El Espíritu testifica en favor de los gentiles

Publicado: 5 junio, 2012 en ACTUALIDAD

EL ESPÍRITU TESTIFICA EN FAVOR DE LOS GENTILES
‘Dios proveyó a elegir de los paganos un pueblo que llevase su nombre’ (Hch 15,14)
GONZALO HAYA, gonzalohaya@telefonica.net
MADRID.

ECLESALIA, 05/06/12.- Las primeras comunidades cristianas se encontraron ante un grave problema. La fe en Jesús se difundía más entre los gentiles que entre los judíos; pero la ley de Moisés –revelada por Dios con carácter permanente, y de la que se sentían herederos los apóstoles- exigía la circuncisión y el cumplimiento de sus preceptos. La Iglesia madre de Jerusalén se oponía a conceder el bautismo a los gentiles conversos si no aceptaban la circuncisión y la ley.

Pablo, como experto fariseo, justifica la exención de la circuncisión y de la ley interpretando que la verdadera circuncisión es la circuncisión del corazón. Lucas es historiador y lo justifica con la narración de unos hechos. La argumentación histórica de Lucas se basa en que es el Espíritu Santo el que ha dirigido la formación y evolución del pueblo de Dios, ya desde los profetas, pero muy especialmente desde la llegada del Mesías; ahora el Espíritu Santo da testimonio en favor del centurión Cornelio manifestándose igual que lo hizo en Pentecostés en favor de los apóstoles.

Tanto los hechos que narra Lucas como las interpretaciones de Pablo son discutibles. No fueron estos hechos ni estas interpretaciones las que iniciaron la aceptación de los incircuncisos; fueron más bien las que justificaron a posteriori su admisión.

Lucas presenta la intervención del Espíritu en torno a tres acontecimientos –o más bien, en torno a la interpretación de tres situaciones– que podemos denominar como las tres Pentecostés: la venida del Espíritu sobre Jesús en el Jordán, la venida sobre los discípulos el día de Pentecostés, y la venida sobre Cornelio.

Hechos narra la venida del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego en el día de Pentecostés. ¿Es histórico este suceso? Ningún otro escritor del Nuevo Testamento alude a esta escena, tan fundamental para el inicio de la Iglesia. Jesús había prometido la asistencia –el envío– del Espíritu Santo; pero Juan sólo menciona un discreto soplo con el que el resucitado comunica su Espíritu a los discípulos.

Los comentaristas se inclinan por considerar Pentecostés como una escenificación sintética y plástica –al estilo de las teofanías bíblicas– del impulso del Espíritu experimentado por las primeras comunidades cristianas. Lucas, con un recurso literario, sitúa esta escena en Jerusalén porque quiere presentar la ciudad santa como el centro de irradiación del nuevo pueblo mesiánico: en el templo de Jerusalén fue presentado Jesús niño, en Jerusalén murió y –según Lucas- fue exaltado a los cielos, y de Jerusalén parte la evangelización con el impulso del Espíritu Santo. Y lo data en el día de Pentecostés, coincidiendo con la fiesta de la promulgación de la ley, quizás para indicar que la Ley era sustituida por el impulso del Espíritu.

¿Es histórico el acontecimiento de la venida del Espíritu sobre Cornelio? La intervención del Espíritu Santo no puede ser certificada por el historiador, solamente sus manifestaciones externas –como la glosolalia– y éstas evidentemente son interpretables. Lo que hemos llamado la Pentecostés de Cornelio es el punto central de todo el libro junto con la decisión del concilio de Jerusalén: “Es decisión del Espíritu Santo y nuestra no imponeros más cargas que las indispensables”.

¿Qué relación tiene todo esto con la situación actual de la Iglesia? Dicen los sociólogos y los teólogos que no estamos en una “época de cambios sino en un cambio de época”; dicen que estamos en una “era axial” como fue en la antigüedad el surgir de las grandes religiones. Un tercio de los sacerdotes católicos de Austria se niega a cumplir las normas de Roma, confirmadas por sus propios obispos; dos tercios de la población apoya a estos sacerdotes. Y la situación no es muy diferente en otros países de Europa. Las iglesias se vacían mientras que los jóvenes se apuntan a las ONGs.

La exégesis bíblica ha puesto en cuestión conclusiones teológicas tradicionales. Crece entre los teólogos católicos la teología del pluralismo religioso. Repugna a la sensibilidad actual la idea de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Saltan a la vista los ejemplos heroicos de creyentes de otras religiones, de agnósticos y de ateos, al igual que de cristianos. Saltan también a la vista los malos ejemplos de cristianos de misa diaria que –también igual que otros no creyentes– explotan o abusan de los débiles.

Creo que la situación actual de la Iglesia se asemeja a la que describe el libro de los Hechos. Los judeocristianos no podían considerar como pueblo de Dios a los paganos que rechazaban la circuncisión y la ley, el compromiso de la Alianza establecido por Jahvé. A los cristianos de hoy nos resulta difícil admitir como pueblo de Dios a quienes no reciben el bautismo, ni aceptan a la Iglesia como única transmisora de la salvación.

Todo esto son situaciones actuales –signos de los tiempos– que debemos interpretar teológicamente; y algunos teólogos, igual que hizo Pablo en sus cartas, tratan de interpretarlas, con nuestra sensibilidad ética actual, a la luz de las Escrituras. Algunas comunidades cristianas se plantean si estamos pasando –al menos en nuestra cultura occidental– de la era de las religiones a la era de la espiritualidad. Las religiones se caracterizan fundamentalmente por sus creencias, preceptos y ritos; la conciencia actual –al menos en el mundo occidental– cuestiona esas creencias, encuentra dentro de sí misma las exigencias de la justicia y del amor, y busca en comunidades cercanas sus propios rituales.

Creo por tanto que la situación actual de la Iglesia –al menos en nuestra cultura occidental– se asemeja a la situación de las primeras comunidades cristianas y quizás tenga sentido volver a la discreción de espíritus que presentó Lucas. Esta discreción de espíritus, como apunto en el último capítulo de mi libro “Impulsados por el Espíritu”, se basaría en tres pasos: percibir la acción del Espíritu en las situaciones que viven las comunidades, interpretarlas a la luz de las Escrituras, y finalmente llegar a un consenso de toda la comunidad.

Analicemos la situación actual. Algunas comunidades cristianas perciben la acción del Espíritu no sólo en individuos de otras religiones, o incluso ateos, sino en las mismas religiones o filosofías que ellos siguen. Muchos teólogos interpretan estas situaciones a la luz de las Escrituras. Algunos discrepan, pero entonces también se resistían algunos de los más autorizados como Santiago, representante de la comunidad madre de Jerusalén.

Falta actualmente el consenso de la comunidad universal. Hubo un principio de aproximación en el Vaticano II; luego ha habido un notable retroceso. Tampoco el consenso del concilio de Jerusalén es un hecho tan claro, puesto que Pablo, en su defensa, no apeló a esa declaración tan explícita que presenta Lucas. Más bien pudo tratarse de un consenso que se fue produciendo paulatina y parcialmente, y que fue escenificado por Lucas en Jerusalén, lo mismo que escenificó el día de Pentecostés. Lucas lo tuvo fácil porque escribió cuando la situación estaba casi resuelta. Para Pablo no fue tan fácil; tuvo que defender a sus comunidades, discutir con muchos judaizantes, y llegó a reprochar al mismo Pedro su conducta inconsecuente.

Nosotros tampoco lo tenemos fácil. Si vemos que el Reino de Dios está en la espiritualidad y en el amor fraterno (parábola del juicio final) tendremos que seguir el impulso del Espíritu que guía por nuevos caminos al pueblo de Dios. No se trata de renunciar a la religión –nadie cuestionó a los judeocristianos- sino de no imponer determinadas normas religiosas, y de reconocer que todo hombre de buena voluntad es conciudadano del Reino de Dios. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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