvamos ás raíces da nosa fe. Busquemos a Deus onde se encarnou.

Buena Noticia

Publicado: 30 noviembre, 2011 en BIBLIA
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2 Adviento (B) Marcos 1, 1-8
BUENA NOTICIA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 30/11/11.- A lo largo de este nuevo año litúrgico los cristianos iremos leyendo los domingos el evangelio de Marcos. Su pequeño escrito arranca con este título: «Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Estas palabras nos permiten evocar algo de lo que encontraremos en su relato.

Con Jesús «comienza» algo nuevo. Es lo primero que quiere dejar claro Marcos. Todo lo anterior pertenece al pasado. Jesús es el comienzo de algo nuevo e inconfundible. En el relato, Jesús dirá que “el tiempo se ha cumplido”. Con él llega la Buena Noticia de Dios.

Esto es lo que están experimentando los primeros cristianos. Quien se encuentra vitalmente con Jesús y penetra un poco en su misterio, sabe que empieza una vida nueva, algo que nunca había experimentado anteriormente.

Lo que encuentran en Jesús es una «Buena Noticia». Algo nuevo y bueno. La palabra «Evangelio» que emplea Marcos es muy frecuente entre los primeros seguidores de Jesús y expresa lo que sienten al encontrarse con él. Una sensación de liberación, alegría, seguridad y desaparición de miedos. En Jesús se encuentran con “la salvación de Dios”.

Cuando alguien descubre en Jesús al Dios amigo del ser humano, el Padre de todos los pueblos, el defensor de los últimos, la esperanza de los perdidos, sabe que no encontrará una noticia mejor. Cuando conoce el proyecto de Jesús de trabajar por un mundo más humano, digno y dichoso, sabe que no podrá dedicarse a nada más grande.

Esta Buena Noticia es Jesús mismo, el protagonista del relato que va a escribir Marcos. Por eso, su intención primera no es ofrecernos doctrina sobre Jesús ni aportarnos información biográfica sobre él, sino seducirnos para que nos abramos a la Buena Noticia que sólo podremos encontrar en él.

Marcos le atribuye a Jesús dos títulos: uno típicamente judío, el otro más universal. Sin embargo reserva a los lectores alguna sorpresa. Jesús es el «Mesías» al que los judíos esperaban como liberador de su pueblo. Pero un Mesías muy diferente del líder guerrero que muchos anhelaban para destruir a los romanos. En su relato, Jesús es descrito como enviado por Dios para humanizar la vida y encauzar la historia hacia su salvación. Es la primera sorpresa.

Jesús es «Hijo de Dios», pero no dotado del poder y la gloria que algunos hubieran imaginado. Un Hijo de Dios profundamente humano, tan humano que sólo Dios puede ser así. Sólo cuando termina su vida de servicio a todos, ejecutado en una cruz, un centurión romano confiesa: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Es la segunda sorpresa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

BOA NOVA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ao longo deste novo ano litúrgico, os cristãos, iremos ler aos domingos o evangelho de Marcos. O seu pequeno texto inicia-se com este título: «Começa a Boa Nova de Jesus Cristo, Filho de Deus». Estas palavras permitem-nos evocar algo do que encontraremos no seu relato.

Com Jesus «começa» algo novo. É o primeiro que quer deixar claro Marcos. Tudo o que é anterior pertence ao passado. Jesus é o começo de algo novo e inconfundível. No relato, Jesus dirá que “o tempo se cumpriu”. Con Ele chega a Boa Nova de Deus.

Isto é o que experimentam os primeiros cristãos. Quem se encontra vitalmente com Jesus e penetra um pouco no seu mistério, sabe que começa uma vida nova, algo que nunca havia experimentado anteriormente.

O que encontram em Jesus é uma «Boa Nova». Algo novo e bom. A palavra «Evangelho» que utiliza Marcos é muito frequente entre os primeiros seguidores de Jesus e expressa o que sentem ao encontrar-se com Ele. Uma sensação de libertação, alegria, segurança e desaparecimento de medos. Em Jesus encontram-se com “a salvação de Deus”.

Quando alguém descobre em Jesus o Deus amigo do ser humano, o Pai de todos os povos, o defensor dos últimos, a esperança dos perdidos, sabe que não encontrará uma notícia melhor. Quando conhece o projeto de Jesus de trabalhar por um mundo mais humano, digno e ditoso, sabe que não poderá dedicar-se a nada maior.

Esta Boa Nova é Jesus mesmo, o protagonista do relato que vai escrever Marcos. Por isso, a sua intenção primeira não é oferecer-nos doutrina sobre Jesus nem fornecer-nos informação biográfica sobre Ele, mas seduzir-nos para que nos abramos à Boa Nova que só poderemos encontrar Nele.

Marcos atribui a Jesus dois títulos: um tipicamente judeu, o outro mais universal. No entanto reserva aos leitores, algumas surpresas. Jesus é o «Messias» que os judeus esperavam como libertador do seu povo. Mas um Messias muito diferente do líder guerreiro que muitos desejavam para destruir os romanos. No seu relato, Jesus é descrito como enviado por Deus para humanizar a vida e conduzir a história para a sua salvação. É a primeira surpresa.

Jesus é «Filho de Deus», mas não dotado do poder e da glória que alguns poderiam imaginar. Um Filho de Deus profundamente humano, tão humano que só Deus pode ser assim. Só quando termina a Sua vida de serviço a todos, executado numa cruz, um centurião romano confessa: “Verdadeiramente este homem era Filho de Deus”. É a segunda surpresa.

 

BUONA NOTIZIA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Lungo questo nuovo anno liturgico, noi cristiani le domeniche leggeremo l’Evangelo di Marco. Il suo piccolo scritto comincia con questo titolo: Inizio della Buona Notizia di Gesù Cristo, Figlio di Dio. Queste parole ci permettono di evocare qualcosa di quello che troveremo nel suo racconto.

Con Gesù comincia una cosa nuova. Marco vuole dirlo chiaramente dall’inizio. Tutto quanto precede appartiene al passato. Gesù è l’inizio di qualcosa di nuovo e inconfondibile. Nel racconto Gesù dirà che il tempo è compiuto. Con lui arriva la Buona Notizia di Dio.

È questo che stanno sperimentando i primi cristiani. Chi s’incontra vitalmente con Gesù e penetra un poco nel suo mistero, sa che inizia una nuova vita, qualcosa che prima non aveva mai sperimentato.

Quello che trovano in Gesù è una Buona Notizia. Qualcosa di nuovo e di buono. La parola “Evangelo” che impiega Marco è molto frequente tra i primi seguaci di Gesù ed esprime quello che sentono nell’incontrarsi con lui. Una sensazione di liberazione, gioia, sicurezza e scomparsa di ogni paura. In Gesù incontrano la salvezza di Dio.

Quando qualcuno scopre in Gesù il Dio amico dell’essere umano, il Padre di tutte le genti, il difensore degli ultimi, la speranza degli smarriti, sa che non troverà una notizia migliore. Quando conosce il progetto di Gesù di lavorare per un mondo più umano, degno e felice, sa che non potrà dedicarsi a niente di più grande.

Questa Buona Notizia è Gesù stesso, il protagonista del racconto che sta per scrivere Marco. Perciò la sua prima intenzione non è di offrirci una dottrina su Gesù, né fornirci informazioni biografiche su di lui, ma sedurci perché ci apriamo alla Buona Notizia che potremo trovare solo in lui.

Marco attribuisce a Gesù due titoli: uno tipicamente giudeo, l’altro più universale. Tuttavia riserva ai lettori qualche sorpresa. Gesù è il Messia che i giudei attendevano come liberatore del suo popolo. Ma un Messia molto diverso dal leader guerriero che molti desideravano per distruggere i romani. Nel suo racconto Gesù viene descritto come inviato da Dio per umanizzare la vita e indirizzare la storia verso la sua salvezza. È la prima sorpresa.

Gesù è Figlio di Dio, ma non dotato del potere e della gloria che alcuni avrebbero immaginato. Un Figlio di Dio profondamente umano, tanto umano che solo Dio può essere così. Solo quando termina la sua vita di servizio a tutti, giustiziato su una croce, un centurione romano confessa: Veramente quest’uomo era Figlio di Dio. È la seconda sorpresa.

 

BONNE NOUVELLE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Tout au long de cette nouvelle année liturgique, nous les chrétiens, nous lirons chaque dimanche l’évangile de Marc. Son bref récit débute avec cette annonce : « Commencement de la Bonne Nouvelle de Jésus Christ, Fils de Dieu ». Ces paroles nous permettent d’évoquer quelque chose de ce que nous trouverons dans son récit.

Quelque chose de nouveau “commence” avec Jésus. C’est la première chose que Marc veut mettre au clair. Tout ce qui précède appartient au passé. Jésus est le commencement de quelque chose de nouveau et d’inédit. A un moment donné de ce récit, nous entendrons Jésus dire : « le temps est accompli ». C’est avec lui que la Bonne Nouvelle de Dieu arrive.

C’est là l’expérience des premiers chrétiens. Celui qui rencontre Jésus d’une manière vitale et qui pénètre un peu dans son mystère, sait qu’il commence une nouvelle vie, quelque chose qu’il n’avait jamais auparavant expérimenté.

Ce qu’ils trouvent chez Jésus constitue une “Bonne Nouvelle”. Quelque chose de neuf et de bon. Le mot « Evangile » employé par Marc, est très fréquent chez les premiers disciples de Jésus et exprime ce qu’ils ressentent en le rencontrant. C’est un sentiment de libération, de joie, de sécurité et de disparition de toute peur. Chez Jésus, ils rencontrent « le salut de Dieu ».

Lorsque quelqu’un découvre en Jésus le Dieu ami de l’être humain, le Père de tous les peuples, le défenseur des petits, l’espérance des perdus, il sait qu’il ne trouvera pas une meilleure nouvelle. Lorsqu’il connaît le projet de Jésus de travailler pour un monde plus humain, plus digne et plus heureux, il sait qu’il ne pourra se consacrer à quelque chose de plus grand.

Cette Bonne Nouvelle c’est Jésus lui-même, le protagoniste du récit que Marc va écrire. C’est pourquoi, son intention première n’est pas de nous offrir une doctrine sur Jésus ou de nous apporter des renseignements biographiques sur lui, mais celle de nous séduire afin que nous nous ouvrions à cette Bonne Nouvelle que nous ne pourrons trouver qu’en lui.

Marc attribue à Jésus deux titres: l’un typiquement juif et l’autre plus universel. Il réserve cependant aux lecteurs quelque surprise. Jésus est le « Messie » que les juifs attendaient en libérateur de son peuple. Mais un Messie très différent du leader guerrier que beaucoup souhaitaient pour écraser les romains. Dans son récit, Jésus est décrit comme l’envoyé de Dieu pour humaniser la vie et conduire l’histoire vers son salut. C’est là, la première surprise.

Jésus est “Fils de Dieu”, mais dépourvu du pouvoir et de la gloire que certains auraient imaginés. Un Fils de Dieu profondément humain, tellement humain, comme Dieu seul peut l’être. C’est seulement au moment où, cloué sur une croix, sa vie de service à tous prend fin, qu’un centurion romain proclamera : ¨Vraiment, cet homme était le Fils de Dieu ». C’est là, la deuxième surprise.

GOOD NEWS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

All along this new liturgical year ( B ) Christians will be reading every Sunday from the gospel of St. Mark. His short Gospel writing starts with this title “The beginning of the Good News of Jesus Christ, the Son of God.” These words invite us to reflect on something we will find all along his gospel narrative.

With the coming of Jesus, something really new begins. That’s something that Mark wants to remain clear. Everything that has already taken place belongs to the past. Jesus is the beginning of something totally new. Later in his Gospel, Jesus will say that “the times have been fulfilled.” With Him finally comes the Good News about God.

This was what the early Christians were experiencing with the arrival of Jesus. Anyone who came in touch with the living Jesus and experienced his mystery realized that he was beginning a new life, something he had never felt before.

What everyone found in Jesus was a new Good News – something new and good. The word “Gospel” that Mark uses appears quite often among the early followers of Jesus and really expresses what those followers felt when being with Jesus. They had a sensation of liberation, joy, security and freedom from all fears. In Jesus they find “God’s salvation”.

When someone finds in Jesus a God that is a friend of all human beings, the Father of all people, the Advocate of the little ones and the hope of the lost ones, then one realizes that nothing else could be a better news. When we see that Jesus’ project tries to make our world more humane, just and livable for all, then we know that there is no greater task for us to work for.

This Good News is Jesus himself, the star of this story that Mark decided to write. Hence, his primary goal is not telling us about teaching or doctrine from Jesus or transcribing all the biographical data about Him. Mark is really interested in making us familiar with that Good News That we are going to fing only in Jesus.

Mark attributes to Jesus just two titles: one is typically Jewish and the other is really universal. Still, Mark keeps a surprise for his readers. Jesus is the Messiah the Jews were expecting as the Liberator of their people. A Messiah, however, who was to be quite different from the war hero that many expected to annihilate the Romans. In Mark’s narrative, Jesus appears as one sent by God to make humanity more just and lead people of all races to salvation. That is the first surprise in Mark’s gospel.

Jesus, moreover, is the “Son of God,” but not having the kind of power and glory that some had imagined or expected. He was to be a Son of God, yet profoundly human; so human that God alone could be that way. And only when Jesus’ life of service to everyone came to an end by execution on the cross, it was the Roman Centurion who confessed: “Truly, this man was the Son of God.” That was the second surprise.

 

BERRI ONA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Urte liturgiko berri honen joan-etorrian, Markosen ebanjelioa irakurriko digu kristauek. Titulu honekin hasten da liburu hori: «Jesu Kristo Jainkoaren Semearen Berri Ona hasiera ». Hitz hauetatik atera dezakegu kontakizun horretan aurkituko dugu zerbait.

Jesusekin zerbait berri «hasi da». Horixe da Markosek argi jarri nahi duen lehenengo gauza. Aurreko guztia iraganeko gauza da. Zerbait berriren eta nahastezinen hasiera da Jesus. Kontakizunean, «aldia bete dela» esango digu Jesusek. Jainkoaren Berri Ona iritsi da harekin.

Horixe ari dira bizitzen lehen kristauak. Jesusekin biziro topo egin eta haren misterioan hein batean murgiltzen denak badaki bizi berria hasi duela, ordu arte sekula esperimentatu ez zuen zerbait.

«Berri Ona» da Jesusengan aurkitzen duena. Zerbait berri eta on. Markosek darabilen «Ebanjelio» hitza oso sarri erabiltzen zuten Jesusen lehen jarraitzaileek, eta harekin topo egitean sentitzen zutena adierazten du. Liberazio-sentipena, poza, segurtasuna eta beldurra galtzea. «Jainkoaren salbazioarekin» egiten dute topo Jesusen baitan.

Jesusengan gizakiaren adiskide en Jainkoa, herri guztien Aita, azkenak direnen defendatzailea, galduak direnen esperantza aurkitzen duenak ondo daki ez duela albiste hoberik aurkituko. Mundua gizatarrago, duinago eta zoriontsuago egiteko Jesusen lan-egitasmoa ezagutzen duenak badaki ez duela izango zeregin handiagorik.

Jesus bera da, Markosek idatzi duen kontakizunaren protagonista alegia, Berri On hori. Horregatik, bere lehenengo asmoa Markosek ez du Jesusez ikasbide bat ematea, ezta hartaz informazio biografikoa ematea ere, baizik gu liluratzea Jesusen baitan bakarrik aurkitu ahal izango dugun Berri Onari geure bihotza ireki diezaiogun.

Bi titulu ematen dizkio Markosek Jesusi: bat bereziki judua, bestea unibertsala. Halere, badu irakurlearentzat ezustekorik. Juduek beren herriaren askatzailetzat espero zuten «Mesias» da Jesus. Baina erromatarrak suntsitzeko espero zuten lider gerlaria ez bezalako Mesias da, guztiz. Bere kontakizunean, Jainkoak bidalitakotzat ematen du Jesus, gizadiaren bizia gizatartzeko eta haren historia salbaziora bideratzeko. Horra lehenengo ezustekoa.

«Jainkoaren Semea» da Jesus, baina ez batzuek imajinatu izan zuten botereaz eta aintzaz hornituriko hura. Jainkoaren Seme guztiz gizatarra da, hartaraino non Jainkoa bakarrik izan baitaiteke horrelakoa. Guztientzat izan duen zerbitzu bizitza bukatzean bakarrik, gurutzean josi dutenean alegia, aitortu ahal izango du erromatar ehuntariak: «Zinez, Jainkoaren Semea zen gizon hau». Horra bigarren ezustekoa da.

 

BONA NOTÍCIA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Al llarg d’aquest nou any litúrgic els cristians anirem llegint els diumenges l’evangeli de Marc. El seu petit escrit arrenca amb aquest títol: «Comença la Bona Notícia de Jesús, el Messies, Fill de Déu». Aquestes paraules ens permeten evocar una mica del que trobarem en el seu relat.

Amb Jesús «comença» alguna cosa nova. És el primer que vol deixar clar Marc. Tot el d’abans pertany al passat. Jesús és el començament d’alguna cosa nova i inconfusible. En el relat, Jesús dirà que “el temps s’ha complert”. Amb ell arriba la Bona Notícia de Déu.

Això és el que estan experimentant els primers cristians. Qui es troba vitalment amb Jesús i penetra una mica en el seu misteri, sap que comença una vida nova, una cosa que mai havia experimentat anteriorment.

El que troben en Jesús és una «Bona Notícia». Alguna cosa nova i bona. La paraula «Evangeli» que empra Marc és molt freqüent entre els primers seguidors de Jesús i expressa el que senten quan es troben amb ell. Una sensació d’alliberament, d’alegria, de seguretat i desaparició de pors. En Jesús es troben amb “la salvació de Déu”.

Quan algú descobreix en Jesús el Déu amic de l’ésser humà, el Pare de tots els pobles, el defensor dels últims, l’esperança dels perduts, sap que no trobarà una notícia millor. Quan coneix el projecte de Jesús de treballar per un món més humà, més digne i més feliç, sap que no podrà dedicar-se a res més gran.

Aquesta Bona Notícia és Jesús mateix, el protagonista del relat que va a escriure Marc. Per això, la seva intenció primera no és oferir-nos doctrina sobre Jesús ni aportar informació biogràfica sobre ell, sinó seduir perquè ens obrim a la Bona Notícia que només podrem trobar en ell.

Marc li atribueix a Jesús dos títols: un de típicament jueu, l’altre més universal. No obstant això reserva als lectors alguna sorpresa. Jesús és el «Messies» que els jueus esperaven com alliberador del seu poble. Però un Messies molt diferent del líder guerrer que molts anhelaven per destruir els romans. En el seu relat, Jesús és descrit com a enviat per Déu per humanitzar la vida i canalitzar la història cap a la seva salvació. És la primera sorpresa.

Jesús és «Fill de Déu», però no dotat del poder i la glòria que alguns haguessin imaginat. Un Fill de Déu profundament humà, tan humà que només Déu pot ser així. Només quan acaba la seva vida de servei a tothom, executat en una creu, un centurió romà confessa: “Veritablement aquest home era Fill de Déu”. És la segona sorpresa.

BOA NOVA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Ao longo deste novo ano litúrxico os cristiáns iremos lendo nos domingos o evanxeo de Marcos. O seu pequeno escrito arranca con este título: «Comeza a Boa Noticia de Xesús Cristo, Fillo de Deus». Estas palabras permítennos evocar algo do que atoparemos no seu relato.

Con Xesús «comeza» algo novo. É o primeiro que quere deixar claro Marcos. Todo o anterior pertence ao pasado. Xesús é o comezo de algo novo e inconfundíbel. No relato, Xesús dirá que “o tempo se”cumpriu”. Con el chega a Boa Nova de Deus.

Isto é o que están a experimentar os primeiros cristiáns. Quen se atopa vitalmente con Xesús e penetra un pouco no seu misterio sabe que empeza unha vida nova, algo que nunca experimentara anteriormente.

O que atopan en Xesús é unha «Boa Noticia. Algo novo e bo. A palabra «Evanxeo» que emprega Marcos é moi frecuente entre os primeiros seguidores de Xesús e expresa o que senten ao atopárense con el. Unha sensación de liberación, alegría, seguridade e desaparición de medos. En Xesús atópanse coa “salvación de Deus”.

Cando alguén descobre en Xesús ao Deus amigo do ser humano, o Pai de todos os pobos, o defensor dos últimos, a esperanza dos perdidos, sabe que non atopará unha noticia mellor. Cando coñece o proxecto de Xesús de traballar por un mundo máis humano, digno e ditoso, sabe que non poderá dedicarse a nada máis grande.

Esta Boa Noticia é Xesús mesmo, o protagonista do relato que vai escribir Marcos. Por iso, a súa intención primeira non é ofrecernos doutrina sobre Xesús nin achegarnos información biográfica sobre el, senón seducirnos para que nos abramos á Boa Noticia que só poderemos atopar nel.

Marcos atribúelle a Xesús dous títulos: un tipicamente xudeu, o outro máis universal. Non obstante reserva aos lectores algunha sorpresa. Xesús é o «Mesías» ao que os xudeus esperaban como liberador do seu pobo. Pero un Mesías moi diferente do líder guerreiro que moitos anhelaban para destruír aos romanos. No seu relato, Xesús é descrito como enviado por Deus para humanizar a vida e canalizar a historia cara á súa salvación. É a primeira sorpresa.

Xesús é «Fillo de Deus», pero non dotado do poder e a gloria que algúns imaxinasen. Un Fillo de Deus profundamente humano, tan humano que só Deus pode ser así. Só cando remata a súa vida de servizo a todos, executado nunha cruz, un centurión romano confesa: “Verdadeiramente este home era Fillo de Deus”. É a segunda sorpresa.

La salvación trascendente

Publicado: 14 octubre, 2011 en REFLEXIONES
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LA SALVACIÓN TRASCENDENTE
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 14/10/11.- La queja del hermano mayor de la parábola del Hijo Pródigo encaja bien con la creencia común de ser la fidelidad a Dios prestación personal merecedora de retribución o de premio extrínseco. La respuesta del padre, por el contrario, se articula mejor en lo que decía en mi último escrito del 15/09 (“La condena del hombre”), sobre el bienestar y la plenitud interiores que confiere de por sí el solo hecho de “vivir cerca” de la «justicia de Dios». Es más, esa respuesta apunta a una sobreabundancia, que desborda los lindes venturosos del vivir como hueso encajado, no dislocado, la relación consustancial de la creatura con su Creador.

Tal sobreabundancia, aunque se entrelaza con lo creacional, lo trasciende. Es don exclusivo del amor insondable de Dios. Lo de: “Hijo, tú siem­pre estás conmigo y todos mis bienes son tuyos” (Lc 15,31), rebasa en efecto el ámbito de lo retributivo y del servicio, con el que se contentaba el pródigo arrepentido al proponerse regresar a su padre y pedirle le recibiera por jornalero.

Esa frase nos vale a todos los que procuramos no alejarnos de la «justicia de Dios», tanto más cuanto más empeño y esmero pongamos en “servirle”. Nos habla de una salvación que sobrepasa la dinámica de la “religión”; la dinámica del “religarse” al Hacedor supremo. Nos habla del vivir como hijo en la casa de Dios Padre con participación y condominio de todos sus bienes.

De esa sobreabundancia no es extraño gozar ya en este mundo. No tanto en sí misma, cuanto en como sus albores. ¡Lástima que el fervor “religioso” lleve con frecuencia a apreciarlo logro y mérito personal! Así es difícil disfrutar de toda su enjundia en el anonadamiento exultante del “Engrandece mi alma al Señor, porque ha puesto sus ojos en mi nada realizando en mí obras prodigiosas”.

Pero cuando dicha sobreabundancia estallará y se desbordará sobre nosotros será al producirse el paso a la eternidad (1Jn 3,1-2). En ésta, la plenitud de bienestar personal no penderá directamente de haber vivido aquí en cercanía a la «justicia de Dios». La condenación eterna es, sí, fruto de no haberlo hecho; pero fruto que sólo cuaja cuando ni al final se tiene la honradez de reconocerlo para volver suplicantes los ojos a nuestro Dios y Padre. Aunque sólo sea confusamente esperanzados en su amor desmedido (Jn 3,16).

Plasmación ejemplarizante de ello es la agonía del que llamamos Buen Ladrón. Su reproche al otro, al blasfemo, fue reconocimiento de su propia delincuencia y sus palabras a Jesús crucificado, súplica confiada hasta el abandono: «Acuérdate de mí, cuando vengas como rey»…

No parece razonable pensar que aquel ajusticiado tuviera una idea muy clara de la divinidad de Jesús, ni de la infinitud de su amor; sino sólo de su bondad terrenal (Lc 23,41-42) y de su condición de rey a lo sumo transmundana. Pero con sólo eso quedó de inmediato liberado de sus propios delitos: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso».

Así se cumplió en aquel facineroso el propósito del Padre al enviar a su Hijo al mundo (Jn 3,14-17). Se cumplió a la manera en que los israelitas sanaban de la mordedura de las serpientes del desierto, con sólo poner sus ojos en la de bronce, que Moisés hizo y colocó en alto conforme a la instrucción que le diera Dios

Sabemos que para participar del que llamamos Banquete de Dios es necesario vestir “traje de fiesta” (Mt 22,11-13). Pero también que ello puede suceder, bien por haberlo llevado puesto desde el amanecer de la vida, bien por ponérselo al atardecer. En cualquiera de las dos hipótesis se entra sin demoras (Mt 25,10) a ese Banquete, al mismo Banquete, al único Banquete (Mt 20,8-15).

No pesarán las heroicidades en el servicio de Dios. Se habrán acometido a impulso de la fe y el amor y en el deseo de vivir siempre cerca de la «justicia de Dios». Pero no pesarán para el Banquete. El mundo al que éste pertenece supera y desborda por completo lo retributivo. No se recibirá en razón del “mérito” de cada uno; sino venturosamente mucho más, muchísimo más, inconcebiblemente más (1Cor 2,9) de lo merecido y en virtud sólo del amor de Dios.

Tampoco contarán los pecados cometidos. Todos absolutamente que­daron saldados en la cruz de Cristo (Rom 3,21-24). Con ella Jesús pagó un rescate que excluye “más ofrendas por el pecado” (Heb 10,18). Todos nos sentaremos a la misma mesa. Se trata de un ban­quete que se parece al de bodas que un rey preparó a su hijo, no del que cada uno se costea ―¡ficción imposi­ble!― de acuerdo con su propia “economía”.

Es más: ni la entrada al Banquete depende ultimadamente de llevar puesto el “traje de fiesta”. Es condición indispensable; pero insuficiente. Porque llevarlo no da derecho a participar de él. Nadie lo tiene para ningún banquete ajeno, ni por más que se engalane, salvo que cuente con invitación. La de Dios para el suyo todos la tenemos recibida de balde (Ap 21,6) y gratis la reciben hasta los irreligiosos que transitan las encrucijadas y caminos del mundo (Ef 2,1-5).

Nosotros solemos creemos que nos ganamos o merecemos la vida eterna con nuestros actos, y podría decirse que concebimos el cielo a la manera de asamblea triunfal de los “medallistas olímpicos del cristianismo”. Pero en realidad es congregación y presentación en la casa del Padre de los trofeos de su amor espléndido (Ef 2,5-8), capaz de transformarnos de verdad en hijos suyos (1Jn 3,1-2) sólo por creer en Él (Jn 1,12). Pese a ser todos barro, absolutamente todos, a veces incluso hediondo.

De nosotros mismos no brota ni puede brotar dejar de serlo. Por más virtuosos que seamos nunca pasaremos, ni en el mejor de los casos, de hacer lo que debemos. Sólo «somos siervos sin provecho» (Lc 17,9-10). Esto es, sin capacidad de autoenriquecernos y medrar, ni de adquirir derechos frente al Dios al cual pertenecemos de arriba abajo por título de creación. En parte, sólo en parte, puede compararse a lo que les sucede hoy a los investigadores contratados por una empresa: no tienen derecho retributivo por sus hallazgos; jurídicamente no son suyos, sino de ella.

Ninguno sin excepción alguna puede superar por sí mismo esta nuestra condición innata de siervo sin derechos, de suerte que al acabar la “jornada” pueda reclamar paga al Amo (Lc 17,7.10). Mucho menos que esa paga sea sentarnos a su mesa y que Él mismo se ponga a servirnos, como dicen las expresiones parabólicas del evangelio de Lucas (12,37), sobre la plenitud inimaginable que nuestro Dios Amor quiere concedernos a todos.

El abismo que nos separa a los creados del Creador es para nosotros tan infranqueable como el que media entre la gehena y el seno de Abrahán. Lo único a nuestro alcance, en orden a la salvación eterna que Dios quiere conferirnos, es extender hacia Él nuestra mano en la seguridad de que nos la tomará, para hacernos brincar por encima de la sima abierta ante nosotros, aunque con ingenuidad infantil luego “presumiéramos en el cole” de ser nosotros los que damos el salto.

Al tomar conciencia de la imposibilidad de merecer lo que queda fuera y mucho más allá de todo mérito, irrumpe el gozo radiante de saber que se recibirá increíblemente más de lo que nadie puede imaginarse, y se siente el impulso a unirse ya aquí en esperanza a la muchedumbre ingente del Apocalipsis, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, que de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos, “gritan con voz fuerte: «La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero»” (Ap 7,9-10). ¡De nadie más! «Amén. La sabiduría y la gloria; y la acción de gracias; y el honor y el poderío; y la fuerza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén» (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

La salvación invitada

Publicado: 6 junio, 2011 en REFLEXIONES
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LA SALVACIÓN INVITADA
Gloria de Jesús
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 06/06/11.- Para ser gloria suya la dela Mente de Dios, por fuerza ha de tenerla Jesús de Nazaret en su propia entraña, tan engendrada intrínsecamente por su Padre como todo su ser de Unigénito. Ha de resplandecerle por sí misma, sin que pueda depender ni advenirle del exterior. Salvo que fuera falsa nuestra fe en Él como en el Autosuficiente en todo por definición.

Él no necesita por tanto de nosotros para “ser el que es”, ni en lo relativo a su gloria. Salvo como la luz precisa de sumergidos en tinieblas y el agua de sedientos. Excepto en que remediar las carencias de quienes le reciban suponga para Él mengua alguna ni mejora divina de sí mismo. Hacerlo sólo pudo ser progreso en lo contingente de su realidad humana, capaz de crecer como todas «ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

Eso supuesto, hubiera sido incoherente por parte de Jesús vivir en búsqueda de la gloria de los hombres, en vez de en irradiación y emisión de la suya propia divina, de pleno desbordamiento de sí mismo para enriquecimiento de los indigentes de su plenitud (Jn 1,16). Ésta munificencia de esplendidez sin medida (Jn 1,14) es, como expuse en mi anterior escrito, la esencia de la gloria propia dela Mente Unigénitade Dios.

Aunque incluso a sus parientes les extrañara (Jn 7,3-5) y de entrada nos suceda a todos lo mismo, lo lógico era que Jesús tratara de evitar y rehuir la gloria de los hombres (Mt9,30;etc.). Que no la aceptara (Jn 5,41). Ni buscarla le habría respaldado, como afirmó Él mismo (Jn 8,54). Ella sólo vale para infectarse de cobardía y negar la fe cuando llega la hora de proclamarla (Jn 12,42-43). En realidad su nocividad alcanza a incapacitar para creer (Jn 5,44).

Igual que el dinero, la gloria humana es señor al que no se puede servir a la vez que a Dios (Mt 6,24). Por esa cobardía con que impregna y por causar quebranto a otros. Su efecto jerarquizante es a costa de la postración y el deterioro de los demás como se produce. Sucede lo mismo que con los platos de la balanza: cuanto más alto está uno, más abajo el otro.

Lo contrario al afán de Jesús, que no vino a someternos como a vasallos; sino que pasó mucho más allá de nuestra condición innata, de sobra por Él conocida, de simples siervos inútiles y sin provecho aunque hiciéramos todo lo mandado (Lc 17,10). Pretendió elevarnos a la categoría de amigos con los que compartir su intimidad divina (Jn 15,15), y la excelsitud de su grandeza haciéndonos partícipes de su filiación divina (Jn 1,12). Hasta el extremo de poder llamar con toda verdad Padre (1Jn 3,1; etc.) a su propio Padre (Jn 20,17b), y llegar a sentarnos con Él en su mismo trono, que es el de su Padre (Ap 3,21).

La gloria humana en cuestión es fruto, como es sabido, del estar o posicionarse por encima del grupo, aunque sea con intención de beneficiarlo. Con la pretensión de ser como dueño y señor del resto; o pastor contrastado de los demás; o guía cualificado de sus actos y opciones, sus criterios y actitudes; o acreedor de su asentimiento, sumisión y servicio; o velador de su conducta y vengador de su desacuerdo.

Todo ello al amparo de consignas, normas, órdenes o leyes emanadas de los propios encumbrados y por ellos vigorizadas con condenas y castigos. Éstos, dada su confesada finalidad coercitiva, constituyen un trato necesariamente denigrante del hombre. Incluso en el caso de ser impuestos por los tenidos por testigos de Jesús. A causa de la proximidad de esa finalidad a la de los hilos con que se mueven las marionetas.

Todo lo punitivo deprime al ser humano, aun cuando su ordenamiento al bien común societario nunca fuera adulterado con el abuso rapaz de quienes detentan poder. Doblegar a las personas a base de sanciones y castigos siempre lesiona la dignidad humana, por coartar la autonomía personal de decisión. Ésta es don que el Creador concedió al hombre, ennobleciéndole así sobre los demás vivientes. Se lo otorgó cuando tras advertirle de las consecuencias de ambas opciones le dio libertad para elegir, sin que ningún otro hombre le forzara o coartara desde fuera, entre comer o no del árbol de la ciencia del bien y del mal.

Ello, además, causa al hombre perjuicios, penalidades y angustias, a sumar a los males que ya puede depararle la vida misma, dada su connatural limitación y fragilidad ante los diversos avatares de su existir contingente. Con ello el “pródigo” ve mermada ―más o menos según el castigo― la “herencia” que se le dio con el ser. Por restringirle la plenitud de vida más allá de lo derivado de su propia condición de creatura limitada.

Me refiero a la plenitud relativa y perfectible a la que el Creador le destinó en este mundo, al colocarle en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase en su propio beneficio, sometiera la tierra y la dominara como señor de ella, de animales y plantas (Gn 1,26.28; 2,15). Sin más linde ni frontera que la de comportarse con los demás como querría que ellos se comportaran con él (Mt 7,12).

Jesús no podía beneficiarnos a base de lesionar nuestra dignidad con amenazas, ni de reducir nuestra “herencia” con castigos. Habría enfangado su propia gloria de liberalidad sin límites. Por buscar el bien valiéndose del mal como instrumento. Habría sido negrura y opacidad sin brillo de su gloria. Imposible que con “sombras” pudiera iluminarnos. Mucho más que obtener higos de los cardos. De ahí que por los frutos podamos discernir a los auténticos profetas de los falsos (Mt 7,20).

Esas “sombras” son necesidad de quienes, se presenten o no como profetas, aman la gloria humana más que la de Jesús, y juzgan pérdida participar en la suya de desbordamiento propio en amor y servicio a los demás (Mt 20,25-28). Y son limitación, insoslayable en la práctica, “de los jefes de las naciones que gobiernan imperativamente y de los grandes que deciden autoritariamente”. Incluso cuando con sinceridad buscan el bien común temporal.

El condenar y el castigar en medida civilizada parecen tolerables en el ámbito de “lo del César”, como defensa contra los desmanes en lo temporal de unos sobre otros (1Pe 2,13; Mt 22,21). Sin embargo, en el de “lo de Dios” son repudiables incluso respecto de lo del bien común, el orden y la organización eclesial terrenales.

Jesús, pese a pasar por la vida remediando los males ocasionales de sus próximos; pese a encargar a sus seguidores hacer otro tanto (Lc 9,1; 10,9); y pese a sufrir en su propia carne el mayor de los atropellos a que puede dar lugar la asidua adulteración de la tolerable finalidad temporal del castigo, no vino a suplantar las asociaciones humanas con otra que conservara análoga estructura de coerción y opresión. Ni aunque ella pudiera excluir del todo esa adulteración y fuera en todo exquisitamente perfecta.

Su reino no es de este mundo, ni como los de este mundo (Jn 18,36). Desde la fe en Él, ni imaginarlo cabe concebido desde la perspectiva del meter en vereda; ni desde la del exigir e imponer el bien por las bravas. El rey, por ejemplo, que presentó como parábola del mismo (Mt 22,2-14), no envió a sus siervos a que arrastraran a nadie a la fuerza al banquete de bodas de su hijo. Era invitación por las buenas; que por las malas habría obviamente dejado de ser invitación.

En suma: el condenar y el castigar se oponen por sí mismos a la gloria propia dela Mente Unigénitade Dios, siempre creador; siempre restaurador; siempre liberador; siempre enriquecedor; siempre benefactor… ¡Nunca jamás destructivo, ni deteriorante! Aunque desde la justicia humana se tuvieran merecidísimos, o se pretendiera evitar así, a los propios “pródigos” o a terceros, los males derivados de rechazarle. Y ellos, además, chocan obviamente con lo que Jesús hizo a su paso por la tierra.

Él se limitó a “proclamar la justicia, sin porfiar ni dar voces por las plazas; sin quebrar la caña cascada, ni apagar la mecha que aún humea” (Mt 12,20). Testimonió la verdad sin tropa que la defendiera e impusiera por la fuerza (Jn 18,37), y habló para los amigos de la verdad, para quien quisiera escucharle o, como decía Él, para “quien tuviera oídos para oír”. Todas sus invitaciones se pervierten y se avinagran, cuando se entienden al margen de la libertad terrenal de ignorarlas.

Jesús nunca condenó a nadie, ni siquiera a Judas. Fue éste quien él solo se privó de la vida. Ni apartó de sí a ninguno otro de los que fueron a Él (Jn 6,37). Ni negó la libertad de atenderle o no. Sólo señaló, en paralelo a lo del Génesis, las consecuencias de lo uno y de lo otro (Mt 7,24-27, etc.). La libertad de elegir se la reconoció hasta a los Doce que Él mismo había instituido; incluso la de seguir con felonía junto a Él (Jn 6,71). Es el supuesto de su tolerancia con Judas y el de la pregunta que les hizo a todos, «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6,68). Fue, como es sabido, cuando la desbandada de discípulos a causa del sermón eucarístico, producida por cierto sin represalia ninguna de su parte.

La única sentencia que Jesús vino a emitir no fue para condenar al hombre; sino para liberarlo de yugos opresores y ataduras asfixiantes. Fue llamada a la libertad (Gal 5,13). Por ser condenación «eis tòn “kósmontoûton» → «para el “orden, sistema, régimen…ese» (Jn 9,39). El que exige la autoinmolación sumisa a la autoridad y la ley, aun en cosas que nada tienen que ver con lo que de veras ensucia al hombre (Mt 15,17-20). O que se oponen a la lógica y a la sensatez (Mt 12,1-5; Mc 2,24-27; etc.); o niegan la misericordia que Dios quiere (Mt 9,10-13; 12,7). Incluso hasta posponer al hombre a un día de la semana y concederle en él menor consideración que a los animales (Mt 12,10-12; Lc 14, 1-6). Etc.

Esa genérica condenación/liberación la formuló Jesús precisamente al enterarse que los fariseos habían «echado afuera» ―habían excomulgado― al ciego de nacimiento, por atenerse a la obviedad de las cosas en vez de a su legalista y autoritario razonar sobre la naturaleza religiosa del sábado (Jn 9,27-34).

Tal condenación liberadora; sus palabras inequívocas sobre la falsedad e hipocresía del “sistema”; dictar la primera y pronunciar las segundas con riesgo consumado de su propia vida; la ausencia de “sombra” de castigos y “dedos acusadores” (Lc 23,34); la grandeza del “Yo no te condeno” (Jn 8,11), «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43); la misericordia efectiva ante el dolor, la aflicción, la limitación de los que le rodearon (Mt 4,23; etc.), aunque se debieran a haber pecado (Jn 5,14); etc., etc., fueron la estela de gloria de la Mente Unigénita de Dios ―la de Yahveh―, que Jesús fue dejando tras de sí a su paso por la tierra” (Is 58,6-9), “invitando” a seguirle y participar en ella. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

‘De dioses y hombres’
LA PELÍCULA DEL AÑO, DE LA SEMANA… Y DE TODOS LOS DÍAS
FRANCISCO R. DE PASCUAL monje cisterciense, revcistercium@planalfa.es
CÓBRECES (Cantabria).

ECLESALIA, 21/01/11.- Acabada ya la Navidad, que debería haber sido una meditación litúrgica eclesial colectiva sobre el tiempo y lo que nosotros somos en él, nos llega una película que ha recibido diversos calificativos, y que, para mí, coincide en su título sobre lo que acaba de decir, o sea, sobre el misterio de los dioses y los hombres en el tiempo…

Jesús, María y José se encontraron con que su tiempo, su vida, coincidió con unos designios misteriosos, anunciados por lo visto por los profetas y reconocidos por unos reyes “paganos”, pero ignorado por “los de casa”.

La película sobre los monjes de Thibirine, mis hermanos de Orden y de ideal monástico, ha sorprendido a muchos, por lo visto. Y a mí se me ocurre una reflexión a bote pronto, entre el orgullo “familiar” y un poco de pena penita pena por lo que algunos “de casa” han descubierto: que había monjes entre musulmanes, que esos monjes eran “humanos”, que “decidían juntos” su suerte, y que, al fin, se vieron envueltos en el absurdo de una guerra “que no iba con ellos”, pero de la que fueron víctimas y salieron gloriosos.

Bien. Los monjes cistercienses. En muchas comunidades, hemos vivido esas situaciones a lo largo de los siglos, y concretamente ahora se viven, como en Midlet, en otros lugares del mundo. Es decir, que para nosotros es la película de todos los días.

Muchas personas nos escriben, nos envían los videos y nos regalarán la película, pirateada o cuando salga en DVD. Y algunos casi como que nos preguntan si sabemos algo de la historia.

Bien. Lo que se dice aquí de estas comunidades sucede en otras de todo el mundo cristiano, y en algunas con más crudeza y crueldad.

De acuerdo. De vez en cuando necesitamos una película, una página de periódico o un reportaje “impactante”. Eso está bien, son momentos de toma de conciencia importantes.

La pena penita pena que a veces siento es que las realidades esas en que se junta el tiempo de los hombres y los dioses no es tan exótico como parece, sino que es algo de cada día, de cada momento, que existe muy cerca de nosotros y que está, probablemente, a nuestro lado. Pero que no vemos. Y que, a veces, incluso hasta infravaloramos por prosaico y banal.

Quiero decir –me da la impresión- que nos enteramos de lo que hay sólo por las películas o por los periódicos.

Hablé algunas veces con el P. Christian con motivo de reuniones de nuestra Orden, hace años. Me pareció un monje sencillo, fino, agradable y casi tímido, nada singular, como hay tantos en nuestra Orden. Quizá en la misma Orden tampoco teníamos conciencia de lo que pasaba en Thibirine hasta que pasó lo que pasó. Una casa más, unos monjes más, una situación difícil como otras, y hasta pensábamos que para lo que hacían quizá fuera mejor se hubieran ido a otro sitio más “rentable” vocacional y monásticamente “productivos”.

La cuestión capital. Sólo cuando los tiempos de los dioses y de los hombres se juntan, coinciden, se cruzan, se produce la salvación y la gracia. Es la historia de Navidad repetida en el tiempo.

Sólo en esos momentos emerge la gratuidad y la libertad de los hombres y los dioses, características personales e intransferibles de cualquier aventura espiritual, vetada a los calculadores y funcionarios de lo religioso.

Los monjes de Thibirine, como otros muchos monjes, son sólo testigos de un cruce de caminos entre los dioses y los hombres, entre la libertad y la gracia, entre la dignidad de los hijos de Dios y la debilidad de lo mundano.

La película podemos verla todos los días. Quizá nos hayamos alejado, como cristianos, del cine de la gracia universal, de la historia de salación que se filma cada día y cuyos protagonistas tenemos más cerca de lo que suponemos.

Pero también en ese cine hay muchos cristianos entretenidos con los reclamos publicitarios, las palomitas de maíz y los “efectos especiales” de la acción en pantalla. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).