gama..EL ESPÍRITU Y LA MATERIA
MERCEDES NASARRE RAMÓN, psiquiatra, mnasarre@hotmail.com
HUESCA.

ECLESALIA, 09/12/14.- A veces caemos en el error de pensar que lo espiritual es antimaterial y no es así, la materia y el espíritu son el anverso y el reverso de la vida. La materia da forma al espíritu y al revés, podemos decir que el espíritu infunde vida a la materia. Igual que la oscuridad y la luz se complementan mutuamente, la materia y el espíritu sólo tienen una dualidad aparente.

El significado original de la palabra espíritu se asocia con el aliento, con la respiración. Cuando hablamos de espiritualidad, estamos nombrando el profundo sentimiento de unidad y conexión con el universo, la pertenencia a un orden mayor que uno mismo. Algo así como decir que todos los seres compartimos el mismo aliento de vida, que todo está sustentado en la misma luz y en la misma tierra. En realidad, el universo alberga formas infinitas que se transforman evolutivamente, complementándose y conservando siempre un orden implícito.

Si los espiritualistas desprecian el cuerpo y la materia, el materialismo es como una existencia sin espíritu. Esto lleva a una visión del mundo en la que la naturaleza existe sólo para nuestro propio beneficio. Desde esta perspectiva, no hay sentido profundo en la vida humana, pues somos meras combinaciones de genes y células y todo es fruto del azar. Además, como el conflicto y la lucha forman parte de la estructura básica de la vida y sólo sobreviven los más fuertes, el único objetivo es la adaptación para sobrevivir.

Esta visión de la vida sin espíritu, no sólo genera división entre el ser humano y el mundo natural, sino dentro de la persona y además, es el origen de las luchas entre unos y otros para obtener poder y control. El mundo es un campo de batalla donde pelean los países, los mercados, las culturas y las religiones.

Hablando de religión, la verdadera razón de la existencia de las religiones es la búsqueda del Espíritu. La negación del cuerpo sólo da lugar a problemas serios y a perversiones. Si las instituciones religiosas sólo se preocupan de su mantenimiento, se convierten en algo cerrado que se aleja del Espíritu, que por naturaleza es libre, igual que lo fueron Cristo, Buda, Lao Tse, etc.

Decir que el ser humano es un cuerpo no es algo que nos aleje de lo espiritual, porque es, precisamente, en este pequeño trozo de universo, donde nos realizamos y nos humanizamos. Toda una vida para crecer en el cuerpo aunque, muy a menudo, para destruirse por el cuerpo y no me refiero al deterioro normal del envejecimiento. Después de satisfacer las necesidades físicas fundamentales, sin conexión con lo espiritual, sólo nos hacemos víctimas infelices del deseo, de la codicia o del vacío.

Somos fruto de una misteriosa evolución cósmica. La materia se hace consciente y el cerebro humano es capaz de voluntad propia. Orientar nuestra voluntad en dirección a la gran Voluntad que a todos incluye, es ir a favor de la justicia y del amor. Esto es la dimensión espiritual, en realidad, es nuestra vocación más íntima, a veces, desconocida por nosotros mismos. El cuerpo y el alma son lo mismo. Theilard de Chardín lo comprendió bien cuando habló de la potencia espiritual de la materia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).