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protestaCRISTIANOS Y ANTICAPITALISTAS, ¿CÓMO NO?
JOSÉ IGNACIO CALLEJA, Profesor de Moral Social Cristiana, igcalleja@euskalnet.net
VITORIA-GASTEIZ.

ECLESALIA, 24/05/13.- Leyendo a cristianos y cristianas que admiro, me acerco con gusto a sus palabras más interpelantes, y a fe que proponen una denuncia de la realidad social muy viva y clara. Por su fondo espiritual y evangélico, y por su forma directa y comprometida, están resonando voces de calidad en el catolicismo social español. Vienen de la tercera o cuarta fila, incluso de las filas del fondo, – casi nunca de la primera -, pero llegan nítidas y cada vez más directas. Ante ellas me encuentro conmovido e interpelado, y casi siempre socialmente superado. Lo digo como es, porque tengo ojos para mirar y ver. No me preocupa no ser el primero en la frontera social, sino no estar a tiempo y con alguna eficacia donde las víctimas nos reclaman.

Con ánimo de sumar e impulsar este diálogo moral y social en la Iglesia, me pregunto muchas veces, – y lo reproduzco aquí -, por qué defiendo un cierto liberalismo social o un cierto socialismo liberal, – según se mire la idea-, como propuesta todavía digna para una vida pública justa; por qué mantengo esta idea si hay otras por lo menos igual de legítimas en el cristianismo, y desde luego más contundentes contra la injusticia capitalista y con las víctimas.

Y, sin embargo, la veo como una propuesta social necesaria; ciertamente, de paso hacia otras más radicales, pero un escalón necesario en la historia real de nuestros pueblos. Y mi razón, la muestro desde el principio. Doy mucha importancia a ir de la mano en lo social con los más posibles y, por tanto, facilitando tejer redes de caridad social y alianzas de justicia social con ellos. Pienso en los cristinos, pero vale igualmente para la sociedad civil. En el fondo, se trata de no romper demasiado pronto con casi todos, – de convertirlos por casi nada en nuestros enemigos sociales, por causa de la mínima diferencia cristiana o laica -, y así hacer imposible una mayoría social por los derechos de los más pobres del mundo. Hablo de una ortodoxia flexible y sabia en la vida civil, y también en la lucha social de los cristianos: en su caridad y en su compromiso por la justicia. Avanzar siempre con los más posibles, ya que no con todos, ¡ojo!, porque no pocos son irrecuperables en su riqueza y poder. Para ellos, convertirse es transformar su existencia material y política a la justicia.

Una y otra vez repienso con inquietud esta opción social tan prudente, – lo repito -, al ver que en la vida cotidiana se multiplican las razones que exigirían prima facie alternativas políticas y sociales más rotundas e inmediatas en su identidad transformadora. Por tales razones, pienso en la crisis general del capitalismo neoliberal, anclado a una lógica economicista e instrumental en todas las direcciones y fines; y pienso en todas las víctimas que esta economía neoliberal provoca con su gestión economicida y sin remedio en los diversos pueblos de la tierra; y pienso en las víctimas de tantos lugares cuya situación sólo entendemos cuando somos nosotros quienes la padecemos; y recuerdo a los adalides del pensamiento social cristiano, – al modo de Ricardo Alberdi -, que mostraron muy bien, – y lo comparto -, por qué el capitalismo es incompatible con el cristianismo; como moral y como religión, el cristianismo es incompatible con el capitalismo real e histórico, – decía Alberdi -, porque obedece a una lógica tan clara como inevitable: la que persigue el máximo beneficio monetario posible y su privatización extrema por pocos frente a casi todos; y, además, ¡a cualquier precio!; lo que dictan los mercados de dinero, frente a las personas, las culturas, la tierra y la familia humana, – decimos hoy -. Es la cosificación de la vida social y de las personas, y de ese modo, – cabe concluir -, es imposible hacer comunidad, proponerse la justicia, y creer en Dios. El Dinero es Dios de sí mismo, y no admite a ningún otro a su lado, – sugería también Ricardo Alberdi -. Merece la pena volver sobre sus textos y ver cómo trataba la cuestión del capitalismo de un modo que parecía extraño a la ciencia económica, “razones cristianas para el rechazo del capitalismo”; releyéndolos, uno comprende qué hay al fondo del único capitalismo realmente existente.

Todos sabemos que la doctrina social de la Iglesia a menudo ha desarrollado la idea de diferenciar capitalismos y capitalismos, para decir que alguno sí es compatible con el cristianismo. Cuando la más reciente enseñanza social de la Iglesia ha querido decir cuál sí y cuál no, – al describirlos -, ¿qué ha ocurrido? Que ese capitalismo que puede ser compatible, – si por capitalismo entendemos… pero si por capitalismo entendemos -, no existe, ni ha existido, y para existir en el futuro, exige un control social de la Propiedad, del Mercado, del Estado y de la Información, que ya es otra cosa que el capitalismo. No sé cual, – yo lo llamo, liberalismo social o socialismo liberal -, pero es otra cosa. David Schweickart lo ha mostrado. Una sociedad con mercado es posible, pero una sociedad de mercado y propiedad privada absolutos, no. Una ruina social.

Me impresiona en este problema, por fin, el testimonio que el evangelio repite una y otra vez acerca de la predicación de Jesús sobre “el Dinero” y “la Riqueza”; apabullan sus dichos y parábolas innombrables para un oído moderno sobre el corazón de Dios ante los pobres y los ricos, y sus relaciones de injusticia. Eran otros tiempos económicos los de Jesús, – todos lo sabemos -, pero la clave de fondo en el uso común de lo de todos y del servicio a todos en la gestión de lo propio, esto no tiene muchas vueltas exegéticas. Evidentemente, en esos dichos hacen pie los mejores manifiestos cristianos por otro modelo social alternativo al capitalismo neoliberal de nuestros días, – José Antonio Pagola, por ejemplo -, y las prácticas políticas cristianas más exigentes en lo social, – las de la red de comunidades cristianas populares, por ejemplo -; en fin, las de todos aquellos cristianos que se suman al movimiento civil de indignados y, en la más variadas formas, luchan por una sociedad más justa y democrática, – movimientos apostólicos obreros y tantos otros -; las de todo el voluntariado cristiano de caridad que acoge y cura inmediatamente, sin perder el sentido de la justicia social. Sabido es que reclamo de mil maneras esta cautela en nuestra caridad.

En este marco de reflexión, y reconocido que el Evangelio de Jesús y su mejores lecturas y práctica samaritanas nos inducen a una posición social antisistema, contra el capitalismo neoliberal, financiarizado, economicida y totalitario, – el que ha dejado sin márgenes morales no sólo a la gente sencilla, sino a sus grandes instituciones sociales, – Mercado, Propiedad, Estado y Cultura -, ¿por qué seguir hablando de las oportunidades humanas, – y por tanto, cristianas -, habidas en un liberalismo social o en un socialismo liberal, y esto como una opción social, – intermedia o de paso, pero real -, no menos ética y evangélica que otras más radicales en lo social? Voy a dar dos razones. Una de índole política y otra antropológica; y en las dos, con un fin muy preciso: sumar el mayor número posible de cristianos a un sujeto social y político alternativo, que se implica por una sociedad más justa para todos, en los más pobres, y, por ende, más próxima al reino de Dios; y que piensa en un mundo interdependiente, más allá del propio país o unión de pueblos. Pienso en Europa.

En cuanto a la primera razón, desde luego no puedo mostrar en unas pocas líneas que es posible y moralmente muy cuerdo pretender un camino político que defienda ya una reforma en profundidad del modelo social capitalista, y que esta reforma, se sitúe en la dirección correcta para facilitar una alternativa democrática y económica mucho más justa, y no capitalista. En este caso, yo la pienso en clave de decrecimiento y de soberanía democrática en todas las direcciones y ámbitos. Pero esto es el final feliz de una película que requiere de pasos intermedios para ganar a la gente, a mucha gente, como sujeto revolucionario. No veo a las clases medias dispuestas a aventuras políticas revolucionarias, y no veo que sin ellas se pueda ganar a la sociedad civil para un movimiento democrático de masas. No veo a la mayoría de los cristianos sumándose ética y políticamente a una alternativa social radical y ya. En consecuencia, la necesidad de un cambio social verdadero, – en las estructuras sociales y en la conciencia moral de las personas -, requiere pasos intermedios, prácticas compartidas, organizaciones abiertas, ritmos soportables por las mayorías,… hasta componer un movimiento civil muy extendido por la justicia social y la dignidad humana, y la mayoría del cristianismo en él. Creo en los que abren camino y movilizan a los demás tras objetivos sociales claros y exigentes, pero con la modestia de un solo paso por delante del movimiento civil o cristiano. Las vanguardias omniscientes para dirigir a todos y ya hacia “el bien social”, no van conmigo. Creo mucho más en la concienciación compartida y en la posibilidad de moverse por pasos intermedios contra un modelo social imposible, por lo injusto e insostenible, a otro que tiene que acogernos a todos, ganado entre los más posibles, e impuesto sólo a quienes lo impedían con su poder no controlado ni democrático, su propiedad acumulada sin límite, su verdad poseída e inapelable. Hacer juntos el mismo camino, aceptando algunas diferencias no menores y hasta trechos cortos que suman a los más posibles, de esto hablo en la iglesia y en la sociedad. No es un cambalache moral y político con todos, sino un movimiento civil y eclesial que acoge, crece, reconoce y exige a los más (el pueblo) un práctica autónoma frente a los menos (las élites), sin cuya deposición está claro que no hay justicia.

Por supuesto, – enésimo reconocimiento -, veo las insuficiencias de mi propuesta básica, pues cuando algo multiplica sus injusticias e ineficiencias sociales hasta límites insufribles, – el sistema social capitalista neoliberal -, es difícil pensar en algo que solo parece, – ¡parece! – su mejora desde la perspectiva de las víctimas o de la ecología integral. ¿Para qué darle aire y vida al desastre? O cuando algo se ha ido retocando de mil modos, y cada intervención multiplica los males sociales anteriores y somete a dictados más opacos y concentrados sus instituciones centrales, -Mercado, Propiedad, Estado, Información -, es difícil verle una salida que no sea deconstruir y reedificar. Y cuando en clave de conciencia cristiana, repugna ver los intereses y falacias que concurren en torno a la práctica real sobre los derechos humanos, la persona y la vida digna, el trabajo decente, la función social de la propiedad, la soberanía democrática de los pueblos, la irrenunciable satisfacción de las necesidades básicas de la población, la relación fundamental de medio a fin entre los factores de producción y las personas, el derecho natural primigenio al uso común de todos los bienes creados, la atención preferente a los más pobres y vulnerables de la vida, la familia humana que todos los pueblos conforman, la responsabilidad solidaria que todos tenemos con todos, hecha derechos y deberes, … el uso sobrio de lo escaso, la austeridad de vida y la solidaridad compartida, el aprecio de lo espiritual no mercantilizado, de la gratuidad, del perdón, … en fin, y sin resbalar hacia la quimera social, de las oportunidades dignas de vida para todos y para las generaciones venideras… cuando alguien sabe esto, – decía -, ¿cómo no pensar en una posición política de rompe y rasga como la única ética y cristianamente digna frente al único capitalismo realmente existente? Pero, ¿quién ha dicho, – devuelvo la pregunta -, que el camino de las gentes y los grupos tejiendo una inmensa red de iniciativas sociales de hondo significado humano y social alternativo, – casi siempre a nivel local y con las posibilidades limitadas de nuestra realidad civil o eclesial -, sea menos revolucionario o liberador que el proyecto radical y completo de una vanguardia, – o de una profecía -, que lo sabe casi todo para todos desde el principio?

Y en cuanto a la segunda razón que doy, ésta: Tengo para mí que una posición social de rompe y rasga también debe contrastarse con claves antropológicas muy crudas, y en ellas, pensar si las toma en cuenta en sus opciones sociales concretas, para evitarnos decepciones muchas veces, y hasta fundamentalismos en otras. Cuando eliges el mejor proyecto de sociedad posible, hay un gran riesgo de que el fracaso social genere “decepción” en los voluntarios, – ¡qué lejos quedamos de lo soñado -, o fundamentalismos, – si era esto, mejor no movernos -. Por tanto y adelanto mi tesis final, las opciones sociales alternativas ante una crisis como la presente, – en moral política laica y en conciencia cristiana -, pueden tener un sesgo más reformista o más revolucionario, – o como yo defiendo, ser pasos sucesivos de un mismo proceso histórico, – según maduran en él las fuerzas sociales y cristianas que lo van respaldando en su evolución -; pero, en todo caso, no debemos renunciar a una concepción del ser humano muy realista, para saber de la frágil condición humana y contar con ella en todo momento. El ser humano que somos, – y cuánto condiciona la sociedad que tendremos -, sí que lo tenemos que acoger desde el cristianismo más alternativo en nuestra práctica social por la justicia. (Ya sé que esto se presta a dar aíre a nuestros adversarios en la sociedad y en la iglesia, pero aún así, lo digo). Saltamos rápidamente de nuestra condición social de humanos con otros, a nuestra condición connaturalmente solidaria. La primera es un hecho observable en cómo nacemos y crecemos, la segunda, es un hecho en discusión sobre si obedece a nuestra condición natural humana o a nuestra educación moral sobre lo preferible y mejor. Advertir de esto, significa dotar a la acción pública por la justicia de un toque de realismo imprescindible.

De hecho, la impresión es que a menudo, no pocos de nosotros somos dados con facilidad al egoísmo social y al cambio de opciones políticas en cuanto se resuelve lo nuestro. También con esto hay que contar al constituir movimiento moral y político alternativo. En este sentido, me alegra mucho escucharle a Adela Cortina que la idea de que el apoyo mutuo nos constituye no es una idea abstracta, surgida sólo de la tradición filosófica, sino que tiene también bases científicas. Realmente, es muy importante esta aportación al fundamento moral de la sociabilidad compasiva (Neurofilosofía práctica, se titula su obra). Vieja como la vida misma es mi advertencia: la antropología de base en nuestras opciones de lucha social tiene que integrar este factor de distorsión de la vida buena en común que es el pecado personal, – el egoísmo y la incoherencia de que salvado la mío, todo va bien -, para evitarnos decepciones sobre nosotros mismos y sobre los otros, y para tener siempre los pies en la tierra. Todo lo haremos a la medida de los humanos; las alternativas sociales, también. Lo que importa es que nuestras incoherencias morales o sociales, no sean definitivas, porque, en la fe, el pecado nunca es la última palabra sobre nadie, y en la confianza humana, tampoco. Nadie es definitivamente malo y con necesidad ontológica.

De esto último, la teología y la Iglesia más conservadora saben mucho, pues es su especialidad, ¡y hasta su disculpa moral, al callar sobre los males sociales y las estructuras en que se inscriben! De hecho, prologan la influencia de la codicia personal hasta oscurecer el peso de las estructuras de pecado y los grupos sociales que las sostienen. Esa insistencia tan sesgada en los rincones egoístas del alma humana, viene de donde viene, – dicho queda -, pero no hay que despacharla por la vía de ignorarla al enfrentarnos a los males de nuestro tiempo, y a los cambios que requiere una convivencia social en justicia, una civilización del amor que gustamos decir. Por eso hacemos bien al insistir en el cambio de actitudes y valores en las personas que requiere la vida social buena, a la par que afirmamos la justicia de las condiciones sociales en que aquéllas germinan y crecen. Nadie es definitivamente malo y con necesidad ontológica, he dicho, y ahora añado, nadie deja de serlo si se mantiene pasivo en estructuras de pecado, las que cristalizan desde el afán de ganancia y la sed de poder, y éstas a cualquier precio. O sea, el sistema social neoliberal.

Era “algo” sobre diversas cuestiones cristianas y laicas que aparecen alrededor de una alternativa social más justa, y los caminos que nos han de acercar a los más posibles en trechos y complicidades varias. Algo frente a cómo situarnos los cristianos (y otros) ante la injusticia del capitalismo neoliberal, el único realmente existente. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Misterio de bondad

Publicado: 22 mayo, 2013 en BIBLIA
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trinidadSantísima Trinidad (C) Juan 16, 12-15
MISTERIO DE BONDAD
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 22/05/13.- A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MISTÉRIO DE BONDADE

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Ao longo dos séculos os teólogos esforçaram-se por investigar o mistério de Deus aprofundando conceptualmente na Sua natureza e expondo as suas conclusões com diferentes linguagens. Mas, com frequência, as nossas palavras escondem o Seu mistério mais que revelado. Jesus não fala muito de Deus. Oferece-nos simplesmente a Sua experiência.

A Deus Jesus chama-O “Pai” e experimenta-O como um mistério de bondade. Vive-O como uma Presença boa que abençoa a vida e atrai os Seus Filhos e Filhas a lutar contra o que faz mal ao ser humano. Mas Ele, esse mistério último da realidade que os crentes, chamamos “Deus” é uma Presença próxima e amistosa que abre caminho no mundo para construir, connosco e junto a nós uma vida mais humana.

Jesus não separa nunca a esse Pai do Seu projeto de transformar o mundo. Não pode pensar Nele como alguém encerrado no Seu mistério insondável, de costas ao sofrimento dos Seus filhos e filhas. Por isso, pede aos Seus seguidores que se abram ao mistério desse Deus, acreditem na Boa Nova do Seu projeto, unindo-nos a Ele para trabalhar por um mundo mais justo e ditoso para todos, e procurar sempre que a Sua justiça, a Sua verdade e a Sua paz reinem cada vez mais entre nós.

Por outra parte, Jesus experimenta-se a si mesmo como “Filho” desse Deus, nascido para impulsionar na terra o projeto humanizador do Pai e para levá-lo à sua plenitude definitiva por cima inclusive da morte. Por isso, procura em todo o momento o que quer o Pai. A Sua fidelidade a Ele conduz e a procurar sempre o bem dos Seus filhos e filhas. A Sua paixão por Deus traduz-se em compaixão por todos os que sofrem.

Por isso, a existência inteira de Jesus, o Filho de Deus, consiste em curar a vida e aliviar o sofrimento, defender as vítimas e reclamar para elas justiça, semear gestos de bondade, e oferecer a todos a misericórdia e o perdão gratuito de Deus: a salvação que vem do Pai.

Por último, Jesus atua sempre impulsionado pelo “Espírito” de Deus. É o amor do Pai o que o envia a anunciar aos pobres a Boa Nova do Seu projeto salvador. É o alento de Deus o que o move a curar a vida. É a Sua força salvadora a que se manifesta em toda a Sua trajetória profética.

Este Espírito não se apagará no mundo quando Jesus se ausente. Ele mesmo o promete assim aos Seus discípulos. A força do Espírito os fará testemunhas de Jesus, Filho de Deus, e colaboradores do projeto salvador do Pai. Assim vivemos os cristãos praticamente o mistério da Trinidad.

MISTERO DI BONTÀ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Lungo i secoli, i teologi si sono sforzati di investigare il mistero di Dio approfondendo concettualmente la sua natura ed esponendo le loro conclusioni con differenti linguaggi. Ma, spesso, le nostre parole nascondono il suo mistero in luogo di rivelarlo. Gesù non parla troppo di Dio. Semplicemente ci offre la sua esperienza.

Gesù chiama “Padre” Dioe lo esperimenta come un mistero di bontà. Lo vive come una Presenza buona che benedice la vita e attrae le sue figlie e i suoi figli a lottare contro quel che fa male all’essere umano. Per lui, questo mistero ultimo della realtà che noi credenti chiamiamo “Dio” è una Presenza vicina e amichevole che si sta facendo strada nel mondo per costruire, con noi e insieme a noi, una vita più umana.

Gesù non separa mai questo Padre dal suo progetto di trasformare il mondo. Non può pensare a lui come qualcuno chiuso nel suo mistero insondabile, che ignora la sofferenza dei suoi figli e figlie. Per questo chiede ai suoi seguaci di aprirsi al mistero di questo Dio, credere nella Buona Notizia del suo progetto, unirci a lui per lavorare per un mondo più giusto e felice per tutti, e cercare sempre che la sua giustizia, la sua verità e la sua pace regnino sempre più in mezzo a noi.

D’altra parte, Gesù sperimenta se stesso come “Figlio” di questo Dio, nato per dare impulso sulla terra al progetto umanizzatore del Padre e per portarlo alla sua pienezza definitiva anche al di là della morte. Per questo cerca in ogni momento quel che vuole il Padre. La sua fedeltà a lui lo conduce a cercare sempre il bene nei suoi figli e figlie. La sua passione per Dio si traduce in compassione per tutti quelli che soffrono.

Per questo l’intera esistenza di Gesù, il Figlio di Dio, consiste nel guarire la vita e alleviare la sofferenza, difendere le vittime e reclamare per esse giustizia, seminare gesti di bontà e offrire a tutti la misericordia e il perdono gratuito di Dio: la salvezza che viene dal Padre.

Infine, Gesù agisce sempre sotto l’impulso dello “Spirito” di Dio. È l’amore del Padre che lo invia ad annunciare ai poveri la Buona Notizia del suo progetto salvatore. È il soffio di Dio che lo muove a guarire la vita. È la sua forza salvatrice che si manifesta in tutto il suo itinerario profetico.

Questo Spirito non si spegnerà nel mondo quando Gesù si assenta. Lui stesso lo promette ai suoi discepoli. La forza dello Spirito li farà testimoni di Gesù, Figlio di Dio, e collaboratori del progetto salvifico del Padre. Così noi cristiani viviamo praticamente il mistero della Trinità.

MYSTERE DE BONTE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Tout au long de siècles, les théologiens ont fait l’effort d’appréhender le mystère de Dieu en approfondissant sa nature de façon conceptuelle et en exposant leurs conclusions dans des langages divers. Mais très souvent, nos paroles cachent son mystère au lieu de le révéler. Jésus ne parle pas beaucoup de Dieu. Il nous offre simplement son expérience.

Jésus appelle Dieu “Père” et il en fait l’expérience comme un mystère de bonté. Il le vit comme une Présence bonne qui bénit la vie et pousse ses fils et ses filles à lutter contre ce qui nuit à l’être humain. Pour lui, ce mystère ultime de la réalité que nous, les croyants, nous appelons « Dieu », est une Présence proche et amicale qui est en train de se frayer un chemin dans le monde pour construire avec nous et auprès de nous, une vie plus humaine.

Jésus ne sépare jamais ce Père de son projet de transformer le monde. Il ne peut pas penser à lui comme quelqu’un d’enfermé dans son mystère insondable, tournant le dos à la souffrance de ses fils et de ses filles. C’est pour cela qu’il demande à ses disciples de s’ouvrir au mystère de ce Dieu, de croire à la Bonne Nouvelle de son projet, de s’unir à lui afin de travailler pour un monde plus juste et plus heureux pour tous, faisant toujours en sorte que sa justice, sa vérité et sa paix règnent de plus en plus au milieu de nous.

D’autre part, Jésus se vit lui-même comme étant le « Fils » de ce Dieu, né pour lancer sur la terre le projet humanisateur du Père et pour le mener à sa plénitude, même au-delà de la mort. C’est pourquoi, il cherche à tout moment ce que veut le Père. Sa fidélité au Père, le conduit à toujours chercher le bien de ses fils et de ses filles. Sa passion pour Dieu se traduit en compassion pour tous ceux qui souffrent.

C’est pourquoi, l’existence toute entière de Jésus, le Fils de Dieu, consiste à prendre soin de la vie et à soulager la souffrance, à défendre les victimes en réclamant pour elles la justice, à poser des gestes de bonté et à offrir à tous la miséricorde et le pardon gratuit de Dieu: le salut qui vient du Père.

Finalement, Jésus agit toujours poussé par « l’Esprit» de Dieu. C’est l’amour du Père qui l’envoie annoncer aux pauvres la Bonne Nouvelle de son projet de salut. C’est l’élan de Dieu qui le pousse à prendre soin de la vie. C’est sa force salvatrice qui se manifeste tout au long de sa trajectoire prophétique.

Lorsque Jésus s’absentera, cet Esprit ne s’éteindra pas dans le monde. Lui-même le promet ainsi à ses disciples. Par la force de l’Esprit, ils deviendront les témoins de Jésus, Fils de Dieu et les collaborateurs du projet de salut du Père. C’est ainsi que nous, chrétiens, nous vivons de façon pratique le mystère de la Trinité.

MYSTERY OF GOODNESS

José Antonio Pagola.

Throughout the centuries, theologians have tried to investigate the mystery of God by deepening their concept of God’s nature and by expressing their conclusions in different languages. But all too often our words hide God’s mystery more than reveal it. Jesus doesn’t talk much about God. He simply offers us his experience.

Jesus calls God ‘Father’ and he experiences God as a mystery of goodness. He lives this mystery as a good Presence that blesses our life and draws us, God’s sons and daughters, to fight against anything that destroys humanity. For Jesus, this ultimate mystery of reality that we believers call ‘God’ is a close and loving Presence that is opening a path in the world in order to construct, with us and beside us, a more human life.

Jesus never separates this Father from the Father’s project of transforming the world. He isn’t able to think of God as someone enclosed in an unfathomable mystery, with back turned on the suffering of God’s sons and daughters. That’s why he asks his followers to open themselves to the mystery of this God, to believe in the Good News of God’s project, to unite ourselves to God in order to work for a more just and happy world for everyone, and to seek always that God’s justice, God’s truth, God’s peace reign more and more among us.

Furthermore, Jesus experiences himself as ‘Son’ of this God, born to promote here on earth the humanizing project of the Father and to bring it to definitive fullness, above all even in death. That is why he seeks at all times what the Father wants. His faithfulness to God leads him to seek always the good of God’s sons and daughters. His passion for God translates itself into compassion for all who suffer.

Therefore Jesus’ whole existence as Son of God consists in bringing healing to life and alleviating suffering, defending victims and demanding justice for them, sowing deeds of goodness and offering everyone the free mercy and forgiveness of God: the salvation that comes from the Father.

Lastly, Jesus acts at all times driven by the ‘Spirit’ of God. This is the Father’s love that sends him to announce to the poor the Good News of God’s saving project. This is the breath of God that moves him to bring healing to life. This is his saving power that manifests itself in every prophetic path.

This Spirit won’t be extinguished in our world when Jesus is gone. He himself promised this to his disciples. The power of the Spirit will make them witnesses of Jesus the Son of God, and co-workers in the saving project of the Father. This is the concrete way we Christians live out the mystery of the Trinity.

ONBERATASUNAREN MISTERIOA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mendeen joan-etorrian, teologoak saiatu dira Jainkoaren misterioa ikertzen, haren izaera edo natura kontzeptualki sakonduz eta beren ondorioak hizkuntza desberdinez adieraziz. Alabaina, sarritan, agertu baino gehiago ezkutatu egiten dute misterioa gure hitzek. Jesusek ez du hitz askorik egin Jainkoaz. Soil-soilik eskaini digu bere esperientzia.

Jainkoari «Aita» deitzen dio Jesusek, eta onberatasun-misterio bezala esperimentatu du. Presentzia on bezala bizi izan du Aita, bizitza bedeinkatzen duena bezala, bere seme-alabei dei egiten diena bezala gizakiari kalte egiten dion ororen kontra borroka egitera. Fededunek «Jainko» deitzen dugun errealitatearen azken misterio hori Presentzia bat da Jesusentzat, hurbilekoa eta adiskidetsua, munduan, gurekin eta gure alboan, bide bat urratzen ari dena, gizatasun handiagoko giza bizitza sortzeko.

Mundua eraldatzeko bere egitasmoan, Jesusek ez du sekula aparte utzi Aita. Ezin hartu du Aita atzemanezineko misterioan triku eginik balego bezala, bere seme-alaben sufrimenduari atzea emanik bizi balitz bezala. Horregatik, Jainko horren misterio horri begira bizitzeko eskatzen die Jesusek bere jarraitzaileei, bere egitasmoaren Berri Ona sinesteko, berarekin bat egiteko guztientzat zuzenagoa eta zoriontsuagoa izango den munduaren alde, eta beti bila ibiltzeko bere zuzentasuna, bere egia eta bere bakea gure artean gero eta errotuagoak izan daitezen.

Bestetik, Jesusek bere burua Jainko horren «semetzat» esperimentatzen du, lurrean jaio dena, Aitaren egitasmo gizatasunezkoa eragin eta gizakia bere behin betiko betearen betera, heriotzaren beraren gainetik, eramateko. Horregatik, Aitaren nahiaren bila ibiliko da beti. Harekiko leialtasunak haren seme-alaben ongia bilatzera eragingo dio beti. Jainkoarekiko Jesusen grina sufritzen duten guztiekiko erruki bilakatuko da.

Horregatik, Jesusen, Jainkoaren Semearen, bizitza guztia honetan gauzatuko da: bizitza sendatu eta sufrimendua arintzean, biktimak defenditu eta halakoentzat zuzentasuna eskatzean, onberatasun-keinuak ereitean, eta guztiei Jainkoaren doako errukia eta barkazioa eskaintzean, hau da, Aitagandik datorren salbazioa eskaintzean.

Azkenik, Jesusek beti Jainkoaren «Espirituak» eraginda dihardu. Aitarekiko maitasunak bidali du pobreei hots egitera bere egitasmo salbatzailearen Berri Ona. Jainkoaren hatsak mugiarazi du bizitza sendatzera. Espirituaren indar salbatzailea agertu du Jesusek ibilbide profetiko guztian.

Espiritu hori ez da itzaliko munduan Jesusek alde egitean. Jesusek berak hitzeman die hori ikasleei. Espirituaren indarrak Jesusen, Jainkoaren Semearen, lekuko bihurtuko ditu, Aitaren egitasmo salbatzailean lankide. Horrela bizi dugu kristauok, praktikan, Hirutasunaren misterioa.

UN MISTERI DE BONDAT

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Al llarg dels segles, els teòlegs s’han esforçat per investigar el misteri de Déu aprofundint conceptualment en la seva naturalesa i exposant les seves conclusions amb diferents llenguatges. Però, sovint, les nostres paraules amaguen el seu misteri més que revelar-lo. Jesús no parla molt de Déu. Ens ofereix senzillament la seva experiència.

A Déu Jesús l’anomena “Pare” i l’experimenta com un misteri de bondat. El viu com una Presència bona que beneeix la vida i atrau els seus fills i filles a lluitar contra el que fa mal a l’ésser humà. Per a ell, aquest misteri últim de la realitat que els creients anomenem “Déu” és una Presència propera i amistosa que està obrint-se camí en el món per construir, amb nosaltres i al costat nostre, una vida més humana.

Jesús no separa mai aquest Pare del seu projecte de transformar el món. No pot pensar en ell com algú tancat en el seu misteri insondable, d’esquena al sofriment dels seus fills i filles. Per això, demana als seus seguidors obrir-se al misteri d’aquest Déu, creure en la Bona Notícia del seu projecte, unir-nos a ell per treballar per un món més just i més feliç per a tots, i buscar sempre que la seva justícia, la seva veritat i la seva pau regnin cada cop més entre nosaltres.

D’altra banda, Jesús s’experimenta a si mateix com “Fill” d’aquest Déu, nascut per impulsar a la terra el projecte humanitzador del Pare i per portar a la plenitud definitiva per sobre fins i tot de la mort. Per això, busca en tot moment el que vol el Pare. La seva fidelitat a ell el condueix a cercar sempre el bé dels seus fills i filles. La seva passió per Déu es tradueix en compassió per tots els que pateixen.

Per això, l’existència sencera de Jesús, el Fill de Déu, consisteix a guarir la vida i alleujar el sofriment, defensar les víctimes i reclamar per a elles justícia, sembrar gestos de bondat, i oferir a tothom la misericòrdia i el perdó gratuït de Déu: la salvació que ve del Pare.

Finalment, Jesús actua sempre impulsat per “l’Esperit” de Déu. És l’amor del Pare el que l’envia a anunciar als pobres la Bona Notícia del seu projecte salvador. És l’alè de Déu el que el mou a guarir la vida. És la seva força salvadora la que es manifesta en tota la seva trajectòria profètica.

Aquest Esperit no s’apagarà en el món quan Jesús se’n vagi. Ell mateix ho promet als seus deixebles. La força de l’Esperit els farà testimonis de Jesús, Fill de Déu, i col•laboradors del projecte salvador del Pare. Així vivim els cristians pràcticament el misteri de la Trinitat.

圣善的奥迹

若瑟×安多尼帕戈拉. 译者: 宁远

从古自今,神学家们不断尝试深入研究天主本体的奥迹,并以不同的方式表达他们的结论。然而,很多时候,我们的言语不仅没有彰显天主的奥迹,反而使它更加隐晦。耶稣并没有过多地谈论天主,他只是单纯地向我们呈奉他的经验。

耶稣称天主为“父”,他所经验到的是一个圣善的奥迹。他在生活中所经验到的父是一个祝福生命的圣善的临在,他吸引他的儿女们去与伤害人类的一切相斗争。对他来说,这个信友们称为“天主”的终极奥迹是一个亲近而友善的临在,他在世上开创道路,为与我们共同建设一个更加人性的生命。

耶稣从来没有把圣父与他转化世界的工程分开。不能把他视为封闭在自我内的奥迹,背对他子女的痛苦。因此,耶稣要求他的追随者们向天主的奥迹开放,相信他好消息的计划,凝聚在他的四周,共同为一个更合理正义的世界而奋斗,努力使他的正义,他的真理,还有他的和平在我们中为王。

另一方面,耶稣感受到他是这个天主的“儿子”,为在地上推动父人性化的计划而诞生,为了能够完美地实现这个计划,他不惜付出生命的代价。为此,在任何时候他所寻求的都是父所喜悦的。他对父的忠信使他永远都在寻求他的子女们的益处。他对父的热情表达在他对所有受苦者的怜悯上。

因此,耶稣——天主子——的整个存在都在于治愈生命,减轻痛苦,维护受害者并为他们呼唤正义,播种善的种子,向所有的人奉献天主的怜悯与无偿的宽恕:那来自圣父的救恩。

最后,耶稣总是在“圣神的推动下”行动。是圣父的爱派遣他去向穷人宣告他救恩工程的好消息,是天主的气息感动他去治愈生命,是他救恩的力量显示在他整个的先知旅途中。

当耶稣不在时,这个圣神并不会在世界上熄灭。他亲自这样向他的门徒们许诺。圣神的力量将使他们成为耶稣——天主子——的证人,及圣父的救恩工程的合作者。如此,我们基督徒将生活出圣三的奥迹。

LlavesLA RENUNCIA DE BENEDICTO XVI Y EL PAPADO
JOSÉ AROCENA, jarocena@ucu.edu.uy
URUGUAY.

ECLESALIA, 26/02/13.- La renuncia de Benedicto XVI fue sin duda un hecho importante. No parece sin embargo que lo más destacable de este suceso sea la danza de nombres con que la prensa se ha entretenido durante los días siguientes al anuncio. Un artículo de José María Castillo publicado en su blog “Teología sin censuras” el pasado 12 de febrero lleva por título “El problema no es el Papa… el problema es el papado”. De alguna manera, lo que José María Castillo quiere destacar es que si bien el nombre del futuro Papa puede tener importancia, lo que la Iglesia debe examinar es ese conjunto de tradiciones y formalismos que hacen del Papa una figura extraña y lejana del hombre y la mujer contemporáneos. Su carácter de obispo de Roma “primus inter pares” (el primero entre iguales) queda desfigurado tras esa imagen de “sumo pontífice” a lo que se agrega ese apelativo de “santo padre”. Dice Castillo: “Lo mejor de esta renuncia, a mi entender, es que nos desvela -quita el velo- a una mal entendida tradición en la Iglesia, centrada en costumbres y atavismos formales que han llegado a tener una importancia absolutamente desproporcionada e incluso contraria al espíritu y a las prácticas auspiciadas por el Maestro”.

En estas pocas palabras, se expresa con acierto lo que el papado es actualmente, señalando incluso que ese conjunto de “tradiciones” son contrarias al espíritu y a las prácticas que caracterizaron la vida de Jesús y que los evangelios nos han trasmitido.

Entiendo por ese conjunto de costumbres y atavismos formales, tanto lo relacionado al boato del Vaticano completamente fuera de época, como a las formas de administrar la Iglesia marcadas por un férreo centralismo basado en una interpretación al menos abusiva, de la pretendida infalibilidad papal.

El centralismo romano no resiste hoy al cambio de época. Como dijo el Cardenal Martini pocos días antes de morir: la Iglesia está al menos dos siglos atrasada. No puede relacionarse con el mundo una Iglesia que se está encerrando en sí misma, que está repitiendo fórmulas y proponiendo prácticas que poco tienen que ver con el gigantesco cambio de época al que estamos asistiendo.

Las voces de la Iglesia en los distintos continentes temen expresarse ante los desbordes autoritarios del centralismo romano. ¡Esa es la cuestión del papado! Sin ir más lejos, el reciente Congreso de Teología llevado a cabo en la sede de la Universidad jesuita de Unisinos (Porto Alegre) que reunió a más de 700 cristianos laicos, sacerdotes, religiosos y obispos, tuvo que vencer oposiciones originadas en el Vaticano. Esa tentativa de impedir la expresión de sectores relevantes de la Iglesia latinoamericana, es una forma más del característico “disciplinamiento” que pretende la cúpula vaticana, sobre el conjunto de la Iglesia.

¿Qué esperanzas se pueden alimentar entonces ante el nuevo Cónclave? El Superior General de los jesuitas, P. Adolfo Nicolás sj, analizando el último Sínodo, señaló la ausencia de la voz del Pueblo de Dios:“La voz del Pueblo de Dios no tiene ocasión de expresarse. Es un Sínodo de Obispos y, por eso, no se cuenta con la participación activa del Laicado aun cuando un número de expertos y “observadores” (auditores) asisten como invitados… Por eso era difícil evitar el sentimiento de que se trataba de una reunión de “Hombres de Iglesia afirmando la Iglesia”, lo cual es ciertamente bueno pero no precisamente lo que necesitamos cuando estamos a la búsqueda de una Nueva Evangelización. Podemos caer en el peligro de buscar “más de lo mismo” (Servicio digital de información SJ, vol. XVI, nº17, 29 de octubre de 2012).

Sin duda, este es uno de los puntos principales para que una renovación de la Iglesia haga posible su acercamiento a un mundo en profunda transformación. Cuando en la sociedad contemporánea se afirma el valor de la diversidad, el centralismo romano pretende una comunidad cristiana uniforme, confundiendo así unidad con uniformidad. Es cierto que a ratos se disfraza de pluralismo étnico porque existen comunidades en distintos continentes y distintas culturas. Pero curiosamente la pretensión es reducir toda esa diversidad a las categorías culturales que expresan los ritos y los dogmas, es decir a la cultura occidental celosamente mantenida hasta el extremo en los palacios vaticanos.

Si se quiere un ejemplo, basta con recordar lo que se hizo con la comunidad cristiana de San Miguel de Sucumbios en Ecuador. Un largo proceso de construcción de comunidad pretendió ser eliminado mediante el envío de un Instituto tradicionalista, vertical y cuasi militar como los Heraldos del Evangelio. Esta decisión es fruto de una gran ineptitud para entender la diversidad o peor aún, la consecuencia de una manera equivocada de concebir la unidad. La comunidad demostró su madurez organizando una resistencia pacífica y finalmente ese Instituto debió retirarse de esos territorios. Se trata de un excelente ejemplo del fracaso de la uniformidad impuesta por el centralismo romano. Si por alguna razón se quiso corregir alguna orientación existente en la comunidad, el instrumento elegido no fue el diálogo entre hermanos, sino la imposición autoritaria.

El papado deberá dejar de ser algo muy parecido a una monarquía, cuya cabeza es electa por un grupo de “príncipes”. Es inaceptable que la Iglesia esté gobernada por una suerte de rey sostenido por eso que se llama “príncipes de la Iglesia”, es decir por los cardenales. La Iglesia no debe tener un jefe, mucho menos un rey. El único referente de los cristianos es Jesús, que no pretendió ejercer ninguna magistratura en este mundo.

Alguien dirá que se necesita alguna forma de organización para poder convivir. Es cierto, pero a la luz del Evangelio parece muy claro que esa forma de convivencia no es la actual. Si el papado toma la iniciativa de revisar las estructuras caducas de la Iglesia, sin duda habrá miles de personas, miles de comunidades que apoyarán la iniciativa y que de una u otra forma, colaborarán en la búsqueda de una organización más acorde con nuestro tiempo. Se necesitaría una organización mucho más representativa de la totalidad de las iglesias esparcidas por el planeta. Si las autoridades centrales de la Iglesia no se abren a un debate de esta naturaleza, de todas maneras, las iglesias particulares en todo el mundo están ya en camino de llevar adelante una profunda reflexión sobre estos temas.

No hay que dudar de la fidelidad al Evangelio de miles y millones de cristianos dispuestos a abrir las ventanas y dejar que entre el aire fresco. Una gran apertura al Pueblo de Dios es lo que se necesita para salir de la esclerosis e interpretar los signos de los tiempos. A veces se han mencionado los miedos a un tipo de funcionamiento más democrático, imaginando que se crearían organizaciones parecidas a los partidos políticos. Estos temores reflejan una mentalidad que se guía solamente por el acceso al poder. Cuando hablamos de nuevas formas de convivencia, no estamos refiriéndonos a disputas políticas por el poder, sino a ser capaces de escucharnos unos a otros y de resolver los problemas aplicando la inagotable sabiduría de la palabra de Jesús expresada en los Evangelios. Como en toda organización humana habrá mecanismos de poder, pero sería deseable que fueran bastante más positivos y más representativos, que las sórdidas intrigas palaciegas que hoy recorren el Vaticano y que terminan por influir decisivamente en la elección del Papa.

Nos preguntamos si hay que esperar algo del futuro Cónclave. Si algo puede fundamentar nuestra esperanza, será que esta señal que fue la renuncia de Benedicto XVI, sirva para abrir los ojos y los oídos de quienes se encargan hoy del gobierno de la Iglesia. Más allá de muchas de las orientaciones temerosas y conservadoras impartidas por el Papa renunciante, es necesario reconocer que este acto de dimisión tiene el valor de destapar las lógicas debilidades humanas de cualquier gobernante o de cualquier sistema humano de gobierno. Dejemos de hablar de una especie de magia del Espíritu Santo que sirve para cubrir ambiciones y negociaciones muy humanas. Las formas humanas son siempre defectuosas, lo único que podemos hacer es intentar mejorarlas y hacerlas más adecuadas a la misión para la que fueron concebidas.

Es en este sentido que el Pueblo de Dios debe tener una palabra en cada uno de los rincones de la Tierra. Confiar en la presencia del Espíritu significa entre otras cosas, no tener miedo a las múltiples formas de expresión del pueblo cristiano. No es posible encerrar el Espíritu entre las paredes de la Capilla Sixtina. Es exactamente al revés: “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20). Esos dos o tres se reúnen en nombre de Jesús en las grandes ciudades, en los campos, en los desiertos, en las montañas o junto al mar. No hay paredes que guarden extraños secretos y opacas decisiones, que protejan maniobras o que permitan creerse dueños de las conciencias.

Es cierto que está muy trabada la posibilidad de un cambio en la Iglesia. Es cierto que hay muchos intereses que tratarán de impedir que las transformaciones se produzcan. Las estructuras burocráticas como las de la Iglesia tienden a protegerse contra toda amenaza que ponga en peligro los mecanismos de poder establecidos o que cuestione la legitimidad de los cargos. Si en el nuevo Papa hubiera una voluntad auténtica de cambiar, tendrá que proceder generando nuevos apoyos que no podrán ser los de la Curia Romana. Será seguramente en la pluralidad de las iglesias particulares donde encontrará muchos grupos de cristianos dispuestos a contribuir con una tarea que es sin duda de enormes dimensiones. Ojalá sea posible comenzar a transitar por ese camino. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Jesús de Nazaret...DECLARACIÓN SOBRE LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA CATÓLICA

160 TEÓLOGOS Y TEÓLOGAS DE LA IGLESIA CATÓLICA, feedback@churchauthority.org

ECLESALIA, 18/02/13.- Con ocasión del 50º aniversario del Concilio Vaticano II (1962-1965), invitamos a todos los miembros del Pueblo de Dios, a evaluar la situación de nuestra Iglesia.

Muchos de los temas clave del Vaticano II todavía no han sido implementados, en absoluto, o lo han sido sólo parcialmente. Esto ha sido debido a la resistencia de algunos sectores, pero también a una cierta dosis de ambigüedad que se dejó pasar en algunos de los documentos conciliares.

La principal causa del actual estancamiento radica en su incorrecta interpretación y la mala aplicación en lo que concierne al ejercicio de la autoridad en la Iglesia. Concretamente, los siguientes temas requieren una corrección urgente:

La función del papado necesita ser redefinida claramente en la línea de la intención de Cristo. Como supremo pastor, unificador y principal testigo de la fe, el Papa contribuye sustancialmente a la buena salud de la Iglesia universal. Sin embargo, su autoridad no puede oscurecer, disminuir ni suprimir la autoridad auténtica otorgada directamente por Cristo a todos los miembros del Pueblo de Dios.

Los obispos son vicarios de Cristo, no vicarios del papa. Tienen una responsabilidad inmediata de sus diócesis, y una responsabilidad, compartida con los otros obispos y el papa, respecto a la comunidad de fe mundial.

El Sínodo de los obispos debe asumir un papel más decisivo en la planificación y en la orientación del mantenimiento y el crecimiento de la fe dentro de nuestro complejo mundo actual. Para llevar a cabo esta tarea, el sínodo de los obispos necesita ser dotado de unas estructuras apropiadas.

El Concilio Vaticano II ordenó que debía haber colegialidad y corresponsabilidad en todos los niveles. Esto no ha sido llevado a cabo. Como estableció el Concilio, los consejos presbiterales y los consejos pastorales, deben involucrar a los creyentes más directamente en las tomas de decisión concernientes con la formulación de la doctrina, la gestión de la pastoral y la evangelización de la sociedad secular.

El abuso de nombrar para puestos directivos de la Iglesia a candidatos de una única forma de pensamiento, debe ser erradicado. Se debe establecer nuevas normas, y una supervisión sobre su cumplimiento, para asegurar que las elecciones para tales puestos sean llevadas a cabo de una manera limpia y transparente, y en cuanto sea posible, democrática.

La Curia romana requiere una reforma más radical, en la línea de las instrucciones y la visión del Concilio Vaticano II. La Curia debería continuar existiendo por sus útiles servicios administrativos y ejecutivos.

La Congregación para la Doctrina de la Fe debe ser asistida por comisiones internacionales de expertos, que han de ser escogidos de forma independiente, sobre la base de su competencia profesional.

Estos no son, ciertamente, todos los cambios necesarios. Somos conscientes de que la puesta en marcha de estas reformas estructurales deberá ser elaborada con detalle, según las posibilidades y limitaciones de las actuales y futuras circunstancias. Sin embargo queremos destacar que estas siete reformas sugeridas son urgentes y que su puesta en marcha debe comenzar inmediatamente.

El ejercicio de la autoridad de nuestra Iglesia debe emular las normas de transparencia, de rendición de cuentas y de democracia que son practicadas en la sociedad moderna. La autoridad en la Iglesia debe ser percibida como honesta y digna de confianza, inspirada por un espíritu de humildad y de servicio, mostrando preocupación por la gente más que por las reglas y la disciplina, transparentando a un Cristo que nos hace libres, y escuchando al Espíritu de Cristo que habla y actúa a través de cada persona. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información:
http://iglesia-segun-el-evangelio-hoy.org/

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jesús de nazaret.....

El ensueño del pecado original

Publicado: 8 febrero, 2013 en REFLEXIONES
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pecado-original_miguelangelEL ENSUEÑO DEL PECADO ORIGINAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 08/02/13.- A veces da la sensación de subsistir aún ampliamente, la instrucción que se nos dio a los más, sobre la transmisión universal del pecado original. Esa, cuya explicación racional traté de anular en mi nota anterior. Lo hice por lo frecuente que es usarla como razonamiento de llegada, cuando sólo lo es de salida. Quiero decir que ella no prueba la existencia del pecado; sino que trata de explicar su transmisión, “tras haber supuesto que él se dio”.

“Supuesto”, porque carece por completo de base. Lo desvelan los hallazgos de los científicos, de los arqueólogos de las culturas y de los especialistas bíblicos, incluso católicos. Los primeros ponen al descubierto la imposibilidad de que las cosas sucedieran tal cual literalmente las narra la Biblia. Los demás destapan el trasfondo legendario de los relatos del Génesis. Unos y otros fuerzan a tenerlos a éstos por narraciones alegóricas. En particular a los de sus once capítulos primeros.

Serán pocos ―si es que aún queda alguno― los que todavía cometan la irracionabilidad de juzgar válidas las inferencias probadas de la ciencia, sólo cuando no afectan a la Biblia. Lo probado válido en sí, lo es para todo. Incluso para lo que se supone ser palabra de Dios. El ser real de las cosas, su realidad natural, es obvio que no puede estar en contradicción con ella. Salvo que las cosas no fueran tan de Dios, como su palabra.

Es igual de irracional calificar de mitos, sólo cuando no tocan a la Biblia, las narraciones que relatan, sin garantía de prueba, episodios o experiencias insólitas, fantásticas, intimistas. ¿Se reconocerá algún día abiertamente que eso es lo que sucede con los primeros relatos del Génesis?

A favor de su historicidad no hay más pruebas, si así se las puede llamar, que leyendas míticas prebíblicas, cuya antigüedad supera a la de la Biblia, como mínimo, en más de un milenio la más próxima. Su contenido, y hasta detalles, están recogidos en dichos relatos con palpable coincidencia. Tanto que se enhebran como hilos de su propio tejido.

No me detendré a pormenorizarlo, por lo fácil que es hoy enterarse y cerciorarse de las cosas a través de internet. Muchas veces, por cierto, antes y más expeditivamente que por los documentos oficiales. Que la dinámica de ralentización parece haber sustituido a la ocultación de lo “discordante”, que de hecho tenía el “Índice de Libros Prohibidos”.

La ralentización, dicho sea de paso, evita rectificaciones que, a bote pronto, resultarían estridentes hasta el riesgo de “cismas”. También da tiempo a encontrar la forma de presentar lo inicialmente rechazado, sin reconocer expresamente el error de haberlo rechazado; sino como benévola concesión “dadas las circunstancias” y “los signos de los tiempos”… Por ejemplo, la cremación de cadáveres, que fue merecedora por siglos de gravísimas sanciones, recogidas en los cc. 1203,2 y 1240,1.5° del antiguo ClC, en línea con «una larga tradición».

Seguiré pues adelante, aunque en estas materias rechacen recurrir a internet, los afectados por el complejo de “gorrión poyuelo”, tan ampliamente padecido al parecer.

Llamo tal al de creerse incapaz de volar por sí mismo y así buscarse el alimento solo, de suerte que uno se siente atenazado a quedarse “al abrigo del nido”, a esperar que sus “papás gorriones” se lo traigan “reblandecido” en sus buches, para regurgitárselo con fruición en el “pico”. A éstos los dejo de lado, aun a riesgo de recibir de alguno de ellos reprimenda, puede que hasta abroncada. O incluso insultante y procaz. Pues no falta entre ellos quien calumnie a “sus papás”, piando sin parar desde su nido “oculto”, que tiene acíbar y excremento el alimento que ellos les regurgitan en su “pico”.

Tras esta digresión vuelvo al guión de esta nota.

Aunque desde el principio se nos haya “adoctrinado” todo lo contrario, sin que hasta fecha reciente se nos hablara ni de fisuras; aunque ello se nos haya entregado por siglos, como dato incluido en la “Tradición”, y ésta haya sido indiscriminadamente definida fuente de la Revelación; aunque también lo haya sostenido el “magisterio institucional” y éste haya sido dogmáticamente afirmado infalible, no se puede sin embargo aceptar en modo alguno, ni siquiera en parte, la historicidad de la faz narrativa de dichos relatos.

Lo impiden, como digo, sus crasas falsedades e inexactitudes varias, y su antiquísimo substrato literario, cuyas fantasías puede que a alguno hasta le recuerden las de “Las Mil y Una Noches”. Entiendo del todo imposible afirmar palabra de Dios lo evidenciado falso, y lo que se demuestra ser conglomerado casi, de reconocidos mitos antiquísimos, muy anteriores a la Biblia.

Para aceptar esos relatos como expresión del mensaje salvador de Dios, según pide fundada y razonablemente nuestra fe, no hay otra posibilidad que la de tenerlos, en la integridad individual de cada uno, por alegorías catequéticas. Sólo es posible en razón de su contenido intencional. Éste habrá de ser escarbado y expuesto siempre con leal honestidad, aunque a veces pudiera faltar el tino. Sin afirmar historia lo que es mito. Sin pretender la amalgama de ambos espacios.

La verdad de esos relatos queda entonces ceñida al mensaje que quieren divulgar. Parecido a lo que sucede con las parábolas. Sólo que de la casi totalidad de éstas consta expresamente tener sentido figurado y, de las más, cuál sea éste. Aquí, sin embargo, es necesario escrutarlo siempre.

Los errores científicos que contienen, sus detalles pintorescos y el origen pagano y mitológico de su tejido literario, no pasan de simple vestimenta o adorno del mensaje divino. En cuanto incardinado en la mentalidad primitiva de su autor o autores materiales, y en sus técnicas de expresión literaria. Semejante a lo observable en la mayoría de las representaciones pictóricas de sucesos, personajes o misterios de fe. Es habitual que se expresen con pinceladas ajenas a ellos mismos o a su marco histórico. Son huella de la cultura en que se plasmaron. O de la inventiva peculiar de cada pintor, también condicionado por su época.

Siendo así las cosas, la lógica más elemental obliga a tener a Adán y a Eva por personajes de una mera ficción literaria, como lo es toda alegoría. ¡Imposible entonces que sus actos repercutan y tengan efectos reales en las personas vivas! La alegoría, aunque sea vehículo de una enseñanza religiosa o de una verdad de fe, y aunque recoja parabólicamente la realidad, no es la realidad misma; ni influye mágicamente en ella; sino que sólo la retrata simbólicamente.

La condición alegórica del Adán bíblico es por ello, el motivo más radical para afirmar que todos somos concebidos en apertura inicial a la Vida y a la confiada amistad con Dios. De lo contrario, él no sería alegoría acertada ni símbolo veraz del hombre. Si éste naciera ya de entrada en estado de enemistad con Dios por exigencia hereditaria, o cualquier otro motivo, ni se podría entender cómo un acto alegórico puede tener secuelas en la realidad, ni sucedería en nosotros como la alegoría dice que sucedió en él.

Ella lo presenta poseedor de la apertura a la amistad con el Creador, desde el instante inicial de su modelación, hasta el momento en que él mismo pecó. Es el significado metafórico de la escena del Creador yendo, a la hora de la brisa, a pasear por el jardín que le había dado por morada al hombre; sin que éste se viera «desnudo» ante Él hasta después de violar el precepto divino. Ni tampoco tratara de esconderse entre los árboles al oír sus pasos, por miedo a encontrarse así con Él”.

Dicha apertura, por tanto, ha de recibirla todo hombre al ser concebido, igual que recibe la condición humana y todo lo que ésta conlleva. Sin que por ello pierda su carácter de don gratuito del amor de Dios, como no lo pierde el propio existir.

Éste, como es sabido, todos lo recibimos gratuitamente de Dios, aunque medien la procreación parental y un proceso evolutivo previo de millones de años. Todo hombre es creado por especial acción divina. La alegóricamente significada al afirmar a Adán, no sólo obra de la voluntad y palabra del Creador, como el resto de los seres; sino, además, de una intervención suya particularmente diseñada, deliberada y directa.

Es lo expresado simbólicamente con el contexto propio y único en que se presenta la creación del hombre: lo de «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra»; lo de “moldearle directamente Él mismo del barro”; y lo de ser Él quien “insufla aliento de vida sólo al hombre”.

Dado todo lo anterior, tendría que relegarse también al museo de la teología, la necesidad de bautizar a los niños que aún no han alcanzado el uso de la libertad necesaria para poder decantarse ellos mismos, de forma responsable, a favor del pecado o de su Padre del cielo. Éstos niños permanecen de seguro, hasta que ellos mismos pequen, en el estado inicial de amistad con el Creador, en que el hombre fue y es hecho.

Los padres podrían sublimar el gozo profundo del nacimiento de un hijo, con la persuasión de tener en sus brazos una imagen viva y limpia del Creador. Imagen recién moldeada, y horneada al calor del inmenso cariño de Dios. Y del suyo propio, reflejo lejanísimo del divino.

Podrían celebrarlo con la comunidad, con sus parientes y amigos creyentes, y… ―lo diré evocando la práctica de alguna zona de los Andes― “tomar gracia de él”, ¡de ése su hijito! Puede que fuera un gesto más fértil que santiguarse después de tocar las imágenes materiales de los santos, como hacen ellos; o después de tomar agua bendita, como en general solíamos hacer nosotros.

Desde éste ángulo, por cierto, resuena con eco más dilatado el aviso de Jesús: “Fuerza es que vengan escándalos. Pero, ¡ay de aquél que indujere a pecado a uno de estos pequeñuelos que creen en mí! «Andaos vosotros con cuidado»”. (Mt 18,6 y Lc 17,1-2). Esos “vosotros”, no sobrará recalcarlo, eran sus propios discípulos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

La sinrazón del pecado original

Publicado: 21 enero, 2013 en REFLEXIONES
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manzana.LA SINRAZÓN DEL PECADO ORIGINAL
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 21/01/13.- Que Adán fuera el primer hombre en pecar, no incluye ni supone de por sí que su culpa y el castigo por ella merecido, pasaran a afectar necesariamente a todos los hombres. Ni en el caso de haber sido él de veras el origen único de la humanidad entera, y no uno de los varios que postula el poligenismo.

No consta, por otra parte, que el Adán bíblico fuera constituido expresamente depositario de la salvación del género humano. Mucho menos alguno otro de los varios “adanes” en absoluto posibles.

Su condición de depositario sólo es presunción deducida a posteriori. Parecería que como forma instintiva de abrir vía de escape a la doctrina mantenida sobre la transmisión universal del pecado original. Lo digo principalmente por lo vigorizada que ha sido en los últimos tiempos, en los que se ha vislumbrado la posibilidad seria de que llegue la hora en que haya que rendirse al poligenismo. Como sucedió en su día con el heliocentrismo de Copérnico y Galileo.

Tampoco consta que la pérdida de la salvación pueda deberse a pecado ajeno, en vez de sólo al propio. Sino todo lo contrario: “No han de morir los padres por culpa de los hijos, ni éstos por culpa de los padres; sino que «cada cual morirá por su propio delito»”. Es máxima que no dejaría de ser obviedad inmediata y espontánea, aunque no la recogiera Dt 24,16. Tanto, que la he visto enarbolar con terquedad hasta por niños del catecismo.

Entiendo, en consecuencia, que debería convertirse en pieza del “museo arqueológico de la teología” la afirmación de la catequesis, un tanto primaria, de nacer todos los hombres manchados y reprobados por el pecado de Adán, igual que nacen en pobreza los hijos de padre que ha derrochado toda su fortuna.

“Primaria”, porque la comparación es inaplicable al vivir en estado de “amistad” con Dios. Por tratarse ésta de una situación anexa a la propia persona. No de bien acumulable fuera de ella en lugar físico, de suerte que pueda ser robado, perdido o trasmitido, como los tesoros materiales.

También debería remitirse al mismo museo, la explicación de la pérdida de ese estado a causa del principio de solidaridad social. Es el que fundamenta en la vinculación con el grupo, la imputación a todos sus miembros de la responsabilidad y consecuencias de los actos de sus progenitores o dirigentes.

Se trata de un principio que no llega a axioma, el cual, en cuanto tal, ha de cumplirse necesariamente siempre. Como, por ejemplo, el teorema de Pitágoras. Sino que no pasa, como mucho, de simple “presunción de ley” o “de solo derecho”. Sin llegar en absoluto a ser “presunción de hecho y de derecho”.

Porque no basta para dicha imputación con la pertenencia a un mismo grupo, y menos cuando ésta viene impuesta. De lo contrario habría base objetiva para “argüir de pecado” hasta al mismo Jesús, e imputarle los errores y desmanes de los dirigentes judíos, tanto los de su tiempo, como los del anterior.

Además de vinculación con el grupo, se requiere de vinculación con el propio acto imputado o incriminado, en virtud de libre adhesión personal al mismo. Ya con cualquier clase de asentimiento expreso o colaboración voluntaria en su realización, como la de Pablo en el apedreamiento de Esteban. Ya, al menos, con la aprobación tácita o implícita que se da en la pasividad y ausencia de la repulsa debida; la que en cada ocasión sea posible.

Es más: la libre adhesión personal puede generar ella sola cierta responsabilidad participada en actos incriminados a dirigentes de un grupo al que no se pertenece. Aunque ningún tribunal humano exija cuentas por ella. Sería el caso, por ejemplo, del que sin ser natural del país ni vivir en él, aplaudiera cualquier tipo de genocidio perpetrado por los gobernantes del mismo.

Que ambas vinculaciones se den lo más frecuente a la vez, no supone que sean lo mismo. Pero parece que no ha empezado a generalizarse la advertencia de su diversidad hasta hace poco. Y ello más bien en el campo político, en el que ahora se aprecia una mayor sensibilidad respecto de la distinción entre las dos vinculaciones. Quizá por el avance y robustecimiento de la conciencia democrática, operados en las gentes en los últimos tiempos.

Hoy, en concreto, ya no se admite por lo general, que todos resultemos ineludiblemente corresponsables de los errores y desmanes de nuestros gobiernos respectivos. La participación en esa responsabilidad se pone por lo común en quienes los eligieron; en quienes de entre éstos los mantuvieron a pesar de poder relegarlos; en quienes los apoyaron; y en quienes, habiéndolos o no elegido, transigieron con ellos sin elevar su protesta ni manifestar su repulsa en la medida de lo posible.

Lo mismo debería sostenerse respecto del pecado del primer hombre, aun en el supuesto de haber existido de veras un único “Adán”. La corresponsabilidad en tal pecado sólo debería afirmarse en quienes se adhieren a él con su propia conducta. Igual que cuando Jesús dijo a los escribas y fariseos, que a causa de sus propios crímenes, incluso el cometido “entre el santuario y el altar”, iba a recaer sobre ellos “toda la sangre justa derramada sobre la tierra” (Mt 23,34-35).

Aunque implícito en lo expuesto, quiero sin embargo subrayar expresamente que, de bastar la sola vinculación al grupo y darse éste, no podría excluirse a nadie del pecado original. Igual que del teorema de Pitágoras no puede ser excluido ningún triángulo rectángulo. Serían gratuitas las excepciones de Jesús y de su madre María, a menos que se afirmara que ellos quedaron fuera de la humanidad. Lo mismo que se afirma quedar fuera de los triángulos rectángulos los que no cumplen el teorema de Pitágoras.

Sería igualmente gratuito dejar de inculpar de la muerte de Jesús al pueblo judío descendiente del que la pidió a instancia de sus dirigentes (Mt 27,20). Digo “dejar de inculpar”, porque desde tiempos remotos lo venía haciendo la Iglesia. Incluso al rezar por él en la liturgia del Viernes Santo, considerándolo “pérfido” en base a dicha vinculación unitaria de grupo.

Que esta estimación y oración hayan pervivido hasta tiempo muy reciente, no secunda ya el infundado carácter axiomático del principio de solidaridad social. Es más: al haber sido el papa Juan XXIII quien dispuso su desaparición, para lo único que como mucho sirve ahora el dato, es para tenerlo en cuenta secundariamente, al hablar del alcance y el valor de la “tradición eclesiástica” y de los de la infalibilidad del Primado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

pregunta¿INVITAR O TRANSMITIR LA FE?
“Invitar hoy a la fe” en el Instituto Superior de Pastoral
JOSÉ LUIS SEGOVIA, director del Instituto Superior de Pastoral, jsb45678@gmail.com
MADRID.

ECLESALIA, 15/01/13.- Se transmiten la masa hereditaria, los títulos-valor, incluso las enfermedades infecto-contagiosas… Pero cabe preguntarse si “la traditio”, tan propia del lenguaje jurídico y acto por el que se consuman los negocios de esta naturaleza -por ejemplo, la compra-venta-, es la forma más afortunada de hablar de la experiencia de Dios. Naturalmente, todo lenguaje es equivoco para hablar de su Misterio y cada opción inevitablemente tiene sus pros y sus contras. Por eso, en la XXIV Semana de Teología Pastoral que se celebrará del 29 al 31 de enero, queremos reflexionar, debatir y celebrar acerca de “invitar hoy a la fe”. Nos ha parecido que la “invitatio” nos aproxima más a la iniciativa de Dios y a la dinámica del don que acontece en la experiencia religiosa. Es más respetuoso con un acontecimiento cuya iniciativa es de Dios y que habita en el interior mas intimo del hondón humano… Es una experiencia y, como tal, es vivible, experimentable, contagiable, invitable… Pero no es transmisible como un título-valor o un burofax.

xxiv semana de teología pastoralLa invitación tiene en cuenta el aquí y ahora de la persona convocada, parte de sus anhelos y expectativas. Hay algo de lo convocado que está ya presente en las profundidades de quien fue invitado y que le impele a aceptar la “invitatio” como algo que le completa y perfecciona; por el contrario, la “transmisión”, mal comprendida, podría convertirse en algo extrínseco, abstracto, ahistórico… incluso formalista e institucional. No tiene en cuenta que hay mucho de lo convocado que está ya presente en el invitante y en el invitado. Dicho en corto y por derecho: ¡Dios estaba ya allí cuando pretendíamos “llevarlo”! En esto también vale: “antes de entrar, dejen salir”… En la invitación, además de la seducción de lo valioso que se ofrece a ser experimentado, se pone en juego la condición de quien invita. En efecto, voy de invitado/a si me fío del invitante… Las actitudes y la credibilidad del que me invitan me ayudan o me impiden aceptar la oferta. Digamos que la invitación sirve también para cuestionar a quien invita, mientras que la transmisión se centra en el “objeto” transmitido de una forma más ahistórica y descontextualizada. De ahí que sea tan importante en la invitación a la fe su credibilidad, su significatividad evangélica y la visibilización y percepción real y simbólica que se tengan de la Iglesia que convoca.

Nos preocupa el mundo de la increencia y de la indiferencia religiosa. Por eso, en el Año de la Fe, vamos a dedicar varias ponencias a los preámbulos de la fe, a las condiciones de posibilidad de la invitación a la misma y de su acogida. También nos concierne superar ciertas “sorderas” ante los clamores de nuestro mundo y los signos de los tiempos que en él están aconteciendo. Lo mismo se diga de qué y cómo hacer procesos de invitación a la fe y de acompañamiento a quienes se van adhiriendo a la misma. Es importante ver qué y cómo hacer de puertas afuera y de puertas adentro de la Iglesia con los que van respondiendo a esta invitación. De todo esto y de mucho más, con un enfoque eminentemente pastoral, queremos tratar en esta Semana en ponencias, mesas redondas y debates. Desde casi un cuarto de siglo, muchos buenos cristianos y cristianas de muchos puntos del Estado español y de Portugal nos juntamos, reflexionamos y rezamos. Este año haremos lo mismo con renovada ilusión. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

PROGRAMA DE LA XXIV SEMANA DE PASTORAL

Invitar hoy a la fe

Publicado: 11 enero, 2013 en CONVOCATORIAS
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ECLESALIA, 11/01/13

xxiv semana de teología pastoral

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Del 7 al 12 de octubre
CRÓNICA DEL CONGRESO CONTINENTAL DE TEOLOGÍA
Celebrado en San Leopoldo, Rio Grande do Sul, Brasil
MIGUEL ESQUIROL VIVES, esquirolrios@gmail.com
COCHABAMBA (BOLIVIA).

ECLESALIA, 18/10/12.- Congreso que se realizó en San Leopoldo, a 30 km de Porto Alegre, en el Estado de Rio Grande do Sul, Brasil, del 7 al 12 de octubre de este 2012. Como motivo de los 50 años del Concilio Vaticano II y de los 40 de la Teología de la liberación.

Como aspectos destacados de este Congreso es, en primer lugar, su preparación a lo largo del año 2011, que con la animación y organización de Amerindia se tuvieron Jornadas teológicas por regiones que abarcaron todo el continente latinoamericano.

En el mismo Congreso se vio la enorme convocatoria al reunir alrededor de 750 participantes de todo el continente entre teólogos sacerdotes, algunos de ellos testigos vivos del Concilio, jóvenes, mujeres teólogas, teólogos de teologías emergentes como la teología india, feminista, ecológica… Y algunos de los padres, todavía vivos, de la Teología de la liberación. También asistieron unos 22 obispos entre Brasil, Chile y México y tres obispos anglicanos, que nos dirigieron palabras muy oportunas.

También la metodología del Congreso es importante de destacar ya que marcó el ritmo de las conferencias y de los talleres por temas específicos, que se tenían todas las tardes. Es el tradicional VER-JUZGAR-ACTUAR, pues se parte de la realidad vista y vivida y del contacto con los pobres y con el sufrimiento.

El 7 de octubre La conferencia inaugural fue a cargo de una joven teóloga, doctora en teología, Geraldina Céspedes y el teólogo Jon Sobrino sobre el tema “Un nuevo Congreso y un Congreso nuevo”.

El 8 de octubre, el Dr. Pedro Ribeiro de Oliveira nos habló sobre “La situación sociocultural, económica y política del Continente en el contexto mundial”. El Dr. Jung Mo Sung de la facultad metodista con su ponencia Economía y Teología. Y la conferencia sobre “Otro mundo es posible en el contexto latinoamericano” por el fundador de los Foros Sociales Mundiales, Prof. Chico Witaker.

El día 9 y después de un momento de oración, como todos los días, otras conferencias para reflexionar esa realidad del día anterior, el Juzgar, con eminentes teólogos como los profesores y doctores Victor Codina y Andrés Torres Queiruga con “Temas pendientes de la teología” y “Nuevos paradigmas de la teología” respectivamente. Y por la noche el Dr. Gustavo Gutiérrez “Una teología Latino-Americana: Trayectoria y Perspectivas”.

El día 10 Leonardo Boff sobre Ecoteología con toda su sabiduría y ciencia. Y el día 11 dedicado al Actuar, tuvimos como un verdadero broche de oro la ponencia del Dr. Joäo Batista Libanio de la Facultad jesuita de filosofía y teología de Belo Horizonte, que nos habló de Los Nuevos desafíos y tareas para la teología en América latina y el Caribe hoy, a partir de las contribuciones del Congreso.

Verdadera inyección de esperanza y entusiasmo en medio de la crisis que azota a las iglesias cristianas, en especial a la católica. Y en particular para la Teología de la Liberación. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

TEÓLOGAS EN EL REFECTORIO DE LOS MONJES BENEDICTINOS
Impresiones del Congreso Teológico Internacional “Las Teólogas vuelven a leer el Vaticano II: asumir una historia, preparar el futuro” celebrado en Roma del 4 al 6 de octubre de 2012 en el 50 Aniversario del Vaticano II
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 16/10/12.- Al llegar al Pontificio Ateneo S. Anselmo, bellísimo enclave monástico de monjes benedictinos, me dí cuenta inmediatamente de que el Concilio Vaticano II, que inició el Papa Juan XXIII en el año 1962, y del que celebramos este año el 50 aniversario, era la causa inicial de que este Congreso de teólogas se pudiera estar celebrando en semejante espacio.

Me comentaron que hasta principios de los años setenta,  ninguna mujer había entrado en los metros cuadrados de este monasterio benedictino masculino. En los días que ha durado el Congreso, el gran refectorio (comedor de los monjes) se ha convertido en sala de conferencias para acoger a más de doscientas teólogas de veintidós nacionalidades: Argentina (3), Austria (1), Australia (2), Brasil (2), Canadá (2), Chile (1), Colombia (1), Croacia (3), Francia (4), Alemania (3), Italia (136), México (5), Nicaragua (1), Noruega (1), Paraguay (1), Perú (1), Rumania (3), España (43), Suiza (1), Reino Unido (8), USA (3), República Dominicana (1),

Como mujer me siento agradecida a Dios, a los padres conciliares y a los monjes benedictinos por este detalle que, como tantos otros que se introducen en la vida y dejan no llaman la atención, pero que no hay que perder de vista sobretodo pensando en lo que todavía queda pendiente después de cincuenta años del Vaticano II y hay que seguir en la brecha.

Si el espacio del Congreso me llevó a esta primera e inocente reflexión, qué decir del hecho de ver aquella gran sala llena de mujeres teólogas, muchas de ellas catedráticas en diferentes universidades del mundo. También me alegró ver la presencia de algunos hombres en este Congreso, tanto asistentes como ponentes de algunas charlas. Al fin, de lo que se trata es de caminar juntos.

Las 15 ponencias han tratado de transformaciones en la Iglesia y en el mundo en estos años, de antropología, relaciones eclesiales, instituciones, temas ecuménicos, cambios culturales, comunicaciones, etc. desde la perspectiva femenina en la Iglesia y en el mundo.

La presencia académica femenina en la Teología es un hecho sin retorno, pero además tiene por delante un camino que, como todo lo que es vida, no puede quedarse anclado en los logros y los reconocimientos, ni en los rechazos o zancadillas, sino avanzar haciendo posible que la mujer sea ciudadana de pleno derecho en la tierra como en el Cielo.

A continuación comparto algunos apuntes rápidos tomados en las conferencias

-          “Contra el poder, desafiar el sentido común: soñar y creer, crear lo que creemos y soñamos”

-          “La espiritualidad avanza a pasos agigantados, no así la teología”

-          “La teología feminista ha recuperado la conciencia de las mujeres sobre su noción de dignidad”

-          ¿Por qué se habla de toda la Iglesia si no está representado el 50% de la Iglesia?

-          “Hombres y mujeres son iguales, toda discriminación está contra el plan de Dios”

-          “Hay una dimensión moral en el trato de las mujeres en la Iglesia”

-          “Queda mucho por hacer para aumentar la autoridad de las mujeres en la Iglesia”

-          “En el Concilio de Nicea ya hubo participación de las mujeres”

-          “La mujeres fueron invitadas a participar en el Vaticano seis días después de empezar el mismo. No obstante, fue un paso importante, aunque tomado a toda prisa”

-          “Algunos padres conciliares habían solicitado  la participación de los laicos,

hombres y mujeres, que  participaron como auditores y en los ritos solemnes”

-          “Una mujer que fue invitada a participar, preguntó: ¿En qué reuniones puedo participar? Le contestaron: Sólo en las que afecten a las mujeres. Ella contestó: Bien, entonces, podré participar en todas”.

-           “La Iglesia puede aprender de las mujeres que enseñan con autoridad en nuestro tiempo”

-          “El magisterio es el arte de enseñar con autoridad”

-          “Magisterio, cuestión de qué y no de quién”

-          “Teología y Doctrina es el medio con que la Iglesia evoluciona con la Historia”

-          “La participación de las mujeres en la Iglesia se da desde el primer día de la creación de esta”

-          “Jesús fue ayudado por muchas mujeres que iban con Él”

-          “Desde el principio de la vida apostólica hubo mujeres: maestras, discípulas, profetas…”

-          “El magisterio debe involucrar a todo el pueblo de Dios” “Debe escuchar a las mujeres”.

-          “El Papa Benedicto XVI dijo refiriéndose a otras religiones: “No hay que tener celos”. Esto vale igual para las mujeres”

-          “El Papa Pablo VI, al ver a una auditora del Concilio, en una reunión con todos los auditores le dijo: “¡Ah, nuestra colaboradora!”

-          “Muchas voces de mujeres en la teología se consideran con sospecha”

-          “Teología: como ciencia (investigación) y como servicio a la Iglesia, aunque el resultado no esté de acuerdo con lo que dice la Iglesia, como ocurrió antes del Concilio con teólogos como Rahner, Congar, Lubac…

-          “La crítica a la Iglesia nunca ha sido bienvenida”

-          “Las mujeres han ejercido el magisterio en el servicio pastoral y en la enseñanza”.

-           “El Vaticano II tiene un futuro para los que nos siguen. Hay que contar el Vaticano II sino morirá con nosotros”

-          “Hay que seguir adelante más allá de las dificultades del momento”

-          “Se habla demasiado de las mujeres y sucede lo que decía Aristóteles: que cuando un modelo se llena de contenidos ya no sirve como modelo universal”

-          “Prevalece la idealización de la mujer, la exaltación de lo materno”

-          Situación ambivalente: por un lado se alaba a la mujer y, por otro, no se acepta en espacios eclesiales y políticos”

-          “Hay que llegar a comprender cual es el miedo que provoca lo femenino, para llegar a una justicia social”

-          “Concilio: todos los fieles y no sólo los obispos son responsables de su fe, conferida en el bautismo”

-          “La conciliaridad debe suceder no sólo a nivel eclesial sino también a nivel local, regional, universal, ordenes religiosas, etc”

-          “Situar otra vez a Cristo en el centro, no sólo en la espiritualidad sino también en la teología”.

-          “Se pide a la Iglesia que presente y hable de Dios y no tanto de la Iglesia”.

-          “La Iglesia ha de ser signo de los tiempos compartiendo con otras Iglesias que pueden tener otras perspectivas”

-          “Ha de considerar el tema de las mujeres como prioritario, tomando en cuenta los dones de las mujeres. Tiene que ser la Iglesia de todo el pueblo de Dios”

-          “Hay que predicar el evangelio de manera creíble”

-          “Ante los cambios no se puede ser sólo observador”

-          “El empuje de Pedro se quedaría en nada sin Cristo”

-          “La confianza debe estar presente”

-          “La profecía es en nuestros días, más que nunca, cosa a ver de forma personal y comunitaria”

-          “Se pide al Sínodo que se plantee que la infecundidad de la evangelización hoy es un tema de espiritualidad y compromiso”

-          “La situación actual es complicada y compleja, y mucho más para la mujer”

Por último, quiero resaltar escuetamente, lo que dijo una joven teóloga italiana (Simona Borello) en su ponencia “La tensión intergeneracional”:

-           “¿Quiénes serán nuestros compañeros de viaje?”

-          “La Iglesia ha de cambiar el lenguaje para hacer llegar el mensaje de Jesús a las nuevas generaciones”

-          “Los textos del Concilio habrán de ser leídos de otra manera, de forma que se entiendan”

-          “Lugares de misión: nuevas tecnologías”

No puedo dejar a un lado algo que he echado de menos en el Congreso: alguna ponencia sobre la Teología de la Liberación a cargo de teólogo o teóloga de Latinoamérica. Se me hace extraño ya que esta teología es fruto del Vaticano II y en cuanto a la incidencia en la vida de las mujeres de los países comprendidos entre la frontera del Río Bravo y la Tierra de Fuego, es vital. Sin olvidar la opción por los pobres y su causa, que tiene en su haber mártires venerados por el pueblo sencillo, como Mons. Romero, y miles “sin nombre” para nosotros pero bien escritos en el corazón de Dios.

Me hubiera gustado más tiempo para la palabra y el debate y también, sin duda, la celebración de una Eucaristía donde ofrecer lo vivido y pedir alegría y energía para lo que habrá que vivir.

El último día por la tarde asistimos a una sencilla obra de teatro “Il papa, la carezza , la luna” en donde quedó reflejada la personalidad del Papa Juan XXIII y su inspiración para convocar el Concilio. La teología de la Liberación tuvo su especial homenaje. Me alegré.

Un momento especialmente interesante del Congreso fue el testimonio de algunas personas que participaron. Hubo 23 mujeres, entre ellas María Luz Longoria de Alvarez Icaza, mexicana, casada y madre, entonces de 12 hijos (luego tuvo dos más) fue invitada junto a su marido, como representantes de una asociación católica de familia y matrimonio. Habían hecho una encuesta en su país recogiendo más de 20.000 respuestas de matrimonios católicos: el trato a los divorciados y la aprobación de los métodos anticonceptivos fueron votados masivamente como temas que debían ser tratados y cambiados en la Iglesia.

Contó, Mª Luz, una anécdota interesante que ocurrió gracias a que un obispo de Canadá le pidió que intercediera a la hora de tratar el tema del matrimonio, para que se cambiara el segundo fin del matrimonio “como remedio para la concupiscencia”… (aquí hubo carcajada general en el auditorio) y se pasara a considerar que la sexualidad es medio para el aumento del amor entre marido y mujer. Mª Luz pidió la palabra tímidamente, pues era la única esposa y madre ante cardenales, obispos y teólogos y les dijo que pensaran en sus madres, considerando si cuando ellos fueron concebidos, se plantearon el hecho como concupiscencia o bien por el amor entre sus padres. Cuando acabó de hablar, reinó un gran silencio seguido de un intenso debate. Ella no entendió nada porque hablaban en latín. Al final la enmienda fue aprobada. Creo que el Espíritu Santo sopló suavemente a Mª Luz para que hablara a los padres conciliares de la sencilla teología de la vida, la familiar, la doméstica, la del amor de los que se aman que no es “terapia anti-concupiscencia”.

Queda un año por delante para celebrar el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, será un tiempo bueno para seguir investigando a nivel teológico en los documentos; también de forma personal como bautizados y de forma comunitaria: en nuestros grupos de oración, animando al debate a los jóvenes, compartiendo con sacerdotes, religiosos y religiosas, monjes y monjas… todos.

Hay mucho por hacer y está escrito en los documentos conciliares… sacudamos el polvo y que se abran las ventanas para que entre el Espíritu que movió al Papa Juan XXIII a convocar el Concilio Vaticano II y nos anime a todos a seguir adelante perdiendo el miedo a los cambios, nos aumente la Fe, sin dejar atrás la Esperanza y el Amor: es un trío que siempre va junto.

Desde aquí quiero agradecer a las teólogas italianas y a todas las personas que se han ocupado de la logística del Congreso, su dedicación, trabajo y buen hacer. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).