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PosibleREVOLUCIÓN DE LA ENTEREZA
KOLDO ALDAI, coordinacion@foroespiritual.org
ARTAZA (NAVARRA).

ECLESALIA, 05/02/13. Todo apunta a que no ha de llegar la catarsis colectiva de los mandatarios, que, pese a las palmarias pruebas, seguirán acorazados. La entera franqueza no tiene prisa por acercarse a los labios de quienes nos gobiernan. ¿Debía asomar la verdad tras el atril, delante de los focos o bastará que proyectemos luz sobre nuestras propias verdades? Larga cadena de frustraciones nos animan a concluir que el progreso social no se urde tanto en Calle Génova, en Ferraz o la Moncloa, como en más íntimas sedes.

En realidad buena parte de este sistema, no sólo de una opción política, está fundamentado en la falsedad: la ficción del dinero como norte, de la rivalidad como progreso, de la competitividad como valor rector de nuestras relaciones… Los engaños nos acorralan: la química cura, los animales nos son ajenos, el veneno es preciso para que los campos florezcan en abundancia y el asfalto es el inevitable escenario de nuestros días. No nos convence tampoco ese aparente brillo en la chapa de nuestros vehículos, cuando el hambre rueda aún a gran velocidad por tantas geografías. Gobierna el embuste de que la vida se acaba cuando el cuerpo físico se agota, de que no nos alcanza latido para prolongarnos en los senderos de la eternidad… Nos ocultaron sobre todo que la existencia es experiencia y servicio, no materia y placer; que el gozo tiene que ver con el volumen de la entrega al prójimo, no con el grosor de un sobre cargado de dinero negro.

Las falsedades nos acorralan, pero nos resistimos a acostumbrarnos a ellas. Vivimos sorteando incongruencias, de forma que no nos sorprende que nuestro presidente se atrinchere en las suyas. Ante la expectación de toda una nación, el supremo mandatario sube a los micrófonos y dice que no ha recibido ningún sobre. No somos, ni deseamos ser jueces para afirmar categóricamente, pese a la abundancia de pruebas, que esos sobresueldos entraran en su bolsillo, pero nos permitan otro rumbo, nos concedan ya no estar pendientes de sus ruedas de prensa, no permanecer a la expectativa de que en ellas al fin aflore el hombre en su transparencia, en su entereza, en su conciencia.

No somos peritos de grafología, avanzaremos con la caligrafía más segura de nuestras verdades. Cuando un sistema falso zozobra, nos queda asirnos a principios eternos, imbatibles; afrontar futuro con las máximas que no caducan. Más allá de las estructuras en preocupante medida corrompidas, de las incógnitas que seguramente nunca resolveremos; más allá de la confianza que arriba tan menudo no hallamos, de la proliferación de mandatarios que no se prestan a otorgarles deseada confianza…, toca encarnar los valores que anhelamos ver instalados en el mundo y su clase gobernante.

Toca apagar aún un poco más los telediarios en los que escasean los hombres que portan su corazón en la mano. Toca sobre todo escribir nuestros propios cuadernos sin borrones, ni engaños. Sí, queremos mandatarios rectos, pero somos conscientes de que esa pulcritud gobernará arriba, cuando se instale plenamente en nuestros adentros. Más allá de lo que ellos apuntan en sus cuadernos sospechosos, toca limpieza en la contabilidad entre nuestras líneas. Toca denunciar el cuaderno de los abusos, el proceder del “generoso” tesorero siempre tan cargado de sobres, pero sobre todo librar de mancha el cuaderno de nuestras cuentas.

A la postre, quizás nuestro futuro nos lo juguemos menos de lo que pensamos en los despachos de los políticos. Toca fundamentar el mañana en esas certezas que juntos estamos construyendo: la seguridad de que el valor superior de la solidaridad rige el universo y más pronto que tarde gobernará también nuestro planeta; la convicción de que el desarrollo se sostendrá definitivamente cuando por fin imperen los principios del cooperar y el compartir, la evidencia de que cuanto más damos, más recibimos, de que la Tierra es nuestra Madre bendita y debemos cuidarla…

Tenemos verdades como alboradas a las que servir. No necesitamos estar pendientes de pronunciamientos lejanos, de ninguna rueda de prensa en Moncloa o en Génova. Ellos saben de su recorrido hacia la debida honradez y espíritu de genuino servicio. Nosotros/as también tenemos gobierno compartido en nuestros hogares, en nuestros círculos más cercanos, en nuestras parcelas de trabajo, en nuestros propios cuerpos… Nosotros también ahí necesidad de implementar justicia, solidaridad, belleza, armonía… A cada quien su afán en el infinito y majestuoso orden del universo.

No es sólo la palabra que hubiéramos querido escuchar ante aquel micrófono, es también nosotros aflorar con la parte de certeza, con la parte Real de la que somos portadores. Son también las cuentas en “A”, los cálculos trasparentes y generosos en nuestros despachos de adentro. Es comenzar a pensar que nosotros podemos ser la última casilla en la que rellenemos el beneficio. No, no es sólo el mensaje a recibir, sino también a emitir; es también la palabra que nos debemos dentro. Es sobre todo la revolución que arranca en nuestra sencilla entereza, en nuestra vital transparencia; el horizonte que se abre cuando cada quien nos instalamos en la plena verdad, en la ineludible responsabilidad, en el centro de un cada vez más urgente compromiso planetario. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

En Madrid, del 6 al 9 de septiembre de 2012
ANTE EL XXXII CONGRESO DE TEOLOGÍA
‘Cristianismo, mercado y movimientos sociales’
JUAN JOSÉ TAMAYO, Asociacion de Teologos y Teologas Juan XXIII, jjtamayo@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 06/09/12.-Queridas amigas, queridos amigos. Llegamos a la XXXII edición del Congreso de Teología, que venimos celebrando ininterrumpidamente desde 1981. ¡Todo un record! Especialmente en tiempos de crisis. No pocos de nosotros hemos sido fieles a la cita anual a comienzos de septiembre desde el primer año, porque lo consideramos un espacio verde para el encuentro solidario, la convivencia grupal, el debate abierto, el diálogo, el enriquecimiento personal y el aprendizaje mutuo.

Cada año hacemos un esfuerzo por incorporar temas sugerentes, ponentes que motiven a la reflexión y aporten claves de conocimiento e interpretación de la realidad, contertulios que generen debate desde diferentes posiciones ideológicas, personas que relaten experiencias vivas, amigos y amigas que traigan al Congreso los problemas candentes de la calle, las situaciones dramáticas que viven los excluidos, los momentos más dramáticos producidos por la crisis, especialistas que analicen la realidad críticamente, sin embellecerla, y teólogos y teólogas que aporten luz y esperanza con propuestas y alternativas en la oscuridad del presente.

Fiel a esa metodología y a ese espíritu, y huyendo de planteamientos idealistas que no hacen pie en la realidad, el XXXII Congreso, que se celebrará del 6 al 9 de septiembre en la Sede de Comisiones Obreras Madrid Religión, c/ Lope de Vega 40, toca tierra de nuevo y, en la cresta de la ola de la crisis, tiene como tema “Cristianismo, Mercado y Movimientos Sociales”. Lo inaugurará el economista Arcadi Oliveres, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de Justicia y Paz, quien hará un análisis crítico de la dictadura de los mercados y apuntará las alternativas, que haberlas haylas, como  demuestran Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón en su libro Hay alternativas. Entre dichas alternativas contamos en las Comunicaciones y las Mesas Redondas con: Solidarios por el Desarrollo, organización de voluntariado con programas en distintos ámbitos de actuación, Experiencia de Acompañamiento con los Sin techo, Voluntarios de la Parroquia de San Carlos Borromeo en el Poblado del Gallinero, la Red de Apoyo-Inter-Lavapiés, la Comisión de Movimientos Sociales de Iglesia de Base de Madrid y Horizontes Abiertos entidad dedicada a la atención de los marginados.

Los movimientos sociales serán objeto de un análisis riguroso a cargo de la intelectual feminista Alicia Puleo, profesora de filosofía de la Universidad de Valladolid, quien centrará su reflexión en dichos movimientos en cuanto pensamiento y praxis para el cambio. El papel de los movimientos sociales ante la crisis será analizado por tres intelectuales y activistas sociales: Alberto Garzón, diputado de IU por Málaga, Lourdes Lucía, ex presidenta de ATTAC de Madrid y Emmanuel Rodríguez, de la Editorial Traficantes de Sueños. Diferentes movimientos cristianos aportarán algunas respuestas a la crisis desde su presencia en el mundo de la marginación y de la exclusión.

La reflexión ética es una de las claves de nuestra metodología inductiva. En este Congreso será Vicenta Font Gregori, ex vicepresidenta de Justicia y Paz, quien hará dicha reflexión con una conferencia sobre Valores éticos frente a la crisis financiera.

El comportamiento de los mercados y la actitud de los movimientos sociales en América Latina y África serán analizados desde la perspectiva de un cristianismo liberador por dos especialistas de dichos ámbitos geoculturales. El historiador, filósofo y teólogo Enrique Dussel, profesor de la UNAM (México), hablará de la respuesta del cristianismo latinoamericano a la dictadura de los mercados. Romeo Gbaguidi, de Benin, lo hará desde la perspectiva africana.

La conferencia final del Congreso correrá a cargo de José Antonio Pagola, profesor de Sagrada Escritura de San Sebastián y autor de Jesús. Una aproximación histórica, con el sugerente título “No podéis servir a Dios y al Dinero”: una lectura profética de la crisis, inspirada en Jesús de Nazaret.

Este año tenemos dos novedades, dos lenguajes nuevos, dos formas de expresión ausentes hasta ahora en nuestros Congresos. Una es la proyección de la excelente película Elefante Blanco, presentada al Festival de Cannes, dirigida por Pablo Trapero y protagonizada por Ricardo Darín, a la que seguirá un fórum moderado por el productor Juan Gordon, que generosamente nos facilitado su proyección

Otra es la Misa de la Tierra sin Males como clausura del Congreso Se trata de una Cantata con letra de Pedro Casaldáliga y Pedro Tierra, música y composición de Martín Coplas e interpretación de la Capilla Clásica San José de Sori. Sobre esta segunda novedad queremos hacer una observación. Cuando ya estaba impreso el programa, han surgido serios problemas de carácter técnico y económico, que dificultan la presencia de la Coral que interpreta la Cantata. Aun así y todo, no hemos querido renunciar a la misma y hemos buscado una solución con el apoyo y la colaboración de la propia Coral. Eduardo Lallana nos ha facilitado la música original, así como un visual que acompañará  a la misma. Esta solución nos parece la más adecuada a nuestras posibilidades. Aunque renunciamos a la presencia de la Coral en vivo y en directo, la tendremos en un excelente audio-visual de una extraordinaria fuerza literaria, musical e interpretativa

Como veis, es uno de los programas más completos y atractivos de todos los Congreso. Esperamos que os motive a asistir y a participar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: www.congresodeteologia.info

Eucaristía y crisis

Publicado: 6 junio, 2012 en BIBLIA
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El Cuerpo y la Sangre de Cristo (B) Marcos 14, 12-16
EUCARISTÍA Y CRISIS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA,06/06/12.- Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un “refugio religioso” que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana. Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

A veces somos sensibles a lo que afecta a la dignidad de la celebración, pero nos preocupa menos olvidarnos de las exigencias que entraña celebrar la cena del Señor. Nos molesta que un sacerdote no se atenga estrictamente a la normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutinariamente la misa, sin escuchar las llamadas del Evangelio.

El riesgo siempre es el mismo: Comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón, sin preocuparnos de comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

En los próximos años se van a ir agravando los efectos de la crisis mucho más de lo que nos temíamos. La cascada de medidas que se nos dictan de manera inapelable e implacable irán haciendo crecer entre nosotros una desigualdad injusta. Iremos viendo cómo personas de nuestro entorno más o menos cercano se van empobreciendo hasta quedar a merced de un futuro incierto e imprevisible.

Conoceremos de cerca inmigrantes privados de asistencia sanitaria, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación, familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas por el desahucio, gente desasistida, jóvenes sin un futuro nada claro… No lo podremos evitar. O endurecemos nuestros hábitos egoístas de siempre o nos hacemos más solidarios.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No es normal escuchar todos los domingos a lo largo del año el Evangelio de Jesús, sin reaccionar ante sus llamadas. No podemos pedir al Padre “el pan nuestro de cada día” sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlo. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

EUCARISTIA E CRISE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Todos os cristãos o sabem. A eucaristia dominical pode-se converter facilmente num “refúgio religioso” que nos protege da vida conflituosa em que nos movemos ao longo da semana. É tentador ir à missa para partilhar uma experiência religiosa que nos permite descansar dos problemas, tensões e más notícias que nos pressionam por todos os lados.

Por vezes somos sensíveis ao que afeta a dignidade da celebração, mas preocupa-nos menos esquecer-nos das exigências do que significa celebrar a ceia do Senhor. Incomoda-nos que um sacerdote não siga estritamente a normativa ritual, mas podemos continuar a celebrar rotineiramente a missa, sem escutar as chamadas do Evangelho.

O risco é sempre o mesmo: Comungar com Cristo no íntimo do coração, sem preocupar-nos de comungar com os irmãos que sofrem. Partilhar o pão da eucaristia e ignorar a fome de milhões de irmãos privados de pão, de justiça e de futuro.

Nos próximos anos vão-se agravar os efeitos da crise muito mais do que nós temíamos. A cascata de medidas que nos ditam de forma inapelável e implacável irão fazer crescer entre nós uma desigualdade injusta. Iremos ver como pessoas próximas de nós vão empobrecendo até ficar à merce de um futuro incerto e imprevisível.

Conheceremos de perto imigrantes privados de assistência sanitária, doentes sem saber como resolver os seus problemas de saúde ou de medicamentos, famílias obrigadas a viver da caridade, pessoas ameaçadas pelo despejo, gente sem assistência, jovens sem um futuro nada claro… Não o poderemos evitar. Ou endurecemos os nossos hábitos egoístas de sempre ou nos fazemos mais solidários.

A celebração da eucaristia no meio desta sociedade em crise pode ser um lugar de consciencialização. Necessitamos de libertar-nos de uma cultura individualista que nos habituou a viver pensando só nos nossos próprios interesses, para aprender simplesmente a ser mais humanos. Toda a eucaristia está orientada a criar fraternidade.

Não é normal escutar todos os domingos ao longo do ano o Evangelho de Jesus, sem reagir ante as Suas chamadas. Não podemos pedir ao Pai “o pão nosso de cada dia” sem pensar naqueles que têm dificuldades para obtê-lo. Não podemos comungar com Jesus sem nos fazermos mais generosos e solidários. Não podemos dar-nos a paz uns aos outros sem estar dispostos a estender uma mão a quem está mais só e indefenso ante a crise.

 

EUCARISTIA E CRISI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Noi cristiani lo sappiamo. L’Eucaristia domenicale può diventare facilmente un “rifugio religioso” che ci protegge dalla vita piena di contrasti nella quale ci muoviamo lungo la settimana. Siamo tentati di andare alla messa per condividere un’esperienza religiosa che ci permette di riposare dai problemi, tensioni e cattive notizie che ci premono da ogni parte.

A volte siamo sensibili a quello che riguarda la dignità della celebrazione, ma ci preoccupa meno che ci dimentichiamo delle esigenze che comporta il celebrare la cena del Signore. Ci disturba che un sacerdote non si attenga strettamente alla normativa rituale, ma possiamo continuare a celebrare come una rutine la messa, senza ascoltare gli appelli dell’Evangelo.

Il rischio è sempre lo stesso: Comunicare con Cristo nell’intimo del cuore, senza preoccuparci di comunicare con i fratelli che soffrono. Condividere il pane dell’Eucaristia e ignorare la fame di milioni di fratelli privati di pane, di giustizia e di futuro.

Nei prossimi anni si andranno aggravando gli effetti della crisi molto più di quel che temiamo. La cascata di provvedimenti che ci vengono imposti in maniera inappellabile e implacabile faranno crescere tra noi una diseguaglianza ingiusta. Via via vedremo come persone del nostro ambiente più o meno vicino si vanno impoverendo fino a rimanere alla mercé di un futuro incerto e imprevedibile.

Conosceremo da vicino immigrati privi di assistenza sanitaria, malati che non sanno come risolvere i loro problemi di salute e di medicine, famiglie obbligate a vivere di carità, persone minacciate di sfratto, gente senza assistenza, giovani senza un futuro per nulla chiaro… Non potremo evitarlo. O induriremo le nostre abitudine egoiste di sempre o ci faremo più solidali.

La celebrazione dell’Eucaristia in mezzo a questa società in crisi può essere un luogo di coscientizzazione. Dobbiamo liberarci da una cultura individualista che ci ha abituato a vivere pensando solo ai nostri propri interessi per imparare semplicemente a essere più umani. Tutta l’Eucaristia è orientata a creare fraternità.

Non è normale ascoltare tutte le domeniche dell’anno l’Evangelo di Gesù, senza reagire davanti ai suoi appelli. Non possiamo chiedere al Padre “il nostro pane quotidiano” senza pensare a quelli che hanno difficoltà ad averlo. Non possiamo comunicare con Gesù senza diventare più generosi e solidali. Non possiamo darci a vicenda la pace senza esser disposti a tendere una mano a quelli che sono più soli e indifesi di fronte alla crisi.

 

EUCHARISTIE ET CRISE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Nous tous, chrétiens, nous le savons bien : l’eucharistie dominicale peut devenir facilement un « refuge religieux » nous protégeant de la vie conflictuelle que nous menons tout au long de la semaine. C’est tentateur que d’aller à la messe pour partager une expérience religieuse qui nous permet de nous reposer des problèmes, des tensions et de mauvaises nouvelles qui nous pressent de partout.

Nous sommes parfois sensibles à ce qui concerne la dignité de la célébration, mais cela nous inquiète moins d’oublier les exigences qu’entraîne le fait de célébrer la Cène du Seigneur. Cela nous dérange qu’un prêtre ne respecte pas de façon stricte les normes rituelles, mais nous continuons de célébrer la messe de façon routinière, sans faire cas des appels de l’Evangile.

C’est toujours le même risque: communier avec le Christ au plus profond de notre cœur, sans nous soucier de communier avec nos frères qui souffrent. Nous partageons le pain de l’eucharistie, tout en ignorant la faim de millions de frères qui manquent de pain, de justice et d’avenir.

Au cours des prochaines années, les effets de la crise vont aller en s’aggravant beaucoup plus que nous ne le craignions. La cascade de mesures qui nous sont imposées de manière implacable et sans appel vont accroître entre nous une inégalité injuste. Nous verrons comment des personnes de notre entourage plus ou moins proche, vont progressivement s’appauvrir pour être à la merci d’un avenir incertain et imprévisible.

Nous connaîtrons de près des immigrants privés d’assistance sanitaire, des malades qui ne sauront pas comment résoudre leurs problèmes de santé ou de médicaments, des familles obligées à vivre de la charité publique, des personnes menacées par l’expulsion, des gens sans protection, des jeunes confrontés à un avenir incertain…On ne pourra pas l’éviter. Soit nous endurcissons nos habitudes égoïstes de toujours, soit nous devenons plus solidaires.

La célébration de l’eucharistie dans cette société en crise peut devenir une occasion de prise de conscience. Nous avons besoin de nous libérer d’une culture individualiste qui nous a habitués à nous concentrer uniquement sur nos propres intérêts, pour apprendre simplement à devenir un peu plus humains. Toute l’eucharistie est orientée vers la création de fraternité.

Il n’est pas normal d’entendre l’Evangile de Jésus chaque dimanche de l’année et de ne pas réagir face à ses appels. Nous ne pouvons pas demander au Père « notre pain de chaque jour » sans penser à ceux qui ont des difficultés pour en avoir. Nous ne pouvons pas communier avec Jésus sans devenir plus généreux et plus solidaires. Nous ne pouvons pas nous donner la paix les uns aux autres sans être prêts à tendre la main à ceux qui face à la crise se trouvent seuls et désemparés.

THE EUCHARIST AND OUR CURRENT CRISIS

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

All Christians know it very well. The Sunday Mass can easily become a “religious safe place” to hide from all our conflicts during the week. The Mass has almost become a meeting place to relax from the stress, problems and bad news that we have been subjected to during the week.

At times, we become sensitive to anything regarding the dignity of the celebration, but we easily forget about the significance and implications of the Lord’s Supper. We don’t like when the priest does not adhere strictly to the ritual celebration, but, at the same time, we follow the routine without ever responding to the summons of the Gospel readings.

The risk is always the same: we receive communion with our hearts without ever thinking about our suffering brethren, as if we had nothing in common. We share the Eucharistic bread while we keep ignoring the millions of brethren who don’t have bread, justice or any kind of future.

In the next few years, the current crisis will get worse than anything we had feared. The endless list of measures and sacrifices that will be imposed on all of us will only serve to widen the existing inequality among most of us. People with whom we shared living standards will get poorer and their future will become more and more uncertain.

We shall soon see immigrants deprived of their medical assistance, sick people unable to resolve their health problems or buy medications; many families will be forced to beg for help from charitable organizations, their homes will be taken away, while young people will have no future. It is almost unavoidable. We shall have just a choice: either we become more and more selfish or choose to embrace Christian solidarity.

The celebration of the Blessed Eucharist in the midst of this crisis might be a chance for us to become conscientious about our brothers and sisters. We need to get free from our selfish culture in which we have grown accustomed to think only of our own interests and learn to become more humane and generous. The whole Eucharistic mystery is orientated towards building up a human family.

It does not make any sense listening every Sunday of the year to the Gospel of Jesus, without answering to his repeated calls. We cannot go on praying to our Father to give us “our daily bread” without ever thinking of the millions of children and other people who cannot get it. We can’t go on receiving Holy Communion without becoming more generous by showing true solidarity with the victims of our crisis. Finally, we cannot exchange the Christian sign of peace without giving also a hand to those who are suffering most the effects of our crisis.

 

EUKARISTIA ETA KRISIALDIA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Kristau guztiek dugu ezagutzen. Igandeko eukaristia aisa bihur daiteke «babes erlijioso», aste osoan bizi ohi dugun bizitza gatazkatsutik babesteko. Tentagarria da mezara joatea, esperientzia erlijioso bat partekatzeko, alde guztietatik estutzen gaituzten problemak, tirandurak eta albiste txarrak ahazteko.

Batzuetan sentibera izan ohi gara ospakizunaren duintasunari dagokionez; baina gutxiago kezkatzen gaitu Jaunaren afaria ospatzeak berekin dituen eskakizunez ahazteak. Ez dugu atsegin izaten apaizen batek erritu-araudia zorrotz ez betetzea; baina axola gutxi izan ohi diogu meza ohikeriaz ospatzeari, Ebanjelioaren deiei kasu egin gabe.

Bat bera da beti arriskua: Kristorekin bihotzaren hondoan elkartasuna egitea, sufritzen ari diren anai-arrebekin elkartzeaz arduratu gabe. Eukaristiako ogia partekatu, eta ogirik, justiziarik, etorkizunik ez duten milioika anai-arreben goseari ezikusia egitea.

Datozen urteetan krisiaren ondorioak larriagotzen joango dira, uste genuen baino gehiago. Iragartzen ari diren erabaki atzeraezin eta errukigabeen zerrendak handiagotu egingo du zuzenaren kontrako desberdintasuna, gure artean. Ikusiko dugu nola doan gero eta pobreago bihurtzen geure ingurune hurbilagoko edo urrunagoko jendea, etorkizun ziur gabe eta ezin aurreikusiko batean koloka.

Hurbiletik ezagutuko dugu: etorkin-jenderik osasun-babesik gabe, gaixo-jenderik bere osasun- edo botika-arazoei nola aurre egin ez dakiela, familiarik erruki-egintzatik bizitzera behartua, pertsonarik etxea uztera mehatxatua, jenderik laguntzarik gabe, gazterik etorkizun argirik gabe… Ez dugu beste erremediorik. Edota betiko geure ohitura egoistak indartu edota solidarioago bihurtu.

Krisialdian bizi den gizarte honetan eukaristia ospatzeak kontzientzia hartzera eragin diezaguke. Soilik, nori bere onura kontuan hartzera eragin izan digun bakoizkeriaren kultura alde batera utzi beharra dugu, xinpleki gizatasun handiagoko izateko. Eukaristia oro dago bideratua anai-arreba artekotasuna eragitera.

Ez da zuzena igandero, urte osoan, Jesusen Ebanjelioa entzutea, haren deiaren aurrean erreakzionatu gabe. Ezin eskatu diogu Aitari «geure eguneroko ogia», lortzeko zailtasunak dituztenak kontuan hartu gabe. Ezin bizi dugu elkartasunik Jesusekin, lagun hurkoarekin eskuzabalago eta solidarioago bihurtu gabe. Ezin eman diogu bakea elkarri, krisiaren aurrean bakartiago eta babesik gabeago direnei eskua luzatu gabe.

 

EUCARISTIA I CRISI

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Tots els cristians ho sabem. L’eucaristia dominical es pot convertir fàcilment en un “refugi religiós” que ens protegeix de la vida conflictiva en la qual ens movem al llarg de la setmana. És temptador anar a missa per compartir una experiència religiosa que ens permet descansar dels problemes, tensions i males notícies que ens pressionen per tot arreu.

De vegades som sensibles al que afecta la dignitat de la celebració, però ens preocupa menys oblidar-nos de les exigències que comporta celebrar la seva taula. Ens molesta que un sacerdot no s’atingui estrictament a la normativa ritual, però podem continuar celebrant rutinàriament la missa, sense escoltar les crides de l’Evangeli.

El risc sempre és el mateix: Combregar amb Crist en l’íntim del cor, sense preocupar-nos de combregar amb els germans que pateixen. Compartir el pa de l’eucaristia i ignorar la fam de milions de germans privats de pa, de justícia i de futur.

En els propers anys s’aniran agreujant els efectes de la crisi molt més del que ens temíem. La cascada de mesures que se’ns dicten de manera inapel•lable i implacable aniran fent créixer entre nosaltres una desigualtat injusta. Anirem veient com persones del nostre entorn més o menys proper es van empobrint fins a quedar a mercè d’un futur incert i imprevisible.

Coneixerem de prop immigrants privats d’assistència sanitària, malalts sense saber com resoldre els seus problemes de salut o medicació, famílies obligades a viure de la caritat, persones amenaçades pel desnonament, gent desatesa, joves sense un futur gens clar… No ho podrem evitar. O endurim els nostres hàbits egoistes de sempre o ens fem més solidaris.

La celebració de l’eucaristia enmig d’aquesta societat en crisi pot ser un lloc de conscienciació. Necessitem alliberar-nos d’una cultura individualista que ens ha acostumat a viure pensant només en els nostres propis interessos, per aprendre senzillament a ser més humans. Tota l’eucaristia està orientada a crear fraternitat.

No és normal escoltar cada diumenge al llarg de l’any l’Evangeli de Jesús, sense reaccionar davant les seves crides. No podem demanar al Pare “el nostre pa de cada dia” sense pensar en aquells que tenen dificultats per a obtenir-lo. No podem combregar amb Jesús sense fer-nos més generosos i més solidaris. No podem donar-nos la pau els uns als altres, sense estar disposats a allargar la mà als que estan més sols i indefensos davant la crisi.

EUCARISTÍA E CRISE

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Sabémolo todos os cristiáns. A eucaristía dominical pódese converter facilmente nun “refuxio relixioso” que nos protexe da vida conflitiva na que nos movemos ao longo da semana. É tentador ir a misa para compartir unha experiencia relixiosa que nos permite descansar dos problemas, tensións e malas noticias que nos aprisionan por todas partes.

Ás veces somos sensíbeis ao que afecta á dignidade da celebración, pero preocúpanos menos esquecernos das esixencias que entraña celebrar a cea do Señor. Moléstanos que un sacerdote non se ateña estritamente á normativa ritual, pero podemos seguir celebrando rutineiramente a misa, sen escoitar as chamadas do Evanxeo.

O risco sempre é o mesmo: Comulgar con Cristo no íntimo do corazón, sen preocuparnos de comulgar cos irmáns que sofren. Compartir o pan da eucaristía e ignorar a fame de millóns de irmáns privados de pan, de xustiza e de futuro.
Nos vindeiros anos hanse ir agravando os efectos da crise moito máis do que nos temiamos. O chorro de medidas que se nos ditan de xeito inapelábel e implacábel irán facendo crecer entre nós unha desigualdade inxusta. Iremos vendo como persoas da nosa contorna máis ou menos próxima vanse ir empobrecendo ata ficar a mercé dun futuro incerto e imprevisíbel.

Coñeceremos de pertiño inmigrantes privados de asistencia sanitaria, enfermos sen saber como resolver os seus problemas de saúde ou medicación, familias obrigadas a vivir da caridade, persoas ameazadas polo desafiuzamento, xente desasistida, mozas sen un futuro nada claro… Non o poderemos evitar.

Ou endurecemos os nosos hábitos egoístas de sempre ou nos facemos máis solidarios. A celebración da eucaristía no medio desta sociedade en crise pode ser un lugar de concienciación. Necesitamos liberarnos dunha cultura individualista que nos afixo a vivir pensando só nos nosos propios intereses, para aprender sinxelamente a ser máis humanos. Toda a eucaristía está orientada a crear fraternidade.

Non é normal escoitar todos os domingos ao longo do ano o Evanxeo de Xesús, sen reaccionar ante as súas chamadas. Non podemos pedir ao Pai “o noso pan de cada día” sen pensar naqueles que teñen dificultades para obtelo. Non podemos comulgar con Xesús sen facernos máis xenerosos e solidarios. Non podemos darnos a paz uns a outros sen estar dispostos a tender unha man aos que están máis sos e indefensos ante a crise.