EDUCAR PARA LA PAZ
PATRICIA PAZ, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA). 

ECLESALIA, 29/06/12.- Siguiendo con mi reflexión sobre los peligros de la oración, donde comenzaba con la invitación de orar por la paz (ECLESALIA, 05/07/12), me encuentro pensando en cosas que a pesar de ser obviedades a lo mejor sirvan para pensar. Me refiero a la educación para la paz.

Desgraciadamente hasta ahora creo que lo mejor que hemos logrado es la tolerancia, nos falta mucho para la aceptación y la acogida del extranjero, sobre todo si su color de piel, su religión y su cultura lo hacen muy diferente a nosotros, los “dueños de casa”.

Pero más allá del tema multicultural, creo que lo que nos hace falta es una educación que ponga en contacto a los niños no solamente con las distintas culturas, sino con las distintas ideologías, religiones, situaciones familiares, etc… Educar para poder tener un pensamiento crítico, para que nos preguntemos acerca de nuestras ideas sobre el mundo y las enriquezcamos con las ideas de otras personas que tienen una visión diferente.

Dejar de ver al que piensa distinto como una amenaza, para verlo como una oportunidad para crecer, para ensanchar nuestra mirada y de paso nuestro corazón. Mirarme a los ojos con el que puedo considerar un adversario, para conocerlo y poder comprender el porqué de las diferencias, y entonces no considerarlo un enemigo. Aprender que nadie tiene la verdad, que ésta se compone de un montón de verdades, a veces opuestas. Y eso es lo maravilloso, darme cuenta que el diferente es quién me ayuda a crecer, a ampliar mis horizontes.

Comprender también que un problema se puede resolver correctamente con respuestas totalmente diferentes. Que el relativismo no es, necesariamente,  pensar que todo vale lo mismo, si no aceptar que mi verdad es relativa, como también lo es la del otro y que el ejercicio de escucharnos puede hacer que salgamos fortalecidos y enriquecidos. Y que de paso aprendamos algo y nos animemos a pensar por nosotros mismos.

Dejar de lado el deseo de adoctrinar y de domesticar para asumir el riesgo de conducir a las personas a descubrir su propia verdad. Ayudar a sacar lo mejor de cada persona, ser parteros que animen a dar a luz lo que ya está allí esperando nacer. Y acá está el riesgo de la verdadera educación, porque la verdad que ayudamos a descubrir puede ser diferente de la nuestra.

Y como tenemos miedo entonces adoctrinamos. Y nos encerramos en ghetos ideológicos, culturales, religiosos, políticos y demás. Y en esos ghetos germina la violencia, y terminamos suprimiendo al diferente. Y si no preguntémosle a Jesús por qué lo crucificaron. A veces pienso que después de 2000 años no hemos aprendido  demasiado, ni siquiera los que nos decimos cristianos.

Cuando yo iba al colegio, hacíamos el ejercicio del debate. Se nos daba un tema y nos tocaba hablar a favor o en contra, independientemente de lo que pensáramos acerca de él. Recuerdo que me tocó defender el tema de la eutanasia y eso me obligó a investigar y a pensar sobre algo que yo no compartía. Sigo no estando de acuerdo con la eutanasia, pero en ése ejercicio comprendí que hay posiciones absolutamente honestas y respetables a favor y en contra. Y que generalmente la respuesta no es ni blanco ni negro. Lo mismo podríamos decir de muchos temas que hoy están en discusión y que los niños y los jóvenes deberían discutir sanamente y sin sentirse amenazados con los argumentos honestos de quien sostiene una postura diferente. Desgraciadamente en las discusiones hoy raramente se escuchan argumentos honestos, sino descalificaciones, ataques, y todo lo que pueda destruir al que no piensa como nosotros.

En el caso de la Argentina, sueño con ver en las escuelas a los jóvenes de signos políticos diferentes, hoy enfrentados en discusiones irreconciliables, trabajando en proyectos juntos para encontrar respuestas que los obliguen a pensar con el otro y no contra el otro. Y lo mismo los adultos, juntarnos para buscar soluciones a nuestros problemas desde el diálogo sincero, entre todos. ¿Nos animaremos a abrir la cabeza y el corazón y con nuestro ejemplo educar para la paz? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).