Entre los más pequeños

Publicado: 23 enero, 2017 en DENUNCIA / ANUNCIO
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ENTRE LOS MÁS PEQUEÑOS
IÑIGO GARCÍA BLANCO, Hermano Marista, i_garciablanco@maristasiberica.es
MADRID.

“¿Dónde empiezan los derechos humanos universales? Pues en lugares pequeños, tan próximos y tan pequeños que no aparecen en los mapas. Y, sin embargo, son los lugares que conforman el mundo de la persona: su vecindario; la escuela en que estudia; la fábrica, el huerto o la oficina en que trabaja. Esos son los lugares en los que cada hombre, mujer y niño busca una justicia equitativa, igualdad de oportunidades, igual dignidad sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en esos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción decidida de los ciudadanos para defender esos derechos en su entorno cercano, será inútil buscar progresos en el resto del mundo”. Eleanor Roosevelt, líder política y activista estadounidense

ECLESALIA, 23/01/17.- Estas semanas, especialmente, me vienen a la cabeza (y al corazón) rostros de niños, de adolescentes, de jóvenes -el tuyo- con quienes me he ido encontrando, o tal vez debería decir de quienes me han ido encontrando. ¡Tus ojos me hablan!

No puedo evitar preguntarme qué estás viviendo ahora, con qué sentimientos te acuestas y cuáles te despiertan, qué ven tus ojos exploradores, quiénes son tus amigos de juego, qué estás aprendiendo… o de qué hablan tus sueños. ¡Eres noticia de portada en tantos lugares!

Pero como dicen por estos lares, infelizmente, éstas son portadas que nos sonrojan a los adultos, que nos cuestionan a los educadores, que nos ponen en tensión a los defensores, que no puede dejarnos indiferentes. Estos titulares denuncian nuevos casos de abusos (no solo sexuales, pero éstos vaya si deben dolernos y movilizarnos), exponen al descubierto anónimas pobrezas extremas (no se trata de cifras especulativas sino de una desigual distribución de bienes y oportunidades siendo ocho personas -ocho hombres en realidad- quienes poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas), cuestionan los diferentes sistemas educativos (qué tipo de aprendizajes promovemos, cómo es nuestra propuesta educativa, quiénes tienen un auténtico acceso a la educación), previenen de la fragilidad de nuestra referencias (no siempre sabemos estar y buscamos compensación substitutiva), se sobrecogen con nuevas cifras de delitos y violaciones, y terminan con crónicas suicidas (y nos preguntamos cómo pudo ser y dónde estábamos momentos previos). ¡Menudos titulares en estas primeras semanas de un nuevo año! ¡Parece que tu existencia solo es tal si alguien te menciona en portada!

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, afirma: “Cuando una de cada diez personas en el mundo sobrevive con menos de dos dólares al día, la inmensa riqueza que acumulan tan sólo unos pocos resulta obscena. La desigualdad está sumiendo a cientos de millones de personas en la pobreza, fracturando nuestras sociedades y debilitando la democracia“.

Me preocupa el incremento de suicidios que se van registrando y que afecta principalmente a la población más joven brasileña entre 14 y 25 años (aunque también está incrementando en otros países considerados “felices”). Brasil ocupa actualmente la 8ª posición en el ranking de países con mayor incidencia de suicidios, con un registro superior a los 12 mil casos por año. Más que las cifras, el mero hecho de esta flagrante realidad también necesita nuestra atención. ¿Qué está sucediendo(nos)? ¿Qué cultura de la vida estamos cuidando y transmitiendo? ¿Qué tipo de conversaciones tenemos y cuáles son nuestras (des)ilusiones más profundas? ¿Cómo hacemos frente a las adversidades y con quién compartimos nuestros desvelos? ¿Qué dice tu hermano tras tu “ausencia”?

Quisiera poder decirte que existes para mí, que me importas, que quiero estar a tu lado, que cuento contigo (no eres un descartado o un descartable en mi vida), que si me dejas (des)aprender contigo a mirar el mundo, que me recuerdas el regalo de la vida en tus ojos, que aún es tiempo de vivir nuevos encuentros y construir nuevos recuerdos. ¡Eres presente en mi vida y estás presente en mí!

Brasil también es noticia nuevamente por rebeliones internas en diferentes centros penitenciarios, más concretamente en las regiones de Manaús, Roraima y Río Grande do Norte por el control del narcotráfico con más de 100 muertes acaecidas en las hacinadas cárceles en los primeros quince días de este año 2017. No es la primera vez y mucho me temo que esta violencia continuará. ¡Sumidos en el más absoluto olvido administrativo en insalubres condiciones solo por el mero hecho de “cumplir condena”!

Un informe presentado el año pasado por el Departamento Penitenciario Nacional reveló que hay 622.202 detenidos en Brasil. Hubo un aumento de 167% desde 2000. Brasil tiene la cuarta población carcelaria del planeta, detrás de Estados Unidos, China y Rusia. La proporción es de 306 presos cada 100 mil habitantes, cuando la media mundial es de 144.

Las prisiones en Brasil fueron siempre depósitos de pobres y, al mismo tiempo, un lugar de ejercicio del poder político de las policías militares de los estados, que deciden qué y a quién reprimir de forma arbitraria. Son las policías y no el Sistema Judicial quienes deciden quiénes permanecen encarcelados. Esto genera como consecuencias formas no regulares de control interno, como la aparición de facciones criminales organizadas“, explica Rogerio Dultra dos Santos, profesor del Departamento de Derecho Público de la Universidad Federal Fluminense.

Está claro que precisamos reflexionar sobre la regulación de los códigos penales, la supervisión de las políticas públicas respectivas y la conciencia social que sustentan los principios de convivencia y reinserción inclusiva (porque entiendo que no solo tenemos medidas coercitivas, punitivas, temporalmente permanentes…) ¿Qué estamos construyendo? ¿Qué estamos perdiendo? ¿En qué situación permanece y qué horizonte ampara a quienes se encuentran “reos” de nuestro sistema? ¿Qué dice tu hermano tras tu “condena”?

En Brasil, la justicia juvenil está enmarcada dentro de la Ley federal 8069. De ese texto se desprende el Estatuto del Niño y del Adolescente con el que se proporciona mayor protección a los niños y se fomenta la puesta en práctica de medidas adecuadas. Asimismo, Brasil fija la edad mínima de responsabilidad penal en ¡12 años! Esta ley sobre la justicia de menores define, además, la privación de libertad como una medida de último recurso. Pero, de hecho, la privación de libertad sigue primando sobre todas las medidas de reinserción de los adolescentes en conflicto con la ley, aun cuando las infracciones son menores. ¡Tus derechos son vulnerados y se te impone el peso de una responsabilidad no acompañada! ¡Seguimos perpetuando la causalidad de nuestra sociedad cada vez menos humanizada!

Actualmente, el Papa Francisco viene profundizando en la globalización de la indiferencia señalando que “para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia…” (Evangelii gaudium, 54)

Podemos y necesitamos de un cambio de mirada, de referencia para incidir socialmente y construir nuevos escenarios que velen por los derechos, por los sueños transformadores, por la dignidad plena de toda vida, por la protección de los más pequeños. Existen buenas noticias, historias con luz propia que pueden brillar en este tiempo. Hay vidas resilientes, hay compromisos incondicionales, hay proyectos movilizadores, hay generosidad contagiosa, hay fe en la Vida… desde las periferias geográficas y existenciales (periferias porque no están en el centro de nuestras miras, pero al desplazarnos a ellas, al aceptar cambiar nuestra mirada, se convierten en el centro de nuestro movimiento). ¡En red por la vida!

Desde 1977, En Brasil, la Pastoral del Menor lleva a cabo proyectos y actividades con y a favor de los niños y adolescentes más empobrecidos y vulnerados, siempre desde la óptica de la inclusión y de los derechos humanos. Menor no entendido como término peyorativo, o de menor valía sino desde la perspectiva teológica del “preferido” por el Dios de la Vida, por “los más pequeños (menores)”, por aquellos sin-voz, sin-rostro, sin-dicha, sin-parte, sin-…

La Pastoral del Menor tiene como objetivo trabajar la sensibilización, la concientización crítica, la organización y la movilización de la sociedad en su conjunto, en la búsqueda de una respuesta transformadora, global, unitaria e integral para atender a la infancia y adolescencia más empobrecida y vulnerada, promoviendo proyectos de servicios directos, y la participación de los niños y adolescentes, como los principales protagonistas de este proceso de transformación.

Los objetivos específicos de la Pastoral del Menor:

  • Sensibilizar a los diversos segmentos de la sociedad para que actúen e(a)fectivamente en favor de la defensa de los derechos de los niños y adolescentes en situación de riesgo.
  • Estimular el trabajo comunitario desde una dimensión co-participativa.
  • Alentar a un nuevo tipo de relación entre los niños y adolescentes, educadores y la comunidad en general.
  • Denunciar todas las formas de abandono, desamparo y violencia contra los niños y adolescentes.
  • Sensibilizar y movilizar a la sociedad sobre los niños y adolescentes como sujetos de derechos garantizados por el Estatuto de la Infancia y la Adolescencia.

Seguramente reconozcas estos objetivos en el trabajo de tantas entidades sociales y de personas que creen en su papel transformador, redes de acciones y movimientos que luchan por los derechos de una humanidad en tensión que precisa cuidar de los más frágiles y vulnerables.

La infancia, la adolescencia y la juventud son regalos para nuestras comunidades, expresión viva de nuevas generaciones en un tiempo nuevo y urgido por la humanidad en esta Tierra, la Casa Común de Todos. ¡No podemos por más tiempo seguir permitiéndonos la sombría estela de este tiempo que se torna deshumanizador! ¡Todo está interconectado!

Te invito a ver el mundo de una manera diferente.

Caminemos juntos en este tiempo nuevo de humanidad.

Los ríos nos conectan y acercan nuestras tierras, nuestras realidades.

¡Entre los más pequeños! (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Agradecido, com coração de mãe,

Iñigo García (IO)

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