El décimo mandamiento

Publicado: 21 septiembre, 2012 en DENUNCIA / ANUNCIO
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EL DÉCIMO MANDAMIENTO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@euskalnet.net
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 21/09/12.- Manu Zabala, persona recta donde las haya y apasionada de la defensa de los derechos de los Pueblos, me enseña un libro de moralina publicado en 1938 en el que se hacía un repaso a los diez mandamientos pero en el que solo se comentan los nueve primeros, y me da su explicación: sería porque en aquella ebullición de la dictadura del expolio generalizado, cualquiera se ponía a pontificar sobre la codicia de los bienes ajenos. Afortunadamente, ha pasado el tiempo de las coacciones generalizadas habiendo recuperado la libertad que aquél nacional-catolicismo contribuyó a hurtarnos durante demasiados años.

Ahora estamos en un modelo social más poliédrico y abierto y los que añoran aquellos tiempos tienen que ser, por fuerza, más sibilinos. Solo así se explica el silencio de algunos cristianos que se abate sobre el dichoso décimo mandamiento, incluida la Conferencia Episcopal, a pesar de su rabiosa actualidad. A lo peor solo es miedo a que algunos se enfaden y la institución eclesiástica pierda parcelas de poder que nunca deberían haberle correspondido según el mensaje evangélico. Todo lo contrario a los que lideran la codicia: “El capitalismo de nuestro tiempo parece haber perdido el sentido del miedo”, en palabras de Eric Hobsbawm.

No se trata de pedir a los obispos que se meta en política, sino de que se conviertan en altavoz de los sin voz en nombre del que nos trajo la Buena Nueva, y por ello fue atropellado por las élites de sus tiempo; ser voz de las muchas gentes que la crisis financiera les ha roto el eje de sus vidas atropellados por una injusticia cada vez más proporcional al tamaño de la globalización financiera, muchos millones de personas cada vez más cerca nuestro. Lo acaba de decir el congreso de de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII: “La voz de los sin voz no se está oyendo” al tiempo que acusan al plenario de los obispos de “escándalo y complicidad con quienes han provocado la crisis”. El décimo mandamiento está en barbecho como lo está la bienaventuranza que asegura la dicha para los perseguidos por causa de la justicia.

Codiciar los bienes ajenos es afirmar como Ronald Reagan -o estar de acuerdo con él- que “los pobres tienen demasiado y los ricos demasiado poco” mientras que el 1% más rico de la población norteamericana sigue aumentando su porción de riqueza del PIB. En el mercado financiero actual se intercambian, solo en dólares, cuatro billones diarios que es una cifra varias veces superior a los requerimientos del comercio internacional y las inversiones extranjeras. Y alrededor del 90% de estas operaciones especulativas se dan en el plazo de una semana. Las grandes empresas frecuentemente obtienen mayores ganancias en estas operaciones que en las inversiones productivas.

Los bancos europeos reciben préstamos del BCE a tasas de interés inferiores al 1% y los han colocado al 6% y al 7% en los países en crisis. Pero cuando los países deudores tienen dificultades, no asumen los riesgos que corrieron. Tienen poder e influyen para que la Unión Europea y el FMI obliguen a los países deudores a fuertes ajustes económicos para garantizar el cobro de sus colocaciones aunque los resultados sean desastrosos para la economía real, en recesión “obligatoria” en casi toda la UE. A los que imponen su codicia les parece demasiado el despido que puede cobrar un trabajador, la pensión que puede cobrar un jubilado o el crédito que necesita una pequeña empresa para seguir subsistiendo. Pero callan ante los miles de millones que se reparten los que recomiendan austeridad y moderación.

¿No hay materia suficiente para alzar la voz en nombre del evangelio y la dignidad humana? No es normal escuchar todos los días el evangelio sin reaccionar ante sus llamadas, señores obispos. No podemos vivir en paralelo a los predilectos del evangelio, los más indefensos ante la crisis. Pero a la vista está que sí podemos, ellos y los demás, aunque sea esgrimiendo una hipócrita postura apolítica. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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