¡VAMOS, PONTE EN CAMINO!
Magníficat para el siglo XXI
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS pazsantos@wanadoo.es 
MADRID.

ECLESALIA, 21/12/10.- ¡Vamos, ponte en camino! No dejes que pereza, complejo, desilusión y tantas otras trabas que paralizan y acongojan inmovilicen tus pies y ralenticen tu corazón. Déjate sorprender por Dios y acompaña a María a toda prisa en su oración de alabanza, con las palabras del Magnificat para el siglo XXI*:

Proclama mi alma la grandeza del Señor
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,
mi Padre, mi Todo.
porque ha mirado la humildad y obediencia
de su hija, su criatura.

Desde que acepté su palabra,
me felicitan todas las generaciones
– antiguas y venideras-
porque he dejado que Él, que todo lo puede,
haga obras grandes a través de mí;
su nombre es santo
y su misericordia llega a los que le son fieles
y, a través de ellos, a los que no le conocen,
así, día tras día,
de generación en generación,
su amor se expande de corazón en corazón.

El Señor es fuerte:
confunde y desconcierta a los engreídos,
deja caer a los que ostentan el poder,
sostiene y pone como ejemplo a los humildes,
a los que tienen hambre de pan y amor los sacia
y a los que acaparan y no comparten
los despide vacíos.

Auxilia al mundo, su hijo pródigo,
porque no olvida la promesa de misericordia
hecha a Abraham, a los Apóstoles 
y a las mujeres y hombres creyentes
de todos los tiempos.

Si llegaste hasta el final en la lectura de este Magníficat para el siglo XXI, no olvides leer, como en tantos Advientos, lo que el evangelista Lucas (1, 39-56) nos transmite del camino de María y el encuentro con su prima Isabel. Y si aún quieres abundar más en este peregrinar por los siglos, retrocede al Antiguo Testamento y pon atención a las palabras del Cántico de Ana (I Samuel 2,  1-10).

Como podrás ver, tradición y signos de los tiempos van avanzando juntos en la custodia y en la expansión del Mensaje en un lenguaje que sea inteligible para los hombres y las mujeres de cada etapa de la historia de la salvación.

He releído las palabras del discurso del Papa Juan XIII en la inauguración del Concilio Vaticano II: “Nuestra tarea no es únicamente guardar este tesoro precioso, como si nos preocupáramos tan sólo de la antigüedad, sino también dedicarnos con voluntad diligente, sin temor, a estudiar lo que exige nuestra época (…). Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga según las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el depósito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado” (Concilio Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones, BAC, Madrid 1993, pp. 1094-1095).

A nuestros pastores de la Iglesia y teólogos no se les ahorra ni un minuto de trabajo después de leer lo que dice Juan XXIII, pero a los demás tampoco. Todos estamos llamados a ponernos en oración y dejarnos empapar por lo que el Espíritu de Dios dice cada día a quien se pone a su alcance.

Adviento es tiempo de espera, de escucha y de ponernos en camino a toda prisa para alcanzar a Quién ya nos alcanzó. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

*Tomado de “¿Qué quiere Dios que yo quiera?” Mari Paz López Santos (www.pazsantos.com)