La interioridad

Publicado: 31 julio, 2012 en REFLEXIONES
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LA INTERIORIDAD
JAUME PATUEL i PUIG, jpatuel@copc.es
MATARÓ (BARCELONA).

ECLESALIA, 31/07/12.- La interioridad más que definirla como un concepto, es una vivencia. Se experimenta y en tanto que se hace experiencia, se aprende a reconocer. Por contra si tan solo se intelectualiza o nos quedamos con su noción, entonces acaba reduciéndose a una cuestión puramente teórica. Es curioso notar que cuando queremos explicar qué es la interioridad, nuestra mano se va espontáneamente hacia el corazón, hacia los pulmones, hacia dentro del cuerpo. Lo que hay en nuestro interior corporal. En otras ocasiones también se ponen en juego las dos manos. La interioridad es algo que se quiere abarcar, que se quiere expresar o señalar dónde está, pero resulta que en el fondo la explicación funciona al revés; la interioridad nos tiene a nosotros. Nosotros estamos en ella. Nos engloba. Nos globaliza.

Por eso, la interioridad nos posee y por tanto no se encuentra en las coordenadas espacio y tiempo. Está más allá de ellas. La localización en el espacio y el tiempo tal como la entendemos es un constructo de nuestra mente. Lo precisamos para movernos aquí; es nuestro mapa. Pero no es nuestro territorio. Es decir, la interioridad no es espacio ni es tiempo. Sencillamente, Es. Es un vivir silenciosamente nuestra cualidad humana más profunda. Nuestro envoltorio que nos hace sentir Uno con Todo. Los ojos abiertos en plena Naturaleza en un día de sol resplandeciente, o ante la inmensidad de las aguas del mar. Es altura y hondura y para llegar a ella, hay muchos caminos. Ningún camino es exclusivo pues vivimos nuestra interioridad y somos conscientes de ella, mientras respiramos el aire que mantiene vivo nuestro cuerpo. Aire que cuanto más sano sea mejor, ya que más saludable será nuestra interioridad. Es más, la interioridad no termina con la muerte, al contrario, se expande. Cuando dejemos de respirar estaremos en ella siempre. Identificados. Una sola y única Consciencia de Totalidad.

Empiezo mi artículo reflexivo directamente así porque vamos a entrar en lo que para algunos son las vacaciones, tiempo de reposar, de descanso. Para otros, serán meses de duro trabajo. Y para otros, desgraciadamente, tiempo de regresar o retornar a su patria natal debido a esta crisis, que por la Ignorancia (en mayúscula) de algunos, se centra o manifiesta solamente en lo económico. No es una visión reductora, sino reduccionista. Es cierto, pero no lo es todo. La cuestión económica-financiera es tan sólo una parte. El checo Tomás Sedlacek, de treinta y cinco años, ha escrito un libroEconomics of Good and Evil: The Quest for Economic Meaning from Gilgamesh to Wall Street, que me lo ha recomendado un amigo mío. El pensamiento que expresa y defiende Sedlacek en su libro consiste en que la economía es como un iceberg del cual sólo vemos una pequeña parte. El resto oculto bajo el mar, está constituido nada menos que por criterios teológicos, filosóficos, sociológicos, politicológicos y otros. Lo muestra a través de muchas citas de la Biblia, de San Agustín, Santo Tomás y muchos otros. El autor es catedrático de economía, asesor de varios gobiernos y además, un conferenciante muy solicitado en Davos. Da mucho que pensar y confirma lo que tantas veces se viene diciendo, pero no se escucha, puesto que siempre resulta un predicar en el desierto cuando nos referimos a la crisis que no toca el bolsillo.

Sin embargo, hablamos de una crisis que en el fondo es el indicador de un cambio de Consciencia en el Planeta. Un indicador de que nuestro hábitat peligra. Se hace necesario un cambio en nuestro cuerpo, en nuestra casa que ha sido descuidada o mal alimentada. Una transformación en nuestra psique, intoxicada por escalas negativas de contravalores. Nuestro mundo interno se ha de transformar para poder ser conscientes de nuestro calado y altura de miras.

Ciertamente no todo el mundo lo ve así en el ámbito intelectual occidental. Una de las tendencias actuales para negar o dificultar la comprensión profunda de la realidad es el cerebrocentrismo. El cerebro tomado como mito e ideología, donde todo se genera y todo se explica. Parece que todo esté causado allí. Un reduccionismo además de brutal, de total Ignorancia (con mayúscula). Es como si existiese el pensamiento mágico de que al indagar en todos los entretejes de un Smartphone o de un televisor, todos sus engranajes, cuando más los analicemos, más sabremos quién habla y sobre todo de qué habla y qué piensa. Cuando en realidad, el aparato televisivo y el móvil con sus aplicaciones sofisticadas no son más que “sintonizadores”, que únicamente permiten conectar con diferentes longitudes de ondas, pero éstas no están en el aparato ni tampoco éste las genera. Es decir, son herramientas que permiten ampliar nuestra consciencia, pero no generan ni la consciencia ni el yo. Obviamente que precisamos de este medio, pero el medio no es la causa. Además el televisor no funciona sino tiene energía. El cerebro no funciona sino tiene vida bioquímicamotivante, con un buen andamiaje cultural, pero aunque con ello estemos hablando de un nivel imprescindible, básico y necesario, de nuevo, este nivel no lo es todo, sólo forma parte del Todo. Las teorías o los conceptos, productos de nuestro cerebro pensante, no pueden abarcar lo que no es éste último. Solo tienen una mirada reductora. No pueden dar más. Un cerebro no es el cerebro de la Humanidad. La mirada miope de un cerebro no permite vislumbrar lo alto y lo profundo de nuestro ser.

Esa interioridad que nos engloba y nos envuelve, estamos en ella y somos ella. Se vive en y por el silencio de lo exterior e interior. Pero un silencio que no es simplemente callar, sino auscultar qué emerge de esa interioridad. Como el televisor que debe funcionar si queremos saber algo, o el móvil que debe tener un tú si queremos hablar, son sólo canales, medios. No finalidades. Así también el silencio es tan solo un medio, el canal para conectar con nuestra interioridad.

Y esta realidad interior no es un concepto ni un mapa, es el territorio. En el mundo occidental parece que si no hay conceptos, no hay pensamiento y por tanto, tampoco hay vida. Pero en el mundo oriental primero es vivir con sabiduría y luego ya vendrá el pensamiento técnico. Ambas visiones hay que aprender a conjugarlas. Son los dos pulmones. No en vano nuestro gran pensador francés Blaise Pascal distinguió entre “esprit de finesse” y “esprit géometrique” en contra de su amigo Renée Descartes, pero por ser mal interpretado este último hemos llegado a donde estamos: un pensamiento escindido o una forma de pensar esquizofrénica. Un pensar divorciado de la realidad o que va en paralelo a ella, formando otra vida que existe solo en la imaginación. Y así esta actitud intelectual nos ha llevado a esta crisis de axiología donde el pensamiento tiene como soporte el egoísmo, la individualidad, intereses concretos. Una axiología primaria. Es decir un mundo autista donde los otros no caben.

Por último señalar que todos los seres que intentan vivir esta interioridad no están exentos de limitaciones, de defectos. No hay ninguna excepción, ni el mismo judío de Nazaret, Jesús. Pero cito a otro, y concluyo mi reflexión veraniega, pensador profundo, Mahatma Gandhi:

Factores que destruyen al ser humano:

. La Política sin principios.

. El Placer sin compromiso.

. La Riqueza sin trabajo.

. La Sabiduría sin carácter.

. Los Negocios sin moral.

. La Ciencia sin humanidad.

. La Oración sin caridad.

La vida me ha enseñado

. Que la gente es amable, si yo soy amable.

. Que las personas están tristes, si yo estoy triste.

. Que todos me quieren, si yo les quiero.

. Que todos son malos, si yo los odio.

. Que hay caras sonrientes, si les sonrío.

. Que hay caras amargas, si estoy amargado.

. Que el mundo está feliz, si yo soy feliz.

. Que la gente es enojadiza, si yo soy enojadizo.

. Que las personas son agradecidas, si yo soy agradecido.

. Que la actitud que tome ante la vida, será la misma que la vida tomará ante mí.

. Que si sonrío, el espejo me devuelve la sonrisa.

. Que para ser amado, no tengo sino que amar.

Y no olvidemos que Jesús, el nazareno, que revolucionó el mundo con su movimiento social de valores llevado a cabo por sus seguidores, recordó siempre: No tengáis miedo. Reacción primaria muy humana a superar, pero no anular. Como también expresó: Quien quiere salvar su alma, la perderá. O si el grano no muere…

BUEN VERANO.

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