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OTOÑO FLORIDO… PREÑADO DE VIDA ETERNA
JOSÉ MORENO LOSADA, sacerdote capellan de la UEx y consiliario de Acción Católica, jose.moreno.losada@gmail.com
BADAJOZ.

ECLESALIA, 27/11/12.- Otoño florido…mañana de sábado, hoy con la alegría de bautizar a mediodía a una niña que se llamará “Celia”  y de celebrar con la comunidad parroquial a la tarde, me da tiempo para acercarme en paseo otoñal al centro de la ciudad, para mirar algún libro y hacerme de la agenda nueva. En el paseo, bruma y niebla regalada por el Guadiana, pero en la cabeza del puente el jazmín enorme y  siempre florido, a pie de calle para ser de todos sin ser de nadie en un edificio municipal – aunque siempre regado por la mano anónima-, donde solo nos separa de él una valla cruzada, y dando continuamente color y olor de primavera… y  pienso en el otoño florido… en el que necesitamos sembrar para que no se olvide la primavera y podamos recoger frutos en verano… en este tiempo de bruma y niebla de crisis y sufrimiento, del que escribo en una carta al Director en el diario “HOY”…

Le voy dando vueltas en mi cabeza a estas ideas, y entro en la librería –a la que le seguimos otorgando el calificativo de “diocesana”- miro la estantería tentadora de las novedades y allí me encuentro libros que me hacen sentir que en la Iglesia tampoco faltan flores de esperanza en su otoño, con los ojos fijos en Jesús y la mirada hacia la vida eterna…ese otoño eclesial que quiere ser de siembra en la nueva evangelización, que mira al Concilio con la nostalgia de que otra iglesia es posible para otro mundo que también es posible, pero que aún no ha dado con el discurso original de Cristo entendible para el hombre de hoy, que ha de tener como siempre las claves de la compasión y la misericordia con el que sufre, y alimento de esperanza para todos… algunos parecen que lo intuyen, aunque tengan que sufrir por ello.

Y en este paseo otoñal, sabatino, orante, vuelvo a casa por el puente viejo, dedicado a los peatones, con mis libros para el calor del hogar, en la mesa camilla con brasero, para el espíritu, y  la agenda nueva para un año preñado de esperanza florida. Un año de regalo del Padre, que cuenta con nosotros para que avance el Reino de Dios… y por qué no decirlo, para que luchemos contra toda situación infernal que se da en este mundo; cada vez que nos enfrentamos a la muerte que produce sufrimiento y dolor, causados por la injusticia y la indiferencia, estamos construyendo el Reino del amor y la justicia, y a nosotros los cristianos en ellos nos va la vida, porque tenemos los ojos fijos en El, creemos en sus sentimientos, y estamos enamorados de la vida eterna que se no ha prometido. Vida que  olemos en cada rendija de cada día y de cada rostro humano al que nos acercamos… y respiro profundo y agradecido de poder andar en estos pensamientos y sentimientos, y mirar el jazmín florido, con la esperanza de una Iglesia en la que siempre algo nuevo está brotando, y en un mundo donde el grito por lo justo y lo humano está creciendo día a día. Y siento que es imparable dibujar un horizonte de fraternidad, de vida y eternidad en el amor pleno. Por eso,  desde esta agenda para estrenar de lo diario y lo cotidiano, yo también creo en la Vida Eterna, y lo hago desde este jazmín florido, preñado de luz y color, en las entrañas del otoño. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“Cuando se te llene la boca proclamando la paz procura tener aún más lleno el corazón”. San Francisco de Asís
SENCILLAMENTE, LA VERDADERA ALEGRÍA
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 04/10/12.- Se podría decir que era buena persona, un hombre campechano de ésos que al poco de conocerle parece que fuese amigo de toda la vida. Era amable, como suele decirse, por dentro y por fuera. Desde luego había algo en su apariencia que no pasaba desapercibido: no sé si el pelo castaño, ligeramente ensortijado; acaso esos ojos avispados y despiertos, con un brillo inteligente en su fondo, como el de un niño entusiasmado con sus juegos. Pero sin duda lo más hermoso era su sonrisa, ¡qué sonrisa! La tenía siempre en los labios, entregada y abierta, lista para contagiar otros rostros con su serena alegría.

No es frecuente encontrar personas como él hoy en día, la verdad, con esa sencilla transparencia. Porque no era simpleza ni ingenuidad, no. Era otra cosa: una sencillez manifiesta, un puro sosiego en la manera de ser y de actuar. En las cosas de cada día, entiéndame. No me refiero a grandes acontecimientos ni sucesos sobrenaturales (aunque déjeme decirle que más de una vez sorprendió a todos con sus planteamientos, empezando por su propia familia). Pero esa interioridad suya encontraba un cauce certero en los detalles cotidianos, en la experiencia de cada día. ¿Cómo decirle? Transmitía una apacible calma en todo cuanto hacía, un saber detenerse a contemplar y acoger con los cinco sentidos puestos en cada instante concreto, con el corazón entero ofrendado, como si no existiese nada ni nadie más en el mundo.

Le gustaba pararse con las personas, la mirada fija en los ojos que le hablaban como si quisiese leer en lo profundo de su alma. Esa capacidad de acogida la trasladaba a todo cuanto hacía, no crea; se deleitaba contemplando la naturaleza en sus más pequeños matices: la hoja a punto de caer del árbol, el zumbido de una abeja en las tardes de verano, la manera pausada de posar su mano sobre la cabeza del perro… Poseía este hombre una sensibilidad infinita, tierna y delicada, sutil: uno lo veía y daba la impresión de que no era más que lo que mostraba, tal era su transparencia en actos y palabras. Sin embargo, cuando le escuchabas hablar (en un discurso donde el silencio hacía de tonada para unas pocas palabras leves) – digo – cuando le escuchabas hablar te dabas cuenta de que lo visible era apenas una gota frente al mar de emociones que llevaba dentro: mar calmo la mayor parte del tiempo, pero me consta que otras debió sentirlo como un mar bravío y desatado en olas, tormenta que hubiese hecho zozobrar su débil barca… de no haber sido por su fe y su inquebrantable esperanza.

De algún modo, todo cuanto él hacía quedaba convertido en un canto de espíritu, en un diálogo con el misterio. Es la impresión que daba, él y aquella otra chica con la que salía a pasear por los cerros, a esa hora en que el sol y la luna cruzan sus órbitas en el cielo. Atardecer de un día, despertar de estrellas. Se amaban. Eso dicen algunos, que se conocían y se amaban. Quizá era al revés; quizá se amaban tan profundamente que era como si se conociesen desde siempre. Quién sabe. El caso es que uno y otro coincidían en ese lugar del alma donde sobran las palabras, pues compartían una misma música de espíritu, una sed, un mismo fuego, un íntimo anhelo de paz, un sagrado enamoramiento. Se amaban, estaban habitados por un mismo Amor más allá de todo espacio y todo tiempo: un amor expansivo que, lejos de cerrarse en sí mismo, les movía también a buscarlo en cada criatura. Amor desbordado del corazón a los labios, tan bello que era capaz de inspirarle Cánticos y poemas, tendidos como lazos de unión con el universo. Por eso hay quienes dicen que ellos dos nunca se separaron: porque se alentaron para seguir viviendo la misma búsqueda en trascedente sintonía, con la misma serena alegría…

Muchos le tomaban por loco. Imagínese, hoy en día, ¿quién estaría dispuesto a dedicar su vida para llevar a otros el puro amor? ¿quién encuentra tiempo para detenerse a contemplar las nubes y las estrellas, para seguir el recorrido de un insecto sobre la tierra y observar el crecimiento de las flores? ¿Quién se permite soñar que otro mundo es posible? ¿quién camina sin más rumbo ni meta que conmover el corazón de los hombres? Juglar de Dios le llamaban, el pobrecillo de Asís, mendigo… Y le diré que ciertamente lo era, pues nada tenía sino amor. Y ni eso, porque ya sabe usted que el amor no se posee ni se aferra… brota sin más, se desborda en el corazón desde no se sabe dónde, y llega un momento en que sencillamente no puede contenerse por más tiempo. Así le ocurría a él: era tanto el amor que le habitaba, que se dedicaba a darlo a manos llenas. Por eso era un mendigo de amor, y a la vez el hombre más rico de la tierra: nos mostró que quien nada posee vive todo como riqueza; nos mostró que quien nada tiene para dar, tan sólo puede darse él mismo como ofrenda. He aquí su tesoro, y el más hermoso de todos los regalos que puede hacer un hombre. Es lo que él hizo: se entregó sin reservarse nada, de la túnica al corazón, de la piel al alma. A imitación de su Señor, Jesucristo. Pura entrega, sin detenerse en teorías: de palabra compartía versos y oraciones y algunos escritos que redactó para su orden, pero fue su manera de vivir la que resultaba sugestiva. Su manera de ser, ¡ya ve! Hubo algunos que no le entendieron, a pesar de sus gestos tan sencillos. No todos le reconocieron, a pesar de ser un hijo de vecino. Pero yo le aseguro que aquí nadie le ha olvidado.

A mí me ocurre que algunas tardes me asomo a la ventana y contemplo el cielo. Y le recuerdo, así sin más. O me siento a la puerta de mi casa y miro esos cerros por los que paseaba con su amiga Clara. Y ¿sabe? Es como si algo se me esponjase aquí dentro, como si se ensanchase el alma. ¿No ve? hasta la piel se me pone de gallina. Porque le diré un secreto: él era más que “él”. No sé si me explico, pero algo en ese muchacho hablaba de cosas más grandes que él mismo. En su mirada había un fuego sereno, un resplandor de vida, una invitación casi provocadora a ofrendar el alma en el día a día… Llámele Amor, llámele Dios lo que le movía, ¿importa acaso? Era un hombre de Dios porque de Él hablaban sus gestos, pero era también un enamorado de las personas, ¿entiende? Una persona como usted o como yo, pero con ese resplandor en los ojos que sólo tienen aquellos que están profundamente enamorados. Por eso pasó su vida buscando nuevas formas para transmitir a otros el Amor: ése que él intuía en cuanto le rodeaba y también, secretamente, en lo profundo de sí mismo. Porque el amor es creativo y busca siempre nuevas maneras de expresión. Incluso las más impensables. ¿O cómo se explica, si no, que le diese por acoger y cuidar a los leprosos? Como lo oye: se volcó absolutamente con estas personas, en realidad con todo aquél que manifestase algún tipo de necesidad. Sencillamente era alguien demasiado sensible para no hacerlo: se acercaba a ellos con el mismo cuidado que ponía en oler una flor; les hablaba con la misma emoción que se advertía en sus palabras cuando recordaba a su querida Clara.

Por éstos y otros gestos podría decirse que, a su manera, fue un revolucionario. Eso explicaría su iniciativa de reparar las iglesias que estaban en ruinas; el repentino afán por reformarlas que manifestó un día tras orar en la capilla de San Damián. Paradojas de la vida: fíjese que empezó por reconstruir iglesias deterioradas y terminó por renovarnos el sentir a nosotros mismos. Y eso que no siempre tendría claro lo que tenía que hacer ni cómo, no crea. Algunos hombres del pueblo le vieron caminar a solas por el monte durante muchos días. Iba demacrado, con el cuerpo bien cubierto por el hábito sin dejar ver apenas un centímetro de piel. La mirada perdida, como si fuese ciego, a tientas, buscando en su interior una luz perdida, como queriendo reavivar un entendimiento que sólo el corazón comprende…

Pese a todas las dificultades que pudo haber pasado, puedo decirle que en su vida no hizo sino transmitir a los demás una infinita alegría, una perfecta alegría que fue derramando a su paso como una lluvia de flores: la alegría de llevar a todos la verdadera paz de espíritu, ésa que el corazón ha descubierto antes en lo profundo de sí mismo. Sí, fue un hombre de paz, un hombre de bien; fue un buen hombre. ¿Cómo? ¿no se lo he dicho aún? Francisco, señor. Francisco era su nombre. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿Por qué lo olvidamos?

Publicado: 19 septiembre, 2012 en BIBLIA
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25 Tiempo ordinario (B) Marcos 9, 30-37
¿POR QUÉ LO OLVIDAMOS?
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 19/09/12.- Camino de Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos sobre el final que le espera. Insiste una vez más en que será entregado a los hombres y estos lo matarán, pero Dios lo resucitará. Marcos dice que “no le entendieron y les daba miedo preguntarle”. En estas palabras se adivina la pobreza de los cristianos de todos los tiempos. No entendemos a Jesús y nos da miedo ahondar en su mensaje.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús les pregunta: “¿De qué discutíais por el camino?”. Los discípulos se callan. Están avergonzados. Marcos nos dice que, por el camino, habían discutido quién era el más importante. Ciertamente, es vergonzoso ver al Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos llenos de estúpidas ambiciones. ¿De qué discutimos hoy en la Iglesia mientras decimos seguir a Jesús?

Una vez en casa, Jesús se dispone a darles una enseñanza. La necesitan. Estas son sus primeras palabras: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”. En el grupo que sigue a Jesús, el que quiera sobresalir y ser más que los demás, se ha de poner el último, detrás de todos; así podrá ver qué es lo que necesitan y podrá ser servidor de todos.

La verdadera grandeza consiste en servir. Para Jesús, el primero no es el que ocupa un cargo de importancia, sino quien vive sirviendo y ayudando a los demás. Los primeros en la Iglesia no son los jerarcas sino esas personas sencillas que viven ayudando a quienes encuentran en su camino. No lo hemos de olvidar.

Para Jesús, su Iglesia debería ser un espacio donde todos piensan en los demás. Una comunidad donde estamos atentos a quien nos puede necesitar. No es sueño de Jesús. Para él es tan importante que les va a poner un ejemplo gráfico.

Antes que nada, acerca un niño y lo pone en medio de todos para que fijen su atención en él. En el centro de la Iglesia apostólica ha de estar siempre ese niño, símbolo de las personas débiles y desvalidas, los necesitados de apoyo, defensa y acogida. No han de estar fuera, junto a la puerta. Han de ocupar el centro de nuestra atención.

Luego, Jesús abraza al niño. Quiere que los discípulos lo recuerden siempre así. Identificado con los débiles. Mientras tanto les dice: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí…acoge al que me ha enviado”.

La enseñanza de Jesús es clara: el camino para acoger a Dios es acoger a su Hijo Jesús presente en los pequeños, los indefensos, los pobres y desvalidos. ¿Por qué lo olvidamos tanto? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

PERCHÉ LO DIMENTICHIAMO?

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Camminando verso Gerusalemme, Gesù continua a istruire i suoi discepoli sulla fine che lo aspetta. Ripete ancora una volta che sarà consegnato agli uomini e lo uccideranno, ma Dio lo risusciterà. Marco dice che non lo comprendevano e avevano timore di chiedergli spiegazioni. In queste parole s’indovina la povertà dei cristianI di tutti i tempi. Non comprendiamo Gesù e abbiamo paura di approfondire il suo messaggio.

Arrivando a Cafarnao, Gesù li interroga: Di che cosa stavate discutendo lungo la via? I discepoli tacciono. Hanno vergogna. Marco ci dice che, lungo la via, stavano discutendo di chi fosse il più importante. Certo, è vergognoso vedere il Crocifisso accompagnato da vicino da un gruppo di discepoli pieni di stupide ambizioni. Di che discutiamo oggi nella Chiesa mentre diciamo di seguire Gesù?

Una volta a casa Gesù si dispone a dar loro un insegnamento. Ne avevano bisogno. Queste sono le sue prime parole: Se uno vuole essere il primo, sia l’ultimo di tutti e il servo di tutti. Nel gruppo che segue Gesù, chi voglia emergere ed essere più degli altri, deve mettersi per ultimo, dietro a tutti, così potrà vedere di che cosa hanno bisogno e potrà essere servo di tutti.

La vera grandezza consiste nel servire. Per Gesù, il primo non è chi occupa una carica importante, ma chi vive servendo e aiutando gli altri. I primi nella Chiesa non sono i gerarchi ma quelle persone semplici che vivono aiutando chi incontrano sul loro cammino. Non dobbiamo dimenticarlo.

Per Gesù, la sua Chiesa dovrebbe essere uno spazio in cui tutti pensano agli altri. Una comunità in cui stiamo attenti a chi può avere bisogno di noi. Non è un sogno di Gesù. Per lui è così importante che darà loro un esempio chiaro.

Prima di tutto, avvicina un bambino e lo pone in mezzo a tutti perché concentrino l’attenzione su di lui. Al centro della Chiesa apostolica deve stare sempre questo bambino, simbolo delle persone deboli e sprovvedute, i bisognosi di appoggio, di difesa e d’accoglienza. Non devono rimanere fuori, presso la porta. Devono occupare il centro della nostra attenzione.

Poi, Gesù abbraccia il bambino. Vuole che i discepoli lo ricordino sempre così. Identificato con i deboli, mentre dice loro: Chi accoglie uno di questi bambini nel mio nome, accoglie me; chi accoglie me… accoglie colui che mi ha mandato.

L’insegnamento di Gesù è chiaro: la via per accogliere Dio è accogliere suo Figlio Gesù presente nei piccoli, negli indifesi, nei poveri e negli sprovveduti. Perché lo dimentichiamo tanto?

 

POURQUOI L’OUBLIONS-NOUS?

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Chemin faisant vers Jérusalem, Jésus continue d’instruire ses disciples sur la fin qui l’attend. Une fois de plus, il insiste sur le fait qu’il sera livré aux hommes et que ceux-ci le tueront, mais Dieu le ressuscitera. Marc ajoute « qu’ils ne le comprenaient pas et qu’ils avaient peur de lui poser des questions ». On devine dans ces mots la pauvreté des chrétiens de tout temps. Nous ne comprenons pas Jésus et nous avons peur d’aller en profondeur dans son message.

En arrivant à Capharnaüm, Jésus leur demande: De quoi discutiez-vous en marchant? Les disciples se taisent. Ils ont honte. Marc nous dit que sur le chemin ils avaient discuté de qui parmi eux était le plus important. Il est certainement honteux de voir le Crucifié accompagné de près par un groupe de disciples pleins d’ambitions stupides. De quoi discutons-nous aujourd’hui dans l’Eglise alors que nous prétendons suivre Jésus ?

Une fois à la maison, Jésus s’apprête à les instruire. Ils en ont besoin. Voici ses premiers mots : « Celui que veut être le premier, qu’il soit le dernier de tous et le serviteur de tous ». Celui qui, dans le groupe des disciples de Jésus, veut se faire remarquer et être plus que les autres, doit se mettre à la dernière place, derrière tout le monde ; il pourra ainsi voir ce dont ils ont besoin et il pourra devenir le serviteur de tous.

La véritable grandeur consiste à servir. Pour Jésus, le premier n’est pas celui qui occupe un poste important mais celui qui vit en servant et en aidant les autres. Dans l’Eglise, les premiers ne sont pas les hiérarques mais ces personnes simples qui vivent en aidant ceux qui croisent leur chemin. Il ne faut pas l’oublier.

Pour Jésus, son Eglise devrait être un espace où tout le monde pense aux autres. Une communauté où tout le monde est attentif à ceux qui peuvent avoir besoin de nous. Ce n’est pas un rêve de Jésus. C’est tellement important pour lui, qu’il va leur donner un exemple graphique.

Tout d’abord, il fait venir un enfant et le met au milieu de tous afin que tout le monde fixe son attention sur lui. Au cœur de l’Eglise apostolique, doit toujours se trouver cet enfant, symbole des personnes faibles et démunies, celles qui ont besoin d’appui, de défense et d’accueil. Elles ne doivent pas être dehors, près de la porte. Elles doivent occuper le centre de notre attention.

Ensuite, Jésus embrasse l’enfant. Il veut que les disciples gardent toujours ce souvenir: Jésus identifié aux faibles. Et il leur dit en même temps : « Celui qui accueille un de ces enfants en mon nom, c’est moi qu’il accueille ; et celui qui m’accueille, accueille celui qui m’a envoyé »

L’enseignement de Jésus est clair: le chemin pour accueillir Dieu est l’accueil de son Fils Jésus, présent dans les petits, les vulnérables, les pauvres et les démunis. Pourquoi l’oublions-nous si souvent ?

 

WHO IS THE GREATEST

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

On the way to Jerusalem, Jesus was instructing his disciples about his

death, but they did not understand. He told them very clearly how he was going to be delivered into the hands of men, later be put to death, but later he would rise again. Mark says: “But they did not understand what he said and they were afraid to ask.” These words reflect the inability of so many Christians of all times to really understand Jesus’ message or even ask Him explain further what He means.

As they came to Capernaum, Jesus asked them: “What were you arguing about on the road? They said nothing, because they were ashamed to tell Him that they were discussing about who was greatest among them. It is really sad as we see the disciples of Jesus, about to be crucified, discussing such mundane and selfish questions. We might ask ourselves, too, what are we worrying about in the Church today those who claim to be followers of Christ?

As they reached home, Jesus settled down to instruct them further. They really needed a good lesson. These were His first words: “If anyone wants to be first, he must make himself last of all and servant of all.” Among those that call themselves disciples of Jesus, anyone wanting to be greater than the rest must place himself last; only then he will be able to find out what the others need and then become servant of all.

True greatness is found only in service. For Jesus, the first is not the one who occupies a place of importance but the one who serves and helps all the others. In the Church, the first are not the members of the Hierarchy, but the simple and unknown people who keep helping those they find along the way. This is something we should never forget in the Church.

According to Jesus, the Church should be a place where everyone is thinking about others. A community is a home in which we are all ready to help anyone in need. This is not just an ideal. This was so important for Jesus that He went still further and explained it graphically.

He then took a little child, set him in front of them, to draw their attention. At the very heart of our living Church we must all see this child as a symbol of all helpless people and those in need of support, guidance, and welcome. They should not be kept outside the Church, near the door. They must be at the centre of our attention.

Jesus embraced the little child so that his disciples would always remember the scene, and see Him identified with the weaker members of our communities. And Jesus told them: “Anyone who welcomes one of these little children in my name welcomes me; and anyone who welcomes me welcomes not me but the one who sent me.”

Jesus’ teaching is clear: the best way to welcome God consists in welcoming His Son Jesus who is present in every child, in the helpless, the poor and the sick. Why do we always forget this?

 

ZERGATIK GARA AHAZTEN?

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jerusalemerako bidean, ikasleei irakaspena ematen jarraitu du Jesusek, espero dion zoriaz. Behin eta berriz errepikatu du gizonen esku utziko dutela eta hauek hilko, baina Jainkoak piztuko. Markosek dio «ez ziotela ulertu eta beldurra ematen ziela galdetzeak». Garai guztietako kristauen pobretasuna nabari da hitz hauetan. Ezin ulertu dugu Jesus eta beldurra ematen digu haren mezuan sakontzeak.

Kafarnaumera iristean, Jesusek galdetu die: «Zein hika-mika zenuten bidean?» Eta ikasleak isilik. Lotsaturik dira. Markosek esaten digu, handiena zein ote zen zutela eztabaida, bidean. Benetan, lotsatzekoa da Gurutziltzatuko dutena halako ikasleez inguratua ikustea: halako handinahi zoroa bizi dutenez. Eta zein dugu gaur egun eztabaidagai Elizan, Jesusi jarraiki gabiltzala?

Etxera iristean, irakaspen bat eman nahi die Jesusek. Premiazkoa dute. Hona Jesusen lehen hitzak: «Lehena izan nahi duena, izan bedi guztien artean azkena eta guztien zerbitzaria». Jesusi jarraiki doan taldean, gailendu eta besteak baino handiago izan nahi duenak, azkena behar du izan, guztien ondorengoa; horrela ikusi ahal izango du zein premia duten, horrela izan ahalko da guztien zerbitzari.

Egiazko handitasuna zerbitzari izatean datza. Jesusentzat, lehena ez da garrantzizko kargua duen bat, baizik gainerakoen zerbitzari eta laguntzaile bizi dena. Lehenak, Elizan, ez dira hierarkak, baizik jende xume hori, bidean aurkitzen duenari lagunduz bizi den hori. Ez ginateke horretaz ahaztu behar.

Jesusen ustez, guztiak besteengan pentsatuz bizi diren pertsonen gune izan beharko luke Elizak. Gure beharra lukeen jendeari adi bizi garen elkarte. Ez da Jesusen ameskeria. Harentzat hain garrantzizkoa da hori, non etsenplu bizi bat emango baitigu.

Beste ezer baino lehen, haur bat hartu eta guztien artean ezarri du, arreta harengan ipin dezaten. Apostolutar Elizaren erdian beti egon beharko luke haur horrek, jende ahul eta ezinduaren, laguntza-, babes- eta arreta premia dutenen sinbolo bezala. Ez luke egon behar kanpoan, atarian. Gure arretaren xede izan behar luke.

Ondoren, haurra besarkatu du. Ikasleek hori beti gogoan izan dezaten nahi du. Eta esan die: «Haur hau bezalako bat nire izenean onartzen duenak, ni neu onartzen nau, eta ni neu onartzen nauenak, ni neu bidali nauena onartzen du».

Begi-bistakoa da Jesusen irakaspena: Jainkoa onartzeko bidea, haren Seme Jesus onartzea da: jende xume, babesgabe, behartsu eta ezinduagan presente dagoen Jesus onartzea. Zergatik gara ahazten horretaz horrenbeste?

 

PER QUÈ HO OBLIDEM?

José Antonio Pagola.Traductor:Francesc Bragulat

Camí de Jerusalem, Jesús continua instruint els seus deixebles sobre el final que li espera. Insisteix una vegada més en que serà lliurat als homes i aquests el mataran, però Déu el ressuscitarà. Marc diu que “no comprenien què volia dir, però tenien por de fer-li preguntes”. En aquestes paraules s’endevina la pobresa dels cristians de tots els temps. No entenem Jesús i ens fa por aprofundir en el seu missatge.

En arribar a Cafarnaüm, Jesús els pregunta: “Què discutíeu pel camí?”. Els deixebles callen. Estan avergonyits. Marc ens diu que, pel camí, havien discutit qui era el més important. Certament, és vergonyós veure el Crucificat acompanyat de prop per un grup de deixebles plens d’estúpides ambicions. De què discutim avui en l’Església mentre diem seguir Jesús?

Un cop a casa, Jesús es disposa a donar-los un ensenyament. El necessiten. Aquestes són les seves primeres paraules: “Si algú vol ser el primer, que es faci el darrer de tots i el servidor de tots”. En el grup que segueix Jesús, qui vulgui sobresortir i ser més que els altres, s’ha de posar l’últim, darrere de tots, així podrà veure què és el que necessiten i podrà ser servidor de tots.

La veritable grandesa consisteix a servir. Per Jesús, el primer no és el que ocupa un càrrec d’importància, sinó qui viu servint i ajudant els altres. Els primers a l’Església no són els jerarques sinó aquestes persones senzilles que viuen ajudant els que troben en el seu camí. No ho hem d’oblidar.

Per a Jesús, la seva Església hauria de ser un espai on tots pensen en els altres. Una comunitat on estem atents a qui ens pot necessitar. No és un somni de Jesús. Per a ell és tan important que els posarà un exemple gràfic.

Primer de tot, agafa un nen i el posa enmig de tots perquè fixin la seva atenció en ell. Al centre de l’Església apostòlica hi ha d’haver sempre aquest nen, símbol de les persones febles i desvalgudes, els necessitats de suport, de defensa i d’acolliment. No han d’estar fora, al costat de la porta. Han d’ocupar el centre de la nostra atenció.

Després, Jesús abraça el nen. Vol que els deixebles el recordin sempre així. Identificat amb els febles. Mentrestant els diu: “Qui acull un d’aquests infants en nom meu, m’acull a mi, i qui m’acull a mi,… acull el qui m’ha enviat”.

L’ensenyament de Jesús és clar: el camí per acollir Déu és acollir el seu Fill Jesús present en els petits, els indefensos, els pobres i desvalguts. Per què ho oblidem tant?

 

POR QUE O ESQUECEMOS?

José Antonio Pagola.Traduciu:Xaquín Campo

Camiño de Xerusalén, Xesús segue instruíndo aos seus discípulos sobre o final que lle espera. Insiste unha vez máis en que será entregado aos homes e estes matarano, pero Deus resucitarao. Marcos di “que non o entenderon e dáballes medo preguntarlle”. Nestas palabras adivíñase a pobreza dos cristiáns de todos os tempos. Non entendemos a Xesús e dános medo profundar na súa mensaxe.

Ao chegar a Cafarnaún, Xesús pregúntalles: “De que discutiades polo camiño?”. Os discípulos calan. Están avergoñados. Marcos dinos que, polo camiño, discutiran quen era o máis importante. Certamente, é vergoñoso ver ao Crucificado acompañado de cerca por un grupo de discípulos cheos de estúpidas ambicións. De que discutimos hoxe na Igrexa mentres dicimos seguir a Xesús?

Chegados á casa, Xesús disponse a darlles unha lección. Necesítana. Estas son as súas primeiras palabras: “Quen queira ser o primeiro, que sexa o último de todos e o servidor de todos”. No grupo que segue a Xesús, o que queira sobresaír e ser máis que os demais, hase pór o último, detrás de todos; así poderá ver que é o que necesitan e poderá ser servidor de todos.

A verdadeira grandeza consiste en servir. Para Xesús, o primeiro non é quen ocupa un cargo de importancia, senón quen vive servindo e axudando aos demais. Os primeiros na Igrexa non son os xerarcas senón esas persoas sinxelas que viven axudando a quen atopan no seu camiño. Non o esquezamos.

Para Xesús, a súa Igrexa debería ser un espazo onde todos pensan nos demais. Unha comunidade onde estamos atentos a quen nos pode necesitar. Non é soño de Xesús. Para el é tan importante, que lles vai pór un exemplo ben gráfico.

Primeiro de nada, achega un neno e pono no medio de todos para que fixen a súa atención nel. No centro da Igrexa apostólica ha de estar sempre ese neno, símbolo das persoas débiles e desvalidas, os necesitados de apoio, defensa e acollida. Non han de estar fóra, xunto á porta. Han ocupar o centro da nosa atención.

Logo, Xesús abraza ao neno. Quere que os discípulos o recorden sempre así. Identificado cos débiles. Mentres tanto dilles: “O que acolle a un neno como este no meu nome, acólleme a min; e o que me acolle a min…acolle ao que me enviou”.

O ensino de Xesús é claro: o camiño para acoller a Deus é acoller ao seu Fillo Xesús presente nos pequenos, os indefensos, os pobres e desvalidos. Por que o esquecemos tanto?

FE Y ESPERANZA EN TIEMPO DE CRISIS
KOLDO ALDAI, koldo@portaldorado.com
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 14/05/12.- En la calle y en los medios impera el tema de la crisis pero absolutamente nada frena el brotar de las nuevas hojas, el despertar de la nueva vida en la avanzada primavera. El Ibex en rojo no detiene ninguna clorofila. Los batacazos de la bolsa no paralizan las huertas en mi aldea. La prima de riesgo no afecta el florecer de los campos. El hayedo inmenso gana cada día, quién sabrá de dónde, más fascinante verde. La vida continúa, es el sistema económico urdido por el humano el que quiebra. La naturaleza entera se rige por la economía del bien común que nosotros/as no terminamos de observar. Más allá de ese verde que ahora va conquistando nuestros paisajes, hay un mundo individualista y materialista que zozobra, más allá de la economía real, hay una economía artificial y especulativa que se tambalea.

Toda la naturaleza contribuye al orden, a la armonía, al progreso conjunto, pero a nosotros nos alcanzan los Mayos sin despertar a la necesidad de promover el bien colectivo. Nos resta ser uno con ese supremo concierto global. Nuestro futuro está indisolublemente ligado a nuestra reubicación en el equilibrio de lo natural.

Adecuarse con menos puede ser absolutamente liberador, puede ayudarnos a emanciparnos de la prisión del tener para saltar a los anchos prados del ser. Vivir con lo necesario es un imprescindible ejercicio solidario. Apretarse el cinturón puede ser un ensanchar de la vida y sus inmensas posibilidades, una expansión de creatividad. La crisis nos da la oportunidad de salir al mundo más nosotros, más desnudos; nos otorga la posibilidad de recuperar lo sencillo en detrimento de lo sofisticado, de llamar a la puerta de una esfera más íntima y olvidada. La esperanza no puede venir sino desde el absoluto convencimiento del poder inmenso del que somos portadores. Será de ley reivindicar lo que es justo en cuanto a condiciones laborales y remuneraciones, pero también comenzar a arreglarnos con lo “justo” y prescindir de lo superfluo.

Si antes vivimos por encima, ahora toca vivir desde más adentro. La crisis nos pone a prueba. Las gentes y los pueblos son graduados en momentos de apuros. Estos tiempos aparentemente más difíciles nos invitan a un rearme de fe y de esperanza. Fe no necesariamente ceñida, ya no necesariamente ajustada a patrón, sino fe ancha, abierta y a la vez profunda; esperanza de que las soluciones no llegan de fuera, sino de nuestro propio interior; esperanza de que ahora estamos en mejores condiciones para dar vida a una civilización más instalada en el cooperar y el compartir, en el respeto a la Madre Naturaleza y sus reinos.

No nos falta fe de que emergeremos de la crisis, siempre y cuando optemos por la sencillez y la solidaridad. La solidaridad linda la reverencia de la que tanto adolece nuestro mundo aún codicioso. Tenemos fe de que estamos a las puertas de una nueva era más reverente con el otro, sus circunstancias y su diferencia; un nuevo tiempo más reverente con cuanto nos rodea. La sostenibilidad tendrá largo recorrido cuando parta de esa actitud sinceramente considerada, cuando sea algo más que una mera consigna ecologista, una meta de vanguardia y devenga una llamado inaplazable del alma, cuando volvamos a ser en comunión con la Madre Tierra-Amalurra, cuando nos vinculemos absolutamente a su destino.

Reverenciar es por lo tanto recolocarnos debidamente en el concierto de la creación, ya no para ser más, ya no para ser quienes usurpan y explotan, sino para devenir quienes velan por ese concierto. Es reencontrar nuestro lugar excelso en la cumbre de lo creado, entendiendo esa cima como el supremo compromiso para la preservación y el progreso de cuanto late. Nadie habla de tomar camino de la caverna, de prescindir de los adelantos útiles al genuino e integral progreso humano, sí de prescindir de cuanto adelanto mata, envenena, usurpa, explota…

La crisis es el gran interrogante que estaba colocado en nuestro itinerario colectivo. No sorteemos ese “stop” imprescindible. Se impone el cuestionamiento de buena parte de cuanto producimos. Cada vez más personas sentimos la crisis como oportunidad de oro para reorientar nuestros pasos, para reinventarnos a nosotros, a nuestra civilización, a nuestra forma de relacionarnos. Hay que empezar de nuevo con otros valores, con otros principios, tras otro destino. Sería además un gran error pensar que nos hallamos en una crisis de exclusivo orden económico y no de modelo civilizacional. Optamos por explotar u optamos por reverenciar. Optamos por enriquecernos más y más materialmente, no importa a consta de qué o de quién, u optamos por reencontrarnos a nosotros mismos y a la vida que nos envuelve. La palabra consumo, y su tan mentada reactivación, nos habla más de la primera opción.

La fe y la esperanza en este tiempo de crisis no nos la da por lo tanto la reactivación del consumo, sino la reactivación de nuestra alma, de nuestro potencial creador, de nuestro potencial amador. La fe y la esperanza en medio de la crisis nos la proporciona el parón, el silencio, la ocasión para regenerar nuestra mirada, para dejarnos encantar por las primaveras de uno y otro signo que ya son con nosotros.

En última instancia sostenibilidad es sacralizar, porque sólo llegaremos a respetar, proteger y amar por entero aquello que consideramos sagrado. El ocaso de una civilización materialista e individualista que hace aguas por doquier, nos coloca a las puertas de una era más cargada de alma, más grupal, más consciente. El fin de la regencia de lo profano nos aboca a un tiempo más  sagrado aún por definir. El desespero de la crisis habrá de tornar poco a poco en pasión colectiva para sentar las bases de ese nuevo y más fraterno mundo por el que cada vez más humanos suspiramos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).