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Algo más que una ficción

Publicado: 14 enero, 2013 en PUBLICACIONES
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los miserablesALGO MÁS QUE UNA FICCIÓN
A propósito de “Los Miserables”
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 14/01/13.- Tan propio de la naturaleza humana es querer escabullirse cuando uno no ha obrado bien y echar la culpa al otro, como anteponer el bien de los demás al de uno mismo. Ahora que Los Miserables de Víctor Hugo vuelve a estar de moda en versión adaptada al cine, tenemos en el protagonista Jean Valjean un ejemplo eterno de lo que procuran el amor y el perdón, del valiente capaz de auto inculparse por evitar la cárcel a un inocente. O el ejemplo del humilde obispo Bienvenu Myriel, que acoge a Valjean dándole cobijo y comida ante al rechazo de todo el pueblo cuando vuelve estigmatizado como ex-presidiario; y todo por robar unas hogazas de pan para dárselas a unos niños hambrientos, que le costaron cinco años de presidio.

Pero en mitad de la noche, Valjean le roba unos cubiertos de plata, lo único de valor que poseía el obispo, puesto que todo lo que recibía lo destinaba para ayudar a los pobres. Al huir del pueblo lo detiene la policía con los cubiertos y lo llevan ante el obispo, quien de nuevo lo salva, diciendo que él le había regalado aquellos objetos para que empezara una nueva vida. Además le dice que se había olvidado llevarse los candelabros (también de plata) que igualmente le había regalado. La humildad y bondad del obispo operan en Jean Valjean como un revulsivo que cura sus heridas y lo convierte en un hombre bueno y sensible, capaz de realizar gestos heroicos con los necesitados.

Estas y otras conductas inventadas por Víctor Hugo también son patrimonio de la realidad humana universal. Basta fijarse en las biografías, sobre todo cuando narran tiempos de penuria y extrema necesidad, para reconocer a “Valjeanes” y “Myrieles” bien cerca nuestro. Es las épocas bonancibles cuando menos dispuestos estamos a salvar al vecino, y tampoco a asumir la propia culpa aunque se deriven consecuencias dolorosas para otras personas.

Las obras imperecederas como Los miserables tienen la ventaja de que no suelen ser pasto de la acostumbrada censura social imperante sobre cualquier mensaje moral y ético que se oponga frontalmente a los valores posmodernos de liquidez ética e individualismo que cosifican al ser humano y lo reducen a simples relaciones consumistas y de utilidad. Como afirma Vargas Losa en su recomendable ensayo La tentación de lo imposible (Alfaguara) en torno a esta novela: “No hay la menor duda de que Los miserables es una de esas obras que en la historia de la literatura han hecho desear a más hombres y más mujeres de todas las lenguas y culturas un mundo más justo, más racional y más bello que aquél en el que vivían”.

Afortunadamente, el Espíritu sopla donde quiere, y no solo donde le dice que lo haga la conservadora jerarquía católica. Por eso resulta reconfortante y esperanzador que muchas personas que no hallan nada de interés para sus vidas en el escaparate religioso oficial, puedan encontrar los mejores valores evangélicos viendo una película basada en una novela decimonónica impregnada de valores aletargados -como les ocurre a los Thénardier- que sin embargo todos llevamos dentro y por los que la humanidad ansía caminar, a pesar de que el consumismo haya logrado difuminarlos hasta el extremo.

La pena es que el principal personaje de la novela, el desmesurado narrador, no aparece como tal en la película. Aun así, el mensaje de sus interpolaciones éticas y orientaciones refuerzan el papel de los personajes de esta obra con pretensiones extraordinarias capaces de desbordar la propia historia novelesca, ambientada en la Revolución de 1830, que no es más un pretexto para lograr sus verdaderos objetivos que hoy nos siguen cuestionando. Por ejemplo: no debemos protestar contra la religión sino contra las actitudes que la falsifican.

Feliz sentada cinematográfica, aunque se logrará mayor vitalidad torrencial si la decisión pasa también por hincarle el diente a la novela. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ANTE EL MOMENTO PRESENTE
Comunicado de la CONFER
CONFERENCIA ESPAÑOLA DE RELIGIOSOS, confer@confer.es
MADRID.

ECLESALIA, 16/11/12.- Los religiosos y religiosas de España, reunidos estos días en Asamblea General como CONFER y representando a la Vida religiosa española no podemos en estos momentos y en esta fecha sentirnos ajenos a lo que es un clamor popular de exigencia de justicia en nuestro país.

Lo queremos hacer como signo de solidaridad con tantas tragedias, cuyas lágrimas y angustias no son para nosotros anónimas, sino de rostros que conocemos bien, conscientes también de las ambigüedades en que muchas veces cae nuestra propia Vida Consagrada, y llamados, como todos, a la conversión personal sin la que no será posible un cambio social que ponga en primer plano los valores de la justicia y la solidaridad, la ética y la búsqueda del bien común antes que los intereses particulares y partidistas.

No podemos dejar de constatar, con enorme preocupación, el prolongarse angustioso de la crisis social y económica, que afecta cada vez a más sectores de nuestra sociedad. Nuestra vocación nos llama a ser testigos de la misericordia y el amor de Dios en el mundo, y por ello no podemos permanecer insensibles ante una sociedad que egoístamente ha desplazado a los márgenes a aquellos que para Jesús son el centro.

Tenemos que preguntar con libertad evangélica a los responsables de los asuntos públicos, cómo es posible que aun disponiendo de tantos medios económicos y técnicos, no han sido capaces de ordenar la vida común de un modo verdaderamente justo y humano, preguntar si se están repartiendo con equidad las cargas de la crisis, y si de verdad se esfuerzan por encontrar todos los recursos posibles y necesarios para remediar lo que ya son necesidades primarias como la comida, la salud, la vivienda, la educación, la cooperación al desarrollo de los países empobrecidos, etc. No podemos creer que la palabra “no hay alternativas” sea la última palabra de nuestro momento presente como si fuese ya el fin de la historia. Nosotros creemos en el ser humano porque creemos en el Dios de la esperanza como motor de la vida.

Nos unimos, pues, a todas las voces, angustiadas o indignadas, que claman, en el día de hoy y cada día, por una sociedad distinta, donde sean posibles la justicia y la misericordia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

MADRID, 15 de noviembre de 2012

VALORES A LA BAJA, DERECHOS AL HOYO
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 15/11/12.- Atrapados en la “anti-cultura” que sólo considera importante el dinero, los valores no monetarios han bajado de rango: unos, empobreciéndose; otros, desapareciendo; y algunos más, tan prostituidos, que miedo da quitarles la máscara. Aunque suene muy duro esta es la realidad y tiene dramáticas consecuencias.

La crisis económica es el fruto podrido de una pérdida de valores en todos los campos: político, económico, social y religioso. La ética ha brillado por su ausencia y los resultados los estamos viviendo hace tiempo, sin tapadera que los camufle.

No está sucediendo nada que no se supiera que iba a ocurrir pero que nadie quería enfrentar. La sociedad de consumo y del crecimiento implacable está dañada, dolorida, herida… haciendo aguas. Y no olvidemos que esa sociedad de consumo se ha sustentado, y pretende seguir en ello, en las riquezas de países que, no hace mucho, se denominaban Tercer Mundo. ¿Cómo se les llama ahora?

Es muy lamentable que los avances del último siglo en ciencia, tecnología y comunicación; los logros a nivel social y laboral; el reconocimiento de los Derechos Humanos y de la Infancia; la incorporación de la mujer en campos que ni se podían imaginar anteriormente; y tantos otros beneficios que han constituido un impresionante adelanto del ser humano en tan poco espacio de tiempo, se vean ensombrecidos por una caída en picado de valores que son los que deben mantener no sólo a flote esos logros sino en continuo y fértil crecimiento.

El exceso vivido durante años ha producido hastío provocando un estado de desinterés y de apatía que deteriora actitudes del ser humano como la capacidad de sorpresa, el disfrute, la ilusión, el trabajo bien hecho, utilizar el tiempo con cosas sencillas, valorar lo que no tiene precio, saber esperar en el amor, cuidar la educación de los hijos, respetar y agradecer la vida de nuestros mayores, cuidar la salud de todos, atender a los amigos, ayudar al que no tiene y tantas otras cosas que podríamos citar.

Cuando los valores caen, los derechos van detrás. Cuando la dignidad del ser humano no se contempla como algo a respetar y proteger, y la ética más elemental desaparece de la vida diaria, empiezan a suceder cosas muy injustas que generan mucho sufrimiento y puede aparecer la violencia.

Los sistemas democráticos se vuelven descafeinados: da igual quien gane en las urnas porque en realidad no gobierna, son los grupos económicos y financieros los que marcan tendencia; un gran peligro, al dinero no le interesa nada la gente vote lo que vote.

Se cuida la fachada de unas democracias que van perdiendo la esencia de lo que significa esa palabra. La burocracia se vuelve densa, los sueldos y prebendas de los representantes contrastan escandalosamente con la aprobación de leyes que deterioran o hacen desaparecer derechos laborales y ayudas sociales. Desaparecen logros conseguidos tras una dura lucha de muchos que nos antecedieron y fueron consiguiendo un cambio de mentalidad, y volvemos a situaciones sociales y laborales injustas y discriminatorias. Por otro lado el “Estado-nodriza” ha funcionado mientras había dinero, inculcando un estilo de dependencia de las estructuras políticas nada saludable, pero consentido.

Así la democracia es para quienes tienen dinero, pueden pagar hipotecas, fondos de jubilación, sanidad y educación privada, etc. En tiempo de elecciones, el ritual se repite una y otra vez: salen con la máscara puesta a reclamar la atención y el voto utilizando la libertad de información, que tiene poco de libertad pues está amordazada por los grupos de poder que controlan los medios de comunicación. Menos mal que hay un competidor que les vuelve locos: Internet, “refugio informativo democrático” de fácil acceso y gran difusión.

En el campo religioso tampoco las cosas están para tirar cohetes. La denuncia profética desde la cúpula en defensa de los más débiles y perjudicados se evita por que compromete. El miedo al cambio hace girar la cabeza hacia tiempos pasados con deseo de involución y ese giro no permite ver los signos de los tiempos en el momento presente, dejando de lado los sufrimientos concretos de nuestro mundo hoy. Ese miedo se instaura en las conciencias dando al traste con la confianza y la esperanza que se trasmite desde el Evangelio.

Mientras, como en todas las épocas, desde abajo la gente sigue organizándose en el día a día, con la pesada carga del deterioro de valores y la caída en picado de los derechos. En las sociedades donde la familia sigue teniendo un valor como grupo humano, estas soportan el peso de recortes e injusticias; acogiendo y sosteniendo a los miembros más desprotegidos ante la situación económica y social, los que son dependientes por enfermedad o vejez y los niños que necesitan tiempo y atención.

Además de la solidaridad familiar hay otra que también se mueve desde abajo, a través de miles de voluntarios laicos, cooperantes, misioneros y religiosos; mujeres y hombres que, desde su vida y su opción intentan paliar necesidades primarias como alimentación, educación, sanidad, techo y calor humano. Esto es Evangelio, es Ética, es recuperación de Valores y su testimonio se convierte en Denuncia de injusticia por la pérdida de Derechos Humanos. Creyentes y no creyentes se unen, la mayoría de las veces de forma silenciosa, para salir en ayuda de los más desfavorecidos.

Pero como dice Jesús (Mt 1,4):“No sólo de pan vive el hombre…” ni la mujer, ni el niño, ni la niña, tampoco las familias, ni los pueblos, “sino de la palabra que sale de la boca de Dios” Permanezcamos atentos a esa palabra para recuperar el pan de valores y derechos que alimente y hagan más digna la vida del ser humano.

Y sigamos pidiendo a nuestros pastores de la Iglesia que abran la Casa para que entre el viento del Espíritu, como dijo el papa Juan XXIII cuando convocó el Concilio Vaticano II hace ahora 50 años, y amagando el miedo con fe y confianza , sean palabra viva y profética en la denuncia contra los poderes del mundo, arriesgando desde el Amor y el Evangelio; sean esa palabra traducida que sale de la boca de Dios para acoger, ayudar, consolar, sanar y abrazar a tanta gente necesitada del Pan y la Palabra.

El Papa Benedicto XVI ha convocado, en Carta Apostólica, el Año de la Fe, coincidiendo con la celebración del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, en el apartado 14, remite a presentar una fe con obras. ¡Adelante, como cristianos, como Iglesia caminante y sencilla… todos a una! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

No hay paz sin libertad

Publicado: 3 julio, 2012 en REFLEXIONES
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NO HAY PAZ SIN LIBERTAD
SILVIA M. FLORES, silviamflores@gmail.com
GUATEMALA.

ECLESALIA, 03/07/08.- El viernes pasado leí el artículo de Patricia Paz “Educar para la Paz” (ECLESALIA, 29/06/12). Me llamó la atención porque lo considero de suma importancia para la sobrevivencia del planeta y porque, de hecho, me estoy formando y trabajando en Construcción de Paz.

Estoy de acuerdo con todo lo que dice en el artículo. Me gustaría agregar que no hay Paz sin Libertad y no hay Libertad sin Justicia. Para ser libres, se necesita tomar conciencia de que el sistema que rige el mundo es injusto, es un sistema de muerte que ha conculcado nuestro derecho a pensar y a decidir. Generalmente “queremos” aquello que nos ofrecen los medios de comunicación, y nos hartamos de comida y bebidas dañinas, “queremos” lo que está de moda, hacemos lo que hacen o dicen “las estrellas”, nos vestimos como ellas, estamos entrenados para competir y para consumir, gastamos en cosas inútiles y desechables, perdemos nuestro valioso tiempo en actividades que no nos permiten pensar, reflexionar y cuestionar (fiestas, T.V., sexo, juegos electrónicos, “texteando” en ordenadores y móviles, etc), ni nos permiten relacionarnos libremente y no nos damos cuenta de que, para conseguir eso, muchas veces pasamos por encima de otras personas, no nos damos cuenta de que pisoteamos sus derechos, no advertimos que nos hemos convertido en títeres. Y lo más triste es que nos sentimos “realizados/as” con una vida así.

Para lograr la paz, es necesario recuperar los VALORES humanos y religiosos que se han perdido y promover una Educación para la Libertad. Hace falta despertar la conciencia sobre lo que es bueno, lo que es correcto y aprender a diferenciar lo que no lo es, a reconocer y rechazar los (anti) “valores” del sistema.

En cierto modo, Patricia tiene mucha razón al decir que no sabemos aceptar a quienes son diferentes; y es porque hemos aprendido a ser egoístas e individualistas, a temer y despreciar a quienes no son como los estereotipos que se nos presentan; los programas de televisión y las películas y la sociedad misma (ya enajenada) nos han enseñado a resolver las situaciones compitiendo, desconfiando de las demás personas y tratándolas con intolerancia y violencia. Si observamos, muchos de los problemas de la adolescencia y la juventud surgen del individualismo y de su deseo de destacar, de ganarle a… Si recorremos los canales de televisión o de cable podemos ver que lo que predomina es la violencia y el sexo, aún en los programas dedicados a los/as más pequeños/as vemos el uso de la violencia o de la competencia, el concepto de héroes solitarios e individualistas.

Por eso creo que es necesario darse a la tarea de ofrecer una formación en valores a niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Desde hace muchos años la “educación” se ha constituido en un medio de dominación, de sometimiento, de reproducción del sistema; se ha limitado a transmitir conocimientos sin promover valores ni criticidad y sin preparar a niñas, niños y jóvenes para la vida, para hacerse responsables de las consecuencias de sus acciones.

Es muy importante que descubran que “HACER LO QUE ME DA LA GANA” es muy diferente de “HACER LO QUE YO QUIERO”.

Actualmente las personas piensan que ser libres es poder hacer lo que les da la gana, sin embargo, obtienen todo lo contrario, se atan más a este sistema, se hacen esclavas de lo que eligen. Por el contrario, si tienen claro lo que quieren, si se fijan una meta positiva, que no dañe a otras personas, y hacen todo lo que les lleva a alcanzarla, es decir si se enfocan en ella, se hacen libres porque su elección y su fidelidad a ella, les lleva al éxito.

Pongamos como ejemplo a un atleta, su meta es obtener una medalla Olímpica, o implantar un record mundial. Eso es LO QUE QUIERE.

Si este atleta en vez de entrenar se pone a escuchar música con los amigos, se va a tomar cervezas y licor, se desvela, fuma, toma, anda por ahí con sus amigos/as, gasta sus ingresos en cosas inútiles, si no toma en cuenta a su familia, etc. es decir, si hace LO QUE SE LE DA LA GANA, se desviará de sus objetivos, difícilmente alcanzará la meta fijada y se volverá esclavo de esa vida enajenante que eligió. Pero, si se enfoca en su meta, si se hace responsable de su elección, pedirá el apoyo de su familia y amigos/as, practicará lo necesario, buscará un buen entrenador, fortalecerá sus músculos, se alimentará adecuadamente, dormirá las horas que su organismo necesita, etc. Es muy probable que consiga su propósito.

De esto se desprende que es necesario promover nuevamente los valores humanos y religiosos que se han perdido, es necesario volver a una vida digna, sana, solidaria, útil, respetuosa de la vida (personas, animales, naturaleza), optar por el “Bien Vivir y Bien Convivir” para hacer personas libres, críticas, justas, responsables, colaboradoras, comprometidas con su comunidad, capaces de transformar su entorno y empezar a construir ese Otro Mundo Posible.

¿POR QUÉ ESTOY A FAVOR DE “EDUCACIÓN A LA CIUDADANÍA”?
SANTIAGO CATALÁN OLARIA, santi257@gmail.com
LA LAGUNA (TENERIFE).

ECLESALIA, 10/02/12.- Soy profesor de Religión en una diócesis en la que se trabaja mucho y muy bien a favor de la educación integral del alumnado desde su Delegación de Enseñanza. Como muchos otros compañeros y compañeras, que ejercemos nuestra labor en la enseñanza pública; desde el primer instante he tratado de conquistar mi puesto y el prestigio de la asignatura que imparto a base de actualización constante en lo pedagógico y normativo, formación y construcción de la programación de cada curso atendiendo a la realidad del alumnado, a las demandas de las familias y a las directrices marcadas por la Conferencia Episcopal Española, la LOE, Ministerio de Educación, Consejería de Educación y Proyecto Educativo del Centro en el que ejerzo,… tratando en todo lo posible de hacer equipo con todas mis compañeras y compañeros de claustro buscando la complementariedad, colaboración y disponibilidad para ayudar en cualquier dificultad que en el devenir diario se vaya produciendo.

Escuché recientemente en las noticias de la televisión lo que ya se venía mascando en el ambiente desde hace años, casi desde que la asignatura de “Educación para la Ciudadanía” (EpC) echó a andar. Quieren hacerla desaparecer o, al menos, cambiarla por otra con un nombre que, a mi juicio, cuando menos es en exceso restrictivo.

Puedo comprender la postura de no pocos padres y madres a quienes no les gustara el enfoque dado a la asignatura de EpC (de hecho nació mal: sin consenso e impuesta, tanto en su contenido como en su forma), pero esto, que en principio no era bueno y ha sido la causa de esta defenestración de la misma a la postre, no ha demostrado ser de facto determinante ya que “dependiendo de las editoriales que le han dado forma y también conforme el profesorado la haya trabajado con su alumnado, esta asignatura podía –y de hecho ha dado- ocasión de abordar multitud de campos en los que siempre se ha entrado, desde cualquier área incluso, con todo el profesorado,… pero era necesario hacerlo de forma expresa PARA TODOS y de una forma sistemática”.

Educación para la Ciudadanía y Religión

Quienes saben lo que es la asignatura de Religión en la escuela y lo que debe ser y ya viene siendo desde hace décadas –aunque algunos parecen no haberse enterado todavía a juzgar por los juicios que emiten sobre ella- sabrán que esta materia es OPTATIVA, es libre, sólo la elige quien la quiere para sus hijos, por lo tanto a nadie perjudica su existencia; pero aparte de esto también sabrá que es un área que además del hecho religioso aborda con gran amplitud y profundidad todo el terreno de los VALORES HUMANOS –este tecleador piensa que “cuanto más humanos, más cristianos”- puesto que tienen una consustancial relación con el mensaje cristiano que todos nuestros niños y niñas y jóvenes tienen derecho a conocer.

No pocos alumnos del centro docente en el que trabajo me dicen cuando toman contacto con EpC: “Profe, es “Religión-II”, trabajamos muchos temas que son como los que tratamos aquí en clase contigo”.

Su entusiasmo es más que elocuente, ¿por qué?… pues porque observaban que EpC aportaba una visión muy positiva del ser humano (incompleta si se quiere, algo sesgada,… vale, de acuerdo,… pero llena también de muchos elementos integradores, una gran reflexión sobre la necesidad de trabajar la inclusión social, aprender a vivir desde la tolerancia a la diversidad, etc…).

No en vano, por supuesto, trabajo mi asignatura siempre en relación con todos los demás saberes y hay comunicación entre el profesorado en todo lo relacionado con lo educativo-formativo.

En mi centro docente hay un porcentaje del 95% de alumnado apuntado en Religión pero me consta que en otros colegios ese porcentaje es algo más bajo (la media nacional ronda el 75% en Infantil y Primaria) y… aquí es donde hallo yo el quid de la cuestión y que motiva mi protesta por la decisión de dar punto y final a EpC.

Educación para la Ciudadanía y Educación Cívica y Constitucional

¿Garantizará la “Educación Cívica y Constitucional” los contenidos y educación en valores que aunque de forma mejorable ya se apuntaban con claridad en EpC? Si ello no fuera así ¿qué pasa con el alumnado que “no está en Religión” y que tiene derecho a recibir “educación en valores” desde el ámbito docente?, ¿deberá renunciar a ese bien?

Quisiera pensar que esta asignatura que reemplazará a EpC suplirá sus deficiencias y contentará a todos, no sólo a una parte de nuestra sociedad… pero tal como observo y escucho en esta sociedad… quizás no sea así debido al tan manido argumento de que “educar educan los padres y la escuela está únicamente para instruir”; con reservas y muchos y sustanciales matices -en los que no voy a entrar- puedo decir que comparto este argumento, al menos en parte, pero… más preguntas: ¿qué pasa con ese alumnado que en vez de educación en valores u otra educación lo que recibe en sus casas es la antítesis de ello?, ¿dónde van a encontrar la oportunidad de crecer en los fundamentos de su personalidad?, ¿es suficiente sólo con llenar su cabecita de conocimientos empíricos?,… o ¿acaso no será primordial apoyarle en su edificación, en primer lugar, de su persona y luego ayudarla con todo lo demás?.

Por desgracia, además, este asunto se ha politizado demasiado; lamentablemente se utilizó desde el principio la asignatura EpC como arma ideológica que sólo fue capaz de mostrar algunos puntos de vista y despreció el diálogo y construcción conjunta entre las diversas perspectivas existentes en este país, pero también –aprovechándose de ese grave error de fondo- se le utilizó por otros para arremeter contra quienes la impulsaron y la implantaron en el sistema educativo: poco les importaba a unos y otros en el fondo dicha asignatura, así lo pienso y así lo digo con toda claridad.

Entre unos y otros… se la cargaron, y quienes la hemos conocido desde la aplicación concreta y real en las aulas… -aunque efectivamente hemos constatado sus carencias, limitaciones- sin embargo hemos visto en ella una gran oportunidad, la misma que reivindicamos no pocos, incluido este profesor de Religión, por supuesto, porque nos toca de cerca y estamos por la labor de sumar y no de restar.

Reconstruir

Es fácil criticar, aporrear un teclado o escribir mil papeles sobre lo que se quiera: eso lo aguanta todo, pero de lo que se trata es de “ver cómo echamos esto p’delante de manera que sirva, que sea realmente un servicio a toda la sociedad y no a unos o a otros únicamente, sino para todos”.

¿Qué propongo?

  1. De entrada, crear una “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto” entre todos los agentes relacionados directamente con el asunto educativo: Representantes de Asociaciones de padres y madres, de centros docentes públicos y privados y otras entidades que trabajen directamente en el terreno de la educación. (Aquí no incluyo ni a partidos políticos ni a sindicatos, para nada).
  2. Generar foros de diálogo y debate en partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, Gobierno, etc… que sirvan para ofrecer toda la pluralidad de perspectivas existentes en nuestra sociedad y puedan ser tenidas en cuenta por la “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto”.
  3. Determinar juntos un tiempo suficiente para llegar al final a unas conclusiones lo más consensuadas posible entre todos los agentes de la “mesa de diálogo y gestora del nuevo proyecto”, de manera que la opción finalmente aprobada no haga depender su validez del color del partido gobernante de turno y demuestre el respeto y valor que esta materia, se llame después como se llame, merece y necesita.

A todos nos conviene dejar aparcadas las respectivas ideologías ya de una vez y mirar en primer lugar a las personas. El futuro de la humanidad está no en ideología alguna, en ningún sistema económico, sino en la toma de conciencia de que “el ser humano es parte de la humanidad entera, entender que esta humanidad es plural, inmensamente diversa y en esa diversidad hemos de ser capaces de construir mundo, hacer de la Tierra casa de y para todos en armonía con toda la naturaleza en todas sus formas”.

No escondo el rejo, por supuesto, ni hallo motivo alguno para amagarlo, así que no tengo remilgo alguno en añadir que “ésa es la vocación que late en el fondo de nuestros corazones: somos hijos de Dios y, por lo tanto, hermanos unos de otros y estamos en este mundo para hacer de él casa, hogar de todos y para todos,… no para expoliarlo cada cual a su gusto o según su ideología”.

Desde esta base seremos capaces de construir todo y reconstruir todo lo maltrecho. Sólo es cuestión de sentarse, dejar en la puerta nuestras banderitas y allá fuera nuestras respectivas trincheras -todas inconexas, por cierto- entre unos y otros, sin armas arrojadizas pero sí con ganas de entendernos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Paz y bien.

Un cristiano de a pie.