La semilla

Publicado: 13 enero, 2014 en REFLEXIONES
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SemillasLA SEMILLA
MERCEDES NASARRE RAMÓN, psiquiatra, mnasarre@hotmail.com
HUESCA.

Hay una parte de nosotros, infinitamente pequeña, como una semilla, que solo puede crecer a la luz del verdadero amor. Con todas las relaciones amorosas de nuestra vida, va creciendo. A veces, su crecimiento se estanca, entonces sentimos que la vida pierde sabor. Seguramente la parte más mediocre está tomando el protagonismo, esa que no mira al Amor, esa que no está domada, la que tiene que ver con los demonios interiores.

Cada camino espiritual tiene un lenguaje para las dificultades habituales que afrontamos todos. En los cristianos se denominan demonios (el de la ira, el del orgullo, de la envidia, de la pereza etc.). En los meditadores budistas se llaman obstáculos a la claridad (el apego, la duda, la confusión, la ira etc.). Los sufís los nombran como Nafs, e impiden que la esencia florezca.

Son precisamente esos demonios los que se mezclan en el entramado de nuestra vida y en la estructura misma de nuestra psique.

La mente hace ruido sin cesar, pero hay un punto dentro de ella que es silencio y que no percibimos. Hace falta vaciarse y quedarse quieto. Quien es capaz de escuchar el silencio está cerca de eso que buscamos todos.

Si se ha vivido lo suficiente, se sabe que lo que se posee, sea el amor de los que uno desea, el prestigio, los bienes, el poder, el conocimiento intelectual etc., no bastan para llenar profundamente a nadie. Siempre se quiere algo más.

Imaginad por un momento que todos nuestros deseos encuentran satisfacción. No pasaría mucho tiempo, estoy segura, de que empezaríamos a estar inquietos, insatisfechos. En el momento en que se está habituado a una cosa, se quiere otra cosa.

Solamente el contacto con algo muy puro puede salvarnos y transformarnos. ¿No hemos suspendido el juicio ante la claridad de una noche estrellada, ante la belleza del ocaso, ante el misterio de un texto sagrado o ante la necesidad de unos ojos?

Desde el momento en que saboreamos esa paz, sabemos que algo del gran Silencio ha entrado en nosotros, ha atravesado nuestro ser y se ha unido a ese silencio secreto que está en nuestro interior. Es entonces que entendemos el tesoro espiritual del que todas las tradiciones nos hablan.

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