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unnamed_270x250LLENA DE ESPERANZAS Y ENTUSIASMO
Experiencia en el “I Congreso Continental de Teología Feminista”
Patricia Paz, ppaz1954@gmail.com
BUENOS AIRES (ARGENTINA).

ECLESALIA, 24/04/17.- Me hubiera encantado ir a la conferencia de Juan José Tamayo sobre patriarcado y violencia de género, pero vivo en la Argentina. En vez voy a compartir con los lectores de Eclesalia mi experiencia en el I Congreso Continental de Teología Feminista que se celebró en Ciudad de México los días 1, 2 y 3 de marzo.

Fue para mí una experiencia muy profunda y motivadora, por muchas razones. Lo primero a destacar es que el congreso fue organizado por la Cátedra de Teología Feminista de la Universidad Iberoamericana, universidad dirigida por la Compañía de Jesús. Estos datos son de por sí muy alentadores, y mantienen viva la ilusión de que poco a poco otras universidades latinoamericanas se animarán a abrir sus propias cátedras de teología feminista, para hacer una necesaria re-lectura de los textos y de la antropología cristiana, para que la mujer tenga en la Iglesia y en la sociedad el lugar que sin duda Dios pensó para ella.

Las conferencias magistrales estuvieron a cargo de Norma Morandini, Pilar Aquino, Marta Lamas, Ivone Gebara y estaba también invitada Lydia Cacho pero tuvo que suspender a último por motivos de salud. Todas estas mujeres son íconos dentro de sus disciplinas. Escucharlas y poder conversar con ellas fue un lujo y un privilegio.

El tema del congreso era: “Genealogía crítica de la violencia: hacia la liberación del espacio político-religioso del cuerpo de las mujeres.” Tema que desgraciadamente está en el primer plano de las noticias, y que ha vuelto a poner a los movimientos de mujeres en la calle. Se reflexionó desde diversas disciplinas, la teología, la antropología, la psicología, la lengua, el arte, el periodismo, todas tuvieron algo que decir acerca del tema de la violencia. Se conversó con un enorme grado de libertad. Muchas de las participantes se manifestaron agnósticas, y estoy segura que algunas eran ateas, pero esto no fue obstáculo para que manifestaran sus ideas. Como bien dijo Pilar Aquino, la forma de trabajo feminista es distinta, comparte información, acepta la crítica, es inclusiva, no pone impedimentos a la colaboración mutua, no silencia, fomenta el sentido de comunidad desde el compartir. También participaron varones de los paneles y conversatorios, aportando miradas novedosas y reafirmando que la teología feminista busca espacios de igualdad y de inclusión para mujeres, pero también para varones.

Fueron muchos los temas que me traje de vuelta para seguir trabajando. Pero fundamentalmente volví llena de esperanzas y de entusiasmo. Soñando, como se vuelve muchas veces de los congresos. En esa pequeña burbuja de tiempo y espacio nos parece que todo es posible, que estamos unidas en una misma tarea. La vuelta suele ser dura en ese sentido, porque nos volvemos a chocar con una realidad llena de machismos, conscientes e inconscientes. Pero también traemos la experiencia de que se puede construir una sociedad distinta y de que el trabajo individual, por más humilde que sea, hace una diferencia importante (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).