Un libro difícil

Publicado: 1 junio, 2015 en REFLEXIONES
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“Lo difícil es perdonarse a uno mismo” de Iñaki Rekarte

GABRIEL Mª OTALORA*, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 01/06/15.- Hay libros difíciles de escribir y de difícil lectura. Algunos acaparan ambas características, como es el caso de The Finnegans, escrito por James Joyce en París durante 17 años, nada menos, y considerado uno de los textos más difíciles de leer de la literatura universal. Otros libros son difíciles de escribir porque su autor se vacía literalmente en sus páginas confesando una transformación personal a contracorriente de lo esperado. Es el caso de “Lo difícil es perdonarse a uno mismo” (Ediciones Península), de Iñaki Rekarte, por lo que ha tenido que suponer para él verbalizar por escrito su honesta desnudez interior frente a lo que ha sido su vida hasta hace bien poco.

Tras 21 años en la cárcel por asesinar a tres personas y dejar varios heridos más en nombre de ETA, fue capaz de no deshumanizarse del todo, o de rehumanizarse desde cero, enamorándose de una trabajadora social de la cárcel Puerto I con la que ha logrado rehacer su vida en un pueblecito navarro donde regentan un bar. Solo Dios sabe de las dificultades propias y ajenas que la pareja ha tenido que sortear para estabilizarse en Doneztebe como dos personas más entre tantas.

Pero es que la historia de Rekarte tiene algo más que controversia y morbo: su actitud rezuma emoción y ejemplo al haber sido capaz de expresar su remordimiento en público así como la cojera de ánimo que arrastrará de por vida ante la imposibilidad de deshacer aquella matanza, en 1992, cuando apenas tenía veinte años. Estamos ante un relato vital sin concesiones a la galería, que desnuda a ETA y pone en su punto exacto la importancia del fanatismo en la generación del odio así como la del perdón que nos devuelve a lo mejor del ser humano. De la droga a la militancia en ETA, convertirse en asesino fanático, perder los mejores años de vida en la cárcel, donde la mayoría no sale ya como entró, recapacitar y cambiar su vida contando su testimonio. Es lo que ha logrado Iñaki Rekarte.

Su historia nos compromete, la necesitamos. Seguro que en el precio de este tipo de cambio lleva incluido un sinfín de incomprensiones, vacíos y odios que no le perdonan por un lado ni por el otro. Pero su ejemplo se une a la lista de otras personas como él que fueron un baldón de sufrimiento y capaces también de convertirse en nuestra mejor esperanza abriendo las puertas al relato compartido, al perdón y a la reconciliación. Muchos nos creemos mejores que ellos pero no somos capaces de pedir perdón ni de perdonar una ínfima afrenta, mientras que lo que estos perdonadores nos están mostrando ahora, en presente continuo, es la actitud para caminar por la única senda del verdadero progreso humano, el que pasa por empatizar con el sufrimiento de sus víctimas hasta transformarse en otra persona. ¿Cuál es ahora su delito para que la sociedad toda no convirtamos a su ejemplo en educación viva para nuestros chavales?

La ruptura de la tregua pactada y la bomba de la T-4 en Barajas fue el percutor del cambio para Rekarte. Escribió un texto a la Iglesia en el que repudiaba la violencia. “No existe razón alguna que justifique las barbaridades que en nombre de ETA muchos hemos cometido durante décadas. Pido perdón a las víctimas que causé, entiendo lo duro y casi imposible que tiene que resultar convivir con ello y perdonar al que te ha destrozado la vida para siempre. Jamás volveré a utilizar la violencia contra otro ser humano. Tampoco la justificaré ni callaré frente a quien persista en ella, mi otro gran error en la vida”. Rekarte, empezó a pagar las indemnizaciones a sus víctimas con su trabajo en la cárcel, superando el pánico que les entró a otros etarras cuando quisieron seguir sus pasos.

Rekarte me recuerda la gran lección evangélica de que los “malos” oficiales, son más capaces de cambiar sus conductas que los “buenos” oficiales, a quienes Jesús les dedicó calificativos tan duros como hipócritas o sepulcros blanqueados.

Al final, tantos libros de autoayuda sobre las teorías de la superación y la madurez, y dejaremos de lado a este relato que, no me cabe duda, nos va a costar más leerlo que lo que le ha costado escribirlo al bueno de Rekarte. Un libro difícil porque la dificultad está también en el tema, está en nosotros, lo que no ocurre con el The Finnegans de Joyce.  (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(*) Autor del libro Compasión y misericordia. San Pablo, 2014.

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