Deconstruir para reconstruir II

Publicado: 29 febrero, 2016 en ACTUALIDAD

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De la Iglesia-institución al jesuanismo (cristianismo)
JOSÉ ANTONIO REVUELTA, revueltaja@yahoo.es
PALENCIA.

ECLESALIA, 29/02/16.- ‘Al suave, al suave’ -dicen los centroamericanos. O ‘menos lobos, Caperucita’.

Lo que vamos pretendiendo es ‘deconstruir’ (en el sentido que expresábamos al inicio) la institución en que se ha convertido el cristianismo. Porque parece que Jesús de Nazaret no pensó fundar una nueva institución religiosa, con las características propias de cualquier religión. Sino la superación del judaísmo y de todas las religiones.

Lo suyo fue un movimiento (el movimiento de Jesús), una espiritualidad. En el siglo II, los paganos todavía consideraban ateos a los cristianos, porque no tenían religión. Pronto el evangelio sería contrapesado por la religión.

Con frecuencia se ha comentado que los cuatro primeros grandes concilios ecuménicos [Nicea (325), I Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451)] sustituyeron en la iglesia cristiana a los cuatro evangelios. Hoy, afortunadamente y después de siglos, recuperamos los evangelios, pero el constructo teológico cristológico, que en cierto sentido los sustituyó, sigue ocupando el centro del cristianismo, como un enclave que se resiste a su estudio y reinterpretación o reformulación.

Esta pieza esencial e intocable del cristianismo es la que está crujiendo, presionada por la nueva presencia del pluralismo religioso, por la transformación de las perspectivas teológicas, por las nuevas cosmovisiones del sentido religioso, por el diálogo interreligioso, etc.

En el mensaje y vida de Jesús de Nazaret, Dios es siempre el “Dios del Reino” y el Reino es siempre el “Reino de Dios”, de modo que teocentrismo y reinocentrismo se implican mutuamente. Es la sola realidad dual que predicó, vivió y pretendió Jesús: Comunicarnos cómo es Dios-Padre-Madre y su Proyecto o Plan del Reino. Nada más.

Entonces empecemos por deconstruir todo ese constructo de creencias, prácticas, ritos… para partir de nuevo (directamente) de Jesús de Nazaret, del Evangelio -tan sencillo y nuclear, tan humano. Y vayamos reconstruyéndolo paso a paso, para no quedarnos cortios. Con el mundo actual en una mano y Jesús en la otra. “Profundizar en lo humano, para ascender a lo ‘divino’. El resto es magia”.

Naturalmente que el cambio es ingente. Nos tiembla el pulso con solo pensarlo. Menos mal que el Papa Francisco -como quien no quiere la cosa- ya ha comenzado por la mandorla del Evangelio, dejando en penumbra el resto. Y es que unas minorías de clérigos, bastantes religiosos, comunidades laicas y teólogos de distintos continentes se muestran convencidos de que ese es el camino. Pero “no se ganó Zamora en una hora” -apunta el refrán-. ¿Qué diremos de esta aventura en la que peregrinamos por más de 17 siglos?… (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Por hoy vale.

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