Nuestra Corresponsabilidad Eclesial

Publicado: 28 octubre, 2008 en DENUNCIA / ANUNCIO

mitra.NUESTRA CORRESPONSABILIDAD ECLESIAL
Carta abierta al obispo de Barcelona y a los otros obispos de la Tarraconense
COMUNITAT CRISTIANA JOAN N. GARCÍA-NIETO
CORNELLÀ DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 28/10/08.- Queridos hermanos en Cristo, Lluís Martínez Sistach y obispos de la Iglesia Tarraconense: Al acabar un curso de reflexión sobre la Iglesia, sentimos el deseo de compartir con nuestro Obispo de Barcelona algunos de nuestros puntos de vista e inquietudes con ocasión de su visita pastoral a Cornellá. Como no hubo ocasión de hacerlo, ahora os queremos hacer llegar estas inquietudes a vosotros, obispo de Barcelona, pero también a los otros obispos de la Tarraconense, con la voluntad de colaborar en aquella renovación constante que es propia de la Iglesia, según nos recordó el Vaticano II. En primer lugar tenemos el gusto de presentarnos y a continuación compartiremos nuestras reflexiones.

La comunidad Joan N. García-Nieto

Somos la comunidad cristiana popular Joan N. García-Nieto, de Cornellà. Hace más de cuarenta años iniciamos nuestra experiencia eclesial y hoy, después de un largo y difícil camino, somos más de cincuenta personas, la mayoría de las cuales procedemos de los movimientos laicos del tardo franquismo: HOAC, ACO y JOC. Con la gracia de Dios hemos vivido grandes transformaciones y adaptaciones de acuerdo con los signos de los tiempos.

El perfil de nuestra vida comunitaria ha sido, sin duda fruto del Concilio Vaticano II. Nuestra juventud quedó impregnada e iluminada por las novedades eclesiales que surgieron de la inspiración del Papa bueno, Juan XXIII, y de las conclusiones que el episcopado mundial, guiado por el Espíritu Santo, supieron traducir en constituciones y documentos aprobados por mayoría. Para nosotros, en el momento actual, todavía constituyen guías y referentes básicos de nuestra concepción de Iglesia.

Durante nuestros inicios nos acompañó sobretodo Joan N. García-Nieto París, s.j. y también el laico Alfonso Carlos Comín, cristianos de valor reconocido, que fueron determinantes para impulsar el espíritu comunitario en todos y cada uno de nosotros. A pesar de ello, fueron acusados de comunistas y herejes por determinados sacerdotes que dirigían algunas parroquias de Cornellá. Pero siguiendo el ejemplo de Joan N. García-Nieto hemos tenido prudencia y audacia para hacer frente a las descalificaciones y distanciamientos. La jerarquía lo consideró siempre un político y un líder obrero y despreció su obra “pastoral”. Hicimos un largo camino juntos y en su intenso recorrido sufrió mucho – en buena parte su sufrimiento procedía de ver una Iglesia poco enraizada en los problemas del mundo – hasta que su delicado corazón se paró la mañana del 23 de julio de 1994, catorce años exactos después de la muerte de Alfonso Carlos Comín. No murió como muchos hubiesen deseado, participando en algún miting político o encabezando una manifestación obrera en el Baix Llobregat. Joan moría mientras celebraba la habitual eucaristía de las 8 de la mañana, acompañado de una quincena de viejitas. Acabada la consagración del pan y del vino, de repente se desplomó sobre el altar y de la herida que se produjo su sangre se mezcló con la del cáliz recién consagrado. ¡Qué regalo que Dios le concedió!

La comunidad siempre ha sido un grupo abierto y promotor de comunión eclesial en Cornellá y en toda nuestra zona, aunque reconocemos que hemos tenido ciertas dificultades para relacionarnos con la jerarquía, excepto con los vicarios episcopales de aquellos tiempos, Mn. Batlles y Josep Vidal Aunós, con los cuales colaboramos a través del consejo pastoral de la zona sur. Después de aquella muerte de Joan, todos sus detractores de iglesia se quedaron sin palabras. A nosotros la ausencia de Joan N. García-Nieto nos dejó anonadados y con cierto temor por el futuro de nuestra comunidad. Pero la obra de Joan había de tener continuidad y pronto su ausencia la vivimos como una forma de presencia entre nosotros, dándonos ánimos para continuar adelante, tal como Jesús hizo con sus seguidores, aun reconociendo, como es obvio, nuestra pobreza ante la Buena Nueva de Cristo y las exigencias de su seguimiento.

Sobre nuestra vida actual, hicimos llegar un resumen a través del Arcipreste de Cornellá al Arzobispo de Barcelona con ocasión de su visita pastoral.

Nuestra visión de la Iglesia actual

Queremos ahora comunicaros nuestra visión de la Iglesia, teniendo en cuenta vuestra gran responsabilidad en su guía. Nuestra dinámica comunitaria nos lleva a hacer reflexiones sobre muchos temas que nos interesan, con la voluntad de afrontarlos desde una actitud profética a ejemplo de Jesús. Desde el mes de septiembre del 2007, hemos reflexionado sobre la situación actual y futura de la Iglesia a través del estudio de documentos, reflexiones personales, encuentros de discernimiento en grupos y finalmente haciendo una puesta en común entre todos los miembros de la comunidad. A lo largo de la reflexión, hemos tomado conciencia de la importancia del tema y hemos sentido la necesidad de haceros llegar nuestras conclusiones como exigencia de nuestra corresponsabilidad eclesial y de la caridad fraterna.

En primer lugar, creemos que la Iglesia no hace autocrítica de los errores históricos y desviaciones del Evangelio. Acostumbra a usar apologéticas y actitudes defensivas que la gente ya no acepta. Tuvo lugar el Concilio Vaticano II, que fue un verdadero brote primaveral. Hoy, después de cuarenta años, tenemos la sensación de que, sin pasar por un verano de frutos maduros y abundantes, desde las instancias superiores del Vaticano y con la colaboración de determinadas conferencias episcopales, la han puesto en un invernadero permanente. ¡Cuántos grupos y personas intentamos un verdadero “aggiornamento”! Pero finalmente, desmotivados e incomprendidos, muchos se han ido quedando por el camino de la historia.

Mucho más cerca de nosotros, preparamos y celebramos la Asamblea Diocesana de Barcelona, donde muchos nos implicamos con gran entusiasmo. ¿Y qué queda? Una de las conclusiones principales era la de potenciar las pequeñas comunidades, sin embargo nunca nos hemos sentido apoyados ni nos ha llegado ninguna iniciativa para recoger nuestras aportaciones. Más tarde tuvo lugar el Sínodo de la Iglesia Catalana. Parece que todas las conclusiones y esperanzas han sido engullidas por la Conferencia Episcopal Española. Podríamos aludir a otros hechos y acontecimientos, pero creemos que los ejemplos mencionados son suficientemente claros.

En segundo lugar, queremos manifestar nuestra preocupación por el progresivo alejamiento de la Iglesia por parte de diversos sectores de la sociedad. Históricamente se dice que la Iglesia empezó por perder los sectores intelectuales, a continuación s desentendió del ámbito obrero, de lo cual tenemos una experiencia muy cercana. En las últimas décadas se alejan los jóvenes, a pesar del esfuerzo que habéis hecho para catequizarlos. Y hoy serán las mujeres las que, de forma masiva, se alejen de la Iglesia por el injustificado grado de marginación que todavía se les impone. Desde nuestra modesta opinión, la Iglesia representada por los estamentos superiores pierde credibilidad y autoridad.

Lo mismo sucede con otros aspectos eclesiales como la atribución personal del Papa para escoger a todos los obispos del mundo. Aceptamos que el Papa tenga la responsabilidad de confirmar en la fe a sus hermanos, pero no se tendría que atribuir la autoridad de reservarse el nombramiento de todos los obispos. Creemos que en los lugares donde la Iglesia está establecida, el nuevo obispo se tendría que escoger en su propia diócesis y ser aceptado por la mayoría de los fieles y el nombramiento, como mucho, debería ser competencia de la Conferencia Episcopal, o todavía más adecuado del ámbito regional.

En tercer lugar, desde mucho tiempo atrás los obispos son un colectivo silencioso y sumiso a las indicaciones y deseos del Papa. A la mayoría no se les ve con el carisma del liderazgo y tienen poca capacidad para adaptarse a las nuevas exigencias pastorales de los fieles.

En concreto, continua pendiente una asignatura del Magisterio que es una decidida colaboración en el crecimiento adulto de la fe, para que se pueda actuar libre y responsablemente, sin coartar la libertad y la conciencia de las personas. De esta manera nos ahorraríamos tantos listados moralistas, confeccionados a menudo por personas alejadas de los problemas de la gente y no caeríamos en fundamentalismos ya pasados de moda. Como esto todavía está por hacer, el orden moral está estratificado con capas de decisión-poder y capas de obediencia. Así se explica el sufrimiento de muchos cristianos cuando nos desviamos de los dictámenes del Magisterio.

Las declaraciones de la CEE, desde hace mucho tiempo, más que declaraciones para dar ánimos a los creyentes resultan “regañizas constantes” contra el gobierno español o contra leyes aprobadas democráticamente por el Parlamento español o contra todos aquellos que no son fácilmente sumisos ni de derechas. La gente estamos bastante cansados de ser guiados por unas autoridades que dicen gobernar en nombre de Jesucristo.

En Cataluña todavía sufrimos los ataques, descalificaciones y mentiras por parte de la COPE, que desprecian nuestra cultura, nuestra historia y nuestra gente. Nos consta que los obispos de Cataluña hacen alguna cosa para enmendar esta situación totalmente inaceptable, pero resulta del todo insuficiente. Es necesaria una denuncia decidida para evitar que un medio de comunicación avalado por la jerarquía española actúe de forma tan partidista y tan alejada del mensaje evangélico, expandiendo odio y menosprecio.

Para acabar, queremos manifestar que es necesario recuperar la Iglesia como comunidad, como pueblo de Dios, con mecanismos para el diálogo fraternal, con dedicación preferente hacia los más pobres y desvalidos (a menudo desconcertados y ofendidos por el fasto y los signos pomposos de la cúpula eclesial). Una Iglesia donde todos nos podamos sentir corresponsables y con reconocimiento de todos los carismas como aportaciones valiosas para completar el cuerpo místico de Cristo.

Hemos querido hacer uso de nuestra libertad cristiana y de nuestra corresponsabilidad eclesial, con afecto y respeto y muy conscientes de que también nosotros formamos parte de esta Iglesia necesitada de reforma. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Atentamente: Comunidad Cristiana Joan N. García-Nieto

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