manos en oraciónVIDA POBRE
ROSELYNE DE WILDE, DeWildeRoselyne@aol.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 29/03/13.- A veces me pregunto por qué quiero tanto a esta gente de barrios marginados. Puede que haya razones personales que no caben aquí. Y no faltó quien, en cierto modo, me acusó de buscar mi propia satisfacción. Las opiniones ajenas sólo me inducen a más rigor.

Ciertamente toda esta gente está sumamente desvalida y ya que la vida me brindó más posibilidades, eso me invita a acercarme a ellos y compartir. Sin embargo hay algo más hondo. Algo muy escondido, muy mezclado, muy tapado. Y es una riqueza de fondo que me hace estremecer. Es una capacidad de Dios que les hace continuamente rozar el Reino de Dios. Mejor dicho, de aquí y de allá brota, florece el Reino de Dios casi sin que se den cuenta. Brota mezcladamente. No aparece claramente. Solo lo presiento, lo intuyo, tan invisible como el viento, pero tan incomparable como una brisa fresca en verano. En esos momentos, esas situaciones, a veces esos imponderables, me hacen sentir profundamente arraigada entre ellos y son como instantes en que el cielo y la tierra se confunden.

Para ellos y para mí esos momentos valen todas las lágrimas y todas las soledades. Si logran tomar conciencia de esos oasis, de esos instantes privilegiados, entonces captan que son asunto de libertad. Y la libertad embriaga. A veces desconcierta. Algo tengo que ver con ese crecimiento de la libertad de las personas: así crece mi propia libertad. Sí, no tengo mayor alegría que verlos crecer aunque sea un cachito en libertad delante de Dios. Y por ende, delante de los hombres. Transmitir esa libertad que no viene ni de la carne ni de la sangre, sino que es un regalo del Altísimo. Y por eso, trabajar en todo lo que une, reúne, concilia, reconcilia las personas en tanto que personas. Todo lo que apunte a la esencia, al ser de las personas, desde donde sea.

Todo lo que endereza el ser humano aunque sea partiendo de lo muy material, todo eso constituye caminos de libertad. Y de liberación. Es exaltante. Arriesgado si se pierde de vista que la libertad es una respuesta a una Persona. Porque entonces es cuando se instrumentaliza. Al servicio de lo que sea: una ideología, un partido, un grupo, una idea, etc.

Pero estoy mucho más desvalida que toda esa gente. Ellos, van siglos que viven su situación límite, con todas las variantes, altibajos posibles. Los primeros murieron. Los actuales desarrollaron singulares defensas. Para vivir. A veces para sobrevivir. Pero siempre lo menos mal posible. Esas defensas son desiguales en calidad: van desde el alcoholismo, hasta el canto de una zamba. Yo estoy desvalida: no recurro al alcohol. Pero tampoco tengo zamba alguna musitada en mis entrañas.

Pero yo tengo a mi Dios. Sin lenguaje. Sin canto. Pero Él es Soledad sonora, Cena que recrea y enamora. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).