Proconcil está trabajando en red esta propuesta
MINISTERIO PRESBITERAL COMUNITARIO
Propuesta del obispo Fritz Lobinger en “Equipos de ministros ordenados” y “El altar vacío” de la editorial Herder
EMILIA ROBLES BOHÓRQUEZ, Proconcil, proconcil@proconcil.org
MADRID.

ECLESALIA, 21/03/11.- Se trata de dos libros que serán publicados en el mes de abril, en castellano por la Editorial Herder (España). El autor es Fritz Lobinger, obispo católico de origen alemán, incardinado más de 50 años en Africa del Sur. Los títulos de los libros son “Equipos de ministros ordenados” y “El altar vacío”. Este último es un novedoso libro ilustrado que acompaña al primero (aunque pueden ser adquiridos de forma independiente) útil para el trabajo en comunidades, parroquias y grupos eclesiales. El formato de dibujos acompañados de texto puede acompañar la reflexión.

La propuesta de Lobinger en ambos libros es clara. Ante la gran cantidad de comunidades en el mundo que están viviendo con dificultades la celebración de la Eucaristía por falta de ministros ordenados; y ante la pasividad de muchas de ellas, que no llegan a tomar conciencia de ser Iglesia y dependen en exclusiva de un cura “proveedor de servicios”, convendría -según el autor- volver a la experiencia paulina (adaptada a nuestras sociedades). Si en los primeros comienzos de la Iglesia se percibía la efusión de los dones y carismas del Espíritu, que cristalizaban en diversos ministerios ordenados en las comunidades, retomemos esa experiencia -sugiere Lobinger- de un ministerio presbiteral que emerge de las propias comunidades, adaptándola a nuestros contextos eclesiales y sociales.

El autor , buen conocedor de las experiencias y las dificultades de otras iglesias cristianas, no católicas romanas, insiste en la necesidad de combinar ,en nuestra Iglesia, dos tipos de presbíteros, con dos estilos de formación y de compromiso diferenciados. Siempre aprovechando la experiencia, formación y disponibilidad de los actuales curas. Estos dos tipos de presbíteros trabajarían de manera combinada; y los sacerdotes actuales seguirían prestando un gran servicio específico a la Iglesia, relacionado con la formación y la coordinación vinculada al obispo. La propuesta no pretende tener un alcance inmediatamente universal, sino que ofrece ir desde procesos locales, -consensuados, que mantengan la cohesión eclesial- a una propuesta más global.

El centro de esta propuesta es el servicio a la Eucaristía y la maduración de las propias comunidades. La vocación no es considerada como algo intimista y ajeno a la vida de las comunidades. Sólo se propone desarrollar esta alternativa en comunidades sólidas, con una trayectoria probada; y donde exista, desde hace tiempo, existencia de líderes, de reconocido compromiso desinteresado, con un actitud de servicio y capaces de trabajar en equipo. Ordenar equipos daría más garantías -para el autor- que ordenar individuos aislados. El primer paso, en una trayectoria a seguir, no es solicitar la ordenación de presbíteros locales, sino ayudar a las comunidades a ser activas y a reconocer los propios carismas.

El autor insiste en la necesidad de que los sacerdotes actuales, célibes y formados largamente en seminarios, encuentren el sentido de su vocación al presbiterado distinta de la de los nuevos ministros ordenados, (que tendrían una vida similar al resto de la comunidad, no harían la promesa celibataria y prestarían sus servicios gratuitos a tiempo parcial); y que asuman directamente el papel de formadores, en vez de el de proveedor de todos los servicios, que ahora, con frecuencia, muchos de ellos desempeñan, en la mayoría de ocasiones muy a su pesar. Este reparto de tareas mejoraría las posibilidades de formación continua y diferenciada de unos y de otros; y también la profundización de los sacerdotes célibes en una espiritualidad de los consejos evangélicos.

Caminar en esta propuesta, con un compromiso eclesial, exige una visión de proceso. “Sin prisas y sin pausas”, hay que mantener una actitud dialogal y de colaboración, tomando notas de las dificultades que van surgiendo y fortaleciendo aspectos claves de la vida comunitaria y diocesana, así como del diálogo con Roma. Sin olvidar que nos urge la vida eucarística de las comunidades y la fidelidad a la llamada evangélica de cada cristiano/a a la misión.

Ambos libros van apoyados -cada uno- con una contribución teológica importante, al servicio de las intuiciones del autor. El primero lleva la coautoría de Antonio José de Almeida, reconocido teólogo brasileño de la diócesis de Apuracana y una introducción de D. Demetrio Valentini, obispo de Jales (Sao Paulo). “El altar vacío” lleva una introducción teológica a cargo de Juan Antonio Estrada, s,j, eminente y conocido profesor de la Universidad de Granada (España).

Proconcil ha asumido un compromiso con este proyecto y con el autor. Se trata de dar a conocer los libros y de trabajar en red sobre su contenido, facilitando el desarrollo de habilidades de comunicación y mediación, que ayuden a un desarrollo conciliar de la propuesta, propiciando un clima de diálogo y colaboración eclesial y un sentido de proceso. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Para más información: entrevista de Emilia Robles a Fritz Lobinger en el número 2.742 de Vida Nueva.