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EL TRAUMA DE LA CONQUISTA
EUGENIO MAURER ÁVALOS, jesuita, Misión Jesuita de Bachajón, entre los Tseltales-Mayas
CHIAPAS (MÉXICO).

ECLESALIA, 27/05/08.- Jon Sobrino anota a propósito de la conquista y de la colonización de lo que hoy es América Latina: “el encontronazo entre los pueblos autóctonos y los españoles truncó de la noche a la mañana la… evolución de dichas culturas… [y les impuso] … un modelo social, político y económico basado en valores y tradiciones que les eran completamente extrañas (Jon Sobrino e Ignacio de Senillosa, “América Latina, 500 años. Problemas pendientes”, Cristianisme i Justicia, nov 92, núm 42).

Hay que preguntarnos si la conquista y la colonia hicieron realidad lo que nos dice San Lucas a propósito de Jesús: “El Espíritu de Señor sobre mí, [dice Jesús] porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos… para dar la liberación a los oprimidos” (Lc 4, 18).

O si más bien la realidad fue la que describe el Chilam Balam: “se introdujo el cristianismo, el principio de nuestra miseria y de nuestra esclavitud…”. “Este Dios verdadero que viene del cielo… Inhumanos serán sus soldados” (Chilam Balam, “El Libro de Chilam Balam de Chumayel”, Biblioteca del estudiante universitario, UNAM 1973).

Pero lo verdaderamente importante para nosotros es que caigamos en la cuenta de que el trauma de la conquista no ha sanado, y eso, debido a que una parte de la sociedad no indígena y del clero de la post-independencia no lo hemos permitido.

Los indígenas no superarán el trauma con la sola ayuda económica que los ayude a salir de su pobreza. La superación del trauma sólo será posible cuando ellos se perciben a sí mismos como personas y como seres humanos en plenitud y en igualdad con los demás mexicanos, y perciban que nosotros los tratamos como tales; y también cuando esa misma sociedad, que somos nosotros, les demos la oportunidad de adquirir fe en sí mismos, y de experimentarse como personas en plenitud, y de ser sujetos de su propio destino.

Por otra parte, es indispensable que las naciones europeas no olviden el trauma causado por sus antepasados y que en el trato a los inmigrados en general, pero sobre todo a los procedentes de América Latina, no permitan que se repita “el trauma de la conquista”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).