Posts etiquetados ‘Vida’

Hemos dado a luz

Publicado: 16 mayo, 2013 en ACTUALIDAD
Etiquetas: , , , , ,

manos-de-bebeHEMOS DADO A LUZ
CRISTINA y CÉSAR, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 16/05/13.- Estaba en la oscuridad de las entrañas de mamá y ha visto la luz. Se encontraba bien, tranquila, creciendo, feliz, en lo oscuro del vientre de su madre y salió a la luz. Eran las cuatro de la madrugada y fuera todo era oscuridad y silencio, pero ella encontró la luz.

Nos ha iluminado, es tranquila, esplendorosa y sigue deseando que le quieran tanto como Dios. “La noche es tiempo de salvación” y nos la ha traído a borbotones tanto como tanta felicidad que sentimos.

Le esperan días de gozos y esperanzas, nos proponemos acompañarla con todo nuestro cariño. Es la pequeña de cinco, y sus hermanas y hermanos ya la han visto. Han visto la luz que nos ha traído, la vida en el más inmenso sentido de la palabra. La viva conciencia de un nuevo ser humano que llega a este mundo en busca de la felicidad.

Nos sentimos felices. Nuestra Eclesalia aumenta la familia. Hemos dado a luz a nuestra preciosa Lidia.

Paz y bien.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Un gesto poco religioso

Publicado: 16 enero, 2013 en BIBLIA
Etiquetas: , , , , ,

alegría2 Tiempo ordinario (C) Juan 2, 1-11
UN GESTO POCO RELIGIOSO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 16/01/13.- “Había una boda en Galilea”. Así comienza este relato en el que se nos dice algo inesperado y sorprendente. La primera intervención pública de Jesús, el Enviado de Dios, no tiene nada de religioso. No acontece en un lugar sagrado. Jesús inaugura su actividad profética “salvando” una fiesta de bodas que podía haber terminado muy mal.

En aquellas aldeas pobres de Galilea, la fiesta de las bodas era la más apreciada por todos. Durante varios días, familiares y amigos acompañaban a los novios comiendo y bebiendo con ellos, bailando danzas festivas y cantando canciones de amor.

El evangelio de Juan nos dice que fue en medio de una de estas bodas donde Jesús hizo su “primer signo”, el signo que nos ofrece la clave para entender toda su actuación y el sentido profundo de su misión salvadora.

El evangelista Juan no habla de “milagros”. A los gestos sorprendentes que realiza Jesús los llama siempre “signos”. No quiere que sus lectores se queden en lo que puede haber de prodigioso en su actuación. Nos invita a que descubramos su significado más profundo. Para ello nos ofrece algunas pistas de carácter simbólico. Veamos solo una.

La madre de Jesús, atenta a los detalles de la fiesta, se da cuente de que “no les queda vino” y se lo indica a su hijo. Tal vez los novios, de condición humilde, se han visto desbordados por los invitados. María está preocupada. La fiesta está en peligro. ¿Cómo puede terminar una boda sin vino? Ella confía en Jesús.

Entre los campesinos de Galilea el vino era un símbolo muy conocido de la alegría y del amor. Lo sabían todos. Si en la vida falta la alegría y falta el amor, ¿en qué puede terminar la convivencia? María no se equivoca. Jesús interviene para salvar la fiesta proporcionando vino abundante y de excelente calidad.

Este gesto de Jesús nos ayuda a captar la orientación de su vida entera y el contenido fundamental de su proyecto del reino de Dios. Mientras los dirigentes religiosos y los maestros de la ley se preocupan de la religión, Jesús se dedica a hacer más humana y llevadera la vida de la gente.

Los evangelios presentan a Jesús concentrado, no en la religión sino en la vida. No es solo para personas religiosas y piadosas. Es también para quienes se han quedado decepcionados por la religión, pero sienten necesidad de vivir de manera más digna y dichosa. ¿Por qué? Porque Jesús contagia fe en un Dios en el que se puede confiar y con el que se puede vivir con alegría, y porque atrae hacia una vida más generosa, movida por un amor solidario. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

UM GESTO POUCO RELIGIOSO

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

“Havia um casamento na Galileia”. Assim começa este relato em que nos é dito algo inesperado e surpreendente. A primeira intervenção pública de Jesus, o Enviado de Deus, não tem nada de religioso. Não acontece num lugar sagrado. Jesus inaugura a Sua atividade profética “salvando” uma festa de casamento que podia ter terminado muito mal.

Naquelas aldeias pobres da Galileia, a festa de casamento era a mais apreciada por todos. Durante vários dias, familiares e amigos acompanhavam os noivos comendo e bebendo com eles, bailando danças festivas e cantando canções de amor.

O evangelho de João diz-nos que foi no meio de um destes casamentos onde Jesus deu o “primeiro sinal”, o sinal que nos oferece a chave para entender toda a Sua atuação e o sentido profundo da Sua missão salvadora.

O evangelista João fala-nos de “milagres”. Aos gestos surpreendentes que realiza Jesus, chama-lhes sempre “sinais”. Não quer que os Seus leitores fiquem no que possa haver de prodigioso na Sua atuação. Convida-nos a que descubramos o Seu significado mais profundo. Para isso oferece-nos algumas pistas de carácter simbólico. Vejamos apenas uma.

A mãe de Jesus, atenta aos detalhes da festa, dá-se conta de que “não lhes resta vinho” e diz ao seu Filho. Tal vez, os noivos, de condição humilde, viram-se inundados pelos convidados. Maria está preocupada. A festa está em perigo. Como pode terminar um copo de água sem vinho? Ela confia em Jesus.

Entre os camponeses da Galileia o vinho era um símbolo muito conhecido da alegria e do amor. Sabiam-no todos. Se na vida falta a alegria e a falta de amor, em que pode terminar a convivência? Maria não se engana. Jesus intervém para salvar a festa proporcionando vinho abundante e de excelente qualidade.

Este gesto de Jesus ajuda-nos a captar a orientação de toda a Sua vida e o conteúdo fundamental do Seu projeto do reino de Deus. Enquanto os dirigentes religiosos e os mestres da lei se preocupam com a religião, Jesus dedica-se a fazer mais humana e leve a vida das pessoas.

Os evangelhos apresentam Jesus concentrado, não na religião mas na vida. Não é só para pessoas religiosas e piedosas. É também para quem ficou dececionados pela religião, mas sentem necessidade de viver de forma mais digna e ditosa. Porquê? Porque Jesus contagia fé num Deus em quem se pode confiar é com Ele que se pode viver com alegria, e porque atrai para uma vida mais generosa, movida por um amor solidário.

UN GESTO POCO RELIGIOSO

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Vi fu una festa di nozze a Cana di Galilea. Così inizia questo racconto nel quale ci viene detto qualcosa di inatteso e sorprendente. Il primo intervento pubblico di Gesù, l’Inviato di Dio, non ha nulla di religioso. Non accade in un luogo sacro. Gesù inaugura la sua attività profetica “salvando” una festa di nozze che poteva finire molto male.

In quei villaggi poveri di Galilea, la festa delle nozze era la più gradita da tutti. Per diversi giorni, familiari e amici accompagnavano gli sposi mangiando e bevendo con loro, ballando danze festose e cantando canzoni d’amore.

L’evangelo di Giovanni ci dice che fu in una di queste feste che Gesù fece il suo primo segno, il segno che ci offre la chiave per capire tutto il suo agire e il senso profondo della sua missione di salvezza.

L’evangelista Giovanni non parla di “miracoli”. Chiama sempre “segni” i gesti sorprendenti che realizza Gesù. Non vuole che i suoi lettori si fermino a quel che può esserci di prodigioso nel suo agire. Ci invita a scoprire il significato più profondo. Per questo ci offre alcune piste di carattere simbolico. Vediamone solo una.

La madre di Gesù, attenta ai particolari della festa, si rende conto che non hanno vino e lo segnala a suo figlio. Forse, gli sposi, di condizione umile, hanno avuto più invitati del previsto. Maria è preoccupata. La festa è in pericolo. Come si può chiudere una festa di nozze senza vino? Ella ha fiducia in Gesù.

Fra i contadini di Galilea il vino era un simbolo molto noto della gioia e dell’amore. Lo sapevano tutti. Se nella vita manca la gioia e manca l’amore, come può risultare la convivenza? Maria non si sbaglia. Gesù interviene per salvare la festa offrendo vino abbondante e di eccellente qualità.

Questo gesto di Gesù ci aiuta a cogliere l’orientamento della sua intera vita e il contenuto fondamentale del suo progetto del Regno di Dio. Mentre i capi religiosi e i maestri della Legge si preoccupano della religione, Gesù si dedica a fare più umana e vivibile la vita della gente.

Gli evangeli presentano Gesù concentrato non nella religione ma nella vita. Non è solo per persone religiose e devote. È anche per quelle che si sono trovate deluse dalla religione, ma sentono il bisogno di vivere in maniera più degna e felice. Perché? Perché Gesù contagia fede in un Dio in cui si può avere fiducia e con il quale si può vivere con gioia, e perché attrae verso una vita più generosa, mossa da un amore solidale.

UN GESTE PEU RELIGIEUX

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Il y eut une noce à Cana, en Galilée ». C’est par ces mots que commence le récit où l’on nous dit quelque chose d’inattendu et de surprenant. La première intervention publique de Jésus, l’Envoyé de Dieu, n’a rien de religieux. Elle ne se produit pas dans un lieu sacré. Jésus inaugure son activité prophétique en « sauvant » une fête de noces qui aurait pu mal se terminer.

Dans ces pauvres hameaux de Galilée, les fêtes de noces étaient les plus appréciées de tous. Pendant plusieurs jours, parents et amis accompagnaient les fiancés, mangeant et buvant avec eux, en exécutant des danses festives et en chantant des chansons d’amour.

L’évangile de Jean nous dit que ce fut lors d’une de ces fêtes que Jésus fit son « premier signe », un signe qui nous offre la clé pour comprendre toute son action et le sens profond de sa mission salvatrice.

L’évangéliste Jean ne parle pas de “miracles”. Ces gestes surprenants que Jésus réalise toujours, il les appelle « signes ». Il ne veut pas que ses lecteurs s’arrêtent au merveilleux de l’action de Jésus. Il nous invite à découvrir leur signification la plus profonde. A cet effet, il nous offre quelques pistes à caractère symbolique. En voici une.

La mère de Jésus, attentive aux détails de la fête, se rend compte « qu’ils n’ont plus de vin » et elle en fait part à son fils. Peut-être, les fiancés, d’humble condition, ont été débordés par le nombre d’invités. Marie en est préoccupée. La fête est en danger. Comment peut-elle finir une noce où le vin vient à manquer ? Elle fait confiance à Jésus.

Parmi les paysans de Galilée, le vin était un symbole très connu de la joie et de l’amour. Tout le monde le savait. Si la joie et l’amour manquent dans notre vie, que deviendra notre vie communautaire ? Marie ne se trompe pas. Jésus intervient pour sauver la noce en fournissant du vin en abondance et d’une excellente qualité.

Ce geste de Jésus nous aide à saisir l’orientation de toute sa vie et le contenu fondamental de son projet de royaume de Dieu. Alors que les dirigeants religieux et les maîtres de la loi se soucient de la religion, Jésus se consacre à rendre la vie des gens plus humaine et plus légère.

Les évangiles nous présentent Jésus, concentré non pas sur la religion mais sur la vie. Il n’est pas venu seulement pour les personnes religieuses et pieuses, mais aussi pour celles qui, déçues de la religion, sentent le besoin de vivre d’une manière plus digne et plus heureuse. Pourquoi ? Parce que Jésus communique la foi en un Dieu à qui ont peut se confier et avec qui on peut vivre dans la joie et parce qu’il nous attire vers une vie plus généreuse et motivée par un amour solidaire.

HARDLY A RELIGIOUS GESTURE

José Antonio Pagola. Translator: Valentin de Souza S.J.

There was a wedding in Galilee.” This is how this story begins in which we are told something unexpected and surprising. There’s nothing religious about the first public involvement of Jesus, the one Sent by God. It does not happen in a sacred place. Jesus inaugurates his prophetic activity “saving” a wedding celebration that could have been a disaster.

In those poor villages of Galilee everyone loved weddings. For several days friends and relatives kept the bridal couple company, eating and drinking with them, dancing as they did at feastivals, singing love songs. The Gospel of John says that it was at one of these weddings where Jesus did his “first sign”, the sign that gives us the key to understand all his activity and the deep meaning of his saving mission.

John, the evangelist, does not speak of “miracles”. He calls the amazing acts that Jesus does “signs”. He does not want his readers to dwell on the spectacular aspect of what he does. He asks us to discover its deeper meaning. To help us do so, he gives us some leads of a symbolic nature. Let us see only one.

The mother of Jesus, with an eye on all the happenings at the wedding, realizes “they have no wine”, and says as much to her son. Perhaps the couple, of humble origin, has been swamped by guests. Mary is concerned. The party is in danger. How can you have a wedding without wine? She trusts Jesus.

Among the farmers of Galilee, wine was a well known symbol of joy and love. Everyone knew it. If there is no love and joy in life why stay together? Mary is not mistaken. Jesus intervenes to save the festivities providing abundant wine of excellent quality.

This action of Jesus helps us to understand the direction and fundamental content of his whole life and of his project of the kingdom of God. While the religious leaders and teachers of the Law are engaged with religion, Jesus devotes himself to making the life of people more human and bearable.

The gospels present Jesus devoted to life, not religion. He is not there only for pious and religious people. He is also for those who have been disappointed by religion, but feel the need to live a more dignified and happy life. Why? Because Jesus communicates faith in God in whom we can trust and with whom we can live with joy; because he draws us to a more generous life, lovingly shared in solidarity with all others.

KEINU BAT EZ OSO ERLIJIOSOA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

«Ezteiak ziren Galilean». Horrela hasten da kontakizun hau, gauza bat ezustekoa eta harrigarria esanez. Jesusek, Jainkoaren Bidaliak, jendaurrean izan duen lehen parte-hartzeak ez du erlijiosotik ezer. Ez da gertatu leku sakratu batean. Oso deseroso izan zitekeen eztei-jai bat «onik ateraz» estreinatuko du Jesusek bere jarduera profetikoa.

Galileako herrixka pobre haietan, guztietan preziatuena zen eztei-jaia. Hainbat egunetan lagun egiten zieten familiartekoek eta adiskideek ezkonberriei, haiekin jan-edanez, jai-giroan dantza eginez eta maitasun-kantak abestuz.

Joanen ebanjelioak esan digu eztei-jai hauetako batean egin zuela Jesusek bere «lehen seinalea»; Jesusen jarduera guztia eta haren misio salbatzailearen zentzu sakona ulertzeko giltza da seinale hori.

Joan ebanjelariak ez du aipatzen «miraririk». Jesusek gauzatzen dituen keinu harrigarriei «seinale» izena ematen die. Ez du nahi irakurleak geldi daitezen bere jarduerak izan dezakeen alde harrigarriarekin. Egintza harrigarri horien esanahi sakona bilatzera gonbidatzen gaitu. Horretarako, izaera sinbolikoa duten pista batzuek eskaintzen dizkigu. Ikus dezagun horietako bat.

Jesusen ama, jaiaren xehetasunei adi-adi, konturatu da «ez zaiela gelditzen ardorik» eta bere semeari eman dio aditzera. Agian, gonbidatuen kopuruak gainditu egin ditu maila pobreko ezkonberriak. Kezkatua dago Maria. Arriskuan dago jaia. Zer azken izan lezake eztei-jai batek ardorik gabe? Mariak Jesusengan jarri du konfiantza.

Galileako landa-jendearen artean pozaren eta maitasunaren sinbolo oso ezaguna zen ardoa. Guztiek zuten horren berri. Bizitzan poza eta maitasuna falta badira, zer azken izan lezake elkarrekiko bizitzak? Maria ez dabil batere oker. Jesusek parte hartu du jaia onik ateratzeko, ardoa ugari eta on-ona bideratuz.

Jesusen keinu honek bikain laguntzen ahal digu haren bizitza osoaren norabidea eta Jainkoaren erreinuaz duen egitasmoaren funtsezko edukia atzematen eta ulertzen.Gidari erlijiosoak eta lege-maisuak erlijioaz arduratsu dira; Jesus, berriz, jendearen bizitza gizatarrago eta eramangarriago egiteaz arduratzen da.

Ebanjelioek erlijioaren inguruan ez, baizik bizitzaren inguruan bildurik aurkezten digute Jesus. Ez da etorri jende erlijioso eta jainkozalearentzat bakarrik. Erlijioak etsirik utzi duen baina, halere, era duinagoan eta zoriontsuagoan bizi beharra sentitzen duen jendea ere gogoan du. Zergatik? Jesusek fidagarria den eta pozerako laguna den Jainkoarekiko fedea kutsatu nahi duelako, eta jendea, maitasun solidarioak eraginda, biziera eskuzabalago baterantz erakarri nahi duelako.

UN GEST POC RELIGIÓS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

“Hi havia un casament a Galilea”. Així comença aquest relat en el qual se’ns diu una cosa inesperada i sorprenent. La primera intervenció pública de Jesús, l’Enviat de Déu, no té res de religiós. No passa en un lloc sagrat. Jesús inaugura la seva activitat profètica “salvant” una festa de noces que podia haver acabat molt malament.

En aquells poblets pobres de Galilea, la festa de les noces era la més apreciada per tots. Durant diversos dies, familiars i amics acompanyaven els nuvis menjant i bevent amb ells, ballant danses festives i cantant cançons d’amor.

L’evangeli de Joan ens diu que va ser enmig d’una d’aquestes noces on Jesús va fer el seu “primer senyal”, el senyal que ens ofereix la clau per entendre tota la seva actuació i el sentit profund de la seva missió salvadora.

L’evangelista Joan no parla de “miracles”. Els gestos sorprenents que realitza Jesús els anomena sempre “senyals”. No vol que els seus lectors es quedin en el que pot haver-hi de prodigiós en la seva actuació. Ens convida a descobrir el seu significat més profund. Per això ens ofereix algunes pistes de caràcter simbòlic. Vegem-ne només una.

La mare de Jesús, atenta als detalls de la festa, es dóna compte que “no tenen vi” i li ho diu al seu fill. Potser els nuvis, de condició humil, s’han vist desbordats pels convidats. Maria està preocupada. La festa està en perill. Com pot acabar un casament sense vi? Ella confia en Jesús.

Entre els camperols de Galilea el vi era un símbol molt conegut de l’alegria i l’amor. Ho sabien tots. Si en la vida manca l’alegria i falta l’amor, en què pot acabar la convivència? Maria no s’equivoca. Jesús intervé per salvar la festa proporcionant vi abundant i d’excel•lent qualitat.

Aquest gest de Jesús ens ajuda a copsar l’orientació de la seva vida sencera i el contingut fonamental del seu projecte del regne de Déu. Mentre els dirigents religiosos i els mestres de la llei es preocupen de la religió, Jesús es dedica a fer més humana i suportable la vida de la gent.

Els evangelis presenten Jesús concentrat, no en la religió sinó en la vida. No és només per a persones religioses i piadoses. És també per als qui s’han quedat decebuts per la religió, però senten necessitat de viure de manera més digna i feliç. Per què? Perquè Jesús encomana fe en un Déu en el qual es pot confiar i amb el qual es pot viure amb alegria, i perquè atrau cap a una vida més generosa, moguda per un amor solidari.

UN XESTO POUCO RELIXIOSO

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

“Había unha voda en Galilea”. Así comeza este relato no que se nos di algo inesperado e sorprendente. A primeira intervención pública de Xesús, o Enviado de Deus, non ten nada de relixioso. Non acontece nun lugar sagrado. Xesús inaugura a súa actividade profética “salvando” unha festa de vodas que podía ter acabado moi mal.

Naquelas aldeas pobres de Galilea, a festa das vodas era a máis apreciada por todos. Durante varios días, familiares e amigos acompañaban aos noivos comendo e bebendo con eles, bailando danzas festivas e cantando cancións de amor.

O evanxeo de Xoán dinos que foi no medio dunha destas vodas onde Xesús fixo o seu “primeiro signo”, o signo que nos ofrece a clave para entender toda a súa actuación e o sentido profundo da súa misión salvadora.

O evanxelista Xoán non fala de “milagres”. Aos xestos sorprendentes que realiza Xesús sempre lles chama “signos”. Non quere que os seus lectores fiquen no que pode haber de prodixioso na súa actuación. Invítanos a que descubramos o seu significado máis profundo. Para iso ofrécenos algunhas pistas de carácter simbólico. Vexamos só unha.

A nai de Xesús, sempre atenta aos detalles da festa, dáse conta de que xa non lles queda viño” e indícallo ao seu fillo. Talvez os noivos, de condición humilde, víronse desbordados polos invitados. María está preocupada. A festa está en perigo. Como pode terminar unha voda sen viño? Ela confía en Xesús.

Entre os campesiños de Galilea o viño era un símbolo moi coñecido da alegría e do amor. Sabíano todos. Si na vida falta a alegría e falta o amor, en que pode terminar a convivencia? María non se equivoca. Xesús intervén para salvarlles a festa proporcionando viño abundante e de excelente calidade.

Este xesto de Xesús axúdanos a captarmos a orientación da súa vida enteira e o contido fundamental do seu proxecto do reino de Deus. Mentres os dirixentes relixiosos e os mestres da lei se preocupan da relixión, Xesús dedícase a facer máis humana e levadeira a vida da xente.

Os evanxeos presentan a Xesús concentrado, non na relixión senón na vida. Non é só para persoas relixiosas e piadosas. É tamén para quen se volveron decepcionados pola relixión, pero senten necesidade de viviren de xeito máis digno e ditosa. Por que? Porque Xesús contaxia fe nun Deus no que se pode confiar e co que se pode vivir con alegría, e porque atrae cara a unha vida máis xenerosa, movida por un amor solidario.

¿Adónde te escondiste, amado…?

Publicado: 7 mayo, 2012 en REFLEXIONES
Etiquetas: , ,

¿ADÓNDE TE ESCONDISTE, AMADO…?
MARÍA TERESA SÁNCHEZ CARMONA, Doctoranda en Ciencias de las Religiones (UCM), teresa_sc@hotmail.com
SEVILLA.

ECLESALIA, 07/05/12.-  ¡He pasado tantos años de mi vida buscando a Dios! Me he dedicado al estudio, a leer libros y textos con el afán de aprender su manera de hablar y actuar en el mundo. He querido conocer su manera de revelarse a los hombres para saber qué esperar de él, para verle llegar en la lejanía y prepararme a acogerle como al hijo que regresa a casa. He querido anticiparme para que me encontrase como yo consideraba que debía encontrarme; adivinar sus intenciones para asumir la actitud que convenía a lo que yo imaginaba que iba a esperar de mí. Lo que yo creía que él querría. Lo que a mí me hubiese gustado ser para él (acaso ante mí misma): revestida de esplendentes valores y virtudes, ocultando con pudor mi verdad desnuda, afanada en ser diferente de quien sencillamente era.

¡Pasé tantos años buscando a Dios! Leí y leí sin llegar a comprender quién era él (acaso porque tampoco hubiera sabido decir quién era yo misma); sin descubrir en qué momento exacto aparecería impetuoso como la tormenta, atronador como el rayo, a revelarme “su” voluntad definitiva sobre mi vida. Y yo, temerosa de emplear mal los talentos que me había dado, de malgastarlos en algo que no fuese “la gran misión para la que me llamaba”, decidí esconderlos bajo la piel y la tierra. Y sucedió que ese Dios que yo esperaba nunca vino. Jamás descendió sobre mí una lengua de fuego, ni escuché un sonido de trompetas rasgando el cielo; jamás un milagro que perturbase la rutina de amaneceres radiantes, el sosegado brillo del cielo estrellado, el cromatismo infinito de la tierra. Jamás el milagro de una zarza ardiendo, de un fuego invasivo… tan sólo el soplo delicado de los años, pasando como una brisa en mitad del desierto.

Decidí entonces emprender la marcha para preguntar a los hombres dónde se hallaba ese Dios escondido. Quise hallarle en el camino, pero sólo encontré personas: personas que salieron a mi encuentro sin que yo lo hubiese previsto; personas a las que amé, y que en ocasiones además también me amaron; personas que me amaron sin yo corresponderles o enterarme siquiera; personas que me descubrieron la fuente de amor oculto en mi pecho; que acariciaron mi corazón con ternura infinita hasta hacerlo de carne; que lo desnudaron de máscaras y pudores para contemplarlo de frente. Vulnerable y expuesta, quedé en ocasiones doliente y temblando en mitad del camino. Algunos pasaron a mi lado con presteza sin alterar el ritmo de su marcha; otros vinieron de improviso y se detuvieron a curarme las heridas con el bálsamo de su presencia; unos pocos cargaron con mi corazón y lo llevaron consigo hasta verlo repuesto; y me dieron un nombre nuevo al pronunciar mi nombre como nunca nadie antes había hecho.

Una y otra vez seguí buscando al Dios de mi vida, y me propuse querer a todas esas personas para demostrarle a Dios cuánto le amaba. Sucedió más bien que me fui enamorando de esas personas, y que fue su amor el que me hizo experimentar la presencia de un Amor más grande, siempre desbordado. Cada uno me fue seduciendo con un lenguaje propio, y vi que aquello era bueno porque podría aprender la mejor manera de amar al Esposo cuando viniese. Y abandoné el miedo a acoger lo inesperado y ofrendarme sin saber muy bien para qué ni cómo: abrí mi corazón a cuanto viniese sin reprimir ni rechazar nada, ya que acaso todo podía derivar en sorpresa y enseñanza. Y empecé a mirar a las personas tal y como eran: comencé por sus sonrisas y sus miradas, por sus pies y sus manos, por su pecho desnudo y su espalda cansada. Su piel tan fina me habló de su tristeza y sus miedos, de sus anhelos y del frío, de llanto y soledad, de lucha y aliento. Y como Dios no aparecía seguí compartiendo el día a día con ellos: mi pan y mi cuerpo, mi amor redescubierto, el suyo siempre sorpresivo, la senda y el tiempo.

Nunca vi al Dios que esperaba y me dije a mí misma que era por falta de fe. La vida mientras, con fe o sin ella, me fue colmando el vacío de amaneceres y de ocasos, de amistad y soledad sonora, de montañas colosales y finos granos de arena, de ascensos y desalientos, de solidaridad, dolor y sueños; de niños aprendiendo a dar sus primeros pasos, y ancianos saboreando la fruta madura del tiempo. Nunca llegó ese Dios para agarrarme de la muñeca y sacarme de mis infiernos, pero aparecieron personas que apretaron mi mano y me infundieron de nuevo el aliento de vida. Nunca pude mostrarme ante Dios como había querido hacerlo, pero ¡cuántas veces me sorprendió el Amor, encontrándome desprevenida! Me sedujo cada vez como la primera, sin llegar yo nunca a reconocerlo. Me fue enseñando tantas cosas, el Amor, con acentos y caricias siempre nuevos. Lo negué tantas veces, al Amor, por miedo a quemarme y derrochar las fuerzas que reservaba a un querer más sublime. Y permaneció conmigo, el Amor, tantas noches sin luna mientras yo sólo atendía la llegada del alba. Y vino tantas veces a mi encuentro, el Amor, mientras yo proseguía en la espera…

Y al atardecer de la vida, nublada la vista por el velo de los años, sin poder contemplar el horizonte donde tanto había ansiado vislumbrar esa presencia divina, volví mis ojos a los recuerdos que guardaba como un tesoro. Y acariciando la huella que cada rostro había impreso en mi corazón como en un paño, pude al fin reconocerle: “¿acaso no ardía mi corazón en cada etapa del camino?”. Entonces supe, y gusté y saboreé que todo cuanto había pasado era Dios mismo; que todo ese amor partido y compartido, tantas veces muerto y resucitado, era eso que otros llamaban Dios y yo entendía como vida, armonía y energía. Entonces supe del Dios al que no había podido mirar de frente en una imagen unívoca, porque se expresaba en todos los ojos, todas las manos, todas las personas que habían llegado hasta mí como olas de un mismo mar cadencioso. Y en ese vaivén de olas me pareció escuchar al fin un susurro quedo, acompasado a la música que desde siempre había resonado en mi interior con cada latido: “¿me amas?”. Y yo, desnuda de fe, expectativas y proyectos; yo, que nada esperaba ya de la vida, esbocé al fin una sonrisa serena – la más espontánea, acaso la más sincera – y respondí en mi interior: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

“Al final del camino me dirán:
-¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres”. (Pedro Casaldáliga)

Nuestra esperanza

Publicado: 6 abril, 2011 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

5 Cuaresma (A) Juan 11, 1-45
NUESTRA ESPERANZA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 06/04/11.- El relato de la resurrección de Lázaro es sorprendente. Por una parte, nunca se nos presenta a Jesús tan humano, frágil y entrañable como en este momento en que se le muere uno de sus mejores amigos. Por otra parte, nunca se nos invita tan directamente a creer en su poder salvador: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque muera, vivirá… ¿Crees esto?»

Jesús no oculta su cariño hacia estos tres hermanos de Betania que, seguramente, lo acogen en su casa siempre que viene a Jerusalén. Un día Lázaro cae enfermo y sus hermanas mandan un recado a Jesús: nuestro hermano «a quien tanto quieres» está enfermo. Cuando llega Jesús a la aldea, Lázaro lleva cuatro días enterrado. Ya nadie le podrá devolver la vida.

La familia está rota. Cuando se presenta Jesús, María rompe a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver los sollozos de su amiga, Jesús no puede contenerse y también él se echa a llorar. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. ¿Quién nos podrá consolar?

Hay en nosotros un deseo insaciable de vida. Nos pasamos los días y los años luchando por vivir. Nos agarramos a la ciencia y, sobre todo, a la medicina para prolongar esta vida biológica, pero siempre llega una última enfermedad de la que nadie nos puede curar.

Tampoco nos serviría vivir esta vida para siempre. Sería horrible un mundo envejecido, lleno de viejos y viejas, cada vez con menos espacio para los jóvenes, un mundo en el que no se renovara la vida. Lo que anhelamos es una vida diferente, sin dolor ni vejez, sin hambres ni guerras, una vida plenamente dichosa para todos.

Hoy vivimos en una sociedad que ha sido descrita como “una sociedad de incertidumbre” (Z. Bauman). Nunca había tenido el ser humano tanto poder para avanzar hacia una vida más feliz. Y, sin embargo, nunca tal vez se ha sentido tan impotente ante un futuro incierto y amenazador. ¿En qué podemos esperar?

Como los humanos de todos los tiempos, también nosotros vivimos rodeados de tinieblas. ¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Cómo hay que vivir? ¿Cómo hay que morir? Antes de resucitar a Lázaro, Jesús dice a Marta esas palabras que son para todos sus seguidores un reto decisivo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que crea en mí, aunque haya muerto vivirá… ¿Crees esto?»

A pesar de dudas y oscuridades, los cristianos creemos en Jesús, Señor de la vida y de la muerte. Sólo en él buscamos luz y fuerza para luchar por la vida y para enfrentarnos a la muerte. Sólo en él encontramos una esperanza de vida más allá de la vida. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NOSSA ESPERANÇA

José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

O relato da ressurreição de Lázaro é surpreendente. Por um lado, nunca nos é apresentado Jesus tão humano, frágil e profundo como neste momento em que morre um dos seus melhores amigos. Por outro lado, nunca nos convidam tão directamente a acreditar no Seu poder salvador: «Eu sou a ressurreição e a vida: o que crer em mim, mesmo que morra, viverá… Creis nisto?»

Jesus não oculta o Seu carinho para com estes três irmãos da Betânia que, seguramente, o acolhem em sua casa sempre que vem a Jerusalém. Um dia Lázaro fica doente e as suas irmãs enviam uma mensagem a Jesus: o nosso irmão «a quem tanto queres» está doente. Quando chega Jesus à aldeia, Lázaro leva quatro dias enterrado. Já ninguém lhe poderá devolver a vida.

A família está destroçada. Quando se apresenta Jesus, Maria desata a chorar. Ninguém a pode consolar. Ao ver os soluços da Sua amiga, Jesus não pode conter-se e também Ele se põem a chorar. Parte-Lhe a alma ao sentir a impotência de todos ante a morte. Quem nos poderá consolar?

Há em nós um desejo insaciável de vida. Passamos os dias e os anos a lutar por viver. Agarramo-nos à ciência e, sobretudo, à medicina para prolongar esta vida biológica, mas sempre chega uma última doença de que ninguém nos pode curar.

Tampouco nos serviria viver esta vida para sempre. Seria horrível um mundo envelhecido, cheio de velhos e velhas, cada vez com menos espaço para os jovens, um mundo em que não se renovasse a vida. O que desejamos é uma vida diferente, sem dor nem envelhecimento, sem fome nem guerras, uma vida plenamente ditosa para todos.

Hoje vivemos numa sociedade que foi descrita como “uma sociedade de incerteza” (Z. Bauman). Nunca tinha tido o ser humano tanto poder para avançar para uma vida mais feliz. E, no entanto, nunca tal vez se tenha sentido tão impotente ante um futuro incerto e ameaçador. Em que podemos esperar?

Como os humanos de todos os tempos, também nós vivemos rodeados de trevas. Que é a vida? Que é a morte? Como há que viver? Como há que morrer? Antes de ressuscitar Lázaro, Jesus diz a Marta essas palavras que são para todos os Seus seguidores um repto decisivo: «Eu sou a ressurreição e a vida: aquele que acredita em mim, mesmo que morra viverá… Creis nisto?»

Apesar de dúvidas e obscuridades, os cristãos acreditam em Jesus, Senhor da vida e da morte. Só Nele procuramos luz e força para lutar pela vida e para enfrentarmos a morte. Só Nele encontramos uma esperança da vida para além da vida.

LA NOSTRA SPERANZA

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Il racconto della risurrezione di Lazzaro è sorprendente. Da una parte, mai Gesù ci si presenta tanto umano, fragile e tenero come in questo momento in cui muore uno dei suoi migliori amici. Dall’altra, mai siamo invitati tanto direttamente a credere nel suo potere salvifico: Io sono la risurrezione e la vita; chi crede in me anche se muore vivrà… Credi questo?

Gesù non nasconde il suo affetto verso i tre fratelli di Betania che, sicuramente, lo accolgono nella loro casa ogni volta che viene a Gerusalemme. Un giorno Lazzaro cade ammalato e le sue sorelle mandano un messaggio a Gesù: nostro fratello colui che tu ami è malato. Quando Gesù arriva al villaggio, Lazzaro è già sepolto da quattro giorni. Ormai nessuno gli potrà ridonare la vita.

La famiglia è distrutta. Quando si presenta Gesù, Maria scoppia in lacrime. Nessuno la può consolare. Vedendo i singhiozzi della sua amica, Gesù non può contenersi e anche lui scoppia in pianto. Gli si spezza l’anima nel sentire l’impotenza di tutti di fronte alla morte. Chi ci potrà consolare?

C’è in noi un desiderio insaziabile di vita. Passiamo i giorni e gli anni lottando per vivere. Ci aggrappiamo alla scienza e soprattutto, alla medicina, per prolungare la vita biologica, ma arriva sempre un’ultima infermità dalla quale nessuno ci può guarire.

Non ci servirebbe nemmeno vivere questa vita per sempre. Sarebbe orribile un mondo invecchiato, pieno di vecchie e di vecchi, sempre con meno spazio per i giovani, un mondo nel quale non si rinnovasse la vita. Quello a cui aneliamo è una vita diversa, senza dolore né vecchiaia, senza fame né guerre, una vita pienamente felice per tutti.

Oggi viviamo in una società che è stata definita come “una società d‘incertezza” (Z. Bauman). L’essere umano non ha mai avuto tanto potere per progredire verso una vita più felice. E tuttavia mai forse si è sentito tanto impotente di fronte a un futuro incerto e minaccioso. In che cosa possiamo sperare?

Come gli uomini di tutti i tempi, anche noi viviamo avvolti di tenebre. Che cosa è la vita? Che cosa è la morte? Come si deve vivere? Come si deve moriré? Prima di risuscitare Lazzaro, Gesù dice a Marta queste parole, che sono per tutti i suoi seguaci una sfida decisiva: Io sono la risurrezione e la vita; chi crede in me anche se muore vivrà… Credi questo?

Nonostante i dubbi e le oscurità, noi cristiani crediamo in Gesù, Signore della vita e della morte. Solo in lui cerchiamo luce e forza per lottare per la vita e per affrontare la morte. Solo in lui troviamo una speranza di vita al di là della vita.

NOTRE ESPERANCE

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Le récit de la résurrection de Lazare est surprenant. D’un côté, Jésus ne nous est jamais présenté aussi humain, fragile et affectueux qu’à ce moment où il vient de perdre l’un de ses meilleurs amis. D’autre part, on n’est jamais invité si directement à croire en son pouvoir salvateur : « Je suis la résurrection et la vie : celui qui croit en moi, même s’il meurt, vivra …Crois-tu cela ?».

Jésus ne cache pas son affection pour ces trois frères de Béthanie qui l’accueillent certainement chez eux chaque fois qu’il vient à Jérusalem. Un jour, Lazare tombe malade et ses sœurs envoient des gens dire à Jésus : notre frère « que tu aimes tant », est malade. Lorsque Jésus arrive au village, cela fait déjà quatre jours que Lazare est enterré. Personne ne pourra plus lui rendre la vie.

La famille est brisée. Lorsque Jésus arrive, Marie éclate en larmes. Personne ne peut la consoler. En voyant les pleurs de son amie , Jésus ne peut se retenir et il se met, lui aussi, à pleurer. Son cœur est déchiré en sentant l’impuissance de tous devant la mort. Qui pourra nous consoler ?

Il existe en nous un désir insatiable de vie. Nous passons nos jours et nos années à lutter pour vivre. Nous nous accrochons à la science et, surtout, à la médecine pour prolonger cette vie biologique, mais il arrive toujours une dernière maladie dont personne peut nous guérir.

Il ne nous serait pas non plus utile de vivre cette vie pour toujours. Un monde vieilli serait horrible, plein de vieux et de vielles, avec de moins en moins d’espace pour les jeunes, un monde où la vie ne serait pas renouvelée. Ce que nous désirons c’est une vie différente, sans douleur, sans vieillissement, sans famines ni guerres, une vie pleinement heureuse pour tous.

Nous vivons aujourd’hui dans une société qui a été décrite comme « une société d’incertitude » (Z.Bauman). Jamais l’être humain n’avait eu autant de pouvoir pour avancer vers une vie plus heureuse. Et, cependant, il ne s’est jamais senti aussi impuissant face à un avenir incertain et menaçant. En quoi pouvons-nous mettre notre espoir ?

Comme les humains de tous les temps, nous aussi nous vivons entourés de ténèbres. Qu’est-ce que la vie? Qu’est-ce que la mort? Comment faut-il vivre? Comment faut-il mourir? Avant de ressusciter Lazare, Jésus dit à Marthe ces paroles qui constituent pour tous ses disciples un défi décisif: “Je suis la résurrection et la vie : celui qui croit en moi, même s’il meurt, vivra… Crois-tu cela ? »

Malgré les doutes et les obscurités, nous chrétiens, nous croyons en Jésus, Seigneur de la vie et de la mort. C’est seulement en lui que nous cherchons lumière et force afin de lutter pour la vie et pour affronter la mort. Chez lui seul, nous trouvons une espérance de vie au-delà de la vie.

OUR HOPE

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

The narrative of Lazarus’ resurrection is unique in many ways. On the one hand, Jesus has never been presented so human, fragile and intimate. On the other hand, we have never been invited so directly to believe in his saving power: “I am the resurrection and the life: if anyone believes in me, even though he dies, he will live…Do you believe this?”

Jesus does not hide his affection towards these three siblings of Bethany who, most probably, had welcomed him in their home every time he came to Jerusalem. Lazarus fell sick and his sisters sent this message to Jesus: “Lord, the man you love is sick.” When Jesus arrived at the village, Lazarus had already been buried four days. No one could bring him back to life.

The whole family was broken down. When Jesus arrived, Mary broke down in tears. No one could be of any comfort to her. When Jesus saw her weeping, he could not control himself and began to weep. Jesus felt everyone’s impotence against death. Who can console us when death arrives?

There is, in every one of us, an insatiable desire to go on living. We spend days and years trying to prolong our lives. We resort to science and, more specially, to medicine trying to prolong our biological lives, but there is always a last sickness that nobody can cure.

Actually, it would not be of any help if we were to live forever. This would be a most horrible world, full of old men and women, leaving ever less room for the young: a world without a renewed life. What we really crave for is a new life without illness or aging, with no famine or wars, a life that fully satisfies every one.

Today, we live in a society that has been described as “a society of uncertainties” ( Z. Bauman ). There has never been a time when humans had so much power and means to advance making our lives happier. Yet, we have never felt so impotent in the face of an uncertain and threatening future. Is there any hope for us?

Like all humans in any time in history, we, too, live surrounded by all kinds of darkness. What is life? What is death? How should we live? How should we prepare for death? Before raising Lazarus back to life, Jesus spoke to Martha those words that are a challenge for all his followers: “I am the resurrection and the life: if anyone believes in me, even though he dies, he will live…Do you believe this?”

In spite of so many doubts and darkness, Christians believe in Jesus, Lord of life and darkness. It is in him alone that we look for light and strength in life and in death. In Him alone we can find hope for a life beyond this life.

GURE ESPERANTZA

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Harrigarria da Lazaroren piztueraren kontakizuna. Batetik, inoiz ez bezalako ageri da Jesus une honetan: gizatar, hauskor eta bihotzeko; izan ere, bere adiskiderik onetakoa hil zaio. Bestetik, inoiz ez bezalako gonbita egin digu: bere ahalmen salbatzailean sinestera: «Neu naiz piztuera eta bizia: nigan sinesten duena, hilik ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?»

Jesusek ez du ezkutatu Betaniako hiru neba-arreba horiekiko maitasuna; segur aski, etxean hartzen baitzuten Jerusalemera zetorren bakoitzean. Behin batean Lazaro gaixotu da eta haren arrebek mandatua bidali diote Jesusi: gure neba, «hainbeste maite duzuna» gaixo da. Jesus herrixkara iristean, Lazarok lau egun daramatza hobiraturik. Jada ezin du inork ere hura bizitzara ekarri.

Familia jota dago. Jesus aurkeztean, negarrari eman dio Mariak. Ezin kontsolatu du inork. Bere adiskidearen negar-zotinak entzutean, Jesusek ere ezin eutsi dio eta negarrari eman dio. Bihotza lehertu zaio heriotzaren aurrean guztien ezina sumatzean. Nork kontsolatzen ahal gaitu?

Bada gu baitan bizi-nahi aseezin bat. Egunak eta urteak ematen ditugu bizitzeko borrokan. Zientziara jotzen dugu eta, nagusiki, medizinara, bizitza biologiko hau luzatzeko; baina beti da azken gaixotasun bat, inork ere sendatu ezina.

Ez liguke balio izango bizitza hau betiko bizitzeak ere. Izugarria izango litzateke mundu zaharkitu bat, jende zaharrez betea, gazteentzat geroz eta toki gutxiago lukeena, mundua zeinetan ez bailitzateke bizitza berritzen joango. Desio duguna beste bizitza bat da, oinazerik eta zahartzerik gabea, goserik eta gerlarik gabea, bizitza guztiz zoriontsua guztientzat.

«Ziurtasunik gabeko gizarte» (Z. Bauman) bezala deskribatu izan den gizarte batean bizi gara gaur. Inoiz ez zuen izan gizakiak gaur adinako ahalmenik bizitza zoriontsuago baterantz egiteko. Eta, halaz guztiz, agian inoiz ez da sentitu hain ahalgabe etorkizun ziurtasunik gabeko eta mehatxagarri baten aurrean. Zer espero dezakegu?

Aldi guztietako gizakiak bezala, gu ere ilunak inguraturik bizi gara. Zer da bizitza? Zer da heriotza? Nola bizi behar da? Nola hil behar da? Lazaro piztu aurretik, bere jarraitzaileentzat erronka erabakitzaile diren hitz hauek esan dizkio Jesusek Martari: «Neu naiz piztuera eta bizia: nigan sinetsiko duena, hilik ere, biziko da… Sinesten al duzu hau?»

Zalantza, ilunaldiak eta guzti, kristauok Jesusengan sinesten dugu, biziaren eta heriotzaren Jaun horrengan. Jesusengan bakarrik bilatzen dugu argia eta indarra biziaren alde borroka egiteko eta heriotzari aurre egiteko. Jesusengan bakarrik aurkitzen dugu bizi esperantza bizitza hau baino harago.

LA NOSTRA ESPERANÇA

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

El relat de la resurrecció de Llàtzer és sorprenent. D’una banda, mai se’ns presenta Jesús tan humà, fràgil i entranyable com en aquest moment en què se li mor un dels seus millors amics. D’altra banda, mai no se’ns convida tan directament a creure en el seu poder salvador: «Jo sóc la resurrecció i la vida. Qui creu en mi, encara que mori, viurà… ¿Ho creus, això?»

Jesús no amaga el seu afecte per aquests tres germans de Betània que, segurament, l’acullen a casa sempre que ve a Jerusalem. Un dia Llàtzer cau malalt i les seves germanes fan avisar Jesús: el nostre germà «aquell que estimes» està malalt. Quan arriba Jesús al llogaret, Llàtzer fa quatre dies que està enterrat. Ja ningú li podrà retornar la vida.

La família està trencada. Quan es presenta Jesús, Maria arrenca a plorar. Ningú la pot consolar. En veure els plors de la seva amiga, Jesús no pot contenir-se i també ell es posa a plorar. Se li trenca l’ànima en sentir la impotència de tots davant la mort. Qui ens pot consolar?

Hi ha en nosaltres un desig insaciable de vida. Passem els dies i els anys lluitant per viure. Ens agafem a la ciència i, sobretot, a la medicina per perllongar aquesta vida biològica, però sempre arriba una última malaltia de la que ningú ens pot curar.

Tampoc ens serviria viure aquesta vida per sempre. Seria horrible un món envellit, ple de vells i de velles, cada vegada amb menys espai per als joves, un món en el qual no es renovés la vida. El que anhelem és una vida diferent, sense dolor ni vellesa, sense fam ni guerres, una vida plenament feliç per a tots.

Avui vivim en una societat que ha estat descrita com “una societat d’incertesa” (Z. Bauman). Mai havia tingut l’ésser humà tant poder per avançar cap a una vida més feliç. I, tanmateix, mai potser s’ha sentit tan impotent davant d’un futur incert i amenaçador. En què podem esperar?

Com els humans de tots els temps, també nosaltres vivim envoltats de tenebres. Què és la vida? Què és la mort? Com s’ha de viure? Com s’ha de morir? Abans de ressuscitar Llàtzer, Jesús diu a Marta aquestes paraules que són per a tots els seus seguidors un repte decisiu: «Jo sóc la resurrecció i la vida. Qui creu en mi, encara que mori viurà… Ho creus, això?»

Tot i amb dubtes i foscor, els cristians creiem en Jesús, Senyor de la vida i de la mort. Només en ell cerquem llum i força per lluitar per la vida i per enfrontar-nos a la mort. Només en ell trobem una esperança de vida més enllà de la vida.

A NOSA ESPERANZA

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O relato da resurrección de Lázaro é sorprendente. Por unha parte, nunca se nos presenta a Xesús tan humano, fráxil e entrañábel como neste momento en que lle morre un dos seus mellores amigos. Por outra banda, nunca se nos invita tan directamente a crer no seu poder salvador: «Eu son a resurrección e a vida: quen cree en min, aínda que morra, vivirá… Cres isto

Xesús non oculta o seu cariño para a estes tres irmáns de Betania que, seguramente, o acollen na súa casa sempre que vén a Xerusalén. Un día Lázaro cae enfermo e as súas irmás mándanlle un recado a Xesús: o noso irmán «a quen tanto queres» está enfermo. Cando chega Xesús á aldea, Lázaro leva catro días enterrado. Xa ninguén lle poderá devolver a vida.

A familia está rota. Cando se presenta Xesús, María rompe a chorar. Ninguén a pode consolar. Ao ver os saloucos da súa amiga, Xesús non pode conterse e tamén el bota a chorar. Pártelle a alma sentir a impotencia de todos ante a morte. Quen nos poderá consolar?

Hai en nós un desexo insaciábel de vida. Pasamos os días e os anos loitando por vivir. Agarrámonos á ciencia e, sobre todo, á medicina para prolongar esta vida biolóxica, e sempre chega unha última enfermidade da que ninguén nos pode curar.

Tampouco nos valería vivir esta vida para sempre. Sería horríbel un mundo avelloado, inzado de vellos e vellas, cada vez con menos espazo para os mozos, un mundo no que non se renovase a vida. O que anhelamos é unha vida diferente, sen dor nin vellez, sen fames nin guerras, unha vida plenamente ditosa para todos.

Hoxe vivimos nunha sociedade que foi descrita como “unha sociedade de incerteza” (Z. Bauman). Nunca tivo o ser humano tanto poder para avanzar cara a unha vida máis feliz. E, non obstante, nunca talvez se sentiu tan impotente ante un futuro incerto e ameazador. En qué podemos esperar?

Como os humanos de todos os tempos, tamén nós vivimos rodeados de tebras. Qué é a vida? Qué é a morte? Cómo hai que vivir? Cómo hai que morrer? Antes de resucitar a Lázaro, Xesús di a Marta esas palabras que son para todos os seus seguidores un reto decisivo: «Eu son a resurrección e a vida: e quen crea en min, aínda que morrera vivirá… Cres isto?»

A pesar de dúbidas e escuridades, os cristiáns cremos en Xesús, Señor da vida e da morte. Só nel buscamos luz e forza para loitar pola vida e para enfrontarnos á morte. Só nel atopamos unha esperanza de vida máis alá da vida.

Aumenta la familia

Publicado: 7 marzo, 2011 en ACTUALIDAD
Etiquetas: , , ,

AUMENTA LA FAMILIA
CÉSAR ROLLÁN, fundador y director de Eclesalia, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 07/03/11.- En la mañana del viernes comentaban por la radio que quedaban pocos días para primavera mientras nevaba en Madrid.

Nosotros estábamos en adviento hasta que Cristina alumbró a Noemí y Rebeca al caer la tarde del cuatro de marzo. Parecía Navidad.

Las tres están bien, estupendas. Sus hermanos encantados. La cuaresma la pasamos en las horas del parto. Ahora todo sabe a Pascua.

No podemos menos de encontrarnos, de nuevo, con el misterio de la vida humana. De comprobar que Dios es vida en cuerpo y sangre.

En esta eclesalia nuestra somos más. Aumenta la familia.

Paz y bien.

 

 

A Dios no se le mueren sus hijos

Publicado: 3 noviembre, 2010 en BIBLIA
Etiquetas: , , ,

32 Tiempo ordinario (C) Lucas 20,27-38
A DIOS NO SE LE MUEREN SUS HIJOS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, vgentza@euskalnet.net
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 03/11/10.- Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas.

Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.

Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente “nueva”. Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.

Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la “vida eterna”. Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que “el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman”.

Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una “novedad” que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida “preparada” por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.

Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.

Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.

Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: “Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado” (salmo 25,1-2). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

DEUS NÃO É A SUA CRIANÇA MORRE

José Antonio Pagola. Tradução: Redacción de Eclesalia

Jesus sempre foi muito comedida em falar sobre a nova vida depois da ressurreição. No entanto, quando um grupo de ridículo saduceus aristocráticos a fé na ressurreição dos mortos, Jesus responde ao levantar a questão ao seu verdadeiro nível e fazer duas reivindicações básicas.

Primeiro de tudo, Jesus rejeita a idéia pueril dos saduceus que imaginam a vida do ressuscitado como uma extensão da vida que conhecemos hoje. É um erro para representar a vida de ressurreição de Deus de nossas experiências atuais.

Há uma diferença radical entre a nossa vida na terra e que a vida plena, apoiada directamente pelo amor de Deus após a morte. Que a vida é muito “novo”. Portanto, podemos esperar, mas não descrever ou explicar.

As primeiras gerações de cristãos que permaneceram atitude humilde e honesta para o mistério da vida eterna. “ Paulo diz aos crentes de Corinto que isso é algo que “os olhos nunca viram, nem ouvidos ouviram, nem qualquer homem imaginado, algo que Deus tem preparado para aqueles que o amam.”

Estas palavras estão advertindo-nos de orientação saudável e alegre. Por um lado, o céu é uma “novidade” que está além de qualquer experiência terrena, mas por outro lado, a vida é “preparado” por Deus para a plena conformidade com as nossas aspirações mais profundas. A característica da fé não é ingênua satisfazer a curiosidade, mas alimentam o desejo, expectativa e esperança confiante em Deus.

Este é precisamente o que Jesus parece atraente simplesmente um fato aceito pelos saduceus, Deus está na tradição bíblica chama de “Deus de Abraão, Isaac e Jacó”. Embora esses patriarcas estão mortos, Deus ainda é o seu Deus, seu protetor, seu amigo. A morte não pode destruir o amor ea fidelidade de Deus para com eles.

Jesus chama a sua própria conclusão fazendo uma afirmação decisiva da nossa fé: “Deus não é Deus de mortos, mas de vivos, porque para ele todos estão vivos.”Deus é a fonte inesgotável de vida. A morte não é Deus sem deixar seus filhos amados. Quando choramos porque perdemos nesta terra, Deus olha com a vida, porque ele tem recebido no seu amor paternal.

De acordo com Jesus, a união de Deus com os seus filhos não pode ser destruído pela morte. Seu amor é mais forte que a nossa extinção biológica. Portanto, na fé humilde que se atrevem a chamá-lo: “Meu Deus, eu confio em Vós Não fique me enganou.” (Sl 25,1-2).

A DIO NON MUOIONO I FIGLI

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Gesù è stato sempre molto sobrio nel parlare della vita nuova dopo la risurrezione. Tuttavia, quando un gruppo di aristocratici sadducei cerca di ridicolizzare la fede nella risurrezione dei morti, Gesù reagisce portando la questione al suo vero livello e facendo due affermazioni essenziali.

Innanzitutto, Gesù respinge l’idea puerile dei sadducei che immaginano la vita dei risorti come un prolungamento della vita che ora conosciamo. È un errore rappresentarci la vita risuscitata da Dio a partire dalle nostre attuali esperienze.

C’è una differenza radicale tra la nostra vita terrena e quella vita piena, sostenuta direttamente dall’amore di Dio dopo la morte. Questa Vita è assolutamente “nuova”. Perciò la possiamo attendere, mai però descrivere o spiegare.

Le prime generazioni cristiane hanno conservato un atteggiamento umile e onesto di fronte al mistero della “vita eterna”. Paolo dice ai credenti di Corinto che si tratta di cose che “occhio non vide né orecchio udì né mai entrarono in cuore di uomo; Dio le ha preparate per coloro che lo amano”.

Queste parole ci servono di sano avvertimento e di orientamento gioioso. Da una parte, il cielo è una “novità” al di là  di qualsiasi esperienza terrena, ma, dall’altra, è una vita “preparata” da Dio per realizzare  in pienezza le nostre più profonde aspirazioni. La caratteristica propria della fede non è soddisfare ingenuamente la curiosità, ma alimentare il desiderio, l‘aspettativa  e la speranza fiduciosa in Dio.

È proprio questo che Gesù cerca appellandosi con tutta semplicità a un fatto accettato dai sadducei: nella tradizione biblica, Dio lo si chiama «Dio di Abramo, di Isacco e di Giacobbe». Nonostante questi patriarchi siano morti, Dio continua a essere il loro Dio, il loro protettore, il loro amico. La morte non ha potuto distruggere l’amore e la fedeltà di Dio nei loro confronti.

Gesù ricava la sua conclusione facendo un’affermazione decisiva per la nostra fede: Dio non è dei morti, ma dei viventi; perché tutti vivono per lui. Dio è sorgente inesauribile di vita. La morte non lascia Dio senza le sue figlie e i suoi figli amati. Quando noi li piangiamo, perché li abbiamo perduti in questa terra, Dio li contempla pieni di vita perché li ha accolti nel suo amore di Padre.

Secondo Gesù, l’unione di Dio con i suoi figli non può essere distrutta dalla morte. Il suo amore è più forte della nostra estinzione biologica. Per questo, con umile fede osiamo invocarlo: “Dio mio, in Te confido; che io non sia confuso ” (salmo 25,1-2).

DIEU NE PERD PAS SES ENFANTS POUR TOUJOURS

José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Quand Jésus parle de la vie nouvelle après la résurrection, il  reste toujours très sobre. Cependant, lorsqu’un groupe d’aristocrates saducéens essaie de ridiculiser la foi en la résurrection des morts, Jésus réagit en élevant la question à son véritable niveau et en faisant deux affirmations fondamentales.

Jésus rejette avant tout, l’idée puérile des saducéens  qui imaginent la vie des ressuscités  comme une prolongation de cette vie que nous connaissons maintenant.  C’est une erreur que de se représenter la vie ressuscitée par Dieu à partir de nos expériences actuelles.

Il y a  une différence radicale entre notre vie terrestre et cette vie pleine, soutenue directement par l’amour de Dieu après la mort.  Cette Vie est absolument “nouvelle”. C’est pourquoi nous pouvons l’espérer mais jamais la décrire ou l’expliquer.

Les premières générations chrétiennes ont gardé cette attitude humble et honnête face au mystère de la “vie éternelle”. Paul dit aux croyants de Corinthe qu’il s’agit de quelque chose  que “l’oeil n’a jamais vu, que pas une oreille n’a  entendu, qui n’est venu à l’esprit de personne: c’est cela que Dieu a préparé pour ceux qui l’aiment”(1Cor 2,9)

Ces paroles nous avertissent sainement et nous orientent joyeusement. D’un côté, le ciel  est une “nouveauté” qui est au-delà de toute expérience terrestre, mais d’un autre côté, c’est une vie  “préparée” par Dieu en vue du plein accomplissement de nos aspirations les plus profondes.  Ce qui est propre à la foi  ce n’est pas de satisfaire naïvement la curiosité, mais de nourrir le désir, l’attente de Dieu et l’espérance confiante en Lui.

C’est justement cela que Jésus cherche lorsque de façon simple, il fait appel à un fait  accepté par les saducéens: Dieu est appelé dans la tradition biblique “Dieu d’Abraham, d’Isaac et de Jacob”. Même si ces trois patriarches sont morts, Dieu continue d’être leur Dieu, leur protecteur, leur ami. La mort n’a pas pu détruire l’amour et la fidélité de Dieu à leur égard.

Jésus tire sa propre conclusion en faisant une affirmation décisive pour notre foi: “Dieu n’est pas un Dieu de morts mais de vivants; car pour lui, ils  sont tous vivants” Dieu est source inépuisable de vie. La mort ne fait pas perdre à Dieu ses fils et ses filles bien-aimés. Quand nous les pleurons,  les ayant perdus  sur cette terre, Dieu les contemple pleins de vie car il les a accueillis dans  son amour de Père.

Selon Jésus, l’union de Dieu avec ses enfants ne peut être détruite par la mort. Son amour est plus fort que notre extinction biologique. C’est pourquoi, avec une humble foi nous osons l’invoquer: “Mon Dieu, en Toi je me confie. Que je ne sois pas déçu”. (Psaume 25,1-2)

GOD WILL NEVER LOSE HIS CHILDREN

José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

Jesus never spoke too much about life after the resurrection. That could have been the reason why some rich Sadducees started making fun about the faith in the resurrection of the dead. Jesus responded more seriously and addressed the real issue.

First of all, he said, life after the resurrection will not be a continuation of this life, as we know it now. It is wrong to imagine life after death in terms of our own present experiences.

There will be a total change between this life on earth and the future life, after death, which will depend on God’s bountiful love. The latter will be an absolutely new life. We can only hope for, but never explain or describe it.

The new Christian generations always kept a humble and honest attitude towards this mystery of “eternal life”. Paul tells the Christians of Corinth that it is something that “eye has never seen, or ear heard and no man has ever imagined.” It is something that “God has prepared for those who love Him.”

These words become an encouraging warning and a joyous expectation. First of all, heaven is something “totally new” that no experience on earth can compare; and, on the other hand, such “new life” has been prepared by God for the total fulfilment of our highest aspirations. Faith is not simply the satisfaction of our human desires, but the foundation of our hopes and expectations based on God.

That is, precisely, what Jesus meant when he referred to something all the Sadducees accepted: that God in the Biblical tradition was “The God of Abraham, Isaac and Jacob.” All the Patriarchs had died, yet God continued to be their God, their protector and friend. Death could not destroy God’s love and fidelity towards them.

Jesus draws his own definitive conclusion with regard to our faith: “God is not a God of the dead, but of the living; for Him everyone is alive.” God is an inexhaustible fountain of life. Death does not take away his beloved sons and daughters. When we, here on earth, weep their loss, God sees them full of new life as they are welcomed by their loving Father.

According to Jesus, the relationship between God and his children cannot be destroyed by death. His love is much stronger than our biological extinction. That is why, in humility and simplicity, we dare to say, “To you, o my God, I lift up my soul. Do not let me be shamed.” ( Psalm 25, 1-2 )

HERIOAK EZIN KENDU JAINKOARI BERE SEME-ALABAK

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jesus beti guztiz neurritsua izan da piztuera ondoko biziaz hitz egitean. Halaz guztiz, saduzear aristokraten  talde bat hildakoen piztuera barregarritzat ematen saiatu zenean, aurre egin zion puntu hori bere egiazko mailara jasoz eta oinarrizko bi baieztapen eginez.

Beste ezer baino lehen, uko egin dio saduzearren haur.ikuspegiari, orain ezagutzen dugun bizitza honen luzapentzat ematen baitute berpiztuen bizia. Oker dabiltza Jainkoak berpizturiko bizitza gure egungo esperientziatik imajinatzen dutenean.

Errotiko aldea da lurreko gure bizitzaren eta heriotzaren ondoren zuzeneko sostengutzat Jainkoaren maitasuna izango duen bizi betearen artean. Geroko bizi hori guztiz «berria» da. Horregatik, espero dezakegu, bai, hura, baina deskribatu edo argitu ez, sekula.

Lehen kristau-belaunaldiek jarrera apal eta prestu horri eutsi zioten «betiko biziaren» misterioaren aurrean. Paulok diotse Korintoko fededunei hau dela esperantzaren gaia: «ez begik ikusi, ez belarrik entzun, ez inongo gizakik imajinatu ez duena, bera maite dutenentzat Jainkoak prestatua».

Hitz hauek oharpen sano ditugu eta orientabide gozo. Alde batetik, zerua «berritasun bat» da, lurreko zernahi esperientzia baino harago dena; baina, bestetik, Jainkoak prestatu duen bizia da, gure ametsik hondokoenekoak guztiz asetzeko. Fedearen funtsa ez datza gure ikusmina xaloki betetzean, baizik Jainkoarekiko gure desioa, igurikitzea era esperantza elikatzean.

Horixe da, preseski, Jesusek gogo duena saduzearrek onartzen zuten gertakari batera xume-xume jo duenean: Jainkoari Bibliaren tradizioan «Abrahamen, Isaaken eta Jakoben Jainko» deitzen zaio. Patriarka hauek hilak diren arren, Jainkoak haien Jainko izaten jarraitzen du, haien babesle, haien adiskide. Herioak ezin suntsitu ahal izan du Jainkoaren haiekiko maitasuna eta fideltasuna.

Orduan, bere ondorioa atera du Jesusek gure fedearentzat erabakitzailea den baieztapen hau eginez: «Jainkoa ez da hildakoen Jainko, baizik bizi direnena; zaren harentzat denak baitira bizi». Bizi-iturri agortezina da Jainkoa. Herioak ezin kendu dizkio Jainkoari bere seme-alaba maiteak. Lur honetan galdu ditugulako, guk haietaz negar dagigunean, Jainkoak bizi-bizi dakuski, bere aitatasun-maitasunean bildu dituelako.

Jesusen arabera, Jainkoak bere seme-alabekin duen batasuna ezin suntsitu du herioak. Gure ezkutatze biologikoa baino indartsuagoa da haren maitasuna. Horregatik, fede apalez ausartzen gara dei hau egitera: «Ene Jainko, zugan dut konfiantza. ez diezadala horrek huts egin» (Salmo 25,1-2).

A DÉU NO SE LI MOREN ELS SEUS FILLS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Jesús ha estat sempre molt sobri en parlar de la vida nova després de la resurrecció. No obstant això, quan un grup d’aristòcrates saduceus tracta de ridiculitzar la fe en la resurrecció dels morts, Jesús reacciona elevant la qüestió al seu veritable nivell i fent dues afirmacions bàsiques.

Primer de tot, Jesús rebutja la idea pueril dels saduceus que imaginen la vida dels ressuscitats com a prolongació d’aquesta vida que ara coneixem. És un error representar la vida ressuscitada per Déu a partir de les nostres experiències actuals.

Hi ha una diferència radical entre la nostra vida terrestre i aquesta vida plena, sustentada directament per l’amor de Déu després de la mort. Aquesta Vida és absolutament “nova”. Per això, la podem esperar però mai descriure-la o explicar-la.

Les primeres generacions cristianes van mantenir aquesta actitud humil i honesta davant el misteri de la “vida eterna”. Pau diu als creients de Corint que es tracta d’una cosa que “Cap ull no ha vist mai, ni cap orella ha sentit, ni el cor de l’home somia allò que Déu té preparat per als qui l’estimen”.

Aquestes paraules ens serveixen d’advertència sana i d’orientació joiosa. D’una banda, el cel és una “novetat” que està més enllà de qualsevol experiència terrestre, però, de l’altra, és una vida “preparada” per Déu per al compliment ple de les nostres aspiracions més profundes. No és propi de la fe satisfer ingènuament la curiositat, sinó alimentar el desig, l’expectació i l’esperança confiada en Déu.

Això és, precisament, el que cerca Jesús apel•lant amb tota senzillesa a un fet acceptat pels saduceus: a Déu se l’anomena en la tradició bíblica «Déu d’Abraham, Déu d’Isaac i Déu de Jacob». Tot i que aquests patriarques han mort, Déu continua sent el seu Déu, el seu protector, el seu amic. La mort no ha pogut destruir l’amor i la fidelitat de Déu envers ells.

Jesús treu la seva pròpia conclusió fent una afirmació decisiva per a la nostra fe: «Ell no és Déu de morts, sinó de vius, perquè gràcies a ell tots viuen». Déu és font inesgotable de vida. La mort no va deixant Déu sense els seus fills i filles estimats. Quan nosaltres els plorem perquè els hem perdut en aquesta terra, Déu els contempla plens de vida perquè els ha acollit en el seu amor de Pare.

Segons Jesús, la unió de Déu amb els seus fills no pot ser destruïda per la mort. El seu amor és més fort que la nostra extinció biològica.Per això, amb fe humil ens atrevim a invocar-lo: “En tu confio, Déu meu: que no en tingui un desengany” (Salm 25,2).

A DEUS NON LLE MORREN OS SEUS FILLOS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

Xesús foi sempre moi sobrio ao falar da vida nova despois da resurrección. Non obstante, cando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar a fe na resurrección dos mortos, Xesús reacciona elevando a cuestión ao seu verdadeiro nível e facendo dúas afirmacións básicas.

Antes nada, Xesús rexeita a idea pueril dos saduceos que imaxinan a vida dos resucitados como prolongación desta vida que agora coñecemos. É un erro representarmos a vida resucitada por Deus a partir das nosas experiencias actuais.

Hai unha diferenza radical entre a nosa vida terrestre e esa vida plena, sustentada directamente polo amor de Deus despois da morte. Esa Vida é absolutamente “nova”. Por iso, podémola esperar pero nunca describir ou explicar.

As primeiras xeracións cristiás mantiveron esa actitude humilde e honesta ante o misterio da “vida eterna”. Paulo dilles aos crentes de Corinto que se trata de algo que ” nunca o ollo viu nin o oído oíu nin home ningún imaxinou, algo que Deus preparou para os que o aman”.

Estas palabras sérvennos de advertencia sa e de orientación gozosa. Por unha parte, o ceo é unha “novidade” que está máis alá de calquera experiencia terrestre, mas, por outra, é unha vida “preparada” por Deus para o cumprimento pleno das nosas aspiracións máis fondas. O propio da fe non é satisfacer inxenuamente a curiosidade, senón alimentar o desexo, a expectación e a esperanza confiada en Deus.

Isto é, precisamente, o que busca Xesús apelando con toda sinxeleza a un feito aceptado polos saduceos: A Deus chámaselle na tradición bíblica «Deus de Abrahán, de Isaac e de Xacobe». A pesar de que estes patriarcas morreron, Deus segue sendo o seu Deus, o seu protector, o seu amigo. A morte non puido destruír o amor e a fidelidade de Deus cara a eles.

Xesús saca a súa propia conclusión facendo unha afirmación decisiva para a nosa fe: «Deus non é un Deus de mortos, senón de vivos; porque para el todos están vivos». Deus é fonte inesgotábel de vida. A morte non vai deixando a Deus sen os seus fillos e fillas queridos. Cando nós os choramos, porque os perdemos nesta terra, Deus contémplaos cheos de vida, porque os acolleu no seu amor de Pai.

Segundo Xesús, a unión de Deus cos seus fillos non pode ser destruída pola morte. O seu amor é máis forte do que a nosa extinción biolóxica. Por iso, con fe humilde atrevémonos a invocalo: ” Meu Deus, en Ti confío. Non quede eu defraudado” (salmo 25,1-2).