Desde el otro lado

Publicado: 20 enero, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

ECLESALIA, 20/01/17.- En 1910, Pío X no veía bien la educación escolar marianista empeñada en formar a una élite de católicos democráticos que “acepten nuestro tiempo tal cual es y simpaticen con la búsqueda sincera de la verdad, sea cual sea la doctrina de la que proceda” para ser alternativa a la disyuntiva de entonces entre ciencia y religión. En Francia, acababan de suprimir las asociaciones religiosas obligando a la dispersión; uno de los lugares en los que recalaron fue San Sebastián. En su colegio donostiarra recibió la primera educación el gran teólogo Xabier Zubiri.

Si algo resulta esencial en la educación, los marianistas en Donosti lo bordaron con sus pupilos: darles a conocer a fondo el terreno del adversario para fundamentar las propias afirmaciones, en lugar de descalificarlo. Cuando lo que arreciaba en el ambiente era un cristianismo incompatible con la ciencia, el progreso o la razón, que no formaba espíritus hechos para pensar, ellos vieron que no era la modernidad sino en la fragilidad católica frente a las ideologías imperantes antirreligiosas las que hacían el mensaje poco creíble. Por tanto, se pusieron manos a la obra ofreciendo una sólida formación religiosa impregnada de humildad junto al conocimiento de dichas ideologías y pensadores no cristianos para consolidar una fe madura alejada de las conciencias infantiles que tantas desafecciones produjeron… y producen.

Mi admiración a aquellos marianistas. Ellos fueron pioneros en quitarle el miedo a las razones del adversario. En este contexto, comparto una breve reflexión con los lectores desde el otro lado, en este caso al calor de Nietzsche, el creador de la máxima: “¡Dios ha muerto, viva el superhombre!”.

Nuestro tiempo es parecido a aquél en lo que a ciencia, razón y religión se refiere, excepto por la irrupción de la indiferencia actual. Creo que el filósofo alemán puede ayudarnos en la fe desde sus propios argumentos ateos. Me explico. Él fue el mayor ateo de todos, el más honesto por llevar su ateísmo hasta el final al fustigar al Dios cristiano como “la peor mentira de seducción que ha habido en la historia” porque no permite ser felices a los humanos. Tal fue su coherencia en su obsesión que predicó la inversión de todos los valores porque entendía lo moral como una construcción ideológica para dominar a los demás.

Pero si Dios no existe, entonces todo está permitido; no tiene sentido la moral ni los deberes éticos: la prohibición de robar o de matar tiene un soporte moral, y si Dios no existe -Nietzsche siempre se refiere al Dios cristiano- nada impide al “superhombre” ser amoral y despojarse del sentido de la existencia. La muerte de Dios es la victoria de la autonomía moral absoluta, el mensaje del deber desaparece, y todo puede ser relativizado hasta el punto de podernos preguntar: ¿Y si lo malo tiene un valor superior a lo bueno?

Dos conclusiones: la primera es que está probado que sus teorías influyeron directamente en el nazismo y en otros totalitarismos europeos del siglo XX. La segunda, que si llevamos su pensamiento hasta las últimas consecuencias, es difícil la existencia de un ateísmo radical y sin fisuras como fruto de la verdadera naturaleza humana: en primer lugar, en todas las épocas, incluidas las más monstruosas, no cabe la existencia de un malo perfecto y de por vida, natural al ser humano. Porque en el caso de que el amor resulta imposible manifestarse en algunas personas, sus patologías psiquiátricas dan razón del desequilibrio humano que padecen, no las razones supuestamente antropológicas del superhombre nietzschiano. Existen varios libros publicados por especialistas que lo atestiguan.

La tendencia universal muestra que, cuanta más bondad, mayor humanidad y desarrollo de las mejores potencialidades humanas; y a medida que crezca la maldad, en paralelo se producirá el desequilibrio. La maldad “total”, en fin, tiene más de enfermedad que de maldad. Si Dios es la pura y total bondad e inteligencia, esto tiene sentido, y el procurar ser buenas personas parece que es cosa de inteligentes. Nos vendrá bien tenerlo en cuenta ante lo que nos depare este año plagado de “superhombres” dirigiendo el mundo. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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