Un mar sin cruces

Publicado: 7 abril, 2017 en REFLEXIONES
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cala-playa-percheles-mazarron-20150828UN MAR SIN CRUCES
JUAN ZAPATERO BALLESTEROS, sacerdote, zapatero_j@yahoo.es
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 07/04/17.- Apreciada amiga/o, compañera/o y demás personas con quienes mantengo una cierta relación de manera más o menos asidua. Un año más nos encontramos a las mismísimas puertas de la Semana Santa. La verdad que, si la miramos en cuanto a días se refiere, no da para mucho que digamos; pero, como dicen, menos da una piedra. No sé lo que harás tú; no dudes en dedicarlos a lo que más te llene, te distraiga, te haga feliz, etc. Es posible que hagas turismo, que los dediques a estar con la familia y con los amigos, que asistas a algún que otro acto religioso; es igual, lo importante es que te encuentres bien contigo mismo/a.

Aunque no sea más que de paso, me gustaría recordarte que durante esta semana quienes se consideran católicos, entre los cuales me incluyo, celebran lo más importante, por lo que a su fe se refiere, como es la Pascua precisamente. Pero no es de ella de la que quiero hablarte, sino de algo que, a pesar de no ser lo más importante religiosamente hablando, sí que lo es a nivel popular; me refiero al Viernes Santo, el día en que se conmemora la muerte de Jesús en la cruz. De dicha cruz los cristianos han hecho de manera general su pertenencia a la religión que profesan. A pesar de que, con el paso del tiempo, se haya convertido también en adorno en general, en joya que adorna el pecho de muchas personas o en símbolo que preside lugares e instituciones que muchas veces dejan bastante que desear con el verdadero significado que la cruz encierra. Pues bien, es de esta cruz de la que te quiero decir algo muy brevemente.

Existe una imagen que quizás hayas visto en alguna ocasión, al menos en foto o a través del cine; no es otra que la del cementerio americano de Normandía: toda una explanada plagada de cruces blancas que conmemora a los soldados que murieron en el desembarco que allí hicieron las fuerzas aliadas para intentar llevar a cabo el asalto final al ejército nazi. Como decimos vulgarmente, allí murieron como chinches, de uno y de otro bando. Pero, claro, como suele ocurrir, los que finalmente vencieron quisieron que hubiera un lugar que plasmase para siempre a quienes cayeron “luchando en pro de la libertad”. Y, dado que de los americanos eran la inmensa mayoría cristianos, por no decir casi todos, se decidió que fuera la cruz la que simbolizara la heroicidad de los soldados que allí cayeron.    

Llevamos unos cuantos años en qué en el mar Mediterráneo han ido muriendo miles de personas. Claro que, en este caso la mayoría de ellos, por no decir casi todos, no eran cristianos, sino musulmanes. Pero, ¡qué más da!, si, al fin y al cabo, tanto Yahvé como Alá u otra divinidad son el mismo dios. Quienes murieron en dicho mar no fue porque lucharan contra nada ni contra nadie; tampoco pertenecían precisamente a países ricos ni poderosos del mundo, lo cual no quita que fueran personas con la capacidad de los mismos derechos, aunque en la práctica no haya venido siendo así ni mucho menos. Murieron sencillamente porque salieron de sus países en busca de una forma, al menos un poco digna, de vivir o porque allí eran perseguidos y amenazados de muerte por unas razones o por otras y no les quedaba otro remedio que marchar si querían salvar su vida.

En este caso, en el Mediterráneo no habrá un lugar donde puedan ponerse cruces y no solo porque las personas muertas no fueran cristianas, sino porque a quien así nos decimos precisamente, al menos en teoría, sus vidas nos importan muy poco ahora y seguro que nada en la posteridad. No lo des vueltas; pero así de paradójica es la vida.

Amiga/o, compañera/o o quienquiera que seas, independientemente de tus creencias: perdona si me atrevo a pedirte que durante el próximo Viernes Santo pongas dentro de ti mismo/a una cruz simbólica por todas estas personas muertas en dicho mar, utilizando el gesto que a ti te parezca más oportuno: un instante de silencio, un breve recuerdo o lo que sea. Hagamos entre muchas y muchos un trozo de mar plagado de cruces que, a pesar de ser invisibles, serán tan reales como lo fueron y siguen siendo las otras en su tiempo y en nuestros días. Y lo que aún vale más la pena: cruces que, en un futuro, ojalá lo más cercano posible, se conviertan en esperanza cierta para que, quienes, apremiados por la persecución, se vean obligados a salir, consigan la paz y el bienestar que tanto desean por caminos seguros y justos (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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