eclesalia@eclesalia.net

grito2bde2bmujerSUMANDO GRITOS
IÑIGO GARCÍA BLANCO, Hermano Marista, i_garciablanco@maristasiberica.es
MADRID.

ECLESALIA, 23/09/16.- Cuando se cumple la semana de mi aterrizaje por Tabatinga (Amazonas), en la triple frontera de Brasil – Perú – Colombia, para sumarme a ser presencia marista en “un nuevo inicio” y acogida a esta realidad tan insondable de rostros, acentos y vidas sencillas, resuenan los gritos que ME ESTÁN ACOMPAÑANDO en mis horas de silencio. No sólo son los gritos populistas y electoralistas en los que se halla inmersa la ciudad en este tiempo, que por cierto resulta curiosa la manera de memorizar al candidato elegible al que se le recuerda por el número asignado y una pieza musical más que por su propio nombre, sino que otros gritos más humanos van quedando en mí.

Hoy 7 de septiembre, es el día de la movilización de los excluidos de Brasil en el que elevan su grito en el Día de la Independencia de la nación. En esta ocasión, el lema del grito se ha basado en palabras pronunciadas el pasado año por el Papa Francisco, cuando digiriéndose a los movimientos sociales en Bolivia afirmó que ‘este sistema es insoportable: excluye, degrada, mata’. Estamos cimentando la sociedad del descarte, donde pocos cuentan y muchos-nadie son nadie. Y releo estas palabras que escribo y siento la corriente del descarte.

He podido acompañar en estos días a uno de los equipos de la Red brasileira ‘Un Grito por la Vida’, de las cuales mi hermana Verónica forma parte y anima con ahínco comprometido las sesiones de sensibilización, en sus visitas correspondientes a las comunidades contiguas de Atalaia do Norte (Brasil), Benjamín Constant (Brasil) e Islandia (la pequeña Venezia de Perú).

Desde el 2010 y en Brasil, la Red “Un Grito por la Vida”, apoyada por la sociedad civil, agencias de la Iglesia y del gobierno, emite un solo grito: “¡No a la trata de personas en la Amazonía!” Esta Red denuncia, previene, sensibiliza y ejerce control social sobre el tráfico de personas en la región. La trata de personas es diversa: hay explotación comercial sexual, trabajo forzado, servidumbre doméstica, matrimonio servil, tráfico de órganos, adopciones irregulares, migración forzada y otras violaciones a los derechos humanos que giran alrededor de la trata de personas. En la mayoría de los estados brasileños se incumple la ley y/o son insuficientes las políticas públicas de lucha contra el crimen de la trata de personas.

Seamos la voz de quienes son víctimas de este delito. Unámonos a este Grito por la Vida y digamos ¡No a la trata de personas! ¡No podemos ser objeto de mercancía, de compra-venta!

Al llegar a casa, al centro educacional marista, reconozco mi derrumbe interior al recordar algunos de los encuentros, de las imágenes impresas de los rincones visitados en contraste con el propio rincón de mi actual habitación (ni qué decir tiene de mis anteriores habitaciones). Se respira limpieza, reluce el brillo del suelo, refresca el agua corriente, cierran las contraventanas, no hay cortes ni control de luz/energía, la cama bien sujeta al suelo (también podría dormir en la hamaca)… en contraste con las viviendas sencillas de madera -las más agraciadas-, elevadas unos metros del suelo arcilloso para escapar de las inundaciones caprichosas del Amazonas, con depósitos a la intemperie de 500 / 1000 litros de agua, unas con generadores colectivos, reducidos metros que sin embargo acogen con lo que tienen a los recién llegados y se reorganizan los espacios para compartir el descanso … Las condiciones de vida también marcan diferencias y relatos sustancialmente diferentes en la dinámica del descarte.

También me he encontrado a personas ‘sin techo’, ‘sin tierra’, ‘sin arroz’… improvisando la estancia, el descanso al amparo de unas telas a modo de tienda de campaña. He visto a niños jugando ingenuamente a las canicas, correteando descalzos y escondiéndose entre risas contagiosas. Siempre los ojos de los niños miran de otra forma la vida, lo que tienen de frente y lo que dejan atrás si es necesario. En permanente aprendizaje en `la escuela de la vida´.

Vivir en la precariedad, vivir a la intemperie e inclemencias de la sociedad no es casualidad, no es opcional, no es justo. Otros son los beneficiarios de este insostenible sistema para ‘los más pequeños’. ¿Cómo desmontar los poderes fácticos que vigilan y articulan estas situaciones? ¿Cómo empoderar(nos) -no me refiero a hacernos con el poder, sino a aprehender estrategias alternativas-? Escucho relatos de cómo los votos se mueven, se canjean, para comprar nuevas parcelas de poder a cambio de unas migajas que se las lleva el viento con el tiempo.

Grito por la vida,
grito por los excluidos,
grito por la intemperie,
grito por la tierra,
grito por la invisibilización y vulneración
de los derechos universales de la humanidad (de cada cultura),
grito…
pero aún mi grito no es grito,
aún no alcanzo a balbucear esta (su) lengua,
aún es tiempo de (des)aprender y (re)conocer
la riqueza en su diversidad y en su tierra.
Es el tiempo de la misericordia,
es el tiempo de adentrarnos en el misterio del encuentro,
es tiempo de celebrar la vida que irrumpe
y como agua de río
permitir que desborde los límites que le imponemos.
Silencio, tiempo para mirar y acoger.

Un cálido abrazo

Iñigo (IO)