mujer Siro LópezA VOSOTRAS, MUJERES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 11/03/16.- Me da lo mismo si sois o no oficialmente trabajadoras, pues estoy demasiado acostumbrado a tantos trapicheos y mentiras ocultas como para pensar solamente en las que figuráis en un sector tan concreto y específico como puede ser el Ministerio de Trabajo, las Oficinas de Empleo o cualquier otro que se le pudiere parecer o con el que pudiera estar relacionado.

Sí, es a todas vosotras, mujeres, a quien quiero dirigirme sin ningún tipo de excepción, y, dado que hubiera que hacerla en algún caso, no seré yo quien la haga, pues, además de no tener motivos concretos, no me siento autorizado ni capaz para que así sea, pues pudiera correr el riesgo de equivocarme debido a posibles prejuicios.

A vosotras, mujeres, que en tantos lugares del mundo continuáis siendo un objeto o poco más, debido a que las leyes no os consideran que seáis sujeto de ningún tipo de derecho, la cual cosa el sexo masculino lo concibe como algo lógico y normal.

A vosotras, mujeres, que, aunque pueda parecer paradójico, todavía no tenéis el derecho tan fundamental y natural de decidir con quién queréis compartir vuestra vida, puesto que esa es una decisión que solamente la puede tomar el padre o el clan al cual pertenecéis.

A vosotras, mujeres, que, en los países avanzados, ya no digo en los que van a la zaga, continuáis siendo objeto de cuotas a la hora de desempeñar cargos públicos y sociales.

A vosotras, mujeres, que se os ha usurpado el derecho que tenéis a decidir por vosotras mismas, no solo en vuestras vidas personales, sino en otros muchos campos y parcelas, porque se os considera inferiores, de segundo rango o que no estáis suficientemente capacitadas.

A vosotras, mujeres, que sois consideradas como sexo débil por parte precisamente de quienes siguen pensando que es la fuerza física y el poder los únicos y verdaderos atributos de la fortaleza.

A vosotras, mujeres, muchas de las cuales sufrís en silencio vejaciones y humillaciones por parte de vuestras parejas, llegando en algunos casos a experimentar el desenlace trágico de la muerte.

A vosotras, mujeres, que sois no solamente vistas sino utilizadas por tantos y tantos hombres como objetos de un deseo puramente sexual, llegando a ser en muchos casos una mercancía, cuyo precio lo tasan precisamente dichos hombres basándose exclusivamente en vuestra apariencia externa.

A vosotras, mujeres, muchas de las cuales continuáis padeciendo doble discriminación; la familiar, por una parte, pues además de desempeñar vuestra profesión, el trabajo de la casa continúa recayendo en su gran mayoría sobre vuestras espaldas. Mientras, por otra, la laboral, es decir, a igual trabajo desempeñado que el hombre, el sueldo no está en muchos casos al mismo nivel.

A vosotras, mujeres, discriminadas por la mayor parte de religiones, posiblemente porque los dioses de todas ellas continúan teniendo y gozando todavía de una apariencia y una visión exclusivamente masculina, gracias a que así lo han decidido unos hombres.

A vosotras, mujeres, las que os consideráis católicas, por padecer la exclusión al sacerdocio debido a la postura tozuda y rotunda de una jerarquía masculina que se empeña en atribuir dicha exclusión a la voluntad expresa del mismo Jesucristo.

A vosotras, mujeres, todo mi reconocimiento, mi respeto, mi cariño y todo cuanto podáis recibir de mi humilde persona. Pero sea cuanto fuere: para todas vosotras, hoy y siempre, ¡ahí va, de todo corazón! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).