Archivos para octubre, 2009

El Amor no se toma vacaciones

Publicado: 29 octubre, 2009 en BIBLIA

EL AMOR NO SE TOMA VACACIONES
La mujer encorvada, Lc 13, 10-17
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@wanadoo.es
MADRID.

ECLESALIA, 29/10/09.- Mirando con perspectiva el texto del evangelio y antes de meterme en harina de ir descubriendo cuál es el mensaje que quiere transmitir, sin anclarme en ver el milagro del instante, lo primero que intuí es que habría problemas.

En la escena se vislumbra la formación de un caldo de cultivo con ingredientes concretos: un sábado, una sinagoga y una mujer (además encorvada, enferma), por un lado. Por otro, Jesús con su mirada de largo alcance y amor compasivo a la que nos tiene acostumbrados pero no deja de sorprendernos; el jefe de la sinagoga (autoridad y guardián de la ley), y la gente.

Sin acabar de leer el texto, confirmé mi intuición: habría problemas.

La mujer no pide nada, no habla. La visión de aquella pobre encorvada, medio escondida entre la gente que ocupaba la sinagoga, no pasó desapercibida a la mirada de Jesús que siempre va por delante de su palabra. Él la llamó, haciendo que fuera centro de todas las miradas; le impuso las manos -es decir la tocó- y le devolvió la libertad curándola de todo lo que la mantenía encorvada, se puso derecha para mirar y vivir la vida con dignidad de hija de Abrahán, que significa: hija del pueblo de Dios, heredera de su salvación.

Al instante empezaron los problemas.

El jefe de la sinagoga no es que actuara mal, hizo lo que se suponía que ha de hacer un buen jefe de sinagoga: cuidar la normativa, el protocolo… mirar por el cumplimiento de la ley. Lo que sí estuvo mal fue cómo lo hizo.

Como la autoridad que emanaba de Jesús debía tener a raya incluso al jefe de la sinagoga, éste se dirigió a la gente. Estaba muy indignado pero no se dirigió al que provocaba su indignación. ¡Pobre gente, siempre les llueven las reprimendas cuando se vive desde la hipocresía!

Hay una actitud humana que Jesús no aguanta, aún sabiendo que le traerá problemas el desenmascararla: es la hipocresía. Él sí hablo dirigiéndose a la persona correcta: al jefe de la sinagoga; pero, curiosamente, habló en plural. Sabía el terreno que pisaba. Les llevó a mirar sus propias acciones. Es triste pero una mujer valía menos que un buey o un burro, a los animales se les procuraba alimento aún en sábado.

Jesús me transmite el mensaje de que el amor compasivo no se toma vacaciones ni días de descanso festivo. Es una actitud de vida. No se improvisa. Es mirar al otro como hijo o hija de Dios, compadecerse de sus luchas y sus duelos. Es arrimar el hombro asumiendo incluso que habrá problemas porque hay muchos que no entienden de amor compasivo y les produce cierta alergia que desestabiliza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Tomo nota del mensaje.

30/10/2009 00:53. Autor: ecleSALia.net ;?>
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Creer en el Cielo

Publicado: 28 octubre, 2009 en BIBLIA

Todos los Santos (B) Mateo 5, 1-12
CREER EN EL CIELO
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/10/09.- En esta fiesta cristiana de Todos los Santos, quiero decir cómo entiendo y trato de vivir algunos rasgos de mi fe en la vida eterna. Quienes conocen y siguen a Jesucristo me entenderán.

Creer en el cielo es para mí resistirme a aceptar que la vida de todos y de cada uno de nosotros es solo un pequeño paréntesis entre dos inmensos vacíos. Apoyándome en Jesús, intuyo, presiento, deseo y creo que Dios está conduciendo hacia su verdadera plenitud el deseo de vida, de justicia y de paz que se encierra en la creación y en el corazón da la humanidad.

Creer en el cielo es para mí rebelarme con todas mis fuerzas a que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños, que solo han conocido en esta vida miseria, hambre, humillación y sufrimientos, quede enterrada para siempre en el olvido. Confiando en Jesús, creo en una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podré ver a los que vienen en las pateras llegar a su verdadera patria.

Creer en el cielo es para mí acercarme con esperanza a tantas personas sin salud, enfermos crónicos, minusválidos físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión y la angustia, cansadas de vivir y de luchar. Siguiendo a Jesús, creo que un día conocerán lo que es vivir con paz y salud total. Escucharán las palabras del Padre: Entra para siempre en el gozo de tu Señor.

No me resigno a que Dios sea para siempre un “Dios oculto”, del que no podamos conocer jamás su mirada, su ternura y sus abrazos. No me puedo hacer a la idea de no encontrarme nunca con Jesús. No me resigno a que tantos esfuerzos por un mundo más humano y dichoso se pierdan en el vacío. Quiero que un día los últimos sean los primeros y que las prostitutas nos precedan. Quiero conocer a los verdaderos santos de todas las religiones y todos los ateísmos, los que vivieron amando en el anonimato y sin esperar nada.

Un día podremos escuchar estas increíbles palabras que el Apocalipsis pone en boca de Dios: «Al que tenga sed, yo le daré a beber gratis de la fuente de la vida». ¡Gratis! Sin merecerlo. Así saciará Dios la sed de vida que hay en nosotros. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

ACREDITAR NO CÉU
José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

Nesta festa cristã de Todos os Santos, quero dizer como entendo e trato de viver alguns aspectos da minha fé na vida eterna. Quem conhece e segue Jesus Cristo entender-me-á.

Acreditar no céu é para mim resistir-me a aceitar que a vida de todos e de cada um de nós é apenas um pequeno parêntesis entre dois imensos vazios. Apoiando-me em Jesus, intuiu, pressinto, desejo e creio que Deus está conduzindo para a sua verdadeira plenitude o desejo de vida, de justiça e de paz que se encerra na criação e no coração da humanidade.

Acreditar no céu é para mim rebelar-me com todas as minhas forças a que essa imensa maioria de homens, mulheres e crianças, que só conheceram nesta vida miséria, fome, humilhação e sofrimentos, fique enterrada para sempre no esquecimento. Confiando en Jesus, creio numa vida onde já não haverá pobreza nem dor, ninguém estará triste, ninguém terá que chorar. Por fim poderei ver aos que vêm nas barcas chegar à sua verdadeira pátria.

Acreditar no céu é para mim aproximar-me com esperança a tantas pessoas sem saúde, doentes crónicos, inválidos físicos e psíquicos, pessoas afundadas na depressão e na angústia, cansadas de viver e de lutar. Seguindo Jesus, creio que un dia conhecerão o que é viver com paz e saúde total. Escutarão as palavras do Pai: Entra para sempre no gozo do teu Senhor.

Não me resigno a que Deus seja para sempre um “Deus oculto”, de quem não podamos conhecer jamais o Seu olhar, a Sua ternura e os Seus abraços. Não posso imaginar não me encontrar nunca com Jesus. Não me resigno a que tantos esforços por um mundo mais humano e ditoso se percam no vazio. Quero que um dia os últimos sejam os primeiros e que as prostitutas nos precedam. Quero conhecer aos verdadeiros santos de todas as religiões e de todos os ateísmos, os que viveram amando no anonimato e sem esperar nada.

Um dia poderemos escutar estas incríveis palavras que o Apocalipse coloca na boca de Deus: «Ao que tenha sede, Eu lhe darei de beber grátis da fonte da vida». Grátis! Sem o merecer. Assim saciará Deus a sede de vida que há em nós.

CREDERE NEL CIELO
José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

In questa festa cristiana di Tutti i Santi, voglio dire come intendo e cerco di vivere alcuni tratti della mia fede nella vita eterna. Quelli che conoscono e seguono Gesù Cristo mi intenderanno.

Credere nel cielo è per me resistere nell’accettare che la vita di tutti e di ciascuno di noi sia solo una piccola parentesi fra due immensi vuoti. Appoggiandomi su Gesù, intuisco, presagisco, desidero e credo che Dio sta conducendo verso la sua vera pienezza il desiderio di vita, di giustizia e di pace racchiuso nella creazione e nel cuore dell’umanità.

Credere nel cielo è per me ribellarmi con tutte le mie forze a che l’immensa maggioranza di uomini, donne e bambini che in questa vita hanno conosciuto soltanto miseria, fame, umiliazione e sofferenze, sia sepolta per sempre nell’oblio. Confidando in Gesù, credo in una vita in cui non ci sarà più povertà né dolore, nessuno sarà triste, nessuno dovrà piangere. Alla fine potrò vedere quelli che vengono nei barconi arrivare alla loro vera patria.

Credere nel cielo è per me avvicinarmi con speranza a tante persone senza salute, infermi cronici, minorati fisici e psichici, persone sprofondate nella depressione e nell’angustia, stanche di vivere e di lottare. Seguendo Gesù, credo che un giorno conosceranno che significa vivere nella pace e in piena salute. Udranno le parole del Padre: Entra per sempre nella gioia del tuo Signore.

Non mi rassegno a che Dio sia per sempre un “Dio nascosto”, di cui non possiamo mai conoscere lo sguardo, la tenerezza e gli abbracci. Non posso accettare l’idea di non incontrarmi mai con Gesù. Non mi rassegno a che tanti sforzi per un mondo più umano e felice si perdano nel vuoto. Voglio che un giorno gli ultimi siano i primi e le prostitute ci precedano. Voglio conoscere i veri santi di tutte le religioni e di tutti gli ateismi, quelli che vivono amando nell’anonimato e senza attendere nulla.

Un giorno potremo udire queste incredibili parole che l’Apocalisse pone sulla bocca di Dio: “A colui che ha sete darò gratuitamente acqua della fonte della vita”. Gratuitamente! Senza meritarlo. Così Dio sazierà la sete di vita che è in noi.

CROIRE AU CIEL
José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

En cette fête chrétienne de la Toussaint, je voudrais dire comment je comprends et j’essaie de vivre quelques aspects de ma foi en la vie éternelle. Ceux qui connaissent et suivent le Christ me comprendront.

Croire au ciel signifie pour moi refuser d’accepter que la vie de tout un chacun ne soit qu’une petite parenthèse entre deux immenses vides. En m’appuyant sur Jésus, j’ai l’intuition, le pressentiment, le désir et la croyance que Dieu est en train de conduire vers sa véritable plénitude le désir de vie, de justice et de paix que la création et le cœur de l’humanité renferment.

Croire au ciel est pour moi me rebeller de toutes mes forces contre l’idée que cette immense majorité d’hommes, de femmes et d’enfants, qui n’ont connu dans cette vie que misère, famine, humiliation et souffrance, restent pour toujours enterrés dans l’oubli. En mettant ma confiance en Jésus, je crois en une vie où il n’y aura plus ni pauvreté ni douleur, où personne ne sera triste ni aura à pleurer. Je pourrai enfin voir ces immigrants qui meurent en mer lors de leur traversée, arriver à leur véritable patrie.

Croire au ciel est pour moi me rapprocher avec espérance de tant de personnes qui n’ont pas une bonne santé, des malades chroniques, des handicapés physiques et psychiques, des personnes enfoncées dans la dépression et dans l’angoisse, fatiguées de vivre et de lutter. En suivant Jésus, je crois qu’elles connaîtront un jour ce que veut dire vivre avec une paix et une santé totales. Ils entendront les paroles du Père: Entre pour toujours dans la joie de ton Maître.

Je ne me résigne pas à ce que Dieu soit pour toujours un «Dieu caché», dont on ne peut jamais connaître le regard, la tendresse, l’affection. Je ne peux pas me faire à l’idée de ne pouvoir jamais rencontrer Jésus. Je ne me résigne pas à ce que tant d’efforts pour construire un monde plus humain et heureux se perdent dans le vide. Je veux qu’un jour les derniers soient les premiers et que les prostituées nous devancent. Je veux connaître les vrais saints de toutes les religions et tous les athéismes, ceux qui ont vécu en aimant dans l’anonymat et sans rien attendre.

Un jour nous pourrons entendre ces paroles incroyables que l’Apocalypse met dans la bouche de Dieu: «A celui qui a soif je donnerai à boire gratuitement de la source de la vie.» Gratuitement! Sans l’avoir mérité. C’est ainsi que Dieu étanchera la soif de vie qui se trouve en nous.

I BELIEVE IN HEAVEN
José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

On this feast day of ALL SAINTS, I want to explain how I understand and put into practice my own faith in the afterlife. The true followers of Jesus will understand what I mean.

Belief in heaven, for me, means not accepting the common belief that all of us are nothing but a little parenthesis between two immense “voids.” Trusting in Jesus, I understand, foresee, wish and believe that God is guiding our desire to go on living towards a final fulfilment. This quest for life, justice and peace is an integral part of creation and of the human heart.

Belief in heaven is, for me, a rejection of the possibility that those multitudes of men, women and children who have only known misery, hunger, humiliation and suffering, may be forgotten for all eternity. My faith and trust in Jesus lead me to believe in a life without poverty and suffering, and where nobody will be unhappy or without hope. I will then see and welcome thousands of immigrants who land safely on the beaches on their new country.

Belief in heaven, according to me, means going out in search of people who lost their health; the chronically sick, physically and mentally challenged or persons tired of living and fighting for survival. As a follower of Jesus, I believe that one day, they will finally know the meaning of life, peace and total wellbeing. Then, everyone will hear the Father: “Enter into the Joy of the Lord.”

I refuse to believe that God will always be a “Hidden God”, whose face we can never see, and whose tenderness and embraces we can never feel. I refuse to believe that we will never see Jesus face to face. And I cannot believe that, after so many efforts to make a better and more just world for all, everything will go wasted. I still believe in a day when I will see the last going first and the prostitutes getting ahead of us. I hope I can see all the saints of other religions and those called atheists, and all the good people who had never expected any reward.

One day, we shall all hear those incredible words from the Apocalypse: “Everyone who is thirsty, I will give freely water to drink from the fountain of life.” Freely, even without merit! God will quench our thirst for life, even if we do not deserve it.

ZERUA SINETSI
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Santu Guztien kristau-jai honetan hau agertu nahi dut: betiko biziaz dudan fedearen ezaugarri batzuk nola hartzen ditudan eta nola ahalegintzen naizen haiek bizitzen. Kristo ezagutzen eta hari jarraitzen dionak ulertuko dit, nik uste.

Zerua sinestea niretzat, uste hau ezin onartu ahal izatea da: bizitza hau gutako bakoitzarentzat bi hutsune izugarri handiren arteko parentesi koxkor bat besterik ez dela. Jesus sostengutzat hartuz, barruntatzen dut, sumatzen dut, desiratzen eta sinesten dut ezen Jainkoa bere egiazko betera bideratzen ari dela kreazioak eta gizadiaren bihotzak beren baitan bizi duten biziaren, zuzentasunaren eta bakearen desira.

Zerua sinestea niretzat, neure indar guztiaz kontra altxatzea da: gizonezkoen, emakumeen, haurren gehiengo handi hori, bizitza honetan soilik miseria, umiliazioa eta sufrimena ezagutu duen hori, betiko ahaztua izango delakoaren kontra altxatzea. Jesusen baitan dudan konfiantzaz, bizitza bat sinesten dut zeinetan ez baita izango pobreziarik eta oinazerik, inor ez baita izango triste, inork ez baitu izango zertan negar egin. Azkenean beren aberrira iristen ikusi ditut itsas txaneletan datozenak.

Zerua sinestea niretzat, hainbat eta hainbat jenderengana hurbiltzea da: osasunik gabe, gaixo kroniko, elbarri fisiko eta psikiko, depresioan eta larritasunean murgildurik, bizitzeaz eta borroka egiteaz asperturik den jenderengana hurbiltzea. Jesusi jarraituz, sinesten dut ezen egun batean ezagutuko dutela zer den bakean eta guztiz osasuntsu bizitzea. Entzungo diotela Aitari esaten: Sar zaitez zeure Jaunaren gozamenean betiko.

Ezin dut ulertu Jainkoa «Jainko ezkutua» izango delakoa betiko; haren begitartea, samurtasuna eta besarkada sekula gozatuko ez dugulakoa. Ezin zait burutik pasatu Jesusekin sekula topo egingo ez dudalakoa. Ezin dut ulertu mundua gizatarragoa eta zoriontsuagoa bihurtzeko egin den hainbat eta hainbat ahalegin hutsean geldituko delakoa. Nahi dut ezen egun batean azkenak lehenengo izan daitezen eta prostituituak geure aurretik izan ditzagun. Nahi ditut ezagutu erlijio guztietako eta ateismo guztietako egiazko santuak, anonimatuan eta ezer espero gabe bizi izan direnak.

Egun batean entzun ahal izango ditugu hitz sinetsezin hauek, Apokalipsi liburuak Jainkoaren ahoan ezarri dituen hauek: «Egarri izango denari, doan emanen diot nik bizi-iturritik edatea». Doan! Merezimendurik gabe. Horrela aseko du Jainkoak gu baitan den bizi-egarria.

CREURE EN EL CEL
José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

En aquesta festa cristiana de Tots Sants, vull dir com entenc i com procuro viure alguns trets de la meva fe en la vida eterna. Els qui coneixen i segueixen Jesucrist m’entendran.

Creure en el cel és per a mi resistir-me a acceptar que la vida de tots i de cada un de nosaltres és només un petit parèntesi entre dos immensos buits. Recolzant-me en Jesús, intueixo, pressento, desitjo i crec que Déu està conduint cap a la seva veritable plenitud el desig de vida, de justícia i de pau que conté la creació i el cor de la humanitat.

Creure en el cel és per a mi rebel•lar-me amb totes les meves forces que aquesta immensa majoria d’homes, de dones i de nens, que només han conegut en aquesta vida misèria, fam, humiliació i sofriments, quedi enterrada per sempre en l’oblit. Confiant en Jesús, crec en una vida on ja no hi haurà pobresa ni dolor, ningú estarà trist, ningú haurà de plorar. Per fi podré veure els qui venen en les pasteres arribar a la seva veritable pàtria.

Creure en el cel és per a mi apropar-me amb esperança a tantes persones sense salut, malalts crònics, minusvàlids físics i psíquics, persones enfonsades en la depressió i l’angoixa, cansades de viure i de lluitar. Seguint Jesús, crec que un dia coneixeran el que és viure amb pau i salut total. Escoltaran les paraules del Pare: Entra per sempre en el goig del teu Senyor.

No em resigno que Déu sigui per sempre un “Déu amagat”, del que no puguem conèixer mai la seva mirada, la seva tendresa i les seves abraçades. No em puc fer la idea de no trobar-me mai amb Jesús. No em resigno que tants esforços per un món més humà i més feliç es perdin en el buit. Vull que un dia els últims siguin els primers i que les prostitutes ens precedeixin. Vull conèixer els veritables sants de totes les religions i tots els ateismes, els que van viure estimant en l’anonimat i sense esperar res.

Un dia podrem escoltar aquestes increïbles paraules que l’Apocalipsi posa en boca de Déu: «Als qui tinguin set, jo els concediré que beguin a la font de l’aigua de la vida sense pagar res». Gratis! Sense merèixer-s’ho. Així sadollarà Déu la set de vida que hi ha en nosaltres.

28/10/2009 23:54. Autor: ecleSALia.net ;?>

DEL AREÓPAGO A LAS PLAZAS DE CHAMPELL Y CAMPO DE FIORI
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ, brauhm@gmail.com
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA,27/10/09.- Cuando Bertrand Russell fue elegido profesor de la Universidad de Nueva York, el obispo Manning (de la iglesia episcopal protestante) envió una carta de repulsa a todos los periódicos neoyorquinos, denunciando a la Junta por elegir a un “reconocido propagandista contra la religión y la moral, y que defiende especialmente el adulterio”. Una campaña de intimidación contra el profesor se desató en las revistas eclesiásticas, en los periódicos de Hearst y en muchos políticos católicos: aquella elección del “profesor de paganismo”, lo consideraban “un insulto brutal a todos lo americanos viejos y verdaderos”. El semanario jesuita, América, lo tildaba de “reseco, divorciado y decadente abogado de la promiscuidad”. Para más inri, a Russell lo acusaron de “comunista”. La Junta que lo eligió (por unanimidad) tuvo que hacer una segunda votación, y Russell salió de nuevo elegido. Pero de nada le sirvieron los apoyos del mundo de la ciencia, incluso de eclesiásticos más liberales: la querella de una dama provocó que el juez revocara aquel nombramiento. Los motivos que dictaminaron la sentencia eran que Russell “era extranjero”, “no había pasado por un examen de competencia”, y “sus enseñanzas eran notoriamente inmorales”.

Un hito importante del cristianismo es cuando Pablo de Tarso predicó a los atenienses en el Areópago. En estas fechas está exhibiéndose en las salas de cine “Ágora”, de Alejandro Amenábar, una crítica a los fundamentalismos religiosos, en este caso sobre la intransigencia de los cristianos del siglo IV, cuando el cristianismo ya gozaba de las prebendas de ser la religión oficial del Imperio. Russell recuerda que “en toda época, desde la de Constantino hasta finales del siglo XVII, los cristianos fueron mucho más perseguidos por otros cristianos de lo que lo fueron por los emperadores romanos. Antes del cristianismo esta actitud de persecución era desconocida en el viejo mundo, excepto entre los judíos”. Hace unos días el colectivo católico Redes Cristianas denunciaba como “chantaje” la censura impuesta por Roma al teólogo jesuita Juan Masiá.

En su libro “Por qué no soy cristiano y otros ensayos”, Russell (Nóbel de literatura en 1950) dice que las grandes religiones son un freno para el conocimiento, y en buena parte las responsables de tantas guerras, y sistemas de opresión y miseria. Agnóstico convencido, y pacifista comprometido, Russell reconoce ciertos valores del cristianismo, como la pobreza evangélica, (aunque, recuerda: “unos franciscanos la pusieron en marcha, pero el Papa la condenó como herética”). A pesar de que veía contradicciones en los textos evangélicos, “las enseñanzas de Cristo, tal como aparecen en éstos, han tenido muy poco que ver con la ética de los cristianos”. Crítico indomable y opositor a la carrera armamentística nuclear y a la violencia, presidió el llamado Tribunal Russell (no estatal) que juzgó los crímenes de guerra de Vietnam.

Precisamente el 27 de octubre es el aniversario de Miguel Servet, médico y teólogo aragonés, quemado vivo en 1553, junto a su manuscrito y su libro, en la plaza Champell de Ginebra: era el primer mártir “hereje” a manos del protestantismo. Por sostener opiniones teológicas diferentes a las de Calvino. Parecía impensable que, con el derecho a la libertad de conciencia (uno de los pilares de la Reforma), pudiera surgir, en la otra orilla, otra nueva Inquisición. A Servet lo quemaron dos veces. Primero en Roma, tras huir de sus cárceles (se sospecha que detrás de aquella denuncia podría estar el propio Calvino): quemaron su efigie, junto a sus libros. Después en Ginebra. “Perseguir con las armas a los que son expulsados de la Iglesia y negarles los derechos humanos es anticristiano”, había escrito Calvino, entonces un perseguido, antes de instaurar en Ginebra, donde se refugió, su “dictadura espiritual”. El 17 de febrero de 1600 en la Plaza Campo de Fiori de Roma sería quemado el dominico Giordano Bruno por negarse a retractarse de sus convicciones científicas.

Russell reconocía que el cristianismo de su época era menos tajante. Pero “toda su moderación y racionalismo se debe a los hombres que en su tiempo fueron perseguidos”, es decir: “a las generaciones de librepensadores que, desde el Renacimiento hasta el día de hoy, han conseguido avergonzar a los cristianos de muchas de sus creencias tradicionales”. Cita los casos de Galileo, de Darwin, de Freud… combatidos por los cristianos ortodoxos. Y menciona el caso de una carta del papa Gregorio el Grande a un obispo, que comenzaba así: “Nos ha llegado el informe, que no podemos mencionar sin rubor, de que enseñáis la gramática a ciertos amigos”. El obispo, recuerda Russell, fue obligado a desistir de tan perniciosa labor.

No podemos recordar el “asesinato piadoso” de Servet, sin hacer justicia a la vez a Sebastián Castellio: el único que se atrevió a levantar la voz denunciando a su “verdugo moral”. Su frase: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre”, hacen de este humanista (para algunos, el más ilustre de su época), un profeta y apóstol de la tolerancia. (El mosquito contra el elefante. Eclesalia 8/11/07). Castellio, que no quiso someterse al yugo de la Inquisición romana, no tuvo la mano protectora de ningún príncipe o alto dignatario, para su defensa, como la tuvieron Erasmo o Lutero.

Castellio, gran biblista, sabe que la Biblia habla de los ateos o paganos, pero no de los herejes. Por tanto: “un hereje es aquel creyente que no piensa como yo (…) todas las sectas edifican sus religiones sobre la palabra de Dios y todas consideran la suya como cierta”. Sabe que, si él calla, otros mil Servet irán a la hoguera detrás. Su escrito Contra libellum Calvini se convierte en el “yo acuso” de su época. A Castellio le tienden trampas, pasquines anónimos, atroces insultos, libelos difamatorios, como Calumniae nebulonis cujusdam: “este libelo difamatorio de Calvino puede servir como uno de los más memorables ejemplos de hasta qué punto la furia partidista puede envilecer el espíritu de un hombre elevado” dice Stefan Zweig (exiliado a causa del nazismo) en su espléndido ensayo, una referencia contra la intolerancia, “Castellio contra Calvino. Conciencia contra Violencia”. Lo escribió en 1936, coincidiendo con nuestra Guerra Civil (justificada como cruzada). Un libro que “supuso para muchos una voz de aliento contra el nazismo en un momento decisivo”.

De modo” providencial”, Castellio murió, repentinamente, el 29 de diciembre de 1563, a los cuarenta y ocho años, en la más extrema pobreza: sus amigos tuvieron que pagar el ataúd y pequeñas deudas. Acusado de ser cómplice y cabecilla de las más salvajes herejías, murió “escapando de las garras de sus enemigos con la ayuda de Dios” confiesa un amigo.

“Desde el punto de vista del espíritu, escribe Stefan Zweig, las palabras “victoria” y “derrota” adquieren un significado distinto. Y por eso es necesario recordar una y otra vez al mundo, un mundo que sólo ve los monumentos de los vencedores, que quienes construyen sus dominios sobre las tumbas y las existencias destrozadas de millones de seres no son los verdaderos héroes, sino aquellos otros que sin recurrir a la fuerza sucumbieron frente al poder, como Castellio frente a Calvino en su lucha por la libertad de conciencia y por el definitivo advenimiento de la humanidad a la tierra”. De Beze, el sucesor de Calvino, dirá que la libertad de conciencia es una doctrina del diablo (“Libertas conscientiae diabolicum dogma”).

“Afirmo deliberadamente, dice B. Russell, que la iglesia cristiana, tal como está organizada en iglesias, ha sido, y es aún, la principal enemiga del progreso moral de mundo”. Cita (tomándolas al pie de la letra, sin someterlas a exégesis) algunas frases “contradictorias” de la Biblia, y del mismo Jesús. Sin embargo, Jesús era el profeta de la compasión: no condenaba, tampoco callaba; y siempre marcó distancias con los “sindicatos religiosos” de los hombres de la religión. Una mujer, agnóstica, de origen musulmán, que sufrió la violencia contra su familia, reconoce que “Jesús es el profeta más coherente”. Jesús fue puesto contra las cuerdas tanto por los sumos sacerdotes o los fariseos como por los celotes. No es previsible que él saliera hoy a la calle con una pancarta o una bandera, presionando al Gobierno para que su “moral” impregnara el Boletín Oficial, obligando a todos los ciudadanos.

Cuando, en abril de 2008, Benedicto XVI viajó a EE.UU. y su avión aterrizó en una base militar, el pontífice fue agasajado con 21 salvas de cañón: “los cumpleaños se celebran entre amigos”, le dijo el presidente Bush. Kathleen Battle, famosa soprano, cantó el Padrenuestro. Poco después, el 13 de junio, Benedicto XVI fue su anfitrión. En “un encuentro inédito, sin precedentes”, lo recibió en los jardines vaticanos con los brazos abiertos: “gracias, qué honor, qué honor”. El Papa quiso agradecer al Sr. Bush su férrea defensa de los “valores morales y fundamentales”. Marvin Olasky, uno de los consejeros de Bush, había dicho en una ocasión que “La invasión americana de Irak creará nuevas y excitantes posibilidades de convertir a los musulmanes” (Casi todos hablan con Dios en Estados Unidos, artículo de Emilio Menéndez del Valle, embajador; El País, 26/05/08). También Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, declaró en su día que la Guerra de Irak es “una guerra que no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y los contratistas de defensa”. La guerra de Irak, impulsada por el ex presidente Bush, arropado por los presidentes T. Blair y J. M. Aznar (el trío de las Azores: los mismos que reclaman las raíces cristianas de Europa) ha dejado muchos miles de víctimas, muchísimas de ellas inocentes. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

28/10/2009 02:09. Autor: ecleSALia.net ;?>

Monseñor Romero y tú

Publicado: 25 octubre, 2009 en REFLEXIONES

MONSEÑOR ROMERO Y TÚ
Carta a Ellacuría
JON SOBRINO
EL SALVADOR.

ECLESALIA, 25/10/09.- Querido Ellacu: Este año es el veinte aniversario de vuestro martirio y pronto llegará el treinta de Monseñor Romero. Nos toca hablar de ustedes con frecuencia, con especial responsabilidad, y también con algún escrúpulo. Ustedes, los jesuitas, son mártires bien conocidos, pero Julia Elba y Celina no tanto. Y sin embargo ellas son el símbolo de centenares de millones de hombres y mujeres que han muerto y mueren inocente e indefensamente aquí, en el Congo, en Palestina, en Afganistán, sin que nadie les haga mucho caso.

Prácticamente no existen ni en vida ni en muerte para las sociedades de abundancia. Y tampoco la institución Iglesia sabe qué hacer con tantas gentes que han muerto asesinadas. Si difícil es que canonicen a un mártir de la justicia como Monseñor Romero, mucho más lo es que canonicen a esos hombres y mujeres que han vivido y han muerto en pobreza y opresión. Y sin embargo, muchas veces te oí decir que son “los preferidos de Dios”.

Debería escribirte, pues, sobre Julia Elba y Celina, pero conozco poco de ellas. De Julia Elba sé que pasó trabajando toda su vida en las cortas, en la cocina. Y todo ello desde que tenía 10 años. No sé mucho más de ella. Sí me he preguntado “quién es más mártir, Ellacuría o Julia Elba”, y sería terrible que los mártires jesuitas hiciesen olvidar a esas dos mujeres que murieron asesinadas a 50 metros del jardín de rosas. Estos días he escrito que “Ellacuría no vivió ni murió para que el esplendor de su figura opacase el rostro de Julia Elba”. Ellacu, éste es el escrúpulo.

Pero Julia Elba y muchas mujeres salvadoreñas como ella, me perdonarán, quizás hasta se alegrarán, de que en esta carta te hable sobre nuestro Monseñor, pues no tienen celos de una persona muy querida. Y la he titulado: “Monseñor Romero y tú”. Mi intención es ayudar a las nuevas generaciones, a quienes no les sobra orientación cristiana y salvadoreña. Que sepan que una vez hubo un país y una Iglesia extraordinaria: la de Monseñor Romero. Y tú eres un mistagogo de lujo para introducirnos en su persona. Por ello, voy a recordar cómo se llevaron ustedes dos.

La gente sabe que los dos fueron elocuentes profetas y mártires. Pero me gusta recordar otra semejanza importante sobre cómo empezaron. Los dos recibieron una antorcha cristiana y salvadoreña, y sin discernimiento alguno hicieron la opción fundamental de mantenerla ardiendo. Monseñor la recibió de Rutilio Grande la noche que lo mataron. Y muerto Monseñor la retomaste tú. Es cierto que ya habías empezado antes, pero tras su asesinato tu voz se hizo más poderosa y comenzó a sonar más como la de Monseñor. A una señora le oí decir en la UCA: “desde que mataron a Monseñor, en el país nadie ha hablado como el P. Ellacuría”.

Lo que me interesa recordar y recalcar es que en El Salvador existió una tradición magnífica: la entrega y el amor a los pobres, el enfrentamiento con los opresores, la firmeza en el conflicto, la esperanza y la utopía que pasaban de mano en mano. Y en esa tradición resplandecía el Jesús del evangelio y el misterio de su Dios. No podemos dilapidar esa herencia, y debemos hacerla llegar a los jóvenes.

Los comienzos de tu relación con Monseñor Romero no fueron positivos. Al comienzo de los setenta, tú ya eras conocido como peligroso jesuita de izquierdas por tu defensa de la reforma agraria, el apoyo a la huelga de los maestros de ANDES y el análisis del fraude electoral de 1972. Pero con tu libro “Teología Política” de 1973 empezaste a tocar temas más explícitamente cristianos: salvación e historia, el mesianismo de Jesús, la misión de la Iglesia, violencia y política… Y aunque en el país no se hablaba todavía de teología de la liberación -y de cuán peligrosos eran sus defensores- los obispos se asustaron del Ellacuría teólogo que emergía con fuerza. Y le tocó a Monseñor Romero escribir una crítica de siete páginas sobre tu libro. Lo hizo en tono serio y educado, a diferencia de la crítica que llegó de un teólogo de una curia romana, llamado Garofallo. El primer encuentro entre ustedes fue un encontronazo.

Las cosas siguieron su curso. Tú con ciencia y profecía, y a veces con humor e ironía. En una pequeña revista de la UCA escribiste un breve artículo con este título: “un obispo disfrazado de militar y un nuncio disfrazado de diplomático” -los de mi generación sabrán a qué jerarcas te referías. No era tu estilo, pero sí tu convicción.

Así llegó 1976. Monseñor Luis Chávez y González, benemérito y buen amigo, después de 38 años dejaba la responsabilidad de la arquidiócesis. En ECA nos reunimos para escribir un editorial sobre tema tan importante: “quién será el nuevo arzobispo”. Apoyamos a Monseñor Rivera y nos distanciamos críticamente del que sonaba como posible candidato: el obispo Oscar Arnulfo Romero. La elección, por cierto, le salió mal al Vaticano, y más tarde escribirías que “a Monseñor Romero no se le eligió para que fuera a ser lo que fue; se le eligió casi para lo contrario”.

Llegó la conversión de Monseñor y un hondo cambio en tu relación con él. Cuando en marzo de 1977 mataron a Rutilio, tú estabas en España, y desde Madrid el 9 de abril le escribiste una carta, que llegó a mis manos por casualidad muchos años después. La publicamos en Carta a las Iglesias marzo 2006.

“Tengo que expresarle, desde mi modesta condición de cristiano y sacerdote de su arquidiócesis, que me siento orgulloso de su actuación como pastor. Desde este lejano exilio quiero mostrarle mi admiración y respeto, porque he visto en la acción de Vd. el dedo de Dios. No puedo negar que su comportamiento ha superado todas mis expectativas y esto me ha producido una profunda alegría, que quiero comunicársela en este sábado de gloria”.

Ellacu, esta carta es uno de tus textos más bellos. Le hablas a Monseñor con total verdad, y te muestras a ti mismo en facetas desconocidas para quienes sólo te han conocido como profesor y rector. Después del asesinato de Rutilio le agradeces “su valentía y prudencia evangélicas frente a claras cobardías y prudencias mundanas”, el acierto de “oír a todos, pero decidiendo lo que parecía a ojos prudentes lo más arriesgado”. Te referías a la misa única, la supresión de las actividades en los colegios católicos, la promesa de Monseñor de no asistir a ningún acto oficial… Le felicitas: “usted ha hecho Iglesia y ha hecho unidad en la Iglesia”; la mayoría del clero, religiosos y religiosas se aglutinaron alrededor de Monseñor. Y se lo vuelves a desear al final: “si logra mantener la unidad de su presbiterio mediante su máxima fidelidad al evangelio de Jesús, todo será posible”.

En la carta aparece la dialéctica evangélica e ignaciana, recurrente en ti: usted “lo ha logrado no por los caminos del halago o del disimulo sino por el camino del evangelio: siendo fiel a él y siendo valiente con él”. “No ha podido entrar usted con mejor pie a hacer Iglesia”. Yo también escribí que, aunque parecía que todo empezaba muy mal para Monseñor, toda empezaba muy bien. Y firmaste: “Este miembro de la arquidiócesis, que ahora se ve alejado contra toda su voluntad”.

Cuando regresaste en 1978 te pusiste, con entrega y devoción, al servicio de Monseñor. Escribiste para la YSAX, la radio del arzobispado, una larga serie de comentarios a su tercera carta pastoral, “La Iglesia y las organizaciones políticas populares”. Le ayudaste a redactar la parte central sobre las idolatrías en la cuarta carta pastoral, “La Iglesia en la actual situación del país”. En sus últimas semanas estuviste con él en la conferencia de prensa después de la homilía dominical, y te daba la palabra cuando le preguntaban sobre la situación política. Con él estuviste la víspera de su asesinato, después de aquella homilía irrepetible: “En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!”. Y en el funeral cargaste el féretro. Se te ve en la foto con Walter Guerra, Jesús Delgado y Juan Spain.

Lo que hiciste por Monseñor no fue simplemente uno más de tus muchos servicios al país. Tampoco lo pensaste como servicio estratégico, dada la inmensa influencia de Monseñor. Monseñor Romero llegó a ser para ti alguien muy especial, distinto a como lo había sido Rahner o Zubiri. Se metió dentro de ti, y tocó tus fibras más hondas. Esa sensación la tuve desde el principio. Y se me quedó grabada para siempre en tu homilía en la misa de funeral que tuvimos en la UCA. En ella dijiste: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

Muchas veces he citado estas palabras, Ellacu. Son muy tuyas por la precisión del lenguaje y por el peso del concepto. Conociéndote, estabas diciendo verdad. Y una verdad teo-logal: por este El Salvador, masacrado y esperanzado,, taimado y valiente, cruel y generoso, se sintió el paso del misterio. El paso de Dios. Por eso Monseñor Romero se convirtió para ti en referente de Dios, y en principio y fundamento de tu teología. Lo voy a recordar brevemente.

Comencemos con la eclesio-logía. El “pueblo de Dios” no era un tema cualquiera, y menos cuando el Vaticano II ya estaba en declive y volvía a resurgir la jerarcología. Sobre él escribiste un artículo sistemático en 1983, pero antes, en 1981, habías escrito “El verdadero pueblo de Dios, según Monseñor Romero”. No tratabas de analizar las ideas de algún importante teólogo, sino de ir al fondo del problema desde la fuente que tenías más a mano y que te parecía la más fructífera.

Cuatro características mencionaste del verdadero pueblo de Dios: 1. La opción preferencial por los pobres, 2. La encarnación histórica de las luchas del pueblo por la justicia y la liberación, 3. La introducción de la levadura cristiana en las luchas por la justicia, 4. La persecución por causa del reino de Dios en la lucha por la justicia. No toda la novedad provenía de Monseñor, pero la más novedosa, por así decirlo, las tres últimas características, de él provenían. Al menos Monseñor Romero te hizo profundizar en ellas.

Monseñor te puso en la pista de “la Iglesia de los pobres”, la que ni siquiera en el Concilio tuvo éxito, a pesar de los deseos de Juan XXIII, el cardenal Lercaro y algunos pocos obispos. Y ciertamente te inspiró para hablar del martirio, realidad fundante para la Iglesia, como la cruz de Jesús. Varias veces citaste unas palabras escandalosas de Monseñor Romero: “Me alegro, hermanos, de que la Iglesia sea perseguida. Es la verdadera Iglesia de Cristo. Sería muy triste que en un país donde se está asesinando tan horrorosamente no hubiese sacerdotes asesinados. Son la señal de una Iglesia encarnada”. Mejor y más profundamente que con muchos conceptos Monseñor define a la Iglesia desde dos relaciones esenciales: con el destino de Cristo y con el destino del pueblo. Alguien, con buena intención, cuestionó una vez que Monseñor Romero corriera tantos riesgos, aun de su vida. Pero tú le contestaste: “eso es lo que tiene que hacer”. Y eso es lo que tú también hiciste con tu vida. La eclesiología no era un conjunto de conceptos prendidos de la realidad con alfileres, sino surgidos de ella.

En cristo-logía coincidiste con Monseñor en muchas cosas. Sólo voy a recordar una, para mí la más decisiva hoy, ciertamente en el tercero mundo, pero también en el primero: ver a Cristo en el pueblo crucificado, considerar a éste como la continuación del siervo de Jahvé. Son hoy los centenares y miles de millones de pobres, hambrientos, oprimidos, dados muerte violentamente, masacrados, inocentes e indefensos, desconocidos en vida y en muerte. Con ellos he comenzado esta carta al recordar a Julia Elba y Celina.

En 1978, en preparación para Puebla, escribiste “El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica”, en el que analizas la realidad de los pobres y víctimas como el siervo sufriente de Jahvé. En 1981, en tu segundo exilio de Madrid escribiste “El pueblo crucificado como ‘el’ signo de los tiempos”. En el primer texto recalcas su carácter salvífico. En el segundo, su carácter de revelación.

Monseñor Romero dijo en 1977 en Aguilares a los campesinos perseguidos y asesinados: “Ustedes son el divino Traspasado”. Y en una homilía de 1978 mostró su alegría porque los estudiosos del Antiguo Testamento no sabían decir si el siervo, del que habla Isaías es “todo un pueblo” o es “Cristo que viene a liberarles”.

No sé decir “quién copió a quién” o si ocurrió como con Leibnitz y Newton que descubrieron los fundamentos del cálculo infinitesimal con independencia el uno del otro. Lo que si me parece cierto es que ustedes tuvieron la misma asombrosa intuición de equipar la humanidad sufriente con el crucificado y el siervo de Jahvé. Y por lo que yo sé, sólo ustedes dos. No aparece en encíclicas ni concilios. Tampoco, normalmente, en las teologías. Y muertos ustedes, parece que no hay vigor ni rigor para hablar así de un mundo hoy está evidentemente crucificado.

Y una cosa más. En tu segundo exilio escribiste otro breve texto al que diste mucha importancia: “Por qué muere Jesús y por qué lo matan”. El título es más que muestra de ingenio. Se trata de esclarecer el sentido transcendente de esa muerte y sus causas históricas. En teología se pueden encontrar reflexiones afines, pero no así, ciertamente no con esa radicalidad, en textos oficiales de la Iglesia. Para lo primero hay que tener presente ante todo el designio de Dios. Para lo segundo hay que tener en cuenta la historicidad radical de la vida de Jesús: defensor de aquellos a quienes ofenden los poderosos. Por esa razón Jesús denunció el poder, entró en conflicto con él, perdió y fue crucificado. Esto, tan evidente, suele ser oficialmente silenciado -incluso en Aparecida, un buen documento por otros capítulos.

No lo silenció Monseñor Romero. En la misa funeral de uno de los sacerdotes asesinados dijo lapidariamente: “se mata a quien estorba”. Y los que estorbaban no eran demonios o poderes transcendentes, sino oligarcas, militares, cuerpos de seguridad, escuadrones de la muerte. Así se entiende el “por qué mataron a Jesús”, como tú preguntabas.

Termino con la teo-logía, con Dios y con tu fe. En la primera carta te escribí que tu fe en Dios no pudo ser ingenua. En 1969 hablaste en Madrid de las dudas de fe que Rahner llevaba con elegancia -y entendí que algo semejante decías de ti mismo. Creo que luchaste con Dios como Jacob, en aquellos años recios para la fe. Y a tus 47 años “se te apareció” Monseñor Romero -y uso el término “aparecer”, opthe, conscientemente, para expresar lo que en ello hubo de inesperado, destanteador, cuestionante y bienaventurado. De esto sólo se puede hablar con temor y temblor, pero pienso que en contacto con Monseñor tuviste una experiencia nueva de la realidad última, de Dios. Y creo que se notó en tu hablar sobre Dios.

He escrito que para Jesús Dios es “Padre” en quien se puede descansar, y que el Padre sigue siendo “Dios” quien no deja descansar. En Monseñor Romero, en su compasión hacia los sufrientes, su denuncia para defenderlos, el amor sin componendas viste al Dios que es “Padre” de los pobres. En su conversión, su adentrarse en lo desconocido y no controlable, en su caminar sin apoyos institucionales eclesiásticos, en su mantenerse firme llevase a donde llevase el camino viste al Padre que sigue siendo “Dios”. Y quizás en Monseñor viste también que, a pesar de todo, el compromiso es más real que el nihilismo, el gozo más real que la tristeza, la esperanza más real más que el absurdo. Así interpreto sus sencillas palabras: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. En ellas asoma la utopía

Termino. No era la primera vez que te encontrabas con alguien que iba a influir importantemente en tu vida, como bien lo analiza Rodolfo Cardenal. Sin embargo, encontrarte con monseñor Romero significó algo distinto. Y eso distinto radica en que te encontraste con la profecía, la entrega, la bondad de Monseñor, pero sobre todo con su fe, lo que configura toda la persona. Por eso nunca te consideraste “colega” de Monseñor. Nunca te escuché, siendo tú de talante crítico, una crítica a Monseñor. Y en tu nombre y en el de la UCA, dijiste que “Monseñor Romero ya se nos había adelantado”. E insististe: “No hay duda de quién era el maestro y de quién era el auxiliar, de quién era el pastor que marca las directrices y de quién era el ejecutor, de quién era el profeta que desentrañaba el misterio y de quién era el seguidor, de quién era el animador y de quién era el animado, de quién era la voz y de quién era el eco”. Lo decías con total sinceridad.

“Monseñor Romero, un enviado de Dios para salvar a su pueblo”, escribiste. Y Monseñor te habló de lo que en Dios hay de “más acá”. Pero también te habló de lo que en Dios hay de inefable, de misterio bienaventurado, de lo que en Dios hay de “más allá”. “Ni el hombre ni la historia se bastan a sí mismos. Por eso [Monseñor] no dejaba de llamar a la transcendencia. En casi todas sus homilías salía este tema: la palabra de Dios, la acción de Dios rompiendo los límites de lo humano”. Monseñor Romero vino a ser como el rostro de Dios en nuestro mundo.

Ellacu, termino esta carta con las palabras con las que tú terminaste tu último escrito de teología. Son para los que no te conocieron, para todos los que te conocimos y especialmente para que ayuden a que la Iglesia retome su rumbo:

“La negación profética de una Iglesia como el cielo viejo de una civilización de la riqueza y del imperio y la afir­mación utópica de una Iglesia como el cielo nuevo de una civilización de la pobreza es un reclamo irrecusable de los signos de los tiempos y de la dinámica soteriológica de la fe cristiana historizada en hombres nuevos, que siguen anunciando firmemente, aunque siempre a oscuras, un futuro siempre mayor, porque más allá de los sucesivos futuros históricos se avizora el Dios salvador, el Dios liberador”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

26/10/2009 07:48. Autor: ecleSALia.net ;?>

Curarnos de la ceguera

Publicado: 21 octubre, 2009 en BIBLIA

30 Tiempo ordinario (B) Marcos 10, 46-52
CURARNOS DE LA CEGUERA
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 21/10/09.- ¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.

No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.

¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.

El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Sólo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.

El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.

Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.

Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

21/10/2009 11:16. Autor: ecleSALia.net ;?>

¿NO SERÁ QUE EN LA IGLESIA NO HAY AUTORIDAD?
JOSÉ MARÍA RIVAS CONDE, JOMARI@telefonica.net

ECLESALIA, 16/10/09.- Desde la afirmación de quedar atado/desatado en el cielo lo que en la tierra la Iglesia decreta/deroga, es evidente que un mismo proceder pueda urgir bajo pena de pecado mortal y condenación eterna en un determinado tiempo y en otro no, según tenga establecido la Iglesia en cada momento. Como no guardar ayuno desde las 12 horas de la noche anterior a la comunión, no tener iluminado el sagrario con lamparilla de aceite de oliva, comer carne los miércoles de cuaresma que siguen al de ceniza, celebrar misa en lengua vernácula o por la tarde, no oírla y trabajar el jueves de la Ascensión o el del Corpus, ordenar de diáconos a casados, disponer la cremación del propio cadáver, etc., etc. Habiendo sido desatado todo esto por la Iglesia en vida de muchos de nosotros, no se puede admitir, desde tal presupuesto, que ahora se peque y se merezca el infierno por no atenerse a nada de ello.

A partir de esa misma afirmación es igualmente obvio que un mismo comportamiento sea pecado mortal, o no, a tenor de lo atado por la Iglesia para el lugar en que se tenga la residencia (como no oír misa el día de la fiesta patronal del lugar, si se está en él); o para el rito al que se pertenezca, ya al latino, ya a los orientales católicos (como ordenar de sacerdotes a casados).

Si todo ello resulta obvio a partir de dicha convalidación divina, no lo es menos que obliga a negar que sea infranqueable el abismo que separa el infierno del cielo (como le dijo Abrahán al abrasado Epulón), al menos para los condenados por violar leyes eclesiásticas, luego desatadas. Porque la derogación de la ley, al suprimir el motivo de condena, arrastra el fin de la pena impuesta por violarla. De ahí que en España, al despenalizarse el adulterio en 1978, se excarcelara de inmediato a las mujeres condenadas a prisión por haberlo cometido. Y esto es lo que debe decirse que sucederá en el más allá, al presuponerse asumida en el cielo, como las demás, la disposición eclesiástica del c. 1313,2 del Código de Derecho Canónico: «Si una ley posterior abroga otra anterior, o al menos suprime su pena, ésta cesa de inmediato».

¿Con qué nos quedamos entonces?: ¿con que el infierno no siempre es eterno y se nos engañó desde siempre?; ¿con que Dios es infiel a su palabra y no asume las desataduras eclesiásticas?; ¿con que el infierno sólo es eterno para los violadores de su Ley y para los insumisos a leyes eclesiásticas fallecidos antes de ser éstas desatadas?; ¿con que Dios es menos benigno y civilizado que el hombre, en vez de Amor y perfección suma?; ¿con que Él mismo menosprecia tanto su amor al mundo hasta la entrega de su Unigénito a la cruz por la salvación de todos, que prefiere la condenación eterna impuesta antes de la derogación de su causa?; ¿con que es injusto y cruel al mantenerla, pese a carecer ya de motivo, tras haberlo abrogado la Iglesia? ¿O nos quedamos simplemente con que es falso que quede atado/desatado en el cielo lo que la Iglesia decreta/deroga en la tierra? Ésta es la única posibilidad que ni encierra la contradicción de afirmar y negar a la vez la eternidad del infierno, ni es manifiestamente herética y blasfema.

Que la Iglesia carezca de autoridad para sancionar con pena eterna leyes que, vigentes hoy, puedan mañana ser desatadas (como por definición son todas las suyas derogables y dispensables) es conclusión exigida por la propia obviedad de este planteamiento. Tanta, como la de que dos y dos son cuatro, o la de la respuesta del ciego de nacimiento a los razonamientos de los fariseos sobre la condición pecadora de Jesús: «Lo único que sé es que yo antes estaba ciego y ahora veo».

Tal obviedad no puede resultar afectada por uno de los varios sentidos que se han dado al giro arameo atar/desatar en la tierra/en el cielo. Menos aún, cuando entre ellos figura el diametralmente opuesto: lo que autoricéis/prohibáis en la tierra será lo ya autorizado/prohibido en el cielo. Este significado, por lo demás, es el único que casa con la afirmación de Jesús de decirnos como lo oyó, lo que su Padre le mandó decir, sabedor de ser vida eterna su mandamiento (Jn 12,49-50); el único que casa con su mandato a los apóstoles: «Haced discípulos de todas las gentes […] enseñándoles a guardar todo lo que yo os mandé», y con la súplica «hágase (llegue a ser, establézcase, implántese, etc.) tu voluntad, tal como en el cielo así en la tierra ». La angostura de estas líneas no me permite detenerme en esto, ni en los argumentos, análogos a los de los fariseos al ciego de nacimiento, que se hacen a partir de la Escritura y de la Tradición, a favor de la repercusión eterna de los preceptos eclesiásticos urgidos bajo pena de pecado. Quien tenga interés puede verlo en mi libro Parábola del Pecado Original, aunque en realidad todo ello sobra ante la obviedad del propio planteamiento aquí presentado que, en honor a la verdad, sólo revoca los muros del que me hizo un abogado tras leer ese libro mío.

Supuesto inaceptable como digo, salvo con herejía y blasfemia, que las leyes eclesiásticas abolibles y dispensables, puedan condicionar la salvación eterna, o tener repercusión alguna en el siglo venidero, deberían ser rechazados de cuajo (Col 2,20). No sólo por su esterilidad salvífica; sino, además, por no subyugar ni cargar de opresión y cadenas al hombre llamado a la libertad (Gal 5,13). Aunque su contenido sí pueda ser asumido libremente, como modo mutable y perfectivo, personal o incluso comunitario, de expresar, plasmar o condimentar humanamente la fe; sin embargo, sería deseable una cautela máxima, a fin de de no deslizarse sin sentir hacia la perversión de llegar a tenerlo por exigencia de salvación o de mejora de la misma. De este modo, para lo más que vale es para creerse mejor que los demás al abrigo de la ley de la jactancia, la abolida por la de la fe en Jesús (Rom 3,27-28); para juzgase merecedor de la invitación del Rey al banquete de bodas de su Hijo (Mt 22,3), cuando sólo se es siervo de nacimiento, sin más capacidad propia que la de hacer lo que se tiene que hacer (Lc 17,10); y para convertir la fe en secularismo. El que consiste en dar valor de eternidad, no a la palabra de Dios, que permanece para siempre (1Pe 1,25), ni al amor, que es imperecedero (1Cor 13,8); sino a leyes, prácticas y usos de este siglo que, sean optativos o de lo más necesario e imprescindible en la vida del hombre aquí, se evacuarán todos en la muerte, como se evacua en el retrete todo lo que entra por la boca del hombre (Mt 15,17). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

16/10/2009 09:30. Autor: ecleSALia.net ;?>

He visto ágora

Publicado: 15 octubre, 2009 en PUBLICACIONES

HE VISTO ÁGORA
CÉSAR ROLLÁN, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 15/10/09.- He visto Ágora. Fui a ver la última película de Amenábar. Impresionante, minuciosa, espectacular. Excelente interpretación de Rachel Weisz en el papel de Hipatia. Una ambientación genial…

Se está escribiendo mucho sobre Ágora. He tratado de leer de todo y buscar, sobre todo, el contraste con la historia de los hechos narrados. Salí del cine inquieto y revuelto.

¿Qué pasó con los descubrimientos cosmológicos de la filosofía clásica? Que se rechazaron aquellos que no concordaban con la literalidad de la Biblia.

¿Es cierto que el sobrino del obispo Teófilo tenía “mano firme”? Tanto como que el papa Benedicto XVI dice que Cirilo gobernó la sede de Alejandría “con gran energía durante 32 años, buscando afirmar siempre el primado en todo Oriente”.

¿Se impuso el cristianismo como religión única del imperio? En el edicto de Tesalónica del 380 el emperador afirma: “Queremos que todos los pueblos que son gobernados por la administración de nuestra clemencia profesen la religión que el divino apóstol Pedro dio a los romanos”.

¿Murió Hipatia a manos de los cristianos? Parece que el carácter exaltado de los alejandrinos era tal que llegaron a matar cruelmente a dos obispos impuestos por la corte imperial de Constantinopla.

La muerte de la filósofa alejandrina no fue tanto una cuestión religiosa como política. Unos gobernantes “convertidos” a la religión impuesta. Unos pastores con ansia por afirmarse como poder civil. Una mujer que con su sabiduría participó de forma activa en la vida pública de su ciudad.

Ágora no es una película en la que se coloque una cosmovisión, una religión, una cultura por encima de otra. Después del 415 la historia continuó imparable hasta nuestros días. Los historiadores pueden hablar detenidamente sobre cada momento.

Ágora subraya lo que pasa cuando no se piensa, cuando no se cuestiona nada, cuando se deja la conciencia personal en manos de otros, cuando los que mandan imponen, cuando el afán de controlar se salta los principios que se predican, cuando la vida vale en función de los intereses de unos pocos.

Ágora me preocupa si esta historia de cine se repite hoy. Con otros personajes, con otros manipuladores, con otras persecuciones. Quizá no aparezca la violencia como en aquella historia. Quizá no muera nadie a manos de otros. Quizá no sea ya la religión, cualquier religión, la excusa. O quizá sí. No me cabe duda de que sigue habiendo seres humanos a los que no les causa ningún problema pisotear a sus semejantes.

Ágora me deja una gran inquietud pero me anima a pensar, a reflexionar sobre lo que me dicen que es bueno, a cuestionar lo que me dan como válido, a buscar constantemente la verdad de mi fe, de mis actos, de mi vida, de mis esperanzas.

La cámara, siempre que puede, se escapa de Alejandría. Llega más allá de las nubes para tomar un plano general de la ciudad. Se aleja tanto que alcanza a ofrecer una imagen panorámica de nuestro planeta. Una sugerente perspectiva para vernos pequeños, insignificantes, ocultos… invitados a compartir este rincón del universo en paz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Nada de eso entre nosotros

Publicado: 14 octubre, 2009 en BIBLIA

29 Tiempo ordinario (B) Marcos 10,35-45
NADA DE ESO ENTRE NOSOTROS
JOSÉ ANTONIO PAGOLA
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 14/10/09.- Camino de Jerusalén, Jesús va advirtiendo a sus discípulos del destino doloroso que le espera a él y a los que sigan sus pasos. La inconsciencia de quienes lo acompañan es increíble. Todavía hoy se sigue repitiendo.

Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo, se separan del grupo y se acercan ellos solos a Jesús. No necesitan de los demás. Quieren hacerse con los puestos más privilegiados y ser los primeros en el proyecto de Jesús,tal como ellos lo imaginan. Su petición no es una súplica sino una ridícula ambición:«Queremos que hagas lo que te vamos a pedir». Quieren que Jesús los ponga por encima de los demás.

Jesús parece sorprendido. «No sabéis lo que pedís». No le han entendido nada. Con paciencia grande los invita a que se pregunten si son capaces de compartir su destino doloroso. Cuando se enteran de lo que ocurre, los otros diez discípulos se llenan de indignación contra Santiago y Juan. También ellos tienen las mismas aspiraciones. La ambición los divide y enfrenta. La búsqueda de honores y protagonismos interesados rompen siempre la comunión de la comunidad cristiana. También hoy. ¿Qué puede haber más contrario a Jesús y a su proyecto de servir a la liberación de las gentes?

El hecho es tan grave que Jesús «los reúne» para dejar claro cuál es la actitud que ha de caracterizar siempre a sus seguidores. Conocen sobradamente cómo actúan los romanos, «jefes de los pueblos» y «grandes » de la tierra: tiranizan a las gentes, las someten y hacen sentir a todos el peso de su poder. Pues bien, «vosotros nada de eso».

Entre sus seguidores, todo ha de ser diferente:«El que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos». La grandeza no se mide por el poder que se tiene, el rango que se ocupa o los títulos que se ostentan. Quien ambiciona estas cosas, en la Iglesia de Jesús, no se hace más grande sino más insignificante y ridículo. En realidad, es un estorbo para promover el estilo de vida querido por el Crucificado. Le falta un rasgo básico para ser seguidor de Jesús.

En la Iglesia todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana, no desde arriba, desde la superioridad, el poder o el protagonismo interesado, sino desde abajo, desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús. No vivió nunca «para ser servido, sino para servir». Éste es el mejor y más admirable resumen de lo que fue él: SERVIR. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

NADA DISSO ENTRE NÓS
José Antonio Pagola. Tradução: Antonio Manuel Álvarez Pérez

A caminho de Jerusalém, Jesus adverte os Seus discípulos do destino doloroso que O espera e aos que sigam os Seus passos. A inconsciência dos que o acompanham é incrível. Todavia hoje continua a repetir-se.

Santiago e João, os filhos de Zebedeu, afastam-se do grupo e aproximam-se sozinhos de Jesus. Não necessitam dos outros. Querem ficar com os lugares mais privilegiados e ser os primeiros no projecto de Jesus, tal como eles o imaginam. A sua petição não é uma súplica mas uma ridícula ambição: «Queremos que faças o que te vamos a pedir». Querem que Jesus os coloque acima dos outros.

Jesus parece surpreendido. «Não sabeis o que pedis». Não entenderam nada. Com grande paciência convida-os para que se perguntem se são capazes de partilhar o Seu destino doloroso. Quando se apercebem do que se passa, os outros dez discípulos enchem-se de indignação contra Santiago e João. Também eles têm as mesmas aspirações. A ambição divide-os e confrontam-se. A procura de honras e protagonismos rompe sempre a comunhão da comunidade cristã. Também hoje. Que pode ser mais contrário a Jesus e ao Seu projecto de servir a libertação das pessoas?

O facto é tão grave que Jesus «reúne-os» para deixar claro qual é a atitude que deve caracterizar sempre os Seus seguidores. Conhecem bem como actuam os romanos, «chefes dos povos» e «grandes» da terra: tiranizam as pessoas, submetam-nas e fazem sentir a todos o peso do seu poder. Pois bem, «vós não fareis nada disso».

Entre os Seus seguidores, tudo tem de ser diferente: «O que queira ser grande, seja servidor; e o que queira ser o primeiro, seja escravo de todos». A grandeza não se mede pelo poder que se tem, o cargo que se ocupa ou os títulos que se ostentam. Quem ambiciona estas coisas, na Igreja de Jesus, não se faz maior mas mais insignificante e ridículo. Na realidade, é um estorvo para quem quer promover o estilo de vida pretendido pelo Crucificado. Falta-lhe um traço básico para ser seguidor de Jesus.

Na Igreja todos temos de ser servidores. Temos de nos colocar na comunidade cristã, não desde cima, desde a superioridade, o poder ou o protagonismo interesseiro, mas desde baixo desde a disponibilidade, o serviço e a ajuda aos outros. O nosso exemplo é Jesus. Não viveu nunca «para ser servido, mas para servir». Este é o melhor e mais admirável resumo do que Ele foi: SERVIR.

FRA DI VOI NON SIA COSÌ
José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

Lungo il cammino verso Gerusalemme Gesù va avvertendo i suoi discepoli del destino doloroso che aspetta lui e coloro che seguono i suoi passi. L’incoscienza di quelli che lo accompagnano è incredibile. Ancora oggi continua a ripetersi.

Giacomo e Giovanni, i figli di Zebedeo, si separano dal gruppo e si appressano loro soli a Gesù. Non hanno bisogno degli altri. Vogliono procurarsi i posti privilegiati ed essere i primi nel progetto di Gesù, così come essi lo immaginano. La loro domanda non è una supplica ma una ridicola ambizione: “Vogliamo che tu ci faccia quello che ti chiederemo”. Vogliono che Gesù li ponga in testa agli altri.

Gesù sembra sorpreso. “Voi non sapete ciò che domandate”. Non hanno capito nulla. Con grande pazienza egli li invita a domandarsi se sono capaci di condividere il suo destino doloroso. Quando si accorgono di quello che accade, gli altri dieci discepoli si indignano moltissimo contro Giacomo e Giovanni. Anche loro hanno le stesse aspirazioni. L’ambizione li divide, li mette l’uno contro l’altro. La ricerca di onori e protagonismi interessati rompe sempre la comunione della comunità cristiana. Anche oggi. Che cosa può esserci di più contrario a Gesù e al suo progetto di servire la liberazione della gente?

Il fatto è così grave che Gesù “li riunisce” per dire chiaramente qual è l’atteggiamento che deve caratterizzare sempre i suoi seguaci. Conoscono molto bene come agiscono i romani, “ i capi delle nazioni” e i “grandi” della terra: tiranneggiano le persone, le sottomettono e fanno sentire a tutti il peso del loro potere. Ebbene, “tra voi non è così”.

Tra i suoi seguaci, tutto deve essere diverso: “Chi vuole essere grande, si farà vostro servitore; e chi vuole essere il primo, sarà il servo di tutti”. La grandezza non si misura con il potere che si ha, il rango che si occupa o i titoli che si ostentano. Chi ha l’ambizione di queste cose, nella Chiesa di Gesù, non si fa più grande, ma più insignificante e ridicolo. In realtà, è un ostacolo nella promozione dello stile di vita voluto dal Crocifisso. Gli manca un tratto fondamentale per essere seguace di Gesù.

Nella Chiesa tutti dobbiamo essere servi. Dobbiamo collocarci nella comunità cristiana non dall’alto, da posizioni di superiorità, di potere o di protagonismo interessato, ma dal basso, nella disponibilità, nel servizio e nell’aiuto agli altri. Il nostro esempio è Gesù. Non visse mai “per essere servito, ma per servire”. Questo è il migliore e più mirabile riassunto di quello che egli fu: SERVIRE.

RIEN DE TOUT CELA PARMI NOUS
José Antonio Pagola, Traducteur: Carlos Orduna, csv

Chemin faisant vers Jérusalem, Jésus avertit progressivement ses disciples de la fin douloureuse qui l’attend, lui et tous ceux qui accepteront de le suivre. L’inconscience de ceux qui l’accompagnent est incroyable. Et elle l’est encore aujourd’hui.

Jacques et Jean, les fils du Zébédée, quittent le groupe pour se rapprocher, eux seuls, de Jésus. Ils n’ont pas besoin des autres. Ils veulent s’emparer des postes les plus privilégiés et être les premiers dans le projet de Jésus, tel qu’ils l’imaginent. Leur demande n’est pas une supplication mais une ridicule ambition : « Nous voulons que tu fasses ce que nous allons te demander » Ils veulent que Jésus les place au dessus des autres.

Jésus semble surpris. « Vous ne savez pas ce que vous demandez ». Ils n’ont rien compris. Avec une grande patience, il les invite à se poser la question de savoir s’ils sont capables de partager son destin douloureux. Lorsque les autres apprennent ce qui se passe, ils s’indignent contre Jacques et Jean. Eux aussi, ils ont les mêmes aspirations. L’ambition les oppose et les divise. En effet, c’est la recherche des honneurs et d’un protagonisme intéressé qui brise toujours la communion au sein de la communauté chrétienne. Aujourd’hui aussi. Peut-il exister quelque chose de plus contraire à Jésus et à son projet de servir et de libérer les gens ?

Le fait est si grave que Jésus « les réunit » pour mettre au clair l’attitude qui doit toujours caractériser ses disciples. Ils connaissent trop bien comment agissent les romains, « chefs des nations » et « grands » de cette terre : ils dominent et soumettent les gens et leur font sentir le poids de leur pouvoir. Eh bien ! « Il ne doit pas en être ainsi parmi vous ».

Tout doit être différent parmi ses disciples : « Celui qui veut être grand qu’il soit votre serviteur ; et celui qui veut être premier, qu’il soit l’esclave de tous ». Ce n’est pas le pouvoir que l’on a, le rang social que l’on occupe ou les titres que l’on brandit qui donnent la mesure de la grandeur de quelqu’un. Celui qui, dans l’Eglise de Jésus, ambitionne ces choses-là ne devient pas plus grand mais plus insignifiant et ridicule. En réalité, il constitue un obstacle qui empêche de promouvoir le style de vie voulu par le Crucifié. Il lui manque un trait fondamental pour être disciple de Jésus.

Au sein de l’Eglise, nous devons être tous des serviteurs. A l’intérieur de la communauté chrétienne, nous devons nous placer, non pas en haut, dans une position de pouvoir, de supériorité ou de protagonisme intéressé, mais en bas, dans une position de disponibilité, de service et d’aide aux autres. C’est Jésus notre exemple. Lui qui n’a jamais vécu « pour être servi mais pour servir ». C’est là le meilleur et le plus admirable des résumés de ce qu’il a été : SERVIR.

THIS WILL NOT HAPPEN AMONG YOU
José Antonio Pagola. Translator: José Antonio Arroyo

As they walked towards Jerusalem, Jesus had been telling his disciples about the things that were going to happen to him – and to all his followers. He would be jailed and, ultimately, put to death. His disciples, evidently, were not listening, just like many of us today, to what he really meant.

And the proof of this lack of attention is the question that James and John, the sons of Zebedee, asked Jesus. They had managed to get closest to Jesus, and away from the others, and they asked Him something they had been thinking for quite some time: will you “allow us to sit one at your right and the other at your left in your glory?” That’s how they imagined the future kingdom of God would be: How ridiculous! They just want Jesus to make them greater than the rest of the disciples. “Please, we want you to do us this favour.”

Jesus appears surprised, if not angry: “You do not know what you are asking.” Obviously, they had not understood much of he had been telling them in the past. With great patience, he told them to examine themselves and see if they thought they were capable of enduring the sufferings that were going to come upon him. The rest of the disciples, of course, somehow came to know about the two siblings’ ambition, and they became indignant against James and John. They, too, would claim similar aspirations. Their ambitions will now divide the group giving rise to confrontations. The search for honours and vested interests will always disrupt the unity within Christian communities. And so it is with us today. The disciples couldn’t have come up with anything more contrary to Jesus’ preaching in Sermon on the Mount: becoming one with the least and the poorest.

The situation was so serious that Jesus called them to him to make it again as clear as possible what kind of followers he wanted in his kingdom. He made them see how the rulers of the empire lord it over the rest and make their authority felt. This should never happen with you. No one should treat others like slaves. You must become servants of all.

Anyone who wants to follow me to the kingdom, “and anyone who wants to be first among you must be a slave to all.” Greatness is not measured by the power one enjoys or the rank or titles one is given. Whoever wants to be great by becoming a member of Jesus’ church will be judged insignificant on account of it.

Seeking promotion is an obstacle for achieving a lifestyle that the Crucified wants for his followers.

In the Church all of us must be willing to serve others. We must seek a place in our Christian community, starting not from the top, where authority, power and individual interests are sought, but from the bottom, where availability, help and service to others are given. Jesus was our example and teacher: He did not come to be served, but to serve. That was his best and his most admired curriculum of his life: service.

GURE ARTEAN HORRELAKORIK EZ
José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Jerusalemera bidean, ikasleei ohartaraziz doa Jesus, ezen dolorezko zoria izango duela, bai berak, bai berari jarraitzen dion orok. Sinetsezina da bidean lagun dituenak zein oharkabe bizi diren. Gauza bera gertatzen da gaur egun ere.

Santiago eta Joan, Zebedeoren semeak, taldetik apartatu eta Jesusengana doaz, biak bakarrik. Ez dute besteen beharrik. Lekurik hoberenak nahi dituzte eta lehenengo izan Jesusen egitasmoan, berek beren erara irudikatu duten hartan. Haien eskaria ez da erregua, baizik handinahi zoroa: «Eskatzera gatozkizuna eman diezaguzun nahi dugu». Jesusek gainerakoen gain ezar ditzan gura dute.

Jesus harritu egin dela ematen du. «Ez dakizue zer ari zareten eskatzen». Ez diote zipitzik ere ulertu. Patxada handiaz gonbidatu ditu Jesusek pentsatzera, ea gai diren bere doloretako zoria bera partekatzeko. Bi haien ateraldiaz konturatu direnean, biziki haserretu dira beste hamar ikasleak Santiagoren eta Joanen aurka. Berek ere amets bera dute. Handinahi horrek banatu egin ditu eta elkarren kontra jarri. Ohorearen eta probetxuzko protagonismoaren bila ibiltzeak hautsi egiten du beti kristau-elkartearen batasuna. Baita gaur egun ere. Zer hori baino okerragorik, Jesusen eta jendearen askatasunaren zerbitzari izateko hark dakarren egitasmoaren kontra?

Hain larria da gertatua, non Jesusek «bildu egin baititu» garbi uzteko zer jarrera izan behar duten bere jarraitzaileek beti. Ondo baino hobeto dakite nola jokatzen duten erromatarrek, «herrietako buruzagiek» eta lurreko «handikiek»: jendearen tirano izan ohi dira, menderatzaile eta beren boterea sentiarazi behar izaten dute. Hona bada: «zuen artean horrelakorik ez».

Jesusen jarraitzaileen artean dena bestelako izan behar du: «handi izan nahi duena izan bedi zerbitzari, eta lehenengo izan nahi duena izan bedi guztien esklabo». Handitasuna ez da neurtzen duzun boterearen arabera, gizartean duzun mailaren arabera, erakusteko dituzun tituluen arabera. Jesusen Elizan horrelako gauzen bila dabilena ez da handiago bihurtzen, baizik ezdeusago eta barregarriago. Izatez, oztopo da hori guztia Gurutziltzatuak nahi izan duen biziera sustatu nahi denean. Halakoari oinarrizko ezaugarri bat falta zaio Jesusen jarraitzaile izateko.

Elizan guztiok behar dugu izan zerbitzari. Kristau-elkartean kokatu behar dugu geure burua, ez goitik beherantz, nagusitasunetik, boteretik edo probetxuzko protagonismotik begira, baizik behetik, prestasunetik, zerbitzutik eta besteei nola lagunduko bilatzetik begira. Jesus dugu geure eredu. Hura ez zen bizi sekula «zerbitzatua izateko, baizik zerbitzari izateko». Horixe da hura zer izan zen hobekienik eta miresgarrienik adierazten duen laburpena: ZERBITZARI IZAN.

RES D’AIXÒ ENTRE NOSALTRES
José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

Camí de Jerusalem, Jesús va advertint els seus deixebles del destí dolorós que l’espera a ell i als qui segueixin els seus passos. La inconsciència dels que l’acompanyen és increïble. Encara avui continua repetint-se.

Jaume i Joan, els fills del Zebedeu, se separen del grup i ells sols s’acosten a Jesús. No necessiten els altres. Volen tenir els llocs més privilegiats i ser els primers en el projecte de Jesús, tal com ells se l’imaginen. La seva petició no és una súplica sinó una ridícula ambició: «Voldríem que ens concedissis el que et demanarem». Volen que Jesús els posi per sobre dels altres.

Jesús sembla sorprès. «No sabeu què demaneu». No han entès res. Amb gran paciència els convida a preguntar-se si són capaços de compartir el seu destí dolorós. Quan s’assabenten del que passa, els altres deu deixebles s’omplen d’indignació contra Jaume i Joan. Ells també tenen les mateixes aspiracions. L’ambició els divideix i el enfronta. La recerca d’honors i de protagonismes interessats trenquen sempre la comunió de la comunitat cristiana. També avui. Què hi pot haver de més contrari a Jesús i al seu projecte de servir l’alliberament de la gent?

El fet és tan greu que Jesús «els cridà» per deixar clar quina és l’actitud que ha de caracteritzar sempre els seus seguidors. Coneixen àmpliament com actuen els romans, «governants de les nacions» i «els grans personatges» de la terra: tiranitzen la gent, les sotmeten i fan sentir a tots el pes del seu poder. Doncs bé, «entre vosaltres no ha de ser pas així».

Entre els seus seguidors, tot ha de ser diferent: «Qui vulgui ser important, que es faci el vostre servidor, i qui vulgui ser el primer, que es faci l’esclau de tots». La grandesa no es mesura pel poder que es té, el rang que s’ocupa o els títols que es tenen. Qui ambiciona coses com aquestes, a l’Església de Jesús, no es fa més gran sinó més insignificant i ridícul. En realitat, és un destorb per promoure l’estil de vida volgut pel Crucificat. Li falta un tret bàsic per a ser seguidor de Jesús.

A l’Església tots hem de ser servidors. Ens hem de col•locar en la comunitat cristiana, no des de dalt, des de la superioritat, el poder o el protagonisme interessat, sinó des de baix, des de la disponibilitat, el servei i l’ajuda als altres. El nostre exemple és Jesús. No va viure mai «per a ser servit, sinó per a servir». Aquest és el millor i més admirable resum del que va ser ell: SERVIR.

14/10/2009 09:05. Autor: ecleSALia.net ;?>

Es un momento oportuno

Publicado: 13 octubre, 2009 en REFLEXIONES

ES UN MOMENTO OPORTUNO
Manifiesto final de la II Asamblea de Redes Cristianas
REDES CRISTIANAS, 11/10/98,
BILBAO.

ECLESALIA, 13/10/09.- Los grupos que formamos parte de Redes Cristianas, procedentes de todo el estado español, nos hemos encontrado en Bilbao para celebrar nuestra II Asamblea. Encuentro que nos ha permitido saber quiénes somos, conocernos más y poner en común nuestras esperanzas y dificultades. Nos unen valores, sentido de la trascendencia, compromiso y trabajo en ámbitos similares. Una vez más hemos comprobado que las razones que nos impulsan a vivir estos valores en nuestros grupos nos impulsan también a compartirlos con otros grupos. Por eso creemos que es un momento oportuno para comunicar esta Buena Noticia a otros colectivos y comunidades, más allá de nosotros mismos. Porque sabemos que somos muchos más de los que creemos. Y muchos más que los que hoy nos encontramos en Redes.

Es un momento oportuno para las personas, comunidades, movimientos de base. Las instituciones, todas, sufren desde hace tiempo un imparable proceso de erosión en su credibilidad. También nosotros lo sentimos así. No esperamos demasiado de ellas. En cambio ante la soledad o la sensación de vivir en el desierto o en la frontera, y ante los retos del mundo actual, consideramos que es oportuno acompañarnos, crear espacios en los que, por pocos que seamos en cada grupo, podamos explicarnos y nos sintamos formando parte de una comunidad más grande.

Ante la rápida y progresiva secularización de nuestro entorno, es un momento oportuno para impulsar espacios en los que podamos reconocernos como creyentes. Vivimos como un hecho positivo estar en un mundo ya definitivamente laico, que define por sí mismo los criterios éticos, políticos o morales acerca de los grandes interrogantes sobre la vida, el comportamiento humano, la justicia o la paz; que defiende la libertad de conciencia como un bien para todos; que en sus actuaciones no permite ya más injerencias que las que proceden de la razón; en el que no son ya posibles más privilegios a las confesiones religiosas; un mundo en el que las expresiones públicas de la experiencia religiosa personal van quedando progresivamente difuminadas. Por eso, en medio de este saludable anonimato, es necesario promover encuentros para reconocernos y también para establecer un diálogo serio con las otras espiritualidades laicas que surgen desde la ciudad secular.

Ante la difícil situación por la que hoy atraviesa el mundo: crisis económica, paro, deslocalización de empresas, es un momento oportuno para plantear alternativas de justicia y abrir nuevos caminos de solidaridad. La liberación, que está en el núcleo de todas las religiones, es también liberación de las dificultades materiales. Compartimos el criterio del último Foro Social Mundial que proclamaba que esta crisis no deben pagarla los pobres. Vivimos en un mundo gravemente enfermo y herido. Ante tanto sufrimiento es necesario encontrarse para, desde las distintas sensibilidades, establecer puentes entre nosotros y con otros actores sociales con los que compartimos criterios y compromisos.

Es un momento oportuno por el fenómeno creciente de la inmigración. Consideramos la inmigración como una oportunidad y un reto, no como un problema. Se trata de una riqueza, del todo inédita en la historia, que de manera generalizada diferentes sensibilidades ante la trascendencia o diferentes maneras de entender y relacionarse con Dios puedan convivir en un mismo territorio. El diálogo interreligioso no se hará ya desde las jerarquías de las iglesias o en congresos de expertos, sino desde la calle, en el colegio, en la escalera, en el supermercado. En nuestros ambientes haremos lo posible para fomentarlo con naturalidad desde las mismas bases.

En los últimos tiempos hemos empezado a ser conscientes de los nuevos problemas que amenazan a la humanidad: agotamiento de recursos naturales, malversación de la madre naturaleza, la insostenibilidad de nuestro modelo de crecimiento, la opresión que de ello se deriva para los países productores de materias primas, el recurso a la violencia y a la guerra para obtener estos recursos, etc. Estamos al final de una larga ilusión fundada sobre la posibilidad de un crecimiento indefinido que a la vez es necesariamente injusto. Ante esto vemos que es momento oportuno para plantear la necesidad del decrecimiento como única alternativa para salvar el planeta y la vida de las generaciones futuras, y a decidirnos por fin por una mayor austeridad en nuestros hábitos de consumo.

Día a día aparecen en los medios de comunicación vergonzosos actos de violencia de género, desde la violencia doméstica hasta el tráfico de personas para la prostitución. Se trata de un cáncer que corrompe las relaciones humanas en su sentido más noble. Es un momento oportuno para reflexionar sobre la dignidad de toda persona como una maravillosa obra de Dios, sin distinciones de género, condición social o inclinación sexual y, si fuera el caso, denunciar a los agresores y proteger a las víctimas.

Es un momento oportuno para el debate sobre educación y la formación de las conciencias. La agitación que en este momento sufre el sistema educativo en su totalidad, desde la Educación Primaria hasta la Universidad y desde los contenidos hasta la educación en valores, es el reflejo de la importancia que las diferentes fuerzas sociales dan a la educación. Se afirma que estamos en un verdadero cambio de civilización. Ante cambios tan profundos en el sistema productivo, modelo cultural y en las relaciones personales, no queremos que el sistema educativo sea simple reproductor de la actual estructura social, al contrario, debe ser el medio fundamental que facilite el alumbramiento de una sociedad más respetuosa, más igualitaria y más libre.

Es sobre todo un momento oportuno para plantear una necesaria regeneración moral. La crisis actual tiene muchas facetas, pero probablemente su punto de partida es su vertiente ética y cultural. Contra la idea de que no hay alternativa, hay que desarrollar el imaginario social e impulsar las alternativas desde la base. Contra la incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos –tan frecuentemente motivo de escándalo- hay que fomentar los hábitos de la fidelidad y de la congruencia. Contra la obscenidad de la situación actual de violencia e injusticia en el mundo hay que buscar una nueva fundamentación ética de la sociedad. Todo ello significa una enorme exigencia y esfuerzo, pero sin estos componentes es imposible superar la crisis a favor de la liberación de las mayorías e incluso de nosotros mismos. Aquellos que creemos en el sentido trascendente de la persona tenemos mucho que aportar porque históricamente los valores de las religiones, se expresan a través de propuestas y comportamientos de la ética.

Al finalizar esta II Asamblea Redes Cristianas queremos proclamar una vez más que Jesús de Nazaret, su persona y su vida, sigue siendo nuestro primer referente, el principal motor también de nuestras personas y de nuestas vidas. Igual que Él en su momento, hoy nosotros en este momento de crisis queremos estar cercanos a las víctimas, no sólo en teoría o en vagos deseos sino con hechos concretos.

Es un momento especial, un momento oportuno, don de la vida, soplo del espíritu, un regalo que no podemos dejar pasar. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

– – -> Para más información: www.redescristianas.net

13/10/2009 10:04. Autor: ecleSALia.net ;?>

Las Bienaventuranzas duelen

Publicado: 9 octubre, 2009 en ACTUALIDAD

LAS BIENAVENTURANZAS DUELEN
El seguimiento incómodo
THELMA MARTÍNEZ, STJ, thelmastj@yahoo.com.mx
NICARAGUA.

ECLESALIA, 09/11/09.- “Felices los que son perseguidos por causa del Bien porque de ellos es el Reino de los Cielos…”

Mt. 5, 1-12

Y felices los que lloran… y los que son compasivos, y los que no necesitan de grandes cosas para ser felices… Y los que luchan por la paz y la justicia… y los que no hacen la guerra, y los que quieren creerle a la gente porque “son limpios de corazón”…

Felices los que RESISTE porque buscan y creen en el BIEN…

Van a ser perseguidos, procesados, silenciados…

Van a ser aplastados, pero no vencidos.

El bien, la justicia, la verdad, la libertad, tienen un costo: la muerte. No hay otra salida. Aún no sé por qué…

Pero ese fue el precio que pagó Jesús.

Resistió a un sistema opresor, lleno de mentiras. Resistió a una práctica religiosa cargada de hipocresía y de miedo. Resistió a un IMPERIO… Y creyó en la bondad intrínseca de cada ser humano.

Descubrió que Dios era Madre y Padre a la vez… femenino y masculino por igual. Y por eso no hizo distinciones. Tuvo discípulas también…

Fue “un pensador contra la ley”, como dice una canción.

Feliz porque fue libre y liberó. Y eso le costó la muerte.

Ante este Jesús tan difícil, yo me pregunto algunas cosas:

¿Será este el camino que de verdad queremos los cristianos?

¿De verdad creemos en el Reino? ¿Así, con estas consecuencias de revolución?

¿En serio queremos apuntarnos a un discipulado incómodo, que nos cuestione siempre y que nos empuje a decir lo que de verdad pensamos, creemos y sentimos?

¿De verdad queremos llorar con el dolor de la impotencia cuando vemos que el sistema no se mueve ni un ápice a pesar de tantos intentos?

¿Estamos dispuestas a arriesgar la propia vida porque queremos hacerle bien a la gente y a la sociedad a pesar de que los poderosos se encarguen de lo contrario?

¿En serio queremos formar una iglesia “contestataria”, “profética”, “liberadora”, asumiendo que para eso nos tengamos que poner frente a frente y decirnos con toda honestidad y RESPETO lo que no nos gusta y lo que creemos que va en contra del mismo Evangelio? E incluso… ¿arriesgándonos a que nos tilden de “heréticos” porque no pensamos como nos han enseñado a pensar?

No lo sé…

El Reino cuesta la misma vida… y todas las muertes juntas.

La de Jesús y la de sus verdaderos discípulos y discípulas.

Y tal vez mi tentación hoy sea la peor de todas: preguntarme para qué tanto esfuerzo…

Preguntármelo cuando veo que mi país se parte en dos y que los pobres son los más usados y los más engañados… Los pobres sólo servimos para que hagan discurso de nosotros, para que nos tengan lástima y para que nos manipulen y engañen con entregas de terrenos de miseria para que construyamos nuestras casas de cartón. Se burlan de nosotros y se les olvida que también somos GENTE. Y lo peor de todo… es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que los poderosos nos están usando para existir. Y así, a lo largo de la historia, nadie ha podido “vencer” el “fenómeno de la pobreza”.

Me pregunto si “otro mundo es posible” cuando veo que la libertad de expresión no sólo es perseguida por el gobierno, sino también por la misma Iglesia oficial cuando alguien “se pasa del límite” de lo permitido para opinar… o disentir.

Me pregunto si el Reino es de los compasivos y los pacíficos cuando los países del primer mundo invierten cada vez más en armamento y lujos incomprensibles para los que vivimos cada día con lo mínimo. Cuando siento que me hierve la sangre ante tanta mentira y corrupción de los que están en el poder en mi país y en todos los demás países del mundo… ellos están felices, y mi gente sigue buscando comida, trabajo , vivienda, salud y educación… pero “no hay presupuesto” para estos “gastos”.

Me pregunto si el Reino es de los pacientes cuando de verdad a veces no sé cómo aguantarme las ganas de gritar: BASTA! Ante tanta desigualdad, miedo, injusticia, opresión, complejos, manipulación, luchas de poder, egoísmo, envidias y falta de libertad.

Tengo que preguntarme estas cosas porque las bienaventuranzas hoy me duelen… Me duelen porque a pesar de cuestionármelas las quiero para mi… y para el mundo.

Porque le creo a Jesús me duele su mensaje liberador.

Porque creo en el bien y en el Reino me duele el discipulado.

Y porque aún no comprendo por qué el precio tiene que ser la muerte.

En el fondo… lo que no entiendo es que el mundo no quiera el BIEN. No entiendo por qué le tememos a la libertad, a la justicia, a la Verdad, a la paz y al respeto mutuo.

No sé por qué Jesús dice que son Bienaventurados los “perseguidos”… es que no entiendo por qué tienen que perseguir a alguien que quiera la justicia…

A no ser que…

El SISTEMA que hemos creado a lo largo de la historia sea todo lo contrario a lo que Dios siempre ha querido.

Y romper con este sistema… Sólo lo pueden lograr los valientes… o los locos… o los creyentes comprometidos que estén dispuestos a dar la vida por este Reino diferente.

Entonces… la pregunta me la hago más en silencio y en verdad, sólo para mí misma: ¿esta es la vida que quiero asumir? ¿De verdad quiero yo alistarme en esta fila en contra del sistema frente al cual Jesús mismo luchó?

Puedo elegir no seguir. Y unirme a la masa. Ser alguien más del montón y pasar la vida “medianamente feliz”. Acomodada y ciega para que la realidad que vea no me “afecte” ni me comprometa con el deseo de un cambio.

Pero si elijo un “sí quiero”, y me voy detrás de este hombre libre que se llama Jesús… tengo que saber que la vida no será nada fácil y que al final me quedaré bastante sola gritando en la lontananza mis gritos de BASTA ante todo lo contrario a la bondad, la verdad, el amor, la libertad y la justicia.

A no ser que…

En este seguimiento también me encuentre con algunos locos que, al igual que yo, le crean a Jesús: “Felices los que son perseguidos por causa del Bien porque de ellos es el Reino de los Cielos…”

Si los encuentro… seré más “medianamente feliz”, seré profundamente “BIENAVENTURADA” porque en este seguimiento encontré hermanas/os, amigos, pueblo… identidad y pertenencia. Gente de a pie que también apuesta por el Reino que no está en “los cielos”, sino que lo podemos construir ya, hoy, como una pequeña levadura, en la masa de esta tierra.

Tal vez, por esta posibilidad que de cierta forma puedo percibir incipiente, tímida, frágil y sólida a la vez, renuncio a la tentación de renunciar y me alisto en las filas del seguimiento incómodo, incomprensible y, verdaderamente, BIENAVENTURADO… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

09/11/2009 10:08. Autor: ecleSALia.net ;?>