¿Es esto la distopía?

Publicado: 20 febrero, 2017 en REFLEXIONES

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trump_espalda¿ES ESTO LA DISTOPÍA?
YOLANDA CHÁVEZ, yolachavez66@gmail.com
LOS ÁNGELES (USA).

ECLESALIA, 20/02/17.- Me preguntaba mientras veía por televisión en la sala de mi casa en Los Ángeles, la ceremonia de juramentación presidencial del republicano DT desde Washington, D.C.

¿Es real esto que estoy viendo? Pensaba… y es que como mujer migrante latinoamericana, y como tía de un hermoso niño con discapacidades físicas, me costaba trabajo entender que un hombre que cree que toda la América Latina es México y que Estados Unidos es toda América, que quienes no somos blancos somos peligrosos; un hombre que abiertamente cree y dice que las mujeres somos “pedazos de carne” de los cuales se puede disponer y tomar por donde se le antoje y como se le antoje, un hombre que se atreve a humillar públicamente a una persona con discapacidades físicas. Ese mismo hombre el viernes 20 de enero ponía su mano sobre la Biblia para juramentar y tomar posesión de la Presidencia de los Estados Unidos.

¿La distopía es esto? Me preguntaba. Imaginé, basándome en sus acciones, el modelo de sociedad que este hombre tiene dentro de su cabeza: Una sociedad donde es correcto pensar que los hombres son superiores a las mujeres, que ser blanco es un privilegio otorgado por Dios y por lo tanto, significa estar por encima de quienes no lo somos. Pese a él, en esa sociedad great existimos personas que no solo no somos blancos, sino además muchos somos inmigrantes, otros tantos “diferentes” y algunos otros, discapacitados. Características que nos hacen sujetos perseguibles y “matables” (como lo han entendido algunos que simpatizan con ese modelo de sociedad).

La desolación ante esta imagen distópica, trajo otra; la de la puerta del infierno que describe Dante Alighieri en la Divina Comedia y la inscripción en ella cuyo texto dice: “Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada… abandona la esperanza si entras aquí”.

Sentí que el corazón se me encogía… La población migrante, las mujeres, los “diferentes” y los discapacitados, ¿estamos cruzando las puertas del infierno en este preciso momento?  La mano de ese hombre juramentando sobre la Biblia, ¿es la mano que nos empuja al infierno, nos arrebata la esperanza y nos condena a vivir para siempre sin ella?

Instintivamente miré mis manos, están llenas de cicatrices y callosidades por más de 20 años de trabajo en este país, ¿pueden estas manos maltratadas tener la suficiente fuerza para no permitir que le sea arrebatado el tesoro de la esperanza? No, mis manos no tienen tanta fuerza…

Mi desolación trajo el recuerdo de las personas que cruzaron el desierto de la frontera junto conmigo hace muchos años movidos por la esperanza, la sonrisa en el rostro esperanzado de mi sobrino cada vez que abandona el hospital y los sueños que van formando los caminos en el esperanzador futuro de mis hijos por quienes vivo. Mi instinto de mujer me gritó desde las entrañas que no, no ¡NO! Nadie puede quitarnos la esperanza, y sé que en esto no estoy sola, sé que hay muchos seres humanos que piensan lo mismo que yo.

Por fortuna, lo que determina la distopía no está fuera, sino dentro de las mentes, y dentro de las mentes de la mayoría de los estadounidenses están los grandes conceptos sobre los derechos fundamentales de cada uno de los seres humanos sobre el planeta: «libertad e igualdad». Conceptos que dieron las bases y la esencia a este país desde 1776. Precisamente la libertad y la igualdad se hicieron presente un día después del oscuro evento de juramentación de DT en la Marcha de las mujeres, una de las movilizaciones de mayor convocatoria que se haya registrado en los últimos años en los Estados Unidos. Las calles en Los Ángeles se llenaron de  carteles que sostenían en su mayoría mujeres blancas. Carteles en los que se leía: “Boicotea al racismo”, “No es mi presidente”, “El futuro es mujer” y “Construye puentes no muros”… Sí, hay muchos seres humanos que creen en la libertad, en la igualdad y luchan por mantener la esperanza en el corazón y entre nuestras manos Si, ¡seguimos teniendo esperanza! Y anoche, llena de esperanza, sentada en el sofá de la sala de mi casa viendo conversar a mis hijos, traté de imaginar su futuro, el de mis sobrinos, el de sus amigos, el de esta generación. Y como soy una mujer creyente, recordé que en la ceremonia de juramentación de DT,  un pastor leyó Mateo 5: 3-10: Bienaventurados los pobres, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los pacificadores, los que sufren persecución; serán llamados hijos de Dios pues de ellos es el reino de los cielos.  

Bienaventurados sean mis hijos, mis sobrinos y sus amigos, esta y las generaciones venideras porque tienen la posibilidad de trabajar fuertemente por su futuro, y ese trabajo ha de quedar plasmado no solo en sus manos, sino en el corazón, en las mentes y en la historia de sus propias familias y en la de Estados Unidos, su país.

En mis manos maltratadas por el trabajo está la fuerza de mujer y de madre, la fuerza de tía.  En mis manos con cicatrices y callosidades esta la sabiduría para enseñarles a buscar siempre la justicia, también a ser pacificadores, a defender y abogar por los más frágiles, a jamás perder de vista la dignidad que yace en cada ser humano.

Estas manos toscas mías, tienen la fuerza para enseñarles a nunca abandonar la esperanza de que el futuro será presidido por la libertad y la igualdad pero que hay trabajar y esforzarse por ello constantemente.

Hermanas, hermanos: En este momento histórico estamos involucrados todos vivamos o no en los Estados Unidos. Tenemos que entender que ya no hay lugar para la pasividad y la neutralidad…

Me viene a la mente otro texto de La Divina Comedia: “Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral” (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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