¿POR QUÉ NO ASISTO A LAS CELEBRACIONES DEL JUEVES SANTO?
HUGO CÁCERES GUINET, hcaceresguinet@gmail.com
LIMA (PERÚ).

ECLESALIA, 02/04/12.- Hace años que dejé de asistir a la liturgia del Jueves Santo; ya que soy un católico practicante quiero dar mi explicación por qué me dispenso una vez al año:

– No hay otro día del calendario litúrgico en que se acumulen mayor cantidad de errores teológicos en la predicación: “Hoy celebramos el día del sacerdocio”; “un día como hoy conmemoramos la instauración de la Eucaristía”. Jesús nunca estableció un modelo de ministerio eclesial sino que nos invitó a todos los cristianos a ser discípulos, condición que asumimos con nuestro bautismo y nos esforzamos por vivir cada uno desde su propio estado de vida. Todos los ministerios fueron creados por la tradición y las necesidades pastorales -tengo excelentes amigos ministros de la iglesia y aprecio mucho su labor- pero no creo en una clase selecta que remonta su existencia a la propia voluntad de Jesús. Los sacramentos corren igual suerte, excepto el bautismo -que fue una práctica tomada del judaísmo- y que Jesús y los apóstoles practicaron. Lo que se recuerda en el Jueves Santo es que Jesús festejó la pascua con sus discípulos y que los primeros discípulos, por ser judíos, continuaron celebrándo con un enfoque nuevo: la muerte de Jesús es el inicio de nuestra liberación.

– Los símbolos son incorrectamente interpretados. Un sacerdote u obispo lavando los pies a doce varones, en algunos casos también sacerdotes, no representan ni la unidad ni la diversidad de la Iglesia ni la enseñanza sobre el servicio fraterno o sororal. Es un símbolo que únicamente enfatiza la imagen de una iglesia excluyente y selectiva. Hacer memoria del Salvador por medio de este texto “Sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena…se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla…” (Jn 13,1-4) y continuarlo con una demostración de control y poder, es en el mejor caso, un sinsentido y en el peor, incapacidad de leer e interpretar símbolos. Se ha convertido la mejor enseñanza del Maestro respecto de renuncia al poder, (el lavado de pies, una tarea de mujeres y esclavos) en expresión de autoridad de un selecto club masculino. Somos invitados a celebrar el final del patriarcado: “Les aseguro que el esclavo no es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Si lo saben y lo cumplen, serán dichosos” (Jn 13,16-17).

– Unir la celebración del Jueves Santo: lavado de pies y la cena del Señor más un acto de devoción eucarística es un exceso y una desproporción litúrgicos en que no quedan claramente establecidos la jerarquía de significados. Como decimos en el Perú, es mezclar papas con camotes y es embotar la mente y el corazón de los creyentes.

El próximo jueves seguiré celebrando la muerte del patriarcado que nos enseñó Jesús, por medio del lavado de pies y de la cena entre hermanos, quedándome en casa leyendo el evangelio de Juan y escuchando la sublime Pasión según san Juan de Bach, mientras en los templos se seguirán repitiendo actos que solamente fortalecen el modelo de poder y control eclesial. A la espera de descubrir una parroquia en que nos lavemos mutuamente los pies hombres, mujeres y niños y se celebre la kenosis de Jesús bebiendo de la copa del discipulado, permaneceré en casa. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).