Las otras madres

Publicado: 29 abril, 2016 en REFLEXIONES
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Madre.LAS OTRAS MADRES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 29/04/16.- Si estuvisteis un poco atentos/as a los Medios de comunicación, os daríais cuenta, entre otras cosas, cómo el día 19 de marzo dejó de aparecer en dichos Medios, especialmente a través de toda una serie de cuñas publicitarias, la más mínima alusión a la figura del padre, tal y como lo habían venido haciendo desde un tiempo atrás hasta ese mismo día en qué la sociedad lo dedica a dicha figura.

Pero lo curioso del caso es que un día o dos después comenzaron de la misma manera las alusiones a la madre, cuya fiesta quedó instaurada desde hace ya un tiempo en el primer domingo del mes de mayo. ¿Qué tiene de mal todo esto?, os podréis preguntar la mayoría de vosotros. Cabe decir que, a primera vista, nada de nada. ¡Qué mejor que dedicar un día concreto al año, en este caso el primer domingo de mayo, a mostrar de manera especial el cariño filial hacia la madre! Es verdad que no tiene nada de malo, siempre y cuando el amor y el cariño se le demuestre, aunque sea de maneras diferentes en cuanto a modo e intensidad, el resto de los demás días. Pero, ¡vaya!, quiero pensar que dichos medios ya suponen que es así. Y, en caso de no serlo, ¡tampoco les interesa mucho que digamos! Os pediría que, por favor, no perdierais de vista que, al hablar de los Medios de comunicación, puntualizaba el instrumento, que no era otro que toda una serie de cuñas publicitarias, a través de las cuales se reclamaba esa atención especial hacia los progenitores, en este caso hacia la madre. Me imagino que ya comenzáis a intuir que la cosa empieza a hacer un cierto tufillo a “consumismo” puro y duro. Pues bien, podéis tener muy claro que estáis en lo cierto. El día dedicado a la madre se ha convertido, de entre otros muchos, en un momento privilegiado para, valiéndose del sentimentalismo en su vertiente más dura, dedicarlo a manifestarla el afecto especial que todo hijo e hija la profesa de manera profunda. Una vez más, vuelvo a insistir que hasta aquí no tendría que haber no solamente nada de malo, sino mucho de bueno.

Pero la cosa comienza a torcerse cuando se dice y se publica a troche y moche que la manera más adecuada para mostrar dicho afecto y cariño no es otra cosa sino el regalo, flores y joyas principalmente. De hecho, se puede ver con relativa facilidad en numerosos escaparates, de joyería fundamentalmente, slogans como “Feliz día de la madre”, entre otros. Habrá madres, no sé cuántas, que se sentirán felices y ufanas al recibir de sus hijas o hijos regalos de esta índole. Si por una parte y por la otra creen que esta es la mejor manera, ¡allá ellos!; nada que decir al respecto por mi parte; únicamente, si se me permite, manifestar mi total discrepancia. Lo que sí me gustaría puntualizar es el hecho que ese día no todas serán agasajadas de la manera que acabo de describir por razones diversas que quizás no vienen ahora a cuento.

Por ello, si se me permite, me gustaría traer a colación simplemente dos casos en qué algunas madres no serán agasajadas o a las cuales no se las mostrará el “cariño” ese día, no solamente de la manera cómo los Medios nos recordaban ser como las más adecuada y propicia por lo que a la manifestación del afecto se refiere, sino de ninguna otra. El primero de estos casos, posiblemente el más cruel y más duro, hace referencia a aquellos hijos e hijas que no lo podrán hacer, porque un día se les robó de manera irracional la posibilidad de manifestar el cariño y el afecto a la madre no solamente de manera material, sino de cualquiera otra. Sus madres perdieron la vida en un momento concreto a manos de quienes eran o habían sido sus esposos, compañeros o pareja. Siendo aún más grave el hecho que en bastantes de estos casos dichos asesinos son o eran el padre de muchos de estos hijos e hijas. Creo que poco o nada hay que decir ante semejante brutalidad.

El segundo de ellos, aparentemente no tan cruel, aunque, a decir verdad, eso lo tendrían que decir las propias madres, nos recuerda a esos hijos que un día murieron o que pululan por la vida hechos una piltrafa o que han dado con sus huesos en la cárcel porque la maldita droga, sobre todo, aunque también el alcohol y otras realidades más que no tienen por qué ser materiales, acabó convirtiéndolos en pura mercancía o en marionetas, fruto de reclamos y de patrañas a cuál más engañosa. En todo caso, al menos para los que aún quedan vivos y de los cuales se sabe su paradero, casi con toda seguridad me atrevo a afirmar que serán precisamente las madres quienes ese día vayan a verlos para darlos un montón de abrazos y besarlos hasta saciar; y, de paso, llevarles algo que les haga más llevadera la cruz tan grande que llevan sobre sus espaldas. ¡Qué más da que sea el día de la madre para que sean los hijos quienes reciban! Al fin y al cabo, son fruto de algo tan íntimo como son las entrañas de una madre.

Pues bien; estas son sencillamente las otras madres: aquellas de quienes los Medios no han dicho nada ni lo dirán, sencillamente porque no interesa, no es políticamente correcto o porque, ¿para qué “amargar” la fiesta a las madres de “bien”? ¡Qué pena! Así es nuestra sociedad; pero, a pesar de que cueste, hemos de luchar para que deje de serlo (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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