La otra cara de la Navidad

Publicado: 30 diciembre, 2013 en REFLEXIONES
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ancianoLA OTRA CARA DE LA NAVIDAD
CARMEN NOTARIO, espiritualidadcym@gmail.com
MALLORCA.

ECLESALIA, 30/12/13.- El día 25 al celebrar la Navidad con una persona de más de 90 años en la mesa, se me antojaba, el otro extremo del ciclo de la vida como otra cara mucho menos común pero real de representar la Navidad.

No me refiero solo a la soledad de tantos ancianos que viven los últimos años de su vida aislados, abandonadas en cierta medida, “olvidadas”, sino a esos otros aspectos de una vida larga, con sus más y sus menos, que ha vivido lo suficiente como para distinguir lo superfluo de lo esencial y sobre todo: dónde está el cariño auténtico, desinteresado, más allá de la herencia… puñetero “don dinero”.

Decimos, y con razón, que los ancianos se vuelven como niños: dependientes, inseguros, con mucha necesidad de cariño y atenciones; caprichosos, testarudos, y por qué no, manipuladores. A diferencia de los pequeños, ellos llevan a sus espaldas historias de vida y muerte porque eso es parte de nuestra condición humana.

Es una pena, pero un gran número de personas de estas edades, ochentas y noventas, tienen sentimientos muy mezclados con respecto a sus vidas. Oyeron desde pequeñas que su vida tenía que ser una vida de sacrificio, de satisfacer primero sobre todo a los hombres: a sus padres, a sus maridos y que la verdadera humildad era “desaparecer” dejando que los otros, de manera especial sus hijos, sobresalieran muy por encima de ellas.

Una moral que interpretaba el evangelio a su medida, y que seguía perpetuando el patriarcado hasta el infinito haciendo de las mujeres y también de los hombres, marionetas al servicio del poder en nombre de la religión.

Fruto de ello surge en mucha gente una sensación de que ha desaprovechado su vida, de que no ha dado la talla, de que nunca ha hecho lo que realmente quería… sienten rabia contra una iglesia y contra una sociedad que les ha castrado. Por supuesto todo esto en una generación para la que una de las cosas más importantes era las apariencias y el guardar las formas.

Nos dicen los y las biblistas que la Navidad no sólo nos habla del principio de la vida de Jesús, sino de la eterna creación de Dios a través de la historia cuya finalidad es hacernos “Dios”: a su imagen y semejanza.

La Navidad, además del nacimiento, abarca toda la vida de Jesús, su muerte y resurrección, ese misterio del que participamos todos. La suya es diferente a la nuestra, no porque él ya era el Hijo de Dios, sino porque en un corto espacio de tiempo supo distinguir lo periférico de lo nuclear, entendió y vivió que en el amor a Dios y al prójimo, hasta dar la vida, era lo único que merecía la pena. A nosotros nos suele costar más… hay muchas personas que mueren sin haberlo comprendido… tristes, amargadas, agresivas… La inmensa mayoría no somos negro o blanco: mezcladito… luces y sombras.

Los ancianos de nuestras familias nos recuerdan que hubo un tiempo en que cuidaron de nosotros lo mejor que pudieron, sacrificando su tiempo, sus gustos, su descanso e incluso hasta su propia salud. En muchos aspectos fueron para nosotras la imagen de Dios: Madre-Padre y para nosotras no había diferencia entre ellos y Dios.

Cuando les vemos ahora frágiles, dependientes y temerosos, cambiados los papeles porque somos nosotras ahora quienes nos ocupamos de sus necesidades, nos gustaría decirles: tu vida es toda tu vida: tu pasado y tu presente. Dios ha caminado contigo y en todas tus experiencias te ha enseñado el camino del amor.

No tengas miedo al futuro. La Vida se nos ha regalado para siempre. Estás al final de un ciclo pero la muerte para un creyente no es el final, a pesar de que el misterio permanece ahí; no como un futuro incierto sino en forma de bebé en la cueva de Belén. No tengas miedo. A lo mejor te sientes como el niño en el pesebre, sin nada, sólo con una Madre y un Padre atentos a cada uno de tus movimientos.

Navidad es para los que se hacen como niños y entran en el misterio del amor de Dios hecho carne en un hombre, en una mujer, y en un niño que nos enseña a vivir de verdad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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