Julio Pérez PinillosJULIO, PEDRO Y PABLO
CRISTINA PLAZA, eclesalia@eclesalia.net
MADRID.

ECLESALIA, 30/06/14.- Hace unas semanas nos llamaron por teléfono para invitarnos a una fiesta sorpresa que estaba preparando la familia del homenajeado sin que él lo supiera. Organizar una fiesta sorpresa lleva tiempo, creatividad, originalidad y, sobre todo, cariño.

Así que el día señalado participamos toda la familia en la fiesta donde había mucha gente y mucha emoción porque el protagonista no se esperaba nada, le habían hecho creer que tenía una reunión urgente en la parroquia mientras se ultimaban los preparativos y llegábamos los invitados.

Cuando ha entrado en la sala se ha quedado atónito. Le hemos recibido con un gran aplauso mientras él nos miraba a los allí reunidos, observaba el cartel que adornaba una de las paredes donde aparecían dibujados momentos cruciales de su vida y no sabía qué hacer o a quién dirigirse. Ha comprendido entonces que la reunión era una tapadera y ha confesado que no se imaginaba nada de nada. Pasado este primer momento se ha colocado en la cabecera de la mesa que estaba llena gracias a todo lo que habíamos llevado todos los invitados y ha hablado. Los que le conocemos sabemos que tiene el don de la palabra, que habla, entusiasma, convence y se alarga… así que ha hablado hasta que la emoción le ha embargado y hemos visto entonces una emotiva presentación de fotos donde se recogía su vida: sus orígenes, su paso por el seminario, su ordenación, sus primeras parroquias en tierras castellanas, su llegada a Madrid, su vinculación a Vallecas, su entrada al mundo obrero, su vida en familia, su vida en comunidad… Hasta hoy. Todo acompañado por una selección de canciones muy personales llenas de recuerdos para Julio.

Hemos celebrado en la festividad de san Pedro y san Pablo las bodas de oro de la ordenación sacerdotal de Julio Pérez Pinillos. Ha sido una celebración sencilla, con gente sencilla, de la parroquia, del barrio, amigos, compañeros sacerdotes… La han organizado su mujer y sus hijas y han convocado a mucha gente para quienes Julio es alguien importante en sus vidas, alguien con quien han compartido momentos inolvidables y que no podían faltar hoy.

Celebrar 50 años de sacerdocio es algo grande que suele acompañarse de una Eucaristía con muchos compañeros concelebrando en el altar y una gran fiesta.

Nosotros hoy hemos celebrado algo grande donde ha predominado la sencillez y el cariño, la emoción y la cotidianeidad. Hemos podido expresarlo en el libro de firmas de recuerdo que estaba allí preparado y también hemos podido transmitir a Julio y a su familia, presentes en nuestra propia vida familiar desde hace tiempo, nuestro cariño y admiración por abrir caminos y creer que otra Iglesia es posible.

Julio, muchas felicidades, seguimos caminando al aire del Espíritu…(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).